Longfic- Pokémon Lapse

Extension largaLongfic
FranquiciaCoregames
GéneroAcciónAventura
Resumen

Dos alumnos muy diferentes serán sometidos al rigor de la Academia Pokémon de Paldea, donde se forman los mejores entrenadores de la región. Ella, una joven estudiosa con un futuro prometedor. Él, un muchacho problemático que no puede desprenderse de su pasado.

AdvertenciaViolencia
#1
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Índice de Capítulos

Arco I - Aquello para lo que no somos buenos
Capítulo 1 – Tiempos de cambio
Capítulo 2 – Examen sorpresa para instruir holgazanes o pretenciosas (Próximamente)

Fichas de Personajes
(pueden contener spoilers de la trama)

Mostrar Juliana
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Nombre: Juliana
Edad: 13 años
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Nombre: Florian
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Endings

Mostrar Pokémon Lapse Ending 01
Leé el capítulo primero.

Comentarios del Autor

¿Puedo decir que esto se siente nostálgico? Supongo que sí. Al momento de publicar este fanfic suceden tres cosas fundamentales:

1) Ash Ketchum se vuelve campeón mundial, coronado como el mejor de todos por primera vez en más de veinte años de carrera.
2) Salen a la venta los videojuegos Pokémon Scarlet / Violet, dando inicio a la novena generación.
3) Se cumplen tres años del inicio de Pokémon Crowned, fanfic inspirado directamente en las ediciones previas de la línea principal: Pokémon Sword / Shield.

Capaz lo de Ash suene a humo para rellenar, pero me pareció importante enmarcarlo acá porque claramente Crowned le dio suerte a Ash... de algún modo cósmico e incomprobable. Yo sé que sí, ustedes también.

¿Qué es esto, entonces? Bueno, si se lo preguntan no están muy ubicados en tiempo y espacio. Vamos a hacerla corta: es un fic nacido de la manija por la llegada de una nueva generación. No es que sea una persona muy difícil de entusiasmar con pokecosas –más bien todo lo contrario–, pero la mezcla de sentimientos por el Ash coronado, el Crowned cumpliendo aniversario (y ya a medio año de publicar su último capítulo) y el cebamiento por la llegada de Paldea y sus palditos parecen conformar una fórmula explosiva para que me ponga a escribir como enfermo.

Esto puede desinflarse bruscamente si el juego me parece una bosta, o puede salirse de control si el juego me gusta demasiado... al punto de abandonarlo solo para poder jugar más al juego, durante semanas, meses y años hasta que me quede completamente solo en el mundo. ¡Espero que no pase! Pero también que el juego esté bonito. Y, especialmente, espero poder lograr con esta historia aunque sea una parte de lo que logré con Crowned. Y no hablo de tener varios lectores que se diviertan siguiendo estas nuevas aventuras, que ojalá, sino de sentir que puedo darle mi toque a una porción del universo que amo.

Espero no irme al carajo con los desmembramientos y las amputaciones. Por si acaso, le voy a dejar el tag de "Violencia" y a publicarlo directamente en Explícitos, aunque de momento nada parece indicar que vaya a necesitar introducir a personajes tan enfermizos como en el fic anterior. ¿O el enfermo seré yo, que me regodeo en el gore injustificado? Puede ser. En cualquier caso, si no les gusta someterse a acción agresiva y a pokémon lastimándose seriamente, es posible que se lleven alguna que otra frustración leyendo esto.

¿Qué más voy a meter acá? Bueno, la idea es adaptar con la mayor fidelidad posible los juegos. Va a ser una experiencia distinta a Crowned porque, aparentemente, acá las historias no serán lineales y podré abordar la progresión de los personajes de manera más libre y propia. No tengo idea cómo vaya a quedarme, pero ganas no faltan. Aventuras, amistad, acción, amor y muchas otras tiernas palabras con "A" van a marcar una historia con rumbo incierto y destino improbable. ¿O podré lograr la hazaña una vez más, con los poderes shonen de Ash, Pikachu y Messi? Espero poder.

Ah, y no soy de España, así que no se preocupen que todos los Tauros van a salir ilesos de acá.

Advertencia (11/11/2022): Los juegos no salieron oficialmente a la venta, pero se encuentran circulando en Internet hace unos días, por lo que mucha información al respecto se filtró. Me aseguré de no arruinarme las grandes sorpresas de la historia hasta poder tener el juego en mis manos la semana que viene, así que pueden estar tranquilos de que no voy a incluir spoilers de la historia en este primer capítulo, publicado a modo de adelanto. ESO SÍ: hay menciones puntuales a dos pokémon que no fueron revelados de forma oficial, pero no tienen una participación relevante en el capítulo ni hago una descripción de su aspecto o habilidades particulares. Si no vieron ningún leak, leer esto no les va a arruinar la experiencia de descubrir el juego por su cuenta cuando esté a la venta en unos días.
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#2
Capítulo 01 — Tiempos de cambio

Despertó con el alegre canto de las aves en el tejado y el mecánico pitido del moderno despertador que reposaba sobre su pecho. La noche anterior, Juliana se había acostado tan preocupada por llegar tarde a su primer día de clases que no quiso separarse del dispositivo electrónico, ni confiar en que los Squawkabilly madrugarían tanto como ella para despertarla con sus rítmicos chirridos. Tras contener un impulso por aplastar ferozmente el aparato con la palma de su mano, se limitó a suspirar y dejar caer suavemente su dedo sobre el botón que desactivó la alarma. El canto de los pájaros perduró unos minutos más, mientras ella se cepillaba los dientes y peinaba frente al espejo.

Juliana lo tenía todo para ser una estudiante modelo. Tras un ciclo de prueba para ser admitida en la Academia Pokémon de Paldea, su brillante desempeño durante el examen teórico le valió un pase directo a la División Uva. Estaba ansiosa por conocer a sus profesores y feliz de vestir su uniforme reglamentario para dicha institución: una camisa de tono lila grisáceo y pantalones cortos morados, a juego con la corbata que le daba un aspecto formal y académico. Se sentía orgullosa, y sabía que su madre estaría tan feliz como ella por verla así, de modo que bajó las escaleras saltando los peldaños de dos en dos y se dirigió al comedor para disfrutar su desayuno.

—¡Aquí viene nuestra estudiante estrella! —dijo la mujer de actitud jovial tras servir un plato de fartón y tostadas con horchata en la mesa. Juliana no pudo disimular el rubor en sus mejillas al ser recibida por el estruendoso aplauso de la única persona con la que vivía, y la expresión de incomodidad se transfirió a su rostro, encogiéndose su boca y desviando su vista hacia el suelo. Había olvidado lo mucho que le estresaba recibir tanto reconocimiento por sus palmareses—. ¡Un fuerte aplauso y un buen ladrido para el futuro de Paldea! —Animó al perrito que dormitaba distraído bajo la mesa. Era un Fidough que apenas alcanzó a gruñir entre sueños mientras la mamá abrazaba con fuerza a su hija—. Estás tan linda con ese uniforme, hijita. ¡Soy la madre más feliz del mundo!

—Está bien, no es para tanto, en serio —se cubrió el rostro Juliana, desplomándose sobre la silla y enfocando su mirada en el platillo que le habían servido. Se puso a comer ansiosamente solo para tapar los halagos de su madre con el crujiente ruido de las tostadas, olvidando incluso untarlas con mermelada. Cuando su mamá notó el estrés que le generaban sus incesantes cumplidos, suspiró y se sentó frente a ella para desayunar.

—Lo siento, es que yo siempre fui muy bruta para ser admitida en la APP, así que imagina mi felicidad cuando supe que no solo habías sido aceptada como estudiante, sino que en nada menos que la División Uva… ¡La más exigente y prestigiosa!

Juliana hizo un ademán con la mano, restándole importancia.

—No te voy a negar que estoy entusiasmada, mamá, pero debo recordarte que solo pasé con máximo puntaje el examen teórico.

—¡Y me alegra que lo hayas hecho! —añadió ella, pisando sus palabras—. Esos Naranjas son unos incivilizados que solo buscan lograr méritos a través de la violencia, explotando a sus pokémon como máquinas de muerte.

—Creo que exageras —rio Juliana, pasándole la jarra con café caliente—. Debe haber gente buena y mala en ambas divisiones, después de todo, aspirar a convertirte en un buen entrenador no implica que tengas interés en ser mejor o peor persona. Para mí, tú eres una excelente persona aunque nunca se te haya dado bien el estudio, ni las batallas, ni las… tostadas —Agregó, observando el pan duro y carbonizado que tenía en la mano y casi le había partido los dientes.

—Eres tan tierna —se secó una lágrima su madre, arrojándose sobre ella para darle un fuerte abrazo—. Pero en serio, cuídate mucho de los estudiantes de la división Naranja. No quiero que hagas malas migas en tus primeros días —Enfatizó mientras le limpiaba los restos de pan quemado que cayeron sobre su corbata.

Cuando terminó de desayunar, Juliana se calzó al hombro una mochila abultada con libros de texto y cuadernos de apuntes. Tenía todo perfectamente organizado y sabía qué asignaturas debería cursar ese lunes, así que saludó a su madre con un beso en el cachete y se dispuso a salir por la puerta justo cuando la mujer le arrojó un sombrero blanco que atrapó en el aire, mirándolo con curiosidad.

—Será una mañana muy soleada, así que es mejor que vayas bien protegida, no quiero que el Sol te queme las neuronas y te terminen desplazando a la división Naranja —le pidió, juntando sus manos delante de su rostro apenado—. ¡Por favor, úsalo! ¡Te verás lindísima!

—No te preocupes, mamá —la consoló ella, colocándose el sombrero con cierto rubor en las mejillas y dedicándole una apocada sonrisa—. ¡Te prometo que no me volveré una bruta adicta a las batallas como papá!

—¡Así se habla! ¡Y tráeme muchos dieces!

Despidiéndola con un brazo en alto, la joven promesa esquivó las plumas que se desprendieron de los pericos cantores volando desde el techo hacia los árboles que crecían majestuosos a lo largo del desfiladero rumbo a Mesagoza.

La enorme ciudad académica era uno de los puntos turísticos más fuertes de Paldea, y se decía que allí comenzaban todas las grandes historias de la región. Tras alejarse lo suficiente de casa, Juliana se desvió hacia un banco de madera con vistas al mar y sacó un teléfono de su mochila, mirando su propio reflejo con el sombrero blanco que su madre le había obsequiado. El dispositivo vibró con una notificación que le recordaba que debía llegar a la Academia en una hora, y la pantalla se encendió revelando la imagen de un entrenador acompañado por su pokémon de fuego en una pose victoriosa.

—Lo siento, mamá… —murmuró apenada, llevándose el dispositivo al pecho que comenzó a latirle con fuerza. Culposa por llevar el sombrero blanco que simbolizaba su promesa, se lo quitó de la cabeza y dejó que los rayos del sol empapen su rostro enrojecido.

Levantó la vista hacia el cielo y dejó que la luz la encandile por un segundo, justo antes de cubrir al Astro Rey con una moneda dorada que sacó del bolsillo de su camisa y sostuvo con firmeza entre sus dedos.

Un breve instante en el que pudo visualizarse a ella misma como una entrenadora consagrada, acompañada por un equipo poderoso y variopinto que pudiera ayudarla a desentrañar los grandes misterios de su región. Aunque no anhelaba la gloria ni un abultado número de victorias en algo tan vulgar como las batallas pokémon, no podía olvidar su primera toma de contacto con aquello que la había impulsado a inscribirse en la Academia en primer lugar: ese valiente caballero que había descubierto los grandes secretos de su tierra, enfrentando a la bestia legendaria que amenazó con sumirla en la más absoluta oscuridad.

Esa clase de historias de heroísmo la volvían loca de pasión, dándole ganas de ponerse a brincar como una niña solo de imaginarse viviendo aventuras similares. Sabía que no quería dañar a ningún pokémon para alzarse con su sueño, pero no podía ignorar el hecho de que, si quería ser una aventurera legendaria, debería antes instruirse suficientemente en la Academia. Confiaba en que, de la mano de sus mentores en la División Uva, podría aprender todo lo necesario para consagrarse a su modo.

Atravesó la ruta mientras era abrazada por la naturaleza y los armoniosos sonidos de los pokémon que cruzaban el sendero y se ocultaban entre los arbustos al verla llegar. Ella se limitaba a sonreírles apenada y a dedicarles sentidas reverencias, preocupada por ahuyentarlos.

—¡Tranquilos! No soy una entrenadora… No todavía. ¡No tengo ningún pokémon para hacerles daño! ¡Ni pokébolas para encerrarlos! —Les decía a los Lechonk y Fletchling que se apartaban rápidamente, echándole miradas recelosas. No era de extrañar: aquella era una zona muy popular para entrenadores primerizos que se la pasaban arrojándole las esferas de captura a toda criatura viviente que identificasen como pokémon. Ellos creían tener absoluto derecho sobre la libertad de los pequeñines que tal vez solo deseaban pastar o volver con sus familias a sus madrigueras, y le repugnaba la idea de toparse con alguno de esos desalmados durante su recorrido.

Afortunadamente para ella, el oscilante trayecto cuesta arriba rumbo a Ciudad Mesagoza fue tranquilo. Atravesó uno de los puentes sobre el río que conducía directo al portón de acceso a la capital del saber, guiada por el murmullo de una guitarra que provenía de la plaza central al otro lado de los muros. Los edificios de estilo rústico y colorido, las calles y esculturas en estilo trecandís, los mosaicos del pavimento formando una enorme rosa de los vientos que simbolizaba los dieciocho tipos elementales. Sus ojos se vieron embriagados por la belleza de Mesagoza, incluso habiéndola visitado en diversas oportunidades antes de ese día.

La ciudad se elevaba en el centro hacia su punto más alto en el norte, donde se ubicaba la majestuosa Academia Pokémon de Paldea: un castillo conformado por varias torres concéntricas alrededor de las cuales se extienden seis picos, dándole el aspecto de una estrella dividida por colores anaranjados para un sector de la misma, y violáceo para el otro. Dos mitades bien diferenciadas pero unidas por el espíritu de aprendizaje, descubrimiento y superación.

Dicho espíritu debía igualar a todos sus estudiantes, pero Juliana no tardó en comprobar que aquello solo sonaba posible y bonito en las palabras del director Clavell, durante su discurso inaugural del ciclo escolar ese año. Apenas finalizó su bienvenida para los nuevos y viejos alumnos, todos se dispersaron rumbo a sus aulas y sectores de acuerdo a sus respectivos años y divisiones, conformando grupos bien diferenciados que reían y bromeaban entre sí. Algunos pocos quedaron solos, aquellos que recién llegaban y no habían tenido tiempo de entablar amistad con nadie, y se miraron con desconcierto.

Intentando consolar los nervios y ansiedad por toda esa gente moviéndose a su alrededor, Juliana afirmó sus pies en el suelo y volvió a sacar la moneda de oro del pequeño bolsillo en el corazón de su camisa, llevándosela a los labios y cerrando sus ojos para enfocarse. Necesitaba perseguir ese sueño, incluso si le aterrase.

—¡División Uva, síganme por aquí! —llamó una estudiante mayor al grupo novato, dedicándoles una mirada rigurosa que los intimidó un poco. Varios de los más jóvenes corrieron hacia ella, y Juliana decidió hacer lo propio, pero un par de personas se interpusieron en su camino mientras se dirigía al pasillo por el que su grupo se había alejado.

—Vaya, pareces algo perdida para ser una uvita sabelotodo —comentó un muchacho de pelo rapado y cresta teñida de rojo, encorvándose hacia ella con una sonrisa intimidante.

—¡Y no es cualquier uvita! ¡Es nada menos que la que sacó el mayor promedio en el examen teórico! —añadió una chica muy alta y de nariz aguileña, cortándole el paso a Juliana al apoyarse contra la columna por la que intentó esquivar al otro. Los dos llevaban camisas arrugadas, pantalones anaranjados y gafas en forma de estrella, así como cascos repletos de rayones y calcomanías.

—Qué pena que no quedó primera en el ranking general por haber reprobado el examen práctico —hizo puchero el grandulón, cruzándose de brazos. Su colega se encogió de hombros, apretándose el tabique y negando con la cabeza varias veces.

—Si hubieras tenido un poquito más de valor, seguro habrías ganado la opción de entrar en la División Naranja. Pero no te preocupes: nosotros dos podemos ayudarte a mejorar, y solo te costará esa bonita moneda —propuso señalando el reluciente metal que aún sostenía entre sus dedos, y Juliana sintió que estaba lista para desvanecerse bajo su propia sombra. Necesitaba escapar de ahí cuanto antes—. Primero cuéntanos: ¿Qué pasa, te asustan los combates?

—S-s… —balbuceó ella con los labios tiritando de pavor, mientras daba un paso atrás.

—¿Sí? ¿Lo reconoces? —presionó el muchacho, arqueando una ceja.

—S-son un recurso… Para brutos… —murmuró finalmente, pálida y con un hilo de voz, esquivando sus ojos inquisidores. Los hostigadores cruzaron miradas y echaron a reír con estruendosas carcajadas, para después torcer una mueca de rabia. La chica la agarró por la corbata y tiró de su cuello.

—¡¿Nos estás llamando brutos?! ¡¿Te crees mucho por haber sacado un par de notas altas?!

—¡Vamos a enseñarle lo mucho que puede aprender cuando enfrente a su pokémon con los nuestros! —gruñó el muchacho tomando distancia e inflando una pokébola.

—D-de acuerdo… —sollozaba Juliana tímidamente, dejando caer su mochila al suelo y agachándose para tomar una pequeña pokébola entre sus dedos temblorosos—. P-pero solo si puedo enfrentarme a los d-dos a la vez… —Le pidió con los ojos llorosos a la muchacha que todavía agarraba su corbata, estirándosela con el puño.

—Un chispazo de confianza inesperado —alzó las cejas muy alto la narigona, antes de soltarla y pegar media vuelta con una risa mordaz, posicionándose a diez metros de distancia junto a su amigo y preparando su propia pokébola.

Juliana se apartó un poco para liberar espacio en el improvisado campo de batalla, y percibió algunas miradas curiosas entre los alumnos que todavía iban y venían por el salón principal de la Academia, deteniéndose a observar el inicio de la disputa contra la novata. La chica tomó aire y levantó el brazo, lista para mostrarles cómo inflaría su receptáculo y lo arrojaría al frente para dar comienzo al encuentro… Justo cuando clavó su talón en el suelo y giró violentamente, cazando la correa de su mochila con la mano libre y echando a correr a toda velocidad en dirección opuesta, directo hacia uno de los patios.

—¡¡La cobarde escapa!! —gritó el muchacho antes de que su amiga comience a correr detrás de ella.

—¡¡Auxilio, dos alumnos están teniendo batallas ilegales dentro del edificio!! —chilló Juliana con lágrimas en los ojos cuando vio a un hombre enorme salir de la sala de profesores a un costado del patio. Los dos abusones intentaron alcanzarla a toda velocidad, pero un par de férreas manos los cazaron por los cuellos de sus camisas, parándolos en seco.

—¿Qué hacen con esas pokébolas infladas en las manos, buenos para nada? —gruñó con voz áspera el hombre inmenso cuya camisa rosa casi no le cerraba, con un afilado bigote oscuro y una mirada que recordaba más a un recluso que a un docente—. ¿Cuántas veces tengo que enviarlos a la dirección para que aprendan que no están permitidos los combates en espacios cerrados? ¡Va a ser la última vez que intenten arruinar el alfombrado con sus pokémon!

Tan angustiada se encontraba luego de escapar por los pelos de esos bullys de pacotilla, que no pudo saborear las mieles de la victoria tras hacerlos caer en su pequeña trampa. Apoyándose en sus muslos y recostando su cuerpo contra un manzano en el inmenso jardín donde varios alumnos se echaban para repasar apuntes y estrategias de combate, Juliana terminó de secarse el sudor de la frente cuando dos jóvenes se le acercaron. Parecían preocupados por ella, y cada uno pertenecía a una división diferente.

—Vimos cómo te salvaste de esos matones, no les hagas caso, se creen la gran cosa porque los dejan reunirse en esos clubes de mala muerte del “Team Star”. ¡Ah! Y no te preocupes por los uniformes… No existe tal rivalidad entre nosotros, ¿sabes? Además, este patio con manzanos representa un territorio neutral para todos: aquí también están prohibidas las batallas pokémon —la intentó consolar una chica de naranja, tendiéndole su mano con una amable sonrisa. Tenía la cara llena de pecas y dos colitas en su cabello rubio. A su lado, un muchacho de gafas con uniforme púrpura le dio una afable palmadita en el hombro.

—Anímate: mi primer día también fue estresante, pero te puedes recuperar rápidamente si consigues hacer buenas migas. Mi nombre es Taylor, voy a segundo, pero con gusto puedo mostrarte un camino seguro hacia el salón de la División Uva. Imagino que hoy empiezas con biología, ¿no?

Pero ella instintivamente rechazó las manos gentiles que sus superiores le tendieron. Todavía le temblaban las rodillas por el susto y la desesperada carrera lejos de los matones. Si tardaba un segundo más en reaccionar, posiblemente habría sido presa del ataque injustificado de los pokémon de esos idiotas. No podía ni levantar la vista hacia los extraños que ahora se mostraban tan amables con ella.

—Disculpen, prefiero buscarlo sola —atinó a decir con un dejo de hostilidad, rodeando el tronco del árbol sin darles la espalda y alejándose de ahí a paso rápido, ante la mirada perpleja de los dos.

—Pobre… Esta Academia no es tan amigable con todos cuando recién empiezan —suspiró la chica, encogiéndose de hombros.

—¡Bah! Es solo otra engreída que piensa que puede con todo porque ingresó con buen promedio en los teóricos. Si cree que con eso puede llegar lejos…

—¡Taylor! No hables como esos idiotas. ¿O acaso también quieres unirte al Team Star? —lo regañó la chica. El muchacho se rascó la cabeza, avergonzado por su tono.

—Tienes razón, Gabi, perdón. La actitud de esos idiotas puede ser contagiosa a veces…


Finalmente pudo recuperar un poco de aire al detenerse bajo un desfiladero con arcos de mármol y un tejado de plantas trepadoras repleto de flores anaranjadas y lavandas. Así, pudo empezar a evadirse un poco de su pésima primera impresión de la Academia distrayéndose con su belleza arquitectónica, cuando su propia sombra se torció un poco bajo sus pies, y su corazón dio un sobresalto al caer en la cuenta de todo el tiempo que había perdido por su torpeza.

—¡¡Biología!! —exclamó, aterrada, comenzando a tantear en los bolsillos de sus shorts y su mochila—. ¡¿Por qué no sonó mi alarma otra vez para recordármelo?!

—Porque tu SmartRotom se cayó al suelo mientras corrías —respondió la voz de un varón invisible que definitivamente no estaba detrás suyo, aunque le causó el sobresalto más grande de la mañana.

—¡Waaah! ¡¿Quién anda ahí?! ¡Mira que tengo una pokébola y no dudaré en usarla! —amenazó ella girando sobre su propio eje con un brazo extendido, presentando al frente la diminuta pokébola que se hundía entre sus dedos. Una cabeza invertida apareció desde las enredaderas en el techo de los arcos: era un chico de cabello castaño lacio peinado con un largo flequillo que le cubriría toda la frente de no ser por la gravedad.

—Vaya, una pokébola que también sirve para borrar trazos de lápiz… La tecnología es fascinante —proclamó con un dejo de sorna y una enorme sonrisa, dejándose caer con una voltereta y aterrizando ágilmente en cuclillas. A Juliana no le hacían mucha gracia sus bromas, pero la espléndida sonrisa de ese chico que parecía tanto o más joven que ella le permitió bajar la guardia, especialmente cuando éste extendió su brazo y le enseñó el dispositivo electrónico en su mano—. Tranquila: los SmartRotom no se rayan fácilmente, así que la pantalla está intacta.

—¡Muchas gracias! Y perdón por gritarte, es que estaba--

—¿Asustada? Oh, no te preocupes, esos manzanos del patio son realmente espeluznantes —fingió tiritar el chico mientras le devolvía el teléfono.

—¡No es por los manzanos! Este lugar está lleno de gente siniestra, ¿lo sabías?

—¿Te refieres a los profesores? Hay uno musculoso y bigotón que es terrorífico, se parece a un Mabosstiff.

—¡No! ¡Me refiero a los estúpidos nar--! —fue entonces cuando Juliana apartó la mirada de la sonrisa bonachona del muchacho y notó la corbata azul que colgaba en su pecho y los pantalones anaranjados sobre sus piernas. ¡Era otro delincuente juvenil de la División Naranja!

—¡Ah! Sí… A mí tampoco me gustan del todo los colores, pero es el uniforme reglamentario y es lo que toca —suspiró, estirándose los pantalones cortos con los dedos y sacando la lengua en una mueca de asco—. Te aseguro que me verías peor si me los sacara. Pero, en serio, no debes estar tan paranoica por algún idiota que se quiso pasar de listo contigo. En este lugar olfatean el miedo de los novatos como tú y como yo, y todo el tiempo están buscando pasarnos por encima. Por eso me gusta trepar a los techos, así me siento un poco más a salvo.

—¿Incluso en horario de clases? —preguntó ella de repente, arqueando un poco la ceja y verificando la hora en su teléfono móvil.

—Especialmente en horario de clases —sonrió él, tendiéndole la mano—. Pero imagino que tú eres una excelente alumna, así que… Nos veremos en otra oportunidad, Juliana. ¡Me llamo Florian, por cierto! Florian Caballero.

—Soy… —Juliana se llevó una mano al pecho, planchando su corbata con los dedos y dedicándole la primera sonrisa que afloró en su rostro desde que puso un pie en la Academia. Fue entonces cuando su aturdido cerebro decodificó cada palabra del muchacho—. ¡Espera! ¿Cómo sabes mi nombre?

—Estaba escrito en tu SmartRotom —respondió él, retirándole la mano y pegando media vuelta, listo para alejarse camino a cualquier sitio excepto el salón de clases.

—¡Florian! —lo llamó Juliana con un vozarrón que ahuyentó a los Rookidee adormecidos sobre la enredadera. El chico se detuvo, girando la cabeza por encima de su hombro con el rostro más serio que ella le había visto hasta ahora—. ¿Leíste los mensajes en mi teléfono?

—Dije que estaba escrito ahí, y no te mentí. Necesitaba saber a quién le pertenecía el objeto perdido, ¿tú no hubieras hecho lo mismo?

—¡Claro que no! ¡Es algo privado, no puedes andar espiándolo!

—Gracias por la valiosa lección —hizo él una profunda reverencia, antes de volver a darle la espalda. Ella suspiró, rascándose la cabeza, y lo llamó una vez más por su nombre.

—Aunque seas un poco descarado por revisar mi SmartRotom, pareces buena persona… —lo analizó con aires de sabelotodo—. Al menos tuviste la gentileza de devolvérmelo, y te estoy agradecida por ello. Mi nombre es Juliana Castillo, gusto en conocerte —Y le tendió su mano, ahora sí, para ofrecerle su más sincera gratitud.

Florian parpadeó un par de veces, perplejo por no recibir al menos un insulto por parte de la chica. Después de todo, no sería la primera vez que se lleve la bronca de alguien a casa tras haber actuado como un fisgón. Sin embargo, suspiró con alivio y le devolvió el apretón de manos, para luego apartarse definitivamente de allí, buscando alguna columna para treparse y desaparecer de las atentas narices de los docentes y preceptores que merodeaban la Academia.

A Juliana le quedó un buen sabor de boca, y observó una vez más la fotografía del campeón que celebraba su triunfo más importante acompañado por su amiga pokémon.

—Me pregunto… —suspiró ella, cerrando los ojos con una calma que pocas veces había experimentado—. Si tú también llegarás tan lejos.


Tras escabullirse encorvado por la ventana trasera de la dirección, Florian siguió de largo y dobló por una cornisa, trepando por una viga de hierro hasta una de las terrazas sobre el edificio principal. Allí, una muchacha de cabello rojo le daba una honda pitada a su cigarrillo, mientras un chico con cresta y otra de nariz aguileña se hincaban de rodillas a sus pies, con la frente apoyada en el suelo caliente por los rayos del sol.

—Tienen suerte de que esté aquí, de lo contrario, probablemente ese cara de Mabosstiff hubiera avisado a sus familias —la muchacha pelirroja los regañaba entornando los ojos con expresión aburrida. Sus gélidos ojos azules erizaban la piel del par de bravucones que no se atrevían a mirarla a la cara. Fue entonces cuando escuchó pasos a sus espaldas y curvó una sonrisa satinada—. A diferencia de ustedes… Parece que Florian sí pudo traerme algo de valor.

Con una mano hundida en el bolsillo de su pantalón y otra alzada junto a su rostro, el joven se mostraba ahora serio y tranquilo, enseñándole una moneda de oro reluciente entre sus dedos.

—No sé por qué les costó tanto —se encogió de hombros, haciendo girar la moneda sobre su dedo índice—; esa chica estaba más perdida que un Spinda.

—Tengo que reconocértelo, enano: eres un mal necesario para el Team Star —lo congratuló la pelirroja de piel pálida y nariz pecosa, ablandando un poco más su sonrisa mientras se le acercaba. Su cabello parecía arder como un fénix bajo la agresiva luz del Sol en la terraza—. Vamos a ver eso; creo que podemos sacarle bastante jugo en la casa de empeño.

La chica de rojo extendió la palma de su mano delante de Florian, que acercó la moneda sin preocuparse demasiado por desprenderse del objeto de supuesto valor. Sus reflejos eran excelentes, y estaba tan preparado para trepar cumbres empinadas y lisas como para arrebatarle sigilosamente un teléfono o un pedazo de metal a una idiota ensimismada en sus propios pensamientos, pero la criatura que emergió de las fuertes sombras en el suelo salió propulsada como un pequeño torpedo y atajó el pedazo de dinero entre sus pequeñas manos, pegando una voltereta en el aire y cayendo con agudas risitas desde más de veinte metros de altura. Los dos quedaron petrificados en el lugar, Florian todavía sosteniendo una moneda imaginaria entre los dedos con los que ahora solo atrapaba el aire.

—¡¿QUÉEEEEE?! —chilló la chica, empujándolo y corriendo hasta la cornisa de la terraza por la que se había tirado ese intrépido pokémon—. ¡¡Oye, Gimmighoul de mierda, no te lleves lo que es mío!!

—¡Tranquila, Mela, nosotros nos encargamos de él! —exclamó el sujeto de la cresta, casi suplicando, mientras su compañera con las manos en el suelo le clavaba una mirada de odio.

—¡¡Ustedes no pudieron quitársela a una mocosa en su primer día de escuela!! ¡¿Qué les hace pensar que van a poder arrebatársela a un Gimmighoul?!

—Tsk, carajo… —maldijo Florian retrocediendo algunos pasos. Mela volteó hacia él de inmediato, atenta a todos sus movimientos.

—¡¿Piensas escaparte ahora?!

—Creo que sé dónde puedo encontrarlo —murmuró él, quitándose la corbata y acelerando rumbo a las escaleras que conducían a las entrañas del edificio principal.

Debía correr con todas sus fuerzas si quería adelantársele a ese desgraciado. Saltó de a varios escalones y sintió que se le entumecían las rodillas por la caída, pero no dudó en seguir sobrepasando las barandas, colgándose de ellas como un Grookey mientras asustaba a los estudiantes que intentaban utilizarlas como personas normales. Derrapó entre las piernas de una estudiante con el rostro tapado por una pila de libros y brincó por encima de un Hariyama que dormitaba en un pasillo. Doblando un par de esquinas más, alcanzó la puerta púrpura de un aula y aferró su mano al pomo dorado para abrirla, justo cuando una voz muy tranquila lo llamó por la espalda.

—Caballero, te llaman de la dirección —dijo una mujer de cabello muy oscuro y ropa a juego, que parecía algo estresada por tener que tomar responsabilidad por el muchacho. Junto a ella, el enorme pokémon sumo lo escudriñaba con mirada amenazante.


La dirección no era el lugar preferido en la Academia por sus alumnos, pero tampoco por los docentes o el resto del personal que trabajaba allí. El director Clavell podía ser visto como un hombre serio e incluso severo, pero en realidad era un sujeto tremendamente apasionado, capaz de pasarse horas enteras dando pomposos discursos sobre la importancia de las aventuras, el trabajo en equipo, los descubrimientos del Mundo Pokémon y la búsqueda de los sueños propios. Era, en definitiva, un romántico empedernido con una fachada estoica y distinguida, como así parecía revelar su elegante traje en colores naranja y morado, representando ambas divisiones de su prestigiosa institución. Sin embargo, ese atuendo solo le confería el aspecto de un payaso de circo en ojos de Florian, que fue arrastrado ante su presencia por Hariyama.

—Adelante, Sr. Caballero, póngase cómodo —lo invitó Clavell con aparente amabilidad, pero él sabía mucho acerca de fingir sonrisas antes de atacar los puntos débiles de sus víctimas. ¿Acaso debería volverse otro desertor, como gran parte de los integrantes del Team Star? Tal vez solo así obtendría el reconocimiento que anhelaba por parte de ella.

Sobre el escritorio del director vio una carpeta abierta con hojas repletas de información sobre su historial académico, lleno de letras, números y rayas rojas. A su lado, otra carpeta más sencilla y modesta con solo un par de planillas salpicadas por tildes verdes y signos de exclamación. Identificó fácilmente la fotografía de una chica de pelo castaño con una larga trenza de costado. Hasta en la foto se veía nerviosa, como si temiera que por sonreírle demasiado a la cámara pudiera perderse otra clase.

Sentada junto a una taza de café cerca de la mano del director, una criatura de un gris casi plateado con un par de antenitas negras y ojos redondos y dorados parecía muy entretenida girando la moneda con sus dos brazos, haciéndola ver como un inmenso tesoro en comparación a su insignificante tamaño.

La puerta se abrió una vez más, empuñado el pomo por el hombre imponente y con cara de Mabosstiff que le clavó una mirada asesina a Florian. El chico no supo si tenerle más miedo al Hariyama o a él.

Seguido ingresó un profesor de bata blanca y ropas sueltas y coloridas con el cabello muy alborotado. Tenía gafas hexagonales y pareció despertar inmediatamente la simpatía del fantasma codicioso, pues Gimmighoul brincó desde el escritorio y se colgó de su hombro, enseñándole orgulloso la moneda que había conseguido. El hombre le dio palmaditas en la cabeza con una sonrisa tonta, pero su semblante se volvió muy serio cuando se fijó en el muchacho de la División Naranja. A sus espaldas, una última persona entró a la dirección, con las rodillas todavía flexionadas por la congoja y las manos hundidas en su rostro salpicado por lágrimas. Al ver así a Juliana, Florian sintió por primera vez algo parecido a la culpa. Odiaba ser descubierto.

—Hoy vino a esta dirección un montón de gente de lo más curiosa. Los primeros días de clases no suelen ser los más divertidos, pero debo reconocerle que me mantuvo entretenido, Sr. Caballero —asintió Clavell, dándole un silencioso sorbo a su café—. Debo agradecerle también al profesor Jacq por la buena predisposición de su Gimmighoul para recuperar el oro que extravió la Señorita… Castillo, ¿es correcto? —Verificó sobre la planilla de la nueva estudiante, alzando apenas sus cejas tras repasar una vez más la excepcional cantidad de dieces en sus exámenes teóricos de admisión.

—Disculpe, director, pero no me parece muy buena idea traerla hasta aquí para confrontar con él… —se lamentó el profesor Jacq mientras su Gimmighoul se deslizaba sobre su delantal, hundiéndose junto a la moneda en uno de sus profundos bolsillos. Al mismo tiempo, intentaba consolar con palmadas en la espalda a la joven que limpiaba sus lágrimas con su propia corbata.

—Al contrario, no hay mejor ocasión para enseñarle al Sr. Caballero la verdadera cara de sus travesuras —sonrió Clavell, juntando las palmas de sus dedos como si hubiera sentido el impulso por aplaudir su valiosa lección, mientras Florian se encogía en el lugar, intimidado ahora solo por el rostro afligido de Juliana asomando entre sus manos temblorosas—. Entiendo que, cuando uno es joven, puede ser divertido jugarle bromas a sus amigos, o escabullirse por el patio para faltar a la clase de una materia aburrida… —Intentó mesurar su postura mientras se paseaba por el despacho, sacando rápidamente un pañuelo de seda del interior de su saco y tendiéndoselo gentilmente a la alumna víctima del hurto. Juliana dudó por un momento, pero acabó asintiendo tímidamente y se terminó de enjuagar las lágrimas—. Pero debe comprender que todo acto tiene consecuencias, y que a veces las consecuencias pesan mucho más que un castigo formal. Puedo ver en sus ojos que entiende a qué me refiero, Sr. Caballero… —Se detuvo ahora delante de él, mirándolo fijamente. De cerca, el director Clavell parecía tan alto como una torre—. ¿O me va a decir que se siente orgulloso de haber lastimado así a la Srta. Castillo, a quien ni siquiera conoce?

Florian agachó la cabeza, y sus ojos intentaron alejarse lo más posible de la mirada fija y atenta del director, así como de los sollozos persistentes de la estúpida llorona que intentaba recomponerse a un lado del despacho.

—Usted mismo lo dijo —gruñó por lo bajo al cabo de unos segundos—: ni siquiera la conozco. ¿Por qué debería importarme que se ponga a llorar por una estúpida moneda?

—¡¡No es estúpida!! —chilló Juliana, borrando súbitamente toda lágrima de su rostro y endureciendo su mirada. De pronto, se veía más intimidante que cualquier otro individuo en ese lugar—. ¡Tú no sabes lo que significa para mí!

—¡No sirve ni para sacar un refresco de las máquinas expendedoras del patio! ¡Sí, lo intenté!

—¡Te voy a matar! —se arrojó ella, completamente cegada por su ira, extendiendo sus brazos hacia el cuello de Florian, lista para arruinar toda su carrera solo para cerrarle la boca al desgraciado, pero Clavell se interpuso a tiempo, tomando suavemente la muñeca de la chica antes de que sus manos alcancen al objetivo.

—Las disputas y rivalidades entre los integrantes de la División Naranja y la División Uva siempre me resultaron inspiradoras, ¿saben? —comentó al aire con un arrebato de nostalgia, mientras los dedos de Juliana se retorcían como las patas de un arácnido buscando rozar el cuello del ladronzuelo—. Y la Academia Pokémon de Paldea apoyará cualquier paliza que la Srta. Castillo le quiera propinar al Sr. Caballero, por supuesto, si es que pueden resolver sus diferencias con una batalla. Los pokémon son seres más sabios de lo que puedan imaginar… Y son, sobre todo, justos. Dejen que ellos hagan justicia por ustedes.

—¿Justicia? —gruñó el hombre con cara de Mabosstiff, cruzándose de brazos. No parecía caerle demasiado bien lo que había dicho su superior—. ¡Ese mocoso debe ser expulsado cuanto antes! ¡¿Va a darle la oportunidad de quedar exento si gana un combate pokémon?!

—Disculpe, señor director, pero Saguaro tiene razón —suspiró ella, no muy entusiasmada por coincidir con su colega—. Además, Florian ya probó ser un entrenador competente en numerosas oportunidades, por más de que haya repetido un año tras faltar a casi todos sus exámenes teóricos. Mientras que ella…

—¿Hm? —arqueó una ceja el director, girándose por primera vez hacia la docente vestida con ropa deportiva oscura—. ¿Qué problema hay con la Srta. Castillo, profesora Dendra?

Juliana ensombreció su mirada, resignando finalmente su intento por ahorcar a Florian con sus propias manos. El chico se limitó a entornar la mirada, aliviado un poco tras ver que la chica había dejado de llorar como bebé y al menos ahora se comportaba como una persona con algo más de carácter. Dendra se encogió un poco de hombros, y pareció sonreírle con ternura a la alumna novata antes de dirigirse a su superior.

—Usted lo sabe muy bien —replicó ella, mirándolo a los ojos—: Juliana se rehusó a rendir los exámenes prácticos. Se negó rotundamente a tener cualquier clase de batalla pokémon.

El director sonrió, satisfecho, y volvió a fijarse en la joven, que ahora le sostenía la mirada con fiereza.

—¿Así que no te gusta ver pelear a los pokémon?

Ella se limitó a asentir, frunciendo mucho el ceño.

—Sabes que no podrás pasar de año si no demuestras tus aptitudes en combate. Ser entrenador requiere entablar un fuerte vínculo con los pokémon, y no hay mejor forma de lograrlo que entrenando codo a codo con ellos y fortaleciéndolos a través de las batallas.

—Eso es absurdo —bufó ella, cruzándose de brazos—. Antes me decían que no podría ingresar sin aprobar el examen práctico y, sin embargo, me llegó la carta de aceptación justo después de obtener el máximo puntaje en todos los teóricos. Es claro que usted, director, como mayor responsable de la APP, sabe bien que tengo condiciones suficientes para volverme una excelente entrenadora.

—Por favor… ¿Qué clase de entrenador se jacta de su excelencia sin siquiera atreverse a hacer combatir a sus pokémon? —hizo rodar los ojos Florian, amagando con retirarse indignado por la afirmación de la Juliana, solo para ser interceptado por el vigoroso Hariyama que cubrió toda la puerta con su cuerpo.

—Por supuesto que tienes condiciones —le sonrió afablemente el director, antes de dirigirse también al Florian que intentaba mover al sumo con sus brazos flacuchos—. Y tú también las tienes, chico. Eres un alumno desastroso, pero eso no te convierte en un mal entrenador. Solo deben aprender a incorporar las mejores cualidades del otro, y a explotar sus talentos de manera eficiente.

—¿Y qué va a hacer? ¿Enviarnos juntos a barrer las aulas después de clases? —rabió Florian, y a Juliana no le desagradó la idea de tener una escoba en las manos para poder partírsela por la cabeza. El director rio, y le hizo un gesto con la cabeza a Jacq, que sostenía su abultado bolsillo mientras Gimmighoul nadaba entre un pilón de monedas que acumulaba con recelo.

—Voy a darles una oportunidad —concluyó, juntando nuevamente las manos con actitud de puro jolgorio—. A ti, de volverte un chico educado y responsable, Florian, encaminado nuevamente por el sendero del bien, como todo respetable entrenador de esta Academia debe ser. Y a ti, Juliana, de dejar de lado esa actitud pretenciosa respecto de tus conocimientos, y de aprender a respetar los deseos de los pokémon que quieran luchar a tu lado. Ponerles un bozal no los hará más felices, créeme.

—Suena a que intentará ponernos un bozal a nosotros, obligándonos a cooperar por las malas —desafió el chico una vez más, y tanto el profesor Saguaro como el Hariyama se tronaron los dedos—. ¿Qué pasará si no aceptamos?

—No es necesario que te lo diga —replicó Clavell de inmediato, esfumando la sonrisa de su rostro para Florian y haciéndola emerger una vez más para mirar a Juliana—. A ti ya te hemos dado varias oportunidades, Florian, pero la Srta. Castillo recién está dando sus primeros pasos, y seremos mucho más pacientes y tolerantes con ella. Sin embargo, confío en que sus objetivos apuntan en la dirección correcta. Quieres ser una gran entrenadora, ¿no es así?

—No si para serlo debo hacerme amiga de ese delincuente de poca monta —le dio la espalda ella, y el director soltó una sonora carcajada que descolocó a ambos. Su investidura se desarticulaba fácilmente cuando revelaba su excitación ante un suceso emocionante.

—“Cooperar”, “Hacerse amigos”… —repitió el hombre de cabello cano, imitando tontamente las voces de los dos—. ¿Creen que están en una Academia de Etiqueta y Buenos Modales? Aquí no les enseñaremos a cenar con quince cubiertos diferentes… ¡Ustedes son nuestros alumnos porque quieren ser los mejores entrenadores! ¡Y van a ganarse su permanencia si tienen una batalla pokémon! ¡Dejen que ellos resuelvan sus diferencias en el campo de batalla!

—Director, se está emocionando demasiado… —pidió mesura Saguaro, notando que hasta el Hariyama a su lado parecía intimidado por la vehemencia repentina del sujeto—. Además, la estudiante nueva no cuenta con ningún pokémon registrado. ¿Cómo espera que--? ¡E-Espere! ¡Jacq! ¡¿No irás a darles…?!

—No sé si me agrade demasiado la idea… —suspiró el profesor de biología, revolviéndose el largo cabello lavanda mientras hurgaba su bolsillo y sacaba una llave dorada. Luego, se giró hacia Juliana y le dedicó una dulce sonrisa—. Pero confío en que mi nueva estudiante podrá hacer un gran trabajo con el compañero indicado.

—¡Aguarden un momento! ¡Todavía no dije que aceptaría! —balbuceó Juliana, sin poder contener la sonrisa que se retorcía espontáneamente en su rostro solo de pensar en la idea de recibir su primer pokémon en ese momento. Definitivamente no era en las circunstancias que había soñado, pero… Tener la oportunidad de humillar a Florian frente a todos los demás no sonaba del todo mal.

—Tampoco yo —gruñó Florian sin ya demasiado resto energético, para luego dedicarle una sonrisa angelical a la chica—, pero supongo que no me dejarán alternativa. Que conste que no me gusta hacerte llorar.

No podía soportar ver esa estúpida y mentirosa sonrisa en su rostro de niño bueno. ¡Ni siquiera era tan chico como ella imaginaba! ¿Acaso habían dicho que ese idiota estaba recursando el primer año completo por no haberse presentado en los exámenes? Maldito holgazán, bueno para nada, ladrón y descarado… De pronto, las palabras del director Clavell no sonaron más como un castigo para ella, sino como una recompensa por todo su esfuerzo. La Academia le había demostrado que no necesitaba violentar a los pokémon inútilmente para alcanzar sus propios objetivos, pero estaba dispuesta a hacer una breve excepción si aquello le permitía darle una lección definitiva a quién se había burlado de ella.

—Esa mirada… —murmuró el muchacho de golpe, empujándola lejos de sus propios pensamientos—. De pronto se parece bastante a la de tu ídolo de Galar, ¿no es así? —Su sonrisa se tornó maligna. Ella se mordió el labio. ¡Era obvio que había observado atentamente su fondo de pantalla cuando inspeccionó su SmartRotom!—. Para ser una niña buena y estudiosa, tan respetuosa de la salud y el bienestar de los pokémon libres, y casi plasmática… Eres una fanática empedernida de alguien que no dudó en enfrentar a sus amigos pokémon contra peligros inconcebibles, poniendo en riesgo sus vidas.

Estuvo a punto de escupirle en la cara, pero se contuvo. Tenía razón en algo: ella debía poner todo su empeño en seguir siendo una estudiante modelo. Aunque su primer día hubiera arrancado con el pie izquierdo, todavía podía redimirse frente a sus mentores. Todavía podía encender una llama de orgullo en el profesor Jacq y en el director Clavell. Solo tenía que devolverle la misma sonrisa descarada a Florian, y dar un paso al frente con el corazón acelerándose en su pecho.

—Te equivocas, Florian “Caballero” —masticó las letras de su apellido con desagradable ironía, como si le supieran a mierda—: fueron sus pokémon los que no dudaron en luchar a su lado para ayudarlo. Esa es la clase de entrenadora que quiero ser.



Continuará...



Ending

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#3
Y... empecemos.

Cuando escribo una review, la parte que más trabajo me cuesta es el principio, eso de romper el hielo. No sé si te pasa lo mismo con los fics a ti porque este empieza aburridísimo. Creo que lo intenté dos veces antes de lograr terminar la escena con la mamá. De mi parte es injusto pedirte algo distinto de la fucking primera escena del fucking primer capítulo pero sí me cortó mucho el rollo. Al menos hasta que llega para la escuela Juliana.

Por cierto. Odio esos nombres. No es tu culpa pero aún los odio. Al menos Gloria y Víctor tenían cierto significado apropiado con la historia de lo juegos y son nombres NORMALES. FLORIAN? Lo he oído tres veces en mi vida y en tres novelas de fantasía medieval.

Como te decía. Me encantó lo que siguió. En particular la forma en que se conocen. Pero espera, que me apresuro. Hay un aspecto de caracterización que me gustó mucho y es esa parte en la que Juri escapa de dos bullies al engañarlos con el truco de la pelea. Siento que es el primer vistazo de que puede trazar planes al vuelo en situaciones de estrés y que será una de sus fortalezas cuando empiece a entrenar pokémon. Algo muy Ash de hecho.

Pero lo que la compra es la escenita en la que se conocen. Por sí misma es bastante linda pero cuando descubres que el pequeño granuja la estaba usando te rompe un poquito el corazón verla llorar. Me gusta porque podría parecer que ella es la más lista por ser la más estudiosa y así pero de repente Furo acaba siendo mucho más astuto y manipulador, capaz de ponerse una cara que no es suya. En este punto lo que más me llama la atención, en principio, es la clase de aventuras que van a tener estos dos por sus habilidades propias. Y también que, a diferencia de con Crowned, acá se nota que cada quien tiene una agenda personal más allá de ser siempre el mejor mejor que nadie más. Desde el ya es un mejor punto de partida que con Crowned. Aunque Víctor y Hop tenían el encanto de idiotas en una aventura.

Y hablando de las diferencias, se nota que el setting es diferente. Acá Furo (sí, para mí son Juri y Furo porque soy un weeb de mierda y romanizo lo que no me gusta) acá Furo está pilladete de la bully suprema. Y el hecho de que acá haya maestros, directores y demás me da esa impresión de que pasarán más tiempo en un solo lugar e interactuando con la misma gente de forma frecuente que en un viaje de punto A a punto B, y me llama mucho la atención cómo lo vayas a desarrollar. También decir que me gusta de momento el director... Clavell? ¿De verdad le pusieron ese nombre? Es lo más homosexual que he oído hoy. Pero me gusta la idea de que aunque sea relativamente razonable como director también sea tremendo friki de las peleas y se deje llevar por la emoción cuando le sale el lado competitivo. Y la parejita principal da para tener pero que mucho desarrollo.

No sabes el gusto que me da verte escribiendo algo nuevo, y que sea algo que desde el principio se siente algo superior a Crowned porque siento que lo está escribiendo el Tom con las lecciones aprendidas de Crowned. Algo más personal que ya no va a pasar por la etapa de replicar la experiencia con los juegos, pero que ya sabe introducirte en la atmósfera como siempre y hacerte simpatizar con sus personajes desde el principio para que esas ocho mil palabras se te pasen en un suspiro.

No te tardes mucho en seguirla.
[Imagen: 6zFZgO5.png]
Animus. Antrum. Unverse. Anima, Animusphere
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#4
Nuevo proyecto, aún pendiente de leerme las notas de autor para evitar spoilers antes de la primera lectura. Mi primera impresión es que se nota el impacto que ha tenido completar Crowned, tanto por que te hayas lanzado a hacer esto sin tener ninguna referencia real del juego (ya hablaremos de las consecuencias de esto luego) y que te hayas mandado tremenda referencia a Crowned con la meta que tiene Juliana (cada vez me desagrada menos este nombre). Me ha dejado una mezcla de sensaciones que voy a intentar desglosar a través de este comentario, en la medida de lo posible.

A diferencia de SwSh y lo plano que era muchas veces con sus personajes, dándote libertad para arriesgarte con ellos, Paldea la tengo muy fresca aún y con una sensación de aprecio que hace mucho que no tenía por un juego de la saga principal, así que ten por seguro que voy a joder MUCHO con esto. Sin embargo, al ser esto previo a la salida de los juegos, intentaste jugar a lo seguro con la poca información que tenías... y hay puntos en que la jugada no te salió bien, dados los plot twists de SV en cuanto a historias y personajes. Así que tienes delante dos posibilidades: o te ciñes a tu primera impresión y le das una identidad propia (una opción muy válida) o corres para intentar reconciliar las posibles incoherencias (buena suerte con ello, que no te pase lo mismo que al final de Crowned)

Fuera de esto... la primera parte de la historia tira muy para atrás, o mejor dicho, la madre de Juliana lo hace. Esta mujer parece un chiste malo con patas, aunque entiendo su fijación en lo que su hija ha logrado (y una más que probable separación/abandono del padre de la niña). Lo cual nos lleva a los dos protagonistas. que es un tipo de personaje con el que sueles trabajar: con fallos que dan ganas de darles una patada, pero con atributos positivos que hacen que te refrenes de ello (aunque Floriá, tras la revelación, se las merecería). Supongo que eso funciona bien en entornos y mundos con tonos cínicos que pareces preferir para lo que escribes. Y ciertamente, el mundo es jodido según la posición desde que lo veas, por lo que lo más plausible parece a ceñirse a la opción uno... esto ya es cosa tuya owo

Lo cierto es que mejora mucho por el final, con la discusión en la oficina de Clavell, donde éste deja en evidencia los fallos de ambos estudiantes tras el incidente con la moneda de Juliana. Ella es una presuntuosa (alguno que conozco se sentirá identificado, aunque no lo diga en voz alta, ejem), mientras que él es un holgazán; básicamente, uno carece de lo que al otro le sobra, de algún modo. Así que, como gente civilizada, van a arreglarlo con un duelo al amanecer combate Pokémon. A ver cómo se manejan en esto hmm

En cuanto al mundo... supongo que lo de tener la Academia dividida en dos ramas era esperable, y por supuesto que esto conlleva a rivalidades, pero me sigue cantando un poco; supongo que tendré que acostumbrarme a la idiosincrasia de cada rama, dependiendo de cómo lo vayas llevando.

En cualquier caso, tengo curiosidad por cómo vas a continuar esto, sobre todo ahora que ya ha pasado un tiempo tras la salida del juego; a ver con qué nos sorprendes o.O

Edit: El ending está bonito, y no hay muchos detalles de la historia como para sufrir de los spoilers, salvo tus explicaciones respecto a cómo nació la historia. Yo también esperando a que no se desinfle ahora que apenas empieza owó
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#5
Al fin pude comentar! AAAAAAAAA
Primero que nada, ojalá sigas con este fic Tomás, y no lo dejes abandonado como cierto fic sobre franceses con complejos de dominación mundial No o hay tabla. 

En fin, que este comentario no creo que sea tan largo, considerando que apenas el fic lleva un cap, pero es un cap que pisa bastante fuerte. Se nos da información sobre el entorno, las rivalidades, las marcadas diferencias entre los protas y sus diferentes direcciones. Y me gusta mucho que no se vuelvan amiwis de buenas a primeras y que tampoco creo que caigan en la gracia del otro una vez culmine su batalla. 

La verdad traté de leer Crowned, pero si Lapse es la versión superior de Crowned prefiero leer un poco la versión superior, aprovechando que va de inicio y que aun le falta mucho por crecer. Aunque me gusta leer las batallas de Crowned y quiero ver como vas a manejar esta en el siguiente cap. 

Amo que esté tan desligado de la trama del juego, y ahora que has jugado el juego, espero ver que elementos aprovechas para meter al fic sin que se sienta que se está desviando a ser una copia exacta de Scarlet/Violet y mantenga su ritmo.

Bueno, que te dejo de mientras Tom. Espero lo próximo que traigas.
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[Imagen: rdHpyS1.png]
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#6
Y el Tommyverso se expande, quiero pensar que este fic sucede en el mismo universo de Crowned.

Holis, no te leía del año pasado.

Me gustó mucho todo este inicio tan diferente, ambos personajes principales me gustaron mucho, hasta Clavell, insisto que tu desarrollo de personaje y tu forma de mostrar sus personalides es tan concisa y coherente que me encanta, me estas dando clases de cómo hacerlo. Me gusta como Julianna y Florian tengan esas personalidades tan diferentes, esperaba que Julianna fuese confrontacional de alguna forma, es lo que me transmite su artwork, pero ese toque de temerosidad y nerviosismo le juegan muy bien, me llama la atención que tenga tanto prejuicio hacia los de la sección uva. Pero admito que entre los dos, Florian me cautivó, siendo falsamente amable y que esté de alguna forma aliado al Team Star, no me lo esperaba, pensé que era más bien un lobo solitario que vive el momento. Lo que me lleva a ¿por qué Mela quería la moneda? ¿por qué Florian los ayuda? ¿qué trasfondo tiene la moneda para Julianna? Imagino que tarde o temprano cumplirá una función importante (Gholdengo). También me gusta que des luces del acoso escolar, es un tema muy importante al rededor del team star y cuando lo vi en el juego, me sorprendió gratamente que pokémon tocara ese tema, era el momento para hacerlo. Me intriga mucho saber cómo tomarás la libertad que presenta el juego, según entendí aun te queda por jugar.

Besos.
[Imagen: giphy.gif]
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