Longfic- Flying Beagle: GOH AROUND

Extension largaLongfic
FranquiciaAnipoke
GéneroComediaDrama
Resumen

Los caminos de Ash y Goh deben separarse para que cada uno pueda cumplir su sueño. ¿Qué aventuras les esperan? Con la participación especial de Nick Furry.

AdvertenciaDrogas
#1
Flying Beagle: GOH AROUND
 
O la fabulosa historia de cómo debería terminar Pokémon Journeys, y con mejor animación


Índice de Capítulos

1 - Días del puturo fasado
2 - (?)
3 - (??)
Etc.

Advertencia

Este fic es re pelotudo. Si te lo tomás muy en serio, perdés; si te pensás que es todo joda, también. Hablo en serio. Sí, hablo en serio usando Comic Sans.
 0  0  0  0  0  0  0  0  0  0  0  0  0
Responder
#2
1 — Días del puturo fasado



Una vez más, nuestro héroe, Ash Ketchum de Pueblo Paleta, se dispone a encarar la batalla que decidirá su futuro como entrenador. A su alrededor, las difusas e inmóviles manchas multicolores que representan al público embravecido clamando su nombre y el de su adversario, rivalizando dos coros de voces que se contraponen y aplastan contra sus oídos. Delante de sus ojos, el hombre seguro, de espalda recta bañada por una capa aterciopelada y brazos firmes cruzados sobre su pecho hinchado de orgullo. Una sonrisa desafiante es todo lo que Leon necesita dedicarle al retador de cara al combate más importante de su vida. Es la gran final del Torneo de los Ocho Maestros; nadie querría perdérsela.

—¿Estás listo, Pikachu? —preguntó el azabache mientras una gota de sudor se deslizaba por su sien. No parecía nervioso, pero la luz de los reflectores caía sobre él como una ráfaga de fuego.

—¡Pikaaa! —asintió su fiel compañero de aventuras, saltando desde su hombro hacia el campo de batalla con chispas rebalsando sus mejillas.

Ash, sin embargo, estaba intranquilo por algo. Antes de que el vigente campeón de Galar y número uno en todo el mundo arrojase la pokébola de su primer contendiente, el retador desvió su inquieta mirada hacia las gradas a su izquierda. Allí, un vibrante jovencito de pelo azul alzaba una oveja por encima de su cabeza y gritaba el nombre de su hermano hasta que su voz no pudo más. A su lado, un asiento vacío. Quizás el único en todo el estadio que nadie había ocupado aún. ¿Quién podría llegar tarde a una ceremonia tan importante?

—Goh… —suspiró Ash, ensombreciendo su mirada por un segundo bajo la visera de su gorra. Una ráfaga de viento amenazó con arrancarla de su cabeza, pero Pikachu interpuso una barrera eléctrica y hundió su cola en la tierra para resistir el vendaval que el aleteo de Charizard desencadenó con la simpleza con la que se soplaban las velas en un pastel de cumpleaños.

—¡Ash, concéntrate! —gritó una voz al otro lado de la bestia de fuego. El propio Leon parecía ofendido por su falta de atención—. ¡Charizard no lo pedirá dos veces!

Era cierto: Goh no estaría ahí para ver su batalla. La tarde anterior al enfrentamiento con Leonel, el SmartRotom de su compañero de viajes sonó y un mensaje de Project Mew lo convocó de urgencia por un avistamiento al pokémon singular que había buscado desde que era tan solo un infante. Con el Sol desvaneciéndose tras el marco de edificios en Wyndon, los amigos se despidieron con un choque de puños.

—Te prometo que llegaré a tiempo para verte campeón mundial —le aseguró el chico con el Grookey en el hombro, que golpeó su baqueta contra la cola de Pikachu para despedirse amistosamente.

—Sé que Mew podrá teletransportarte en un parpadeo cuando lo encuentres —lo animó Ash, inyectándole confianza.


Se lo tomó con calma en ese momento, pensando nada más que en el “hasta luego” que solían dedicarse cuando sus caminos debían divergir para avanzar en sus propios objetivos, pero las dudas apretaron de golpe su corazón cuando comprendió que ahora estaba solo frente al gran estadio de Wyndon.


 




La nave de cuatro robustas hélices gigantes que conformaba el laboratorio central de Project Mew había descendido sobre una jungla de formidable vegetación, tan verde y densa que no parecía haber allí espacio para otra cosa que la vida en constante desarrollo. Una tenue neblina barría el suelo de hierba alborotada, y el perpetuo criqueteo de insectos taladraba sus cabezas.

Los cinco principales Buscadores de Project Mew se abrían paso a través de la espesura escoltados por drones que rastreaban el paradero del pokémon singular. Dos úrsidos pardos de férrea musculatura se asentaban como pilares a ambos lados de Quillon y Danika, al frente del equipo designado por el Profesor Amaranth. Tanto ellos como Gary Oak se mostraban expectantes a sus alrededores, con una serenidad en sus faces que despertaba ligera envidia por parte de Goh y Tokio; los más jóvenes allí.

—¿Están seguros de que no se confundieron con algún pokémon similar a Mew? —preguntó el joven de pelo cano, dejando que Gardevoir amplifique sus sentidos para rastrear otras fuerzas psíquicas alrededor. Sin embargo, todo lo que los radares en sus cuernos rosados percibían eran insectos de diversos tamaños escurriéndose entre la abundante vegetación. Gary esbozó una confiada sonrisa.

—No hay ningún pokémon que pueda parecérsele a Mew —terció con suficiencia. Danika le dio una suave palmadita al hombro.

—Ni existe otro pokémon tan similar a todos los demás en el mundo —adicionó, contagiando entusiasmo a los intranquilos Goh y Tokio.

—Hagan silencio —masculló Quillon tras dar un paso al frente con el puño cerrado junto a su cabeza.

Los Urshifu adoptaron posturas de combate: de pronto, todo a su alrededor parecía haberse congelado. La niebla entre sus pies ya no discurría con su característica suavidad. El viento no se colaba entre los árboles inmensos, ahogado por su magnitud. Los pokémon de tipo bicho no emitían sus característicos chirridos, ocultos a salvo de los humanos captores que se entrometían en su territorio. O quizás ocultos de algo más.

Y una vocesilla resonó minimalista para darle el empujoncito final a sus corazones, como pidiéndoles que no sean tímidos; que no dejen de latir para ocultársele.

—¡Mew!

—¡Ahí! ¡Sobre esa roca! —señaló Goh, entusiasmado y con los ojos centelleando.

Todas las miradas se posaron sobre la criatura rosada que giraba tras su larga cola y los espiaba por el rabillo de sus ojos azules. La rama de un árbol se agitó sobre su cabeza, y desde sus arbustos brincó un simio verde del que Mew se apartó. Grookey le sonreía ingenuamente, al tiempo que el singular parpadeaba con suavidad, ladeando su cabeza con curiosidad. Antes de que nadie se atreviera a decir o hacer nada, el primate tomó la baqueta de su mechón de pelo y azotó con ella la piedra, produciendo el característico sonido de tensión y suspenso que tan bien se amoldaba a las circunstancias.

—Redoble de tambores… —rio Goh, enjuagándose las lágrimas en los ojos por encontrarse finalmente ante su sueño materializado. Mew se cubrió los mofletes con las patitas y soltó una risita alegre, sacudiendo su larga cola en el aire al ritmo de la percusión. Tokio le dio una palmada en la espalda a su amigo, sin disimular la creciente emoción compartida que incluso caló en el corazón de Gardevoir. Gary suspiró con satisfacción y se llevó el SmartRotom al oído.

—Lo encontramos, Amaranth —dijo, intentando mantenerse en compostura—. Finalmente encontramos a Mew.

—Excelente —dijo la voz del director de Project Mew, que monitoreaba todo desde la base a un puñado de kilómetros de allí—. Quillon, Danika: tráiganlo vivo.

—Como ordene, Profesor —asintieron ellos, recibiendo el mensaje en simultáneo por sus respectivos dispositivos. Gary arqueó una ceja, pero aquello fue todo lo que pudo atinar a hacer antes de que los úrsidos aceleren sobre la roca en la que Grookey y Mew hacían buenas migas.

Un veloz golpe de karate redujo a polvo la piedra, obligando a Grookey a saltar desesperadamente para escapar del ataque a traición, mientras que Mew simplemente se envolvió en una burbuja protectora que lo hizo rebotar hacia atrás. El luchador de estilo fuerte, sin embargo, se agachó bajo el puño de su compañero y arrojó un golpe contundente que deshizo la barrera psíquica del singular, atravesándola como si nada, listo para noquearlo al primer contacto. Mew, rápido y escurridizo, se teletransportó con un parpadeo y reapareció varios metros por encima de sus cabezas. El Urshifu de agua se impulsó con las piernas en un gran salto envolviendo en corrientes de agua los músculos de sus brazos, listo para desatar un aluvión de puñetazos torrenciales sobre la pequeña presa, pero Mew hizo brillar sus ojos y lo hundió en el suelo con una potencia avasallante que el luchador no pudo soportar.

—Te dije que el tuyo sería inútil —masculló Quillon con desprecio, inflando una pokébola y liberando a su Weavile para que se sume al Urshifu siniestro. Danika se mordió el labio, resentida por su primer fracaso.

—¡¿Qué rayos están haciendo?! —se escandalizó Tokio, interponiéndose en el camino del pelirrojo—. ¡Se supone que debemos investigarlo, no hacerle daño!

—Tsk, ¿no aprendiste nada desde que te uniste al Proyecto? —se lo sacó de encima Quillon con un puñetazo al estómago que lo puso de rodillas—. No podemos investigarlo si no lo atrapamos, y Mew no se dejará capturar si no lo debilitamos primero.

—Gary, ¿qué está pasando…? —balbuceó Goh, aterrado, dando un paso atrás instintivamente. El nieto de Oak ya había soltado a Umbreon y Electivire, que corrieron ante Weavile y el Urshifu siniestro para plantarles cara bajo la atenta mirada del Mew en las alturas, que parecía más preocupado ahora por encontrar a Grookey entre la vegetación que por escaparle a los ataques furtivos de sus captores.

—Lo que sospechaba —respondió entre dientes—: no podemos pensar que todas las personas con ambiciones tan grandes puedan ser simples altruistas. ¡Umbreon, Finta! ¡Electivire, Puño Trueno!

—¡No te entrometas con nuestra misión! —rabió Danika, torciendo completamente su a menudo sosegada personalidad y liberando al Azumarill que embistió a Umbreon antes de que éste pudiera detener a Weavile con su rápida Finta. Una Carantoña contundente le enterró el cráneo en el suelo, pero el chacal oscuro endureció su cola y se impulsó con sus patas traseras para azotarle un coletazo férreo que la dejó sin aire. Electivire, por su parte, parecía un firme contendiente para Urshifu, pero sus feroces puñetazos eléctricos no consiguieron estar a la altura del maestro marcial, quién girando sobre su talón le asestó un golpe de karate en la nuca que lo dejó inconsciente en el acto.

—¿Qué hacen? ¿Por qué atacan a Mew? ¿Por qué están peleando entre ustedes? ¡Somos parte del mismo equipo! —gritó Goh, viendo cómo Gardevoir tomaba al lastimado Tokio entre sus brazos y se alejaba tan seria como nunca la había visto mientras se rodeaba por un campo de energía esmeralda. Un pokémon tan unido a su entrenador priorizaría la vida del humano antes que un combate innecesario, y eso mismo estaba haciendo, incluso a costa de abandonar a Mew y al propio Goh en el fuego cruzado.

El ruido volvió a retumbar en su cabeza, sacudiéndole hasta los huesos. En tan solo un minuto, el ambiente de incertidumbre y expectativa había explotado en un caos de bestias que cruzaban golpes a su alrededor, con la enigmática figura del pokémon singular elevándose entre las copas de los árboles y los ojos iluminados para alumbrar el paradero de un Grookey que parecía tan asustado como los demás. Los ojos de Mew se encontraron entonces con los de Goh, que temblaba sin control abrazándose a sí mismo. Por un momento se sintió afortunado por recibir tal atención, pero pronto comprendió que era simplemente porque el mono de planta había regresado a su hombro, chillando con la baqueta al frente para recibir su autorización de unirse al combate. Gary estaba plantándole cara a los hábiles Buscadores estrella de Project Mew. ¡No podía dejarlo solo en un momento como ese! Y sin embargo, su cuerpo no reaccionaba. Después de todo, no era tan hábil ni valiente como Ash.

Fastidiado, Grookey se colgó de su brazo y golpeó las pokébolas en su cinturón con la punta de la baqueta, abriéndolas una tras otra hasta que frente a él se materializaron Cinderace, Inteleon, Flygon y Scizor.

—¡Grroo-key-key! —chilló el pequeño simio, espabilando a su entrenador con un último baquetazo a su frente. Goh apretó los ojos por el repentino golpe, dejando que las lágrimas estallen sobre sus párpados. Cuando se abrieron nuevamente, y pese a que su cabeza todavía le dolía, pudo ver con nitidez hacia el frente: todos sus pokémon lo observaban con tanta seriedad como confianza. Habían luchado codo a codo en incontables oportunidades. Habían crecido juntos, aprendiendo todos el uno del otro. No era momento de echarse atrás.

—Tienes razón, Grookey. Muchas gracias, y perdón… —murmuró, recobrando la compostura mientras daba un paso al frente y el resto de sus bestias de bolsillo encaraban la alarmante situación que se desataba en el corazón de la selva—. ¡Chicos! ¡Luchemos todos juntos!

Inteleon alargó su altanera sonrisa, descruzándose de brazos. Flygon echó una ráfaga de aliento dragón verde por sus fauces, haciendo vibrar sus alas romboides a toda velocidad para despeinar el pastizal. Scizor chocó sus pesadas tenazas de hierro, afilando la mirada. Cinderace pegó un brinco cazando una roca en el descanso de su pata izquierda, encendiéndola en el acto con la fricción de su patada y arrojándosela con quirúrgica precisión al Weavile que estaba listo para rematar al herido Umbreon en el suelo con una de sus zarpas. El Balón Ígneo estalló en lenguas de fuego detrás de su nuca, y la comadreja helada se derrumbó sin oponer resistencia.

Mientras el Azumarill de Danika escupía un chorro de agua hacia Cinderace e Inteleon lo interceptaba con uno propio en su contra, Goh montó a Flygon y voló cerca de Mew. El mítico retrocedió, entornando la mirada, pero un tímido Grookey lo llamó desde el hombro del humano.

—No me tengas miedo, Mew —le pidió Goh—. Estamos intentando ayudar; no todos los humanos somos monstruos buscando lastimarte.

Y aunque tanto Grookey como él intentaron esbozar tímidas sonrisas para tranquilizar a Mew, una voz retorció la conciencia del muchacho a modo de respuesta.

Y sin embargo, me capturarías apenas tuvieras la oportunidad. ¿No es así?

Goh se petrificó por un segundo. Los ojos de Mew lo observaban distantes, aunque apenas unos metros los separasen en el aire.

Varios metros más abajo, un imponente Tyranitar cazaba a Urshifu por la pata y lo arrojaba contra una columna de árboles, evitando que éste consiguiera brincar para alcanzarlos. Acto seguido, el Arcanine de Gary se sumó a su compañero pokémon exhalando una bocanada de fuego que hizo arder buena parte de la jungla, alarmando al pokémon rosado.

—¡Cuidado, Gary! ¡No debemos descuidar el hábitat de estos pokémon! —pidió Goh sobre su Flygon, que torció el cuello hacia abajo.

—Algunas veces no queda otra alternativa —gruñó Gary por lo bajo, viendo cómo sus bestias intentaban aplacar a como diera lugar al peligroso luchador legendario.

Quillon soltó una desagradable carcajada mientras el oso asomaba entre la humareda provocada por el Lanzallamas, con apenas algunas quemaduras superfluas en su espeso pelaje. Gary lo desconocía con la mirada, así como a una Danika que repasaba otras pokébolas alrededor de su cintura, lista para sumar compañeros a Azumarill que planten cara a los aliados de Goh. Con un fugaz movimiento de dedos, tres pokébolas crecieron en la mano del pelirrojo y estallaron a sus pies soltando a los guardias de los templos ancestrales en Hoenn.

Con sus sombras tapándolo todo y el estridente mecanismo activándose en sus interiores y profiriendo un sonido absolutamente antinatural, Regirock, Regice y Registeel se hicieron presentes. El primero sepultó a Arcanine bajo una tumba de rocas, mientras que el de acero arrastró hacia atrás a Tyranitar con un Foco Resplandor que resquebrajó su sólida coraza. Regice, por su parte, enfrió el ambiente hasta el punto de volver insoportable su permanencia allí. De pronto, el verde se tiñó de blanco y la hierba de escarcha. El frío era cada vez mayor, y los únicos que no parecían inmutarse eran los propios regis.

Los habitantes de la jungla comenzaron a huir despavoridos. El frío mataba rápidamente a los insectos más lentos, y muchas aves cayeron tiesas antes de poder volar lo suficientemente lejos. Mew veía cómo la vida se desvanecía lentamente a su alrededor, sabiendo que aquello no era otra cosa que una provocación por parte de los humanos. Lo invitaban a pelear. Querían que baje y le haga frente a la amenaza que suponía la mera presencia del trío de legendarios en poder de Quillon.

—Tenemos que irnos, Mew —le pedía Goh, asando a Flygon por las antenas para que mantenga una distancia prudencial. Lo último que necesitaba era ponerse al psíquico en su contra, pero no podía consentir que cayera en una trampa tan evidente—. No les des el gusto de caer en la desesperación como yo. ¡Por favor, huyamos ahora que podemos! ¡Gary los mantendrá ocupados el tiempo suficiente!

No —sentenció con suavidad una voz similar en su cabeza—. Ya no hay tiempo para ellos. No bajo mi atenta mirada.

La tierra se abrió bajo los regis y enormes lianas brotaron a toda velocidad envolviendo sus torsos y extremidades, devorándoselos lentamente. Regice intentó arrancárselas alzando sus brazos y disparando Ventiscas por sus dedos en forma de prisma, pero los árboles alrededor se retorcieron por una misteriosa fuerza y se cerraron como una jaula de hojas y madera resquebrajada, sellando el ataque del legendario. Un par de ojos encendidos asomaron por un flanco, y todos los humanos y pokémon que luchaban sobre la hierba fueron arrastrados contra los árboles circundantes, apresándolos con sus propias lianas. Con dos alitas de las que parecía colgar su cuerpo menudo y una enorme cabeza en forma de cebolla, la Voz del Bosque emergió para imponer su autoridad.

—Muchas gracias, Celebi —suspiró un chico que se acercó por su espalda, y Goh se sorprendió tanto como se alegró por descubrir que se trataba de Tokio—. Aunque el de pelo castaño era de los buenos… —Atinó a disculparse con una sentida reverencia hacia Gary.

Mew y Goh descendieron junto a los recién llegados, y Mew pareció saludarse alegre y despreocupadamente con Celebi, que se mostraba mucho más serio y reacio a bajar la guardia. Al otro lado, los amordazados Quillon y Danika se retorcían en sus lugares intentando alcanzar pokébolas sin usar en sus cinturones. Scizor cortó las lianas que lo apresaban con las tenazas y les apuntó con ambas abiertas a la cara, entornando sus intimidantes ojos ambarinos. A la primera que intentaran liberarse, no dudaría en atacar.

—¡Tokio! Celebi no va a resistir por mucho tiempo si sigue manipulando el bosque para apresar a esos dos y sus pokémon —alertó Goh a su amigo, pero éste le devolvió una tenue sonrisa.

—¿No lo ves, Goh? Mew y Celebi están aquí, y están de nuestro lado. Nosotros ya ganamos.

Sin embargo, todo lo que Goh podía ver a su alrededor era un hábitat natural arrasado por la violencia que habían conducido hasta allí por su propia ambición. Su deseo por atraparlos a todos y por encontrar a Mew lo había guiado a ese lugar. Le había dado una mano a los mismos sujetos que ahora intentaban lastimar al pokémon singular. Junto a la inocencia de Grookey, habían conseguido bajar su guardia para facilitarles el golpe a traición.

El clima seguía siendo frío, pero hacía rato que no temblaba por eso. Y la única luz que esperaba encontrar en ese momento se presentó de pronto de la manera más aterradora posible, brotando con destellos anaranjados desde las entrañas de la prisión de plantas invocada por Celebi.

—¡Gardevoir, Pantalla de Luz! —ordenó Tokio rápidamente, al tiempo que Scizor volaba a toda prisa delante de Goh y lo abrazaba dándole la espalda al estallido de energía del que emergieron nuevamente los regis. Mew los rodeó a todos por burbujas psíquicas que resistieron la potencia de los Hiperrayos, pero un golpe descendente sobre su cabeza lo tomó por sorpresa: Urshifu había emergido aprovechando la distracción, derribando al singular de forma contundente.

—¡Mew! —se alarmó Goh, y su grito atrajo a Cinderace e Inteleon, quienes se abalanzaron sobre el pokémon marcial para alejarlo de su presa. Sin embargo, Urshifu repelió las patadas llameantes y coletazos afilados de los pokémon iniciales, sacándoselos de encima como moscas y avanzando firmemente hacia el cráter en el suelo sobre el que había quedado tendido el pokémon rosa. Levantó una pata, listo para liquidarlo de un simple pisotón, pero Mew encendió su piel y desató un torbellino molecular en su cuerpo, inflándose como un globo aerostático que apartó a todos de allí, hasta adoptar la forma del Wailord más grande que jamás hubieran visto.

Las copas de los árboles se sacudieron en la distancia, y el Mew convertido en ballenato adoptó a continuación la forma de un aguerrido Fearow que graznó con furia antes de arrojarse sobre Urshifu girando sobre su pico como taladro. Antes de precipitarse completamente sobre el adversario, listo para soltar un golpe feroz, se transformó nuevamente en un halcón de fuego, tomándolo por sorpresa y disparando una rabiosa Llamarada que lo consumió por completo.

Gardevoir invocó barreras que protegieron a los chicos del torrente ígneo. El luchador siniestro se sobrepuso al calor abrasador y se propulsó con un salto que ni Flygon pudo contener intentando cazarlo por la espalda. Con una patada se sacó de encima al dragón de tierra e incluso lo usó para ganar impulso, elevándose hasta sujetar la cola del Talonflame en que se había transformado el singular. Mew se retorció en el aire, mutando ahora en un Dragonair que eludió con su delgada anatomía un puñetazo mortal del oponente, apretando su torso con la cola enroscada y girando para estrolarlo contra los árboles alrededor.

Goh estaba paralizado nuevamente, sintiendo que nada de lo que podían hacer para brindar apoyo era suficiente. Celebi, por su lado, intentaba en vano contener el avance de los pesados regis, que disparaban Hiperrayos a mansalva causando auténtica destrucción en la selva que a toda costa intentaba proteger. Por muy grandes que fueran sus poderes psíquicos, no rivalizaban con el estoicismo de aquellos gólems que solo actuaban bajo órdenes precisas.

Debían derrotar a Mew. Debían arrasar con toda la arboleda si era necesario. Con montañas, cavernas, océanos y ciudades, hasta que ya no quedase ningún lugar en pie donde el pokémon original pudiera ocultarse.

Tokio había liberado a su Indeedee y al evolucionado Meganium para brindar débiles refuerzos a Celebi, pero aquella imagen solo lastimaba más a Goh. ¿Tan débiles eran realmente? ¿Ante qué clase de fuerzas se estaban intentando oponer? ¿Por qué sus manos habían intentado perseguir una estrella cuyas dimensiones reales escapaban a su entendimiento? Había sido un estúpido por creer que podía hacer algo que los humanos no tenían permitido: codearse con las deidades que habían concebido al mundo que pisaban como invitados. Y ahora, en calidad de intrusos.

La jungla ardía por el fuego de las explosiones y helaba por la avasallante presencia de Regice. Los árboles cedían ante el peso de los golpes de Urshifu, y las múltiples siluetas metamórficas de Mew volaban a toda velocidad de un lado al otro, resistiéndose a simplemente desaparecer.

Fue en algún punto del alboroto cuando el ruido de las hélices irrumpió por encima de todo lo demás. Como tormentas mecánicas creadas por el ingenio humano, las aspas de hierro sostuvieron la máquina encima de la jungla cubriéndolo todo con la sombra del laboratorio que transportaban por el aire.

Tan solo apretando algunos botones, el Profesor Amaranth abrió los compartimentos ubicados en la base de su nave, y de éstos emergieron cañones que dispararon sin piedad una balacera de ultrabolas, listo para capturar a cualquier pokémon sin dueño en un área de más de quinientos metros a la redonda. Cientos de pokémon fueron encerrados en su interior. Celebi desvió en segundos al menos unas cincuenta esferas que se precipitaron sobre su gran cabeza.

Mew se transformó en un diminuto Cutiefly para que los objetos captores pasen de largo sin hacer contacto con su cuerpo, pero cuando creía haberse salido con la suya evadiendo la captura, Urshifu saltó por su espalda y cerró sus palmas sobre su cuerpo, aplastándolo como la mosca en la que se había convertido.

El cuerpo maltrecho de Mew cayó con su forma real a los pies de Goh. Acto seguido, el peligroso luchador aterrizó con una rodilla hincada en el suelo, sonriéndole desafiante al ser humano. Las ultrabolas no paraban de llover, disparadas con violencia desde el cielo mientras Gardevoir en conjunto con Indeedee y la Hatterene de Gary empleaban sus magras fuerzas psíquicas para desviarlas con barreras sobre las cabezas de sus entrenadores. Un golpe contundente de cualquiera de esas esferas podía ser fatal.

—Goh, no vamos a salir con vida de aquí… ¿Verdad? —balbuceó Tokio con el fantasma de una sonrisa sobre su rostro pálido. Goh tragó saliva, sin poder quitarle los ojos de encima al cuerpo de Mew. Con un último arranque de valor y estupidez, se dejó caer sobre el pokémon singular, listo para protegerlo con su propia espalda de las ultrabolas. Urshifu levantó una pata para sacárselo de encima, pero cinco figuras se abalanzaron sobre él. Cinderace, Inteleon, Flygon, Scizor y hasta el propio Grookey sufrían con todas sus fuerzas para detener la patada del experto luchador, pero no tardaron en ser arrastrados en sentido contrario por la potencia de sus músculos.

—¡Tokio, vete ahora! ¡Gardevoir puede sacarte a salvo de aquí! ¡Nunca debiste haber regresado para ayudarnos!

Mew formó una burbuja que los envolvió a ambos, haciendo rebotar en ella la feroz patada voladora que arrojó Urshifu arrojando al resto de pokémon de Goh lejos de ahí.

Celebi descargó un torbellino de hojas encantadas a su alrededor, cortando la piedra de Regirock, pero causando apenas rasguños superfluos sobre Regice y Registeel, que estaban a punto de inmovilizarlo por los brazos para dejar que las ultrabolas lo encierren.

—¡¿Qué estás diciendo?! ¡No puedo dejar solo a un amigo!

Y sumado a coro con su propio grito de impotencia, un canto de desesperación brotó del interior de Celebi, envolviéndose a sí mismo con una parte del bosque para formar una bestia de la naturaleza capaz de repeler a todos los receptáculos arrojados por la nave del cielo. Con un rayo de energía desatado, un estallido en las alturas desbalanceó el descomunal laboratorio. Y el eco ya distante de aquel estruendo sacudió una idea que picó en la memoria de Goh, repitiéndose lo que acababa de espetarle Tokio.

Dejar solo a un amigo.

Era cierto, lo había olvidado por un momento: Ash estaba solo ahora, enfrentándose a Leon en busca de concretar su sueño. Podía ganar, podía perder… Pero en cualquier caso, no contaría con su apoyo en ese momento. Porque era un egoísta que había priorizado su estúpida ambición con Project Mew por encima de los lazos de amistad que Ash le había ofrecido desinteresadamente. Ahora estaba a punto de perderlo todo, y tal vez su amigo jamás se enteraría de ello.

—Lo siento, Ash… —lloró Goh mientras Mew formaba una nueva burbuja que un Urshifu desaforado hacía estallar reiteradas veces con su aluvión de golpes y patadas—. No podré verte triunfar… Pero estoy seguro de que lo harás.


 




Pikachu había caído. Derrotar a Dragapult y Eternatus parecían mérito suficiente para que cualquier pokémon se sintiera orgulloso, pero Ash podía adivinar un dejo de melancolía y desazón en su mirada. Sabía que su amigo deseaba haber aguantar hasta el final contra ese Charizard, y sin embargo, él todavía no se daría por vencido.

Delante suyo, Mega Lucario jadeaba exhausto tras evitar dos peligrosas ráfagas de fuego vomitadas por el gigantesco lagarto con alas encendidas en llamas. El público hacía rato había enmudecido, expectante por el resultado. Solo les quedaba un pokémon en pie, pero Charizard solo había necesitado recurrir a su forma Gigantamax ante el pokémon mega evolucionado, tras arrasar sin problemas con los desgastados Dragonite, Gengar y el propio roedor eléctrico.

—¡Lucario! —lo llamó Ash, la sangre tan hirviendo en su cuerpo que había olvidado que su pokémon podía leer su aura sin necesidad de gritar—. ¿Cómo te sientes, Lucario? ¿Podemos dar un paso más hacia la victoria?

—¡Caghr…! —asintió el luchador con tenacidad de hierro, reincorporándose una vez más con las piernas temblando. El fuego todavía crepitaba a ambos lados de la arena de batalla. Charizard parecía una deidad inalcanzable en las alturas, acaparando todas las miradas—. ¡¡Cario!!

Y sin embargo, el vigor de su pokémon fue todo lo que Ash necesitó para volver a sonreír.

—Perfecto, Lucario… ¡Es todo lo que necesitamos para ganar!

—¡¡Kouga!! —exclamó una tercera voz desde las alturas, y tanto humano como pokémon se voltearon para constatar que sobre el poste de luz más alto en un flanco del coliseo se hallaba la silueta de Greninja enmarcada por la brillante luna de plata.

—¡¡Ash, Lucario!! —lo llamaron un montón de voces en la platea más alta, y los ojos del azabache se encontraron entre la multitud con un grupo de personas que reconoció al instante. Uno al lado del otro, tanto Misty como Brock, e incluso May, Max, Dawn, Koharu, Iris, Cilan, Clemont, Bonnie, Korrina, Serena, Lillie, Gladion, Mallow, Kiawe, Lana, Sophocles y el propio Kukui junto a su esposa Burnet y el pequeño Lei en brazos, todos alentaban a Ash con los brazos en alto. En ese momento, un último integrante llegó corriendo por un lado y se sumó al grupo, levantando su puño en dirección a su amigo: nada menos que Goh, con el rostro empapado en sudor y el pecho subiendo y bajando por el esfuerzo de llegar a tiempo para verlo en la cima. Todos juntos corearon su nombre y chocaron aplausos para los dos—. ¡¡Ustedes pueden!!

—¡¡Dale un buen golpe a ese Charizard!! —rugieron Brock, Iris y Kiawe.

—¡¡Mátalo, Lucario!! —chilló Bonnie parándose sobre los hombros de Max, desatando aplausos por parte de Korrina y el bebé Lei, a quien Burnet tuvo que regañar mientras Clemont hacía lo propio con su hermana menor.

—¡¡ASH!! —vociferó Misty, contenida por los brazos de May y Dawn—. ¡¡SI NO TE VUELVES EL MEJOR DE TODOS, BAJARÉ AHÍ Y TE LAS VERÁS CONMIGO!! ¡¿SABES CUÁNTOS AÑOS ESTUVIMOS ESPERANDO QUE LO HAGAS?! ¡¡DERROTA A LEON Y NO TE COBRARÉ LA BICICLETA QUE ME DEBES!!

—Ash… —susurró Serena, entrelazando los dedos de las manos sobre su pecho palpitante—. Confío en ti. Todos creemos en ti.

El aliento de todos sus amigos pareció revitalizar aún más a los retadores que se ponían de pie nuevamente tras cada caída. Lucario agradeció a todos con un gruñido, sabiendo que los ojos de su maestro Greninja observaban atentamente su desempeño con la luna de testigo.

Ash pasó su antebrazo sobre los ojos, secando cualquier rastro de sudor o lágrimas que pudieran entorpecer su visión. Debía levantar la frente una última vez. Mirar hacia adelante y enfocarse en su objetivo, aquél que emergía invaluable más allá del monstruoso Charizard Gigantamax comandado por Leon. Había sido el combate más duro de toda su vida… Y también el más feliz.

—¡¡Ya los escuchaste, Lucario!! ¡¡NO PODEMOS DECEPCIONARLOS!! ¡¡ACABEMOS ESTO CON SHURIKEN AURAL!! ¡¡IKKKUUUUZEEEEEEEEEEE!!


 




Cuando abrió sus ojos nuevamente, una brisa refrescante apaciguó su corazón. El ruido de dientes masticando una fruta. El murmullo distante de risas y campanadas. Se incorporó con pesadez, sintiendo cómo todo le daba vueltas, solo para encontrar sentado sobre su estómago a un pokémon que jamás había visto. Aunque se trataba de algo parecido a un lagarto o dinosaurio rojizo, su aspecto era regordete y bonachón, y su bobalicona mirada se perdía en la fruta que su único colmillo frontal hincaba, relamiéndose por el dulce gusto cítrico de la naranja.

—Por fin te despiertas —dijo una voz grave a sus espaldas.

Goh se giró, encontrándose con un inmenso castillo en forma de estrella de seis puntas, elevado su centro en múltiples torres como catedrales. Recostado contra la pared más cercana a él, y bajo una placa dorada con naranjas grabadas encima a modo de escudo, un hombre negro, alto y de hombros anchos ataviado por un largo tapado oscuro lo miraba fijamente con su único ojo visible, pues el otro —si es que aún lo conservaba— se resguardaba bajo un parche cruzado.

Era un día soleado en el paraíso, pensó Goh, así que su aspecto levantaba no pocas sospechas.

—¿Estoy vivo? —preguntó instintivamente, tocándose el pecho y la frente. El hombre hizo una mueca y arqueó una ceja.

—Dímelo tú —replicó con parquedad—. Llevo vigilándote un buen rato… Preferí no acercarme por si resultabas estar muerto y justo pasaba la policía.

Aparentemente, ofrecer socorro no era una opción para ese tipo. Sin embargo, al verlo con vida, le tendió una mano finalmente para que pueda ponerse de pie. El pokémon fanático de las naranjas se bajó de su estómago con un saltito.

—Entonces, ¿cómo llegaste aquí, muchacho? Apareciste de la nada. ¿Fuiste víctima de algún Abra travieso?

—Víctima de un Abra… ¡Ojalá! —se horrorizó Goh de pronto, haciendo memoria y llevándose las manos a la boca. ¡Era cierto! Había estado a punto de morir—. ¡¡Señor, tengo que volver!! ¡Están intentando capturar a Mew y también a Celebi…! ¡¡Eso es!! ¡Mew debe haberme transportado lejos para salvarme! ¡Necesito ir a ayudarlos!

—Oye, tranquilo, niño… —se apartó el hombre cuando las temblorosas manos de Goh intentaron aferrarse a las solapas de su tapado—. ¿Mew y Celebi? ¿Tienes idea de lo estúpido que suena todo lo que estás diciendo?

—¡Necesitamos refuerzos, estoy seguro de que entrenadores más competentes que yo podrán hacer algo…! ¡Claro! ¡Lléveme a Wyndon, señor! ¡Tenemos que pedirle a Ash y Leon que nos ayuden a salvarlos! ¡Project Mew se salió de control, se lo aseguro!

—Un momento —lo frenó el hombre del parche en el ojo, sujetándolo por la cabeza para que deje de moverse nerviosamente—. ¿Dijiste “Ash”? ¿Te refieres al Ash Ketchum de Pueblo Paleta en el que estoy pensando?

—¡¿A cuántos otros Ash conoce?!

—Al menos unas cuantas decenas; es el nombre más popular para niños hace mucho tiempo… —suspiró él, y Goh se quedó petrificado. Al ver su expresión, el hombre esbozó una sonrisita astuta, comenzando a atar cabos rápidamente en su cabeza—. Entonces, dices que tu amigo Ash Ketchum y el antiguo campeón Leon pueden ayudarte a salvar a “Mew” y “Celebi”… Solo para asegurarnos, acompáñame por aquí.

Así, el hombre condujo a Goh y al lagarto regordete que lo perseguía entre atolondrados trompicones a través de un patio con chicos de uniformes blancos y anaranjados que estudiaban en bancos o tirados en los pastizales hasta detenerse delante de una enorme fuente llena de mosaicos sobre la cual se alzaba una escultura particularmente llamativa y a la que, sin embargo, nadie parecía prestar atención aparte de él.

—S-señor, usted dijo recién que Leon era el “antiguo campeón”… —se atrevió a decir tras deslizar su vista por aquella imponente estatua—. ¿Quiere decir que la Serie Mundial de Coronación ya terminó? ¿Estuve inconsciente más de un día? ¡¿Ash derrotó a Leon?!

—Niño, empiezas a preocuparme. ¡Vaya golpe en la cabeza te habrás dado!

El hombre estalló en carcajadas tras examinar cuidadosamente la seriedad con la que Goh lo observaba, alternando su mirada entre su curioso parche y la escultura que intentaba mostrarle. Tras apaciguar su risa, el sujeto aclaró la garganta y extendió sus brazos hacia el monumento.

—¡No me jodas, muchacho! ¡¿Me estás hablando en serio?! ¡¡Mírala bien, ahí tienes tu respuesta!!

—Lo siento, pero yo no conozco a ese… hombre.

Aunque el tiempo parecía haberla desgastado un poco, sus facciones eran lo suficientemente nítidas como para hallar en ella rastros de quien había sido alguna vez. Su cuerpo había madurado, sus hombros se habían ensanchado, y una barba curtida parecía haberle crecido tras haber dejado atrás sus tiempos como un simple chico de diez años. Su gorra no podía contener su alborotado cabello azabache, que incluso en piedra transmitía perfectamente el color oscuro que habría tenido, pero que en ese entonces perfectamente podría haberse vuelto grisáceo. Sobre su hombro, un roedor apuntaba al cielo con su cola en forma de relámpago, al igual que el fuerte brazo del hombre que parecía tapar la luz del Sol con su dedo índice.

—Ese hombre —dijo el sujeto, cruzando una fugaz mirada de extrañeza con el pokémon a sus pies, que ya se había terminado su naranja— fue Ash Ketchum, el último gran Maestro Pokémon.

—Un Maestro Pokémon…

—Un Maestro Pokémon. ¿Quieres saber si le ganó a Leon? ¡JA! ¡Le ganó a todos, niño! ¡No queda nadie vivo que lo haya visto perder alguna vez! Su leyenda sigue viva en cada estudiante de esta o la otra academia. En cada aspirante a entrenador. En cada líder de gimnasio y cada campeón de cualquier región que te puedas imaginar. Y tú actúas como otro de esos fanáticos desquiciados que fantasean con vivir aventuras a su lado… ¡Déjate de tonterías, chico! ¡Ash Ketchum lleva muerto más años de los que tus abuelos llevarán vivos! ¡Agarra un libro y ponte a estudiar si quieres ser alguien en la vida! Tsk, en este lugar solo viven freaks obsesionados con el pasado…

El pasado.

El tipo de negro se giró, listo para dejarlo solo ante la estatua del hombre en el que se convertiría su amigo. El hombre que sería… ¿O que fue? No se quedaría con la duda, y girándose hacia él, lo detuvo con un férreo apretón a su brazo. El sujeto del parche lo observó por el rabillo del ojo sano, sorprendido por la fuerza que había demostrado con ese agarre, pese a lo enclenque y llorón que se había mostrado antes.

—Señor —le dijo finalmente, la mirada ardiendo en determinación—. No sé dónde estoy, ni cuándo… Pero tengo que volver. ¡Tiene que ayudarme a volver!

El hombre maldijo en silencio dentro de su mente. Tras unos segundos, se sacudió con fuerza para sacárselo de encima una vez más. Fue entonces cuando maldijo en voz alta.

—¡Mierda, chico! ¡¿De verdad?! ¡¿Qué crees que es esto, otra estúpida historia de viajes a otros mundos y otras épocas?! ¡¡Esto es la vida real, hijo, así que vete a vivirla de una maldita vez!!

Y lo empujó sobre la hierba, alejándose. Goh ensombreció su mirada, apretando el pasto con los puños cerrados. Sintiendo la tierra fresca bajo la creciente vegetación. La calidez de su sangre corriendo por sus venas. La serenidad de saber que siempre habría algo por hacer. Sus ojos celestes se levantaron nuevamente, apuntándole como mirillas de un arma que estaba listo para disparar.

—¡¿Cuál es su nombre, señor?!

—¡Tsk…! ¡Qué más da…! —pataleó el sujeto perseguido por el gracioso pokémon—. Nick, mi nombre es Nick.

—¡Mi nombre es Goh, señor Nick! ¡Muchas gracias por su ayuda!

El hombre evaluó el nombre en su cabeza, como si intentase buscar un compartimiento seguro para almacenarlo sin que vaya a escapársele. Un instante después, se apartó de allí a toda prisa hasta que Goh lo perdió de vista.

 

CONTINUARÁ...
[Imagen: Cn0vsbG.png]
 0  0  0  0  0  0  0  0  0  0  0  0  0
Responder
#3
Ese título era una referencia necesaria.

Honestamente, si Goh no tiene ni idea de cómo fue que terminó siglos en el futuro, va a tener de las peores suertes buscando cómo volver.

No sé por qué, pero al principio sentía que la historia iba a hacer que los manes de Project Mew salieran malvados. Supongo que fue instintivo, o simplemente recordaba esos días de especulación con ellos. Que igual, aunque no se volvieron villanos, siguen siendo malos (imagina ser jobber de Mew usando un Urshifu).

Eso sí. Espero ver qué clase de cosas dejó este Ash registradas desde el pasado, seguro tendrán algunas revelaciones fuertes.
[Imagen: l1Mexwv.png]
Best Friends
 0  0  0  0  0  0  0  0  0  0  0  0  0
Responder




Usuarios navegando en este tema: 1 invitado(s)
task