Índice - Viento Aciago
#1
Viento Aciago



Capítulo I — Luz de Ruina


El dolor se ha ido. Finalmente, luego de desmayarte más veces de las que podías contar, cuando cada movimiento era una tortura, cuando la más tenue luz se convertía en agujas que apuñalaban tus ojos y tu cabeza parecía estallar, luego de perder la razón una y otra vez... parece que estás listo para volver al mundo.

La Sanadora a tu lado te mira con cautela y cuando sus ojos se cruzan, retrocede asustada. No te sorprende. Basta con dar un vistazo a la habitación, a los cortes profundos en las paredes y el techo, para comprender su renuencia a acercarse. Te sientes avergonzado. Quieres decirle que tú no eres así, que el dolor te enloquecía, que lo lamentas de corazón, pero antes de encontrar las palabras una puerta se abre y la Sanadora Ama cruza el umbral. Te examina a conciencia, te indica que te levantes, que muevas la cabeza, que mires una pequeña luz y cuando ha sido suficiente, sonríe, te toma del brazo y tú la sigues al exterior.

La Sanadora Ama es como todas las demás: amable, atenta, has visto cientos iguales en otros templos con la misma apariencia. El Templo de Sanación también es como los demás, incluso la Sanadora redonda, la Chansey, una vez superada la sorpresa inicial se une a ustedes y los acompaña al recibidor. Todo es tan familiar como un sueño que has visto cientos de veces.

Excepto ella.

Sentada junto a la ventana, reclinada hacia la pared; un ama adulta roba tu atención. Su largo cabello cae como el oro por su espalda, su piel clara, tersa y brillante, provoca un fuerte contraste con sus ropas negras y austeras. Cuando se vuelve hacia ti puedes ver la mitad de un bello rostro, tal vez el más hermoso que hayas visto en tu vida... pero sólo en el lado izquierdo. Bajo el cabello dorado se vislumbra una vieja cicatriz en el derecho. Su único ojo gris te mira con... ¿Curiosidad? ¿Alivio? Tu especie es conocida por entender los sentimientos de los amos, pero los de ella te son inaccesibles. Aún cuando sonríe y camina hacia ti, cuando te aprieta los hombros y te palmea las mejillas, sigues tan confundido como al principio

—¿Está bien?

—Sí —responde la Sanadora Ama—, debería mantenerse lejos de los combates por un tiempo, pero ya no corre peligro. Cuando lo trajo aquí su vida pendía de un hilo.

—Sí —repite como un eco—, entiendo.

La Sanadora tosió incómoda.

—Sobre el asunto de la pokéball, si la extravió podemos propor...

—Gracias, Joy. Es un largo camino y debemos darnos prisa —se vuelve hacia ti—. Vámonos.

La conversación basta para dejarte claro que ella es tu nueva ama. Hay muchas cosas que no comprendes aún, pero al menos tienes esa certeza.

«Servir, proteger, obedecer» el principio que guía tu vida

Hacen el camino a pie bajo el cielo nublado. Tu Ama posee una buena resistencia para su especie y camina a la par de ti sin dar muestras de cansancio, aunque se inclina un poco sobre el pie derecho.

Intentas mantenerte unos pasos detrás de ella, pero te detiene en seco.

—No, conmigo.

La acompañas a su izquierda para no ir del lado de la cicatriz. Apenas la conoces, pero no quieres que se sienta incómoda cuando la mires. Ejerce una poderosa atracción sobre ti que no puedes entender.

—Tuviste suerte —dice luego de un rato—, solía curar a mis propios pokémon, pero tus heridas eran las peores que había visto. Joy y su Chansey desesperaban por salvar tu vida. No creíamos que lo lograras.

Aún sientes las secuelas. El dolor ha desaparecido, pero una parte se ha quedado dentro de ti y basta con pensar en él para sentirlo de nuevo. No sabes si sentirte afortunado o no.

—Aún estás algo débil, pero no te preocupes, no habrá combates mientras estés conmigo. No iremos a explorar la región ni tendrás trabajos pesados. La vida a mi lado es aburrida, lo sé. Pero es una vida.

Nunca tuviste problemas para entender a tu Amo, a sus amigos o incluso a sus oponentes. Leías sus emociones con facilidad y sabías exactamente qué hacer. Esta ama es diferente; entre más la observas más confusa se vuelve. Sus pensamientos están lejos, aún cuando te habla tienes la impresión de que lo hace consigo misma. Como si no estuvieras ahí, como sí...

—Glade.

Reaccionas por instinto. Vuelves la vista hacia ella y descubres que te está mirando.

—Glade, me gusta. No suelo poner nombre a mis pokémon, así que no fue algo muy original.

Glade. Es muy similar a la forma en que te llamaba tu amo desde que eres adulto. A ti también te gusta, en especial luego de saber que cuando hablaba consigo misma, hablaba de ti.

"Casa" se encontraba en una colina baja, apenas elevada del suelo. "Casa" era una modesta construcción de dos pisos con paredes blancas y tejado azul. La maleza crece a su alrededor y conforme se acercan, notas que la pintura comienza a caerse y una ventana del piso superior está rota. Cuando abre la puerta y ves el interior, llegas a la conclusión de que "Casa" no se siente en absoluto como una casa.

Se quita el abrigo y lo deja sobre el sofá. Debajo lleva una blusa negra ajustada a su cuerpo y tus ojos se detienen en la piel expuesta y el contorno de sus senos. Atento a cada uno de sus movimientos sin comprender porqué.

Su mano apunta hacia otra puerta.

—En la cocina, la estantería de arriba. Tráeme una botella, la que quieras.

No se queda a esperarla. Sube por las escaleras mientras te recreas en su cuerpo, prendido del contoneo de sus caderas. Cuando desaparece en el piso superior recuerdas que te ha dado una orden.

Estás familiarizado con el servicio. A tu Amo no le gustaba tu forma afeminada, así que pasaste un tiempo en casa de sus padres ayudando con los deberes. Eran buenos contigo y les tenías afecto, pero una parte de ti se sentía humillada. Todo lo que querías era ser un guerrero y demostrar tu valor en combate, pero tu propio amo se avergonzaba de ti, quizás con razón. Al menos eso tenían en común.

Si algo puedes apreciar de esa época es el desarrollo de tus poderes psíquicos. Gracias a ellos encontraste la botella y pudiste atraerla hacia ti sin cruzar el caos que era la cocina. También pudiste tomar una copa de cristal sin provocar una avalancha.

«Servir, proteger, obedecer». El orgullo de tu especie.

Su puerta está abierta. Te escucha antes de entrar y te indica que pases. Contra tus expectativas, la encuentras sentada en el borde de la cama con el cuerpo inclinado hacia la ventana, mirando la lluvia caer. Justo como la primera vez que la viste.

—Llegamos a tiempo. Parece que habrá una tormenta.

Voltea hacia ti, sonríe al ver la copa en tu mano. Con un gesto te indica que se la entregues junto con la botella.

—Eres listo —dice mientras la llena hasta el borde—. Escogiste un buen vino. Tu especie es inteligente, pero tú además puedes presumir de buen gusto.

Sus palabras te animan. Su único ojo mira el interior de la copa con abstracción.

Luego, sorpresivamente la tiende hacia ti.

—Bebe.

Te toma un momento reaccionar y cuando lo haces, casi tiras la copa al piso. Ella ríe.

—Vamos, bebe conmigo.

Tu amo anterior era demasiado joven para beber, sus padres, demasiado correctos. No estás seguro de que sea una buena idea, pero ella te ha dado una orden y espera que la cumplas.

«Servir, proteger, obedecer».

El vino baja como dedos de fuego. Sientes cómo calienta tu pecho y sacude tu cabeza. Vacías la copa hasta la mitad. Ella toma un largo trago de la botella y ríe.

—Es la primera vez que hago esto. Ver a un pokémon beber. Venga, termínala.

«Servir, proteger, obedecer».

Cuando vacías la copa tu cabeza da vueltas. Te sientes aturdido, tus movimientos son torpes... pero aún estás lo bastante despierto para notar que ella te mira de otra forma. Hay un brillo diferente en su ojo, una chispa violenta que te estremece.

—Casi pareces humano —dice— Incluso bebes como uno, por fuera... somos similares.

Otro trago que acaba con la mitad de la botella.

—No eres viejo ¿Hace cuánto que evolucionaste? Ustedes los pokémon maduran muy rápido, no como nosotros. A los humanos nos toma mucho tiempo...

Su presencia llena la habitación como una profunda oscuridad. Sientes el corazón latiendo con fuerza.

—Tal vez tengamos la misma edad. Tal vez eres apenas un chico...

Te falta el aire. La oscuridad te rodea...

—Pero estás listo ¿Verdad? Para lo que sigue...

El relámpago ilumina la habitación, haciendo suyo al mundo durante el intervalo de un segundo. Sus palabras se extinguen, la emoción se paraliza y tus pensamientos desaparecen. Tardas un momento en escuchar un murmullo a la distancia y un poco después comprendes que está lloviendo. Luego escuchas el trueno.

Ella fija su visión en la ventana, retraída.

—Hay una habitación disponible a lado de ésta. Ahora es tuya. Puedes hacer lo que quieras el resto de la noche, o sólo descansar, como prefieras.

Te demoras un momento por si no escuchaste bien, pero ella no aparta la vista del cristal. Aturdido, aceptas que ha terminado contigo y en pasos torpes abandonas la habitación.

«Servir, proteger, obedecer».

Tu primer impulso es bajar a la estancia pero el martilleo en tu cabeza te disuade. Caminas hacia la otra habitación y empujas la puerta sin saber qué esperar.

Lo primero que notas es el vidrio roto en la ventana que viste al llegar. Además hay una cama grande, un armario, un espejo y un mueble lleno de libros, todo cubierto por una gruesa capa de polvo.

Tienes experiencia durmiendo a la intemperie, pero si vas a pasar la noche ahí tienes que hacer algo al respecto.

Te habías acostumbrado a las tareas domésticas. Trabajabas en la mañana y por las noches, cuando los amos dormían, salías por la ventana a entrenar tus poderes psíquicos. Si te volvías más fuerte tu Amo te querría de vuelta sin dudarlo. Poco a poco lograste levitar, transportar otras cosas en el aire, descubrirse el secreto detrás de la hipnosis y lloraste de felicidad cuando tu hoja mágica fue perfecta. Quiso la casualidad que a la mañana siguiente volvieras a tu pokeball y aparecieras ante tu Amo, sonriente y con una piedra brillante en la mano.

Fueron buenos tiempos, tal vez los mejores. Es duro mirar atrás y compararte a como eres ahora; sirviendo a una ama extraña a la que no comprendes y que te enloquece con su presencia. Te preguntas si has llegado al final del camino y éste será el resto de tu vida...


No la escuchaste llegar. Te giras hacia la puerta presa de su magnetismo y te paralizas. Está ahí; las mejillas encendidas, la respiración agitada. Por un momento crees escuchar el latido de su corazón.

Antes de que te des cuenta ya no está en el umbral, sino frente a ti. Una mano sube por tu pecho y la otra te sujeta por el hombro. Es tan alta como tú. Acerca su rostro al tuyo y su aliento cálido te envuelve. Sus labios buscan a los tuyos y se funden unos con otros.

Todo transcurre tan rápido que no tienes tiempo de reaccionar, ni de defenderte.

Sus manos te empujan con suavidad hacia la cama y te tumban de espaldas. Recorren tu cuerpo apenas con un roce, pero sientes que te queman. Su boca vuelve a la tuya, que la recibe sin oposición antes de que baje por tu cuello.

«Servir, proteger, obedecer».

Retrocede al centro de la habitación. La ropa se desliza por su cuerpo y cae al suelo. Su desnudez provoca en ti una reacción hasta entonces desconocida. Te recreas en sus pechos, en sus largas piernas y en el misterio de su bajo vientre. Ella también te mira a través de su único ojo como si estuviera aturdida, tan perdida como tú, pero dispuesta a llegar hasta el final.

Se acerca con pasos lentos, casi tímidos. Intuyes que para ella también es una experiencia desconocida. Sube a la cama y avanza hacia ti sobre manos y rodillas. Su largo cabello acaricia tu cuerpo y sus senos se frotan sobre tu pecho. Sientes tu cuerpo arder, o quizás sea el suyo. Sus piernas rodean tu cintura y por un momento tocas el cielo. Ella sonríe sin decir una palabra. Pone un dedo sobre tus labios y se yergue, justo como tú.

Te sujeta con una mano y su tacto te estremece. Juega con sus dedos sobre ti, alargando la espera hasta sus límites. Su mano cobra firmeza y te lleva lentamente a su interior, a un mundo de sensaciones inimaginables. Sólo el sonido de su voz al emitir un largo suspiro te mantiene atado a la realidad. Comienza a moverse. Primero hacia arriba y hacia abajo, cayendo sobre ti una y otra vez, pero pronto cambia de ritmo y empieza a oscilar, a ondular como las olas rompiendo sobre ti. Tus manos despiertan y se aferran a sus caderas pero ella las toma entre las suyas y las lleva hasta sus senos. Tus dedos los rodean, los acarician a conciencia, trazando círculos en torno a las areolas con delicadeza.

«Servir, proteger, obedecer».

Sigue moviéndose sobre ti, pero te sientes obligado a responder. Comienzas a embestir con la cadera y a ella se le escapa un gemido que te motiva a seguir. En su rostro ansioso adivinas la sombra de una sonrisa. Ganas la confianza para incrementar el ritmo, tus manos suben por sus senos hasta llegar a su rostro, ella lame tus dedos con una mirada lasciva.

Dentro de ella, de su cuerpo... y su alma. Por primera vez en el día sientes que te acercas a ella, que te permite ver una parte de sí misma; tan profunda y oscura que te ahoga pero al mismo tiempo cálida y generosa. Te da la bienvenida a sus tinieblas y tú la sigues sin mirar atrás.

El ritmo incrementa, la presión se dispara. Luz y nada más que luz, un estallido violento que te ciega y te hace perder el control. Las barreras entre ambos desaparecen y no sabes si estás dentro de ella o te has fundido en su inferior. La sacudida es tan intensa y la luz tan brillante que te reduce a polvo.

Ella se debilita y cae sobre ti. Suspira y pasa una mano sobre tu rostro. Un rayo cae cerca e ilumina su cuerpo. Por un segundo ves algo parecido a una sonrisa en sus labios antes de que pierda el sentido. La envuelves en tus brazos y cierras los ojos deseando acompañarla al mundo de los sueños.

Cuando despertaste en la mañana ella ya se había ido y tardó horas en volver. Pensaste usar ese tiempo para convertir la "Casa" en algo digno de su nombre o al menos habitable, pero cuando cruzó la puerta ni siquiera reparó en ti y subió a encerrarse en su habitación. No volviste a saber de ella hasta que te llamó en mitad de la noche para volver a poseerte con desesperación.

Los siguientes días pasan demasiado rápido para que puedas asimilarlos. Busca tu compañía en la mañana o por la tarde, habla contigo por horas y te sigue mientras te ocupas de Casa. Nunca espera que le respondas pero sabe que la entiendes, y a través de sus monólogos comienzas a conocerla. Sabe mucho acerca de los pokémon, más que cualquier amo que hayas conocido, y deduces que ha pasado mucho tiempo dedicada a los combates. A veces hace comentarios sobre ti, pero nunca menciona tus heridas o la suya. Bordea el pasado con habilidad, lo suficiente para que entiendas que ha sufrido heridas tan profundas como las tuyas. Luego vuelve a refugiarse en su habitación por largos periodos de tiempo hasta que tarde o temprano vuelve para buscar tu cuerpo. Poco a poco emerge ante ti como un templo en ruinas; la más grande de las maravillas ha sido azotada por la peor de las tormentas y todo lo que queda de ella son ruinas, pero descubres que estás dispuesto a vivir en ellas, a aceptar en lo que se ha convertido y dar las gracias cada vez que el sol brilla sobre ellas

Un día pasa después del otro, no te molestas en contarlos. Aceptas los buenos y los malos ratos. Si éste es el resto de tu vida puedes recibirlo con los brazos abiertos.

Lo sentiste llegar. Una mañana empezó diferente a las demás, con el sol oculto por las nubes y el aire tan frío como cortante. Tus instintos, o algo más poderoso que ellos te advirtieron sobre él y cuando lo viste aparecer entre la niebla tenías horas esperándolo.

Un amo adulto. Facciones suaves, ojos azules y brillantes como el cielo. Un abrigo azul oscuro de corte fino y un sombrero del mismo color sobre el cabello negro. Un aura del mismo azul que sus ojos le rodea. Al verte sonríe y hace un amago de reverencia.

Tras él camina un lucario de aspecto sereno, como una segunda sombra de aquél amo. Nunca antes habías visto un vínculo entre amo y pokémon tan fuerte como aquél. Incluso emiten la misma aura.

—Quinoa

La voz de tu Ama te sorprende. Está ahí, de pie en el umbral con los brazos cruzados. Su voz no transmite emoción alguna. El hombre levanta su sombrero y hace una pregunta.

—¿Puedo pasar?

Lucario permanece en la entrada, vigilante, pero te niegas a ponerte a su nivel y entras después de tu Ama. Ella asiente y te ordena que abras una botella. Cuando vuelves están sentados a la mesa. Ella recibe el vino pero él lo rechaza con educación. Vuelves a lado de tu Ama y te quedas ahí.

—Es muy temprano. Bebes más de lo habitual.

Tu Ama suspira.

—¿A qué has venido, Quinoa?

—Quería saber cómo estabas.

—Ya lo ves; bebo más de lo habitual. ¿Algo más?

—Construyeron una estatua tuya en Caelestis. Hubo una ceremonia incluso.

—Ya veo.

—Ha crecido mucho en este tiempo, ya no se parece a un pueblo. Pronto tendremos que llamarla Ciudad Caelestis.

—Sí...

Ésta vez es su turno de suspirar. Tu Ama permanece distante.

—El Comité está dispuesto a buscar un nuevo campeón, pero el Alto Mando se opone, están seguros de que sigues con vida. Alecrán ha partido al Monte Corona para encontrarte. Fausto y los demás te buscan por la región.

—No me encontrarán. No a menos que alguien les diga dónde estoy.

El Amo Azul aparta la vista.

—No lo sabrán por mí.

—Entonces no queda nadie. Deja que busquen en vano, tarde o temprano se harán a la idea de que estoy muerta. El Comité elegirá a alguien mejor para el puesto.

—¿Mejor que tú?

—Mejor que yo —sonríe con amargura—. No debe ser difícil. Cualquiera serviría.

—¿Y qué piensas hacer tú? ¿Vivir oculta del mundo por el resto de tus días?

—¿Por qué no? Los primeros dos años fue sencillo ¿Qué tan largo puede ser "el resto de mis días"?

—No eres así.

—¿Y cómo soy? ¿La gran heroína que salvó al mundo de los planes del Equipo Galaxia? ¿La campeona que dio su vida por Sinnoh? No, Quinoa. Tú y yo sabemos quién soy: una idiota. La gran idiota que creyó tener el mundo en la palma de su mano.

—Hiciste lo que tenías que hacer.

—¿"Lo que tenía que hacer"? —responde conteniendo su voz—. Debí dejar que Helio siguiera adelante. Debí tomar al chico y huir con él. Si no hubiera sido tan arrogante...

Clava la vista en su copa pero la furia le domina y la arroja con violencia contra la pared. Sus hombros tiemblan. El Amo Azul hace el amago de acercarse y tu Ama lo fulmina con la mirada. La conversación ha terminado.

—Estaré un tiempo en el pueblo. Creí que un año sería suficiente, tal vez dos y podrías seguir adelante, pero me equivoqué. Te haces daño a ti misma y eso debe parar. Aún no me he rendido contigo.

—Pero yo sí.

—Pero yo no.

Se ajusta el sombrero y camina hacia la puerta. Lo sigues a la salida.

Pone una mano sobre el hombro de Lucario y éste asiente. Te quedas de pie en el umbral esperando a que se marchen cuando él se da vuelta y te mira con sus intensos ojos azules. Primero es curiosidad, después estás seguro de que ve algo en ti y antes de que puedas saber qué es, da media vuelta y desaparecen en la niebla.

El pecho te duele. Sientes que te acercas a algo peligroso, más grande que tú. Tus días de paz se han esfumado, el resto de tu vida volvió a quebrarse en menos de treinta minutos.


Cuando encuentras fuerzas para volver, ella sigue sentada en el comedor. Los brazos cruzados sobre la mesa y la cara escondida entre ellos. Solloza en silencio.

Te acercas con miedo. Ella no parece advertir tu presencia hasta que tus dedos tocan sus hombros. La envuelves con cuidado, temeroso de herirla, y cuando tus brazos la rodean ella rompe a llorar.

«Servir, proteger, obedecer».
«Servir, proteger, obedecer».
«Servir, proteger, obedecer».
[Imagen: 6zFZgO5.png]
Animus. Antrum. Unverse. Anima, Animusphere
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Longfic- Viento Aciago

Extensión
Extension largaLongfic
FranquiciaCoregames
GéneroDrama
Resumen
AdvertenciaViolenciaMutilacionesSuicidio/Intento de, Lemon
#16
Ya me leí tu pokefilia, ya puedo volver a considerarme una buena amiga.

Fuera coñas, ya te dije lo que pensaba por encima de los cuatro capítulos, pero bueno, lo vuelvo a repetir por aquí. Aunque no me suelen gustar las escenas de sexo, y yo habría jurado y rejurado que jamás leería pokefilia (nunca digas nunca) aquí estamos. La verdad es que me gustó mucho cómo lo usaste, ya la primera vez pude ver que Cynthia era una mujer perdida que no sabía muy bien por dónde tirar, y al final eso iba a acabar mal. A lo mejor estoy equivocada, pero no sé, no se me ocurre otra cosa que pudiera haber hecho que le hubiera llevado a ese punto de quiebre.

Also, una cosa que te quiero comentar que me pareció INCREÍBLE. En un momento determinado se dice que Cynthia es como la luna, y Helio el sol, y man, qué relación más bonita. El nombre de Cynthia proviene del griego Kynthia, que significa "Diosa de la Luna", y Helio sabemos que tiene relación con el sol. Me quedé gratamente sorprendida al leer eso, mis felicitaciones, buen hombre.

Ahora sí, voy a comentar el quinto capítulo antes de que te dé algo. Me sorprendió, y me sorprendió para bien, porque estaba convencida al cien por cien de que iba a acabar mal. De que Giratina acabaría con sus vidas y todo se iría a la v, pero no, Glade consigue acordarse de Teletransporte y acaban en el quinto pino girando a la derecha. Me pareció un final muy bonito, en el que parece que, a pesar de todo, los dos pueden empezar sus vidas de nuevo, y Cynthia se da cuenta al fin de que Giratina no es su enemigo.

(Un poco crazy por su parte intentar enfrentarse a él, pero ya sabemos el estado en el que se encontraba).

También tengo que decir que me gustó cómo usaste a Quinoa, y me dio algo de pena cerca del final. El pobre fue incapaz de salvar no a uno, sino a dos amigos, y no es nada bonito sentir que no puedes ayudar a aquellos a los que amas. Por lo menos Cynthia está viva, miremos el lado positivo.

Esto es el final y prometo que acabo. Ahora entiendo por qué me decías que te decían que era lo mejor que habías escrito. Me he quedado embobada leyendo algunas partes, hay oraciones que me han gustado tanto que las he vuelto a leer. Fuera coñas, me ha encantado no solo lo que has escrito, sino cómo lo has escrito, he disfrutado un montón leyendo esto y tengo pensado defender esta historia a capa y espada. Muy, muy buen trabajo Kiwi, en serio, mis más sinceras felicitaciones.
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Érase una vez un grupo de extraños destinado a salvar el mundo.
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