- Viento Aciago

Extensión
FranquiciaCoregames
GéneroDrama
Resumen
AdvertenciaViolenciaMutilacionesSuicidio/Intento deLemon
#1
Viento Aciago



Capítulo I — Luz de Ruina


El dolor se ha ido. Finalmente, luego de desmayarte más veces de las que podías contar, cuando cada movimiento era una tortura, cuando la más tenue luz se convertía en agujas que apuñalaban tus ojos y tu cabeza parecía estallar, luego de perder la razón una y otra vez... parece que estás listo para volver al mundo.

La Sanadora a tu lado te mira con cautela y cuando sus ojos se cruzan, retrocede asustada. No te sorprende. Basta con dar un vistazo a la habitación, a los cortes profundos en las paredes y el techo, para comprender su renuencia a acercarse. Te sientes avergonzado. Quieres decirle que tú no eres así, que el dolor te enloquecía, que lo lamentas de corazón, pero antes de encontrar las palabras una puerta se abre y la Sanadora Ama cruza el umbral. Te examina a conciencia, te indica que te levantes, que muevas la cabeza, que mires una pequeña luz y cuando ha sido suficiente, sonríe, te toma del brazo y tú la sigues al exterior.

La Sanadora Ama es como todas las demás: amable, atenta, has visto cientos iguales en otros templos con la misma apariencia. El Templo de Sanación también es como los demás, incluso la Sanadora redonda, la Chansey, una vez superada la sorpresa inicial se une a ustedes y los acompaña al recibidor. Todo es tan familiar como un sueño que has visto cientos de veces.

Excepto ella.

Sentada junto a la ventana, reclinada hacia la pared; un ama adulta roba tu atención. Su largo cabello cae como el oro por su espalda, su piel clara, tersa y brillante, provoca un fuerte contraste con sus ropas negras y austeras. Cuando se vuelve hacia ti puedes ver la mitad de un bello rostro, tal vez el más hermoso que hayas visto en tu vida... pero sólo en el lado izquierdo. Bajo el cabello dorado se vislumbra una vieja cicatriz en el derecho. Su único ojo gris te mira con... ¿Curiosidad? ¿Alivio? Tu especie es conocida por entender los sentimientos de los amos, pero los de ella te son inaccesibles. Aún cuando sonríe y camina hacia ti, cuando te aprieta los hombros y te palmea las mejillas, sigues tan confundido como al principio

—¿Está bien?

—Sí —responde la Sanadora Ama—, debería mantenerse lejos de los combates por un tiempo, pero ya no corre peligro. Cuando lo trajo aquí su vida pendía de un hilo.

—Sí —repite como un eco—, entiendo.

La Sanadora tosió incómoda.

—Sobre el asunto de la pokéball, si la extravió podemos propor...

—Gracias, Joy. Es un largo camino y debemos darnos prisa —se vuelve hacia ti—. Vámonos.

La conversación basta para dejarte claro que ella es tu nueva ama. Hay muchas cosas que no comprendes aún, pero al menos tienes esa certeza.

«Servir, proteger, obedecer» el principio que guía tu vida

Hacen el camino a pie bajo el cielo nublado. Tu Ama posee una buena resistencia para su especie y camina a la par de ti sin dar muestras de cansancio, aunque se inclina un poco sobre el pie derecho.

Intentas mantenerte unos pasos detrás de ella, pero te detiene en seco.

—No, conmigo.

La acompañas a su izquierda para no ir del lado de la cicatriz. Apenas la conoces, pero no quieres que se sienta incómoda cuando la mires. Ejerce una poderosa atracción sobre ti que no puedes entender.

—Tuviste suerte —dice luego de un rato—, solía curar a mis propios pokémon, pero tus heridas eran las peores que había visto. Joy y su Chansey desesperaban por salvar tu vida. No creíamos que lo lograras.

Aún sientes las secuelas. El dolor ha desaparecido, pero una parte se ha quedado dentro de ti y basta con pensar en él para sentirlo de nuevo. No sabes si sentirte afortunado o no.

—Aún estás algo débil, pero no te preocupes, no habrá combates mientras estés conmigo. No iremos a explorar la región ni tendrás trabajos pesados. La vida a mi lado es aburrida, lo sé. Pero es una vida.

Nunca tuviste problemas para entender a tu Amo, a sus amigos o incluso a sus oponentes. Leías sus emociones con facilidad y sabías exactamente qué hacer. Esta ama es diferente; entre más la observas más confusa se vuelve. Sus pensamientos están lejos, aún cuando te habla tienes la impresión de que lo hace consigo misma. Como si no estuvieras ahí, como sí...

—Glade.

Reaccionas por instinto. Vuelves la vista hacia ella y descubres que te está mirando.

—Glade, me gusta. No suelo poner nombre a mis pokémon, así que no fue algo muy original.

Glade. Es muy similar a la forma en que te llamaba tu amo desde que eres adulto. A ti también te gusta, en especial luego de saber que cuando hablaba consigo misma, hablaba de ti.

"Casa" se encontraba en una colina baja, apenas elevada del suelo. "Casa" era una modesta construcción de dos pisos con paredes blancas y tejado azul. La maleza crece a su alrededor y conforme se acercan, notas que la pintura comienza a caerse y una ventana del piso superior está rota. Cuando abre la puerta y ves el interior, llegas a la conclusión de que "Casa" no se siente en absoluto como una casa.

Se quita el abrigo y lo deja sobre el sofá. Debajo lleva una blusa negra ajustada a su cuerpo y tus ojos se detienen en la piel expuesta y el contorno de sus senos. Atento a cada uno de sus movimientos sin comprender porqué.

Su mano apunta hacia otra puerta.

—En la cocina, la estantería de arriba. Tráeme una botella, la que quieras.

No se queda a esperarla. Sube por las escaleras mientras te recreas en su cuerpo, prendido del contoneo de sus caderas. Cuando desaparece en el piso superior recuerdas que te ha dado una orden.

Estás familiarizado con el servicio. A tu Amo no le gustaba tu forma afeminada, así que pasaste un tiempo en casa de sus padres ayudando con los deberes. Eran buenos contigo y les tenías afecto, pero una parte de ti se sentía humillada. Todo lo que querías era ser un guerrero y demostrar tu valor en combate, pero tu propio amo se avergonzaba de ti, quizás con razón. Al menos eso tenían en común.

Si algo puedes apreciar de esa época es el desarrollo de tus poderes psíquicos. Gracias a ellos encontraste la botella y pudiste atraerla hacia ti sin cruzar el caos que era la cocina. También pudiste tomar una copa de cristal sin provocar una avalancha.

«Servir, proteger, obedecer». El orgullo de tu especie.

Su puerta está abierta. Te escucha antes de entrar y te indica que pases. Contra tus expectativas, la encuentras sentada en el borde de la cama con el cuerpo inclinado hacia la ventana, mirando la lluvia caer. Justo como la primera vez que la viste.

—Llegamos a tiempo. Parece que habrá una tormenta.

Voltea hacia ti, sonríe al ver la copa en tu mano. Con un gesto te indica que se la entregues junto con la botella.

—Eres listo —dice mientras la llena hasta el borde—. Escogiste un buen vino. Tu especie es inteligente, pero tú además puedes presumir de buen gusto.

Sus palabras te animan. Su único ojo mira el interior de la copa con abstracción.

Luego, sorpresivamente la tiende hacia ti.

—Bebe.

Te toma un momento reaccionar y cuando lo haces, casi tiras la copa al piso. Ella ríe.

—Vamos, bebe conmigo.

Tu amo anterior era demasiado joven para beber, sus padres, demasiado correctos. No estás seguro de que sea una buena idea, pero ella te ha dado una orden y espera que la cumplas.

«Servir, proteger, obedecer».

El vino baja como dedos de fuego. Sientes cómo calienta tu pecho y sacude tu cabeza. Vacías la copa hasta la mitad. Ella toma un largo trago de la botella y ríe.

—Es la primera vez que hago esto. Ver a un pokémon beber. Venga, termínala.

«Servir, proteger, obedecer».

Cuando vacías la copa tu cabeza da vueltas. Te sientes aturdido, tus movimientos son torpes... pero aún estás lo bastante despierto para notar que ella te mira de otra forma. Hay un brillo diferente en su ojo, una chispa violenta que te estremece.

—Casi pareces humano —dice— Incluso bebes como uno, por fuera... somos similares.

Otro trago que acaba con la mitad de la botella.

—No eres viejo ¿Hace cuánto que evolucionaste? Ustedes los pokémon maduran muy rápido, no como nosotros. A los humanos nos toma mucho tiempo...

Su presencia llena la habitación como una profunda oscuridad. Sientes el corazón latiendo con fuerza.

—Tal vez tengamos la misma edad. Tal vez eres apenas un chico...

Te falta el aire. La oscuridad te rodea...

—Pero estás listo ¿Verdad? Para lo que sigue...

El relámpago ilumina la habitación, haciendo suyo al mundo durante el intervalo de un segundo. Sus palabras se extinguen, la emoción se paraliza y tus pensamientos desaparecen. Tardas un momento en escuchar un murmullo a la distancia y un poco después comprendes que está lloviendo. Luego escuchas el trueno.

Ella fija su visión en la ventana, retraída.

—Hay una habitación disponible a lado de ésta. Ahora es tuya. Puedes hacer lo que quieras el resto de la noche, o sólo descansar, como prefieras.

Te demoras un momento por si no escuchaste bien, pero ella no aparta la vista del cristal. Aturdido, aceptas que ha terminado contigo y en pasos torpes abandonas la habitación.

«Servir, proteger, obedecer».

Tu primer impulso es bajar a la estancia pero el martilleo en tu cabeza te disuade. Caminas hacia la otra habitación y empujas la puerta sin saber qué esperar.

Lo primero que notas es el vidrio roto en la ventana que viste al llegar. Además hay una cama grande, un armario, un espejo y un mueble lleno de libros, todo cubierto por una gruesa capa de polvo.

Tienes experiencia durmiendo a la intemperie, pero si vas a pasar la noche ahí tienes que hacer algo al respecto.

Te habías acostumbrado a las tareas domésticas. Trabajabas en la mañana y por las noches, cuando los amos dormían, salías por la ventana a entrenar tus poderes psíquicos. Si te volvías más fuerte tu Amo te querría de vuelta sin dudarlo. Poco a poco lograste levitar, transportar otras cosas en el aire, descubrirse el secreto detrás de la hipnosis y lloraste de felicidad cuando tu hoja mágica fue perfecta. Quiso la casualidad que a la mañana siguiente volvieras a tu pokeball y aparecieras ante tu Amo, sonriente y con una piedra brillante en la mano.

Fueron buenos tiempos, tal vez los mejores. Es duro mirar atrás y compararte a como eres ahora; sirviendo a una ama extraña a la que no comprendes y que te enloquece con su presencia. Te preguntas si has llegado al final del camino y éste será el resto de tu vida...


No la escuchaste llegar. Te giras hacia la puerta presa de su magnetismo y te paralizas. Está ahí; las mejillas encendidas, la respiración agitada. Por un momento crees escuchar el latido de su corazón.

Antes de que te des cuenta ya no está en el umbral, sino frente a ti. Una mano sube por tu pecho y la otra te sujeta por el hombro. Es tan alta como tú. Acerca su rostro al tuyo y su aliento cálido te envuelve. Sus labios buscan a los tuyos y se funden unos con otros.

Todo transcurre tan rápido que no tienes tiempo de reaccionar, ni de defenderte.

Sus manos te empujan con suavidad hacia la cama y te tumban de espaldas. Recorren tu cuerpo apenas con un roce, pero sientes que te queman. Su boca vuelve a la tuya, que la recibe sin oposición antes de que baje por tu cuello.

«Servir, proteger, obedecer».

Retrocede al centro de la habitación. La ropa se desliza por su cuerpo y cae al suelo. Su desnudez provoca en ti una reacción hasta entonces desconocida. Te recreas en sus pechos, en sus largas piernas y en el misterio de su bajo vientre. Ella también te mira a través de su único ojo como si estuviera aturdida, tan perdida como tú, pero dispuesta a llegar hasta el final.

Se acerca con pasos lentos, casi tímidos. Intuyes que para ella también es una experiencia desconocida. Sube a la cama y avanza hacia ti sobre manos y rodillas. Su largo cabello acaricia tu cuerpo y sus senos se frotan sobre tu pecho. Sientes tu cuerpo arder, o quizás sea el suyo. Sus piernas rodean tu cintura y por un momento tocas el cielo. Ella sonríe sin decir una palabra. Pone un dedo sobre tus labios y se yergue, justo como tú.

Te sujeta con una mano y su tacto te estremece. Juega con sus dedos sobre ti, alargando la espera hasta sus límites. Su mano cobra firmeza y te lleva lentamente a su interior, a un mundo de sensaciones inimaginables. Sólo el sonido de su voz al emitir un largo suspiro te mantiene atado a la realidad. Comienza a moverse. Primero hacia arriba y hacia abajo, cayendo sobre ti una y otra vez, pero pronto cambia de ritmo y empieza a oscilar, a ondular como las olas rompiendo sobre ti. Tus manos despiertan y se aferran a sus caderas pero ella las toma entre las suyas y las lleva hasta sus senos. Tus dedos los rodean, los acarician a conciencia, trazando círculos en torno a las areolas con delicadeza.

«Servir, proteger, obedecer».

Sigue moviéndose sobre ti, pero te sientes obligado a responder. Comienzas a embestir con la cadera y a ella se le escapa un gemido que te motiva a seguir. En su rostro ansioso adivinas la sombra de una sonrisa. Ganas la confianza para incrementar el ritmo, tus manos suben por sus senos hasta llegar a su rostro, ella lame tus dedos con una mirada lasciva.

Dentro de ella, de su cuerpo... y su alma. Por primera vez en el día sientes que te acercas a ella, que te permite ver una parte de sí misma; tan profunda y oscura que te ahoga pero al mismo tiempo cálida y generosa. Te da la bienvenida a sus tinieblas y tú la sigues sin mirar atrás.

El ritmo incrementa, la presión se dispara. Luz y nada más que luz, un estallido violento que te ciega y te hace perder el control. Las barreras entre ambos desaparecen y no sabes si estás dentro de ella o te has fundido en su inferior. La sacudida es tan intensa y la luz tan brillante que te reduce a polvo.

Ella se debilita y cae sobre ti. Suspira y pasa una mano sobre tu rostro. Un rayo cae cerca e ilumina su cuerpo. Por un segundo ves algo parecido a una sonrisa en sus labios antes de que pierda el sentido. La envuelves en tus brazos y cierras los ojos deseando acompañarla al mundo de los sueños.

Cuando despertaste en la mañana ella ya se había ido y tardó horas en volver. Pensaste usar ese tiempo para convertir la "Casa" en algo digno de su nombre o al menos habitable, pero cuando cruzó la puerta ni siquiera reparó en ti y subió a encerrarse en su habitación. No volviste a saber de ella hasta que te llamó en mitad de la noche para volver a poseerte con desesperación.

Los siguientes días pasan demasiado rápido para que puedas asimilarlos. Busca tu compañía en la mañana o por la tarde, habla contigo por horas y te sigue mientras te ocupas de Casa. Nunca espera que le respondas pero sabe que la entiendes, y a través de sus monólogos comienzas a conocerla. Sabe mucho acerca de los pokémon, más que cualquier amo que hayas conocido, y deduces que ha pasado mucho tiempo dedicada a los combates. A veces hace comentarios sobre ti, pero nunca menciona tus heridas o la suya. Bordea el pasado con habilidad, lo suficiente para que entiendas que ha sufrido heridas tan profundas como las tuyas. Luego vuelve a refugiarse en su habitación por largos periodos de tiempo hasta que tarde o temprano vuelve para buscar tu cuerpo. Poco a poco emerge ante ti como un templo en ruinas; la más grande de las maravillas ha sido azotada por la peor de las tormentas y todo lo que queda de ella son ruinas, pero descubres que estás dispuesto a vivir en ellas, a aceptar en lo que se ha convertido y dar las gracias cada vez que el sol brilla sobre ellas

Un día pasa después del otro, no te molestas en contarlos. Aceptas los buenos y los malos ratos. Si éste es el resto de tu vida puedes recibirlo con los brazos abiertos.

Lo sentiste llegar. Una mañana empezó diferente a las demás, con el sol oculto por las nubes y el aire tan frío como cortante. Tus instintos, o algo más poderoso que ellos te advirtieron sobre él y cuando lo viste aparecer entre la niebla tenías horas esperándolo.

Un amo adulto. Facciones suaves, ojos azules y brillantes como el cielo. Un abrigo azul oscuro de corte fino y un sombrero del mismo color sobre el cabello negro. Un aura del mismo azul que sus ojos le rodea. Al verte sonríe y hace un amago de reverencia.

Tras él camina un lucario de aspecto sereno, como una segunda sombra de aquél amo. Nunca antes habías visto un vínculo entre amo y pokémon tan fuerte como aquél. Incluso emiten la misma aura.

—Quinoa

La voz de tu Ama te sorprende. Está ahí, de pie en el umbral con los brazos cruzados. Su voz no transmite emoción alguna. El hombre levanta su sombrero y hace una pregunta.

—¿Puedo pasar?

Lucario permanece en la entrada, vigilante, pero te niegas a ponerte a su nivel y entras después de tu Ama. Ella asiente y te ordena que abras una botella. Cuando vuelves están sentados a la mesa. Ella recibe el vino pero él lo rechaza con educación. Vuelves a lado de tu Ama y te quedas ahí.

—Es muy temprano. Bebes más de lo habitual.

Tu Ama suspira.

—¿A qué has venido, Quinoa?

—Quería saber cómo estabas.

—Ya lo ves; bebo más de lo habitual. ¿Algo más?

—Construyeron una estatua tuya en Caelestis. Hubo una ceremonia incluso.

—Ya veo.

—Ha crecido mucho en este tiempo, ya no se parece a un pueblo. Pronto tendremos que llamarla Ciudad Caelestis.

—Sí...

Ésta vez es su turno de suspirar. Tu Ama permanece distante.

—El Comité está dispuesto a buscar un nuevo campeón, pero el Alto Mando se opone, están seguros de que sigues con vida. Alecrán ha partido al Monte Corona para encontrarte. Fausto y los demás te buscan por la región.

—No me encontrarán. No a menos que alguien les diga dónde estoy.

El Amo Azul aparta la vista.

—No lo sabrán por mí.

—Entonces no queda nadie. Deja que busquen en vano, tarde o temprano se harán a la idea de que estoy muerta. El Comité elegirá a alguien mejor para el puesto.

—¿Mejor que tú?

—Mejor que yo —sonríe con amargura—. No debe ser difícil. Cualquiera serviría.

—¿Y qué piensas hacer tú? ¿Vivir oculta del mundo por el resto de tus días?

—¿Por qué no? Los primeros dos años fue sencillo ¿Qué tan largo puede ser "el resto de mis días"?

—No eres así.

—¿Y cómo soy? ¿La gran heroína que salvó al mundo de los planes del Equipo Galaxia? ¿La campeona que dio su vida por Sinnoh? No, Quinoa. Tú y yo sabemos quién soy: una idiota. La gran idiota que creyó tener el mundo en la palma de su mano.

—Hiciste lo que tenías que hacer.

—¿"Lo que tenía que hacer"? —responde conteniendo su voz—. Debí dejar que Helio siguiera adelante. Debí tomar al chico y huir con él. Si no hubiera sido tan arrogante...

Clava la vista en su copa pero la furia le domina y la arroja con violencia contra la pared. Sus hombros tiemblan. El Amo Azul hace el amago de acercarse y tu Ama lo fulmina con la mirada. La conversación ha terminado.

—Estaré un tiempo en el pueblo. Creí que un año sería suficiente, tal vez dos y podrías seguir adelante, pero me equivoqué. Te haces daño a ti misma y eso debe parar. Aún no me he rendido contigo.

—Pero yo sí.

—Pero yo no.

Se ajusta el sombrero y camina hacia la puerta. Lo sigues a la salida.

Pone una mano sobre el hombro de Lucario y éste asiente. Te quedas de pie en el umbral esperando a que se marchen cuando él se da vuelta y te mira con sus intensos ojos azules. Primero es curiosidad, después estás seguro de que ve algo en ti y antes de que puedas saber qué es, da media vuelta y desaparecen en la niebla.

El pecho te duele. Sientes que te acercas a algo peligroso, más grande que tú. Tus días de paz se han esfumado, el resto de tu vida volvió a quebrarse en menos de treinta minutos.


Cuando encuentras fuerzas para volver, ella sigue sentada en el comedor. Los brazos cruzados sobre la mesa y la cara escondida entre ellos. Solloza en silencio.

Te acercas con miedo. Ella no parece advertir tu presencia hasta que tus dedos tocan sus hombros. La envuelves con cuidado, temeroso de herirla, y cuando tus brazos la rodean ella rompe a llorar.

«Servir, proteger, obedecer».
«Servir, proteger, obedecer».
«Servir, proteger, obedecer».
[Imagen: JCEDJoJ.png]
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#2
So, aquí tambien van a publicar el fic semipokefilico xD
Master Weasel. Es esa sombra extraña que te sigue en la cueva 
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#3
Ah sh*#@ here we go again...

Jaja hace tiempo que no leía esto, al parecer lo recuerdo casi a la perfección pero juro que este capítulo es más largo de lo que recuerdo, no unificaste dos capítulos de pura casualidad?

La Pokefilia viveeeejzbsjzhauzhe disfrutenloooo
Entrenador Pokemon en busca de la Perfección y diversión.
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#4
Bueno, la historia es aclamada y debía leerla tarde o temprano.

Primero que nada, en lo que concierne a lo técnico, está limpia de cualquier posible error, y debo decir que narrar la historia en segunda persona me parece curiosa, incluso si me parece algo usual de los fics ReaderXPersonaje.

En lo que concierne a la historia. Es algo intrigante. No me imaginé a Cynthia como una tuerta (supongo que su corte de cabello ahora tiene un propósito no-estético), o una alcohólica, o una pokefílica; pero me es curioso. Aquí hubo al menos dos accidentes y seguramente se responderán.
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#5
El hecho que esté escrito en segunda persona lo hace más interesante. Que suerte tiene en estar con una diosa como Cynthia RaltsLewd
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#6
Capítulo II: Danza Caos

—Lo siento.

Su voz es un sollozo quedo, un lamento apenas audible que tiembla en sus labios como ella entre tus brazos. Se repite una y otra vez.

—Lo siento... lo siento tanto...

Sus dedos suben a tus brazos y se aferran como si temiera que desaparecieras. Acercas más tu cuerpo y apoyas tu mejilla contra la suya. Ella deja de temblar pero los sollozos continúan y tú no sabes qué hacer, excepto mantener el abrazo.

— Dios... ¿Por qué? Lo siento...

El sonido de su voz te envuelve, desvaneciendo las cosas a tu alrededor. Las ventanas se borran, la estancia desaparece, la luz y la sombra se pierden en el exilio. Entras a un mundo de sonido puro regido por su voz y sus lamentos. Por primera vez eres capaz de entender sus sentimientos pero todo lo que transmiten es una angustia devastadora.

Pierdes la noción del tiempo. Mientras vuelves a tu habitación percibes su calor en tus brazos. En algún momento ella debió dormirse y tú tuviste que llevarla hasta su cama. Tratas de reconstruir los hechos pero es como si no hubieras estado ahí, como si le hubiera pasado a alguien más. Tú sigues dominado por su angustia y el eco de su voz.
 
«Lo siento... lo siento tanto...»

¿Con quién se está disculpando? ¿Consigo misma? ¿Con aquel amo? ¿Acaso contigo? ¿Y qué es lo que siente tanto? ¿Qué crimen cometió que merezca ese nivel de penitencia? Tal vez uno tan horrible como el tuyo.
 
«Servir, proteger, obedecer».

Ella te salvó de la muerte y de la locura. En tus últimos momentos, en tu noche más oscura, ella tomó tu mano y te trajo de vuelta. No importa si no puedes recordarlo, sabes que así fue; ella te dio una oportunidad para hacer bien las cosas, para quedar en paz contigo mismo.

Vives por su bondad, vives para su bien. Ella es tu última batalla y no estás dispuesto a perderla.

Debe haber algo que puedas hacer, algo que no estás viendo. Hoy lograste dar un paso a su interior y percibir su angustia, tan profunda que la sentiste como tuya. Si pudieras hacerlo de nuevo quizás llegues a una comprensión más amplia de su interior, pero para ello tiene que sufrir hasta el punto en que sus barreras caigan por completo, y eso es lo último que quieres.

Debe haber otra forma. Algo que no has intentado.
 
«Servir, proteger, obedecer».
«Servir, proteger, obedecer».

Te despiertas con los primeros rayos del sol luego de una sucesión constante de pesadillas. No has tenido una sola noche de paz desde tu encuentro con el Ojo Maldito. Vuelven cada vez que cierras los tuyos, te acorralan en sus tinieblas y devoran todo lo que eres. Siempre se van cuando empieza un nuevo día y por lo regular logras olvidarte de ellos, pero sabes que están esperando en la oscuridad, pendientes de tus pasos para caer sobre ti cuando el sueño te venza y arrastrarte al mundo de las pesadillas. Quieres creer que te has acostumbrado a ello, pero sabes que es imposible. Nadie puede vivir para siempre en el infierno.

Ni tú ni ella.

Tu Ama ya estaba en el comedor cuando bajaste, hablando a un objeto pequeño que sostiene junto a su rostro. Tu Amo también tenía uno de esos.

Quinoa. Escuchaste esa palabra ayer; es el nombre de aquel amo. Deduces que habla con él y por su tono debe tratarse de algo serio. Cuando termina de usar el objeto lo arroja sin cuidado sobre la mesa y deja salir un suspiro. Entonces se da cuenta de que llevas un rato mirándola.

Sonríe.

—Glade, hoy vamos a entrenar.

Desayunan juntos (una costumbre de los últimos días) y después salen al claro que rodea "Casa". Tu ama no viste de negro. En su lugar lleva un conjunto en colores claros mucho más cómodo y ligero que le ajusta bien. «Quizá demasiado», piensas al verla con detenimiento mientras hace estiramientos.

—Tuve una compañera en el pasado. Estoy segura de que hubiera sido una oponente formidable para ti, pero se ha ido junto a todos los demás. Tendrás que conformarte conmigo.

Sabes de amos que entrenan con sus pokémon, especialmente los de tipo lucha como tú. Es algo que te hacía mucha ilusión pero no habías tenido la oportunidad de intentarlo. Tu Amo era demasiado joven y pequeño para ti, y aunque no lo fuera, habrías sentido reparos por usar tu verdadera fuerza contra él y un entrenamiento sin usarla carecería de sentido.

Tu Ama es diferente.

Apenas logras bloquear su primer ataque cruzando los brazos, pero ella te sujeta con facilidad y un segundo después estás en el suelo intentando comprender lo que acaba de suceder. Ella ríe satisfecha.

—De pie, vamos.

Se mueve con una rapidez y agilidad asombrosas, evadiendo cada uno de tus movimientos y contraatacando al mismo tiempo. El Ama que pelea contigo es diferente al Ama que ves todos los días. Danza a tu alrededor como una hoja al viento, apartándose antes de que puedas tocarla. Cuando camina apoya la mayor parte de su peso en el pie izquierdo (lo que te llevó a creer que había sufrido algún tipo de lesión) pero ahora salta de un lugar a otro con un vaivén que no da muestras de debilidad.

Eres un poco más rápido y mucho más fuerte, pero su experiencia se impone y anticipa cada uno de tus movimientos. Al principio sientes herido tu orgullo, pero poco a poco una nueva emoción crece en tu pecho.

Contraatacas con energía haciendo uso de toda tu habilidad. Ella se ve forzada a retroceder y tú continúas a la ofensiva. Una sonrisa se asoma en sus labios, reflejo de la tuya; quieres sorprenderla, lucirte ante ella. Quieres que sepa que eres tan bueno como ella, el mejor que ha visto nunca, que eres diferente a todos los demás. Esa determinación te permite responder con gracia y precisión igualando el terreno de juego. Te sientes mejor de lo que te has sentido en mucho tiempo y como eres consciente de ello puedes disfrutar el momento sin reservas.

Hasta que algo cambia.

Tal vez es la forma en que el sudor ciñe la ropa a su cuerpo, o quizás el ejercicio que acelera el ritmo de tu corazón pero un nuevo pensamiento comienza a tomar forma en tu mente. Inconscientemente, o quizás no, empiezas a buscar la forma de acercarte a ella, de tener un contacto directo con su piel. Si tu ama conoce o no tus intenciones es algo que no sabes pero las suyas no son muy diferentes. Te busca como tú a ella, escapa de ti y vuelve para encontrarte.

El entrenamiento ha terminado, pero aún es parte del juego. La batalla se ha convertido en una danza caótica que los hechiza. Intenta resistirse, pero te persigue. Quieres conservar la emoción pura en tu corazón, pero tus impulsos son más fuertes que tú. Ambos saben que están perdiendo la lucha, que es sólo cuestión de tiempo para que enloquezcan, pero si se dejan llevar por la corriente el hechizo se romperá. Deben mantener la farsa, seguir resistiendo hasta el final. Las reglas del juego han sido establecidas y hasta que no termine, nadie puede irse.

Ella tropieza ¿Tal vez a propósito? Y te arrastra consigo en la caída. Cuando sus manos rodean tu cuello sabes que es hora de capitular.

En su habitación es silenciosa; suspiros y jadeos incoherentes que temen convertirse en palabras pero afuera, en campo abierto, se transforma y grita sin parar. Te incita a que sigas, te indica a dónde ir y cómo hacerlo. Tú obedeces hechizado por sus palabras, esclavo de su voluntad.

Glade, el nombre que ella te ha dado. Descubres lo mucho que disfrutas oírlo de sus labios, como si se hubiera convertido en algo más que un nombre; en una prueba del vínculo que ahora los une. Quieres probar que eres digno del lugar que ella te ha dado y respondes con todo tu ímpetu, deseoso de complacerla. Tus manos recorren su cuerpo con certeza y dulzura; conocen el camino recorrido a la respuesta indicada, a cada una de ellas, y la forma en que arquea su espalda e inclina la cabeza son prueba suficiente de que has dado con la puerta correcta.

Su placer y el tuyo se sincronizan, crecen juntos como si fueran uno, como creces tú dentro de ella. Arremetes con fuerza y velocidad cuando sus piernas se anudan a tu alrededor. Desciendes por su cuello aspirando su aroma. Tus dedos se entrelazan con los suyos y extienden sus brazos en la hierba. El final llega como una ola, como una abrumadora marea de sensaciones que los arrebata del mundo y los sumerge hasta el fondo del mar.

Ruedas a su lado, vencido y acabado pero satisfecho. Has dado con la respuesta, con el vínculo que los une. Hay algo que puedes hacer por ella y es la más dulce de las tareas.

Estás tan seguro de ti mismo que te toma un momento entender el cambio en su semblante. Cuando vuelve en sí minutos después su expresión es muy diferente de la tuya: alberga repulsión, miedo y horror.

— No puede ser... No puede ser...

Sus manos buscan su ropa y la oprimen contra su pecho cuando la encuentran. Te incorporas de lado y ella encoge sus piernas mientras niega con la cabeza y retrocede.

—Lo hice de nuevo... esto no tenía que pasar...

Su cuerpo tiembla de ansiedad. Intentas acercarte pero su mirada indica que no te muevas. Sin apartar la vista de ti se pone de pie y se aleja caminando hacia atrás.

Todo sucede tan rápido que no puedes asimilarlo. De la cima al fondo del acantilado en un instante. Tu confianza estalla en pedazos como una copa de cristal ¿Por qué huye de ti? ¿No acaban de pasar por lo mismo, no lo buscaban ambos? ¿A dónde ha escapado la luz que nace cuando sus cuerpos se unen? El cambio es demasiado drástico, imposible de prever. Te sientes perdido de nuevo entre la niebla.

Creíste que era lo mejor. Ambos lo deseaban después de todo y ella te buscó con la misma intensidad que tú. ¿Entonces qué la hace sufrir? ¿Qué hay de malo en lo que hacen juntos?
«Servir, proteger, obedecer», hasta entonces nunca te habías preguntado porqué seguían ese orden. Servir es más importante que proteger, proteger es más importante que obedecer. Porque el amo es tan débil como el guardián y no siempre sabe lo que es mejor para sí mismo. Lo aprendiste de la forma dura con tu anterior amo...

Sientes una opresión en el pecho al recordar esa noche. Donde reinan las sombras, cuando tu voluntad se quebró a la luz del ojo maldito y le fallaste a tu Amo. Quieres jurar que no pasará de nuevo, que esta vez puedes salvar a tu Ama, pero ya no eres el mismo de antes. Ni siquiera sabes lo que es mejor para ti ¿Cómo podrías entender lo que es mejor para ella?

Decides caminar por los alrededores. No te interesa lo que hay más allá de Casa, pero no estás listo para regresar. Sientes miedo de enfrentarte a ella y esperas que el aire fresco despeje tu cabeza, sin éxito. Los pensamientos sombríos te siguen a cada paso, ni siquiera el cansancio físico puede acallarlos por un rato.

Ya es noche cerrada cuando llegas a Casa. Las luces están apagadas, como siempre, pero algo se siente diferente. Cuando llegas a la puerta te invade un mal presentimiento. Sabes que algo va mal aún antes de cruzar el umbral.

Subes las escaleras paso a paso, presa de una extraña ansiedad. Todo se encuentra en silencio. Te detienes frente a la puerta de su habitación sin saber qué esperar.

—Glade.

Te ve antes que tú a ella. Sentada en su cama con las piernas recogidas. Hay algo en su tono que te impide relajarte.

—Ve al baño, por favor. En la estantería hay un frasco de vidrio anaranjado. Traelo, y sube una botella también, la que quieras.
 
«Servir, proteger, obedecer».

Bajas por la botella que pide sin problemas, pero al tomar el frasco entre tus manos sientes un escalofrío. Nunca habías visto esas píldoras pero entiendes que no son algo bueno. Entonces, ¿por qué las quiere? Tú instinto te dice que son peligrosas, que las arrojes por la ventana.

«Servir, proteger, obedecer».

Servir es más importante que proteger. Cualquier cosa que puedas hacer por ella, la debes hacer. Incluso si puede causarle daño...

Arrastras los pies en el camino de vuelta. No debes hacer lo que estás haciendo, te repites una y otra vez, pero aún así das un paso, luego otro, y finalmente llegas ante ella.

Mira el frasco con una expresión ausente mientras lo hace girar en su mano.

—Conseguí esto a espaldas de Quinoa, poco después de venir aquí. Confía demasiado en mí. Nunca creyó que pudiera hacerlo, él cree... cree que soy más fuerte de lo que soy en verdad. A veces quiero pensar que tiene razón.

»He estado a punto de usarlo varias veces. Un puñado de píldoras, un largo trago de vino y todo termina en un largo sueño. Es aterrador cuando lo piensas así. La vida puede extinguirse tan fácilmente...

Ya no tienes dudas de lo que pretende, pero no puedes moverte. Tus instintos primarios te impiden hacer cualquier cosa.

—Un trago y todo termina. La culpa, el miedo y el dolor... Ya estoy muerta para el resto del mundo, ¿qué más da morir en verdad? Una parte de mí ya murió ese día, mi mejor parte. Lo que queda es una sombra: ruinas de las ruinas.

»Tal vez fue el miedo. Cada vez que cierro los ojos él está ahí. Si los cierro para siempre seré su presa por la eternidad. Ese lugar es el infierno, estoy segura, y es el único sitio al que puedo ir.

»Y supongo que, en el fondo, quiero vivir. Nunca volveré a ser la misma, pero quiero creer que sí. Que algún día saldré de esta cueva maldita y podré empezar de nuevo. Quiero creer que puedo levantarme aunque sepa que es imposible ¿Qué daño pueden hacer los sueños? Hasta los muertos tenemos derecho a soñar...

»Tú cambiaste eso, Glade. Me trajiste de los sueños a los hechos. Pensaba que podía salvarte, que ayudarte era ayudarme a mí también. No eres como el resto, pasaste por cosas horribles, puedo verlo, y te persiguen tus propios demonios. Tenía la esperanza de que pudiéramos enfrentarlos juntos, incluso hablé con Quinoa para...

Se interrumpe a sí misma. Pese a su tono calmado, entiendes que lucha por dominar sus emociones. El hecho de que empieces a sentirlas es prueba de ello. Se encoge de hombros y extiende los brazos.

—Pero ya lo ves: ni siquiera puedo hacer eso. Estoy más perdida de lo que creía. Te convertí en mi cómplice, hice cosas indecibles contigo. No sabía en qué me había convertido.

»No creo que lo entiendas, pero lo que hicimos está mal. Es algo imperdonable que va en contra de todo en lo que creo. Te pido disculpas, Glade, por hundirte conmigo. Por hacerte mi compañero de pecado.

Se estira en la cama y deja el frasco a medio camino entre ambos.

— No puedo permitirme hacerte esto, pero ahora estamos juntos. Lo que sea que pase ahora, lo haremos juntos. A donde quiera que vayamos, tenemos que hacerlo juntos, no te dejaré atrás.

Con un gesto te indica que te acerques. Te sientas en la cama junto a ella y pones tu mano en el frasco, sobre la suya. Es un acuerdo tácito entre ambos. Entiendes que a partir de ahora te ofrece el trato de iguales.

—Voy a dejar que lo sepas todo. Quiero que mires dentro de mí y decidas lo que quieres hacer, pero sólo después de que me conozcas.

Acaricia tu rostro con su mano y lo acerca al tuyo. Por un momento crees que busca tus labios, pero ella inclina la cabeza y sus frentes se rozan.

Una suave calidez te envuelve y te llena por dentro. Cierras los ojos y tu visión se inunda con un resplandor azul que viene de ella...

Estás corriendo a campo abierto, el sol brilla en el cielo y la brisa te golpea la cara. Te sientes lleno de vida.
 
«Más lejos, está más allá».

Su vida pasa frente a tus ojos en un instante, pero lo esencial está más lejos, en lo profundo. Te dejas llevar por un impulso irresistible para adentrarte en la oscuridad, donde está lo que quiere mostrarte.
[Imagen: JCEDJoJ.png]
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#7
Hombre, Cynthia tiene un claro deseo de morir, pero para evitar caer en la tentación del suicidio, termina recurriendo a la pokéfilia.

Lo malo es que se nota que ese escapismo ya no le está durando.
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#8
Se nota a leguas que Cynthia le afectó de mas la situación en el mundo de la distorción. Se revuelca con su pokemon para evitar tomar pastillas hasta caer muerta; vaya situación :/
Master Weasel. Es esa sombra extraña que te sigue en la cueva 
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#9
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Yep, @Masterweasel, @Nemuresu. Las cosas se ponen más claras a partir de ahora. Gracias por seguir leyendo.
Capítulo III: Carga  Dragón

Extrañas imágenes se suceden ante tus ojos de tiempos y lugares que ya no existen sino en ella.

—Nos veremos de nuevo cuando viajes a Kalos, hasta entonces...

Una ama adulta aparece a pocos metros de ti. El rostro surcado de arrugas, pero gentil. El largo cabello negro fundiéndose con la oscuridad de sus recuerdos.

Hay algo junto a sus pies: un pokémon azulado con una gran boca llena de dientes. Cuerpo rechoncho, vientre rojizo y dos grandes ojos negros.

—Cuida de ella, Cynthia.

Cynthia. Es la primera vez que escuchas esa palabra y ya sabes que se trata de su nombre. Resuena en tu corazón como si fuera el tuyo, pero apenas y tienes tiempo de atender a esa sensación. El pokémon azul pasa corriendo junto a ti y salta a los brazos de una pequeña ama; tu Ama. El mismo cabello dorado, el mismo gris en sus ojos. Es la mitad de alta, pero cien veces más feliz con ese pokémon de lo que jamás ha sido contigo. Comprendes que ella era su compañera, la verdadera. Juntas se hicieron fuertes, juntas crecieron y vencieron todos los obstáculos. A partir de entonces la acompaña en cada recuerdo.

—“El Tiempo que fluye, el Espacio que se expande..."

Tu Ama pasa sus dedos sobre una inscripción dorada. Alzas la vista hasta encontrar la estatua de un dragón que te hace sentir aprensión.

—¿Tú qué opinas?

Gira la cabeza hacia su compañera. Ambas han crecido y ahora tienen la misma altura, pero en ese momento, cuando sus ojos se cruzan, te invade una sensación abrumadora de paz y desasosiego por igual. Su felicidad fluye por tu cuerpo como si fuera propia, con tal intensidad que te olvidas de ti mismo, pero hay algo más; una sombra en la imagen que no puedes identificar, una sombra que emite luz y calor.

El viaje continúa, los recuerdos desfilan ante ti. La ves crecer, luchar y aprender; siempre con su compañera. La ves convertirse en la mejor versión de si misma, en el templo que fue antes de ser tus ruinas. Y entonces...

—¡La nueva campeona de la Liga Pokémon!

Nunca la habías visto tan radiante, tan plena, tan segura de sí misma. Tiene el mundo entero bajo sus pies, y aun así...

—¿Helio?

¿Qué clase de fuerza monstruosa pudo hacerle tanto daño?

—¿Equipo Galaxia? ¿Ese grupo de activistas?

Una ama guardiana se encoge de hombros frente a ella, las has visto antes con sus uniformes azules y ojos rojos, y las más de las veces significan problemas.

—Últimamente circulan rumores sobre ellos... Esperemos que sean sólo rumores.

El ama guardiana desaparece, su compañera desaparece y tu ama se sumerge en la oscuridad. Ya cerca de la negrura total, una luz cálida comienza a brillar, una luz con nombre.

—Helio.

Una palabra y en él se convierte la luz. Su presencia te abruma, abrasadora y avasallante como el propio sol. Su imagen, hasta entonces difusa, comienza a redibujarse en sus recuerdos como la pieza que faltaba. El igual de tu Ama, pero su opuesto, su complemento. Parecen nacidos el uno para el otro, y así lo fueron por incontables noches.

Es un hombre extraño incluso a los ojos de tu Ama, a quien le ha mostrado una parte de sí mismo que nadie más conoció. Es una incógnita tanto para ella como para ti y ninguno de los dos puede entender cómo se convirtió en lo que acabó siendo, en qué momento perdió el camino, cuando fue que el demonio le susurró al oído. ¿Esa ambición desmedida siempre fue parte de él? ¿Entonces por que nadie lo notó, ni siquiera ella, hasta que fue demasiado tarde? En sus recuerdos no hay una sola pista de que pudiera terminar así, pero los hechos son innegables: ese hombre se torció, se perdió a sí mismo, y se llevó todo consigo cuando se convirtió en el enemigo del mundo.

A pesar de lo que hizo, tu Ama no pudo odiarlo. A pesar de amarlo, no podía perdonarlo. Sufría, por supuesto, pero era tu Ama después de todo. Si él era el Sol, ella era la Luna; cálida y serena, dispersando la oscuridad de la noche con su luz.

Ella tenía un deber para con el mundo y una compañera para cumplirlo. Sin decir una palabra de sí misma dedicó todo su ser a esa tarea. El camino fue duro pero ella nunca se rompió. Y al mirarla a través de sus ojos reflejada en los de otros, sabes que nunca brilló tanto como entonces.

Quieres odiar al hijo del sol, pero ella no lo hizo jamás. Sus recuerdos sobre él no se oscurecieron, y si él no pudo quebrarla ¿Qué lo hizo? ¿Qué fue más horrible que su traición? Conforme te internas en su pasado el miedo comienza a invadirte. Sabes que lo peor está por venir. Que lo peor ya pasó y estás a punto de saberlo.

—No eres muy hablador, ¿cierto?

Un pequeño amo aparece en sus recuerdos. Silencioso, retraído, pero con un fiero brillo en los ojos. Tu corazón se estremece; son los ojos de tu Amo, incluso su edad es similar. Sabes que no son el mismo, pero son tan parecidos que podrían serlo: Su otro yo; el que habita en los recuerdos de tu Ama y no en los tuyos.

A través de sus ojos lo ves crecer, luchar y madurar. Estuviste tan poco tiempo con tu propio Amo que seguir los pasos de su igual con tu Ama te produce una extraña sensación de nostalgia. Te dejas llevar, y te imaginas que ese empoleon eres tú, viviendo la vida que no viviste: los combates, las medallas, la aventura que no fue tuya. Sabes que está mal pero no puedes evitarlo. La tentación es demasiado fuerte y, ¿qué hay de malo en soñar? Tu Ama también soñaba; también se veía a sí misma en ese joven amo como si pudiera convertirlo en una mejor versión de sí misma. Como si estuviera a tiempo de arreglarlo todo.

Un latido retumba en tu pecho, pero no es el tuyo…, ni el suyo. Es algo diferente, más ominoso, y una vez que comienza no se detiene. Sientes que te acecha desde tu interior y a partir de entonces impone su propio ritmo a los recuerdos de tu Ama mientras todo se ensombrece.

Tus sentidos entran en estado de alerta. El retumbar se convierte en una melodía siniestra, espectral, que te conduce por los siguientes acontecimientos como la corriente de un río.

El Monte Corona.

La Columna Lanza.

El Mundo Distorsión.

La Sombra Alada los invita a su propio reino, a la dimensión del caos y la locura donde su voluntad es la única ley. Tu mente es incapaz de procesar lo que ven tus ojos. Su mundo es tan irracional que temes perder la razón.

Pero eso no basta para detener al hijo del sol.

—¡Weavile, Tajo Umbrío!

Llama a sus pokémon uno tras otro, y el joven amo silencioso llama a los suyos. No es una batalla pokémon ordinaria; nunca habías visto ese despliegue de violencia entre dos amos entrenadores. Sus fuerzas son idénticas, los ataques chocan una y otra vez haciendo retumbar aquella Tierra extraña.

Tu Ama no se está quieta. Su compañera se une al combate como un tercer frente y su fuerza es tal que se impone sobre los otros dos, pero ni el niño ni el hombre están dispuestos a ceder. Se han enfrascado en un duelo de voluntades del que ninguno puede escapar, y la danza de guerra se prolonga más y más. La locura es la única ley, la violencia el único medio y la rabia la única emoción que puede transmitirse.

Y entonces aparece la bestia.

Inmenso, imponente y aterrador. No sabes si estás ante un pokémon, un demonio o un dios. Tal vez es algo más allá de eso: la encarnación del miedo. Una aberración de la que nacen todas las pesadillas. Una mirada cruzada basta para convencerte de que tu vida acaba de corromperse, de que su imagen te perseguirá por el resto de tus días.

La bestia ruge y el viento aciago se alza. Si fuera real lo que ves tu corazón ya se hubiera detenido, pero sigues atrapado en sus recuerdos y no podrás irte antes de que todo termine.

El hijo del sol no se doblega. Exultante, llama a todos sus pokémon a la vez y ordena un ataque inmisericorde contra la bestia. Todo termina un segundo después cuando el viento se convierte en una tormenta que lo borra del mundo.

El joven amo está temblando. El pequeño amo se convierte en el niño que en realidad es y corre por su vida. La bestia vuelve a rugir, su dimensión responde al llamado y se sacude como la tierra cuando se abre. El pequeño amo trata de llegar hasta tu Ama pero está demasiado lejos. La fisura lo engulle y se lo lleva mucho más lejos, lejos de todo.

—Garchomp...

Ha pasado una eternidad desde la última vez que escuchaste su voz.

— ¡CARGA DRAGÓN!

Su compañera se envuelve en luz y rabia, y se proyecta como una sentencia de muerte sobre la bestia. Es tu Ama, es su compañera. Esta vez...

El tiempo se detiene. El espacio se contrae. La bestia desaparece y vuelve a aparecer. Y su compañera se ha ido para siempre.

Desesperación. Es la única emoción que fluye de tu Ama hacia ti; una desesperación absoluta. Esgrime sus cinco pokéballs restantes pero sus manos la traicionan y resbalan de sus dedos. La bestia la ha visto. Un revés de su ala convierte a sus compañeros en esquirlas que vuelan hacia ella como proyectiles. La mitad de su visión se tiñe de rojo, y la otra de oscuridad. Pronto, toda de oscuridad.



Su frente se separa de la tuya y el mundo da vueltas a tu alrededor. ¿Cuánto tiempo ha pasado? ¿Horas? ¿Meses? Una vida en un instante.

—Quinoa me encontró afuera de la Cueva Retorno. Él ha cuidado de mí todo este tiempo. También me enseñó a hacer esto.

Su voz resuena a través de ti. Está cargada de matices que hasta entonces no podías percibir.

—Él es el único que sabe la verdad, y ahora tú. Tú eres el único que lo ha visto. Él creía... creía que podía seguir adelante, que podría dejarlo atrás. Quinoa no sabe nada, tú sí. Tú lo has visto, ¿cómo podría dejarlo atrás? Esa pesadilla está en todas partes. A veces creo que puedo dejar de pensar en él, y un momento después ahí está: en el latido de mi corazón, pulsando donde debería estar mi ojo. Siempre al acecho, desde su propio mundo, siempre a un paso de volver por mí, como lo hizo por Helio.

»Tal vez no merezco otra cosa. Helio, Garchomp, Dia... No pude proteger a ninguno de ellos. Ni de esa bestia, ni de sí mismos.

Sonríe. Aún en la oscuridad sientes su sonrisa cargada de amargura.

—Y ahí lo tienes: eso es lo que soy. Me dejé llevar por mi orgullo y los perdí a todos. Vaya campeona. Vaya guardiana de Sinnoh. Y entonces apareces tú, y lo único que puedo hacer es hundirte conmigo. No era mi intención, nunca lo fue, pero ya has visto cómo soy en verdad: más débil de lo que todos creen.

Aprieta sus dedos sobre los tuyos.

—¿Y?

El frasco anaranjado. Te habías olvidado de él, o quizá tratabas de convencerte de que no estaba ahí. Pero ella lo ha traído de vuelta con una palabra.

—¿Ahora qué?

Tu mano se mueve por voluntad propia y arroja el frasco contra la pared. Sólo cuando escuchas el sonido del cristal al quebrarse entiendes que lo has hecho tú. Si todo fuera tan fácil. Si pudieras hacer lo mismo con su pena... ¡Si todo pudiera resolverse de esa manera!

Hay una sola cosa que puedes hacer. Te inclinas sobre ella con los brazos abiertos y la envuelves. Sin pasión, sin deseo, sólo ternura. Es hielo quebradizo y el menor error acabará con todo. El contacto físico es tu único medio y debes transmitir exactamente lo que sientes.

Pasan horas inmóviles. Hace rato que ella sucumbió al sueño, pero tú sigues atrapado en su visión, y la inmovilidad de tu cuerpo es la única forma de soportar la tormenta en tu interior. Estás asustado, aterrado ante las circunstancias. Entendiste todo al revés, te dejaste engañar por lo que querías creer.

No eras tú cuando estabas con ella, no para ella. No quería salvarte por ti ni estaba tratando de enmendar su vida. Simplemente los vio en ti. A su compañera, al pequeño amo... Y también al hijo del sol, a su sol. Tú eres la síntesis de todo lo que ha perdido y que tanto quería de vuelta, y si te dio un nombre fue porque no lo sabía, porque no era consciente de sus propias intenciones hasta que fue demasiado tarde. Y al responder a sus caricias, al dejarte llevar por tus instintos no hiciste otra cosa que empeorarlo todo. No pudiste protegerla de sí misma. No le serviste de verdad. Te dejaste caer con ella cuando debías ayudarla a levantarse.

No le guardas rencor por usarte como reemplazo. Desearías poder reemplazarlos de verdad, rellenar el hueco que han dejado en ella, pero es imposible. Los viste reflejados en ti, pero no eres ellos. No puedes convertirte en lo que no eres.

Pero ella es tu Ama. Sin importar cómo fueron las cosas, ella te salvó de tu propio fin y te dio un lugar a su lado, aunque fuera uno prestado. Y vas a servirla, protegerla y obedecerla hasta el final, aun si no sabes cómo.

La estrechas entre tus brazos y cierras los ojos. Esta noche no sueñas con tus demonios, sólo con el suyo.

—Glade.

Te despierta con una palmada en hombro. Vuelve a ser dueña de sí misma, al menos por ahora. Bajan a la sala, desayunan juntos y salen de casa. Incluso antes de cruzar la puerta sabes que algo va mal.

—Hoy vamos a hacer algo diferente, Glade.

Incluso la forma en que dice tu nombre suena diferente. Te mira, y sientes que te ve a ti y a nadie más.

—Hay gente que hace esto por setas o tontas escamas de Luvdisc. Helio me enseñó a hacerlo por nada, así era él —sonríe—, este era su movimiento favorito.

Te indica que evoques una imagen en tu mente y trates de transmitirla a tu cuerpo. Sigues sus instrucciones al pie de la letra, corrigiendo tu postura cuando lo dice y al cabo de una hora empiezan a ver resultados. Tu brazo derecho emana una suave bruma oscura. Con un poco más de práctica se solidifica y toma la forma de una espada.

—Tajo Umbrío. Tengo una corazonada. Esa cosa parecía un dragón, pero también un espíritu, seguramente un fantasma.

Tu cabeza da vueltas. Entiendes lo que trata de decir, pero preferirías no hacerlo. No quieres aceptar lo que está implicando.

— ¿Tajo Umbrío?

El otro amo se acerca a ustedes en compañía de Lucario. Sus ojos penetrantes rompen tu concentración y la espada desaparece. Tu Ama y él intercambian unas pocas palabras.

—Sí, aquí está.

Entrega un maletín a tu Ama. Ella lo abre, revisa el contenido y asiente antes de volverse hacia ti.

Un escalofrío te atraviesa cuando comprendes lo que está por ocurrir. Sus miradas se cruzan. Lo que ella ve en ti y lo que ves en ella son una y la misma cosa, y te aterra, sientes más miedo del que jamás has sentido en tu vida. Y sabes que ya no hay marcha atrás, que ese es el único lugar que puedes tener a su lado.
[Imagen: JCEDJoJ.png]
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#10
Entonces la pobre chica quedo abrumada despues de perder a diamond y a helio en el mismo sitio viendolos, ¿morir? Changos :s
Master Weasel. Es esa sombra extraña que te sigue en la cueva 
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#11
Pobre Cynthia. Se ganó el título de la más poderosa por una buena razón y cuando más necesitaba ser fiel a su nombre, fracasó enormemente, y encima con el impacto de haber perdido a gente querida. Puedo imaginar bien por qué decidió aislarse del resto de Sinnoh.
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#12
Mostrar Hi
Tiempo sin actualizar esto. Ya sólo quedan este y el que sigue.

Yup. @Masterweasel y @Nemuresu. Era por esto. Muchas gracias por seguir.
 
Mismodestino

 
Un pequeño Ralts cubierto de sangre entre la hierba alta. Sus piernas están inmóviles, pero consigue arrastrarse a sí mismo hacia adelante con sus brazos, decidido a hacer un último esfuerzo, a darse impulso sólo una vez más, y luego otra, y otra más, hasta salir de la espesura y llegar a un camino de tierra.

El sonido de pasos enérgicos que se detienen con brusquedad. Un joven amo aparece en el camino. Es pequeño, pero colosal en comparación con Ralts, y con un cuidado inusual en alguien de su edad, lo levanta del suelo delicadamente, tratando de no hacerle daño. Sus ojos miran a Ralts con alarma y fascinación a partes iguales; ojos azules que se quedarían grabados en su memoria para siempre.


Ese es tu primer recuerdo, el punto a partir del cual no puedes retroceder más. Por alguna razón, sólo puedes verte a ti mismo desde lejos, como si tu vida la viviera otro, como si fueras un extraño en tu propia memoria.

Justo como ahora.

El Amo de Azul se marchó hace algunas horas junto con Lucario. Luego de ese primer intento no has podido evocar la hoja de oscuridad nuevamente; como si esa extraña piedra absorbiera todos tus pensamientos. Sabes que algo siniestro duerme en su interior, algo vinculado a la hoja que tratan de forjar en ti, y aunque no te corresponde opinar al respecto, tu corazón se sacude presa de las dudas y te impide seguir hasta el final.. Tu Ama no dijo una palabra en todo ese tiempo y su silencio fue una tortura. La prueba de tu fracaso.

Tu Amo tampoco era muy hablador. No es que fuera frío, pero había una especie de foso a su alrededor, una barrera emocional entre él y el exterior que le impedía comunicarse adecuadamente con palabras. Sin embargo, tú siempre sabías lo que estaba pensando y cómo se sentía. Sabías de sus miedos y preocupaciones, de sus sueños y ambiciones, de sus opiniones sobre sí mismo, sobre los otros y sobre ti. Creía que eras el pokémon más increíble del mundo, el compañero perfecto para él, y nunca le importaron tus accesos de llanto a media noche, que tus ataques fueran débiles e imprecisos, o que desaparecieras en tus primeros combates. Él estaba seguro de que te volverías fuerte, y si lo decía tu Amo ¿Cómo podría ser mentira?

Ahora sabes que lo era. Cuando la hoja oscura en tu brazo vuelve a quebrarse, recuerdas que siempre has sido débil. Entonces y ahora.

—Glade. Ven adentro.

Tu Ama te llama desde el marco de la puerta. Espera a que la veas y vuelve a Casa.

Comparten una cena frugal en el comedor sin que ella diga una palabra. Así sea por poco tiempo, extrañas el sonido de su voz. Quieres oírla de nuevo, que hable contigo y diga tu nombre, pero no lo hará porque no pudiste crear una espada.

—Nunca había visto eso antes.

Señala tus manos. Al tenedor en tus manos.

—Un pokémon usando cubiertos ¿Dónde aprendiste a hacer eso?

Fue cosa de los padres de tu Amo. Cuando te envió a vivir con ellos, su padre dijo que la comida pokémon era una porquería y merecías algo mejor como miembro de la familia. Te tomó tiempo dominar tus manos, pero con ayuda de tu mente y sus pacientes instrucciones, aprendiste a controlar el cuchillo, la cuchara y el tenedor. La madre de tu Amo dijo que eras la cosa más adorable que había visto, y aunque sus palabras dolían, también te hacían feliz.

Te preguntas qué pensaría tu Ama de ello, si pudieras contarle de alguna forma.

—¿Por qué nunca me di cuenta de que podías hacer eso? ¿Qué más no he visto de ti?

Te mira de nuevo, fijamente.

—Lo siento, Glade. Debí prestarte más atención.

No sabes cómo reaccionar. Tus ojos vagan por la mesa intentando encontrar una salida, o al menos hacer suficiente tiempo para que deje de mirarte. Entonces notas que algo falta; algo que suele estar ahí desde el principio.

Extiendes tu mano hacia la cocina. Extiendes tu mente hacia la cocina y en pocos segundos aparece una botella que vuela hasta tus dedos. Haces el amago de servir, pero tu Ama pone su mano sobre la tuya y niega con la cabeza.

—Hoy no, Glade.

Estás demasiado aturdido para entender nada de lo que dice. Después de todo lo que ha pasado entre ustedes, aún es capaz de enloquecerte con un roce de su mano.

—Hoy no, y tal vez nunca más —repite—. Aunque sea por poco tiempo, quiero estar lúcida.

Su mano deja la tuya. Se levanta de la silla y deposita un suave beso en tu frente antes de partir hacia las escaleras.

—Debo dormir. Mañana nos levantaremos temprano. Limpia el resto por favor.

Pasa una hora desde que se marchó y tú sigues recorriendo la planta inferior. Limpiar te toma poco tiempo; en el tiempo que llevan juntos has convertido Casa en un espacio más o menos habitable. Ella te dio un lugar, así que trataste de hacerlo lo más agradable posible... y ella no lo había notado hasta ahora. Tus esfuerzos siguen siendo tan vanos como entonces.

Tu Amo puso todas sus esperanzas en ti, pero lo decepcionaste al final. Aunque te quisiera, era difícil para él viajar contigo luego de que evolucionaste a esa forma tan femenina. Las miradas burlonas, las sonrisas hirientes... eran demasiado para tu joven Amo. Un compañero como tú era una vergüenza para un niño como él, y cada vez que alguien te miraba con condescendencia, él sentía una bofetada en su orgullo. Si hubieras sido más fuerte habrías podido silenciar todas esas risas, pero apenas y habías cambiado tras tu evolución, y esa era una humillación más a tu Amo.

Tenía algunos compañeros más en aquél entonces, como Shinx y Skorupi, pero aún así fue un duro golpe cuando te llevó a casa de sus padres. Por primera vez fuiste incapaz de prever sus intenciones, y aunque comprendías sus motivos, las cosas no fueron más fáciles. Fuiste desechado y con razón; no estuviste a la altura de sus expectativas.

Sus padres fueron las personas más amables que has conocido, pero no eran tu Amo. Evidentemente, te querían. Ella incluso se refirió a ti un par de veces como su pequeña niña, pero no entendía cuánto te dolía escuchar eso. Tal vez eras adorable, pero no fuerte, y esa falta de fuerza fue lo que te apartó de tu Amo en primer lugar.

Pero tú también los quisiste, y recordar tus días con ellos calienta tu corazón. Y aunque sus buenas intenciones te hicieron daño ocasionalmente, no se comparan con el dolor que tú les causaste.

Te preguntas si siguen vivos o si la pena les ha matado.

Sales al exterior a practicar tu hoja de oscuridad como antes practicabas tu Hoja Mágica. Tal vez tengas más suerte esta vez. Tal vez no sea demasiado tarde para aprender.

Pasan los días y las noches mientras esperas resultados. Por la mañana prácticas con tu Ama, pero cuando empiezas a materializar ese filo sombrío, se dispersa como el humo un instante después. El Amo de Azul los observa a menudo, impasible como el Lucario junto a él, pero nunca se queda mucho tiempo. Por las tardes tu Ama se retrae en su habitación. Entiendes que libra una lucha consigo misma y que no debes interferir, pero al hacerlo te deja solo con tus pensamientos y no se te ocurre peor compañía en estos momentos que tú mismo. Aborreces tu soledad, pero ella necesita la suya y no hay nada qué hacer al respecto, así que por las tardes te pierdes en la espesura para seguir entrenando y, quizás, para olvidar por un momento lo que eres.




No sabes cuanto tiempo llevas andando entre los árboles, pero debe ser bastante; ya es noche cerrada. Las nubes se han ido, la Luna no brilla en el cielo e incontables estrellas iluminan la oscuridad, pero apenas y puedes verlas. Para ti, la tormenta está por empezar y en cualquier momento serás alcanzado por un rayo.

—No vas a lograrlo.

¿Cuánto tiempo lleva detrás de ti? El Amo Azul se marchó hace horas, ¿por qué está ahí? ¿Te ha estado siguiendo, o simplemente se cruzó en tu camino? O tal vez tú fuiste hacia él.

Vuelves la vista, está a pocos metros de distancia con la espalda apoyada contra un árbol y los brazos cruzados. Lucario permanece a su lado como el reflejo en un espejo.

—No vas a lograrlo —repite— el Tajo Umbrío.

Su voz es firme como una sentencia. No te está provocando ni trata de convencerte, sólo transmite seguridad.

—No vas a lograrlo porque no quieres hacerlo. Sabes lo que pasará si lo consigues, lo que ella piensa hacer.

¿Por qué habla contigo? ¿Qué importancia puedes tener para él?

—Y sabes que es una locura. Volver ahí significa el fin de todo. Tú no puedes vencerlo, tal vez nada pueda hacerlo. Si ella vuelve al Mundo Distorsión, será sólo para morir.

¿Y por qué parece saberlo todo?

—¿Tienes miedo? No te ofendas. Yo tendría miedo en tu posición.

Sus labios se curvan en una tenue sonrisa. No te gusta la forma en que te mira.

—¿Por qué finges que lo intentas?

— No va a cambiar de opinión ahora. Si tú no le sirves, irá sola así sea para morir.

—O podría pensarlo mejor y llevar consigo otro pokémon.

No sabes en qué momento sucedió. Fue como si tu brazo se moviera por sí mismo hacia el Amo Azul y antes de que supieras qué estaba pasando, se había convertido en una espada sombría que se incrustó en el tronco del árbol. El Amo Azul ni siquiera se inmutó cuando su sombrero voló por los aires.

Es la primera vez que estás tan cerca de él y su presencia te abruma. Aún con una espada junto a su cuello parece el dueño de la situación, y sus profundos ojos azules te miran como si pudieran ver a través de ti.

Pero notas algo más que te sorprende: las marcadas ojeras debajo de sus ojos y los párpados algo caídos. No significa nada, te dices, pero sigues mirando y descubres más cosas que habías pasado por alto ¿Desde cuando los amos son tan pálidos? Su piel también luce algo reseca, y sin el sombrero azul, puedes distinguir un par de hebras plateadas en su cabello.

Hasta este momento lo habías visto como un gigante, como una presencia imponente e indescifrable; un potencial enemigo tuyo y de tu Ama. Y fuiste hostil porque le temías, porque no podías comprenderlo y creíste que tenía el poder para acabar con tu nueva vida, pero el amo frente a ti no es nada de eso. Todo lo que puedes ver es un hombre cansado. Uno que perdió la batalla hace mucho.

Eres invadido por una ola de emociones diferentes y no sabes cómo reaccionar a ellas. Ahora eres consciente de que una parte de ti odiaba al Amo Azul, que en el fondo temías que te arrebatara a tu Ama, y ahora que estos pensamientos salen a flote, descubres también que estuviste equivocado desde el principio: este hombre no es un enemigo ni un rival, pero aún no puedes comprender lo que sí es, y te niegas a bajar la guardia.

Vuelve su atención a la espada en que se ha convertido tu brazo derecho, y sostiene el filo incrustado en el tronco con sus dedos.

—¿Puedes hacerlo si lo intentas?

Tu brazo tiembla. Él suspira y ejerce presión en la punta de la hoja y ésta se disipa. Te mira fijamente, parece decepcionado.

Sientes el aire escapar de tu cuerpo cuando Lucario clava su mano en tu pecho. Un golpe limpio con la palma abierta y retrocedes aturdido, desequilibrado, hasta que tus rodillas te traicionan y caes.

El pecho te arde, el dolor se propaga por todo tu cuerpo. Es la primera vez que recibes un ataque de verdad desde que conociste a tu Ama, pero basta para hacerte entender que no te has recuperado del todo, y que quizás nunca lo hagas.

—Tú lo entiendes, ¿verdad?

Tratas de alzar la vista para encarar al Amo Azul, pero un acceso de tos te invade y acabas en el piso de nuevo.

—Puedes hacer labores domésticas y, tal vez, entrenamientos ligeros, pero luchar está fuera de discusión. No sé qué fue lo que pasó contigo, pero ha dejado una marca permanente en tu cuerpo. Tus días de combatir han terminado.

Te incorporas lentamente con los brazos para mirarlo a los ojos, con más torpeza de la que puedes admitir. Cuando estás a punto de caer, él sujeta tu mentón y te sostiene la mirada con esos ojos azules indescifrables.

—Salta a la vista tu condición ¿Cómo es que ella no lo ha notado? ¿En verdad esperaba hacerte enfrentar a esa cosa? ¿Por qué... por qué fui tan ingenuo como para traer esa cosa?

Retrocede con brusquedad y sacudiendo la cabeza.

—Era la primera vez que ella me llamaba a mí. La primera vez que me pedía algo, y creí... creí que podía albergar esperanzas. Pero estaba equivocado. Ella ha pasado el punto de no retorno, y lo único que hice fue alentar esta locura.

Camina con desgano hacia el sombrero abandonado en la hierba. Lucario te mira sin emitir ningún sonido. El Amo Azul te da la espalda y habla por última vez.

—Esto no puede seguir. Mañana volveré y le pondré fin de una vez por todas —se ajusta el sombrero y escuchas cómo su voz se quiebra— Siento no haber podido hacer más.

Para cuando logras levantarte, ellos ya se han ido. El dolor también empieza a ceder, pero deja una huella dentro de ti. Todo lo que hizo falta fue un golpe de palma para hacerte entender lo que eres ahora, y lo que nunca serás de nuevo.

Fue en una noche como esta que dominaste tu hoja mágica. Por fin podías hacer algo por tu cuenta, por fin podías combatir. Tu amo estaría orgulloso de ti y te permitiría volver al equipo, y esperaste hasta el amanecer con los ojos abiertos porque sabías que vendría de visita, y cuando estabas a punto de caer vencido por el sueño, él entró corriendo por el jardín y te alzó en brazos como cuando eras un Ralts, sonriendo como en los viejos tiempos, y la sorpresa fue para ti cuando sacó una piedra brillante de su mochila y llamó a sus padres, y sus caras de asombro cuanto tocó tu frente con esa piedra y tu cuerpo entero ardió con una luz tan intensa que te cegaba, con un calor tan intenso que te consumía, y cuando abriste los ojos de nuevo y viste a tu amo por primera vez desde arriba, comprendiste que nunca nada volvería a ser igual. Que habías encontrado tu lugar junto a él y que todo había valido la pena.

Juntos de nuevo. Juntos todo el tiempo. Como en las historias que te contaba su padre cuando estaba de buen humor, sentías que te habías convertido en un caballero. Valiente y decidido, fuerte y capaz, su compañero, su orgullo y su confianza. Nadie volvió a reírse de ustedes y no volviste a desaparecer nunca más, y como ganabas una batalla tras otra, tu Amo comenzó a hablar de algo llamado Liga Pokémon, y decía continuamente que contigo era posible y juntos serían campeones.

¿Y qué eres ahora? Una criatura rota, una espada que se quiebra al primer impacto. Nunca volverás a ser lo que eras, ¿y qué puedes hacer contra el monstruo de sus pesadillas? ¿Qué puedes hacer contra el que vive en las tuyas?

La hoja de oscuridad. Tratas de evocarla una vez más, grabando su imagen en tu brazo. Más oscura, más afilada y mas fuerte. Porque no puedes rendirte aún, porque ella necesita más que un sirviente.

Un tajo umbrío que corta por la mitad el árbol frente a ti, donde poco antes estaba el Amo Azul. Un segundo corte hace lo mismo con el siguiente. Pruebas una tercera vez y otro árbol cae. Cada tajo es más certero que el anterior, y conforme te acostumbras a su forma, descubres que es mucho más fuerte de lo que nunca fue tu Hoja Aguda.

Una punzada de dolor atraviesa tu hombro, pero no estás dispuesto a detenerte y logras ejecutar una estocada. Tal vez estés roto, pero ella no tiene que saberlo. Si no se ha dado cuenta hasta ahora no permitirás que lo haga. Otro corte, y otro más, hasta quedar atrapado en un remolino de hojas al viento, justo como esa noche.

Cuatro ciudades. Cuatro batallas. Cuatro grandes victorias. Eras el caballero invencible que podía hacerlo todo ¿Qué eres ahora?

Tu Amo deseaba ese pokémon desde que escucharon los rumores acerca de aquel lago y las sombras que lo habitaban. Hace tiempo que se había vuelto más impetuoso, dueño de una nueva seguridad, ¿y por qué no? Tú eras capaz de cosa, y mientras estuviera contigo no tenía nada qué temer.

Se internaron solos a media noche porque el pokémon era una criatura nocturna, en una noche sin luna y sin estrellas. El lago estaba completamente quieto, sin una sola onda cruzando su superficie, tan oscuro que parecía la entrada a otro mundo.

Encontraron al pokémon con un solo ojo entre la hierba alta. Debía ser una victoria fácil, pero tu Amo se distrajo con un zubat y tú perdiste la concentración, momento que aprovechó la criatura para internarse en una cueva cercana. Casi lo tenías, así que no lo dejaste escapar, y cuando lo seguiste a la oscuridad, tu Amo fue tras de ti. No le diste más importancia al hecho de que sujetaba su brazo.

Cientos de sombras los atacaron en la negrura; sombras de todas formas y tamaños que parecían fundirse en la niebla. La criatura de un ojo estaba ahí, pero ya no era sólo una, sino decenas, y entre todas ellas, una mucho más grande que el resto, más vil y mas siniestra. Era el momento de huir, pero no podías decepcionar a tu Amo, que te animaba a seguir luchando. La Hoja Aguda de tus brazos cobraba vida cuando cortabas un enemigo tras otro, despejando el camino hacia el monstruo de un solo ojo. Y cuando llegaste hasta él y lo golpeaste de lleno en el vientre, supiste que sólo era cuestión de tiempo para que tu Amo lo atrapara. Y mientras ese pensamiento cruzaba tu mente, escuchaste el sonido seco de un cuerpo chocando contra el suelo.

Sujetaba su pecho con ambas manos, su voz era apenas un suspiro y cuando lo alzaste en tus brazos, sus ojos no te veían. Y aunque saliste corriendo a toda velocidad de la cueva y tuviste la suerte de encontrar el camino, empezabas a temer que fuera demasiado tarde.

Y cuando por fin volviste al mundo y sentiste la brisa golpear tu rostro, unos dedos espectrales se aferraron a tus pies y te azotaron contra el suelo.

El Ojo Maldito los había seguido al exterior, brillando como una luz infernal en la oscuridad que llamaba a mil luces más pequeñas a cerrarles el paso.

«Servir, Proteger, Obedecer».

Pero lo único que sabías hacer era luchar. Y fue lo único que hiciste: luchar hasta el final. Cuando tu Amo cruzó al otro lado, cuando el Ojo Maldito se apagó, cuando los mil ojos rojos se lanzaron sobre ti, seguías lanzando un corte tras otro a la oscuridad.

Justo como ahora.

Otro tajo en la oscuridad. Las hojas danzan en el viento. Tu brazo parece gritar, pero lo ignoras.

«Servir, proteger, obedecer»

Si hubieras ahuyentado a ese zubat... si hubieras atrapado a ese pokémon antes de que huyera a la cueva ¿Las cosas habrían sido diferentes?

Si hubieras sido más cauto, o más rápido, o más fuerte...

«Servir, proteger, obedecer»

Sigues cortando todo a tu alrededor. Cuando los árboles se han quedado lejos, atacas a las hojas, y cuando todas se han ido, lanzas tajos a las sombras, a tus propios pensamientos.

Porque nunca fuiste lo bastante fuerte. Porque ante el Ojo Maldito volviste a ser Kirlia. Porque nunca dejaste de ser Ralts.

«Servir, proteger, obedecer»

Y ahora que eres más débil que nunca, ¿cómo podrías enfrentar al demonio de sus pesadillas?

El Amo Azul dijo que todo terminaría. No sabes de qué hablaba, pero no puedes detenerlo. Nunca has podido hacer nada.

Las sombras se convierten en ojos rojos brillantes. Cada vez que cortas uno de convierte en dos más. Todo lo que tenías que hacer era salvar a tu Amo; cortarlos a todos y sacarlo de ese lago fantasmal, y nada de esto hubiera pasado jamás. Las sombras lo saben y te lo repiten sin cesar. Y en el fondo sabes que no importa cuantas cortes, nunca se irán.

Tu cabeza da vueltas. El dolor en tus brazos quema, pero debes seguir. Ésta vez debes ser fuerte porque ella te ha dado otra oportunidad.

Cortar, cortar y cortar.

—Basta.

Una palabra lejana. Una palabra suya y el mundo empieza a parecerse a lo que era. Las sombras se disipan lentamente y el bosque vuelve a surgir. Árboles destrozados, surcos profundos en el suelo, una noche estrellada sin luna, el peso de tu propio cuerpo. La fría brisa te atraviesa y sientes cómo tus piernas se doblan, pero ella te rodea con sus brazos y evita que caigas.

—Sé lo que ocurrió. Sé cómo te sientes.

El mundo se detiene. Ella no puede saber nada de ti, pero no puedes evitar creerle, y poco a poco, tus miedos empiezan a apagarse de nuevo.

—Estuve ahí —murmura—. En el Lago Despedida. Solía ir ahí cuando tenía pensamientos peligrosos. El niño... tú lanzabas cortes al aire como si pelearas con algo, como hacías ahora, pero no había nadie más. Quería acercarme, pero eras demasiado peligroso, así que esperé, y unos minutos después, cuando te desmayaste, te llevé al centro pokémon.

—Sé que les pasó —repite—. Y sabes que puedo entenderlo.

La presión sube por tu cuerpo y tiemblas de pies a cabeza. Tus emociones se anudan en tu cuello y te impiden respirar, y ella sube una mano hasta tus ojos y los cierra con delicadeza.

—Descuida. Estoy aquí.

Las lágrimas caen entre sus dedos, y tus emociones se convierten en un grito desbordante e incomprensible. Por espacio de varios minutos eres incapaz de hacer otra cosa que llorar, pero te sientes seguro entre sus brazos, protegido por sus palabras, y cuando tu exabrupto termina, descubres que sigues mas o menos entero.

—Quinoa vendrá mañana —comenta en el camino a Casa—. Creo que se ha rendido conmigo. Querrá llevarte lejos, a un centro de protección, porque no es seguro que estés conmigo —una sonrisa triste cruza fugazmente su rostro—. Y no sabe ni la mitad de lo que he hecho contigo.

Suspira. Parece dueña de sí misma, pero no sabes hasta qué punto.

—Tal vez tiene razón; es probable que ya esté perdida. Tú y yo hemos pasado por muchas cosas, e hicimos otras que no están bien. He cruzado muchos límites como para volver atrás, y aún si pudiera... creo que ya no hay un lugar en el mundo para mí.

Se detienen a pocos metros de Casa. Las luces están encendidas, pero no debe haber nadie adentro.

— No volveré a cruzar esa puerta. Esta noche partiré a la Cueva Retorno. El único lugar al que puedo ir no está en este mundo, sino en el suyo. Ahí es donde debe terminar nuestra historia.

Se vuelve para mirarte. Sabes exactamente lo que va a decir, y sus palabras brotan al mismo tiempo de tu mente y de sus labios.

—Puedes esperar en Casa, es tuya ahora. Mañana vendrá Quinoa y te llevará a un lugar mejor, con personas mejores, y todo habrá terminado.

Deja la cuestión en el aire por un minuto, y prosigue.

—O puedes venir conmigo. No debería ofrecerte esto, debería ordenarte que entres y cierres la puerta, y luego desaparecer. Pero no quiero hacer esto sola. No puedo hacer lo correcto ahora.

No va a abandonarte. Quiere que sigas a su lado. Eso es lo único que necesitas saber. Quiere que seas su espada, aún si eres una espada rota. Asientes una sola vez y ella sonríe. Se pasa una mano por el cabello y, por un instante, vez una pequeña piedra brillar en su oído.

— Quinoa me odiará por esto, pero ya le sobran motivos.

Sin saber por qué lo haces, te arrodillas e inclinas la cabeza con los ojos cerrados. Ella se acerca hasta ti, escuchas un tintineo metálico y después, una fina cadena rodeando tu cuello.

Y después la luz. Una luz que te ciega aún con los ojos cerrados, más intensa que tu propia evolución. La cálida luz que proviene de ella y de ti mismo por igual, que por un instante te hace creer que todo estará bien, porque la luz es su piel y su voz, y todo lo que conoces de ella.

—Puedes abrir tus ojos ahora.

Cuando alzas la cabeza y te buscas en su mirada gris, encuentras algo completamente diferente a lo que eres: el caballero blanco que siempre quisiste ser.

—Tal vez no sea suficiente. En el fondo sigue siendo una locura ¿Aún así quieres seguir?

Alzas tu mano derecha a la altura de tu rostro, evocando la hoja de oscuridad. El brillo sombrío que significa tanto para ella y que te ha confiado a ti.

—Vamos —sonríe—. No está lejos de aquí.

Sabes que no está segura de ganar, que ha tomado la decisión de arrojarse al vacío de una vez por todas. Pero en el fondo eso no cambia nada, porque si no es con ella no quieres estar en ningún lugar, y si el único lugar al que puedes acompañarla es el infierno, entonces tú también saltarás, compartiendo un mismo destino en el lugar en que empezó todo para ambos.
[Imagen: JCEDJoJ.png]
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#13
Mostrar A few little words
Unas cuantas cosas que quería decir sobre esto. 

Ð En retrospectiva, este viene a ser un fanfic basado en "The Beginning" de OKR. Lo que lo convierte en mi segundo songfic. 
Ð Éste fue mi primer fanfic. Por eso mismo, me resulta aún más irónico que esté inspirado en una canción llamada "The Beginning".
Ð Los nombres de los capítulos, como pueden notar, son nombres de movimientos pokémon. No tienen un significado mayor además de hacer cierta referencia a lo sucedido en cada capítulo, pero la excepción es el cuarto. Desde el principio supe que iban a ser cinco capítulos más o menos, y estuve buscando movimientos que encajaran con el tema del capítulo y que, al mismo tiempo, no fuera posible enseñarlos a la línea Ralts, salvo por el cuarto. Mismodestino es el único de los cinco movimientos que aprende Gallade, y por eso es el nombre del capítulo que trata sobre Glade.
Ð El nombre estuvo planeado desde el principio como un tremendo foreshadowing. Viento Aciago es un movimiento tipo fantasma normalito, de potencia que no destaca y con un efecto secundario maravilloso, pero situacional. Se escucha genial y eso es todo, pero también es uno de los cuatro movimientos que conoce Giratina cuando te enfrentas a él. So, el título es una referencia al antagonista. 

Gracias a mi beta @Velvet y a los que han leído hasta acá. Ahora vamos a escribir otras cosas. 
Golpe Umbrío


Grabas cada detalle en tu mente: el suave tacto de la hierba húmeda bajo tus pies, el murmullo del viento a través de las hojas, los incontables destellos de luz que la luna arranca a la superficie lago, el delicado aroma de las flores que se vuelve uno con el suyo, la mano de tu Ama sosteniendo la tuya a cada paso, y mientras caminan juntos hacia su hora más oscura, sientes que se te ha concedido un último momento de luz, como si todo en el mundo volviera a resplandecer, y te preguntas por qué ahora, cuando todo ha terminado; por qué no pueden vivir en este mundo para siempre, aunque ese para siempre sólo dure un poco más, por qué seguir adelante hacia la oscuridad, pero basta una mirada a su rostro para que entiendas por qué es imposible. El mundo que te seduce de nuevo ya no tiene nada qué ofrecerle a ella, y el único lugar al que puede ir es ese al que ninguno de los dos quiere volver: una cueva de ilusiones oscuras, la puerta al mundo de sus pesadillas donde pondrá fin a todo.

¿De verdad no hay otra forma? ¿No pueden quedarse en ese mundo?

Un claro de luz aparece ante ustedes. La hierba está creciendo de nuevo, pero las enormes muescas en los árboles y rocas te resultan familiares, aunque no lo suficiente para que las recuerdes. Hay algo en esas marcas que te llama, que te pide quedarte hasta que las reconozcas como si fueran parte de ti.


En tu cabeza late una pregunta. Clavas los pies en la tierra intentando escucharla.

—¿Glade?

Tu Ama, al notar que no la seguías, ha vuelto sobre sus pasos y camina hacia ti. En sus ojos hay pesar.

—Fue aquí —murmura— donde te vi por primera vez; el chico y tú entre columnas de humo negro que empezaban a disiparse. Él... ya se había ido, y tú le seguías el paso, pero seguías luchando hasta el final, aun cuando habías acabado con ellos.


Conoces la historia, pero la recuerdas de forma diferente. En tus sueños no hay un claro, ni rocas, ni hierba ni árboles; sólo oscuridad. Sólo mil ojos malditos brillando en la oscuridad.

Parpadeas y vez algo en la copa de un árbol, un pequeño zubat que siente tu mirada y se oculta. Miras a tu alrededor, y salvo un fantasma que se sumerge rápidamente en la sombra de una roca, no ves ningún pokémon a la distancia. Y cuando vuelves a mirar los profundos cortes en los árboles, entiendes que los hiciste tú, que son las huellas de tu espada, y si ellos huyen de ti es porque tienen miedo, porque para ellos tú eres el Ojo Maldito, el monstruo de sus pesadillas.

El caballero que no pudo salvar a un niño.

El kirlia que decepcionó a su amo.

El pequeño ralts que solo sabía escapar.

Si eso es todo lo que puedes hacer, si al final tu espada sólo ha traído sufrimiento, entonces quizás estás haciendo lo correcto. Deja que tu Ama se arroje al vacío con tu espada rota para que no puedas lastimar a nadie más.

Tu mano empieza a temblar. Al notarlo, ella la sujeta entre las suyas.

—Vamos.

Das un último vistazo al lago, intentando grabar con fuego en tus ojos esas aguas cristalinas que estuviste a punto de destruir, y das el primer paso hacia esa cueva de la que nunca vas a salir.

—A Quinoa le gustan las cuevas, ha pasado la mitad de su vida dentro de una. Nos conocimos en el Lago Veraz cuando aún era una niña; yo quería investigar acerca del pokémon de la verdad que habitaba en su interior, y él... —sonríe— entrenaba con Riolu. Era un chico tímido que no sabía lidiar con una conversación, pero aun así, había algo en él que no encontrarías en nadie más. Esos ojos azules que parecen ver a través de todo, y que brillan con más fuerza en la oscuridad de una caverna. Como si todo en él fuera azul.

Tu mente evoca la imagen del Amo Azul. En unas horas llegará a Casa, y si conoce tan bien a tu Ama, seguramente irá tras ustedes. Después de su último encuentro, te cuesta trabajo pensar en él como un enemigo, y las palabras de tu Ama hacen que en tu mente su recuerdo se haga difuso.

—A Quinoa también le oculté cosas... cosas injustas. ¿Sabes? Él tenía un amigo, Helio. Silencioso, retraído, siempre sumido en sus propios pensamientos. Se conocieron en Ciudad Marina mientras estudiaban juntos, los dos chicos solitarios que por dentro eran tan diferentes. Quinoa era tranquilo y reflexivo, puro como un lago, y Helio...

«Ardiente y violento como el sol».​

—Donde eran dos, fuimos tres. Esos años con ellos tal vez fueron los mejores de mi vida. Quinoa nos enseñó a usar el Aura... dentro de nuestras limitaciones. Siempre parecía saber cómo nos sentíamos, humanos o pokémon, y poco a poco se fue abriendo hacia nosotros. En una ocasión nos contó acerca de un antepasado suyo que se sacrificó para detener una guerra entre dos reinos... tal vez ese fue el punto en el que comenzó todo.

La oscuridad es total, de una negrura absoluta que te impide ver tu propia mano, pero puedes sentir a tu Ama, y ella avanza con decisión, como si supiera exactamente dónde está cada roca y cada pared. Al mismo tiempo, sus dedos se aferran a tu mano con rigidez, como si temiera que desaparecieras si se separan. Como si no supera dónde está ninguno de los dos y, a cada paso, esa sensación también te invade a ti.

En tus pesadillas la cueva estaba habitada por demonios, por miles de ojos rojos y voces fantasmales que te perseguían hasta la locura. Pero todo lo que puedes oír ahora es el sonido de tus pasos y la voz de tu Ama. Tantas veces soñaste con este lugar, tantas veces viviste esa noche en tu cabeza, que te cuesta asimilar el vacío que sientes. ¿A dónde han huido los fantasmas? ¿Aún se ocultan entre las sombras? Probablemente no. De haber un poco de luz en la cueva, probablemente encontrarías las mismas huellas de cortes que en el lago. El Ojo Maldito salió de la oscuridad y luchó contra ti a muerte bajo la luz de la luna en una batalla que ambos perdieron. Mataste a tu enemigo, el demonio ha desaparecido. Pero si en verdad está muerto, ¿por qué aún te persigue? ¿Contra quién has estado luchando todo este tiempo?

Tal vez, solo tal vez nunca saliste de la cueva, tal vez has estado vagando entre los fríos túneles de tus miedos, huyendo del eco de tu propia voz. Y si pudieron encontrarse en esa cueva de las ilusiones fue porque ella estaba tan perdida como tú.

Tal vez, solo, tal vez...

Algo surge en la negrura. Algo que no puedes definir como luz, o como nada que hayas conocido. Una sombra brillante y gaseosa que se extiende y se contrae sobre sí misma como un corazón latiente. Pero contrario a cualquier otra forma de luz, el resplandor que emite parece borrar todo cuanto le rodea. Como si rechazara el mundo y las reglas que lo habitan. Como una brecha hacia un lugar diferente y, al mismo tiempo, como una barrera. Y cuando tu Ama se acerca a ella, la luz la atraviesa como si fuera transparente.

—Por aquí.

Atraviesa con su mano. La luz oscura ruge como una bestia y extiende sus garras hacia ustedes, como si sintiera dolor, como si estuviera viva, y antes de que llegues a formular ese pensamiento, los atrae con una fuerza demencial hacia sí misma. El aire escapa de ti. Tu cuerpo se estira y se contrae presa de una extraña gravedad, obligado a dejar el mundo conocido sabiendo que no vas a volver.
.
.
.
.
.

Arriba y abajo. Izquierda y derecha. Adelante y atrás. Cerca y lejos. Conceptos tan elementales pierden su significado. Y caes, caes infinitamente hacia ningún lugar por un momento eterno que se persigue a sí mismo.

Un espacio infinito.

O quizás, un espacio vacío.

Una luz ilumina tu mente: el blanco sobre blanco de un recuerdo distante que viviste hace mucho tiempo. Un parpadeo que encierra decenas de voces como la tuya, dos enormes ojos rojos.

Una mano sobre los tuyos. Los dedos de tu Ama sobre tu frente. Un murmullo que, poco a poco, empiezas a reconocer como palabras humanas.

—¿Estás bien?

Se encuentra sentada a tu lado con las rodillas recogidas contra su pecho. Sientes una dura superficie contra tu espalda, y entiendes que estás tendido. Al inhalar con fuerza, sientes cómo tus pulmones se llenan de algo similar al aire mientras la piedra que te ha dado sube y baja con tu pecho.

—Cruzar es la parte difícil. Entramos en un mundo diferente regido por sus propias leyes, completamente diferentes a las nuestras. Un mundo viviente. Le toma algo de tiempo a tu mente acostumbrarse a esta nueva realidad, y al Mundo Distorsión aceptarte como parte de sí mismo.

Vuelves a cerrar los ojos. Tu cuerpo se siente pesado, pero al mismo tiempo, moverlo te es más fácil. La lógica detrás de ello se ha puesto de cabeza.

—A Dia y sus pokémon le tomó medio día acostumbrarse. A Garchomp, un par de horas. Tómate tu tiempo. No tenemos prisa.
«Carga Dragón».​
Dos palabras resuenan en tu memoria y evocan la silueta de un dragón saltando hacia el amo del mundo oscuro. Incontenible, inquebrantable. E insignificante.

Un rugido distante.
«No tenemos prisa».​
Su mano roza tu mejilla con dedos fríos. Alzas la vista de nuevo y la recorres con tus ojos. Mantiene la cabeza en alto, mirando hacia aquel extraño cielo acuoso de estrellas negras, muchas más de las que habías visto en tu vida, y de una luz oscura tan intensa como la de soles. Un espectáculo de belleza aterradora salido de un sueño demente, pero ella no se altera. Suspira largamente con los labios entreabiertos y la vista fija en algo mucho más lejano.

Temiendo quedarte demasiado tiempo en el suelo, te incorporas con rapidez. Tu cuerpo empieza a seguirte la corriente solo para descubrir que están atrapados sobre una escasa roca de arena plateada suspendida en la nada.
«Los caballeros no le temen a nada».

Ella también se pone de pie. Desliza una mano por su largo cabello y avanza con paso lento hacia el vacío, y cuando salta más allá de la isla que los sostiene, otra más pequeña aparece frente a ella, y otra, y otra más hasta que forman un sinuoso camino a través de un abismo infinito.

«El dragón no sentiría miedo», te repites, pero a cada paso suyo o tuyo crece la tentación de volver. La locura que inspira ese mundo es tan densa que, sí sigues avanzando, es solo porque sabes que ella desaparecerá si te detienes aunque sea por un momento.

Más islas, más rocas. La gravedad funciona bajo un extraño capricho y el suelo baja o sube o gira sin orden alguno. Árboles espectrales que se vuelven sólidos cuando los atraviesas y se desvanecen cuando chocas con ellos formando un laberinto caótico que no lleva a ningún lugar. Y tu Ama permanece ajena a cuanto los rodea, dejándose guiar por un camino que crean sus propios pies, sin buscar, solo avanzando porque no hay un destino al que quiera llegar, y porque espera que su fin los encuentre sin importar qué tan perdidos estén.
«No hay prisa alguna. Todo ha terminado ya».

Esa certeza abre un hueco en tu pecho, un espacio vacío que trata de comerte, un creciente miedo hacia lo inevitable. Y mientras tanto, ella extiende su mano lateralmente y sus dedos se hunden en el aire, jugando con la misma realidad que se agita como ondas en la superficie del agua.

—Helio —susurra con un tono impersonal, reflexivo—, siempre creí que no temía a nada. No le importaba lo que otros pensaran de sus ideas, de sus estudios o sus ideales. Siendo más joven que cualquiera, escaló con nosotros a la cima del Monte Corona, se internó en lo profundo de los tres lagos, persiguiendo las leyendas del tiempo y del espacio. Siempre levantándose, siempre desafiando a lo desconocido. Él... Helio creía que el mundo podía ser diferente, que los errores del pasado eran una prueba de que debía construir el futuro con sus propias manos. Aún ahora... Aún ahora creo que no buscaba el poder absoluto, Helio no era esa clase de persona. En cambio buscaba la libertad absoluta. Libre de las leyes de los hombres, libre de la naturaleza de los pokémon... y libre de las cadenas del espíritu. Y la única forma en que creía posible alcanzar esa libertad era sometiendo a todo lo demás.

El Hijo del Sol. El Amo Azul.


—Y se suponía que yo era la más lista de los tres.

Exhala una lenta carcajada que en un primer instante resuena como derrota en tus oídos, pero no se siente del todo preciso. Hay algo más, una emoción que no eres capaz de captar. Aceleras tus pasos, pero aun así, la distancia entre ustedes se expande como el espacio latiente que los rodea. ¿A dónde va? ¿Qué busca, qué siente? ¿Por qué ahora se encuentra más lejos de ti que nunca? ¿Qué lucha está librando que no permite que la acompañes?

¿Por qué debe terminar así?

Tiempo. Un poco más de tiempo para compartir el mismo espacio.
.
.
.
.
Pero no hay más.

El tiempo se cierra.

El espacio se detiene.

Las dimensiones se retuercen y el mundo ruge su nombre inmortal en un idioma que sólo los dioses pueden entender. Los ha encontrado y se alza ante ustedes. Las sombras iluminan el firmamento para recordarles que el mundo es suyo. Un masivo miasma negro y escarlata surcado por escamas plateadas en una colosal forma serpentina. Afiladas estacas doradas recubren su ser y progresivamente se convierten en anillos. Seis siniestras garras emergen de su dorso rematadas por púas, y en su cabeza los anillos de oro se cierran para formar una ominosa corona. Más que un dragón, un elemento. Más que un fantasma, un universo. La presión que ejerce su mera presencia quema tus sentidos y el miedo corre como un oscuro veneno por tu sangre mientras el frío paraliza tu piel. Lo que ven tus ojos es más un concepto que un ser vivo. El fin de todas las cosas; la encarnación de la muerte.

Y cuando crees que tu alma empieza a adormecerse, escuchas su voz. Un susurro ininteligible, un suspiro que no llega a formar una palabra, pero para ti es suficiente.
Tu Ama mira a la bestia fantasma de frente, y aun así...

No hay nada.

Como si no estuviera ahí. Como si Giratina no estuviera frente a ella.

Encaras tú también a la criatura. Su rostro es una sombra y sus ojos dos estrellas carmesí. La derecha resplandece con furia, y la izquierda... Es un dibujo difuso, una mancha desgarrada que se desangra y grita de dolor.

Lentamente, tus ojos regresan a tu Ama, cuyo cabello oculta una cicatriz igual y opuesta en su faz, y es así como lo ve: como un reflejo de sí misma, de sus heridas y su siniestro futuro.

¿Pero quién? ¿Quién podría herir a un dios como él?

¿Y cuál es la verdadera herida en ella?

Las islas flotantes que los rodean se alzan a su altura, despidiendo una luz plateada. Lo has visto antes: es la forma en la que eliminó a ese niño de sus recuerdos pero por alguna razón, no te provoca el mismo miedo.

Demasiadas preguntas que no puedes responder, pero entre todas ellas surge una certeza:

El Ojo Maldito no era tu pesadilla.

Y el demonio de alas negras no es la suya.

Y hasta que no tengas esas respuestas, no puedes permitir que acabe con ustedes.

Tus piernas se mueven por sí mismas, la bestia ruge y las enormes rocas plateadas vuelan hacia ti, solo hacia ti como una lluvia de muerte con el paso de las eras, pero tus sentidos están más alerta que nunca y descubres un extraño patrón en ellas. Y saltando de una a otra las conviertes en un camino hacia él.

Frente a frente con el dragón fantasma. Tus dedos se unen en línea recta emitiendo un aura siniestra que se convierte en el filo de una espada.

—¡Tajo Umbrío!

Alguien grita, pero no puedes reconocer su voz. Giratina está gritando y su ojo herido llora sangre una vez más.

Aturdido, saltas hacia atrás mientras se retuerce de dolor. Hay algo diferente en él. Más salvaje, más instintivo y menos divino, pero hace apenas un segundo que eso ha perdido significado para ti.

Porque Giratina no es tu enemigo ni el suyo.

Es el muro que debes derribar.

Las seis garras en su espalda se iluminan con un aura violeta y vuelan hacia ti como lanzas. Logras esquivar la primera por una distancia del grosor de un cabello. La segunda, por un metro. Cuando la tercera golpea el suelo, ya estás lejos de su alcance.

La gema en tu pecho arde. La voz vuelve a llamarte.

—¡Glade!

Tu Ama mira hacia ti. La gema que cuelga de su oído brilla también y en su rostro lees una expresión de angustia que no había antes. Pero no puedes ir hacia ella.

Las alas se retraen y vuelven a caer con violencia sin seguir ningún patrón comprensible, obedeciendo simplemente una furia ciega. Aunque logras escapar de su contacto, la sola presión que ejercen al atravesar el aire es suficiente para que tus huesos vibren. Un golpe sería el fin de todo, basta con que una de ellas te roce para desgarrar tu cuerpo en tiras como al Hijo del Sol. Esa es la clase de monstruo contra el que luchas.
«Glade».
Quema. La mente de tu Ama trata de fundirse con la tuya, pero el milagro no ocurre de nuevo. Sus almas se entrelazan, pero no se unen. El espacio entre ustedes ha crecido tanto que apenas si puedes escucharla.

Y Giratina sigue ante ti, lanzando sus garras en un ataque implacable mientras el Mundo Distorsión se tiñe de negro y tú saltas de una roca a otra, hacia arriba y hacia abajo, cerrando la distancia entre ambos haciendo círculos a su alrededor hasta que tu hoja lo alcanza y rebota contra sus escamas plateadas.

No puedes caer. No ahora ni en este lugar.

El pokémon retrocede y acalla su voz. Hay un destello diferente en su único ojo sano cuando el aire empieza a revolucionar, concentrándose, oscureciéndose, afilándose como espadas y, finalmente, el viento aciago se convierte en una tormenta que pulveriza todo a su alcance. Giratina empieza a usar su intelecto, destruyendo las islas flotantes que los rodean y así eliminando tus puntos de apoyo para que el vendaval te destroce. Ante la perspectiva una muerte segura no puedes evitar que tus labios se abran de par en par para recibir de lleno esa luz cegadora.
«Por fin».​

«Aún no».​
Una larga capa blanca ondeando en tus hombros. La pronunciada cresta en tu cabeza. Las enormes espadas en tus brazos. Lo que siempre has querido ser. Lo que siempre quisiste ser. Lo que debes ser para vencer al dragón al otro lado del viento aciago. Y embargado por una repentina claridad mental, tu cuerpo se recubre de energía psíquica, y vuela, escapando de la corriente espectral para elevarse decenas de metros en el aire en un instante y trazar un arco pronunciado en el cielo de estrellas negras.

Ella te mira. No tienes que mirarla para saberlo. No tienes que dirigir tus ojos hacia ella, no tienes que mirar a otro lugar que tu interior, así que, en su lugar, lo buscas a él que se encuentra en todas partes. El mundo es suyo y el mundo es él. Retorcido, siniestro, vil y doloroso. Enloquecido por la ira. No te sorprende que haya vencido a todos siendo su propio reino, y haciendo eco de ese pensamiento, el viento aciago se levanta de nuevo cuando extiende sus garras, abriéndose como cientos de alas gigantescas que te rodean para formar una jaula de muerte. No puedes correr, no hay tierra qué pisar porque lo ha devorado todo. No queda nada en qué sostenerte cuando las fauces de viento se cierran sobre ti. Nada excepto tú mismo.
«Psíquico».
La jaula se cierra y el viento ruge al quebrarse contra sí mismo, y si logras esquivarlo es porque tu cuerpo aún te obedece. Eres tu propio punto de apoyo, y el único lugar en el mundo distorsión que Giratina no puede controlar porque te pertenece. Con tu fuerza psíquica retomas tu postura, dejas que la hoja oscura se encarne en tus brazos, y te impulsas como una lanza hacia él evadiendo sus enormes garras con giros demenciales, como si no pensaras solo, como si una segunda voz en tu cabeza te dijera a dónde ir para escapar de su vista, tomarlo fuera de su guardia y, finalmente, llegar hasta su cabeza, a la altura de esos ojos tan grandes como tú y a la distancia correcta para hacer un corte letal. Giratina lo entiende y baja su frente, y tu hoja emite un grito de rabia cuando se estrella contra su corona y rasga su superficie dorada, con tanta fuerza que eres despedido hacia atrás con tanta violencia que tus huesos se sacuden, y cuando logras recuperar el control estás a varios metros de distancia. Alzas la cabeza lentamente para ver el resultado de tu temerario ataque sobre él, y ahí está; sin otra herida en su ser que su ojo sangrante.

Tu brazo sigue temblando, pero aún puedes mantener la forma de la espada. Eso es lo único que importa.

Ya tuviste un golpe de suerte y lo hiciste sangrar. La bestia fantasma es mortal, puedes herirlo de nuevo, cuantas veces haga falta, y consciente de ello, te lanzas de nuevo contra él para reanudar la danza de la devastación.

Sus movimientos son más erráticos y salvajes, pero empiezas a acostumbrarte a ellos y te es más fácil alcanzarlo. Retrocediendo ante el vendaval, escapando de las garras del dragón para lanzar otro corte fallido a sus escamas que aturde tus brazos. Espera el milagro. No pierdas la forma. No necesitas pensar en nada más, solo sigue insistiendo. Olvida el dolor. Olvida todo lo que sientes, solo sigue atacando.

Esos sentimientos que te destrozan. Rabia, odio, frustración. ¿Hasta cuándo te seguirán atando? Todo por culpa de esas absurdas ambiciones que has dejado anidar en ti. Proteger. Guiar. Comprender.

¿Qué clase de broma cruel es que no puedas proteger a un simple niño? Tan orgulloso, tan altiva, tan egoísta que enviaste a un pokémon herido a su muerte. Un fracaso, tras otro, una espiral descendente que te ha llevado al mundo de la muerte. Corrupta. Perdido, cobardes. Todo por culpa de su espíritu; ese vórtice de emociones que tiene prisioneros a todos. Entonces, olvídalo todo. Sigue presionando. Solo sigue atacando. Incluso él, ¿verdad? El Hijo del Sol también tenía uno, y en su vano intento por librarse de sus cadenas encontró su propio fin contra el viento aciago.

Si no hay otro camino, sigue adelante.

Si la muerte es la única que puede ponerle fin a tu dolor, abrázala.

Pero no sin él, no te dejes ir sin arrastrar a Giratina contigo.

Incluso él tiene un espíritu. Atraviésalo. Desgarra su mundo.

No pienses en nada más.

Vuelan el uno hacia el otro. Vira rápidamente sobre sí mismo para aplastarte con su cola cuando choques con ella, pero logras anteponer tus espadas y frenarte contra los anillos de su cuerpo colosal. La diferencia entre ambos es masiva pero, ¿qué importa? Tu amo murió víctima de la mordida de un zubat. Tus colmillos son más grandes y filosos, y el aura oscura que los envuelve es su veneno.

Retrocede, sus alas se agitan y su cabeza se inclina hacia abajo. Su ojo sano se cierra lentamente... y su vientre está desprotegido.

El milagro vuelve a presentarse. Saltas hacia él como una lanza viviente.

—¡Basta!

Tu brazo atraviesa el vacío. Giratina ha desaparecido.

—Basta.

La voz de tu Ama, pero no en tu cabeza, sino en tus oídos. Bajas la vista para encontrarla en una solitaria isla con ambas manos en la cabeza. Su respiración es agitada y su cuerpo parece al borde del colapso. Tu primer impulso es correr ir hacia ella, pero un pensamiento aterrador invade tu mente.

Giratina no está en ningún lugar.

El Mundo Distorsión late. Sientes la poderosa onda de su latido como si estuvieras en un corazón gigante, su corazón. Una fuerza tan abrumadora que te paraliza el miedo. ¿Qué clase de bestia es esa que puede hacer temblar el mismo mundo?

Otro latido. Tus miembros se niegan a responder. Alarmado, ves a tu Ama correr en tu dirección, saltando entre espejismos flotantes para cerrar la distancia lanzarse hacia ti con los brazos abiertos, envolverte, y empujarte con todas sus fuerzas.

Apenas un segundo después, el espacio estalla en mil pedazos y Giratina se manifiesta de nuevo. El rugido de la explosión es tal que lo sientes retumbar por todo tu ser. Una fuerza más allá de lo imaginable te lanza al vacío, de tal magnitud que el concepto de fuerza no basta para expresarlo.

¿Y tú esperabas luchar contra eso?

Caes por un tiempo infinitamente largo abrazado al cuerpo de tu Ama, hasta que su trayectoria empieza a curvarse y los envía a una pared de agua ascendente. Incapaz de mantenerse juntos, son arrojados contra una pequeña isla con brusquedad. Tu Ama rueda por el suelo mientras tú flotas boca arriba con un dolor aletargado palpitando en tu cuerpo.

Su estado es peor que el tuyo, pero es la primera en incorporarse e ir hacia ti. Su cabello empieza a teñirse de rojo a la altura de su sien. Sus dedos también están manchados de sangre cuando sujeta tu cabeza con manos frías y temblorosas. Pero aun así, sientes una extraña sensación de sosiego cuando une su frente con la tuya.

—Yo... tú... no más... ya no...

Cerca. Tan cerca.

—Lo siento.

Solo un poco más. Sólo lo suficiente para alcanzar a Giratina. El fin estaba cerca. El fin de todo, entonces, ¿por qué? Ella lo sabía, ¿por qué?

El latido vuelve a resonar. No sabes qué tan lejos han caído, pero la distancia no existe para él dentro de su propio mundo. Se miran el uno a la otra, conscientes de que no sobrevivirán a un segundo asalto como ese, y es en ese momento que escuchas claramente cómo el espacio-tiempo vuelve a rasgarse y tu mente se desvanece.

Blanco sobre blanco sobre blanco sobre blanco. Un espacio infinito con mil voces como la tuya. Un recuerdo muy diferente de una vida lejana. Antes de tu Ama, de tu amo, de que empezara su historia.

La visión apenas dura un instante, y cuando vuelves a la realidad, tu cuerpo se ha movido un par de metros hacia abajo sosteniendo el de tu Ama, una distancia apenas suficiente para escapar de una muerte segura, pero no de la onda de choque que los dispara a la lejanía. Y mientras ves al dragón perderse en la distancia, empiezas a reconocer algo en sus movimientos que se siente familiar, una sensación fugaz que se desvanece junto con él mientras se prepara para dar el siguiente Golpe Umbrío.

Un intenso dolor te atraviesa en forma de largas espinas cuando caes sobre uno de esos árboles extraños en una lejana isla ilusoria. Escuchas perfectamente el momento en que tus músculos se desgarran y tus huesos se quiebran un momento antes de que torturen tu sistema nervioso. Un suspiro ahogado es todo lo que sale de tu garganta cuando tratas de gritar de desesperación. El Amo Azul ya había dicho tu cuerpo nunca estaría en condiciones de combatir otra vez y porque sabías que tenía razón, evadiste cada ataque de Giratina, cada golpe y cada estocada porque sabías que el momento en que te tocara sería el fin. Y ni siquiera tuvo que hacerlo por sí mismo.

El mundo vuelve a latir.

Giratina sigue ahí, oculto en el lado oscuro de las dimensiones. Sabes que has llegado a tu límite, pero la batalla no ha terminado. Tu visión se tiñe de rojo y el dolor vuelve a lacerar tu cuerpo cuando te desprendes de aquel árbol espectral que se ha quedado con la mayor parte de tu capa. Nubes oscuras envuelven tu mente y el recuerdo vuelve a presentarse.

Giratina desvaneciéndose, entrando y saliendo del mundo como tú solías hacerlo. El mismo camino, las mismas reglas que olvidaste hace tanto tiempo.

Tus miembros no responden. Tal vez nunca vuelvan a hacerlo de nuevo, pero no los necesitas más. Tu fuerza psíquica se manifiesta como finos hilos de luz que te envuelven, fundiéndose con tu piel y convirtiendo tu propio ser en una marioneta bajo tu control. Vuelves deliberadamente a tus recuerdos más oscuros. Evocas en tu mente al Ojo Maldito, al infierno blanco infinito y a esa noche en que tu Ama se quebró ante ti. Tu Amo, el Hijo del Sol. Arrastras todo de vuelta para encarnar la hoja de oscuridad una última vez, para que cuando el Golpe Umbrío caiga sobre ti estés preparado para hacerle frente.

Se acerca, su sombra invisible a los ojos se proyecta sobre tu mente. Puedes sentir el momento justo en que atraviesa las dimensiones y se manifiesta, el momento ideal para dar un paso hacia atrás, girar sobre ti mismo y saltar hacia adelante para clavar tu espada en su pecho en un solo movimiento.

La bestia grita. La bestia sangra y retrocede dejando un rastro escarlata entre ustedes. En su mirada brilla la incredulidad ante lo que acaba de suceder. Tus colmillos envenenados lo han alcanzado, y antes de que pueda asimilarlo, vuelven a morder y se aferran a su ser. No importa que el agarre de tu mente sobre tu cuerpo sea cada vez más débil, no importa si tus estocadas pierden potencia. Solo sigue atacando, hasta que uno de los dos dé su último aliento.
Se sacude de ti con un movimiento brusco. Te incorporas al caer en tierra para aminorar el impacto, pero aún sientes el aire quemar tus pulmones. Alzas la vista hacia Giratina y él permanece en su lugar, agitando lentamente sus alas. Un rastro de sangre corre por sus escamas, pero la herida en su pecho poco a poco empieza a cerrarse.

No importa, no ha terminado. Das un paso hacia adelante y tu pie resbala, pero logras incorporarte para seguir. Si lo heriste dos veces podrás hacerlo de nuevo, y mientras así sea sólo tienes que alzar tu espada...

Tu brazo te traiciona y se niega a moverse. Tiras con fuerza, pero se resiste, y sólo cuando vuelves la cabeza ves una mano humana aferrada a su filo.

—Ya basta, Glade.

Una extraña calma fluye de su voz. Una seguridad que nunca habías escuchado provenir de ella.

—Lo siento.

Giratina desaparece y resurge a pocos metros de ustedes. Vuelve a desvanecerse y regresa en la lejanía, aturdido y amenazado. Indeciso al atacar. Tu Ama lo sigue con la mirada sin emitir palabra alguna. Tu primer impulso es el de ir tras él, pero sus dedos siguen aferrados a tu hoja.

—¿Ya lo sabes, cierto?

Lentamente lleva una mano a su oreja.

—Él no es nuestro enemigo.

Retira la piedra del pendiente y sin vacilar la deja caer al vacío. Un instante después sientes cómo el poder empieza a escapar de tu cuerpo. Los jirones de la capa en tu espalda se desvanece y la espada abandona tu mano, pero ella la entrelaza con la suya, y cuando tus rodillas se doblan, te envuelve con suavidad para caer contigo.

Giratina grita, y por alguna razón, sientes su voz similar a la tuya. Dolor. Temor. Soledad. Una profunda ira. Conforme la escuchas un extraño flujo de emociones sube por tu pecho al reconocer también la voz de tu Ama, las de los padres de tu amo, su voz no es realmente diferente de ninguna que hayas escuchado. Y finalmente, se apaga cuando él desaparece.

El mundo late de nuevo, y resuena a través de ustedes. Solos en un mundo viviente. ¿Qué estaban tratando de hacer al matar al mundo? ¿Qué podías conseguir aún de lograrlo?

Sus brazos te estrechan con cuidado, formando un refugio en el que te sientes a salvo. Aún en una situación como la suya, aunque Giratina esté a punto de acabar con ustedes.

El universo se desgarra. Sus fauces se abren para engullirlos, y tus brazos se cierran en torno a tu Ama correspondiendo. Aguardando en la eternidad que el tiempo no puede parar.

.
.
.


El mundo reaparece lentamente ante ti. Los cálidos rayos del sol, el suave rumor de las cortinas, una lámpara apagada en el techo, el reconfortante tacto de una almohada bajo tu cabeza. La realidad te reclama con calma, como si tuviera miedo de romperte, y es cuando inhalas débilmente y sientes el aire llenar tus pulmones que entiendes que sigues vivo.

—¿Despierto? —pregunta una voz. Mueves los ojos hacia la ventana de la habitación y te encuentras con dos miradas iguales: el Amo Azul y Lucario te espían desde el exterior.

—Te sentí despertar. Vamos, de pie.

Se escabullen al interior de la habitación. Mientras Lucario va hacia la puerta, el Amo Azul llega hasta tu cama y te tiende una mano para que te levantes. Inconscientemente estiras tu mano derecha, y una punzada de dolor se apodera de tu brazo. Aunque está completamente cubierto por vendas, sientes un vacío en el lugar donde debería encontrarse tu cuchilla.

—No había nada qué hacer —responde con pesar cuando lo miras—. Es prácticamente un cascarón vacío. Por la forma en que te trituró, es casi un milagro que no te haya arrancado el brazo.

Sujeta tu hombro y te ayuda a erguirte. Tus piernas responden con torpeza, aún adormecidas, y tiene que guiarte paso a paso para no caer mientras tu cabeza da vueltas.

—No estamos en un Centro Pokémon, esto es un hospital —te dice al sujetar el pomo de la puerta—. Me pidió que te llevara con ella en cuanto despertaras.

Dejas de escuchar. El mundo se ve reducido a dos palabras; ese "con ella", responde todas las preguntas que tu mente trata de formular, como si ya nada más importara. Has vencido, la última prueba ha sido superada, y sin importar qué suceda a partir de ahora, al menos un capítulo ha sido cerrado.

—Teletransporte —continúa— ¿Sabías que cuando era niño quería tener un Gallade? Siempre he sentido debilidad por los pokémon de alto ataque. Cuando hice mi viaje pokémon pasamos varios días tratando de atrapar un ralts, pero esos pequeños escurridizos siempre escapaban de nosotros. ¿Verdad?

Lucario asiente, caminando a tu lado. Su expresión sigue siendo fría como el acero, pero notas una nueva soltura en sus movimientos, como si su cuerpo hubiera perdido rigidez. Como si algo bueno le hubiera pasado a él también.

—Teletransporte. ¿Cómo es que aún sabes hacer eso? La mayoría lo olvida aún antes de evolucionar a kirlia, pero tú...

Porque tenías miedo. Porque aún después de evolucionar, seguías siendo demasiado débil para luchar y huir siempre fue tu primera opción. La bestia fantasma revivió un viejo recuerdo que habías sepultado en tu interior, y cuando lo viste "saltar" para matar, despertó en ti la idea de "saltar", para proteger.

Proteger. Servir. Obedecer. Solo cuando aceptaste que estaba tan vivo como tú encontraste la forma de lograrlo.

—No fue un salto perfecto —añade frunciendo el ceño—. Caíste lejos, muy lejos, y nos tomó una eternidad encontrarlos. Tal vez no signifique nada para ti, pero estamos muy lejos de Sinnoh ahora mismo. Los encontramos hace tres semanas: gracias a ti, este chico se está volviendo adicto a los Caramelos Furia.

No se equivoca. Viste una fisura y saltaste hacia ella. ¿Qué importa dónde estén? En comparación con ese Mundo Espejo, cualquier distancia es insignificante.

—Me gustan las cuevas. Nunca sabes qué puedes encontrar en ellas; una inscripción ancestral, un compañero pokémon, una puerta a otro mundo... o una amiga para el resto de tu vida. Esa es mi forma de hacer las cosas, la única que funciona para mí, pero ¿sabes? Dentro de una cueva no puedes ver la luna o el sol.

Sus ojos se humedecen y su voz empieza a temblar. Sea lo que sea que diga, debes dejarlo hablar.

—No pude salvar a mi amigo de sí mismo, y tampoco a ella. Parecían tan grandes, tan fuertes, que creía imposible que algo pudiera hacerles daño. No comprendí por lo que estaba pasando Helio hasta que fue demasiado tarde y amenazó con destruirlo todo. Esa noche, cuando ella y tú desaparecieron, creí que todo había terminado antes de que pudiera hacer nada.

Una lágrima solitaria corre por su mejilla.
—Gracias por traerla de vuelta.

Fue ella quien te trajo de vuelta a ti, la primera en retroceder.

Tal vez dijo algo más, pero no alcanzas a escucharlo. Un intenso resplandor nubla tu visión y sientes cómo tu conciencia se desvanece.

Dedos cálidos sobre tu frente, sus dedos. Parpadeas para acostumbrarte a la luz del sol y alzas lentamente la cabeza. Ella está ahí, sentada en la misma cama sobre la que yaces con una mano sobre tu cabeza. Mira hacia la ventana, pero cuando vuelve la vista hacia ti y sus ojos se cruzan, sonríe. Viste una sencilla bata clara y hay un cable transparente conectado a su brazo derecho. Cuando habla, su voz suena un tanto más débil de como la recuerdas.

—Tenemos que hablar.

Percibes una nota de seriedad en su voz. Te incorporas con dificultad, va a tomar un tiempo que te acostumbres a la inutilidad de tu brazo izquierdo. Encoges las rodillas contra el pecho e inclinas la cabeza para escucharla.

—Lo que hicimos fue algo horrible, y peligroso no solo para nosotros. Lo entiendes, ¿cierto? Giratina... No lo acepté hasta que habíamos cruzado al otro lado: Giratina no era mi enemigo, y definitivamente no era el tuyo. Yo te arrastré hasta está ridícula cruzada suicida, lo sé. Puedes culparme si quieres.

Podrías, pero no quieres hacerlo. Sabes que, en el fondo, no sería diferente de culparlo a él, o de culpar al Ojo Maldito por tu sufrimiento. Tu Amo murió por una casualidad mientras trataba de cazarlo, y él simplemente se defendió. Y matarlo no lo trajo de vuelta.

—Helio cavó su propia tumba. Lo único que hizo Giratina fue cumplir su deber de proteger el balance del mundo que Helio estuvo a punto de destruir. Fui yo quien falló en detenerlo, y fui yo quien llevó a Dia a una batalla para la que no estaba listo, igual que hice contigo. Es demasiado tentador culpar a alguien más, pero incluso entonces, al final no hubiera quedado nada. Y fui demasiado cobarde para aceptarlo hasta que estuvo frente a mí. Giratina es la encarnación del Mundo Distorsión, que mantiene el equilibrio entre el espacio y el tiempo. Matarlo solo hubiera destruido todo lo que conocemos.

Adivina una expresión de alarma en tu rostro y sujeta tu mano.

—No estuvimos ni cerca de eso. Tú mismo viste cómo se regeneraba. No sé qué clase de bestia pudo dejar esa cicatriz en su rostro, pero al final nada de eso importa. Giratina sigue al otro lado de las dimensiones, y mis demonios siguen conmigo, como los tuyos. Son muchos, demasiados arrepentimientos que no estoy segura de poder superar. Pero ¿sabes? Cuando la piedra activadora empezó a brillar, entendí que aún quería vivir. Todavía no estoy lista para irme del mundo. Hay muchos errores que debo corregir, y si debo llevar mis demonios conmigo, es un precio que estoy dispuesta a aceptar.

Tu cuerpo está destrozado. Más que nunca, eres una espada rota. Es probable que no puedas volver a combatir en tu vida, pero tal vez sea lo mejor. Has dejado un rastro de dolor a tu paso persiguiendo el ideal del caballero blanco.
Tal vez sea el momento de dejarlo atrás.

—Y quiero que tú estés conmigo. No me importa si no puedes pelear, que alguien más se ocupe de ser la campeona.

Tus hombros empiezan a temblar. Sin que puedas evitarlo, tus ojos se humedecen cuando apoyas la cabeza sobre su hombro.

—No será fácil. Es probable que las pesadillas vuelvan en cualquier momento, tuyas o mías, pero aun así quiero intentarlo.

Tus lágrimas caen sobre sus manos entrelazadas en un momento que se extiende hasta que pierdes la conciencia. Esa noche pudiste dormir en paz, soñando con una casa grande que parece una Casa, a salvo del Ojo Maldito, del Infierno Blanco, tan lejos del Mundo Distorsión. Una noche de tregua con tus pesadillas, tal vez, el comienzo de algo nuevo para ambos. Tal vez puedan al fin dejar atrás el viento aciago.
[Imagen: JCEDJoJ.png]
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#14
Y al final triunfo el mal :|, de una manera sutil, pero lo hizo xD
Master Weasel. Es esa sombra extraña que te sigue en la cueva 
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#15
Goddamn! Vaya que eso fue una aventura bastante loca. Cynthia quedó tan hecha mierda de la cabeza para pensar que podía tener una venganza contra Giratina, hasta darse cuenta del gravísimo error que cometió.

Ahora se llevará a Glade a un camino de redención. Final bien logrado.
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