Oneshot- Viejas Heridas

ExtensiónOneshot
Extension larga
FranquiciaAnipoke
GéneroDramaRomance
Resumen

"La madurez no es una superación, sino un crecimiento; un adulto no es un niño muerto, sino un niño que sobrevivió."

#1
Viejas Heridas
 

Sus ojos lila pálido se abrieron de par en par en cuanto una pequeña luz resplandeciente acarició sus párpados, mostrándole la salida del mundo de los sueños para regresar a la vida real y comenzar el día, como si fuese el abrazo de un viejo amigo que le decía que todo estaría bien.
  
 Se permitió a sí misma soltar un prolongado bostezo mezclado con un suspiro mientras sus córneas se ajustaban y terminaban de adaptarse al brillo natural que provenía de la ventana que tenía enfrente: la raquítica y amarillenta luz de una estrella enferma y moribunda trataba de abrirse paso a través de las espesas nubes grises que obstruían su trabajo, revelando las secas, áridas y muertas llanuras que antaño habían sido Pueblo Paleta, reflejando la triste realidad que ella...no. Que ambos debían vivir y enfrentar.
  
Aquella última reflexión le hizo darse la vuelta instintivamente dentro de la cama, moviendo las sábanas en su búsqueda. Solo para descubrir que él no estaba allí a su lado. ¿Acaso se había despertado antes? Podía ser. Pero, entonces, ¿A dónde había ido? No escuchaba sonido alguno salvo el de su propia voz en su cabeza, acompañada del silencio que reinaba dentro de la pieza que compartían desde hacía años.
  
 Buenos días, maestra. Son las ocho y cincuenta de la mañana.”
  
 No pudo evitar saltar exaltada de la cama, como si hubiese visto una cucaracha dentro de ella. Solo para girar la cabeza y relajarse, ensanchando sus labios en una sonrisa mientras se llevaba la mano izquierda a la zona del corazón al encontrarse con un rostro familiar.
 
“Buenos días, Alakazam” dijo recuperándose de la impresión “Veo que te levantaste antes que yo. ¿Dónde…?”
 
La voz del pokémon psíquico volvió a sonar en su mente, tan seria y fría como de costumbre. Podrían pasar miles y miles de años y tanto su coeficiente intelectual como su sabiduría seguirían expandiéndose, pero el tono que empleaba a la hora de comunicarse telepáticamente con su dueña se mantendría igual.
  
El amo está abajo, en la sala del comedor. Me pidió que la vigilase sin hacer ruido para no molestarla.”
 
“Entonces no perderé tiempo y me reuniré con él abajo” respondió su entrenadora mientras procedía a cubrir su pijama con una larga bata que hacía juego con sus ojos y cabello, buscando protegerse del frío que había comenzado a abrumarla.
  
Descendió lenta y meticulosamente por la escalera, fijándose de dar cada pisada con cautela y con precisión. Los vetustos y desgastados escalones de madera crujían y rechinaban, como si fuesen a hacerse pedazos ante la presión por parte del más liviano de los pesos, más el pasamanos y la estructura parecían no ceder jamás. O al menos no lo harían hasta que ella hubiese terminado de bajar hasta la sala del comedor, por fin alcanzando la bendita tierra firme.
  
Naturalmente él estaba allí, sentado sobre la larga mesa oblonga que habían comprado un año y medio atrás a mitad de precio, en una venta de garaje en Ciudad Azafrán, contemplando la pared que tenía enfrente y posiblemente también la nada misma, inexpresivo, dándole la espalda. No era la primera vez que le encontraba de esa manera y en esa posición al despertarse, por supuesto. Más las viejas heridas se reabrían en su corazón cada vez que ello ocurría, recordándole el por qué de su estado, de su situación.
  
Albergaba todavía la esperanza de que de alguna pequeña manera todo ello cambiase aquel mismo día. Eso, claro está, dependería de si el plan que ya había puesto en acción terminaba resultando o no. Si ella venía o no.
 
El escuchar un par de pasos rápidos y veloces que se dirigían hacia su actual posición le hizo salir de su trance y dejar de aferrarse a la punta del brazo del pasamanos. Al bajar la vista hacia el suelo volvió a sonreír: Espeon y Pikachu se encontraban frotando sus pequeñas y peludas cabezas contra su pierna derecha, evidentemente en busca de afecto. Se agachó risueña para aprovechar el hecho de que el dolor que oprimía su pecho se había disipado temporalmente y así acariciarlos a ambos, procurando tener cuidado con no tocar la pequeña porción faltante y abierta de la oreja izquierda del ratón eléctrico. Otro remanente, otro cruel recordatorio del que había sido el peor día de sus vidas.
 
“Hola” pronunció finalmente, alzando la vista y habiendo reunido el valor para entablar una conversación.
  
“Hola” respondió él con una voz apagada y ronca, sin siquiera voltearse a verla. Tal y como imaginaba que lo haría.
  
“¿Dormiste bien?” se atrevió a preguntar, tragando saliva.
  
“Sabes que no” le contestó, claramente irritado. Solo ese indicio necesitaba para saber que sería una de esas mañanas.
  
“Veo que desayunaste sin mí” comentó tratando de cambiar de tópico, al mismo tiempo que se le acercaba para ver los gofres a medio comer sobre su redondo y pequeño plato.
  
“Tenía pensado prepararte un café, pero me quedé pensando y te me adelantaste” admitió él, aún sin dirigirle la mirada, contemplando una de las reducidas cinco poké balls que tenía en la mano izquierda, detalle del que ella se percató casi instantáneamente.
  
 El silencio les envolvió momentáneamente, junto con un viento de lo más siniestro que azotó levemente todas las ventanas de la residencia. Ella se vio forzada a suspirar con gran pesar.
  
“Sabes, he estado pensando que quizás deberíamos mover todas tus medallas y trofeos aquí abajo para que no cobren polvo” respondió por fin “Lo mismo que con los símbolos y los cristales…”
  
“Tíralos si quieres” le interrumpió su esposo contrayendo sus labios y con el rostro ensombrecido “No me harán más o menos perdedor de lo que ya soy.”
  
Se llevó involuntariamente los dedos de la mano izquierda al puente de su nariz, sintiéndose oficialmente derrotada e insegura de qué debía decir a continuación, al mismo tiempo que sus lagrimales amenazaban con reventar. Pikachu y Espeon se miraron el uno al otro entristecidos, mientras que Metagross siguió roncando en el fondo. El pokémon supercomputador de apariencia arácnida respiraba con dificultad.
  
“Ash” comenzó “Escucha, yo…”
  
“No, tú escúchame a mí” espetó él, levantándose súbitamente de la silla para encararla con ojos que destilaban furia e ira acumuladas y contenidas desde hacía años “No quiero que me recuerdes nada acerca de mis fracasos. Ni una sola palabra, ¿Entiendes?”
  
“¡¿Fracasos?!” exclamó ella indignada ante lo que oía “¡Ash, son tus logros! ¡Prueba de tu talento como entrenador! ¡No puedes decirme que ahora renegarás de ellos!”
  
“¿En serio?” osó contestarle Ash con un dejo de ironía en el tono de su voz “Dime entonces una cosa, Anabel. ¿De qué diablos me han servido? ¿Acaso mis logros salvaron al mundo? ¿Acaso mis logros evitaron que estemos en esta situación, teniendo esta charla? ¡¿ACASO MIS LOGROS EVITARON QUE ALGUIEN MURIESE?!”
  
“Oh, madura de una vez, ¿Quieres?” vociferó Anabel furibunda, cerrando ambas manos para formar puños “Ya han pasado cinco años. Si sigues auto-compadeciéndote y te niegas a avanzar jamás saldremos de esto. He hecho todo lo posible por que ambos vivamos felices, acompañados de nuestros pokémon y ayudando al bienestar de Kanto sin ningún tipo de preocupación, ¡¿Y qué he recibido a cambio?! ¡Protestas, protestas y nada más que protestas!”
  
“Brock está muerto” replicó su marido iracundo, incapaz de controlar el enojo que le dominaba “Igual que mi madre, el profesor, Tracey, Gary y Dawn. Misty lleva años en coma, y hasta he tenido que convencer más de una vez al hospital de que no la desconecten. May, Max y sus padres ni siquiera han tenido un entierro apropiado. ¡Todos mis amigos están muertos! ¡Solo me quedan tú y algunos de mis pokémon! ¡PARA TI ES FÁCIL HABLAR CUANDO NO HAS PERDIDO NADA!”
 
“¡¿QUE NO HE PERDIDO NADA?!” estalló ella finalmente, despertando a Metagross en el proceso “¡También tenía amigos, familia y colegas cuando ellos atacaron! ¡¿Crees que no daría lo que fuera por recuperarlos, por que volviesen a vivir?! ¡¿Qué tan insensible y egoísta eres como para decirme eso?!”
  
Se produjo un silencio sepulcral e incómodo en el que ambos se hallaron incapaces de levantarle la mano al otro. De pronto, Anabel pudo notar cómo los músculos en los hombros y cuello de Ash comenzaban a distenderse, como si su portador hubiese sufrido una epifanía.
  
“Si tan solo les hubiese detenido en una de las muchas oportunidades que tuve...” le oyó murmurar mientras las lágrimas en sus ojos se resbalaban por sus mejillas “Pude haberlo hecho definitivamente la primera vez que les enfrenté en el Centro Pokémon, todos esos años atrás. Pero tenía que esperar a que se convirtiesen en una amenaza real. A que atacasen con todo lo que tenían.”
  
La as de la Torre Batalla sintió aquel familiar y punzante dolor asaltando nuevamente su corazón como un Rhyperior y un Aggron chocando cabezas y cuernos con extrema brutalidad. Estaban todos reunidos en el patio de la casa a modo de celebración por el triunfo de Ash en la Liga Alola cuando el Equipo Rocket decidió lanzar un ataque masivo, a escala internacional. Fue tan repentino que no tuvieron tiempo para reaccionar, y cuando finalmente pudieron formar una suerte de resistencia contra las fuerzas que Giovanni había desplegado por toda la región la mayoría de sus compañeros y de sus pokémon ya habían perecido. Y la última en caer no había sido otra que…
  
“Serena…” masculló Ash de forma apenas inteligible “Se sacrificó para poder salvarme y acabar el trabajo con esos tres…”
  
Dominado completamente por sus emociones, se puso de espaldas a Anabel para descargar su ira sobre el plato y sobre la mesa, sin importarle los numerosos pedazos de cerámica y astillas de madera que salían despedidos tras cada golpe. Las poké ball en sus manos, que contenían a Charizard, a Snorlax, a Sceptile, a Infernape y a Totodile, cayeron al suelo, produciendo un ruido ensordecedor. Los pokémon emergieron de sus cápsulas contenedoras, impresionados y asustados ante la furia de su maestro.
  
“¡¿POR QUÉ NO FUI YO?!” sentenció colérico a la vez que continuaba golpeando aquel mueble como si fuese su peor enemigo.
 
“Pika…” gimoteó Pikachu, aproximándose con intención de tranquilizar a su entrenador y mejor amigo.
 
“¡CÁLLATE!” gritó Ash enfadado, volteándose a ver al pequeño ratón eléctrico, solo para encontrar en lugar de a un rival a aquel que había sido su inseparable compañero de aventuras, llorando y temblando como un niño al borde de la muerte. El mirar a aquellos llorosos y entristecidos ojos fue como contemplar toda la felicidad que había perdido, todas las personas a las que conocía y quería más que a la vida misma, haciendo que su mente se remontara a cuando todavía era un niño testarudo y soñador, con todo el futuro por delante.
  
Por un instante sintió que volvía a ser aquel niño, sintiéndose terrible por la escena que había causado. Inmediatamente llegó a él el sentimiento de culpa, el arrepentimiento por lo que había conseguido con aquel descontrolado e infructífero arranque de furia. Y con él el temor de que su pokémon saliese huyendo.
  
“Pikachu, lo siento, no quise…” empezó a articular, antes de que en un sorpresivo acto de compasión el pequeño roedor amarillo saltase encima suyo, subiéndose a su hombro derecho para luego conectar su moflete izquierdo con su mejilla derecha. Aquel gesto produjo que el experimentado entrenador de Pueblo Paleta decidiese tomar a su pokémon con ambas manos y abrazarlo como si no hubiese un mañana.
  
“Ash, por favor” suplicó Anabel rodeando la cintura de su esposo por detrás para abrazarlo. Él se lo permitió “Sé por lo que estás pasando. De veras que sí. Pero no puedes seguir de esta forma, y yo tampoco. Nuestros pokémon también sienten nuestro dolor, y sufren tanto como nosotros. Serena y los demás hubiesen querido que continuásemos con nuestras vidas, que siguiésemos trabajando para enmendar el daño causado por los Rocket. Y solo lo lograremos si seguimos entrenando, sin renunciar a nuestros sueños. A aquello que nos da vida.”
  
“Pero no puedo seguir, Anabel” respondió Ash, finalmente soltando a Pikachu para darse la vuelta y mirar a la mujer que amaba a los ojos, buscando consejo en su mirada “Cada vez que pienso en siquiera entrenar solo con Pikachu y los demás o contigo el miedo me invade. Me recuerda aquel día, y a todo lo que perdí en él.”
  
Hizo una pausa para conectar sus labios con los de su mujer, permiso que Anabel le concedió. Compartieron un breve beso que duró unos cuantos e irreemplazables segundos. El mundo se congeló momentáneamente, y por un instante les pareció que estaban solos en aquella casa. Ni Pikachu ni Espeon ni el resto de sus pokémon parecían estar allí.
  
“Solía amar las batallas pokémon” continuó en cuanto se separaron, pero manteniendo las manos unidas “Volverme un maestro pokémon era mi ideal, y era algo que quería más que a cualquier otra cosa. Pero ahora, ¿Qué sentido tiene? Solo usamos a nuestros pokémon para ayudar en la reconstrucción de la región, o para llegar a tiempo a reuniones con el Presidente o el nuevo Alto Mando y los otros Ases del Frente. Ya ni siquiera hay mucha gente que se dedique a entrenar pokémon como nosotros, lo que significa que no hay reto para ninguno de los dos salvo el otro. Desearía poder volver a ser quien era antes, lo he intentado, pero no puedo. Sé que te tengo a ti, a Pikachu y compañía, pero no tengo a nadie más.”
  
El sonido del timbre de la puerta de calle siendo tocado hizo que el rostro de Anabel se iluminase para sorpresa de Ash. Ella había venido, y justo a la hora acordada. El reloj de la sala de estar marcó las nueve y diez.
   
“Te equivocas” afirmó ella mientras se apartaba de él y se dirigía hacia la puerta, con Espeon siguiéndola “No solo me tienes a mí, Ash. Hay alguien más allí afuera que también te quiere. Alguien a quien llegué a conocer y a contactar no hace mucho tiempo atrás.”
  
“Anabel, no estoy para bromas” rogó Ash desalentado “Todos se han ido. No hay nadie más. ¿A quién has invi…?”
  
Pero se detuvo en plena frase cuando vio a la persona que se hallaba detrás de la puerta abierta por Anabel. Se trataba de una mujer joven, de cabello castaño claro y ojos color miel, vestida únicamente con una camisa verde de solapas blancas, así como también una pequeña falda blanca que revelaba sus largas piernas y las medias negras y zapatos rojos que portaba. Pikachu, en cuanto detectó su presencia, no pudo evitar sonreír, mientras que Totodile, que llevaba años callado y sin superar la muerte de Corphish, comenzó a saltar de la alegría y a decir su nombre otra vez, justo como lo hacía en los viejos tiempos.
  
“¿Q-quién eres tú?” preguntó el entrenador perplejo mientras veía como aquella mujer entraba en la residencia para mirarle con una sonrisa débil y melancólica, ante la atónita mirada de Charizard, Sceptile y Snorlax. Alakazam y Metagross permanecieron impertérritos “Espera un segundo. Te conozco, ¿No es cierto?”
  
Misty. May. Dawn. Melody. Macy. Angie. Durante sus viajes, Ash había conocido a varias chicas que se habían fijado en él, muchas de ellas atraídas o enamoradas de él, y tanto Anabel como Serena entraban en esa categoría. ¿Pero quién era aquella mujer que acababa de ingresar en su domicilio? Sabía que la había conocido alguna vez, en algún punto de su vida, pero no recordaba exactamente dónde, cuándo y cómo. ¿Cómo era posible que una cara así le fuese tan familiar y a la vez tan…?
  
Una repentina sucesión de imágenes llegó a su mente cuando aquella mujer le dio un pequeño y afectuoso beso en la mejilla izquierda. Imágenes de recuerdos viejos y preciados, de una época de su vida que consideraba perdida en lo más profundo de su memoria, cuando el mundo le resultaba más amplio y más fascinante de lo que en verdad era y siempre había una nueva especie de pokémon esperando a ser descubierta a la vuelta de cada esquina y rincón. Cuando Misty y Brock aún estaban a su lado.
 
Sus ojos comenzaron a tornarse cristalinos a la par que su corazón bombeaba más sangre, al tiempo que finalmente podía reconocer a la “persona” que se hallaba parada frente a él.
 
“L-Latias” logró articular entre sollozos antes de que la falsa humana le abrazase con todas sus fuerzas, deshaciendo la ilusión para dejar expuesta su verdadera apariencia “Oh cielo santo, ¿Cómo pude olvidarte?”
  
Y una vez más, mientras Anabel y sus pokémon se unían al abrazo, volvió a sentirse un niño. Y el niño estaba allí para quedarse. El aspirante a maestro pokémon había regresado.
"Este fic es como un buffet de todo lo que puedas comer"-SoujiFujimura
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#2
Con razón me habías preguntado qué onda con el género del Espeon. Ya había deducido que haría un shot con ellos, pero no sabía qué esperar, menos me anticipaba a que lo tuvieras listo tan pronto. Me gusta mucho. La verdad es que romper a Ash de formas realistas siempre me ha parecido algo complicado de lograr, al menos para que no parezca la típica historia de "Ash es traicionado," aquí lograste uno de esos resultados, pues nada podría dejarlo más hecho mierda que hacerlo perder a todos sus amigos, bueno, en realidad se me ocurre otra (destrozar sus sueños a palabras y golpes) pero eso no está ni aquí ni acá. Me encanta imaginarme a Ash en plena mansión pensando: "¿Debería hacerle el café? No sería de buena educación dejarla sola en la mesa. Pero la última vez que lo hice terminó tosiendo. No sirvo ni siquiera para eso..."

Además, debo decir que me gusta este mundo, por muy crudo que sea, pero algo me gusta de este escenario donde Ash realmente solo tiene a su novia a su compañero más leal de su lado. No lo sé, creo que simplemente me dejo llevar, pero algo me gusta de esos mundos donde todo está destrozado y queda a deber de pocos repararlo, hacen que me den ganas de ver más.

Gran trabajo como siempre Luna.
Descansa. Hasta que nos volvamos a ver...
[Imagen: SwCanxx.png]
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