Oneshot- Vendetta

ExtensiónOneshot
Extension larga
FranquiciaCoregames
GéneroDramaSuperación
Resumen

"La venganza envenena el alma, corroe el corazón, y sin darte cuenta te convierte en alguien malo."

#1
Todavía recuerdo con gran claridad aquella fría y helada mañana de invierno en la que nací. Mi madre lloró lágrimas de felicidad en cuanto me vio abrir los ojos y, haciendo uso de sus garras, me apretó con fuerza contra su pecho con tal de poder abrazarme, para más tarde darse la vuelta e invitarme a probar sus ubres para beber de su leche materna. Incluso hasta día de hoy hasta el rugido de los vientos del norte afuera de la montaña hace eco en mi memoria.

“Oh, mi niño precioso. No puedo esperar a ver lo fuerte que sé que te volverás.”

Cuando ya llevaba más de un año de vida, y ya pudiendo caminar, mi padre me instruyó sobre los principios básicos de la caza en solitario, así como también el saber cuándo retirarse. Me enseñó a acechar y a abalanzarme sobre presas grandes como los Linoone o los Kecleon sin hacer el menor ruido, además de defenderme de los feroces Mightyena que merodeaban por los alrededores. La emoción de la caza nos hacía sentir a ambos vivos, especialmente cuando corríamos tras la presa y alcanzábamos velocidades impresionantes, con el viento aligerando nuestro peso y siempre soplando de nuestro lado. También me enseñó a reconocer sonidos básicos que me ayudarían a orientarme en cualquier parte que los escuchase, tales como el canto de los Taillow, el murmullo de los Wailmer, el rebote de los Spoink, los gruñidos de los Mightyena, el aleteo de los Zubat y los quejidos de los Feebas.

“Recuerda mantenerte alejado de los humanos. Son violentos y supersticiosos, y nos culpan de todas las desgracias y catástrofes que encaran a diario solo porque les advertimos de ellas. Gracias a ellos, nuestra raza está al borde de la extinción.”

Finalmente, habiendo alcanzado los diez años y entrado en la juventud, lo cual para mi especie es considerado el inicio de la edad adulta, mis padres me indicaron que pronto tendría que sucederlos como líder de la manada, por lo que debía empezar a buscar una compañera para poder dejar descendencia. Decidí visitar aquel lago apartado de la montaña al que las hembras de nuestro clan solían ir todas las tardes a beber agua y a bañarse para pasar tiempo con ellas y conocerlas mejor a todas, sintiéndome profundamente indeciso. Sabía que aquella a la que escogiese sería no solo mi pareja y madre de mis hijos, sino también la que estaría unida a mí hasta que la muerte nos separase. Después de pensarlo detenidamente, escogí a Selene por su naturaleza modesta y nuestro gusto en común por las bayas frambu. Era una excelente cazadora, pero también gentil y virtuosa, lo que hizo que me enamorase perdidamente de ella, y ella sentía lo mismo por mí. A los pocos días nos casamos frente al resto de la manada. Parecía que íbamos a ser felices por siempre.

“Eres justo y noble. No podría haber escogido a un mejor marido.”

Pero el destino me tenía reservado un futuro muy distinto, uno tan impredecible que ni mi propio cuerno pudo advertirme de la calamidad que se avecinaba. Muerto mi padre, y el día de mi nombramiento como líder, Apaísios, viejo rival de mi padre, me desafió a un duelo a muerte para probar que él merecía liderar nuestro clan. Naturalmente tuve que aceptar, puesto que había demasiado en riesgo y era evidente que Apaísios no aceptaría un “no” por respuesta.

“¡Mi reinado será glorioso! Y todo lo que tengo que hacer es quitarte del medio.”

Fue el combate más encarnizado que alguna vez haya tenido, y a pesar de que di mi mayor esfuerzo, Apaísios me dominó fácilmente por su sabiduría y su experiencia, dejándome en un estado deplorable. Y cuando estaba a punto de darme el golpe de gracia, Selene se lanzó sobre él, produciendo que ambos cayesen al precipicio. Horrorizado, me puse de pie y bajé del monte a toda prisa, en busca de Selene. Cuando la encontré, estaba débil y con prácticamente todos los huesos de su cuerpo fracturados. Sabiendo que moriría, me pidió que me acercara para lamer mi mejilla y sentir mi hocico en el suyo una última vez.

“Te amo. Nunca lo olvides.”

Y con esas últimas palabras, Selene abandonó este mundo, dejándome solo. Pasé más de cinco días y noches llorando su pérdida, hasta que mis ojos ya no pudieron seguir expulsando lágrimas. De Apaísios no había indicios, y nadie sabía si había muerto o sobrevivido a la caída. Los demás machos y hembras, temerosos de que volviese, eventualmente nos abandonaron llevándose consigo a sus cachorros, disolviendo el clan. Mi madre, angustiada por todo lo ocurrido, pasó sus últimos días de vida conmigo, hasta que una madrugada salió de la cueva para recostarse y observar la bella esfera radiante emergiendo del horizonte, falleciendo en silencio.

“Debe hacerse justicia.”

El dolor se convirtió en rabia. Había perdido a mi amada, a mi madre y a mi clan, y el monstruo que me los arrebató estaba allí afuera. Cada fibra de mi ser me decía que aún seguía con vida, que debía ir tras él. Con la furia y la adrenalina apoderándose de mi mente, vagué por toda la región en su búsqueda, nadando por lagos infestados de Carvanha y alimentándome de los Wurmple y Nincada que hallé en el camino. Mi pelaje se tornó tupido y espeso, y mis garras se alargaron, lastimando mis patas cada vez que caminaba. Me había convertido en una parodia de mí mismo. Un rey miserable sin un reino al que gobernar.

“No descansaré hasta que mi venganza se haya consumado.”

Mi persecución me llevó hasta aquella a la que los humanos llamaban la Ruta 120, donde hallé a varios de mi raza que también vivían en solitario, y que me evadían al verme, aterrorizados ante mi aspecto. Decidí descansar allí un par de días, y al tercero un oponente salió a mi encuentro. Se trataba de un humano joven que portaba una chaqueta rojiza con líneas negras, un pantalón negro y gris, zapatillas blancas y verdes y una gran mochila verde en la espalda. Llevaba un largo y peculiar gorro blanco en su cabeza. Un entrenador pokémon, sin duda.

“¡Wow, qué pokémon más extraño! ¡Jamás había visto uno igual! Luce muy fuerte.”

Mi padre me había advertido desde cachorro sobre el cómo los humanos solían esclavizarnos para hacernos participar en horribles combates y concursos, por lo que al inicio le gruñí en forma amenazadora, dejándole en claro que debía retroceder si no quería terminar entre mis garras. Pero él no hizo caso. En su lugar me miró preocupado y con un dejo de tristeza, como si finalmente hubiese notado mi deplorable estado. Acto seguido sacó de su mochila una esfera blanca y roja de la que salió una Gardevoir. Fue entonces cuando comprendí lo que estaba pasando: tendría que luchar contra su pokémon si quería evitar terminar siendo su mascota.

“No hace falta que luchemos. Déjate capturar y mi amo cuidará bien de ti.”

La Gardevoir intentó razonar conmigo, pero me negué a escucharle. No me rendiría sin pelear por mi libertad. Furioso, y con la poca fuerza que me quedaba, arremetí contra ella usando mi movimiento Cuchillada. Ella lo bloqueó fácilmente utilizando el movimiento de Protección que su amo le ordenó usar, y terminó sometiéndome con un devastador rayo de Fuerza Lunar, dejándome peor de lo que ya estaba. Con las lágrimas descendiendo por mis mejillas, imploré piedad. Antes de perder el conocimiento, vi al humano lanzándome una esfera parecida a la primera que había enseñado, pero negra en vez de roja y con unas extrañas líneas amarillas. Una luz cegadora me rodeó.

“¡Rápido, Gardevoir! ¡Regresa!”

Desperté dentro de un extraño edificio en el cual una mujer de cabello rosado y ojos azules me colocó dentro de una extraña máquina que, como si fuese por arte de magia, sanó todas mis heridas y moretones, para luego entregarme a aquel humano de antes, quien me sonrió y me acarició la cabeza. Y entendí que había perdido, que me había convertido en su esclavo. Enfurecido, le gruñí para que quitase su mano de mi pelaje, amenazando con mordérsela.

“¡Bienvenido, Absol! Soy Brendan, tu nuevo entrenador. Puedo ver que no te agrado mucho, pero créeme cuando te digo que no busco hacerte daño. Mira, te presento al resto del equipo.”

El humano me hacía reír. ¿Acaso pensaba que creería en eso después de haberme atacado y encerrado en aquel infernal dispositivo, que me rebajaría a darle el gusto de verme poniéndome de rodillas? Se equivocaba como no tenía idea. Le vi sacando al resto de los pokémon que había capturado para que me conociesen. Eran la Gardevoir que había usado en nuestro combate, un Swampert, un Manectric, un Hariyama y nada más ni nada menos que el gran Latios, el pokémon dragón protector de la Isla del Sur del cual mi madre me había contado numerosas historias sobre sus proezas. Mientras que sus compañeros me miraban temerosos, la primera se acercó para hablarme nuevamente.

“He leído tu mente. Sé lo que te aflige y lo que has perdido. Pero debes confiar en mí. Nuestro amo es muy bueno y considerado. Te ayudará a volverte más fuerte de lo que eres actualmente, y te dará un hogar como a todos nosotros.”

El gran Latios hizo lo mismo al poco tiempo.

“Escucha la sabiduría que emana de sus palabras. Este humano es bondadoso con sus pokémon. Acompáñanos, y deja atrás tu pasado.”

Todavía incrédulo, decidí hacer caso al gran Latios y obedecer a mi captor, y al poco tiempo me di cuenta de que tenían razón. El humano era bastante empático, y solía retirarme para sanarme y velar por mi recuperación cada vez que estaba a punto de perder ante un oponente poderoso. Realicé varios viajes junto a él, ayudándole a ganar varios de aquellos trozos de plata y oro que sus contrincantes llamaban medallas de gimnasio, a desbaratar los temibles planes de un grupo de eco-terroristas que buscaban expandir y a aplacar la ira de Groudon, el señor de la Tierra, quien estuvo a punto de arrasar con el mundo entero con tal de hacerse con la energía natural de la Cueva Ancestral de Arrecípolis. Y mientras todo esto ocurrió, lo que Gardevoir me había dicho se cumplió: me había vuelto mucho más fuerte que antes, tanto que podía acabar con mis adversarios de un solo Tajo Umbrío. Y llegué a querer a mi entrenador.

“¡Muy buen trabajo, Absol! ¡Estoy orgulloso de ti!”

Ahora entendía por qué a los humanos les gustaba tanto entablar combates con y entre sus pokémon. Les ayudaba a adquirir sabiduría, poder y experiencia, e incluso a evolucionar tanto física como mentalmente, superando sus limitaciones y reforzando sus vínculos. Los músculos de mis patas se habían fortalecido considerablemente, y mis garras ahora estaban más afiladas que nunca, por no mencionar que mi pelaje ya no me resultaba tan pesado como antes, tanto producto de los cuidados de mi amo como también del poder que ahora sentía en mí. Pero, ¿Por qué me sentía así? ¿Acaso en verdad me había encariñado con mi entrenador? ¿O solo había pasado tanto tiempo con él que ahora comenzaba a identificarme con aquel que me había privado de mi libertad?

“¡Muchas gracias, Absol! De no ser por ti hubiésemos perdido. Te mereces un descanso.”

Finalmente, mi amo consiguió su octava medalla, la última que le faltaba para acceder a la famosa Liga Pokémon, la cual según él era el destino de todo entrenador que quisiese probar su valía enfrentando al Alto Mando y al Campeón de la región. Con sangre, sudor y lágrimas atravesamos la larga y extenuante Calle Victoria de Ciudad Colosalia, barriendo el suelo con incontables entrenadores, entre ellos un joven de cabello verde que hablaba de lo mucho que mi amo le había alentado a fortalecerse junto a sus pokémon, prometiendo que algún día volvería a retarnos. Después de ello, alcanzamos agotados el cuartel general de la Liga Pokémon, donde mi amo procedió a curarnos a todos y resolvió que pasásemos allí la noche, para renovar nuestras fuerzas y así estar listos para el desafío que nos esperaba. Fui el primero en quedarme dormido, y por primera vez en mucho tiempo, me atreví a soñar con algo que no fuese la venganza. Más una voz familiar que no escuchaba desde hacía mucho tiempo persistió dentro de mi cabeza.

“Recuerda tu objetivo. Recuerda quién eres.”

Al día siguiente, fui sacado de mi cápsula contenedora junto con todos mis compañeros de viaje. Nuestro amo nos observaba a todos con una expresión seria en el rostro, evidentemente estando a punto de decirnos algo muy importante. Le presté toda la atención posible.

“Muy bien, muchachos. Detrás de esa puerta se encuentra nuestro mayor reto hasta la fecha. Sé que hemos pasado por muchas cosas, pero les aseguro que los pokémon de esos entrenadores son mucho más poderosos que cualquiera de los que hayamos vencido juntos hasta ahora. No se confíen y den lo mejor de sí en cada combate, y yo prometo no defraudarles. Muy bien, si ya todos se encuentran listos, ¡Adelante!”

Gruñí y asentí junto a los demás, y volví a meterme a mi nuevo hogar portátil, dispuesto a afrontar lo que fuese. Pero en cuanto mi amo pasó por aquella gran puerta y atravesó el largo puente para ingresar al dojo donde nos esperaba nuestro primer oponente, sentí cómo mi cuerno vibraba con fuerza. Algo no estaba bien, y podía olerlo. Mi sexto sentido me decía que debía advertir a mi amo pero, ¿Cuál sería la mejor forma de hacerlo?

“¡Bienvenido, joven aspirante! ¡Soy Sidney, del Alto Mando! ¡Me gusta esa mirada tuya! Esto tiene buena pinta. Tengo el presentimiento de que nos vamos a divertir. ¡Muy bien! ¡Vamos a librar un combate tan emocionante como solo los que la Liga Pokémon puede ofrecer!”

Aquel humano adulto calvo y de mechones de color borgoña esbozó una sonrisa socarrona y adoptó una pose de batalla, para luego tomar del bolsillo izquierdo de su pantalón una cápsula contenedora, llamando a su primer pokémon, un Mightyena. Mi amo no dijo ni una sola palabra y, concentrado, sacó a Hariyama de su super ball, dando inicio al combate.

Durante mayor parte del tiempo observé dentro de mi cápsula el desarrollo de la batalla. Hariyama consiguió derribar al Mightyena, así como también a su siguiente oponente, un ágil y fiero Shiftry, valiéndose en ambas situaciones de su incansable espíritu luchador y a su poderoso movimiento, Demolición. Gardevoir, por otra parte, acabó fácilmente con el evasivo y desagradable Cacturne y logró derrotar a un imponente y veloz Sharpedo antes de caer rendida ante su tóxico Colmillo Veneno. La balanza parecía estar inclinándose a nuestro favor, y nada extraño había ocurrido. Entonces, ¿Por qué mi cuerno seguía vibrando como si algo terrible estuviese a punto de suceder?

“¡Vaya! Debo reconocerlo, has sabido ponernos a mí y a mi equipo contra las cuerdas. ¡Eso me gusta! Muy bien, aquí va mi último pokémon. ¡Adelante, Absol!”

Y fue en aquel preciso instante cuando mi corazón se detuvo, entendiendo finalmente el porqué de mis premoniciones. El ejemplar de mi especie que salió de la bola de aquel sujeto no era otro que el mismo Apaísios, quien empezó a gruñir y a lanzar mordiscos al aire, evidentemente percatándose de mi presencia mediante el olfato. Una vez más, la ira y la impotencia me dominaron. Me había dado cuenta de que el viaje al que mi amo me había arrastrado tenía un propósito mucho mayor al mero hecho de fortalecerme: el conducirme hacia mi objetivo.

“Tú...”

Mi amo no se inmutó ante la actitud de Apaísios. Estaba a punto de tomar la super ball en la que se hallaba Hariyama cuando notó como mi ball se agitaba dentro de su mochila con violencia, producto de mi incontrolable sed de venganza, la cual aumentaba con cada segundo que pasaba.

“Saca a Absol.”

La voz del gran Latios resonó tanto en mi cabeza como en la de mi amo y la de los demás. Él titubeó un instante, probablemente reflexionando y dándose cuenta de que Hariyama estaba agotado por los combates que ya había librado y que Gardevoir aún se encontraba debilitada, además de que Swampert y Manectric no serían lo suficientemente veloces, por lo que yo era su única opción disponible, además de la más sensata.

“Hmmmm...E-está bien...Supongo que será Absol contra Absol. ¡Vamos, Absol!”

La ball silbó suavemente en el aire, y en cuanto esta se abrió, salí de ella echando espuma por la boca, con todo mi pelaje erizado. Apaísios entrecerró los ojos, mirándome con desprecio.

“Así que mi cuerno no me mintió. Asumo que has venido a morir.”

“No. Vine a matarte.”

Nunca jamás me había movido tan rápido en toda mi vida. Obedeciendo a nuestros respectivos entrenadores, intentábamos darnos el uno al otro mientras evadíamos el movimiento del contrincante, sin llegar a tener éxito. Hubieron tantos choques de Cuchillada contra Cuchillada, Golpe Aéreo contra Golpe Aéreo y Tajo Umbrío contra Tajo Umbrío que llegó un punto en el que perdí la cuenta de cuánto tiempo llevábamos luchando. Empezaba a cansarme, y Apaísios, por el contrario, parecía ganar más y más fuerzas. La fatiga hizo que perdiese la concentración al pisar el suelo, momento que mi objetivo aprovechó para asestarme un potente Golpe Aéreo en el estómago que me hizo caer, dejándome malherido y en las últimas. Las voces de mi padre, de mi madre y de Selene seguían exigiendo la sangre de Apaísios, gritándome que continuase, pero ya no podía continuar. El asesino del amor de mi vida había vuelto a vencerme, y lo único que me quedaba por hacer era reconocer que había fallado. La orden del hombre de mechones borgoña no se hizo esperar.

“¡Terminemos con esto, Absol! ¡Remátalo con Golpe Aéreo!”

Oí como Apaísios se agazapaba para luego saltar, lanzando un gruñido de guerra al abandonar el suelo. Decidí cerrar los ojos y recibir mi final con dignidad. De pronto, la voz de mi amo me impulsó a levantarme.

“¡ABSOL, USA VENDETTA!”

Obedecí instintivamente. De pronto, sin previo aviso, sentí como mi cuerpo empezaba a ser envuelto en una fuerte aura morada que, restaurando mi vitalidad y mis ganas de combatir, hizo que mi mente entrase en un estado de claridad absoluta. Mis ojos se abrieron como platos, mis pupilas se expandieron y solo una emoción permaneció en mi sistema: la cólera.

“¡¿Pero qué...?!”

Con la velocidad de un rayo, intercepté a Apaísios en el aire y, utilizando mi garra derecha, que aún se encontraba en buen estado, asesté un golpe crítico que penetró en su grueso pelaje, impactando de lleno contra su abdomen y liberando una onda expansiva repleta de dicha energía que rompió la barrera del sonido. Fue como si la ira de todos mis predecesores, la de mi amada y la mía se hubiesen concentrado en un solo golpe, desde lo más recóndito del más allá. Incapaz de contenerme, lancé un rugido que heló tanto la sangre de mi amo como la de su oponente.

“¡RAAAAAAAAAAAAAAAAAWR!”

La energía y la ira se disiparon, y cuando la parte racional de mi cerebro regresó, me encontré con lo que había soñado por varias lunas: Apaísios yacía desmayado en el suelo, completamente a mi merced. Viéndole a los ojos con un odio visceral, me quedé unos cuantos segundos contemplándole, preparándome para darle el golpe de gracia.

“Ya has consumido tu venganza. Ahora déjale ir.”

La voz del gran Latios decía la verdad. Había logrado lo que tanto anhelaba pero, ¿Ahora qué haría? ¿Realmente valía la pena rebajarme al nivel de Apaísios? ¿Qué sentido tenía seguir luchando por el título de líder si ya no había un clan al que liderar? Asesinarle no me traería de vuelta a Selene, y mucho menos la paz. De todos modos ya desde el inicio de la batalla había percibido que el Apaísios que alguna vez enfrenté ya no se encontraba ante mí. Ahora tenía ante mis ojos a un domesticado pokémon fiel a su entrenador, arrepentido del daño que me había hecho, suplicando misericordia y comprensión con sus llorosos ojos. Y, por un breve segundo, vi algo más que me hizo dar un paso hacia atrás: un reflejo.

“Se ha hecho justicia. Estamos a mano.”


Cuatro largos años han pasado desde aquel día en la Liga Pokémon, y he llevado la cuenta desde entonces, sin pasar por alto ni un solo día, ni una sola hora. Ahora me encuentro a mí mismo desplomado sobre la fina y suave alfombra dentro de la sala de estar de un modesto y acogedor departamento en la región de Sinnoh. Mientras siento los pequeños ronquidos de Gardevoir, quien se encuentra dormida y apoyada sobre Swampert a escasos centímetros de mi izquierda, abro levemente los ojos y me limito a observar a mi amo: se halla cubriendo la pared del cuarto con un rodillo mojado en pintura celeste animadamente. Su pareja, la joven humana que alguna fue su mejor amiga y vecina, le ayuda con otro rodillo, igual de entusiasmada que él y tarareando una más que dulce melodía. Se les ve felices juntos, y su contagiosa alegría dibuja una débil sonrisa en mi rostro. Sé con certeza que algún día formarán una bella familia, y estaré allí presente para poder defender y jugar con sus hijos.

En cuanto a mí, al fin he hallado la paz que deseaba. No sé lo que me deparen los años venideros ni a mí ni a los que me rodean, pero el pasado ya no puede atormentarme, y ahora soy dueño de mi propio destino. Algún día podré reunirme en la otra vida contigo, Selene, y cuando el momento llegue sé que estarás allí esperándome. Quizás la suerte ya haya dictaminado que viviré cien años como muchos de mis antepasados llegaron a hacerlo. O tal vez volveremos a vernos más pronto de lo que imagino. Hasta entonces,  pienso vivir cada uno de los años que me queden por vivir a pleno, sin jamás despegarme de mi amo y de los grandes amigos que he conseguido.

Y una cosa es absolutamente segura: la justicia nunca antes se había sentido más dulce que la venganza.
                           [Imagen: 5jKLfmz.jpg]
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#2
Me pregunto si Gardevoir y Latios en su tiempo al lado de Brendan nunca se habrán tomado momento para explicarle a su entrenador que uno de sus pokémon tiene una compleja historia de venganza. Me parece un poco cómico imaginarme a estos tipos tan neutrales mientras sus pokémon están metidos en un drama personal. También me parece cómico pensar que Absol terminó por valorar la justicia sobre la venganza, pues su habilidad oculta es Justiciero.
Rompe mi armadura si quieres. Al final, terminarás arrepintiéndote de hacerlo...
[Imagen: IIhG3l7.gif]
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#3
Mostrar  Cómo hacer un fic de venganza 101

Hablemos de diversificación de las historias. Yo ya me estaba viendo venir 7 one-shots de romance uno por cada región y cada uno con su parte correspondiente de dramita, pero a partir de este es donde me empiezo a llevar sorpresas. En primer lugar, porque acá es donde yo me empiezo a divertir cuando (como diría Tomás), el FOV se vuelve furro. No me lo veas como algo negativo que acá el único que es furret de closet es él, el resto no se triggerea cada vez que ve a un Pokémon con una línea de diálogo. Aunque pensándolo bien incluso escribiendo los gritos también se triggerea así que dejémoslo conque es un contrera como pocos.
 

Na mentira tomas espero que como es una de las reviews del medio no este leyendo esto vos shh
 

Vamos al one-shot y dejemos de perder el tiempo. Yo acá veo la historia del Rey León medio mezclada con el plot de Madagascar 2, todo reversionado en modo edgy – pero es un buen cambio de aires ver como podes armarle toda una historia e uno de los Pokémon de tus protagonistas recurrentes de los shots y que no se sienta fuera de lugar.
 

Que querés que te diga. Al contrario de una de nuestras ex colegas del foro que parecía tener un hate-boner fuertísimo (te dije que la gente tiene fetiches raros) hacia los fics de venganza, este en particular me llamó mucho la atención, porque pensaba que no ibas a salir de los fics de romance y me ibas a tener acá leyendo historias calcadas una atrás de la otra. Me gusta como medio como que trataste de mantenerlo PG y hacer al Absol el Pokémon noble que le perdona la vida, y como los otros bichos tienen su protagonismo dentro de la overarching power fantasy (ya está, esta es la última vez que lo voy a mencionar) del niño campeón y su equipo de estrellas.
 

Me tuve que poner a revisar las notas para ver qué carajo me había quedado suelto en este comentario que me quedó cortito, y al parecer anote “final espectacular” así que tuve que volver a leerlo, y sí – que final más espectacular. Me encantó esa especie de epílogo super cortito de “4 años después”, sin ningun dilema ni dramita, con todos felices y contentos y queriéndose en su nueva vida descansando tranquilamente y con el protagonista alcanzando su paz espiritual al estilo de “todo está bien ahora”. La verdad un final super lindo, el final que toda historia debería tener. Y puntos extra por todas las referencias al fic anterior.
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#4
Fue… extraño. No digo que malo sino extraño. I mean, para toda la radiante ira que sentía Tchalla en un principio luego de perder el reino de Wakanda, desde que lo captura Brendan se vuelve todo super feliz. Y por el otro diría que es un poco frustrante que no haya venganza como tal. 

Pero lo cierto es que Apasitos no es realmente malo. I mean, retó al líder de la manada a una pelea justa y fue la estúpida de Nala quien se metió y se mató como una boluda. Apasitos realmente no hace nada vil, I mean, nada que Tchalla no fuera a hacer en su lugar, y supongo que eso sirve para perdonarlo tan fácil al final. 

Además de que seguro expulsan a Brendan de la Liga si mata a un pokimon. No todos son Malva.

Fue bonito, y me gusta la creatividad, aunque no me lo puedo tomar muy en serio porque… 
 
(03 Nov 2020
12:25 AM)
Lunarium escribió:
“Recuerda tu objetivo. Recuerda quién eres.”

Jajajajajajajajajajaja
[Imagen: EdovJGiXkAYqwp4.jpg]
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