Oneshot- Solución casera

ExtensiónOneshot
Extension larga
FranquiciaAnipoke
GéneroAmistad
Resumen

Noland necesitaba un poco de inspiración para poder ganarle a su rival, nunca pensó que la encontraría en tan singular lugar

#1
Cada cierto tiempo, los Cerebros de la Frontera de Kanto* se reunían en las Islas Espuma a petición de Scott para hacer una revisión de trabajo y planeación sobre sus correspondientes instalaciones. Lo que debía ser un mero viaje de trabajo terminaba en un fiero enfrentamiento entre Noland y Brandon. Las riñas constantes para ver quién de los dos era el más poderoso acababan en estruendos que podían oírse a kilómetros, parte de las instalaciones dañadas y bastonazos por parte de Spencer. En general, Brandon no era un mal sujeto por más que en ocasiones llegase a recluirse por completo en su instalación, pero al ver que la discusión no iba a ningún lado optó por resolverlo a su modo: emprendiendo un viaje para capturar al legendario Regigigas en Sinnoh y, por tanto, no iba a aceptar combates un par de meses. Ni siquiera las amenazas de ser revocado de su puesto que le lanzó Scott le fueron impedimento para tomar el primer vuelo matutino a la fría región del norte.

Noland fue el primero en poner el grito en el cielo, si él tenía un Articuno a su lado había sido por una casualidad fortuita del destino y de todos modos nunca lo usaba para pelear… con excepción de aquel chico que lo retó usando un Charizard. Se quejaba amargamente que ni siquiera los miembros de la ‘Elite Cuatro’ tenían a su disposición una plantilla de pokémon legendarios para combates normales. Pese a que el resto de los integrantes estaban de acuerdo, acordaron que más tarde se analizaría qué hacer y cómo cubrir el puesto vacío.

Con la ausencia del símbolo de valentía, Noland quedaba como el más fuerte del grupo, pero sentía aquel título vacío e inmerecido hasta que no se enfrentara a su rival de trabajo. Al regresar a su instalación, comenzó a aceptar los retos de mala gana y pasaba el resto del día en su fábrica construyendo baratijas para matar el tiempo. Preocupado por la situación, fue el viejo Spencer quien se hizo de tiempo para visitarlo.

—¿Aún te preocupa lo de Brandon?

—Intento no pensar en eso —respondió desganadamente puesto que no quería tocar el tema.

—Ya sabes lo cabezota que puede ser, cuando se propone algo no le importan las consecuencias para lograrlo… y a veces esa no es la mejor opción —murmuró mientras pasaba sus largos dedos por entre su barba—. Piénsalo así, puede que Brandon logre su objetivo y se vuelva el Cerebro… no, el entrenador más poderoso de la región…

Aquel pensamiento sólo enfermaba más al fortachón, que en lo más profundo de su ser, le tenía algo de envidia por sus logros en batalla.

—Y piensa también en todo lo que ha tenido que sacrificar para lograrlo.

Intrigado, Noland le preguntó a qué se refería. El anciano sólo sonrió y se sentó plácidamente mientras contemplaba la maquinaria de la fábrica.

—Puede que ahora no lo entiendas, todavía te quedan varios años por vivir, pero cuando tienes mi edad comienzas a preocuparte menos por el número de victorias y tu reputación y más por otras cosas como la salud, los amigos, la familia… Ojalá Brandon logre darse cuenta de eso…

Había algo en la frase del viejo que sentía que no había soltado así por las buenas. Ahora que recordaba, ¿no había dicho Brandon hace muchos años que tenía una mujer en Sinnoh? Nunca más la volvió a mencionar, hasta donde recordaba. También estaba el hecho que cuando les daban vacaciones, casi todos aprovechaban el tiempo para descansar de las peleas y se daban el lujo de viajar a alguna ciudad a pasear o a ver a la familia. Brandon siempre permanecía en la pirámide.

—¿No tienes a algún amigo o pariente que viva cerca? —Preguntó Spencer. Sorprendido, sólo contestó que sus padres vivían en una casa de campo en Hoenn pero que el acceso a la zona no era fácil y que no podía arriesgar a Articuno para viajar hasta allá. Siguió haciendo memoria…

—Uno de mis tíos vive aquí en Kanto… umm… Pueblo Paleta, creo recordar.

—¿No es de ahí de donde viene el chico con un Pikachu que nos derrotó? Vaya memoria la mía… ¡Ah, sí! Se llamaba Ash.

Noland sonrió ante la posibilidad de encontrarse con el muchacho y retarlo a otro combate.

—Ve. Yo le diré a Scott que estás enfermo si me llega a preguntar por ti; aunque no te tomes demasiados días que si no mandarán traer a un cura —dijo riendo—. Necesitas pasar menos tiempo entre estos cacharros y más con la gente. No uses el avión o todos se darán cuenta de tu ausencia.

Entonces, alegremente salieron de la instalación con el objetivo de ir a cenar a un puesto de fideos cercano.

—Y quien sabe, a lo mejor y hasta te encuentras una novia en el camino.

—¡Oiga, viejo verde, no se ande reflejando en mí!

Tras un momento de silencio, echaron a reír y continuaron su marcha.


Por la mañana, se puso una gabardina y lentes para tomar un autobús que iba de Ciudad Celeste a Ciudad Verde; Pueblo Paleta no quedaba tan lejos de ahí y montando en Rhyhorn sería aún más rápido. Al llegar, le sorprendió lo tranquilo y pintoresco que era el pueblo, nada que ver con lo estridente y artificial de su área de trabajo; había árboles por doquier y algunos pokémon como Rattata y Pidgey iban de un lado a otro de las callecitas empedradas y angostas del lugar. De no ser porque se había olvidado de llamar a su tío para que le diese la dirección de su casa, se hubiese sentido muy relajado.

Suponiendo que en un pueblo tan pequeño todos debían conocerse, decidió que preguntaría a la primera persona que pasara. No tuvo que esperar mucho para ver a una joven mujer acercarse con una bolsita de mandado y un Mr. Mime haciéndole compañía.

—Ah… Disculpe… —tartamudeó—, buenos días, ¿sabrá donde vive la familia Trupper?

La mujer se detuvo y le regresó el saludo. Le explicó que la casa no estaba muy lejos de ahí, que sólo debían caminar unas cuantas calles a la derecha y de ahí subir.

—¿Gusta que lo acompañe?

—Eh… no deseo echarle a perder su día, creo que podré dar por mi cuenta.

—No será molestia, de todos modos debo pasar por ahí para llegar a casa.

Aquella mujer llevaba puesto un vestido naranja con estampado de flores, zapatos blancos de modesto tacón y un sombrero de paja de ala ancha. Posiblemente fuese de mala educación pero Noland calculó que no tendría más de treinta y cinco si no era que treinta a secas.

Claro estaba el hecho de que era una mujer muy guapa; aunque el sonrojo era de pensar que el viejo Spencer se estaría riendo de él y diciéndole “te lo dije” mientras lo picoteaba con su bastón.

Para agradecer la compañía, se ofreció a cargar sus bolsas de mandado, aunque el primero en protestar fue el pokémon que les seguía. Le explicó que a veces el “señor mime” podía ponerse algo ‘celoso’ cuando otros trataban de ayudarle con las labores domésticas.

¿Eh? ¿Estaba poniendo celoso a un pokémon? Seguramente hasta Anabel se reiría de él si le llegaba a comentar. Le vino una brillante idea a la mente: no sería ni él ni Mr. Mime, sacó a su Machamp y en cada uno de sus brazos sostuvo las bolsas. Al pokémon acompañante no le quedó de otra más que cruzarse de brazos y seguir el paso.

Al llegar a la residencia tocó el timbre pero nadie abrió la puerta. Intentó asomarse por la ventana pero todo se veía bastante cerrado.

—Posiblemente hayan salido de viaje —comentó la mujer—, creo recordar que tienen familia en otros lados y de vez en cuando van a verlos.

—Supongo que fue a ver al viejo… ah… y saber que vine desde lejos para nada, debí haber hablado por teléfono antes.

—Bueno, para que su viaje no haya sido completamente en vano, ¿qué le parecería si me acompaña en la comida? Al menos regresará a casa con el estómago lleno.

Casi se le cae su gorro por la sorpresa, no se esperaba esa clase de amabilidad, juraba que esa clase de encuentros fortuitos sólo pasaban en las telenovelas.

—Se-señorita, de… ¡de verdad que no deseo causarle molestias! Ha sido muy amable en guiarme hasta aquí y no puedo abusar de tanto.

—¡Claro que no es ninguna molestia! La verdad es que no siempre tengo compañía y últimamente el buen Oak ha estado bastante ocupado con sus investigaciones —ese apellido le sonaba… ¡Por supuesto! ¡El famoso investigador Samuel Oak tenía un laboratorio en Pueblo Paleta! Parecía ser que su viaje iba a ser de más provecho de lo que pensaba. Había una pequeña posibilidad de que el viejo le diese el paradero de Ash.

Pero la invitación ciertamente no la podía rechazar.

Siguieron andando casi a las afueras del pueblo hasta llegar a una modesta casita de madera con un gran jardín y rodeada de mucha vegetación. Al abrir la puerta, la mujer se giró a ver al Cerebro de la Frontera.

—¡Oh, qué descortesía la mía, mi nombre es Delia!

—¡No, no! —Rectificó increíblemente apenado— ¡La descortesía es mía! ¡Noland, a sus órdenes!

Al pasar, Delia le pidió tomar asiento en la sala. Pensó en ganar algunos puntos a su favor ofreciéndose a hacer la comida, pero recordó que de no ser por su asistente hace años que se hubiese muerto de hambre. La mirada casi asesina de Mr. Mime tampoco lo animaba mucho. Para alguien como él que siempre andaba activo haciendo cosas, la situación era un tanto molesta. De pronto, oyó algo similar a una queja.

—Cielos, olvidé pasar con el afilador, este cuchillo ya casi no corta.

Viendo la oportunidad de ser útil, llamó a su Sandslash para que cortara toda la verdura en un instante. Delia sólo sonrió diciendo que necesitaba conseguirse un pokémon de esos, haciendo que Mr. Mime echara chispas.

Después de un rato, el aroma le dejó en claro que la comida estaba lista; eso sí, él se ofreció a servir los platos en la mesa. Con sólo probar el primer sorbo de sopa, Noland casi llora de felicidad, jamás había probado comida casera tan rica y hacía tanto tiempo que no estaba en casa que ya no recordaba los guisos de su propia madre.

Eso lo hizo sentirse algo triste en el fondo.

Delia era quien llevaba la conversación: le platicaba sobre lo tranquilo que era el pueblo y sus alrededores, de la gente y los pokémon. Las palabras de aquella bella dama le infundían una sensación de paz y tranquilidad que no había sentido en años; ciertamente su labor era muy demandante. Entonces ella le preguntó si era entrenador por la clase de pokémon tan poderosos que llevaba consigo.

—Algo así, soy más bien como una especie de Líder de Gimnasio; en realidad, soy un Cerebro de la Frontera, de la Fábrica de la Batalla de la Frontera, cerca de Ciudad Celeste.

Pensó que decir aquello de modo serio e intrigante le valdría una buena expresión de asombro y que con algo de suerte vendrían más preguntas acerca de su persona —si cabía suerte hasta le preguntaría por su número telefónico—. Lo único que recibió fue una mirada cavilativa.

—Batalla de la Frontera… umm… me suena… ¡Ah! Entonces usted ya perdió ante mi hijo.

Al pobre Noland se le cayó el bocado en ese instante.

—¿Perder? ¿Hijo?

¡Momento! ¿No significaba eso que…? ¡No, imposible! Su cerebro se negaba a asimilar que aquella joven doncella era en realidad la madre de…

—Recuerdo que Ash estaba muy entusiasmado al enseñarme el certificado que le habían dado, aún sigue colgado en su habitación.

—¡Pero si usted es muy joven como para ser seño…! ¡No, momento! ¡Lo que quiero decir es que no me imagine que…! ¡No, aguarde! ¡A lo que me refiero es que…! ¡¡Ah, lo siento, lo siento!! —Terminó por gritar bajándose la gorra para ocultar su rostro de vergüenza. Delia sólo sonrió cortésmente y comentó que la mayoría de la gente siempre se sorprende y que ya se había acostumbrado a tomarlo como halago.

Lo que Noland no se tomó tan bien fue la casi insonora risa burlona que sólo podía venir de Mr. Mime.

Rápidamente, Ash se convirtió en el centro de la conversación: Noland comentaba con pasión el gran enfrentamiento que tuvieron y cómo Ash logró ganarle por un margen muy pequeño, mientras que Delia platicaba con mucho orgullo a resumidas cuentas de todos los lugares por los que su hijo había viajado, de los amigos que había hecho y sus pokémon capturados. Todo aquello le hizo regresar a su infancia, cuando al igual que aquel niño aventurero él mismo emprendió un viaje por toda la región de Hoenn obteniendo muy buenos resultados en la Liga sin haberse coronado campeón; cómo después se fue centrando más y más en combates contra entrenadores y poco menos en su viaje; el cómo eso mismo le hizo sentir que había perdido un poco el sentido aventurero; que fue por aquel entonces que descubrió su amor por la mecánica, mismo que lo llevó a construir su propio avión y que, gracias a ello, terminó encontrándose a su amigo Articuno.

Y luego entonces, el cómo su vida había dado un giro de ciento ochenta grados cuando le ofrecieron el puesto de Cerebro de la Frontera y tuvo que resignarse a pasar casi todo el tiempo en la fábrica, dejando un poco de lado las pasiones que lo habían llevado hasta donde estaba.

—¿Disculpe, se encuentra bien?

—¿Ah? ¡Oh, lo siento! Por favor, no crea que no le estaba prestando atención, es sólo que he recordado un par de cosas —se quedó un instante callado, meditando—. Sabe, yo creo que Ash tiene mucha suerte de tener a una madre como usted que se preocupa tanto por él… ¡Y que además cocina delicioso!

—No diga eso, que me sonrojo —por supuesto, verla así lo hacía sonrojar más a él—. Ash es… la persona más valiosa que tengo en el mundo, es mi tesoro y mi orgullo. Y a pesar de que siempre está de un lado a otro viajando… sé que no está solo porque él tiene el don de hacer amigos fácilmente, humanos y pokémon. Y mi cariño siempre estará con él.

—Debe ser hermoso tener a alguien que siempre estará velando por ti y el apoyo de mucha gente siempre deseándote lo mejor —ese fue el instante en que creyó comprender las palabras de Spencer.

—Pero yo estoy segura que también debe tener gente que se preocupe por usted: amigos, familia… quizá una persona especial.

Noland sólo se puso de mil colores por la afirmación.

—Eh, bueno… mis padres viven algo lejos y sólo veo a mis compañeros de trabajo un par de veces al año… el puesto es muy absorbente y no me queda tiempo para… ah… cielos…

—Yo creía que usted era casado.

—¡Ah, no! ¡Por supuesto que no! ¡Si yo estoy disponi…! ¡No, no! ¡Lo que quiero decir es que…! ¡¡Lo siento, lo siento!! Es que no estoy acostumbrado a esta clase de conversaciones, no crea que quiero ocasionarle ningún inconveniente a usted o a su marido.

—¿Marido? Ah, no… verá…

¡Ahora sí que había metido la pata! Ser aplastado por la pirámide de Brandon sonaba menos doloroso que el castigo infernal que le esperaba por haber importunado a su bella comensal.

—¡No necesita explicarme nada, señorita… eh… señora! —¡Oh, el dolor! ¡El dolor!— Ni a mí ni a nadie le debe explicaciones… ¡Usted es una magnífica persona, amable y esplendida y… eh…!

Delia sólo seguía sonriendo de lo simpática y curiosa que le resultaba la escena. Noland no se había percatado que se había pues de pie poniendo una pose casi heroica y al notarlo, sólo se sentó apenado como nunca.

—Cualquiera daría lo que fuese por poder luchar por el cariño que alguien como usted puede dar —musitó, pero no suficientemente bajo como para que la madre de Ash no escuchase eso y sus mejillas se encendieran por un instante.

El instante de silencio dejó en evidencia el sonido de la radio que ya habían olvidado que encendieron para amenizar la comida. Y hasta el más inculto en cuestiones musicales se hubiese podido percatar de lo romántica que sonaba la melodía de fondo que estaban pasando.

—Perdone… yo…

Lo que iba a decir Noland fue interrumpido por la repentina estática que comenzó a generar el aparato.

—Oh cielos, por fin ha terminado de romperse. Ya tenía sus añitos, fue de las primeras cosas que compré cuando nació Ash.

El Cerebro de la Frontera comenzó a reírse… ¿De dolor? ¿De frustración? ¿De locura?

—¡Ja, una radio no es rival para el maestro de las composturas!

De a saber dónde, se sacó un juego de destornilladores y llaves; y corrió hasta la radio, la abrió como si fuese cortar mantequilla y en unos instantes quedó como nueva.

Los ojos de Delia brillaron con intensidad; después de todo, no todos los días te caía un mecánico fortachón del cielo. Cuando Noland volteó y vio esos ojos centelleantes, sintió un millar de Butterfree en el estómago y que el cuadro hogareño había sido sustituido por uno de esos paisajes de novela que empezaban con un: “Había una vez, un bello lugar donde el sol brillaba y los Pidgey trinaban”.

—Ah… disculpe… yo… No sé cómo expresar esto… sé que es muy repentino y que apenas nos acabamos de conocer pero… Cielos, me da mucha pena decirlo, es que…

No le importó en lo absoluto lo que estaría diciéndole Spencer o la cara que Tucker pondría viendo la escena; él sólo soltó la voz más galante que pudo para decirle que le pidiese lo que fuese, mientras que su corazón se aceleraba más que el motor de su avión.

—¿Podría arreglarme el tubo del lavabo? Es que el fontanero no ha podido venir y es molesto estar trapeando cada que abro la llave.

Bueno… no era lo que esperaba, pero era lo menos que podía hacer por ella.

—Y ahora que lo pienso, también tengo un pequeño problema con la llave de la ducha, la manguera del jardín, el motor del cortacésped y… bueno, esa gotera en la recámara…

Antes de poder decir más, Noland ya se encontraba armado hasta los dientes con todas las herramientas que iba a requerir —incluyendo una escalerilla— y se puso en marcha para dejar la casa lo mejor posible.

—Vaya, qué hombre tan más atento.

Y así pronto cayó la noche. Agotado, se tumbó en el sillón en lo que la señora de la casa terminaba de preparar la cena; ésta pasó sin ningún inconveniente digno de contarse y, al terminar, le ofreció quedarse en la alcoba de su hijo; después de todo, el pueblo era muy pequeño y no existían posadas u hoteles cerca. Al entrar a la habitación, lo volvió a invadir la nostalgia de sus días de juventud, cuando las cosas eran mucho más sencillas. Se dejó inundar por aquel sentimiento de bienestar y calidez antes de caer completamente dormido.
 



Por la mañana, se despertó mucho antes para poderse preparar algo acorde a sus capacidades culinarias: un pan tostado y un té de sobre. Para cuando Delia despertó, él ya había terminado y lavado sus platos. Aunque ella le ofreció quedarse por más tiempo, tuvo que rechazar el ofrecimiento ya que debía regresar al trabajo. Le agradeció por su generosidad y también mencionó que no era necesario ni esperar por su tío ni ver a nadie más en el pueblo ya que esa breve estancia le había dado lo que necesitaba. Aunque no entendió a qué se refería, a ella le dio gusto que así fuese y se despidió de su improvisada visita.

—¡Ah, tenga! Es el número de la casa, por si algún día necesita regresar a Pueblo Paleta; yo lo esperaré con gusto.

Noland no pudo hacer mucho por disimular sentirse como un adolescente llegando a primera base y agradeció apenado aquel buen gesto. Antes de que le ganara el sentimiento, se volvió a montar en Rhyhorn para encaminarse a Ciudad Verde.

Durante su viaje en el camión que lo dejaría cerca de la fábrica, no dejaba de pensar que en algunos meses Brandon regresaría con su nueva captura y el ferviente deseo de pelear con él. Tal vez en ese pequeño lapso él no podría capturar a un pokémon tan poderoso o llevar a sus leales compañeros a sobrepasar los límites de sus capacidades. Tal vez perdería, pero una cosa sí tenía segura… lucharía sin igual, del mismo modo que tiempo atrás había peleado con Ash y que, al igual que aquel chico de cabello encrespado, lo haría sintiendo esa pasión por la lucha y con el anhelo de recordar la bella sonrisa de alguien que siempre se preocupa por ti…

También, que no sería tan malo para darse su tiempo y poder ver a sus compañeros de trabajo de vez en cuando para platicar y esas cosas.

Y, tal vez, verla a ella de nuevo.



* En el anime la Batalla de la Frontera se encuentra en Kanto en vez de Hoenn.


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Esta historia la escribí hace ya tiempo para una actividad de shipping con dados y estos fueron los que me salieron. Al final la historia de romántico no tiene nada pero quedé super satisfecha con el resultado
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#2
Pobre Noland jajajajaja, no sé, algo me dice que Delia lo entretenía con tantas cosas a ver si éste se animaba a dar un paso. Y ya vimos que no. 

A mí se me hizo lindo, más en onda de pensar en cosas importantes y menos en romance. Pero lindo dentro de todo.
[Imagen: EdovJGiXkAYqwp4.jpg]
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#3
Está adorable. Aparte, me pareció algo chistoso que la única forma en que Noland recuperó la cordura fue haciendo trabajos de reparación.
Rompe mi armadura si quieres. Al final, terminarás arrepintiéndote de hacerlo...
[Imagen: IIhG3l7.gif]
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