Colección- Relatos Lunares

Extension largaColección
FranquiciaCoregames
Género
Resumen

Historias ambientadas en el Moonverse.

#1
[Imagen: ico_shuffle_260.png]             Este Inocente Juego Nuestro  [Imagen: ico_shuffle_282.png]
 

Las historias de amor de muchos comienzan con lo más típico: una declaración. Un regalo. Una cita. Un beso. Cualquier otra muestra de afecto.
 
“¡Al fin un Ralts! ¡Ahora podré tener uno como el de Wally!”
 
¿La nuestra? Bueno, la nuestra comenzó con una simple persecución. El maestro te envió para asegurarte de que no pudiese huir. Yo, por supuesto, no iba a hacértela fácil.
 
“¡Ve tras él, Mudkip! ¡No dejes que escape!”
 
Me perseguiste un largo trecho a través de la hierba, hasta que no di más de mí. Si bien mis poderes mentales me ayudaban a levitar, mi mente y mi cuerpo no estaban lo suficientemente desarrollados para hacerlo durante prolongados períodos de tiempo. Eventualmente me hallé sin salida, por lo que me vi forzada a pelear. Estaba lista para darte con todo lo que tenía cuando tus palabras me confundieron.
 
“¡Oye! ¡Eres una chica!”
 
“Eh...¿Sí?”
 
“¿Por qué no me dejas alcanzarte?”
 
“¿Porque...quiero ser libre?”
 
“Ji, ji, ji, eres muy tierna.”
 
Tu comentario hizo que me ruborizase. Nunca nadie antes me había dicho algo así. Muerta de la vergüenza, oculté mis ojos bajo mi espeso cabello verde, llevándome ambas manos a la boca.
 
“¿Te encuentras bien?”
 
“...”
 
Entonces llegó el maestro corriendo, deteniéndose justo detrás tuyo con visible preocupación en su rostro.
 
“Creí que no lo alcanzaríamos. ¡Muy buen trabajo, Mudkip! Ya lo tenemos.”
 
Intenté defenderme, pero tus ataques de agua eran demasiado potentes. Indefensa, y viendo que mi ataque más fuerte era Gruñido, no me quedó otra opción más que dejarme atrapar. En cuanto fui capturada con aquella extraña esfera que emanaba luz, el maestro me llevó a aquel al que los humanos llaman “centro pokémon”. Tras ser curada con la tecnología de aquel edificio, fui sacada de aquel curioso dispositivo. Él y tú me veían alegres, dispuestos a ofrecerme su amistad.
 
“Vaya. De acuerdo con el escáner de mi pokédex es una hembra...bueno, no importa. ¡Hola, pequeña! No te asustes. Soy tu nuevo dueño. ¿Quieres acompañarme a mí y a Mudkip en nuestro viaje para hacernos más fuertes?”
 
Temía contestar que no y ser castigada por ello. Y fue entonces cuando volviste a hablarme.
 
“Ey, no llores. ¡No te pasará nada!”
 
“¿Cómo puedes asegurar eso? ¿Por qué crees que nada malo me pasará?”
 
“Porque...yo cuidaré de ti.”
 
Mi corazón latió con fuerza. Mis llorosos ojos se abrieron de par en par, asomando por debajo de mi cabello.
 
“¿L-lo dices en serio?”
 
“¿Por qué no lo haría? ¡Me caes bien!”
 
Y así comenzó mi viaje junto a ti. Como en un principio era muy débil para combatir, el maestro casi nunca me sacaba a la hora de luchar, y solo lo hacía cuando se trataba de una batalla doble. Me sentía como una inútil al no poder asistirte en el campo de batalla, especialmente cada vez que recibías un ataque poderoso por mí.
 
“¡¿Por qué hiciste eso?!”
 
“Lo siento. Es que...no quería que te hiriesen, eso es todo.”
 
“¡Un día de estos terminarás muerto! ¡Debes dejar de lanzarte sobre los movimientos dirigidos hacia mí! No tengo miedo a sufrir daño.”
 
“Lo sé. Pero aun así quiero que estés bien.”
 
Me sonrojé una vez más, y decidí no seguir reprendiéndote. Continuamos con nuestro viaje, con el maestro sacándote para pelear por y conseguir su primera medalla de gimnasio en Ciudad Férrica. Al poco tiempo, y mientras perseguíamos a un delincuente que supuestamente había robado unas piezas muy importantes para una compañía, evolucionaste en un Marshtomp. Te veías más fuerte, más seguro de ti mismo.
 
“Ahora podré cuidarte mejor.”
 
“¡Ja, ja, ja! Ay, ya basta, tontito. Deja de hacer que me sonroje.”
 
“¿Por qué? Te ves bonita así.”
 
Al cabo de un día llegamos a Pueblo Azuliza. Tras buscar a un hombre extraño en una cueva para entregarle una carta a pedido de su padre, capturar a un terco Makuhita y descansar en el centro pokémon del pueblo, el maestro me escogió para combatir contra todos los entrenadores que se hallaban en el gimnasio de la ciudad. En el proceso, y habiendo experimentado combates muy reñidos, aprendí un nuevo movimiento: Confusión. Con él conseguí alzarme victoriosa sobre el duro y  Makuhita del líder del establecimiento. Y justo cuando me sentía imparable, lo que menos me esperaba sucedió: evolucioné en una Kirlia.
 
“Bueno, ahora ya no tendrás que preocuparte por mí.”
 
“¿Bromeas? Nunca dejaré de preocuparme por ti. Te hice una promesa y pienso cumplirla.”
 
“Ay, ¿Por qué eres tan bueno conmigo? En fin, ahora hay algo que quiero que hagas por mí.”
 
“¿Ah, sí? ¿Y qué es?”
 
“¡Atrápame si quieres protegerme!”
 
Y una vez más te vi persiguiéndome, justo como quería que hicieras y por la playa de Ciudad Portual, con nuestro maestro divirtiéndose al vernos mientras descansaba en una banca cercana.
 
“¡No se alejen mucho, chicos! Solo compraré unas cosas aquí y luego nos iremos.”
 
Esta vez te resultó mucho más difícil que antes, puesto que aún no te acostumbrabas a tus nuevas y rechonchas patas traseras. No pasó mucho tiempo antes de que te desplomases sobre el suelo, agotado y rendido. Mis poderes de levitación habían mejorado gracias a mi reciente transformación.
 
“Ji, ji, ji. Podrás haberte vuelto más fuerte, pero yo sigo siendo más rápida.”
 
“¡No es justo! ¡Tú puedes volar! ¿Por qué eres tan mala conmigo?”
 
“Bueno, no es mi culpa si no sabes mantenerme el ritmo.”
 
“Muy graciosa. Pero algún día lo haré. Ya lo verás.”
 
Horas más tarde atravesamos una larga y tediosa ruta repleta de abundante vegetación, donde el maestro halló a su vecina y amiga esperándole. Una visión del futuro me hizo sonreír al mostrarme que eventualmente terminarían siendo algo más. Tras un arduo y vertiginoso combate en el que salimos victoriosos, el Grovyle de la muchacha comenzó a cortejarme.
 
“Unas bellas rosas para la bella dama.”
 
“Oye pesado, ya déjala. ¿No ves que estás asustándola?
 
“No te metas si no quieres probar la punta de mi Hoja Afilada. Sé que no eres precisamente resistente a ella.”
 
“¿Me retas?”
 
“Ay, como sea. Mejor agradece que nuestros maestros nos vigilan.”
 
El número de medallas de nuestro maestro subió a tres. Luchamos codo con codo junto con Makuhita, ya evolucionado en un poderoso Hariyama, ayudándole a derrotar a numerosos y muy fuertes entrenadores. Y por fin, justo cuando estábamos a pocos kilómetros de llegar a Pueblo Pardal, evolucionamos una vez más, esta vez juntos.
 
“¡V-vaya!”
 
“¿Qué sucede?”
 
“¡N-nada! Es solo que te...¡Te ves muy apuesto!”
 
“¡Gracias!”
 
“¿Y qué opinas de mí ahora? ¿Cómo me veo?”
 
“Igual que una princesa.”
 
Mis mejillas se enrojecieron, y caí al suelo para taparme el rostro con ambas manos, soltando un grito ahogado al ver que no podía lograr que el rubor se esfumase. Te oír reír, satisfecho con haber logrado tu cometido.
 
“¿No te lo dije? Te ves bonita cuando te sonrojas.”
 
“¡CÁLLATE, CÁLLATE, CÁLLATE!”
 
Manectric. El Gran Latios. Absol. Nuestro equipo siguió creciendo. Nos aseguramos de que el maestro consiguiese las pocas medallas que le faltaban. Salvamos al mundo de un final inminente al derrotar y capturar al mismísimo y tirano señor de la Tierra, Groudon. Conseguimos la medalla de gimnasio de Arrecípolis. Y llegamos hasta Ciudad Colosalia, en donde antes de ingresar a la Calle Victoria me diste un regalo.
 
“¿Qué te parece? Admito que no es tan bonita como las de ese presumido, pero creo que te gustará.”
 
Tomé aquella bella amapola recién cortada con ambas manos para olerla. Embelesada por la dulce y almendrada fragancia que esta expulsaba, decidí colocarla sobre una de mis orejas. Te sonreí tanto sonrojada como feliz.
 
“No es bonita. Es hermosa. La cuidaré por siempre. Lo prometo.”  
 
Ganamos entre todos la Liga Pokémon, ayudando al mismo tiempo a Absol a consumar su venganza contra aquel que le había arrebatado su felicidad. Evitamos la inminente caída de un asteroide. Y durante los siguientes cuatro años apenas pudimos tomar un descanso para hablar y jugar juntos, participando en concursos y combatiendo contra nuevos y temibles oponentes, formando una dupla imbatible contra aquellos formidables líderes, aquellos que se hacían llamar “ases”. Hasta que una noche, cuando por fin tuvimos tiempo a solas disfrutando junto a los demás la tranquilidad que la luz de la luna y el bello sonido del oleaje del océano que llegaba hasta la costa de Ciudad Calagua, te hice una simple petición.
 
“Atrápame.”
 
“¿A-ahora? ¿Estás segura?”
 
“Sí, vamos. Por los viejos tiempos.”
 
Me perseguiste por toda la costa. Ahora que podías correr nuevamente en cuatro patas te habías vuelto más veloz, más ágil. Incluso llegó un punto en el que estuviste así de cerca de atraparme. Asustada y a la vez entusiasmada, aceleré con mi poder psíquico para poder dejarte atrás, hasta que me detuve cerca de un risco, imaginándome a salvo y sin poder verte por ninguna parte. Grave error.
 
“¡TE ATRAPÉ!”

“¡SWAMPY, ESPERAAAAAAAAH!”
 
Te abalanzaste sobre mí, haciéndonos caer abrazados y logrando que ambos nos diésemos un chapuzón de medianoche para mi incomodidad. Mientras nos sumergíamos en lo más profundo del lecho oceánico sentí como el oxígeno abandonaba mi cuerpo, con el agua ingresando a mis pulmones y mis oídos empezando a zumbar. Debía de hacer algo si quería salvarme de la presión del agua, así que con mi fuerza de voluntad canalicé mi energía psíquica para formar una burbuja rosada alrededor de mi cabeza, que me devolvió el aire al instante. Me volteé a verte con el ceño fruncido. Estabas a punto de disculparte conmigo cuando estallé en carcajadas.
 
“Lo siento. En serio no pensé...”
 
“¡JA, JA, JA, JA, JA! Ay, eres todo un tonto. Pero...supongo que al fin me ganaste.”
 
“Tal vez sea más lento, pero nunca me doy por vencido.”
 
Giré la cabeza hacia ambos lados, mirando a nuestros alrededores. Allí no había nada más que el silencio del mar azul oscuro, iluminado por los rayos lunares que se filtraban desde la superficie. Un cardumen de Luvdisc empezó a rodearnos mientras mi corazón volvía a latir con fuerza, entonando un romántico cántico. El cuerno en mi pecho y espalda se iluminó, emitiendo una débil pero notable luz rojiza.
 
“Déjame compartir mi oxígeno contigo.”
 
“Pero si puedo respirar bajo...”
 
Deshaciendo la burbuja, traje en un vertiginoso y preciso movimiento tu cabeza hacia la mía, besándote en la boca. Vi como tus ojos se cerraban lentamente, al mismo tiempo que rodeabas mi cintura con tus patas delanteras. Mi cuerno chocó contra las duras e impenetrables escamas grisáceas de tu torso, sin siquiera hacerles ni un rasguño.  
 
Sabías que esto terminaría así, ¿Verdad? Me había hecho a mí misma la promesa de no leer ni tu mente ni la del maestro, pero debí haber supuesto que eso era lo que pensabas. Tantos años protegiéndome, siendo cariñoso conmigo, ayudándome a superar mi timidez...es gracioso, ¿No es así? Pensar que pude ver el hermoso futuro que mi maestro tendría...pero no pude llegar a prever el mío. La mente de un pokémon psíquico y el futuro siempre obran en formas misteriosas.
 
Con ese simple beso sellamos nuestro amor. El brillo en mi cuerno creció, iluminando más de una legua submarina. Mi mente se sentía más clara que nunca. Millones de voces comenzaron a ser detectadas por mi cerebro. Y comprendí que ahora podía escucharlos a todos. Podía escucharlo todo. Cielo. Tierra. Mar. Y también a ti. El mundo parecía encontrarse finalmente en perfecta armonía.
 
“Puedes sentirlo, ¿Cierto?”
 
“¿Qué cosa?”
 
“Ya no hay distancia entre nosotros. Ya no tienes que atraparme. Ahora...somos uno.”
 
“...Sí.”
 
Naturalmente llegó un punto en el que me quedé sin aire. Impulsándonos con la fornida aleta de tu cola y con tus patas, me llevaste de nuevo hasta arriba para que pudiese toser el agua almacenada dentro de mí, pudiendo volver a respirar. En cuanto terminé de inhalar y exhalar, volví a besarte como si no hubiese un mañana. Ninguno de los dos podía negar lo que sentía. Mi cuerno se encendió una vez más, y por un instante temí que mi corazón llegase a salirse de mi pecho a causa de la emoción y de la adrenalina que me dominaban. Reí en mi cabeza al escuchar los pensamientos del maestro, quien nos observaba desde allí arriba con una sonrisa.

 
“Siempre supe que esos dos acabarían juntos.”

 
Varias lunas han ido y venido desde aquella mágica noche. Desde aquel mágico beso. Ahora que el maestro nos ha llevado con él y con nuestros amigos a una nueva región, acompañado de su pareja, hemos seguido entrenando y mejorando juntos, con la unión, el vínculo que nos une, completamente reforzado.

 
“¡¿Cuántas veces debo decirte que dejes de protegerme?! ¡No soy débil! ¡Ese Rayo Solar pudo haberte pulverizado!”
 
“Siempre puedo contar con mi rayo de sol para reanimarme.”
 
“...Aaaww, no puedo enojarme contigo. Solo...deja de hacerlo, ¿De acuerdo?”
 
“Sabes que nunca lo haré.”
 
“Y nunca dejaré de intentar que lo hagas.”
 
“Te amo.”
 
“También yo a ti.”
 
Mega Puño. Mega Patada. Gigaimpacto. Puño Hielo. Descanso. Te he compartido y enseñado todos esos movimientos. Junto a algunos otros...
 
“Ji, ji, ji. ¡Basta, compórtate! El maestro podría vernos...”
 
“Tienes razón. Lo lamento.”
 
“Ay, adoro cuando me pides perdón.”
 
“Lo sé.”
 
Nunca soñé con hallar el amor verdadero. Más ahora me doy cuenta de que es algo que había necesitado intensamente, sin saberlo hasta que lo recibí.
 
Soy Gardevoir. Y esta es nuestra historia, Swampert. Aquella historia que empezó con este inocente juego nuestro.
[Imagen: nDb2mjH.png]
   Pokémon Ragnarok
Dos entidades que nunca debieron ser despertadas de su eterno sueño volverán a encontrarse por última vez.
 0  0  1  0  0  0  0  0  0  0  0  0  0  0  1  0  0  0  0  0
Responder
#2
La cela, la golpea, la acosa y se la coge. Re tóxicas las relaciones fuera de los grupos huevo.

Está interesante la idea. Supongo que el resto serán sobre los demás.
Meri no encontré un buen gif del lobito así que toma dos mapaches.
[Imagen: HQQLgVO.gif]
 0  0  0  0  0  0  0  1  0  0  0  0  0  0  0  1  0  0  0  0
Responder
#3
                                   Policías Internacionales en Acción: Intercambio fraudulento

Mi nombre es Jayden Jackson, y soy miembro de la Policía Internacional. Llevo un poco más de diez años en este trabajo, y hago una dupla imbatible con mi leal amigo de la infancia, Gli. Mi compañera, Thelma Dodgson, me ha salvado la vida en más de una ocasión, y como hacemos buen equipo casi siempre trabajamos juntos.

Como somos de bajo rango dentro del cuerpo, y como gran parte de los departamentos de policía de varias regiones están repletos de corrupción, nuestra jefa Anabel siempre nos asigna los casos más mundanos y cotidianos. Y la verdad es que, en vista y considerando todo lo que presenciamos durante nuestra breve estadía en la Unidad Especial de Prevención contra Ultraentes, UEPUE para abreviar, así lo preferimos. Después de todo el salario sigue siendo bueno, al menos lo suficiente como para que pueda pagar la renta y las cuentas de la luz y el agua que nos permiten a Gli y a mí seguir viviendo en uno de los mejores hoteles de Ciudad Azafrán.
 
El día de la fecha fuimos llamados por la agencia a eso de las 20:20, hora del oeste. Anabel desea que investiguemos un reporte por parte de un muchacho originario de Ciudad Puntaneva sobre actividad sospechosa en su hogar. Será bueno para estirar las piernas, olvidar que he pasado otro día de San Valentín acompañado de nadie y regresar por aunque sea un rato a nuestra región natal.
 
Partimos de inmediato, montados en Gli. Esta noche el viento sopla suavemente, lo cual ayuda a que no tardemos mucho en llegar a nuestro destino. En cuanto nos aseguramos de que tenemos la casa y la dirección correctas, tomo lentamente mi pistola eléctrica mientras le hago señas a Gli, quien se encuentra retirando amistosamente los copos de nieve que han caído sobre mi abrigo, para que se prepare. Thelma se encarga de dar tres fuertes golpes a la puerta con su mano izquierda. Una voz masculina, claramente perteneciente a alguien muy joven, pregunta quién es desde el otro lado.
 
“¡Policía Internacional! ¡Abran ahora mismo o derribaremos la puerta!”
 
Escuchamos gritos ahogados y lo que suena como un forcejeo proviniendo del interior. Estoy a punto de ordenarle a Gli que utilice Gigaimpacto cuando Thelma me detiene, meneando la cabeza. Acto seguido la veo tomando la poké ball en su bolsillo para lanzarla al aire y hacer que se abra, materializando a Lola.
 
“¡Lola, usa Doble Patada!”
 
Lola no tarda en acatar la orden. Se toma un segundo para concentrarse y, tras haber pegado un gran salto digno de cualquier Lopunny, propina dos fuertes patadas sobre el objetivo, partiendo la puerta en dos y permitiéndonos ingresar a la residencia. La pareja de adultos jóvenes que esperábamos hallar se tira al suelo asustada en cuanto nos ven aparecer. Lola y Gli entran justo después de nosotros, permaneciendo a nuestro lado y gruñendo, el segundo abriendo y cerrando sus tenazas en forma amenazadora al mismo tiempo. Decido que esta vez seré yo quien tome control de la situación.
 
“¡Las manos sobre la cabeza! ¡YA MISMO!”
 
El chico de cabello verde y la chica rubia comienzan a discutir entre ellos mientras levantan las manos temerosamente. Si me dieran una moneda por cada discusión entre parejas con la que tengo que lidiar a diario sería más rico que el presidente de Devon S.A.
 
“¡Gracias al cielo! Estaba esperándoles, oficiales.”
 
“Mira en lo que nos has metido en pleno San Valentín. ¡¿Por qué tenías que involucrar a la policía en esto?!”
 
“¡PORQUE LO QUE HACES ESTÁ MAL, MINDY! ¡¿QUÉ NO LO ENTIENDES?!”
 
“¡CREÍ QUE ME AMABAS, PEDAZO DE TRAIDOR!”
 
“¡Y PORQUE TE AMO ES QUE HAGO ESTO! ¡TE HAS VUELTO UNA ARPÍA!”
 
“¿AH, SÍ? ¡¿QUÉ PASÓ CON ESO DE QUE TENGO UNA GRAN VITALIDAD Y QUE SOY ENCANTADORA?!”
 
“¡ESO FUE ANTES DE QUE TE CONVIRTIESES EN UNA ESTAFADORA!”
 
Thelma pierde por completo los estribos y les para el carro a ambos. No la culpo, en su lugar yo hubiese hecho lo mismo.
 
“¡SILENCIO LOS DOS! Recibimos un llamado por la cría y tráfico ilegal de Haunter con piedras eternas a modo de collar para evitar que evolucionen en Gengar al ser intercambiados. ¿Qué tienen que decir en su defensa?”
 
“¡Fue ella, oficial! Le aseguro que si revisan bajo su cama hallarán todas las poké balls con los Haunter capturados por ella, incluyendo las de los pokémon que ha robado a otros entrenadores por medio de los intercambios.”
 
“¡Cállate, idiota! ¡CÁLLATE!”
 
“Jayden, Lola y yo tenemos esto bajo control. Tú y Gli revisen donde él dice.”
 
Las palabras sobran. Contesto a Thelma asintiendo con la cabeza y me dirijo hacia la cama de metal con sábanas grises, con Gli ubicándose detrás mío. Intento correrla con ambas manos, solo para descubrir que es más pesada de lo que calculé. Reconociendo que mi esfuerzo es inútil, decido cortar por lo sano.
 
“Gli, dame una mano usando Fuerza, por favor.”
 
Gli gruñe contento, feliz de poder ayudarme. Valiéndose de sus dos gruesas tenazas voltea la cama, y no con mucha delicadeza, revelando un gran saco con una descomunal cantidad de poké balls, todas ellas etiquetadas con diferentes nombres y números. Perplejo, opto por tomar con mi mano derecha dos cápsulas contenedoras al azar para inspeccionarlas. La etiqueta en la zona roja de arriba de la primera lleva escrita “MEDICHAM”, mientras que la de la segunda reza “HAUNTER #093”. El comprobar que el chico ha dicho la verdad hace que comprenda la magnitud del caso que Anabel nos ha dado.
 
“¿Lo ven? ¡Se los dije! ¡Por favor, no me lleven a prisión! Prometo que testificaré en su contra y...”
 
“¡ERES UN MALDITO CANALLA!”
 
“Chico, por favor permanece con la boca cerrada. Nosotros nos encargamos a partir de aquí. Si quieres cooperar, haz lo que te decimos.”
 
“¡PERO SEÑORA, NO ENTIENDE, TENGO MIEDO! ¡SOY DEMASIADO JOVEN PARA IR A LA CÁRCEL, NO DURARÉ MÁS DE UNA...!”
 
“Lola, usa Patada Baja. Con suavidad, tú me entiendes.”
 
Lola, igual de irritada, obedece a la orden de Thelma. Con completo control de su pata derecha, propina una pequeña pero eficaz llave en el cuello del muchacho, tranquilizándolo y poniéndolo a dormir. Terminando de contemplar la evidencia, escojo aquel momento para darme la vuelta y encarar a nuestra culpable.
 
“Señorita, está usted consciente de que el código de intercambios de la Terminal Global de Ciudad Jubileo prohíbe estrictamente el intercambio de pokémon equipados con objetos que les fuercen a reprimir su etapa de evolución durante el proceso de intercambio, ¿No es así? ¿Comprende que podría terminar tres años en prisión por fraude y robo?”
 
“¡No pueden hacerme esto! ¡Iba a vender a todos esos pokémon en línea para poder pagar la hipoteca! ¿Es que acaso una chica no puede mantenerse a ella misma y a su novio?”
 
“No si quebrantas la ley para ello, niña.”
 
“Bueno, creo que ya tenemos tanto la evidencia como la confesión. Será mejor que nos acompañes.”
 
“¡NO, NO IRÉ A LA CÁRCEL! ¡HAUNTER, YO TE ELIJO!”
 
La joven se pone de pie y lanza rápidamente una poké ball que llevaba atada a su cinturón, liberando a un Haunter que nos mira con cara de pocos amigos. Oigo como Gli ruge desafiante a mi derecha con intención de protegerme, mientras Thelma se limita con todo el tiempo del mundo a correr con su mano izquierda su largo y liso cabello pelirrojo para revelar y tocar la brillante piedra activadora que usa como pendiente en su oreja. La noto desinteresada y decepcionada. Evidentemente esperaba poder resolver esto sin tener que recurrir a la violencia.

“Lola, mega-evoluciona y utiliza Patada de salto alta.”

Lola no pierde ni un segundo, y tras cambiar velozmente de aspecto gracias a la mega-piedra en su negro collar se abalanza sobre el Haunter para propinarle una fulminante patada con su pata izquierda e irradiando un aura blanquecina por todo su cuerpo, dejándolo fuera de combate. Su habilidad para poder tocar pokémon fantasma siempre nos ha sido de gran utilidad.

Aprovecho la oportunidad para esposar a nuestra rebelde sin causa en un veloz y preciso movimiento, asegurándome de que no pueda huir.

“Muy bien, de seguro ya sabes el resto. Tienes derecho a permanecer en silencio, todo lo que digas o hagas podrá ser usado en tu contra. Gli, toma el saco lo mejor que puedas y sígueme. Nos vamos.”

“Lola, ayúdame a cargar a Romeo mientras Jayden lleva a Julieta.”

Debido al impresionante peso de la evidencia, Gli ya no se encuentra en condiciones para llevarnos volando, por lo que no me queda otra más que regresarlo a su ultra ball. Debemos largarnos de allí de inmediato, y lo que menos quiero es tener que explicarle algo a alguien. Nos vemos forzados a contactar con la agencia para pedir trasporte. En menos de diez minutos uno de esos Aerodactyl entrenados pasa a recogernos. El colosal fósil viviente termina por dejarnos en la base de operaciones en un parpadeo para luego retornar a la pista de aterrizaje de la que partió originalmente para ir a buscarnos.

“Les agradezco que se hayan tomado la molestia de haber tomado y resuelto este sencillo caso. A partir de este punto Looker y yo nos encargaremos de llevar a esta joven a tribunales y de que todos los pokémon robados regresen con sus entrenadores originales. Ya pueden retirarse. Volveremos a ponernos en contacto en cuanto tengamos una nueva misión para ustedes.”

Salimos de la oficina para respirar un poco mientras nos sentamos en el comedor público y pedimos unos cafés cortados para llenarnos de vigor, cansados por el viaje. Sacamos a Gli y a Lola para que puedan relajarse en la terraza con vista al mar. El puro viento de montaña hace maravillas a la piel azul brillante del primero y al pelaje pardo y crema de la segunda. Es entonces cuando veo que Thelma se voltea a verme girando la cabeza, dispuesta a entablar una conversación.

“Fue bonito pisar Ciudad Puntaneva después de tantos años, ¿No crees?”

“Me hubiese gustado mucho más haber tenido tiempo para pasar por Ciudad Vetusta y visitar a mi madre. Ha estado volviéndose loca las últimas semanas desde que se reportó la desaparición de la Vieja Mansión del Bosque Vetusto.”

“¿Esa casa maldita otra vez?”

“Así es. Parece que se ha ido para siempre. Siempre supe que estaba embrujada. Recuerdo cuando Gli y yo pasamos cerca de allí cuando éramos niños. Nunca olvidaré el escalofrío que sentimos en cuanto tocamos la cerca.”

“Ahora que lo mencionas creo haber escuchado de pasada el asunto por televisión. Sospechan que la niña esa que le quitó el puesto de campeona a Cynthia tuvo algo que ver, pero no hay pruebas contundentes.”

“Le pediré a Anabel que me deje investigarlo. A propósito, y hablando de familia, ¿Cómo está tu padre?”

“Algo mejor desde el trasplante de riñón. Debiste ver la sonrisa que puso al decirme que la operación fue exitosa. Ahora podrá ir al baño sin sentir que morirá si no lo hace cada dos por tres.”

“Bueno, es un alivio.”

Cabizbajo, desvío la mirada para contemplar lo oscuro que es mi café dentro de mi taza. No necesito alzar la vista para saber que Thelma me observa preocupada. Nos conocemos tan bien que sé perfectamente lo que va a preguntarme a continuación. Y ella, en cierta forma, sabe que yo lo sé.

“¿Y cómo has pasado el día de...ya sabes?”

“Miserable, como todos los años. Mi madre piensa que debería dejar el cuerpo. Que debería sentar cabeza. Quizás con esa vecina de Kalos que se muere por presentarme. ¿Y tú qué tal?”

“De la misma forma. Brad ha intentado ponerse en contacto conmigo, pero le he rechazado las llamadas. El cerdo cree que volveré corriendo a sus brazos después de cómo se comportó durante la cena de fin de año. Pero bueno, al menos tengo a Lola haciéndome compañía, así como tú tienes a Gli.”

“¿Cómo es que nunca terminamos siendo novios, Thelma? Tenemos tanto en común que podríamos pasar una vida entera haciendo una lista de similitudes para hallar e identificar alguna diferencia.”

“Supongo que tuvimos suerte, Jayden.”

“¿Suerte de qué?”

Ella me sonríe alzando su taza con su mano izquierda, invitándome a hacer un brindis.

“Suerte de tenernos como los grandes amigos que somos. En fin, ¡Por nosotros y por todos los solitarios en este planeta! ¡Hombre, mujer o pokémon!”

No puedo evitar devolverle la sonrisa. Alentado por su invitación, acepto gustosamente levantando mi taza y chocándola con la de ella.

“Por nosotros y por todos los solitarios en este planeta.”

Y tras beber nuestros cafés y pagar la cuenta, abandonamos juntos el cuartel general con rumbo a nuestros hogares, acompañados de nuestros pokémon y dando otro monótono y odioso San Valentín por concluido. Más creo que lo acontecido hace unas horas nos ha dejado una interesante lección: A veces es mejor estar solo que mal acompañado.
[Imagen: nDb2mjH.png]
   Pokémon Ragnarok
Dos entidades que nunca debieron ser despertadas de su eterno sueño volverán a encontrarse por última vez.
 0  0  1  0  0  0  0  1  0  0  0  0  0  0  0  0  0  0  0  0
Responder
#4
El primer relato me hizo recordar mucho a mgx0, un artista que hacía bastantes pics de Swampert x Gardevoir. La verdad es que me trae nostalgia por ese lado, y por el otro, es que esos dos pokémon son mis favoritos de Hoenn y de mis favoritos en general. Es adorable verlos en una relación donde no pueden procrear, pero de igual forma dan todo por cuidarse las espaldas.

Y el segundo, lo puedo resumir de la mejor manera posible...


En serio, fue de lo más satisfactorio ver a esa condenada mujer de Snowpoint siendo puesta en prisión por verle la cara de idiota a muchos jugadores del mundo, y que su amante sea una referencia a aquel reciente arresto por vender pokémon en línea, no tiene precio.
Descansa. Hasta que nos volvamos a ver...
[Imagen: SwCanxx.png]
 0  0  1  0  0  0  0  0  0  0  0  0  0  0  0  0  0  0  0  0
Responder
#5
                                     La Lealtad de un Dragón  

Nací en lo más profundo de un volcán un veintisiete de febrero. Mi madre, una orgullosa Charizard, me enseñó desde muy pequeño que el mundo era un lugar frío y cruel, y que si quería sobrevivir debía siempre tener presente que era cuestión de matar o morir. Que mi padre había cometido el terrible de error de no verlo de esa forma.

Nunca terminé de compartir aquella visión suya. Ni siquiera el día en el que la perdí.

Ocurrió una mañana fría y tormentosa. Aún dormíamos dentro del nido, cuando de pronto el cielo fue iluminado por un incandescente brillo, y una enorme ave de fuego descendió desde las alturas, desafiando a mi madre por el control de aquel inactivo volcán. Ella luchó fieramente, pero eventualmente cayó rendida de la montaña ante su temible Poder Pasado, siendo sepultada viva por titánicas rocas.

Apenas tuve tiempo para despedirme de ella antes de que la llama de su cola y la luz en sus ojos se extinguiesen, con su última petición siendo el que me fortaleciese. Pasé días enteros llorando su pérdida frente a su cadáver, desnutrido, solo y a merced de los Spearow salvajes que venían cada tanto a arrancar y robar trazos de su cuerpo. Hasta que una noche, en plena lluvia, el primer humano que había visto en toda mi vida, se acercó a mí con un paraguas y me alzó en brazos, apenado y empático.

“Oh, qué tragedia” le oí decir en su lengua mientras me encerraba en una cápsula contenedora llamada poké ball “No te preocupes, pequeño. Cuidaré de ti.”

Y así fue. Durante los siguientes cinco meses aquel avejentado hombre llamado Oak me dio lo más cercano a un nuevo hogar dentro de su laboratorio, limpiándome y dándome la mejor comida disponible. En las gélidas noches de invierno le hacía compañía con el calor de la flama de mi cola para que no se resfriase. En ocasiones me quedaba escuchando aquellos dolores que oprimían su corazón, como sus fallecidos hijos y esposa y sus dos nietos huérfanos, a quienes había criado lo mejor que podía. Para él el estudio y cuidado de los pokémon era el trabajo de su vida. Lo era todo.

Naturalmente él no era mi única compañía. Además de los científicos que trabajaban a su lado por la mañana y los profesores colegas suyos que en ocasiones venían de otros lugares muy lejanos para compartir sus investigaciones con él, habían otros dos pokémon a su cuidado. Bulbasaur siempre fue simpático y amable conmigo, pero Squirtle era tan soberbio y petulante que era imposible tratar con él. No lo sabía en aquel entonces, pero ese solo sería el inicio de una larga rivalidad que tendría con él.

Y un día llegó aquel que se volvería mi mejor amigo y compañero. Aquel al que llegaría a llamar maestro.

Lo recuerdo como si hubiese sido ayer: había ingresado al laboratorio a modo de invitación por parte de Oak para que escogiese un compañero. Se le veía muy feliz y lleno de energía.

“¡Red, toma! ¡Aquí hay tres pokémon! ¡Bien! ¡Están dentro de las poké balls! ¡Cuando yo era joven, era un buen entrenador de pokémon! Pero ahora sólo me quedan tres. Te daré uno. ¿Cuál quieres?”

Al vernos a los tres dentro de nuestras poké balls se quedó pensando unos segundos, evidentemente reflexionando sobre a quién se llevaría. Solo uno podía ser el indicado, y tanto para sorpresa de Bulbasaur como para la mía terminé siendo yo.

“¡Así que Charmander! Pues ten paciencia con él.”

Me sentí muy contento al ver que el maestro me había escogido, pues era la oportunidad perfecta para cumplir la petición de mi madre, volviéndome el pokémon fiero y poderoso que ella había soñado con ver. No me sorprendió en lo más mínimo cuando vi que el nieto de Oak tomó a Squirtle. A final de cuentas, y en base a las contadas ocasiones en las que había visto al primero dentro del laboratorio del profesor, los dos eran tal para cual.

“¡Espera, Red! ¡Probemos a nuestros pokémon! ¡Adelante, luchemos!”

El maestro se vio obligado a aceptar el reto, y enseguida comenzó nuestro primer combate. Como todavía era demasiado débil los únicos movimientos que conocía eran Arañazo y Gruñido. Sin embargo, y pese a que Squirtle tenía una increíble defensa gracias a su impenetrable caparazón, el maestro supo darme las órdenes necesarias para conducirnos a la que sería la primera de muchas victorias juntos. Ni yo ni nadie más dentro de la sala podía creerse que habíamos vencido.      

“¿Qué? ¡Increíble! ¡Tu pokémon es mejor que el mío!”

Salimos del laboratorio con rumbo a Ciudad Verde, no sin antes pasar por la casa del maestro para que conociese a su madre, que se encariñó de mí al instante. En el camino varios Rattata y Pidgey salvajes nos atacaron, pero pudimos derrotarlos fácilmente. El maestro siempre me sonreía y me acariciaba la cabeza cada vez que ganábamos una batalla. No era de hablar mucho salvo en los combates, cuando tenía que ordenarme un movimiento. Pero yo sabía que aquel gesto suyo decía y valía más que mil palabras.

“¡Oye! ¿Vienes de Pueblo Paleta? ¿Conoces al profesor Oak? Tiene correo. ¿Se lo puedes llevar?”

Después de regresar a nuestro punto de partida y entregarle unas cartas por parte de un hombre que administraba la tienda de Ciudad Verde, el profesor Oak nos dio a su nieto, a Squirtle y a nosotros la que se volvería la tarea de nuestras vidas.

“Quería pedirles un favor. ¡En la mesa hay un invento mío, la Pokédex! ¡Registra automáticamente datos sobre los pokémon que vayan viendo o capturando! ¡Es una tecno-enciclopedia! ¡Red y Blue! ¡Tomen las pokédex! ¡No se aprenden cosas de los pokémon con sólo verlos! ¡Hay que atraparlos! Esto es lo que hace falta para atraparlos... Cuando aparezca un pokémon salvaje, lo suyo es luchar contra él. ¡Hay que lanzarle una poké ball para capturarlo! ¡Pero esto no siempre funciona! ¡Un pokémon sano podría huir! ¡También cuenta la suerte! Quería hacer una guía de todos los pokémon del mundo... ¡Era mi sueño! ¡Pero ya soy muy viejo y no puedo hacerlo! ¡Por eso quiero que ustedes hagan realidad ese sueño! ¡Adelante, vayan en su busca! ¡Será una gran proeza en la historia de los pokémon! ¡Red, los pokémon del mundo te esperan!”

Y así fue como nuestro viaje empezó. Tras volver a tener un nuevo combate contra el nieto del profesor cerca de los cuarteles generales de aquella a la que los humanos llamaban la Liga Pokémon, atravesamos juntos el Bosque Verde, y dentro de él nos cruzamos con un Pikachu salvaje, quien se unió a nosotros tras derrotarle y capturarle. El pequeño pokémon eléctrico se sintió muy asustado al principio, pero no le tomó  mucho tiempo para encariñarse con nosotros.

“Así que tú y este chico viajarán por toda la región, ¿Eh? Pues con gusto me uniré. Yo también deseo desde hace mucho tiempo explorar el mundo. De todas formas nunca pasa nada interesante en este bosque, así que las cosas serán más interesantes con ustedes.”

Antes de que cayese la noche, el maestro se dedicó a entrenarnos a ambos. Conseguimos capturar a muchos otros pokémon para añadir su información a la pokédex, y uniendo fuerzas vencimos a varios entrenadores cazabichos que se hallaban en la zona, cuyos pokémon más fuertes no pasaban de los Metapod y los Kakuna. Gracias a esto logré obtener la suficiente experiencia y confianza en mí mismo como para finalmente controlar las llamas en mi interior, lo que me ayudó a poder aprender y emplear mi primer ataque de fuego: Ascuas.

Más tarde llegamos a Ciudad Verde, donde nos limitamos a resguardarnos en un Centro Pokémon, donde pudimos sanarnos, cenar y pasar la noche para recuperar nuestras fuerzas. A la mañana siguiente nos dirigimos al gimnasio de la ciudad para enfrentarnos al que sería nuestro primer obstáculo: Brock el líder de gimnasio experto en pokémon de roca.

El maestro nos dijo que si queríamos completar la pokédex debíamos ser más fuertes, puesto que nuestros oponentes serían cada vez más peligrosos conforme avanzásemos. Y no se equivocaba, puesto que los pokémon de Brock nos dieron una paliza para recordar. Finalmente, y con ayuda de mi recién aprendida Garra Metal, pudimos vencer a su más temible compañero, un gigantesco y fiero Onix.

Brock nos aplaudió, tomándose bien la derrota, y además de entregarnos nuestra primera medalla nos recomendó que fuésemos hasta el gimnasio de Ciudad Celeste para probar nuestras nuevas habilidades. Y eso hicimos.

El viaje hasta Ciudad Celeste fue cualquier cosa menos fácil. Sumado a los entrenadores y nuevos pokémon salvajes que se nos aparecieron en la larga ruta 3, el Monte Moon estaba plagado de infinitas hordas de Zubat, que no dejaban de perseguirnos y de quitarnos salud, sin importar a donde fuéramos. Finalmente, tras derrotar a un par de hombres muy sospechosos, capturar más pokémon y obtener el fósil de un pokémon prehistórico por parte de un sujeto obsesionado con las rocas, arribamos a nuestro destino. Y justo después de haber vencido por tercera vez a nuestros dos rivales en el Puente Pepita, evolucioné en Charmeleon.

El maestro me abrazó y acarició mi cabeza como nunca antes lo había hecho. Me sentía poderoso, pero a la vez preocupado. Mi madre me había dicho una vez que cuando los Charmander evolucionábamos solíamos volvernos muy orgullosos y tercos. Pero yo terminé siendo la excepción a la regla. Supongo que el amor que tenía por mi maestro era mayor a cualquier sentimiento de altanería.

Misty, la líder de gimnasio, fue tanto un hueso duro de roer como nuestra primera derrota. Su Starmie nos derrotó de un simple golpe a Pikachu y a mí con un Hidropulso para cada uno. Pero el maestro no se rindió. Nos llevó hasta el Puente Pepita y el Cabo Celeste para seguir entrenándonos, llegando a hasta vencer a otro de los hombres extraños que habíamos visto en el Monte Moon, y cuando sentimos que ya estábamos listos le pedimos la revancha. Desearía poder decir que ayudé, pero lo cierto es que de no ser por los esfuerzos de Pikachu nunca hubiésemos podido tumbar a aquel condenado Starmie.

En esa misma ciudad tuvimos una nueva incorporación a nuestro equipo: un pequeño Bulbasaur que era cuidado por una joven que, al ver lo bien que el maestro nos había cuidado, nos lo regaló. A diferencia del que había conocido en el laboratorio, este saurio con bulbo era bastante ermitaño y retraído, y le costó mucho integrarse a nuestro grupo.

“Conozco muy bien a los entrenadores. Son crueles y egoístas. No les importan realmente sus pokémon. Gracias a uno de ellos fue que terminé así de lastimado. Así que si creen que me comeré el verso de que su amo es diferente, lamento informarles que ya pueden irse quedando con las ganas.”

Pero eventualmente se abrió y se volvió más cercano a nosotros en cuanto evolucionó en Ivysaur. En el trayecto a Ciudad Carmín, el maestro consiguió de parte de un hombre llamado Bill un ticket para el crucero más lujoso de toda Kanto, el S. S. Anne, donde lidiamos con varios marineros que mataron el aburrimiento desafiándonos a un duelo, curamos el malestar del capitán y vencimos por cuarta vez al nieto del profesor y a Squirtle, quien ya había evolucionado en Wartortle. El resto de sus pokémon también se habían vuelto más poderosos, pero al final del día no fue nada que no pudiésemos manejar, especialmente ahora que teníamos de nuestro lado a Ivysaur, quien acabó con Wartortle con un simple Látigo Cepa.

Poco antes de luchar contra el líder de gimnasio de Carmín, el veterano Lt. Surge, una oficial muy molesta nos obsequió a un rebelde Squirtle al que había detenido por haber hecho muchas travesuras a los turistas que venían una vez al año desembarcando con el S. S. Anne. El pokémon tortuga parecía igual de testarudo que el que ya conocía, pero tenía un buen corazón, razón por la cual el maestro decidió aceptarlo como un miembro más de nuestra familia.

“Gracias por esta nueva oportunidad. Llevo años buscando un buen entrenador para probar que ya no soy el mismo de antes. Si su maestro es tan bueno como me dicen que es, ¡Podré saldar mi deuda con la policía de Carmín siendo un héroe!”

Squirtle era muy activo, y cuando inevitablemente evolucionó en Wartortle se tornó aún más veloz y ágil. Ni siquiera los pokémon eléctricos, como el Raichu de Surge, podían alcanzarle con sus rayos, ya que se valía de su caparazón meterse dentro de él, cobrar impulso y arremeter contra ellos con un poderoso Giro Rápido. Gracias a él, el maestro obtuvo su tercera medalla de gimnasio.

Con el gimnasio de Carmín cubierto, visitamos brevemente el Club de Fans de los Pokémon, cuyo presidente nos obsequió un cupón especial que el maestro pudo cambiar por una excelente bicicleta en la tienda de bicis de Celeste. Habiendo atravesado la ruta 9 y el interminable y oscuro Túnel Roca, pasamos de largo Pueblo Lavanda en bicicleta. Recuerdo perfectamente que un escalofrío nos recorrió la espina a todos, advirtiéndonos que no sería la última vez que visitaríamos aquel tétrico lugar.

En Ciudad Azulona las cosas fueron más interesantes. Con mi recién aprendido movimiento de Lanzallamas, el maestro logró obtener su cuarta medalla venciendo a Erika, la líder especialista en pokémon del tipo planta. Y tras derrotar a su pokémon más poderoso, una versátil Vileplume, evolucioné una vez más, por fin convirtiéndome en un feroz e imponente Charizard.

El maestro estaba tan asombrado como yo. Los Charizard usualmente no solían superar el metro y medio de altura, pero yo había salido tan enorme como mi madre. Me costó un poco acostumbrarme a mis nuevas alas, pero en cuanto supe utilizarlas pude aprender a realizar devastadores Ataques de Ala y Golpes Aéreos, que nos fueron de gran ayuda cuando el maestro osó desmontar los planes de una organización llamada el Equipo Rocket, que estaba traficando pokémon en el casino de Azulona. Su líder, Giovanni, nos zarandeó a todos y cada uno con solo su Rhyhorn y su Onix, pero al final pudimos tumbarlos gracias a la inestimable asistencia de Ivysaur, quien evolucionó en Venusaur a la mitad de la pelea. Su Kangaskhan también fue una oponente muy fiera, más yo mismo me encargué de ella usando Cuchillada y Lanzallamas.
Habiendo liberado al casino de la influencia de los Rocket, el maestro visitó un edificio muy interesante en el cual un señor mayor le obsequió a quien se convertiría en mi mejor amiga: una tímida y muy dulce Eevee, quien al ver que ahora tenía un amo brincó efusivamente, llenándonos a todos de muchos mimos y caricias.

“¡Sí, sí, sí, sí! ¡Los quiero, los quiero, los quiero!”

Con Eevee sumándose al grupo, el maestro nos llevó de compras al Centro Comercial de Azulona, que contaba con muchos pisos y con objetos más que útiles para cualquier entrenador. Inseguro de la evolución que quería, decidió comprar tanto una Piedra Agua como también una Fuego y una Trueno, lo que ayudaría a Eevee a alternar entre tres formas diferentes y regresar a su forma normal siempre que quisiera. También compró una Piedra Trueno extra para poder evolucionar a Pikachu en Raichu, pero Pikachu se negó a tocarla, puesto que quería probar que no necesitaba evolucionar para ser más fuerte. Algo que al menos yo supe respetar.

Como todos nos habíamos temido, volvimos a visitar Pueblo Lavanda, donde nos encontramos con nuestro rival, a quien vencimos por quinta vez. Con ayuda de un dispositivo que el maestro le había quitado a Giovanni capturamos a un bromista y siniestro Gastly, vencimos a varios exorcistas que aparentemente habían sido poseídos por espíritus iracundos, ayudamos al espíritu de una madre Marowak a ascender al Más Allá y salvamos al abuelo de una niña llamada Reina de los Rocket que habían asesinado a la pobre madre del Cubone al que ella cuidaba. Una escalofriante experiencia paranormal que ninguno de nosotros olvidaría jamás.

El abuelo de Reina era el señor Fuji, un hombre muy amable y hospitalario. Poco tiempo después nos enteramos de que años atrás había sido un muy respetado científico pokémon al igual que el profesor Oak, pero que un día por motivos desconocidos decidió renunciar a su puesto. El maestro y mis amigos no le dieron mucha importancia, más mi sexto sentido me decía que aquel hombre ocultaba algo que no quería que supiésemos.

Regresamos a Ciudad Azulona, donde el maestro capturó a nuestro sexto miembro, un Snorlax muy perezoso y agresivo que obstruía el acceso al Camino de Bicis. Atraparle no fue tarea fácil, puesto que cada vez que le hacíamos daño recuperaba energías con Descanso y contraatacaba con sus Ronquidos. Y cuando finalmente logramos que el maestro lo añadiese a nuestro equipo se mostró todo menos alegre de tener que viajar con nosotros.

“Muy bien, ustedes ganan. Pero ni crean que seguiré las órdenes de su amigo solo por ello.”

Naturalmente, y de la misma forma que había ocurrido con Bulbasaur, el grandulón terminó por querernos, en parte gracias a que el maestro le daba algo de comer como recompensa por haberle ayudado a vencer a cada uno de los Koffing, Weezing, Mankey y Primeape perteneciente a los insoportables y deleznables motoristas que se habían adueñado del Camino de Bicis. Incluso llegó a ayudarnos venciendo con increíble facilidad a los pokémon venenosos de Koga, líder de gimnasio de Ciudad Fucsia, puesto que tenía la increíble capacidad de resistir quemaduras, congelamientos y envenenamientos. Sí señor, Snorlax era el jugador más valioso del maestro después de mí.

Continuamos ayudando al maestro a capturar más pokémon en la Zona Safari y a vencer a más entrenadores en las siguientes rutas, abriéndonos paso hasta Ciudad Azafrán, donde tuvimos un sexto combate contra el nieto del profesor y ayudamos a salvar a los empleados de una gran compañía del Equipo Rocket. Giovanni había tomado control del edificio con el fin de hacerse con el prototipo de la Master Ball, una poké ball diseñada con el propósito de capturar a cualquier pokémon existente con tan solo lanzársela. El maestro se enfrentó a él nuevamente, y obtuvo la victoria cuando Wartortle evolucionó en Blastoise, lo cual le permitió derrotar a su pokémon más temible, una Nidoqueen. Como agradecimiento, uno de los científicos de Silph S.A. le entregó al maestro un joven y huérfano Lapras, pokémon marino que se hallaba en peligro de extinción debido a su indiscriminada caza.

Y fue entonces cuando el maestro la conoció a ella.

Su nombre era Sabrina, y era la líder de gimnasio de Ciudad Azafrán. Se especializaba en pokémon del tipo psíquico. Detrás de aquella bella joven de cabello lacio y ojos rosados se hallaba un ser frío y sin sentimientos. Tenía muchos estudiantes, pero casi siempre terminaban dejándola, ya fuese porque nunca podían alcanzar su nivel o porque no podían seguir soportando la forma en la que ella los trataba a la hora de entrenarlos.   

“¡Tuve una visión de tu llegada! ¡Tengo poderes psíquicos desde que era una niña! Primero aprendí a doblar cucharas con mi mente. ¡Odio luchar, pero si quieres puedo enseñarte mis poderes!”

Sabrina podía llegar a ser despreciable, y fue implacable con nosotros durante todo el combate. Sus pokémon nos golpearon más fuerte que los de cualquier otro líder que habíamos enfrentado hasta aquel punto de nuestra aventura. Para ella los sentimientos no importaban, solo la razón.

Su Alakazam fue el último en caer. Le habíamos tirado más de medio millón de Lanzallamas, Rayos y Ataques Rápidos y el bastardo no daba el brazo a torcer. Finalmente, el maestro tuvo que recurrir nuevamente a Blastoise, quien le dio el golpe definitivo con un letal Mordisco.

“¡Estoy impresionada! Acepto mi derrota. ¡Admito que no he sido lo bastante fuerte y por eso he perdido! ¡Has ganado la Medalla Pantano!”

Sabrina había quedado boquiabierta ante las habilidades del maestro. Para sorpresa mía y de los demás quiso pasar más tiempo con él para conocerlo mejor, y el maestro decidió tomarse un momentáneo descanso de tanto viajar para hacer lo mismo, dándonos a los siete un merecido almuerzo de ganadores. Yo tomé la oportunidad y ayudé a Lapras a integrarse al equipo. Él, por su parte, pasó a considerarme su hermano mayor a causa de la tragedia que compartíamos en común.

Durante los siguientes tres días vi cómo el maestro y Sabrina se volvían muy unidos, con él relatándole sus experiencias con los demás líderes y entrenadores que había enfrentado, y ella compartiéndole sus secretos más íntimos. Según lo que alcancé a escuchar, los poderes psíquicos de Sabrina habían sido motivo de burla entre sus compañeros de escuela, quienes no pararon de llamarla fenómeno hasta lograr que se aislara y desarrollase una personalidad antipática, con sus pokémon siendo los únicos con los que podía compartir su dolor. Aquella soledad le había hecho acumular mucha ira a lo largo de los años, volviéndola una maestra exigente con sus estudiantes que no toleraba el fracaso y la incompetencia.

El maestro se compadeció de ella, lo que hizo que Sabrina le confesase que estaba cansada de tener que suprimir tanto sufrimiento, que se culpaba a sí misma por no haber estado presente cuando el Equipo Rocket tomó control de la ciudad y que deseaba ser respetada en lugar de temida. Su amistad y vínculos crecieron más para mi desconcierto, hasta que al quinto día, tras que el maestro y ella nos hiciesen participar en un segundo combate para que Sabrina pudiese reconectar con su Alakazam, se besaron apasionadamente. Me sentía feliz al ver que el maestro había hallado el amor, más la sonrisa se me borró en cuanto vi que ella se apartaba.

“No. N-no, espera.”

“¿Qué ocurre?”

“N-no deberíamos hacer esto. S-soy mayor que tú y...no sería correcto. Eres un menor de edad ante la ley.”

“En un mes cumpliré once años. No hay problema.”

El maestro no estaba del todo equivocado. Según lo poco que yo mismo había aprendido a causa de las numerosas conversaciones que el profesor había mantenido con sus colegas durante mi estadía en su laboratorio, la edad legal en la región de Kanto según el estado eran los once años, y Sabrina tenía catorce. Esto se debía a que, a causa de la gran tasa de mortalidad entre los jóvenes y el envejecimiento poblacional que había desde hacía años, el gobierno forzaba a los menores a convertirse en entrenadores y a sentar cabeza lo más pronto posible para remediar aquel problema. Una medida muy drástica, pero entendible hasta cierto punto.

“...”

“¡Oye, te juro que no lo estoy...!”

“No, no, sé que no me mientes. Puedo leer tu mente. Es solo que...estamos yendo demasiado aprisa.”

“Tal vez tengas razón.”

“Te propongo algo. Por ahora solo seamos amigos, y en un mes, cuando ya hayas cumplido años, vuelve a verme. ¿Te parece justo?”

“...me parece lógico. Acepto, pero solo si prometes que me esperarás.”

“Te doy mi palabra.”

A la mañana siguiente nos despedimos de Sabrina y partimos hacia la Isla Canela para pelear por la séptima medalla de gimnasio. Como el maestro aún estaba demasiado agotado por haber tenido que recorrer tantas millas pedaleando, me ofrecí a llevarle volando sobre mi lomo, y él accedió, volviendo a acariciar mi cabeza. Me sentía feliz de serle útil.

Al llegar allí notamos que la puerta del gimnasio estaba cerrada con cerrojo, y un lugareño nos explicó que Blaine, el líder de gimnasio, solo aceptaba luchar contra aquellos entrenadores que consiguiesen obtener la copia de la llave de su gimnasio, y nos recomendó dirigirnos a la Mansión Pokémon para encontrarla. Y así lo hicimos.

La Mansión Pokémon llevaba años abandonada, lo que le daba un aspecto lúgubre y escalofriante. En el camino, el maestro nos sacó a Venusaur y a mí para defenderlo de unos ladrones que quisieron atacarle, y luego le ayudamos a capturar a unos cuantos nuevos pokémon salvajes venenosos que se encontraban en la zona. Todos se sintieron más que aliviados cuando finalmente salimos de aquel silencioso sitio, más me llamaba más la atención aquellos extraños diarios que el maestro había encontrado mientras buscaba la llave.

“¡Ja! ¡Soy Blaine! ¡Líder de gimnasio de Canela! ¡Mis feroces pokémon de fuego quemarán a quien me desafíe! ¡Ja! ¡Más vale que tengas ungüentos!”

Blaine fue un oponente igual de peligroso que Sabrina. Su Growlithe y su Ponyta derrotaron fácilmente a Lapras, quien aún no tenía suficiente experiencia en cuanto a combates, y su Rapidash llegó a quemar a Blastoise, quien cayó debilitado ante su veloz Arcanine, quien finalizó el trabajo con su Llamarada.

Viéndose contra las cuerdas, el maestro me escogió a mí para terminar el trabajo. Fue un combate al rojo vivo, tanto figurada como literalmente. Finalmente, tanto el Arcanine como yo caímos rendidos en un empate, pero como mi maestro aún tenía a Venusaur, a Pikachu y a Snorlax en pie obtuvimos la medalla de todos modos. Al abandonar el gimnasio, nos encontramos con Bill, el muchacho del Cabo Celeste que le había dado a mi maestro el ticket para el crucero de Carmín. Nos invitó a visitar un amigo suyo en Isla Prima, mi lugar de origen, pero el maestro se negó, prometiendo que algún día le acompañaría.

Saliendo descansados del Centro Pokémon y con nuestras fuerzas repuestas, nos enteramos por las noticias de la televisión de que el líder de gimnasio de Ciudad Verde había regresado después de una larga ausencia, por lo que salimos volando de inmediato hasta allí. Grande fue nuestra sorpresa al descubrir que se trataba de ni más ni menos que Giovanni.

“¡Je, je, je! ¡Ésta es mi guarida! ¡Quería volver a formar al Equipo Rocket desde aquí! ¡Pero has vuelto a encontrarme! ¡Estoy que me subo por las paredes! ¡Esta vez, verás! ¡Volverás a enfrentarte al gran Giovanni, al mejor de los entrenadores!”

Mi maestro mantuvo la calma, e impertérrito entabló un tercer y último combate contra él, esta vez tanto por el futuro de Kanto como por su octava medalla. Como esta vez veníamos preparados, pudo acabar con todo su equipo de pokémon de tierra con solo Lapras, incluyendo a su indestructible Nidoking. Giovanni, humillado, se vio obligado a entregarle la medalla para luego huir alegando que oficialmente abandonaría su organización. Nunca más volvimos a verlo, ni a él ni a los Rocket. Muchos le tomaron por muerto. Pero mi maestro y yo sabíamos que siempre había posibilidades.

Recuperándonos y tomando otro largo descanso, libramos una séptima batalla con el sobrino de Oak, quien de forma prepotente tuvo el descaro de decir que suponía que mi maestro tenía lo que había que tener para participar en la Liga Pokémon tras que le derrotásemos. Con valor y con premura sorteamos la Calle Victoria, completando sus desafíos, derrotando a todos los entrenadores que allí nos esperaban para ponernos a prueba y librando impresionantes combates contra todo tipo de pokémon salvajes los cuales, viéndolo en retrospectiva, decir que eran poderosos sería quedarse corto.

Finalmente alcanzamos el cuartel general de la Liga Pokémon. El maestro nos dejó momentáneamente con la enfermera de turno para que nos sanase, y al ver que las reglas de la Liga especificaban que solo se podía participar con seis pokémon tomó la difícil decisión de enviar a Eevee con el profesor y entrar con Lapras como su sexto miembro, puesto que había quedado impresionado con el desempeño de este en el gimnasio de Ciudad Verde y confiaba en que resistiría mejor cualquier ataque o sorpresa que el Alto Mando tuviese preparado para nosotros.

Nuestro primer oponente fue la despampanante y mística Lorelei, maestra de los pokémon de hielo. Su equipo parecía invencible, especialmente su Cloyster y su Slowbro, quienes resistieron más de un Trueno por parte de Pikachu como si no fuesen nada hasta caer. Me encargué personalmente de acabar con un potente Lanzallamas a su último as bajo la manga, una ágil y traicionera Jynx.

“¡Eres mejor de lo que yo pensaba! ¡Adelante! ¡Pero la Liga Pokémon te reserva otras sorpresas!”

Con Lorelei derrotada, entramos en la siguiente sala, siendo recibidos por el atlético y corpulento Bruno. Su equipo consistía de dos Onix, que fueron fácilmente tumbados por el esfuerzo combinado de Venusaur y Blastoise. Sus pokémon luchadores, por otra parte, fueron oponentes dignos, utilizando movimientos de roca como Avalancha para contrarrestar su debilidad a ataques desde arriba. Pero eventualmente hasta su Machamp cedió ante mi Golpe Aéreo, otorgándonos nuestra segunda victoria consecutiva.

“¡Yo ya he hecho mi trabajo! ¡Te espera tu próximo desafío!”

Pero Bruno fue juego de niños comparado con lo que nos esperaba tras la tercera puerta: Agatha, antigua rival de Oak y experta en los pokémon venenosos y fantasmagóricos,  que se valían de sus técnicas de envenenamiento, parálisis e hipnosis para cansarnos y luego ponernos en serios aprietos. Nuestro maestro mantuvo la mente fría en todo momento, venciendo a la mayoría de nuestros oponentes conmigo y con Snorlax. Finalmente el resultado del combate se decidió cuando Snorlax logró derribar al escurridizo Gengar de Agatha con su recién aprendido movimiento de Bola Sombra.

“¡Tú ganas! ¡Ya sé por qué ese viejo inútil te aprecia tanto! ¡No tengo nada más que decir! ¡Vete ya!”

Aquel que creíamos que sería el último obstáculo por sortear nos recibió con una tranquilidad y una falsa modestia que nos hicieron temblar y castañetear.

“¡Ah! ¡He oído hablar de ti, Red! ¡Dirijo al Alto Mando! ¡Puedes llamarme Lance, el entrenador de dragones! ¡Los dragones son míticos pokémon! ¡Son difíciles de capturar y entrenar, pero sus poderes son muy superiores! ¡Son casi invencibles! Bueno, sabes que vas a perder, ¿No? ¡Tu desafío en la Liga termina conmigo, Red!” 

Luchar contra Lance fue como un bautismo de fuego. Su Gyarados nos dio con todo lo que tenía, hasta que Pikachu, con sus últimas fuerzas, pudo dejarlo fuera de combate con otro Trueno, solo para ser derribado de un golpe en la siguiente ronda por el Poder Pasado de Aerodactyl, movimiento que al verlo me trajo más que desagradables recuerdos. Lapras, compensando su baja velocidad con sus buenas defensas, logró vencer a Aerodactyl con una Hidrobomba y a su indestructible Dragonair con un potente Rayo de Hielo, siendo al final presa fácil de su Dragonite.

El Dragonite de Lance no era como ningún otro pokémon contra el que hubiésemos luchado hasta ese momento. Podía recibir daño igual que como lo repartía, y con solo su Hiperrayo y su Enfado acabó tanto con Venusaur como con Blastoise y con Snorlax. El maestro se vio forzado a sacarme, y en ese mismo turno experimenté un mundo de dolor completamente nuevo. Estuve a punto de caer rendido ante sus ataques en más de una ocasión, hasta que con la poca fuerza que me quedaba me las apañé para que ya no pudiese curar sus heridas con su Velo Sagrado, rematando el trabajo empezado por mis compañeros de mi equipo con una última Garra Dragón.

Lance cayó al suelo de rodillas en silencio, mirándome tanto con temor como con frustración. No me dijo nada, pero pude sentir su desprecio. ¿Acaso me detestaba por haberle ganado a Dragonite, o solo porque no era ante sus ojos un verdadero dragón? Hipócrita. Para alguien que profesaba ser “el entrenador de los dragones” solo dos de sus pokémon eran dragones genuinos, y ambos pertenecían a la misma línea evolutiva. Más su mirada se me quedaría grabada en la memoria por siempre.

Pero no importaba. Teníamos el título de campeones. Y justo cuando pensábamos que tras todo nuestro esfuerzo no podría caernos otra bomba...

“¡Red, sigo sin poder creerme que mis dragones hayan sucumbido a tus ataques! ¡Has ganado la Liga Pokémon! Bueno, casi, porque te espera otro desafío. ¡Deberás luchar contra otro entrenador! Su nombre es... ¡Blue! ¡Él derrotó al Alto Mando antes que tú! ¡Es el auténtico campeón de la Liga Pokémon!”

El maestro y yo tragamos saliva. Nos levantamos como pudimos y avanzamos hacia la última habitación, donde la pesadilla que Lance nos había dicho se confirmó, volviéndose realidad.

“¡Hola! ¡Aquí estás de nuevo, Red! ¡Mi rival debería ser fuerte para poder mantenerme en forma! ¡Utilizando mi pokédex he buscado los pokémon más fuertes! ¡Y he creado varios equipos que derrotarían a cualquier tipo de pokémon! ¡Y ahora! ¡Yo soy el campeón de la Liga Pokémon! ¡Red! ¿Sabes lo que significa eso? ¡Te lo diré! ¡Yo soy el mejor entrenador del mundo!”

Fue un combate digno de ser preservado en los libros de la historia. Los pokémon de Blue eran más fuertes que nunca, e incluso cuando llegaban a tener desventaja de tipo contra nosotros conseguían ponernos contra las cuerdas. Amigos y enemigos cayeron rendidos y debilitados en partes iguales. El estadio tembló ante todos y cada uno de nuestros ataques y choques. Era como si el mundo fuese testigo de la batalla con mayúsculas.

Una vez más ocurrió el mismo escenario que con Lance: yo terminé siendo el último pokémon del maestro en pie. Y Blue sacó a Blastoise, quien iba a disfrutar pulverizándome con su Hidrobomba.

El maestro acarició mi cabeza antes de mandarme a combatir, susurrándome al oído izquierdo unas palabras que tocaron la parte más profunda de mi alma.

“Cuento contigo por última vez, viejo amigo. Acaba con él y vayamos a casa.”

Envalentonado solté un rugido de guerra y arremetí contra Blastoise, esquivando el agua a presión de sus dos cañones en el aire con la mayor precisión posible. Cuando este bajó la guardia, inmediatamente acaté la orden del maestro y respondí con mi más potente Llamarada.

Blastoise sufrió quemaduras de primer grado, lo que hizo que Blue se viese forzado a pedirle que usase Danza Lluvia para invocar una lluvia torrencial que le ayudase a curarse, momento que ni yo ni el maestro pensábamos desaprovechar. Cuatro simples palabras retumbaron en todo el salón.

“¡CHARIZARD, USA PUÑO TRUENO!”

No vacilé. Concentrándome y volando a la velocidad de un relámpago, cargué mi puño izquierdo de energía cinética y eléctrica para estamparlo contra el rostro de Blastoise, mandándolo a volar hasta la pared y sacándolo fuera del estadio. Mi antiguo compañero de laboratorio hizo un último esfuerzo por incorporarse y seguir luchando, pero se rindió a mitad de camino y cayó por segunda vez al suelo, perdiendo el conocimiento. La victoria era nuestra.

Los eventos que siguieron se sucedieron tan rápido que me resultó difícil procesarlos. Después de que el profesor llegase para felicitarnos, al siguiente minuto nuestros nombres y el del maestro estaban siendo grabados e inmortalizados en el Hall de la Fama, donde se registraban a todos los entrenadores y pokémon que antaño se habían convertido en campeones. Y segundos más tarde, antes de que siquiera pudiese pestañear, me hallé a mí mismo volando con el maestro en mi lomo hasta Pueblo Paleta, donde fuimos todos recibidos con una gran ovación y agasajados en medio de una muy emotiva celebración en la que incluso Dalia, la hermana mayor de nuestro rival, estuvo presente. Cuando la fiesta acabó, los siete miramos al maestro para saber a dónde iríamos a continuación. Él solo nos sonrió, diciéndonos que ahora descansaríamos allí un tiempo.

Pasó un mes, y el maestro cumplió sus once años de edad. Pasado el festejo organizado por su madre, regresó volando conmigo a Ciudad Azafrán para pasar tiempo a solas con Sabrina, quien fiel a su promesa le recibió encantada en cuanto le tocó la puerta. Y antes de entrar a su casa, el maestro me dio instrucciones.

“Quiero que te des una vuelta por toda la ciudad, amigo, si quieres hasta fuera de ella. Solo no vuelvas hasta dentro de unas horas.”

Le tomé la palabra, y aproveché mis horas de libertad para recorrer volando la región y así sentir el viento en mi cara, hasta que decidí reposar con las alas plegadas sobre la cornisa de la azotea del Centro Comercial de Azulona, desde donde se podía ver toda la región. Entrada la noche regresé a la entrada de la casa de Sabrina, esperando a que el maestro saliese de ella.

Afortunadamente no tuve que esperar demasiado. El maestro salió tambaleándose por la puerta principal a los pocos minutos, tambaleándose y con una sonrisa tonta en sus labios, que estaban cubiertos de lápiz labial. Se subió a mi lomo para emprender el viaje de vuelta a casa. No emití ni un solo gruñido, más sonreí orgulloso de él. No necesitaba ser un genio para saber lo que había ocurrido allí dentro en mi ausencia.

Los siguientes días fueron más que movidos tanto para el maestro como para nosotros. La madre del maestro adoptó a una pequeña niña sin familia y sin hogar llamada Green, que era tan cortés y tan pura como mi amiga Eevee. Continuamos completando juntos la pokédex, e incluso llegamos a visitar las misteriosas Islas Espuma y la destartalada Central de Energía, donde derrotamos, capturamos y posteriormente liberamos a Articuno y Zapdos, las aves legendarias del Hielo y del Rayo. Aceptamos la oferta de Bill y exploramos las Islas Sete, incluida mi tierra natal, el Monte Ascuas, donde llevé a cabo mi revancha contra Moltres, el mismo pájaro de fuego que me había quitado a mi madre. Tras haber sido vencido, el derrocado gobernante del volcán nos dedicó una mirada insidiosa y regresó a lo más profundo del volcán para curar sus heridas, posteriormente resurgiendo y huyendo hacia algún paradero desconocido.

Parte de mí quería verlo muerto. Pero en el fondo sabía que no lo valía, y que era preferible dejarle vivir con aquella humillación. Seguimos aquel exuberante archipiélago de cabo a rabo, capturando nuevas especies de pokémon que evidentemente no eran originarios de Kanto. En una ocasión hasta llegamos a avistar a quien según una posterior consulta del maestro con el profesor era Suicune, el majestuoso perro legendario de Johto, quien se detuvo a mirarnos por unos minutos con curiosidad y luego siguió su camino.

Pero la mayor sorpresa nos la llevamos cuando volvimos por segunda vez a Pueblo Paleta. Al día siguiente de haber regresado, mientras entrenábamos todos juntos en el patio de la casa del maestro, ocurrió un suceso insólito: Eevee comenzó a brillar con gran fuerza, hasta que terminó evolucionando en una bella y elegante pokémon psíquica que la pokédex clasificó como un Espeon. Y desde entonces, las conversaciones entre ella y yo pasaron a ser mentales. Más nuestra relación de amistad siguió siendo la misma.

“Te quiere mucho, ¿Sabes?”

“¿Quién?”

“El amo. Eres su favorito.”

“No digas eso. El maestro nos quiere a todos.”

“Pero tú eres a quien más quiere. No es que necesite leerle la mente para darme cuenta, se nota por la atención que te da.”

“Oh...”

“No te preocupes, no me siento mal por ello. Es natural. Fuiste su primer gran amigo a fin de cuentas.”

Al poco tiempo volvimos a salir de aventuras, esta vez llegando hasta una lejana isla del sur, donde pudimos registrar los datos de aquel al que muchos consideraban el ancestro. Oak se puso muy contento al vernos volver y descubrir que habíamos cumplido el sueño de toda su vida completando la pokédex de todos los pokémon que existían en Kanto, mientras que Blue, muy molesto, salió del laboratorio muy enojado y con evidente resentimiento hacia nosotros.

Pero el maestro no parecía estar satisfecho con todo lo que habíamos logrado. Un día nos reunió a Pikachu, a Venusaur, a Blastoise, a Snorlax, a Lapras y a mí para informarnos que nuestro próximo destino era la Cueva Celeste, la cual le habían dicho era el hogar de los pokémon más fuertes de la región, y con gusto le seguimos fieles, dispuestos a enfrentarnos a nuevos adversarios. Una vez dentro de ella todos nuestros ataques retumbaron en toda la caverna mientras vencíamos hordas enteras de enemigos. Hasta que de pronto, un pokémon muy extraño se presentó ante nosotros. Su nombre era Mewtwo.

Oí al maestro decir que recordaba a Mewtwo de los diarios que había leído sobre su creación en Isla Canela, y muy confiado nos mandó a batallar contra él.

Perdí la cuenta de las veces que Mewtwo nos hizo puré. Sus poderes psíquicos no conocían límites, y a diferencia de con las aves legendarias no había ball alguna que pudiese contener y aplacar su furia. Tras varios intentos fallidos, el maestro se rindió y decidió retornar a su hogar para descansar de nuevo, hasta que un día volvimos allí, esta vez con un plan que podría funcionar.

El maestro había recibido por parte de un colega del profesor que trabajaba en la remota región de Kalos una piedra extraña que ató a mi cuello a modo de collar y un brazalete para su brazo izquierdo que llevaba una segunda piedra muy similar a la primera, solo que más pequeña. No me contó nada acerca de cuál era su idea exactamente, hasta que me envió primero para luchar contra nuestro objetivo. Y entonces mi cuerpo sufrió una impresionante transformación.

Mis ojos adquirieron una coloración rojiza mientras mi cuerpo y mis alas se volvían negras como la noche, y mi barriga y el fuego que exhalaba se tornaron tan azules como el lago que rodeaba la caverna. Aquella extraña piedra había despertado algo en mí que llevaba dormido desde el día de mi nacimiento. Había despertado mis genes de dragón.

En un despliegue de poder sin igual del cual jamás creí que llegaría a capaz de llevar a cabo, logré que Mewtwo retrocediera tanto asustado como herido. Mis Garras Dragón y mis Llamaradas eran más potentes que nunca, capaces de hacer trizas rocas como si fuesen de papel y dejando profundas marcas de hollín en la pétrea y rocosa superficie de la cueva. Está de más decir que gracias a esto el maestro finalmente consiguió atrapar a Mewtwo y registrarlo a su enciclopedia, para luego liberarlo y dejarlo en paz, igual que como había hecho con las aves. Tras regresar victoriosos a nuestro hogar, él me dijo que solo volvería a usar aquella fase a la que llamó mega-evolución cuando para él la situación lo ameritase. Perplejo, asentí con la cabeza, dándole la razón.

Días después de aquellos sucesos emprendimos una última aventura. El maestro me dijo que iríamos a un nuevo sitio, esta vez solo y él y yo. Me puse muy contento, ya que era otra forma más que tenía de demostrarme lo mucho que le importaba.

Dejamos a nuestros amigos con la madre del maestro y con Green, y viajamos hasta la región de Johto, que estaba intrínsecamente conectada a Kanto. Vencimos a los ocho líderes de gimnasio de aquellas ciudades con relativa facilidad, siendo las dos únicas que nos dieron problemas Jasmine de Ciudad Olivo con su Steelix y Clair de Ciudad Endrino con su Kingdra, más no fue nada que unos cuantos Anillos Ígneos y Pulsos Dragón no arreglasen. Todo parecía perfecto.

Pero entonces volvimos después de una semana a casa. Y fue entonces cuando me percaté de que algo andaba mal: el maestro parecía alicaído y deprimido, como si algo le hiciera falta. Ahora nos hacía batallar contra cualquier clase de entrenador, sin importar lo fuerte o débil que fuese comparado con él. No me molestaba en lo mínimo, pues el mero acto de luchar a su lado siempre me hacía feliz, pero él ya no se estaba divirtiendo. Comenzó a recluirse por períodos de tiempo indefinidos en su casa, y solo saliendo con destino a Ciudad Azafrán para visitar a Sabrina. Cada vez comía menos, y su relación con nosotros pasó a ser más distante, como si hubiésemos dejado de importarle. Y no éramos los únicos que lo notaban, sino también todos sus amigos y conocidos.

Sin saber qué hacer o a quién acudir, decidí conversar con Espeon, quien se hallaba igual de preocupada que yo con respecto al maestro. Llegó un punto en nuestra conversación en el que ella me hizo una proposición que me cambiaría la vida.

“¿Te gustaría que vinculase tu mente a la de él?”      

“¡¿Qué?! ¡¿En serio puedes hacer eso?!”

“Así es. Muchos pokémon psíquicos de nivel elevado tenemos esa capacidad, más solo lo hacemos si la persona o el pokémon están dispuestos a hacerlo. El cerebro es algo delicado, y no nos gusta jugar con él como si fuese un juguete.”

“¿Pero por qué yo? ¿No te bastaría con simplemente hablar tú misma con el maestro?”

“Porque tú eres el único de nosotros al que escuchará. Como te dije hace ya un tiempo, eres a quien más quiere, probablemente incluso más que a aquella extraña mujer con la que se aparea en secreto. Si tú no le haces entrar en razón, nadie podrá.”

“Está bien. Hazlo.”

Y en cuanto Espeon hizo brillar la minúscula esfera roja de su frente para llevar a cabo el procedimiento, mis ojos se abrieron como platos ante el horror que presencié: estaban llegando a mi mente como flechas pensamientos suicidas y homicidas lo suficientemente intensos como para volver locas a todas las formas de vida que se encontrasen en un kilómetro a la redonda. Y comprendí para mi horror que mis temores estaban justificados: mi maestro había perdido su razón de ser. Y yo, al leer sus pensamientos, también lo había hecho.

Espeon movió su bífida cola con tristeza. Solo eso me bastó ver para deducir que ella ya había visto lo mismo que yo.

“¿Pudiste entrar en contacto con él?”

“...No. Se ha negado a oírme. No sabría cómo describirlo. Pareciera que hubiese diseñado una especie de...”

“¿Barrera mental? Sí. Yo también la sentí.”

“¿Qué vamos a hacer?”

“No hay nada que podamos hacer, Zard. Solo aguardar.”

“¿Aguardar? ¡¿Aguardar qué?!”

“El final. O algo peor.”

Aquella noche, todos nos fuimos a dormir muy apenados. Hasta que a las primeras horas de la madrugada, sentí como mi maestro me sacaba de mi cápsula contenedora, habiendo reemplazado sus pijamas con su ropa de entrenador y su mochila. Se acercó a mí y, acariciando mi cabeza en señal de afecto, me susurro dos crípticas palabras con un tono carente de cualquier tipo de emoción conocida.

“Nos vamos.”

Me montó para que saliésemos volando por la ventana de su cuarto. Hicimos una breve parada en Ciudad Azafrán, donde para mi sorpresa dejó la poké ball de Espeon y una nota frente a la puerta de Sabrina. Luego me ordenó seguir volando sin rumbo fijo, pidiéndome que no mirase hacia atrás. Hasta que eventualmente encontramos el que según él sería nuestro nuevo hogar.

El Monte Plateado. Aquel monte en el que sin importar ni el mes ni la estación siempre estaba cubierto de nieve, azotado por siniestros y huracanados vientos. Nos costó mucho aterrizar en él debido al caótico e impredecible clima que le rodeaba, pero en cuanto lo conseguimos entramos y caminamos un largo trecho, apartando a todos los pokémon salvajes que osaron atacarnos hasta hallar un pequeño recinto extrañamente espacioso y cálido. Y fue en ese instante cuando el maestro sacó al resto de nuestro equipo para explicarnos a todos la situación.

“A partir de ahora viviremos y entrenaremos aquí. Y cuando a un nuevo campeón se le conceda el acceso a este monte igual que a mí, le desafiaremos.”

Pero el nuevo campeón jamás llegó. Pasamos tres infernales años enteros en aquel horrible lugar, alimentándonos de las bayas que varios pokémon nos ofrecían y sin ningún tipo de conexión o contacto con el mundo exterior. En las noches más frías, mientras los demás conseguían dormir plácidamente gracias al calor que la flama de mi cola les proporcionaba, podía escuchar una familiar voz hablando con mi maestro. Una voz que le imploraba que regresase, diciéndole que le extrañaba y que los demás aún seguían buscándole.

Pero el maestro se negó a volver. Ni siquiera cambió de parecer cuando él se presentó.

Él, que era el nuevo campeón. Él, que a juzgar por su vestimenta debía de venir de Johto. Él, que al igual que nosotros ya había conquistado dos regiones enteras y que barrió el suelo con nosotros, utilizando pokémon cuyo poder rivalizaba e incluso superaba el nuestro. Ni siquiera yo pude contra su fiero Typhlosion, quien al igual que yo también conocía el movimiento Puño Trueno. Podría haberle hecho trizas con tan solo acceder a mi poder oculto, pero el maestro rehusó usarlo conmigo de nuevo. Su respuesta fue la misma las cinco veces que se lo pregunté mentalmente.

“No...no sería justo...”

Pasaron siete años más, y la situación no mejoraba. Mientras Lapras trataba de animar a todos para que mantuviésemos la esperanza de que las cosas cambiarían para bien, yo ya me había dado completamente por vencido. Sabía que tarde o temprano el maestro moriría en esa montaña, y nosotros le seguiríamos al poco tiempo. Y el último color que veríamos sería el blanco pálido y mortal de la nieve.

Y entonces él volvió. Esta vez no solo para combatir. Sino también para hablar con el maestro.

“¡Pero no puedes quedarte aquí para siempre! ¡Tu madre, el profesor Oak y todos en Kanto te extrañan! ¡Debes regresar con ellos!”

“¿Qué sentido tendría? Aún si volviese todo seguiría igual o peor que antes. Les rompería el corazón verme así. Ya no soy aquel niño de once años optimista y feliz que ellos conocieron. Ahora no soy más que un saco de carne con ojos, esperando a que la muerte pase a recogerme.”

“¿Y crees que no les rompes el corazón de esta forma? No puedes huir por siempre de tu problema.”

“Hablas como si no hubieses subido hasta aquí solo para huir de todo y luchar contra alguien tan fuerte como tú. Igual que yo lo hice en su momento. Si en verdad buscas consejo de mi parte, solo hay uno que puedo darte: quédate aquí conmigo y no te resistas. Tu familia, tus amigos, aquella chica con la que has venido acompañado...ellos jamás podrán comprenderte. Si no terminas aquí lo harás en cualquier otra parte, lejos de ellos. No combatir ese impulso que domina cada fibra y migaja de tu ser, aquello que te hace sentir que valida tu existencia, y aprender a vivir con él es lo único que puede ayudarte.”

“Sí, es cierto. Subí hasta aquí para retarte a una batalla. Pero también sé que huir de todo no resolverá nada. Si lo hago ese vacío...No. Ese dolor que siento dentro de mí crecerá y crecerá, hasta que un día me despierte y ya no me reconozca. Puede que no me creas, pero nos parecemos en más que solo el vacío que nos aflige. Sé lo que es estar asustado, sentir que vives en un mundo en el que no encajas y creer que no hay remedio alguno, pero todo lo que me has contado me ha abierto los ojos. No es demasiado tarde, ¡Para ninguno de los dos! Podemos vivir una vida aburrida, sin batallas constantes. ¡Pero eso no tiene por qué ser algo malo! También se puede hallar la felicidad en las pequeñas cosas. ¿Y quién sabe? ¡Tal vez terminemos hallando algo más en lo que seamos buenos que no sea las batallas! Lo único que verdaderamente importa son las personas que queremos y que se preocupan por nosotros, al igual que nuestros pokémon, que nos acompañan todos los días de nuestras vidas, enseñándonos su amistad y su cariño. Anda, dame la mano. Bajemos de este monte y regresemos juntos a nuestros hogares. Después de todo, ¿Acaso no es afrontar nuestros problemas y convivir con nuestros seres queridos la batalla más emocionante de todas?”

“...”

“...”

“Gracias. Fue un buen combate.”

Y con ese intercambio de palabras ocurrió lo impensable: después de tanto tiempo, después de tanta soledad y tanto dolor acumulado, finalmente volvimos volando a casa.

Y aquí estoy ahora mismo, relatando todo esto. Tal y como Lapras sostenía, las cosas cambiaron para bien: la madre del maestro recuperó la felicidad que había perdido, y descubrimos que no solo Blue se había convertido en líder de gimnasio, sino que también Green ya estaba haciendo las prácticas para convertirse en una, habiendo escogido a Bulbasaur como su compañero de aventuras.

En cuanto al maestro, la oscuridad que atormentaba su mente y su alma parece haberse desvanecido. Su piel ha recuperado el color que la falta de exposición solar le había arrebatado, y ya hasta le he visto volver a sonreír, algo que no le había visto hacer en solo la vida sabe cuánto tiempo. Aún no ha vuelto a salir de su casa debido a que su madre pretende recuperar con él el tiempo perdido, más sé que pronto reunirá el valor para hacerlo junto con nosotros, y cuando lo haga le pedirá matrimonio a Sabrina con aquella sortija de compromiso que lleva en su mochila desde mucho antes de que siquiera huyésemos de nuestro hogar.

Y todo será igual que como en los viejos tiempos.  
[Imagen: nDb2mjH.png]
   Pokémon Ragnarok
Dos entidades que nunca debieron ser despertadas de su eterno sueño volverán a encontrarse por última vez.
 0  0  0  0  0  0  0  0  0  0  0  0  0  0  0  0  0  0  0  0
Responder
#6
Sólo a ti se te ocurre escribir un fanfic sobre una npc infame de lo memética. Really. Es tan ridículo que no puedes no reírte con esto mientras Jayden y Thelma destilan sarcasmo a cada palabra por la… falta de coordinación mental de la parejita.

Pobre Jayden bastardo tan friendzoneado con estilo
.
Meri no encontré un buen gif del lobito así que toma dos mapaches.
[Imagen: HQQLgVO.gif]
 0  0  0  0  0  0  0  1  0  0  0  0  0  0  0  0  0  0  0  0
Responder
#7
¿Sabes? Me agarraste por sorpresa con esa enorme referencia a TFS Plays. Para nada esperaba ver el romance de LAKIGR y Sabrina en otro fanfic, yet here it is. Aunque me pregunto cómo es que Espeon logra saber la clase de cosas que ellos hacen en Azafrán sin que se den cuenta, tal vez tenga su propio "firewall" como Red.

Con eso de lado, también debo decir que el fic me dio unos aires similares a la última historia de zerodragon "Maestro" estando protagonizada por Charizard y la importante relación que tiene con Red como su pokémon más leal.
Descansa. Hasta que nos volvamos a ver...
[Imagen: SwCanxx.png]
 0  0  0  1  0  0  0  0  0  0  0  0  0  0  0  0  0  0  0  0
Responder
#8
                                        La Historia tiende a repetirse             


“¡Auxilio! ¡AUXILIO!”
 
No recibió otra respuesta más que el eco de sus gritos retumbando en el oscuro y lúgubre subsuelo de la caverna. Su perseguidor rugió desde las sombras nuevamente, iracundo y con evidente sed de sangre, recordándole que debía de seguir moviéndose si quería vivir.
 
“¡MAMI! ¡PAPI! ¡Ayúdenme, por favor!”
 
Su agudo y amargo llanto despertó a todos los Zubat que dormían encima de donde acababa de pasar. Los pequeños y ciegos pokémon murciélago, alterados y enojados, soltaron sus garras y patas de las estalactitas del techo para tirarse en picada y revolotear alrededor de ella, intentando clavar sus colmillos sobre su piel con intención de envenenarla. Más asustada que nunca, logró apartarlos lo mejor que pudo a base de manotazos, no sin recibir unos cuantos rasguños en el proceso.
 
El monstruoso engendro que la perseguía rugió por tercera vez en la oscuridad, infundiendo temor en su corazón y espantando a todos los Bronzor y Geodude salvajes en el proceso. El estruendoso sonido que su pétreo cuerpo producía al arrastrarse hacía temblar el árido e irregular terreno como el más despiadado de los terremotos.
 
“¡POR FAVOR, QUE ALGUIEN ME AYUDE!”
 
Había sido una estúpida en bajar allí, en haberse separado de su familia solo por querer hallar pokémon extraños a los que investigar y fotografiar, cuando el profesor le había dejado más que claro que no debía alejarse, que aquel lugar era tan engañoso como el Monte Corona o la Cueva Retorno. Y ahora estaba perdida en una zona donde nadie la escucharía gritar, encerrada con una bestia que no le tendría compasión de ningún tipo.
 
Un cuarto y ensordecedor rugido por parte de su acosador produjo una inesperada vibración que la hizo finalmente perder el equilibrio y caer violentamente al suelo, lesionándose el tobillo izquierdo a causa del impacto. Estaba acorralada, y ya no podía seguir corriendo. Intentó gatear, sabiendo en el fondo que era en vano. La gran serpiente de roca ya la había alcanzado, y ahora solo se limitaba a observarla con odio en sus enrojecidos ojos, jugueteando con su presa antes de rematarla.
 
“¡NO! ¡ALÉJATE! ¡NOOOOOOO!”
 
Cerró los ojos entre lágrimas mientras escuchaba al Onix alzando su larga y pesada cola con intención de aplastarla. Y justo cuando pensaba que moriría en el acto y que nadie vendría a rescatarla, oyó a su atacante soltar un gruñido de dolor, lo que la obligó a alzar su vista con curiosidad.
 
Una pequeña criatura que jamás había visto en toda su vida se había atrevido a venir en su ayuda, produciendo un profundo corte en el párpado izquierdo del colosal y cornudo pokémon serpentiforme con sus diminutas y no del todo desarrolladas garras en sus patas delanteras. Se trataba de lo que podía ser descrito como un reptil bípedo y obeso de escamas color azul pálido y filosos dientes, con una aleta dorsal en su cabeza que compartía cierta semejanza con la de un tiburón martillo y dos cuernos en los costados de la frente que, además de poseer una raya cían en el medio, parecían los motores de un avión jet. Carecía de cuello, y su rojo vientre se estiraba desde su abdomen hasta su maxilar inferior.
 
El Onix rugió colérico al ver que estaba siendo desafiado, por lo que sin pensárselo dos veces arremetió contra su nuevo oponente. El pequeño pokémon contestó de inmediato, liberando de sus mandíbulas un enorme rayo de fulgurante energía anaranjada que produjo una ensordecedora explosión, dañando a su contrincante notablemente y forzándole a retirarse. En cuanto le vio emprender la huida, se dio la vuelta para inspeccionar con la mirada a aquella a quien había rescatado, recibiendo un sorpresivo y fuerte abrazo.
 
“¡GRACIAS, GRACIAS! ¡Oh, amiguito, no sé por qué lo has hecho, pero me has salvado!”
 
El minúsculo escualo terrestre esbozó una amistosa y graciosa mueca con sus fauces que parecía una sonrisa mientras ella tomaba de su pequeño bolso la pequeña enciclopedia portátil que le habían regalado por su cumpleaños el mes pasado, con intención de escanearle y obtener información sobre él. El dispositivo finalizó su tarea hablando con una voz sintética femenina que formaba parte de su programación.
 
Gible, el pokémon terrascualo. Ataca usando su enorme boca y, con lo torpe que es, también se suele dañar con sus potentes ataques. Los machos se caracterizan por tener un corte triangular en la aleta dorsal.”
 
“Vaya. No pareces tener ningún corte triangular como el que dice mi pokédex. Entonces, eso quiere decir que eres una niña, ¿No es cierto?”
 
La Gible gruñó muy contenta, feliz de que aquella humana hubiese reconocido su sexo, y comenzó a darle pequeños e inofensivos mordiscos en la mano izquierda. Ella sonrió al ver aquella conducta tan tierna y juguetona. Pero la alegría le duró poco al oír un trío de voces familiares.
 
“¡Por allí!”
 
Giró la cabeza levemente para mirar hacia más adelante, solo para hallarse con el escenario que ya se temía encontrar: el profesor Rowan, acompañado de sus padres, venían corriendo hacia ella, frenando a tiempo para detenerse a verla con miradas repletas de reprobación y de decepción. Su madre fue la primera en gritarle.
 
“¡Cynthia! ¡Casi me matas de un infarto! ¿Qué tienes que decir en tu defensa?”
 
Se quedó unos segundos en silencio, insegura de qué excusa inventar para evitar un castigo ejemplar. Miró a Gible, quien todavía le sonreía con júbilo, como si estuviese feliz de estar a su lado. Y entonces una alocada idea atravesó su mente, dibujándole una sonrisa en los labios y llevándola a hacer una declaración con orgullo.
 
“¡Quiero ser entrenadora!”
 



 “¡Gabite, usa Terratemblor!”
 
“¡Riolu, Palmeo!”
 
Ambos pokémon acataron sus respectivas órdenes sin pestañear. Mientras Gabite golpeaba fuertemente la rocosa superficie con ambas patas para generar una contenida onda sísmica expansiva, Riolu saltó lo más alto que pudo para evadir el ataque y luego aterrizar justo enfrente de su rival, donde procedió a realizar una serie de golpes con sus palmas que Gabite esquivó a la misma velocidad, siguiéndole el ritmo mientras esperaba las próximas instrucciones de su entrenadora.
 
“¡Ahora Gabite, utiliza Golpe Bis!”
 
Ansiosa por enseñar todo su poder, Gabite no vaciló e iluminó con un resplandeciente brillo verde claro las aletas en sus brazos, convirtiéndolas en poderosas cuchillas que entraron en contacto con su ya agotado oponente, produciendo dos potentes cortes en su torso que le hicieron caer rendido a causa del dolor. El combate había concluido, y una vez más las dos se habían hecho con la victoria.
 
Mientras el joven de cabello oscuro y ojos azul marino socorría a su pokémon, Cynthia corrió contenta hacia su pokémon con la intención de abrazarla.
 
“¡Oh Gabite, te has lucido como siempre!”
 
La pokémon se sonrojó y miró para otro lado, halagada por el comentario de su dueña y mejor amiga. El joven y su Riolu no pudieron evitar enternecerse al ver el vínculo que las unía a ambas.

“Realmente tú y Gabite se han vuelto más poderosas de lo que jamás podremos llegar a ser, Cindy.”
 
“Tú y Riolu tampoco pelean mal, Riley. Estoy segura de que algún día podrían llegar a convertirse en miembros del Alto Mando con la dupla que forman.”
 
Riley descartó el comentario de su vieja amiga con un breve gesto de interjección.
 
“Sí, claro. Probablemente me tome años alcanzar tu nivel, entrenando aquí en la Isla Hierro. Pero tú sí tienes oportunidad. Si tus pokémon y tú siguen entrenando así de duro, lo más seguro es que terminen siendo los ganadores del torneo por el título de de nuevo campeón de Sinnoh este año.”
 
“Como si esas cosas pasaran. Todavía me hace falta reunir tres medallas más, y solo así tenga quizás la chance de participar. Además, la competencia de este año se ve feroz a juzgar por los participantes.”
 
El joven negó con la cabeza.
 
“Los he visto a todos, y créeme cuando te digo que ninguno se compara a ti y a tu equipo. Escucha, eres más capaz de lo que piensas. Tan solo continúa así y ya verás lo lejos que terminas llegando.”
 
“Bueno...quizás tengas razón. Supongo que solo será cuestión de no quedarme dormida en los laureles.”
 
La conversación fue abruptamente detenida por un pitido intermitente. El poké-reloj de Cynthia estaba vibrando y sonando, producto de una alarma pre-programada.
 
“¡Rayos! ¡Son casi las siete! Mi abuela me hará picadillo si no llego a tiempo para la hora de la cena. Ya no tengo tiempo de tomar el ferry, así que me iré volando en Togekiss. ¡Muchas gracias por la sesión, Riley! Te veré mañana a la misma hora.”
 
“Que tengas un buen regreso a casa, Cindy. Y buena suerte.”
 
Con una rapidez fruto de años y años de haber participado en numerosas maratones, la joven muchacha rubia y su Gabite abandonaron la cueva. Justo cuando la primera se encontraba a punto de sacar la poké ball que contenía a su Togekiss, sintió como la segunda jalaba de su brazo con su garra derecha, forzándola a voltearse.
 
“¿Qué ocurre, Gabite?”
 
La dragona de escamas azul oscuro aprovechó la oportunidad y rodeó la cintura de su dueña, abrazándola con alegría. La adolescente no pudo evitar devolverle el gesto, acariciando su cabeza con ambas manos en señal de afecto.
 
“Yo también te quiero, chica. Es increíble lo lejos que hemos llegado, ¿No crees? ¿Y sabes qué más? ¡Podemos llegar aún más lejos! Ahora estoy más que segura de que Riley está en lo cierto. ¡Los venceremos a todos y nos volveremos campeonas! ¡¿Estás conmigo?!”
 
Gabite se separó de ella para responder con un reverberante rugido que pareció sacudir hasta las pequeñas piedras que había en el suelo, enorgulleciendo a su entrenadora. Ya no le cabía duda alguna a ninguna de las dos de que se harían con el triunfo. Tan solo necesitaban prepararse.
 



“¡Lo logramos, Garchomp! ¡LO LOGRAMOS!”
 
Cynthia cayó de rodillas, con sus manos tocando el liso y algo quemado piso de baldosas plateadas. Todo había ocurrido tan rápido que apenas podía acabar de procesarlo.
 
Garchomp, su gran compañera y la pokémon que la había acompañado desde el inicio de su viaje como entrenadora, yacía exhausta sobre el suelo, debilitada y con un montón de moretones y cicatrices. Todo su equipo había sido derrotado por completo.
 
Y frente a ella, tenía ahora a la autora de aquella metafórica e impresionante masacre: aquella joven de cabello y ojos azul oscuro grisáceo que le había ayudado a salvar a toda la región y al universo entero de un fin inminente, ahora abrazando a su Garchomp macho con todo el amor que le tenía y aplicándole mimos en el hocico. Su pokémon respondía lamiéndola y mordiéndola cariñosamente en ambas manos, envolviéndola con los dos brazos para abrazarla.
 
Una sonrisa débil se formó en sus temblorosos labios mientras comenzaba a llorar de la emoción, reconociendo la nostálgica imagen viviente que tenía frente a ella y que tantos hermosos recuerdos le evocaba. Poniéndose de pie y ayudando a su dragona a incorporarse procedió a aplaudir a Dawn para felicitarla en medio de los reflectores que las rodeaban tanto a ellas como a sus pokémon. La joven aspirante se volteó a verla sorprendida y contenta a la vez.
 
“Hace unos minutos sólo tenías un gran potencial. Ahora te has alzado al título y has demostrado tu valía. ¡Tenemos una nueva campeona!”
 
Dawn sonrió emocionada mientras Leafeon, Infernape, Floatzel, Weavile y Staraptor salían también de sus balls para formar un abrazo grupal. Aquel era el mejor día de su vida.
[Imagen: nDb2mjH.png]
   Pokémon Ragnarok
Dos entidades que nunca debieron ser despertadas de su eterno sueño volverán a encontrarse por última vez.
 0  1  0  0  0  0  0  0  0  0  0  0  0  0  0  0  0  0  0  0
Responder
#9
A Cynthia le tocó la misma rutina que a todos los entrenadores: intenta salir a la hierba sin pokémon, te consigues uno que te salve, aunque debo darle más crédito que al chico promedio por haberse metido a una cueva. Si no salía sola, hubiera quedado un cadáver. Seguramente ha de tener más anécdotas así de arriesgadas una vez que empezó a luchar.
Descansa. Hasta que nos volvamos a ver...
[Imagen: SwCanxx.png]
 0  0  0  1  0  0  0  0  0  0  0  0  0  0  0  0  0  0  0  0
Responder
#10
Frustración
Al principio, cuando me escogiste de entre todos los que había y me separaste de mi familia, me sentí feliz. No podía esperar a ver el viaje que emprenderíamos juntos. Te seguiría fielmente a donde fuera. Viajaría contigo de aquí a allá, buscando hasta el fin.
  
¡Ja! Qué infantil e iluso era en aquel entonces. Si tan solo hubiese sido capaz de imaginar la mitad de las inhumanas torturas a las que me someterías más adelante. Golpes. Patadas. Latigazos. Insultos. Escupidas. Humillaciones ante tu círculo interno. Pensabas que era un estúpido solo por ser leal. Que nunca se me pasaría por la mente rebelarme contra ti.
  
¿Acaso creías que no terminaría odiándote por nunca jamás mostrarme aunque fuese la más mínima muestra de afecto? ¿Que no te detestaría implacablemente por el cómo me hiciste entrenar hasta que los huesos de las patas se me rompiesen, haciéndome pasar días y noches enteras sin comer?
 
Mi furia me ayudó a concentrarme mientras la voz en mi cabeza me decía que esperase el momento perfecto para atacar. Y finalmente, el día en el que evolucioné durante el entrenamiento, me puse de acuerdo con mi nuevo compañero de cuerpo y nos abalanzamos sobre ti apenas nos diste la espalda.
 
Amé oír tus gritos, y estoy seguro de que mi compañero lo disfrutó tanto como yo. El cómo se intensificaban mientras mi compañero te arrancaba el brazo de cuajo con sus poderosas mandíbulas. Yo, por supuesto, me aseguré de que fuese lo último que tu ojo derecho viese.
 
Nunca antes había probado la carne y la sangre humanas. Se sentían rancias, tan podridas y asquerosas como el resto de tu vil ser. Y extrañamente nos había gustado. Queríamos más. Pero tus hombres nos sometieron inmediatamente, impidiéndonos hacernos con el resto.
 
Nos hiciste pasar cinco días enteros encerrados en una jaula, con bozales y sin probar bocado alguno. Finalmente nos dejaste salir, con la condición de que nos portaríamos bien. Aceptamos y seguimos afrontando las duras y mortales pruebas a las que nos seguiste sometiendo con tal de volvernos más fuertes, enseñándonos movimientos que decías nos harían capaces de derrotar a cualquier oponente.
 
Hasta que nos hiciste evolucionar de nuevo. No queríamos unirnos, y como consecuencia comenzamos a pelearnos entre nosotros para tu retorcido deleite personal. Nos negamos a morir. Pero al final solo yo sobreviví. Mi compañero pereció en el proceso, y lo único que quedaría de él fue aquella cabeza que ahora cuelga a mi izquierda, como un cadáver sin voz ni mente, una triste marioneta que solo me sirve como sustituto de mi pata delantera.
 
Y desde aquel día, cada segundo de mi vida sería de intensa agonía. Lloré amargamente por mi familia, por mí mismo y por amigo, hasta que mi sufrimiento solo se convirtió en más furia. Ya no era más un ser vivo. Solo la parodia de uno, un monstruo, un peón más en tu partida de ajedrez que ya no tenía ni motivación para alzarse contra ti, ni deseos de luchar. No era diferente de aquel niño huérfano cuya mente te encargaste de llenar con sueños de justicia y de liberación a muy temprana edad.
 
Te creíste perfecto, intocable, un dios entre mortales que utilizaría a un adolescente para gobernarlos a todos. Y en ambas ocasiones que intentaste obtener poder solo se necesitó de un adolescente para que tus planes se cayesen a pedazos y finalmente perdieses tu cordura. Oh, pero qué deliciosas son la ironía y la justicia. Casi tanto como lo fue triturar y saborear gustosamente tu ojo.
 
Eres escoria. Mi creador. Y ahora estoy esperando que mueras, ya sea en el lodo en el que te encuentras actualmente o bajo la fuerza de mis colmillos y maxilares. Duerme y trata de no ahogarte en tu propia saliva. Disfruta tus últimos días de vida. Porque te aseguro que en cuanto tu “Trío Sombrío” no esté aquí para protegerte solo quedaremos tú y yo. Y yo estaré complacido en ser tu verdugo. Aquel que te sacará de tu miseria, hundiendo toda mi frustración sobre tu carne.
  
El momento se aproxima. Ya puedo sentirlo cada vez más cercano. No habrá quien te salve, y por más que corras no habrá bosque, cueva, pueblo o ciudad en la que te puedas esconder de mí.
  
La campana ha sonado. Fin del juego, Ghetsis. Es hora de comer.
[Imagen: nDb2mjH.png]
   Pokémon Ragnarok
Dos entidades que nunca debieron ser despertadas de su eterno sueño volverán a encontrarse por última vez.
 0  0  0  0  0  0  0  0  0  0  0  0  0  0  0  0  0  0  0  0
Responder
#11
Mostrar Este inocente juego nuestro y Policías Internacionales en acción: Intercambio fraudulento
Este inocente juego nuestro: Muy bonito, como ya te había dicho antes en verdad me gusto ese detalle de la relación de estos dos pokémon de Brendan, y aquí se me hace muy tierno como se conocen. El detalle de que Kirlia tuvo una visión del futuro de Brendan y May, pero que no halla podido hacer lo mismo con el de ella y Swampert al principio me pareció extraño, hasta que después explicaste que no quería ver el futuro de Swampert.
Me resulto tierno y complementa muy bien la historia de ambos.
Una pena que por más rapiditos que hagan, no podrán tener un huevo.  LetalQQ

Policías Internacionales en acción: Intercambio fraudulento: Es todo lo que queremos y necesitábamos. Malicious
Por fin, esa malévola mente maestra, más mala que Giovanni, Ghetsis, Cyrus y Lusamine juntos, por fin recibió su merecido.
Fuera de broma, la premisa es bastante ingeniosa y divertida, teniendo a Mulder y Scully, que diga, Jayden y Thelma resolviendo el delito más atroz en la historia de pokémon, el intercambio del Haunter con piedra eterna.
Me gusto como lo que hiciste con la tipa y el lore del Moonverse, como en verdad era una mente maestra con el objetivo de beneficiarse estafando a entrenadores inocentes, al igual que esta historia conecta magistralmente con la historia de Dawn.
Los dos policías me agradan, al igual que el friendzoneo no lo encontré muy malo en este caso.
                                         [Imagen: u5rXkYn.jpg]
 0  0  1  0  0  0  0  0  0  0  0  0  0  0  0  0  0  0  0  0
Responder




Usuarios navegando en este tema: 1 invitado(s)
task