Oneshot- Rara Ocurrencia en el Subterráneo

ExtensiónOneshot
FranquiciaOtros
GéneroSuspensoTerror
Resumen

Un inocente joven entra a un tren sin deseo alguno, pero las cosas no van de acuerdo a lo esperado.

#1
Mostrar Nota del autor
Bueno, aquí está el fic de Halloween. La primera vez que experimento con historias de terror y con otra cosa.

Este es un spin-off del long-fic "Antes de Ponerse la Capa" (mi primer intento en un trabajo de ese estilo), pero para todo lector que no la ha leído, le digo que no tiene qué preocuparse, pues me aseguré de que la historia permaneciera entendible sin necesidad de que chequen esa historia.

Dicho esto, espero que el texto les sea de agrado.
11:27

Esa era la hora en Ciudad Nimbasa.

Algunos negocios ya estaban por cerrarse mientras que otros empezaban. La Rueda de la Fortuna ya iba a apagarse, al show de la Estación de Radio le quedaban todavía dos horas de plática antes de terminar, el Musical Pokémon empezaba sus últimas funciones, los estadios deportivos comenzaban sus sesiones de entrenamiento nocturnas…

El Tren de Batalla tampoco estaba lejos de cerrar, ya que su última sesión era dentro de media hora. Sin embargo, mucha gente hacía fila para obtener una oportunidad de pelear en su interior y desafiar los dos Jefes del Metro: Ingo y Emmet.

A Damian no le molestaba estar despierto a tremendas horas por ello, siendo que con tan solo trece años ya se había acostumbrado a desvelarse, ya sea porque no dejaba de pensar en todas sus cuestiones como entrenador pokémon, porque sabía que podía encontrar alguna criatura nocturna que fuese de su interés, o por situaciones similares a las de esta noche, en las que esperaba pelear con alguien.

Cada segundo se volvía una eternidad para el joven extranjero, pues en una cola de trece personas, apenas podía ver a dos desaparecer de la distancia que le separaba de la entrada hacia el subterráneo. Quería pensar que tal vez podría tener suerte y poder combatir, por lo que nunca miró al reloj de su Xtransceiver; si iba a lograrlo, deseaba emocionarse verdaderamente, y lo mismo iba al caso en que fracasara en entrar.

Después de lo que se sintieron como tres horas en su perspectiva, Damian finalmente logró ver que las escaleras que lo llevarían a su destino estaban despejadas, así que se movió rápidamente hacia su interior con la esperanza de que su deseo  se concediera.

Una vez dentro de la inmensa estación, se dio cuenta de algo muy peculiar: había poca gente, dándole un mal presagio al muchacho.

Pronto notó la presencia de un hombre de mediana edad vistiendo un uniforme verde y cargando materiales de limpieza, un conserje, caminando hacia la estación de batallas individuales, identificable por su línea de color verde oscuro.

Tratando de aclararse cualquier duda, Damian decidió llamar al adulto.

–¡Disculpe señor! ¿Podría decirme si los trenes de combate aún están activos?

–Lo siento, joven –respondió–. La mayoría de viajes ya están terminados por hoy, el único que queda es un tren hacia Pueblo Anville, pero no está permitido pelear ahí.

–Entiendo –suspiró decepcionado–. Gracias por el aviso.

Aunque se sentía triste por no haber llegado temprano, no iba a irse con las manos vacías, así que dio paso al área de línea marrón. Solo había un guardia de traje verde vigilando el lugar. “Seguramente nadie tenía interés en ir,” pensó Damian.

–¿Viniste a tomar el viaje a Pueblo Anville? –preguntó una vez que vio al chico.

–Sí, señor.

–Bueno, no pensé que vendría alguien a estas horas, ¿pero qué más da? Pasa. Es el último de hoy.

Cansado, el muchacho se puso a esperar al tren, incomodado por la falta de vida que demostraba la carencia de gente, le hacía pensar que el sitio ya estaba cerrado y que él se quedó adentro como si fuera juguete en un centro comercial.

“No sé por qué fui al Musical Pokémon cuando pude mejor dedicar ese tiempo en el Subterráneo…”
Se sentía algo arrepentido de su decisión. No es que aquel sitio de entretenimiento fuera malo, a fin de cuentas, la actuación de los pokémon en “Nimbasa excitante” fue cómica, pues le era bastante irrisorio ver a criaturas como Cottonee esforzándose por bailar frente a un enorme público con tan limitadas extremidades, si es que se les podía llamar así. Pero un entrenador vivía del combate, y pesar de sus dilemas como tal, hubiera apreciado la acción de un enfrentamiento o varios.

Después de pensar en sus decisiones, vio la hora en su Xtransceiver, eran ya las 11:57 PM, apenas tres minutos antes de la medianoche. Quizás de haberlo checado antes, hubiera ahorrado unos minutos de su vida para regresar al centro pokémon de la ciudad y esperar a otra chance para pelear mañana. Pero ya no le importaba, así que solo decidió quedarse, observando esa pulsera tecnológica y el tiempo que marcaba, ya que su única otra función era llamar a gente, pero él jamás se vio con la necesidad de usarla.

11:58

Nada.

11:59



12:00

Fue en ese momento que pronto vino un ruido desde lejos, eso solo podía significar que el vehículo estaba por llegar, así que Damian permaneció un poco más de tiempo quieto hasta que finalmente lo vio llegar. No pasó un minuto más para que finalmente apareciera frente a sus ojos y abriera sus puertas con espejos. Le alegraba al chico de ojos rojos el saber que no le era necesario echarse para atrás, algo que lo vino tentando desde que salió de la Liga Sinnoh.

Una vez dentro del último vagón, el muchacho se sentó en uno de los asientos de la derecha, esperando a que llegara a su destino. Estando en un sitio tan vacío, no evitaba la tentación a hacer alguna tontería, pues a fin de cuentas, nadie podía verlo, pero el romper las reglas siempre era una apuesta, y una que él no consideraba digna, por mucho que el precio de ello fuera someterse a diez minutos de aburrimiento.

Sin embargo, otro sonido se hizo presente en el lugar: el de una puerta abriéndose y los pasos de alguien, cosa que no tenía sentido, considerando que Damian era el único pasajero. Sorprendido, el muchacho observó a su derecha, la dirección del ruido, y notó que se trataba de una chica de vestido naranja, sombrero blanco y zapatilla rojas. Su pelo era castaño y un par de gafas oscuras le impedían ver el color de sus ojos. Sin embargo, la característica más extraña era que parecía triste.

Eso no hubiera extrañado tanto al entrenador de trece años de no ser por las acciones de la misteriosa joven: ella permaneció quita mirando al chico fijamente, con una poké bola en su mano izquierda.

Aunque el mensaje era claro, Damian no podía entenderlo, ya que el conserje dijo claramente que el tren hacia Pueblo Anville prohibía las peleas, por lo que le costaba trabajo creer que alguien iba a romper las reglas de semejante forma. Esa idea no le gustaba, así que trató de razonar antes de tomar cualquier otra acción.

–Disculpe, señorita. No se puede combatir en este tren.

La mujer no respondió en lo absoluto, solo permaneció observándolo hasta que abrió su poké bola, liberando a un Patrat listo para pelear.

“¿No me queda de otra o sí?”

Después, Damian dio un suspiro, y disponiéndose a aceptar el reto de la chica, sacó su propia poké bola.

–¡Sal, Pignite!

El cerdo y la rata estaban listos para la acción. La muchacha fue la primera en dar órdenes.

–Arañazo…

–¡Usa Brazada!

Patrat corrió hacia su oponente para rasguñarle, pero antes de lograrlo, recibió palmeos en su cuerpo como si estuviera en una pelea de sumo; tres en el estómago y uno final en la cabeza. Con eso bastó para dejar al roedor fuera de combate.

La mujer simplemente retiró al pokémon del lugar y sacó al siguiente: Sewaddle.

–Ataca con Disparo de Seda.

Y el gusano obedeció, usando su boca para disparar un hilo contra el puerco, dejándolo inmóvil temporalmente. Sin embargo, no le preocupó a Damian, pues tenía una solución fácil.

–¡Ahora, Picadura!

El insecto se aventó directamente hacia Pignite para morderlo con sus pequeños dientes, pero eso era lo que el muchacho deseaba.

–¡Carga de Fuego!

Llamas empezaron a rodear el cuerpo del cerdo, quemando la seda que le detenía y permitiéndole golpear a su oponente de una fuerte tacleada. De igual manera que Patrat, Sewaddle cayó fácilmente.

Sin inmutarse, la chica envió a su último monstruo, también simple para Damian.

–Ve, Deerling…

Y entró a la acción el pequeño ciervo verde, cosa que le pareció interesante al extranjero, pues se trataba de un pokémon podía cambiar su apariencia conforme a las estaciones del año, y él solo podía ver variaciones de otoño cuando estaba afuera.

–Ataque Finta.

El pequeño venado engrandeció sus ojos para darle una apariencia de lástima, causando que su rival se cuestionase la necesidad de pelear. Éste se aprovechó de la reacción para asestarle un cabezazo en el pecho, pero no contó con que el puerco poco se inmutaría ante dicho golpe, pues éste uso su cuerpo para empujarlo lejos.

–Bola de energía.

Abriendo su boca, creó una pequeña esfera verde que salió disparada hacia Pignite, pero al igual que la finta, poco le afectó.

–¡Usa Carga de Fuego otra vez!

Y una vez más, llamas cubrieron el cuerpo de su usuario, permitiéndole taclear al venadito con una enorme fuerza, aunque llegó a debilitarlo.

–Ataque de arena.

Usando sus patas delanteras, Deerling aventó pequeñas pizcas de arena que llegaron a los ojos del puerco, causándole una dificultad para ver fijamente. Sin embargo, Damian se sentía lo suficientemente confiado para ganar sin perder a un solo pokémon.

–¡Pégale con Brazada!

El cerdo trató de palmear a su adversario, pero con la dificultad para mirar, terminó fallando.

–¡Patada de Salto, Deerling!

–¡Esquívalo!

Las patas delanteras del venadito se iluminaron de energía y éste dio un salto que iba directo hacia Pignite, pero con el grito de Damian, logró esquivarlo, resultando en una fuerte caída que dejó al pokémon de la chica inconsciente.

Ella retiró a la criatura del vagón, y en vez de sacar a algún otro oponente, terminó por sentarse.

Si algo sabía el muchacho antes de entrar, era que las peleas singulares requerían únicamente a tres pokémon para combatir, por lo que en cierta forma, esta muchacha sabía de las reglas. Lo que aún no cuadraba era, ¿por qué esto ocurría en un tren que específicamente no permitía los combates? Se trataba de una cuestión enorme, pero antes de que pudiera pensarlo por más tiempo, la puerta que llevaba al siguiente vagón se abrió repentinamente, pero lo más raro fue que la chica finalmente habló.

–Continúa.

–¿De qué hablas? –preguntó perturbado.

–Vete si aprecias tu vida.

–No entiendo.

La mujer no dijo más, así que lo único plausible para Damian era que se estaba refiriendo al siguiente vagón. Aún confundido, éste decidió tomar acción y se fue del área.

Una vez que entró, la puerta se cerró repentinamente, haciendo que el chico saltara de un susto.

“¿Qué diablos le pasa a este tren?” pensó mientras miraba a su espalda.

Pronto volvió a observar a su alrededor y notó que ya había otra persona adentro: un anciano de traje de gala marrón, con una sonrisa en su rostro, contrastando con el rival anterior. El adulto libró a un Liepard.

Sin estresar un solo instante, el chico de ojos rojos sacó a otro pokémon de una bola red, listo para batallar.

–¡Joltik, yo te elijo!

La diferencia de tamaño entre ambos monstruos era increíblemente notoria, hasta parecía que el felino no tenía a alguien con quién luchar.

–¡Usa Bola Sombra!

–¡Esquívala y ataca con Electrotela!

La arañita obedeció, evitando que una esfera morada disparada por el gato y después enviando una telaraña hecha de energía eléctrica mucho más grande que su cuerpo, dañando y ralentizando momentáneamente al leopardo púrpura.

–¡Libérate con Afilagarras!

Una energía brillante rodeó las cuatro patas del felino, y con éstas, no solo mejoró su ataque y precisión, sino que también destruyó la telaraña que cubría su cuerpo.

–¡Dispara una Electrobola, Joltik!

Manejando más electricidad, el pequeño bicho creó una esfera de enorme poder, pero su oponente fue inteligente y lo esquivó.

–¡Dale con Cuchillada Nocturna!

–¡Evádela!

El leopardo creó unas garras de aura oscura y estaba a punto de destrozar a su enemigo con éstas, pero como Damian ordenó, el insecto dio un salto enorme y terminó posando sobre el lomo del felino.

–¡Ahora usa Chupavidas!

Encajándole sus dientes, el pokémon lapa, empezó a absorber energía de su rival, que le podía ayudar para generar más ataques eléctricos.

–¡Quítatelo de encima!

Liepard empezó a dar vueltas y brincar con tal de quitarse a la arañita que le robaba la energía con mordiscos. Eventualmente logró deshacerse del bichito, pero ahora ni éste ni su entrenador podían verlo por ningún lado. El joven de cabello azabache en cambio, sabía de su localización, y estaba listo para aprovecharla.

Pronto, ambos notaron que Joltik estaba trepado en el techo del vagón, chupando la electricidad de éste mismo. El viejo reaccionó de la forma más rápida posible.

–¡Usa Bola Sombra!

El felino abrió la boca y formó una esfera púrpura. Sin embargo, fue incapaz de dispararla por la orden de su adversario.

–¡Dispara una Electrobola!

Y manejando la energía que obtuvo tanto de Liepard como de la electricidad, la araña creó una veloz bola que remató a su adversario.

Sin molestia alguna, el viejo trajo a su siguiente pokémon para continuar la pelea.

–¡Ve, Swoobat!

–Regresa, Joltik.

Damian no consideró que el arácnido fuera apto para continuar con la pelea, debido a su incapacidad de crear su propia energía eléctrica, y no podía abusar de Chupavidas o del techo por siempre, pero su fortuna estaba en que tenía a otro pokémon capaz de lidiar con voladores.

–¡Boldore, yo te elijo!

–¡Muéstrale tu amor con Sello de Corazón!

El murciélago peludo creó un enorme corazón y lo disparó hacia la piedra. No hizo mucho daño, por lo que el muchacho no se estresó demasiado.

–¡Avalancha!

Pero para su confusión, Boldore no obedeció y en su lugar, dio un paso hacia atrás, sin dejar de mirar a su adversario. No le fue difícil deducir que se trataba de un retroceso, consecuencia del movimiento.

Risas salieron del anciano, quien sacó la ventaja del ataque.

–¡Róbale fuerza con Gigadrenado!

Un aura verdosa salió de los colmillos de Swoobat, la cual se movió hacia la roca con rapidez para succionar energía de ésta misma. Damian sabía lo difícil que se podía poner la pelea si dejaba que el murciélago obtuviera demasiada fuerza, así que decidió darle una desventaja.

–¡Usa Antiaéreo!

Y el monstruo rocoso obedeció, disparando una enorme piedra que obligó a la amenaza alada tumbada en el suelo sin oportunidad de elevarse mientras este permaneciera en el campo de batalla.

–¡Dispara Aire Cortante!

Pese a no podía volar, el murciélago todavía abrir sus alas y moverlas para crear cuchillas azules dañinas para quiénes las recibieran. El daño no iba a ser mucho, pero con tal de no correr riesgos, el joven lo impidió.

–¡Defiéndete con Protección, Boldore!

Con la asistencia de una esfera verde, el monstruo logró evitar cualquier daño de la airada.

–¡Sello de Corazón!

–¡Evítale con Avalancha!

Rocas se colisionaron con el corazón, pero al final, le superaron por número, resultando en la colisión contra el pokémon galante, dejándolo fuera de combate.

El viejo, ya algo cansado de la duración del combate, invocó a su último pokémon.

–¡Carracosta, te elijo a ti!

“Boldore no podría con este, y no sé si Joltik sea apto,” pensó Damian. “El metro no puede permitir más de tres pokémon para esta clase de desafíos y Pignite no tendría oportunidad. Quizás si pudiera…”

Con el intento de experimentar, el muchacho sacó la poké bola de un monstruo ajeno a los tres que usó antes.

–¡Ve, Lilligant!

Y apareció sin ninguna rareza por notar, la planta bailarina puso pie en el vagón.

“¡Bingo!” Ver eso le mostró que tenía la libertad de sacar a todos sus pokémon.

–¡Ataca con Poder Antiguo!

–¡Esquívalo con Danza Tremor!

Una esfera de energía blanca salió del cuerpo de la tortuga para dañar a la danzante, pero obedeciendo a su entrenador, ésta esquivó el ataque con elegantes movimientos de baile, girando su cuerpo entero como una espiral que más tarde se transformó en un breakdancing al momento en que empezó a sostener su cuerpo con un solo brazo. Eso aumentó sus capacidades de combate.

–¡Usa Cola Acua ahora!

–¡Acábalo con Hierba Lazo!

La cola del pokémon pretortuga se rodeó de un remolino y su usuario dio un enorme brinco en dirección a su rival. Hizo una voltereta para asestar el golpe, pero del suelo, aparecieron un par de hierbas que agarraron los pies del monstruo prehistórico, haciendo que perdiera el control y cayera de espalda al piso, derrotándolo sin mayor dificultad como el muchacho de ojos rojos esperaba.

El anciano no se vio molesto por el resultado. Regresó a su bestia y tomó un asiento de la misma forma que la chica de antes.

–Diste una buena pelea –pronunció–. Necesitarás usar toda tu fuerza si quieres salir de esto.

–Gracias…

Pese a la incomodidad de estar en lo que parecía un tren de combate clandestino, Damian había perdido su miedo anterior por un gusto ante saber que aún obtuvo una oportunidad de luchar dentro del Subterráneo. Quizás la muchacha se refería a que por la ilegalidad, era necesario apurarse con cada batalla o de lo contrario, se metería en problemas con las autoridades; y la seriedad que posaba era posiblemente por acostumbrarse a esas condiciones.

Alegre, el joven se movió al siguiente vagón con el deseo de divertirse un poco más, pero toda esa idea que tenía sobre un sitio ilegal se fue a la basura tan pronto como vio al siguiente entrenador: se trataba de un policía de piel morena, con el clásico uniforme azul, radio y cachiporra en el cinturón, con y un fino bigote que alcanzaba sus mejillas; aunque su atuendo tenía la peculiar característica de poseer un par de manchas rojas cerca del pecho.

“Tal vez son simples heridas,” imaginó, “pero eso es lo que menos me debería preocupar en este momento.”

Sin embargo, el oficial no mostró señal de querer tomar fuerza contra su persona, sino que simplemente, sacó su propia poké bola, de la que vino un Herdier furioso. Aunque eso demostraba que solo era otro oponente, Damian sintió algo más de seguridad una vez observó a su alrededor y se fijó en que no había otra persona en el vagón. Podía pasar mucho tiempo pensando en la presencia del hombre, pero ahora era necesario pelear.

–¡Entra, Pignite!

Y el inicial de fuego volvió al campo de batalla con la misma energía que la primera vez.

–Usa Derribo, Herdier.

–¡Carga de Fuego!

Los dos pokémon aventaron sus cuerpos el uno contra el otro, en una colisión sin ganador alguno, pues ambos resultaron con un enorme daño en sus cuerpos.

–Ataca con Tumba de Rocas.

El perro hizo caso, creando una piedra enorme que voló hacia el techo y rápidamente explotó en cinco rocas más pequeñas disparadas en dirección hacia el cerdo.

–¡Destrózalas usando Brazada!

Sin desperdiciar ni un segundo, el puerco se puso a destruir cada piedra, haciéndolas añicos con cada palmada. Aunque el usuario quedó exhausto de haberlo hecho, y el policía sacó provecho de la situación.

–As aéreo.

Herdier dio un salto y tacleó a su enemigo, causando que este cayera de dolor por la efectividad del movimiento.

–Pignite, ¿estás bien? –preguntó Damian preocupado. A lo que el luchador respondió levantándose, determinado a continuar.

–Usa Derribo otra vez.

–¡Resístelo con Rizo de Defensa!

Aventando todo su cuerpo otra vez, el terrier intentó tumbar al porcino encimándosele, pero éste se hizo bola encerrando sus extremidades lo más que pudo, disminuyendo el daño recibido.

–¡Quítatelo!

Y sacando sus extremidades, el pokémon cerdo fuego mandó a su rival hacia el techo, dándole otra oportunidad para atacar.

–¡Ahora dale con Brazada!

Precisamente cuando el canino iba a regresar al suelo, Pignite le atacó como un sumo, dándole cinco palmeos que terminaron por dejarlo fuera de combate.

–Regresa, Herdier… ahora es tu turno, Gurdurr.

Conociendo al monstruo narizón, Damian sabía que Pignite no estaba en condiciones para encararlo, así que sacó una bola buceo para lidiar con este oponente.

–¡Swanna, te elijo a ti!

–¡Golpéala con Noqueada!

–¡Esquívalo!

Sacando provecho de la enorme viga que sostenía con ambos brazos, en luchador trató de dar un golpe directo a la cabeza del cisne, pero éstr logró evitarlo.

–¡Ahora Escaldar!

El pájaro abrió la boca y disparó un chorro de agua caliente al cuerpo del luchador, consiguiendo no solo dañarlo, sino que también logró darle quemaduras. Eso hubiera alegrado al muchacho de no ser porque ante el efecto, Gurdurr se rodeó de un aura roja llena de rabia. “¡Rayos, tenía Agallas!” dedujo rápidamente de lo ocurrido.

–Ataca con Puño Dinámico.

Considerando la situación de la pelea, el chico se vio con la necesidad de darle otra desventaja.

–¡Ralentízalo con Viento Helado!

Antes de que el monstruo fortachón pudiera asestarle un puñetazo, el ave escupió una ráfaga de aire con copos de nieve, que terminó por quitarle el impulso para rematar a la usuaria como deseaba.

–¡Lanzamiento!

El pokémon musculoso quiso aventar su viga, pero con la reducción de velocidad, le tomó el tiempo suficiente para que Damian pudiera evitarlo.

–¡Apunta a los brazos con Corte Aéreo!

Tras abrir sus alas, Swanna creó varias cuchillas de forma circular que llegaron efectivamente, a las extremidades de su oponente, acabándolo de una vez.

–Es tu turno, Blitzle.

La cebra era el último pokémon del oficial. Por su tipo, el chico de cabello azabache sabía que su cisne no iba a poder vencerlo, así que cambiarla por un monstruo que tuviera algún tipo de ventaja.

–¡Entra, Boldore!

–Energízate con Carga.

Reuniendo electricidad, el equino se llenó de cuanto poder era capaz de conservar en su cuerpo, con pequeñas chipas rodeándolo una vez que terminó.

–¡Terratemblor!

Azotando sus dos patas contra el suelo, la piedra creó una agitación enorme, con la misma propiedad para ralentizar que el Viento Helado de Swanna.

–¡Atácalo con Chispa!

Sin estresar un solo instante, Blitzle aprovechó la electricidad acumulada para asestar un poderosa tacleada a la roca.

–¡Usa Avalancha!

Desafortunadamente, Damian recibió una cucharada de su propia medicina, pues el ataque de la cebra causó que su pokémon se paralizara, dándole una enorme dificultad para moverse.

–¡Termínalo con Doble Pata!

Y después de darle la espalda al oponente, el equino usó sus patas traseras para darle al monstruo rocoso directo a la cara, dejándolo fuera de combate.

–¡BOLDORE!

Era la primera derrota que Damian tenía en el viaje y ya empezaba a preocuparse por perder. Aunque pensaba que posiblemente no iba a ocurrir mucho por perder.

–Hiciste un muy bien trabajo, descansa –dijo a la vez que devolvía a la criatura a su poké bola–. Ahora…
Dado a lo ocurrido con el anciano, el muchacho pensó que tenía la libertad de poder lanzar a cualquier pokémon, así que sacó una bola ocaso y trató de abrir su contenido. Pero al momento en que lo hizo, un enorme espasmo invadió todo su cuerpo y lo hizo colapsar. Sintió como si una mano gigante sometido de un apretón no solo sus huesos y músculos, sino también a sus órganos, pues su corazón latía como si se le hubiera detenido por un instante.

“¿Pero qué…?”

–No lo intentes –pronunció el policía–. Esto es una batalla de tres contra tres y nada más.

“¡Diablos!” se frustró mientras se levantaba. “¿Qué clase de poderes locos tiene este lugar?” Lo que sea que hizo eso le guardaba unas limitantes. Quizás podía usar a los tres pokémon que quisiera, pero solo podía pelear con esos tres una vez que salieran al campo de batalla.

–¡Ve, Pignite!

–¡Usa Chispa otra vez!

–¡Tacléale con Carga de Fuego!

Y de un par de embestidas, ambas bestias colisionaron, pero por fuerza, el cerdo logró superar a su adversario, derribándolo, aunque éste se levantó.

–¡Dale con Bote!

–¡Prepárate, Pignite!

La cebra dio un brinco hacia el techo del lugar con sus cuatro patas, y una vez que estaba cerca de éste mismo, Damian ordenó su ataque.

–¡Ahora Rodada!

Cerrando todas sus extremidades, el porcino empezó a rodar, transformando su cuerpo en una bola destructiva que saltó directamente hacia el equino, golpeándolo contra el techo. Una vez que ambos tocaron piso, el chico fue declarado victorioso, pues Blitzle ya no podía levantarse después de ese ataque.

Justo como los dos entrenadores de antes, el policía simplemente retiró a su pokémon y tomó asiento. Esas acciones ya no sorprendían al muchacho, y su atención ahora permanecía en aquel colapso que recibió tratando de traer a un cuarto combatiente al lugar. Definitivamente había algo muy mal con el tren, algo que le controlaba, pero, ¿qué podía ser? ¿Cuántas libertades y limitaciones tenía el vehículo a comparación del verdadero Subterráneo? ¿Había algún castigo por si trataba de romper las reglas otra vez? ¿Por cuánto tiempo más iba a tener que luchar? Y la más importante: ¿qué le podía ocurrir a aquellos que pierden? Demasiadas interrogantes, pero su única acción disponible era continuar y tener la esperanza de que esta travesía terminara pronto.

Se movió al siguiente vagón, pero su oponente era bastante raro a comparación de los demás: era el caso de un niño, no mayor a los ocho años, ojos marrones y cabello grisáceo, vestía una bata de hospital y andaba sin zapatos, y su presencia venía acompañada de un Munna.

Pese a sus cuestiones anteriores con las fuerzas sobrenaturales del tren, Damian pensaba que al menos los retadores eran “normales”, en el sentido de ser gente que podía encontrar en pleno día sin rareza alguna. Ahora, su siguiente desafío era un inocente jovencito que debería estar bajo el cuidado de sus familiares y de médicos.

–¿Eres mi rival? –preguntó con una voz dulce.

–Bueno… –respondió molesto por la idea de enfrentar a un pobre chico–. Sí.

–¡Entonces prepárate, ve Globín! –gritó a su Munna y éste obedeció.

Con un nombre como ese, ya el muchacho de trece años perdía cualquier deseo de pelear, pero como no seguramente no iba a tener la opción de rendirse, decidió hacer que el combate acabara rápido, sacando la bola ocaso que no pudo abrir en el combate anterior.

–¡Deino, yo te elijo!

Y el sexto pokémon de Damian entró a la batalla. Aunque el joven de ojos rojos sabía que la batalla iba a tener un resultado humillante para el chiquillo, pensaba que tal vez podría contenerse un poco, ya que el dragón tenía una enorme fuerza física, pero una pésima puntería para ataques de ese tipo, gracias a su habilidad: Entusiasmo.

–¡Dispárale con tus rayos, Globín!

Usando sus ojos, el tapir rosado creó ondas psíquicas que no lograron efecto alguno en su enemigo, dado a la inmunidad del tipo siniestro sobre el psíquico.

–Dale un ligero Cabezazo, Deino.

Obedeciendo, el lagarto corrió rápidamente hacia el pequeño ser flotante, pero a pesar de la orden de su entrenador, el golpe terminó tirando al rival.

–¡No, Globín!

El chico abrazó fuertemente a su pokémon y se puso a llorar.

–¡No es justo! ¡Quiero a mamá y a papá!

Al dragoncito no le causaba emoción alguna, pero su entrenador se sentía sucio con lo ocurrido, ya que le hacía recordar a su infancia, cuando estudiantes de una escuela en su región natal pasaron días burlándose de su optimismo y determinación, llamándole risueño y debilucho, golpeándolo cuando éste lograba insultarlos, y dejándolo a su soledad, sin nadie que pudiera ayudarlo. Aunque el paso del tiempo le hizo admitir que ellos tenían razón, no iba a rebajarse a ese nivel de detestable por nada en el mundo, y la sensación de parecerse siquiera un poco a ellos le daba un asco enorme.

–Oye, niño. Lo siento mucho.

–¡CÁLLATE!

Fue duro, pero no le molestaba recibirlo sabiendo que alguna vez estuvo en la misma posición.

Dos minutos pasaron y las cosas no parecían moverse a ninguna parte. Parecía que el pobre jovencito no tenía más pokémon para usar, pero la puerta no se abría. Damian simplemente pensó en irse del vagón a la fuerza. Estaba listo para retirar a Deino, pero cuando sacó su bola, un par de voces con tono de vejez hicieron eco.

“¡Aún no!”

Repentinamente, la sombra del niño empezó a extenderse al punto de llegarle a la cabeza. Dos ojos escarlata salieron de ésta misma, y ambos dieron una vuelta, deshaciendo la oscuridad y revelando su verdadera forma, o más bien, formas: se trataba de un par de Yamask, ambos con una expresión de ira en sus rostros.

“Ahora te enfrentarás a nosotros, entrenador,” pronunció la voz femenina.

“Cuida de Charlie mientras yo me hago cargo,” dijo la masculina.

Y efectivamente, uno de los dos fantasmas permaneció al lado del chiquillo, mientras que el otro tomó el lugar de Munna en el campo de batalla.

“¡Fuego Fatuo!”

–¡Usa Pulso Dragón!

Una enorme llama azul colisionó contra un dragón de energía sin que ninguno de los dos proyectiles lograra darle a los usuarios. Damian estaba agradecido porque la desventaja de su pokémon fuera únicamente en los ataque físicos, pues de haber fallado, la dificultad para golpear a sus adversarios se hubiera hecho mayor.

“¡Bola Sombra!”

–¡Muérdelo con Triturar!

El lagarto empezó a correr lo más que pudo, y aunque el fantasma logró asestarle con su orbe oscuro, no logró detener el movimiento de su adversario. Una vez que logró poner sus dientes en el ser, Deino los apretó y rápidamente aventó a su víctima hacia la pared del vagón cercana a la siguiente puerta.

“Ya no puedo más…” pronunció el Yamask.

“Entonces es mi turno…”

Ahora el espíritu que atendía al chico cambió de lugar con su compañero. Antes de cualquier acción, Damian notó que su dragón había sido afectado por una clase de aura oscura, y no fue difícil deducir lo que era.

“Momia…” la habilidad que todo Yamask y  Cofagrigus posee. Esencialmente un poder que neutraliza la habilidad verdadera de la víctima por cinco minutos hasta que el efecto desaparece. Lo afortunado de la situación era que Entusiasmo más dañaba a su pokémon en lugar de beneficiarlo, y aunque perdió el aumento de poder, era mejor aprovechar la precisión mejorada mientras podía.

–¡Usa Triturar de nuevo!

“Desarma.”

Disparando ondas a través de sus ojos, el espíritu logró obligar a su contrincante a detener el ataque. Encima de ello, no iba a ser capaz de usar ese movimiento temporalmente.

–¡Pulso Dragón!

El rayo, a diferencia de su uso anterior, logró asestar directamente a su objetivo, así como también le enfureció.

“¡Acoso!”

Y de la nada, un montón de seres diminutos imposibles de detallar, empezaron a rodear al lagarto y a dañarle con lo que únicamente puede interpretarse como picaduras constantes.

–¡Dale con Colmillo de Fuego!

La boca de Deino ardió en llamas, mientras éste aún tenía a su cuerpo infestado de bichos, alcanzando a morder al fantasma.

“¡Viento Siniestro!”

Yamask giró hasta generar una espiral que emitía una brisa púrpura, lastimando al pokémon tosco.

–¡Dispara Pulso Dragón una vez más!

Otra onda de energía salió de la boca del monstruo negruzco. Pero para gran fortuna del muchacho, eso bastó para tumbar al espíritu.

“Tú ganas… te quedan dos vagones para salir.”

Con esa frase, los hechizos sobre Deino se desvanecieron con un aura blanca rodeando su cuerpo. Y mayor alivio fue para Damian el saber que solo tenía que enfrentarse a pocos entrenadores más para salir.

“Acompáñanos, Charlie.”

Los dos Yamask tomaron las manos del niñito y se sentaron juntos. Era muy claro que ellos apreciaban mucho al pequeño, como si lo conocieran de manera íntima.

Antes de pasar por la siguiente puerta, el muchacho les miró una última vez, y no pudo notar que los fantasmas fueron reemplazados por un par de viejos en ropa casual. Sorprendido, Damian parpadeó, pero tras eso, solo veía a las criaturas de antes. Un avistamiento raro antes de salir.

El siguiente adversario no parecía distinto de los demás: piel de bronce, cabello picudo y verde; vistiendo una gabardina marrón. Su única característica extraña era un parche en su ojo izquierdo, clara señal de una herida grave la cual prefería no ver.

–No queda mucho tiempo antes de que este tren termine su recorrido… –pronunció–. Chico, hazme un favor y haz que mi última pelea valga la pena, si no es que te molesta.

–¿Okay?

Aquel término, “última pelea” le parecía bastante extraño, y mezclado con los fantasmas del vagón anterior, Damian empezaba a desarrollar una hipótesis de lo que el sitio podía estar implicando, pero no deseaba pensar demasiado en ello, necesidad que se hizo cumplir como una pata de mono cuando el adulto sacó a su pokémon.

–¡Sal, Raichu!

Hasta antes de ese momento, todos los oponentes tenían únicamente a criaturas locales de Unova. Ahora el tren sacó un truco bajo la manga solo para hacer de su escape una tarea más difícil.

–¡!Joltik, entra al combate!

Pese a que no tenía ventaja elemental sobre su oponente, la garrapata era útil para Damian, puesto a que éste tenía la fortuna de conocer a la especie, gracias a que se trataba de un pokémon poco común, pero posible de encontrar en Hoenn y Sinnoh.

–Cola de Hierro…

–¡Brinca!

El ratón enorme aventó su extremidad trasera como si de un látigo se tratara y la clavó directo en el suelo. La arañita hizo caso al grito de su entrenador y dio un brinco para terminar posando sobre dicha parte de su enemigo.

–¡Ahora Chupavidas!

Y como lo hizo con el Liepard anteriormente, el bicho clavó sus dientes en la cola, empezando a cuanta energía eléctrica como pudiese, aunque este rival tampoco iba a permitir que el acto continuara por demasiado tiempo.

–¡Atactrueno!

En lugar de quitárselo de encima, la rata gigante decidió mejor sobrecargar de electricidad a su adversario de un feroz relámpago que rodeó los cuerpos de ambos luchadores.

–¡JOLTIK! –exclamó Damian sorprendido por la táctica del tuerto.

Una vez que la descarga terminó, el bicho amarillo se apartó del ratón. No fue vencido por el ataque, pero era muy claro que estaba demasiado lleno de poder para ser capaz de mantenerlo acumulado por demasiado tiempo. Quizás no era la mejor idea, pero Damian prefirió guardarse esa energía para otro momento.

–Regresa, Joltik –dijo a la vez que lo devolvía a su bola red–. ¡Ahora ve, Lilligant!

Contaba con la bailarina para detener al roedor por resistencia de tipos a su favor.

–¡Dale con Atactrueno otra vez!

Raichu trató de lanzar otra descarga de rayos, pero el precio de haber liberado tanta energía en su oponente anterior así como de haber perdido otra parte por Chupavidas, fue el que su electricidad se pusiera demasiado débil para causar un daño notable. Hasta en el usuario se notaba un cansancio como muestra de ello.

Damian no pudo evitar sonreír ante la situación y prepararse para tomar ventaja de ésta.

–¡Danza Tremor!

Haciendo caso a la orden, la planta volvió a bailar con el mismo estilo, girando su cuerpo de cuantas maneras podía.

–¡Atácala con Mega Puño!

La rata preparó un fuerte golpe dirigido a la cara de la elegante, pero con sus pasos de baile terminó esquivando.

–¡Usa Somnífero!

Manejando su enorme flor naranja en la cabeza, la bailarina esparció polvos de color verde, que fueron absorbidos por la nariz del roedor, causando que éste entrara en un letargo.

–¡Raichu! ¡¿Me escuchas?!

Pero el pokémon no respondió ante el llamado. El chico de ojos rojos solo aprovechó la situación como quería.

–¡Bola de Energía!

Usando sus dos brazos, Lilligant creó una esfera verdosa que disparó rápidamente hacia su rival. El ataque fue lo suficientemente duro para dejar al ratón fuera de combate.

–Fuiste bastante inteligente con ese plan, chico. Regresa, Raichu. Ahora, ¡sal, Tauros!

Damian admiró al toro por primera vez en su vida. Jamás había visto a una criatura como esa hasta esta mera pelea, así que lo único que pudo hacer fue valerse de la suerte para pelear.

–¡Cuerno Certero!

El bovino fijó su atención en la bailarina sin olvidar su forma y corrió tan rápido para darle una embestida.

–¡Evádelo!

Con un giro, el pokémon adornofloral evitó la tacleada de su oponente, pero éste solo le siguió el paso y asestó su golpe. El tuerto no pudo evitar reírse de lo ocurrido.

–Sí, no creas que puedes huir de ese ataque. ¡Cabezazo Zen!

La cabeza del toro se iluminó de un azul brillante. Era muy obvio lo que eso simbolizaba, pero Damian no iba a permitir otro golpe, así que decidió someterlo.

–¡Ataca con Hierba Lazo!

Cuando las pequeñas plantas no podían sacar provecho de un enemigo en pleno movimiento para hacerlo tropezar, éstas apretaban los pies o patas de su oponente, dañándolo y dejándolo inmóvil mientras tuvieran el poder.

–¡Libérate, Tauros!

El monstruo cornudo puso cuanto esfuerzo necesitó para poder romper los nudos, soportando el dolor en sus extremidades. Logró eventualmente zafarse, aunque terminó cayendo del cansancio.

La bailarina volvió a saltarle encima para permanecer del lado de su entrenador, y éste aprovechó la situación para asestar otro golpe.

–¡Bola de Energía!

Otro orbe verde fue disparado hacia la retaguardia de su rival. El muchacho tenía la esperanza de que eso lo dejara fuera de combate, pero perdió ese deseo cuando lo vio levantarse, con su piel poniéndose roja. También notó al tuerto riéndose al respecto.

Pronto el toro se levantó y miró a la flor con una enorme expresión de rabia.

–¡Dale con Doble Filo!

Rodeado de un aura blanca, el monstruo corrió lo más rápido para asestar otra tacleada, pero el joven trató de impedirlo.

–¡Usa Hierba Lazo otra vez!

Pero desafortunadamente, la fuerza en las patas del bovino era demasiado grande para ser detenidas como antes. Ver al movimiento fallar sorprendió a entrenador y pokémon por igual al punto de que no pudieron prevenir la dura embestida.

Las dos criaturas terminaron inconscientes.

–Sigo olvidándome de las consecuencias de Doble Filo incluso en estos momentos. ¿Pero qué más da? –pronunció el tuerto a la vez que preparaba su última poké bola–. Ahora, ¡ve, Charizard!

Rápidamente hizo presencia un enorme dragón anaranjado que Damian apenas conocía por anuncios publicitarios de diferentes tipos.

–¡Joltik, entra una vez más!

No deseaba mandar a un pokémon a perder, pero temiendo a las posibilidades de que su tercer combatiente fracasara en tumbar al monstruo ígneo, decidió mejor usar la energía de su bicho de una vez.

–¡Dispara un Lanzallamas, Charizard!

–¡Electrotela!

Fuego salió de la boca del lagarto, el cual entró en colisión con una enorme red eléctrica, cuyo mayor tamaño se debió al poder robado de Raichu. Aunque el fuego se filtró a través de uno de los varios agujeros de la telaraña para quemar a la garrapata, el dragón terminó entrando en contacto con la red y su cuerpo fue electrocutado.

–¡Libérate con Envite Ígneo!

El cuerpo entero del pokémon llama se encendió completamente, deshaciendo red que le hizo daño. Pocos segundos voló hacia la arañita y Damian sabía que seguramente ya no podía hacer algo al respecto, pero igualmente trató de defenderse.

–¡Evádelo!

Sin embargo, la diferencia de tamaño jugó en contra del adolescente, pues aunque trató de evitar el golpe con un salto, no fue capaz de lograrlo, haciendo colisión con el pecho de su rival. Eso bastó para dejar fuera de combate al insecto.

–Descansa, Joltik… –comentó el joven poco sorprendido por el resultado, aunque permaneció nervioso al tomar en cuenta que el límite de tres criaturas por combate seguía en pie, pero trató de controlarse–. ¡Pignite, yo te elijo!

Quizás el cerdo no era el mejor para la batalla, pero su entrenador tenía una idea que podía ayudarle a salir victorioso si se ejecutaba debidamente.

–Así que fuego con fuego, ¿eh? –el adulto se intrigó con la elección–. Bien… ¡Charizard usa Ataque de Ala!

–¡Protégete con Rizo de Defensa!

Haciéndose bolita, el porcino amortiguó el daño que recibió del ala derecha de su oponente. Golpe duro, pero no lo necesario para llevarlo a sus últimas fuerzas.

–¡Rodada!

Volviendo a aprovechar su forma, el luchador rodó hacia la extremidad que el lagarto usó antes y la dañó con esa forma. Pronto le traspasó y rebotó contra la pared cercana a la puerta siguiente.

–¡Atácalo con Lanzallamas!

Charizard trató de disparar fuego hacia el puerco sin éxito alguno, pues solo recibió otra embestida más fuerte directo en su estómago. El pokémon de Damian rebotó contra el muro paralelo al anterior para dar otro golpe.

–¡Detenlo con Garra Dragón!

Pignite recibió un rasguño que le mandó directo al techo, pero no perdió su forma esférica. En lugar de ello, usó el momento para asestarle otra tacleada directo a la cabeza. Gracias al aumento de poder constante de Rodada, el ataque fue lo necesariamente duro para dejar al dragón fuera de combate. La estrategia del muchacho funcionó. Los dos humanos retiraron a sus bestias.

–Peleaste muy bien, Pignite. Ahora descansa.

–Regresa, Charizard –luego enfocó su atención en el joven–. Fuiste muy inteligente con esa idea, chico. En verdad lograste que la batalla valiera la pena. Y pensar que no esperaba mucho de un entrenador de Unova.

–De hecho no vengo de Unova, señor –respondió avergonzado–. Vengo de Bristar.

–Me suena el nombre, ¿no será región devastada por Kalos?

–Esa misma –respondió sorprendido por el conocimiento del tuerto–. ¿Cómo lo supo?

–Soy un viajero como tú, o bueno lo era.

–¿Se retiró?

–Más bien la vida lo hizo. –suspiró al mismo tiempo que tomó asiento.

–No comprendo.

–Pronto todo se hará claro. De momento termina con este tren, y si llegas a salir, considera viajar por Kanto algún día.

–Lo tomaré en cuenta. Espero verlo allá si lo hago.

–Eso no será posible, pero aprecio el gesto.

–Bueno… –pronunció confundido por el comentario–. Fue un gusto pelear con usted.

–Igualmente.

Damian sintió lástima por el tuerto. Aunque ya tenía una hipótesis sobre la gente el vehículo sobrenatural, quería ser optimista hasta el final.

Una vez que entró al siguiente vagón, notó algo curioso: había una puerta a otro lado. “Quizás es para el ganador,” supuso. “Pignite, Swanna, Deino; cuento con ustedes…”

El oponente final era definitivamente el más perturbador de todos. Era calvo, de camisa blanca y pantalones verdosos con manchas carmesí por todos lados. Tenía una expresión de miedo en su rostro, y se le notaba temblando constantemente, muestra de un posible nerviosismo. No pronunció ni una sola palabra cuando lanzó a su primer pokémon: Mandibuzz.

–¡Swanna, te elijo a ti!

–¡V-véncela con Pi-picoteo! –ordenó con una clara voz aterrada.

Pronto el buitre empezó a dar picotazos hacia el pecho de su enemiga sin parar. Aunque no era bueno recibir daño en una situación que podía ser crítica, el joven extranjero aprovechó la poca distancia entre las aves para un buen ataque.

–¡Usa Escaldar!

Agua ardiente salió de la boca del pájaro blanco e impactó directo a los ojos del ave rapaz, causándole que dejara de picotear para calmar el ardor en sus globos oculares cubriéndolos con las alas.

–¡No-no te distraigas!

–¡Y ahora dale un Ataque Celestial!

Un aura azul empezó a rodear el cuerpo del cisne. Necesitaba cargarse antes de poder ejecutarlo, pero con la ceguera de su enemiga, no tuvo mayor inconveniente para recibir todo el poder y volar directo hacia su objetivo.

–¡Evítalo!

Para su mala fortuna, cuando el buitre finalmente recuperó la vista, solo logró ver a la anseriforme dirigiéndose directo a su cara antes de recibir una fuerte embestida que le dejó fuera de combate.

–¡Maldición! –el calvo ladró con rabia antes de retirar a Mandibuzz y aventar otra poké bola al suelo.
Reemplazando a su compañera vino un pequeño soldado gris que poseía ojos amarillentos y brazos con la forma de navajas. Pawniard.

–¡C-co-corte Fu-uria!

–¡Brazada!

Ambos combatientes entraron en una pelea mano a mano, palmadas contra rasguños. Los dos dieron con tres ataques acertados hasta que el cerdo sacó ventaja con un golpe directo a la cabeza.

–¡Pu-puntapié!

De un duro pisotón al pie izquierdo de su adversario, el peón logró que éste cayera de dolor.

–¡Levántate y usa Rodada!

El cerdo obedeció y trató de usar la misma estrategia de antes, pero el caballero no actuó de la misma forma que Charizard.

–¡Cabeza de Acero!

La rueda impactó contra la cabeza del peón, y ésta se impactó contra el techo, solo que con mayor fuerza, logrando que el porcino deshiciera su forma.

–¡Y-y Cuchillada No-nocturna!

Pawniard usó su brazó derecho para darle un fuerte sablazo al luchador, con el cual logró dejarlo tirado en el suelo.

Damian pensó que ya no tenía fuerzas para continuar, pero antes de poder retirarlo, Pignite empezó a moverse hasta ponerse de pie una vez más, ahora con fuego rodeando todo su cuerpo. Se había activado su habilidad: Mar Llamas.

–¡Golpéalo con Carga de Fuego!

Con un calor tan ardiente como pocas veces llegó a ser, el cerdo le dio al peón una tacleada demasiado dura para que éste pudiera seguir peleando.

Ahora solo quedaba un pokémon para acabar con este desafío. La potencia de Pignite no iba a durar para siempre, pero el chico de ojos rojos decidió usarla mientras siguiera en pie, con la esperanza de que no tendría que invocar a sus otras dos criaturas.

El calvo solo gruñó de rabia y cambió a su última bestia: Druddigon.

–¡Su-superpoder!

–¡Usa Carga de Fuego otra vez, Pignite!

Otro choque sin ganador se dio, pues el lagarto aventó todo su cuerpo. La inercia del evento solo empujó a ambos por una corta distancia.

–¡Y pega con Brazada!

El porcino tiró cinco palmeos directo al estómago del dragón, haciéndolo expulsar aire en el proceso.

–¡G-ga-garra Dragón!

Con su brazo derecho, el monstruo de cabeza rojiza le dio un rasguño enorme al pokémon cerdo fuego. Y aunque Damian no lo quería, su luchador ya no tenía fuerzas para seguir combatiendo.

–Descansa, Pignite –sacó al puerco entristecido–. Hiciste un muy buen trabajo hasta aquí.

Ahora el chico se presionó en un dilema enorme. Ni Swanna ni Deino eran las mejores opciones elementales contra Druddigon, pero eran lo único que le quedaba y con los dos corría el riesgo de perderlos.

–¡Ve, Swanna!

El cisne entró una vez más al campo de batalla, siendo la penúltima esperanza de Damian en el demente ferrocarril.

–¡Viento Helado!

–¡De-detenlo con P-pulso Dragón!

La pequeña ventisca que pudo haber tomado ventaja sobre el monstruo azul se vio repelida por un dragón de energía multicolor, a la vez que éste golpeó duramente al pájaro.

–¡Usa un Corte Aéreo!

–¡Roca A-afilada!

Pilares de piedra salieron del suelo repentinamente, acabando con enorme facilidad al ave anseriforme, mientras que la cuchilla de viento apenas dañó al lagarto lo suficiente para hacerle mostrar señales de cansancio.

“¡Diablos!” el joven empezó a sentir la presión sometiéndolo una vez que sacó al cisne del lugar. Su pequeño dragón era lo último que le quedaba para ganar, pero con la facilidad en que cayeron sus compañeros y la pérdida de los efectos de Momia, tenía mucho miedo de perder. “Ni hablar…”

–¡Deino, confío en ti!

Una vez invocado, el pequeño ser de piel obsidiana miró directamente a su enemigo de cuerpo azul. Ambos rugieron para representar una actitud feral.

–¡R-ro-roca Afilada!

–¡Pégale con Cabezazo!

El dinosaurio empezó a correr cabeza primero hacia su rival, esquivando todos los pilares picudos que trataron de detenerlo sin logro alguno. Pronto asestó su cabeza contra el estómago de su adversario.

–¡Garra Dragón!

–¡Colmillo de Fuego!

Antes de poder rasguñar al pequeñín, el lagarto de cabeza recibió una mordida que calcinó su brazo derecho.

–¡Superpode-er!

Usando su extremidad opuesta, Druddigon se quitó a la criatura encima con un fuerte azote, mandándolo a volar de regreso con su entrenador.

–¿Estás bien, Deino? –preguntó el muchacho de cabello azabache preocupado.

El dinosaurio hizo un gruñido para asentir a la respuesta. Aún podía pelear.

–¡PULSO DRAGÓN! –gritaron los entrenadores al unísono.

Dos monstruos alados de diversos colores salieron de las bocas de sus usuarios e impactaron igualmente a sus blancos. Explosiones ocurrieron de los impactos y crearon nubes de humo. Una vez disipadas, los dragones aún permanecían de pie, adoloridos, pero ambos reaccionaron de formas distintas: el negro solo sintió una aflicción, pero aún podía moverse, el azul, por otro lado, cayó al suelo, incapaz de continuar.

–¡SÍ! –gritó Damian orgulloso de su pokémon–. ¡Hiciste un gran trabajo, Deino!

El muchacho abrazó a su dragoncito con toda la fuerza el mundo y éste la aceptó por el cariño que representaba. Pronto lo bajó y notó que ya no veía al dragón cavernario, dejando claro que había sido retirado por su entrenador.

Lo más extraño que el muchacho notó fue que el calvo al que se enfrentó no se sentó como los demás desafiantes, sino que en lugar de eso, corrió hacia su persona y lo tacleó. El tipo trató de estrangularlo, pero no contó con que aún estaba presente aquel lagarto que arruinó su pelea, por lo que no pudo defenderse una fuerte mordida en su pierna izquierda que le hizo soltar las manos, dándole una oportunidad al muchacho de quitárselo encima.

Por puro instinto, el extranjero reaccionó con un rodillazo directo a la cara del calvo una vez que se levantó.

–¡Vámonos, Deino!

Obedeciendo, el dinosaurio soltó su mandíbula de la extremidad y siguió los pasos de su dueño hacia el último vagón.

Furioso, el loco quiso perseguirlos, pero ambos fueron demasiado rápidos para atraparlos, y antes de que pudiera ponerles un dedo encima, la puerta entre los carros se cerró, poniendo a sus víctimas a salvo.

Aun estando seguro, el corazón de Damian palpitó rápidamente por el susto que recibió del ataque. Quién fuera ese tipo claramente tenía problemas psicológicos. Cuando finalmente se calmó, inspeccionó el lugar y vio que ya no había ni entrenadores ni puertas hacia otros furgones, comprobando una de sus hipótesis.
Sin nada más qué hacer, el joven tomó asiento y el dragón se puso encima de su regazo.

–Te debo una grande ahí, amigo. –dijo a la vez que acariciaba su cabeza, gesto que el dinosaurio apreció–. No sé qué hubiera sido de mí si no fuera por tu ayuda.

Eventualmente, el lagarto de piel oscura se echó a dormir, y su entrenador, sabiendo que ya no era necesario seguir peleando, lo devolvió a su bola ocaso.

La paz del ambiente era tan notoria que ya el joven no sentía miedo alguno, pese a los actos sobrenaturales del tren. Éste incluso consideró echarse a dormir como su pokémon. Sin embargo, la luz del vehículo se apagó repentinamente. No podía tratarse de un choque o de un freno, pues el muchacho aún sentía y escuchaba su movimiento.

Una llama azul apareció en medio del lugar, y Damian admiró la forma de Chandelure, un monstruo tipo fantasma proveniente de la misma Unova. El candelabro ignoró su presencia y simplemente traspasó hacia el vagón anterior de forma intangible. Pronto otro espectro de su especie apareció e hizo lo mismo, y cuatro más siguieron el patrón, hasta que un séptimo se quedó en el mismo carro. No hizo nada más que acercarse al humano y mirarlo directo a los ojos. El muchacho notó que su fuego trajo la presencia de una llama dentro de su propio corazón, azul como la del pokémon; quiso alejarse, pero sintió que una fuerza le paralizó al punto de que solo podía mover la cabeza.

Gigantescas flamas brillaron desde el carro con el loco y un grito desgarrador se hizo escuchar. Lo único que el joven pudo hacer fue gemir y cerrar los ojos con horror, deseando que no muriera a manos de ese candelabro.

Ocho segundos pasaron y el tren dejó de moverse. Una poderosa luz perturbó los globos oculares del extranjero. Éste abrió su vista y notó que el Chandelure ya no estaba por ningún lado. También sintió que la iluminación emitía una calidez que él solo pudo comparar con una expresión de amor, por muy poco sentido que tuviera la analogía.

Las puertas que abrían paso a la estación se abrieron, pero el adolescente no podía ver el entorno del sitio, solo la amarillenta luz y la enorme silueta de un adulto que tampoco era capaz de distinguir.

–Relájate, Damian –pronunció una voz masculina con un tono angelical–. Ya no tienes que temer…

–¿Eh? –el chico logró abrir la boca y dirigió su palabra a la silueta–. ¿Quién eres y cómo sabes mi nombre?

–Te conozco bien incluso aquí. El Chandelure que te acompañó solo quiso protegerte, y aunque no lo quisiera, no podía dañar a los vivos.

Esa última palabra demostró toda una hipótesis que el extranjero no quería comprobar como cierta, y el descubrimiento lo dejó incapaz de hablar, por lo que solo siguió escuchando.

–Aquel lunático que quiso atacarte pagó las consecuencias de sus actos. Y no te preocupes por los demás, ellos han salido y ahora podrán descansar en paz. Tú mantente con calma, porque llegarás a Pueblo Anville dentro de poco. Continúa tu viaje. No olvides lo que tu madre y míster Conan te han dicho sobre entrenar, porque al igual que ellos, yo sé que eres poderoso. Ve y muéstrale al mundo lo que realmente vales.

–Un momento, ¿qué-? –el joven quiso preguntar, pero se vio interrumpido por el cierre de las puertas del tren y su movimiento.

Ya era bastante raro que el hombre conociera su identidad, pero el que supiera de su relación íntima con otras personas y posiblemente sobre sus charlas hacía las cosas más difíciles de comprender. Aunque eso solo era la cereza de un pastel lleno de emociones.

Damian quiso evitar desahogarse mientras no llegara a su destino, pero el comprender su experiencia lo obligó a soltar lágrimas.

Después de tres minutos, el tren finalmente llegó a su última parada. La estación era completamente distinguible. Eso bastó para que el muchacho saliera del vehículo que pronto viajó a la oscuridad.

Lo único que hizo fue sollozar en soledad. Toda la gente que él se enfrentó eran pobres almas en su camino al más allá, y por su forma de actuar, lo más probable es que la mayoría, tuvieron muertes tristes. Quizás la chica de sombrero murió asesinada o en una situación que le hizo perder la vida tan joven, el niño pereció de alguna enfermedad y sus abuelos le acompañaron en la forma de un Yamask, el policía cayó defendiendo a los inocentes, y el tuerto de alguna forma misteriosa. Del anciano y el loco pocas teorías necesitaba.

El joven bailó con la muerte estando inconsciente de ello. No quería imaginar las consecuencias si hubiera perdido, pero pensaba que lo más probable era que el tren reclamaría su alma sin oportunidad de huir.

–Oye tú –una voz adulta se acercó–. ¿Qué andas haciendo aquí?

Damian se levantó y miró a la persona que tenía cerca: otro guardia de uniforme verdoso como el de Ciudad Nimbasa. El muchacho limpió todas sus lágrimas y le respondió.

–Nada, señor. Acabo de salir del último tren a este sitio y no tuve un buen día.

–¿“Último”? Ese vino hace como diez minutos. ¿De qué estás hablando?

–Bueno… –estresó considerando los eventos–. Así pasó. No sé qué más pueda decirle. Ya que no tengo nada adentro que sea sospechoso.

Con seguridad, el muchacho ofreció su mochila para que el adulto la inspeccionara. Como éste no vio nada malo, no tuvo de otra más que aceptar la respuesta.

–Hm. No vaya a ser que ya esté enloqueciendo como ese trabajador que dice ver un tren imaginario en ocasiones. Pero supongo que no hay otra explicación.

–Así es. ¿Sabe si hay algún sitio donde pueda pasar la noche?

–Tenemos una posada al este de la estación. Es un edificio de color marrón. Son muy pocas las casas que hay, así que es imposible confundirla.

–Muchas gracias, señor.

El adolescente salió del área para buscar el sitio de descanso. Efectivamente, era imposible no distinguirlo porque era el único con un color oscuro, mientras que las demás casas eran de colores más brillantes.

Para su fortuna, aún había un empleado despierto en la recepción y un cuarto disponible para el chico y sus pokémon. La habitación costó 10,000 pokécuartos, una cantidad aceptable para su billetera.

Ya en cama, Damian se puso a pensar en lo que la silueta dijo sobre las personas que conocía íntimamente en Bristar, su región natal.

Antes de poner pie en Unova, el chico ya consideraba retirarse del entrenamiento pokémon, influenciado por los insultos que recibió de varios niños, la poca estima que le tenía su madre, y el haber perdido ya tres ligas. Sin embargo, eso cambió gracias a la repentina aparición de Conan, miembro de la Élite Cuatro de Bristar, y un acto de convencimiento que ni siquiera ahora comprendía.

“Chico, tienes más potencial de lo que imaginas. Yo no sé qué bicho picó a tu madre, pero su forma de verte está mal, y voy a demostrárselo.”

“Me equivoqué, hijo. Hice mal con hacerte pensar que no estabas hecho para pelear. Quizás no confías mucho en mí o míster Conan, pero nuestro apoyo es sincero.”

Tanto ellos como el hombre deseaban que siguiera luchando. Sin embargo, algo que nunca abandonó su cabeza fue el hecho de que solo había una forma en la que un entrenador podía demostrar su poder, y esa era consiguiendo el campeonato; no más, no menos. Si no era el mejor de toda una región, entonces seguía siendo un debilucho cualquiera, y enfrentarse a fantasmas no iba a cambiar eso. De igual forma, decidió no echarse para atrás con Unova y desafiar su Liga hasta el final.

Al día siguiente, Damian salió de la posada y decidió tener una pequeña charla con sus pokémon antes de volver a Ciudad Nimbasa.

–Chicos, sé que no me canso de halagarlos, pero lo que hicieron anoche fue realmente increíble. No sé qué hubiera sido de mí sin ustedes. Me siento muy feliz de haberlos conocido y criado hasta ahora. Quiero ser el entrenador que ustedes merecen y para eso, ¡haré todo lo posible para que podamos ganar la Liga Unova!

Todos se alegraron con las palabras de su dueño y le dieron un enorme abrazo grupal. El amor de su dueño era correspondido y él sabía que la amistad era tan importante como el entrenamiento físico.

Deseaba en verdad ser el mejor de la región, pero el destino tenía otros planes para él.
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#2
Que tenemos aqui una historia en una region que mis favoritas. Es un personaje de otra fict? Me dio mucho miedo cuando los fantasmas salen de la sombra del niño y cuando el calvo lo trata de aorcar. Sigue asi.
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