Índice - Ranger por pura Casualidad
#1
 0  0  0  0  0  0  0  0  0  0  0  0  0  0  0  0  0  0  0  0
Responder

Longfic- Ranger por pura Casualidad

Extension largaLongfic
FranquiciaOtros
GéneroAventuraComedia
Resumen

Un chaparrón caía en la selva de Villaestío mientras Selena buscaba el escondrijo del equipo Go-Rock. Sin embargo, mientras cometía su deber, desapareció sin dejar rastro. Mientras, un barco procedente de tierras lejanas embarcaría en Otonia con lo que podría ser la salvación de Floresta...

(17 Jul 2020
09:49 AM)
Poisonbird escribió:
—Aaaah, perdona, lo siento, pensaba que te referías a otro tipo de aventura. Veamos…

Soel por favor JAJAJAJA. Ahora me he imaginado a estos tres reunidos en una fiesta de pijamas hablando de amoríos... Aunque a saber cómo acabaría eso. Gionna como mucho podría decir que es el blanco de uno de los hermanos Go-Rock, ojalá ver las caras de los otros dos al oír eso.

Después de un duro combate por fin llegan a la base y tienen su merecido descanso (con chocolate caliente incluido... Yo también quiero, aunque aquí sea verano). Siento curiosidad por las palabras de Latias y el mal presentimiento de Kyu, nos estamos acercando a un momento crítico y el más mínimo descuido puede acabar en un fallo fatal. Tengo ganas de ver a este peculiar trío en acción y cómo se relacionarán entre ellos, pueden salir muchas situaciones cómicas de ahí. Y el pobre Soel parece que no se va ni a la de tres, maldito servicio de transportes. Bueno, al menos nos seguirá dando buenos ratos mientras siga por aquí.
 0  0  0  0  0  0  0  0  0  0  0  0  0  0  0  0  0  0  0  0
Responder
Cita:Hm, eso de confiar en la ayuda de otros no suena a algo fácil de lograr con eso de que a Gionna le gastaron todas sus pociones e ítems curativos, pero bueno, si el mal destino que advierte Latias es tan malo, no tendrán de otra.

No lo tendrá. Hostia si no lo va a tener *Laughs maniatically*
Cita:Soel por favor JAJAJAJA. Ahora me he imaginado a estos tres reunidos en una fiesta de pijamas hablando de amoríos... Aunque a saber cómo acabaría eso. Gionna como mucho podría decir que es el blanco de uno de los hermanos Go-Rock, ojalá ver las caras de los otros dos al oír eso.

Aw... eso hubiera sido estupendo para relajar un poco la tensión, tbh.
Lástima que no va a haber tiempo para eso :C

OK, a ver qué iba a hacer... ah, ya. La madre que me parió xDDDDD.

De nuevo, gracias por vuestros comentarios. Ahora más que nunca estoy tratando de hacer que os sentéis por el borde de vuestra silla, ya que falta poquísimo para terminar. Todo y que estoy tardando más de lo que quisiera, trato que la espera merezca la pena.
Y... wadda ya know? Parece que, quien haya ansiado una lectura larga que le dure días va a ver sus deseos cumplidos porque... jo-jooooo, casi 8.000 palabras, macho. Y yo decía que el 9 iba a ser el más largo de todos, ¡HAH!
De hecho tengo una buena razón para tomarme estas dos semanas, y es que... me ha pasado igual que el 24. Era un momento clave y parecía que little me no sabía cómo crear la tensión... also añadí MÁS TENSIÓN TODAVÍA. Porque originalmente...
...

You know what? Esto iría mejor al final porque, aunque se hizo cambios, voy a hacer spoiler de lo que va a pasar en el capítulo y no quiero.
Yyy sin más dilación... take your seats please. Este avión va a despegar.

Cheerio~!
 

 
Capitulo 35

Aquel resplandor matutino sobre la nieve cegaba a los ojos desprotegidos. Todo y que los fríos vientos eran más fuertes que anoche, las caras de los tres destructores de organizaciones y sus compañeros, el felino y el gecko, recibían el poco calor que proporcionaba el reflejo del astro rey.

Emily al menos andaba preparada. Iba a prueba de insolaciones; tenía puestas unas gafas negras que protegían sus pupilas verdes, al igual que el único varón del grupo. Solo la entrenadora carecía de un filtro oscuro. Por lo menos veía lo que había más adelante, pero la luz le hacía andar con los ojos entrecerrados. Tenía a Kyumbreon en la delantera caminando con su más fino porte.

—Gin, ¿seguro que estarás bien? Vas a coger una insolación...—le preguntó la top ranger con notoria preocupación.
—No, está bien. Mientras centre mi mirada en Kyu podré avanzar.
—Mi señora… toda esta nieve me está deslumbrando…—se quejó su Umbreon.
—Ugh, aguanta un poco más, ¿vale? Hace poco que hemos salido.

Sin embargo, aquella ayuda no tardó mucho en desistir. Justo cuando entraron en el pinar, no tuvo otra opción que guardarlo de nuevo al verlo luchar por mantener su equilibrio. Al menos el blanco de la nieve no era tan intenso como antes, pues los árboles filtraban parte de esa luz entre sus ramas.

A medida que la altitud iba subiendo, la espesura se iba despejando. A medida que iban subiendo por la ladera, respirar se volvía poco a poco un trabajo duro. No fue hasta llegar a una planicie cuando pudieron dar un descanso a sus rodillas y tomar algo de aire.

—Uf… estoy agotado.—se quejó Soel tras sentarse sobre la nieve.
—¿Ya? Si acabamos de llegar a mitad de camino…—dijo Emily.
—Uf… lo sé, lo sé, pero… ¡uf! Jopé… es duro, ¿eh? Andar por una montaña helada…
—Al menos esta vez vamos bien abrigados.—dijo Gionna solo para distraerse de los quejidos de sus pantorrillas.—, pero… tengo sueño todavía… ugh…
—¿Aún? ¿No te has puesto café en el chocolate como te dije?—le preguntó Emily.
—No… para cuando quería ponerme ya no había…—dijo entre bostezos.
—Vaya, hombre.
—Y eso que te acostaste pronto.—añadió Soel un poco preocupado.
—He tenido pesadillas.—decía mientras se limpiaba las legañas de los ojos.—, la cuarta noche seguida que las tengo. No sé qué me pasa…
—¿¡La cuarta!? ¿¡Y aún sigues en pie!?
—Bueno, son esporádicas. Al menos un poco he podido dormir, pero… no lo suficiente.
—Tío… me sabe mal… quiero decir… si te sientes tan cansada podría…
—No, no te molestes, Emily. De todas formas tengo que hacer esto.
—¿Cómo que “tienes que”? Tampoco eres la única que-

Sin avisar, Gionna se levantó de la roca por donde se sentaba para continuar.

Cierto. Aún tenía que acabar la única tarea que le ataba a esta región; rescatar a la tipa que esos diablos encerraron para luego que le dejen llevarse a ese cuervo. Después se iría, y luego…

¿Luego? ¿Luego a dónde iría? ¿Por dónde deambularía? No tenía ningún sitio por donde ir. Tampoco podía permitir que su cara apareciera en ninguna otra imprenta. Vaya por donde vaya, tenía que vivir bajo la sombra del anonimato; no importaba cómo. Ya sea porque la gente le fuera a dar la espalda cuando oyeran de su mala fama o porque los que le otorgaron dicha fama la podrían encontrar por sus andanzas…

Lo cual le hacía pensar… si esta región estaba amenazada otra vez y lograba salvarla… ¿lo cantarían? ¿Le levantarían alabanzas en los periódicos y pedestales audiovisuales en sus televisores? Por mucho que pensaba lo genial que sería eso, no podía si no sentir terror ante ese pensamiento.

Quizá venir a esta región sí fue un error, después de todo…

—¡Eeeh! ¿¡A dónde vas!? ¡Que nos dejas atrás!

O no del todo. Quizá sea ilusorio, pero por una vez en la vida sentía que podía disfrutar la compañía de sus semejantes.

—Ah… lo siento. ¿Podemos seguir?
—Oh. Claro, claro. De enseguida. Venga, Soel, ¡un poco de gargo, vamos!
—Ya voy, ya voy… ugh, qué rollo.

Continuaron caminando por la planicie a paso pausado. Pronto, una imponente y empinada rampa escarchada se presentaba ante ellos. Cualquiera que mirara le entraría pereza de continuar hasta el pico. Si uno ponía el pie, seguramente acabaría resbalándose hacia abajo una y otra vez… o peor; podría descender rodando montaña abajo.

Por suerte Emily estaba preparada para esto. Explicó como usar el equipamiento otorgado y los posibles riesgos.

—Vale, chicos. Sacad los picos y las cuerdas; tendremos que escalar.
—¿¡Eeeeeeh!? ¡Pero… si ni he podido escalar ni un árbol en mi niñez! ¿¡Cómo me voy a subir aquí!?
—Pero si acabo de explicarlo… usas los picos para clavar, te sustentas en un hueco que parezca sólido… sí, te puedes caer si pillas altura, pero…

Todo y que en la jungla logró llegar a la cúspide por donde se albergaba la reliquia. Sin embargo, ahí habían zarzas por donde se podía sostener. En esta sierra no veía por donde aferrarse. Era todo agua congelada. ¿Y si se resbalaba? Su compañero tampoco quería, más por pereza que no por miedo. Ni por asomo seguirían por estos caminos.

—¡Bah! Con tanto riesgo no merece la pena subir. No, ni hablar. Yo me marcho.
—Ah, ¿y cuál es tu plan entonces? Porque no tenemos otra forma de subir por aquí, ¡que lo sepas!
—¡Que no hay otro medio, dice! ¡Mira y verás!

Pronto Soel lanzó la Pokéball de Hella al cielo. Tan rápido como salió, su entrenador dio la orden de derretir el hielo. Emily trató de interrumpir al chico rubio; pero el candelabro ya se había rodeado en calor, lista para lanzar sus abrasadoras llamas a la pared de nieve.

En cuanto lanzó toda aquella energía calorífica, se formó una efímera cortina de vapor que se arrastró con los vientos. Emily iba a reprobar aquella actitud por la brutalidad empleada a la vez que Spyrox intentó protegerse tras ella; pero gracias a aquel ataque, se pudieron ver unas escaleras pétreas entre la roca nevada.

Habían tenido suerte de que encontraran unas escaleras y no un alud. Por lo menos aún no debían clavar piquetas en la nieve ni atarse a un mástil endeble.

—Vale… eso… fue… efectivo, sí…—dijo Emily mientras estaba en shock.
—Gracias, monada.
—¡Pero la próxima vez avisa! ¿¡No ves que tenemos Pokémon de tipo Planta aquí cerca!?
—Pero no ha pasado nada, ¿verdad?
—¡Sí, PERO PODRÍA HABER PASADO!
—¡Pero no ha pasado!
—¡Ugh! ¡Aparte, estamos en zona boscosa! ¿¡Qué crees que podría haber pasado si las llamas hubieran alcanzado los árboles, eh!?
—Estamos a unos cuantos metros de ellos. Como que los hemos dejado atrás hace un rato…

Y mientras Gionna mirándolos con hastío… ¿a qué venía esa discusión de besugos ahora? Ni que tuviera demasiado tiempo para aguantarlos. Sí… era divertido ver cómo discutían, pero no era el momento.

Siguió tomando la delantera por su propia cuenta. Constantemente miraba por detrás para ver si se daban cuenta de su ausencia. Pero estaban tan absortos en su discusión que tuvo que alzar la voz para que avanzaran.

—¡Eh, si vais a seguir con vuestras estúpidas discusiones voy a tener que ir yo sola!
—¡Vale, que te vaya bien!

¿Y eso qué fue? ¿Ya se estaba despidiendo ese perezoso galán? Igual Emily le dio una merecida colleja a Soel por semejante comentario.

—¡Nooo, no puedes subir por ahí sola! ¡Es peligroso!—gritó Emily.
—Joder, pues acompáñenme si no queréis que me caiga por un precipicio, ¡maldita sea!
—¡Vale, espéranos aquí, ya vamos!—indicó Emily sin perder los nervios.
—Te irás tú…—dijo Soel.
—Sí, sí, con las aves hibernando te vas a ir, no te joroba...
—Bah. Robaré el Dragonite del segundo piso.
—¡Ya, cómo, si no ha vuelto todavía!

No funcionaba. Tenía que seguir intentando que sintieran un poco de responsabilidad por ella.

—Está bien, iré a subir esta ladera solita... y me caeré, y vendrán los polis, verán mi moribundo cuerpo, y os inculparán de homicidio imprudente por dejar a una menor campar por ahí, luego Kyu irá y os matará por su cuenta, luego devorará vuestras entrañas, y…—canturreaba la joven entrenadora con una sonrisa burlona en su cara.
—Em… cielo… tenemos la misma edad…—se quejó Soel.
—¡Bueno, bueno, ya vamos, caray, no hace falta que te tires! Vamos, Soel. Tendrás que ayudarme a descongelar las escaleras, ¡venga!
—¿¡Eeeh, que hay más!? Aaaah, qué remedio, supongo que ahora no podréis vivir sin mí, eh…

Ginny se dio una carcajada por lo bajo. Ahora entendía lo que Kyumbreon sentía cuando hacía alguna de sus jugarretas. Aunque por otra parte, se sentía mal por manipularles de esta forma…
Oh, bueno. Era eso o tener que oírlos eternamente discutir por el medio ambiente.

Los tres pisaron los adoquines de piedra y ascendieron. Con el conocimiento del terreno de Emily y las llamas de Hella, fueron descongelando las escaleras que conducían al templo y subiendo más y más de altura. Cruzaron la cascada detenida agarrados de los brazos del candelabro, uno a uno, hasta que al final, el más grande obstáculo para llegar a la base se plantó frente a ellos.

Una enorme pared escarpada y escarchada se imponía con sus tantos metros de altura. Normalmente habrían Gligar planeando alrededor de esa subida; pero debido a la época y el frío, ellos no estaban… por suerte. La mayor dificultad que tenía esa escalada ahora era lo resbaladiza que era la pared de roca ahora. Al menos ahora tenían un método mejor para subir…

—Vale. Sube tú primero, Soel. Luego manda a bajar a Hella y luego subiremos el resto.
—Claro, claro…

Dicho y hecho. Soel fue el primero en subir sujeto en los brazos de la Chandelure. Ascendió a ritmo lento, pero seguro. Las dos Ranger miraba cómo este ascendía hacia los cielos en ese espectro de cristal de llama perpetua…

—Uh… ¿crees que es seguro hacer esto? Lo veo un poco arriesgado… y muy lento.—dijo Gionna con toda su preocupación.
—Tranquila. Si nos sujetamos con los guantes, deberíamos de estar bien.
—Ah, ¿tú crees…? Ah. Ya llegó.

En efecto. Soel ya se había soltado y pisado tierra. Nada más verlo llegar, trataron de esperar su turno pacientemente…

Un turno que nunca llegó a darse. El único destello que vieron fue el rojo de la Pokéball engullendo una vez más a aquella devoradora de almas incautas.

—Espera, ¿qué cojo…?—se le escapó a Gionna en una nota de ira.
—Ooooh, no, no, no, NO, NO, NO, ¡NO! ¿¡PERO QUÉ HACES!?
—¡LO SIENTO! ¡SE ME HA NEGADO A BAJAR OTRA VEZ!—vociferaba Soel desde las alturas.
—¿¡PERO POR QUÉ!?—preguntó Emily con indignación.
—¡PORQUE SOLO IBA A HACER SEMEJANTE ESFUERZO POR MÍ! ¡NO HAY MÁS!
—¡PERO SI ANTES NOS TRASLADÓ CON MUCHO GUSTO…! Espera un momento… ¿¡NOS ESTÁS TROLEANDO!?
—¡AH, POR FAVOR! ¿¡CÓMO IBA A TROLLEAR EN ESTOS MOMENTOS TAN CRUCIALES!? ¡APARTE… IR DE UN LADO PARA OTRO ES UNA COSA! ¡PERO ESTA ALTURA…!
—Vale, vale, ya lo pillamos, hemos sobrestimado su capacidad, no hace falta que gritemos. Ugh. Ginny, Spyrox, lo siento mucho pero tendremos que escalar.
—Mierda.—dijo en seco a la vez que Spyrox siseaba frustada.—, ¿en serio? ¿Cómo?
—No pasa nada. De todas formas tampoco contaba con su ayuda… Spyrox, ya sabes que hacer.

Lo odiaba. De verdad que lo odiaba. Entre carraspeos de queja, sacó una cuerda de la mochila de Emily y empezó a trepar por la pared haciendo uso de sus garras con la soga en sus fauces. Trepó a velocidad de vértigo hasta llegar a la cima. Ató la cuerda a un poste y luego la lanzó hacia abajo.

—Ponte el arnés. Lo vas a necesitar.

Lo hizo sin rechistar. Se ató el arnés por la cintura y empezó a subir arriba con las botas puestas y con las manos aferradas en la cuerda. Poco a poco, ambas llegaron a frente al pedrusco que estaba en la cima. Solo tenían que apretar un botón, descender por un ascensor y ya habrían llegado al lugar designado.

Un recibidor con dos pantallas con mensajes de entrada y una puerta metálica más tarde, llegaron al pasillo por donde baldosas rojas no paraban de alternarse unas con otras. Parecía una sobria discoteca con suelo de hospital. Por las prisas que ambos tenían de terminar su designio, fueron directos a pasar sin tener ni un ápice de cautela; lo cual hizo que Emily se tuviera que interponer en su trayectoria.

—¡QUIETOS! Si pisáis los sensores encendidos nos van a descubrir.
—¿Y qué? ¡Yo quiero acción! ¡Y combates pokémon! ¡Y-y-y quita de aquí!

Soel trató de hacerle amago y pisarlos a posta; Emily, como era de esperar, no le permitió avanzar.

—¡NO! ¿Quieres que vengan todos en masa y nos capturen también? Te recuerdo que estamos en su propia base. ¡Estamos en desventaja!
—Bueno… tienes un punto, pero… ¿cómo los evitamos?—preguntó Gionna.
—Es sencillo. Estas baldosas siguen un patrón de encendido y apagado. Si esperamos y observamos pacientemente, podremos dar los pasos adecuados y adentrarnos más a fondo sin ser descubiertos.
—¿Es así como te metiste antes? ¿A base de prueba y error? Es un poco difícil ver por dónde pisar desde aquí…
—Eh… bueno, la verdad es que la primera vez lo tuve más fácil porque le robé el uniforme a un recluta… calzado incluido.

—O sea. Que estamos jodidos, ¿no?

El chico bufó. Poco le apetecía seguir indicaciones de ella. Además, ¿para qué demonios quería luchar? Tenía que irse pronto.

—¡Muy bien, haced vuestros pasos de baile si queréis! Yo iré pasando por encima.

Tuvo que volver a hacer uso del pokémon de su madre. Hella aún podía aguantar un poco de su peso.

—¡Ooooh, yo también quiero, yo también quie-! ¡AWAWAWAWA, CALOR, CALOOOOR!
—¡Lo siento! Hella ya no acepta más de un pasajero más que yo.
—Pero… pero… me podría tropezar en cualquier momento… ¡estoy torpe, sabes!

Pudo oír en su mente un “siempre lo fuisteis” desde su bolsillo. Parece que Kyumbreon ya había terminado de descansar.

—Lo siento, pero la señora manda.—insistió Soel
—No, ¡quieto! Tiene razón… tampoco podemos tomar muchos riesgos. Aparte, somos tres personas colgando a baja altura, ¿no? No tiene que ir subiendo como la otra vez. Al menos podría cargar con una de más…

Maldita sea; ahí le habían pillado. Ya no tenía ninguna excusa para decir que no. Esto iba a ser un recorrido lento y tortuoso…

—Venga, sube.—dijo Soel a Gionna al final.
—Gracias.

Con esto, Hella se resignó a cargar el peso de dos personas y fue cruzando los paneles como si no fueran con ella. Emily y Spyrox también iban, pero para cuando querían subirse, Hella ya empezó a moverse sin ni siquiera esperarlas. Para cuando su mano ya daba alcance, el panel que estaba frente suyo se había encendido. Un poco más y lo pisaba.

—¡Eh, pero no me dejéis atrás! ¡EH!—gritaba Emily al ser abandonada, pero solo Gionna se dignó a mirarla e intentar hacer que la recojan. Pero ni con esas. La Chandelure no iba a dar marcha atrás ahora.

El dolor… la traición… por esas cosas prefería trabajar sola.

—Capullo… venga, Spyrox, demostremos de qué pasta estamos hechas.

Suerte que ya tenía memorizado el patrón y los tiempos de estos. Ambas no tardaron en seguir los pasos que ellas mismas se habían coreografiado. Dos pasos para delante, uno abajo, sigue recto. Con la presteza de ambas, pudieron incluso alcanzar y adelantar a la vieja candelabro hasta el final.

Todo y que ambas tenían ganas de vitorear su propia “pequeña” victoria, se contuvieron las ganas. Tampoco era como si estuvieran compitiendo por a ver quién llegaba antes.

Después de que Hella, Soel y Gionna llegaran, bajaron por las escaleras que habían al final de la sala. El fuego fatuo iba destacando gradualmente entre la penumbra que se iba intensificando a medida que descendían. Cada vez el aire era más cálido y pesado; y no solo por las llamas de Hella. La calefacción del lugar estaba funcionando a pleno rendimiento. Parecía como si se estuvieran adentrando en el mismísimo infierno.

Nada más dejar el último escalón atrás, todos se quitaron los anoraks. A partir de aquel punto, el camino sería más confuso, y Emily procuró mantener la delantera para guiarlos. Sacó el plano y cruzaron un portón de acero que se plantaba frente suyo.

—Vale, chicos, escuchadme. Este sitio es un poco laberíntico, así que os podéis perder con facilidad. Intentad no alejaros, ¿vale?
—Sí, sí, está bien, está bien.—dijo Soel vacilante.
—Bien. Ahora lo que tenemos que hacer es… hm… qué raro…
—¿Qué pasa?—preguntó Gionna un poco consternada.
—Aquí debería haber dos teletransportadores, pero… no los veo…
—Pfft, claro, es que estarán ahorrando en luz para poder pagar en gas, porque con este calor… em… ¿te importa, Hella…?

La Chandelure se acercó a la posición de Emily para poder iluminar sus alrededores. Efectivamente, habían dos teletransportadores… no… había un tercero entre los dos; pero todos estaban apagados.

¿Qué significaba esto?

De pronto, un golpe metálico se escuchó tras ellos. La puerta se había cerrado de golpe, provocando que la entrenadora soltara a algo parecido a un chillido de rata asustada. Los demás simplemente se desconcertaron. Una música junto a un familiar coro se hizo oír por los altavoces.

—¡POKÉMON A GO-GOOOO!—gritaron los cuatro a unísono mientras empezaban a cantar su soneto y sus solos; cosa que acabó de matar a Gionna del asco.

Una vez terminado el espectáculo (acto que tomó como unos tres minutos), ellos empezaron a dar su discurso de bienvenida con el “himno” de la banda sonando en bucle de fondo.

—¡Sí, esto cada vez va a mejor!—dijo Aina por todo lo alto.
—Totalmente.—dijo Alberto.
—¡Bueno, ya, que vamos a aburrir el personal! Ejem… ¡Hola y bienvenidos a nuestra choza, pringados! Nos habéis tenido un poco jodidos estos días, ¡pero esto va a cambiar!
—Jo-deeeer, ya era hora… sí que les gusta presumir de sus instrumentos estos chavales.—se quejó Soel.
—¡Eh, que te hemos oído, guaperas! ¿¡Sabes cuánto tiempo nos pasamos practicando cada día nuestras canciones!? ¡Tengo los dedos dormidos de tanto golpear el bombo!—se quejó Emilio.
—Dímelo a mí… deslizo tanto los dedos entre las cuerdas que se me desprende el esmalte de las uñas cada dos por tres.—se lamentaba Aina.

Alberto solo suspiró exasperado.

—Tch, como sea… ¡Tenemos siete legendarios en nuestra posesión, SIETE, y seguro que os haremos papilla si es que salís vivos de esta!—anunció David.
—¿Siete? ¿Pero desde cuándo-?—repitió Emily desconcertada.
—A ver, ya han atrapado a Registeel, a Regice, a Regirock… ¿el alien cuenta como uno…?—iba contando Gionna con los dedos, pero ni a ella le cuadraban los números.—, uh… no puede ser… tiene que ser un farol.

Con esto Emily le acabaron de cuadrar los números… aunque todavía le faltaba uno.

—¡Ooooh, pero mirad que cara de caguetas hacéis! ¡Estais lloriqueando como bebés!—imitó Emilio los llantos de un recién nacido. —, ¡”vo” a moriiiii”, uaaaaaaa-jajajajaja! Ayy, me siento refrescado después de TANTO tiempo en este frigorífico gigante.
—Y eso que te dieron una buena paliza ahí dentro…—soltó Aina.
—Calla. No me lo recuerdes. No quiero ni pensarlo. ¡Brr!—imperó Emilio.
—Bueno, creed lo que queráis, ya os vais a estampar contra la realidad cuando veáis que no exageramos con los números. ¡Ah-ah-ah! ¡Pero no os penséis que vamos a ir directos al grano, aaah no! ¿Por qué no empezamos por el aperitivo?

Una chirriante alarma dio un solo grito para luego dejar que sonaran las múltiples compuertas que rodeaban a los rangers. Dentro de esos pequeños almacenes, se podía notar leves fulgores azulados en la oscuridad.

—¡Que os aproveche, idiotas!

Entre risas desquiciadas, David cortó la comunicación y dejó que esas figuras acabaran de erguir sus espaldas y se dirigieran hacia la luz.

A la luz de las llamas eran reclutas de carne y hueso; pero sus movimientos carecían de fluidez y naturalidad. Sus pasos eran titubeantes y sin expresión. Sus rostros eran impasibles e inertes. Parecía una horda de zombis con brillo satinado y movimientos de marioneta.

Spyrox amenazaba con gritos carraspeados y alzaba sus brazos para mostrar sus filosas hojas; al igual que Hella hacía amago de quemar y Soel sacaba a Dressela. Aún desconcertada por lo que estaba pasando, Gionna tuvo que sacar a Kyumbreon por si las cosas se ponían peliagudas.

Pero había algo ahí que no cuadraba. ¿Dónde estaban los Pokémon de esos reclutas? ¿Acaso no eran el tipo de gente que mandaban a sus criaturas a hacer el trabajo sucio por ellos? Por no decir que tenían un caminar muy raro.

—Tch. Nos han emboscado bien.—dijo Emily entre dientes.
—Bah, tranquila. Solo son reclutas, ¿no? Tapaos la nariz un momento. ¡Dressela!

Bajo las órdenes de Soel, la dama floral levantó una nube de somnífero por toda la sala y la dirigió hacia ese pelotón de descerebrados. Pero, todo y que las corrientes verdes le daban de lleno en sus caras, estos seguían avanzando impasibles ante el sueño.

—¡¿Cómo?! ¡¿Pero qué se han tomado esos tíos?!—gritó Soel todo atónito mientras los reclutas seguían tambaleándose bajo su propio peso. Si esto seguía así, podían darse también por desaparecidos. Aún así, había quienes eran reacios a utilizar la fuerza bruta. Era de seres humanos de quienes estaban hablando. Personas endebles que, aunque no hacían ningún bien en ese momento, no se merecían la muerte.

No sabían qué hacer, hasta que al final, Spyrox se lanzó directa hacia uno de los reclutas blandiendo la hoja metálica hacia uno de ellos. El cuerpo de esa persona anónima se cayó con un chirrido y con el sonido de varias latas cayendo. Pero sus compañeros ni siquiera miraron cómo rodaba por el suelo. Estaban a diez pasos de ellos.

—Ni-ni una reacción… ¿acaso ya no son humanos…?
—De hecho ha sonado como un montón de hojalata.—dijo Gionna con el pulgar en el mentón. Con esto le quedaba claro. No merecía la pena salvaguardar la “vida” de esas personas. —, creo que no pasará nada si utilizamos la fuerza bruta. ¿Qué dices, Kyu?
—Que me parece increíble que hayáis tardado tanto en percataros.—reprochó su Umbreon.
—¿¡Y yo cómo iba a saberlo!? ¡Casi estamos a tientas, oye!
—Ugh, ¡como sea, ya era hora de que empezara a haber acción aquí! ¡Dressela, Hella!

Bajo el comando del rubio, Hella empezó a desatar una lluvia de Bolas Sombra mientras que la dama floral levantaba ventiscas de afilados pétalos directos hacia los autómatas. Todo y que los vientos eran fuertes y la Danza Pétalo era potente, esto solo ralentizaba su paso como era lógico. Pero las esferas fantasmagóricas lograban derribarlos sin ningún problema. Incluso había algunos que no se volvían a levantar.

Pero esa lluvia ni era eterna ni conseguía alcanzar a todos. Spyrox incluso tuvo que adoptar una postura defensiva golpeando a todos con sus garras y sus hojas; pero estaba empezando a tener problemas para mantenerlos alejados de su compañera. Kyumbreon también trató de hacer lo suyo con Pulso Umbrío; sin embargo, consideró que utilizarlo en un espacio cerrado con su grupo en medio era un movimiento demasiado arriesgado. No tuvo otra que hacer uso de sus poderes psíquicos e intentar estrujarlos con su fuerza mental.

Mas cuando apuntó a una de esas marionetas, percibió algo inusual en los mismos. Su Psíquico era contrarrestado con otro flujo de energía telequinética que hacía resistencia. Todo y que intentaba aplastarlo, solo conseguía frenar su avance por un corto periodo de tiempo.

—¡Pardiez! ¡Tendré que utilizar mis artes oscuras después de todo!
—Espera, ¿tú también tienes problemas con ellos?—preguntó Gionna al borde del desconcierto cuando su Umbreon ya se lanzó directo a atestar una onda oscura a bocajarro de un pelotón. La onda se hizo notar por las teces de los humanos. —, ¡SO BESTIA!
—¡Eh! ¿Me podríais echar una mano por aquí? ¡Me están rodeando!—gritó Emily ya al borde del desespero!
—¡Voy!

De enseguida, Gionna le hizo el favor a Emily de mandar refuerzos y sacar a Lol para que esta empezar a disparar un enorme chorro a presión que mandaría a varios autómatas hacia la pared. Tanto como Emily y Spyrox pudieron ver las placas y las tuercas saltando en todas direcciones mientras que un cuerpo pequeño se precipitaba hacia el suelo después del armazón.

—¿Qué ha sido eso?

La Top Ranger quiso dirigirse al lugar por donde esos falsos peleles cayeron; pero nada más moverse no tardó en volver a ser rodeada por más de aquellos reclutas.

Decidida a llegar al fondo de esto, trató de abrirse a puño limpio; algo que le dio alguna que otra contusión en los nudillos; todo para que otra Bola Sombra lo derribara antes de que pudiera hacer algo frente suyo. Justo en ese momento, había caído el último autómata de la sala.

Se habían salvado.

—¡Fiu! Parece que ya hemos terminado.—dijo Soel todo aliviado.
—Sí… menos mal… pero la puerta aún no se abierto.—dijo Gionna. —, debían de haber unos teletransportadores, ¿no, Emily? Em, ¿Emily? ¿Emily, qué-?

Nada más acercarse a Emily, Gionna también vio lo que le tenía tan callada. Gracias a la tenue luz que Kyumbreon emitía por sus marcas, pudo ver la delicada figura de una criatura blanca de cabello verde y un prominente cuerno que sobresalía de este tendida en el suelo.

Rápidamente se agachó y con la mano temblorosa intentó pillarle la muñeca. No sentía nada. Ni un tenue pulso; ni un solo aliento.

—Está… este Ralts está…
—Muerto. Sí.—acabó Emily en seco.
—¿En-en serio? Dime que no hemos provocado un genocidio ahora mismo, por favor…
—¿Acaso eso importa ahora ahora?—contestó Kyumbreon desde la lejanía quien se puso tras suyo. —, aunque os hubiera informado antes de ese detalle, no hubierais podido liberarlos de sus ataduras con los capturadores. Estaban demasiado prietos entre ellos. Ya estaban condenados desde un principio.
—Espera. Kyu, no me fastidies, ¿¡desde cuándo sabías que-!? ¡¿Por qué no me dijiste nada antes!?—exclamó Gionna con notorio enfado.
—¿Tengo que repetiros dos veces? Hubiera sido fútil. Por lo menos estas criaturas no tendrán que sufrir más ese yugo.
—Kyu… maldita sea, ¿¡por qué-!? ¡UGH!

De pronto, Gionna se arrodilló con los dedos en las sienes y con un horrible dolor en todo el cuerpo. Las voces de los caídos le estaban llegando como una avalancha emocional que hundía toda su voluntad para luchar.

—¿Gin…?—preguntó Emily saliendo de su atonía.
—¡A-agh…! No… aún hay que siguen vivos… ¿e-es este el dolor que están sintiendo…?—masculló Gionna entre lágrimas.
—¡No, ni se le ocurra empatizar con esas alimañas ahora! Las muy condenadas… van a conocer mi-

Para la sorpresa de Gionna, Kyumbreon también empezó a sentir punzadas en todas sus extremidades. Pronto Hella, Lol, Spyrox, Soel y Dressela también estaban sucumbiendo al mismo torrente de dolor que azotó de lleno.

—¿Qué… es esto…? Apenas puedo moverme…—se quejó Soel entre dientes.
—¡¿Pero qué está pasando! ¡Ugh!

Y cómo no, Emily también estaba siendo atacada. La descripción que Gionna había dado de esa sensación era muy adecuada para ese momento. Tenía la sensación de que sus huesos estaban rotos; su vientre magullado; su espalda quebrada… todas estas dolencias era sobre todo lo que más había visto entre los Ralts que estaban desplomados en el suelo.

¿Pero cuál de ellos estaba sufriendo y cuáles muertos? Si pudiera distinguirlos, por lo menos podría utilizar el Capturador para ayudarlos… pero…

No, era incapaz de levantar el brazo. La ilusión de fractura era tan real que su cuerpo se negaba a reaccionar adecuadamente. Si este dolor seguía prolongándose…

“¿Eso es todo lo que puedo hacer? ¿Hasta aquí he llegado?”

Por primera vez en su vida, se estaba sintiendo impotente ante las circunstancias. No había ni encargo ni misión que le hubiera hecho pasar por semejante dolor.

“Ayuda…”

¿Y eso?

Emily trató de localizar la procedencia de esa implorante voz. A la lejanía pudo vislumbrar la pequeña mano de un Ralts intentando alcanzarla.

“No… no puedo controlar mi cuerpo…”
“Estoy fuera de sí…”
“¡Ese no soy yo!”
“¡No quiero hacer esto! ¡Por favor!”

Sí, lo sabía… en el fondo sabía que ellos no querían hacer esto. Ya sabía que ellos irían a utilizarlos de carnada. Y realmente, quería ayudarlos. ¿Pero cómo?

Es cierto, ¿quién los estaba controlando? ¿Cómo es que estaban haciendo cosas en contra de su voluntad sin nadie que los mandara? Si destruir a los robots no había servido, entonces…

Rápidamente buscó algo que le llamara la atención entre las sombras. Pero por mucho que mirara de un lado para otro, no podía ver nada fuera de lo usual. No hasta que empezó a alzar el mentón y pudo ver una protuberancia mecánica con un leve fulgor morado.

—¡Chicos! ¡Mirad al techo!

Al oír la voz de Emily, los otros dos también se percataron de la presencia de ese rotor funcionando a toda máquina. Pronto entendieron qué hacer.

—¿Y esto es…?—dijo Soel entre jadeos.
—Un prototipo de hípercapturador… modelo Alpha-04… tiene que ser lo que les está controlando… ugh…
—Entonces si nos cargamos esto…

Al oír eso, Gionna no titubeó más. Si eso es lo único que tenían que hacer, lo harían con gusto.

—¿Lo oíste, Lol? ¡Usa Hidrobomba a esa cosa, vamos!

Con esfuerzo, el kappa infló su estómago de agua y empezó a vaciarlo a través de un enorme chorro a presión. Con el impacto y el agua infiltrándose en los circuitos de ese trozo de maquinaria, el rotor chisporroteó hasta dejar de girar y apagarse por completo.

Aquellos Ralts que sobrevivieron a los primeros impactos cayeron inconscientes y dejaron de compartir su agonía con los intrusos. El dolor que tanto prolongaron por fin había cesado.

—Uuuugh… por un momento creí que iba a morir…—suspiró Soel.
—Y yo…—dijo Emily con cierto alivio.—, pero… no me puedo sentir tan bien con tantas bajas…
—Bueno, nadie sabía que habían Ralts dentro, ¿no? Pues ya está. No hace falta sentirse tan mal, mujer.
—Hmm… tal vez tengas razón…

No se atrevía a decir nada. El no haber preguntado a Kyumbreon lo que había notado le remordía la conciencia.

Si tan solo lo hubiera sabido antes…

No, no había punto en seguir dando vueltas a lo que ya estaba hecho. Lo importante es que ya estaban a salvo… por el momento.

Entonces, tres colores destacaron entre la negrura; azul, rojo y amarillo neón eran esos colores. Cierto. Emily casi se le olvidaba, pero tenían que seguir adelante.
Pero sobre todo, estaba convencida de que no debían pisar el teletransportador rojo. Bajo ninguna circunstancia. Si los cuatro hermanos no cambiaron la configuración de los teletransportadores, entonces estaba claro cuál camino debían tomar.

—¿Seguimos? Hay que ir a la derecha ahora.—indicó Emily en seco.
—¡OK! Nos iremos adelantando pues… em, tengo que guardar mis Pokémon, ¿verdad?—preguntó Soel.
—Eh, no creo que haga falta, pero… si te quedas más tranquilo, adelante.
—Pues eso haré.

Dicho esto, Soel guardó a Hella y Dressela y fue el primero en pisar el panel derecho. En un haz amarillo, el entrenador había desaparecido de su vista. Por supuesto, las siguientes iba a ser Emily y Spyrox, pero…

Para cuando querían pisar pies en el panel, este se había vuelto a apagar.

—¡Argh, mierda! Esperaba que hubieran cambiado la configuración de los teletransportadores, ¡pero no esto!
—Entonces… no me digas que no podemos avanzar…—decía Gionna ya temiendo lo peor.
—Bueno, hay otro camino, pero… el de la izquierda es más largo. Pero Soel… menos mal que dijo de guardar sus Pokémon...
—¿Y no podemos tomar el mis…? Oh… espera, si se apagó el de la derecha y hay tres y somos… tres rangers…

Con eso se había dado cuenta. Intentaran lo que intentaran, iban a dividirlos; no importaban como.

—¿Y si me llevas a caballito mientras pisas el teletransportador?—dijo sin pensar.
—¿Y cómo me llevo a Spyrox entonces?—preguntó Emily.
—Bueno, ella podría ir en el del medio, ¿no?

¿Era tonta? ¿Acaso no se dio cuenta que…? No, claro que no; ella no estuvo antes aquí. Y tampoco dijo nada respecto a ese panel. Era un buen momento para decirlo.

—Gionna… ese teletransportador es una trampa.
—¿Qué dices?
—Sí… debieron de instalarlo después de que me infiltrara. Supongo que ya contaban con ello…
—Vaya por Arceus.—dijo hastiada.—, entonces… supongo que una de nosotras tendrá que quedarse aquí.
—Sí. Y me temo que tendrás que ser tú.
—¿Yo? ¿¡Por qué!? ¿¡Qué voy a hacer yo aquí!?—preguntó ya con indignación.
—Porque soy la única que sabe ir hasta los calabozos. Por eso.
—Ah, tiene sentido… pero un momento, ¿y cómo saldré de aquí? Y… ¡si esos Ralts se despiertan…!
—Tranquila, Gin. También sé dónde está la sala de mando. Le pediré otro favorcillo a Marian si hace falta. Eh, y si ves que estás en peligro puedes ocuparte de ellos, ¿no? No creo que tus Pokémon estén tan mal. Por no decir que también tienes el capturador… no… no te lo habrás dejado, ¿verdad?
—Oh, no… lo tengo guardado.
—Bien.

Era cierto; aún tenía a varios de sus Pokémon y el aparato en la mochila. Pero claro, si iban a volver a usar la técnica de antes…
No, no creía. Quizá se plantearan su asesinato de otra forma. Si era así, entonces podría lidiar con ellos si se ponían hostiles. No había nada que pudieran hacer.

—Venga, nos reuniremos cuando acabemos con esto, ¿sí?

Con aquellas palabras, ella y su Grovyle se dirigió hacia la luz azul para fundirla con la penumbra. De nuevo, estaba con aquella soledad que venía con el silencio. Con ello buscó una pared que estuviera libre de fallecidos y se sentó en el suelo.

Esto pronto iba a apestar… ¿seguro que podría aguantar con la espera?

Kyumbreon se puso a su lado. No quería que se quedara quieta.

—¿Vais a confiar en esa desconocida? ¿Seguro que no queréis ir a la boca del lobo a probar suerte?—preguntó Kyumbreon.
—Sí… estoy segura.—dijo tras un bostezo. —, es demasiado arriesgado, y lo sabes.
—También es peligroso conciliar el sueño aquí.
—Tal vez.
—Pero no sabemos qué es lo que nos han preparado en ese lugar. Seguramente sea algo que podamos superar.
—Kyu. Saben que lo tenemos. QUIEREN lo que tenemos. ¿Realmente te crees que habrán puesto otro callejón sin salida con otros pokés? Ja, ja, no. Prefiero no tomar riesgos esta vez.
—Espera, ¿saben que posees la bestia en tus manos? ¿Desde cuándo?
—Vete a saber…

Del exaspero, Gionna dejó que su nuca se apoyara también en las placas de metal, solo para mirar el techo.

—A veces pienso que capturar a ese mastodonte fue un error… ¿por qué no me negué por ese entonces? ¿En qué estaba pensando?
—Quién sabe. Fuisteis vos quien accedisteis a cargar semejante peso.
—Lo sé… a veces pienso que tuve que dejar que lo capturara otro.
—¿Y sabéis si ese otro no se lo hubiera cedido a malas manos?
—A saber… pero al menos podría haber vivido una vida más normal…

Cada vez sus párpados pesaban más. Parecía que a su cuerpo no le importaba apagar la vigila, a pesar de la dureza de su soporte.

—Ojalá pudiera dárselo a otro… si tan solo… pudiera librarme de esa… carga…

Nada más cruzar ese pensamiento en la cabeza, sus entrecerrados ojos se quedaron fijos mirando la luz palpitante de ese teletransportador. Cada vez pensar le estaba costando más.

“Si dar la bestia a otra persona era lo único que debías de hacer para recuperar tu vida…”

Lentamente y sin darse cuenta, su cuerpo se levantaba del suelo directa hacia la única luz que había.

“Eso es. Lo único que debes hacer es dárselo a cualquier otro.”

—¿Mi señora?

Ignorando los llamados de su Umbreon, sus pies la conducían directa a la trampa que habían plantado. Que lamentara sus acciones y se olvidara del favor que le hizo a su especie era algo que pasaba de vez en cuando; pero que cambiara se dirigiera directamente a esa trampa después de decir que no lo haría…

Pronto se dio cuenta de que algo no andaba bien en ella.

—¡Mi señora!

Por instinto, el Umbreon corrió hacia el resplandor rojo antes de que ella lo pisara, llamando también a Lol. Pudieron sincronizar su paso antes de que ella desapareciera de su vista; todo para llegar a una sala todavía más sofocante que a anterior. Esta vez, había solo unos fluorescentes que dejaban entrever una una larga alfombra de terciopelo atravesando un largo corredor.

Aún a pesar de estar en la oscuridad, ella seguía adelante a tientas. Finalmente, viendo que su telepatía no le llegaba, tuvo que utilizar Psíquico en ella y provocar un fuerte dolor de cabeza hasta que volvió en sí.

—Au, auauau… ¿eh? ¿Pero… dónde…?—dijo mirando a su alrededor confundida.
—Por las hachas de Lunetah… ha costado volveros en sí.
—¿Eh? ¿Qué ha pasado? Estaba… hablando contigo y luego… ¿me-me dormí…?
—No. De hecho os fuisteis directa hacia el teletransportador una vez que parecíais dormida.
—No me jodas…

Estaba temblando. Si había ido ella por su propio pie y no lo recordaba… ¿acaso había otro Pokémon de tipo Psíquico entre bastidores?

Maldecía a su cansancio por hacerla tan sugestionable. Ahora estaba justo donde ellos querían. Miró hacia sus espaldas; pero no podía ver si no otra puerta cerrada bajo la luz de emergencia.
Incluso se planteó avisar a Emily; pero su capturaror por alguna razón no tenía cobertura. Pedir ayuda era imposible.

—Parece que solo podemos ir hacia delante...—dijo ya resignada.
—Eso parece. Pero no tema; al menos estamos nosotros aquí.
—Ya, pero... bueno, podríamos intentar encontrar una salida. Debe de haber algo en ese pasillo tan largo.

Nada más plantearse en avanzar, se hicieron oír los pasos de un gigante por el fondo. Cada vez Gionna estaba más agitada.

—¡Ah, mierda! ¡Lol, Kyu!
—No hace falta que digáis nada. Ya los he vist-

Rápidamente, el raudo aleteo de un Scyther interrumpió al felino. El choque de su Protección con las guadañas de sus brazos se hizo oír. El insecto iba empujando en contra del muro intentando avanzar; pero era inútil. Tan pronto como desapareció la barrera, la mantis fue repelida por el Psíquico del Umbreon y fue directo hacia la pared.

Pero justo cuando pensaba que ya había terminado, otro Scyther le atacó con cuchillas en ristre por el otro flanco. El chirriar de las guadañas y las salpicaduras de sangre volando hacia la dirección que se levantaban los brazos del insecto hicieron temer lo peor a Gionna.

—¡NO, NO OTRA VEZ!

A pesar de la herida cruzada que habían tallado en su lomo, este quería volver a levantarse; pero tan pronto como levantó sus rodillas, el otro Scyther lo aprisionó hacia el suelo entre sus brazos; todo para que su compañero pudiera guillotinarlo. Por supuesto, el felino no iba a dejar que su cabeza rodara sin más y con rabia expulsó un buen Pulso Umbrío que los apartaría de su pelaje.

—¡CORRAN! ¡Estos no pretenden dejar vivo a nadie!
—¡Pero-!
—¡NO SE PREOCUPE TANTO Y CORRA! Os alcanzaré cuando estos dejen de ser un problema.

No quería. Realmente no quería dejarlo de lado. ¿Y si no lograba derrotarlos? Eran demasiado veloces…

Pronto la mano de Lol la agarró por la muñeca y la arrastró hacia delante. Tampoco quería que esos Scyther se le ocurrieran ir a por su pescuezo.

—E-está bien… solo… retírate a tiempo si te ves en problemas, ¿de acuerdo?

Con la amargura y la impotencia, dejaron atrás al Umbreon que intentaba entretener y seccionar las vidas de los Scyther. A su paso, lo que parecieron estatuas en los pedestales empezaron a moverse y a rebuznar con un tono iracundo mientras sus dos jorobas borbotaban varios proyectiles de material piroclástico.

Todo y que no le alcanzaron, la alfombra empezó a arder delante suyo; pero Lol pudo apagar el incendio y de paso enfriar el temple de esos Camerupt con un buen Hidrobomba. Todo para que, después de una incesante carrera, se volvieran a encontrar cara a cara con el Tyranitar de David y un Slaking que golpeaba su pecho con mucho brío. La parte más frustrante es que ambos gigantes estaban justo delante de un gran portón con una sala bien iluminada.

—Esto no va a acabar nunca, ¿verdad…?

Los rugidos de Tyranitar levantando el polvo de la sala y los aullidos del gorila hicieron que Kyumbreon acudiera lo más rápido que pudiera a pesar del escozor de sus heridas. Pronto se encontró de bruces con una fuerte corriente que ensuciaba todavía más las hendiduras de sus carnes. A duras penas vio a Lol intentando derrotar al reptil pétreo y su entrenadora intentando protegerse los ojos intentando encontrar el capturador en su mochila.

Pero ambas estaban entre las cuerdas. El Slaking no iba a dejar que Lol atinara a Tyranitar interponiéndose en la trayectoria de su Hidrobomba; y el Tyranitar no cesaba de provocar derrumbes y disparar Hiperrayos a lo loco. En el poco tiempo que llevaban enfrentándose, habían abierto brechas en el suelo.

En un intento ya desesperado de debilitar al menos uno, Lol escupió unas Drenadoras al Slaking. Las zarzas no tardaron en brotar y clavarse en todo el cuerpo del gorila; quien estaba apretando fuerte su puño izquierdo.

Pronto se dio cuenta… estaba esperando a que le dejara un margen para poder tirar ese ataque.

—¡LOL, TEN CUIDADO!

A pesar del aviso, no pudo reaccionar a tiempo. El Slaking dio una rauda carrera con los nudillos apuntando hacia arriba. El gancho fue tan fuerte que dio a Lol en el estómago y se estrelló en el techo. Por suerte, Gionna pudo pillarla antes de que se estrellara al suelo… todo y que también cayó con su peso.

Lol por suerte había aguantado el impacto; pero sabía que no podría aguantar otro golpe. Decidió que era mejor no arriesgarse y la devolvió en su Pokéball.

—¿¡Estáis bien!?

La voz de Kyumbreon le había dado un rayo de esperanza; pero su cara no tardó en hacer una muesca de terror. Esas heridas… no, no era nada bueno.

—Dios mío Kyu… ¿qué son todos esos cortes…? ¿Por qué no huiste…?
—Resistiré.—dijo sin más.
—¡No, no, no vas a aguantar ni una tarde con esto! Te voy a devolver a tu Pokéball.
—¡Me niego! Cada herida solo acrecenta mi poder. ¡No voy a quedarme dentro de la Pokéball ahora que puedo atizarles con mi fuerza!

¿Qué estaba haciendo? Tyranitar estaba a punto de recuperarse del Híperrayo y el Slaking estaba ganduleando en el suelo. Era su oportunidad.

—Entonces… escaparemos juntos. ¡VAMOS, KYU!

Sin más, ambos empezaron a pasar de largo a ambos gigantes con los pies en polvorosa, antes de que estos se volvieran a levantar. Pudieron atravesar la puerta que estaba abierta de par en par, justo pasando entre los dos agarrotados monstruos…

Todo para encontrarse lo que sería su perdición.

La luz de los ventanales psicodélicos del fondo y la esfera verde que coronaba el trono que se plantaba frente a sus ojos iluminaba al demonio que se acomodaba en el asiento junto a ese ser sideral.

—Ajajaja… te estábamos esperando. ¿Qué te ha parecido el comité de bienvenida? Genial, ¿a que sí?

De repente, toda esta situación, todo lo que había ocurrido empezaba a tener sentido.

Ella no podía hacer nada más que retroceder con una cara llena de desconcierto. Si decidía volver para atrás, Slaking y Tyranitar los acribillarían. Y si elegía defenderse…

No, no podría porque tanto como Kyumbreon y Lol estaban en malas condiciones para pelear. Y desde luego ni Honchpato, ni Akirosoku ni Google podrían con Deoxys. Lo peor de todo es que podía ver el gozo que David sentía por su cara. Acomodaba su mentón entre sus entrelazados dedos con una sonrisa que se alargaba de mejilla en mejilla.

—Y una carga, ¿eh? Quién iría a decir que alguien taaaaan “recta” iba a tener esos sentimientos…
—Solo quería una vida normal…—susurró Gionna para sí.
—Eh, habla más alto, que no se te oye.

Se mordió los labios. No iba a dirigir ni una palabra más.

—Está bien… ¿recuerdas mi oferta en la Cueva Helada? Pues ahora te la voy a mejorar. Dame la Pandoraball y te dejaremos en paz. Oh, y no solo eso; tal vez te paguemos un crucero a una región lejana para que no te tengas que cruzar con nadie que hayas conocido en esta asquerosa región. O un billete de ida en avión, como prefieras. Nadie irá a por ti y nosotros nos haremos cargo de ese monstruo. No me dirás que no.

¿Estaba de coña? ¿A estas alturas y le seguía insistiendo? Era verdad que por su culpa no podía vivir como cualquier persona, pero…

Aún así, no se arrepentía de lo que había hecho. Si hacía eso, daría la espalda a todos los que había conocido.

—Por última vez… no.

Justo la respuesta que David esperaba.

—Está bien, me lo vas a dar de todas formas…

Con un chasquido de dedos, los ojos de Deoxys se iluminaron de color rojo. Sus oídos empezaban a pitar como nunca antes lo habían hecho mientras sentía mil agujas en su cerebro. Las voces le pedían que cediera; pero ella hacía sus mejores esfuerzos por resistir. Su mano intentaba moverse solo para retirar la mochila; pero aún podía detenerse con la otra.

Entre la cacofonía, la voz de Kyumbreon le imploraba que resistiera mientras se preparaba para otro asalto.

Todo y que su vista se empezaba a emborronar, aún podía ver la negra mancha que dejaba sus huellas imprimidas en el suelo. No quería que se quedara.

—¡Kyu… no… es… escapa!
—¡Pero… la bestia…!
—Lo… lo sé… pero… no podemos hacer… ¡AGH!

Sus suplicios fueron ahogados. Cada vez el alien estaba ejerciendo mucha más presión. Por lo menos si desfallecía en ese mismo lugar no sería ella quien lo daría.

—Sál… vate…

Con estas palabras, había caído al suelo sin poder mover ni un solo dedo. Había resistido todo lo que pudo… y con ello, había asegurado que tuviera la conciencia tranquila.

Pero la derrota era innegable. Podía oírlo a través de la triunfante risa que ese demonio emitía desde el diafragma.

Tenía la sangre hirviendo. Provocarle semejante daño… quería matar a ese extraño; que sintiera toda su ira en cada una de sus células. Pero con tan solo exhumar un poco de energía, las heridas ardían todavía más. Por muy rabioso que estuviera, no podía desplegar su poder por culpa de ese dolor.

¿Acaso ese era su límite…? No, debía de ser capaz de hacerle frente. Las heridas no eran nada…

“Si ves que no puedes vencer, huye. Corre tanto como puedas y busca ayuda.”

De pronto recordó las palabras que Latias resonaron en su mente. ¿Era por ese momento que lo había dicho? De todas formas no podía hacer nada sino acatar.

Por una vez en su vida, Kyumbreon tuvo que tragarse su orgullo y aprovechar el regocijo de su enemigo para fundirse en las sombras. Con cautela, sigilo e intentando no emitir ningún quejido, intentó llegar hasta el principio del propio pasillo y abrir esa puerta con su Psíquico.

Se había zafado de esa trampa.


Mostrar Trivia (DO NOT READ IF YOU DIDN'T READ THE CHAPTER)
OK, people so. En realidad la estructura del capítulo no ha cambiado mucho... de hecho Gin fue a la trampa directa igual, pero fueron las circunstancias las que habían cambiado. Kyu dijo de ir allá por tal de escurrir el bulto y salir antes de tiempo (y ella le hizo caso); pero luego pensé que eso era algo un tanto estúpido dado la obviedad de la trampa, así que... tuve que hacer unos apaños y utilizar otros recursos *coughcoughdeoxyscoughcough*. Y de hecho estaba pensando también en hacer una emboscada entre tres de los hermanos con anestesia incluída, pero... sí, ya que estaba y me acordé de una crítica que me hicieron antaño dije "OK, a la porra, voy a cambiar eso también".

Oh, sí, ¿y los Ralts usando Divide Dolor después de que tumbaran a los armazones con forma de recluta? Eso fue un añadido reciente. No me parecía lo suficientemente hardcore, so... yup, there it is :3
 0  0  0  0  0  0  0  0  0  0  0  0  0  0  0  0  0  0  0  0
Responder
Heeey~ que esté dibujando todo el día no significa que me haya olvidado del fic >:3 Espero que se hayan leído el anterior porque ahí vienen otras 3.841 palabras.

Y... será mejor que no vayan dejado todo de golpe, porque dentro de dos capítulos... jo jo. Jojojojojo ;)

En fin, serafín malandrín, lo voy dejando ya...

Cheerio~!
 

 
Capitulo 36

Un Electrabuzz aullaba de dolor tras ser lanzado contra la pared. Aunque los pétalos afilados no estaban a su máximo potencial, la danza ya era potente de por sí. No pudo resistir más. El pokémon del recluta cayó con las fuerzas mermadas. Las zarzas puntiagudas también contribuyeron a su derrota, más que el tornado floral.

Soel sonreía con aquella merecida victoria. Le había costado lo suyo, pero al fin había acabado con otra molestia del montón.

—¡Aaaaah, pero qué mieeeerdaaa! ¡Y SIN CAPTURADOR, ENCIMA!
—Ja. La próxima vez dile a tus compañeros que ni se molesten en intentarlo.

Dressela asentía energéticamente con las hojas en la cintura mientras el recluta huía por patas. Cuando lo perdió de vista, el Ranger de Villaestío se dio el lujo de mostrar su exaspero.

—En serio, ¿cuándo van a parar de dar por culo? Joder.

Estaba cansado. Agotado de dar vueltas y rodeos; de pisar teletransportadores al azar; de esos insufribles veintiocho grados en el interior de la base; de las placas blancas que tanto deslumbraban. Se estaba planteando acelerar el proceso derritiendo las paredes de la base con su Chandelure. De hecho, era justo eso lo que iba a hacer… hasta que miles de pies retumbaron en el suelo como una estampida.

Genial, como si no tuviera suficiente tener que derrotar uno por uno los equipos desbalanceados que se hacían esos amateurs del combate…

—Estupendo.

Por alguna razón, los “vengadores de los reclutas” echaban a pasear los discos directos hacia la pared o por el techo, justo en su dirección. Uno de ellos le había dado en la frente de Dressela, pero no le echó importancia. Frente a ese grupo de desgraciados, vio una liebre negra y roja que muy bien conocía.

—Eh, Dressela, ¿ese no es…? Ah.

Justo a pocos metros de sus pies, el felino colapsó. Sin dudar y con una notoria preocupación, Dressela corrió a recogerlo en sus brazos; solo para ver con horror los cortes cruzados que vaciaban sus venas.

¿Qué hacía ahí? ¿Qué había ocurrido para que este Umbreon estuviera de esta forma? ¿Dónde estaba su entrenadora? ¿Y Emily? ¿Acaso no le dieron el plantón porque quisieron?

Y para colmo los reclutas se estaban acercando a él como si con él fuera la cosa… bueno, tenía a su presa en brazos, ¿qué se esperaba?

—¡Oye, tú! ¡Danos a ese Umbreon! ¿¡O quieres que te quitemos a ese Lilligant también!?
—¡Dile, “broda”, dile! ¡Que se entere lo que es la pérdida de un ser querido!—gritó otro recluta al fondo.
—Hasta la polla.

Harto de tanto imbécil correteando por los pasillos, sacó a Hella de su Pokéball.

—Bola Sombra.

El candelabro soltó una risotada fantasmagórica. Sus llamas azules se avivaron. Empezó a reunir energía de las sombras para tirar una gran bola funesta al suelo y lanzar a los reclutas lejos de su vista. Después de esto echó media vuelta y corrieron cada vez más lejos de esa muchedumbre.
Pero en su huida, se tropezó con otro cuerpo.

—¡Eh, tú, mira por dónde vas! Espera, ¿Soel, eres tú?

Por fin alguien que conocía. ¡Y en qué momento!

—No, soy un recluta que se robó uniformes de Hiberna cuya Lilligant tiene un Umbreon sangrando como un cristo entre brazos. ¡Pues claro que soy yo, tontaina! ¿¡Dónde has estado este tiempo!?
—Em… puedo explicarlo. Recuerdas los teletransportadores, ¿verdad? Es-espera un momento…

Tardó un poco, pero Emily no pudo evitar horrorizarse al ver a aquel maltrecho cuerpo de ébano y citrino teñido por el carmesí de su propia sangre. Estaba muy mal. Incluso se atrevería a decir que estaba en un estado crítico.

—¿Pero ese no es el acompañante de Gionna? ¡¿Por qué está aquí?!
—Y a mí me lo preguntas... anda, anda, salgamos de aquí antes que esos imbéciles nos persigan.
—Mejor.

Por una vez, ambos estaban de acuerdo en algo. Retrocedieron el paso, en busca de un lugar apartado por donde pudieran darle por lo menos los primeros auxilios. Aún conservaban el mapa, por suerte. Y justamente había una zona por donde nadie pasaba.

Evidentemente la sala de las calderas era el lugar más incómodo para tratar las heridas; pero el tiempo apremiaba y era la sala más cercana que tenían. Por lo menos nadie iba a molestarlos ahí dentro.

—Si toda la base es un horno, esto es el infierno. Jo-deeer, estoy sudando a la gota gorda.
—Deja de quejarte y saca el kit de primeros auxilios, anda. Tenemos que parar el sangrado.
—Vale, vale…

Evidentemente eso no iba a ser suficiente. Suerte que había pillado un par de Bayas Zidra antes de salir. Rogando que no desvanezca, Emily lo zarandeó para que al menos abra los ojos.

—Vamos, no te mueras…

El incordio de ser movido por una mano logró que el pequeño Umbreon pudiera a menos abrir los ojos. El dolor era tan insoportable que su cuerpo se rehusaba a moverse. Ni siquiera su visión se clarecía aunque quisiera saber de sus alrededores. El único aroma que su hocico se empeñaba a captar era la peste de su propia sangre.

—Ah, ¡menos mal! ¡Sigue vivo! ¡Venga, vamos, come la Zidra, rápido!
—¿Qui… demo… so… vo… para… dame…?

Ni siquiera podía hablar con coherencia. Estaba condenado. Por seguro.

Pero luego recordó que no había salido de esa trampa para morir.

Débil, el Umbreon se dispuso a hacer un esfuerzo y darle pequeños bocados a la baya Zidra. Poco a poco, por cada mordisco que daba, aquellas brechas cruzadas que tenía como herida iban quedando en una equis menos gruesa. Entre las vendas prietas y la rápida cicatrización, Kyumbreon se zafaba de la guadaña de la muerte una vez más.

Todo y que su herida no estaba del todo cerrada y la anemia aún le hacía mella, ya se podía mantener por su propio pie.

—Ugh... y pensar que unos humanos desgraciados como vosotros no llegarían a auxiliarme...
—¡Pft! Si llegara a saber que no nos darías ni las gracias, le habría dicho a Dressela que te dejara al suelo.

Dressela le afirmó con las hojas cruzadas y asintiendo con enfado mientras que Spyrox simplemente se quedó mirando al Umbreon despectivamente. Pero había algo más importante que su soberbio carácter.

—Yo quisiera saber qué demonios haces aquí sin tu compañera. ¿Se puede saber qué ha ocurrido? Acaso…

Su ego y su voz se volvió a caer por los suelos del silencio. La pregunta que había lanzado Emily le dio un amargo recuerdo de su fracaso. Cuán impotente se sentía ahora que no pudo hacer lo que él se había designado.

—¿Ido a esa luz? Sí… no porque quisiéramos. Algo le había poseído para que fuera. Ese… estúpido ser…
—¿Ser?—preguntó Emily.
—¿Es una trola?—preguntó también Soel.
—¿Me veis cara de pánfilo? ¿Por qué iría a mentir en esta situación? En todo caso… respecto a mi señora… es lamentable comunicar esto, pero…
—¿Pero…? No me digas que ha…

El chico de Villaestío iba a acabar con el peor de los casos; pero Kyumbreon logró cortarlo a tiempo.

—Desgraciadamente. Ha sido capturada.



Gota a gota, caía el rocío de la roca sobre el suelo sin cementar; sin placas y sin baldosas. Los chisporroteos de una bombilla colgante susurraban en la celda mientras esta se balanceaba levemente a la vez que luchaba por prevalecer entre la oscuridad. Igual que la luz que no podía mantenerse bajo este endeble soporte, ella trataba de no perderse en el abrazo de sus pesadillas.

Cada vez le costaba más discernir entre la realidad y su subconsciente. Los detalles que dejaban la muerte y la destrucción eran cada vez más definidos. Los rayos calcinaban una y otra vez a los seres que más quería; en ceniza se transformaba todo mientras una y otra vez volvía a aparecer en esa cima sacrificial para ser una vez más el almuerzo de la bestia que opacaba el cielo. El bosque que había bajo el pie de ese altar había sido reemplazado por un mar de alquitrán que reclamaba su cuerpo con los lánguidos y raquíticos brazos de los fallecidos.

Esta vez no había escapatoria. No había manera de salir del bucle; no podía siquiera levantar sus brazos y arriesgarse a volar a través de las tormentas. Desde que vio esa piedra negra, sus sueños no habían hecho más que amplificar su tormento. Tan abatida y cansada estaba que ni siquiera podía hacer frente a la gran dentada que se abría ante ella.

Aunque su voluntad era la de sobrevivir, estaba impotente ante las fauces del dragón. El hedor de su aliento y la profundidad se su garganta le recordaba cuán minúscula era ante las circunstancias. No podía luchar contra la inmensidad de su remordimiento.

Los colmillos se cerraron. La espesa saliva de la bestia le impregnó entera mientras su lengua la lanzaba hacia dentro. Engullida por el dragón, caía por un eterno abismo que no tendría fin. Una caída sin estrellada; una pesadilla de la cual no se podía disuadir ningún final.

Por mucho que aleteara, nunca alcanzaría de nuevo las nubes. Por mucho que intentara cambiar su rumbo, seguiría cayendo en picado.

Por mucho que pidiera ayuda, nadie acudiría en su ayuda. Pero eso nunca fue una novedad.

—¡Pero no entiendo! ¿¡Por qué no me puedo quedar en casa!? ¿¡Por qué tengo que deambular como si no existiera!? ¿¡Por qué tengo que desaparecer!?
—Lo siento, Gionna… pero tampoco puedo permitir que arresten a tu madre.
—¡Pero eres Eldarya, líder de la Orden del Dragonair! ¡Haz algo!
—Oh, mi nieta… ojalá las cosas fueran tan fáciles como eso.


Ni su abuela le ayudó como debía. No podía querer a nadie.

—Tenéis agallas para enfrentarte a toda esa muchedumbre. ¿Pero por qué vos, una ingrata humana, ha traicionado su propia especie por un servidor?
—¿Tal vez porque odio a mi propia especie? No lo sé… pero no me gustaba cómo te estaban tratando.
—Estamos en el mismo bando entonces.


Pero tampoco quería erradicar a nadie.

—Primera vez que invito… y es a una rana. ¡Bueno! Creo que no necesito a nadie mientras pueda hacerme amiga de los Pokémon, ¿verdad, Google?

Pero aún se sentía incomprendida.

—Eh, no hace falta que robes a nadie. O sea… no es que tenga mucho, pero aún me puedo permitir comprar alguna manzana para los dos. Será mejor si no causamos problemas, ¿verdad?

¿Para qué hacer el bien?

—Oye… Akiro… creo que te entiendo muy bien. A mí tampoco me hacían caso. Siempre que quería hablar o divertirme con ellos, simplemente huían de mí. Trataba de hacer cualquier cosa para que alguien se fijara que no estoy bien, pero… al final solo consigo que hagan algo peor que ignorarme. Y todo porque no pensaba igual que ellos o no me gustaban las mismas cosas...

No sé… también me gustaría que la gente me respetara un poco al menos.

Patético. No sabía cómo podía esperar tal cosa de la plebe. ¿Aceptada? ¿Apoyada? ¿Respetada? ¿Cómo? ¿Dando lo que no se merecen? Sí, quizá algún “gracias” le levantaría el ánimo.

Pero aunque tuviera el clamor de la gente aún sentiría un enorme vacío. Más infortunios ocurrieron, incluso antes de aquella emboscada. Sin nadie que le empujara hacia delante aún avanzaba, aunque tuviera el viento en contra. No necesitaba elogios de nadie para saber que lo hacía bien. Simplemente hacía las cosas porque podía.

Mas aún habría algo que no tendría. Una cosa que descuidó por completo por culpa de la rutina escolar. Fue desde ahí cuando sintió que empezaba a derrumbarse el cielo, pedazo a pedazo.

—Drini… te prometo… que te encontraré. Cueste lo que cueste.


Una oportuna y gélida gota del techo la sacó de la pesadilla. Dio un respingo tras sentir la lágrima de la roca en su sien, sin levantarse. Intentó parpadear; pero después solo pudo mantener sus ojos entreabiertos y limpiar la saliva que se le escapó en su mal viaje.

En un principio no entendió qué había ocurrido. Su mente estaba recuperándose de un profundo, tedioso y breve letargo. En cuanto se asentó, lo primero que vio fue un plato con una mísera patata asada. No entendía qué hacía ahí un trozo de comida impoluta de insectos, pero sus tripas se revolvían. Tenía hambre.

Gionna se iba a dirigir hacia aquel bocado. Más un consejo salió de una de las esquinas. Era una voz desconocida; nueva para ella.

—Yo que tú no me la comería.

Tranquilamente, sin poder deshacerse de su sopor, giró su mirada hacia la procedencia de aquellas palabras. No podía distinguir muy bien su aspecto. Tan solo podía ver que llevaba unas deportivas rojas y blancas con unos calcetines negros que le llegaban hasta el muslo, si se podía decir que tenía. ¿Dónde había visto esas bambas? Por lo menos sabía que era una chica. Pero aún no sabía nada.

—¿Quién eres?—tuvo que preguntar la entrenadora. Su desconcierto podía con ella.
—¿Eh? ¿No te han informado sobre mí? ¿No te han dicho que ha desaparecido una Ranger de Villavera?
—Espera... me suena. Me suena haberlo oído. Ugh, piensa, piensa, ¡acuérdate, cabezota!—se dijo a sí misma. Al no lograr recordar los acontecimientos, pensó que tenía que consultarlo con Kyumbreon.

Trató de quitarse la mochila de su espalda; mas lo único que pudo tocar fue su hombro. La ausencia de la tira la despertó como un balde frío de agua. Abrió los ojos de par en par y buscó con sus manos su almacén de tela.

No estaba por ninguna parte.

Pronto se acordó de lo que había ocurrido. Pero aquello no importaba nada. Lo importante era que la mochila la tenían ellos. Y con ella, la caja de Pandora y sus Pokémon.

Esto no estaba pasando. No podía aceptar lo que ocurría. Tomó consciencia de lo que ocurría. Vio los barrotes que delimitaban su espacio; el terreno rocoso por donde se situaba...

Había fracasado.

Lo había perdido todo. No podía evitar que los ojos se le humedecieran, ni que sus manos se entumecieran. Al final, su pesadilla iba a ser cierta. Sola; sin compañía; encerrada en un pozo sin fondo. Al menos esperaba que su Umbreon hubiera salido adelante. Tal vez tendría una esperanza de salir. Pero para entonces, el resurgir del odio encarnado sería inevitable.

—¿Te ocurre algo?

Ignorando la pregunta de la otra Ranger, le contestó, intentando retener el llanto.

—Se-se han llevado a mis compañeros... y... y...
—¿Y-y-y-y qué?
—Ugh... no sé si decírtelo... es... ¡algo muy importante y peligroso que se suponía que NO tenía que dárselo a nadie! Y me lo han quitado... qué fiasco.
—¿Importante y peligroso? ¿Qué es eso?

Gionna no podía evitar temblar al pensar en aquella cosa saliendo de su celda. Y tampoco podía saber a ciencia cierta si podía fiarse de su compañera de presidio. De todas formas, no estaba en condiciones de desconfiar de nadie. Tenía que hacer tripas corazón e informarle.

—Es... es... es un Pokémon...
—¿Legendario?
—Peor.
—¡Bah! Tienen ya seis legendarios y a un pokémon del espacio. No creo que sea peor que eso.
—¿Ah, no? ¿Y si te digo que son todos estos legendarios manifestados en un solo cuerpo de ciento-cincuenta metros?

La chica, que padecía el agotamiento de la desnutrición, se quedó un rato callada. Luego pronunció la respuesta a su pregunta:

—Diría que estarías exagerando. O inventándote una trola.
—Una trola, ¿eh? ¿Tú qué crees que ha causado el derrumbe Ciudad Embarque? ¿Que fue un grupo terrorista manejado varios tipos de pokémon?—fingió que se reía, sin ánimos. Eso era lo que los medios más rastreros y con el mayor prestigio decían.—, aaaah, no, querida. Los truenos, los terremotos y las llamas vinieron de una misma bestia. ¡Y eso es lo que me han quitado! ¡Se suponía que tenía que llevármelo a mi tumba con mi cuerpo! Pero nooooooo. ¡Tenían que enterarse estos tíos y revivir ese miedo que tenía! Insensatos…
—¿Una bestia? Espera un momento, ¿realmente eres la chica de la que hablaban?
—¿Ah? ¿Hablaban de mí? ¿Aquí?

Al fin la entrenadora se dignó a girar su mirada acuosa hacia la procedencia de aquella voz madura, llena de cansancio. Pudo ver sus rojas vestimentas, su extraña coleta celeste alzándose hacia el techo; la badana roja que se veía por la frente; sus ojos de color marrón rojizo... luego reconoció quién era. No porque la vio en un pasado; era un tema constante entre aquellos forestales policíacas. Aquella que había desaparecido en un día lluvioso en la selva tropical, aquella que reemplazaba...

Había hallado al fin su destino. Mas no fue el júbilo que la llenó.

—¡AH! ¡TÚ! ¡TÚ ERES LA SECUESTRADA!
—Joder, ¡aleluya! Empezaba a pensar que solo eras alguien con uniforme.
—Y soy alguien con uniforme, que me han obligado a llevar todo el maldito rato, ¡QUE LA HAN METIDO A NOSECUÁNTOS LÍOS POR TU CULPA!
—Guau...
—¡He tenido que hacer trabajos forzosos en un bosque que no conocía de nada, limpiado una alcantarilla de Koffings, casi morir aplastada por un pedrusco en un desprendimiento en una cueva, a punto de ser asesinada por un Scizor en una fábrica, enfrentarme al mismísimo Entei dentro de unas ruinas ancestrales, escapar de un loco maníaco en una cueva helada, PARA FINALMENTE RESCATARTE! ¡Pero noooooooo! ¡Tenían que tenderme una trampa Y ESTAR EN EL MISMO ESTADO QUE TÚ!

Selena intentó no reírse por aquella extensa queja vociferada, sin poder evitar dar una pequeña pero sonora carcajada.

—Ah, ¿¡te parece gracioso, eh!? ¡Sabiendo que vamos a morir todos como logren liberar a esa bestia...!
—No, que va. De hecho me aterroriza. Nunca pensé que la misma que me rescataría sería la misma chica que tendría ese monstruo que hablaban.
—Anda, mira... ¿han leído “El Pelipper”? Bah, mira, no contestes, no me interesa. Voy a dormir, a ver si me muero y no me entero.

Sin más dilación, Gionna se volvió a acostar en el duro suelo para dormir una vez más. Selena se quedó un rato callada. Ahora era cuando más le urgía salir de aquel hoyo.

—¿Te vas a quedar aquí sin hacer nada?—preguntó con indignación.
—¿Servirá de algo intentar? ¿Acaso has encontrado una forma de salir?
—No.
—Pues ya está. Estamos todos perdidos. Igual que mis antiguos compañeros de clase, igual que aquella ciudad, igual que la otra, igual que todos ahora. C'est finit.
—¡Pero aún así no podemos quedarnos aquí! Tenemos que averiguar como salir de aquí.

La entrenadora hacía caso omiso a aquel intento desesperado de ánimo. Solo esperar a que pase un milagro.

—Si es tan terrible… ¿no crees que deberíamos hacer algo? No fuiste sola, ¿verdad?

No había forma de contactar con nadie. El capturador también estaba en la mochila.

—¿Y Alberto qué? ¿No puede ayudarte?

Se le pusieron los ojos como platos. Esa tipa era adivina o algo.

—¿Cómo… sabes que este tío está colado por mí?
—Dejó una nota bajo el plato. Aún la tengo en la mano.
—No me jodas.
—Sí te jodo.
—¿Qué hace este idiota mandándome cartas de amor en vez de mover el culo para aquí? ¡Será interesado, el muy imbécil...!
—No, no es de amor.
—Ah. No. Me. Jodas. Es toda una excusa barata escrita con palabras bonitas, ¿no? Ya, claro.
—Pero cálmate…
—¡NO!
—Al menos léelo.

Dio un suspiro y le puso la mano para que le diera el papel.

“Ginny, siento que no haya podido hacer nada para ayudarte.”

Típico.

“Quería al menos dejar que descanses en mi cama, pero… Aina se puso muy violenta conmigo. No quería verte en mi habitación. No sé por qué.”

Excusas.

“Y la verdad tampoco creo que tus compañeros me hubieran creído. Habrían pensado que te habría violado o algo por el estilo.”

Pues sí, también lo habría pensado.

“Pero puedo ir a por ti ahora. Solo mira a la cámara y di que venga. Trataré de escaquearme del trabajo. Ah, y no te preocupes por mí. Todavía odio a los Rangers, pero… por ti incluso traicionaría a mis hermanos.

Nos veremos pronto.

Con amor,

Alberto.”

Así que era cierto. Él podría sacar de ese lugar. Podría ayudarle a salir de ahí y recuperar a sus Pokémon.

No estaría mal darle una oportunidad. Sería la prueba de fuego que determinaría si realmente podía fiarse de alguien en situaciones tan desesperadas.

Oh, había algo más escrito.

“Postdata: te asé una patata para que te recuperaras más fácilmente; pero el tonto de David le puso afrodisíacos mientras estaba escribiendo…

¿Por qué todos piensan que te quiero tocar?”

—Pues le ha salido el tiro por la culata.—comentó en voz alta. —, ¿y no podrías haber hablado tú a la cámara? O bien podría haberme sacado ya por adelantado.
—Ya se lo dije. No tenía las llaves en ese momento.—dijo Selena.
—Bueno, mierda. ¿Y por qué tengo que pedirle ayuda?
—Eso ya no lo sé. Pero mejor dile, por si acaso.

Algo no le cuadraba. Él dejó que esto pasara. ¿Y tenía que decirle que venga? ¿Quizá quería hacerse el héroe para conquistarla? No fue así cuando trató de apartarla del Scizor; pero la idea no era descartable. ¿Quizá retenerla? Si era así, no iba a dejarle disfrutar de su compañía ni por asomo; ni siquiera mostrar ni un signo de dependencia. ¡Ni que fuera una damisela en apuros que necesitara a su príncipe azul!
O espera. ¿Quizá sí quería…?

Pero si estaba viendo los monitores, quizá es que la estaba viendo. ¿O solo escuchando? Esta celda tenía también algún micro, ¿no?
¡Paranoias! No podía pensar bien. Estaba demasiado cansada como para poder fiarse de alguien; y mucho más de alguien que se embobaba nada más verla.

Buscó la cámara por el techo. Nada más encontrarla, le dirigió una mirada cansada y un largo bostezo. Le estaba entrando sueño otra vez.

—Chúpame un pie, Alberto.

Y finalmente cayó dormida otra vez.
Su última oportunidad para salir, desperdiciada.
Ya estaba. Selena estaba también hasta la coleta. Solo quería dormir y que alguien apareciera mágicamente a sacarlos de esa cueva húmeda y mohosa.

...

Fue cerca de media hora cuando Selena se despertó. No podía descansar bien recostada en la pared. Era muy incómodo. Lo primero que hizo fue mirar si Gionna seguía dormida. Era comprensible; al fin y al cabo su cara tenía unas ojeras dignas de un Spinda. Pero aún no podía dejar de pensar… “¡Idiota! ¿¡Cómo has podido desperdiciar tal oportunidad!?”

¿Agotamiento, tal vez? Ah, qué más daba.

Iba a mirar otra vez la pared que había tras las rejas; pero en vez de toparse con mera roca, se topó con algo que le dejó medio anonada.

Sombras alargadas y ondeantes se plantaban ante su presencia con amenazante porte mientras que un par de ojos carmesí carentes de expresión le observaban. Frente a estas, cinco llamas azules ardían con vigor a su alrededor.

¿Estaba alucinando? ¿Acaso estar tanto tiempo en la celda con esa luz parpadeante ya le estaba afectando a su cordura?

Pronto, varias marcas amarillas resplandecieron mientras la voz del mismísimo diablo se alzaba por las paredes de su mente.

—¡Bienvenidas seáis a vuestro más horrendo infierno, escoria humana!
 0  0  0  0  0  0  0  0  0  0  0  0  0  0  0  0  0  0  0  0
Responder
¡Aquí estoy de nuevo, que no me he olvidado de este fic! Es solo que entre el reto, la vida real y que también tengo una historia de la que ocuparme a veces no me da la vida para leerlo todo pero ¡aquí estoy! ¡Con todo leído y lista para comentar, so here we go!

Cuando Soel le pidió a Hella que derritiera la pared de hielo me esperé de todo menos que se revelaran unas escaleras pero oye, mejor que mejor, ya que escalarla les habría resultado muy arduo. Hubo varios momentos que me hicieron gracia y uno de ellos fue cuando Hella se niega a bajar para subir a Gionna y Emily JAJAJA, no cobra lo suficiente para eso. Pero bueno, al final consiguen adentrarse en la base y... Uf, ya tienen acción nada más entrar. Mira que los del Go-Rock me hacen gracia hasta cierto punto pero cada vez que hacen algo así recuerdo lo malévolos que son y eso hace que entren ganas de que al fin acaben con ellos. Bueno, seguimos, pensé que Gionna se quedaría esperando a que algo sucediera o encontraría alguna manera de avanzar sin tener que pisar ese teletransportador pero cierto alien dijo que eso no le parecía bien y le hizo ir directa a la trampa, que desde luego es una señora trampa con todas las letras. A duras penas consigue llegar al final pero tristemente acaba siendo derrotada, aunque por suerte Kyu se hace uno con las sombras y consigue escapar...

¡AAAAAAH! No sabes lo que me emocioné al ver que acabó con Selena. Por un lado no, porque significa que las dos están atrapadas, pero por el otro volvemos a ver a la ranger <3 iba a decir que sana y salva aunque no creo yo que esté muy sana. Después de ver como acaba el último capítulo me pregunto si de verdad Alberto acudirá al rescate o el enamoradizo no resultará útil, y una última cosa, la más importante de todas. Ya habíamos oído hablar de la bestia pero creo que es aquí cuando se explica qué es en concreto y creo que el nombre le va que ni pintado, y que algo así haya acabado en las manos del Go-Rock... Has dejado intuir que dentro de dos capítulos se viene algo bueno y oh boy, viendo que tienen a nada más ni nada menos que a siete legendarios en su poder más la bestia sí que se va a venir algo gordo.
Veremos cómo salen nuestros héroes de esta, nos leemos en el próximo capítulo totodile
 0  0  1  0  0  0  0  0  0  0  0  0  0  0  0  0  0  0  0  0
Responder
Bueno, es genial ver que Selena esté de vuelta, aunque todo el caos ya ha desatado lo más difícil, seguramente de ese despertar solo les aguarda algo más complicado de resolver.
Rompe mi armadura si quieres. Al final, terminarás arrepintiéndote de hacerlo...
[Imagen: IIhG3l7.gif]
 0  0  0  0  0  0  0  0  0  0  0  0  0  0  0  0  0  0  0  0
Responder
Cita:¡Aquí estoy de nuevo, que no me he olvidado de este fic! Es solo que entre el reto, la vida real y que también tengo una historia de la que ocuparme a veces no me da la vida para leerlo todo pero ¡aquí estoy! ¡Con todo leído y lista para comentar, so here we go!

Aw, no pasa nada. Se te perdona. No sabes la alegría que me dio al leer el comentario :'3
...
Wait... did I said the name of this thing? Porque sí, tiene nombre propio y no recuerdo haberlo puesto... ah, da igual, ya lo veréis, ya.
 
(26 Aug 2020
09:51 PM)
Nemuresu escribió:
Bueno, es genial ver que Selena esté de vuelta, aunque todo el caos ya ha desatado lo más difícil, seguramente de ese despertar solo les aguarda algo más complicado de resolver.

No sabes cuánto... UAJAJAJAAJAJAJAJAJA.
Bueno, no va a ser después del despertar, pero... sí, dale uno más. Las cosas se van a poner cada vez más y más intensas todavía. Pero de momento dejaré feels. O bueno, es lo que he intentado aquí por lo menos. Dunno si me ha salido bien; pero al menos mejor que antes sí ha quedado.

Y bueno... there goes nothing. Es otro pequeño puente, pero... yeah, don't worry, ya falta menos pikaowo
Hmmm... ¿quizá debería hacer algo de fanart para conmemorar esto...?

Bueno, here it goes! Disfruten <2

Cheerio~!
 

 
Capitulo 37 

Selena no pudo evitar gritar de horror al ver aquellas llamas arder con fiereza. El potente vocifero que retumbaba sobre su cabeza no le dejaba pensar que aquello era una alucinación traída por la soledad; por no decir que el calor era demasiado real. El demonio levantó su impasible mirada, mostrando toda su altanería.

—Vaya, vaya, ¿la valiente y taimada humana se asusta a oír mi fuerte voz? ¿Qué es la raza humana, cuando hallan el miedo en sus corazones? Exacto, querida. Siervos. No tienen más que arrodillarse ante él y frenar en brusco. ¡Postraos ante mí, pues soy el mismo terror que inunda vuestro pensar! ¡Quedaos quietas y morid de hambre! ¡Una mano fuera de estas rejas y será carne para los Madibuzz! Qué, ¿preferís acabar con esta agonía o preservar vuestras patéticas vidas de presidio?

Unas carcajadas femeninas se oían por el fondo. Los temblores de la ranger desaparecida no hacían más que aumentar.

Mientras, su compañera daba un largo bostezo. La nuca le dolía horrores por la incómoda posición que tomó para dormir.

—¿Pero qué carajo es todo este puñetero jaleo?—entonces, vio, justo al acabar su queja, los ojos diabólicos que las miraban.

No hacía falta despejarse para reconocer aquellas características luces.
Había sobrevivido.
Y trajo ayuda consigo.

—¡KYU! ¡Has venido!

Sin embargo, aquella broma de mal gusto tenía que seguir.

—¿Kyu? ¿Quién es Kyu? Yo soy el celador de almas. Siervo del gran Lu... ¿Luneficer?
—Es Lucifer, tontolaba. Te acabas de delatar tú solo.

Hubo un rato de silencio. Selena estuvo perpleja por todo lo que acaba de pasar. Después, una protesta del chico rubio se oía desde la penumbra.

—¡Genial, ya nos han arruinado la broma!
—Bueno, al menos ya he conseguido lo que quería.—decía la otra aliada, satisfecha por ver como Selena se acurrucaba muerta de miedo. —, ala, ya podemos sacarlas tranquilamente de aquí. Aunque me hubiera gustado ver más…
—Para vuestro pesar, informo que estoy agotado y por tanto no puedo usar mi psique para hacer un gran hueco entre las barras. Lo único que podemos hacer es fundir el metal, así que por favor, sitúense lo más lejos posible de ellas, no vaya a ser que realmente vayan al averno.

Las prisioneras hicieron caso al aviso. No querían que, encima del agotamiento, cargaran con unas quemaduras de tercer grado.

Entonces la Chandelure reveló su vacío rostro con el brillo amarillo de sus ojos. La viveza de sus llamas se intensificaron, y las dirigió hacia las rejas. Su frío gris se volvió pronto en un espeso líquido incandescente que descendía hacia el suelo con lentitud. Cuando era lo suficiente corto, paró de quemarlas para que pudieran pasar. Ahora era cuestión de erguirse y procurar que sus piernas no rozaran el hierro ardiendo.

Cuando salieron de esa húmeda cámara, se encontraron de nuevo con los pasillos chapados y el retumbar de sus pasos. Detrás de todos, Gionna estaba ahí, muerta de preocupación. ¿Por qué tuvo que venir ahí? ¿Por qué pisó esa trampa? Por culpa de sus descuidos, ahora…

Tenía la urgencia de avisarles del escenario apocalíptico que se cerniría sobre sus cabezas; pero con tan solo planteárselo, su garganta se constreñía. ¿Cómo iría a decirlo? Era demasiado inverosímil y… ¿de qué iba a servir, de todos modos? Era un enemigo imbatible al fin y al cabo.

—Ginny, estás muy pálida. ¿Te ocurre algo?

Dio un respingo. Soel le estaba mirando con una notoria preocupación.
¿Ahora qué? ¿Diría que iban a morir todos? Ya no sabía…

—No… no pasa nada.—mintió. No quería asustar a nadie.
—¿Seguro? No tienes buena cara…
—Hm… sabes que he dormido del asco y…
—Si estabas durmiendo como un tronco ahí dentro.—rebatió.
—No he descansado nada.—insistía.

Pero bien sabía que no podía mantenerlos en la ignorancia durante más tiempo. Algo tenían que saber. De hecho, su paso era demasiado tranquilo como para impedir algo importante.
Hizo de tripas corazón y trató de explicar la situación como podía.

—De hecho… sí hay algo… um… ¿Emily…?
—Dime.—dijo la delantera, ya con oído avizor desde antes.
—Cre-creo que acabo de liarla parda esta vez…

¿Qué estaba diciendo? ¿Por qué estaba dando tantos rodeos?

—No, tranquila. De todas formas teníamos que ir a rescatar esa... pelma.

Selena se sintió aludida con aquel insulto. Pero no tenía fuerzas para reprochar.

—¡Pero, quiero decir, no tenemos mucho tiempo ahora!—gritaba preocupada la entrenadora por el mal que podrían liberar.
—Eh, tranquila. Tampoco nos ha atrasado tanto. Además, hay que ir afuera. Alejandro nos ha mandado ayuda, y nos está esperando.

No, no la entendía. Estaba demasiado centrada en su trabajo como para preocuparse por sus advertencias.

¿¡Es que nadie la iba a escuchar, incluso en esta situación tan crítica!? Qué desastre. Tenía que cargar esa culpa todo el momento; y la remota posibilidad de solucionarlo jugaba en su contra.

Estaba demasiado ansiosa. No podía ser clara con sus palabras.

¿Pero qué había hecho? ¿¡Por qué ignoró sus órdenes!? ¿¡Qué fue lo que le arrastró!? Sabía que había caminado al teletransportador… no recordaba como, pero era indiscutible que lo hizo.
¿Pero cómo acabó en la celda? No podía recordar…

—Deje de culparse por cosas que no hizo. ¿Acaso no recordáis quién dirigió vuestros pasos?

Gionna se paró en seco nada más oír a Kyumbreon. Parece que le seguía leyendo el pensamiento a hurtadillas.

—¿Qué… quieres decir?—preguntó un poco consternada.
—Pero qué diablos… si vos lo visteis. Es la razón por la que estabais encerrada también.
—¿Seguro…? Uh, igual eso explicaría las lagunas.

Maldito sea ese ser del cielo, que ha fulminado todo encuentro reciente con el mismo en su mente.

—En todo caso… si alguien debería tener un ápice de culpa, tendría que ser un servidor por no haber sido capaz de impedir ese hurto. Lo lamento.

¿Qué acababa de decir?

—Entiendo que la haya dejado atónita ahora mismo, pues acabo de decir algo que jamás imaginaría decir. Mas he de decir que no he sido lo suficientemente fuerte… ruego que me disculpe.
—Kyu…

Era la primera vez que oía a su Umbreon despojado de su usual orgullo como sirviente del dios de la luna creciente y la señora con la que había jurado lealtad. Por primera vez lo veía impotente y sin poder hacer nada más que caminar a paso lento. Con las vendas por doquier y sin ápice de soberbia…

Pensar que podría haber muerto ensangrentado en un intento desesperado de salvar el mundo y a ella…

No se lo pensó dos veces y se agachó solo para abrazarle. A Kyumbreon se le escapó un maullido de dolor ante ese apretujón.

—¡Ya es suficiente! Has hecho lo que has podido, ¡y saliste vivo! Es lo… es lo único que importa ahora.
—Mi señora…—intentó quejarse, pero solo le salió un tono de preocupación.
—No sé que hubiera hecho… si no hubieras aparecido… yo… yo… creo que no…

No podía parar de sollozar. Estaba aterrada. Tenía miedo de lo que podía pasar. Ni siquiera podía hablar con coherencia. Tenerla llorando encima suyo le hizo percibir algo que jamás había sentido en ella.

Un ominosa cacofonía que opacaba toda mirada hacia el futuro; una sensación que despojaría toda esperanza a vivir el mañana. Tenía miedo. Mucho miedo de lo que pudiera pasar; de lo que les pasaría a todos. Temía que no podría hacer nada por impedir aquel final; por no poder cumplir lo otorgado.

Pero a pesar de todo esto, aún quería intentar hacer algo. Muy en el fondo, sabía que no tenía que sucumbir.

—Entonces si me veis vivo, ¿por qué os lamentáis ahora? ¿No tenéis compañeros que tenéis que rescatar?

Cierto… aún no habían liberado nada. Estaban a tiempo de impedir algo. No podían permitirse el lujo de detenerse ahora. Y además Emily, Soel, Selena y compañía les estaban mirando con cara de no entender nada.

Qué vergüenza.

—Esto… no sé de qué estáis hablando los dos porque al Umbreon no lo oigo ahora, ni lo que ha pasado, pero… ¿podríamos…? No sé, ¿avanzar? ¡Que quiero irme para Teselia ya, hombre!
—Ejem. Perdón.

Con ello, volvió a dejar a Kyumbreon al suelo y se levantó, ya con la cara limpiada.

—En marcha.

Con ello tomó la delantera y fue con los tres a reunirse con los refuerzos.

Fueron por una puerta donde la luz natural entraba sin problema alguno. Otra zona encharcada y formada por rocas erosionadas se presentaba ante ellos; pero esta vez, se podía ver con claridad el marrón de la roca. Caminando por esa gruta rocosa, se volvieron a topar con el aire gélido de las montañas… suelo para luego ser deslumbrados por la claridad del cielo invernal y la blancura de la nieve.

Frente ellos se encontraban Helio y los dos conejos junto al Skarmory de Elena, quienes aguardaban su llegada con altas expectativas.

La primera reacción al ver al grupo fue de júbilo. Plusle fue la primera en abalanzarse con ella con un abrazo, con lágrimas de alegría en los ojos. La rescatada exclamó su nombre y la recibió con los brazos abiertos, feliz de volver a verla.

—¡Plusle! ¡Te he echado mucho de menos! ¡Aaah, por un momento pensé que no te volvería a ver…! Mi conejito…
—Ey, ¿y qué hay de mí? ¿No me vas a abrazar?—dijo Helio ya haciendo pucheros.
—Ay, ya se me pone celosillo, este Helio.—le contestó pellizcando la mejilla al chico.
—¡Ay, no hagas eso…! Eh… espera, esto no duele.

Por primera vez, y después de este comentario, todos se percataron la preocupante delgadez que Selena tenía después de esa estancia.

—Dios… has adelgazado mucho…
—Sí… ya sabes como son con los rangers… ni pan me han dado. Heh.
—Mírala… tan feliz como una perdiz…—decía Emily muerta del asco y pensando lo mucho que se va a hablar de Selena en la sede de la Unión.
—Ya ves… juntitos y felices para siempre…—decía el otro muerto de la envidia.
—¿Los empujamos al precipicio?—susurró Emily a Soel con toda complicidad.
—Nooo… déjales. Que se confíen.—susurró de vuelta.
—¿Qué estáis cuchicheando ya?—preguntó Helio un poco irritado.
—Am digo, ¡que bien por vosotros, no podía ser más perfecto!—mintió Emily mientras Soel silbaba.

Pero Gionna sonreía. Sentía que al menos le había pagado una deuda a Plusle por la burrada que le mandó en la Reliquia. Hubiera sido el desenlace perfecto a esta disparatada aventura…

Por mucho que lo odiara, esto no podía acabar ahí. No teniendo a sus Pokémon encerrados.

—Me alegro por ti, Helio. ¿Has venido a ayudar?
—Sí, por eso estoy aquí. De hecho soy tu relevo.
—Oh…—no pudo evitar soltar esto con un poco de decepción.
—Sí. El jefe me ha dicho que ya puedes irte. Skarmory mismo te llevará a Villavera… espera, ¿y esta cara? ¡Venga, estás libre! Ya me encargaré yo de lo que falte.
—¡Eh! ¿¡Y yo qué!?—se quejó el rubio quien ansiaba la libertad.
—Espera, ¿qué haces tú aquí?—preguntó Helio con el entrecejo arrugado.
—Estoo... quería decir... eh... ¿me mandan un helicóptero? Me quedé atrapado en la montaña...

Helio se quedó callado, igual que el resto. Aprovechando ese momento, Gionna pudo mirar al horizonte y preguntarse… ¿cómo iba a decir que había perdido el capturador? Para un entrenador; perderlos era una grandiosa vergüenza, igual que los Rangers no podían desprenderse de su artilugio de capturas. No podía irse ahora. Por no decir… tenían que impedir que liberaran a ese monstruo.

¿Pero realmente podía justificar su prórroga con esta dolorosa verdad? Bajó la mirada para ver a su Umbreon. El felino negro también tenía sus pequeños ojos fijos en ella. A sus preguntas mentales, asintió levemente.

Aquel único gesto bastó para responderle. No estaba segura; pero iba a negar las alas para volver. Luego vio al expectante Helio para responder a su ofrecimiento.

—Ah… lo siento, pero… tengo que declinar…
—¿Qué? ¿Y eso? Tantas ganas que tenías de irte de Floresta…
—¡¿Hace falta que diga el por qué?! ¡Mírate, Helio! ¡Tienes a alguien que padece de desnutrición en tus brazos! ¿¡No crees que necesita asistencia médica, pedazo de cazurro!?—gritó nerviosa, evadiendo la verdad.
—Esto... ¿tú, preocupándote por alguien? Más bien que te dejaste el equipaje dentro, ¿o me equivoco?

¡Maldito Soel, tenía que percatarse!

—Eh... ahora que me fijo, sí que te falta algo. No me digas que te la han robado.—dijo Emily.
—Sí, se lo han quitado.—afirmaba Selena.
—Nadie te ha preguntado a ti, guarra.—le replicó Emily.

Gionna se puso roja como un tomate. Al final tuvo que confesar sus errores.

—Vale, lo admito; soy un desastre. Me han quitado la mochila y tengo la urgencia de recuperarla, ¿estáis contentos ahora?
—Oh, vaya... lo siento mucho.—se disculpó Helio innecesariamente.
—Por favor, no lo sientas. Parece que le des la mochilita por muerta. ¿Entonces puedo quedarme mientras tú cuidas de ella? Pienso que será mejor así.

Increíble. Estaba sonando más segura que de costumbre.

—De todas formas tendría que llevarla a Hiberna... supongo que estará bien así.— Decía Helio con algo de resignación. Realmente quería ayudar con la destrucción de la organización; pero… Selena era más importante.
—No. Aún puedo mantenerme de pie. Creo que podría aguantar un viaje. Solo tengo que ir a Hiberna, ¿no?
—Sí, sí, es cierto, pero... no sé, podrías caerte. Skarmory va muy rápido.
—Tengo desnutrición, no flojera.
—No digas tonterías, por favor. Necesitas que te cuide alguien cercano... eh... ya me entiendes.—dijo Helio mientras se ruborizaba.
—¡Pero puedo yo sola!
—Venga, va, ¡ha sido mucho tiempo desde la última vez que nos vimos…!

Mientras escuchaba cómo ambos decidían si Helio iría con ella o no, Gionna recordó algo fundamental. Si no tenía capturador, sus Pokémon estaban en la mochila y Kyumbreon estaba demasiado herido para combatir… ¿cómo se iba a defender? Si iban a por ella otra vez estaría entre las cuerdas. Tenía que comunicarlo rápido.

—Por cierto, no pienso separarme de vosotros ahora. Estoy indefensa sin mi equipaje como veréis, y vosotros por lo menos tenéis tres Pokémon en total. Así que… qué fastidio, tendré que contar con vosotros.
—¿Pero no tienes a tu Umbreon?— Preguntó la Top Ranger.
—Así débil lo voy a mandar. No cuenta.
—Sandeces, mi señora, aún puedo ser vuestro escudo.—dijo Kyumbreon.
—Pero Kyu...
—Pero nada. Mis heridas serán aún profundas, pero aún me quedan fuerzas para que no vayan a más.

No tenía nada que reprobar. Aunque eso supondría más esfuerzo, él no quería reposar. Era imposible hacer que se retractara de su decisión. Estaba decidido.

—Está bien, pero te quedas en la retaguardia. Hay que procurar en salud hasta que llegue la noche, ¿de acuerdo?—ordenó.
—Así será.
—Bien. ¿Vamos ya o qué?—preguntó Soel, quien había adelantado un buen trecho.
—Sí, sí, ya vamos, pesado.—contestó Emily al rubio con cierta impaciencia. —, eeeh… ¡tened buen viaje, chicos!
—Vale, nos veremos cuándo terminéis.—dijo Helio mientras despedía con la mano.
—¡Suerte!—dio Selena sus más buenos deseos.
—Gracias… zorra.—finalizó Emily por lo bajo.
—¿Hm?

Era la hora. Helio, Selena, Plusle y Minun se despidieron de ellos y les desearon la mejor de las fortunas antes de que el ave de acero alzara el vuelo hacia los fríos cielos. Nada más terminar aquel encuentro, volvieron a entrar en el bochorno.

El silencio reinaba por los pasillos. No se veía ningún alma por el interior de aquella caldera enterrada sobre nieve. La ausencia de sonido, salvo la de sus propios pasos, ahogaba cualquier tranquilidad que pudiera ofrecer. Sin embargo, ofrecía alguna oportunidad para pensar algún tipo de estratagema mentalmente... y también comunicarse entre ellos sin temor a que el personal les detuviera en el acto.

Estaban dispuestos a ir a un enfrentamiento directo contra los cuatro hermanos. Supusieron que sería un cuatro contra tres, teniendo en cuenta que el Umbreon aún no se recuperó de sus heridas. Al menos Soel tenía muchos recursos y podían salir victoriosos mientras no falle con Sonmífero. Si llevaban encima la mochila, Kyumbreon podría pasar desapercibido y devolvérsela a su dueña mientras combatían. Entonces Gionna podría usar el capturador para poder liberar a los Pokémon que ellos utilizaran…

Pero por mucho que odiara admitirlo, habían pocas posibilidades de salir victoriosos sin sus camaradas. También debía recordar que tenía un pelotón de siete legendarios en su baza. Si ellos decidían hacer uso de ellos, estaban perdidos.

A pesar de ello, no iba a irse sin intentarlo. Ese dragón no tenía que salir jamás. Y eso era una certeza.

—De acuerdo… normalmente ellos están en alguna de estas habitaciones haciendo nada o discutiendo sobre música. Si no han cambiado su rutina, estarán por aquí.
—¿Y si no están?—preguntó Soel.
—Entonces lo más posible es que estén ensayando en la sala del trono mientras nos esperan.

¿Trono? ¿A qué le sonaba eso?

No podía recordarlo bien, pero… juraba que había visto un trono al fondo… con David sentado…
¿Pero qué era lo otro? Aún no lograba recordar…

Cuando intentaba hacer una imagen mental de la criatura que le acompañaba, su cabeza le atacaba con una molesta jaqueca. Se estaba mareando.

—Nop, aquí no están.—dijo Soel.
—Aquí tampoco… esto no me da buena espina.—dijo Emily.
—Tendremos que ir a esa sala, ¿no? Pues vamos.
—Um… el problema es que… no sé cómo llegar hasta ahí.
—¿No te habías memorizado todo el plano?—preguntó Soel con el ceño fruncido.
—El problema es que… he oído hablar de la sala mientras los estaba espiando, pero ese espacio no aparece en el mapa. ¡Simplemente no lo hace! Lo mejor que podemos ver es mirar una a una, por desgracias
—No me jodas… está bien.

¿Qué estaba pasando? ¿Aún no podía quitarse ese dolor?

“Aquí”.

¿Y esa voz tan distorsionada? ¿Quién le estaba llamando? No sabía si era instinto o una fuerza externa, pero por alguna razón Gionna sentía que tenía que ir por la última puerta del pasillo.

—¿Gin?—preguntó Emily nada más ver moverse de improvisto. Al ver que su mano se acercaba peligrosamente al pomo de esta, se espantó. —, ¡espera, no vayas sin-!

Pero en esa habitación no había nada. Nada salvo una cama, unos estantes vacíos, unos altavoces y una melodía muy familiar que sonaba de alguna parte.

—No hay nadie.—dijo Gionna en seco.
—Uf, menudo chasco. Pero por otra parte estoy aliviada.—dijo Emily.
—Meh. Creo que tendríamos que dejarlo ya, ¿eh? A todo esto, ¿no oís eso?—preguntó Soel.
—Lo oigo… es su canción de mierda, no cabe duda.—contestó la entrenadora con cierto enfado.

Emily buscó por toda la habitación la procedencia de ese sonido. Obviamente el reproductor estaba apagado, así que una grabación no podía ser…

Luego vio unas escaleras que descendían más abajo.

—¡Ah! Debe de venir de ahí abajo.—dijo Emily.
—Pues no se diga más. Acabemos con esto de una vez.—dijo Gionna determinada.

Procedieron a descender por las gradas metálicas. Las tenues luces mostraban las planchas metálicas de color verde oscuro, al igual que la alfombra roja que los conducía hasta la sala de mando con aquella ensordecedora música.

Mirando los alrededores, Gionna no pudo evitar estremecerse al darse cuenta de que era la segunda vez que pasaba por aquel siniestro lugar. Se quedaba atrás, paralizada del miedo. Todos los temores le volvieron a atizar de golpe. ¿Y si los Pokémon de antes volvían a asaltarlos? ¿Y si han tenido la suficiente maldad como para controlar a sus Pokémon? ¿Cómo podría combatir contra ellos?

Sin embargo, sabía que tenían siete legendarios a su disposición. No creía que les interesaría ahora tener más criaturas vulgares para conseguir sus propósitos... ¿pero y si lo hubieran hecho? ¿Y si los quería usar para probar alguna mejora más en sus aparatos?



¿Y si era demasiado tarde y lo habían sacado ya…?

—Te vuelvo a ver mal…—dijo Emily.
—Uh... no, tranquila, estoy bien. Ahora os alcanzo.

No, no era momento para pensar en estas cosas. Tenían que seguir avanzando.

Tras un largo paseo por encima de la alfombra roja, llegaron a la sala del trono. Los cuatro hermanos estaban ahí, tocando sin freno. Se habían organizado un pequeño ensayo, justo para atraer a sus invitados. Nada más llegar, pararon la música en seco solo para mirarlos con desdén. El mayor dio la primera palabra.

—¡Vaya, vaya, vaya! ¡Pero mira quién ha llegado! No os cansáis, ¿eh?
—¡Cállate! Hemos venido a detener vuestros planes, Equipo Go-Rock. Sabemos perfectamente lo que planeáis.—se lanzó la más experimentada, con total confianza en sí misma.
—¿Oh? ¿Acaso no serás la chica fracasada que fracasó en el rescate de Regirock? ¡Ups! Dije fracasada dos veces.—la hermana menor soltó una risa ladina. Emily y Spyrox no soportaban aquella humillación desde lo alto.
—Si habéis venido a detenernos, lo vais a tener crudo, majetes. Tenemos toooodas las posibilidades a nuestro favor, al contrario que vosotros que solo tenéis tres pokémon y... ¿¡medio!?̣—Emilio soltó una larga risa. —, ¡no me hagáis reír, palurdos! ¡Os hemos visto desde las cámaras, sabemos todos los trucos que empleáis! ¡No vais a pillarnos desprevenidos, capullos!
—Que tenga el lomo sangrante no significa que esté abstente de utilidad. Además... vosotros tenéis algo que nos pertenece.
—¿Te refieres a esto?

David alzó el brazo con la mochila fuertemente agarrada. Así que aún la tenían. Y además, se ve que han retirado cosas de ahí. La cremallera estaba abierta, permitiendo que respire.

—Beh, os la devolveríamos con mucho gusto. No la necesitamos más, al fin y al cabo ¡Pero pensar que hay Pokémon muy bien entrenados ahí dentro...! ¡Ojojojojojojojo! ¡No nos vendría mal una ayudita extra!

Eso era buena señal. Significaba que no habían sacado a sus pokémon todavía. Pero estaban en riesgo de cambiar de bando sin que se lo propongan…

—No seréis capaces de usar los pokémon de otra gente para usarlos en su contra…—dijo Emily.
—¡Lo somos! De hecho sería hasta divertido. Pero tenemos mejores planes. ¡Alberto, enciende las luces, colega!
—¡Voy!

El mediano albino sacó un mando con un botón rojo. Al apretarlo, varios focos iluminaron siete pedestales, en lo alto. A la izquierda, se situaban los señores de los duros elementos con el que se formaba la tierra; acero, roca y hielo. A la derecha, las encarnaciones de las distintas energías que mueven al mundo; magma, viento y rayo. Y al centro, el viajero procedente de los lejanos y misteriosos cielos; la masa cambiante que se adaptaba según sus necesidades. Se postraban elegantemente ante ellos, inexpresivos, como si fueran sus fríos guardianes. Regirock, Regice, Registeel, Deoxys, Raikou, Entei y Suicune estaban a su merced y listos para actuar.

Emily no podía evitar mostrar lo horrorizada que estaba, al igual que Kyumbreon no podía ocultar su asombro con su inamovible rostro. Se había documentado de la captura de todos aquellos legendarios en la base de datos; pero encontrarlos todo juntos en un mismo sitio…

Igual Soel también había perdido la poca confianza que tenía al ver que cuatro de ellos podían suponer un gran problema para él. ¿Seguro que podrían con ellos? No, no lo veía.

—¡Jaj! Ahora querréis ir atrás con el rabo entre las piernas, ¿verdad? ¡Bueno, too bad, fellas, no os vamos a dejar escapar!

La puerta se cerró de golpe. Ya no podían volver. ¿En qué lío se acababan de meter?

—Ojojojojojo, ¡me muero de ganas de asaros con Entei! Nos ha costado mucho volver a alcanzarlo, ¿sabéis? Espero que merezca la pena.—dijo Aina.
—Demonios. No podemos hacer nada. Nuestros capturadores no pueden volverlos a la normalidad contra ellos.—masculló Emily.
—¿Ah, no? Pues... pues... ¡pienso vencerles, aunque les cueste la vida! ¡Me importa un pepino que sepan mis trucos!
—¡¿Qué?! ¿¡Soel, estás loco!? ¡Son legendarios más poderosos que otras condiciones!—exclamó Emily.
—¡Me da igual! No es como si supieran Sustituto o algo así.

Empezaba de nuevo la discordia. En momentos como este, era de lo más inconveniente. Siete leyendas, tres pokémon, uno más de escudo... el Chandelure de Soel puede contra Registeel, Deoxys y Regice; pero ambos son muy resistentes como para soportar varios Psíquicos de su Umbreon. ¿Por qué no podrían aguantar un brutal Infierno? Dressela y Spyrox podrían tumbar a Suicune y Regirock, pero serían facilmente fulminados por Regice y Entei, al igual que el viento del norte y el hombre de piedra podrían apagar las llamas de Hella.

Sumando con la fuerza que le dan las vidasferas de los capturadores y la versatilidad del pokémon ADN, la balanza estaba totalmente desequilibrada. Por lo menos sabía que Dressela era una dama de recursos y que podía alcanzar el nivel de sus contrincantes en cuestión de un minuto, pero lo que le habían dicho sobre que sabía sus trucos le inquietaba. Sonaba a farol, pero también podría ser algo cierto. De hecho, sabía que habían cámaras de vigilancia por toda la base.

Ambos bandos estaban a punto de desplegar todo su arsenal. Las manos de los hermanos iban a azotar sus instrumentos, mientras que Soel preparaba su dedo índice para comandar a sus pokémon, al igual que Emily. Todos los presentes inhalaban el aire circundante de los tubos de ventilación para emitir su orden.

—¡UN MOMENTO!

Para sorpresa de todos, la entrenadora había dado una sonora orden, interrumpiendo el principio de su final. Sin plan y sin tener su propósito claro, quería tener su momento antes de que la masacre empezara.

—¿¡Qué, qué, qué, qué, qué!? ¿¡Es que quieres retrasar tu muerte más o qué, niñata!?— Se quejó Emilio, que estaba ansioso por estrenar sus sirvientes al fin.
—No exactamente, pero…
—¡BLA, BLA, BLA, ACABEMOS YA CON-!
—¡No, deja que hable! Quiero oír lo que dice.

Le habían cedido la palabra gracias a Alberto. Era el momento.

—¿No creéis que esta batalla se va a volver un pelín aburrida si vosotros vais del todo aventajados?
—¿Qué?—dijeron David y Emilio a unisono.
—¿Pero qué mosca le ha picado, señora mía? Está usted vacilando.

“Lo sé, Kyu. Estoy tratando de dirigir la cuerda a nuestro lado”, pensó su entrenadora. Leer aquellas palabras de su mente lo acalló, y le incitó a escucharla.

—Quiero decir, vuestros capturadores le dan más fuerza a los legendarios, ¡y ya son bastante fuertes de por sí! ¡Y es que encima son siete, SIETE pokémon! ¿¡No creéis que tenéis la cara muy dura como para aprovecharos así de vuestras ventajas!? ¡Venga ya, hombre, esto es abuso!
—Oye, oye, oye, nunca hemos jugado limpio, nunca jugamos y nunca jugaremos, ¿qué te hace pensar que vamos a jugar limpio ahora?—replicó David.

Ya estaba. Ya le habían dado la idea.

—Pues... es muy sencillo. Si mis compañeros pierden, os podréis quedar todo lo que sea mío. Hasta mi propio cuerpo, si queréis. Y todos sabemos que entre nosotros hay uno que lo anhela con fervor. Total, sin mis pokémon no soy absolutamente nada.

Todos los presentes quedaron asombrados con aquella oferta. Era bastante generosa, más para Alberto para que ningún otro. Pero Alberto tenía una cara de desconcierto enorme. Encima que le había mandado a freír espárragos, acaba de demostrarle que tampoco tenía muy buena idea de él. Estaba herido.

Kyumbreon aún no podía creer la insensatez que estaba cometiendo.

—¡¿Pero sabes lo que estáis haciendo?! ¡Estás ofreciéndome a mí como premio! ¡A MÍ, UN FIEL SERVIDOR!
—Pero... si vosotros perdéis—prosiguió con su negociación, ignorando las quejas de Kyumbreon —,me devolveréis lo que me habéis arrebatado y pararéis vuestras actividades delictivas. Incluso hasta me daréis de vuelta al Armagedón Negro. Por supuesto, cumpliré con mi parte del trato si dejáis a los legendarios actuar por libre albedrío, sin las ventajas que proporcionan sus instrumentos. ¿Está claro?

Se hizo el silencio. Los hermanos tuvieron que hacer piña para murmurar y decidir qué hacer. Emily tocó su hombro para que se gire a ella y escuche su reducida voz.

—Oye, ¿¡estás loca!? ¿¡Realmente vas a dar a todos tus pokémon si perdemos!? ¿¡Pero qué clase de persona eres!?

La chica no podía evitar esbozar una arrogante sonrisa. Era un plan simple, pero perfecto.

—Tranquila. De mi no me van a sacar nada.—susurró de vuelta, confiada.
—¡Pero nos has dejado a nosotros tus cosas! ¡¿No crees que estás confiando demasiado en nosotros?!
—Bueno, ¿qué más puedo hacer? No tengo otra. Y si empiezas a dudar ahora la habremos pifiado, así que céntrate en lo que viene.

No podía creer en lo que oía. Iba a darlo todo. Después, la querella de la familia roquera se disolvió para pronunciar su decisión. Su mayor representante alzó la voz para dejar clara su decisión.

—Vale, muy bien, pringada, aceptamos tu oferta. ¡Pero nada de jugarretas si pierdes! ¿¡Queda claro!?

La entrenadora sonrió más ampliamente. La balanza ya estaba más equilibrada.

—No iba a ser de otra forma.

Los cuatro hermanos apagaron sus dispositivos. De dos en dos, los legendarios saltaron de sus columnas y poniéndose en frente de ellos, enloquecidos por la repentina desaparición de los hilos que los controlaban. La tierra tembló cuando los tres regis aterrizaron sobre tierra. Deoxys, sin embargo, estaba totalmente calmado. No le había afectado tanto.

La batalla podía empezar sin más demora.
 0  0  0  0  0  0  0  0  0  0  0  0  0  0  0  0  0  0  0  0
Responder
Este Kyumbreon y sus jueguecitos, al menos fue él y no otra amenaza. El pobre de Alberto no pudo hacer de caballero que salva a su damisela en apuros, qué pena, a ver si espabila para la próxima (?) (Aunque esperemos que no haya una situación parecida).

Vale, creo que he escrito suficiente para que el bot de Discord no enseñe lo siguiente que voy a poner y así no spoilea a alguien, y si alguien se spoilea sorry, no haberlo visto (?) Se siente increíble ver que al fin Selena ha sido rescatada, me pongo a pensar en que empecé a leer el fic el año pasado y guau, después de tanto al fin el equipo lo ha conseguido. Por un lado me alegro porque han cumplido el objetivo y Selena al fin puede volver a casa y recuperarse, pero por el otro me da algo de penita pensar que eso significa que nos estamos acercando al final. En fin, volviendo al fic, me encantó el momento en el que se reencuentra con Plusle y las dos lloran de alegría, ya era hora de que se produjera esa reunión <3

(Y lol, Emily y Selena sí que se odian xd).

Por desgracia, esa tierna escena no puede eclipsar lo que viene después. Menudo momento, los hermanos reunidos con siete legendarios chetadísimos, eso haría temblar a cualquiera. Menos mal que Gio consigue convencerles para que bajen un poco el nivel, porque si de por sí sería una batalla injusta imagínate con todo eso. Aaaaah se viene un megaenfrentamiento en el siguiente capítulo, si al final resultan ganadores tengo muchas ganas de ver como lo consiguen.
 0  0  0  0  0  0  0  0  0  0  0  0  0  0  0  0  0  0  0  0
Responder
...

Well, tenía planeado dejar este capítulo con un regalito, pero... nope, no va a poder ser. La próxima vez será.
 
Cita:. El pobre de Alberto no pudo hacer de caballero que salva a su damisela en apuros, qué pena, a ver si espabila para la próxima (?) (Aunque esperemos que no haya una situación parecida).

Esa... fue su última oportunidad. Que sí, que podría haberle puesto ahí a rescatar a su princesita, pero me hubiera descolocado toda la estructura.
 
Cita:Menos mal que Gio consigue convencerles para que bajen un poco el nivel, porque si de por sí sería una batalla injusta imagínate con todo eso.

Te juro que por un momento leí Giorno y empecé a imaginarlo todo como JoJos...
De hecho hold on, hice esta pequeña porquería en una hora. Considérenlo como una pequeña compensación por no poder acabar el fanart para hoy :3
 
Mostrar DO NOT CLICK IF YOU DON'T LIKE JOJOKE'S
[Imagen: SSPZEiN.jpg]
Calcado de una imagen oficial, of course... but it's a meme so it should be fine.
 
OK then, desde que no me gusta hacer esperar cuando se ha tensado mucho el ambiente, voy a dejar el capítulo 38 HOY. Lo revisé justo cuando puse el 37 y... yeah, aunque algunas acciones están escritas un poco de aquella manera, no tuve que cambiar mucho. Tendré que echarle un buen vistazo al que sigue tho...
Pero en este fin de semana no va a ser, eso seguro.
Wellp. Ya, que entre memes de Jojo y mis ganas de anunciar cosas se me va a ir el tiempo. ¡Disfruten! <3
 

 
Capitulo 38

Bestias. Así se denominaban aquellas fieras criaturas que actuaban en nombre de los elementos.

El rayo que cayó e inició el fuego.

Las llamas que devoraron la madera de la torre.

La lluvia que fue calmando la devastación.

Los hielos que cubrieron los polos.

Las rocas que esculpieron las montañas.

El frío acero que endurecía la materia.

Y, finalmente, el visitante. Aquel que, mediante un meteorito, llegó a la tierra y adquirió una forma física.

Iban a empezar una batalla contra los mitos y lo desconocido. Sin embargo, parecía que Deoxys solo quería observar cómo se las arreglaba. Los otros estaban demasiado alterados para no actuar. Directamente, Raikou iba a atacar a Soel con sus colmillos cargados de electricidad, pero Dressela se interpuso en su trayectoria, recibiendo ella las descargas. No fue un ataque que le resultara completamente dañino, pues su cuerpo herbáceo no conducía tanto la electricidad. Pero la mordida dolía horrores.

—¡Dressela! ¿¡Estas bien!?

La dama agitó la hoja para aliviarse el dolor. No le había tocado ningún nervio importante, por suerte.

—Bien... acabemos con esto rápido. ¡Usa Somnífero!

No tardó en reaccionar. Se colocó cerca de las demás bestias coléricas que iban a atacar a Gionna y Spyrox, y dio vueltas en su mismo eje para adormecerlas de nuevo. Sin embargo, un aura rosada empezó a aparecer en los cuerpos de los legendarios. El polen de Morfeo no entraron por sus vías respiratorias. Aún seguían de pie.

Dressela retrocedió asustada, igual que su entrenador. No era posible. Debieron de dormirse ya.

Pero no solo eso. Justo cuando los duros dedos recién afilados de Registeel y las planas extremidades de Regirock iban a aplastar sus caras, los legendarios pararon de cargar en su contra, zarandeándose la cabeza como si una aguda y fuerte cefalea les acosara. Iban a rugir de dolor, a quejarse de su desdicha con furiosos bramidos. Estaban completamente aturdidos. Una oportunidad que gecko, entrenadora y felino herido no iban a desaprovechar. Spyrox ya tenía preparada una Hoja Aguda para contraatacar al golem de piedra. Se abalanzó contra el regio ser y le azotó de lleno con aquella afilada cuchilla. El Grovyle emitió un carraspeo para avisar a Emily. Las dos pensaban justamente lo mismo.

Era hora de la captura.

La ranger levantó el brazo y apuntó su capturador hacia el golem. Movió los dos dedos en el aire para rodear a Regirock con aquel círculo mágico. Iban a acabar con uno de los tantos legendarios a los que luchaban...

Sin embargo, justo cuando faltaba poco para acabar con Regirock, este volvió a erguirse para levantar su brazo y aplastar la línea cual mazo se tratase. La descarga que recibió no fue moco de pavo. Había sentido aquellos calambres recorriendo por el resto de sus dedos. Pero eso no era todo. Su capturador indicaba que el lazo entre el regi y el aparato se estaba debilitando a un ritmo más rápido del normal. Algo bastante desconcertante para cualquiera que manejara uno de aquellos aparatos.

—¿Pe-pero cómo es posible? ¡La barra de captura ha disminuido muy rápido!
—¡Pft! Vaya trasto más inútil. ¡Aquí se pelea, querida! ¡Hella, derrite a ese bloque de hielo!

El candelabro de enseguida se cubrió bajo un manto ígneo, y apuntó a Regice para acabar con su existencia. Lanzó sus llamaradas como un gran torbellino horizontal que volvería agua y vapor a un pequeño glaciar, incluso los hermanos se apartaron del medio para no salir quemados por aquel ataque. Mas no sería su fin. La vorágine ardiente fue disminuyendo su potencia a medida que pasaba. No había rastro del iceberg, ni vapor ni gota de agua en el suelo. El león de la Reliquia de la Selva estaba cubriéndole por delante, tomando todo el calor que podía. El iceberg solo sudaba.

No podían creer lo que veían. Ese Entei había ayudado a un legendario totalmente contrario a él. Sin embargo, no era eso lo que le preocupaba. Había algo más que le tenía todavía más escamado.

—Vaya, hombre, tiene Absorber Fuego, ¿eh? ¡Pues no se hable más! ¡Dale a los dos con Bola Sombra!

Sin rechistar y sintiendo su misma frustración, Hella preparó un aluvión de esferas espectrales para ambos seres de la naturaleza. Estos no esperaron a esquivar; ni ella tampoco en torturarles con su umbría precipitación.

Pero de nuevo, sus ataques fueron vanos. Cerca de ellos, Registeel les cubría con una barrera grisácea tan pronto como cayó la lluvia. Para más inri, mientras atacaba sin piedad, el melenudo puma se colocó bajo Hella y lanzó un gran proyectil hidráulico que azotó el cristal del Chandelure. Se había percatado demasiado tarde.

—¡Hella!

Por suerte el golpe no había llegado a noquearla del todo; sin embargo, el Hidropulso le había dejado atontada y no podía dejar de dar tumbos en el aire. Quería llamar a Dressela y a Spyrox para que la cubrieran hasta que pasara la confusión; mas ambas estaban demasiado absortas luchando y evadiendo a Entei y a Raikou respectivamente.

Algo raro pasaba entre los legendarios. Parecía que actuaran como una sola mente seccionada sobre distintos cuerpos. Cada uno se protegía mutuamente de sus debilidades, mientras que otros se encargaban de aniquilar a sus contrincantes usando sus propias ventajas sobre ellos. Era una extraña actitud que a los dos inválidos les llamó la atención.

—Esas coberturas estratégicas...—murmuró Gionna.
—Esa extraña mirada impropia...—contestó después Kyumbreon.
—Gin, si vas a planear algo dilo en voz alta, por favor.—inquirió Soel. Una petición que siguió ignorando.
—¿Verdad que no parece normal?
—Y sin embargo su fuente no parece ser la rabia... han incumplido con su trato, mi señora. Habrá que planear una treta.
—Espera. No saquemos conclusiones precipitadas. Aquí falla algo.
—¿Cómo decís?
—¿Holaaa? ¡Tierra llamando a inútiles, dejad de cuchichear entre vosotros!—pidió Soel en vano.

Gionna empezó a observar el escenario de la batalla. Los pokémon estaban situados estratégicamente; Entei nunca se separaba de Regice y Registeel, quienes son los más débiles frente las azuladas llamas de Hella. Suicune era quien era más capaz de neutralizarla; sin embargo, hay dos pokémon tipo planta que podrían detenerlo con facilidad.

El mismo caso era para Regirock, que, pese a poder resistir buena parte de los golpes físicos de Spyrox, no tendría nada que hacer con el Danza Pétalo de Dressela. Sin embargo los acompañaba Raikou, que no era un gran muro físico como Registeel, pero probablemente podría frenarles con una buena parálisis de sus rayos. De igual modo, el pokémon tipo acero también podría cubrirlos, pero para ello, Suicune tendría que entretener al único fantasma para que llegue sin que se queme. Y eso lo hacían bastante bien.

Y además, ese velo que les protegía... ¿de dónde procedió aquel halo? Ninguno de ellos parecían ser capaces de crear ese tipo de barrera protectora. Había algo que se les escapaba.

El brillo de los ojos de los felinos no era el mismo que cuando eran manejados con los capturadores. Tenían un tono purpúreo si se fijaba detenidamente. Y la estrategia era demasiado perfecta para ser de los Hermanos Go-Rock.

Siete legendarios… y seis Pokémon en el suelo. Aquí faltaba alguien. ¿Pero quién…?

De pronto tuvo un pequeño momento de lucidez y alzó su cabeza para encontrar la raíz del problema.

¡Aquel pokémon...!

No se había movido de su lugar. El visitante no había perdido la compostura como los otros, y sin embargo, en vez de escapar, se dispuso a enfrentarse a ellos convirtiendo a los legendarios en sus propias marionetas. Justo como…

Pronto las jaquecas volvieron a atacarle. Ahora recordaba por qué estaban situación. ¡Ese maldito Pokémon…!

No podía moverse. Ni siquiera podía desviar la mirada. La joya de ese pecho le empezaba a atraer de nuevo a su comando. Estaba empezando a perder la noción del espacio…

De pronto, un dolor agudo en el tobillo la hizo despertar y gritar de paso. Aquella agresión la había salvado de un profundo trance… todo y que no agradeció el acto.

—¡Kyu, joder! ¡¿Tenías que morderme tan fuerte?!
—Tal y como se veían las circunstancias, sí; tuve que hacerlo. Se estaba quedando embobada mirando el pecho de aquel energúmeno manipulador. Otra vez.
—E-espera... ¿lo has visto?
—Sí... con razón dejé de percibir rabia en nuestros contrincantes. Puedo saber cuándo un pokémon psíquico controla el cuerpo desde el exterior, pero no la mente.
—Entonces...
—Así es. Vuestras sospechas eran ciertas; no son ellos quien controlan a nuestros enemigos. Mas eso no significa nada; ¿quién controla al ser del meteorito? Probablemente sus instrumentos estén apagados, ¿pero quién dice que no haya un quinto oculto manejando los hilos del manipulador?
—Hum... en tal caso-
—Eh, lleváis hablando un buen rato, ¿tenéis ya un plan?

Emily interrumpió su charla estratégica. Estaban desesperados. Todos sus ataques eran ineficaces, y sus pokémon empezaban a estar agotados, al igual que el capturador de Emily empezaba a humear un poco. Ella fue quién logró que sus ataques no fueran tan potentes, y requerían de su cabeza para vencer.

—A eso íbamos. Acabamos de descubrir algo interesante.—dijo Gionna.
—Oh, no me digas. ¡Dilo de una vez, genio! Antes de que quemen a mi pobre Lilligant.
—Bueno, bueno. ¿No veis que falta un pokémon? Pues ese está controlando a los legendarios.
—Ja, y yo me lo creo.
—El caso es que está suponiendo un problema. Tenemos que entretenerlo; pero no con cualquier pokémon, o podría también caer en su control. Sí, el capturador tampoco vale.
—¿Entonces qué sugieres? ¿Un ataque suicida?
—No, no. Aunque de momento deberías retirar a Hella. Ahora no veo que esté en condiciones de lu-

Tarde. Raikou se encargó de rematarla con sus largos colmillos electrizados en sus momentos más vulnerables. Soel tuvo que regresarla a su pokéball sin posibilidad de poder volver a usarla. Aquella pequeña llama de esperanza que tenía se apagó con aquella leve brisa. Era la única que podría haber sido inmune a los poderes mentales de Deoxys.

—Eso me pasa por esperar a que acabaras tu frase.
—Bueno... em… aún tenemos a Dressela…—dijo Gionna ya titubeante.
—Ah, sí, claro, con un solo ataque de tipo planta voy a vencer a seis pokémon a la vez, no te jode.
—¿Pero no ha estado usando Danza Aleteo?
—¿¡Y tú no has visto cómo abusan de Protección todo el maldito rato!? ¡Así no hay quién ataque!

Estaban entre la espada y la pared. Ahora solo tenían dos pokémon tipo planta contra un ejército de leyenda. Spyrox, harta de perseguir por ventajas, iba usando sus hojas contra el duro acero del golem de hierro.

Emily trató de capturar a Deoxys directamente sin consultarlo antes con el grupo; pero el disco simplemente no lo llegaba a alcanzar por la altura en la que estaba.

Necesitaban refuerzos. Enfrentarse a todo ese equipo con gráciles plantas no iba a conducirles a la victoria.

O tal vez con ello sea más que suficiente.

La barrera defensiva principal estaba perdiendo el tiempo tratando de dejar al veloz gecko fuera de combate. Una oportunidad que había que aprovechar.

—¡SOEL, AHORA! ¡ATACA A REGICE!
—¿Cómo?
—¡NO PREGUNTES; HAZLO!
—Bueno, bueno, si insistes...

Sabía que Regice podría ser un problema; no por su ventaja en particular, si no por la posibilidad de atrofiar los músculos del Lilligant con Viento Hielo. Ya sabía lo que era capaz de hacer. Y decidió que él sería el primero en caer.

Soel lo vio igual. Transmitió la orden de atacar a Regice con su elegante Danza Pétalo. Con los fuertes vientos potenciados por el evasivo calentamiento y con aquellas coloridas y filosos pétalos, el tornado se dirigía violentamente hacia el iceberg. Sin que el extraño se percatara de aquella maniobra, el gran cubo de hielo no pudo resistir el daño de los cortes y sucumbió a su poder. Entei estaba demasiado ocupado tratando de calcinar a Spyrox, quien estaba siendo una gran molestia.
Regice estaba casi fuera de combate. Era el momento.

—¡Emily! ¿Crees que se anularía el control mental si lograras capturarlo?
—Bueno… en teoría debería poder, pero… después del primer intento…—dijo Emily.
—Bah, aún no podemos sacar conclusiones. Inténtalo.
—¡Voy!

La experta en capturas apuntó el brazo hacia el iceberg, y disparó el disco para rodearle. Intentó atraparlo girando el brazo lo más rápido que podía…

Pero justo cuando estaba a punto de lograrlo, Raikou empezó a estorbar de nuevo. Con un rayo venido del techo, quebró el lazo de luz e hizo que la línea volviera con violencia al aparato. Después de esa fuerte sacudida, Emily se encontraba incapaz de mover el brazo. Estaba temblando.

—¡Agh, MIERDA, NO LO HABÍA VISTO!—exclamó Emily.
—Está bien, sigue operativo, ¿verdad?
—Sí… pero… un golpe más y…

Mala cosa. Aquí no podía predecir por dónde vendrían los Trueno del felino eléctrico. Era otra molestia que eliminar.

—Vale… tendremos que debilitar también a Raikou.
—Dejadmelo a mí. ¡Dressela, ya la has oído!

El Lilligant volvía a dirigir toda su ira con su baile de flores hacia el tigre de dientes de sable; mas estando a punto de azotar a Raikou, el león de los volcanes dejó al Grovyle y con colmillos candentes mordió el torso de la delicada dama.

El contacto con sus caninos de Entei provocó que detuviera su ataque y salvó al tigre del mismo destino. Pudo apartar a Entei de su cuerpo; pero le había dejado secuelas en la zona mordida. Los efectos secundarios de las quemaduras no resultaban un problema; pero el daño de su piel le dejaban en una situación muy precaria. Tanto que le alegraba el día a los cuatro, quienes ya estaban celebrando su victoria.

—¡Ooojojojojojojojojo! ¡Mira cómo estáis perdiendo! Ahora te queda claro, ¿no? ¡Nuestro ejército es invencible aún sin nuestros capturadores! ¡Vais a perder, capullos! —dijo en voz alta David, muy confiado.
—¡Seeeee! ¡Ve afinando la lencería, niña!

Tanto Alberto como Aina estaban mirando a Emilio con una enorme muesca de asco. Tal era la repulsión de su comentario que el albino de melena corta incluso le dio una colleja que casi le dislocaba el cuello.

Ella estaba muy irritada. Si tuviera a sus compañeros a su lado, ella estaría haciendo algo más que mandar a dos desconocidos de los cuales no sabía nada. Y ahora los necesitaba más que nunca. El número era totalmente injusto, y se le estaban acabando las opciones. Si perdían, ella perdería su libertad al igual que la región perderá la forma… no podía permitirse eso.

¿Pero qué más le quedaba? No podía hacer nada. No así. No en estas condiciones. ¿Cómo se iba a salir de esta…?

—Ya me he cansado de estas sandeces.

Harto de tener las patas quietas y movido por su instinto de cazador, el hijo de la luna se fundió con las sombras apagando sus resplandecientes marcas. Gionna miraba cómo su fiel amigo marchaba harto y haciendo esfuerzos para que no saliera queja alguna de su dolor. No sabía qué iba a hacer. Iba a detenerle para que no resultara herido, pero…

¿A quién quería engañar? Ella también estaba harta de no hacer absolutamente nada. También quería ser una partícipe activa de esta encarnizada lucha.

Por el momento tenía que ver cómo usar a Spyrox como algo más que un mero cebo. Sabía que Raikou, Registeel y Entei la atacarían sin escapar de ella. Sin embargo, enfrentarse ella sola contra los dos últimos era agotador y peligroso. Atacar al tigre con Dressela sería ponerla en bandeja de plata, así que propuso a Emily atacar a Raikou, pues era el más indefenso de los seis.

Ya que no tenía otra opción que entretener, la ranger se encargó de mandar su mensaje. Así se cargarían la protección que tenían Suicune y Regirock.

Pero fue un error. Sin dudarlo ni un instante, Spyrox saltó contra Raikou, con los brazos cruzados, preparados para hacer un corte doble. Mas, potentes chispas salieron de su pelaje, y en consecuencia por el acercamiento del reptil, recibió las descargas de lleno. No eran daños serios, pero para su mala suerte, la velocidad del Grovyle se vio fuertemente mermada.

Parálisis. Lo que faltaba.

Estaban perdidos. Si Spyrox tenía los músculos atrofiados, no podía entretener más a sus enemigos. La suerte que tanto la salvó estaba ahora en su contra. Ya no había modo posible de salir de ahí. Se les podía oír cantando victoria con sus múltiples mofas y alardeando de sus preciados trofeos vivientes.

—¡¿Qué?! ¡¿Os habéis quedado satisfechos ya?!—gritó David a los cuatro vientos.
—Jaj, muy bien, chicos. Creo que deberíamos comprar un Tauros entero para estas bestias, ¿no os parece?—dijo Aina.
—¿Por qué íbamos a hacer eso?—preguntó Emilio medio atontado.—, como mucho tendríamos que aprovecharlo nosotros, ¿no?
—¡Pero, por supuesto! ¡Nosotros nos llevaríamos los mejores cortes, claro! ¿Pensabas que nos íbamos a llevar las vísceras? Después de todo vamos a ser ricos después de esta.—se rió Aina con su risa más irritante.
—No me puedo creer que después de todo lo que hemos hecho… ¡a pesar de nuestros mejores esfuerzos…!—dijo Emily intentando no gritar.
—Ya… hicimos lo que pudimos. Aunque debo de admitir, se siente como si hubieran hecho trampa. —intentó animar Soel aún con los brazos cruzados.
—Ya, pero…

¿Era así como iba a terminar? Aún no podía aceptarlo.

Pero los hechos eran los hechos. Habían perdido la batalla, y por tanto, también la última oportunidad que les quedaba. Ahora lo único que podía hacer Gionna era rezar para que los cuatro hermanos no se llevaran también a los otros dos por delante… o mejor dicho…

Emily y Soel estaban a punto de ondear la bandera blanca, hasta que el festejo de los roqueros se paró con un inesperado aviso de Alberto.

—Eh, nuestro premio se va arrastrando.
—¿¡Qué!? ¡Oh, no me jodas, se va corriendo!—siguió Emilio.
—¿¡Pero qué mierda hacéis!? ¡Atrapad a ese puto conejo, panda de inú-AGH!

David recibió un golpe invisible en la cabeza. Muy a su interior. Se podía oír sus quejas desde el fondo. Y no solo su mochila estaba desapareciendo.

—¡Demonios! ¡No encuentro el violín!
—¡Mi bombo, nooo!
—Yyyyy ya me escondió el bajo.
—Maldito cabrón, me ha jodido la cabezota.

Aquel pequeño tumulto distrajo a Deoxys, que quería evitar que más líos se produjeran. Pero no pudo devolverles ni la mochila ni los instrumentos. Había algo que se lo impedía, y no podía percibir qué era.

Cuando los círculos, las rayas y los diminutos ojos del pequeño diablo reaparecieron, quedó muy claro lo que acaba de ocurrir. Entre los finos dientes del animal, el patrón de flores dibujadas sobre un fondo blanco se hacía notar entre la penumbra.

Ese pequeño bellaco había violado el mismo tratado que ella misma había creado. Por una parte no podía evitar sentir un poco de desasosiego; pero por otra parte… sus compañeros…

—Kyu, ¿a-acabas de-?
—Vos seréis todo lo legal que queráis, pero yo no lo aguantaba más. Le juro por Lunetah que mis patas no podían quedarse quietas durante más tiempo.

Gionna no pudo aguantarse las ganas de reír. Había hecho un milagro por ella. Y qué milagro. Era difícil no contener el gozo que empezaba a brotar de su pecho.

—Eres un diablillo, ¿lo sabías?

Se agachó para recibir su recompensa anticipada y remover la cabeza de Kyumbreon; algo que él no agradecía nada. Nada más recoger su mochila; no tardó en comprobar si todo estaba en orden. No sentía el titanio de la Pandoraball; pero el capturador y las cuatro pokéballs estaban ahí.

—Jej. Están todos aquí…

La pequeña risa y la traviesa sonrisa de su cara pusieron en guardia a los cuatro hermanos. Lo estaban viendo. Con ella volviendo a la carga y con sus instrumentos en paradero desconocido, su victoria estaba empezando a peligrar.

—¡Oye, pelmaza, teníamos un trato! ¡¿No te íbamos a dar esa mochila en cuanto ganaras y no cuando vayas perdiendo?!—gritó Aina.
—Sí. Pero vosotros ya incumplisteis vuestra parte desde... ¿el principio, tal vez?
—¿Pero cómo puedes pensar eso, cariño? Si viste cómo apagábamos los súper-capturadores.— resaltó Alberto.
—¿Ah, sí? ¿Entonces ese coso naranja qué? Estáis manipulando a ese pokémon psíquico de algún modo para manipular a los otros pokémon como si tuvierais el capturador encendido. O sea...
—¡JAJ! ¡Pillados!—añadió Soel a aquella acusación.

El silencio se adueñó de la sala. ¿Tal vez acertó en sus ciegas acusaciones? Una cosa era segura. Y es que Emily fue quedándose boquiabierta tras oír aquella mera conjetura. Podría haber obtenido esa información de Kyumbreon, de todas formas. Después de tratar de jugar limpio, la posibilidad de que ellos no acataban sus condiciones le enfurecía. Tanto que tenía que preguntarlo a pleno pulmón.

—¿¡Es eso cierto, Equipo Go-Rock!?

Su respuesta no fue más que una demente risa venida de la cabeza de los cuatro. Muchas veces tendría razón con el empleo de sus trucos; pero esta vez erró completamente.

—¡¿Pero de verdad crees que tenemos un controlador oculto por aquí?! ¡Mira, mira! ¡Mis manos están libres! ¡Y el único capturador que puede someter a este cuerpo,— alzó mano para señalar a Deoxys, que volvía a ponerse en las mentes de los legendarios— está detrás de estas paredes, siendo probado por nuestro jefe! Deoxys ha decidido ayudarnos por su propia cuenta. ¡TÚ eres la única tramposa aquí, usando a tu Umbreon para recuperar TU mochila después de que TÚ dijeras de apagar los capturadores y reclamarlo como PREMIO, y repito, PREMIO de tu victoria contra ELLOS! ¡ASÍ QUE A CALLAR!

Pero ella no dejaba de sonreír.

—Yo tampoco controlo a mi Umbreon. Él fue quien decidió coger la mochila y devolvérmela.
—Cierto es.—añadió su propio mesías.— soy totalmente responsable de mis propios cargos, y mía fue la idea de ocultar y prevenir que vosotros hicieran lo mismo. Además de que el número era ínfimo comparado con el vuestro. Y aún sigue siendo pequeño con ese acto... Sigue siendo un trato justo, ¿no?

Se podía oír como Emilio le decía a su hermano mayor que tuviera cuidado. Gionna fue sacando el capturador y las jaulas de sus amigos, listas para liberar su contenido. Las lanzó al aire, llamando a cada uno de sus nombres. Lol, Google, Honchpato y Akirosoku volvieron a salir, y lo primero que hicieron fue abalanzarse contra Gionna en señal de afecto; sobretodo Lol. Ella habría querido corresponderles por las largas horas de espera; pero no había tiempo. Tenían una batalla que ganar.

En piña, planearon su próxima estrategia, y al cabo de un rato, todos fueron a sus posiciones, dispuestos a darlo todo para que este reencuentro sea largo y duradero.

—Bueeeeno, veo que te las vas a arreglar con tus pokémon... Dressela está agotada, así que va a tener que volver a su pokéball, ¿sí?
—No, ni se te ocurra. Necesito tu cooperación aún.
—Jo, ¿no me puedo ir?—preguntó Soel.
—Hasta con la puerta cerrada intentas escaparte de tus obligaciones, ¿eh?—dijo Emily.
—Oye, no tengo a Hella, Dressela tiene quemaduras, ¿qué hago yo aquí?

A buenas horas empezaban a discutir. Tan solo podía ignorar y, con el capturador en alza, apuntar hacia Regirock y pronunció su primer acto como entrenadora:

—¡Lol, Hidrobomba contra el pedrusco!

Y así hizo. Lol tiró uno de sus potentes chorros de agua en dirección a aquel montón de rocas amontonadas. Pero no fue él quien padecería la erosión. Suicune se interpuso entre el ataque y lo recibió de lleno, tan solo padeciendo el impacto. David no hacía más que reír y reír.

—¿¡Eres idiota o qué!? ¿¡Pensabas que con tener otra vez tu equipo se iba a descuidar su formación!? ¡JA! ¡TONTA!

Su cara volvió a esbozar una ladina sonrisa. Sabía que Suicune se pondría en medio de la ducha.
Había lanzado más que agua al viento del norte. Inadvertidamente, cinco brotes empezaron a oprimir y clavarse en todo el cuerpo del puma, limitándole la velocidad y el movimiento. Gracias a ese acto, Dressela pudo aprovecharse y tomar los frutos para ir sanando la mordedura de su torso.

Pero eso no era todo. Google se acercó con sigilo al gólem de piedra para por detrás azotarle un aluvión de puñetazos que quebraría su duro cuerpo. Todo mientras Akirosoku atormentaba al tigre con sus prestas patas y su famoso Acua Jet. En vista que los muros de Entei y Registeel estaban siendo atosigados por sus contrincantes, no podían hacer nada si no esperar a su derrota.

Todo este allanamiento para que ninguno de sus rivales se percataran de su plan maestro.

—¡Honchy, ahora!

El Pidove, quien sobrevolaba el campo de batalla apaciblemente, descendió a una altura intermedia para batir las alas fuertemente, creando un vendaval que no solo levantó mugre; también despejó el aura que los protegía como si de mero humo se tratase. Había dejado la vía libre para que Soel pudiera aplacar su ira de una vez por todas.

Después de darle las gracias, el apuesto entrenador en trajes de Ranger dio de nuevo la orden de ejecutar su movimiento estrella. Instantáneamente, su Lilligant volvió a girar sobre su propio eje, esparciendo de nuevo el polvo por todo el campo de batalla.

Otra acción que esperaba.

Instantáneamente, igual que usó Despejar para anular el Velo Sagrado, lo usó para redirigir el polen soporífero hacia arriba. Con fuertes vendavales, formó una ola verde y polvorienta hacia Deoxys, quien sin más remedio, centrado en las vistas de otros, cayó profundamente dormido. Al igual que su amo y señor, los seis legendarios yacieron inconscientes en el frío suelo.

—Pensaba dormirlos y luego azotarlos a todos, pero eso también me vale.—dijo Soel al ver que los legendarios cayeron derrotados de repente.

Pero esto no había acabado. Si tendrían que afrontar luego al Gran Dragón, necesitarían de su fuerza para hacerles frente.

—Emily, ¿podrías ir capturando a los legendarios de ahí? Solo por si la fastidio al capturar a Deoxys primero.
—Hombre, no creo que la fastidies. Lo más seguro es que lo hayan capturado de verdad.

Con ello estaba a punto de ir capturando tranquilamente a Deoxys.

—¡Sí, sí, adelante, libera a este pobre Deoxys! ¡Harás un bien a la humanidad si lo haces!—gritó Emilio, con cierto tono dramático superfluo. David le amordazó tarde con su mano. Usar la misma trampa que la reliquia no iba a resultar para nada. Así les delataron, y Emily se decidió por hacer caso a la entrenadora y hacerle el favor de capturarlos mientras dormían plácidamente.

Una vez despiertos y sanados con el capturador superior, Gionna podía hacer lo mismo con Deoxys. Giró el capturador rápidamente para así encerrarlo de nuevo en aquel halo de serenidad. Cuando este empezó a resplandecer, volvió a meter el disco en la ranura, y la línea de captura lo terminó de atar.

Después de completar el proceso, el alien despertó de su letarg;o un poco perplejo por el pequeño cosquilleo que energizó su sistema nervioso. Parecía confundido… un poco atontado. Lo normal después de haber sido liberado de las garras del Equipo Go-Rock.

—¿Ya está…? ¿Te-tenía razón después de todo? Jaj. Vaya. Quién me lo iba a decir…

Tenía la mejilla arrugada de tal forma que le hacía parecer medio estúpida. Estaba por celebrar su victoria por lo alto. Pero entonces, sus cabeza volvió a sufrir. Y no por sus poderes psíquicos.

Deoxys emitió un chirrido fuerte rehusándose a ser sublevado ante cualquier otro humano y descendió armándose con tentáculos más gruesos y afilados. Todos los pokémon que estaban presentes se pusieron en guardia ante semejante agresividad.

—No… ¿pero… cómo…? Pero… lo he capturado, ¿verdad?
—Gionna... ¿has estado asustada mientras capturabas a Deoxys?—preguntó Emily.
—¡N-no! Lo hice como siempre. ¡No entiendo por qué ha tenido esa reacción!

Y era verdad. Era inaudito. El capturador indicaba que la captura fue un éxito; y sus datos fueron registrados. Pero lo que estaba viendo frente suyo era otra historia muy distinta.

Ante esta escena de desconcierto, los hermanos no podían evitar retumbar su risa por toda la sala.

—¡¿Te pensabas que lo ibas a poner de tu parte?! ¡Pues lo siento mucho, querida, él es completamente inmune al efecto de vuestros aparatos de forma natural!
—¿Qué dices? No…

Emily estaba patidifusa. No podía creerse que ningún pokémon rehusara a admitir las emociones humanas; y tampoco veía factible que alguno se ofreciera voluntariamente a destruir el mundo... Todo y que Gionna también quería negar los hechos, no podía hacerlo.

—Por cierto, has derrotado a seis de nuestros siete pokémon. La batalla sigue en pie, ¿o acaso quieres huir como nenaza que eres, eh?

Y encima David se mofaba de ella como si no hubiera mañana… estaba claro que confiaba demasiado en Deoxys. Y no era para menos; era un muy versátil; digno de ser poderoso. Bien lo sabía desde su último encuentro en la Cueva Unión.

Pero estaba decidida. Si no podía capturarlo... la única solución que veía era derrotándolo en combate.

Es lo que pensó e iba a hacer; mas un profundo y sonoro rugido hizo temblar los cimientos de la base. La gravilla caía como lluvia de tierra, amenazando con sepultar a todos los presentes. Ese sonido atravesó al valor de Gionna y sus compañeros cual arpón a un pez.

Era la señal. El anuncio de que el fin de la región estaba cerca. Sabiendo eso, Deoxys volvió a cambiar su forma.

—Jojojojojo, vale, vale, parece que nuestro viejo ha logrado sacar a la bestia antes de que nuestro aliado te hiciera explotar en mil pedazos.—dijo David todo triunfante.
—Y la base se va a venir abajo, idiota.—dijo Aina a su hermano mayor.
—¡UY, SÍ! Tenemos que pirarnos.

David mayor sacó de su abrigo un mando con un interruptor. Su dedo índice lo apretó, y una trampilla se abrió para garantizarles la huida. Alberto encontró sus instrumentos, y se los llevó primero para salvarlos. Después, Aina y David saltaron para escapar de las rocas. Emilio fue el último, despidiéndose de la forma más grosera posible.

Deoxys fue el último. Mas, antes de que descender, dejó una breve alucinación en la cabeza de Gionna. Despistada por los nervios, su cabeza empezó a doler un poco, dejándole imágenes de más allá de las nubes.

Especies desconocidas que yacían ante una enfermedad desconocida... imágenes difusas sin posibilidad de identificación que finalizaron con un mensaje de voz que retumbaba como eco en sus oídos.

“Nos veremos en la cúspide del mundo”.

Después volvió a ver. Deoxys se cambió a su forma más aerodinámica, y desapareció de sus vistas con un veloz barrido. La joven no hacía más que preguntarse qué había ocurrido, sin recuperar aún la noción del presente. Finalmente, la voz de Kyumbreon le volvió a colocar en su lugar.

—¡Mi señora, reaccione! ¿¡Qué le hizo aquel pérfido ser!?
—¿Eh?
—Bueno, no conteste; el tiempo apremia. ¡Guárdenos en su equipaje y corra hacia el agujero, presto!

Reaccionó a tiempo. Aún dubitativa, volvió a sacar sus Pokéball y guardó a sus amigos en ellas para meterlos de nuevo en la mochila.

Estaba sola. Soel y Emily habían bajado antes que ella. Tuvo que hacer un esfuerzo e ir con los pies en polvorosa por tal de que la estructura no se le echara encima. Atravesó de nuevo esa gruta húmeda, y ahí pudo vislumbrar a sus camaradas desde la distancia; pero por mucho que maltratara sus piernas, no lograba acortar el paso entre ellos.

Mas la luz le incitaba a seguir adelante; todo y que en el fondo sabía que no merecía la pena. Ya no. No con lo que acababa de ocurrir.

Lo estaba oyendo… su pasado… los gritos de furia; el eterno odio que este tanto había acumulado…

Zarandeó la cabeza. No tenía tiempo para acobardarse ahora.

Solo necesitó una carrera más, y pudo salir al exterior. Un Fearow y dos Starraptor los esperaban junto a Alejandro, quien había venido expresamente para darles apoyo.

—¡Menos mal que habéis salido! ¿Estáis bien?
—Sí, nosotros sí, pero Gionna…—confirmaba Emily.
—E… estoy aquí. Siento haber tardado tanto.—contestó entre muchos jadeos.
—Uf, ¡por fin! Pensábamos que querías morir ahí dentro. ¡Si te estuvimos gritando todo el rato!
—Porque tú no querías subir a bajarla, es que ya te vale.
—¡Eh, se nos echaba el edificio encima! Además… no sé qué le ha pasado, se ha quedado en babia ahí de repente.
—Chicos, por favor, no discutáis… ¿decís que el edificio se echa para abajo? ¡Oh, no! ¿¡Y los pokémon!?

Los bramidos del destructor aún se oían cerca; pero ahora estaban ensordecidos por las paredes.

—Lamentablemente no creo que puedan ser salvados… la cosa que acaban de liberar podría tirar un rascacielos abajo en un instante. Están muertos… y nosotros también.

Alejandro se quedó patidifuso con sus palabras. No quería que muchas inocentes criaturas murieran ahí dentro.

—No… oh, no, no, no, no, no, no puedes decir eso, aún no, no ahora, no te me pongas suicida, me voy a ir para allá, volveré en na-

Sin embargo, las rocas empezaron a bloquear su paso. Y no solo eso; el suelo por donde sus pies se apoyaban iba a resquebrajarse.

—Vale, ahora mismo no tenemos tiempo. ¡Montaos en los Starraptor, rápido!

Los dos afirmaron a unísono mientras se disponían a subir a lomos de los halcones de dos en dos. Fearow se adelantó y alzó el vuelo. Emily y Soel solo tenían que esperar a que Gionna subiera en el mismo Starraptor que Soel…

Sin embargo, la roca ya empezaba a fragmentarse. Perdió el equilibrio por un momento y se cayó de rodillas antes de que pudiera subirse por sí sola.

Esto era malo. El borde que se había fragmentado amenazaba con precipitarse. Si no lograba levantarse pronto…

—¡Vamos, Gin, toma mi mano!

Sin pensarlo dos veces, ella trató de tenderla hacia él. Pero justo cuando Gionna pudo tocar las yemas de sus dedos, el Starraptor empezó a aletear sin control presa del pánico.

Por suerte Soel fue rápido y pudo agarrarse a tiempo a las plumas del halcón… pero desde lejos, podía ver a Gionna precipitarse mientras aún intentaba alcanzarlo con la mano extendida.

—¡NO!

El rubio imperaba una y otra vez que volviera atrás; pero el pájaro estaba histérico. Por mucho que ordenara a Starraptor volver, este seguía avanzando, alejándose y alejándose, haciendo que la entrenadora solo quede en un punto lejano que solo imploraba una cosa:

—No… no me dejes atrás…

Sus pies perdían el contacto con la tierra. Su espalda se arqueaba hacia abajo a medida que su estómago descendía peligrosamente hacia una afilada peña que amenazaba con atravesarla y ahogarla hasta que no pudiera tomar más aliento.

Todos sus esfuerzos que había hecho por seguir viviendo… todos sus logros; toda su vida… ¿realmente iba a acabar en balde?

Aún quería vivir… pero el que tendría que salvarle de ese nefasto destino se estaba alejando, con toda la impotencia que tenía. No podía evitar llorar ante esto.

—¿Por… qué…?

Aguardaba a que la muerte tocara su puerta. El único consuelo que tenía era que al menos el dolor no dudaría más que unos minutos. Sí… unos agonizantes minutos de sufrimiento, para luego no volver a moverse nunca más. Era lo mejor que podía esperar…

Cerró los ojos, aguardando lo que parecía ser un acontecimiento inevitable. Pero solo podía sentir el viento de invierno golpeando su tez y sus brazos colgando hacia abajo.

—¿Hm?

Cuando vio que tardaba en notar el filo en su vientre, se armó de valor y abrió los ojos con un poco de dificultad. Estaba yendo contra las leyes de Newton, pasando sobre el pinar a alta velocidad. De hecho, juraba que un par de cortos brazos la estaban agarrando…

No entendía si eso era producto de una larga pesadilla que se volvía en dulce sueño. Tan solo permaneció en la ignorancia en un instante, cuando entonces se percató del blanco cuello que se cernía sobre ella.

No cupo de su gozo cuando pudo oír de nuevo aquella melodía juvenil que se articulaba en palabras después de cuatro años de empezar su exilio:

—¡Por fin nos volvemos a ver, Ginny-lin!
 0  0  0  0  0  0  0  0  0  0  0  0  0  0  0  0  0  0  0  0
Responder
Ah, ya te he dicho que hace días que leí este cap porque se veía venir que iba a ser de los más intensos e importantes, pero estaba algo cansada y no comenté en su momento así que vamos a ver si ahora puedo.

Para empezar qué genial que no fueran los legendarios atacando por ahí abusando de sus poderes, sino que Deoxys pudo controlarlos para que pudieran trabajar en equipo y cubrir sus debilidades entre ellos y ponerles las cosas difíciles a sus adversarios. Por un momento llegué a pensar que los héroes acabarían acorralados después de haber sido "derrotados" pero entonces hay ese twist y el trío consigue ponerse a la delantera. Honchpato, te adoramos. Por ahí también me interesa saber por qué Deoxys reaccionó así cuando Ginny le intentó capturar, si es que de verdad estaba tranquila cuando lo hizo como ella dice. Ya cuando al final parece que todo está punto de irse al carajo aparece la guardiana de la prota, más mona ella, qué ilusión me hizo verla de nuevo. Diría que fue un final feliz porque Selena ya ha sido rescatada y todos han logrado escapar con éxito peeero está el pequeño inconveniente de que la bestia ha sido liberada. Yeah, sí que me pregunto como serán capaz de detener a eso, espero que encuentren la forma de alguna manera.

Fue una batalla muy bien ejecutada de principio a fin, dices que este capítulo es tu orgullo y se nota, felicidades.
 0  0  0  0  0  0  0  0  0  0  0  0  0  0  0  0  0  0  0  0
Responder
Shaco jungla, lol.

Fuera del chiste del juego. Y que es un nombre peculiar para un pokémon.

Es un buen fic, claro tratas de engañar a una entrenadora con un estomago debil y que solo desea un descanso de ese mundo.

Si debo leer un capítulo más para que no me agarren desubicado con las preguntas.

¿Logrará convencerla? Lo descubriré más adelante. Saludos y desbloqueame por dios.
 0  0  0  0  0  0  0  0  0  0  0  0  0  0  0  0  0  0  0  0
Responder
(09 Sep 2020
09:02 PM)
PKMNfanSakura escribió:
Ah, ya te he dicho que hace días que leí este cap porque se veía venir que iba a ser de los más intensos e importantes, pero estaba algo cansada y no comenté en su momento así que vamos a ver si ahora puedo.

Tranquila, se te perdona. Me alegro mucho que te haya gustado el cap pikaowo
(09 Sep 2020
09:02 PM)
PKMNfanSakura escribió:
Diría que fue un final feliz porque Selena ya ha sido rescatada y todos han logrado escapar con éxito peeero está el pequeño inconveniente de que la bestia ha sido liberada.

Jaja, "pequeño" dice.

Y sí Heart, tú sigue leyendo si te gusta. Es... es lo único que te puedo decir.

¡EN OTRAS NOTICIAS! La semana pasada me disculpé por no poder traer un regalito y puse un meme, pero ahora tengo "THE REAL DEAL" RIGTH. THERE. Sé que es un poco tarde, peeeero me da igual. ¡Disfruten! <2
 
Mostrar
[Imagen: facing_the_go_rock_brothers_by_poisonbir...IbVDYT4NlI]
 

Y sin más dilación... ¡el capítulo de hoy! Espero que responda a algunas dudas que se hayan formulado en todo el fic. Cheerio~!
 

 
Capitulo 39

Los tajantes vientos gélidos del atardecer azotaban de lleno a la atónita joven de dieciséis, que volaba por debajo de un lomo blanquecino acorazado por una armadura carmesí. Los alerones de aquel místico animal cortaban en aire a considerable velocidad mientras sobrevolaban el bosque de la Sierra Oscura. Ella no podía creérselo. Aún no. Aunque ya la vio en la Gruta Helada, no podía asumir lo que acababa de ver. Sin embargo, le invadía cierta euforia al comprobarlo con sus ojos propios.

Era ella. Realmente era ella.

—¡Latias!—exclamó feliz. Al fin podía contar con ella de nuevo y charlar. Aún así, su incredulidad le hizo preguntar... —. ¿Pero por qué? Pensaba que ibas a...
—¿Dejarte a tu suerte como esa chica? ¡No, qué va! Solo he sobrevolado como un fantasma, siempre velando por ti. De hecho, si por mi no fuera, habrías acabado frita con ese Psicoataque. Ah, espera, debes de estar incómoda así, ¿verdad? ¿Quieres subir encima mío?
—Eh… pues… ¿por favor?
—Vale, te suelto un momento, ¿sí?

Antes de pudiera replicar, se detuvo y dejó caer a Gionna un breve momento para luego con su Psíquico asentarla en su lomo antes de reanudar su vuelo. Le había dado un buen susto.

—¡Ah, Latias! ¡No vuelvas a hacer eso!—imperó.
—Jeje, ¡lo siento! Pero ya sabes que con estos brazos no llegaba.—dijo Latias entre risas.
—Podría haber aguantado un poco hasta tierra firme…—dijo sin emoción.
—Pero estás mejor así, ¿a que sí? Por lo menos ya no estás colgando, ¿no?

Era cierto; así podía agarrarse mejor… ah, da igual, mejor dejaba el tema.

—Hmm… igual… tampoco creo que hayas venido aquí por tu propia cuenta, ¿verdad? Quiero decir... mi abuela te habrá pedido que me protejas, ¿no?

Latias soltó una débil risa al oírlo.

—Así es. Puede que sea sobreprotectora, pero muchos de sus temores sobre ti eran ciertos. Todo lo que te deparaba era riesgo y sacrificio, y muchos de ellos eran una enorme guillotina. Y claro, no podía permitir que te pasara nada, así que... ¡aquí estoy!

No dijo nada. Era una suerte contar con ella, y no quería discrepar sobre ello. Quizá necesitara de su fuerza para aquella monstruosidad que acababa de ser liberada. Pero a la vez no quería que se arriesgara por ella.

—Supongo que sabrás lo que acaba de ocurrir, ¿verdad?
—Sí. Y sé también que estás pensando en protegerme de la bestia, ¿no es así?

Le acababa de leer el pensamiento. Parecía que estaba dispuesta a darlo todo.

—Oye... sé que querrás que sea otra de tus compañeras de viaje después de esto; y me encantaría. Pero no va a poder ser. Sabes... que nos perseguirían. Solo por mí.
—¡Pero si-si vencemos al dragón...!
—No. Irían aún más. No es seguro. ¡Mira, estamos llegando a la base! ¿Bajamos, Ginny-lin? ¡Seguro que Elena te estará esperando!

Dio un suspiro. Realmente parecía que ella no quería ir. Por lo menos ahora tenía la certeza de que nunca abandonaría sus espaldas; ni aunque un enorme dragón estuviera amenazando a la propia tierra. Sin embargo tenía la sensación que Latias le estaba ocultando algo; pero… no podía discernir el qué.

Ella fue la primera en entrar a la base. Elena recibió a Gionna con cierta cara de preocupación.

—¡Oh, has llegado! Cuando llamé a Alejandro me dijo que te habían perdido… menos mal…
—Tranquila.—dijo serena.
—¿Pero dónde está el resto de tus compañeros? Tenía entendido que estaban de camino.

Qué raro. Probablemente la estuvieron buscando antes. Eso o Latias voló más rauda que los Starraptor. Sí, probablemente fuera eso.

—Pues no sé, no les deben faltar mucho para llegar…
—Entiendo. Bueno, ¿tienes frío? ¿Quieres un chocolate? Debiste de pasar un buen susto…
—Sí, gracias.—iba a acabar gorda con tanto chocolate caliente; pero después de todo lo que había pasado necesitaba un poco de azúcar.

Al fin y al cabo, un amargo recuerdo estaba a punto de cobrar vida.



Nada más llegar a tierra firme, empezaron a notar que los vientos empezaban a soplar más fuertes que nunca. La Sierra Oscura empezaba a oscurecerse con atípicos nubarrones cargadas de electricidad. Aquella amenazante ciclogénesis explosiva parecía expandirse rápidamente por todo el bosque. Solo esperaban que no provocara estragos a la fauna.

Pero luego pudieron disuadir algo. Una enorme mancha negra, alada y de la altura de un rascacielos se dirigía hacia lo alto de las montañas después de derrumbar parte de la cima. Ambos se quedaron estupefactos al ver tal semejante cosa.

—¿Q-qué es eso? ¿Qué acaba de liberar esos canallas?—preguntaba Emily con cara de estupefacción.
—Parece un Dragonite, ¿no?—Soel estaba más tranquilo que la Top Ranger. De hecho, tenía cierta curiosidad por saber qué era aquella figura que iba emborronándose con las nubes.

Alejandro no dijo nada al respecto. Sentía una enorme pena por no haber podido hacer nada para salvar a aquellos pokémon que estaban dentro de la base. Ese dragón era el responsable de la muerte de cientos de criaturas recluidas en aquellas celdas. Estaba decidido a jurarle venganza a ese monstruo exánime.

—Como sea... entremos. Empiezo a estar harta de este frío.

Tajantemente, Emily entró asustada por aquel terrorífico panorama que amenazaba con empeorar aún más las cosas. No quería saber qué sería lo que ocurriría después. ¿Tal vez no ocurra nada? ¿Tal vez toda la sierra se eche abajo? ¿Quién sabe lo que va a ocurrir después?

Sin embargo, tuvo una alegría con ver a aquella muerta de frío, tapada con una manta y dándose calor con el vapor de aquel dulce brebaje que era el chocolate. Pensó que había perecido nada más que su inútil compañero le comunicara de su caída. Ahora veía que todo lo que había pensado sobre su cuerpo echo fiambre era nada más que mentiras.

—¡GIONNA! ¡ESTÁS VIVA!—exclamó. Ella estaba indiferente ante aquella muestra de alegría.
—Sí, ¿qué te esperabas? ¿Que me moriría al chocar contra el suelo?—soltó una risa nerviosa y falsa. Aquello no le hacía nada de gracia. —, oh, nononono, me esperan cosas peores aún.
—De hecho, le intenté decir que fuiste volando por aires, pero no me dejó decirlo.—comunicó Soel, encogiendo los hombros.
—¡Maldito pedazo de inútil! ¡Solo me dijiste que había caído!—gritó Emily.
—Eh, eh, eh, te digo que no me dejaste acabar. Si cuando te traté de decir ya me dijiste “no hables más”.
—Si no hubieras empezado por ahí...—refunfuñó. —Bueno, lo importante es que estés bien, Gin.
—Ya, claro.—la entrenadora dio otro sorbo pequeño a su taza. Realmente lo necesitaba.

Finalmente, Alejandro podía volver a ver a su mejor Ranger. Se acercó a la cabeza de la base de Hiberna, quien estaba disfrutando de aquel reencuentro.

—Elena. ¿Cómo está Selena? ¿Está mejor?
—Sí. Helio está con ella, no te preocupes. Pronto podrá mantenerse de pie de nuevo. Ahora por el momento necesita reposar.
—Me alegro.—dijo con una débil sonrisa. Era el único consuelo que tenía; que ella estuviera bien.
—Sin embargo, ahora hay algo más preocupante que su salud. Mira la pantalla.

En aquella plataforma luminiscente de leds, había un mapa meteorológico de las cercanías del pueblo. Los colores azules representaban el frío natural que permanecía en el mes por aquellas tierras. Sin embargo, había un remolino caliente y denso en la zona que acababan de abandonar. El barómetro indicaba que la presión había bajado considerablemente. Además, este vórtice anaranjado y rojo empezaba a aumentar de tamaño. Con aquellas cifras, había una alta probabilidad de que hubiera una gran tormenta eléctrica.

Gionna estaba atenta a lo que Elena contaba al que fue su superior. Las condiciones en las que estaba el temporal eran similares a las de aquel día. Pero esta vez, tenía ante ella los datos que lo catalogaban como peligroso, y no había ningún hombre del tiempo que hablara con palabras tranquilizadoras.

Recordaba cada detalle de aquel terrible suceso que acabó con su ciudad natal. Estaba mirando la televisión con su padre y Kyumbreon en un día que parecía una tormenta normal, cuando, de pronto, un furioso rayo derrumbó el piso del frente. Las palabras de los medios se contradecían ante ellos, y su padre no dudó ni un segundo. Empacó sus cosas y se dispusieron a salir de su piso. Pero Gionna estaba reacia a volver de nuevo fuera. No quería vivir de nuevo como una exiliada.

Su testarudez hizo que se retrasaran. Otro rayo cayó, derrumbando parte los ladrillos de lo que le llamó casa un día. El comedor iba convirtiéndose en una pila de cerámica y polvo cada vez que se retrasaban. Para más desgracia, esa avalancha alcanzó al Liepard con el que estuvo jugando de pequeña.

Protágoras quedó sepultado bajo los escombros del tejado. Con las maletas y todo lo que llevaba, corrieron hacia un búnker que existía para esos casos. Fue entonces cuando, por primera vez, conoció a aquel monstruo que la estigmatizaría de por vida.

Aquel monstruo destruyó con garras, cola, rayos y rocas todo lo que el hombre tardó años en construir. Con una simple demostración de fuerza, la ciudad que se alzaba por encima de los árboles quedó reducida a una masiva pila de escoria y hierro candente. Los que no pudieron salvarse ya no eran más que huesos y charcos rojos que ensuciaban el pavimento.

La historia volvía a repetirse. Y todo por embarcarse en aquella aventura. Mas esta vez parecían estar más atentos a la amenaza.

Se notaba cierta desesperación en el aire, sin embargo. Alejandro aún estaba afectado por los recientes acontecimientos. No parecía poder afrontar a ese gran dragón.

—¿Para eso han tenido que morir los pokémon salvajes? ¿Por esa... cosa que acaban de liberar?
—Y teniendo en cuenta que no pudimos interrumpir la creación del hípercapturador... no... no puede ser.

Emily tampoco podía ver ninguna salida a aquello. Los documentos databan de lo fuerte que era aquel aparatoso órgano creado por Gordor. Ni siquiera el capturador prodigio de Selena podría hacer algo por aquel fenómeno.

—No puede ser. Debe de haber algo que podamos hacer.—dijo Emily para sí.

De pronto, un frío balde de palabras vacías cayó sobre sus esperanzas.

—En su tiempo, las autoridades de Aria no pudieron hacer gran cosa salvo mandar a la pava del momento para pertenecer a su malvado plan. Poco podremos hacer nosotros por esta región.
—¿Qué...? ¿Cómo puedes decir eso?— Emily no quería saber que no podían hacer nada. Quería creer en que había una luz al final del túnel.
—Yo me he enfrentado cara a cara con ese monstruo. Y créeme; no es moco de pavo. Esa bestia arrasó con ciudades, solo para ser “testeado”.
—Espera. ¿Tú enfrentaste a ese pokémon?—preguntó Elena. Luego se percató. Había alguna similitud entre alguno de esos documentos que trajo Emily y ella. Aria también era mencionada también por aquel trozo de papel.

La “heroína” que capturó a la bestia era ella.

—¡Espera! ¿¡Tú no serás-!?
—¿La chica del “Pelipper”? Sí, soy yo. Era aquella niña temida que albergaba en sus manos aquella iracunda bestia. Aquella que fue primero presentada como heroína... y luego repudiada como villana por el mismo.
—Eso... eso lo explica todo. Por eso el monstruo está aquí.

¿Cómo no se había dado cuenta? Emily estaba estupefacta. A su lado permaneció esa joven fría que llevaba a la muerte consigo. ¡Y mira que había visto una fotografía de cuando era joven!

—Sé lo que estaréis pensando ahora mismo. Ahora pensaréis que soy horrible por traer a la bestia aquí, ¿verdad? ¡Pues perdonen por ser amable con vosotros! Yo ya me quería largar antes de que esto pasara, ¿vale? Ay, debo de ser una persona horrible por no dejar a ese bicho en un lugar seguro...

Sin embargo, su recibimiento no fue el mismo que todas las personas que había conocido en su destierro.

—¡Bah! Como mucho antipática, ¿pero horrible? ¡Qué va!—dijo Soel.
—Además, ellos te quitaron la mochila, ¿no? Seguro que debías de tener una buena razón para llevarlo encima.

Aunque era un motivo de sospecha, Emily no había dejado de creer de que no era algo más de lo que aparentaba.

—Caray. ¿No vais a despotricar contra mi?
—¡No! Has hecho bastantes cosas por nosotros. ¡Puede que no llegaras a ser tan buena ranger como pensé, pero desde luego tienes el espíritu de uno!—contestó Alejandro.
—Y-yo...

Por primera vez en su vida, se le consideraban más sus buenos actos que no aquellas cosas que pudieran hacerle de ella un lobo en piel de cordero. Estaba conmocionada. Jamás pensó que recibiría las gracias de nadie ni la comprensión de aquellos que le rodeaban en aquel momento. Podría llorar de alegría si no fuera porque les condenó a todos. Lo único que pudo hacer era, con voz temblorosa, darles muchas gracias. Una reacción que el chico rubio no entendió nada.

Sin embargo, la trifulca no acababa ahí. Elena también podía comprender el dolor que había podido llevar durante ese tiempo; quizá por las vivencias que pudo haber pasado durante toda su estancia por la región, y más por el encuentro que tuvo con David.

—Yo tampoco puedo verte como una persona similar a los del equipo Go-Rock. A pesar de haber cumplido tu cometido, decidiste quedarte a tratar de detenerlos. No obstante...
—Oh, no, vamos, señora, no-
—Por favor, Soel, esto es importante.

Gionna ya sabía por donde iban los tiros.

—Tienes dudas respecto a mí, ¿verdad?
—Exactamente. Dijiste que los periódicos te expusieron como una villana. Me gustaría saber quién eres realmente y qué relación tienes con ese dragón. Porque no eres lo que dicen ser, ¿verdad?

Era la oportunidad que había esperado por tanto tiempo. Por fin alguien quería saber la verdad detrás de las tintas de Aria. Mas aún no se lo acababa de creer. Preguntó para asegurarse una vez más.

—¿De verdad queréis saber?
—Por favor. No quiero pensar que nos estás engañando. Quizá escuchando tu historia sepamos realmente como enfrentarlo.—argumentó la jefa de Hiberna.

Al fin podía poner en acta su versión de los hechos. Todos la miraban expectantes. La entrenadora inspiró profundamente y expiró para contar tranquilamente lo que le ocurrió hace dos años.

—Muy bien. Ya que me lo habéis pedido, os haré el favor de contestar todas las posibles dudas que tengáis sobre mí. Pero antes... dejadme que me presente. Mi nombre, por todos estos dos años ha sido Gionna Asecas...
—No me digas que has usado un nombre falso para venir aquí.—interrumpió Soel con tono sarcástico.
—¡Chitón!

“Aunque tienes razón. Es un seudónimo que me puse para desviar la atención de mi apariencia. Mis apellidos reales son Libranti del Prado. El primero corresponde a mi padre, que es tan solo un trabajador común. El segundo corresponde a mi madre, que es hija de Eldarya. Por si no lo sabéis, mi abuela es líder de La Orden del Dragonair, el clan de domadragones más grande del oeste del continente. Mi madre rechazó la carga que le correspondía su puesto, así que su legado me recae a mí por narices. Como he tenido previamente algunos... problemas con la escuela y se arriesgaban a sufrir condena por “denegarme la educación”, no podían hacer nada más salvo declararme desaparecida y mandarme lejos de casa, solo para protegerme y protegerse. Por algo he estado vagando por la región durante un par de años.

A mis catorce años me llegó un correo de mi padre comunicándome que era seguro permanecer en su casa. Yo lo echaba mucho de menos y estaba harta de caminar sin rumbo alguno, así que acepté con mucho gusto y fui para Ciudad Embarque.

Pero esa seguridad no duró nada. Justo a las dos semanas de vivir con él, se cernieron nubarrones negros cargados de devastadora electricidad. Y entre esos cúmulos de aire, se abrió paso un enorme dragón musculoso, cuyas alas podrían eclipsar el sol a un pueblo entero. Aquella enorme criatura fue llamada como el Armagedón Negro. Aunque los japoneses, muy suyos ellos, tuvieron el atrevimiento de darle un nombre más simple. Ese nombre sería Akumagon.

El draco, con su llegada, acabó con la vida de miles de habitantes. Mi padre y yo fuimos unos de los pocos afortunados de llegar al búnker de la ciudad. No me gustaría dar muchos detalles de esa huida. Es un recuerdo doloroso que no quisiera volver a desentrañar.

Obviamente, la cosa no acaba aquí. Después de que la calamidad pasara, las autoridades de Aria me llamaron para que hiciera un encargo. Sabía que yo era la heredera del clan, así que pensaron que ese sucio trabajo que me darían me vendría como anillo al dedo. Decían saber dónde se localizaba la guarida de ese monstruo, y ese lugar era un laboratorio clandestino de experimentación genética, que, según ellos, pertenecía a un temible grupo terrorista de científicos cabreados con la sociedad. Incluso me dieron el material para que cumpliera con ello.

Sabían perfectamente que el dragón era demasiado iracundo incluso contenido en la pokéball más infalible del mercado. Sabían que sus golpes serían capaces de romper el reductor molecular de este. Así que me dieron una de repuesto, por si acaso, y un revestimiento para contener bien al monstruo. Era una cápsula de titanio sellada que, además de mantener encerrado al dragón, lo sumía a un profundo sueño y alejado de manos inexpertas. Lo llamaron Pandoraball, ya que abrirla después de cometer su propósito liberaría de nuevo a ese ser.

Movida por la ira que contenía y el deber que me hicieron creer que tenía, fui a cumplir su trabajo como una borrega. Con mi joven equipo, fuimos todos juntos a encontrarnos cara a cara con Akumagon. La batalla contra este fue ardua. Todos, incluso yo, que solo me ocupaba de mandar órdenes a mis pequeños, estábamos exhaustos y muy heridos. Aquella batalla no iría a durar mucho más. Acabaríamos por caer muertos en aquel lugar oscuro.

Sin embargo, Kyumbreon tuvo una brillante idea. Me sugirió que usáramos una pokéball normal y a Honchpato como portador de este, haciendo así un señuelo con el que se entretuviera. Así que le dimos la pokéball y entretuvo al dragón con su ágil vuelo. Y mientras tanto, Kyu dirigió inadvertidamente la Masterball hacia él con sus poderes telequinéticos.

Resultó ser un éxito. Akumagon estuvo retenido ahí por un momento. Pero aún no se rendía. Incluso cuando el sello estaba cerrado, la cápsula seguía temblando ante su fuerza. Entonces corrí para meterla en la Pandoraball para que no pudiera salir jamás de ahí. Pudimos contenerlo.

Después fuimos a cumplir nuestro propósito. Las heridas no importaron. Los reporteros hacían alabanzas de nosotros cuando nos vieron a mí, a Lol y a Kyu cubiertos de vendajes por doquier. Era genial. Toda la apreciación que nos daban, todos los tratos que nos otorgaban eran de lujo. Otro bien efímero que se desvaneció cuando llegamos al lugar por donde podríamos cumplir con nuestro “deber”.

Kyumbreon descubrió sutilmente sus patrañas con su sensibilidad emocional. Había percibido malicia en sus intenciones cuando iba a darles lo que me pidieron. Entonces supimos que no pretendían velar por nuestra propia seguridad como proclamaban. Todo lo contrario. Con sus pequeñas revelaciones, pudo sonsacarles quiénes eran realmente y qué pretendían.

Ellos eran quienes tenían el resto de continentes en sus zarpas. Ellos fueron quieres recluyeron a esa bestia y lo envenenaron con químicos y para jugar con su genoma. Él era el puente para que pudieran tener más que una sola región y dominar el resto de Glimáthikos con una gran guerra armada, acusando a Kanto de procrear tal abominación. Una vez supe que fui utilizada para sus sucios propósitos, decidí no cederles su trofeo. Yo misma me hice cargo de portar a Akumagon para que nadie pudiera hacer daño con él.

Su respuesta a esa fue negativa. Querían retenerme, quitarme la Pandoraball, torturarme para que me rindiera a sus pies. Pero de nuevo, Kyu intervino con sus artes demoníacas y pude escapar de su amenaza. Lamentablemente, su influencia era demasiado.

Además de gobernar, tenían a los medios a su merced. Y con ello, me gané la fachada de terrorista y el desprecio de casi toda la región. Sabía que no podía permanecer mucho tiempo ahí, así que, antes de partir, fui a despedirme de mi padre. Él entendió lo que había pasado, y pidió a mi madre que viniera para que me arreglara los papeles para que pudiera viajar a otras regiones. Asi podría subsistir bajo el título de entrenadora.
Y bueno. Fui entrenando, quise unas vacaciones y el resto ya lo sabéis.”

Todos se quedaron boquiabiertos al escuchar la historia de su exilio y la desgracia que supuso el dragón para ella. Incluso Soel, que solía hacer sus comentarios sarcásticos en aquellos momentos, se reservó sus bromas para otra ocasión. Para entenderla mejor, Elena empezó a recapitular los hechos fríamente.

—A ver si he entendido bien. ¿Has dicho que ese tal Akumagon fue producto de experimentaciones de... conspiradores que gobiernan casi todo el mundo y que solo les falta esta región para dominarnos a todos?
—Sí. Sé que suena conspiranoia pura, pero explica bastantes cosas, ¿no creéis? Como, ¿por qué en la mayor parte del continente no llevan las mismas legislaturas?
—Espera, espera espera.—interrumpió Soel; esta vez serio. —¿Dijiste que te hicieron los papeles después de que “empezaras” tu viaje? Entonces... ¿no eres ni siquiera una entrenadora legal?
—¡No! Pero entiende que mi situación era... un poco especial. Tampoco es que fuera directamente a las tiendas a comprar pokéballs, de todos modos. Me servía de los descuidados para quitarle sus pokéball. Y si quería curar a mis pokémon los trataba yo misma. Si veía que era grave, pues hacía como si me lo hubiera encontrado. “¡Oh, enfermera! ¿¡Sería tan amable de curar aquella pobre criatura herida!? Sé que no es mío, pero su deber es sanar, ¿o no?”. Así. Con esa muletilla. También me hacía la traumada y me cedían cobijo.
—P-pedazo de mentirosa...—injurió el ranger.
—¿¡Qué!? ¡Era o eso o mandarme de nuevo a casa para que linchen! Y además con cargas legales.
—Ya, ya. Suficiente. Solo necesitamos saber qué es a lo que nos enfrentamos, gracias.—contestó Elena.
—¿Entonces qué haréis, Elena? ¿Pensáis ir a por Gordor?— Preguntó Emily.
—Ese es el plan. No podemos quedarnos de brazos cruzados ante tal amenaza.
—Estaré contigo.—habló seguidamente el jefe de Villavera, con determinación.—Esta misión nos concierne a todos. A Floresta y todo el continente.
—¡Bien! Comunicaré a Edna lo ocurrido. Quizá nos preste algunos refuerzos.

Tan decididos... tan vivos... tan ignorantes de lo que iba a pasar... ellos no tenían ni idea de lo peligroso que era aquel dragón. Era como si ignoraran la tormenta que se les avecinaba por encima de aquel techo. Debía de impedir que se sacrificaran por hacer su trabajo.

—No. No tenéis que responsabilizaros de Akumagon. Es mi responsabilidad, como heredera del clan y principal implicada, detener su ira y encerrarlo una vez más. No obstante, aprecio vuestra colaboración. Pero el dragón es solo mío.
—¡Oye, también va a destruir Floresta! Algo tenemos que hacer.—volvió a hablar el jefe de Villavera. Estaba completamente dispuesto a darlo todo.
—¡Claro que sí! Me da igual el riesgo de morir. Al menos habremos intentado algo, ¿no?—dijo Emily entusiasmada.
—Estáis como un cencerro.—injurió el ranger de Villaestío.
—Tú puedes quedarte aquí si quieres.—dijo Elena.
—No, Soel se viene. ¿Verdad, Soel?—preguntó socarrona Emily, solo para meter el dedo en la llaga.

Que lo hiciera él no le parecía mal; pero si le hacían a él, ya le fastidiaba.

—Emily, por favor, técnicamente estoy despedido, ¿vale? Lo que haga la unión no es de mi incumbencia.
—Lamentablemente, Soel, Carlos no ha presentado la moción de despido, así que teóricamente sigues perteneciendo a la Unión.
—¿Qué? ¡No! ¡Me van a matar si me envían allí!
—Parece que ni de esta te libras, ¿eh?—la entrenadora sonrió socarrona por la reacción de Soel, mientras Emily se reía de su desgracia.
—¡E-eh, igual la jefa dijo que me voy a quedar, así que aquí me quedo!
—Oh, bueno, bueno, no te sulfures… es… aceptable, de hecho. Vete a saber si te alcanza un rayo y te fulmina…

El resto del día fue empleado para descansar. Los refuerzos pedidos por la joven Emily tardarían varias horas en llegar. El crecimiento de las nubes era algo que les preocupaba a todos; sin embargo, tampoco podían actuar en aquellos momentos. Al lado de la humareda de vapor que soltaba la calefacción de la base, Latias observaba cómo aquel furioso mar eléctrico cubría ya los bosques de pino y se dirigía directamente hacia el pueblo.

Estaba a punto de encontrarse cara a cara con su destino.
 0  0  0  0  0  0  0  0  0  0  0  0  0  0  0  0  0  0  0  0
Responder
Bueno, debo admitir que estos últimos tres capítulos han sido más reveladores de lo que imaginé.

Primero por el cap 37: fue bastante adorable ver a Kyu dejar su lado sádico de cierta forma para hacerle saber a Gionna que su lealtad es lo más importante, creo que realmente sirvió para dejar en claro que es uno de los buenos y no un simple aliado pragmático.

Ahora, Cap 38: Si Kyu ya logró brillar con ese acto de amor, aquí consiguió otro gran momento recuperando la mochila de Gionna. Los tramposos no ganan y los Go-Rock se tuvieron qué tragar esa lección por mucho que patalearan y que Alberto viera sus fantasías con Gionna arruinadas.

Y por último, capítulo 39: vaya qué pasado más jodido. Gionna solo quiso cumplir su parte del trabajo como parte de su clan, pero los locos de arriba decidieron hacer una estupidez y maldijeron su nombre (figuradamente claro). Espero pueda limpiarlo con la ayuda de los Ranger.
Rompe mi armadura si quieres. Al final, terminarás arrepintiéndote de hacerlo...
[Imagen: IIhG3l7.gif]
 0  0  0  0  0  0  0  0  0  0  0  0  0  0  0  0  0  0  0  0
Responder
... Yup, no feedback today. Ya me vale, me tenía que acordar a casi media noche, ¡ESTÚPIDA QUEST! [?]

OK, that's the beggining of the end. He tenido que echarle un vistazo porque la narración al inicio estaba un poco de aquella manera... quizá algún resquicio haya quedado, pero bueno, al menos no hay tanto "intento de poesía" y "datos en medio que no importan". No es muy denso. ¡Solo faltan dos, BTW! Espero que lo disfruten~ :D

Cheerio~!
 

 
Capítulo 40


No había ni luz por la ventana ni sombra a la que proyectara las cuatro literas de la habitación. Todos dormían placenteramente para el día siguiente brindar todas sus fuerzas. Helio y Selena estaban tapados bajo las mismas sábanas, solo para que ella pudiera descansar también. Y también porque se echaban demasiado de menos.

Sin embargo, Gionna no estaba para siestas. Tan solo podía mirar reflexiva el capturador de quien rescató y rememorar las palabras que pronunció cuando trató de devolvérselo.

—No, Gionna, no hace falta que me lo devuelvas ahora. Lo vas a necesitar.
—Pero si lo he usado es porque tú no estabas. Y ahora que te he rescatado... creo que oficialmente ya no tengo derecho a usarlo.
—Pero aún no puedo levantarme de aquí. Mira... sé que tal vez veas a ese monstruo como una amenaza. Pero estoy convencida de que solo es un pokémon que ha sufrido demasiado.
—¿Helio te lo contó?
—Sí. Pero volviendo al tema... ¿realmente crees que solo por ser un ser destructivo tiene que vivir encerrado por toda la eternidad? ¿Y si vuelve a abrirse la cápsula? Estaríamos en peligro otra vez, ¿no crees?
—¡Pero va a ser imposible atraparle con el capturador! La línea no llega a tanta anchura.
—¡Al menos inténtalo! Intenta perdonarle al menos. Seguro que así nos salvas a todos.


Perdonar a Akumagon, el monstruo que destruyó la casa de su padre. ¿Pero qué pensaba que era? ¿Un Skitty que se cortó con un cuchillo? Aún no pensaba que eso fuera posible.
Sin embargo, podía estar de acuerdo en que, si este odiaba a los humanos por los tratos que le dieron como Kyumbreon, quizá no deba repetir la historia.

Miró a su felino sin saber qué hacer. Había sido liberado antes para que este pudiera sanar sus heridas, igual que él lo hacía con esos luminiscentes ojos de diablo. Podía ver que la duda la atormentaba con persistencia, al igual que el mismo monstruo. No hacía falta que preguntara nada.

Pronto, la luz diurna se introducía tímidamente por la ventana, con un frío reflejo azulado opacado por las nubes. La tormenta ya cubría el pueblo de Hiberna. Gionna apretó el botón que encendía los leds de su reloj.

Seis cincuenta-y-cuatro.

Pronto las alarmas sonarían para despertar a todos sus huéspedes.

—Casi es la hora.—dijo Kyumbreon.
—Sí...
—Pronto nos enfrentaremos de nuevo a ese horror que tanto os atormenta.

Horror. Eso era lo que ha estado manteniendo en vilo todo aquel tiempo. Si morían ahí mismo, la historia acabaría para todos. Si vivían, ellos seguirían vagando por el mundo, sin rumbo concreto.
¿Cuál era el verdadero propósito de todo esto?

El sonido del aceite caliente interrumpió sus pensamientos. Pronto, el dulce aroma de la harina frita inundaría el segundo piso. Tendría que disfrutar su última hora de plena vida mientras pudiera.



Hoy era el día en que la primavera al fin se asentaría en las cumbres una vez más; sin embargo aquel amenazante algodón celestial impedía que aquella bonanza llegara. Todo y que había un gran cúmulo de aire caliente encima de sus cabezas, todavía soplaban los últimos resquicios del invierno.

—Tiene muy mala pinta. ¿Crees que podrán llegar con todos estos nubarrones?—dijo Emily.
—Está bien. Ya casi están aquí. ¿Ves la bandada que hay al oeste?

El dedo de la jefa de Hiberna señalaba a una difusa bandada de aves que cada vez se estaba haciendo más grande. Pronto se pudieron ver las crestas de punta roja que caracterizaba a la ave nacional de Shinnoh.

Los Starraptor aterrizaron alrededor de la base. De su lomo bajaron los refuerzos que Edna había prestado a sus camaradas de Floresta. Dados los datos que Elena envió a la base, se consideró que el Dragonite como una amenaza, y dio como misión prioritaria y urgente a todos los Ranger capacitados aplacarlo y dar apoyo a la unidad principal. Después de todo, se esperaba a todo el Equipo Go-Rock fortificando el templo.

Emily los esperaba al lado de la puerta; igual Helio y Soel, que ni siquiera los recibieron.

—Bienvenidos. Julio, el líder del equipo A está a punto de venir, así que no nos queda mucho. En cuanto venga, nosotros, el equipo B, iremos al templo dentro de media hora. Así daremos tiempo a Carlos para que venga.—informaba Elena.
—Y luego dice que yo soy el vago. ¡Ja, ja!—habló Soel con sarcasmo.
—Cállate; tú apenas has accedido a acompañarnos.—replicó Emily.
—Por favor, querida, sabes que no puedo estar con ese patán de ahí.—dijo, refiriéndose a Helio.
—Yo también te odio, Soel.—respondió el aludido.
—¿Tú también? ¡Casémonos en sagrado odiomatrimonio y tengamos hijos, venga!
—Que te jodan.—dijo mascullando entre dientes.
—Por favor, chicos, ahora no…—se quejó Emily.—, ah, mira. Ya viene.

Por las escaleras, subían las tres cabezas del plumífero corredor. Por detrás, se podía ver una capa violeta de pelo sintético que ondeaba levemente. El Dodrio paró en frente de Emily, dejando que su compañero hunda sus botas en la nieve.

—¿Están todos?—preguntó Julio.
—Falta Carlos, pero ya nos ha avisado de que llegará tarde.—informó la Top Ranger de Almia.
—Incluso en esos momentos tiene que faltar. Jej, no ha cambiado nada.—sonrió Julio, mientras miraba el cielo.—, ¿lo vais a esperar?
—No. Ya le dije que fuera al templo directamente.
—Bien. Así podremos ir capturando por el camino y aunando fuerzas. A ver, ¿quién va en mi grupo?

Los rangers que iban con él levantaron la mano, incluso Soel.

—Perfecto. Vamos a partir entonces. Iré contando los objetivos por el camino.

Julio volvió a sentarse encima de la avestruz y ordenó partir hacia los alrededores de las montañas. Pronto, después de media hora, partió el equipo B, guiados por Emily.

Mientras el otro equipo se dirigía hacia los bosques, los peones fue directamente a la cordillera, subiendo las gradas heladas y despejando el camino con los pocos compañeros de tipo fuego que tenían algunos.

Finalmente, tras una larga subida, estaban frente a una enorme lápida pétrea cubierta por la nieve.
Construido por una pequeña civilización similar a la maya, esa ciudad perdida se levantó para vivir cerca del gran pedestal en honor a Rayquaza. Miles de poesías eran escritas sobre aquella serpiente feroz que guardaba con recelo los cielos. Mas hoy era profanado por aquellos viles que solo ambicionaban el dinero.

Tal era que incluso los empujó a cerrar las puertas para que nadie más rogara su salvación. Y aquello era un problema.

Algunos intentaron abrir la puerta con sus fuerzas; pero no cedía ni un milímetro.

—¡Demonios! ¡Está sellada!—exclamó Helio, con una creciente frustración.
—M-maldita sea... parece que han helado la puerta por detrás. Los Pokémon que tenemos no son suficientes.—dijo Emily.

Helio dejó de empujar la puerta. No sabían qué hacer. Si ellos no podían entrar, tampoco podrían el otro escuadrón terrestre. Parecía que todo estaba perdido. A este paso solo tenían dos opciones; dar el escopetazo de salida a la unidad aérea prematuramente o esperar a que ocurra un milagro. Pero antes de que pudieran decir nada, uno de los rangers de Oblivia señaló al cielo inquieto.

Muchos se ponían en guardia al ver aquella mancha anaranjada que se dirigían hacia ellos. Incluso Spyrox y Emily, que se disponían a capturarlo en el acto. Pero Helio reconocería a aquel monstruo en cualquier parte, incluso fuera de las reliquias.

Raudamente, la salamandra voladora pasó por encima de sus cabezas. Tenía las fauces candentes, dispuesto a abrasar lo que estaba por debajo. Cuando vio las ascuas salir de su hocico, él no demoró en dar el aviso, temeroso.

—¡Aparten, aparten, APARTEN!

Pero Charizard no quería escupir su fuego a la gente. Nada más exhalar su fuerte aliento, el lagarto ígneo irradió su calor en la piedra bajo un mar de llamas que lo hizo sudar agua hasta que todo el hielo incrustado mojara el suelo y la puerta chirriara para darles paso.

Después de acabar su faena, Charizard se plantó ante Helio con una mirada de complicidad, orgulloso de su buena obra. Nada más intercambiar miradas, supo que quería retribuirle por curarle las heridas aquella vez… y que ansiaba saldar cuentas con el Equipo Go-Rock.

—¿De... de verdad nos has ayudado? ¿Va-vas a ayudarnos?

El dragón rugía en modo de afirmación.

—Parece que es obvio, ¿no?—sonrió Emily. Luego se dirigió al grupo. —¡Muy bien, camaradas! ¡Es hoy o nunca! ¡Tenemos que salvar Floresta, aunque nos cueste la vida!

Todos gritaron a unisono evocando la guerra. Como una horda furiosa, los rangers entraron encendiendo capturadores y comandando a sus compañeros para ir debilitando a los Pokémon que los aguardaban dentro de la ciudadela.

Las ascuas del infierno caían como una lluvia que convertía la nieve en agua. Por los aires tormentosos del Templo de Floresta, Charizard iba abrasando la dura piel que tenían los Aerodactyl y los Archeops mientras que los amigos y compañeros de los Rangers empleaban todos los elementos que podían usar para franquear las barreras pétreas de los Golem y los Armaldo.

Los Dophan rodaban furiosamente contra los rangers, de los cuales algunos fueron directamente derribado por su dura coraza mientras los Pokémon pájaro evadían con gracilidad y a veces sorna a su carga; mas los rayos de los Raichu y los gélidos soplidos de los Glailie tumbaban a los que osaran volar a baja altura. Igual que Spyrox, quien brincaba de aquí para allá con las hojas en ristre, los Grovyle capturados del templo intentaban rebanar a cualquiera que se cruzaran en el camino con ellas. Y aunque ocasionalmente hubiera alguno de esos Pokémon arcaicos que intentaran asaltar la vanguardia, Plusle y Minun esparcían sus chispas para que no pudieran atinar con ellos.

Mientras todo aquel barullo se armaba en tierra, cabalgando en el viento empezaban a llegar el Equipo C con Alejandro, Elena y Gionna en la delantera. Agarrada a Latias, la entrenadora hizo un rápido reconocimiento del terreno; y empezaba a fijar sus objetivos. Pero la guardia que plagaba los cielos del templo le tenía preocupada.

—Mierda. Esto está lleno de Archeops, Sigilyph y Aerodactyl. Como nos atrevamos a cruzar ese enjambre sin un plan…
—No son problema. Las alas de Skarmory pueden rasgar su piel pétrea. He capturado así antes a esos pokémon.—dijo Elena.
—No los dañarás mucho por eso, ¿no?—preguntó la entrenadora. Era raro oír que un ranger utilizara la habilidad de sus pokémon para facilitarles la captura.
—No es algo que importe ahora mismo.—contestó. —Ahora, si por alguna razón caigo, no sé como nos podremos ocupar de ellos...
—Y nosotras tenemos que dirigirnos directamente hacia Akumagon. Presiento que el tipo ese va a disparar muy pronto. Y no me gusta.—dijo Latias.
—Así que no hay otra... tendremos que atacar con todo lo que tenemos.—se resignó con los únicos recursos que tenían. El tiempo no les permitía esperar a mejor momento.
—Bueno, es más pronto de lo previsto, pero con empeño seguro que lograremos abriros paso. ¿Verdad, Fearow?

La grulla graznó guerrera. Skarmory también estaba decidido.

—Estamos listos, entonces. ¡Pues nada, a la carga!—vociferó Gionna.

Las aves y dragones se dispusieron a entretener a los centinelas del cielo, dando un respiro a los peones de tierra. Por lo menos su repertorio era de armas tomar. Las alas fuertes de los Starraptor les permitía golpear duramente a los Aerodactyl; aunque luego les dejara un poco débiles ante próximas ofensivas, igual que los Braviary. No obstante, aquellas vetustas criaturas de tres ojos resistían bastante bien los golpes, a la vez que podían frenar a los pokémon que se dirigían hacia ellos.

Afortunadamente estos no colaboraban entre ellos. Latias podía abrirse paso con el mero uso de sus alas y garras. Los Pulsos Dragones ahuyentaban a cualquiera que se le cruce; y junto a la velocidad de la dragona eón, podía ir fácilmente hacia la cúspide; todo gracias a que Alejandro y Fearow las estaba cubriendo con zarpas y picotazos.

Pronto, domadora y reptil pudieron ver una parcela prácticamente vacía por donde se podía apreciar la desolación que provocaba el dragón.

—¡Mira, Ginny-Lin! ¡Estamos por encima de los alrededores del templo! ¡Hemos logrado atravesar el campo de batalla sin un rasguño!

Sin embargo Gionna no estaba para alegrías. Había visto algo que le puso los pelos de punta. Un punto naranja y azulado alzó su rostro hacia su dirección.

Su espera había terminado.

Maldita sea. Estaba paralizada del miedo. ¿Que quería ese monstruo? ¿Por qué le había enseñado esas imágenes antes? ¿Por qué ahora?

—¿Ginny? ¿Te ocurre algo?
—Ha llegado el momento. Baja y podremos decidir qué especie debe permanecer en este mundo.

Se rehusaba a tener esa voz en su cabeza. ¿Qué era ese ser? ¿¡Por qué le hablaba!? ¡No quería oírle!

Pronto Latias percibió las emisiones psíquicas de Deoxys.

—¡Pero será posible…! ¡¿Qué le hiciste a Ginny-Lin?!
—No es de tu incumbencia, guardiana de Pueblo Gélido. Esto es un asunto entre los humanos y yo.
—¿Cómo sabes mi identidad? Espera... no habrás indagado en sus recuerdos, ¿verdad?

Los aliados del pokémon genético lo aludieron. Pronto Alejandro pudo reunirse con las dos.

—¡Uf! ¡Ya estoy aquí! Espera... Gionna, ¿te ocurre algo? Estás pálida.

Gionna señaló a Deoxys en respuesta. Este pudo contemplar aquella figura.

—¿Otro pokémon? No pasa nada, me encargaré yo de-

Una bola de energía golpeó al Fearow nada más percatarse de su presencia. El ave fue arrojada fuera del campo de batalla.

—Tú no interfieras.

Estaba consternada. No podía creer que hubiera sido capaz de hacer semejante cosa con sus compañeros. Y solo para que ella bajara...
Aún así, rehusaba de enfrentarse a él. Tenía a un dragón que sublevar. No quería verle la cara otra vez. No quería volver a oírle jamás.

Latias captó su mensaje aún sin decir nada. Ella iba directa a la cúspide del templo. Sin embargo, algo la frenó. De repente, ella se encontraba incapaz de moverse. Empezaba a sentirse arrastrada por una fuerza gravitatoria artificial. Estaban perdiendo altura. Akumagon se alejaba cada vez más. Gionna alentaba a Latias de que ella podía; pero ese magnetismo estaba siendo más difícil de soportar.

Finalmente cayeron al suelo. La dragona eón era incapaz de hacer algún movimiento, pues necesitaba de su capacidad de levitar para alzarse. Era como si el aire empezara a ser un lastre para aquellos que les rodeaba aquel campo gravitatorio. A duras penas Gionna veía a aquel ser de cerca una vez más.

—¿Pretendías huir de nuestro enfrentamiento, humana?
—¿Cuándo acordamos un enfrentamiento tú y yo, eh? ¿A qué demonios has venido?
—Información irrelevante. Prepárate.
—No. Me dejaste con unas imágenes desagradables en mi cabeza. ¿Qué intentaste decirme con esto?

Deoxys tomó un minuto de silencio para decidir se revelarle su verdadero propósito en este mundo.

—No es de tu incumbencia, Gionna Libranti.
—Ah, no, no, no, no. No empezaré a hacer ningún movimiento hasta que me respondas todas mis dudas. Y seguramente ya sabrás cuáles son, sabiendo que te puedes meter en la mente de todos los seres de aquí. Así que habla ahora o tendré que abandonar este campo.

Finalmente se lo pensó mejor. Tampoco quería luchar con todas las ventajas que suponían su inacción.

—Esas visiones que viste no son nada más que un efecto secundario de mi rápida indagación de tus recuerdos.
—Ya me decía a mí que hiciste algo con mi mente. ¿Para qué querías saber de mí?
—Todos los seres que he observado actúan por propósitos no vitales, incluso atentando contra los recursos y manipulando a otros seres. En cuanto vi que perseguías a aquellos que pensaban ser mis amos consideré la posibilidad de que no solo actuabas por instinto de supervivencia.

No sabía si sentirse halagada por aquellas frías palabras o seguir considerando a Deoxys como un peligro para el planeta.

—Entiendo... pero algo me dice que tú no has venido solo por observar a los humanos. ¿Me equivoco? Si no, no estarías de su lado... ¿o tal vez te verías obligado?
—Perspicaz. Con razón te veían como una amenaza.
—¿Debo de tomar eso como que estabas de su lado desde un principio?—preguntó con el ceño fruncido.
—La reducción de la población es elemental para mis cometidos. Nosotros, Deoxys, estamos formados por tejidos víricos. Para reproducirnos, necesitamos infectar células vivas. Los pokémon son inmunes a nuestra invasión; incluso los fortalecen. Además de no poder transmitir la enfermedad a humanos, ellos nos superan en número. Pero vosotros, humanos, sois vulnerables a mi tacto. Por tanto...
—Necesitas que Gordor cometa sus planes para poder invadir el planeta, ¿no? Por eso los estuviste ayudando.

No hubo respuesta. Aquello afirmó sus sospechas. Era otra amenaza para el mundo. Un invasor que pretendía enfermar al planeta para hacerlo suyo, como si la mácula del mundo no fuera suficiente. ¿O tal vez fuera un ángel destructor invocado por los malvados?

No. Había dejado suficientes desgracias al mundo como para que luego los sobrevivientes de la guerra fueran usados como matrices alienígenas. Acababa de darle un motivo para luchar. Los efectos de la gravedad estaban pasando. Latias se levantaba. Había escuchado toda su conversación. Ella también estaba dispuesta a quitar a aquella amenaza del planeta. La entrenadora sacó la pokéball de su bolsillo. Era evidente lo que tenía que emplear.

—¿No vas a usar el capturador, Gionna Libranti?—preguntó el extraterrestre.
—Ambos sabemos que eso sería inútil contra ti.
—Bien. Que así sea.

Deoxys estaba listo. Sus puntiagudas y nuevas formas lo sugerían. Latias también estaba preparada para darle todo.

—Yo lucharé contigo, Ginny. Estoy lista.
—No, Latias. Una de las dos debe de quedar para derrotar a Akumagon.
—Pero... sería una pésima guardiana si te dejara de lado. Además, tampoco me dejaría ir a por él. ¡Le conviene que destroce a medio mundo!

Tenía razón. Tuvo que dejar que ella también fuera partícipe de esta encarnizada batalla. Y también tenía que acallar la otra voz que le demandaba el sacrificio.
Lanzó la pokéball al aire y llamó a su siervo. El felino apareció en un haz de luz, apacible, ocultando sus voraces deseos de luchar.

—Nos volvemos a ver, engendro. ¿Así que permanecisteis aquí para poder sublevarnos? ¡Oh, ingenuo, caerás en las garras de Lunetah antes de que podáis-!

Una de sus extremidades extensibles se dispuso a golpear a Kyumbreon, del cual a duras penas pudo esquivarlas. Se había percatado un poco tarde del ataque.

—No me habéis dejado terminar. Tampoco vais con demoras, ¿verdad?
—Silencio, ser inferior.

Otro tentáculo trató de azotarle con fuerza abrumadora. Afortunadamente para él, estaba más atento a sus movimientos, y le resultó más fácil de esquivar.

—¿Ser inferior? Me ofendéis; mas vuestras mofas no funcionarán en mí.

Ninguna palabra fue emitida. Se limitaba a lanzar todo lo que él podía. Lanzó una bola oscura hacia las nubes para luego hacerla explotar en una lluvia presta de sombras fantasmagóricas. Evadirlas era imposible; sin embargo no era nada que pudiera peligrar la vida de Kyumbreon. La entrenadora no podía hacer nada salvo con el brazo. Esperaba a que una de las esferas le golpeara cual cañón. Para su suerte, Latias la cubrió con una barrera luminiscente que redujo los globos a ligeros perdigones, fáciles de detener con un poco de telequinesia. Pensaba que trataría a ellos como únicos contrincantes; pero meter a Gionna fue el detonante para que Latias empezara a actuar.
La dragona despegó por todo lo alto con su alta velocidad para luego lanzarse con sus granates ascuas, dispuesta a disparar su aturdidor aliento.

El fuego de los dracos dio de lleno al atacante; pero las gruesas tiras hicieron de nuevo su función. Lo habían protegido de daños y efectos secundarios. Procedió entonces a atacar con las garras. Pese a todo, la dura coraza que se había creado le hacían de él intocable.

—Es inútil.

Latigueó a Latias con sus pesados brazos, apartándola de su alcance. Kyumbreon también trató de quebrar sus impecables defensas con su Pulso Umbrío. Mas de nuevo se protegió de sus ofensivas con su barrera. Una vez más cambió de forma; esta vez para desaparecer de su vista y atacar con sus veloces golpes.

Estaban entre las cuerdas. Deoxys les tenía una ventaja endemoniada con su versatilidad. Necesitaban un movimiento de distracción. O al menos atacarle en cuanto menos se lo esperara.

Ya sabía. La entrenadora tenía una idea.

—¡Latias!

Con aquel llamado, ella ya sabía qué hacer. Se fundió con el paisaje para desaparecer de la vista del extraño. Kyumbreon seguía aguantando los golpes; incluso repeliendo. Mas su contrincante era incansable. Luego Deoxys cesó su ataque y se apartó del gato. Un viento galopante pasó por encima de las orejas del Umbreon. Como si hubiera predicho el movimiento, evitó que Latias le atestara otra Garra Dragón.

—¿Te piensas que ocultándote de la luz podrías engañarme, ingenua?

Maldita sea. Aún podía disuadir sus presencias. Ni una cobertura de niebla lograrían despistar a ese inteligente monstruo. Preparaba otro de sus famosos Psicoataques, dispuesto a acabar con Latias de una vez por todas.

Craso error. Kyumbreon también se adelantó al golpe y se interpuso en la trayectoria de la bola. Ni siquiera el golpe le provocó alguna contusión en su cuerpo. En respuesta, el felino expulsó otra de sus ondas oscuras. El ser pronto se alejó de su origen; sin embargo, no logró salir de su radio de expansión. Una de sus piernas resultó dañada. No reducía su movilidad, pero era un avance.
Empezaba a gotear gotas de sangre púrpura en la punta de su extremidad izquierda. Mientras los iba sobrevolando, lanzó una salva de Bolas Sombra a sus enemigos capaces. Ambos evadían y esquivaban mientras intentaban acertar en la distancia.

Tal como él esperaba.

Mientras estaban distraídos tratando de atinar sus tiros, una pequeña gota de sus torrentes infectos cayó en la mejilla de la única humana en el campo de batalla. Gionna tomó una muestra de lo que pensaba que era una mera gota de agua. Su pulso se tambaleó al ver lo que acababa de tocarla.

No podía creer lo que veían sus ojos. Aquel líquido iba tomando la forma de un virulento tumor. Como las raíces de un árbol, la sangre empezaba a arraigarse a su piel, perforándola con microscópicos filamentos víricos en busca del sistema nervioso. No tardó en sentir un leve mareo y caer de rodillas. La presión arterial estaba bajando a niveles alarmantes.

—¡Ginny!— Fue su nombre lo único que pudo salir de Latias. Llena de preocupación, se dirigía a a socorrerla; mas ese extraño no iría a dejar que detenga la formidable marcha de sus virus.

Aquel engendro se puso frente a la dragona y volvió a su forma ataque para atestarle un golpe que la envió directa al suelo.

—Cometieron un error al herirme. Ahora vuestra protegida sufrirá las consecuencias. Treinta minutos y habré ganado.

Latias se sentía derrotada. Era imposible dañar a Deoxys. Podía protegerse y evadir con rapidez en cuanto le plazca. Ella podría poner solución a esa infección. Pero si solo tenían treinta minutos para poder acercarse a ella, sería imposible.

Por otra parte, Kyumbreon no se lo perdonaba. ¿Cómo podría haberse permitido que esto ocurriera? Estaba iracundo. Con su sigilo, fue rápido a echar un vistazo a su entrenadora. Ella intentaba erguirse de nuevo, resistiéndose a morir. En lo poco que había pasado, ya tenía un dedo cubierto y la mejilla entera dirigiéndose al ojo. Esperaba a que pudiera darle órdenes. Pero su debilidad impedía la planificación de otra estrategia.

Fue entonces cuando tuvo una idea. Solo requería de su permiso para ejecutarlo.

—Resista, mi señora; aún no estamos vencidos. Aún podemos vencerle.
—M-maldito... y yo que le iba a dejar vivir...—habló para ella. No sabía como interpretar eso.
—¿Decís? ¿Anheláis verlo muerto, acaso?
—¿Tú qué crees? Nos está impidiendo salvar el mundo, ¿no? Y encima intenta... invadir mi cuerpo.—soltó unas risas flojas. —En situaciones como esta todo vale, y tú lo sabes. Así que adelante. ¡Ve, Kyu! ¡Mátalo si te apetece!

Matar. Era lo único que su entrenadora nunca le pedía. Y sin embargo, a pocos minutos de vida que tenía, era lo único que deseaba; borrar de la existencia a ese invasor. Aunque implicara la renuncia de su ética, no le importaba en absoluto. Y él iría a cumplir esa voluntad.

Sería la jugada más sucia que habría hecho durante toda su vida. Sin oposición, el gato se alejó de su entrenadora y se dirigió a Deoxys para comunicarle sus palabras.

—Habéis jugado bien este juego. Lograsteis destrozar por completo el ser de mi señora. De veras os felicito.
—¿Kyu? ¿Pero qué demontre estás haciendo?—preguntó Latias atónita.
—¿Te rindes?
—Lamentablemente. Este mundo no tiene salvación.—dictaminó. —¿Mas quién soy yo para vivir si me vais a dejar sin almas que segar? ¿Cuál sería mi propósito sin tener a alguien que servir?

La enferma esperaba que esto no fuera una declaración de traición. Por él esperaba que no lo fuera.

—Aún tendremos mucho que limpiar en este planeta. Puedes unirte a mí a esta causa.
—¡No! Ella me salvó la vida, y por ello le debo la vida. Vos solo sois un extraño aparecido de la nada para arrebatar mi papel. No tengo ninguna causa por la que vivir. Es por ello que iré con Lunetah antes de contemplar mi desgracia. Pero quiero que Latias haga los honores. Si no os importa...

Inaudito. Era raro que el testarudo de Kyumbreon decidiera suicidarse. Ella no soportaba la idea de matar a uno de sus semejantes. No quería pensar en ello. Pero pronto cambió de opinión.

—Supongo que no tengo opción...
—¿Qué? ¿¡Latias!?
—¡Ginny, perdóname! Y tu también, Kyu. Te va a doler mucho...
—No habrá dolor más grande que persistir. Procede.

No quería ver. No quería aguantar otra pérdida; menos tratándose de uno de los mejores pokémon que tenía. Odiaría a Latias por ello.

Latias roció al cuerpo negro con sus feroces llamas. Escocían cual ácido. Mas debía aguantarlo para conseguir su propósito.

No tardó en parar el ataque. Para sorpresa de Gionna y Deoxys, este seguía sustentándose por sus cuatro patas, tembloroso. No había acabado con su vida. Solo estaba paralizado.
Deoxys no entendía. Él no podía leer la mente de los psíquicos y los siniestros. Algo habían tramado. ¿Pero qué?

No le importó. Fue a aplastarle con el peso de sus tentáculos. El felino esperaba vacilante a que lo golpeara. Nunca llegó a tocarle. Un espasmo lo detuvo en seco. Sus músculos no le respondían, igual que él.

—¿Qu-qué? ¿Qué me está ocurriendo? ¿Tú... acaso tú...?
—¡Vaya, vaya, vaya! ¿No os podéis mover? Esto debe de ser nuevo para vos, ¿me equivoco?
—¡¿Cómo?!
—¿Oh? Esperad. ¿Sois psíquico y no conocéis las virtudes de Sincronía? ¿¡Pero de qué planeta venís vos!? Bueno, no importa. El caso es que habéis puesto a mi señora en graves condiciones, y no os lo voy a perdonar. ¡Es hora de que conozcáis a Lunetah y sus desgarradoras cuatro hachas!

Había hecho pagar a Deoxys con la misma moneda. Desesperado, el alienígena trató de huir del Umbreon. Sin embargo, su cuerpo le traicionaba al mínimo movimiento, haciendo de él un blanco fácil. Trataba de cambiar de forma; pero el proceso iba demasiado lento.
Era el momento.

Kyumbreon, quien lidiaba mejor la parálisis que su contrincante, se abalanzó contra Deoxys con todas sus fuerzas. Con la oscuridad cubriendo su demoníaco ser, acercó su pata para tocar su corazón. El haz negro se expandió por el cuerpo de Deoxys, provocándole convulsiones. Su cerebro se hizo trizas. Su cuerpo se desintegraba. Lo único que quedó de él fue el polvo morado que se dejó llevar por el viento.

Latias no le gustó aquella vista; pero era irremediable. La cuestión era que ahora podía curar a Gionna.

Aún con la desaparición de su portador, las protuberancias seguían su curso. Casi tenía medio rostro cubierto y dos dedos. Ella no podía abrir el ojo. Pero aún no pasaba nada. Aún tenía solución. Se cubrió con una luz rosada y tocó las zonas afectadas. Los quistes reaccionaron con el tacto, retractándose y reduciéndose a nada. Luego fue a aplicar el Alivio a Kyumbreon, para, después de quitarle la parálisis, atestarle un zarpazo en la cara.

—¡Ay! ¡Ingrata! ¿¡Cómo osáis atacarme con vuestras afiladas uñas!?
—¡Idiota! ¡Sabes muy bien por qué lo hago!
—¿Eso? Era un mal necesario. ¿Cómo podríamos haberla salvado a nuestra señora, si no?
—¡Me da igual! ¡Tuviste que decírmelo antes de decir que te suicidaras!
—Ugh... tendría unas palabras para ti, también...—habló al fin la entrenadora, levantándose del suelo. —Pero ahora no es momento. Tenemos que subir ahí arriba.
—Pero... Gin... ¿acaso no...?
—Que me haya recuperado del susto o de la enfermedad no es importante ahora. Tenemos que-

Antes de que pudiera acabar con su mandato, el trueno rugió y dejó que las tormentas soltaran al fin su carga.

No eran necesarias más palabras. Tenían que darse prisa.
 0  0  0  0  0  0  0  0  0  0  0  0  0  0  0  0  0  0  0  0
Responder




Usuarios navegando en este tema: 1 invitado(s)