Oneshot- Puro como la nieve

ExtensiónOneshot
Extension larga
FranquiciaAnipoke
GéneroDramaRomance
Resumen

Se acerca la navidad y May busca el regalo perfecto sin sospecharse que alguien más le ha puesto la mirada a lo que estaba buscando.

#1
Nota importante. Este trabajo es una rescritura de un trabajo anterior. El original está titulado como "Llévame a un lugar mejor", título perteneciente a una canción de Mowgai; sin embargo para esta versión corregida he decidido usar el título que emplee realmente para la canción guía "Puro como la nieve" de Mono. La trama no cambia y es más una corrección de narración y agregar más detalles para feels. El trabajo original lo tengo en mi cuenta de Ao3 por si alguien gusta hacer la comparación.
 

Pure As Snow

 
Deambulaba como espectro por entre las calles de la ciudad, reflejando desasosiego en su manera de andar, sin mirar a nadie. Detestaba salir en esas fechas; la gente erróneamente le calificaba de fiestero y social, pero la realidad era que le molestaba estar rodeado de gente cuando no era para que le colmasen de halagos y cumplidos vacíos. Estaba exhausto, era el tercer día seguido que recorría la ciudad de arriba-abajo buscando aquello que requería. Nochebuena estaba a la vuelta de la esquina, se notaba en el rostro de la gente, el bullicio de la ciudad y las colas de los supermercados. Quizás había calculado mal los tiempos, quizá se confió demasiado pensando que no sería algo difícil de encontrar como para no haberlo hecho meses atrás, pero no importaba ya, no quedaba tiempo, debía estar ahí mismo. Debía seguir caminando entre los mismos cuerpos, los mismos rostros, las mismas sonrisas tontas que en el fondo sentía se burlaban de él.
 
Y, sin embargo, en medio de ese cuadro gris, una pañoleta roja logró llamar su atención.
 
—¿Seguro que sirve para los pokémon de tipo planta? —preguntó para asegurarse de que estaba escogiendo el regalo ideal.
 
—¡Por supuesto! Si el pokémon asesta un golpe con esa gema ¡será imparable! —le contestó a su potencial compradora.
 
Entregó una generosa cantidad de dinero y el producto le fue entregado en una pequeña bolsa de cuero con un listón rojo. Se encontraba bastante cansada, estiraba por momentos las piernas y miraba alrededor como buscando dónde sentarse. Aún así, se la veía decidida, como sabiendo que su jornada aún no terminaba.
 
Caminó varios metros pasando por varios locales de la zona comercial hasta topar con un banco que milagrosamente estaba disponible. Se sentó a descansar y a contemplar el regalo mientras sonreía pensando en la alegría que le iba a dar a la otra persona. De pronto, sitió un aura helada y no estaba tan segura que se debiese al ya de por si mal clima de la temporada.
 
—¡¿Tan mal te has portado que te tienes que comprar tus propios regalos porque sabes que Santa no te va a traer nada?! ¡Eso te pasa por ser mala con gente linda como yo!
 
Casi saltó por los aires al escuchar esa voz que le era tan familiar que a veces la perseguía en sueños. Se puso de pie para correr si es que era necesario.
 
—¿Es que tú nunca te cansas de ser tan cretino incluso en navidad, Harley?
 
—¿Lo vez, May? Son puros insultos contigo, ¡mocosa maleducada! Por cierto, ¿qué es lo que lleva Caperucita Roja en esa bolsa?
 
Al ver los ojos del chico posándose en su compra, escondió rápidamente la mano en la espalda.
 
—¡Nada que te importe!
 
Lo que menos quería era portarse grosera y tajante en vísperas de navidad, pero con Harley nunca podía ser de otra manera. No podía esperar nada bueno de la persona más egoísta, mentirosa y tenebrosa que hubiese conocido nunca.
 
—No será un regalo para tus amiguitos peludos, ¿cierto? Dime, ¿para quién es? ¿Para el bobo del Pikachu? —entonces clavó una mirada bastante acusatoria que la hizo palidecer antes de tornarse enteramente rojo de la pena— Quizás sea para el pelos de lechuga… —hizo una breve pausa antes de pintar un gesto de modestia falsa en su rostro—. ¡Oh, pero si es tan obvio! Sí, es lógico que es para tu mejor amigo, ¡el siempre bien parecido y adorado Harley!
 
May sólo arqueó una ceja. Definitivamente no podía existir ninguna clase de universo alterno en donde alguien cómo el pudiese ser su amigo.
 
Adjudicándose el regalo recién comprado, intentó arribárselo de la mano, cosa que la chica de la pañoleta impidió mediante el forcejeo. Pese a la resistencia, uno de los dedos de Harley logró tirar lo suficiente del listó para que la gema quedase al descubierto. Sus ojos turquesa se posaron sobre la joda, quedando completamente anonadado.
 
—Eso es… ¡Eso es…! ¡May! ¡¡Te exijo que me digas dónde compraste esa gema planta!!
 
La chica señaló el local donde metros atrás había realizado su compra y más tardó en alzar el brazo que el amante de los pokémon siniestro en estar ahí amenazando al tendero para que le vendiese la gema planta más grande, hermosa y brillante que tuviese. Casi se vuelve a morir de la impresión cuando éste le respondió que era la única que tenía en existencia y que no le llegarían más hasta que llegara el carguero en dos semanas.
 
Volvió corriendo hasta donde May, exasperado y sacando su billetera.
 
—¿Cuánto quieres por ella? No, ¿sabes qué? Tengo cinco grandes a la mano. Te la compro, ya.
 
Era muchísimo dinero para un objeto que le había costado la décima parte de esa cifra. ¿Por qué le ofrecía tanto? Desconfió. Sabía cómo era él y lo mucho que sus planes en su contra estaban lejos de ser inocente bromas de crio de parvulario. Tal vez era dinero falso para meterla en problemas… o tal vez estaba dispuesto a evitar a toda costa que pudiese tener un regalo a tiempo para navidad.
 
Por muy tentadora que era la oferta, se negó. Harley torció el rostro, ahí estaba de nuevo esa mirada altanera y desafiante que tanto le hacía hervir la sangre, ese pequeño rubor en el rostro y brillo en sus ojos que sólo ella tenía. Estaba seguro que se negaba sólo por fastidiarle la existencia.
 
Intentó probar por otro lado.
 
—Te estos haciendo un favor, May. Te estoy ofreciendo mucho más de lo que vale esa ‘baratija’. Con esto puedes comprar un regalo de verdad para que no quedes como una agarrada de mal gusto. Me lo vas a agradecer.
 
Su mirada se había afilado más, ahora rechinaba los dientes y estaba que echaba humo.
 
—Piérdete, Harley. ¡Piérdete lejos y déjame en paz!
 
Si no iba a ser por las buenas, sería por las malas. En realidad, creyó que debió evitarse las buenas, para empezar. Furioso, se abalanzó sobre ella, pero lo único que pudo hacer fue caer al suelo en el momento que ella lo esquivó. Así dio paso a la persecución.
 
La ciudad era un laberinto viviente, cambiaba con el paso de cada alma que habitaba en ella. En esas condiciones era fácil esconderse. Por primera vez no se sentía mal que tantas veces él la hubiese llamado enana; además, con esa inconfundible voz era fácil saber por dónde se acercaba. May corrió entre los sueños y las ilusiones propias de la fecha: el entrenador que llegaba de lejos después de su viaje para ver a la familia, la señora que por fin podría cenar con su marido tranquilamente tras una jornada de extenuantes trabajos; la niña que esperaría a pasado mañana para abrir una gran caja y encontrar al que será su mejor amigo toda la vida.
 
Cuando creyó que se lo había quitado de encima, cayó en la cuenta de encontrarse en un callejón sin salida. Como fiera que tiene rodeada a su presa, Harley lanzó su ataque: se lo arrebataría, no iba a ceder, esa joya sería suya y cuando la tuviera…
 
May resistía como podía.
 
—¡Estás loco, Harley! Sólo es una piedra, ¿qué se supone que tenga de especial como para que te pongas así?
 
—¡No es de tu incumbencia!
 
Siguieron forcejando, cada instante se tornaba más violento.
 
—Es parte de tus sucias artimañas, ¿verdad? No quieres que la entregue. ¿Por qué? ¿Es otra estúpida venganza? ¿Quieres ver a alguien sin regalo?... ¡¿Porque a ti nadie te regala nada en estas fechas?!
 
—¡Cállate! —Aquellas palabras lo habían herido más de lo que él hubiese deseado—. ¡No sabes nada! ¡¡No tienes ni idea de lo importante que esa gema es para mí!!
 
Algo cambió en ese instante, aquella última frase había salido de un corazón completamente desgarrado y May lo supo. Se detuvo en seco; pero él, aún con deseos de luchar, dio un movimiento en falso, mandando a volar aquella bolsita. Se oyó un "¡Crash!" sobre la pared.
 
El sonido fue lo suficientemente violento como para sacarlo de su trance. Todavía no podía creerlo, intentó aferrarse a la esperanza que la piedra se encontrase bien, de que había sido un golpe menor, pero no pudo más que rescatar polvo verde de un saco maltrecho. Cayó de rodillas, sin la voluntad suficiente como para levantarse.
 
El cielo se encontraba nublado, la antesala a que el tiempo empeorase, pero nada tan sombrío como la sombra que May proyectaba sobre si mismo. Hubo un silencio incómodo, May le dio la espalda, haciéndolo todavía peor.
 
—Harley… ¿sabes a dónde me dirigía antes de que salieras de la nada? —Obviamente no respondió—. Iba a ir a tu casa, a buscarte… y… con un demonio, incluso por un momento hasta me alegré de verte por ahorrarme tiempo… pero…
 
Tras otra pausa, el tono su voz comenzó a cambiar, tornándose menos misericordioso con cada palabra.
 
—Los chicos… a lo que me refiero es que haremos una celebración en casa de Ash. Me pidieron no invitarte y… Por todos los cielos, realmente por un momento creí que… ¿cómo me hice a la idea de que tal vez estaban siendo… ¿injustos? De verdad no me puedo creer que si quiera yo…
 
Harley seguía ahí, inerte, presente como si su mente no estuviese ahí. May esperaba a propósito… ¿Esperando qué? ¿Un “lo siento”? En ese momento se tragó las ganas de llorar, no porque su regalo estuviese arruinado, sino por sentirse una auténtica estúpida esperando algo bueno por parte de Harley.
 
—Si desde un inicio me hubieses dicho… que esa gema era tan importante para ti… yo…
 
Los ojos de May comenzaron a empañarse, y aunque hubiesen estado en perfecto estado, tampoco se hubiese dado cuenta de lo mal que se encontraba Harley en ese momento.
 
 —Qué asco me da haberte conocido.

Se fue y no pudo decirle nada. Pasaba que nunca podía decirle nada porque era un perfecto imbécil que se guardaba las cosas para sí y sólo reaccionaba de mal modo cuando algo o alguien le molestaba. Mentir y pretender siempre eran los caminos fáciles, los únicos que conocía… los únicos que aceptaba tomar. Se encerró en sí mismo llevándose las piernas a la cara sin hacer nada por quitarse los primeros copos de nieve que caían.

Siempre era lo mismo.
 

 
¡Nochebuena había llegado y embriagado a todos los presentes con sobredosis de felicidad y dicha…! ¡Y un hambre terrible! La fiestaba estaba por comenzar y todos ponían de su parte para tener todo justo antes de las doce campanadas… Así Ash sólo hubiese puesto la casa y los ánimos porque el verdadero trabajo se encontraba en la cocina. Brock y Cilan dirigían a los pokémon en tareas como cortar, transportar y calentar la comida. Serena y Dawn continuaban trabajando en las decoraciones y no pararían hasta que la pequeña posada pareciera un auténtico cuesto de fantasía. El resto hacían lo suyo seleccionando la música o probando los canapés, cosa que alegaban era de vital importancia para no disgustar a nadie… incluso hasta el amargado de Paul cooperaban con no amargar a nadie, lo cuál ya parecía una tarea casi imposible de cumplir.

La sonrisa de todos era clara y genuina, excepto la de May que parecía necesitar pinzas para sostenerse. Incluso Iris, que solía ser ajena a las emociones de los demás, le preguntó si estaba bien y le pasó otra tanda de bocadillos para intentar alegrarla. Aunque la comida siempre le sentaba bien, lo que verdaderamente la trajo a la vida fue el momento en el que Drew y Solidad cruzaron la puerta de entrada.

—¡Me alegra que hayan podido venir!

—No nos perderíamos de esta fiesta por nada del mundo —respondió el joven dandy.

—Pasé a recoger a Drew, pero el tráfico esta horrible, todo mundo quiere llegar a casa para estar con los amigos y la familia.

—Lo importante es que ya estamos todos reunidos aquí para empezar a festejar —dijo moviendo su flequillo como solía hacer muchas veces.

Algo dentro de May se contrajo y por un instante desvió la mirada. Realmente no todos estaban ahí y aunque con justa razón, muy pero muy en el fondo le dolía que nadie nunca lo tomara a él como parte del grupo… más cuando había sido en parte su culpa que se hubiesen unido como grupo, tiempo atrás.

—¿Pasa algo, May?

Reaccionó ante la pregunta de May, justificando que no era nada, que sólo se había distraído un segundo. A continuación, dijo que había olvidado una cosa en casa y que no tardaría nada en volver. Incluso, Solidad ofreció llevarla, pero alegó que vivía a unas cuantas cuadras y que con el tráfico llegaría más rápido caminando. Sin decir más, tomó su chamarra y salió por la puerta.
 

 
Habían luces en todas las calles, hombres disfrazados de Santa, música en el ambiente y aromas de toda clase yacían en el éter de la ciudad. La gente avanzaba a ritmo vertiginoso, por instantes deteniéndose a ver el espectacular del nuevo modelo de PokeNav o de esa banda en la cabaza que tan de moda se acaba de poner. Continuó avanzando hasta observar el gigantesco pino de luces del Parque Central adornado de pokéesferas y en cuya punta una parvada de Pivodes han adoptado de hogar temporal. Por donde avanza, mira la sonrisa de los niños y los rostros de sus no tan alegres padres que han gastado el sueldo del mes en regalos.

Por fin llegó a su destino. Aquella casa siempre le ponía la piel de gallina, parecía una auténtica mansión del terror, se notaba a leguas quién era su infame dueño. Rumbo a tocar la puerta, notó la reja abierta. ¿Sería prudente entrar? ¡Bah! Ni que él entendiera la palabra modestia. Todo se veía oscuro y aterrador. Subió por las escaleras con temor, como si esperara a que los tablones fuesen a cobrar vida y una grieta se la comiese viva.

Era una casa bastante amplia para que sólo la habitara una persona. Ahora que recordaba, desde el día que se conocieron jamás había mencionado algo sobre su familia o sobre otros “amigos” que no se trataran de ella, Solidad o Drew. Sobre el pasillo una puerta se encontraba abierta e irradiaba luz, se acercó con sigilo y miró por el rabillo de la puerta.

Se encontraba sentado frente a una chimenea de fuego casi extinto; sus pokémon le acompañaban.

—Es un poco temprano, pero ya saben que no me gusta mantenerme despierto esta noche, así que… ¡Hora de los regalos! —De una mochila empezó a sacar cajas de todos los tamaños y colores—. Este es para Wiggly; este para Ari… ¡Calma pequeño Octi, no creas que me he olvidado de ti!... Banny, cariño, para ti… y por último… mi querido y estimado Cacturne.

Le enterneció ser la escena, siempre olvidaba que por muy cretino que fuese con la gente con los pokémon se transformaba en otra persona: una sumamente cariñosa y amistosa. ¿Por qué no podía ser así todo el tiempo? Sonando más egoísta… sería feliz si con ella fuese la mitad de bondadoso que con sus pokémon.

El fuego aún luchaba por mantenerse con vida, una pequeña ráfaga de humo pasó por la puerta haciendo a May estornudar.

—¡Mierda! ¡Olvidé cerrar la reja! ¿Quién esta ah…!

—¡Tranquilo! —gritó May revelándose del velo de la oscuridad.

—¡May!... ¡Espera! ¡¿Qué carajo haces aquí?!
 
¿Qué podía decirle? ¿Que había sentido remordimiento por lo último que dijo? ¿Qué por mucho que le colmara el plato no quería odiarlo? ¿Que no pudo evitar pensar que de realmente se la pasaba mal en esas fechas? Antes de que las flamas murieran por completo, pudieron contemplarse por un instante: él no llevaba su típico atuendo extraño... ¡Hasta parecía una persona normal y decente con aquella sudadera verde, unos pants negros y un listón dorado sujetando su cabello! Ella, aun con la chamarra encima, dejaba ver parte de su elegante vestido rosa que la hacía ver aún más encantadora, un gran boche en forma de Beautifly —su pokémon favorito— sobre la cabeza y unas zapatillas que casi parecían de cristal.

—Entonces… el regalo... ¿era para tu Cacturne? —Él asintió con la cabeza, pero no estaba bien consiente de lo que hacía, seguía embobado por aquella visión.

—¡Oye, espera, eso no contesta a mi pregunta! —reclamó tras regresar a la realidad.

—¿Yo? Eh, lo siento, de verdad no debí entrar sin tu conocimiento, aunque si tocaba no estaba muy segura de que me fueras a abrir —se quedó callado con eso—. De todos modos, sólo vengo de rápido… Yo… quería darte esto.

Se le acercó y sacó una pequeña caja de su bolsa, tenía un simpático listón morado del mismo tono que su cabello. Harley tomó aquella cajita como si se tratara de su vida misma.

—Ábrelo.

Casi no se aguantaba las lágrimas, pero cuando era necesario sabía fingir bien.

—Es… ¡Es una gema planta!… Pero, ¿cómo?

—¡No me lo vas a creer! —exclamó poniendo una pequeña sonrisa—. Se me ocurrió pasar al bazar del puerto y justo hoy desembarcó un montañero… ¡que traía un cargamento de gemas para vender!

Aunque el rostro de Harley se había iluminado como el árbol del centro de la ciudad, poco a poco se fue apagando y tornando ceniza hasta desaparecer.

—Supongo que eso… significa que al final compraste otra más para regalar, ¿no es así?

Ella se extrañó con la pregunta, principalmente la razón de porque sonaba tan triste y desesperanzado.

—Ah… no, al final terminé optando por otra cosa… ¡Pero se trata de un secreto! —coreó guiñando el ojo, pensando que no tardaría ni un segundo en responder; sin embargo, sólo se quedó silencio suspirando un fantasmal “ah…” que le hizo sentir mal.
Sabía que nadie, ni siquiera él, merecía estar triste en Navidad.

—Gracias…

… ¿Qué había dicho? ¿Estaba soñando? Harley había dicho… ¿gracias? En todos los años que tenían de conocerse jamás lo había escuchado mencionar esa palabra, o al menos no de forma que no sonara egocéntrica y falsa.

Lo miró por un segundo y su mirada se robó su atención. Sus ojos se miraban cristalinos y por primera vez le parecieron tiernos y sinceros. Aunque ella no fue consciente no pudo evitar sonrojarse ligeramente.

—May… yo…

Tras aquellas palabras no dijo más, se había quedado paralizado, incluso, notó un cierto temblor en sus manos.

Entonces, las sostuvo por un breve instante con las suyas. Eran sorprendentemente tersas, pero estaban increíblemente frías.

—Harley… si quieres… acompáñame a la fiesta…

El joven de cabello violeta no pudo hacer otra cosa más que abrir la boca y tragar saliva sin poder decir nada. Sus manos comenzaron a temblar más de la cuenta, casi al punto de soltar el regalo. Pero no dejaba de mirarla, con una mirada profunda, tanto que parecía que la miraba al alma. Sus pokémon, que hasta el momento se encontraban sobre la cama tampoco había dicho nada y se limitaban a ver la escena con curiosidad y emoción, en especial Cacturne, quien parecía entender perfectamente los sentimientos de su entrenador.

—¡Los chicos están preparando una olla gigante de ponche! Y eso no es lo mejor, los hornos llevan desde la mañana sacando y sacando comida ¿Sabes cuánto es eso? ¡Es muchísima comida! Drew y Solidad estarán felices de verte, a mi hermano y a un par de chicos ya los conoces, pero ahora que todos se han reunido verás que nos la pasaremos en…

Antes de poder terminar, Harley apartó sus manos casi de golpe, dando un paso para atrás, susurrando un tenue pero firme “no” que detuvo su bella ilusión. May se sobresaltó por la reacción, no entendía por qué el cambio repentino de carácter.

—Harley, ¿estás bien? ¿Qué tienes? Vamos, sólo quiero que pasemos un buen rato tú, yo y los demás.

Aquellas palabras lejos de mejorar la situación parecieron hacerlo sentir peor, haciendo que comenzara a respirar pesadamente y a gimotear.

—May… vete… perdón… yo… lo siento… yo no…

—¡Harley! ¿Por qué nunca me dices qué es lo que te pasa? Si de verdad fueras más sincero conmigo, yo…

—¡¡May, que te largues!!

Aquel grito fue capaz de hacer saltar de la cama a sus propios pokémon, más acostumbrados a ver otras facetas de su amo. Respiraba pesadamente, ya todo su cuerpo temblaba, tenía las piernas arqueas, la espalda encorvada y un nudo que empezaba en la garganta y terminaba en el corazón.

May sólo pudo retroceder lentamente hasta llegar de nuevo a la puerta. Se decía para sí misma que tenía que estar enojada, que tenía todo el derecho del mundo a reclamarle que era un malagradecido y que no se volvía a preocupar por él en lo que le quedaba de vida… pero aún así, sólo se volteó y sujetó el picaporte con fuerza.

—Feliz navidad.

Y cerró la puerta.
 

No dejaba de mirar por la ventana, donde se reflejaba lo infinito de su tristeza. Tenía a Banette sobre su pecho, lo acariciaba como si de un Meowth se tratase. El resto dormía sobre su cama.

—¿Te acuerdas del día que nos conocimos? También miraba por la ventana, nevaba. La gente se veía tan feliz allá fuera gozando de su familia. Mamá y papá no regresarían hasta dentro de un mes. Yo era un niño y tú un Shuppet. Cómo pasa el tiempo…

El pokémon tomó la mano de su amo. Harley respondió con un beso en su frente.

—Descuida, pequeño, ya no me siento tan solo, los tengo a ustedes después de todo —su pokémon sonrió y él al menos lo intentó.

—Siempre es lo mismo… siempre en estas fechas y siempre en mi vida…

Paso un rato hasta que el fantasma fue presa del sueño, se alegraba de no haber capturado uno con la habilidad de insomnio. Llevó a su pequeño con el resto y él se dirigió hacia el ropero. Abrió las puertas de lado a lado. Ahí, se encontraba un magnífico vestido verde, la más grade de todas sus obras como diseñador. Tanto el color como el bordado dorado y los detalles recordaban sutilmente una elegante y orgullosa Serperior. Y en medio de tan magníficamente creación había un pendiente unido al vertido, mejor dicho, un recoveco vacío.

Sacó la caja de su bolsillo y retiró con delicadeza la gema planta para colocarla donde debía ir. En tan sólo unos instantes su obra por fin estaba terminada. Una gema brillante y resplandeciente, del verde más llamativo y vibrante que hubiese visto nunca a la altura de su corazón, justo donde él deseaba estar.

Si tan sólo ella… sí tan sólo él…

No dijo nada. Tomó su reproductor y los audífonos de la mesa, colocó la canción y sujetó el vestido. Ahí, bajo el embrujo de la música, comenzó a dar pasos gráciles y sutiles, con giros calmos como a ritmo de vals. Cerró los ojos, exhaló con fuerza y al abrirlos…

Al abrirlos, no se encontraba más en su habitación, en una fría casa que jamás le dio el confort de una familia, que nunca vio amistades recorriendo su laberíntica fachada. No, ahí no. Se encontraba en un lugar blanco como la gruesa capa de nieve que se había acumulado afuera, uno donde la música lo movía todo. Y en sus brazos no se encontraba un pedazo de tela inerte.

Estaba ella.

Ella se movía a su ritmo; ella le miraba con una gracia infantil durante un giro y, al otro, con el deseo de una dama de fuego. Con él, May era frágil, ávida de una guía en la vida que sólo el podía ofrecerle; en otro instante, era él quién necesitaba aferrarse a su regazo y calor para poder vivir, para poderse sentir querido y amado de una vez por todas.

Aquel mundo impoluto comenzaba a cambiar de tonalidad con el cambio de intensidad de la melodía. Las luces reflejaban un caleidoscopio multicolor: rojos, azules, verdes, amarillos… un color diferente en cada lágrima que se le escapaba, al igual que una ilusión que se le moría en cada compás.

Se habían conocido años atrás, el en ferry que lo llevaría de vuelta al lúgubre lugar que llamaba hogar. Nunca supo exactamente qué fue lo que le llamó la atención, pero desde que la conoció, no pudo dejar de llamar su atención. Tal vez era esa forma tan suya de ser, o el hecho de que no parecía rendirse nunca. Quizás el hecho de que, por mucho de que la fastidiaría, ella sabía cómo salir adelante, y no había cosa que más deseara en el mundo que hacerla caer, que alguien así lo mirase a él como algo más grande de lo que ella sería nunca.

A él. Sólo a él.

Odiaba eso, detestaba que su sonrisa resplandeciese como el sol para todos; deseaba que fuese sólo suya. Deseaba verla sufrir, deseaba que todos los sentimientos que pudieran habitar en su corazón fuesen hacía él y a nadie más. Pero más odiaba el sentir que no podía vivir sin ella.

Ella vivía en su mente; siempre ella, sólo ella.

—Harley, ¿en quién piensas?

—¿Uh? Es obvio qué en ti, ¿en quién más?

La melodía había llegado a su cúspide. La abrazó sin importarte sin importarle si la dejaba sin aíre.

—Harley…

La hundió en su pecho y se dejó perder en su cabello, en lo terso de su espalda, el lo embriagante de su aroma.

—Harley, llévame lejos de todos y de todo. Llévame a un lugar mejor, en donde pueda amarte tal y como eres.

—Mi… cielo…

La música comenzaba a distorsionarse como lo hacían todos los recuerdos de su mente. Quiso besarla, pero al abrir los ojos, ella no estaba ahí. Se encontraba mirando la ventana, con lágrimas escurriéndole por la mejilla. Miró a lo alto, donde había hermosos fuegos artificiales iluminándolo todo; miró por debajo de la calle y había un mundo que él no conocía.

Y no pudo más, se desplomó ahí mismo, intentando ahogar su llanto en su creación.

Desde el día que la conoció, desde que su sonrisa iluminó su vida, se juró destruirla porque él no conocía más que los rechazos y los desprecios; pero por más que siempre lo intentaba ella siempre se ponía de pie y no se dejaba vencer ante sus crueles jugarretas. Fue así que ella se volvió el centro de su vida, la motivación de todos sus trabajos y de su indiscutida ruina.

Por más que lo hubiese querido, sentía que no podía cambiar, que no podía dejar de ser él mismo y que como tal estaba condenado a sufrir a causa de su obsesión… Creyendo que un estúpido vestido iba a mejorarlo todo.
 
Porque ella estaría en esa fiesta divirtiéndose como siempre.
Ella comería y bebería hasta desfallecer.
Ella contagiaría a todos con su dulzura.
Ella bailaría con el tonto de Drew.
Y ella lo besaría bajo el muérdago.
 
 
En aquel lugar no había espacio para él. Su soledad era tan pura como la nieve que caía.

 

[Imagen: QrfVVyd.jpg]
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#2
No conozco mucho del pairing pero puedo decir con seguridad que debe ser de los mejores trabajos que deben existir sobre la misma. Todo ese angst es increíble. Esa obsesión de Harley de que May sea solo para él y la impotencia de que eso no se va a cumplir. 

Me encantó muchísimo Plushy, es de las cosas más lindas -y trágicas- que leí de vos.
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#3
Pobre Harley. Muy triste por dentro, pero no tiene la fuerza emocional para sacar su lado más amable.
Rompe mi armadura si quieres. Al final, terminarás arrepintiéndote de hacerlo...
[Imagen: IIhG3l7.gif]
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#4
Y... esto es lo que pasa cuando eres una pésima persona que además es desagradable. Sólo la gente agradable tiene derecho a ser horrible. 

No esperaba un final feliz y la verdad no me parece que hubiera quedado bien. No va con Harley ser sincero y ser feliz, por fácil que sea simpatizar con él a veces. 

Me pareció bonito, muy bonito, aunque triste sin duda. Bastante alegórico en el buen sentido.
[Imagen: JCEDJoJ.png]
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