Longfic- Pokémon: Ragnarok

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FranquiciaCoregames
GéneroAcciónDrama
Resumen

El fin del mundo se acerca, y humanos y pokémon deberán unir fuerzas para detenerlo. Secuela de "Reconexión".

Advertencia
#1
[Imagen: Pokemon_Ragnarok.png]

Mostrar (IMPORTANTE) Acerca de este longfic
"Pokémon Ragnarok" es la culminación de meses y meses de planeación por parte de esta autora. Su concepción como proyecto dio inicio por dos motivos en concreto: 1) La creación y concepción de mi segundo fanfic, "Las Corrientes de la Vida", que no solo sirvió como semi-secuela de mi primer fic, "La Soledad de un Campeón", sino que además abrió la posibilidad de construir un universo compartido de fanfics de Pokémon que tomasen lugar en la misma realidad y en la misma continuidad; y 2) Mi amor hacia la tercera generación de Pokémon y el lore de los juegos de Hoenn en general.

Si este es el primer fanfic mío que estás leyendo y no tienes ningún conocimiento previo sobre mis anteriores one-shots, te sugiero con toda la amabilidad del mundo que abandones este fic inmediatamente y no regreses hasta que hayas leído todas las historias previas (sí, esto incluye los especiales que escribí para las actividades de Halloween y de Navidad en el pasado año 2020), puesto que arrojan un montón de luz y de contexto a todo lo que ocurre y ocurrirá a lo largo de este relato que constará únicamente de 5 capítulos, los cuales espero contendrán todo lo que a un lector o a un fan promedio de Pokémon espera encontrar: drama, aventura, acción, romance, lore y momentos épicos por doquier.

No puedo dar inicio a todo esto sin mencionar antes a los usuarios @Maze @Sakura @Lawl. @Velvet @ y @Gold , tanto por haber leído mis historias como por, en algunos/otros casos, alentarme para llevar a cabo este gran proyecto, con excelentes fanfics como "Oscilaciones", "Gen Bersérk", "Alma de Plata" y "Pokémon: Connection" que sirvieron como gran fuente de inspiración a la hora de comenzar escribir a este longfic, con comentarios positivos y con críticas constructivas que me ayudaron a percatarme de mis flaquezas como escritora y a intentar corregirlas en posteriores relatos. Les agradezco mucho a todos ustedes su apoyo y el haberme hecho sentir en el poco tiempo que llevo aquí parte de esta pequeña pero bella comunidad, y espero que disfruten leer y seguir esta historia tanto como yo disfruto el escribirla.

Como comentario final, y ya para no hacer más preámbulo, sugiero encarecidamente que, además de leer todos mis fics anteriores para entender mejor este, remiren la trama del Episodio Delta de Rubí Omega y Zafiro Alfa y de los juegos de Pokémon X e Y, ya que esta historia hace mucho énfasis en ella, tratando de atar cabos que dichas historias dejaron sueltos. Cualquier discrepancia o contradicción al lore que se vea en la historia contada en estos capítulo deberá ser tomada como parte de un universo alterno, o simplemente como una libertad creativa por parte de la escritora. La crítica y las observaciones con respecto a faltas de ortografía o mala separación de párrafos también serán tomadas en cuenta en pos de arreglar dichos problemas a posteriori mediante la edición, así como también los comentarios serán respondidos cada vez que un nuevo capítulo sea posteado.  






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Capítulo 1: Allegro

                                                            “La calma es el preludio a la tormenta”
 

Comenzará con un destello. Con el rugido del viento, la subida de la marea  y el estremecimiento del suelo.

Dos entidades que nunca debieron ser despertadas de su eterno sueño volverán a encontrarse por última vez.

La gran estrella emitirá un fuerte brillo, anunciando con él el fin de los tiempos.

El señor de la tierra incendiará el cielo, invocando al fénix portador de la muerte. La nieve y los rayos destruirán todo a su paso.

Y los continentes se perderán en lo más profundo del océano.

El planeta se cubrirá de agua, en el despertar de una nueva era.

Humanos, pokémon. El tiempo de ambos llegará a su fin.

A menos...
     

 



[Imagen: 181637d2b12fe04f74bfdab59eb19761.jpg]

“Era más impresionante la última vez que estuve aquí.”


Parada sobre la azotea del Pilar Celeste, Zinnia observaba en silencio el precioso cielo  azul marino, con su larga y roída capa ondeando por la brisa que el aire nocturno había traído consigo. Sus ojos observaban preocupados y con precisión el firmamento, en busca de y listos para detectar aunque fuera una sola señal entre las estrellas que le indicase que él estaba por allí. Que podrían contar con él cuando el momento llegase.

“Rayquaza, por favor” gemía inconscientemente en voz alta “Si puedes escucharme, di algo. Dime que estarás allí para nosotros.”

No obtuvo respuesta más que el silencio de la noche, seguido del viento soplando con mayor potencia para luego detenerse. Sus nervios y su desesperación crecieron exponencialmente mientras su mirada se posaba en aquella gran estrella que brillaba más fuerte que el resto.

“Sé que estás allí arriba” empezó a murmurar, sollozando a la vez que se dejaba caer de rodillas al suelo, buscando misericordia y comprensión “¿Por qué me ignoras? ¿Crees que te importuno? ¿Que lo que he venido a pedirte no importa? Después de tantos siglos, después de habernos dado esperanza y la posibilidad de evitar que nuestro mundo se destruya, ¿Ahora nos das la espalda y haces oídos sordos a mis súplicas? Tan solo contéstame. Es todo lo que te pido.”

Pero ni Rayquaza ni nadie le contestó. El viento sopló una vez más, esta vez de manera más suave. Mientras bajaba la cabeza y contemplaba el sucio y polvoriento suelo sintiéndose defraudada, sintió que algo golpeaba su espalda con cierto dejo de timidez. Al darse la vuelta se dio cuenta de que se trataba de Salamence. El colosal pokémon dragón intentaba animarla dándole pequeños mimos con el hocico, buscando tranquilizarla. Al igual que el de su ama, su rostro denotaba tristeza, abatimiento. Como si la llama de la vida se hubiese extinguido en sus ojos.

“Oh, Salamence” dijo ella apenada, empatizando con su pokémon y acariciando su hocico con sus ya fríos y descuidados dedos. Acto seguido le abrazó, trayendo su cabeza hasta su pecho “He buscado todas las formas que conozco de contactarle, pero ninguna ha funcionado. ¿Acaso el sufrimiento jamás acabará? ¿Acaso todo ha sido en vano y esta vez no nos salvaremos?”

“Todo ha terminado por fin. Te estoy muy agradecida. Voy a tomarme un tiempo para reflexionar si es posible un nuevo comienzo cuando todo se ha perdido. Hasta nuestro próximo encuentro, Zinnia.”

La carta que le había entregado a Brendan con ayuda de su fallecido Whismur el día en el que el joven y Rayquaza consiguieron destruir el meteorito que amenazaba con impactar sobre la región de Hoenn y hacerla desaparecer en la explosión. Todavía recordaba claramente cada palabra que había escrito en ella con la poca tinta que le quedaba, pero feliz sabiendo que todo lo que había hecho, todo lo que había trabajado para invocar al pokémon legendario y conseguir que ascendiese a aquel estado con el cual podría hacer añicos aquella apocalíptica bola de fuego y de muerte que sus antepasados habían vaticinado sería el fin de los tiempos había valido la pena, que por fin había cumplido la promesa que se había hecho. La promesa que le había hecho.  

“Aster...”

Oh, pero qué bella mentira era ahora la que estaba escrita en aquel arrugado e inservible trozo de papel manchado con tinta. Si tan solo las mentiras pudiesen salvarlos de la calamidad que se avecinaba...

“No debes perder tan pronto la fe” dijo de pronto una voz seca y rasposa, pero que desbordaba templanza y sabiduría en el tono que había empleado “Aster hubiese querido que la mantuvieses.”

“¿Qué es lo que haces aquí?” preguntó Zinnia sin siquiera abrir los ojos, aún abrazada a Salamence y dejando salir las lágrimas repletas de dolor y de angustia.

La misteriosa y enigmática figura salió de entre las sombras para retirar la capucha del largo manto negro que cubría su cabeza y cuerpo: era Spenser, el viejo as del Frente Batalla a cargo del Palacio Batalla. El calvo, barbudo y experimentado entrenador avanzó hacia Zinnia lentamente, cojeando y sosteniéndose con ayuda del báculo azul que llevaba en su mano izquierda, produciendo golpes secos con él sobre el suelo.

“Me preocupas, al igual que has preocupado al resto del Clan Meteoro desde que decidiste darle la espalda” contestó una vez estuvo parado frente a ella “Si has venido hasta aquí con el plan que te he visto tratar de ejecutar, me rompe el corazón decirte que no funcionará. Rayquaza no es y jamás ha sido de tener audiencias con cualquier mortal tras unas simples plegarias, sea quien sea. Solo se hará presente ante los elegidos, y lo sabes.”

“Y tú sabes más que bien que esa no fue la única razón por la que vine hasta aquí” retrucó Zinnia de forma hostil y casi ladrándole, finalmente viéndole a los ojos.

“Ya lo creo que sí” aseguró Spenser con una mezcla de sarcasmo y de melancolía en sus palabras “Piensas que si te tiras desde lo más alto del Pilar Celeste te reunirás con ella. Y es por eso que he venido para detenerte antes de que cometas una tontería. Suicidarte no te devolverá a Aster, y tampoco a Whismur. Además, todavía te queda una tarea más por cumplir en este mundo, y es asistir a los elegidos en cuanto la hora llegue. Guiarlos y asegurarte de que hagan lo que deben de hacer.”

“¡No te atrevas a decirme cuál es y cuál no es mi tarea, Spenser!” gritó la cronista enfurecida. Sus rojos ojos brillaban con una ira primitiva, casi asesina “¡Tú no eres quien para darme órdenes! ¿O es que ya te has olvidado de tu traición a nuestro clan? ¿El cómo intentaste miles de años atrás controlar a Kyogre con el prisma azul para adueñarte de la energía natural antes que Groudon en tu afán por convertirte en un dios?”

“Mi traición fue monstruosa e imperdonable, y el prisma azul reprendió mi osadía conectándome por siempre a la mente de Kyogre, dándome la vida eterna y forzándome a ver a mis hijos, nietos y bisnietos envejecer y morir uno tras otro, teniendo que sobrevivirles a todos ellos” reconoció el viejo as del Frente Batalla con gran pesar, haciendo a un lado su manto para dejar expuestos las espantosas parodias de tatuajes en sus hombros en las que se habían convertido sus venas, emulando las marcas rojas de la letra Alfa representativas de Kyogre, el pokémon legendario señor de los mares “Sin embargo, el clan ha sabido perdonarme con el pasar de los milenios, y aceptarme nuevamente como parte de ellos. El por qué tú no lo has hecho todavía escapa a mi comprensión, considerando que he sido amable contigo desde el día en el que naciste. Incluso llegué a cambiarte los pañales cuando tus padres no podían hacerlo. Te conozco mejor que lo que crees, y sé que sabes que esto está mal. No te digo que me perdones o que pienses de forma distinta sobre mí. Solo quiero que te des cuenta de la mala decisión que estás tomando.”

“Tu amabilidad hacia mí no cambia nada” respondió Zinnia entrecerrando los ojos, bufando “Tal vez les hayas convencido de que has querido cambiar, reinsertándote en la sociedad como parte de ese circo de feria llamado Frente Batalla que montó ese tal Scott, pero a mí no me engañarás. En el fondo sigues siendo el mismo anciano avaro y con sed de poder que fuiste aquel día. Nada de lo que digas me convencerá de lo que quiero hacer. Lo que debo hacer.”

“Pues adelante entonces” contestó de inmediato Spenser, señalando con el báculo hacia un costado de la azotea, a modo de invitación “Ve hasta la punta y salta. Más antes de hacerlo recuerda lo que te digo en este preciso instante: sin ti, los elegidos perecerán, y el mundo entero, nuestra civilización entera, todo el esfuerzo que hemos realizado por convivir pacíficamente con los pokémon a través de las incontables generaciones de este planeta...todo eso se perderá para siempre. Así que hazte la siguiente pregunta, y quiero que pienses bien en tu respuesta: ¿Estás dispuesta a destruir la tierra a pesar de las consecuencias que aquello conlleva? ¿A condenarnos a todos solo para estar con las personas a la que más amas en toda la existencia? ¿Sacrificar millones de vidas solo para ver de nuevo a otras dos?”

Zinnia tragó saliva y desvió la mirada. Ya no podía seguir manteniéndole la mirada al sabio. Ya no sin avergonzarse. Lo odiaba implacablemente, más le había dado donde más le dolía, y no había forma alguna de objetar a lo que acababa de decirle.

Oyó como Salamence resoplaba furioso y enseñando sus colmillos, viendo a Spenser con el mismo desprecio que ella misma le tenía. El pokémon dragón parecía disgustado al ver que aquel viejo decrépito había empeorado el estado de ánimo de su entrenadora y mejor amiga, y estuvo a punto de arremeter contra él de no ser que sintió la mano derecha de Zinnia apoyándose y dando cariñosas palmadas sobre su largo cuello, haciendo que frenase su ataque y relajase los músculos de su cuerpo.

“Tienes razón” admitió finalmente, suspirando “Te detesto con cada parte de mi ser pero...no puedo hacer esto. No puedo morir sabiendo que defraudé a mi clan, o a Hoenn para el caso. Estaría haciendo exactamente lo mismo que te he reprochado. Pero...¿Realmente soy yo la llave a Rayquaza? ¿No existe aunque sea la más mínima probabilidad de que el Oráculo se haya equivocado?”

“Las visiones y predicciones del Oráculo siempre se han cumplido tal y como son descritas” refutó Spenser negando con la cabeza, cruzándose de brazos y apoyándose sobre su bastón “Si alguien tiene que servir como la llave a Rayquaza, esa debes de ser tú, la actual y única cronista del Clan Meteoro. Así como en su momento guiaste al joven Brendan para que despertase la mega-evolución de Rayquaza y destruyese el meteorito para capturar a ese aborrecible ser del espacio exterior, deberás guiarlo nuevamente y junto al otro elegido para que Rayquaza pueda poner fin al inminente cataclismo. Es tu deber no solo como cronista, sino también como guardiana de Hoenn y gran maestra y domadora de los pokémon de tipo dragón.”

La verdad en las palabras del viejo produjo que Zinnia volviese a desplomarse arrodillada sobre el piso, rompiendo en llanto y ocultando su rostro con ambas manos, desconsolada. No quería seguir sirviendo como cronista, y mucho menos como la emisaria de una deidad que parecía estar menos que interesado en ella o en lo que le pudiese ocurrir. Pero a su vez sabía que todo lo que Spenser había dicho era cierto. Y además el momento se estaba acercando. Podía sentirlo en el aire que les rodeaba, en el crujir de la tierra debajo de los cimientos del Pilar Celeste. En el resonar acústico del bravío e indómito oleaje. Su mente divagó en busca de un lugar feliz y apartado del resto, hasta que de pronto recordó y comenzó a cantar en voz baja una vieja canción. Una vieja canción de cuna que su madre y su abuela le habían enseñado desde que tenía uso de razón, y que era más vieja que el tiempo mismo.

Hijos de la Noche
Mi plegaria oíd
Hijos de la Luna
Ya no hay que llorar
Regocíjense
Hijos de la Noche
Sobre el firmamento
Dormid en paz ♪

Apenas había terminado su solitario canto en forma de rezo cuando Spenser se le arrimó para apoyar su mano izquierda sobre su hombro derecho.

“Es el momento de partir” dijo el anciano con solemnidad “El Clan Meteoro y el Clan Endrino se unirán en unos minutos en Arrecípolis para discutir todo este asunto, y deberás estar allí para hacerles entrar en razón.”

“Entonces no debemos perder tiempo” respondió ella decidida, incorporándose para luego subir al lomo de Salamence y extendiéndole la mano derecha a Spenser para indicarle que debía hacer lo mismo, ofreciéndose a ayudarle “Vayamos ya mismo.”

Spenser tomó su mano y subió de inmediato, sujetándose a la cintura de Zinnia y atando el báculo a su espalda con tal de no perderlo en cuanto abandonasen el suelo. Salamence rugió y, cobrando impulso, abrió de par en par sus enormes alas rojas para emprender el vuelo, dejando detrás el Pilar Celeste en cuestión de segundos con una velocidad sorprendente. Mientras se alejaban de allí, la joven cronista vio por última vez hacia atrás aquella gran estrella, y una sonrisa repleta de tristeza se dibujó en sus labios.

“Algún día, Aster” musitó débilmente “Algún día.”

 
                                              



“¡Les digo que debemos hacer algo!” reclamaba fastidiado uno de los más jóvenes doma-dragones dentro de la sala “¿Es mucho pedir?”

Los clanes Endrino y Meteoro se hallaban reunidos y discutiendo dentro de una sala oscura, iluminada únicamente con una pequeña lámpara colgada del techo, cuya luz revelaba una gran mesa oblonga sobre la cual los más importantes y representativos miembros de ambas facciones  deliberaban acaloradamente su situación. Los discípulos y demás domadores de dragones de menor rango permanecían allí parados, rodeando la mesa y escuchando atentamente la discusión, en ocasiones pidiendo permiso para hablar en un mar de voces y gritos. El desbande era general.

“¡ORDEN, ORDEN!” gritó desde su asiento la Gran Matriarca del Clan Meteoro, golpeando fuertemente la mesa con su puño izquierdo, indignada ante aquella ensalada de opiniones en guerra, logrando que la sala quedase en completo silencio “¡Damas y caballeros, no permitiré este tipo de actitudes en este monasterio! ¡Somos personas civilizadas, debemos discutir esto lógicamente! Por ende, y por cortesía, comenzaré cediéndole la palabra al más honorable de nuestros invitados, el Maestro Dragón. ¡Líder del Clan Endrino!”

“Muchas gracias por su gentileza, Gran Matriarca” agradeció el Maestro Dragón, al mismo tiempo que masajeaba su larga y arrugada frente con los dedos de su mano derecha “Miembros del Clan Meteoro. Estoy más que consciente de que desde tiempos inmemoriales nuestros clanes han tenido sus respectivas diferencias, demasiadas para enumerar en una sola noche, y es por eso que considero que, en esta hora oscura, debemos dejarlas definitivamente de lado si queremos evitar el inminente apocalipsis. Separados caeremos individualmente, pero estoy seguro de que juntos podremos poner fin a este conflicto antes de que siquiera comience. Con eso ya dicho, y con el permiso de este comité de emergencia, le doy permiso para hablar a el mayor orgullo de mi familia. Mi querido nieto, Lance.”

“Sí, claro” le susurraba una aprendiz del Clan Meteoro a su compañero con un tono sarcástico y burlón “Dicen que nos unamos, pero te apuesto doble contra sencillo a que en cuanto surjan los problemas serán los primeros en huir con el rabo entre las patas.”

Lance se levantó lentamente de su asiento para acentuar y dejar clara su presencia ante el resto de la gente reunida allí, retirando su capa con su brazo derecho para que no se le dificultase mover el izquierdo. El más poderoso doma-dragón del Clan Endrino y miembro más fuerte del Alto Mando de Kanto y de Johto imponía tanto con su figura como con su penetrante mirada. Incluso aquellos que nunca le habían visto a él y a sus pokémon en acción o que no estaban al tanto de su poder sabían que era alguien a quien era mejor tener como aliado y compañero que como oponente.

“Estimados miembros de este comité” dijo con serenidad y dureza a la vez “Como nuestro maestro bien ha dicho antes que yo, nos hallamos ante un gran predicamento, y posiblemente en nuestro peor momento. El oráculo nos ha advertido sobre una gran amenaza que arrasará no solo con Hoenn, sino con todo el mundo en cuestión de horas. Los demás miembros del Alto Mando al que represento están bien informados con respecto a todo esto, y es por eso que ya han comenzado con los planes de evacuación para ponerlos en marcha una vez las cosas se salgan de control. Personalmente considero que deberíamos hacer lo mismo con vuestro Alto Mando y campeón, puesto que nos han probado en el pasado que son merecedores de nuestra confianza, especialmente después de aquel desastre de hace un año con la ASNH y el proyecto IFVA. Sus pokémon son igual o quizás mucho más fuertes que los nuestros, y serán de gran ayuda para contener a los legendarios el tiempo suficiente para que la gente de las tres regiones pueda escapar y refugiarse en el gran búnker que hemos conseguido construir con los inestimables aportes de Devon y Silph S.A.”

“¿Qué hay de vuestro campeón, Lance?” se atrevió a preguntar el Primer Sacerdote, miembro más destacado del Clan Meteoro siendo superado únicamente en nivel de importancia por la Gran Matriarca “¿Él también está enterado acerca de esto? Sabemos de buena fuente que él y sus pokémon son titánicamente poderosos.”

“El joven Ethan y sus compañeros serán informados de esto a la brevedad” explicó Lance sin perder la compostura “En base a lo que el Oráculo nos ha dicho, tenemos razones para creer que él también jugará un papel importante en todo esto. Por ahora, y en mi más humilde opinión, considero que debemos contactar con el joven Brendan y hallar al segundo elegido, asumiendo que este exista en primer lugar.”

“Y ya lo creo que existe” respondió desafiante Zinnia, ingresando al salón acompañada de Spenser y sin quitarle los ojos de encima a Lance. Todos los allí presentes comenzaron a murmurar y a decirse cosas los unos a los otros en cuanto la vieron entrar.

“¡¿Qué ha venido a hacer ella aquí?!” inquirió Clair con el ceño fruncido, levantándose ipso facto para luego dirigirse hacia Spenser, quien se limitó a devolverme la mirada repleta de odio “¡Y tú tienes mucha suerte o descaro de presentarte sin que te echemos a patadas!”

“Por favor, Clair” dijo el Maestro Dragón con un tono calmo y con un dejo de fastidio en su voz. Afortunadamente solo bastó para que su nieta volviese a sentarse enojada y de brazos cruzados, antes de que la situación pasase a mayores “Me alegra mucho que hayas reconsiderado tu posición, Zinnia. Dinos, ¿Qué tienes para decirnos?”

“Y a mí también, Gran Maestro Dragón” dijo Zinnia mientras lo saludaba con la mano izquierda tanto a él como a la Gran Matriarca y al Primer Sacerdote. La cronista del Clan Meteoro procedió a sentarse sobre la única silla que quedaba vacía y colocó sobre la gran mesa un pesado y voluminoso libro hecho con piel de Tyrantrum, el cual abrió para revelar y enseñar la página que necesitaba “Estoy más que segura y sin lugar a dudas de que la segunda elegida no es nada más ni nada menos que May Birch, la hija del profesor Birch. De acuerdo con nuestras fuentes, sabemos que la muchacha se ha hecho no hace mucho con el poder de un pokémon legendario, más específicamente el de Latias, la pokémon dragona guardiana de la Fuerza Dragón y del secreto de la Mega-evolución. Su pareja, como ya bien sabemos, tiene de su lado a su contraparte, Latios, quien como hemos descubierto no hace mucho tiempo y con ayuda de los últimos descubrimientos en la Cueva Granito, fue alguna vez el cronista descubridor de la Fuerza Dragón y aquel que, convirtiéndose en un pokémon y mediante sus plegarias, logró que la energía de la Fuerza Dragón y la de la Piedra Arcoiris despertasen y permitiesen al gran Rayquaza acceder al estado en el pokémon  que hemos denominado y que conocemos como Mega-Rayquaza. Si todo lo que el Oráculo ha dicho resulta ser cierto, y sabemos bien que así será, Latios y Latias jugarán un papel fundamental asistiendo a los elegidos en la lucha que se desatará una vez el Ragnarok dé comienzo. Nuestro objetivo será proteger a los elegidos y a los dos dragones para evitar que mueran, hasta que hayamos logrado invocar a Rayquaza.”

“¿Qué hay de los Regis?” preguntó Lance llevándose la mano izquierda a la barbilla “¿Sabemos si ellos podrán ayudarnos?”

“Los Regis siempre despiertan cada vez que Hoenn se halla en riesgo de desaparecer y la fuerza de Rayquaza no es suficiente para detener la amenaza” contestó Zinnia “La única posibilidad que tenemos de que ayuden desde el principio es si Regigigas decide intervenir, cosa que dudo considerando su actual estado.”

“Tal vez podríamos valernos de los Regis que posee Brandon” sugirió Clair “Podrán haber venido de otro mundo, pero cuantos más legendarios ayuden a la causa, más oportunidades tendremos de evitar la catástrofe.”

“Los Regis de Brandon son mucho más débiles que los de nuestro mundo” objetó Spenser apenado “Provienen de una realidad en la cual ni la guerra de hace tres mil años, ni la regresión primigenia ni el fenómeno de la mega-evolución tuvieron lugar, por lo que los pokémon de allí jamás alcanzaron el máximo potencial de su poder evolutivo. Además ya nos han dejado claro más de una vez que para ellos nuestros problemas no son de su incumbencia. Aún si de pronto quisiesen ayudarnos, no serían de mucha ayuda. Ni sus fuerzas combinadas serían suficientes para retener a las aves legendarias, o para detener a Groudon y a Kyogre antes de que se hagan con la energía natural.”

“Y hablando de Kyogre” dijo Clair volviendo a ver a Spenser con desdén. Al igual que Zinnia, la prima de Lance seguía sin poder creer que el Clan Meteoro fuese capaz de permitirle a un traidor de su calibre asistir a sus reuniones como si fuese de fiar “¿Qué hay de él? ¿Se ha puesto en contacto contigo? Y si es así, ¿Qué es lo que te ha dicho?”

“Todavía continúa dormido” aseguró el sabio apoyando ambas manos sobre su báculo y con un tono de voz que reflejaba agotamiento y dolor “La conexión psíquica que tengo con él cada vez se hace más y más débil por algún motivo, pero parece tener interés por la elegida. Supongo que trata de decirme que debo encargarme de buscarla, o por lo menos de guiarla hasta su destino. Si lo que el Oráculo ha dicho que ocurrirá con él ya ha ocurrido y mi conexión con él se debilita por la razón que creo, entonces el enemigo ya le tiene en su poder.”

“Entonces creo que es más que evidente lo que debemos hacer” afirmó resuelto Wallace, poniéndose de pie. El elegante y refinado líder de gimnasio de Arrecípolis había permanecido callado desde que la reunión había comenzado, esperando el momento perfecto para hablar “Mientras el Clan Meteoro se encarga de preparar a sus dragones para la batalla, el Clan Endrino deberá asegurarse de hallar la conexión entre la profecía del Oráculo y el campeón de Johto y Kanto cuanto antes. Zinnia y Spenser vigilarán a los elegidos en cuanto lleguen desde Sinnoh a Hoenn, y se asegurarán de que nada les ocurra hasta que hayan cumplido su propósito. Yo y el resto del Clan Arrecípolis seguiremos custodiando la energía natural de la Cueva Ancestral y el Pilar Celeste, e informaremos si detectamos actividad inusual o anormal de algún tipo.”

“¿Todos a favor?” preguntó la Gran Matriarca, volteándose a ver a los demás.

“Yo estoy a favor, y estoy seguro de que mis nietos también lo estarán” dijo el Maestro Dragón.

“Y así es, abuelo” contestó Lance, asintiendo con la cabeza y reafirmando las palabras de su abuelo.

“Temo que es la única opción que nos queda de momento” suspiró exhausta Clair. Llevaba horas sin dormir a causa del estrés que las palabras del Oráculo le habían provocado, y la falta de sueño estaba empezando a afectarla “Así que yo estoy a favor.”  
                      

“Y yo”  añadió Zinnia.

“Yo también” aseguró Spencer.

“Algo me dice que no podremos detener el Ragnarok” dijo el Primer Sacerdote con cierto aire de pesimismo en el tono de su voz. Clair, Zinnia y Spenser le miraron fijamente y con desconfianza “Pero si todo este comité está a favor de la proposición de Wallace, no me queda otra alternativa más que apoyar la moción.”

“Entonces está decidido” anunció la Gran Matriarca, incorporándose con ayuda del Primer Sacerdote. Sus viejos y gastados emitieron un leve crujido al hacerlo “Ya todos saben qué hacer. Ahora id a cumplir cada uno con su papel. Se levanta la sesión.”

                                   



“¡Esto es inaudito! ¡Un escándalo!”

Levitando justo en el centro de su caótico y distorsionado reino, donde el tiempo no avanzaba y el espacio era completamente inestable, Giratina discutía iracundo con sus dos hermanos mediante el enlace psíquico proporcionado por Uxie, Mesprit y Azelf, que unía tanto sus mentes como sus dimensiones para que pudiesen conversar sin inconvenientes. Cyrus, callado y serio, escuchaba atentamente las palabras del pokémon de las sombras y las del Trío del Lago mantenían con los otros dos dragones. Sus voces resonaban en el común y escalofriante silencio que el Mundo Distorsión era conocido por tener.

“Todos los seres vivos eventualmente mueren, Giratina” decía Dialga con severidad. El pokémon dragón del Tiempo no estaba muy sorprendido con la terquedad que su hermano mostraba “Y tanto a los humanos como a los pokémon terrestres y alados les ha llegado la hora. No podemos interferir. El Ragnarok es inevitable.”

“¡No podemos permitir eso!” rugía Giratina todavía enfurecido.  El gobernante del Mundo Distorsión estaba tan encolerizado que parecía que se volvería en una bestia salvaje e irracional en cualquier instante “¡Estamos hablando de dejar sacrificar a millones de vidas con tal de dejar que la naturaleza siga su curso! Nuestro padre estaría avergonzado de que siquiera estemos discutiendo esto, cuando es más que claro que debemos hacer algo. ¡Palkia, por favor dime que tú sí comprendes la magnitud de este problema!”

“Temo que tengo que estar de acuerdo con Dialga en este caso” respondió Palkia apenada. La dragona representante del Espacio sonaba como una madre que estaba lista para dejar salir a su hijo al mundo exterior “Ya le hemos dado a la humanidad más de una oportunidad en el pasado, y nos lo han pagado con ofensas, con ataques y con las peores atrocidades que nos podamos imaginar. Si los elegidos no logran su cometido, el Ragnarok debe acabar con ellos para dar comienzo a una tierra más pacífica y bella.  Además, no es la primera vez que no tomamos partido en eventos de esta clase. ¿O es que necesito recordarte lo ocurrido tres mil años atrás con el Rey AZ, Giratina?”

“¡¿Pero es que acaso no se dan cuenta de lo que dicen?!” exclamó Giratina con rabia en su voz. Se sentía rodeado “Los humanos pueden ser violentos y en ocasiones destructivos, pero son tan importantes para este mundo como lo son los pokémon. Si nos guiásemos por esa lógica, nuestro padre debió haberme borrado de la existencia en cuanto vio mi agresiva naturaleza, y en su lugar me dio la noble obligación de mantener la anti-materia en este lugar, para evitar que destruya el resto del universo.”

“Condenar es la palabra que buscas” señaló Dialga “Te condenó a estar aquí atrapado debido a tus crímenes, y lo único que le detuvo de acabar contigo fue el cariño que te tenía. Siempre fuiste su favorito, y no podía erradicarte sin sentirse un monstruo. La diferencia radica en que la humanidad no cumple ningún papel fundamental en el gran plan de las cosas, como tú sí lo haces. Desde que se separaron de nosotros solo han traído la muerte y sufrimiento al mundo terrenal. Sostienen la creencia de que existen por y para un plan mayor, pero la realidad es que son parásitos, y los parásitos deben ser arrancados de raíz si queremos mantener este mundo en perfecto balance, tal y como nuestro padre querría que hiciésemos con lo que ha creado.”

“¡Oh, brillante idea!” rió Giratina con genuino sarcasmo, descolocando a todos los demás. Luego se volteó a ver a Cyrus, todavía hablándole a Dialga “Dime una cosa, hermano. ¿Qué harás con la muchacha que nos ayudó a salvarlos a ti y a Palkia, detener a este demente para que no destruyese todo nuestro universo? ¿Qué le dirás una vez ella haya muerto? ¿Que ella también era un parásito? ¿Que merecía ser arrancada de raíz junto con los parásitos que son su familia, sus amigos y sus conocidos?”

“Nunca dejaré de estar agradecido con aquella humana” reconoció el dragón del Tiempo “Pero ella es solo la excepción a la regla. Ningún otro humano hubiese hecho lo que ella hizo, y en su lugar hubiese permitido que este universo se destruyese.”

“Te equivocas, y ambos sabemos que mientes”  objetó la gran serpiente ciempiés “Los humanos siempre buscan hacer lo posible por convivir en paz con nosotros a pesar de nuestras diferencias e imperfecciones. Algunos de ellos, como nuestro prisionero aquí presente, han intentado alterar esa convivencia, algo que no negaré, ¿Pero acaso vamos a actuar como si algunos de los nuestros nunca hubiesen hecho lo mismo? ¿Por qué nuestros hermanos y hermanas merecen una segunda oportunidad y los humanos no?”

“Si me permiten un comentario, y creo que hablo tanto por Azelf como por Mesprit, yo diría que Giratina se encuentra en lo cierto” añadió Uxie consternado “Si nuestro padre hubiese querido que los humanos fuesen destruidos, no nos hubiese dado la tarea de otorgarles los dones de la emoción, la voluntad y la sabiduría.”

Azelf y Mesprit asintieron con la cabeza, aprobando las palabras de su hermano. Las seis deidades permanecieron callados por unos segundos, evidentemente pensando en quién tenía la razón.

“¿Sabemos qué piensan los demás acerca de esto?” preguntó Palkia rompiendo el hielo.

“Lugia, Ho-Oh, Celebi, Jirachi, Reshiram y Zekrom  ya nos han comunicado que piensan asistir a los elegidos” dijo Azelf “Xerneas, Yveltal y Zygarde también. Mew, Kyurem y los Tapus han escogido mantenerse neutrales ante esta situación, y han dicho que se asegurarán de actuar una vez que el bando ganador sea claro. Todavía no hemos recibido señal de los Regis, más su decisión final dependerá de si Regigigas decide unirse a la lucha o no.”

“Y Rayquaza está más que dispuesto a cumplir con su rol en todo esto” agregó Mesprit.

“En ese caso les propongo hacer un trato, más bien una simple apuesta” comentó Giratina para sorpresa de todos “Haremos lo que ha dicho Dialga y dejaremos que todo siga su curso. Si el Ragnarok resulta exitoso, veremos qué hacer con el nuevo mundo que Groudon y Kyogre dejarán tras de sí. Pero si se da el caso contrario, si los elegidos demuestran que la humanidad y los pokémon pueden seguir viviendo en paz y armonía, entonces deberemos a partir de ese punto regresar con los humanos. El tiempo de ocultarnos de ellos y de temerles se acabará. ¿Están todos de acuerdo? ¿Les parece razonable?”

Los legendarios dijeron que sí al cabo de unos segundos, y la reunión llegó a su fin. Mientras Uxie, Mesprit y Azelf se tele trasportaban afuera del Mundo Distorsión y Giratina retornaba a su tarea de vigilar las dimensiones conectadas a su vacío y espeluznante reino, Cyrus se quedó allí sentado, reflexionando en todo lo que acababa de escuchar. Si el Ragnarok surtía efecto, su ideal de un mundo sin espíritu llegaría a cumplirse parcialmente. Seguro, aún quedarían formas con alma y vida en el océano, pero el universo que él deseaba crear estaría un paso más cerca de volverse realidad. Solo le bastaría con convencer a Dialga y a Palkia de que el fin del mundo había probado su punto, y una vez que estos le apoyasen, su único obstáculo sería el Ser Original.

Una sonrisa perversa y sádica se dibujó en su rostro.

“Esto será interesante de ver” se dijo a sí mismo.

El reloj que indicaba la llegada del apocalipsis había comenzado a andar. Ya no había vuelta atrás.  

            
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#2
Well that is, quite the crazy idea. Es irónico que sea Giratina aquel que quiera ponerse del lado de los humanos siendo esencialmente una versión de Satán, guess even the darkest of demons gotta have some honour in 'em. Aunque, eso de que muchos de los legendarios ayudarán a los héroes me da una pinta tipo Ilíada, teniendo a los dioses metiéndose en guerra a todo gusto.
Descansa. Hasta que nos volvamos a ver...
[Imagen: SwCanxx.png]
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#3
                                                                  Capítulo 2: Adagio
                               “Las piezas deben ser puestas en el tablero”
 
 
“Thundurus. ¿Me oyes? Si es así, preséntate ante mí.”
 
Su respuesta llegó inmediatamente en la forma de un relámpago tan veloz que ni el ojo humano podría haberle detectado, seguido de un trueno que hirió de muerte el silencio que hasta entonces había habido entre las abundantes y grises nubes de tormenta. Apenas había comenzado a parpadear cuando su hermano de piel azul clara y de un solo cuerno ya había dado acto de presencia, observándole fijamente y parado frente a él. O al menos lo más cercano a estar parado, considerando que ambos aún se hallaban flotando en el aire, utilizando sus pequeñas nubes como medio de transporte. El cielo nublado que les rodeaba liberara potentes tornados y rayos que sacudían y quemaban todo aquello contra lo que impactaban, incluyendo el bosque situado justo debajo de ellos. El alguna vez pacífico Santuario Abundancia ahora era víctima de llamas feroces y de vientos huracanados. La presencia de ambos genios y de la tormenta que llevaban junto a ellos a dondequiera que fueran era más que nefasta para aquel antiguo y sagrado lugar y los pokémon que vivían en él, por no mencionar al resto de la región de Unova.
 
“Aquí estoy.”
 
“También lo has sentido, ¿Verdad?”
 
“Por supuesto que sí. La hora está cada vez más cerca. Pronto podremos divertirnos sin nadie que nos detenga. ¿Ya has recuperado el espejo?”
 
“Así es.”

Una sonrisa vil se dibujó en su boca mientras alzaba el viejo Espejo Veraz con ambas manos para enseñárselo a Thundurus, quien esbozó exactamente la misma mueca en cuanto lo vio.

“No fue tarea fácil localizarlo. Esos buenos para nada del Equipo Plasma planeaban utilizarlo en nosotros para someternos una vez se adueñasen de toda la región. Aparentemente lo dejaron a su suerte una vez que su líder fue derrocado, ocultándolo en lo más recóndito de su palacio.”

“Pobres ilusos. Al haberlo desenterrado nos dieron todo lo que necesitamos para liberar nuestro verdadero poder. El poder que nos fue negado tantos siglos atrás.”

“Pronto deberemos migrar, así que será mejor usarlo cuanto antes.”

Thundurus asintió, y junto a él tocó con sus manos el sucio pero duro vidrio reflejante para absorber la energía oculta que, al igual que su hermano, percibía dentro de él. Y en menos de un milisegundo, el poder que este emitía se repartió entre sus cuerpos, devolviéndoles a sus formas originales.

“Por fin. Ya somos libres. Me siento completo de nuevo.”

“Ahora solo hace falta aguardar a que el momento de cumplir con nuestro papel llegue.”

Una familiar voz, igual de gruesa e imponente que las de ambos, comenzó a hablar desde lo más alto, interrumpiendo su regodeo e iluminando las nubes que se encontraban encima de ellos cada vez que las palabras salían de su boca. El fuego y los tornados disminuyeron su potencia considerablemente, lo que le dio tiempo a varios pokémon salvajes para abandonar la zona de acción junto a sus amigos y familias.

“Tornadus. Thundurus. Deténganse ahora mismo.”

“Puedes tratar de sonar intimidante todo lo que quieras, Landorus. Pero tu influencia sobre nosotros ha llegado a su fin.”

“Con nuestra verdadera fuerza recuperada, ya no hay nada que puedas hacer para interponerte en nuestro camino. Tenemos el espejo en nuestras manos, y tú ni siquiera puedes acceder a tu verdadero estado.”

La respuesta de su hermano mayor no se hizo esperar.

“No necesito de mi forma original para ponerlos a ambos en su lugar. Renuncié a ese poder para evitar volverme igual de mezquino y amoral que ustedes. Y no quiero tener que hacer esto. No tiene por qué terminar así. Por ende les daré una oportunidad: desistan de sus nefastas intenciones mientras aún queda tiempo, y ayúdenme a proteger este mundo al que tanto hemos brindado y que tanto nos ha dado a cambio.”

Tornadus soltó una genuina y estruendosa carcajada. Thundurus se le unió al poco tiempo.

“No nos convencerás de seguir siendo tus esclavos. El Ragnarok debe suceder, y llevaremos la destrucción con él  junto a nuestros hermanos emplumados lo quieras o no.”

“Los humanos y los pokémon tuvieron su chance. Con ellos exterminados, crearemos un nuevo mundo. Uno mejor y mucho más próspero que el anterior. Así que deja de darte aires de grandeza y baja para abandonar ese ridículo aspecto y reclamar lo que te fue quitado. Para ayudarnos a lograr que dicho mundo se haga realidad. ¿Acaso no ves lo que intentamos hacer?”

Landorus se limitó a descender con su nube para reunirse con ambos, cruzado de brazos y viéndoles a los ojos visiblemente indignado. El genio señor de la agricultura estaba realizando un esfuerzo inhumano con tal de contener la cólera y el dolor que bullían a través de sus venas. Su larga cola marrón con protuberancias rosadas se abría y se retraía como la de un gato enojado, claramente un tic o resto que le había quedado de su forma felina original.

“Perdónenme si no comparto su entusiasmo. Pero lo único que veo aquí es a dos genocidas egoístas que están usando todo este asunto como una excusa para justificar el caos que desatarán a futuro. Y que son tan estúpidos que no se dan cuenta de que Groudon y Kyogre eventualmente también se desharán de ellos.”

“Sea como sea, no pararemos. Así que decide: o estás con nosotros...”

“...O en contra.”

Landorus no dijo nada. Levantó sus brazos y, preparándose para lo que sabía que seguía, abrió y cerró las palmas de ambas manos, retando a sus hermanos a que viniesen por él.

“Que así sea.”

Tornadus no se lo pensó dos veces. Llevó sus brazos hacia atrás para poder empujar su torso y abdomen hacia adelante, liberando de estos un potente ataque de Vendaval y lanzándolo en dirección a Landorus. Su hermano mayor, sin inmutarse, esquivó el ataque para luego concentrarse y rodear su cuerpo de un aura roja. Acto seguido voló hasta él a una velocidad espeluznante y descargó sobre su cuerpo todo su Enfado mediante una serie de golpes precisos y demoledores, rompiendo los huesos en su cuerpo, inutilizando sus alas y haciéndole caer desde las alturas para estrellarse contra unos árboles cercanos, sin vida.

Thundurus, que no había tenido tiempo para procesar lo que había presenciado, pestañó y se dio cuenta con miedo de que ahora estaba solo. Sabiendo que se encontraba en desventaja, realizó una Danza antigua y prohibida para convertir las nubes grises en negras e invocar con ellas una Lluvia torrencial, aprovechándose de que Landorus se hallaba confuso debido a toda la energía draconiana que había utilizado para lidiar con Tornadus. En cuanto sintió las gruesas gotas de agua cayendo sobre él y mojando tanto su cabeza como sus hombros, no esperó a que su hermano se recuperase y creó uniendo ambas manos una gran Onda Certera para luego lanzársela a su oponente, quien no pudo evitar el inminente ataque a causa de su mareo.

Sintiendo como el daño y dolor producidos por aquella esfera de energía le traía de vuelta a la normalidad, Landorus se vio a sí mismo en un serio predicamento: si bien los ataques eléctricos de Thundurus no serían problema para él, la lluvia debilitaría enormemente cualquier ataque de tierra que quisiese emplear, reduciendo su potencia notablemente. Su otro hermano menor le sonrió con desprecio y malicia.

“Ahora estamos en igualdad de condiciones.”

“Por ahora.”

Los dos genios se lanzaron el uno contra el otro, chocando en medio del bosque y produciendo una onda sísmica que sacudió los árboles más cercanos con una violencia temible. Una vez quedaron trabados en combate, comenzaron a forcejear con la intención de hacer retroceder el uno al otro, y parecía que ninguno de los dos se iría jamás para atrás. La lluvia se intensificó y los truenos rugieron a la distancia.

“Sin tu forma original, no eres nada frente a mí.”

“¿Quieres apostar?”

Cayendo víctima de la provocación, Thundurus abrió su boca para liberar de ella un potente Hiperrayo, pero Landorus fue más rápido y tapó su boca con su mano izquierda. El rayo de energía estalló dentro de la boca del genio azulado, generando una explosión que hizo que ambos contendientes retrocediesen unos cuantos metros involuntariamente.

“Mald...coff, coff...¡Maldito! Esto...¡Se acabó! ¡ESTO TERMINA AHORA!”

“Y tienes mucha razón.”

Mientras el humo se disipaba, Thundurus contempló tosiendo y horrorizado como Landorus ya estaba haciendo levitar una considerable cantidad de Rocas Afiladas, dejando que flotasen alrededor de su propia órbita. El genio anaranjado estaba listo para desatar su ataque final, viéndole colérico y sin inmutarse ante la caída de la lluvia.

“Perdóname, hermano.”

“¡NO!”

 Pero su cobarde súplica no fue escuchada. Landorus, determinado y conteniendo las lágrimas, le señaló con el dedo índice, y las rocas salieron disparadas hacia él como proyectiles, incrustándose en todas y cada una de las zonas vitales y más vulnerables de su cuerpo, clavándose como pequeños pero poderosos puñales. Sufriendo una indetenible hemorragia interna, el genio de los truenos cayó en estado de shock desde lo más alto de las nubes, colisionando con la firme virgen tierra del santuario y produciendo un enorme cráter en el proceso. Un gran charco de sangre púrpura empezó a formarse alrededor de su cuerpo mientras este regresaba a su forma avatar, sin recobrar la vida que tenía antes. El cielo se despejó, y tanto la vegetación como el agua del lago regresaron a su tranquila y silenciosa inmovilidad, permitiendo a los pokémon salvajes salir de sus refugios a salvo.

Landorus dejó salir un suspiro lleno tanto de dolor como de cansancio, relajando sus músculos. Mientras observaba los cadáveres de sus hermanos y cerraba sus puños con impotencia, descendió aún más que antes para acercarse al cuerpo de Tornadus. El genio del viento había muerto sosteniendo con las manos de su forma avatar el Espejo Veraz, el cual por motivos que escapan a su comprensión había sobrevivido milagrosamente a la caída. Tomando con cuidado y con cautela el gran pedazo de vidrio y metal de su fallecido consanguíneo, contempló por unos instantes su reflejo en él con enojo y decepción. Ahora solo podía ver el rostro de un traidor, de un asesino que había matado a los suyos con tal de ganar una inútil batalla en un evento que no podía ser eludido. Uno que arrasaría con todo lo que él conocía, que quería y que hasta ahora había protegido en honor a su padre y creador.

“Landorus...”

Una infantil pero familiar voz sonó dentro de su cabeza. Sin darse cuenta, apretó el espejo con fuerza.

“¿Qué es lo que quieres?”

“Estoy consciente de que lo hago en un muy mal momento, pero he venido a reclutarte. Y sabes muy bien para qué.”

El señor de la agricultura frunció el ceño y desvió la mirada de su reflejo, fastidiado y apesadumbrado.

“Si piensas que voy a reconsiderar mi posición, has venido en vano.”

“Sabes que esto nos afecta a todos. No puedes darnos la espalda. ¿O es que el verde ya ha dejado de importarte?”

Landorus soltó un estruendoso y ensordecedor  rugido similar al de un tigre, intimidando al pequeño invasor psíquico.

“Nunca jamás vuelvas a insinuar lo que acabas de insinuar frente a mí si valoras tu vida. Amo el verde más que a nada en este mundo, y acabo de pagar el mayor precio con tal de defenderlo. Yo mismo estuve junto a Xerneas cuando las leyes de la naturaleza fueron establecidas por el Creador.”

“Entonces estoy seguro de que ya sabes que Xerneas está dispuesta a apoyar a los elegidos con tal de detener a Groudon. ¿Qué cara crees que pondrá cuando descubra que tú no?”

El genio tardó esta vez en contestar. Tras reflexionar y detenerse a ayudar a un indefenso Petilil que había quedado atrapado en un árbol caído cercano, respondió lentamente a la pregunta.

“Aún si decidiese ayudar, poco y nada podría hacer frente a Groudon. Además, las Aves Legendarias me liquidarían en cuanto intentase acercarme.”

“Pues entonces permanece al lado de Xerneas. Ayúdala a que el verde resista. Me aseguraré de que la victoria se encuentre a favor de ambos en todo momento. Pero la decisión es tuya.”

“Déjame en paz, Victini. Por favor.”

La voz de Victini dejó de hablar, dejando al genio e inmerso en sus propios pensamientos, acompañado únicamente de la muerte y de la quietud del santuario.

                                             



“¡Typhlosion, usa Contraataque!” ordenó Ethan, animado y lleno de vigor.

Typhlosion obedeció ipso facto, poniéndose en cuatro patas y lanzando con su aliento incendiario grandes llamas hacia su oponente. Las llamas en su lomo y hombros ardían con impresionante viveza.

“¡Protección, Swampert!” exclamó Brendan desde el extremo izquierdo del improvisado campo de batalla, preocupado por el estado de su pokémon.

Swampert no perdió ni un instante y generó un campo de energía verde protector que bloqueó el ataque, haciendo que las llamas de su rival estallasen contra este, levantando un montón de arena y polvo en el proceso. Los espectadores provenientes de Ciudad Olivo, congregados alrededor del espectacular combate que llevaba librándose desde hacía una hora en la diminuta playa de la modesta ruta 40, gritaron eufóricos y enloquecidos a causa del choque de movimientos, con cada uno apoyando y diciendo con todas sus fuerzas el nombre del pokémon que querían ver salir victorioso.

“En verdad ambos se han vuelto muy poderosos” pensó para sí Jasmine viendo tanto a Ethan y a Brendan como también a sus últimos pokémon. La líder de gimnasio de pokémon de tipo acero sonrió feliz de poder ser testigo del progreso de ambos jóvenes “Hacía tiempo que no veía un combate así.”

“Tu estrategia fue bastante predecible” afirmó Ethan soberbio, con sus ojos puestos en Brendan. El joven campeón de Johto se hallaba dividido: un parte de él quería desesperadamente que su amigo le venciese; La otra, mantener su racha de victorias “Sacrificaste a la mitad de tu equipo con tal de acabar con Heracross.”

Brendan apretó los puños levemente mosqueado por el comentario. Si bien le había dado satisfacción ver al Heracross de Ethan mordiendo el polvo, lo cierto era que haber perdido a tres de sus mejores pokémon no lo había valido. Si Gardevoir, Hariyama y Absol siguiesen en pie no habría tenido que hallarse en aquella situación con Swampert, y contaría con por lo menos un as bajo la manga.

“Bueno, otro as bajo la manga” reconoció.

 Pero ya no había tiempo de arrepentirse y lamentarse por los errores cometidos. El combate decisivo ya había llegado, y tenían que ganar a como diese lugar si querían que el esfuerzo y sacrificio de sus tres pokémon hubiese valido la pena.

“¿Y bien?” preguntó su viejo amigo y rival confiado, cruzándose de brazos mientras veía la pequeña mega-piedra que Swampert portaba en su cuello a modo de collar “¿Por qué no sacas todo tu poder? ¿Por qué no le ordenas a Swampert que mega-evolucione y hacemos las cosas más emocionantes?”

“¡No necesitamos el poder de la mega-evolución para vencerte!” mintió Brendan desafiante, ajustando su gorro y ocultando sus nervios lo mejor que podía. La verdad era que estaba esperando el momento preciso para usarla. Su mente ya había armado un plan en el momento en el que Typhlosion fue mandado a combatir “¡Tenemos la ventaja!”

“¡Puede que tu Swampert tenga la ventaja de tipo, pero Typhlosion es mucho más rápido!” aseguró Ethan “¡No por nada es mi más fuerte compañero! ¡Ordena todos los movimientos de tierra que quieras, no podrán igualar su velocidad! ¿Verdad, Typhlosion?”

Typhlosion gruñó en señal de asentimiento, reforzando lo que su entrenador acababa de decir. Había vencido a tantos grandes oponentes a lo largo de los años y en compañía de su amo que se sentía imparable.

Brendan volvió a cerrar los puños mientras veía como Swampert aguardaba pacientemente sus instrucciones. Ethan tenía razón: su pokémon era por mucho más veloz que el suyo, y si querían ganar debía pensar rápido y no perder el tiempo en estrategias complicadas. Seguro, en teoría podría pedirle a Swampert que usase Disparo Lodo o Agua Lodosa sobre la arena para que pudiese deslizarse rápidamente por el lodo, pero corría el riesgo de que Ethan y Typhlosion se percatasen inmediatamente de sus intenciones y utilizasen Lanzallamas sobre el barro, poniendo a su inicial en una situación todavía más desventajosa. Solo le quedaba rogar que su plan funcionase y cayesen en la trampa que su cerebro ya había diseñado y visualizado.

“¡Entonces pondremos esa velocidad a prueba!” vociferó por fin, manteniendo la compostura “¡Swampert, usa Surf!”

El pokémon ajolote inhaló profundo y, con sus ojos adquiriendo una coloración cían, invocó una gran ola que provino de la orilla a su izquierda, lanzándola en dirección a Typhlosion.

“¡Sofoco!” gritó Ethan, presa de la emoción.

Typhlosion no dudó, y tomando aire expulsó de sus fauces un gran tornado de fuego para contrarrestar el movimiento de Swampert. Las llamas al rojo vivo consiguieron traspasar y evaporar la ola en cuestión de segundos, antes de que el agua llegase a su objetivo.

“¡Muy bien, Typhlosion!” vitoreó su entrenador “Ahora terminemos con esto. ¡Usa Puño Trueno!”

“¡ETHAN, NO!” alcanzó a gritar Lyra tras oír las palabras de su novio. La joven ayudante del profesor Elm se encontraba acompañada de su Marill y sentada en una roca cercana al campo, usando un lápiz y su confiable cuaderno de hojas blancas para dibujar el combate entre los dos pokémon iniciales mientras observaba la pelea “¡AGUARDA!”

Regresando a su postura bípeda, Typhlosion concentró energía eléctrica en su puño derecho y, pegando un gran salto, se abalanzó sobre Swampert, quien permaneció inmóvil, esperando su llegada. El pokémon tejón se lanzó en picada y, con toda su fuerza, descargó su poder sobre la mejilla izquierda del pez de fango, solo para ver que los rayos de su ataque recorrían la piel húmeda y azulada de su oponente sin hacerle ningún daño. Este último permaneció impasible para después dedicarle una sonrisa socarrona, como si tanto el golpe como la electricidad solo le hubiesen hecho cosquillas.

“Espera, ¿Qué?” preguntó Ethan sorprendido “¿Por qué no ha surtido efecto?”

“Le dije que debía familiarizarse más con los pokémon de otras regiones en vez de siempre atacar usando la fuerza bruta” pensó Lyra para sí, llevándose la mano derecha con la que dibujaba al puente de la nariz, decepcionada.

“¡SUJÉTALO!” exclamó Brendan alegre, percatándose del fatal descuido de su rival.

Swampert acató la orden apenas la escuchó, sin ningún tipo de dilación. Alzando sus dos patas delanteras, atrapó a Typhlosion en un poderoso abrazo, impidiendo que huyera. El segundo forcejeó en vano, al mismo tiempo que aullaba de dolor al sentir como tanto su espalda como su cintura eran lentamente constreñidas por los poderosos brazos del anfibio.

“¡Typhlosion, sal de ahí ahora!” suplicó Ethan atemorizado y entusiasmado a la vez. La sensación de poder llegar a perder era tanto aterradora como excitante.

Pero el grito del joven resultó ser en vano. Typhlosion no conseguía librarse del potente apretón, y Swampert no pensaba aflojar ni por un segundo.

“¡Ha llegado el momento, Swampert!” anunció Brendan a su pokémon mientras se arremangaba y tocaba la piedra activadora de la mega-pulsera en su muñeca izquierda, liberando un brillo rosado “¡Mega-evoluciona!”

Swampert mantuvo el abrazo y gruñó con fiereza mientras el repentino resplandor magenta de su mega-piedra envolvía su cuerpo, alterando su aspecto, tamaño y musculatura notablemente. Brendan sintió aquel gracioso y familiar cosquilleo recorriendo todo su cuerpo mientras su mente y su alma se sincronizaban con las de su pokémon. Ahora ambos eran casi el mismo ser.

Una sonrisa se dibujó en sus labios una vez Mega-Swampert emergió de aquella cegadora luz y acompañado de los gritos de ovación de aquellos que les apoyaban desde el público, estrujando a Typhlosion como si estuviese hecho de papel. A veces le costaba creer que su primer pokémon, aquel pequeño y tierno Mudkip con el que había salvado al profesor Birch tantos años atrás, era ahora aquella fornida y poderosa criatura semi-acuática que tenía enfrente suyo. La batalla estaba prácticamente ganada.

“Conque así es el fenómeno de la mega-evolución” reflexionó contemplativa Jasmine, llevándose la mano derecha a la barbilla, intrigada ante el radical cambio que el Swampert de Brendan había experimentado “Interesante.”

“¡Trata de zafarte, Typhlosion!” pedía inútilmente Ethan “¡Usa Lanzallamas!”

Con el poco aire que le quedaba, su inicial obedeció liberando unas débiles llamas de la boca en un último intento por librarse de aquella brutal atadura. Para sorpresa de nadie, Swampert ni se inmutó y esperó a que su oponente se cansara de echar fuego, al mismo tiempo que se preparaba para la siguiente orden de su entrenador.

“¡Machada!” pronunció Brendan con convicción.

Swampert procedió a sostener a su adversario con su pata izquierda mientras cargaba un aura de energía blancuzca en su puño derecho. Acto seguido cobró impulso y le propinó un gancho devastador en el estómago, mandándolo a volar hasta el otro extremo del cuadrilátero y dejándole muy malherido.

“Gracias por habernos enseñado ese movimiento, papá” pensó el joven héroe de Hoenn con alegría. Norman habría estado orgulloso tanto de él como de su pokémon si hubiese podido estar allí para observar la pelea.

“¡Typhlosion, si todavía puedes escucharme utiliza Contraataque!” dijo Ethan mientras veía como Typhlosion conseguía ponerse de pie a pesar del daño recibido. El pokémon mustélido de fuego se hallaba en las últimas, cojeando y soltando gruñidos lastimeros “¡Devuélvesela con todo lo que tengas!”

“¡HIDROBOMBA, AHORA!” vociferó Brendan, superponiendo su voz con ímpetu.

Swampert abrió sus fauces de par en par y soltó un gigantesco chorro de agua a presión con el que le dio a su contrincante un duro baño de agua fría. Typhlosion resistió el golpe y caminó cojeando lentamente hacia su rival con intención de devolverle todo lo que había aguantado con un último ataque incendiario, ignorando las contusiones obtenidas, pero desafortunadamente terminó desplomándose sobre el centro del campo de batalla, debilitado. La batalla había concluido.

“¡Typhlosion ya no puede continuar!” declaró Jasmine ingresando al campo, desempeñando el rol de réferi que había aceptado una hora atrás “¡Swampert es el ganador! ¡Y la victoria es para Brendan!”

Los dos jóvenes abrieron los ojos como platos mientras los espectadores aplaudían eufóricos, Swampert regresaba a su forma normal y Lyra y Marill corrían a socorrer al desmayado Typhlosion. Ninguno de los dos podía creer cuál había sido el resultado.

“¿Gané?” preguntó Brendan estupefacto. Su sorpresa eventualmente mutó en júbilo y en lágrimas repletas de felicidad, estado de ánimo que le impulsó a correr hasta su pokémon para abrazarlo “¡Ganamos, Swampert! ¡En serio ganamos! ¡Estuviste magnífico!”

Ethan no dijo nada mientras entraba también al campo en pos de ayudar a Typhlosion a levantarse del suelo con la ayuda de Lyra y de Marill, poniendo su pata sobre su cuello y hombros como ya había hecho incontables veces. Su ego había sufrido un fuerte golpe con aquella derrota. Pero no le importaba. Estaba inmensamente feliz de haber sido vencido. Llevaba años sin verse normal, y el desenlace de aquel combate acababa de hacerle sentir más humano que nunca.

“Peleaste muy bien, amigo” dijo acariciando a Typhlosion en la cabeza con su mano derecha una vez este consiguió mantenerse sobre sus patas traseras sin que estas le temblasen. Su golpeado y magullado pokémon gruñó con una sonrisa blanda, pero agradecida “No me importa lo que digan, seguirás siendo el número uno para mí. ¿Qué tal han quedado tus dibujos, Lyra?”

“No son mi mejor trabajo, pero estoy segura de que te encantarán” sonrió Lyra mostrándole a su novio las diferentes fases del combate que había logrado plasmar en su cuaderno con sus dotes artísticas. Sus dibujos eran tan detallados y estilizados mediante el trazado y sombreado que casi parecía como si los pokémon de Ethan y de Brendan se hubiesen metido directamente a las hojas “¿Qué te parecen?”

“Igual de asombrosos que todos los que me has mostrado” expresó contento él mientras le daba un beso en la mejilla para luego avanzar hacia Brendan, dispuesto a estrechar manos con él. Lyra miró para otro lado mientras recibía el beso, actuando de manera distante “Fue un muy buen combate, Brendan. Quizás no entiendas ahora mismo porqué te lo digo realmente pero...gracias por derrotarme.”

Brendan pestañeó dos veces en un mismo segundo, levemente confundido. Las crípticas palabras y el cansado tono de su amigo le habían tomado por sorpresa. ¿A qué se refería con eso? ¿Acaso había algo que le ocurría y que estaba guardándose para sí mismo? Al final decidió no darle mucha importancia, y se conformó con sonreírle de la forma más natural posible mientras aceptaba el apretón de manos.

“Eh...de nada, Ethan” contestó sin mucha seguridad, al mismo tiempo que veía como Swampert y Typhlosion se daban la pata el uno al otro, alegres y sin resentimientos “Aunque para ser justos casi me vences de nuevo. Puede que te haya ganado, pero todavía me falta mucho para estar a tu nivel.”

“Eres demasiado modesto” rió el campeón de Johto “Aunque todavía no entiendo por qué Typhlosion y yo perdimos exactamente. Estaba casi seguro de que Puño Trueno funcionaría. Después de todo, Swampert sigue siendo un pokémon de agua.”

Brendan y Lyra intercambiaron una mirada cómplice, anonadados ante la ingenuidad de Ethan. Marill se llevó ambas patas a la cara.

“Me temo que tienes la verdad a medias, Ethan” comentó Jasmine con una risita mientras se acercaba a ellos, viniendo de haberse encargado de que la gente se dispersase y circulase para dejar a los jóvenes tranquilos “Swampert es un pokémon de agua, pero también es tipo tierra, lo que le otorga inmunidad a ataques eléctricos. Lo aprendí durante mis viajes por Hoenn y por Sinnoh.”

“¡¿QUÉ?!” exclamó Ethan boquiabierto e incrédulo “¡¿Todos lo sabían menos yo?! ¡¿P-pero por qué nadie me lo dijo?! Debí haber lucido como un tonto.”

“Tal vez si te hubieses molestado en revisar esa enciclopedia que te presté hace como un mes y medio sobre especies ajenas a Johto...” masculló Lyra cruzada de brazos y evidentemente irritada.

“Lo siento” suspiró él avergonzado mientras se llevaba la mano izquierda al cuello, habiendo sido atrapado “Quizás me lo merecía.”

“En verdad le agradezco que haya accedido a ser árbitra en nuestro combate, señorita Jasmine” afirmó Brendan volteándose a ver a la bella líder de gimnasio muy contento “Espero no la hayamos distraído de sus obligaciones en el gimnasio y en el faro.”

“Fue un honor, Brendan” respondió Jasmine con una sonrisa afable y simpática. La líder de cabello y ojos castaños conocía a Brendan desde que era un bebé, mucho antes de que su familia se mudase de Ciudad Olivo a Villa Raíz, y todavía le costaba creer que el retoño de Norman se había vuelto el fuerte y decidido joven que ahora tenía frente a ella “Yo también debo agradecerles a ustedes por haberme dado la oportunidad de ver qué tanto han mejorado como entrenadores. Solo lamento que tus padres no hayan podido estar aquí hoy para acompañarnos en un combate tan importante.”

“Sí” gimió el muchacho cabizbajo “Yo también lo hubiese querido. Pero lo entiendo, el gimnasio también es importante.”

“Oye, no te aflijas” le reconfortó la mujer, apoyando su mano derecha sobre su hombro izquierdo “Estoy segura de que luego podrás contárselos en cuanto regreses a Hoenn. Es más, ya sé lo que les animará. ¿Qué les parece ir a celebrar bebiendo y comiendo algo en el Café Olivo? Yo invito.”

“¡¿DE VERDAD?!” gritó ilusionada Lyra, secundada por Marill. La joven asistenta de laboratorio ya sentía los rugidos y estremecimientos de su estómago, que imploraba ser llenado con comida rica y sustanciosa.
Jasmine se limitó a asentir con una sonrisa. Les indicó con un sencillo ademán que la siguiesen, y Lyra y su pokémon fueron tras ella brincando de la alegría por la promesa de que pronto comerían como reyes. Ethan aprovechó que él, Brendan y los pokémon de ambos habían quedado rezagados para acercarse a hablarle a su amigo.

“Oye, Brendan” le susurró en voz baja, temeroso de que Lyra pudiese llegar a oírlo “Hay algo muy serio de lo que quisiera hablar contigo.”

“¿Y qué es?” preguntó su Brendan sorprendido, con curiosidad ante el lenguaje corporal y vocal de su compañero.

“Bueno...” musitó el joven campeón “May y tú son muy felices juntos, y están a unos meses de casarse. Son prácticamente la pareja perfecta, y ya sabes que tienen la bendición de todos nosotros.”

“Sí...¿Y?” inquirió él confuso, arrugando el entrecejo con genuina perplejidad “¿A dónde quieres llegar?”

“Ay, no sé cómo decir esto” se lamentó Ethan para luego inhalar y exhalar agotado, procediendo a rogar quitándose la gorra de la cabeza “Necesito que me des consejos para mejorar mi relación con Lyra.”

“¿Consejos?” preguntó su amigo entrecerrando los ojos y sin entender nada de lo que estaba pasando “¿De mí?”

“Sí, verás” empezó a explicar él “Últimamente nuestra relación no ha sido la mejor. Desde un poco antes de lo ocurrido con su hermana y con Ho-Oh me ha dicho que necesita espacio, y que deberíamos estar separados un tiempo. He hecho todo lo posible por reconquistarla, pero nada parece funcionar. Por favor, dime qué debo hacer.”

Brendan tragó saliva y se tomó unos segundos para asimilar lo que acababa de escuchar. El hecho de que Ethan de entre todos sus amigos y conocidos viniese a pedirle consejos en el amor cuando siempre había visto su relación con Lyra como ideal le resultaba la cosa más extraña en el universo, incluso más que el haber salvado al mundo de un virus espacial montado en un dragón gigante.

“Entiendo” respondió finalmente “Entonces, ¿Qué es lo que has tratado de hacer?”

“Bueno, para empezar he intentado seguirla a todas sus excursiones a las Ruinas Alfa y a la Ruta Helada” empezó a enumerar Ethan con los dedos “Le he capturado cuantos pokémon he podido para ayudarla a ella y al profesor Elm con sus investigaciones, y no he reparado en gastos en cuanto a regalos, además que siempre la acompaño para ver los huevos de pokémon que sus abuelos descubren cada tanto en su guardería. Como ya he dicho, lo he probado todo, y aun así sigue aplicándome la ley del hielo.”

“¿Y qué es lo que le has regalado exactamente?” indagó Brendan, temiendo lo que su amigo fuese a decir a continuación.

“...¿Más pokémon?” preguntó Ethan con una sonrisa débil y completamente abochornado, haciendo que su amigo se llevase la mano derecha a la cara al darse cuenta de que lo que había imaginado era en verdad cierto.

“Creo que es más que obvio lo que sucede” dijo el muchacho de gorra blanca “Lyra no quiere pokémon. Quiere que hagas algo realmente especial por ella. Piensa en lo que verdaderamente le gusta.”

“Yo...” empezó Ethan, para luego ponerse rojo como un tomate “...no estoy muy seguro de lo que le gusta.”

“¡¿Me estás diciendo que llevan más de cuatro años saliendo y ni siquiera sabes cuáles son sus intereses además de investigar y hacer excursiones?!” exclamó Brendan con la sangre comenzando a hervirle repentinamente, como si fuese agua caliente burbujeando dentro de una tetera colocada encima de una hornalla “Amigo, la conoces desde que eran niños. Ahora solo falta que me digas que nunca lo han hecho.”

“De hecho...” admitió su compañero, más rojo que antes “Ya que lo mencionas...”
Brendan golpeó fuertemente su rostro a modo de acto-reflejo. Swampert, por otro lado, miró a Typhlosion en busca de una respuesta. El pokémon tejón contestó al ajolote encogiéndose de hombros y soltando un suspiro de superado.

“Bueno, señor sabio” protestó el muchacho de cabello lacio, tanto humillado como con envidia “Ya que eres tan experto en el tema del amor, dime, ¿Cuánto sabes tú sobre tu chica?”

“Su color favorito es el azul” retrucó su joven amigo sin pensarlo, con un tono de voz monótono y casi robótico “Su cumpleaños es el veinte de noviembre, un mes y diez días antes del mío. Le gustan tanto la música sinfónica como la estridente, especialmente si es romántica. Le enloquecen los girasoles y los dientes de león. Adora andar en bicicleta, caminar por la playa y las puestas de sol. Le teme a las alturas y odia volar por sobre todas las cosas, ya que le produce vértigo, a menos que sea no muy lejos del suelo. Le gusta que todo esté ordenado y en su lugar, y colecciona peluches de todo tipo de pokémon, especialmente si son de los que son pequeños y adorables. Es alérgica al cereal, y detesta cualquier tipo de comida salada. ¿Quieres que siga?”

Ethan abrió la boca para hablar a la vez que alzaba el dedo índice de su mano derecha, solo para descubrir que no tenía forma de objetar contra nada de lo que Brendan había dicho. La vergüenza que sentía se manifestó en el color de sus mejillas y en su expresión facial una vez más.

“No te juzgaré por...bueno, ya sabes por qué” volvió a hablar el joven entrenador mientras aclaraba su garganta de la forma más disimulada posible, sintiéndose incómodo al tener que estar hablando de aquel asunto “Pero no puedes esperar que me crea que en todos estos años no sabes nada de ella. Trata de pensarlo detenidamente y de hacer memoria.”

Aquella última oración produjo que Ethan empezase a replantearse súbitamente todo lo que había vivido y compartido con Lyra. Los últimos ocho años de su vida pasaron a una endiablada velocidad por su mente, desde el día en el que abandonó Pueblo Primavera con Cyndaquil a su lado hasta aquel preciso instante, con Brendan aguardando cruzado de brazos a que le dijese algo.

“Chicos, ¿Se encuentran bien?” preguntó Lyra preocupada, habiéndose dado la vuelta para notar que su novio, su amigo y sus pokémon iniciales se habían quedado allí parados, a unos cuantos metros apartados de ellos. Jasmine y Marill también se voltearon a ver qué era lo que ocurría “Aún iremos a almorzar al Café Olivo, ¿Verdad?”

“¡Sí, no se preocupen!” dijo Brendan casi al instante con una falsa pero bien fingida alegría, intentando guardar las apariencias para que Ethan pudiese seguir pensando tranquilamente “Parece que a Ethan se le ha caído algo del bolsillo. Si quieren pueden ir adelantándose. ¡Las alcanzaremos pronto!”

“Creo que será mejor que los dejemos solos un momento” le susurró Jasmine mientras contestaba a Brendan con una sonrisa y un saludo. Acto seguido tomó a la joven asistente de laboratorio de la mano izquierda y trató de sacarla de allí, buscando distraerla. Marill, sorprendido, las siguió a ambas buscando mantener el paso “Dime Lyra, ¿Te gustan los huevos revueltos?”

“Nunca los he probado” admitió Lyra, siguiéndole mientras comenzaba a recordar la guardería pokémon que su familia administraba en la ruta 34 “Mis abuelos dicen que son algo pesados, ¡Pero no tendría problema en comer aunque sea uno!”

“Pues entonces te encantarán los que sirven en el Café Olivo” aseguró Jasmine con una sonrisa simpática “¡Verás que son de primera!”

“¿Entonces ya has recordado algo o vas a tenerme aquí esperándote todo el día?” inquirió molesto Brendan a Ethan en cuanto vio que Jasmine y Lyra seguían caminando hacia adelante, dejándolos cada vez más atrás. La repentina pregunta hizo que su amigo saliese abruptamente del trance.

“Bueno, le gusta bastante leer, dibujar y escribir” dijo Ethan en voz alta, pensando con frialdad “Ama los cerezos en flor, y le encanta coleccionar libros sobre los mitos y leyendas tanto de Johto como del resto del mundo. De vez en cuando le gusta participar en las pruebas y juegos olímpicos de la Carpa Pokéathlon con Marill, y adora en especial el atrapa-banderas.”

“¡Pues llévala un fin de semana de estos a la Carpa Pokéathlon!” sugirió Brendan “Cómprale un libro de mitos, y un racimo de cerezos en flor también. Lo último es más que fácil de conseguir aquí en Johto, si no me equivoco. ¿No suelen vender de esos en Ciudad Iris desde hace unos años?”

“¿Estás seguro de que funcionará?” cuestionó él inquieto, claramente sin estar del todo convencido “No es que menosprecie tus consejos, pero la amo demasiado, y el pensar en perderla me aterra de sobremanera.”

“Entonces debes empezar por hacer lo que es bueno para ella y no solo lo que es bueno para ti” aseveró Brendan disgustado “Solo así podrás demostrarle que la amas. Mira, tan solo haz el intento. Y si todo lo que te acabo de proponer falla, habla con tu madre al respecto. No se me ocurre nadie mejor con quien hablar sobre chicas.”

“Tienes razón” aceptó Ethan cabizbajo, mirando como Lyra se hallaba cada vez más lejos de su posición. A los pocos segundos sonrió y procedió a chocar con determinación su puño derecho con el izquierdo de Brendan “Gracias, Brendan. Ya van dos cosas que te debo el día de hoy.”

“No es nada” contestó Brendan contento, aunque también algo dubitativo. Seguía sin olvidar el rostro de Ethan agradeciéndole por haberle derrotado unos minutos atrás, hablándole en aquel tono de voz gastado y apagado. Comenzaba a sospechar que había más cosas mal con su amigo que las que ya saltaban a simple vista a juzgar por su charla “¿Para qué están los amigos sino?”

“En fin, probablemente debamos alcanzar a Jasmine y a Lyra” señaló el campeón de Johto deseoso por saltar de un tema de conversación al otro, con sus tripas rugiendo a modo de súplica “No sé tú, pero yo me muero de hambre.”

“Ya somos dos” rió él mientras reanudaban la caminata en compañía de Swampert y de Typhlosion, ingresando por fin a Ciudad Olivo. Los músculos de su cara esbozaron sin que él lo supiese una sonrisa repleta de nostalgia, producto de hallarse en su ciudad natal después de tanto tiempo “Llevo años sin poner un pie en el Café Olivo. ¿Qué tan buena sigue siendo la comida?”

“Igual que siempre” replicó Ethan “Jasmine suele invitarme a comer allí cada vez que la visito para entrenar y librar combates entre nosotros. Es muy amable.”

“Dímelo a mí” dijo Brendan con genuina alegría “Cuando era muy pequeño venía a vernos a mi madre y a mí cada vez que papá volvía a casa, y hasta me llevaba a montar en su Steelix. Hubo una época en la que solía llamarla Tía Jasmine.”

“¿Y aún lo haces?” indagó su amigo interesado.

“En ocasiones” admitió el joven “Me dolió mucho en su día no poder volver a verla a causa de la mudanza. Mamá me prometió que algún día volveríamos aquí para verla pero...nunca sucedió.”

“¿Y no aprovechaste para saludarla cuando viniste hace unos años a Johto para desafiarme?” preguntó Ethan muy confundido.

“Papá y ella quedaron en muy malos términos la última vez que se vieron” explicó Brendan mirando al suelo con tristeza “Temía que me guardase algún tipo de rencor a mí y a mi familia por ello. De haber sabido que ese no era el caso, hubiese pasado por el gimnasio aquel mismo día.”

Su plática fue cortada por un pitido más que familiar para el joven elegido de Hoenn. Su poké-multinavegador, que siempre llevaba consigo atado a la correa de su mochila, estaba sonando. Al tomarlo y abrirlo, descubrió para su sorpresa que el dispositivo no le indicaba quién le estaba llamando. Ethan también se percató de ello.

“Parece ser un número desconocido” notó su amigo con desconfianza “Tal vez sea más prudente ignorarlo. Podría tratarse de un hacker.”

“Debe de ser Steven” dedujo Brendan en voz alta “Siempre que sale de Hoenn me llama desde algún otro número privado para contarme lo que ha descubierto en la última cueva en la que ha estado.”

Decidió tomar el riesgo de atender mientras pulsaba el botón de Aceptar mientras acercaba el celular naranja con forma de calculadora a su oído derecho.

“¿Hola?” preguntó algo curioso y ansioso.

“¿Reconoces mi voz, joven Brendan?” preguntó la persona del otro lado de la línea.

En efecto la reconocía, y Swampert también. Era una sola frase. Pero distinguiría aquel tono masculino frío, parsimonioso y orgulloso en cualquier rincón del mundo en el que lo oyera.

“¿Cómo consiguió este número?” preguntó con el ceño fruncido y con una voz serena, pero repleta de desprecio. Swampert gruñó enojado, mientras que Ethan y Typhlosion se miraron el uno al otro, asustados y confundidos.

“El Equipo Magma tiene amigos en lugares muy elevados, mi querido muchacho” respondió el viejo y para nada querido conocido, manteniéndose impasible ante el tono agresivo de Brendan “Me temo que debo comunicarme contigo con respecto a un asunto muy urgente. Algo que tanto a ti como al campeón, al Alto Mando y a los líderes de gimnasio podría concernirles debido a la gravedad que supone.”

“Oh, ¿En serio?” retrucó Brendan de forma irónica, apretando con fuerza el poké-multinavegador y enseñando los dientes a causa de la rabia “¿Y qué podría necesitar de mí el grande y ególatra líder Maxie?”

“Cuida tu tono, jovencito” espetó el ex-villano a regañadientes para luego recuperar la compostura “Requiero de tu presencia en mi base de operaciones. Ya sabes en dónde se encuentra, así que no hay necesidad de que te envíe las coordenadas. Y por favor...trae contigo a tus amigos. Algo me dice que también les necesitaremos a ellos.”

Ethan observó como Brendan volvía a atar fastidiado su dispositivo a su mochila una vez el remitente cortó la llamada. Había escuchado en una o dos instancias sobre el Equipo Magma por parte de Brendan, y este nunca había hablado precisamente bien de ellos. Sabía que odiaba a su líder como a nadie más por el daño que había causado tanto a Hoenn como al resto del mundo, y a pesar de sus intentos por enmendar su error nunca había llegado a perdonarle por lo ocurrido con Groudon. Por casi haber conducido a todo el planeta al mismísimo apocalipsis. Pero al mismo tiempo sentía que había algo más. Algo que su amigo nunca se había dignado a compartirle. Parecía que él no era el único de los dos con secretos.

“Podría ser una trampa” logró decir finalmente mientras veía a Typhlosion gruñir, como si hubiese olido un desafío y supiese en lo que estaban por meterse “¿Qué es lo que haremos?”

Brendan no le contestó. Permaneció callado unos segundos, hasta que se volteó para mirarle con una mirada penetrante. Sus ojos amarillos echaban chispas tanto de enojo como de determinación.

“Activaremos esa trampa” le respondió sin el más mínimo temblor ni en sus labios ni en su voz.

                                                     



“Bueno, aquí lo tienen” declaró Candice con orgullo, alzando su mano izquierda con energía para mostrar su hallazgo a sus compañeros de expedición “Contemplen a Regigigas.”

“Vaya” consiguió decir Lucas asombrado, dando un paso hacia el frente para acercarse y extender su mano derecha hacia Regigigas. El colosal pokémon legendario se hallaba sentado sobre la seca y rocosa tierra, inmóvil como una estatua y sin dar ningún indicio de vida “Es igual de grande que como las leyendas lo describen.”

“¡NO LO TOQUES!” gritó Maylene, deteniendo y apretando bruscamente el brazo del joven con su mano izquierda de forma instantánea, a modo de reflejo. Tanto el tono de su voz como las facciones de su rostro se relajaron segundos después “No es seguro. Detecto una gran y extraña energía siendo exudada por su cuerpo.”

“¿Cómo puedes detectar algo así?” preguntó el joven investigador desconcertando, mirando genuinamente intrigado a la descalza líder de gimnasio de Ciudad Rocavelo.

“Cuando tienes y entrenas un pokémon capaz de percibir auras agudizas todos sus sentidos, desarrollando la propiocepción y aprendiendo a confiar más en tus oídos y en tu olfato que en tus ojos” explicó Maylene con un dejo de orgullo, al mismo tiempo que miraba a aquel pokémon de su equipo con el que más conectada estaba “¿Tengo o no tengo razón, Lucario?”

Lucario asintió con la cabeza, parpadeando lentamente. Su joven ama de cabello y ojos rosados sonrió feliz de ver que el bípedo y luchador pokémon chacal estaba de acuerdo con respecto tanto al vínculo que los unía como a todo lo que habían aprendido ejercitándose y luchando juntos.

“Mejor hazle caso a Maylene, Lucas” pidió Rowan mientras tomaba del hombro izquierdo a su pupilo con su mano derecha y lo hacía retroceder, trayéndolo hacia él. El viejo, serio y sesentón profesor pokémon sacó de su abrigo un pequeño pañuelo para pasarlo por su sudorosa frente con su mano izquierda, al mismo tiempo que exhalaba una cortina de vaho “Aunque comparto tu entusiasmo, lo mejor será no precipitarnos. Debemos ser cautelosos y respetar el letargo de Regigigas. Cynthia, tú también posees un Lucario. ¿Detectas lo mismo?”

“En cierta forma” admitió la ex-campeona de la región de Sinnoh, haciendo a un lado sus largos y dorados cabellos para llevarse la mano derecha a la barbilla, con el ceño fruncido. La poké ball de su Lucario, que se encontraba metida en el bolsillo derecho de sus oscuros y holgados pantalones se sacudió en respuesta “Siento ciertos rastros de energía vital corriendo por el cuerpo de Regigigas, aunque algo débiles. Es...como si estuviese dormido, o en coma.”

Apagado más bien” añadió Candice para dejar en claro que compartía el punto de vista de Cynthia “Así fue como Maylene, yo y el equipo de excavación lo hallamos. No se ha movido ni un centímetro desde entonces.”

“Tal vez solo se está haciendo el dormido y espera a que nadie lo vigile para fugarse” sugirió Barry desconfiado, clavando su vista en aquellos pequeños y huecos agujeros circulares que venían a ser los ojos del gólem legendario “¡Propongo que hagamos guardia por las siguientes veinticuatro horas para asegurarnos de que no pueda fugarse!”

“No creo que ese sea el motivo” contestó la líder de Ciudad Puntaneva, reflexionando en voz alta “El otro día le pedimos a uno de los trabajadores y a su Hitmonchan que se quedasen vigilándolo, y cuando vinimos aquí temprano a verlo nos juró que no había hecho ningún movimiento o sonido fuera de lo común. También probamos dejarle a solas, y tampoco pasó nada. Si quisiera escaparse lo habría hecho desde que lo encontramos. Pero no lo ha hecho. No lo sé, es...extraño, cuanto menos.”

“A mí me llama más la atención esa inscripción” comentó Dawn, señalando con el dedo índice de su mano derecha el grabado en piedra situado bajo los pies de Regigigas, que consistía de diferentes agrupaciones de ocho o más puntos que generaban juntos diversas formas geométricas “Parece un mensaje escrito en algún tipo de lengua muerta. ¿Tú qué opinas, Lucas?”

“Debe de ser braille” dijo su amigo al mismo tiempo que sacaba de su mochila su confiable laptop para abrirla, encenderla y colocarla en el suelo “Buscaré en línea alguna posible traducción. Como la señal de Wi-Fi aquí es algo inestable puede que me tome unos cuantos minutos, así que les sugiero que busquen algún rincón para sentarse a esperar.”

“Contamos contigo, muchacho” afirmó Rowan mientras se quitaba el pesado equipaje de la espalda y se sentaba cerca de él en el suelo, junto a los demás.

Durante los siguientes veinticinco minutos se realizó un largo y profundo silencio, el cual fue únicamente llenado por el sonido de los veloces dedos de Lucas entrando en contacto con las teclas de su computadora, el aleteo de los Zubat y Golbat que pululaban por el techo, los murmullos de los Jynx manteniendo a sus crías lejos de los Sneasel y el ocasional y espantoso estruendo que producían pokémon como Graveler, Onix o Steelix al rodar y arrastrarse sobre o bajo tierra. Si bien el templo podía llegar a ser acogedor, el frío y el hielo que les rodeaba ya comenzaba a inquietarlos, entumeciendo levemente sus mejillas, a excepción de Maylene, quien parecía ser inmune a ellos como producto de su entrenamiento en zonas climatológicamente desfavorables. Para remediar la situación, tanto Barry como Dawn decidieron sacar respectivamente a Rapidash y a Infernape, cuyas rojas y vivaces llamas devolvieron el calor corporal a todos los presentes. Los dos pokémon de fuego se sentían muy contentos de poder asistir tanto a sus dueños como a sus amigos.

“Oye, Maylene” preguntó de pronto Dawn en voz baja, rompiendo el hielo y yéndose a sentar junto a la joven de malla azul con franjas negras, mitones también azules y pantalones grises “¿Cómo va ese entrenamiento especial que llevas dándole a Lucas desde hace un tiempo?”

“¡Fantástico!” aseguró la líder de gimnasio de dieciséis años  mientras rascaba con los dedos de su mano derecha la pequeña bandita blanca que cubría el tabique como el puente de su nariz “Le he enseñado a defenderse sin ayuda de sus pokémon, ¡Y ya hasta puede subir y bajar las escaleras en menos de cuatro segundos! Todo un récord considerando que cuando empezamos tardaba más de un minuto. ¿Por qué preguntas?”

“El profesor y el padre de Lucas están algo preocupados por él” le susurró ella al oído “El último mes apenas se presentó al laboratorio a trabajar, y ahora pasa tiempo contigo cada martes y jueves. Creí que su entrenamiento solo se daba los viernes.”

“Bueno, verás...” comenzó a decir Maylene repentinamente nerviosa, juntando y separando constantemente las yemas de sus dos dedos índices.

“¡A mí no me engañan, Maylene!” interrumpió de pronto Barry con una sonrisa burlona en su rostro, asustando a ambas chicas “¡Tú y Lucas están saliendo!”

“¡BARRY!” gritó Dawn, reaccionando irritada ante la falta de tacto por parte de su amigo.

“¡¿Q-QUÉ?!” exclamó Maylene ruborizada, con sus labios empezando a temblar “¡E-eso no es verdad!”

“¡Claro que lo es!” afirmó Barry con la misma sonrisa de antes, satisfecho de ver que sus palabras habían logrado el efecto deseado “El último martes los vi a ambos sentados frente al Lago Valor, tomados de la mano mientras leían un libro y reían. ¿Qué estaban haciendo allí en lugar de entrenar dentro del gimnasio, tortolitos?”

“Barry, ya déjala en paz” pidió Dawn llevándose la mano derecha a su cara para cubrir sus ojos, decepcionada con la actitud de su mejor amigo y rival.

“¡N-n-nada, lo juro!” gimió Maylene completamente avergonzada, haciendo un gesto de alto con ambas manos “¡S-solo tenemos picnics los martes y los jueves mientras me lee historias! He-hemos a-armado un...un club de lectura para dos, ¡Sí! Eso mismo.”

“¿En serio?” bromeó Barry con un tono de voz tanto guasón como sarcástico “¿Y qué clase de libros leen? ¿Poesía romántica?”

Maylene, humillada, no supo qué contestar. En su lugar enmudeció e involuntariamente mordió su labio inferior, temblando y estando más roja que nunca. Lucario, percatándose del incómodo momento por el que su entrenadora estaba pasando, miró a Barry enfadado, dedicándole la misma mirada que Dawn. Cynthia y Candice, por otro lado, se miraron la una a la otra perplejas.

“¿Tú sabías algo de esto?” musitó la primera con curiosidad.

“En parte” reconoció la segunda, soltando una risita mientras veía a su amiga de Ciudad Rocavelo hundiéndose en la vergüenza “Me lo comentó hace unas semanas.”

“¡AJÁ!” declaró Barry triunfante “¡Lo sabía!”

“Barry, ya has hecho el chiste de que somos novios más de cien veces” dijo Lucas con un tono de voz apagado y neutro, sin despegar la vista del ordenador y sin dejar de teclear “Ya no es gracioso. Sigue molestándola y me aseguraré de que no sientas tu mejilla.”

“Aaaww, en serio se gustan” suspiró Barry, genuinamente enternecido.

“Barry, no estás ayudando” retrucó Dawn fastidiada. La joven campeona estaba tentada de abofetearle.

“¡Compórtense, jóvenes!” espetó Rowan con su paciencia al límite, al mismo tiempo que se ponía de pie para comprobar el avance de su asistente “Ya discutiremos esto más tarde. Lucas, por favor dime que has hecho algún progreso.”

“Eso creo, profesor” contestó el muchacho entusiasmado, finalmente alejando su vista de la pantalla “He revisado los sitios de mayor confianza y combinado la información extraída de todas sus fuentes, algunas de ellas un poco contradictorias entre sí. Pero he conseguido traducir el mensaje en un noventa por ciento.”

“¿Noventa por ciento?” preguntó Barry desconcertado, sin entender absolutamente nada de lo que acababa de oír. Cada vez que su amigo utilizaba porcentajes y estadísticas se sentía como un extraterrestre en su propio planeta.

“Me refiero a que puede ser una traducción algo burda, pero aquí va” dijo el joven investigador antes de hacer una pausa para aclarar la garganta. Acto seguido procedió a compartir lo que su investigación le había revelado con un tono solemne “Un cuerpo de roca. Un cuerpo de hielo. Un cuerpo de acero. Cuando reúnas a los tres pokémon, el rey aparecerá.

“¿Cuerpos?” indagó Dawn.

“¿Tres pokémon?” inquirió Maylene interesada.

“Bueno, se dice que Puntaneva fue construida antaño por un rey y sus pokémon de roca, hielo y acero, que le ayudaron a formar el terreno” razonó Candice, intentando unir las piezas “Y este templo fue construido en honor a ellos apenas terminaron con su labor.”

“Eso dicen” señaló Rowan pensativo “Aunque...es extraño. Los textos sagrados sobre los orígenes de Sinnoh no mencionan a ningún rey. Sabemos de la guerra que se desató entre el rey Andreus y la reina Eryx, pero Puntaneva era en aquel entonces una tierra sin reclamar.”

Cynthia sintió que la luz de una bombilla se encendía dentro de su cabeza.

“A menos que dicho rey no fuese un humano” dijo chasqueando los dedos de su mano derecha y con una sonrisa “¡Sino un pokémon! Se sabe que en la antigüedad Regigigas enseñó al hombre a utilizar arcilla, hielo y magma. Quizás...quizás Regigigas haya sido el rey de dichos pokémon.”

“Una sólida hipótesis a mi parecer” concluyó el científico.

“Entonces...” conjeturó Maylene “...si Regigigas es el rey original de Puntaneva...¿Significa eso que está esperando a tres pokémon para despertarse? ¿Pero a cuáles?”

“¡Por supuesto!” gritó Dawn tras hacer memoria y para sorpresa de todos “¡Regirock, Regice y Registeel!”

“¿Regiroquefort y que qua?” cuestionó Barry extrañado ante los bizarros nombres que su amiga acababa de mencionar.

“Los golems guardianes de roca, hielo y acero de Hoenn” continuó Dawn “May y Brendan me hablaron de ellos hace ya un largo tiempo. Descubrieron su existencia cuando visitaron una cámara sellada en lo más profundo del océano, mucho antes de que May y yo nos conociésemos. Y eso no es todo: ¡En ellas hallaron inscripciones idénticas a las del mensaje grabado de aquí!”

La joven entrenadora abrió su bolso blanco para sacar de él su viejo diario. En una de sus muchas páginas llevaba guardadas tanto copias de fotografías que May le había mostrado de sus abandonados estudios como anotaciones de los mensajes que figuraban en los montículos de tierra presentes en las fotografías que la coordinadora y su novio habían tomado. Rowan y los demás se acercaron a observar el contenido de la hoja con gran interés, movidos por la curiosidad. Infernape y Rapidash intensificaron las llamas en sus cabezas para brindar la suficiente luz como para que todos pudiesen leer con claridad.

“Fascinante” pronunció el profesor pokémon “Y en efecto la escritura coincide con el braille del grabado. Lucas, ¿Crees poder traducirlo?”

“Podría intentarlo” dijo el muchacho regresando al teclado de su laptop “Después de todo parece ser el mismo tipo de braille, así que debe de seguir los mismos principios básicos.”

El joven investigador no tardó mucho en descifrar las crípticas palabras que se hallaban detrás de todos y cada uno de los puntos. Una vez pudo reconstruir todas las oraciones, volvió a decir fuerte y claro el mensaje completo que acaba de unir:

Esta cueva ha sido nuestro hogar. Lo que somos se lo debemos a los pokémon. Pero los encerramos para siempre. Tuvimos miedo. Quienes poseen valor y esperanza abren la puerta hacia un pokémon eterno.”

“Un pokémon eterno” repitió Cynthia involuntariamente “¿Estarían refiriéndose a Regigigas?”

“O a los cuatro” sugirió Rowan para luego mirar a Dawn “Los golems de Hoenn se hallan en cavernas diferentes, ¿No es cierto?”

“Eso fue lo que May me dijo” confesó la chica de cabello y ojos azules “Tal vez lo que en realidad dice el mensaje es: Quienes poseen valor y esperanza abren las puertas hacia unos pokémon eternos.”

“Pero hay algo que no cuadra en todo esto” observó Candice “Si Regigigas creó a estos otros Regis, y estos Regis a su vez son los pokémon de roca, hielo y acero que se dice que le ayudaron a construir Puntaneva, ¿Cómo fue que estos terminaron en una región completamente distinta, lejos de su maestro?”

“Existe la posibilidad de que parte de los pueblos originarios de Sinnoh hayan migrado a lo que ahora es el archipiélago de Hoenn” supuso Cynthia “Regigigas pudo haber enviado a Regirock, Regice y Registeel con ellos con la misión de protegerles, y en algún momento por motivos que desconocemos se salieron de control, lo que hizo que dichos pueblos escogiesen encerrarlos en aquellas ruinas para someterlos.”

“Lo que a mí me confunde es esta parte” comentó Maylene señalando un párrafo de la traducción del mensaje que se hallaba en la pantalla de la laptop de Lucas “Lo que somos se lo debemos a los pokémon. ¿Querrá decir que Regigigas y los demás Regis ayudaron a la gente de Puntaneva y de Hoenn a construir su sociedad?”

“O tal vez Regigigas no solo construyó la sociedad del hombre” dedujo Rowan impresionado “Tal vez Regigigas creó al hombre. Y no solo le dio el don de la vida, sino que también le enseñó a utilizar la arcilla, el hielo y el magma creando a los otros tres Regis a partir de dichos elementos. Quizás la traducción que Lucas consiguió no sea errónea. Regigigas debe de ser el pokémon eterno. Y los otros tres Regis juntos forman la puerta que conduce a él.”

El profesor pokémon hizo una pausa para carraspear en frente de Dawn y compañía, que ahora le veían con los ojos abiertos como platos a causa de sus palabras y lo que su significado implicaba. Luego siguió.

“Esto solo comprueba una de mis viejas hipótesis” afirmó con una mezcla de alegría y enojo en el tono de su voz “Hace muchos años, cuando era más joven, presenté a la academia la teoría de que existía cierta conexión entre la Montaña Dura de Sinnoh y el Monte Cenizo de Hoenn. Se burlaron de mí en aquel entonces, ¡Pero ahora me doy cuenta de que no solo no estaba loco, sino que además la conexión es mucho mayor que lo que imaginaba! Me pregunto si esto también conecta al Monte Corona con la Caverna Abisal y la Cueva Ancestral.”

“¿La Caverna Abisal?” preguntó la ex-campeona “¿La misma en la que reposa el pokémon legendario Groudon?”

“Reposaba” aclaró el científico para luego volver a mirar a Dawn “Tengo entendido que el Equipo Magma le despertó hace unos años, y que tuvo que ser capturado para evitar que destruyese Hoenn y el resto del mundo.”

“Brendan dice que fue quien lo capturó” respondió Dawn “Y que para impedir que causase más daños guardó su poké ball en su PC para que nadie pudiese liberarlo.”

“Todo esto se vuelve cada vez más complicado” dijo Barry llevándose ambas manos a la cabeza “Entonces, ¿Regigigas está esperando a que Regiroquefort y los otros dos se reúnan y lo despierten?”

“Eso es lo que parece indicar, joven Barry” asintió Rowan “A menos, claro, que haya una pista o indicio que hayamos malinterpretado o pasado por alto.”

“A lo mejor deberíamos explorar las ruinas de los Regis en Hoenn” propuso Cynthia “Podrían darnos aún más respuestas.”

“Concuerdo” afirmó el profesor al mismo tiempo que se giraba a ver a la líder de gimnasio de Ciudad Puntaneva “Tan pronto como hayamos juntado un grupo de expedición y el equipo apropiado. Muchas gracias por habernos compartido su descubrimiento, Candice.”

“Fue un placer” aseguró Candice muy contenta. Maylene se conformó con asentir y sonreír.

Un zumbido seguido de una melodía dulce y armoniosa puso fin a la plática, distrayendo a todos.

“¿De dónde viene esa música?” se alarmó Maylene atónita y levemente asustada.

“Oh, es la notificación de Mensaje Nuevo de mi teléfono” dijo Dawn mientras tomaba un pequeño y rosado celular de su bolso “Olvidé apagarlo, como hicieron ustedes. Lo lamento, solo tomará un segundo.”

Lucas y Barry notaron como los ojos de su amiga se iban abriendo más y más conforme se movían de derecha a izquierda, leyendo un párrafo tras otro del mensaje recibido, como si le hubiesen informado de algo catastrófico. Justo cuando pudieron pestañear le vieron cerrar con fuerza su celular para luego voltearse a verlos a ambos a los ojos, arrugando el entrecejo. Tres simples palabras salieron de su boca.

“Chicos, debemos irnos.”

                      



“¡BIENVENIDOS, AMANTES DEL ROCK!” gritaba con todas sus fuerzas el anunciador de cabello rubio, traje y pantalones azules y zapatos negros desde el escenario, buscando animar a todas las personas que se hallaban a sus pies mientras presentaba extendiendo su mano izquierda a aquellos a quienes todo el mundo había venido a ver “Porque todos los deseaban. ¡Porque todos pedían sus nombres a gritos! Démosle una gran bienvenida con un fuerte aplauso a la banda más “in” del momento. ¡El orgullo de Galar y de Unova combinadas! ¡SHADY POISON!”

“Marnie tenía razón, Hop” dijo Gloria tanto alegre como apenada mientras conseguía abrirse paso junto con su amigo a través de la enorme y asfixiante multitud compuesta tanto por personas como por pokémon, hasta lograr ver a la banda del hermano de su novia entrando en escena para saludar a sus incontables fanáticos “¡Toda Galar está aquí!”

“¿No te lo dije?” rió Hop parándose justo a su izquierda “¡Este concierto ha vendido por lo menos dos mil entradas! Si esto no resucita el turismo en Pueblo Crampón, ¡Nada más lo hará!”

“¿Crees que Rillaboom se sienta cómodo como el baterista suplente?” preguntó la joven campeona de Galar preocupada “Tal vez me odie por haberle puesto como reemplazo de última hora.”

“Despreocúpate, Glori” contestó su amigo abrazándola con la intención de confortarla “Rillaboom estará bien. ¡Tocar el tambor no es muy diferente de tocar una batería, así que está en su elemento después de todo!”

“Muy bien, es hora del espectáculo” suspiró Piers mientras hacía crujir los dedos de sus manos para luego rodear con ellos el trípode que servía como soporte para su micrófono y mirar a su colega “¿Te encargas de presentarnos?”

“No tienes que pedírmelo dos veces” contestó Roxie con orgullo. La líder de gimnasio de Unova especialista en pokémon venenosos apoyó en el suelo el cuerpo su grande y pesado bajo eléctrico y tomó sin la menor pizca de miedo su micrófono para dirigirse a las masas con aquel agresivo e imperativo tono de voz que siempre utilizaba para preparar el ambiente antes de cada canción “¡BUENOS DÍAS, GENTE DE GALAR! ¡¿ESTÁN LISTOS PARA EL ROCK?!”
     

La ensordecedora ovación por parte del público no se hizo esperar, dibujando la misma sonrisa en los cuatro integrantes de la banda. Varios “Sí”, “Hurra” y “Te amo, Shady Poison” llegaron a sus oídos.

“¡PUES ESTÁN DE SUERTE!” retrucó Roxie con el mismo tono de antes “¡Porque el día de hoy estrenamos una nueva canción, titulada Nido de Amor. Canción que será sumada a nuestro nuevo álbum, que podrán comprar en todas las disquerías de la región apenas finalice el concierto! ¡Y no podemos estrenarla sin antes presentar a la persona con la que co-escribimos la letra! ¡La persona que nos inspiró y nos ayudó a terminarla! ¡La persona para la que ha sido más que un honor para nosotros hacer esta gran colaboración de caridad por la preservación de la vida marina en Hoenn! People from Galar, please welcome our special guest, MAY BIRCH!”

Los reflectores colocados en ambos costados del escenario se encendieron, revelando con sus luces de colores a la estrella principal: May Birch,  portando un largo vestido rosado con lentejuelas y un moño en su cabeza y zapatos de tacón alto que combinaban con él, caminó lentamente hacia el micrófono del centro, recibiendo halagada los aplausos de sus seguidores de Hoenn y Sinnoh, que representaban por lo menos un cuarenta por ciento del total de espectadores.

“¿Y esa quién es?” preguntó Hop extrañado e intrigado. Gloria lo miró enormemente sorprendida.

“¡No me digas que no la conoces!” exclamó su amiga tapándose la boca con la mano izquierda de la impresión “¡Es May Birch, la coordinadora pokémon más talentosa en la actualidad! Es toda una leyenda. Comenzó en el mundo de los concursos cuando apenas tenía doce y en su pueblo natal en Hoenn, lo que la vuelve la estrella más joven en ese ámbito, ¡Y luego cosechó un gran éxito en Sinnoh, lo que le permitió realizar grandes giras a través de todo el mundo!”

“Pues...vaya” respondió lentamente el muchacho moreno, volviendo a fijarse en May, quien se hallaba aclarando su garganta antes de hablar para dirigirse a sus admiradores.  

“Buenos días a todos” dijo la ya famosa joven coordinadora, genuinamente feliz de encontrarse allí “Les agradezco a todos los presentes por haber venido. Espero que disfruten esta canción tanto como nosotros disfrutamos componiéndola.”

“¡AND ONE, TWO, THREE!” vociferó Roxie tras ecualizar el volumen y el tono con las perillas de su bajo para después sacarle a la primera cuerda una muy aguda pero poderosa nota con ayuda de su púa cían, dando comienzo a la primera canción del recital. 
       

El logotipo de la banda ubicado previamente en el muro detrás de la misma, un Obstagoon con cuerpo de Koffing y expulsando veneno con una sonrisa siniestra, fue encendido desde tras bambalinas. Piers dio la señal con su mano libre, y tanto Billy Jo como Rillaboom comenzaron a tocar su guitarra y su batería. El maquillado pokémon gorila de tipo planta todavía se sentía algo nervioso por haber tenido que sustituir a Nicky tras que este terminase en el hospital por haberse fracturado la mano derecha, pero sus dudas se disiparon en cuanto sus palillos tocaron los tambores. May se aprestó a cantar, mientras que los dos líderes de gimnasio prepararon sus cuerdas vocales para acompañar a la cantante principal.

♫Déjame ir
He ya de partir
Quema mi corazón
Asfixiante pasión
Como llamas del sol
Arde sin control
Nido de amor (amooor)
Pútrido amor (amooor)
Nido de amor (amooor)
Pútrido y amargo amor
Un destello fugaz, en un mar de tinieblas
Promesas vacías me hunden sin más
Muero en paz, mi vista se nubla
Solo a mí me mentía, más ya nunca jamás
Nido de amor (amooor)
Pútrido amor (amooor)
Nido de amor (amooor)
Pútrido y amargo amor
Mentiras gigantes construyen este
Nido de amor (amooor)
Pútrido amor (amooor)
Nido de amor (amooor)
Pútrido y amargo amor♫

La canción llegó a su fin con ayuda del Sceptile de May, quien emergió de su poké ball para liberar un potente Pulso Dragón al techo, iluminando el escenario. Los gritos y aplausos de la gente se oyeron una vez más.

Reponiéndose del estupor que le había causado aquella dulce y melódica voz, Gloria volvió en sí para ver como May estrechaba manos con Roxie para luego bajar del escenario acompañada de su pokémon y dejar a la banda continuar con el espectáculo. La joven coordinadora se había reunido con otras dos mujeres, una de cabello verde agua y otra con cabello parecido al suyo, quienes la ayudaban a mantener a sus admiradores a raya para que se comportasen y pasasen a pedirle autógrafos de forma ordenada.

“¡Sí que tiene unas increíbles cuerdas vocales!” reconoció Hop, tanto asombrado como alegre “¿No lo crees, Glori?”

Pero cuando se dio la vuelta, notó para su sorpresa que su amiga ya había echado a correr en dirección hacia la cola de fanáticos de May, una fila que no era precisamente corta. Antes de que pudiese pronunciar siquiera otra palabra, oyó una voz familiar detrás suyo.

“¡HOP!” gritó agitada la mujer de cabello anaranjado y ojos verde esmeralda, llegando agotada y empapada en sudor mientras él se volteaba a verla “¡Menos mal que te he encontrado! Lamento la tardanza. Tuve que venir corriendo desde Pueblo Par porque no pasaba ni un condenado aerotaxi. ¿Dónde está Gloria?”

“Oh, hola Sonia” sonrió el muchacho moreno, feliz de ver a la profesora pokémon y señalando con el dedo índice de su mano izquierda hacia la ubicación de su amiga “Creí que no llegarías. Está por allá, en esa larga fila.”

“¿En serio?” preguntó la joven investigadora perpleja mientras miraba hacia donde el muchacho le señalaba, hasta que sus ojos detectaron a la campeona de Galar “Qué curioso. No sabía que era admiradora de May Birch.”

“Ni yo” admitió Hop confundido “Aunque, ¿Quién no podría admirar a una chica con una voz tan hermosa como esa?”

“Demonios” pensó Sonia para sí “Eso significa que me perdí la canción de apertura.”

Mientras sus amigos se hallaban conversando animadamente y disfrutando de la siguiente canción por parte de Shady Poison, Gloria esbozó una sonrisa al ver que la fila avanzaba rápido. Decidió ir preparándose, por lo que procedió a sacar lo que necesitaba de su mochila, y en un parpadeo se vio cara a cara con la persona que había estado esperando conocer.

“¡Vaya!” exclamó May al verla, estupefacta “Tú eres Gloria, la campeona de Galar, ¿No es así?”

“¡ASÍ ES!” vociferó Gloria, eufórica. Acto seguido se controló carraspeando para modular el tono de su voz “Quiero decir...sí, soy yo. No tienes idea de lo encantada que estoy de conocerte. Mi novia es gran admiradora tuya, al igual que yo.”

“¿De veras?” inquirió la muchacha de Hoenn intrigada “Eso...¡Es genial! Creo que tu hermano Piers me había comentado un poco sobre el tema. ¡Y debo decir que tu Rillaboom es un excelente baterista!”

“¡Gracias!” respondió ella ruborizada para luego entregarle lo que había traído para ser autografiado: era un poster promocional de May y de sus pokémon adoptando sus características poses de baile y de presentación “Desearía que mi novia hubiese podido estar aquí hoy para verte en persona.”

“¿Te lo dedico a ti o a alguien más?” preguntó May con bolígrafo en mano y lista para firmar, al mismo tiempo que veía aquel poster con un dejo de nostalgia. Era el primero que el departamento de marketing de Ciudad Corazón había distribuido con tal de anunciar su primera gira mundial.

“De hecho querría que fuese para Marnie” explicó Gloria ilusionada “Hoy es su cumpleaños, y esto le alegraría el idea como no te imaginas.”

“Lo comprendo perfectamente” sonrió ella a la vez que terminaba de firmar y devolverle el afiche “Sabes, quizás sea algo precipitado, pero quisiera pedirte un favor. Verás, esta es la primera vez que visito Galar. No me quedaré por mucho tiempo aquí, y por eso me gustaría que alguien me diese una visita guiada para conocer la región. ¿Te gustaría ser ese alguien?”

Gloria se quedó sin aliento. Nunca habría esperado que su ídolo le hiciese semejante petición.

“¿E-en serio?” preguntó tras haberlo contemplado unos segundos, llevándose la mano izquierda al corazón y hallándose incapaz de esconder la agitación que se estaba apoderando de ella. Parecía una niña en una dulcería, esperando a que sus padres le diesen permiso para comprar todas las paletas que se le antojasen.

“¡Claro!” afirmó May con una sonrisa sincera y contagiosa “¿Quién mejor para mostrarme Galar que la campeona de Galar? Le pediría a Piers, pero él está muy ocupado con el recital. De paso podríamos conocernos mejor. ¿Qué dices?”

“¡POR SUPUESTO!” gritó desaforada Gloria mientras tomaba súbitamente a la coordinadora de la muñeca derecha y la arrastraba en dirección hacia afuera de Pueblo Crampón, corriendo a la velocidad de una bala. Sceptile, tras haber procesado lo que había sucedido, fue tras su entrenadora con la misma rapidez “¡TE LO MOSTRARÉ TODO!”

“¡MAY, RECUERDA QUE ESTAREMOS ESPERÁNDOTE EN EL HOTEL BUDEW!” alcanzó a decir Lisia, solo para percatarse de que su representada y la chica de Galar ya se encontraban demasiado lejos para escucharla “Ay, no tiene caso. Parece que esa muchacha es igual de apresurada que ella. Laura, ¿Puedes ir tras ella y asegurarte de que no le pase nada?”

La experta en concursos vio cómo su amiga le sonrió para luego responderle. Su simpática y ya más que familiar voz sonó en su cabeza acompañado de un eco.

“Será un placer.”

 Y, cerciorándose de que nadie excepto Lisia estaba mirándola, canalizó su poder. Sus plumas doblaron la luz que tocaba su cuerpo para cambiar de apariencia y desaparecer de su vista, tornándose invisible.
                                               



“¡No podemos seguir con las inyecciones! Si continuamos administrándole tantas dosis seguidas de epinefrina, ¡Podría morir de una sobredosis,  al igual que los demás!”

“No me interesan tus temores auto-infundados, Fuji. Ya hemos invertido demasiado y sido lo suficientemente pacientes con él. Es tiempo de que sepamos qué tanto puede resistir realmente. De lo contrario jamás comprenderemos la extensión de sus poderes psíquicos.”

“¡Entonces lo harás tú solo! No pienso seguir trabajando en estas condiciones mientras esa criatura sigue sufriendo, Blaine. ¿Acaso no piensas que podría terminar rebelándose contra nosotros?”

“Estás en lo correcto. Entonces lo haré yo solo. ¡Seguridad! Enciérrenlo.”

“¿Qué? ¡NO! ¿Qué hacen? ¡Suéltenme!”

“Lo siento, Fuji. Pero si te dejo ir irás con la policía. Ya tenemos suficiente con los riesgos que hemos corrido últimamente. Este será el trabajo de mi vida, y no dejaré que se venga abajo solo porque andas por allí de lenguaraz.”

“¡¿Cómo puedes hacerme esto?! Esta era nuestra visión. Nuestro sueño.”

“Era. Tiempo pasado. Continuaré con o sin ti. Llévenselo, y asegúrense de que no pase hambre. Es lo menos que podemos hacer por él ahora.”

“¡No! ¡Déjenme!¡Debo permanecer cerca de él! ¡Soy el único en quien confía! ¡Despertarán sus peores instintos si me quitan de la ecuación!”

“Correremos el riesgo. Ya sáquenlo de aquí.”

“¡NO! ¡NO HAGAN ESTO! ¡NOOOOO!”

                                        



“Los...mataste...”

“Resiste. Ya casi llegamos.”

Y así era. Allí, más adelante y a pocos metros de distancia, una enorme y extraña cueva se alzaba imponente sobre una pequeña y modesta ciudad. Una sonrisa se dibujó en sus labios a causa del alivio. No le cabía duda de que allí estarían a salvo, lejos de ojos curiosos.

“Es...mi culpa...yo...te hice hacer...”

“¡TE HE DICHO QUE RESISTAS!”

Su esperanza fue devorada por la desesperación. La conexión psíquica que compartía con ella se volvía cada vez más débil a medida que pasaban los segundos. Debía apresurarse, por lo que la sujetó con aún más fuerza entre sus manos y aumentó la velocidad de su vuelo.

“Y ahora...te cazarán...”

“¡SÍ!”

Entraron en la lúgubre y seca caverna como una flecha silbando suavemente en pleno lanzamiento por parte del mejor de los arqueros. Los Golbat y Parasect salvajes que la habitaban, aterrorizados ante el evento, se dispersaron entrando en pánico, mientras que los Graveler y Wobbuffet que allí se encontraban se acercaron con sumo interés a observar a aquel extraño ser humanoide de apariencia felina que apoyaba en suelo a aquella joven moribunda de cabello y ojos aguamarina. Los Golduck, Slowbro y Magikarp asomaron la cabeza a la superficie, invadidos por una genuina curiosidad.

“¡Lo logramos! ¡Al fin lo conseguimos!”

“S-sí...lo...”

Ella hizo una pausa para toser aún más sangre. A él no le gustó para nada.

“No. ¡No, no, no! Tienes que aguantar. Tan solo un poco más. Quédate aquí e iré a buscar...”

“No. Quédate...quédate tú conmigo.”

Su voz reflejaba dolor, pero también felicidad. Las lágrimas que escapaban de sus ojos trasmitían tanto tristeza como júbilo.

“Quítate...esa cosa.”

Tenía razón. Había olvidado en plena huida que todavía la llevaba puesta. Se deshizo inmediatamente de aquel horrible y pesado trasto metálico que cubría todo su rostro. Ella sonrió apenas vio su cara, y realizando un esfuerzo con las pocas fuerzas que le quedaban alzó su mano izquierda para acariciar su fría mejilla, buscando tranquilizar aquellos agitados y llorosos ojos púrpuras. No soportaba verlo así. Y todo era su culpa. No podía dejar de pensar que era su culpa.

“¡Pero tengo que ir! ¡Tengo que salvarte!”

“Ya lo...has hecho.”

“¡No, no lo he hecho! ¡Debo de hallar la cura! ¡Antes de que...!”

“Es...demasiado tarde. Tienes que ser fuerte. Y bueno. Prométeme...que serás bueno.”

Su corazón se resquebrajó mientras veía como sus párpados se cerraban por última vez. Su boca exhaló su último aliento al mismo tiempo que la conexión terminaba de perderse para siempre.

“¡No, por favor! ¡Vuelve! ¡AMBER!”

               



“¡MEWTWO!”

La voz llamó insistentemente una vez más, esta vez acompañada de una cálida sensación en su hombro derecho, arrebatándole de aquel turbulento sueño. Sus ojos se abrieron de par en par, y una vez sus retinas se ajustaron a los rayos de sol que se habían filtrado a través de un hueco en la pared, se halló con el único rostro al que sabía que aquella voz podía pertenecer. Ella le veía preocupada, con su largo cabello marrón claro reposando como siempre sobre ambos hombros. Había apoyado su mano derecha sobre su hombro, mientras que con la izquierda sostenía ante él un gran trozo de corteza que, a modo de bandeja improvisada, sostenía una baya redonda azulada y un coco repleto de agua en su interior que, a juzgar por su aspecto, no llevaba más de cinco minutos partido.

“Serena, yo...”

“¿Te encuentras bien?” preguntó la joven campeona de Kalos con clara ansiedad “Estabas estremeciéndote y sudando. Aquí está el desayuno.”

Dirigió su mirada al suelo mientras tomaba la bandeja para luego mordisquear y masticar la baya con sus malformados colmillos. Una vez más se había quedado dormido meditando, en posición de loto. Sus patas temblaban con nerviosismo, y su cola se movía de un lado al otro, de forma rápida y violenta. El resto de su cuerpo estaba empapado en sudor, traspirando y eliminando toxinas de todo tipo.

“Mewtwo” repitió Serena al ver que no había contestado su pregunta “Por favor, no me ignores. ¿Qué fue lo que pasó?”

El clon dejó salir un suspiro de derrota. No le quedaba otra opción más que contestar.

“Yo...soñé con Amber. Después de tantos años.”

Serena le miró a los ojos atónita, insegura con respecto a lo que debería sentir y decir en aquella circunstancia. El pokémon legendario llevaba mucho tiempo viajando a su lado, y a pesar de todo lo que habían vivido y experimentado juntos seguía resultándole imposible comprender cuando se sentía feliz, triste o enojado. Aquellos ojos morados y felinos que nunca cambiaban de expresión eran como la combinación de una caja fuerte que seguía sin descifrar.
Abrió otra vez la boca para hablar. Pero él la detuvo en el acto.

“Solo fue eso, un sueño. Deja de preocuparte.”

“No, no fue solo un sueño” retrucó Serena irritada mientras veía a Mewtwo terminando de comer el pulposo fruto para proceder a beber el agua del coco “Fue una pesadilla, ¿Verdad? ¿Otro de esos recuerdos reprimidos tuyos?”

“Soy yo el que debe protegerte, no al revés.”

“¡Y no lo harás si me sigues mintiendo así!” objetó ella, casi mandándolo a callar “¡Si continúas ocultándome secretos, solo te harás daño a ti mismo! Ahora dime la verdad.”

El gato antropomórfico de piel grisácea suspiró nuevamente. Quería cambiar de tema a como diese lugar.
“¿Por qué suspiras tanto?” preguntó Serena arqueando su ceja izquierda “¿Por qué siempre tienes que dártelas de misterioso? Sabes que no voy a hacerte daño. Aún si pudiese no lo haría. Tan solo tienes que...”

Pero antes de que terminase su oración, un veloz cuerpo en movimiento se tele-trasportó frente a ellos, haciéndoles retroceder y asustándoles momentáneamente.

“¡SEÑORITA SERENA!”

La muchacha se repuso inmediatamente del susto apenas escuchó al flotante ser pronunciar su nombre con característica e infantil tono de voz, sustituyendo su estupor con su enojo.

“¡HOOPA!” vociferó con su rostro poniéndose rojo “¡Prometiste que no volverías a hacer eso!”

“Sentirlo mucho, señorita Serena” se lamentó el pequeño y cornudo genio de cabello rosado y cuerpo y brazos con forma de trompos, dándose cuenta del error que había cometido “Pero amigos pelear de nuevo. Hoopa tratar de detenerlos, pero no poder hacer nada. Pensar que señorita Serena poder hacer algo.”

Y no mentía. Allí afuera había dado inicio un molesto griterío desde hacía dos minutos. No necesitaban saber quién estaba peleando contra quién.

“Esta discusión no ha terminado” dijo Serena mientras se levantaba del suelo y apuntaba a Mewtwo con el dedo índice de su mano derecha, al mismo tiempo que Hoopa volvía a tele-trasportarse “En cuanto me encargue de esto, tú y yo tendremos una charla más que larga.”

Humana y pokémon salieron juntos de la cueva sin dirigirse ni una sola palabra. Allí fuera, dos jóvenes de casi su misma edad sino un poco mayores discutían verbal y acaloradamente, riñendo. Detrás de ellos, un gran guiverno blanco y peludo de ojos azules los envolvía con sus enormes y majestuosas alas, emulando la posición de un ángel de la guarda. No muy lejos de allí, el Aurorus de Serena protegía del ruido a un pequeño ser de piel verde y armadura escarlata. El pokémon saurópodo de escamas blancas y barriga azul marina hacía lo posible por que el brillo del cristal incrustado en el pecho de la joven criatura se regulase, reconfortándole y meciéndolo mediante un abrazo con su larga cola.

“¡No podemos regresar!” exclamaba uno de ellos “¡No después de todo lo que ha pasado! ¡Nos preguntarán por qué no los salvamos! ¡Por qué no estuvimos allí para ellos!”

“¡¿Por qué hablas en plural?!” respondía la chica “¡Es solo a ti a quien buscarían!”

“¡Ese no es el punto!” retrucó él “¡Si me persiguen a mí, irán también tras de ti! Y no podría vivir conmigo mismo si le hiciesen algo a ti o a tu familia. Piensa en tus padres. ¡Piensa en Kelsie!”

“¡Tenemos que arriesgarnos!” espetó ella “¡N podría protegernos! ¡Incluso podríamos pedirle ayuda a la actual campeona! Después de todo sabemos de buena fuente que Cheren y Bianca se llevan bien con ella.”

“¿Y qué tal si se niega a ayudarnos?” señaló él “¿Qué tal si en cambio ayuda a la gente de la región a cazarnos?”
“¡Mejor a seguir huyendo!” replicó la muchacha.

“¡¿Quieren bajar la voz?!” gritó Serena colérica, silenciándolos a ambos “¡Asustarán a Junior!”

Pero ya era demasiado tarde. Junior ya había apartado a Aurorus, empezando a emitir chillidos distorsionados y agudos, similares a los de una máquina de fax. Su cristal verde brillaba con mayor intensidad que antes, amenazando con salirse de su cuerpo. Todo ellos tragaron saliva, sabiendo lo que eso significaba.

Mewtwo cerró sus párpados y meneó con la cabeza mientras el indefenso extraterrestre se arrimaba a él en busca de protección. Instintivamente le rodeó con ambos brazos, y comenzó a darle palmadas en la espalda con su mano izquierda.

“Tranquilo. Todo está bien.”

“No...puedo...Padre...amenaza...con...SALIR.”

“Concéntrate. Lo has apaciguado antes y puedes volver a hacerlo. Sigue mi voz.”

Él le hizo caso, y reunió toda la energía psíquica en su pecho. Al cabo de unos segundos el brillo en su gema desapareció por completo. Todos suspiraron aliviados.

“Lo siento, Junior” dijo el muchacho de cabello castaño abochornado, acercándose al pequeño para acariciar su frente “Te alteramos demasiado, por lo que veo.”

“También te debo una disculpa, pequeñín” añadió la muchacha, agachándose para mirarle a los ojos con mayor detenimiento “No me di cuenta de lo mucho que estábamos estresándote.”

La voz del infante no tardó mucho en sonar en sus mentes y en la de los demás.

“Está bien, amos Hilbert y Hilda. No es su culpa.”

“¡SÍIII!” celebraba Hoopa dando giros en el aire de la alegría “¡Hoopa estar feliz de que todo resolverse!”
Mewtwo aprovechó aquel momento para dejar a su hijo adoptivo en manos de los dos humanos y voltearse a ver a Reshiram, quien le miraba de reojo, con la vista clavada en el calmo e infinito océano que se extendía hasta el horizonte. Decidió entablar con él una conversación psíquica privada.

“No has dejado de leer mi mente, ¿Verdad?”

“No dejo de leer la mente de nadie, y mucho menos la tuya. Dime, ¿Cuánto tiempo nos queda en realidad?”

“Temo que no lo sé a ciencia cierta. Más sí sé que ya estamos a muy pocos kilómetros de nuestro destino.”

“Estás mintiendo. De lo contrario me mirarías a la cara ahora mismo.”

“Mentir no está en mi naturaleza. Sin embargo, admito que puede que los escritos en el libro de tu compañera humana sean verídicos. Y de serlos, nos queda menos de una hora para que todo comience. Por eso debemos viajar hasta allí. Porque será allí donde todo comenzará.”

El dragón y el gato permanecieron callados unos instantes, sin dirigirse la mirada. El segundo, tras meditarlo un poco, decidió abordar el Copperajah en el cuarto.

“¿Por qué lo hiciste?”

“¿Disculpa?”

“¿Por qué nos escogiste? Ya suficiente tenías con tu humano elegido y su pareja. ¿Por qué arrastrarnos a todos los demás a esto?”

“Todos ustedes persiguen alguna verdad. Mi maestro y ella buscan la respuesta a lo que realmente es mejor para ellos y su lugar de origen. Aquella a la que proteges y que crees es la reencarnación de tu amiga fallecida busca el secreto para convertirse en una maestra.”

“¿Y a mí qué? ¿Me escogiste por lástima?”

“Por la misma razón que escogí al pequeño Junior: buscas la verdad detrás de tu nacimiento. Buscas tu lugar en el mundo, un propósito que sientas que valide tu existencia. Quizás no posea la respuesta a lo que buscas, pero sí puedo guiarte hasta ella.”

“Ustedes los dioses no son muy diferentes de los humanos. Buscan hacernos deambular por este mundo sin sentido, sin un rumbo fijo, y todo para decidir nuestros destinos sin que tengamos una elección. Para su retorcido disfrute personal.”

“No podrías estar más equivocado. Le hemos dado a la humanidad más de una oportunidad en el pasado, hasta hemos intentado convivir en armonía con ellos. Fueron ellos los que decidieron alejarse de nosotros, diciendo que no nos necesitaban y considerándonos dictadores, monstruos inclusive. Lo que pasará hoy determinará si aún queda una esperanza. Si humanos y pokémon pueden coexistir.”

“Humano...pokémon...¿Cuál es la diferencia? ¿No podemos llevarnos todos bien?”

Los dos legendarios se voltearon sorprendidos, solo para descubrir que tanto Junior como los demás les miraban fijamente.

“Sí, podemos oírlos. Junior unió nuestras mentes con las suyas.”

“No hace falta que digan nada. Sabemos lo que está en juego, y lo daremos todo con tal de evitar que el mundo se destruya.”

“Aunque nos cueste la vida.”

“Hoopa ayudar amigos porque querer amigos. Sin amigos, Hoopa estar solo y muy triste.”

“Y yo haré todo en mi poder por ayudar a mi maestra Serena.”

Reshiram asintió con la cabeza, complacido no solo por la dedicación de todos ellos, sino también por el deseo del pequeño genio por desear ayudar, a pesar de que casi todo el mundo tenía razones para temerle.

“Entonces ya es hora de partir. Debemos llegar a destino antes de que el sol comience a descender.”

Mewtwo negó una vez más con la cabeza, al mismo tiempo que aceptaba lo inevitable.

“No puedo creer que vaya a tener que volver a vérmelas con...”
                     



“¿Red?” exclamó Green, muy sorprendida ante la pregunta que el anciano acababa de hacerle y apoyando su taza de té sobre la gran mesa oblonga. Tras reponerse de la impresión, sonrió “Oh, él está muy bien. Su madre no le ha dejado salir últimamente de casa para pasar más tiempo juntos, eso es todo.”

“Bueno, si es que hoy vas a visitarlo, recuerda mandarle saludos de parte mía y de Sabrina” pidió Fuji con su rasposa voz que parecía de abuelo paterno “Llevamos años sin verlo.”

“¿Sabrina lo busca?” preguntó la joven aspirante a líder de gimnasio, perpleja.

“Así es” afirmó la joven Reina, validando las palabras del viejo. La joven de cabello castaño y ojos azul zafiro se hallaba enfrentada a Green en el otro extremo de la mesa, acariciando el cráneo del Marowak que ella y su abuelo llevaban más de una década cuidando “Se presentó aquí ayer para visitar la tumba de su Gallade, y nos comentó que estaba muy preocupada por él. De hecho, desde que se enteró de que regresó a Pueblo Paleta ha querido pasar a visitarle, pero no ha tenido el tiempo. También ha tratado de ponerse en contacto con él, pero no le ha contestado ni una sola llamada.”

Green no pudo evitar esbozar una sonrisa de aceptación. “Clásico Red”, pensó.

“Veré de hablar con él hoy” aseguró mientras se levantaba finalmente de su asiento “En fin, será mejor que me ponga en camino. Le prometí a su madre que llegaría a tiempo.”

“En serio te agradezco lo mucho que nos has ayudado hoy, Green” dijo Fuji con una sonrisa cálida y reconfortante “De no ser por ti no habríamos terminado de limpiar ni la mitad de las tumbas.”

“Gracias a usted y a Reina por dejarme ayudarles, señor Fuji” dijo mientras sacaba de su bolso de mano rojo la poké ball que contenía a su Dodrio, para luego alejarse montado en él a gran velocidad “¡Los veré el próximo viernes!”

“Es una muy buena niña” reflexionó Fuji en voz alta, justo cuando Reina terminaba de saludar a Green y cerraba la puerta detrás de ella “Y pensar todo por lo que ha atravesado...”

“Desearía haber tenido una hermana mayor como ella, abuelo” suspiró triste su nieta mientras movía su silla con delicadeza y se sentaba cerca de él para reconfortarlo. Marowak saltó al regazo de la muchacha para hacerle compañía, como de costumbre “Si tan solo papá y mamá estuviesen aquí para darnos una mano...”

Hizo una pausa para llorar en silencio. Fuji la abrazó rodeándola con su brazo derecho, en un intento por hacerla sentir mejor. Verla en ese estado y hundiéndose en tan amargos recuerdos le rompía el corazón.

“Yo también los extraño, Reina” aseguró “Pero debemos seguir adelante.”

“No es solo eso, abuelo” decía Reina entre sollozos “¿Qué haré cuando tú ya no estés? ¿Cómo podré seguir manteniendo a todos estos pokémon abandonados sin tu ayuda? Sin ti el presidente de Kanto podría decidir dejar de pasarnos dinero. El banco nos embargaría, y no tendríamos lugar a dónde ir.”

“Una preocupación para otro día” respondió su abuelo cabizbajo y con una sonrisa débil, intentando soportar el dolor que le causaba su actual predicamento “Ahora debemos celebrar que estamos vivos y que estamos felices con lo poco que...”

Como si el pasado hubiese decidido arruinar aquel momento mordiéndole en la consciencia, una espeluznante voz que conocía mejor que la de nadie más y que nunca pensó que volvería a oír retumbó en su cerebro.

“Nos veremos pronto.”

“¿Abuelo?” preguntó Reina finalmente, alzando la cabeza para descubrir para su sorpresa que Fuji se hallaba mirando a un punto indeterminado del techo, con los ojos abiertos como platos y el rostro igual o más pálido que la luna, como si hubiese visto u oído un fantasma “¿Estás bien? ¿Qué pasa?”

“N-nada” mintió Fuji mientras los abrazaba a ella y a Marowak con fuerza, disipando sus dudas. Su ceño se frunció por completo, y las facciones de su cara se endurecieron “Absolutamente nada.”

                   



“No” respondió finalmente Mars, saliendo del estupor inicial para luego caminar de espaldas hacia atrás, viéndose incapaz de creer lo que sus oídos acababan de escuchar “¡N-no! Eso no es cierto. Mi padre era un médico respetado, ¡No un mafioso vulgar y perdedor!”

“No, Mars” explicó el muchacho pelirrojo cuyo corte de cabello era idéntico al suyo y que se hallaba en compañía de un Sneasel “Michael era tu padrastro. No solo Ariana es nuestra madre, sino que también compartimos padre. Giovanni es tu padre biológico. Y también el mío.”

La ex-comandante del Equipo Galaxia retrocedió aún más, negándose a aceptar lo que en su cabeza solo podían ser mentiras. Intentó ponerse detrás de su Purugly, pero esta se apartó de ella. La obesa y orgullosa gata estaba cansada de defender a una persona que nunca le había dado ni aunque fuese el más mínimo cariño.

“¡¿Cómo podría ser hermana de un mocoso como tú?!” dijo ella furiosa, al mismo tiempo que dirigía su atención hacia aquellos documentos blancos que Silver sostenía en su mano izquierda“¡¿Cómo sé que esos papeles de adopción no están falsificados?!”

“Puedes revisarlos cuantas veces quieras” retrucó él “No hallarás más que evidencia en ellos. Te garantizo que no están alterados.”

“No intentes engañarme” respondió Mars colérica, al mismo tiempo que se detenía frente a uno de los gruesos y antiguos pilares de la Columna Lanza “¡Jamás de los jamases podría estar emparentada con un ladrón de poca monta como tú!”

“¿Ah, sí?” preguntó Silver de manera sarcástica, finalmente perdiendo la compostura “Mira quién habla, la idiota que se unió a una falsa organización benéfica con el objetivo de destruir nuestro mundo y recrearlo desde cero, dándolo todo por un hombre que ni siquiera se percata de que existe.”

Ella abrió la boca, pero la cerró inmediatamente para gruñir y cerrar ambos puños, conteniendo la furia que dominaba su ser. Sabía que aquel niño tenía razón, pero no podía aceptarlo. No quería aceptarlo. Pero no tenía a nadie que la apoyase. Allí arriba solo estaban ella, él, los pokémon de ambos y el abrumador silencio del Monte Corona. Los vientos del sur y del norte que azotaban la cima de aquel monte en el que la vida como ellos la conocían se había originado soplaban y aullaban con vigor, relatando remanentes de legendarias batallas, dioses poderosos, embrujos prohibidos y héroes extraordinarios.   

“Aún si fuera tu hermana, ¡¿Por qué demonios has venido aquí por mí?!” respondió al fin, plantándole cara “¡No tenemos nada en común más que la sangre!”

Silver inhaló y exhaló profundamente. Había pasado semanas enteras subiendo los pisos y recorriendo todas las zonas de aquel laberíntico y condenado monte con tal de alcanzar la cima y encontrar a aquella ingrata a la que por la fuerza debía llamar hermana. La única alegría que había tenido en todos esos lentos y tortuosos días había sido la evolución de su Magneton en Magnezone a causa del campo magnético que rodeaba toda la montaña. Ho-Oh le había explicado que no podría llevarle hasta lo más alto sin que muriese de hipotermia, por lo que debía recorrer aquel largo y traicionero sendero por su cuenta, y él le estaría esperando allí arriba. Por un lado quería estrangular tanto a Mars como al fénix legendario por todas las hordas de pokémon salvajes que había tenido que derrotar y ahuyentar en el camino, y por todas las bayas silvestres que debió recolectar y comer para no fallecer del hambre; por el otro, sabía que debía mantener la calma y ser lo más franco posible con ella.

“Porque quiero salvar la poca familia que me queda” afirmó él irritado a causa del frío y del cansancio “No malgastes tu tiempo buscando a Cyrus. No podrás acceder por aquí al Mundo Distorsión para rescatarle, y tampoco por la Cueva Retorno. Y aún si pudieras hacerlo, ¿Por qué querrías salvar a ese hombre? Hasta donde sé solo quería crear un mundo para él solo. Te habría borrado a ti también, junto con el resto del Equipo Galaxia.”

“¡¿Y cómo sabes todo eso?!” preguntó ella, señalándole acusatoriamente con el dedo índice de su mano derecha. Ahora además de desesperada se sentía espiada “¡¿Cómo sabes que estuve explorando en la Cueva Retorno?!”

“Ho-Oh me lo ha dicho” contestó Silver “Y creo en sus palabras. ¿No es así, Ho-Oh?”

Como si hubiese estado esperando el momento oportuno para hacer su aparición, el majestuoso y elegante pájaro de fuego se materializó justo detrás de ellos, asintiendo con la cabeza y alejando con el calor de sus llamas la nieve y el frío que los rodeaban. Purugly dio un brinco maullando asustada, mientras que Sneasel ni se inmutó.

Mars quedó boquiabierta ante la magnificencia que Ho-Oh desprendía con sus alas abiertas de par en par. Había oído leyendas acerca de él, pero jamás pensó que fuese real. Era como ver al sol mismo encarnado en un pokémon.

“Deja esta vida de fugitiva de la ley y ven conmigo” dijo Silver dando un paso hacia adelante y extendiéndole su mano derecha “No tienes por qué seguir escapando sola. Ayúdame a reconstruir a nuestra familia.”

“¿Cómo sé que no tendré que seguir huyendo de la policía?” respondió ella con lágrimas en los ojos, con la culpa y el remordimiento carcomiendo su corazón “¿Cómo sé que no eres igual que yo? Hasta donde he leído sobre ti no somos diferentes. Robaste un pokémon, igual que yo robé a los míos, y de seguro debes de tratarlos de la misma forma.”

“Tienes razón” admitió Silver “Robé pokémon porque estaba solo y enojado. Porque quería ser mejor que nuestro padre. Pero luego aprendí a querer a mis pokémon, a verlos como mis amigos y no como meras herramientas. Puedo ayudarte a hacer lo mismo con los tuyos. A ser una mejor persona. Pero para ello debes confiar en mí. Dame la mano. Mejoremos juntos.”

Mars volvió a encontrarse a sí misma sin palabras. Sus ojos se desviaron del rostro de Silver hacia los de su Sneasel, que la miraba con curiosidad.

“Je” rió ella con gran pesar “Sabes...me recuerdas un poco a Cyrus. A él también le gustaban los Sneasel.”

Silver quedó atónito. Antes de que pudiese contestar a aquella observación, sintió como ella lo abrazaba como si fuese un salvavidas. Decidió dejar de lado su orgullo por un instante y corresponder a aquella muestra de afecto, feliz de haberla hecho entrar en razón.

Conmovido por la escena que acababa de presenciar, Ho-Oh giró luego la cabeza en dirección hacia el que sabía era su siguiente destino, tanto consternado como serio.

“Apresúrate.”

La voz de Lugia le llamaba, suplicándole su asistencia. No podían defraudarle.

                   



“¿Partir?” preguntó el viejo diseñador de trampas muy apenado, sentándose sobre su silla favorita mientras sentía como si mil puñales se le estuviesen clavando en la espalda “¡Pero Jirachi, mi viejo amigo! ¡Desde que te hallé en ese cometa me has ayudado mucho! ¡Has logrado que mi nuevo negocio aquí en Kanto prospere dándome ideas para nuevos trucos tan brillantes que ni a mí se me podrían haber ocurrido! ¡De no ser por ti hubiese tirado la toalla hace mucho tiempo atrás! ¡No podré sobrevivir sin ti!”

“Usted también me ha ayudado mucho, querido Maestro Treta” respondió Jirachi mediante telepatía. El pequeño pokémon singular había llegado a querer al anciano como si fuese su propio padre “Pero ya no puedo quedarme. El mundo me necesita. No puedo fallarle a aquellos que han depositado su fe en mí.”

“¿Al menos puedes prometerme que volverás cuando todo esto acabe?” preguntó el Maestro Treta ilusionado.

“¡Por supuesto!” aseguró el genio de los deseos con una sonrisa de oreja a oreja mientras flotaba en el aire “Pero solo si usted me promete a su vez que se pondrá a buen resguardo.”

“¡Tenemos entonces un trato, mon ami!” respondió el anciano estrechando manos con su inseparable amigo. Tras separarse sacó un largo pañuelo blanco de su chaqueta de muchos colores para secar sus lágrimas “¡Ahora ve! ¡Ve con tus amigos antes de que me eche a llorar cual payaso triste de feria!”

Y concediéndole su deseo, el genio blanco de cabeza amarilla con forma de estrella salió volando por la ventana del taller, partiendo hacia donde el deber le llamaba.


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@Nemuresu Personalmente siempre he visto a Giratina como la versión de Hades del universo pokémon, basándome en la personalidad que tiene en el anime y el rol que cumple en Platino, salvando al mundo de los planes de Helio/Cyrus. Tengo entendido que en el manga de Special es un villano, pero podría estar equivocada.
        [Imagen: Luna_Firma.png]
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#4
Me siento bastante mal por Landorus. Él sabía muy bien por donde iban las cosas, pero sus hermanos fueron demasiado tercos para entenderlo. Ya' don't fuck with the top dog of OU indeed.

No estaba esperando a que el Ragnarok fuese tan extenso en cuanto a los personajes, debo admitir. Primero están todos los de Unova directamente, luego está Mewtwo aún traumado con el TR (nica callback to Amber btw), luego Hoopa que me da una impresión similar a Hulk, y ahora también un Jirachi.

Hope everyone's ready for some extensive explanations around.
Descansa. Hasta que nos volvamos a ver...
[Imagen: SwCanxx.png]
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