Longfic- Pokémon No More

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FranquiciaCoregames
GéneroComediaDrama
Resumen

El desencanto con el mundo en el que viven los acerca poco a poco a la desesperación. Un viaje sin descanso por la libertad; un grito de impotencia por aquello que no son. Un grupo de rebeldes decide ponerle fin a las mentiras del Mundo Pokémon.

AdvertenciaDrogasViolenciaMutilacionesTrastornos mentalesContenido sexual
#1
Pokémon No More


- Índice de Capítulos -

1. Desilusión
2.

- Fichas de Personajes -

Próximamente

- Notas del Autor -

Este será mi próximo proyecto cuando finalice Crowned. No tengo intenciones de publicar algo más hasta entonces, pero tampoco las tenía de escribir una sola palabra de esto hasta haber terminado mi fic principal. Supongo que algo en mi estómago me pedía a gritos que lo hiciera, así que al final lo hice caprichosamente. Tal vez eran solo gases.

Es desprolijo y hasta inmoral embarcarme en el primer capítulo de esta historia cuando estoy dando las últimas pinceladas a algo a lo que le dediqué más de un año de mi vida. Pero si Crowned es un relato hecho con todo el amor que tengo por Pokémon, esto podría ser perfectamente todo lo contrario. Porque también es un mundo absurdo, injusto y despersonalizado. Porque las personas se esconden atrás de sus pokémon, y esperan que un poco de acción bombástica arregle todos sus problemas. Acá no hay amigos, ni compañeros. Son personas a la deriva, haciendo lo mejor que pueden hacer para obtener lo que quieren. ¿Y qué quieren en realidad? Voy a tener que descubrirlo junto a ellos.

Transcurre en Kalos, de momento, y sucede cinco años después de que finalicen los hechos de las ediciones XY.
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#2
1. Desilusión


Mi meta siempre había sido viajar por el mundo; descubrir los lugares más maravillosos de mi región; capturar a los pokémon más increíbles y enfrentar a los entrenadores más poderosos.

No fue un camino fácil, pero pude hacerlo con el apoyo de mis mejores amigos. Y aunque todos ellos dieron el máximo durante su aventura, las enormes puertas hacia la Sala de la Luz se terminaron abriendo para mí. ¡Y vaya que encandilaba el ambiente ahí adentro! Diantha demostró ser la oponente más dura contra la que me había enfrentado en todo mi viaje, y eso no es poco considerando las que me hizo pasar el Team Flare junto con ese terrible pokémon legendario.

Afortunadamente, mis pokémon siempre estuvieron a mi lado para cuidar de mí. Sin ellos, no habría podido cantar victoria al final. Sin ellos, mi vínculo con este hermoso mundo se habría desdibujado hace años.

Mi nombre es Serena, y ésta es mi historia. Acompáñenme a redescubrirla… ¡En los mejores cines!



—Qué sarta de estupideces.

Apagó el televisor tras dedicarle una última mirada de soslayo a la espléndida sonrisa en el rostro de la rubia con sombrerito rosa. La opulenta fanfarria que acompañaba la presentación del título de la película —Serena: Forjando los vínculos con mi destino— quedó retumbando en su cabeza mientras arrojaba el control remoto al sillón desvencijado al otro lado del comedor y se desplomaba sobre un sofá de un cuerpo con algunos resortes sobresaliendo por el apoyabrazos. Tanteó un cigarrillo encendido sobre la mesita de luz contigua y se lo llevó a los labios. Tenía un sabor salado, y con una rápida mirada corroboró que lo había apoyado sobre un montón de nachos con queso antes de correr de urgencia al baño, pues el deber apremiaba.

Al cabo de unos minutos, el ruido de los tachos de basura removiéndose en el callejón al que daba la ventana sobre su cabeza reemplazó a la insoportable fanfarria del tráiler en su cabeza.

Tras darle unas cuantas pitadas más al cigarrillo para intentar evadirse del incordio, decidió ponerle punto final a semejante escándalo. Poniéndose de rodillas sobre el sofá, comprobó que un grupo de Trubbish y Gulpin hurgaban entre la basura que rebalsaba tanto de los cestos como en un enorme container de cemento. Aquello se había convertido en todo un ecosistema para ciertas especies de pokémon, pero un vistazo completo le confirmó que no eran sólo ellos: unos metros más adelante, y escondiéndose tras los postes de luz que alumbraban poco y nada el callejón, dos niños de no más de once años se acercaban lentamente con pokébolas en las manos para capturar a las alimañas que se alimentaban con comida podrida y vómito de vagabundos.

Era un espectáculo tan desagradable como patético. ¿A eso había llegado la humanidad? ¿Los padres de esos mocosos aprobaban que sus hijos se metieran en callejones con criminales y prostitutas para guardar en cápsulas a pedazos de mierda andantes? ¿Se fundirían en un abrazo con esas alimañas hediondas y chorreantes luego de que éstas les ganasen un puñado de metal en los gimnasios?

Sintió clemencia por un instante, al ver algo así como una chispa de ilusión en los rostros de los inútiles con las pokébolas y de los repulsivos pokémon venenosos tragándose restos de hamburguesas con clavos. Justo cuando uno de los niños había juntado suficiente coraje para arrojar su pokébola a los cestos de basura, resolvió que sus reflejos podían ser más eficientes para ahuyentar a todos ellos de su propiedad. Eran demasiado ruidosos. Apestaban. Eran estorbos para su vista.

Empuñó por el pico una botella de cerveza a medio vaciar y la arrojó sin cuidado al grupo de Trubbish y Gulpin glotones. La botella estalló contra la pared de ladrillos sobre sus cabezas, bañándolos en vidrio y alcohol, y los pokémon pegaron un agudo chillido mientras bajaban a toda prisa intentando escapar. Uno de los Trubbish se escurrió entre las piernas del niño que más se había acercado, soltando una nube de toxinas tras su paso que inmovilizó al mocoso mientras su amigo echaba a correr pegando un alarido de auténtico terror.

Aquello fue molesto durante un par de segundos, pues el ruido y la pestilencia definitivamente habían crecido y se filtraban sin miramientos por su ventana. Pero había sido la decisión correcta para él: al cabo de unos minutos, el apacible silencio volvía a reinar dentro de su departamento.


Un sobre se deslizó entonces bajo la puerta. Era el séptimo en una semana, y aunque el bulto de correspondencia en el suelo daba forma a un tapete de bienvenida pintoresco, entendió que no podía dejarlo ahí para siempre. Los agarró sin delicadeza y echó una rápida mirada mientras volvía sobre sus pasos en dirección al sofá.

Expensas vencidas. Aviso de corte de luz. Intimación de pago de alquiler. Notificación de la Universidad de Kalos. Pensó que la amenaza de muerte del vecino del segundo piso se habría extraviado, pues no encontró rastros de sangre en ninguna carta. Ni se molestó en abrir los sobres, y los arrojó por la ventana para que el viento hiciera con ellos lo que quisiera. Pero el viento no soplaba en ese olvidado callejón de Lumiose, y la correspondencia voló sobre los cestos de basura para convertirse en comida de los Gulpin por la noche.

 
Algo empezó a vibrar en el baño. ¿Por qué siempre se dejaba el teléfono ahí?

—Hola viejo —saludó sin mucho entusiasmo llevándose el celular al oído y la mano a la nariz. Apestaba a mierda ahí dentro, y se le ocurrió mirar detrás de la bañera por si uno de los Trubbish se había colado por la otra ventana para el postre.
—¡Yukihiro! ¡Qué alegría escucharte!
—la voz suave y jovial de su padre fue como un taladro contra su cráneo, pero apretó los dientes para soportarlo—. ¿Qué tal te está yendo en Kalos, hijo? ¿Cómo va la universidad? No tengo noticias tuyas hace un mes; estaba muy preocupado…
—Va todo bien, va todo bien —mintió mientras pulverizaba un poco de aromatizante sobre el inodoro.
—¿Qué es ese ruido, Yuu?
—No es nada, hay un Furfrou enfermo en el campus y le estaba dando una poción.
—¡Eres tan bueno! No podía esperar menos de mi hijo —se emocionó casi hasta las lágrimas el hombre al otro lado del teléfono. Yuu puso los ojos en blanco—. Así que un Furfrou, ¿eh? ¡Vaya pokémon! Ya quisiera poder encontrarme con uno de esos por acá, pero a la gente de Kalos no parece interesarle mucho venir de vacaciones aquí.
—Es que no hay mucho por ver ahí, papá —carraspeó el muchacho—. Es una región configurada para otra generación. Más como… Como tú.
—Ya lo creo —reconoció el hombre con una risa. Yuu podía notar cómo su padre ensanchaba la sonrisa a medida que hablaba con él—. Admito que al principio me costó aceptarlo, pero ahora entiendo que tu destino estaba ahí, en Kalos. Estoy muy orgulloso de que hayas tomado la decisión de llevar adelante tus estudios en ese lugar. Hay mentes brillantes ahí, claro que sí. ¿Sabías que uno de los líderes remodeló la Torre Prisma antes de empezar el secundario? ¡Es todo un prodigio!
—Ah, sí, es un tal Clemont —dijo sin siquiera fingir interés—. Pero no te vengas abajo, viejo. Ahí todavía tienen a su cazabichos estrella… ¿O era un boy scout?
—No hables así de nuestro Bugsy, muchacho —advirtió el hombre intentando poner un tono autoritario, aunque no parecía hacer efecto en Yuu—. Sabes que es un orgullo para Azalea.
—Oye, papá —cambió de tema repentinamente el muchacho, viéndose el pelo en el espejo empañado—, se me está terminando lo de abril. ¿Crees que puedas adelantarme aunque sea una parte del mes que viene? En la universidad son demasiado estrictos con las cuotas y el material de est--
—¡Ni me lo digas, hijo! —rio el hombre alegremente—. Entiendo que cargas con muchas responsabilidades, y no quiero que te preocupes por otra cosa aparte de tus estudios. Siempre respeté tu decisión de hacer algo más que dedicarte a ser un entrenador bueno para nada como tu viejo. ¡Pero la próxima envíame una foto! Quiero ver qué tanto te crecieron las ojeras luego de quemarte las pestañas con esos libros de ingeniería.
—Ah, claro, no te preocupes por eso. Bueno, papá, ya tengo que cortar, la interferencia entre regiones es una locura.
—¡No dejes de llam--!

¡Pip!

Al cabo de dos minutos, revisó la caja de ahorros en su cuenta bancaria por la aplicación del celular y constató que el dinero del próximo mes ya estaba acreditado. Fin del problema.

—Otro día perfecto en la ciudad de las luces —sonrió llevándose el teléfono al bolsillo y buscando una camiseta a rayas blancas y negras en el armario. Se calzó unas zapatillas con la suela desgastada y se acomodó el largo y desordenado flequillo sobre la frente. Su cabello era completamente oscuro y sus rasgos de Johto lo delataban constantemente en aquella región tan diferente, así que había aprovechado las populares peluquerías de la ciudad para pintárselo de rosado. De donde venía estaba mal visto llevar ese color en el cabello, así que percibía como una especie de liberación o levantamiento del dedo medio a Johto el poder lucir ese rosa sobre su cabeza sin que fueran a juzgarlo por ello. Colgándose la mochila sobre los hombros, finalmente estaba listo para salir.


Odiaba Lumiose casi tanto como había odiado Azalea. Empezaba a pensar que tal vez era un problema suyo, pero reafirmó su desprecio cuando, tras cerrar la puerta del edificio donde se alojaba, casi se choca con tres personas diferentes antes de doblar la esquina en dirección al Bulevar Sur. La gran capital de Kalos estaba, naturalmente, atestada de transeúntes que discurrían tan rápido por sus calles de adoquines como un desfile de colores. Turistas de todo el mundo viajaban a esa ciudad llena de sueños y promesas, y él, por supuesto, era otro de ellos.

Había dejado Johto hacía ya casi un año con el sueño de emprender una carrera en la prestigiosa Universidad de Kalos, que becaba a los mejores estudiantes de escuelas seleccionadas en todo el mundo para alojarlos entre los mares de conocimiento que suponían sus instalaciones. Pero Yuu solo había estado ahí dos veces: una cuando fue a inscribirse, y la otra cuando rindió el desastroso examen de acceso que lo llevó a desistir de toda oportunidad de éxito académico.

Lo había aprobado por los pelos, pero el estrés al que se había sometido fue tan grande y tortuoso que se convenció de no volver a poner un pie ahí nunca más en su vida. Claro que eso no sería motivo suficiente para alejarlo de la cómoda y bonita Kalos. Había conseguido un alquiler que mantenía a duras penas con parte del dinero mensual que le enviaba su padre. Había hecho un buen amigo en Aquacorde, donde se encontraba asimismo la sede de la universidad. Y, más importante aún: en Kalos había descubierto el amor.

Pocas veces se había vuelto tan loco por una chica como por ella. Las de Johto no estaban mal, pero eran demasiado tradicionales para su gusto. O demasiado rudas. O demasiado caprichosas. Bridgette, sin embargo, era perfecta. Tenía el mejor promedio en su curso, aunque no era una devoradora de libros excéntrica o apelmazada. Era una gran deportista, y tenía una energía refrescante que captaba todas las miradas. Sin mencionar que era toda una belleza kalense, con largo cabello lavanda que solía recoger en una cola de caballo y un par de ojos celestes que jamás se apartaban de sus objetivos. Cada vez que ella lo miraba, él se sentía valioso al verse reflejado en ellos. Solo debía esperar unos meses a que ella cumpliera dieciocho para que su relación pudiera prosperar tal y como planeaba. Estaba resuelto a casarse lo antes posible, y más de una vez pensó que aquello debía ser parte de sus anticuados genes johtoneses.

Tras sacar un poco de dinero del cajero automático, Yuu pasó por una florería para comprarle orquídeas camino a la estación de autobuses, donde se tomó el primero que pasó en dirección a Aquacorde.

—Rubio, calculo estar pasando por ahí a eso de las cinco. Espero que tengas listo lo que te pedí, o mi padre me va a cortar las alas —envió un audio por teléfono mientras los modernos y antiguos edificios de Lumiose se desdibujaban a través de la ventanilla, perdiéndose de vista antes de dar paso a los frondosos bosques de las rutas salvajes. Pensó en los cientos de niños perdidos a la buena de Arceus buscando ratas y pajaritos entre los arbustos, expuestos a peligros estúpidos e innecesarios, y sintió por fin el amargo sabor del tabaco en su lengua una hora después de haberle dado la última pitada al cigarrillo.

El viaje se alargó hasta las cinco y media, pero no estaba preocupado. Después de todo, Bridgette siempre se quedaba hasta tarde tomando clases extra curriculares en la escuela, así que podría pasar a tiempo para recogerla.

Por lo pronto, se dirigió raudamente por las calles empinadas del modesto pero pintoresco pueblito de partida en dirección a la cafetería más cercana a la universidad. Era un lugar bonito y con ese inconfundible toque kalense que tanto le gustaba imitar a las madres anticuadas en todo el mundo para despertar la envidia de sus amigas. Para esa hora de la tarde ya no estaba tan lleno, y no tardó en encontrar a su amigo pasando un trapo por las mesas en el jardín trasero del establecimiento. Era un muchacho muy alto y bien parecido, con cabello rubio largo peinado hacia atrás y sujetado en un rodete. Tenía gafas y arrancaba miradas furtivas de la clientela al pasearse entre sus mesas con el uniforme de camisa roja y chaleco oscuro de terciopelo.

—Te faltó un poco ahí.
—¿Qué pasa, rosita? —suspiró con resignación el chico rubio, dándole la espalda con indiferencia—. ¿En Johto están acostumbrados a que su duendecillo verde arregle sus problemas de impuntualidad todo el tiempo?
—Es más como un hada, creo —se encogió de hombros Yuu—. Lo siento, Franz; un par de entrenadores se cruzaron en la carretera teniendo una apasionante batalla que todos en el autobús estuvieron de acuerdo en presenciar. Creo que hubo apuestas y todo en los asientos de atrás.
—Está bien, de todos modos tengo que hacer horas extras —admitió finalmente el rubio, dándole una palmadita en la espalda—. Porque supuse que no traerías dinero por esto —Y, con una sonrisa cómplice, apoyó sobre la mesa que acababa de limpiar un folio lleno de papeles. Parecían planillas llenas de preguntas, respuestas y dieces escritos a toda prisa en la parte superior de las hojas.
—¡Ah! Perdón, es que… lo poco que tenía me lo gasté en… —y, titubeante, le mostró el ramo de orquídeas que había comprado en Lumiose para Bridgette.
—Eres tan adorable que me volvería gay por ti —dijo con teatralidad, arrancando miradas de ira y frustración por parte de las chicas que tomaban frappé en la mesa contigua y que escuchaban con atención cada palabra que el buenmozo pronunciaba.
—No seas ridículo. ¿Crees que le gusten? —murmuró con inquietud mientras tomaba discretamente el folio lleno de hojas y lo guardaba en su mochila.
—¿Crees que soy una adolescente que mira telenovelas?
—¡Ella no es tan estúpida!
—Entonces sabrás que no vas a llevártela a la cama con un ramo de flores baratas, Yuu.
—Pues tendrás que explicarme cómo hiciste tú para-- —pero, con tanta agilidad como un Sneasel, Franz se escabulló detrás suyo y le cubrió la boca con una mano, arrastrándolo lejos de las mesas con chismosas en máximo estado de alerta. Alejándose de allí, el camarero le guiñó un ojo a las mujeres que lo observaban con lástima, transmutando sus rostros en espléndidas sonrisas cargadas de esperanza. Definitivamente se pondrían a contar la propina que le dejarían entre todas.

Cuando por fin se apartaron del jardín y salieron a la calle principal de Aquacorde, Franz encendió un largo cigarrillo que acomodó entre sus labios, cruzándose de piernas sobre un cantero lleno de flores donde la gente podía apoyar sus bicicletas. Yuu se acomodó junto a él con las manos en los bolsillos y soltó un largo suspiro.

—¿Vas a explicarme cómo rayos haces para conseguir esos exámenes aprobados? ¿Qué clase de pócima secreta usas con esa vieja?
—No es una vieja, apenas va por sus cuarenta —sonrió el muchacho rubio mordiendo el cigarro. Gesticulaba bastante para hablar, y cada cosa la decía en un canturreo hipnótico que no dejaba mucho espacio a la duda para cualquiera que se cuestionara cómo hacía para obtener siempre lo que quería de los demás—. Es una profesora que dedicó su vida entera a la educación, y estoy convencido de que quiere darme una lección a través de su ayuda. Cada vez que pone esos dieces sobre el papel, me recrimina el ser un muchachito brillante que está desperdiciando su futuro en esta cafetería de segunda. Pero, ahí está lo gracioso, amigo mío: jamás deja de frecuentar esta cafetería de segunda.
—Tal vez porque le pones demasiada leche a sus capuchinos.
—No seas vulgar, Yukihiro —lo regañó Franz dándole un golpecito en la cabeza—. Puedes vivir en mi amada Kalos como un ronin que engaña a su humilde padre y al sistema educativo con exámenes falsificados, pero no permitiré que la llenes de vulgaridad.
—Se nota que no pasas seguido por los callejones de Lumiose —hizo rodar Yuu las pupilas, con una mueca de asco al recordar a los mocosos babeándose por los pokémon de la basura—. ¡Ah! Disculpa, prometo que voy a pagarte por eso cuanto antes. Puedo atrasarme un poco pero--
—Pero Celebi siempre estará ahí para salvarte, ¿no es así?
—No, claro que no —chasqueó la lengua el pelirrosa con más asco todavía—. Prefiero deberte algo a ti antes que a ningún pokémon; esas cosas volvieron imbéciles a los humanos.
—¡Salud! —exclamó Franz levantando el cigarro por todo lo alto, y Yuu exhibió sus propios reflejos arrebatándoselo de los dedos y llevándoselo a la boca. Tras una honda pitada, comenzó a toser amargamente.
—¡Agh! Esto es asqueroso, ¿cómo pueden fumar de esta marca?
—Tiene su encanto —rio el rubio mientras el cigarro volvía a sus labios—. No hay otro con un cuerpo tan fino ni tan blanco en la región. Y a las chicas les encanta ver cómo lo fumo. Me resulta fascinante pensar que algo tan estético pueda ser tan nocivo y repugnante en su interior.
—Piensas demasiado —se encogió de hombros Yuu, desviando la mirada a su teléfono celular—. ¡Cielos! Ya casi van a ser las seis. ¿A qué hora cierran las escuelas aquí?
—A las seis, naturalmente.
—¡Mierda! —Yuu se cargó la mochila al hombro y enfiló en dirección opuesta a su amigo.
—Cuida esas palabras…
—¡Te veo después, rubio! ¡Gracias por todo!

Saludándolo con un breve ademán, el chico de Johto salió corriendo a toda velocidad cuesta arriba, cruzando la calle y doblando en una esquina hasta desaparecer. Franz se quedó mirando en esa dirección con una sonrisa nostálgica en los labios, mientras el largo cigarro se consumía como el tiempo disolviéndose en humo delante de sus ojos.

En realidad, Yuu le había tomado cariño a Franz. No podía afirmar que lo quisiera, pues una emoción así estaba reservada únicamente para el amor de su vida, pero ciertamente lo tenía en buena estima, así como creía ser estimado por él. Era una de las pocas personas buenas que había conocido en esa región. O, mejor dicho, era una de las pocas personas dispuestas a ser tan malas como él para darle una mano. No es que fueran vándalos o criminales por hacer lo que hacían, pero ciertamente no muchos otros kalenses habrían tenido un gesto como el que tuvo él a la hora de brindarle su apoyo para poder vivir en ese monoambiente de Lumiose que pagaba parcialmente la Universidad de Kalos. Y lo más increíble de todo era que Franz jamás parecía estar apurado por cobrarle los favores, aun cuando no llevara una vida precisamente lujosa como camarero. Gracias a eso, Yuu podía vivir sin demasiadas preocupaciones en la ciudad de las luces, aunque comenzaba a imaginarse que pronto se acabarían todas las comodidades.


Una vez a la semana la esperaba fuera del colegio secundario de Aquacorde para salir a tomar algo. Siempre la veía llegar acompañada de su grupo de amigas, que se despedían de ella entre risitas cómplices e histéricas por ver que tenía la osadía de noviar con un chico de veintitantos. En realidad, apenas tenía veintiuno, pero la brecha de los veinte parecía infinita ante los ingenuos ojos de cualquier adolescente. No estaba seguro de cómo se tomaba la sociedad que saliera con una chica de diecisiete. Después de todo, a nivel madurativo estaban, como mínimo, empatados, y vivían en un mundo donde los adultos aprobaban que sus niños salieran de casa con diez años para recorrerlo acompañados únicamente por monstruos de bolsillo que expulsaban fuego y relámpagos por el cuerpo. ¿Qué tan malo podía ser él en comparación?

—¡Yuki! —exclamó una voz encantadora al otro lado de la reja de acceso a la institución educativa.

Yuu vio esos brillantes ojos celestes encontrándolo rápidamente entre la multitud de chicos que salían a toda prisa de regreso a sus hogares, y la cabellera lacia de un suave tono lavanda agitándose con el viento mientras giraba su cuerpo y saltaba sobre él para darle un fuerte abrazo. Bridgette era bastante desinhibida a comparación de otras chicas que había conocido tanto en Johto como en la propia Kalos, pero definitivamente nunca pasaba la línea de darle un beso en los labios frente a sus amigas o al resto de sus compañeros. Atrás de ella, un séquito de adolescentes con risa histérica los miraba con complicidad mientras intercambiaban cuchicheos por lo bajo y por lo alto.

—Hola, linda —la saludó intentando parecer genial, disimulando al máximo el tono bobalicón con el que le salían las palabras frente a ella. Antes de separarse del todo de su cuerpo, la sorprendió con el ramo de orquídeas que ella agradeció apretando todavía más el abrazo.
—¡Por Arceus! ¡Son preciosas, mi amor! —se derritió Bridgette entre sus brazos mientras cruzaba el ramo de flores detrás de su cuello y olía la frescura de las flores—. ¡Las veo el lunes, chicas! —Saludó alegremente a sus amigas, sin soltar el cuello de Yuu.

Normalmente, Yuu evitaba llevar a su novia a la misma cafetería en la que trabajaba Franz. No es que sospechara de él ni desconfiara de su propio encanto, pero por algún motivo se sentía más tranquilo llevando a una chica a cualquier lugar en el mundo que no estuviera cerca de su amigo. Sin ser esa la excepción, la invitó a tomar un helado al sector comercial bajo de Aquacorde, donde un montón de mesas se disponían alrededor de una plazoleta arbolada desde la cuál podía disfrutarse el sonido del agua discurriendo en un río que atravesaba la Ruta 2 frente al Bosque Santalune. Pidieron bochas rosas y celestes y compartieron un mismo tazón de helado mientras conversaban animadamente de su semana.

—El profesor Sanz es bastante estricto, a veces me da un poco de miedo —le comentaba entre risas a Yuu, y él no podía hacer otra cosa que sonreír embobado ante la calidez que manaba de sus gestos y expresiones, olvidando completamente tragar el helado que congelaba su boca por dentro—. ¡Siempre pone esa expresión rígida y arisca mientras me aprueba los exámenes!
—Quizás le frustre no poder ponerte menos que un diez —sonrió Yuu con sencillez—. «O tal vez lo que quiera sea ponerte en cuatro, mi amor. Viejo de mierda y pervertido…»
—Tal vez, pero ya estoy un poco harta de la exigencia. Para fin de año estaré graduada, y parece que se resistieran a dejarnos libres.
—No te angusties, antes de que te des cuenta estarás siendo una adulta amargada y desencantada con la vida.
—Pues tú no seguiste ese camino —rio Bridgette, que no estaba acostumbrada a tratar con chicos con ese tipo de humor en la escuela. La realidad es que los kalenses siempre trataban de darle un enfoque más romántico a sus vidas, aggiornando anécdotas y exagerando hazañas para ser los centros de atención en las reuniones sociales—. La Universidad de Kalos es dificilísima, y tú conseguiste una beca por la que tantos en todo el mundo matarían, Yuu... ¡Tienes que estar orgulloso de eso! ¡Eres casi un genio!
—¿Te lo parezco? —preguntó él con seriedad, y ella cambió la expresión fugazmente. Creyó ver un poco más tenue el brillo en sus ojos, pero la sonrisa afloró nuevamente en su bello rostro y le devolvió el alma al cuerpo mientras asentía con convicción.
—Me pareces genial, Yuki.
—¿Genio es lo mismo que genial? —insistió con genuina curiosidad, y ella se mató de risa como si lo hubiera hecho en broma.

Mientras conversaban, un grupo de chicos de no más de doce años se agolpó detrás de las mesas entre risas y vivaces parloteos. Yuu notó cómo Bridgette espiaba sobre su hombro para verlos abrirse paso entre la multitud que comenzaba a rodear al grupo entre murmullos de fascinación. Dos de los niños se alejaron entre sí y arrojaron sus pokébolas al centro, liberando a un zorro amarillo y a un erizo con picos verdes en la cabeza. Un aplauso generalizado tapó la voz de Yuu mientras le contaba a Bridgette sobre los planes que tenía con ella para esa noche, pero la chica terminó por levantarse para ver mejor el combate que se estaba llevando a cabo a metros de ahí.

—Siempre dan sus primeros pasos aquí —dijo ella con cierta ilusión en la voz, y Yuu carraspeó en su asiento sin siquiera voltear hacia el combate. Oía cómo la gente exclamaba con asombro cada vez que bolas de fuego estallaban sobre los adoquines—. Nunca me das tu opinión sobre eso, Yuki.
—No tengo ninguna opinión —mintió. Por supuesto que le desagradaban, y no encontraba nada romántico en ver cómo niños incitaban a esas bestias a matarse mutuamente en combates que muchas veces los dejaban al borde de la muerte. No es que sintiera especial lástima o empatía por los pokémon, pero tampoco le parecía correcto que glorificaran de esa manera el maltrato animal.
—¡No te creo! —sonrió ella de repente, poniéndole un dedo sobre la nariz mientras se le acercaba por encima de la mesa. La corbata de su uniforme caía sobre el helado, así que él la apartó instintivamente, pasando la mano peligrosamente cerca de su pecho—. ¡Yuki!
—¡A-ah! Lo siento, es que…
—Tú siempre tienes una respuesta ingeniosa para todo, ¿no? Al menos podrías decirme de forma divertida qué es lo que no te atrapa de los pokémon.
—Nosotros los atrapamos a ellos —se encogió de hombros el muchacho, intentando ocultar lo rojo de su cara tras una mano en su mejilla—. ¿Qué tiene de divertido adueñarnos de ellos? ¿Por qué se le da tanta importancia?
—Hablas como esos desquiciados que atacaron Unova hace un tiempo —dijo ella con suspicacia, entornando mucho la mirada mientras examinaba la reacción en el rostro de su novio. Al constatar que no parecía lo suficientemente sospechoso, dejó florecer una nueva sonrisa que lo acomodó sobre las nubes—. ¡Estoy bromeando! Pero te ves adorable preocupándote tanto por los pokémon. ¿Así que eres de los que piensan que están mejor libres?
—«Libres; lejos; muertos… Mientras no se metan en mi camino» —pensó con rispidez—. Bueno, al fin y al cabo todos somos libres de elegir qué queremos hacer de nuestras vidas, ¿no?
—Qué curiosa reflexión… ¡Vamos, Fennekin! —exclamó ella de golpe, levantando un puño al aire mientras el zorrito de fuego acababa con el erizo de planta, que caía entre los brazos de su joven entrenador y regresaba debilitado a la pokébola en medio de los aplausos gentiles de los pueblerinos a su alrededor—. Al menos tienes que reconocer que son adorables, Yuki.
—No tanto como lo eres tú —le dijo galantemente, y ella le estampó un dulce beso en los labios como agradecimiento.

El sol menguaba ya lo suficiente como para que el cielo fuera una mezcla de rojos, azules y violetas. Los árboles primaverales se despedían de él con sus ramas por todo lo alto atestadas de hojas con colores vívidos, y los transeúntes en Aquacorde regresaban a sus hogares luego de otra apacible jornada laboral. Yuu y Bridgette, por su parte, todavía tenían planes para esa noche, pues el viernes debía ser aprovechado. Y el chico de Johto tenía una sorpresa para su pareja, pidiéndole que la acompañe a casa solo para mostrarle en la parada del autobús un par de tickets que sacó de su mochila. Y un universo de estrellas fugaces apareció en los ojos de la chica.

—¿E-eso es lo que yo creo que es…? —dijo ella con una mano en el pecho y el corazón latiendo violentamente en su interior—. ¡Entradas para la película de Serena! ¡Oh, Yuki!
—Sabes que no soy fanático, pero nada me gusta más que esos ojos resplandecientes que pones cuando te emocionas. Así que… Vamos a verla juntos, ¿te parece?
—Si fuera un Abra me teletransportaría.
—Ja, ja, ja —rio él sin mucho entusiasmo, aunque otro beso de la chica le cambió la cara totalmente.

Abordaron el autobús en dirección a Lumiose, pues Yuu había tenido la precaución de apartar asientos en el mejor cine de la ciudad que estuviera lo suficientemente cerca del departamento para llegar rápidamente después de la función. Su lado más oscuro se frotaba las manos pensando en la larga noche juntos que les esperaba luego de ver esa estúpida película promocionada por toda la región, pero ver la sonrisa en los labios de Bridgette le alcanzaba y sobraba para erradicar cualquier impureza de su mente.

Un balde enorme de pochoclos y un par de vasos jumbo de gaseosa helada fueron su espada y escudo contra el suplicio al que se sometería entre las butacas. El perfume de Bridgette y las emocionantes variaciones en su respiración y en el rictus de sus dedos aferrándose a su mano le transmitían todo el placer que necesitaba para vencer a la bestia endemoniada que aparecía en la pantalla gigante frente a sus ojos: una historia innecesariamente larga, vanidosa y superficial de una heroína salvando al mundo sin despeinarse, mientras sus bestias amaestradas hacían todo el trabajo sucio por ella.

Quizás por venir de Johto, Yuu disfrutaba más de las viejas películas en blanco y negro con samuráis que le plantaban cara a los peligros. Su favorita era aquella donde un aguerrido espadachín conseguía arrancarle los brazos al Scyther que lideraba un clan de bandidos aterrorizando a su pueblo y se enfrentaba a todos ellos usando las propias cuchillas del insecto como armas. Aquello le parecía tan honorable que se le salían las lágrimas viéndolo cortar enemigos a diestra y siniestra. Pero ahora, frente a sus ojos, una tontería sobre el poder del amor y la amistad le arrancaba risas y lágrimas a su novia con envidiable facilidad, y definitivamente con mayor éxito que él mismo.

Desde que empezaba su viaje junto a una rana ninja hasta que debía enfrentarse con sus mejores amigos para avanzar en su viaje como entrenadora
viéndose las caras con un enano cabezón y colorado, un tipo gordo y narigón, un flacucho con cara de nada y una niña notablemente hormonada e hiperactiva que no paraban de perder en toda la película, la gente no dejaba de aplaudir cada triunfo como si no hubieran leído sobre ellos quinientas veces los últimos cinco años.

¡Si es que en Kalos no se hablaba de otra cosa! De cómo había salvado al mundo de un rayo fulminante disparado desde una flor subterránea; hasta su encuentro con esa criatura alada que llevaría muerte allí por donde pasara… ¡Ah! Pero todos se volvían completamente locos cuando la mocosa en su faldita barría el suelo con la campeona de ese entonces. Se preguntaba cómo demonios habían aceptado todos esos payasos aparecer en una película donde claramente la única en lucirse era Serena, pero Bridgette le susurró que eran todos actores, y que la única haciendo de sí misma era Diantha, pues le servía como publicidad para futuros proyectos cinematográficos. Ahora que no era la brillante campeona, esa pobre mujer de pelo corto debía estar pasando por el mismo infierno que él en esa sala de cine oscura y ruidosa. Durante el resto de la película, Yuu solo pudo pensar en eso.


—Tengo que reconocer que los efectos especiales no estuvieron nada mal —comentaba él mientras recorrían las calles de Lumiose en la noche. Bridgette había estado sorprendentemente callada hacia el final de la función, y su rostro se reveló más parco de lo que imaginaba cuando las luces en la sala se habían encendido. Lejos de reír o de llorar, parecía más bien indiferente—. Pero sigo insistiendo en que no tenía ningún sentido que ese Yveloquesea se haya dejado capturar así como así a la primer pokébola. ¿No se supone que esas criaturas son como dioses indomables? ¡Qué aburrido!
—Yuki —dijo ella de repente, deteniéndose frente a la imponente Torre Prisma—. No necesitas fingir que te interesó realmente la película. La pasé muy bien de todas formas, ¿sabes? No voy a olvidar este día.
—No estoy fingiendo, ¡de verdad me pareció una atrocidad! ¡Ehm, quiero decir…!

Finalmente logró arrancarle una carcajada, mientras se encorvaba y daba vuelta mirándolo de frente. Sus ojos rivalizaban con la torre por ver cuál iluminaba más la ciudad entera con su esplendor. Yuu suspiró aliviado, devolviéndole una sonrisa. Ella se acercó a él y le dio un suave abrazo, apoyando la mejilla contra su pecho. El latido en el corazón de Yuu era casi imperceptible para ella, pues el suelo bajo sus pies vibraba con el agitado tumulto de la gente que iba y venía a su alrededor, perdiéndose por las principales avenidas y callejones de la gran ciudad.

—Oye, Yuki —dijo al cabo de un minuto de silencioso abrazo—. ¿Sabías que Serena tenía solo quince años cuando empezó su viaje?
—Es una proeza que su madre haya esperado a que cumpliera quince para permitirle dejar la casa —replicó Yuu con sarcasmo, pero modulando la suavidad en su voz para que ella no se lo tomara mal.
—Ahora debe tener más o menos tu edad. Y, para cuando cumplió los diecisiete, ya estaba arrasando en los grandes concursos de Hoenn. ¡Es súper versátil! Y no hay entrenador en todo el mundo que no sepa su nombre. Hasta tú lo conoces.
—También conozco el de Giovanni, y no por los mejores motivos —insistió Yuu, ladeando la cabeza y apartándose unos centímetros de ella. Esbozó una tenue sonrisa, pero la chica frunció el ceño, ofuscada.
—No me mires de esa forma condescendiente —le reprochó—. No quiero decir que lo único importante es que tu nombre sea conocido en todo el mundo. Tú no necesitas volverte una súper estrella para ser importante para mí, y estoy segura de que con tu nivel, es muy posible que acabes siendo toda una celebridad en tu campo.
—No tengo aspiraciones tan ambiciosas —se excusó él moviendo las manos delante de su rostro. Definitivamente ella estaba inflándolo tanto como a uno de esos Wobbuffet falsos a los que los boxeadores molían a puñetazos—. Solo quiero estar en paz y que podamos ser felices juntos, ¿sabes?
—Y es dulce que pienses así —asintió ella casi en cámara lenta, tras una breve y casi imperceptible pausa. Pero él lo percibió todo.
—¿Dulce?

Ella se alejó un poco, dándole de nuevo la espalda y levantando la cabeza hacia lo más alto de la Torre Prisma. Las luces doradas barrían sombras en el suelo y dibujaban una silueta perfecta que su largo cabello suelto desdibujaba con el viento sacudiéndolo. Por un instante pudo distinguir cada pelo lavanda agitándose delante de sus ojos, pero su espalda era todo lo que Bridgette le ofrecía.

—Finalmente pude tomar una decisión, Yuki —aquellas palabras se tragaron su sonrisa como un agujero negro—. No tengo otra forma de mostrarte mi gratitud por traerme a ver esta película y por abrirte de esa manera ésta tarde, diciéndome que todos debíamos poder elegir qué queríamos hacer realmente con nuestras vidas, que diciéndote el camino que voy a tomar.
—Iré a tu lado por ese camino —dijo él, con el corazón latiéndole a mil.
—No —replicó ella—. No voy a condicionar tu libertad por mis propios sueños. Eso sería egoísta.
—¡¿Qué tienes en mente, entonces?! —gritó él, y todo el mundo se volteó a verlos.
—Mi sueño… —murmuró ella cuando notó que las pisadas volvían a retumbar a su alrededor, siendo olvidados rápidamente por la multitud que seguía de largo—. Es convertirme en una entrenadora pokémon. Estoy cansada de los estudios, de prepararme solo para seguir estudiando los próximos años… Solo para sentir los nervios esperando el resultado de un número sobre un papel; tras otro; tras otro… ¡No quiero eso para mi vida! Quiero viajar y ser libre. Quiero conocer un montón de pokémon; toda clase de lugares maravillosas... ¡Un sinfín de entrenadores admirables, valientes y desafiantes--!

Ella se detuvo de golpe, como esperando que Yuu la interrumpiera en cualquier momento. Pero él permanecía absorto y descolocado, con la boca entreabierta y la mirada desencajada, mientras sendas gotas de sudor rodaban por su rostro.

—Yuki.
—No me llames así —fue todo lo que le salió decir en ese momento, y un espasmo le hizo agitar las manos junto a sus caderas, rodeándose el estómago con los brazos—. Siempre detesté que me dijeran así. Yuki esto. Yuki lo otro. Yuki eres gracioso. Yuki eres adorable. ¡No soy gracioso! ¡NO SOY ADORABLE! ¡Y DEFINITIVAMENTE NO SOY YUUUKI! —Chilló histéricamente el chico de Johto, pateando una lata de gaseosa que alguien acababa de arrojar al suelo, haciéndola revotar contra su cabeza—. ¡Y ESO VA EN EL MALDITO CESTO DE BASURA, IMBÉCIL!
—C-cálmate, no hagas un escándalo… —le pidió ella acercándosele con temor, y estirando los dos brazos hacia él, pero Yuu le devolvió una mirada tan aterradora que la obligó a retroceder varios pasos más.
—Lo siento, tienes razón, no debería-- ¡Ugh!

El mismo tipo al que había devuelto amablemente la lata de gaseosa le arrojó un férreo puñetazo en todo el rostro que lo hizo rodar por el suelo. Algunas personas soltaron un grito de terror cuando el chico se incorporó con la mejilla hinchada y un hilo de sangre corriendo por su nariz. Se abalanzó sobre el sujeto y le hundió un derechazo en la boca del estómago que lo dejó sin aire, para luego lanzar un uppercut a su quijada que lo dejó mirando las estrellas. Bridgette corrió detrás suyo y lo sujetó por debajo de los brazos para apartarlo, y aunque la chica era indudablemente fuerte, a Yuu no le costó nada sacársela de encima en un arrebato de rabia, lanzándole una patada al tipo en el suelo justo antes de que éste apresara su pierna con los brazos y lo derribara. Un par de mujeres agarraron a la chica por los hombros y la apartaron de la zona de conflicto por su seguridad, mientras otros tantos comenzaban a llamar a la policía.

La golpiza se prolongó hasta que algunas personas más intercedieron para separar a los dos sujetos en el suelo. El tipo había resultado un poco más herido que Yuu, y huyó a toda prisa cuando las sirenas de un patrullero se hicieron oír desde la Avenida Verano. Alrededor había una auténtica multitud, pero Bridgette se las arregló para estirar su brazo entre la gente y sujetar con todas sus fuerzas a Yuu, arrancándolo del suelo y llevándoselo a toda prisa hasta perderse de vista doblando la Torre Prisma.


Las luces del impresionante monumento alcanzaban casi cualquier rincón de Lumiose, pero los estrechos callejones que se bifurcaban como laberintos entre sus avenidas y bulevares parecían jugar bajo otras reglas, y entre sus sombras los dos chicos pudieron respirar finalmente, apoyando las espaldas contra los ladrillos para recuperar el aliento. Yuu estaba molido a golpes, y tenía el cabello rosa un poco rojo por una sangre que no sabía si le pertenecía a él o al infeliz de la latita de gaseosa. Cuando levantó la mirada, muerto de vergüenza, para ver de nuevo a Bridgette a la cara, ella solo estaba empapada en lágrimas de desconsuelo.

—¡Eres un estúpido, Yukihiro! —desearía haberle gritado más fuerte, pero debía contener su voz para no alertar a nadie.
—Lo sé, lo sé. Perdóname, Bri, no sé qué hice… Me volví loco, discúlpame. Tuve una semana dura, estoy un poco estresado, podemos hablarlo mejor.
—Sí, sí, claro —dijo ella bajando todavía más el tono, pero él notó que se resistía a acercársele, e incluso parecía intentar refugiarse contra la pared. Estaba seguro que, de haber tenido la posibilidad, ella habría atravesado el muro de ladrillos a sus espaldas para huir. Pero se sintió un imbécil por pensar así, puesto que por algo ella había elegido salvarlo de esa golpiza o, más aún, de haber terminado en una celda común durante el resto de la noche por ese tumulto en la vía pública. Ella debía quererlo todavía, pese a su comportamiento agresivo e inmaduro—. Pero mi decisión es más firme que nunca, Yukihiro.
—¿Eh?
—Voy a ser una entrenadora pokémon. ¿Lo entiendes?
—Ah, sí… Claro, comprendo —dijo él con un hilo de voz, perdiendo la mirada entre los sucios y oscuros ladrillos y el cabello revuelto y lavanda de la chica—. Si eso te hace feliz, a mí me hará feliz.
—¿Lo hará? —sonrió ella, aunque la sonrisa parecía ser mera formalidad. Él no contestó, y finalmente ella se puso seria como una piedra, acercándosele ya sin miedo y mirándolo fijamente a los ojos, agachándose un poco para hallar la mirada esquiva de Yuu—. No, no es así, ¿verdad? No eres feliz con mi decisión. No tienes que serlo, yo… Siempre supe que odiabas a los entrenadores, incluso a los pokémon. Aunque no te hagan nada, tú no puedes controlar ese odio. ¿Me equivoco, Yukihiro?
—Tienes razón, como siempre —le sonrió él con simpleza, encogiéndose de hombros. Ella no estuvo segura de creer eso tampoco, pero decidió confiar en su palabra.
—Volveré sola, Yukihiro. No te preocupes por acompañarme, ya es tarde y… Creo que deberías ir a un hospital. ¿Puedo acompañarte yo?
—No es necesario.
—¿Necesitas dinero para un taxi? Aunque sea déjame alcanzarte a tu departamento antes de volver a casa. Tengo bastante dinero, estuve ahorrando--
—Guárdatelo para comprar pokébolas.

Ella guardó silencio unos segundos, y los ojos se le hincharon de lágrimas una vez más.

—Realmente eres un estúpido.


No supo cuánto tiempo pasó exactamente pudriéndose en ese sucio y vulgar callejón. Ni siquiera pudo darse el gusto de llorar un poco como ella para enjuagar algo de la sangre que ya se estaba secando sobre sus mejillas entumecidas. Estaba seguro que, de moverse un poco, el dolor sería insoportable, y por eso mismo comenzó a moverse en el lugar nerviosamente, yendo y viniendo sin atreverse a salir de ahí. Se sintió desorientado entre esas dos paredes estrechas, y pronto dejó de reconocer por dónde se había ido Bridgette. ¿Cuándo se había ido exactamente? ¿Le había dicho algo más luego de que era un estúpido? Había ido demasiado lejos con lo de las pokébolas. O tal vez hizo bien en decir esa idiotez, pues de lo contrario podría haber terminado lastimándola mucho más de lo que quería. Lo había arruinado completamente por una estúpida lata de gaseosa en el suelo. ¿Había sido por eso? Sea como fuera, una ira desbordante volvió a azotar su estómago como un latigazo, y arrojó una violenta patada al cesto de basura más cercano, desparramando la mugre sobre el suelo y dejando que un par de Gulpin huyeran despavoridos a lenta velocidad.

—Pedazos de mierda —masculló con desprecio viendo cómo las bolas verdes y mucosas doblaban una esquina.

Cuando pudo coordinar un poco mejor sus movimientos, Yuu abandonó el callejón en dirección a la avenida más cercana para tomar un taxi de regreso a casa. Llevaba casi un año viviendo en Lumiose y todavía no estaba seguro de conocerse al dedillo cada recoveco de la ciudad, así que aprovechaba cada vez que le entraba dinero de su padre para despilfarrarlo en cigarrillos e innecesarios viajes en taxi. La opción de los Gogoat era muchísimo más económica, pero no se subiría a uno de ellos ni aunque fueran modelos haciendo cosplay de esas estúpidas cabras. Sin embargo, su coordinación lo traicionó una vez más, y terminó saliendo a una plazoleta sin árboles, pero sí llena de luces rojas que le quemaron las retinas, y siluetas de mujeres acercándosele desde los edificios concéntricos.

—¿Estás perdido, chiquito?
—Puedes venir a descansar un poco conmigo si te apetece.
—¿Tu novia te dejó, lindo? ¡Pobrecito!

En otra circunstancia aquellas ofertas habrían sonado mucho más tentadoras, pero el instinto lo llevó a correr sin siquiera detenerse a ver lo corto de sus faldas o lo potencialmente masculino en el tono de sus voces. Dobló por varios callejones tropezando con cestos de basura y hasta con un Granbull que lo persiguió por unos cuantos metros ladrando maldiciones hasta perderlo de vista. Finalmente pudo salir hacia el bulevar norte, en la zona completamente opuesta a la que vivía en Lumiose. Maldijo a Serena, a Bridgette y al tipo de la lata de gaseosa mientras estiraba el brazo entumecido de tanto golpear y ser golpeado, y detuvo a un taxi que venía lento para captar pasajeros.

—Otra noche alocada en la ciudad de las luces, ¿eh, muchacho? —comentó el taxista con tono socarrón y amiguero, pero Yuu no respondió más que la dirección de su departamento. Sacó unos auriculares de la mochila y se los puso sin siquiera fijarse en conectarlos al celular. Después de todo, lo único que pretendía era que el imbécil no se atreviera a darle conversación durante el viaje de regreso.

Por supuesto que, en respuesta a su indiferencia, el chofer no tuvo mejor idea que pegar una vuelta completa a la ciudad en lugar de atravesarla por una de las avenidas principales. Entre el tráfico que no parecía mermar nunca y los semáforos que se habían sincronizado estratégicamente para enseñar siempre la luz roja, Yuu sintió que pasó como una hora entera hasta que el vehículo se detuvo frente a la puerta de su edificio. El taxista volteó hacia él con una sonrisa mostrándole la palma de su mano.

—Son tres mil quinientos pokedólares.
—Sí que fue un viaje largo —comentó Yuu tras un silbido, hurgando en su billetera y constatando con pavor que apenas había sacado del banco lo suficiente para pagar la salida con Bridgette. Debía tener quinientos pokedólares como mucho. Pensó que podría ir al cajero de la otra cuadra a extraer un poco y pagarle la totalidad, pero decidió que ese tipo no le caía tan bien como para tomarse la molestia—. Creo que no tengo dinero, señor. Disculpe.
—¿Cómo dices?
—No me alcanza, pensé que el viaje sería más barato.
—Los Gogoat casi no cuestan nada, chico. ¿No sabes de las pokémonturas? Te masajean las bolas mientras van saltando por la ciudad hacia donde tú quieras.
—Disculpe, no tengo dinero. Puedo darle esto… —extendió cinco billetes de cien, que era todo lo que había en su billetera, pero el chofer le sostuvo la muñeca apretándosela con firmeza.
—¡¿Me estás tomando el pelo?! ¡Eres un timador! —gruñó furioso el conductor, soltándole bruscamente la muñeca y desabrochándose el cinturón de seguridad para bajar por un costado. Yuu parpadeó un par de veces mientras el tipo pegaba la vuelta al auto y se detenía junto a la puerta trasera, abriéndola con un rápido movimiento—. ¡Abajo, muchacho! ¡Esto solo podemos resolverlo de una manera!

Yuu ladeó un poco la cabeza. Empezaba a ver doble por la contusión en la cabeza, pero estaba seguro de que la teatral actitud de ese tipo no era parte de sus alucinaciones. Se bajó del coche con las manos en los bolsillos, y encontró al chofer a unos metros de distancia, haciendo girar una pokébola sobre su dedo mientras se volteaba la gorra.

—¡Con una batalla pokémon, por supuesto!
—Ah, a eso se refería… —murmuró Yuu, ya casi completamente ajeno a la realidad, viendo cómo la silueta del tipo se retorcía frente a sus ojos, como si de pronto se hubiera puesto a bailar la conga meneando sus caderas—. No soy un entrenador pokémon.
—Que no eres… ¡¿Qué?! ¡¿Cómo que no eres un entrenador?!
—No. Ni un criador pokémon. Ni un cazabichos pokémon. No tengo ningún pokémon para pelear con usted… —entonces, llevó sus puños a la altura de su barbilla y asumió una tosca postura de combate—. Pero podemos agarrarnos a los golpes, si le parece bien.
—¡¿Qué mierda estás diciendo, desquiciado?!
—Vamos, puede pegarme primero. Pero se lo devolveré más fuerte si todavía puedo levantarme.
—¡Maldito infeliz! —refunfuñó el taxista regresando pesadamente a su vehículo y metiéndose antes de que Yuu tuviera tiempo de sacarle la gorra de un manotazo. Se ajustó bien el cinturón y cerró con un portazo mientras seguía maldiciendo en el interior de su coche—. ¡Estos mocosos de hoy en día! ¡Ya no tienen ningún respeto por nada! ¡Ni por un trabajador honesto! ¡Ni por las buenas costumbres! ¡Kalos está cada vez peor!


Cuando finalmente pudo volver al departamento, la puerta de entrada se trabó por otro pilón de sobres que le habían estado pasando por debajo. Estiró una pierna y pateó el bulto de cartas para poder pasar, y comprobó al tantear el interruptor junto al marco de la puerta que la luz ya no encendía. Con el brillo de la pantalla de su celular y el tenue fulgor plateado de la luna que penetraba a través de la ventana, Yuu se desplomó sobre el sillón largo y alumbró los sobres sin demasiada curiosidad. Aviso de corte de luz. Aviso de corte de gas. Suspensión del servicio de internet. Citación de la Universidad de Kalos. Ah, y ahí estaba: amenaza de muerte escrita con sangre del vecino del segundo piso. ¿O tal vez era su propia sangre extendiéndose sobre el papel?

Ya no podía estar seguro de nada más que del final de ese espantoso día. Pero cuando su única certeza era ese final, la luz se encendió de repente, pues una criatura se había colado rápidamente saltando encima de su cabeza por la ventana y aterrizando sobre el sofá contiguo, emitiendo un fuerte destello por los círculos rojos en sus mejillas.

Una sombra alargada se proyectó desde el marco de la misma ventana, dibujando en la pared frontal el cuerpo de una persona que se sentaba despreocupadamente sobre ella. Yuu se tiró instintivamente del sillón y rodó por el suelo hasta golpearse contra el estante del televisor, pero la figura en la ventana apenas se movió un poco. Cuando el Pikachu en el sofá aplacó un poco la intensidad del destello, pudo ver con mayor claridad de quién se trataba.

—No hace falta que hagas tanto escándalo, Yuu —dijo suavemente el muchacho rubio con un largo bostezo, estirando los brazos sobre su cabeza.
—¡¿Q-qué mierda haces aquí, Franz?! —no podía confiar ni siquiera en él. Tanteó con la mano una botella de cerveza que juraría estaba cerca del sofá, en alguna parte, pero recordó inmediatamente que la había arrojado por la ventana esa tarde para ahuyentar a los niños y los pokémon de la basura—. ¡¿De dónde salió ese Pikachu?!
—Tranquilo, venimos en son de paz —aclaró con armonía, imitando a un extraterrestre con sus movimientos mientras saltaba suavemente desde la ventana y aterrizaba sentado en el sofá, al tiempo que el roedor eléctrico trepaba por el apoyabrazos y el respaldo hasta posarse sobre su cabeza. El pelo rubio de Franz se mimetizaba sorprendentemente bien con el amarillento pelaje de la rata.
—Quieres el dinero, ¿verdad?
—¿Dinero? —preguntó Franz con curiosidad, llevándose un dedo a los labios y buscando la respuesta en el techo—. ¡Ah! ¿Lo dices por los exámenes? No te preocupes, Yuu. ¡Eres mi amigo! ¿Cómo podría exigirte dinero?
—Estoy cansado, Franz. Tuve un día de mierda, ¿sí? Quiero dormir un poco o, con algo de suerte, morirme en mi maldito sillón.
—Lo siento, estaba tan ansioso que no pude esperar a contártelo mañana.
—¡¿Contarme qué?!
—Mi sueño, Yuu. ¡Tengo uno!
—Estoy harto de escuchar los sueños de la gente por hoy —masculló Yuu, sintiendo que la mitad de lo que oía era producto de la contusión cerebral y la pérdida excesiva de sangre.
—Creo que puede interesarte bastante —canturreó Franz moviendo las manos al hablar—. Los sueños pueden compartirse, después de todo. Y tengo muchas ganas de compartirlo contigo, amigo mío. ¡Ah! Ya sé: ¡Puedes ayudarme con eso en lugar de pagarme los favores con dinero!
—¿Me estás amenazando…?
—Para nada, para nada. ¡Te estoy convocando!
—Convocando para…
—Formar parte de mi sueño.
—¡¿Y cuál mierda es tu sueño?!
—¡Pika! —advirtió el ratoncito amarillo, y Franz lo apuntó violentamente con el dedo, tan de cerca que Yuu sintió que podría atravesarle un ojo si perdía el equilibrio.
—No hables de esa forma vulgar, Yuu —pidió Franz, suspirando con dolor—. Mi sueño es, precisamente, limpiar toda esa vulgaridad de esta región. No, no solo Kalos… El mundo entero está perdiendo la cabeza, ¿no piensas lo mismo que yo? ¡Vamos! Todos esos imbéciles volviéndose locos por… ¿Esto? —Dijo, señalando con ese mismo dedo peligroso al Pikachu que se rascaba las orejas despreocupadamente sobre su cabeza—. Tú sabes de lo que hablo, Yuu. Vienes de una región donde le dedican todo a esta clase de mitos; elevándolos a la altura de deidades solo porque son lindos, o porque son grandiosos, o porque son tan fuertes que pueden comerse montañas enteras.
—Son estupideces…
—¡Exacto! —aplaudió Franz, tan motivado como Yuu jamás lo había visto—. Y de eso vamos a encargarnos, amigo mío. ¡Vamos a terminar con todos esos mitos absurdos! ¿Campeones? ¿Héroes? ¿Leyendas? El mundo no se construye con toda esa mierda publicitaria para venderle sueños a los niños. Antes quieren disfrutar del libertinaje que les otorgan sus ratones adiestrados que del cariño de sus familias, que del respeto por sus pares, que de… volverse personas realmente útiles para nuestra sociedad. ¡¿O vamos a dejar que sigan pensando que todo esto se construyó con el esfuerzo de mocosos de diez años que mandaban a sus monstruos de bolsillo a matarse los unos a los otros?!
—Estás gritando demasiado, Franz… —dijo Yuu casi al borde de las lágrimas, pues entre el dolor, la confusión y el terror absoluto por la actitud salvaje de su amigo comenzaba a pensar que empezaría a recibir amenazas de muerte de parte del resto de los inquilinos en ese edificio—. Por favor, no quiero que me echen a la calle.
—Estaremos bien —dijo el rubio de golpe, bajando mil decibeles y recostándose plácidamente sobre el sofá, mientras se palmeaba las piernas y dejaba que Pikachu corriera sobre ellas, haciéndose un ovillito sobre sus muslos—. Tú estarás muy bien, Yuu. Eres un genio, y no lo digo solo por tus calificaciones.
—No soy nadie.
—Lo serás. Lo seremos, amigo. Vamos a salvar a esta región, tú y yo.
—Suena como que tienes una buena idea, ¿eh?

Franz se encogió de hombros, y uno de sus dedos tanteó en la mesa contigua uno de los nachos grasosos que se desparramaban aplastándose sobre la madera.

—Haremos un gran equipo. Un equipo que ponga fin a toda esta mentira.

El crujido de sus dientes triturando los nachos dentro de su boca puso punto final a esa conversación, y el eco distante de ese ruido cruento y truculento se llevó el último atisbo de conciencia por parte de Yuu, que se desvaneció sobre el suelo frío y duro del salón, viendo cómo el sillón se desvanecía en la oscuridad. Por fin podría dormir un poco. O tal vez morir.
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#3
No podía irme sin comentar este coso. Y luego me di cuenta de que no tenía mucho qué decir ni cabeza para decirlo de una forma coherente…

Cosas buenas! Kalos es de mis regiones favoritas.
Me gusta el tono fracasado apestoso a orina y alcohol que parece sacado de un relato se Bukowski.
Kalos.
Bien narrado.
Curioso por decir lo menos.

Cosas malas! Por momentos me sentí sacado de la suspensión de la incredulidad. Lo que iba tan bien por momentos se pone demasiado ridículo. Imo
Pesao el principio

Lo importante!
¿Por qué todos en este fic son pedazos de mierda?


Me quedo con un comentario de Franz: "Me resulta fascinante pensar que algo tan estético pueda ser tan nocivo y repugnante en su interior". En una frase resumes tu Kalos, o al menos cómo los dos cretinos la ven. Me gusta el protagonista por ser tan pedazo de mierda. La clase de pedazo de mierda que encuentra la forma de hacerse la víctima para sí mismo y tener ilusiones estúpidas que claramente no puede sostener. Es un paria revolcado en su propia mierda sin la menor intención de salir de ahí. Un fracaso viviente e indolente que se engaña a sí mismo con falsas pretenciones de casarse. Me encanta la parte de la pelea com Brit porque se hace evidente que realmente no la quiere a ella, sino cómo lo hace sentir menos fracasado. Y aunque la idealiza en su cabeza no deja de verla como un culo y como una estúpida "inocente".

Luego el psicópata del amigo manipulador, igual de jodido por dentro que él, si bien diferente. Más malicioso. Más astuto. Mientras que Yuki se jode a sí mismo, Franz jode a los demás. Tan, tan nihilista como él, tan resentido contra aquello que no puede ser el pobre mesero.

Incluso Britgitte… se escribía así? Con sus delirios de escapar a una rutina y presión de la que no puede escapar, fingiendo que todo está bien, que con una sonrisa puede ocultar sus problemas. Es interesante. Me gustan las historias con personajes así de basura porque si les va mal puedes decir "se lo merecen".

Me llama la atención especialmente el final. No me queda del todo claro si Franz de verdad piensa volverse el nuevo Giovanni o es una estupidez de borracho/drogado.

Sea como sea, pinta bien. Me llama la atención lo que sea que tengas planeado para esto.
Meri no encontré un buen gif del lobito así que toma dos mapaches.
[Imagen: HQQLgVO.gif]
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#4
Mostrar Capítulo 1 (comentarios)
Un nuevo fic para leer y un primer capítulo con mucho para comentar. Vayamos punto por punto.

1) Como ya te dije cuando reseñé tu OS "viejo" de Hoenn, me gusta la forma en la que describes el entorno en el que se hallan los personajes. Logras que una sienta que está allí con ellos, y tu prosa se siente sincera, desenvuelta. En este caso vuelve más amenos y digeribles los tópicos que el relato trata.

2) La premisa es bastante interesante, así como también los personajes. Es una pena lo miserable que es Yuki, aunque tampoco vamos a decir que no se le merece. Desde mentirle descaradamente a su padre con sus estudios y falsificando sus calificaciones hasta considerar estúpida a Bridgette solo porque quiere seguir un sueño que no coincide con su forma de pensar. Sí, quizás su novia pueda ser un poco ilusa al preferir ir por todas partes entablando peleas de gallos con animales mágicos en lugar de estudiar para obtener un trabajo y un futuro, pero vamos, cuando vives en un mundo repleto de estas criaturas mágicas no puedes no tener ganas de volverte entrenadora como una excusa para recorrer el mundo de cabo a rabo y vivir aventuras. Lástima que, como bien enfatizan con cierta verdad Yuki y Franz en su conversación en la cafetería, la humanidad se haya vuelto tan dependiente de los pokémon, al punto que toda su sociedad se centre en capturarlos para esclavizarlos, entrenarlos y forzarles a hacerles ganar medallas o listones vacíos mediante peleas en las que podrían llegar a morir contra sus hermanos y hermanas (nótese el caso del taxista retrasado que considera barbárico y un insulto agarrarse a trompadas con un joven pero no tiene problema en hacer sufrir a su pokémon en un combate por dinero). Pero eso ya es harina de otro costal. Igual al final del día una cosa es innegable: Bridgette merece un mejor novio.

3) El personaje de Franz me resulta tanto el más interesante como el más ladino y ruin a la vez. Es triste pensar el como de seguro va a terminar arrastrando a Yuki a un pozo sin fondo, a una vida repleta de nihilismo, vandalismo, anarquía, violencia y posiblemente también drogas y prostitución, considerando que si el segundo acepta la oferta de su amigo se volverá prácticamente un forajido de la ley, un criminal irrecuperable que se tendrá que juntar con la gente incorrecta si desea sobrevivir en los barrios bajos de Kalos. Espero que ojalá nuestro protagonista pueda cambiar ya mismo el rumbo, porque de lo contrario si sigue por este sendero solo le esperan dolor y sufrimiento inimaginables.

Es...raro. Todos y cada uno de los elementos presentados y planteados en este fic me recuerdan a aquella historia cancelada que quise hacer muchos años atrás con otros usuarios cuyas identidades no revelaré, cuando todavía estaba en mis últimos años de adolescente y en plan "A Pokémon le hace falta más realismo y más muerte" (y ojo, que esto es un halago en base a algo que hallé curioso, no un comentario peyorativo). La diferencia principal entre tu relato y el mío es que el mío ocurría en Kanto, y los protagonistas eran los de los juegos pero con nombres japoneses inventados/escogidos en base a sus personalidades. Eso y el prota tenía un Kadabra que hablaba sobre visiones que tenía.

Esperaré el siguiente capítulo. Nos vemos en el próximo comentario, Tommy.

PD:
Cita:Desde que empezaba su viaje junto a una rana ninja hasta que debía enfrentarse con sus mejores amigos para avanzar en su viaje como entrenadora —viéndose las caras con un enano cabezón y colorado, un tipo gordo y narigón, un flacucho con cara de nada y una niña notablemente hormonada e hiperactiva que no paraban de perder en toda la película—, la gente no dejaba de aplaudir cada triunfo como si no hubieran leído sobre ellos quinientas veces los últimos cinco años.

Acá me reí un poco involuntariamente ante semejante coincidencia, puesto que ambas Serenas (la de tu fic y la del mío) escogieron a Froakie como inicial, con la diferencia de que a la tuya le hicieron una película de su vida y la mía acabó entrando en la depresión a causa de hormonas alborotadas y una tragedia personal poco después de haberse vuelto salvadora y campeona de toda la región.
[Imagen: nDb2mjH.png]
   Pokémon Ragnarok
              "Este fic es mi carta de amor definitiva hacia Pokémon"
-Lunarium
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#5
Me gusta mucho el concepto iconoclasta de este fanfic con los conceptos del mundo pokémon y sobre todo me gusta que lo haga desde el punto de vista pedante ni "el mundo pokémon es una mierda, jujujaja" sino que desde una percepción amoral. Eso es lo que tienen los personajes de este fic. Son amorales. Te puedes identificar con Yuu, pero en el fondo la narración no te esconde que se quiso garchar a una prepatoriana para no sentirse como un fracasado que ni siquiera intentó nada y se rindió a la primera dificultad. Me da la sensación de que el odio de Yu por los entrenadores y los pokémon es más que nada envidia o algo así como recelo por ser una persona sin ilusiones ni ganas de salirse de lo establecido. Pero la magia es que tampoco es un malo maloso. Es bastante gris. Me encanta como hiciste los dialogos. Las intervenciones entre Yuu y Franz y los demás personajes. Me encantaría hacer diálogos así. Me gusta como describes Kalos como esta ciudad que es una porquería ante los ojos del prota, según los entornos donde se mueve. Hace que te metas en la psiquis del protagonista a través de los entornos donde habita. 

Eso sería todo por ahora. Me encantaría seguir leyendo esto

Saludos.
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#6
Strike 1: Odia a los entrenadores y pokémon del mundo.
Strike 2: Poco puede hacer para respetar y apreciar los deseos de su propia novia.
Strike 3: Es tan vago o tan odioso que no puede conseguir un empleo que le dé suficiente dinero para costearse un puto viaje en taxi.
Vaya protagonista más encantador... 
/s

Pero mira el lado positivo: al menos sus intenciones tienen más sentido que N y el Equipo Plasma.

[Imagen: svzCcz9.png]

Quitando de lado eso, me recuerda mucho al maestro de Cobra Kai con esas características, solo que sin el matrimonio fallido y el hijo rebelde, ya me olvidé de su nombre, pero eso es lo que pasa cuando Netflix espera a que le pague tanto dinero para poder ver series en 4K como deseo. No diría que espero a que cambie, pero viejo que no puedo imaginarme un solo escenario que no sea el viaje mordiéndolo en el culo continuamente, él y su amigo dan la impresión de aspirar al crimen con semejante plan.
Descansa. Hasta que nos volvamos a ver...
[Imagen: SwCanxx.png]
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#7
Me. Encanta. 

Estuve postergando el comment por, no sé. Quería hacer un comentario re ingenioso o algo así pero estoy seco para eso y tampoco soy muy bueno en ello, así que mejor escribo todo tal y como me pareció. 

El setting me es familiar, dado que yo he jugado un poco con eso, entonces ver la carta de odio a Pokémon (?) tener una vibra similar me hace chillar de emoción por ver como se van a desenvolver ese par de tarados; uno creyendose un Neo N pero al revés (liberar a los humanos de los Pokémon) y un tipo cuyo único mérito es ligarse a una menor de edad y sacarle plata a su viejo con mentiras(?). 

Man, debo admitir que sí me creí toda la narrativa victimista de Yuki. Cuando lo leí, no me pude sacar la sensación de que algo andaba mal; al principio pensé que sería problema de la novia y que secretamente lo estaba engañando o utilizando de alguna manera; pues se pinta a la chica de forma tan pura que parece irreal y como que tiene que tener un secreto turbio por ahí escondido. Pero toda esa fachada se cae ante la reacción de Yuki cuando la chica (su nombre es tan random que ya se me olvidó lol) le dice que quiere ser entrenadora; aunque el truco está que no es porque realmente quiera serlo, la chica simplemente no quiere estudiar y solo quiere escapar de la escuela para vivir un sueño. 

Y Yuki va deja de lado el cuento victimista para expresar realmente lo que siente. Joder, es que todos son horribles en diferentes grados; Franz de por sí está loquito, Yuki simplemente es un vago de poca monta que se justifica diciendo que todo está en su contra y que podría ser algo más si los sucios entrenadores y sus sucios pokémon no existieran, que hasta siento que los culpa de que él sea un inútil. Y la chica se puede decir que es lo mismo que Yuki pero al revés, victimista, que se ve inferior a su supuesto novio genio y cuya única alternativa que ve es irse de viaje por el mundo enfrentando bichos salvajes y con esa aura artificial de inocencia. 

But de nuevo, me intriga. La sociedad obviamente no funciona de los viajes que hacen los niños de diez años, ellos no pagan impuestos, pero todos parecieran funcionar como si ser entrenador fuera el pilar más importante de su existencia (o coordinador, criador, etc), pero los viajes no son eternos y los niños eventualmente regresan; ese sueño se desmorona si no eres prota-kun y te diste de piñas con un pollo legendario o no eres lo suficientemente bueno para destacar de entre las filas de otros tantos que persiguen las mismas metas como tu. Pero como quiera son alabados como si hubieran descubierto la fórmula de la paz mundial. 

Anyway, divago. Debo retomar también Browned. Así cuando este arranque como tal, tener a Galar de side para entretenerme en lo que vas sacando caps(?).
[Imagen: iSs3j2Q.jpg] 
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