Longfic- Pokémon No More

Extension largaLongfic
FranquiciaCoregames
GéneroComediaDrama
Resumen

El desencanto con el mundo en el que viven los acerca poco a poco a la desesperación. Un viaje sin descanso por la libertad; un grito de impotencia por aquello que no son. Un grupo de rebeldes decide ponerle fin a las mentiras del Mundo Pokémon.

AdvertenciaDrogasViolenciaMutilacionesTrastornos mentalesContenido sexual
#1
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- Índice de Capítulos -

1. Desilusión
2. Turista
3. Chico
4. Rendezvous


- Fichas de Personajes -

Mostrar Yukihiro
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No tiene buena visión, pero intenta usar lo menos posible sus lentes porque se ve ridículo con ellos

Nombre: Yukihiro (¡No le digas Yuki!)
Edad: 21
Región natal: Johto (Pueblo Azalea)
Vive en: Kalos (Ciudad Lumiose)
Personalidad: Odiosa
Equipo Pokémon:

Un cínico desenamorado del mundo. Yuu consiguió una beca para cursar sus estudios universitarios en Kalos, pero los exámenes de ingreso fueron tan desmoralizantes para él que tiró la toalla cuando se acomodó en un departamento de la bonita Ciudad Lumiose... con todos los gastos cubiertos por su padre desde Johto. Reniega de muchas cosas, pero nada detesta más que la reputación que se ganan los que deciden invertir sus vidas en el entrenamiento de los pokémon. Para él, los entrenadores pokémon no son más héroes que explotadores de animales. Con el corazón roto y la situación financiera pendiendo de un hilo, a Yuu no parece quedarle otra alternativa más que seguir el plan anarquista de Franz para poner patas para arriba la sociedad como la conocen.

Mostrar Franz
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Ve perfectamente sin las gafas, pero la gente lo respeta un poco más cuando las lleva puestas

Nombre: Franz
Edad: 22
Región natal: Kalos
Vive en: Kalos (Pueblo Aquacorde)
Personalidad: Encantadora
Equipo Pokémon:
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Un dandy especializado en endulzar ojos y oídos. Franz muestra permanentemente una actitud amigable y despreocupada, pero no parece decir ni hacer nada sin un propósito específico detrás de sus buenos modales. Trabaja en una modesta pero bonita cafetería de Aquacorde, donde conoció a Yuu cuando éste tuvo una crisis nerviosa luego de rendir los exámenes en la Universidad de Kalos. Tiene facilidad para atraer a mujeres de todas las edades, y lo acompaña un Pikachu cuyo único propósito aparente es el de ganarse los corazones de la gente que lo mira sobre su hombro. Oculta un anhelo revolucionario para desbaratar el funcionamiento de la Liga Pokémon en Kalos, pues considera que está podrida desde sus entrañas.

Mostrar Leilani
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A diferencia de Yukihiro, su cabello rosa es completamente natural... ¡Y también sus habilidades!

Nombre: Leilani
Edad: 19
Región natal: Alola (algún lugar de Akala)
Vive en: Kalos (está de paso)
Personalidad: Ingenua
Equipo Pokémon:
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Una entrenadora apasionada con un talento sin igual. Leilani culminó su viaje de Alola con mucho éxito, pero acabó sintiéndose recluida entre las cuatro grandes islas que dan forma a su región, por lo que se embarcó en una aventura por el mundo, dispuesta a volverse la mejor en el resto de las regiones. Fatigada por la burocracia en otras ligas como la de Galar, decide incursionar en los gimnasios de Kalos para reunir así las ocho medallas de dicha región. Pero no tardará en cruzar caminos con Franz y Yuu, quienes tendrán otros planes para ella luego de ver el asombroso poder de sus pokémon. Contrario a su personalidad alegre y un poco despistada, Leilani resulta ser una entrenadora sumamente experimentada, con un equipo compuesto por pokémon feroces y despiadados en combate. Posiblemente todo eso, sumado a su hermoso cabello rosado, se vuelvan la máxima pesadilla de Yukihiro.

Mostrar Vincent
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Piensa que Yukihiro y Franz se ven igual de idiotas con anteojos. ¿Podrá morder el cabello de Leilani?

Nombre: Vincent
Edad: 10
Región natal: Kalos
Vive en: Kalos (Afueras de Pueblo Aquacorde)
Personalidad: Delincuente Jr.
Equipo Pokémon:
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Creyendo que ayudarían a un joven prodigio de los pokémon, Franz lleva a Yukihiro y Leilani a reclutar al pequeño y enfermizo Claude... ¡Que, por confusión de Leilani, resulta ser el pequeño y enfermante Vincent! El desapego con sus padres parece ser recíproco; conocido en su escuela por ser un vándalo que aterroriza a las niñas y enciende en cólera a sus profesores. Vincent no disfruta estudiando, como casi cualquier niño, y parece tener un destino incierto... como casi cualquier adulto en crisis de mediana edad. Gritón, hiperactivo y grosero, su máxima diversión es frustrar a cualquiera que intente razonar con él. Tal vez alguien tan enfrentado con la vida como él pueda ser el único capaz de cerrarle la boca, o quizás acabe llevándose un terrible mordisco. ¡Vincent es el flamante entrenador novato de diez años que iniciará un viaje por Kalos gracias a un examen que jamás realizó!

- Notas del Autor -

Este será mi próximo proyecto cuando finalice Crowned. No tengo intenciones de publicar algo más hasta entonces, pero tampoco las tenía de escribir una sola palabra de esto hasta haber terminado mi fic principal. Supongo que algo en mi estómago me pedía a gritos que lo hiciera, así que al final lo hice caprichosamente. Tal vez eran solo gases.

Es desprolijo y hasta inmoral embarcarme en el primer capítulo de esta historia cuando estoy dando las últimas pinceladas a algo a lo que le dediqué más de un año de mi vida. Pero si Crowned es un relato hecho con todo el amor que tengo por Pokémon, esto podría ser perfectamente todo lo contrario. Porque también es un mundo absurdo, injusto y despersonalizado. Porque las personas se esconden atrás de sus pokémon, y esperan que un poco de acción bombástica arregle todos sus problemas. Acá no hay amigos, ni compañeros. Son personas a la deriva, haciendo lo mejor que pueden hacer para obtener lo que quieren. ¿Y qué quieren en realidad? Voy a tener que descubrirlo junto a ellos.

Transcurre en Kalos, de momento, y sucede cinco años después de que finalicen los hechos de las ediciones XY.
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#2
1. Desilusión


Mi meta siempre había sido viajar por el mundo; descubrir los lugares más maravillosos de mi región; capturar a los pokémon más increíbles y enfrentar a los entrenadores más poderosos.

No fue un camino fácil, pero pude hacerlo con el apoyo de mis mejores amigos. Y aunque todos ellos dieron el máximo durante su aventura, las enormes puertas hacia la Sala de la Luz se terminaron abriendo para mí. ¡Y vaya que encandilaba el ambiente ahí adentro! Diantha demostró ser la oponente más dura contra la que me había enfrentado en todo mi viaje, y eso no es poco considerando las que me hizo pasar el Team Flare junto con ese terrible pokémon legendario.

Afortunadamente, mis pokémon siempre estuvieron a mi lado para cuidar de mí. Sin ellos, no habría podido cantar victoria al final. Sin ellos, mi vínculo con este hermoso mundo se habría desdibujado hace años.

Mi nombre es Serena, y ésta es mi historia. Acompáñenme a redescubrirla… ¡En los mejores cines!



—Qué sarta de estupideces.

Apagó el televisor tras dedicarle una última mirada de soslayo a la espléndida sonrisa en el rostro de la rubia con sombrerito rosa. La opulenta fanfarria que acompañaba la presentación del título de la película —Serena: Forjando los vínculos con mi destino— quedó retumbando en su cabeza mientras arrojaba el control remoto al sillón desvencijado al otro lado del comedor y se desplomaba sobre un sofá de un cuerpo con algunos resortes sobresaliendo por el apoyabrazos. Tanteó un cigarrillo encendido sobre la mesita de luz contigua y se lo llevó a los labios. Tenía un sabor salado, y con una rápida mirada corroboró que lo había apoyado sobre un montón de nachos con queso antes de correr de urgencia al baño, pues el deber apremiaba.

Al cabo de unos minutos, el ruido de los tachos de basura removiéndose en el callejón al que daba la ventana sobre su cabeza reemplazó a la insoportable fanfarria del tráiler en su cabeza.

Tras darle unas cuantas pitadas más al cigarrillo para intentar evadirse del incordio, decidió ponerle punto final a semejante escándalo. Poniéndose de rodillas sobre el sofá, comprobó que un grupo de Trubbish y Gulpin hurgaban entre la basura que rebalsaba tanto de los cestos como en un enorme container de cemento. Aquello se había convertido en todo un ecosistema para ciertas especies de pokémon, pero un vistazo completo le confirmó que no eran sólo ellos: unos metros más adelante, y escondiéndose tras los postes de luz que alumbraban poco y nada el callejón, dos niños de no más de once años se acercaban lentamente con pokébolas en las manos para capturar a las alimañas que se alimentaban con comida podrida y vómito de vagabundos.

Era un espectáculo tan desagradable como patético. ¿A eso había llegado la humanidad? ¿Los padres de esos mocosos aprobaban que sus hijos se metieran en callejones con criminales y prostitutas para guardar en cápsulas a pedazos de mierda andantes? ¿Se fundirían en un abrazo con esas alimañas hediondas y chorreantes luego de que éstas les ganasen un puñado de metal en los gimnasios?

Sintió clemencia por un instante, al ver algo así como una chispa de ilusión en los rostros de los inútiles con las pokébolas y de los repulsivos pokémon venenosos tragándose restos de hamburguesas con clavos. Justo cuando uno de los niños había juntado suficiente coraje para arrojar su pokébola a los cestos de basura, resolvió que sus reflejos podían ser más eficientes para ahuyentar a todos ellos de su propiedad. Eran demasiado ruidosos. Apestaban. Eran estorbos para su vista.

Empuñó por el pico una botella de cerveza a medio vaciar y la arrojó sin cuidado al grupo de Trubbish y Gulpin glotones. La botella estalló contra la pared de ladrillos sobre sus cabezas, bañándolos en vidrio y alcohol, y los pokémon pegaron un agudo chillido mientras bajaban a toda prisa intentando escapar. Uno de los Trubbish se escurrió entre las piernas del niño que más se había acercado, soltando una nube de toxinas tras su paso que inmovilizó al mocoso mientras su amigo echaba a correr pegando un alarido de auténtico terror.

Aquello fue molesto durante un par de segundos, pues el ruido y la pestilencia definitivamente habían crecido y se filtraban sin miramientos por su ventana. Pero había sido la decisión correcta para él: al cabo de unos minutos, el apacible silencio volvía a reinar dentro de su departamento.


Un sobre se deslizó entonces bajo la puerta. Era el séptimo en una semana, y aunque el bulto de correspondencia en el suelo daba forma a un tapete de bienvenida pintoresco, entendió que no podía dejarlo ahí para siempre. Los agarró sin delicadeza y echó una rápida mirada mientras volvía sobre sus pasos en dirección al sofá.

Expensas vencidas. Aviso de corte de luz. Intimación de pago de alquiler. Notificación de la Universidad de Kalos. Pensó que la amenaza de muerte del vecino del segundo piso se habría extraviado, pues no encontró rastros de sangre en ninguna carta. Ni se molestó en abrir los sobres, y los arrojó por la ventana para que el viento hiciera con ellos lo que quisiera. Pero el viento no soplaba en ese olvidado callejón de Lumiose, y la correspondencia voló sobre los cestos de basura para convertirse en comida de los Gulpin por la noche.

 
Algo empezó a vibrar en el baño. ¿Por qué siempre se dejaba el teléfono ahí?

—Hola viejo —saludó sin mucho entusiasmo llevándose el celular al oído y la mano a la nariz. Apestaba a mierda ahí dentro, y se le ocurrió mirar detrás de la bañera por si uno de los Trubbish se había colado por la otra ventana para el postre.
—¡Yukihiro! ¡Qué alegría escucharte!
—la voz suave y jovial de su padre fue como un taladro contra su cráneo, pero apretó los dientes para soportarlo—. ¿Qué tal te está yendo en Kalos, hijo? ¿Cómo va la universidad? No tengo noticias tuyas hace un mes; estaba muy preocupado…
—Va todo bien, va todo bien —mintió mientras pulverizaba un poco de aromatizante sobre el inodoro.
—¿Qué es ese ruido, Yuu?
—No es nada, hay un Furfrou enfermo en el campus y le estaba dando una poción.
—¡Eres tan bueno! No podía esperar menos de mi hijo —se emocionó casi hasta las lágrimas el hombre al otro lado del teléfono. Yuu puso los ojos en blanco—. Así que un Furfrou, ¿eh? ¡Vaya pokémon! Ya quisiera poder encontrarme con uno de esos por acá, pero a la gente de Kalos no parece interesarle mucho venir de vacaciones aquí.
—Es que no hay mucho por ver ahí, papá —carraspeó el muchacho—. Es una región configurada para otra generación. Más como… Como tú.
—Ya lo creo —reconoció el hombre con una risa. Yuu podía notar cómo su padre ensanchaba la sonrisa a medida que hablaba con él—. Admito que al principio me costó aceptarlo, pero ahora entiendo que tu destino estaba ahí, en Kalos. Estoy muy orgulloso de que hayas tomado la decisión de llevar adelante tus estudios en ese lugar. Hay mentes brillantes ahí, claro que sí. ¿Sabías que uno de los líderes remodeló la Torre Prisma antes de empezar el secundario? ¡Es todo un prodigio!
—Ah, sí, es un tal Clemont —dijo sin siquiera fingir interés—. Pero no te vengas abajo, viejo. Ahí todavía tienen a su cazabichos estrella… ¿O era un boy scout?
—No hables así de nuestro Bugsy, muchacho —advirtió el hombre intentando poner un tono autoritario, aunque no parecía hacer efecto en Yuu—. Sabes que es un orgullo para Azalea.
—Oye, papá —cambió de tema repentinamente el muchacho, viéndose el pelo en el espejo empañado—, se me está terminando lo de abril. ¿Crees que puedas adelantarme aunque sea una parte del mes que viene? En la universidad son demasiado estrictos con las cuotas y el material de est--
—¡Ni me lo digas, hijo! —rio el hombre alegremente—. Entiendo que cargas con muchas responsabilidades, y no quiero que te preocupes por otra cosa aparte de tus estudios. Siempre respeté tu decisión de hacer algo más que dedicarte a ser un entrenador bueno para nada como tu viejo. ¡Pero la próxima envíame una foto! Quiero ver qué tanto te crecieron las ojeras luego de quemarte las pestañas con esos libros de ingeniería.
—Ah, claro, no te preocupes por eso. Bueno, papá, ya tengo que cortar, la interferencia entre regiones es una locura.
—¡No dejes de llam--!

¡Pip!

Al cabo de dos minutos, revisó la caja de ahorros en su cuenta bancaria por la aplicación del celular y constató que el dinero del próximo mes ya estaba acreditado. Fin del problema.

—Otro día perfecto en la ciudad de las luces —sonrió llevándose el teléfono al bolsillo y buscando una camiseta a rayas blancas y negras en el armario. Se calzó unas zapatillas con la suela desgastada y se acomodó el largo y desordenado flequillo sobre la frente. Su cabello era completamente oscuro y sus rasgos de Johto lo delataban constantemente en aquella región tan diferente, así que había aprovechado las populares peluquerías de la ciudad para pintárselo de rosado. De donde venía estaba mal visto llevar ese color en el cabello, así que percibía como una especie de liberación o levantamiento del dedo medio a Johto el poder lucir ese rosa sobre su cabeza sin que fueran a juzgarlo por ello. Colgándose la mochila sobre los hombros, finalmente estaba listo para salir.


Odiaba Lumiose casi tanto como había odiado Azalea. Empezaba a pensar que tal vez era un problema suyo, pero reafirmó su desprecio cuando, tras cerrar la puerta del edificio donde se alojaba, casi se choca con tres personas diferentes antes de doblar la esquina en dirección al Bulevar Sur. La gran capital de Kalos estaba, naturalmente, atestada de transeúntes que discurrían tan rápido por sus calles de adoquines como un desfile de colores. Turistas de todo el mundo viajaban a esa ciudad llena de sueños y promesas, y él, por supuesto, era otro de ellos.

Había dejado Johto hacía ya casi un año con el sueño de emprender una carrera en la prestigiosa Universidad de Kalos, que becaba a los mejores estudiantes de escuelas seleccionadas en todo el mundo para alojarlos entre los mares de conocimiento que suponían sus instalaciones. Pero Yuu solo había estado ahí dos veces: una cuando fue a inscribirse, y la otra cuando rindió el desastroso examen de acceso que lo llevó a desistir de toda oportunidad de éxito académico.

Lo había aprobado por los pelos, pero el estrés al que se había sometido fue tan grande y tortuoso que se convenció de no volver a poner un pie ahí nunca más en su vida. Claro que eso no sería motivo suficiente para alejarlo de la cómoda y bonita Kalos. Había conseguido un alquiler que mantenía a duras penas con parte del dinero mensual que le enviaba su padre. Había hecho un buen amigo en Aquacorde, donde se encontraba asimismo la sede de la universidad. Y, más importante aún: en Kalos había descubierto el amor.

Pocas veces se había vuelto tan loco por una chica como por ella. Las de Johto no estaban mal, pero eran demasiado tradicionales para su gusto. O demasiado rudas. O demasiado caprichosas. Bridgette, sin embargo, era perfecta. Tenía el mejor promedio en su curso, aunque no era una devoradora de libros excéntrica o apelmazada. Era una gran deportista, y tenía una energía refrescante que captaba todas las miradas. Sin mencionar que era toda una belleza kalense, con largo cabello lavanda que solía recoger en una cola de caballo y un par de ojos celestes que jamás se apartaban de sus objetivos. Cada vez que ella lo miraba, él se sentía valioso al verse reflejado en ellos. Solo debía esperar unos meses a que ella cumpliera dieciocho para que su relación pudiera prosperar tal y como planeaba. Estaba resuelto a casarse lo antes posible, y más de una vez pensó que aquello debía ser parte de sus anticuados genes johtoneses.

Tras sacar un poco de dinero del cajero automático, Yuu pasó por una florería para comprarle orquídeas camino a la estación de autobuses, donde se tomó el primero que pasó en dirección a Aquacorde.

—Rubio, calculo estar pasando por ahí a eso de las cinco. Espero que tengas listo lo que te pedí, o mi padre me va a cortar las alas —envió un audio por teléfono mientras los modernos y antiguos edificios de Lumiose se desdibujaban a través de la ventanilla, perdiéndose de vista antes de dar paso a los frondosos bosques de las rutas salvajes. Pensó en los cientos de niños perdidos a la buena de Arceus buscando ratas y pajaritos entre los arbustos, expuestos a peligros estúpidos e innecesarios, y sintió por fin el amargo sabor del tabaco en su lengua una hora después de haberle dado la última pitada al cigarrillo.

El viaje se alargó hasta las cinco y media, pero no estaba preocupado. Después de todo, Bridgette siempre se quedaba hasta tarde tomando clases extra curriculares en la escuela, así que podría pasar a tiempo para recogerla.

Por lo pronto, se dirigió raudamente por las calles empinadas del modesto pero pintoresco pueblito de partida en dirección a la cafetería más cercana a la universidad. Era un lugar bonito y con ese inconfundible toque kalense que tanto le gustaba imitar a las madres anticuadas en todo el mundo para despertar la envidia de sus amigas. Para esa hora de la tarde ya no estaba tan lleno, y no tardó en encontrar a su amigo pasando un trapo por las mesas en el jardín trasero del establecimiento. Era un muchacho muy alto y bien parecido, con cabello rubio largo peinado hacia atrás y sujetado en un rodete. Tenía gafas y arrancaba miradas furtivas de la clientela al pasearse entre sus mesas con el uniforme de camisa roja y chaleco oscuro de terciopelo.

—Te faltó un poco ahí.
—¿Qué pasa, rosita? —suspiró con resignación el chico rubio, dándole la espalda con indiferencia—. ¿En Johto están acostumbrados a que su duendecillo verde arregle sus problemas de impuntualidad todo el tiempo?
—Es más como un hada, creo —se encogió de hombros Yuu—. Lo siento, Franz; un par de entrenadores se cruzaron en la carretera teniendo una apasionante batalla que todos en el autobús estuvieron de acuerdo en presenciar. Creo que hubo apuestas y todo en los asientos de atrás.
—Está bien, de todos modos tengo que hacer horas extras —admitió finalmente el rubio, dándole una palmadita en la espalda—. Porque supuse que no traerías dinero por esto —Y, con una sonrisa cómplice, apoyó sobre la mesa que acababa de limpiar un folio lleno de papeles. Parecían planillas llenas de preguntas, respuestas y dieces escritos a toda prisa en la parte superior de las hojas.
—¡Ah! Perdón, es que… lo poco que tenía me lo gasté en… —y, titubeante, le mostró el ramo de orquídeas que había comprado en Lumiose para Bridgette.
—Eres tan adorable que me volvería gay por ti —dijo con teatralidad, arrancando miradas de ira y frustración por parte de las chicas que tomaban frappé en la mesa contigua y que escuchaban con atención cada palabra que el buenmozo pronunciaba.
—No seas ridículo. ¿Crees que le gusten? —murmuró con inquietud mientras tomaba discretamente el folio lleno de hojas y lo guardaba en su mochila.
—¿Crees que soy una adolescente que mira telenovelas?
—¡Ella no es tan estúpida!
—Entonces sabrás que no vas a llevártela a la cama con un ramo de flores baratas, Yuu.
—Pues tendrás que explicarme cómo hiciste tú para-- —pero, con tanta agilidad como un Sneasel, Franz se escabulló detrás suyo y le cubrió la boca con una mano, arrastrándolo lejos de las mesas con chismosas en máximo estado de alerta. Alejándose de allí, el camarero le guiñó un ojo a las mujeres que lo observaban con lástima, transmutando sus rostros en espléndidas sonrisas cargadas de esperanza. Definitivamente se pondrían a contar la propina que le dejarían entre todas.

Cuando por fin se apartaron del jardín y salieron a la calle principal de Aquacorde, Franz encendió un largo cigarrillo que acomodó entre sus labios, cruzándose de piernas sobre un cantero lleno de flores donde la gente podía apoyar sus bicicletas. Yuu se acomodó junto a él con las manos en los bolsillos y soltó un largo suspiro.

—¿Vas a explicarme cómo rayos haces para conseguir esos exámenes aprobados? ¿Qué clase de pócima secreta usas con esa vieja?
—No es una vieja, apenas va por sus cuarenta —sonrió el muchacho rubio mordiendo el cigarro. Gesticulaba bastante para hablar, y cada cosa la decía en un canturreo hipnótico que no dejaba mucho espacio a la duda para cualquiera que se cuestionara cómo hacía para obtener siempre lo que quería de los demás—. Es una profesora que dedicó su vida entera a la educación, y estoy convencido de que quiere darme una lección a través de su ayuda. Cada vez que pone esos dieces sobre el papel, me recrimina el ser un muchachito brillante que está desperdiciando su futuro en esta cafetería de segunda. Pero, ahí está lo gracioso, amigo mío: jamás deja de frecuentar esta cafetería de segunda.
—Tal vez porque le pones demasiada leche a sus capuchinos.
—No seas vulgar, Yukihiro —lo regañó Franz dándole un golpecito en la cabeza—. Puedes vivir en mi amada Kalos como un ronin que engaña a su humilde padre y al sistema educativo con exámenes falsificados, pero no permitiré que la llenes de vulgaridad.
—Se nota que no pasas seguido por los callejones de Lumiose —hizo rodar Yuu las pupilas, con una mueca de asco al recordar a los mocosos babeándose por los pokémon de la basura—. ¡Ah! Disculpa, prometo que voy a pagarte por eso cuanto antes. Puedo atrasarme un poco pero--
—Pero Celebi siempre estará ahí para salvarte, ¿no es así?
—No, claro que no —chasqueó la lengua el pelirrosa con más asco todavía—. Prefiero deberte algo a ti antes que a ningún pokémon; esas cosas volvieron imbéciles a los humanos.
—¡Salud! —exclamó Franz levantando el cigarro por todo lo alto, y Yuu exhibió sus propios reflejos arrebatándoselo de los dedos y llevándoselo a la boca. Tras una honda pitada, comenzó a toser amargamente.
—¡Agh! Esto es asqueroso, ¿cómo pueden fumar de esta marca?
—Tiene su encanto —rio el rubio mientras el cigarro volvía a sus labios—. No hay otro con un cuerpo tan fino ni tan blanco en la región. Y a las chicas les encanta ver cómo lo fumo. Me resulta fascinante pensar que algo tan estético pueda ser tan nocivo y repugnante en su interior.
—Piensas demasiado —se encogió de hombros Yuu, desviando la mirada a su teléfono celular—. ¡Cielos! Ya casi van a ser las seis. ¿A qué hora cierran las escuelas aquí?
—A las seis, naturalmente.
—¡Mierda! —Yuu se cargó la mochila al hombro y enfiló en dirección opuesta a su amigo.
—Cuida esas palabras…
—¡Te veo después, rubio! ¡Gracias por todo!

Saludándolo con un breve ademán, el chico de Johto salió corriendo a toda velocidad cuesta arriba, cruzando la calle y doblando en una esquina hasta desaparecer. Franz se quedó mirando en esa dirección con una sonrisa nostálgica en los labios, mientras el largo cigarro se consumía como el tiempo disolviéndose en humo delante de sus ojos.

En realidad, Yuu le había tomado cariño a Franz. No podía afirmar que lo quisiera, pues una emoción así estaba reservada únicamente para el amor de su vida, pero ciertamente lo tenía en buena estima, así como creía ser estimado por él. Era una de las pocas personas buenas que había conocido en esa región. O, mejor dicho, era una de las pocas personas dispuestas a ser tan malas como él para darle una mano. No es que fueran vándalos o criminales por hacer lo que hacían, pero ciertamente no muchos otros kalenses habrían tenido un gesto como el que tuvo él a la hora de brindarle su apoyo para poder vivir en ese monoambiente de Lumiose que pagaba parcialmente la Universidad de Kalos. Y lo más increíble de todo era que Franz jamás parecía estar apurado por cobrarle los favores, aun cuando no llevara una vida precisamente lujosa como camarero. Gracias a eso, Yuu podía vivir sin demasiadas preocupaciones en la ciudad de las luces, aunque comenzaba a imaginarse que pronto se acabarían todas las comodidades.


Una vez a la semana la esperaba fuera del colegio secundario de Aquacorde para salir a tomar algo. Siempre la veía llegar acompañada de su grupo de amigas, que se despedían de ella entre risitas cómplices e histéricas por ver que tenía la osadía de noviar con un chico de veintitantos. En realidad, apenas tenía veintiuno, pero la brecha de los veinte parecía infinita ante los ingenuos ojos de cualquier adolescente. No estaba seguro de cómo se tomaba la sociedad que saliera con una chica de diecisiete. Después de todo, a nivel madurativo estaban, como mínimo, empatados, y vivían en un mundo donde los adultos aprobaban que sus niños salieran de casa con diez años para recorrerlo acompañados únicamente por monstruos de bolsillo que expulsaban fuego y relámpagos por el cuerpo. ¿Qué tan malo podía ser él en comparación?

—¡Yuki! —exclamó una voz encantadora al otro lado de la reja de acceso a la institución educativa.

Yuu vio esos brillantes ojos celestes encontrándolo rápidamente entre la multitud de chicos que salían a toda prisa de regreso a sus hogares, y la cabellera lacia de un suave tono lavanda agitándose con el viento mientras giraba su cuerpo y saltaba sobre él para darle un fuerte abrazo. Bridgette era bastante desinhibida a comparación de otras chicas que había conocido tanto en Johto como en la propia Kalos, pero definitivamente nunca pasaba la línea de darle un beso en los labios frente a sus amigas o al resto de sus compañeros. Atrás de ella, un séquito de adolescentes con risa histérica los miraba con complicidad mientras intercambiaban cuchicheos por lo bajo y por lo alto.

—Hola, linda —la saludó intentando parecer genial, disimulando al máximo el tono bobalicón con el que le salían las palabras frente a ella. Antes de separarse del todo de su cuerpo, la sorprendió con el ramo de orquídeas que ella agradeció apretando todavía más el abrazo.
—¡Por Arceus! ¡Son preciosas, mi amor! —se derritió Bridgette entre sus brazos mientras cruzaba el ramo de flores detrás de su cuello y olía la frescura de las flores—. ¡Las veo el lunes, chicas! —Saludó alegremente a sus amigas, sin soltar el cuello de Yuu.

Normalmente, Yuu evitaba llevar a su novia a la misma cafetería en la que trabajaba Franz. No es que sospechara de él ni desconfiara de su propio encanto, pero por algún motivo se sentía más tranquilo llevando a una chica a cualquier lugar en el mundo que no estuviera cerca de su amigo. Sin ser esa la excepción, la invitó a tomar un helado al sector comercial bajo de Aquacorde, donde un montón de mesas se disponían alrededor de una plazoleta arbolada desde la cuál podía disfrutarse el sonido del agua discurriendo en un río que atravesaba la Ruta 2 frente al Bosque Santalune. Pidieron bochas rosas y celestes y compartieron un mismo tazón de helado mientras conversaban animadamente de su semana.

—El profesor Sanz es bastante estricto, a veces me da un poco de miedo —le comentaba entre risas a Yuu, y él no podía hacer otra cosa que sonreír embobado ante la calidez que manaba de sus gestos y expresiones, olvidando completamente tragar el helado que congelaba su boca por dentro—. ¡Siempre pone esa expresión rígida y arisca mientras me aprueba los exámenes!
—Quizás le frustre no poder ponerte menos que un diez —sonrió Yuu con sencillez—. «O tal vez lo que quiera sea ponerte en cuatro, mi amor. Viejo de mierda y pervertido…»
—Tal vez, pero ya estoy un poco harta de la exigencia. Para fin de año estaré graduada, y parece que se resistieran a dejarnos libres.
—No te angusties, antes de que te des cuenta estarás siendo una adulta amargada y desencantada con la vida.
—Pues tú no seguiste ese camino —rio Bridgette, que no estaba acostumbrada a tratar con chicos con ese tipo de humor en la escuela. La realidad es que los kalenses siempre trataban de darle un enfoque más romántico a sus vidas, aggiornando anécdotas y exagerando hazañas para ser los centros de atención en las reuniones sociales—. La Universidad de Kalos es dificilísima, y tú conseguiste una beca por la que tantos en todo el mundo matarían, Yuu... ¡Tienes que estar orgulloso de eso! ¡Eres casi un genio!
—¿Te lo parezco? —preguntó él con seriedad, y ella cambió la expresión fugazmente. Creyó ver un poco más tenue el brillo en sus ojos, pero la sonrisa afloró nuevamente en su bello rostro y le devolvió el alma al cuerpo mientras asentía con convicción.
—Me pareces genial, Yuki.
—¿Genio es lo mismo que genial? —insistió con genuina curiosidad, y ella se mató de risa como si lo hubiera hecho en broma.

Mientras conversaban, un grupo de chicos de no más de doce años se agolpó detrás de las mesas entre risas y vivaces parloteos. Yuu notó cómo Bridgette espiaba sobre su hombro para verlos abrirse paso entre la multitud que comenzaba a rodear al grupo entre murmullos de fascinación. Dos de los niños se alejaron entre sí y arrojaron sus pokébolas al centro, liberando a un zorro amarillo y a un erizo con picos verdes en la cabeza. Un aplauso generalizado tapó la voz de Yuu mientras le contaba a Bridgette sobre los planes que tenía con ella para esa noche, pero la chica terminó por levantarse para ver mejor el combate que se estaba llevando a cabo a metros de ahí.

—Siempre dan sus primeros pasos aquí —dijo ella con cierta ilusión en la voz, y Yuu carraspeó en su asiento sin siquiera voltear hacia el combate. Oía cómo la gente exclamaba con asombro cada vez que bolas de fuego estallaban sobre los adoquines—. Nunca me das tu opinión sobre eso, Yuki.
—No tengo ninguna opinión —mintió. Por supuesto que le desagradaban, y no encontraba nada romántico en ver cómo niños incitaban a esas bestias a matarse mutuamente en combates que muchas veces los dejaban al borde de la muerte. No es que sintiera especial lástima o empatía por los pokémon, pero tampoco le parecía correcto que glorificaran de esa manera el maltrato animal.
—¡No te creo! —sonrió ella de repente, poniéndole un dedo sobre la nariz mientras se le acercaba por encima de la mesa. La corbata de su uniforme caía sobre el helado, así que él la apartó instintivamente, pasando la mano peligrosamente cerca de su pecho—. ¡Yuki!
—¡A-ah! Lo siento, es que…
—Tú siempre tienes una respuesta ingeniosa para todo, ¿no? Al menos podrías decirme de forma divertida qué es lo que no te atrapa de los pokémon.
—Nosotros los atrapamos a ellos —se encogió de hombros el muchacho, intentando ocultar lo rojo de su cara tras una mano en su mejilla—. ¿Qué tiene de divertido adueñarnos de ellos? ¿Por qué se le da tanta importancia?
—Hablas como esos desquiciados que atacaron Unova hace un tiempo —dijo ella con suspicacia, entornando mucho la mirada mientras examinaba la reacción en el rostro de su novio. Al constatar que no parecía lo suficientemente sospechoso, dejó florecer una nueva sonrisa que lo acomodó sobre las nubes—. ¡Estoy bromeando! Pero te ves adorable preocupándote tanto por los pokémon. ¿Así que eres de los que piensan que están mejor libres?
—«Libres; lejos; muertos… Mientras no se metan en mi camino» —pensó con rispidez—. Bueno, al fin y al cabo todos somos libres de elegir qué queremos hacer de nuestras vidas, ¿no?
—Qué curiosa reflexión… ¡Vamos, Fennekin! —exclamó ella de golpe, levantando un puño al aire mientras el zorrito de fuego acababa con el erizo de planta, que caía entre los brazos de su joven entrenador y regresaba debilitado a la pokébola en medio de los aplausos gentiles de los pueblerinos a su alrededor—. Al menos tienes que reconocer que son adorables, Yuki.
—No tanto como lo eres tú —le dijo galantemente, y ella le estampó un dulce beso en los labios como agradecimiento.

El sol menguaba ya lo suficiente como para que el cielo fuera una mezcla de rojos, azules y violetas. Los árboles primaverales se despedían de él con sus ramas por todo lo alto atestadas de hojas con colores vívidos, y los transeúntes en Aquacorde regresaban a sus hogares luego de otra apacible jornada laboral. Yuu y Bridgette, por su parte, todavía tenían planes para esa noche, pues el viernes debía ser aprovechado. Y el chico de Johto tenía una sorpresa para su pareja, pidiéndole que la acompañe a casa solo para mostrarle en la parada del autobús un par de tickets que sacó de su mochila. Y un universo de estrellas fugaces apareció en los ojos de la chica.

—¿E-eso es lo que yo creo que es…? —dijo ella con una mano en el pecho y el corazón latiendo violentamente en su interior—. ¡Entradas para la película de Serena! ¡Oh, Yuki!
—Sabes que no soy fanático, pero nada me gusta más que esos ojos resplandecientes que pones cuando te emocionas. Así que… Vamos a verla juntos, ¿te parece?
—Si fuera un Abra me teletransportaría.
—Ja, ja, ja —rio él sin mucho entusiasmo, aunque otro beso de la chica le cambió la cara totalmente.

Abordaron el autobús en dirección a Lumiose, pues Yuu había tenido la precaución de apartar asientos en el mejor cine de la ciudad que estuviera lo suficientemente cerca del departamento para llegar rápidamente después de la función. Su lado más oscuro se frotaba las manos pensando en la larga noche juntos que les esperaba luego de ver esa estúpida película promocionada por toda la región, pero ver la sonrisa en los labios de Bridgette le alcanzaba y sobraba para erradicar cualquier impureza de su mente.

Un balde enorme de pochoclos y un par de vasos jumbo de gaseosa helada fueron su espada y escudo contra el suplicio al que se sometería entre las butacas. El perfume de Bridgette y las emocionantes variaciones en su respiración y en el rictus de sus dedos aferrándose a su mano le transmitían todo el placer que necesitaba para vencer a la bestia endemoniada que aparecía en la pantalla gigante frente a sus ojos: una historia innecesariamente larga, vanidosa y superficial de una heroína salvando al mundo sin despeinarse, mientras sus bestias amaestradas hacían todo el trabajo sucio por ella.

Quizás por venir de Johto, Yuu disfrutaba más de las viejas películas en blanco y negro con samuráis que le plantaban cara a los peligros. Su favorita era aquella donde un aguerrido espadachín conseguía arrancarle los brazos al Scyther que lideraba un clan de bandidos aterrorizando a su pueblo y se enfrentaba a todos ellos usando las propias cuchillas del insecto como armas. Aquello le parecía tan honorable que se le salían las lágrimas viéndolo cortar enemigos a diestra y siniestra. Pero ahora, frente a sus ojos, una tontería sobre el poder del amor y la amistad le arrancaba risas y lágrimas a su novia con envidiable facilidad, y definitivamente con mayor éxito que él mismo.

Desde que empezaba su viaje junto a una rana ninja hasta que debía enfrentarse con sus mejores amigos para avanzar en su viaje como entrenadora
viéndose las caras con un enano cabezón y colorado, un tipo gordo y narigón, un flacucho con cara de nada y una niña notablemente hormonada e hiperactiva que no paraban de perder en toda la película, la gente no dejaba de aplaudir cada triunfo como si no hubieran leído sobre ellos quinientas veces los últimos cinco años.

¡Si es que en Kalos no se hablaba de otra cosa! De cómo había salvado al mundo de un rayo fulminante disparado desde una flor subterránea; hasta su encuentro con esa criatura alada que llevaría muerte allí por donde pasara… ¡Ah! Pero todos se volvían completamente locos cuando la mocosa en su faldita barría el suelo con la campeona de ese entonces. Se preguntaba cómo demonios habían aceptado todos esos payasos aparecer en una película donde claramente la única en lucirse era Serena, pero Bridgette le susurró que eran todos actores, y que la única haciendo de sí misma era Diantha, pues le servía como publicidad para futuros proyectos cinematográficos. Ahora que no era la brillante campeona, esa pobre mujer de pelo corto debía estar pasando por el mismo infierno que él en esa sala de cine oscura y ruidosa. Durante el resto de la película, Yuu solo pudo pensar en eso.


—Tengo que reconocer que los efectos especiales no estuvieron nada mal —comentaba él mientras recorrían las calles de Lumiose en la noche. Bridgette había estado sorprendentemente callada hacia el final de la función, y su rostro se reveló más parco de lo que imaginaba cuando las luces en la sala se habían encendido. Lejos de reír o de llorar, parecía más bien indiferente—. Pero sigo insistiendo en que no tenía ningún sentido que ese Yveloquesea se haya dejado capturar así como así a la primer pokébola. ¿No se supone que esas criaturas son como dioses indomables? ¡Qué aburrido!
—Yuki —dijo ella de repente, deteniéndose frente a la imponente Torre Prisma—. No necesitas fingir que te interesó realmente la película. La pasé muy bien de todas formas, ¿sabes? No voy a olvidar este día.
—No estoy fingiendo, ¡de verdad me pareció una atrocidad! ¡Ehm, quiero decir…!

Finalmente logró arrancarle una carcajada, mientras se encorvaba y daba vuelta mirándolo de frente. Sus ojos rivalizaban con la torre por ver cuál iluminaba más la ciudad entera con su esplendor. Yuu suspiró aliviado, devolviéndole una sonrisa. Ella se acercó a él y le dio un suave abrazo, apoyando la mejilla contra su pecho. El latido en el corazón de Yuu era casi imperceptible para ella, pues el suelo bajo sus pies vibraba con el agitado tumulto de la gente que iba y venía a su alrededor, perdiéndose por las principales avenidas y callejones de la gran ciudad.

—Oye, Yuki —dijo al cabo de un minuto de silencioso abrazo—. ¿Sabías que Serena tenía solo quince años cuando empezó su viaje?
—Es una proeza que su madre haya esperado a que cumpliera quince para permitirle dejar la casa —replicó Yuu con sarcasmo, pero modulando la suavidad en su voz para que ella no se lo tomara mal.
—Ahora debe tener más o menos tu edad. Y, para cuando cumplió los diecisiete, ya estaba arrasando en los grandes concursos de Hoenn. ¡Es súper versátil! Y no hay entrenador en todo el mundo que no sepa su nombre. Hasta tú lo conoces.
—También conozco el de Giovanni, y no por los mejores motivos —insistió Yuu, ladeando la cabeza y apartándose unos centímetros de ella. Esbozó una tenue sonrisa, pero la chica frunció el ceño, ofuscada.
—No me mires de esa forma condescendiente —le reprochó—. No quiero decir que lo único importante es que tu nombre sea conocido en todo el mundo. Tú no necesitas volverte una súper estrella para ser importante para mí, y estoy segura de que con tu nivel, es muy posible que acabes siendo toda una celebridad en tu campo.
—No tengo aspiraciones tan ambiciosas —se excusó él moviendo las manos delante de su rostro. Definitivamente ella estaba inflándolo tanto como a uno de esos Wobbuffet falsos a los que los boxeadores molían a puñetazos—. Solo quiero estar en paz y que podamos ser felices juntos, ¿sabes?
—Y es dulce que pienses así —asintió ella casi en cámara lenta, tras una breve y casi imperceptible pausa. Pero él lo percibió todo.
—¿Dulce?

Ella se alejó un poco, dándole de nuevo la espalda y levantando la cabeza hacia lo más alto de la Torre Prisma. Las luces doradas barrían sombras en el suelo y dibujaban una silueta perfecta que su largo cabello suelto desdibujaba con el viento sacudiéndolo. Por un instante pudo distinguir cada pelo lavanda agitándose delante de sus ojos, pero su espalda era todo lo que Bridgette le ofrecía.

—Finalmente pude tomar una decisión, Yuki —aquellas palabras se tragaron su sonrisa como un agujero negro—. No tengo otra forma de mostrarte mi gratitud por traerme a ver esta película y por abrirte de esa manera ésta tarde, diciéndome que todos debíamos poder elegir qué queríamos hacer realmente con nuestras vidas, que diciéndote el camino que voy a tomar.
—Iré a tu lado por ese camino —dijo él, con el corazón latiéndole a mil.
—No —replicó ella—. No voy a condicionar tu libertad por mis propios sueños. Eso sería egoísta.
—¡¿Qué tienes en mente, entonces?! —gritó él, y todo el mundo se volteó a verlos.
—Mi sueño… —murmuró ella cuando notó que las pisadas volvían a retumbar a su alrededor, siendo olvidados rápidamente por la multitud que seguía de largo—. Es convertirme en una entrenadora pokémon. Estoy cansada de los estudios, de prepararme solo para seguir estudiando los próximos años… Solo para sentir los nervios esperando el resultado de un número sobre un papel; tras otro; tras otro… ¡No quiero eso para mi vida! Quiero viajar y ser libre. Quiero conocer un montón de pokémon; toda clase de lugares maravillosas... ¡Un sinfín de entrenadores admirables, valientes y desafiantes--!

Ella se detuvo de golpe, como esperando que Yuu la interrumpiera en cualquier momento. Pero él permanecía absorto y descolocado, con la boca entreabierta y la mirada desencajada, mientras sendas gotas de sudor rodaban por su rostro.

—Yuki.
—No me llames así —fue todo lo que le salió decir en ese momento, y un espasmo le hizo agitar las manos junto a sus caderas, rodeándose el estómago con los brazos—. Siempre detesté que me dijeran así. Yuki esto. Yuki lo otro. Yuki eres gracioso. Yuki eres adorable. ¡No soy gracioso! ¡NO SOY ADORABLE! ¡Y DEFINITIVAMENTE NO SOY YUUUKI! —Chilló histéricamente el chico de Johto, pateando una lata de gaseosa que alguien acababa de arrojar al suelo, haciéndola revotar contra su cabeza—. ¡Y ESO VA EN EL MALDITO CESTO DE BASURA, IMBÉCIL!
—C-cálmate, no hagas un escándalo… —le pidió ella acercándosele con temor, y estirando los dos brazos hacia él, pero Yuu le devolvió una mirada tan aterradora que la obligó a retroceder varios pasos más.
—Lo siento, tienes razón, no debería-- ¡Ugh!

El mismo tipo al que había devuelto amablemente la lata de gaseosa le arrojó un férreo puñetazo en todo el rostro que lo hizo rodar por el suelo. Algunas personas soltaron un grito de terror cuando el chico se incorporó con la mejilla hinchada y un hilo de sangre corriendo por su nariz. Se abalanzó sobre el sujeto y le hundió un derechazo en la boca del estómago que lo dejó sin aire, para luego lanzar un uppercut a su quijada que lo dejó mirando las estrellas. Bridgette corrió detrás suyo y lo sujetó por debajo de los brazos para apartarlo, y aunque la chica era indudablemente fuerte, a Yuu no le costó nada sacársela de encima en un arrebato de rabia, lanzándole una patada al tipo en el suelo justo antes de que éste apresara su pierna con los brazos y lo derribara. Un par de mujeres agarraron a la chica por los hombros y la apartaron de la zona de conflicto por su seguridad, mientras otros tantos comenzaban a llamar a la policía.

La golpiza se prolongó hasta que algunas personas más intercedieron para separar a los dos sujetos en el suelo. El tipo había resultado un poco más herido que Yuu, y huyó a toda prisa cuando las sirenas de un patrullero se hicieron oír desde la Avenida Verano. Alrededor había una auténtica multitud, pero Bridgette se las arregló para estirar su brazo entre la gente y sujetar con todas sus fuerzas a Yuu, arrancándolo del suelo y llevándoselo a toda prisa hasta perderse de vista doblando la Torre Prisma.


Las luces del impresionante monumento alcanzaban casi cualquier rincón de Lumiose, pero los estrechos callejones que se bifurcaban como laberintos entre sus avenidas y bulevares parecían jugar bajo otras reglas, y entre sus sombras los dos chicos pudieron respirar finalmente, apoyando las espaldas contra los ladrillos para recuperar el aliento. Yuu estaba molido a golpes, y tenía el cabello rosa un poco rojo por una sangre que no sabía si le pertenecía a él o al infeliz de la latita de gaseosa. Cuando levantó la mirada, muerto de vergüenza, para ver de nuevo a Bridgette a la cara, ella solo estaba empapada en lágrimas de desconsuelo.

—¡Eres un estúpido, Yukihiro! —desearía haberle gritado más fuerte, pero debía contener su voz para no alertar a nadie.
—Lo sé, lo sé. Perdóname, Bri, no sé qué hice… Me volví loco, discúlpame. Tuve una semana dura, estoy un poco estresado, podemos hablarlo mejor.
—Sí, sí, claro —dijo ella bajando todavía más el tono, pero él notó que se resistía a acercársele, e incluso parecía intentar refugiarse contra la pared. Estaba seguro que, de haber tenido la posibilidad, ella habría atravesado el muro de ladrillos a sus espaldas para huir. Pero se sintió un imbécil por pensar así, puesto que por algo ella había elegido salvarlo de esa golpiza o, más aún, de haber terminado en una celda común durante el resto de la noche por ese tumulto en la vía pública. Ella debía quererlo todavía, pese a su comportamiento agresivo e inmaduro—. Pero mi decisión es más firme que nunca, Yukihiro.
—¿Eh?
—Voy a ser una entrenadora pokémon. ¿Lo entiendes?
—Ah, sí… Claro, comprendo —dijo él con un hilo de voz, perdiendo la mirada entre los sucios y oscuros ladrillos y el cabello revuelto y lavanda de la chica—. Si eso te hace feliz, a mí me hará feliz.
—¿Lo hará? —sonrió ella, aunque la sonrisa parecía ser mera formalidad. Él no contestó, y finalmente ella se puso seria como una piedra, acercándosele ya sin miedo y mirándolo fijamente a los ojos, agachándose un poco para hallar la mirada esquiva de Yuu—. No, no es así, ¿verdad? No eres feliz con mi decisión. No tienes que serlo, yo… Siempre supe que odiabas a los entrenadores, incluso a los pokémon. Aunque no te hagan nada, tú no puedes controlar ese odio. ¿Me equivoco, Yukihiro?
—Tienes razón, como siempre —le sonrió él con simpleza, encogiéndose de hombros. Ella no estuvo segura de creer eso tampoco, pero decidió confiar en su palabra.
—Volveré sola, Yukihiro. No te preocupes por acompañarme, ya es tarde y… Creo que deberías ir a un hospital. ¿Puedo acompañarte yo?
—No es necesario.
—¿Necesitas dinero para un taxi? Aunque sea déjame alcanzarte a tu departamento antes de volver a casa. Tengo bastante dinero, estuve ahorrando--
—Guárdatelo para comprar pokébolas.

Ella guardó silencio unos segundos, y los ojos se le hincharon de lágrimas una vez más.

—Realmente eres un estúpido.


No supo cuánto tiempo pasó exactamente pudriéndose en ese sucio y vulgar callejón. Ni siquiera pudo darse el gusto de llorar un poco como ella para enjuagar algo de la sangre que ya se estaba secando sobre sus mejillas entumecidas. Estaba seguro que, de moverse un poco, el dolor sería insoportable, y por eso mismo comenzó a moverse en el lugar nerviosamente, yendo y viniendo sin atreverse a salir de ahí. Se sintió desorientado entre esas dos paredes estrechas, y pronto dejó de reconocer por dónde se había ido Bridgette. ¿Cuándo se había ido exactamente? ¿Le había dicho algo más luego de que era un estúpido? Había ido demasiado lejos con lo de las pokébolas. O tal vez hizo bien en decir esa idiotez, pues de lo contrario podría haber terminado lastimándola mucho más de lo que quería. Lo había arruinado completamente por una estúpida lata de gaseosa en el suelo. ¿Había sido por eso? Sea como fuera, una ira desbordante volvió a azotar su estómago como un latigazo, y arrojó una violenta patada al cesto de basura más cercano, desparramando la mugre sobre el suelo y dejando que un par de Gulpin huyeran despavoridos a lenta velocidad.

—Pedazos de mierda —masculló con desprecio viendo cómo las bolas verdes y mucosas doblaban una esquina.

Cuando pudo coordinar un poco mejor sus movimientos, Yuu abandonó el callejón en dirección a la avenida más cercana para tomar un taxi de regreso a casa. Llevaba casi un año viviendo en Lumiose y todavía no estaba seguro de conocerse al dedillo cada recoveco de la ciudad, así que aprovechaba cada vez que le entraba dinero de su padre para despilfarrarlo en cigarrillos e innecesarios viajes en taxi. La opción de los Gogoat era muchísimo más económica, pero no se subiría a uno de ellos ni aunque fueran modelos haciendo cosplay de esas estúpidas cabras. Sin embargo, su coordinación lo traicionó una vez más, y terminó saliendo a una plazoleta sin árboles, pero sí llena de luces rojas que le quemaron las retinas, y siluetas de mujeres acercándosele desde los edificios concéntricos.

—¿Estás perdido, chiquito?
—Puedes venir a descansar un poco conmigo si te apetece.
—¿Tu novia te dejó, lindo? ¡Pobrecito!

En otra circunstancia aquellas ofertas habrían sonado mucho más tentadoras, pero el instinto lo llevó a correr sin siquiera detenerse a ver lo corto de sus faldas o lo potencialmente masculino en el tono de sus voces. Dobló por varios callejones tropezando con cestos de basura y hasta con un Granbull que lo persiguió por unos cuantos metros ladrando maldiciones hasta perderlo de vista. Finalmente pudo salir hacia el bulevar norte, en la zona completamente opuesta a la que vivía en Lumiose. Maldijo a Serena, a Bridgette y al tipo de la lata de gaseosa mientras estiraba el brazo entumecido de tanto golpear y ser golpeado, y detuvo a un taxi que venía lento para captar pasajeros.

—Otra noche alocada en la ciudad de las luces, ¿eh, muchacho? —comentó el taxista con tono socarrón y amiguero, pero Yuu no respondió más que la dirección de su departamento. Sacó unos auriculares de la mochila y se los puso sin siquiera fijarse en conectarlos al celular. Después de todo, lo único que pretendía era que el imbécil no se atreviera a darle conversación durante el viaje de regreso.

Por supuesto que, en respuesta a su indiferencia, el chofer no tuvo mejor idea que pegar una vuelta completa a la ciudad en lugar de atravesarla por una de las avenidas principales. Entre el tráfico que no parecía mermar nunca y los semáforos que se habían sincronizado estratégicamente para enseñar siempre la luz roja, Yuu sintió que pasó como una hora entera hasta que el vehículo se detuvo frente a la puerta de su edificio. El taxista volteó hacia él con una sonrisa mostrándole la palma de su mano.

—Son tres mil quinientos pokedólares.
—Sí que fue un viaje largo —comentó Yuu tras un silbido, hurgando en su billetera y constatando con pavor que apenas había sacado del banco lo suficiente para pagar la salida con Bridgette. Debía tener quinientos pokedólares como mucho. Pensó que podría ir al cajero de la otra cuadra a extraer un poco y pagarle la totalidad, pero decidió que ese tipo no le caía tan bien como para tomarse la molestia—. Creo que no tengo dinero, señor. Disculpe.
—¿Cómo dices?
—No me alcanza, pensé que el viaje sería más barato.
—Los Gogoat casi no cuestan nada, chico. ¿No sabes de las pokémonturas? Te masajean las bolas mientras van saltando por la ciudad hacia donde tú quieras.
—Disculpe, no tengo dinero. Puedo darle esto… —extendió cinco billetes de cien, que era todo lo que había en su billetera, pero el chofer le sostuvo la muñeca apretándosela con firmeza.
—¡¿Me estás tomando el pelo?! ¡Eres un timador! —gruñó furioso el conductor, soltándole bruscamente la muñeca y desabrochándose el cinturón de seguridad para bajar por un costado. Yuu parpadeó un par de veces mientras el tipo pegaba la vuelta al auto y se detenía junto a la puerta trasera, abriéndola con un rápido movimiento—. ¡Abajo, muchacho! ¡Esto solo podemos resolverlo de una manera!

Yuu ladeó un poco la cabeza. Empezaba a ver doble por la contusión en la cabeza, pero estaba seguro de que la teatral actitud de ese tipo no era parte de sus alucinaciones. Se bajó del coche con las manos en los bolsillos, y encontró al chofer a unos metros de distancia, haciendo girar una pokébola sobre su dedo mientras se volteaba la gorra.

—¡Con una batalla pokémon, por supuesto!
—Ah, a eso se refería… —murmuró Yuu, ya casi completamente ajeno a la realidad, viendo cómo la silueta del tipo se retorcía frente a sus ojos, como si de pronto se hubiera puesto a bailar la conga meneando sus caderas—. No soy un entrenador pokémon.
—Que no eres… ¡¿Qué?! ¡¿Cómo que no eres un entrenador?!
—No. Ni un criador pokémon. Ni un cazabichos pokémon. No tengo ningún pokémon para pelear con usted… —entonces, llevó sus puños a la altura de su barbilla y asumió una tosca postura de combate—. Pero podemos agarrarnos a los golpes, si le parece bien.
—¡¿Qué mierda estás diciendo, desquiciado?!
—Vamos, puede pegarme primero. Pero se lo devolveré más fuerte si todavía puedo levantarme.
—¡Maldito infeliz! —refunfuñó el taxista regresando pesadamente a su vehículo y metiéndose antes de que Yuu tuviera tiempo de sacarle la gorra de un manotazo. Se ajustó bien el cinturón y cerró con un portazo mientras seguía maldiciendo en el interior de su coche—. ¡Estos mocosos de hoy en día! ¡Ya no tienen ningún respeto por nada! ¡Ni por un trabajador honesto! ¡Ni por las buenas costumbres! ¡Kalos está cada vez peor!


Cuando finalmente pudo volver al departamento, la puerta de entrada se trabó por otro pilón de sobres que le habían estado pasando por debajo. Estiró una pierna y pateó el bulto de cartas para poder pasar, y comprobó al tantear el interruptor junto al marco de la puerta que la luz ya no encendía. Con el brillo de la pantalla de su celular y el tenue fulgor plateado de la luna que penetraba a través de la ventana, Yuu se desplomó sobre el sillón largo y alumbró los sobres sin demasiada curiosidad. Aviso de corte de luz. Aviso de corte de gas. Suspensión del servicio de internet. Citación de la Universidad de Kalos. Ah, y ahí estaba: amenaza de muerte escrita con sangre del vecino del segundo piso. ¿O tal vez era su propia sangre extendiéndose sobre el papel?

Ya no podía estar seguro de nada más que del final de ese espantoso día. Pero cuando su única certeza era ese final, la luz se encendió de repente, pues una criatura se había colado rápidamente saltando encima de su cabeza por la ventana y aterrizando sobre el sofá contiguo, emitiendo un fuerte destello por los círculos rojos en sus mejillas.

Una sombra alargada se proyectó desde el marco de la misma ventana, dibujando en la pared frontal el cuerpo de una persona que se sentaba despreocupadamente sobre ella. Yuu se tiró instintivamente del sillón y rodó por el suelo hasta golpearse contra el estante del televisor, pero la figura en la ventana apenas se movió un poco. Cuando el Pikachu en el sofá aplacó un poco la intensidad del destello, pudo ver con mayor claridad de quién se trataba.

—No hace falta que hagas tanto escándalo, Yuu —dijo suavemente el muchacho rubio con un largo bostezo, estirando los brazos sobre su cabeza.
—¡¿Q-qué mierda haces aquí, Franz?! —no podía confiar ni siquiera en él. Tanteó con la mano una botella de cerveza que juraría estaba cerca del sofá, en alguna parte, pero recordó inmediatamente que la había arrojado por la ventana esa tarde para ahuyentar a los niños y los pokémon de la basura—. ¡¿De dónde salió ese Pikachu?!
—Tranquilo, venimos en son de paz —aclaró con armonía, imitando a un extraterrestre con sus movimientos mientras saltaba suavemente desde la ventana y aterrizaba sentado en el sofá, al tiempo que el roedor eléctrico trepaba por el apoyabrazos y el respaldo hasta posarse sobre su cabeza. El pelo rubio de Franz se mimetizaba sorprendentemente bien con el amarillento pelaje de la rata.
—Quieres el dinero, ¿verdad?
—¿Dinero? —preguntó Franz con curiosidad, llevándose un dedo a los labios y buscando la respuesta en el techo—. ¡Ah! ¿Lo dices por los exámenes? No te preocupes, Yuu. ¡Eres mi amigo! ¿Cómo podría exigirte dinero?
—Estoy cansado, Franz. Tuve un día de mierda, ¿sí? Quiero dormir un poco o, con algo de suerte, morirme en mi maldito sillón.
—Lo siento, estaba tan ansioso que no pude esperar a contártelo mañana.
—¡¿Contarme qué?!
—Mi sueño, Yuu. ¡Tengo uno!
—Estoy harto de escuchar los sueños de la gente por hoy —masculló Yuu, sintiendo que la mitad de lo que oía era producto de la contusión cerebral y la pérdida excesiva de sangre.
—Creo que puede interesarte bastante —canturreó Franz moviendo las manos al hablar—. Los sueños pueden compartirse, después de todo. Y tengo muchas ganas de compartirlo contigo, amigo mío. ¡Ah! Ya sé: ¡Puedes ayudarme con eso en lugar de pagarme los favores con dinero!
—¿Me estás amenazando…?
—Para nada, para nada. ¡Te estoy convocando!
—Convocando para…
—Formar parte de mi sueño.
—¡¿Y cuál mierda es tu sueño?!
—¡Pika! —advirtió el ratoncito amarillo, y Franz lo apuntó violentamente con el dedo, tan de cerca que Yuu sintió que podría atravesarle un ojo si perdía el equilibrio.
—No hables de esa forma vulgar, Yuu —pidió Franz, suspirando con dolor—. Mi sueño es, precisamente, limpiar toda esa vulgaridad de esta región. No, no solo Kalos… El mundo entero está perdiendo la cabeza, ¿no piensas lo mismo que yo? ¡Vamos! Todos esos imbéciles volviéndose locos por… ¿Esto? —Dijo, señalando con ese mismo dedo peligroso al Pikachu que se rascaba las orejas despreocupadamente sobre su cabeza—. Tú sabes de lo que hablo, Yuu. Vienes de una región donde le dedican todo a esta clase de mitos; elevándolos a la altura de deidades solo porque son lindos, o porque son grandiosos, o porque son tan fuertes que pueden comerse montañas enteras.
—Son estupideces…
—¡Exacto! —aplaudió Franz, tan motivado como Yuu jamás lo había visto—. Y de eso vamos a encargarnos, amigo mío. ¡Vamos a terminar con todos esos mitos absurdos! ¿Campeones? ¿Héroes? ¿Leyendas? El mundo no se construye con toda esa mierda publicitaria para venderle sueños a los niños. Antes quieren disfrutar del libertinaje que les otorgan sus ratones adiestrados que del cariño de sus familias, que del respeto por sus pares, que de… volverse personas realmente útiles para nuestra sociedad. ¡¿O vamos a dejar que sigan pensando que todo esto se construyó con el esfuerzo de mocosos de diez años que mandaban a sus monstruos de bolsillo a matarse los unos a los otros?!
—Estás gritando demasiado, Franz… —dijo Yuu casi al borde de las lágrimas, pues entre el dolor, la confusión y el terror absoluto por la actitud salvaje de su amigo comenzaba a pensar que empezaría a recibir amenazas de muerte de parte del resto de los inquilinos en ese edificio—. Por favor, no quiero que me echen a la calle.
—Estaremos bien —dijo el rubio de golpe, bajando mil decibeles y recostándose plácidamente sobre el sofá, mientras se palmeaba las piernas y dejaba que Pikachu corriera sobre ellas, haciéndose un ovillito sobre sus muslos—. Tú estarás muy bien, Yuu. Eres un genio, y no lo digo solo por tus calificaciones.
—No soy nadie.
—Lo serás. Lo seremos, amigo. Vamos a salvar a esta región, tú y yo.
—Suena como que tienes una buena idea, ¿eh?

Franz se encogió de hombros, y uno de sus dedos tanteó en la mesa contigua uno de los nachos grasosos que se desparramaban aplastándose sobre la madera.

—Haremos un gran equipo. Un equipo que ponga fin a toda esta mentira.

El crujido de sus dientes triturando los nachos dentro de su boca puso punto final a esa conversación, y el eco distante de ese ruido cruento y truculento se llevó el último atisbo de conciencia por parte de Yuu, que se desvaneció sobre el suelo frío y duro del salón, viendo cómo el sillón se desvanecía en la oscuridad. Por fin podría dormir un poco. O tal vez morir.
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#3
No podía irme sin comentar este coso. Y luego me di cuenta de que no tenía mucho qué decir ni cabeza para decirlo de una forma coherente…

Cosas buenas! Kalos es de mis regiones favoritas.
Me gusta el tono fracasado apestoso a orina y alcohol que parece sacado de un relato se Bukowski.
Kalos.
Bien narrado.
Curioso por decir lo menos.

Cosas malas! Por momentos me sentí sacado de la suspensión de la incredulidad. Lo que iba tan bien por momentos se pone demasiado ridículo. Imo
Pesao el principio

Lo importante!
¿Por qué todos en este fic son pedazos de mierda?


Me quedo con un comentario de Franz: "Me resulta fascinante pensar que algo tan estético pueda ser tan nocivo y repugnante en su interior". En una frase resumes tu Kalos, o al menos cómo los dos cretinos la ven. Me gusta el protagonista por ser tan pedazo de mierda. La clase de pedazo de mierda que encuentra la forma de hacerse la víctima para sí mismo y tener ilusiones estúpidas que claramente no puede sostener. Es un paria revolcado en su propia mierda sin la menor intención de salir de ahí. Un fracaso viviente e indolente que se engaña a sí mismo con falsas pretenciones de casarse. Me encanta la parte de la pelea com Brit porque se hace evidente que realmente no la quiere a ella, sino cómo lo hace sentir menos fracasado. Y aunque la idealiza en su cabeza no deja de verla como un culo y como una estúpida "inocente".

Luego el psicópata del amigo manipulador, igual de jodido por dentro que él, si bien diferente. Más malicioso. Más astuto. Mientras que Yuki se jode a sí mismo, Franz jode a los demás. Tan, tan nihilista como él, tan resentido contra aquello que no puede ser el pobre mesero.

Incluso Britgitte… se escribía así? Con sus delirios de escapar a una rutina y presión de la que no puede escapar, fingiendo que todo está bien, que con una sonrisa puede ocultar sus problemas. Es interesante. Me gustan las historias con personajes así de basura porque si les va mal puedes decir "se lo merecen".

Me llama la atención especialmente el final. No me queda del todo claro si Franz de verdad piensa volverse el nuevo Giovanni o es una estupidez de borracho/drogado.

Sea como sea, pinta bien. Me llama la atención lo que sea que tengas planeado para esto.
Meri no encontré un buen gif del lobito así que toma dos mapaches.
[Imagen: HQQLgVO.gif]
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#4
Mostrar Capítulo 1 (comentarios)
Un nuevo fic para leer y un primer capítulo con mucho para comentar. Vayamos punto por punto.

1) Como ya te dije cuando reseñé tu OS "viejo" de Hoenn, me gusta la forma en la que describes el entorno en el que se hallan los personajes. Logras que una sienta que está allí con ellos, y tu prosa se siente sincera, desenvuelta. En este caso vuelve más amenos y digeribles los tópicos que el relato trata.

2) La premisa es bastante interesante, así como también los personajes. Es una pena lo miserable que es Yuki, aunque tampoco vamos a decir que no se le merece. Desde mentirle descaradamente a su padre con sus estudios y falsificando sus calificaciones hasta considerar estúpida a Bridgette solo porque quiere seguir un sueño que no coincide con su forma de pensar. Sí, quizás su novia pueda ser un poco ilusa al preferir ir por todas partes entablando peleas de gallos con animales mágicos en lugar de estudiar para obtener un trabajo y un futuro, pero vamos, cuando vives en un mundo repleto de estas criaturas mágicas no puedes no tener ganas de volverte entrenadora como una excusa para recorrer el mundo de cabo a rabo y vivir aventuras. Lástima que, como bien enfatizan con cierta verdad Yuki y Franz en su conversación en la cafetería, la humanidad se haya vuelto tan dependiente de los pokémon, al punto que toda su sociedad se centre en capturarlos para esclavizarlos, entrenarlos y forzarles a hacerles ganar medallas o listones vacíos mediante peleas en las que podrían llegar a morir contra sus hermanos y hermanas (nótese el caso del taxista retrasado que considera barbárico y un insulto agarrarse a trompadas con un joven pero no tiene problema en hacer sufrir a su pokémon en un combate por dinero). Pero eso ya es harina de otro costal. Igual al final del día una cosa es innegable: Bridgette merece un mejor novio.

3) El personaje de Franz me resulta tanto el más interesante como el más ladino y ruin a la vez. Es triste pensar el como de seguro va a terminar arrastrando a Yuki a un pozo sin fondo, a una vida repleta de nihilismo, vandalismo, anarquía, violencia y posiblemente también drogas y prostitución, considerando que si el segundo acepta la oferta de su amigo se volverá prácticamente un forajido de la ley, un criminal irrecuperable que se tendrá que juntar con la gente incorrecta si desea sobrevivir en los barrios bajos de Kalos. Espero que ojalá nuestro protagonista pueda cambiar ya mismo el rumbo, porque de lo contrario si sigue por este sendero solo le esperan dolor y sufrimiento inimaginables.

Es...raro. Todos y cada uno de los elementos presentados y planteados en este fic me recuerdan a aquella historia cancelada que quise hacer muchos años atrás con otros usuarios cuyas identidades no revelaré, cuando todavía estaba en mis últimos años de adolescente y en plan "A Pokémon le hace falta más realismo y más muerte" (y ojo, que esto es un halago en base a algo que hallé curioso, no un comentario peyorativo). La diferencia principal entre tu relato y el mío es que el mío ocurría en Kanto, y los protagonistas eran los de los juegos pero con nombres japoneses inventados/escogidos en base a sus personalidades. Eso y el prota tenía un Kadabra que hablaba sobre visiones que tenía.

Esperaré el siguiente capítulo. Nos vemos en el próximo comentario, Tommy.

PD:
Cita:Desde que empezaba su viaje junto a una rana ninja hasta que debía enfrentarse con sus mejores amigos para avanzar en su viaje como entrenadora —viéndose las caras con un enano cabezón y colorado, un tipo gordo y narigón, un flacucho con cara de nada y una niña notablemente hormonada e hiperactiva que no paraban de perder en toda la película—, la gente no dejaba de aplaudir cada triunfo como si no hubieran leído sobre ellos quinientas veces los últimos cinco años.

Acá me reí un poco involuntariamente ante semejante coincidencia, puesto que ambas Serenas (la de tu fic y la del mío) escogieron a Froakie como inicial, con la diferencia de que a la tuya le hicieron una película de su vida y la mía acabó entrando en la depresión a causa de hormonas alborotadas y una tragedia personal poco después de haberse vuelto salvadora y campeona de toda la región.
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   Pokémon Ragnarok
"Al fin, el gran fiestón."-Pyro
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#5
Me gusta mucho el concepto iconoclasta de este fanfic con los conceptos del mundo pokémon y sobre todo me gusta que lo haga desde el punto de vista pedante ni "el mundo pokémon es una mierda, jujujaja" sino que desde una percepción amoral. Eso es lo que tienen los personajes de este fic. Son amorales. Te puedes identificar con Yuu, pero en el fondo la narración no te esconde que se quiso garchar a una prepatoriana para no sentirse como un fracasado que ni siquiera intentó nada y se rindió a la primera dificultad. Me da la sensación de que el odio de Yu por los entrenadores y los pokémon es más que nada envidia o algo así como recelo por ser una persona sin ilusiones ni ganas de salirse de lo establecido. Pero la magia es que tampoco es un malo maloso. Es bastante gris. Me encanta como hiciste los dialogos. Las intervenciones entre Yuu y Franz y los demás personajes. Me encantaría hacer diálogos así. Me gusta como describes Kalos como esta ciudad que es una porquería ante los ojos del prota, según los entornos donde se mueve. Hace que te metas en la psiquis del protagonista a través de los entornos donde habita. 

Eso sería todo por ahora. Me encantaría seguir leyendo esto

Saludos.
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Los Fan Arts usados en esta edicion son propiedad de sus respectivos autores
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#6
Strike 1: Odia a los entrenadores y pokémon del mundo.
Strike 2: Poco puede hacer para respetar y apreciar los deseos de su propia novia.
Strike 3: Es tan vago o tan odioso que no puede conseguir un empleo que le dé suficiente dinero para costearse un puto viaje en taxi.
Vaya protagonista más encantador... 
/s

Pero mira el lado positivo: al menos sus intenciones tienen más sentido que N y el Equipo Plasma.

[Imagen: svzCcz9.png]

Quitando de lado eso, me recuerda mucho al maestro de Cobra Kai con esas características, solo que sin el matrimonio fallido y el hijo rebelde, ya me olvidé de su nombre, pero eso es lo que pasa cuando Netflix espera a que le pague tanto dinero para poder ver series en 4K como deseo. No diría que espero a que cambie, pero viejo que no puedo imaginarme un solo escenario que no sea el viaje mordiéndolo en el culo continuamente, él y su amigo dan la impresión de aspirar al crimen con semejante plan.
Descansa. Hasta que nos volvamos a ver...
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#7
Me. Encanta. 

Estuve postergando el comment por, no sé. Quería hacer un comentario re ingenioso o algo así pero estoy seco para eso y tampoco soy muy bueno en ello, así que mejor escribo todo tal y como me pareció. 

El setting me es familiar, dado que yo he jugado un poco con eso, entonces ver la carta de odio a Pokémon (?) tener una vibra similar me hace chillar de emoción por ver como se van a desenvolver ese par de tarados; uno creyendose un Neo N pero al revés (liberar a los humanos de los Pokémon) y un tipo cuyo único mérito es ligarse a una menor de edad y sacarle plata a su viejo con mentiras(?). 

Man, debo admitir que sí me creí toda la narrativa victimista de Yuki. Cuando lo leí, no me pude sacar la sensación de que algo andaba mal; al principio pensé que sería problema de la novia y que secretamente lo estaba engañando o utilizando de alguna manera; pues se pinta a la chica de forma tan pura que parece irreal y como que tiene que tener un secreto turbio por ahí escondido. Pero toda esa fachada se cae ante la reacción de Yuki cuando la chica (su nombre es tan random que ya se me olvidó lol) le dice que quiere ser entrenadora; aunque el truco está que no es porque realmente quiera serlo, la chica simplemente no quiere estudiar y solo quiere escapar de la escuela para vivir un sueño. 

Y Yuki va deja de lado el cuento victimista para expresar realmente lo que siente. Joder, es que todos son horribles en diferentes grados; Franz de por sí está loquito, Yuki simplemente es un vago de poca monta que se justifica diciendo que todo está en su contra y que podría ser algo más si los sucios entrenadores y sus sucios pokémon no existieran, que hasta siento que los culpa de que él sea un inútil. Y la chica se puede decir que es lo mismo que Yuki pero al revés, victimista, que se ve inferior a su supuesto novio genio y cuya única alternativa que ve es irse de viaje por el mundo enfrentando bichos salvajes y con esa aura artificial de inocencia. 

But de nuevo, me intriga. La sociedad obviamente no funciona de los viajes que hacen los niños de diez años, ellos no pagan impuestos, pero todos parecieran funcionar como si ser entrenador fuera el pilar más importante de su existencia (o coordinador, criador, etc), pero los viajes no son eternos y los niños eventualmente regresan; ese sueño se desmorona si no eres prota-kun y te diste de piñas con un pollo legendario o no eres lo suficientemente bueno para destacar de entre las filas de otros tantos que persiguen las mismas metas como tu. Pero como quiera son alabados como si hubieran descubierto la fórmula de la paz mundial. 

Anyway, divago. Debo retomar también Browned. Así cuando este arranque como tal, tener a Galar de side para entretenerme en lo que vas sacando caps(?).
[Imagen: iSs3j2Q.jpg] 
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#8
Mostrar DANDO LA CARA
¡Buenas! Primero que nada, quiero darle las gracias a todos los que le dieron una chance a un primer capítulo que mentirosamente el foro dijo que tenía más de 10k. ¿Yo, escribiendo tantas palabras? ¡Ni en pedo! No, fuera de joda, el foro la flashea fiero con la contabilización de palabras por post. Así que... ¡No me abandonen! Les juro que voy a contar solo lo esencial en cada capítulo. Tal vez me vaya un poco por las ramas. Capaz te describa de nuevo un pokémon que ya describí en Crowned. Capaz te explique cómo es la forma del culo de Pikachu. Pero... ¡Por favor, sigan leyendo! Y comentando, que adoro leer sus comentarios.

Y sin más, pasemos a ello:

@Wiking Me llamó la atención en su momento, cuando leí tu comentario por primera vez (sí, los releo mucho, así de al pedo estoy), qué carajo hice mal para que te haga cortocircuito la suspensión de incredulidad. No sé si te referís a la visión ultra-pesimista de Yuu sobre el mundo, o a lo mal que le va, o a lo mierda de persona que es. O si el momento taxi fue muy tirado de los pelos. ¡Pero si es uno de los easter eggs más chistosos de XY! Nah, seguro no te referías a eso.

Ya notaste lo caca que son casi todos los personajes, y me va a alegrar mucho no desilusionarte con eso en el futuro. Estoy ansioso por mostrar otras formas en las que los entrenadores pokémon y prácticamente todos los personajes en mi historia puedan considerarse soretes... ¡Y que igual termines encariñándote con ellos!
¡Ah! Y la re cagué con Bridgette. Su nombre me encanta y me parece re fancy y apropiado para una chica así, pero nadie puede recordarlo o escribirlo bien, por algún motivo. Así que pueden decirle... Pepita, no sé. Brit suena lindo. (?)

@Lunarium ¡Luni! Me alegra un montón que hayas leído algo mío. Bueno, aparte del fic autoconclusivo (que, btw, tendría que ir a responder comentarios ahí también, no estoy acostumbrado a las mecánicas de un one-shot dentro del foro xD).

Además de agradecerte por resaltar las cosas positivas de mi escritura y tu interés en los personajes, quisiera aprovechar tu análisis de Yuu para confesar que, en cierto momento, yo también imaginé que, tal vez, existiendo los pokémon y teniendo nuestro mundo real una dinámica idéntica de viajes y entrenamiento y batallas... posiblemente no habría sido un exitoso entrenador ni nada parecido. Creo que todos pensamos que con Pokémon nos perdemos de vivir en un mundo así de fantástico y vivir aventuras como Ash, Red y compañía, pero... ¿No es más realista pensar que tal vez seríamos tan fracasados como lo somos en este plano de la realidad? Si en el mundo en que vivimos también podríamos ser astronautas o aventureros, pero muchas veces somos llevados a vidas mucho más grises y monótonas, con trabajos mundanos y objetivos imprecisos. Quise construir a un protagonista que, más allá de ser un sorete (que lo es, y mucho), tenga un destino completamente incierto, y actúe en consecuencia a esa sensación de estar perdido en el mundo que lo rodea. Yo me he sentido exactamente así más de una vez, y seguro muchos acá también.

¡Ah! Y Serena eligió a Froakie porque en el video de Acacia sale con un Greninja todo chulo enfrentándose a Mewtwo y se me hacía bonito, así que consideré eso como el canon. ¿Suena rebuscadísimo? Ponele que sí, pero también guarda relación con una parte de la historia que todavía no me corresponde spoilear.

@DoctorSpring Gran comentario, muchas gracias por tu análisis sobre las diferentes caras de los protas. Con Yuu hay mucho de lo que decís, pero las razones fundamentales por las que detesta a los entrenadores pokémon (y un poco bastante también a los propios pokémon) se irán definiendo mejor con el correr de la historia. Y creo que todos los personajes tienen una moralidad con la que escudar sus acciones, solo que... claramente choca con la moral como se conoce popularmente en un mundo civilizado. Igual, por el momento no tengo pensado que hagan nada tan tremendo como advierten los disclaimer obligatorios para que el fic esté en Explícitos... aunque seguramente terminen ensuciándose un poco las manos. El capítulo de hoy estará casi completamente focalizado en la perspectiva de un personaje totalmente diferente a Yuu, así que seguramente el tipo de descripciones del mundo que lo rodean varíen bastante. Espero que igual te guste.

@Nemuresu ¡Gracias por decir lo de Spiderman No More! Cuando le puse el título a esto (barajé un par de nombres peores antes) sabía que conocía perfectamente la historia con el mismo nombre, pero no recordaba cuál era. Claramente surgió de ahí la inspiración, aunque creo que no trata exactamente de lo mismo que la famosa historia de Spidey. Ah, y como dato de color: Yuu siempre tuvo dinero para pagar ese taxi. Su padre le había transferido dinero esa mañana, y había llevado lo suficiente como para una velada mágica con su novia en Lumiose (lo cual, obviamente, iba a ser bastante costoso). Al salir del cine iban camino a una cena que claramente jamás se llevó a cabo, así que... básicamente el pibe estaba de pésimo humor y le había caído gordo el taxista por verle la cara de extranjero y querer pasearlo por la ciudad para que la tarifa fuera altísima. Lástima que no pudo sacarse las ganas de seguir matándose a trompadas con alguien porque el taxista resultó ser un cobarde... o una persona medianamente sensata, quizás. xD

@Gold Te confieso que me ponía medio tristón saber que habías leído esta cosa e imaginar que te había parecido tan choto que no quisiste comentarlo directamente. Me sorprendió una banda leer tu comentario, pero no solo por eso, sino porque el análisis que hiciste de la sociedad en la que están inmersos los personajes es exactamente como la quise plasmar, y creo que vos lo dijiste más claro en ese par de párrafos que yo en todos los que me llevó construir el setting durante el primer capítulo. xD!
Me encanta que le hayas dado en el clavo al concepto de querer ser entrenador como un escape más que como un objetivo, como si sus ansias por salir al mundo con su bichito peludo y cute fuera una excusa y un medio para huirle a la monotonía. Pero es cierto que Bridgette (¡BRIDGETTE!) es una chica como cualquier otra que ve una película bien producida en un cine y sale queriendo vivir esa vida. Como las que quieren ser la chica de Crepúsculo o la chica de 50 Sombras. (?)

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2. Turista

La reputación del capitán Curtis era bien conocida entre los marinos y navegantes que se reunían alrededor del gran árbol en la aldea portuaria de Seafolk. A Leilani le había costado trabajo dar con su paradero, pues era el único de todos que no disfrutaba de las largas fiestas a la luz del fuego, reventando copones de vidrio llenos de cerveza espumosa mientras bailaban y cantaban sus aventuras cruzando el océano. Ella averiguaría, más adelante, que Curtis se refería a todos esos hombres del mar como “bufones jugando a ser piratas”, además de comprobar que la voz del viejo navegante parecía salir no a través de cuerdas vocales, sino de auténticas navajas oxidadas. Cada vez que Curtis hablaba, sus palabras cortaban.

Sin embargo, ella no podía estar más contenta por la decisión que había tomado. Amaba su Alola natal, y extrañaría las noches en su Akala frondosa y colorida; así como las mañanas surfeando sobre Mantine en las playas de Heahea, cuando el Astro Rey brillaba tan intensamente que parecía contener a Solgaleo rugiendo en su interior. Le había costado dar ese paso, pero Leilani no encontraría consuelo a sus ambiciones en ninguna de las islas que conformaban su región. Debía ir más allá de sus horizontes, y conocer otra clase de personas si quería continuar perfeccionándose. Sería un viaje de redescubrimiento, puesto que, quizás, el éxito que había alcanzado en el lugar que consideraba su hogar no sería tal en tierras nuevas, con una cultura y personas diferentes.

Cruzaban el océano en un viejo navío negro, tan estrecho como alargado, en cuyo mascarón de proa se erguía atemorizante una cabeza tallada de Gyarados rojo que apartaba del camino a cualquier depredador de las profundidades que intentase acercárseles. Una lluvia violenta golpeaba sus espaldas y cabezas, y los vientos gélidos del norte arremolinaban las olas dándole forma a torbellinos contra los que debían luchar con sus propias fuerzas, remando cada tripulante con sus dos brazos para ayudar al velón en el mástil central a alejarse de las zonas más turbulentas de los mares, aquellas por las que Curtis parecía tener preferencia a la hora de transportar entrenadores.

—Ni se te ocurra sacar a tu Poliwrath, cobarde —le advirtió el capitán a uno de los entrenadores que remaba al borde del desmayo. Pese a que su voz salió en forma de susurro, el filo de su entonación caló más hondo en sus oídos que el rugido de las olas rompiendo contra la embarcación—. ¡Todos estuvieron de acuerdo en ser transportados por mí hacia las tierras que desean conocer! Mi precio es el más bajo de todos: solo deben poner en mis manos sus miserables vidas, y yo llevaré sus cuerpos a Sinnoh, Galar, Johto o Kalos. ¡No hay mar que no esté dispuesto a partir por la mitad con las fauces de mi Gyadrakkar! ¡¡Así que dejen de llorar, niñitas de mamá, y pónganse a remar con todas sus fuerzas si quieren demostrarme que sus pokémon no resuelvan todo por ustedes!!
—¡¡Señor, sí, señor!! —replicaron los pasajeros al unísono.

Curtis Ironwood era un hombre del que se sabía solo lo que él necesitaba que se supiera: que medía dos metros de altura, que tenía el torso, los brazos y la espalda repletos de tatuajes, y que todas esas partes de su cuerpo eran tan anchas que le daban el espacio suficiente como para tatuarse a cada especie de pokémon conocida… dos veces. Su carácter era pésimo, tal vez por no acostumbrar al trato con personas desde que se había recluido por voluntad propia en la Isla Exeggutor, al sureste del mar de Poni. Era intimidante y desgarbado, pero tenía una cualidad de la que pocos podían presumir: Curtis Ironwood jamás faltaba a su palabra, y no descansaría, ni los dejaría descansar, hasta que el último de sus tripulantes pusiera un pie sobre el destino al que necesitaba llegar. Una vez al año, el hombre de mar decidía embarcarse en la aventura, y solo los entrenadores que él admitiese en su barco podían acompañarlo. Era, en cierta forma, una especie de entrenamiento intensivo ideal para moldear su personalidad y forjar su carácter. Y lo que les advertía era cierto: la mitad de ellos parecían tener el rostro tan empapado por las saladas aguas del mar como por sus propias lágrimas angustiosas.

Leilani, por su parte, tarareaba alegremente la cancioncilla que solía cantar junto al viejo Oranguru de la Jungla Umbría. No se le habría cruzado nunca por la cabeza pedirle a Kaleo que remase por ella, aun cuando la fuerza de su pokémon podría haber quintuplicado la velocidad de esa embarcación incluso contra las peores tormentas. ¿Por qué lo sometería al crudo frío del océano, si ella había nacido con la bendición de gozar de dos brazos sanos y enteros para poder remar por su cuenta? Claro que, por su constitución delgada y más bien menuda, cualquiera que la viera canturrear moviendo la cabeza mientras empujaba su grueso remo de madera habría apostado a que apenas contribuía en nada durante el duro viaje. Con su largo pelo rosáceo y su vestido blanco impoluto, de entre todos los pasajeros ella parecía la más débil y delicada. Pero el viejo lobo de mar no ignoró el hecho de que fue la única en mantener una espléndida sonrisa en su rostro durante todo el trayecto, sin quejarse una sola vez.

Tras haber cruzado las aguas gélidas de Galar —donde Leilani tuvo que apretarse las rodillas con las manos para no bajar de un brinco a la región del norte—, alcanzaron las costas de Kalos luego de casi una semana de implacable navegar. Cualquier crucero convencional habría tardado bastante más en un viaje como ese, pero Curtis no se dejaba intimidar por las rutas peligrosas que le ofrecían los mejores atajos, ni escatimaba en los esfuerzos que sus tripulantes podían ejercer para remar incluso durante toda una noche en pos de ganar tiempo.

—Si siguen vivos los que quieren conocer Kalos, ya estamos llegando al puerto de Coumarine —gruñó el robusto Curtis arriando velas para detener la embarcación. El agua era cristalina y suave, pues ya estaban muy lejos del rugido del mar en Alola, oyendo más bien un ronroneo inofensivo desde las profundidades del mar kalense.
—¡Al fin! —sonrió un entrenador moreno con los labios resecos y los ojos hundidos por el agotamiento. Tenía un aspecto lamentable, y eso que vestía ropas lujosas y tradicionales, así que Leilani intuyó que debía ser del área de Malie—. Capitán, ¿cree que podría sugerirme un buen resort para alojarme en Coumarine?

Por supuesto, no obtuvo respuesta por parte de Curtis además de una aterradora mirada asesina. El muchacho tragó saliva y esbozó una sonrisa bobalicona mientras se cargaba el bolso sobre la espalda.

—N-no se preocupe, así está muy bien…
—¡Bien! Llegamos —dijo Curtis con voz reseca. El muchacho parpadeó varias veces, mientras Leilani revisaba algo en su bolso.
—¿Cómo? Pero… Si el puerto todavía no está por--
—Dije que llegamos, novato —sonrió Curtis enseñándole la salida con una mano: directo hacia el agua, donde algunos Tentacool flotaban expectantes—. No pienso atracar en Coumarine; tengo algunos enemigos ahí, y no voy a poner en peligro a mi tripulación.
—Lo entiendo —dijo el entrenador con una reverencia.

¿Que no quería ponerlos en peligro? Si todo lo que había hecho hasta ese punto fue conducirlos a una muerte más que segura a través de las peores tormentas en altamar. El muchacho llevó sus dedos temblorosos al estuche con pokébolas que pendía de su abrigo empapado.
 
—¿Mh? ¿Qué piensas hacer? —advirtió el capitán acercándosele un paso, y el chico retrocedió instintivamente—. ¿Necesitas que tu pokémon te lleve hasta la orilla sobre su lomo? Vaya, chico, si lograste cruzar los mares de Alola y Galar con tu propio esfuerzo, me decepciona que vayas a echar todo por la borda solo por unos cuantos metros hasta la ciudad. Creo que le pediré a mi Sharpedo que te lleve seguro hasta Poni de regreso… Seguro que al menos la mitad de tu cuerpo llega intacta.
—¡Lo siento! ¡Muchas gracias por todo! —balbuceó rápidamente el entrenador de Malie, que pegó un salto desde ahí mismo y echó a nadar con lo poco que le quedaba de fuerzas mientras los Tentacool pegaban media vuelta y empezaban a desplazarse suavemente en dirección a él.

Los pasajeros de la peculiar embarcación cruzaron miradas de inquietud y lástima, aunque uno que otro no pudo disimular la gracia que le causaba ver a ese cobarde huyendo a toda velocidad de los Tentacool. Lo cierto era que la ciudad portuaria de Kalos era perfectamente divisable a la distancia, con sus colinas verdes y edificios pintorescos de todos los colores reflejándose sobre las aguas cristalinas a su alrededor. El bonito paisaje pareció alegrar repentinamente a Curtis, que empezó a carcajear mientras izaba velas nuevamente y dejaba que el barco se arrastrase con el viento hasta el muelle de la ciudad.

—Pensé que quería cuidarnos de sus enemigos —dijo Leilani cuando el Gyadrakkar se detuvo limpiamente en el puerto, justo detrás de un yate más grande y lujoso.
—Nah —se encogió de hombros el gigante, dedicándole una sonrisa maliciosa a la chica—. Pero ese chico no me caía bien; necesitaba esforzarse un poco más.
—Muchas gracias por el aventón, señor Curtis —asintió la entrenadora, sacando una guirnalda de flores amarillas y poniéndosela intempestivamente alrededor del cuello. Aquella acción fue tan veloz e inesperada que el tipo se quedó helado, mientras Leilani trotaba entre saltitos a lo largo de su embarcación dejándole los tradicionales lei aloleanos al resto de tripulantes de todo el mundo, muchos de los cuales se sonrojaban o estaban tan exhaustos que ni se enteraban del presente—. ¡Les deseo un buen viaje a todos, amigos!

Con un salto limpio desde la rampa de desembarque, Leilani puso los pies en el suelo de Kalos. El aire era completamente distinto, e incluso el color del cielo se apreciaba diferente desde ese punto del globo. Vio a Curtis gritarle algo a sus pasajeros mientras se arrancaba el collar de lirios amarillos y una ráfaga de viento y energía arrancó a su Gyadrakkar del puerto, llevándolo rumbo a regiones desconocidas que ya tendría oportunidad de conocer más adelante.

—Alola, Kalos —sonrió la chica con una mano en la frente, levantando sus ojos brillantes por lo alto de la ciudad portuaria. Suspiró de alivio al ver cómo el entrenador ricachón ponía dos manos encima del muelle y trepaba con agotamiento, rodando sobre los tablones de madera mientras su pecho subía y bajaba sin control. Al parecer, no había sido picado por ningún Tentacool. Cuando metió una mano en su bolso para tomar el último lei aloleano para obsequiarle, comprobó que ya no le quedaba ninguno—. Qué mal, estaba segura de que había traído suficientes… Lo siento, amigo —Suspiró con resignación, viendo cómo un par de Wingull se le paraban encima y picoteaban su ropa maltrecha.

Ciudad Coumarine no tenía playas, así que Leilani no tardó en sentirse lejos de casa cuando salió del puerto subiendo unos escalones de piedra y llegó al mercado de frutos. El estilo de las casas era mucho más opulento que en Alola, con pintura crema y tejados azules llenos de molduras y relieves intrincados que le conferían un aspecto de lujo. Se sintió cautivada por las enormes columnas de hierro que sostenían las vías a lo largo de las cuales el monorriel local conectaba la parte baja y alta de la ciudad. En Alola no había nada como eso, y le emocionaba conocer las alturas de Kalos. Con un poco de suerte, podría avistar toda clase de especies autóctonas de la región si llegaba a lo más alto de esa colina.


—¡Alola! Quiero decir… ¡Buenos días! —saludó la pelirrosa sacudiendo los brazos en alto al ingresar a la Estación Litoral. Una larga fila de personas se volteó para mirarla, arqueando cejas y dibujando muecas de incomodidad por lo escandalosa que resultaba en un espacio público. Eran en su mayoría personas viejas que, juzgando su apariencia, debían gozar de un buen nivel adquisitivo—. ¡Perdón! No conozco el saludo formal de aquí. Mi nombre es Leilani, vengo de Alola.
—¿Necesita ayuda, señorita? —dijo un hombre uniformado con discreción. Ella ensanchó su sonrisa.
—Sí, recién llego y necesito comprar unas cuantas cosas. No quise traer nada más que lo imprescindible en el bolso porque podría haberlo perdido todo en el mar. ¡Ah! ¿Y sabrías decirme dónde debo inscribirme para participar de su Recorrido Insular?
—¿”Recorrido Insular”? —repitió el hombre con inquietud—. ¡Ah! ¿Se refiere a la Liga Pokémon?
—Eso mismo —asintió ella enérgicamente—. Soy una entrenadora pokémon, así que vine a Kalos para conseguir todas las medallas. Tengo que desafiar a los de su Elit--
—Sí, me imagino que funciona del mismo modo en casi todas las regiones —la interrumpió el empleado de la estación.
—Te sorprenderías —suspiró ella, desplomándose sobre un sillón—. ¡Juro que quería bajarme en Galar! Pero ese lugar es una pesadilla burocrática. Tengo entendido que en Kalos puedo desafiar los gimnasios en cualquier orden, ¿verdad?
—Así es. Si toma el monorriel será transportada a la Estación Colina, en la parte montañosa de la ciudad. Allí encontrará el Gimnasio de Coumarine, donde nuestro líder Ramos acepta retadores durante todo el día.
—¡Fantástico! —aplaudió ella con entusiasmo, buscando algo entre su bolso de viaje. Al cabo de unos segundos, tomó un rollo de papel que dejó caer entre sus piernas, revelando una lista extensa llena de objetos imprescindibles para su viaje—. Tengo que conseguir algunas cosas antes, ¿cuál es la dirección de su centro comercial?

Espiando algunos de los ítems anotados en su larguísimo listado, el empleado de la estación se quedó perplejo por la especificidad de muchos de ellos: vitaminas, máquinas técnicas, toda la variedad de pokébolas y medicinas imaginables, e incluso inciensos raros, bayas y objetos evolutivos de lo más variopintos.

—No creo que pueda conseguir más que lo básico en nuestra Tienda Pokémon —reconoció el hombre, secándose la frente—. Sé que en el mercado portuario se venden algunos inciensos, pero aparte de eso, me temo que debería ir a un lugar diferente si quiere equiparse completamente para la aventura.
—Ya veo —se resignó ella, desilusionada. Lo cierto era que quería enfrentarse a Ramos cuanto antes, pero no era inteligente hacerlo sin antes equiparse apropiadamente—. Por favor, anótame al pie de la lista los lugares donde sepas que puedo conseguirlo.
—No es necesario —sonrió el uniformado con incomodidad—. En Kalos no hay mejor lugar que Lumiose para los entrenadores. Ahí encontrará lo que necesita y mucho más.
—¿Lumiose? —ladeó la cabeza la pelirrosa, haciendo memoria. Había leído algunas cosas sobre Kalos, y la torre de luz ubicada en el centro de una preciosa ciudad se le vino a la mente al cabo de unos segundos, ensanchando todavía más su sonrisa—. ¡Es cierto! Es su capital, ¿verdad?
—Efectivamente —confirmó el hombre—. Del mismo modo, le sugiero tomar el monorriel hasta la Estación Colina, y desde ahí solo deberá cruzar la Ruta 13 en dirección sur hasta llegar a Lumiose. No tiene pérdida, aunque… Le advierto que es una ruta bastante dura.
—¡No te preocupes por eso! —rio Leilani mientras se cruzaba el bolso sobre el hombro—. Creo que me las podré arreglar.

Parándose de un salto, Leilani encaró para la salida de la Estación Litoral. Al cruzar las puertas corredizas con paso decidido, el empleado asomó la cabeza detrás suyo.

—¡E-espere! Para abordar el monorriel debe sacar su pasaje primero.
—Perdón, no traje nada de dinero —se encogió de hombros la entrenadora de Alola. Apenas vio a la gente que formaba fila para abordar el monorriel, recordó que ella había viajado en cero absoluto a Kalos, pues incluso el dinero podría haberse perdido para siempre en las profundidades del océano.
—Ya veo… —murmuró el hombre, un poco intimidado por la insistente sonrisa de la chica que no le sacaba los ojos de encima—. Disculpe mi incumbencia, pero… ¿Entonces cómo pensaba pagar por todos esos objetos que necesita?
—Soy una entrenadora, ¿recuerdas? —le guiñó un ojo mientras sacaba una esfera negra y amarilla de su bolso, inflándola con presteza—. Todo lo que necesito son algunas victorias para ganar dinero fácil. ¡Deséame suerte, señor empleado!

Y, tras arrojar su ultra ball al suelo, un ave de plata emergió de su interior ofreciéndole el lomo a Leilani con una respetuosa reverencia. Sus plumas de acero carmesí resplandecieron bajo el sol cuando Skarmory levantó vuelo cargando a su entrenadora, y con un férreo aleteo salió disparada elevándose por encima de las vías del monorriel, descargando una ráfaga de viento residual que le voló la gorra al empleado de la Estación Litoral. El sujeto permaneció atónito con la mirada perdida entre las nubes tras las cuales había desaparecido la chica en un abrir y cerrar de ojos.

—Dinero fácil —repitió atontado, parpadeando unas cuantas veces antes de largar un amargo suspiro—. Así que las entrenadoras pokémon también son esa clase de mujeres…


Para cuando Skarmory aterrizó sobre los adoquines de Lumiose, Leilani ya había conseguido alrededor de veinte mil pokedólares. Le sorprendió gratamente descubrir que incluso sobre los cielos de Kalos podían encontrarse a entrenadores especializados en algo llamado “Combate Aéreo”, donde se ponían trajes de lo más pintorescos que les hacían parecer Emolga y luchaban entre las nubes utilizando a pokémon capaces de volar o levitar. A su pájaro de acero no le resultó difícil despachar a todos los que se cruzaron en su camino, pero lo que más le alegró a la chica de Alola fue constatar que, efectivamente, en Kalos descubriría toda clase de pokémon que no podían verse naturalmente en su región natal. De este modo, pudo combatir y vencer a pokémon raros para ella como Sigilyph, Vivillon y hasta un aguerrido Staraptor con el que consiguió tomarse unas cuantas fotos.

Dejó a Skarmory descansando en el Centro Pokémon para recuperarse de sus heridas y corrió alrededor de la fantástica Torre Prisma tomándose selfies hasta que la batería de su RotomDex amenazó con agotarse. Cuando guardó el dispositivo en su bolso, se arrepintió de haber estado perdiendo valioso tiempo en esas fotos; por la noche podrían haber salido unas mucho más bonitas.

No tardó en comprobar que, por supuesto, la gran capital de Kalos también contaba con un gimnasio característico, así que resolvió hacer un ligero cambio de planes y comenzar su aventura desde ese punto. Pero, aunque tenía una generosa cantidad de dinero para costear una parte de lo que necesitaba comprar, había otro ligero detalle que se le escapaba de los cálculos:

—¡Este lugar es un laberinto! —dijo agarrándose la cabeza, mientras sus ojos viajaban de izquierda a derecha pegando una vuelta completa de trescientos sesenta grados por la periferia a los pies de la Torre Prisma. Un sinfín de avenidas, callejones y bulevares se bifurcaban desde el centro, formando una especie de pentágono inmenso que rivalizaba con la Jungla Umbría en lo engañoso de sus recovecos—. ¿Por dónde empiezo? Ay… ¡Y todos esos carteles! ¿”Le Nah”?

Confundida y abochornada por la multitud de transeúntes yendo y viniendo, así como los cascos de los Gogoat golpeando los adoquines, las bocinas de los taxis siempre apurados cuando no llevaban pasajeros y los insultos con acento extraño desde los balcones de los edificios, Leilani se alejó lo más rápido que pudo del centro bullicioso de la ciudad. Atravesó un callejón donde debía concentrarse todo el mal olor que faltaba en el resto de la perfumada e impoluta Lumiose, y salió a una plaza semicircular con una pequeña pendiente llena de escalones donde un montón de personas tomaban algo y conversaban animadamente mientras, al otro lado, un par de entrenadores disputaban combates en un rudimentario campo de batalla pintado con tizas de colores.

—¿Quién es ese? —le preguntó Leilani a una chica que chiflaba luego de que el Pangoro de un entrenador de traje oscuro y pelo lila barriera el suelo con el Marowak de su oponente.
—Ni idea, pero es fuerte —respondió ella, mirándola de reojo con una ceja levantada—. Y está bueno, ¿no?
—Si es fuerte, creo que sabrá dónde conseguir lo que necesito.

Leilani bajó saltando los escalones de dos en dos hasta pasar junto al joven entrenador que retiraba a su Marowak entre lágrimas y le pasaba un puñado de billetes al vencedor. El chico del Pangoro se giró hacia una joven que miraba la hora aburrida cruzada de piernas sobre unos cajones de madera apilados.

—Ya van diez, mi amor —dijo románticamente el entrenador de traje, dándole un suave beso en el dorso de la mano.
—Dijiste que podías con once, Robbie —entornó los ojos ella, sin mostrarse impresionada.
—Puedo ganarle a cualquiera aquí, pero ya ves que cada vez se me complica más encontrar oponentes que se atrevan —se excusó el chico con frustración, mientras su Pangoro le gruñía intimidantemente a cualquiera que hiciera contacto visual directo con él—. ¡Vamos, caballeros! ¡Pangoro ya está muy cansado luego de tantas batallas consecutivas! ¿Qué les parece si lo intentan? Si me ganan, se quedan con todo.

La multitud sentada alrededor de la cancha improvisada cruzó murmullos y miradas de circunstancia, pues aunque muchos de ellos eran entrenadores, ninguno se consideraba lo suficientemente bueno o experimentado para ganarle a esa máquina de golpear y quebrar huesos. El oso panda se había pasado toda la jornada noqueando a oponentes que iban desde un insignificante Flabébé hasta un robusto Exploud que casi deja sordo a todo el mundo. De entre todos, la única en aterrizar delante suyo fue una jovencita sonriente y pelirrosa con un holgado vestido blanco que no parecía pasar los veinte años de edad. El entrenador se le acercó con actitud tan altanera como galante, mientras su novia desde los cajones lo observaba con el ceño bien fruncido.

—¡Alola! —saludó ella despreocupadamente con los brazos en alto, y el chico le dedicó una fina reverencia.
—Bonjour, mademoiselle. ¿Acaso serás tú mi próxima oponente si me atrevo a desafiarte?
—Creo que no, lo siento —se encogió de hombros ella—. Hoy ya peleé bastante, y estoy algo cansada, pero necesito comprar todo esto y no sé por dónde empezar en esta ciudad de locos. Veo que eres un entrenador experimentado, así que supongo que sabes dónde conseguir algunas veloz ball y frascos de proteínas y hierro. ¡Ah! También busco las MT número 18, 27 y 77… ¡Ah! ¡Un momento! La 54 también es importantísima. ¿Te molestaría anotarme las instrucciones en mi lista?
—Detente ahí, por favor —murmuró Robbie con una ceja crispada y un escalofrío recorriéndole la espalda—. Estoy casi seguro de que puedes encontrar esto en distintas tiendas, pero… ¿Por qué no lo hacemos más interesante? Derrótame en un combate y te diré lo que necesites, además de darte toda la recaudación por las batallas anteriores. ¿Qué te parece? Si pierdes, solo serán un puñado de pokedólares. Una turista como tú debe tener de sobra si decidió pasear por Lumiose.
—De acuerdo, pero no tengo mucho tiempo —dijo Leilani con resignación, tomando una nueva pokébola, descolgándose el bolso y arrojándolo despreocupadamente hasta los pies de la escalinata—. Kanae está descansando en el Centro Pokémon, y me habría ayudado bastante aquí. Pero, si no me queda opción… ¡Vamos, Kaleo!

Casi todo el mundo se puso de pie cuando de la pokébola surgió un dragón bípedo de largas y fornidas extremidades, con la piel de color gris piedra recubierta por una especie de armadura de escamas circulares doradas y rojas que iban desde la corona en su cabeza hasta la punta de su larga cola, produciendo un suave tintineo de cascabeles con ellas. El Pangoro de Robbie se tronó los huesos de los hombros y la espalda, esbozando una ruda sonrisa mientras adoptaba posición de combate encarando al Kommo-o de Leilani.

—«¡¿Qué clase de entrenadora es esa chica?!» —tragó saliva Robbie mientras observaba al dragón desperezarse con un largo bostezo, estirando hacia el frente sus largos brazos y tronando los huesos en sus dedos con garras doradas—. «No, no tengo que dejarme intimidar por un pokémon de otra región. Tal vez esa nena ni siquiera sepa usarlo adecuadamente»
—¿Cuándo empezamos? —preguntó ella con curiosidad—. Puedes atacar cuando quieras, Pangoro.

El panda siniestro gruñó ante la invitación a pelear de la chica, y chocó sus puños entre si para demostrar su fortaleza hinchando los músculos. El dragón que le hacía frente curvaba los finos labios en su alargado hocico en una especie de sonrisa serena y pacífica, y parecía tener la mirada perdida. Aunque Pangoro lo buscó reiteradas veces moviendo la cabeza de un lado a otro, sencillamente los ojos de su oponente no se mostraron interesados en él. Aquello lo sacó más de quicio, porque ningún otro pokémon se había atrevido a ignorarlo. ¿Cómo podía ocurrírsele no temerle luego de ver cómo había agrietado el cráneo de ese Marowak minutos atrás? Rabioso, el mamífero blanco y negro corrió directo para atacar, cargando toda la energía en su puño diestro para hundírselo en el morro al dragón aloleano.

—Kaleo, no te pases —le pidió Leilani.

El dragón, en respuesta, detuvo el puñetazo de Pangoro con la mano izquierda. Sopesó la presión y fuerza que ejercía el siniestro con su golpe, y comprendió que no habría forma en la que podría herirlo con un ataque semejante. Frustrado por la simpleza de su golpe, Kaleo le devolvió otro casi imperceptible para la vista con su propia diestra, hundiéndole los nudillos en el antebrazo y dislocándole el codo en el acto. Pangoro soltó un rugido de profundo dolor viendo incrédulo cómo su brazo se doblaba en el sentido opuesto al natural, mientras que Robbie retrocedió tanto por el terror que se llevó puesta a su novia, a punto de tirarla de los cajones donde se sentaba, distraída hasta entonces con su celular.

—¡Wow! ¡Miren ese golpe! —exclamó uno de los espectadoras, sin poder ocultar una morbosa sonrisa por la crudeza del contraataque.
—¡Vamos, dale su merecido!
—¡Al fin le llegó la hora a ese tipo!
—¡¡Kaleo!! —gritó Leilani, llevándose las manos a la cintura y borrando la sonrisa de su rostro por primera vez en mucho tiempo—. Te dije claramente que no te pases.

Kommo-o agachó la cabeza un segundo, cerrando los ojos y suspirando con una mezcla de impotencia y de placer por haberse salido con la suya desobedeciéndola lo justo y necesario como para aplicarle un correctivo al siniestro luchador. Inmediatamente después, se le acercó furtivamente por la espalda con un giro y lo inmovilizó doblándole el brazo con un puño cerrado sobre su muñeca, mientras que con el otro hizo una maniobra sobre su codo que le acomodó nuevamente el hueso, arrancándole otra vez un bramido de dolor al oso panda, que se desplomó sobre las rodillas jadeando con un hilo de saliva cayéndole entre los colmillos, aunque con el brazo nuevamente reparado.

—¡Pangoro! ¡N-no vamos a echarnos hacia atrás solo por un buen golpe! —tartamudeó el tembloroso muchacho disfrazado de Ace Trainer sin notar que su propio cuerpo se había echado atrás unos cuantos pasos—. ¡Ataca con Avalancha!

Un firme pisotón resquebrajó el suelo de piedra y levantó un puñado de rocas que Pangoro arrojó con una palmeada directo al rostro del Kommo-o.

—«Tal y como estuvimos ensayando» —sonrió Robbie con seguridad—. «Primero, obstruimos su campo visual con las rocas. Luego, un golpe sorpresa mientr--» ¡¡Pangoro, cúbrete!!

Pero era demasiado tarde. Kaleo extendió los brazos hacia el frente y los cerró chocando sus antebrazos y sus puños, haciendo vibrar las enormes escamas de acero como crótalos y produciendo un estruendoso sonido que pulverizó las piedras en el aire, quedando reducidas a polvillo. Pangoro ya corría detrás de la Avalancha, listo para arrancarle la mandíbula al dragón, pero éste se limitó a permanecer inmóvil en su lugar, inhalando y luego exhalando una ráfaga de aire por la boca y la nariz que redirigió la roca pulverizada directo sobre el rostro del siniestro. El polvillo se metió rápidamente por las vías respiratorias de Pangoro e incluso dentro de sus propios ojos, dejándolo completamente ciego.

Aprovechando la distracción, Kaleo se agachó un poco y le hundió un puñetazo directo sobre la boca del estómago. Pangoro se dobló hacia adelante, perdiendo con ese golpe el poco aire que retenía, al punto de que ni siquiera pudo gritar de dolor. Sin darle descanso, el dragón giró rápidamente y se impulsó con las vigorosas piernas propinándole un gancho de zurda en la quijada que lo mandó a volar por los aires, aterrizando sobre unos cestos de basura varios metros atrás. El ruido metálico de un par de latas de garbanzos rodando bajo los brazos inertes del panda debilitado dieron por finalizado el encuentro, y la multitud se puso de pie para aplaudir a la vencedora.

—Eres todo un bravucón, Kaleo —reprochó Leilani a su Kommo-o, dándole un golpecito en las escamas que llovían en forma de melena sobre su cabeza—. Ya sé que hace días que no peleas, pero tuve un viaje muy largo desde Alola, entiéndelo. Espero que puedas comportarte mejor ahora que estamos en Kalos, ¿puede ser? Quiero que demos una buena impresión.
—Ko… —asintió el guerrero dragón agachando la cabeza antes de regresar a su receptáculo. Preocupada, Leilani se acercó corriendo hasta Robbie, que se encontraba arrodillado junto a Pangoro.
—¿Te acompaño al Centro Pokémon? —le propuso con una espléndida sonrisa, tendiéndole su mano.
—¡Aléjate de mi chico, zorra! —chilló la muchacha saltando desde los cajones de madera, acercándosele a Leilani con un dedo acusatorio apuntándole como una flecha.
—Bebé, tranquilízate —suspiró Robbie, regresando a Pangoro y levantándose para poner paños fríos a la situación, pero ella se limitó a acomodarle una dura cachetada sin contemplaciones.
—¡Y tú no me hables, fracasado! —rugió furiosa, pegando media vuelta repentinamente y alejándose de ahí entre la muchedumbre que se acercaba a Leilani para felicitarla por su victoria—. ¡¡Apártense todos, freaks estúpidos!!

Leilani se quedó paralizada un segundo tras la reacción desmedidamente agresiva de la chica, casi como si se hubiera sentido contagiada por la violenta paliza que su Kommo-o le había dado al Pangoro de su novio —ahora ex novio, posiblemente—. Tras eso, volvió a tenderle su mano al doblemente derrotado émulo de Ace Trainer.

—Entonces, ¿te acompaño?
—Déjame en paz —murmuró el chico con un hilo de voz y la mirada apagada.
—Está bien, pero dijiste que me ayudarías a encontrar las tiendas para conseguir todos esos objetos. ¡Ah! Y no me va a alcanzar con lo que tengo, así que necesitaría que cumplieras con esa parte del trato.
—¡Eres un monstruo! —gritó el chico con la voz quebrada, y le arrojó en la cara el puñado de billetes que había estado recaudando durante todo el día para invitar a su chica a una cita inolvidable. Totalmente humillado, Robbie salió corriendo por otro callejón detrás de una lluvia de pokedólares.

La chica de Alola suspiró con mucha pena, pues podía justificar completamente la reacción del perdedor. Agachándose delante de los cestos de basura, comenzó a recoger uno tras otro los billetes desperdigados entre la basura. A sus espaldas, varias docenas de personas ya habían sacado sus celulares y pokébolas para pedirle fotos, autógrafos y hasta batallas a la extranjera. Querían saberlo todo de ella; de la región de la que provenía y de los raros y poderosos pokémon que podría tener en su poder, pero temían que tuviera otro pokémon tan peligroso como su Kommo-o para arrancarles las cabezas si se le acercaban demasiado mientras juntaba el dinero.

—¿Puedo ayudarte con eso? —dijo un muchacho colocándose en cuclillas junto a ella, acercándole un billete de cien pokedólares. Leilani levantó la mirada con los ojos llorosos, pero al verlo una sombra de sonrisa voló por su rostro. Le llevaba claramente algunos años, era rubio y bien parecido, con gafas que le daban un aspecto interesante.
—¡Oye, no la acoses! —gritó un chico grandulón entre la multitud, acercándose a paso firme hacia él.
—¡Déjala tranquila, payaso!
—¡Por favor, dinos tu nombre, entrenadora!
—¡Soy tu fan número uno a partir de hoy!

Leilani revoleó los ojos con hastío, abochornada por el escándalo que hacían solo por haberle ganado a un Pangoro que no debía estar en tan alto nivel. Al menos en esa plaza abandonada en algún punto de Lumiose, la gente de Kalos no parecía acostumbrada a ver pokémon verdaderamente fuertes como Kaleo. Entonces, el chico rubio le susurró algo.

—Estoy seguro de que ya habrás visto un montón, pero finge que te vuelven loca los Pikachu —le pidió, deslizando discretamente una pokébola entre sus dedos, haciéndola rodar como una bola de billar entre los zapatos de la turba que se les acercaba como zombis descerebrados, tan interesados por las habilidades de Leilani como por su aspecto encantador.

La esfera se abrió detrás de todo el mundo, liberando al roedor eléctrico más popular en todo el mundo. Pikachu se desperezó y preparó su mejor sonrisa ante la multitud que le daba la espalda, echando chispas por los mofletes rojos mientras vociferaba su propio nombre sacudiendo su cola zigzagueante de un lado al otro. Con solo escucharlo, todas las miradas se redirigieron automáticamente hacia él, y Leilani aprovechó para pegar un brinco apuntándole con el dedo.

—¡Pero si es un Pikachu! —chilló ella exageradamente—. ¡Qué hermooosoooo! ¡Lo quiero, es adorable, me lo comería a besos!
—¿Pika? —ladeó su cabeza el pokémon amarillo, sonriendo con curiosidad, y su expresión se contagió a todos los hombres allí presentes.
—Quiere a ese Pikachu —dijeron varios al unísono.
—¡Lo atraparé para ti, preciosa!
—¡Claro que no, inútil! ¡Yo tengo un Geodude, seguro que lo consigo!
—¿Lo guardas bajo tu pantalón, pervertido de mierda?
—¡Pikachu, ven aquí!

Un montón de pokébolas se inflaron entre un montón de manos desesperadas por hacerse con el popular pokémon, que echó a correr sin dejar de chillar su nombre mientras se perdía por un callejón cercano. La multitud le dio cacería, apretujándose en el estrecho pasadizo y tropezando con cestos y bolsas de basura mientras liberaban a sus propios pokémon o arrojaban a ciegas sus mejores pokébolas vírgenes para hacerse con él, en un espectáculo tan patético como pintoresco. Cuando todos se fueron, la plaza quedó casi desértica.

—Discúlpalos, en esta ciudad se ponen locos con las turistas —explicó el muchacho rubio tendiéndole su mano a Leilani con una gentil sonrisa—. Mi nombre es Franz, por cierto.
—Soy Leilani —respondió ella con un suspiro, todavía agitada por el día de locos que había tenido desde que llegó a Kalos. Aunque, pensándolo mejor, no había tenido días normales y tranquilos en mucho tiempo—. Muchas gracias por tu ayuda, Franz. Y realmente me pareció adorable tu Pikachu; parece estar acostumbrado a gustarle a la gente.
—Lleva esa cruz sobre su espalda, es verdad —concedió Franz con una agradable risa—. Aunque podría asegurar que causas una impresión muy similar en las personas, incluso en otras partes del mundo. ¿Eres de Alola?
—Sí, acabo de llegar esta mañana.
—¡Wow! —se sorprendió el rubio llevándose una mano a la cabeza—. ¿Y decidiste venir hasta Lumiose a tener batallas el mismo día que llegaste? Pero si debió haber sido un viaje agotador; yo estaría muerto sobre una cama de hotel en tu lugar.
—Me agota más no hacer nada —se encogió de hombros ella—. Aunque, si te soy sincera, sí que estoy un poco cansada. Solo que antes tengo que comprar algunas cosas, porque sino no podré enfrentar apropiadamente el gimnasio local.
—Yo creo que podrías ganar ocho medallas usando solo a tu Kommo-o en las condiciones que está actualmente —observó Franz con perspicacia.
—Tal vez, pero no quiero apoyarme solo en su fuerza. Además, ¡quiero capturar toda clase de pokémon de Kalos que no pueden verse fácilmente en mi región!
—Bueno, por aquí no tenemos especies tan raras o exóticas como las que debes conocer de Alola —pensó Franz en voz alta, haciendo un recuento mental de las especies que resultaban exclusivas de su región—. Pero tal vez podría mostrarte algunas interesantes. ¡Ah! Yo no soy de Lumiose, pero tengo un amigo que se la conoce al dedillo y debe saber dónde conseguir todo lo que necesitas.
—¡Ay! ¿De verdad? —se ilusionó Leilani, y sus ojos brillaron como estrellas—. ¿No los molesto demasiado?
—Para nada —le devolvió la sonrisa Franz—. Además, no teníamos nada mejor para hacer hoy. ¡Yukihiro!


—¡Yukihiro! No te vayas a quedar dormido, ¿eh?
—No me jodas, rubio —refunfuñó Yuu mientras intentaba contener un largo bostezo—. Llevamos dos horas aquí y todavía no pasó nada interesante. Además, no pude dormir en toda la noche contigo y tu rata ocupando mi sillón favorito.

Acababa de amanecer en las calles de Kalos, y desde bien temprano las primeras caras somnolientas se hacían visibles en una de las tantas plazoletas circulares que se ocultaban entre los callejones. Principalmente eran trabajadores uniformados que debían asistir a sus puestos a primera hora de la mañana, pero también podían verse algunos escolares asistiendo a sus clases, o borrachos que volvían a sus casas luego de una juerga noctámbula por los bares de Lumiose, e incluso algún que otro entrenador acompañado por sus pokémon aprovechando los espacios libres para practicar ataques o disputar combates informales que solían terminar rápidamente debido a la inexperiencia de sus monstruos de bolsillo.

—Eres un mal anfitrión para recibir visitas —se lamentó Franz, y Yuu sintió un tentador impulso por romperle la nariz—. Ya sabes que no podremos hacer esto solos. Por eso estamos aquí y tenemos que permanecer alertas, pues llegará en cualquier momento.
—¿Quién? —masculló Yuu con hastío—. Llevas diciendo desde anoche que “mañana la conoceremos”, pero no me aclaras a quién carajo te refieres. ¿Tu madre nos va a ayudar a hundir la Liga de Kalos?
—Eres muy gracioso cuando te lo propones —rio Franz, perfectamente consciente de que su risa irritaba todavía más a su amigo—. No, es una persona especial.
—¿Al menos sabes su nombre?
—Por supuesto que no —se sinceró el rubio—. Veamos… Podría ser Madison, o Reiko; podría tener un nombre difícil de pronunciar para nosotros, o uno tan simplón como Orange. ¿Quién sabe? El punto no es cómo se llame, sino qué tan buena sea.
—No creo que muchas personas buenas estén dispuestas a apoyarte con esa idea estúpida y radical que se te ocurrió —revoleó los ojos Yuu, arrepintiéndose cada vez más de estar apoyándolo en su plan anárquico. Franz negó con la cabeza.
—No es algo que haya pensado de un momento a otro. Pero nuestra naturaleza salvaje importa bastante, y esos impulsos instintivos no deben ser cosa del azar. Por algo decidí contártelo ayer, y por algo tú me estás acompañando hoy.
—Porque tengo miedo de que me electrocutes con tu rata.
—Jamás te lastimaría, Yuki.
—No me llames así.
—Lo importante es que, como te decía, los humanos somos tan salvajes como muchos de los pokémon más terribles que se te puedan ocurrir. ¿Sabes por qué vinimos a esta plaza en particular? Porque aquí viene todos los días un entrenador bastante asqueroso que se la pasa desafiando a turistas para sacarles dinero. Es un charlatán, claro, pero suele irse a casa con un buen fajo de billetes, y para colmo le gusta presumir de sus victorias ante novias diferentes cada día, de modo que, aunque a veces reciba una paliza por entrenadores más experimentados, siempre tiene una chica diferente con la cual hacerse el Red.
—¿El Red?
—Como sea —prosiguió Franz, restándole importancia—. El punto es que Lumiose es la cuna del turismo en la región. Aquí no solo vienen turistas a los que taxistas o entrenadores de poca monta intentan estafar —Yukihiro tragó saliva recordando al conductor de la noche anterior que lo había retado a una batalla pokémon por no haber tenido el dinero suficiente para pagar la exagerada tarifa de su viaje en taxi—, sino auténticas promesas de otras regiones que llevan consigo pokémon muy raros y mucha experiencia a cuestas.
—Ya entendí. Te refieres a… verdaderas promesas de otras regiones.
—Sin ofender —sonrió Franz, y le dio una palmadita en la espalda de consuelo a la promesa trunca de Johto—. Pero tengo más expectativas puestas en ti que en cualquier otro aliado que podamos hacer de ahora en adelante, Yukihiro. Tú eres capaz de grandes cosas, de cosas fantásticas...
—No me hables como un personaje de Harry Potter, rubio. No necesitas embelesarme con palabras rimbombantes, solo quiero ir a casa y dormir unos cuantos días seguidos.
—Ya habrá tiempo para eso. Por lo pronto, debemos estar atentos a la turista que le pondrá los puntos a ese idiota estafador. Será el primer paso para purificar el mundo de esta clase de basuras.
—¡Pero si nosotros no haremos nada! —se exasperó Yuu—. ¿Y cómo puedes estar tan seguro de que precisamente hoy va a venir una extranjera talentosa que pueda poner en su lugar a ese inútil? ¿Por qué deberíamos estar tan confiados de que va a hacerte caso, de todos modos?
—Bueno, puede ser que hoy no tengamos éxito —reconoció Franz—, pero el que no apuesta, no gana. ¿Y cómo puedo saber que va a hacerme caso? Yukihiro, tú eres el turista menos estúpido que he conocido, y aun así, sabes perfectamente bien todo lo que anda mal con esta región--, no, con todas las regiones que basan su política y economía en algo tan absurdo como las batallas entre pokémon. Cualquier entrenador que haya participado de una Liga Pokémon en otra región nos dará la razón, si es medianamente sensato.
—¿Y si te manda a la mierda?
—Bueno, para eso tengo a Pikachu —respondió el rubio con una sonrisa llena de confianza—. Y por eso esperamos a una turista: las chicas se desviven por esa cosa.
—Supongo que tienes razón… —concedió Yuu de mala gana, pues de todos modos la idea de su amigo le parecía absurda. Casi tanto como el darse cuenta de que, en efecto, el mundo que conocía giraba alrededor de esos repulsivos pokémon. Sin ir más lejos, todos los billetes que tenía en su bolsillo se conocían como “Pokedólares”. ¡¿Por qué mierda los llamaban así?!




Silbándole como a una mascota, Franz intentó infructuosamente despertar al chico que dormitaba a pierna tendida sobre los escalones de piedra que circundaban la plaza. Cuando Yuu abrió los ojos, se topó de frente con la enorme sonrisa de Leilani y su mirada cargada de gratitud, como si haberse mostrado babeando y roncando en la vía pública hubiera sido lo más gratificante del mundo para ella.

—¡Alola! Mi nombre es Leilani, soy de Alola. Lamento tener que despertarte, pero tu amigo Franz me dijo que--
—Ah, sí, sí —gruñó él reincorporándose mientras le echaba una fugaz mirada de odio a su mejor amigo, que sonreía tranquilamente con las manos cruzadas detrás de la espalda—. No hace falta que aclares de dónde eres si saludas a todos con un “¡Alola!”. Soy Yuu.
—Lo siento, tienes razón —se rio ella con un tenue rubor en las mejillas—. ¡Ah! ¡Mi bolso!
—Tranquila, está a salvo donde lo arrojaste —le dijo Franz, señalando con la cabeza el bolso de cuero remendado que seguía doblado sobre unos escalones desde que Leilani lo había aventado para pelear contra Robbie—. No hay tantos ladrones en los callejones de Lumiose, al menos no durante el día.
—Menos mal —suspiró ella, hurgando en su interior—. Déjenme agendar sus números de tel-- ¡¿Quéee?! ¡¡Mi RotomDex!!

Llorando desconsoladamente, Leilani sacó el dispositivo electrónico cuya pantalla estaba quebrada y astillada en mil fragmentos, con algunas abolladuras sobre la característica carcasa roja que lo dejaron completamente inutilizable.

—Tal vez deberías ser más cuidadosa con eso. Ya sabes, en lugar de arrojarlo por los aires —opinó Yukihiro casi en un susurro, pues inmediatamente después la pelirrosa le dedicó una mirada cargada de odio.
—Perdónalo, Yukihiro es un poco idiota para tratar a las mujeres —se apresuró a decir Franz, ofreciéndole un pañuelo para secarse las lágrimas.
—N-no puede ser, si muchas otras veces sufrió golpes y caídas y no le pasó nada —balbuceaba aniñadamente la chica de Alola viendo su dispositivo destrozado desde todos los ángulos posibles, llegando al punto de apoyarlo en el suelo y arrodillarse para hacerle maniobras de reanimación como si de una persona accidentada se tratase.
—Mala suerte —se encogió de hombros Yukihiro—. Igual, creo que los Rotom no se mueren, ¿no?
—Supongo que no —reconoció ella, poniéndose de pie con resignación. Su labio inferior todavía temblaba, pero había dejado de llorar.
—No te preocupes, Leilani —la consoló Franz de inmediato—. Conozco un excelente lugar donde podrán reparar eso. Seguramente lo harán gratis y todo, porque ahí se interesan mucho en tecnologías como la de tu RotomDex.
—¿Lo dices en serio? —parpadeó Leilani con ilusiones renovadas. Yukihiro hizo rodar sus pupilas sin que ella lo viera, intuyendo por dónde irían los tiros conociendo a su amigo. A lo lejos, una descarga eléctrica hizo vibrar algunas ventanas de los edificios que rodeaban la plazoleta.
—Vamos a tomar algo y luego te lo muestro —la animó el rubio juntando las palmas de sus manos—. Además, mi amigo todavía puede mostrarte dónde hacer las compras que necesitas.
—¡Genial! —saltó Leilani con un entusiasmo que casi resultó contagioso para los dos—. ¡Muchísimas gracias, Franz y Yuki!
—Dime Yuu, por favor —pidió el johtonés, deformando una exageradísima sonrisa de amabilidad en sus labios.
—Perdón, Yuu. ¡Muchas gracias! —dijo Leilani, dándole un fuerte abrazo que lo petrificó—. ¿Vamos a tomar un café, entonces? ¡Me muero por probar los macarones de Kalos!
—Después de ti —dijo Franz galantemente mientras se hacía a un lado, permitiéndole a Leilani avanzar por el callejón que conectaba con la avenida principal.

Cuando la pelirrosa echó a correr con su bolso a cuestas y los trozos de RotomDex haciendo ruido desde su interior, Yuu le pegó un sutil codazo a su amigo.

—¿De verdad vas a pedirle favores a un líder de gimnasio?

Franz sonrió divertido, negando con la cabeza mientras le devolvía el saludo con la mano a Leilani, que los llamaba al otro lado de la calle para que la acompañen.

—Algo más divertido que eso —respondió, justo cuando su Pikachu regresó y trepó por su espalda hasta su hombro, todavía soltando chispas de estática por las mejillas coloradas—: visitaremos a Sycamore en su laboratorio. Después de conocerlo, te garantizo que tanto tú como ella no tendrán dudas sobre la clase de escorias que mueven los hilos de esta región.
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#9
Mostrar Comentarios sobre el capítulo 2
Ay...pobre Leilani. Tan dulce e inocente y justo tenía que caer en la red de ese par de cretinos. Ojalá se percate de que la están manipulando para desafiar el sistema.

Otro buen capítulo, a la par con el primero en lo referente a calidad. Me causa un poco de gracia el cómo hiciste de Leilani el típico arquetipo de protagonista de un juego o fic de Pokémon, toda OP, altruista y siempre con una sonrisa (eso último es un chiste a el como todos se quejaban de que el avatar en Sol y Luna siempre estaba sonriendo y rara vez expresaba otro tipo de emoción, ¿Verdad?). O al menos por ahí creo que van los tiros con el personaje. También me pillaste desprevenida con la referencia a Harry Potter, que me hizo estallar en carcajadas. Es hilarante imaginarse que la saga de Rowling exista en el mundo pokémon.

Aunque a mi parecer el que se robó el capítulo fue sin duda el personaje eventual de Curtis. Probablemente no volvamos a verlo, pero me parece fascinante el concepto de un capitán cascarrabias e inflexible que se niega a recorrer los mares bravíos y a sortear sus peligros y obstáculos con la ayuda de pokémon. Creo que nunca se ha visto ni en los juegos ni en el anime. Del manga de Special no puedo hablar porque nunca lo he leído completo, y el último tomo lo leí hace años. De cualquier forma daría para un longfic centrado en él, o por lo menos un One-shot.

Me pregunto si Serena tendrá algún tipo de rol antagónico en la historia, considerando que ahora Franz quiere ir a por Sycamore, que fue quien le encomendó a Serena junto a Calem, Tierno, Shauna y Trevor la tarea de completar la Pokédex e iniciar sus respectivos viajes en primer lugar. Podría llegar a dar lugar a dinámicas más que interesantes. Pero bueno, supongo que habrá que esperar a ver.

A esperar el próximo capítulo se ha dicho.

PD:
Cita:Además de agradecerte por resaltar las cosas positivas de mi escritura y tu interés en los personajes, quisiera aprovechar tu análisis de Yuu para confesar que, en cierto momento, yo también imaginé que, tal vez, existiendo los pokémon y teniendo nuestro mundo real una dinámica idéntica de viajes y entrenamiento y batallas... posiblemente no habría sido un exitoso entrenador ni nada parecido. Creo que todos pensamos que con Pokémon nos perdemos de vivir en un mundo así de fantástico y vivir aventuras como Ash, Red y compañía, pero... ¿No es más realista pensar que tal vez seríamos tan fracasados como lo somos en este plano de la realidad? Si en el mundo en que vivimos también podríamos ser astronautas o aventureros, pero muchas veces somos llevados a vidas mucho más grises y monótonas, con trabajos mundanos y objetivos imprecisos. Quise construir a un protagonista que, más allá de ser un sorete (que lo es, y mucho), tenga un destino completamente incierto, y actúe en consecuencia a esa sensación de estar perdido en el mundo que lo rodea. Yo me he sentido exactamente así más de una vez, y seguro muchos acá también.

Estoy completamente de acuerdo con lo que planteas aquí, sería más realista algo como lo que describes, y conozco el sentimiento mejor que nadie. Igual no me malinterpretes, a lo que me refería en mi primer comentario era más a que podía entender hasta cierto punto por qué Bridgette tomaría una decisión como esa, aunque la opinión y postura que Yuki muestra hacia dicha elección por parte de su novia es más que válida y entendible pese a su pesimismo. Por eso luego mencioné lo de que es triste que, como el fic deja en evidencia, todas las regiones basen su sociedad en los pokémon y no en su propio sustento, algo que también se refuerza en este capítulo con la observación de Yuki con respecto al dinero y el nombre que se le ha dado internacionalmente.
 
Cita:¡Ah! Y Serena eligió a Froakie porque en el video de Acacia sale con un Greninja todo chulo enfrentándose a Mewtwo y se me hacía bonito, así que consideré eso como el canon. ¿Suena rebuscadísimo? Ponele que sí, pero también guarda relación con una parte de la historia que todavía no me corresponde spoilear.

Nah, no creo que suene rebuscado xD, es más, me parece una decisión acertada para que tu Serena se diferencie de la del anime. Es algo que yo misma hice cuando me puse a pensar a los iniciales de mis versiones de las poké-chicas, ya que al darles equipos completamente distintos a los de sus contrapartes animadas se me hace más sencillo apropiarme de ellas y darles un poco más de identidad para así destacar y resaltar aún más el hecho de que mis fics ocurren en una línea de tiempo propia e inventada. Así que te felicito por haber ido por ese rumbo dándole a Froakie en lugar de a Fennekin.
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   Pokémon Ragnarok
"Al fin, el gran fiestón."-Pyro
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#10
Oh, vaya! Una chica de Alola que llega a Kalos. Nunca he visto nada similar.

Tengo sentimientos encontrados con este capítulo. Tenía, más bien, cuando no estaba seguro de que me gustaba. Más o menos al principio. Referencias que deberían hacerme gracia pero no la hacen porque jajajaja referencia jajajaja… dunno. Por un lado es un tipo de humor que no me hace la menor gracia. Por el otro soy el tipo de autor que dice "a la mierda, a mí me hace gracia y por eso la pongo", así que no te estoy atacando. Personajes que se acercan un cacho a la cuarta pared pero eso es algo que tampoco puedo criticar. 

Leilani me agrada… en lo diferente que es a Yuki y Fran. Like, pasamos de tener un puto manipulador y un puto fracasado a un puto manipulador, un puto fracasado y una chica buenita pero badass.

Ah, el principio con la tripulación de Mistah Blackbeard fue genial. Se ve badass, se ve simpático como el clásico pj del viejo gruñón medio tsundere que en el fondo es un buen tipo. Acá igual pero que… tiene algo interesante. Y es que al igual que Yuki siente aversión hacia los pokémon, tal vez por distintos motivos, pero a diferencia del Pelo de Poodle que se regodea en su odio y miseria para culpar a la sociedad, el viejo hace lo que quiere y como quiere, dando lo mejor de sí para vivir la vida a su manera. Genera un tremendo contraste con Yuki, y que en mi cabeza lo doble Broskandar ayuda mucho. 

Also, seguro fueron los dos soretes los que rompieron su rottomdex.

El Skarmory lo sentí algo… random? Like es cool, es geográficamente congruente y tiene sentido que una entrenadora op lo tenga pero para la imagen de chica tradicional lo siento muy metálico. Cosa mía. Nitpick. Ni siquiera nitpick porque no es una crítica simplemente comparto un pensamiento. Tanto como que me ganó usando mi pokémon de Alola favorito de todos los tiempos.

Dunno. Es un poquito esa sensación cuando empiezas con un nuevo anime al que no sabes reaccionar apropiadamente porque ves los primeros capítulos y aunque te gusta lo que estás viendo no es suficiente para hacerte una idea de lo que viene o de cuánto va a gustarte. Y es demasiado pronto para hacerte de una opinión porque apenas está empezando todo. Se me pueden ocurrir un montón de cosas qué especular pero por lo menos sé que al escribirlo tú, tengo una buena lectura asegurada. Heh, realmente no estoy dando buen feedback en este fic pero igual es demasiado pronto para juzgar y no quiero acabar haciendo el necio por empezar haciendo el listo.

Also Fuck Puente-chan. Leilani true waffle.

A mí no me engañas. Éste fanfic es resultado de una sobredosis de Netflix.
Meri no encontré un buen gif del lobito así que toma dos mapaches.
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#11
APARECI AAAAAAAAAAAAAAAA
 
Todavía me acuerdo haber tenido 58 capítulos restantes de Crowned y haber pensado "ah fuck, I cant believe you've done this" - por qué carajo tiene que ser OTRA historia de carrera por las medallitas, teniendo tantas cosas que escribir. La carrera por las medallitas de Saku, la carrera por las medallitas de Lawl, la carrera por las medallitas de AJ, la carrera por las medallitas del Elfo y la carrera por las medallitas de Tomás.

FUCK. LA. CARRERA. POR. LAS. MEDALLITAS. Por si a nadie le había quedado claro mi odio eterno a esa clase de fics. Y de golpe así como un rayo de sol de Arsun, me cae un fic nuevo del tomas que dice "equisde, acá tenes un original EN KALOS
 
OMAIG A EN KALOS- para nada mi región favorita de lejísimos, para nada una historia original que son mis favoritas de lejísimos, y para nada una historia pseudo-edgy en la que los bichos importan poco y nada, que no son mis favoritas de lejos pero estan ahí cerca. Tenía que leer esto, pero al principio habías dicho que ibas a hacer un capítulo para sacarte las ganas y después lo ibas a tirar a la mierda por 5 meses porque la carrera por las medallitas es más importante, pero ahora hace un par de días caíste con el segundo, y hasta me dijiste que vas por el tercero así que no puedo perder la oportunidad de comentar - aunque sea capítulo de por medio si van muy rapido - sobre todo para dejar de sentirme culpable por el hecho de que ahí estas siempre haciendo speedreading de mi historia interminable y yo nunca seguí con la tuya porque en el fondo la palabra "medalla" me da ganas de darle una patada mariposa (lo que sea que signifique eso porque lo saque de wikipedia) a la pantalla de mi PC.
 
Pero basta de hablar de mis T R I B U L A C I O N E S, vamos a la historia. Sabes que contas con una ventaja absoluta desde el momento en que arrancaste con Kalos, pero incluso el cast de personajes principales - que van 3 hasta ahora - se me hacen bastante carismáticos. No tienen cosas parecidas entre ellos y entre personalidades tan contrastantes es posible trabajar un monton sobre ellos, desde relaciones entre ellos hasta para explorar su historia. Tenemos al protagonista con el nombre mas weeb del universo, con su pelo del color mas weeb del universo y que es completamente odioso, como todos los weeb del universo. UNa vez más, en 2 capítulos no te puedo decir ni mu de que tal va a funcionar como protagonista, pero sí que es una forma espectacular de hacer una intro al fic. Estas haciendo una intro asi super desencantadora y la personalidad le viene al pelo.
 
Después tenemos al francesito, que como es de KalosFrancia tiene que ser bien ario y ya para Francia le ponemos Franz y estamos perfecto. Es el tipico charlatán que habla mucho y pone una sonrisa y deja que el hecho de ser fachero carree el resto. Completamente opuesto al protagonista, gatero y vivo como un zorro, lo que le contrasta como loco al protagonista, dándole espacio a muchísimo banter entre los dos. Y así como su facha carrea a la hora de hablar con la gente, su historia es lo que va a carrear el grueso de la historia porque claramente esta puesto ahí para ser el líder del grupito revolucionario o lo que sea que carajo vayan a hacer los protagonistas de acuerdo a la sinopsis y a las fichas de los personajes.
 
Que por cierto, están espectaculares.

Y por último tenemos a la waifu del grupo, también conocida como "equisde también tengo que tener el pelo rosa", tambien conocida como la extranjera OP que vive en una nube de pedos y sin embargo por alguna razón parece tener un equipo sacado de un nerd del competitivo, que aplasta a todo el mundo donde pase sin saber por qué. Vamos a dejar realmente esa parte creíble de la historia porque no te lo voy a negar, el hecho de que sea todo jajas siempre puede ser una fachada y realmente ser mucho más seria de lo que parece... o simplemente a vos Tomás te pareció gracioso que la waifu encima de ser linda y simpática también es re fuerte para que el lector este obligado a que le caiga bien
y para no tener que escuchar al kiwi diciéndole "jsjsjs inutil" en absolutamente todos los comentarios a partir de ahora.

Y hasta acá llegué. Si, realmente en dos capítulos que lo único que hicieron fue introducir personajes no podés hablar de algo que no sean los personajes. Pero como esto es un mericomentario no puedo vivir conmigo misma sin dejarte una bardeada. Y es que chabón, al menos podrías haber disimulado un poquito a la hora de hacer TGP en Pokémon.
 
Porque vamos. Si queres te puedo empezar a enumerar las similitudes. Empecemos con la primera. Tenemos a un protagonista con nombre japonés que curiosamente tiene un nombre de cuatro silabas y al que le gusta que lo llamen por el nombre entero, que tiene el mismo ring que el apellido del otro y que lo único que falta es que el rubio le diga mal el nombre y estamos. Que es un desencantado de la vida pero no por ser la gran tragedia de oh mi mama muerta sino simplemente porque es un vago de mierda que no sabe que hacer con su vida y que le da un poco de vuelta a la sensacion del lector de no causar realmente empatía sino de cumplir la fantasia de "ah, realmente como me gustaría tirar todo a la mierda y fuck el mundo y todo lo que se mueve". Cosa que una persona normal no puede hacer a menos que tenga ganas de vivir en la calle, pero que en una historia así funciona y te hace sentir bien.

Pero sí, hasta ahí no se parece mucho a TGP. ¿Qué tal si metemos a un personaje rubio, frances, de apellido extranjero, carismático, fachero, charlatán, que gasta al protagonista, que es mas grande que el protagonista y que lo va a arrastrar a su mundito porque le cae bien? Acá fue en el momento en que me di cuenta que era TGP version Tomás. Porque realmente, no podías hacer a un personaje que fuera MAS PARECIDO que el fucking Laurent Laurence o como se llame. Es igual: realmente ni te esforzaste en hacerlo un poquito diferente, lo cual es un poco desafortunado porque realmente la vuelta que le diste al protagonista lo separaba un poquito del MC de TGP, haciendolo un pendejito malhumorado en lugar de un avivado, aunque los dos tengan una vida de mierda.
 
Por último llegamos al segundo capítulo, donde no se si por casualidades de la vida o por el hecho de que te dijera "chabón esto es TGP", decidiste agarrar a Abby y darle la mayoría de las características que tiene ella, en versión Pokémon. Abby es una extranjera de de Europa del Este, así como Laurent/Franz son de Francia/Kalos y Yuki/Edameme de Johto/Japon? Bueno, hagamos a Lei de Alola. Abby es una veterana de guerra? Hagamos a Lei una veterana en los combates. Abby era super sexy y levantaba chabones por todos lados? Lei también es super bonita y levanta chabones por todos lados. La única diferencia, es que la personalidad la diste vuelta como un panqueque. A lo mejor por el hecho de que no querías que fuera TAN parecida a TGP, o simplemente por el hecho de que la mina de TGP era insufriblemente odiosa... y tu protagonista YA es insufriblemente odioso, así que dijiste "vamos a darle una personalidad toda burbujeante y simpática y con la cabeza en el aire para que no sea TAN parecido.
 
Que sí, de acá a un año nadie se va a acordar del fucking TGP y mientras más diferencias pongas menos se va a parecer, pero me causó mucha gracia como después de introducir a dos de los protagonistas IGUAL QUE EN TGP, metas a una mina en el grupo IGUAL QUE EN TGP.- Espectacular. A estas alturas solamente me queda saber quién va a ser la contraparte de la colorada y que vuelta le vas a dar para que quede original, y aunque no me disguste el hecho de que tengas un cast de personajes tan coloridos y extranjeros aprovechándote del hecho de que ya hay como 10 regiones y que tenes una especie de guía en como hacer personajes contrastantes gracias a TGP, lo que más me espero es que rumbo va a tirar la historia, porque claramente si se pusieran a hacer atracos sería para cerrarte el fic y mandarlo a una categoría especial que se llame plagios. Pero por lo que dice la sinopsis y la ficha de personaje no vas a llevarlo por ese lado, así que me voy a quedar sentadita esperando a que termines de presentar a los PJ en los capitulos que siguen para ver a donde va todo esto.
 
Ia me quede sin ideas para terminar los comentarios así que ahí te va un chiste.
¿En que se parecen NM y TGP? En que el pato nada y el elefante nada que ver con el pato
RE BAITEADO CON UN CHISTE DE PALITOS DE LA SELVA 
REALMENTE HACE FALTA PREGUNTARLO
HASTA EL CAP QUE SIGUE TOMAS UN PLACER LEER ESTO
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#12
And so the arts begin. Esta pobre niña se aguarda un mal momento juntándose con fucking con artists, aunque más me sorprende que esa sea la profesión que el par de idiotas al principio eligieran para demostrarle al mundo los viejos valores familiares. Dunno, tal vez fui yo, pero me imaginaba al más exagerado en lugar de algo tan shady. Me extraña que el Rotom no haya salido personalmente del dispositivo hecho mierda, a no ser que haya estirado las chispas. Unless there's something shady about it as well...
Descansa. Hasta que nos volvamos a ver...
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#13
Oye, ¿sabes cuando un capítulo te gusta, pero no crees que haya demasiado que comentar o al menos no encuentras mucho? Pues eso. Desde el principio, cuando nos mostraste al personaje de Leilani, ya sabía que esa felicidad no podía durar en un fanfic que era sobre ser amargado y parece ser que es así porque los otros dos tipos van a usarla para sus planes. No tengo ni idea que van a ir a hacer en el laboratorio de Sycamore, quizás tenga que ver con el rotom, pero por el momento habrá que ver que sigue. Lo demás ya lo sabes porque ya te lo he dicho. Me gusta el detalle del dialogo sobre Red como remarcando que en la linea de tiempo de este fanfic ya hay muchos campeones que sirven como inspiración a los nuevos entrenadores y haciendo más verosimíl el universo en el que ocurre la historia.

Eso sería todo por ahora. 

Saludos.
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#14
Mostrar DANDO LA CARA
El de hoy posiblemente sí tenga 10k. Si el foro dice que tiene una locura más de palabras, les miente. O tal vez me extienda mucho respondiendo comentarios, andá a saber.

@Lunarium Ciertamente Leilani es encantadora e inocente, pero su sonrisa no será eterna y mostrará una gama más amplia de emociones, aunque la necesito como contrapunto dramático del par de chantas protagónicos. Como ya les comenté tanto a Kiwi como a vos, la idea es que Curtis aparezca nuevamente, porque es un personaje que disfruté escribiendo hace años para otro fic, y que ahora quiero retomar acá con un enfoque diferente. Serena también tendrá un rol en la historia, más adelante.

@Wiking Supongo que por las referencias que no te causan te referís al comentario de Harry Potter. Creo que hice algo parecido en un momento de Crowned. xD! No puedo esperar que mi humor esté a la altura de las espectativas, pero lógicamente uno escribe lo que le causa gracia a sí mismo al momento de escribirlo, y no pienso mucho en si quedará realmente chistoso para los lectores. En todo caso, yo soy más chistoso que mis personajes. (?)

Con Skarmory te doy la razón. De hecho al momento de elegirlo pensé "No boludo, si ya estás hasta las pelotas de pajarracos de acero en el otro fic", pero... ¿Qué puedo decir? Me encanta Skarmory. Y creo que es lo suficientemente femenino pero lo suficientemente aguerrido como para quedarle bien a Leilani. Fijate que Kommo-o tampoco es precisamente adorabe, pero porque es el estilo de ella y son los bichos que le gustan. Incluso menciono que tiene un Aquaranid que dejó en Alola. xD

La opinión más formada sobre este fic seguramente vas a tenerla a ser a partir del cuarto capítulo, donde todo confluirá de un modo u otro y ya dejaré más claro el estilo de situaciones que vamos a ver a lo largo de la historia. Si no la cago, obvio.

@Velvet Aunque te bardee los comentarios, sabés que es un mecanismo de defensa para no admitir que te kiero musho. Ah re asqueroso de mierda.

No, la realidad es que sos pésima comparándome esta cagada con la joyita de TGP. Sería caradurísima de mi parte no reconocer que me inspiró terriblemente, y muy necio si no digo que Franz ES muy parecido a Laurent en más de un sentido, pero por lo demás, no es ni mi única ni mi mayor fuente de inspiración. De hecho, para mí tiene más de The Boys y de la misma Chainsaw Man que de TGP, pero por una cosa de tono y de pesimismo que la otra nunca llegó a tener. Ah, y lo mismo que decís de Laurent lo podés decir de Brad Pitt en La Gran Estafa y de Darín en Nueve Reinas (menos por lo afrancesados).
Yukihiro no tiene mucho de Edamame salvo por lo fracasado y porque lo meten en algo fuera de su control. Y no me compares a Leilani con la negra que... nada que ver. xD!

Pero bueno, si no podés dejar de pensar en TGP mientras leés esto por supuesto que no es culpa tuya, sino enteramente mía. Ojalá consiga hacer que la historia despunte y pueda volverse su propia cosa sin que sea demasiado tarde para hartar a todo el mundo.

@Nemuresu Creo que los estás sobreestimando mucho llamándolos "artistas", pero al principio las cosas tienen que salir medianamente bien para después irse considerablemente al re-carajo. Eso es lo más divertido. Me gustaría plantear la duda con el correr de los capítulos de si Yuu se equivocó siguiendo a Franz en su plan, o si Franz se equivocó más invitando a Yuu a formar parte del mismo. Lo de Rotom se toca en el capítulo de hoy, así que no diré mas.

@DoctorSpring No hay problema, entiendo perfectamente esa sensación de vacío existencial después de leer algo que me dejó frío. A ver si con este consigo o hacerte gozar mucho o hacerte fastidiar bastante como para dejarme un comentario con caps y signos de exclamación (también están permitidos los insultos... ¡estamos en Explícitos!). Con Red hice lo mismo que hice con Silver y algún otro personaje importante de la franquicia en Crowned: establecer que son parte de ese universo y que se volvieron medio leyendas o incluso memes por su popularidad. Ahora que lo pienso, Silver no tiene tanto sentido que sea conocido... Bah, al carajo.

Muchísimas gracias a todos por leer y comentar. Para el próximo capítulo seguramente nos veamos en tres semanitas o algo así, porque tengo que dejar de patear Brownie. (?)

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3. Chico

Se detuvieron frente a un pintoresco edificio que resaltaba por su arquitectura clásica en contraste con las modernas torres de oficinas que se alzaban a sus lados. Dos árboles y un par de pokébolas esculpidas en piedra sobre altares daban la bienvenida al reconocido laboratorio de Ciudad Lumiose, posiblemente uno de los puntos geográficos más importantes para cualquiera en Kalos que tuviese aspiraciones de emprender un viaje junto a sus pokémon. Tal vez por eso mismo, Yuu hizo una mueca de desprecio mientras Leilani se llevaba una mano al pecho de la emoción, encendiendo sus ojos como si intentase ver con rayos X más allá de los muros.

—Es tan bonito como me contó la profesora Burnet —murmuró ella obnubilada. Franz puso sus manos sobre los hombros de Yuu, obligándolo a dar un paso hacia adelante.
—No esperaba menos del mejor guía de Lumiose —celebró el rubio—. Si hasta parece que viniste mil veces antes al laboratorio, titubeando sobre si pedir o no tu pokémon inicial, Yukihiro.
—No digas pavadas —farfulló el johtonés—. Cualquiera en la ciudad podría llegar hasta acá; si siempre hay colas de mocosos insoportables chillando por obtener sus mascotas.
—¿Mascotas? —sonrió Leilani con curiosidad, clavando su mirada en Yukihiro. Éste se estremeció de terror al pensar que ahora la chica intentaba ver más allá de su cráneo con los rayos X—. ¿Te refieres a los iniciales? ¡Pero si son encantadores! ¿Quién no querría tener uno?
—Presente —respondió Yukihiro secamente. Leilani hizo un segundo de silencio, pero cuando intentó separar los labios para insistir con su curiosidad, Franz superpuso su voz conciliadora y despreocupada.
—¡Bueno, chicos! Yo tengo que ir al trabajo, que el deber llama. Así que te dejo en manos de Yukihiro para lo que haga falta en el laboratorio. Estoy seguro de que el profesor Sycamore estará encantado de recibirlos y reparar tu RotomDex, Leilani —ella asintió encantada, con una enorme sonrisa que retorció algo así como un sentimiento de culpa en las entrañas de Yuu. A Franz, sin embargo, no pareció movérsele un pelo—. Por cierto, ¿crees que podrían encontrarse conmigo en Aquacorde? Sé que estarás entusiasmada por desafiar el gimnasio de la ciudad, pero…
—No, no te preocupes —respondió Leilani, logrando que la pausa intencional de Franz obtuviera el efecto deseado—. Luego de todas las batallas de hoy y del susto por mi RotomDex, la verdad es que no me queda tanto resto como para enfrentarme al líder de gimnasio. Además, antes quisiera conseguir al menos un pokémon de Kalos para que el reto sea más divertido.
—¡Fantástico! —se alegró el rubio chocando las palmas de sus manos en un aplauso seco—. En ese caso, estaremos encantados de apoyarte con eso. De hecho, se me ocurre que tal vez… ¡Bueno! No quiero sacar conjeturas apresuradas, ni jugar con las ilusiones de una extranjera recién llegada. Pero espero que te sientas muy a gusto en Kalos, aunque el recibimiento haya sido un poco accidentado.
—Por favor, Franz —se sonrojó un poco la chica, y Yuu profundizó la mirada de desprecio hacia su amigo—, ustedes dos son un encanto. ¡Claro que me gustará Kalos! Y más si tengo la oportunidad de conocer a personas tan increíbles como ustedes.
—«Lo de increíbles sí que es cierto» —pensó el pelirrosa con gracia, y estuvo seguro de que Franz pensó exactamente lo mismo, aunque su sonrisa de catálogo no se inmutara ni un poco.

Tan pronto como el rubio pronunció “À bientôt” con su mejor acento kalés, su figura desapareció entre la multitud de transeúntes que se pisaban los talones para circular por el bullicioso boulevard sur. El ambiente transmutó cuando Yukihiro y Leilani se hallaron solos frente al laboratorio; y aunque la pelirrosa no borraba la sonrisa de su rostro, Yuu pudo percibir cómo la temperatura descendía drásticamente.

—No te gustan mucho los pokémon, ¿no es así, Yukihiro? —preguntó Leilani con suspicacia. Yuu se limitó a negar una vez con la cabeza.
—Es complicado.
—Eso está bien —lo animó la chica, dándole una palmadita en el hombro—. Muchas personas les temen o desconfían de ellos. Pero son seres increíbles a los que debemos nuestras vidas.
—No sabía que mi madre era en realidad un Chansey —ironizó Yuu mientras cruzaba la verja y tocaba el timbre.
—¡No me refería a eso! —se apresuró a aclarar Leilani, corriendo detrás suyo—. Al menos yo les debo la mía. Han marcado el rumbo por el que--
—Buenas, venimos a ver al profesor Sycamore —la interrumpió el chico levantando la voz junto al portero eléctrico. Leilani entornó un poco la mirada, y decidió reservarse el resto del relato para oídos más atentos—. Tenemos una Pokédex rota. O un pokémon roto… o algo parecido.

Un timbre vibró y los cerrojos de la puerta se destrabaron, permitiéndoles empujarla e ingresar al recinto. Un fresco aroma a menta y perfume caro inundó sus sentidos en la recepción del laboratorio, cuyo piso alfombrado en rojo y sus paredes pintadas con delicadeza de azul marino le aportaban los colores justos y patrióticos al ambiente académico que se respiraba en su interior. Era una especie de salón de clases mezclado con biblioteca y cuarto de juegos geek lleno de computadoras y aparatos extraños que Yuu jamás había visto en su vida.

—Bienvenidos —los recibió una chica muy simpática que no debía tener más años que Leilani—. ¿En qué puedo ayudarlos?
—Alola —saludó la pelirrosa sin dejar de mirar cada rincón del laboratorio—. Mi nombre es Leilani, y mi RotomDex sufrió un accidente. Necesitaría q--
—¡¿RotomDex?! —se sorprendió la asistente, sin disimular su fascinación ante la simple mención del aparato—. ¡Claro! Si eres de Alola, qué tonta fui.
—¿Sabes si el Rotom está muerto? —preguntó Yuu sin mostrar demasiado interés. Leilani estuvo a punto de hacer puchero mientras sacaba el aparato roto de su bolso, cuando una radiante sonrisa de la otra chica le devolvió el alma al cuerpo.
—Es poco probable, salvo que se lo haya tragado un agujero negro —evaluó ella, tomando el dispositivo con los dedos temblando por la emoción—. Pero parece que solo fue algo superficial, así que Rotom debe haberse trasportado al aparato electrónico más cercano en sustitución. Ya saben, como un Dwebble buscándose otra roca donde vivir.
—¿Qué es un Dwebble? —preguntó Leilani con intriga.
—Una especie de cangrejo que busca y moldea rocas para usar como caparazón y refugiarse de los depredadores —informó la asistente casi como una enciclopedia viviente, sin dejar de revisar y dar vueltas al dispositivo averiado—. ¿Recién llegas a Kalos?
—Esta mañana —afirmó la aloleana—. De hecho, me hace muchísima ilusión conocer al profesor Sycamore.
—Ah, sí —recordó Yuu con resquemor, sintiendo náuseas por la advertencia que le había hecho Franz al respecto—. Venimos a verlo; creo que él podrá reparar esa RotomDex. «¡¿Qué carajo estás haciendo con tu vida, Yukihiro?!» —Se maldijo mentalmente tras pronunciar esas palabras. ¿Por qué tenía que ser tan buen amigo como para fingir interés en algo tan absurdo? No, no se trataba de amistad. Realmente Franz jamás había pedido nada a cambio de sus favores, así que tenía que cumplir con eso y dejarle a la entrenadora servida en bandeja de plata para luego poder seguir con su vida libre de preocupaciones.

Sin embargo, la asistente soltó un largo suspiro, encogiéndose de hombros con una sonrisa incómoda.

—Me temo que el profesor no se encuentra ahora mismo —se disculpó, y tanto Yuu como Leilani palidecieron—. ¡Ah! Pero no se preocupen por eso, yo me encargaré personalmente de entregarle tu RotomDex para que la revise. Si alguien en Lumiose puede repararla, ese seguro es Sycamore. Aunque tal vez Clemont sería una buena alternativa…
—«Genial, iremos a ver a otro freak de los pokémon» —pensó Yuu haciendo un esfuerzo por no llevarse la mano al rostro, pero Leilani se adelantó.
—No es necesario —resolvió con su buen humor característico—. Podemos esperar a que la vea el profesor. Realmente me haría ilusión conocerlo.
—Bueno, es un hombre muy ocupado, naturalmente —reconoció su asistente—. Pero creo que estará encantado de conocer a dos entrenadores de Alola.
—Yo no soy de Alola —aclaró el teñido, notando que quizás sus pelos eran demasiado similares como para no haber salido de la misma isla exótica y estrafalaria—, vengo de Johto.
—Ah —respondió la asistente perdiendo todo el interés y viéndolo de arriba abajo, como si al hacerlo confirmase que se trataba de un johtonés simplón sin tecnología innovadora ni excepcional. El último invento de su región en trascender había sido un arcaico aparatejo parecido a un celular con radio, así como un puñado de pokébolas tan valiosas como raras que manufacturaba un arisco anciano de su pueblo. Luego del velado gesto despectivo, la asistente se volvió hacia Leilani con su encantadora sonrisa—. ¡Muy bien, Leilani! Entonces permíteme anotar tu nombre y un teléfono para ponernos en contacto contigo cuando el profesor haya podido revisar tu RotomDex.
—No tengo uno —se lamentó la pelirrosa.
—¡Cierto! Qué tonta, si obviamente usabas el RotomDex para comunicarte. Está bien, en ese caso… ¿Tú tienes un teléfono?
—No lo sé —respondió Yukihiro, encogiéndose de hombros. ¿Por qué esa estúpida dudaría que tuviera algo tan básico como un teléfono? ¿Acaso pensaba que por ser de Johto no estaría familiarizado con aparatos así de comunes?—. Preferimos comunicarnos con Hoothoot mensajeros o haciendo sonar las campanas desde torres altas. Tres campanadas significan “Vete a la mierda”.
—¡Yukihiro! —lo regañó Leilani, aunque sus labios retorcieron una sonrisa contenida que no tardó en estallar en risa, mientras la asistente de Sycamore se ponía roja.
—Perdón, todavía no se inventaron los modales en Johto —dijo el chico finalmente, viendo que su interlocutora se había quedado petrificada ante su irreverencia. Tal parecía que en Kalos sobraban las sonrisas falsas y las buenas formas impostadas. Sacó su teléfono inteligente y se lo enseñó a la chica, sacudiéndolo en el aire con una sonrisa socarrona—. ¿Tienes para anotar?

Dejar su número de teléfono no le hacía mucha gracia, pero supuso que era el menor de los males en medio de toda la mierda en la que se había sumergido desde que llevó a Bridgette al cine la noche anterior.

Ahora caminaba por las calles de Lumiose acompañado de otra chica que no parecía estar del todo mal; salvo por su ropa, su cabeza y sus insoportables saltitos pasando entre la gente y abrazando a cada Skiddo y Furfrou que se cruzaba en su camino. Con un poco de suerte, pensó, se cruzarían con Bri doblando la esquina y ella se moriría de celos al verlo escoltado por otra chica en lugar de un agente de policía.

Casi no conversaron durante la caminata, hasta que a Leilani pareció ocurrírsele algo mientras se trasladaban en el autobús que conectaba la gran capital con el bohemio pueblito de Aquacorde.

—Oye, Yuu —lo llamó al hombro mientras él parecía divertidísimo contando los árboles que pasaban rápidamente por el paisaje—. ¿Podrá ser que el Rotom se haya metido a vivir en tu teléfono inteligente?
—Lo dudo —replicó entre dientes—. Mi teléfono es bastante inteligente como para dejar que un pokémon se le meta así como así, y tengo activados todos los bloqueos necesarios para prevenirlo.
—Ya veo —suspiró ella, desanimada. Rotom nunca había sido un pokémon suyo como tal, pero estaba convencida de que a Kukui no le haría mucha gracia saber que lo perdió ni bien llegó a Kalos.

Pasó alrededor de un minuto en el que ninguno dijo una palabra más, hasta que algo así como la culpa se clavó en la nuca de Yukihiro. Después de todo, él se había encargado de aplastar repetidas veces el aparatejo con su zapatilla mientras Leilani combatía animadamente al otro lado de la plaza.

—Quizás haya saltado al teléfono de Franz; le preguntaremos al llegar… ¿Leilani?

Pero ella ya estaba profundamente dormida. Meciendo su cuerpo con el repiqueteo de las llantas sobre el camino irregular, no tardó en apoyar su cabeza contra el hombro de Yukihiro cuando el autobús dobló en una curva cerrada bordeando la ladera montañosa. Y él sintió la insoportable necesidad de fumarse un cigarrillo.


Tuvo que esperar a bajar en la estación de Aquacorde para encender uno que guardaba en el bolsillo de su pantalón. Estaba un poco aplastado, pero cumplía perfectamente bien su función de matarlo lentamente. Leilani bajó tan recargada de energías que parecía haber dormido durante toda una noche, así que sus ojos se sorprendieron por ver el cielo oscuro y estrellado sobre sus cabezas. Habían pasado el resto de la tarde viajando en autobús, aunque gracias a ser sábado todavía podía verse bullicio en las calles. Y Franz, por supuesto, debería trabajar horas extras, incluso cuando Yukihiro sospechase que con el rubio no podía darse nada por hecho.

—¡Alola, chicos! —saludó alegremente el mozo apenas terminó de servir una mesa poblada de señoras ricachonas que parecían relamerse más por el joven de camisa roja y chaleco oscuro aterciopelado que por los platillos dispuestos alrededor de la mesa—. Se desocuparon bastante rápido, ¿eh?
—Sycamore no estaba por ninguna parte —le gruñó Yukihiro en voz baja al oído, mientras Leilani soltaba centellas por los ojos espiando por encima de su hombro lo que la gente comía.
—¿Tienes hambre, Leilani? Vengan, vamos a poner una mesa.
—¡Muchas gracias!

Con solo hacerle un gesto de cabeza a su compañera, ésta pareció encantada de cargarse el doble de trabajo sobre la espalda mientras el rubio se tomaba un descanso con sus amigos. Los condujo bajando las escaleras a un salón donde los viernes por la noche tocaban distintos grupos amateurs de jazz, con iluminación tenue y mesas intimistas y circulares para apenas dos o tres personas. Franz tendió un mantel rojo y algunos platos, además de servir un poco de vino en tres copones impolutos.

—¿Vino? —arqueó una ceja Yuu. ¿De golpe habían crecido treinta años?
—¡Qué rico! —celebró Leilani, endulzando los labios con la bebida de uva fermentada—. Siempre quise probar algo tradicional de Kalos.
—Yo no diría que es tradicional de Kalos —rio Franz mientras se acomodaba en su asiento, formando una Y griega entre la aloleana y el johtonés—. Pero supuse que en tu región no deben acostumbrarse a tomar esta clase de bebidas.
—No deberías aceptar lo primero que te ofrezca un extraño —aconsejó Yuu haciendo rodar sus pupilas, solo para percatarse de que lo había dicho justo después de tomar un largo sorbo del vino. Tenía que reconocer que no estaba nada mal.
—Tal vez sea cierto —concedió ella dándole otro corto trago a la copa—, pero parecen ser de confianza. Franz me ayudó con todos esos chicos alborotados en Lumiose, y tú… Creo que tuviste al menos una oportunidad clara para aprovecharte de mí, pero no lo hiciste en todo el viaje.
—¿Qué clase de gente hay en Alola para que sea tan fácil pensar bien de nosotros? —inquirió el rubio con mucha curiosidad, apoyando el mentón sobre sus nudillos sin probar una gota del vino que descansaba en el copón junto a su codo.
—Es gente muy sencilla —asintió ella probando un grisín de la panera—; creo que nadie se aprovecha de otros en un lugar así, aunque puede haber ciertas rencillas entre comunidades de las islas. Lo cierto es que es difícil encontrar malas personas entre los de Alola. ¡Si hasta un grupo de pandilleros aterradores resultó ser un encanto en el fondo!
—Adorable —dijo con sarcasmo el teñido de rosa, llevando sus dedos a otro grisín solo para que Leilani se lo arrebate rápidamente, echándole una mirada furtiva que no pudo ignorar—. Ehm, lo digo en serio. Si son tan buenas personas, deberías desconfiar todavía más de los que habitan otras regiones con una cultura diferente.
—Hoy por hoy —intervino Franz, antes de que Leilani pueda responderle—, el mundo está tan globalizado que las regiones ya no tienen algo así como una identidad colectiva que pueda caracterizarlas por encima de las demás. Ya ven que estamos en Kalos, y estoy tomando algo con dos personas de afuera que, sin embargo, ya están formando parte de esta región.
—Puedo apostar a que la mayoría de los pajeros en la plaza de Lumiose no eran otra cosa que kaleses que se pasaron con su cucharada de hormonas —Franz se rio de la observación de su amigo como si hubiera sido lo más gracioso que escuchase en meses, aunque a Leilani no le hizo mucha gracia.
—Podrías dejar de hablar así de las personas de Kalos, Yukihiro. Después de todo, esta no es tu región.
—Lo es desde que pago mis impuestos aquí —se cruzó de brazos el de Johto, y Franz claramente pensó algo divertidísimo al respecto.
—¡Hablando de eso! —comentó el kalés, justo cuando su compañera apareció entre dos mesas y les sirvió la comida: un estupendo platillo de Clawitzer bañado en queso fundido con papas al verdeo para acompañar—. Muchas gracias, Marceline; esto se ve tan encantador como tú.
—Franz… —se ruborizó la mesera, arrugando el faldón de su uniforme con los dedos.
—Sabes que no lo preparó ella, ¿no? —mencionó Yukihiro, afortunadamente cuando la chica había subido corriendo las escaleras.

Tras esperar a que Leilani llenara su estómago con un exquisito plato típico de Kalos, Franz acercó una mesa contigua y trasladó la vajilla ahí para hacer un poco de lugar, sacando de un bolsillo interno de su chaleco un folio doblado que desplegó sobre la mesada, apoyando su dedo índice sobre una fotografía en la parte superior.

—Después de esta cena, Leilani, ten por seguro que Kalos se encuentra a tus pies. No te sientas ajena a nuestra región, por favor.
—Lo intentaré —afirmó ella recostándose sobre su silla y estirando las piernas bajo la mesa, completamente exhausta y gratificada por el manjar que acababa de probar—. ¡Vaya recibimiento! Pero… ¿Qué es eso de ahí?
—«Mierda, ¿qué está pensando hacer ahora?» —pensó Yuu mordiendo un trozo de cola mientras las pupilas se encogían intentando descifrar qué demonios había improvisado su amigo.
—Si bien en Kalos hay buenas y malas personas, a mí nunca me preocupó demasiado hacer un balance moral al respeto —comenzó Franz, sin dejar de señalar la imagen sobre la hoja en el folio. Leilani pudo ver a un niño de cabello negro con expresión triste y un montón de marcas rojas en el papel. Yukihiro identificó rápidamente un enorme número diez escrito en una esquina de la hoja, y las ideas más terribles sobre Franz comenzaron a hacer eco en su cabeza—. Sin embargo, siento una profunda impotencia por todos esos niños que tal vez acaben volviéndose malas personas si no consiguen cumplir sus sueños. ¿Puedes entender a qué me refiero, Lei?

Ella asintió con interés, y Yukihiro hizo una mueca. Por supuesto que él podía entenderlo, pero Franz no necesitaba preguntárselo.

—Como ya sabes, mi compañero pokémon es un Pikachu. Ahora mismo está descansando en el tejado, o quizás jugando a electrocutar Pidgey y Fletchling que pasan volando cerca de la chimenea —contó con gracia el rubio para amenizar el relato—. El punto es que no puedo considerarme por ello un entrenador como tal. Realmente nunca tuve las aptitudes necesarias para destacar más que haciéndole mimos y dándole de comer.
—¿No le pusiste un nombre a tu Pikachu? —preguntó ella, intrigada, y Franz se encogió de hombros doblando las cejas hacia arriba.
—No quiero que sienta que mi idea es ser su dueño o algo así.
—Es respetable —sonrió ella. Realmente parecía entenderse bien con Pikachu, pero muchos entrenadores parecían afianzar más sus lazos con sus pokémon si les daban un nombre que los distinga del resto de los de su especie. Quizás Franz simplemente consideraba a Pikachu tan especial que no necesitaba destacarlo con algo trivial como un nombre o un apodo. Por un segundo desvió la mirada hacia Yukihiro, pero el johtonés parecía más interesado en triturar al crujiente Clawitzer que en seguir el hilo de su amigo. Tal vez ya lo habría escuchado divagar al respecto muchas veces antes—. ¿Quién es ese niño?
—Esperaba que me lo preguntes —sonrió Franz, aunque rápidamente sus labios descendieron, adoptando una expresión seria y casi lúgubre—. Su nombre es Claude, un niño de diez años que asiste a la escuela primaria aquí en Aquacorde. Me enteré de su caso por una amiga que imparte clases allí, y al parecer se trata de un alumno notable que ha sorprendido a todos en su institución por su perfecto puntaje académico en los exámenes sobre Teoría Pokémon.
—¿Teoría Pokémon? —se sorprendió Leilani, dejando caer el tenedor sobre su plato—. ¿Esa no es la materia que autoriza a los niños a recibir sus pokémon iniciales a manos del profesor regional?
—Es lo que tengo entendido —suspiró Franz—. Por desgracia, y aunque la misma escuela recomendó a Claude en el laboratorio del profesor Sycamore, sus padres no han accedido nunca a dar su consentimiento para que salga de viaje. Aparentemente, Claude nació con una serie de problemas de salud que acarrea hasta el día de hoy, y consideran que es muy peligroso para él emprenderse en un viaje para ser entrenador. Incluso cuando se les ha explicado que podría brindársele un tratamiento especial si acepta participar de la Liga Kalos, lo cierto es que sus padres tienen un nivel adquisitivo lo bastante elevado como para poder costear de todas formas los mejores tratamientos médicos para preservarlo a salvo en casa.
—Eso es tristísimo… —lamentó la chica, apretándose el vestido sobre las rodillas—. Pero si su salud es tan delicada, tal vez la decisión de sus padres tenga sent--
—Lamento discrepar —dijo el rubio profundizando su mirada, mientras apoyaba los diez dedos de sus manos sobre la mesa y se levantaba un poco, mostrando por primera vez una actitud más enérgica que la de la propia chica—, pero no puedo encontrarle sentido al confinamiento de un chico tan brillante que, a través de cada una de sus respuestas, demostró más de una vez sus ansias por salir al mundo y forjar vínculos con todos esos pokémon de los cuales solo se le permite dominar la teoría. ¿Qué sentido buscan darle a su vida sus padres si no pueden dar un soplo de aire fresco a su corazón?

A Yukihiro cada vez le costaba más fingir que le interesaba más ese trozo de marisco que la discusión que estaban manteniendo su amigo y la turista. Pocas cosas le habrían gustado más a él y a Franz que aplaudir la decisión de los padres de ese mocoso y mantenerlo alejado de los absurdos peligros a los que se exponían niños acompañados por bestias peligrosas y salvajes. ¿Por qué ahora le parecía buena idea convencer a una de esas entrenadoras sin cerebro de que ese frágil nenito tenía que salir al mundo y poner su vida en manos de los pokémon?

—Supongo que tienes razón —concedió Leilani finalmente, tras meditarlo un poco en su cabeza—. Es posible que recibir el apoyo de sus padres y tener la posibilidad de explotar al máximo sus capacidades de entrenador en compañía de amigos pokémon puedan hacer un cambio drástico y positivo sobre su salud. Creo que yo también estoy mejor desde que emprendí mi viaje, aunque claro que nunca tuve la misma clase de dificultadas que ese pobre niño...
—Pues yo solo tuve que luchar contra mi propia incompetencia —aseveró Franz sin sacarle los ojos de encima a Leilani, aunque parecía estar perfectamente consciente de que ahora su amigo también se fijaba en él, oyendo atentamente sus palabras—. Mi falta de talento y de conocimientos sobre los pokémon fueron los que me confinaron a esta agradable y cómoda vida rutinaria. Y, sin embargo, ya soy un adulto que puede decidir en qué prisión encarcelarse. Pero detesto que un niño tan joven, a sus diez años, y teniendo todas las condiciones dadas para emprender su propio camino… Tenga que renunciar a sus sueños por decisión de dos personas que solo se preocupan por su salud física, mas no por la mental.

Un silencio inundó el ambiente. Las dimensiones del salón parecieron encogerse a su alrededor, apretándolos entre sombras hasta el punto de sentir que incluso la mesa entre ellos había desaparecido. Una especie de sentimiento colectivo comenzaba a crepitar en sus pechos, pues las palabras de Franz habían revelado algo que ni Leilani ni Yuu sabían. Aquella cálida sonrisa y esos gestos siempre amables, atentos y elegantes no parecían ahora más que una fachada ocultando un sueño roto de alguien que dejó que el tiempo pase en su vida aceptando la idea de que nunca podría ser lo que realmente quería ser. Desnudando parte de su alma, Franz les mostraba frente a sus ojos la fotografía de un niño triste y enfermizo con una mente brillante que debería aceptar lo mismo que él, pero por razones diametralmente opuestas.

—Yuu… ¿Qué opinas?

Ahora Leilani lo miraba a él, como recordando repentinamente su existencia. A Franz pareció sorprenderle que la pelirrosa necesitara también la opinión de Yukihiro.

—Miren, a mí… —por un segundo tuvo el impulso de sincerarse tanto como su amigo, pero un chispazo en sus neuronas le replanteó de cabo a rabo todo aquello que Franz había establecido hasta ese punto. ¿Realmente podía confiar en sus palabras luego de ver cómo jugaba con esa chica y hasta con él mismo? ¿En serio iba a olvidarse, por un puñado de palabras bonitas y la foto de un nene moribundo, de las ideas que Franz le había transmitido la noche anterior irrumpiendo en su apartamento? No, todo eso tenía que ser parte del plan. No había forma en la que Franz realmente se preocupase por un mocoso que quería ser entrenador. No tenía sentido alguno.
—¿Yuu? ¿Está todo bien? —comentó el rubio con la sombra de una sonrisa, entornando un poco su mirada.
—Lo siento —agachó un poco la cabeza el johtonés, apretando los dientes. ¿Por qué tenía que pensarlo tanto?—. Lo mejor será que ese chico viva una vida larga y segura… No creo que merezca la pena hacer nada por alejarlo de su burbuja. Después de todo, creo que el mundo tampoco es tan fascinante como para correr el riesgo. Aun volviéndose un entrenador y cumpliendo ese sueño infantil que cualquier chico podría tener… Lo más probable es que, en un ambiente tan competitivo, todo acabe estropeándose y perjudicándolo todavía más.

Y escogió sincerarse. Bueno, parcialmente. En realidad habría dicho algo más breve y simple, como que el mocoso era un ingenuo y un idiota por malgastar su inteligencia en una estupidez semejante cuando cualquier campesino autista de otra parte del mundo podría cruzarse en su camino y barrer el suelo con todos sus pokémon. Después de todo, ser inteligente no era lo mismo que ser fuerte. Y tener ambas cualidades no garantizaban la fortuna necesaria para que sus ambiciones se hicieran realidad. A Leilani no pareció sorprenderle su reflexión, pero le asombró notar por un instante algo así como un atisbo de sorpresa en la expresión del rubio. ¿Acaso Franz esperaba que dijera algo diferente? ¿Lo había arruinado todo?

—Bueno, somos dos contra uno —resolvió Leilani juntando los dedos con repentino entusiasmo, apenas dejando pasar unos segundos desde que Yuu había dado punto final a su opinión—. ¿Cómo podemos ayudar a Claude?
—¡¿Qué?! —se paró del asiento Yukihiro, y Leilani hizo lo propio, enfrentándosele.
—¡No podemos quedarnos de brazos cruzados, Yuu! —le sacó la lengua—. Tú no lo entiendes porque no tienes interés en los pokémon, pero es egoísta imponer tu punto de vista por encima de los sueños de ese niño.
—Lo egoísta es poner los sueños por encima de su propia vida… Además de estúpido.
—Lo siento, Yuki… —comenzó Franz, incorporándose suavemente.
—No me digas así.
—Tenemos que intentar que sea él mismo el que encuentre un sentido y un balance entre su vida y sus sueños. Nadie puede vivir sin al menos un poco de ilusión, y sus respuestas en este examen fueron tan conmovedoras y asertivas que es muy probable que él mismo pueda curar su enfermedad si se le permite atrapar un pokémon lo suficientemente bueno como para sanarlo.
—Eso es absur-- —de pronto, dejó de encontrarle sentido a la discusión. Si Franz y Leilani habían tomado una decisión, es decir, que si Franz había llevado a Leilani a tomar esa decisión, no había ninguna razón para que él pudiera oponérseles ahora. Franz era más listo que él. Leilani era más fuerte. ¿Qué peso podía tener su palabra si no era más que un paria sin verdadero rumbo?

Tras inhalar hondamente y echar un último vistazo al delicioso platillo que sabía que no podría terminar, Yuu esbozó una forzada sonrisa con la que respondió a la convicción unánime de los otros dos.

—Hagámoslo entonces —afirmó sin siquiera preocuparse por disimular su descontento—. ¡Ayudemos a ese chico a vivir una vida más corta y plena!
—¡Eso es! —celebró Leilani pegando un brinco espontáneo, solo para caer en la cuenta de que lo que había dicho Yukihiro no estaba nada bien—. ¡No entendiste nada!


El plan era sencillo de entender, pero nadie estaba seguro de qué tan fácil sería llevarlo a la práctica, a excepción de Franz, que lo contó tan naturalmente como quien confecciona la lista de compras para el supermercado: Leilani, convocada por su afinidad con los pokémon y el sueño de entrenarlos y viajar por el mundo, sería la encargada de motivar a Claude y llevarlo consigo ante sus padres, para intentar convencerlos de brindarle su autorización. Pasarían por él a la salida de la escuela el lunes próximo, y tanto Franz como Yukihiro se harían pasar por asistentes del profesor Sycamore para explicarles lo brillante que había sido en su examen final de Teoría Pokémon.

Pasaron esa noche y el resto del domingo en el departamento de Franz, mucho más espacioso y ordenado que el de Yukihiro, terminando de ultimar los detalles para el plan que se llevaría a cabo al comienzo de la semana. O eso hicieron el kalés y la aloleana, pues Yuu decidió que su cuerpo solo podría estar listo para enfrentar semejante odisea si pasaba en la cama todo el día. Solo pudo despertar ya muy tarde ese fin de semana cuando la imagen constante de Bridgette se tornó insoportable en sus sueños.


Conseguir un par de batas de laboratorio blancas no era complicado, pero llevarse a un niño de diez años de un establecimiento educativo sin que los detenga la policía ya era otro cantar. Aunque, quizás por el pelo rosa natural, por el vestido blanco y puro ondeando al viento o por el enorme dragón peleador que la escoltó hasta la puerta de la institución, Leilani no pareció despertar animosidad en ninguno de los adultos que la vieron llegar. La aloleana saludó alegremente a los sujetos sospechosos que esperaban de la mano de enfrente, tomando un helado a la sombra, y le pidió a Kaleo que la espere allí por si algo pasaba, mientras se adentraba en el enorme patio de entrada del colegio buscando entre los niños que salían de clases arrastrando sus mochilas con ruedas y sus loncheras vacías del almuerzo.

—¿Aunque sea podrías decirme a mí cuál es tu verdadera idea detrás de todo esto? —le gruño Yuu a su amigo mientras esquivaba un poco de helado que se derretía peligrosamente sobre su delantal blanco—. No puedo creer que en serio quieras ayudar a ese mocoso.
—Me ofende que dudes de mi buena voluntad, Yuu —dijo Franz haciendo un cómico puchero—. Pero todo lo que dije la otra noche es cierto: ese niño está destinado a algo grande, y recluirse en eterno confinamiento por capricho de sus padres no será lo mejor para él, ni para nosotros.
—“Nosotros” —repitió el johtonés, arqueando una ceja—. Entonces sí que había un interés oculto detrás de toda esa demagogia barata en la cena.
—En el fondo, es un acto noble y altruista —suspiró el rubio, llevándose una mano al corazón—. Esa joven promesa será el estandarte con el que le mostraremos al mundo lo dañina que puede ser la vida de un entrenador, especialmente para todos esos chicos que no llegan a la adolescencia por embarcarse en viajes absurdos y terriblemente peligrosos. Necesitamos un rostro con el que grandes y chicos puedan identificar el verdadero terror del mundo pokémon en general, y de la Liga de Kalos en particular.
—¿Y por eso intentaste primero empatizar con la entrenadora llena de experiencia? —un guiño de ojo fue todo lo que Yukihiro necesitó para comprender cabalmente que había algo terrible cocinándose en la mente de su amigo.

Franz había tenido éxito manipulándolo a él para secundarlo en su plan anarquista para desbaratar la liga en primer lugar, pero también había cruzado sus caminos con una turista lo suficientemente fuerte para brindarles protección, y lo suficientemente tonta para hacerlo encantada llegando a considerarse incluso su amiga. Cualquier vínculo que pudiera forjar con ella, desde el primer momento, no sería otra cosa que un entramado de engaños y mentiras que jamás podrían acercarlos realmente. Si por un segundo había sentido remordimiento por aplastar su RotomDex impiadosamente la tarde anterior, y si se había conmovido al verla dormir dócilmente a su lado en el autobús, era porque no tenía idea de todo lo que ese al que consideraba su amigo había ideado desde un principio. Y ahora, por si fuera poco, parecía obsesionado con atraer a su telaraña a nada menos que un mocoso de diez años con alguna enfermedad de la que no tenían idea. ¿Con qué cara iban a presentarse ante los padres de ese niño para prácticamente declarar un secuestro delante de sus narices?


—Buenos días —sonrió Franz con su encanto natural—. ¿Ustedes son los padres de este niño?

Para ser una familia supuestamente acaudalada, la realidad es que vivían en una casa más bien pequeña y modesta en las afueras de Aquacorde. Los padres del chico cruzaron miradas por un segundo, mientras Leilani lo cargaba sobre sus hombros haciéndole avioncito y Yuu se apretaba el tabique de la vergüenza. El niño tenía el pelo tan negro como en la foto, o quizás incluso un poco más oscuro. Su actitud, sin embargo, distaba completamente de la de uno enfermizo y débil, sino que se le pasó gritando y moviéndose hiperactivamente durante todo el trayecto. Y aunque Yukihiro sabía de enfermedades mentales y desórdenes de atención, lo cierto era que ninguna que él conociera podía acortar la vida de un niño súbitamente. Ni siquiera Franz parecía, debajo de sus mil capas de falsedad y astucia, realmente convencido de que las cosas estaban saliendo como ellos pensaban. Cuando Leilani le preguntó al chico si quería volverse un entrenador pokémon, todo lo que éste respondió fue que quería entrenarla a ella, subiéndose a su espalda y jalándole las orejas como a una pokémontura mientras le arrancaba lágrimas de los ojos.

Tras un largo suspiro de resignación, el padre sacó un bolígrafo del bolsillo de su camisa y agachó la cabeza.

—Está bien, oficial —murmuró—, somos los padres. ¿Dónde necesita que firme? —La madre, conteniendo la cólera, añadió:
—¿Podríamos saber qué hizo Vincent ahora?

Y tanto el rubio como Yuu se quedaron de piedra. Por primera vez, Franz pareció buscar algún atisbo de esperanza o cuanto menos de complicidad en los ojos de su amigo, pero el johtonés torció instintivamente su cabeza hacia atrás, volteando en dirección a Leilani, que corría de un lado al otro mientras el terrible mocoso le metía ahora los dedos en la nariz. Al cabo de un segundo, el rubio aclaró su garganta y les devolvió otra hipnótica sonrisa a los padres del chico.

—No se preocupen por nada. Si se fijan bien, no somos policías ni docentes de su escuela, sino investigadores. Trabajamos como asistentes del profesor Sycamore en el laboratorio de Lumiose.
—¡Oh! —exclamaron los padres al unísono, y la madre se llevó una mano al pecho del espanto—. ¿Acaso Vincent se robó un pokémon de ahí? ¡Lo devolveremos inmediatamente!
—Solo parece intentar robarse la nariz de Leilani —comentó Yukihiro siguiendo con la mirada a la chica casi arrastrándose por la vereda, mientras el mocoso no paraba de saltarle encima haciendo un escándalo.

Viéndolo mejor, ese niño no se parecía del todo al frágil e inocente talento con mirada lastimera y prolijo cabello negro. El pelo de éste era más negro que un Darkrai, y sus ojos incluso parecían tener un brillo rojizo que provenía del más cruel de los infiernos, además de dibujar permanentemente una sonrisa casi sádica en sus labios, exhibiendo dientes como colmillos que no dudarían en morder a Leilani si se le ocurría sacárselo de encima. Vigilándola con cautela y cierta incredulidad, ni siquiera su Kommo-o parecía resolver si convenía enfrentar o no a ese diablo de metro y treinta.

—Su niño no robó nada más que ilusiones en nuestro laboratorio, señora —negó Franz con gentileza, y Yuu estuvo a punto de agarrarlo del cuello cuando pidió pasar.

Los padres finalmente pudieron sacar a Vincent de encima de Leilani, a lo que el chico huyó como un relámpago rumbo a las escaleras que lo llevarían a su habitación o, pensó Yukihiro, posiblemente una cámara de torturas donde tendría a varios Bunnelby encadenados, listo para masacrarlos de formas inimaginables.

Les prepararon un café demasiado amargo y los invitaron a tomar asiento en un sofá calentado y hundido previamente por el enorme trasero del padre. La madre hizo lugar en una mesita ratona destartalada y Franz apoyó ante ellos el folio con el examen, no sin antes pedir el bolígrafo del padre para cambiar con astucia el nombre del niño a último momento, aprovechando su distracción mientras intentaban controlar a su engendro y alejarlo de la pobre pelirrosa.

—Venimos hoy aquí porque queremos expresarles lo importante que puede ser su hijo para la Liga de Kalos.

Las palabras de Franz obligaron a los padres a cruzar miradas de sospecha.

—Si miran el examen que dejé ante ustedes, notarán que su puntaje es sobresaliente en cada una de las respuestas.

La madre pareció fijarse especialmente en la fotografía del apocado Claude, y Yukihiro tragó saliva.

—Pero, si analizan con atención cada respuesta por separado, podrán entender que la mente de su hijo es mucho más brillante de lo que podamos notar por un simple diez anotado en el papel. Realmente se respira una conexión especial con el mundo que lo rodea, y con los pokémon de los que parece saberlo todo. Está al nivel de las mejores enciclopedias con las que contamos actualmente; lo menos que podría hacer un niño con un conocimiento semejante es salir campeón al menos tres veces consecutivas antes de cumplir los doce años.
—¡Es una locura! —bramó el padre, y Franz guardó silencio con prudencia—. ¡Nuestro muchacho es un tarado, señores!
—¡Marcel! —dijo la señora arrugando el papel y desviando su mirada de la fotografía.
—Lo siento mucho, cariño, pero sabes que es la verdad.
—Ya lo sé, querido, ya lo sé… —se lamentó la mujer, hundiendo su rostro en las manos. Leilani frunció el entrecejo y abrió la boca para decir algo, pero Franz le tomó la mano para retenerla.
—Señores, entiendo que su hijo pueda tener un comportamiento… particular —se contuvo el rubio a último momento, intentando disimular lo que realmente debía pensar del odioso enano—. Pero toda esa explosiva efusividad de su parte no es otra cosa que un deseo inequívoco por salir al mundo y explorar al máximo sus posibilidades al lado de los pokémon.
—Nuestro niño nunca mostró interés en los pokémon… —evaluó la mujer, llevándose una mano a la frente mientras se acariciaba la sien con los dedos, intentando hacer memoria.
—Bueno, más bien yo diría que le gusta averiguar de qué color es el líquido que sale de los Caterpie cuando salta sobre ellos —recordó el padre con una sonrisa grotesca que permitía ver exactamente cuántos dientes le faltaban.
—¡Ya lo ven! —cortó Franz súbitamente—. Todo ese interés científico por los pokémon solo es una minúscula parte de su ambición por entrenarlos y saber todo sobre ellos. ¡Es un prodigio!
—Cariño, mira esto… —dijo el hombre con el sudor empapándole la frente, mientras abría el papel arrugado entre sus manos—. Este niño… ¡Salió increíblemente bien en su fotografía!
—¡Eso mismo estaba pensando! —estalló en lágrimas la mujer—. ¡Sale tan prolijo y buenmozo, con lo que me cuesta peinarlo para ir a la escuela! ¡Si hasta parece un genio!
—No lo parece —rio Franz galantemente, y su mirada se agudizó para enfatizar sus siguientes palabras—, lo es. Su niño es un genio, señores, y pedimos que tengan en consideración lo que les proponemos. Con su permiso, podemos hacer que conozca al profesor Sycamore y recibir un pokémon inicial para emprender su aventura.
—¡Vaya! Eso suena increíble —se emocionó también el padre. Incluso personas brutas como ellos conocían la reputación de Sycamore y su jerarquía en Kalos, siendo una auténtica figura de prestigio y poder para toda la comunidad. Tal vez con su apoyo, Vincent podría traerles orgullo y fortuna.
—¿Dónde firmamos? —preguntó la madre, arrebatándole el bolígrafo a su marido. Leilani extendió una mano hacia ella.
—No tiene que tomar la decisión tan pronto, ¿sabe? —sonrió con amabilidad y delicadeza—. Pueden tomarse el tiempo que consideren necesario para que Clau--
—Si están seguros, podemos trasladarlo ahora mismo —intervino Franz, sacando del folio un papel detrás del examen con un consentimiento escrito para que firmen—. Sycamore estará encantado de recibirlo.

Al final, Yukihiro no tuvo que intervenir en ningún momento para cooperar con los padres del niño equivocado. Mientras Leilani salía indignada por las permanentes interrupciones y Franz se quedaba a completar el papeleo, a él le encomendaron la tarea de informarle al chico que iría con ellos al laboratorio.

Lo alivió comprobar que no estaba en una cámara de torturas, y que su habitación se veía tan normal como el caótico departamento en el que vivía. El niño corría por el cuarto haciendo volar un juguete de madera tallada que a duras penas se asemejaba a un Talonflame con alas de distinto tamaño, haciendo ruido de avioneta con los labios.

—¿Vincent? —murmuró el johtonés golpeando la puerta mientras asomaba la cabeza, y tuvo que agacharse rápidamente para evitar que el juguete de madera se estrellase contra su cara.
—¡¿Qué quieres, perdedor?! —gritó el nene pegando un salto debajo de su cama y gruñéndole como un Houndour rabioso—. ¡Vete a la mierda, no me llevarán a ninguna parte!
—Tengo buenas noticias —sonrió tras un suspiro, sentándose como indio al otro lado de la puerta, mientras miraba el juguete precario con curiosidad—: sí que te llevaremos. Lo malo es que no será a un pozo hondo y oscuro, sino a… un pozo con mucha luz.
—¡¡No te entiendo, idiota!! —le sacó la lengua el irritante mocoso, tomando un trencito sin ruedas de debajo de la cama y arrojándoselo por el suelo. Yukihiro se limitó a detenerlo con la mano, revoleándolo sin interés para otro lado de la habitación.
—Hay muchas cosas que yo tampoco entiendo —convino Yuu—. Pero te aguarda un futuro interesante, ¿sabes? Mi amigo cree que puedes tener un pokémon inicial.

Vincent abrió la boca para continuar con la metralleta de improperios, pero no pronunció palabra alguna. Sus ojos rojizos, resguardados en la oscuridad segura bajo la cama, miraron atentamente al chico que le hablaba con una mezcla de calma y abatimiento al otro lado del cuarto.

—¿Quieres ser un entrenador pokémon, Vincent? Puedes tener uno a tu lado, por empezar, y luego atrapar… otros más. Y así, hasta que te sea más fácil memorizar sus nombres que los de tu familia.

El niño continuó en silencio, y Yukihiro lo insultó en su mente. ¿Por qué rayos tenía Franz que encomendarle a él lidiar con alguien tan insoportable? La comunicación con las personas ya era lo suficientemente dura como para encima tener que convencer a un mocoso de diez años con claros signos de psicopatía y déficit de atención. Sin embargo y para su sorpresa, el chico se asomó por fin, reptando un poco para acortar la distancia.

—Tu pelo es rosa —murmuró el enano.
—No es rosa realmente, es negro como el tuyo —se encogió de hombros Yukihiro, levantándose el flequillo y corriéndolo para que viera los mechones negros asomando a un lado de su cabeza.
—Entonces eres maricón —sentenció el nene sin ninguna ilusión por el cambio de color en el cabello del johtonés—. ¡Te lo pintaste de rosa porque eres tipo hada! ¡Tipo hadaaa!
—¡Vincent! —exclamó de repente, perdiendo completamente la paciencia, y el niño acalló de inmediato. La mirada y el semblante de Yuu habían dado un vuelco en ese último grito, y la energía que manó de su cuerpo se alejaba mucho de cualquier pokémon de tipo hada que no fuera un Grimmsnarl—. ¿Quieres ser un jodido entrenador pokémon, o prefieres seguir siendo un perdedor sin futuro que continuará decepcionando a sus padres cada día un poco más?

Vincent meditó su respuesta una fracción de segundo, soltando las palabras entre dientes como un perro acorralado.

—Métete en el culo tus pokémon, yo voy a ser astornuata.
—¿Quieres decir “astronauta”? —inquirió Yuu con una sonrisa burlona, y el pequeño apenas atinó a cubrirse el rostro con las manos, humillado.

En pleno silencio, los dos pudieron oír cómo Franz sacaba a su Pikachu en la planta baja para impresionar a los padres de Vincent, y cómo los dos empezaban a carcajear al unísono de manera desagradable. Yukihiro pudo imaginar perfectamente los dedos gordos con uñas sucias apretujando las mejillas rojas del condenado ratón eléctrico, conteniendo las ganas por propinarles una merecida descarga. Notó que la mirada del chico se apagó un poco cuando la carcajada de sus padres llegó a sus oídos, y algo en todo su semblante se ablandó por fin.

—Si voy con ustedes —dijo fijando sus ojos fríos e inusualmente maduros en él—, ¿ya no tendré que estar con mis padres?
—Bueno, claro que puedes venir a verlos después de--
—¡Entonces no quiero! —le sacó la lengua Vincent, dándole la espalda. Yuu suspiró con pesar, y se incorporó pateando un par de juguetes hasta detenerse a su lado, inclinándose un poco y dejando caer pesadamente su mano sobre su pelo negro despeinado, que revolvió fastidiosamente—. ¡Auch!
—Si vienes con nosotros —dijo casi en secreto, dejando que las palabras escapen poco a poco de su boca—, te prometo que no tendrás que volver a ver a esos miserables de nuevo.


—¡Pero bueno, Vin! —aplaudió la madre del pequeño, viendo cómo el Pikachu de Franz saltaba desde la cabeza del rubio hasta el hombro del mocoso, que hinchaba el pecho orgulloso exhalando aire por las fosas nasales como un cachorro de dragón—. ¡Si ya eres todo un amo pokémon!
—¡Te ves fantástico con ese Pikachu, hijo!
—Creo que quiere decir “maestro pokémon” —acotó Leilani con incomodidad, fingiendo una risita adorable mientras le daba palmaditas en la espalda al chico elegido por Sycamore. Ciertamente el profesor de Kalos debía ser una persona extravagante si aceptaba promocionar a un chico tan caótico como él—. Y será un título que lleve mucho tiempo conseguir. ¡Pero estoy segura de que Claude va a esforzarse mucho!
—¿Claude? —ladeó la cabeza la mamá del pequeño, que hizo caso omiso a las palabras de Leilani, aunque aprovechaba para abrazarse a sus piernas mientras sonreía inocentemente a sus padres. Su esposo le pegó un codazo por lo bajo.
—Creo que los mejores entrenadores se ponen apodos por el estilo —le susurró al oído—. Ya sabes, como “Oro” y “Palta”.
—¡Oh! ¡Ya veo! —rio incómodamente la mujer—. ¡Entonces espero verte convertido en todo un maestro pokémon, Claude!
—Claude… —repitió el niño, arqueando una ceja y mirando a Leilani con curiosidad. La chica lo miró y parpadeó sin comprender esa reacción, pero Franz se aclaró la garganta y fue todo lo que su pokémon necesitó para imitar cómicamente el tono de Vincent.
—Pika-chu…
—Ya tenemos que irnos —informó Franz tras revisar su reloj—. Si no nos apuramos, el profesor se quedará sin pokémon iniciales para hoy.
—Despídete de tus padres —le propuso Leilani agachándose a su lado, pero Vincent no hizo ningún intento por avanzar—. Entiendo que estés triste. Esto es un poco repentino, pero sé que los harás sentir orgullosos.
—¿Lo haré? —preguntó Vincent mirando fijamente a sus padres, que le dedicaban rígidas sonrisas desde el umbral de la puerta.
—Ya estamos orgullosos de ti, hijo —dijo la madre, llevándose un dedo a los ojos como para secarse una lágrima. Pero Vincent no vio una sola gota formándose en sus lagrimales.
—¡Vuélvete el mejor, campeón! —lo animó el padre levantando un puño. Vincent hizo una mueca, y con los hombros caídos dobló un poco el codo para que su puño también apunte hacia arriba.
—Nos vemos, papá. Adiós, mamá —asintió finalmente, dando media vuelta mientras se ponía a Pikachu encima de la cabeza, sin temor a recibir una descarga.
—No se preocupen por nada —los consoló Franz con seguridad—. Ese chico está hecho para ser un entrenador pokémon. Después de todo, ya tiene diez años.
—Sí… Cuiden de él, por favor —pidió el padre, mientras la mamá se metía nerviosamente en la casa.

Cuando el hombre regresó a la casa, su esposa lo esperaba en la cocina tomando un calmante. Los dedos de la mano que sostenía el vaso con agua temblaban, y sus labios se fruncían por el nerviosismo.

—¿Crees que tardarán en darse cuenta de que cometieron un error? —le preguntó la mujer, afligida repentinamente. El hombre gruñó—. El chico de la foto-- quiero decir, ese examen era--
—No es necesario que lo menciones, mi amor —respondió el hombre con una sonrisa que contradecía la expresión de angustia en sus ojos—. Vincent jamás habría sido seleccionado por el laboratorio de Lumiose; Sycamore no podría ser tan idiota. Sus asistentes seguramente reciban una reprimenda por la confusión al llegar… O tal vez…
—¿Tal vez?
—Tal vez nuestro hijo pueda finalmente convertirse en un hombre de provecho. Quizás él pueda sacarnos de la miseria.
—Nuestro niño… —dijo la mujer sin impostar la emoción en sus palabras, mostrando una inusitada frialdad en los ojos que resplandecían como si vieran al oro directamente—. Finalmente va a hacernos sentir orgullosos.


Al igual que Leilani durante el viaje de Lumiose a Aquacorde, ahora fue Vincent el que se rindió al sueño en todo el trayecto de regreso a la ciudad de las luces. Despatarrado sobre la hilera de asientos al fondo, el pequeño roncaba y empujaba con el pie a una señora que estaba a punto de bajarse para no tener que gritarle, así que la chica de Alola no tuvo otro remedio que disculparse con ella todo el viaje, mientras doblaba las piernas del diablillo para que deje de molestar incluso estando dormido.

En cierto punto del trayecto, sin embargo, algo pasó que cambió el foco de atención: una rimbombante melodía tradicional empezó a vibrar en el bolsillo de Yukihiro, sobresaltándolo mientras intentaba encender un cigarro con la cabeza asomando fuera de la ventanilla.

—¿Hola? Hable alto, estoy en un autobús ruidoso —dijo mordiendo el cigarro apagado, mientras Franz le arrebataba el encendedor y hacía un ademán con la mano disculpándose con el chofer que no le sacaba los ojos de encima por el espejo retrovisor. Una voz muy clara de hombre habló del otro lado.
—Bonjour —saludó con jovialidad. Yuu miró a Franz de reojo, pues podía reconocer a leguas cuando un tipo en Kalos quería pasarse de galante intentando coquetear con alguien—. Tú no suenas para nada como una chica de Alola.
—Y tú no suenas como un reputado profesor —replicó el johtonés mientras Leilani paraba la oreja en el asiento de atrás, arrebatándole el teléfono de inmediato—. ¡Hey! ¡Eso es--!
—¡Guarda silencio, Yuu! —le pidió Franz tapándole la boca con una mano y deteniéndole los brazos con la otra. Contrario a su aspecto distinguido y refinado, el rubio resultaba ser bastante fuerte—. Tal vez esta sea nuestra oportunidad de oro, así que escucha con atención.

Leilani intentó darle la espalda a los chicos mientras juntaba las rodillas y se acurrucaba contra la ventanilla, apretando el teléfono con las dos manos junto a su oído. La voz de Sycamore discurría suavemente por sus oídos como un río, y tanto Franz como Yukihiro pudieron advertir el cambio en las expresiones de la chica a través del reflejo de la ventanilla.

—… sí, claro, lo siento mucho… ¿Qué? ¡Me encantaría!... Tal vez en una hora… No es para tanto… muchas gracias… ¡Lo prometo!

La sonrisa de Leilani volvía a recobrar fuerzas a medida que la conversación se extendía. Yuu se preguntó si había recordado cargar la batería de su teléfono, pero esperó que se apague súbitamente antes de que el imbécil de Sycamore consiguiera meterle la lengua en la oreja a la chica. Cuando la llamada concluyó, apenas faltaban treinta minutos para detenerse en Lumiose.

—¿Y bien? —preguntó Franz mientras la aloleana le devolvía el teléfono a Yuu. Ella levantó un pulgar.
—Mi RotomDex ya está funcionando —se alegró—. Sycamore tiene un dispositivo de rastreo con el que pudo localizar rápidamente a Rotom; se había metido en un poste de luz de la plaza y no se movió de allí, aunque se la pasó ahuyentando a la gente que pasaba caminando por la noche apagando la luz súbitamente—. Además… ¡El profesor es buen amigo de Kukui! ¡Y al parecer cumplo los requisitos para recibir un pokémon inicial en Kalos!
—¡Eso es fantástico, Lei! —se alegró Franz, empujando hacia abajo la cabeza de Yuu para que asienta junto a él.
—«Claro que lo es…» —pensó apretando los dientes, mientras la piel en su nuca se escamaba por el frío gélido que comenzaba a recorrerle—. «Sin duda están saliendo las cosas como tú quieres, rubio. Ya tienes a dos idiotas felices de la vida y dispuestos a recibir iniciales del laboratorio...» —Aquella reflexión encendió repentinamente una pregunta clave en su cabeza, cuya respuesta parecía de pronto tan evidente que se sintió más imbécil que cualquier otra persona en ese autobús.

Viendo cómo su amigo y la chica conversaban animadamente, Yukihiro sintió un impulso repentino por escapar de ahí saltando por la ventanilla. Lo último que consentiría sería que, de algún modo, Franz se las arreglase para volverlo a él mismo un entrenador de pacotilla como los otros dos. No podía permitirlo. No sería el tercer conejillo de indias balanceándose sobre su telaraña. Cuando cruzó una breve mirada con el rubio, recibiendo de su parte tan solo una cálida sonrisa, el johtonés entendió que estaba completamente jodido.


Al cortar la llamada, el esbelto hombre de camisa azul y pantalones oscuros se cubrió el rostro con su antebrazo. No sonreía, pero su buen humor se dejaba ver a través del permanente movimiento de su pie izquierdo sobre el respaldo del largo diván en su oficina. En la mano que tapaba sus ojos tenía un dispositivo con botones; tras pensárselo unos instantes, decidió oprimir uno azul encendiendo el aparatejo rojizo sobre su escritorio, que voló envuelto en chispas de plasma hasta detenerse levitando frente a su rostro.

—¡Bzzz Bzzz! —chilló el aparato poseído, pero Sycamore tocó rápidamente otro botón en su control para silenciarlo a distancia.
—Enséñame otra vez las fotos —ordenó, espiando con sus ojos de un azul metalizado.

Estirando un dedo fino y alargado hacia la pantalla táctil del RotomDex, el profesor de Kalos evaluó nuevamente las fotos que la entrenadora había capturado desde el lejano inicio de su viaje por Alola hasta su llegada a Lumiose cargada de sueños y esperanzas. Era una suerte para él que Leilani fuera especialmente entusiasta con las selfies, y su dedo se detuvo durante más segundos en algunas fotos que en otras. Un tucán aburrido con cara de pocos amigos era algo que pasaba fugazmente frente a sus ojos. Una especie de pepino de mar que levantaba el pulgar a la cámara tampoco tenía nada de especial. En la foto posterior, Leilani se agachaba junto al pepino y sonreía a la cámara haciendo el signo de la paz con sus manos, mientras su bikini revelaba para él todo lo que necesitaba admirar.

—Alola es una gran región, ¿eh, Rotom? —preguntó el hombre pellizcando la pantalla con los dedos para hacer zoom in.

No obtuvo respuesta.

—¡Oh! Cierto, tú ya no puedes hablar.
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#15
Mostrar Capítulo 3 (comentarios)
¡MADRE MÍA! Qué capítulo el de esta ocasión. Desde Leilani siendo todavía incapaz de darse cuenta de que la están usando hasta Yuki salvajeando verbalmente a la asistenta de Sycamore. Cada vez más se notan la astucia, el resentimiento y la maldad de Franz, robando el examen de un chico correcto e inocente para luego falsificarlo y usarlo para llevarse con él al mocoso malcriado y sinvergüenza de Vincent, a quien no le importa si termina muriendo con tal de probar su punto ante la sociedad. Y los padres de Vincent no son mejores, ya que solo ven a su hijo como una fuente de ingresos más que como su retoño. No me extraña que al chico le falten modales, o una educación apropiada.

También me llamó la atención lo que comenta Leilani acerca de que todas las regiones salvo quizás Alola están tan mezcladas que prácticamente ninguna tiene cultura o identidad propias a causa de la globalización, secundado por el chiste sarcástico de Yuki, que refleja un poco mi propios pensamientos al respecto. Porque aunque pueda sonar idílico y utópico en la cabeza de muchos a la larga trae muchos y muy serios problemas, especialmente cuando las posteriores generaciones sean mezclas desastrosas o impuras. No sé, quizás lo que digo suene clasista o racista, pero personalmente soy de quienes piensan que cada oveja debe ir con su pareja. No es bueno que todas las regiones se fusionen en una, y menos si todos los pueblos son tan distintos. Y en cierta forma es un reflejo de una gran problemática muy presente en la vida real y en la actualidad, con la expansión de las redes sociales y el desdibuje de la línea que separa lo público de lo privado, o lo bueno de lo malo. 

Y la parte más tétrica, que es decir mucho, es la escena final, donde se da a entender que Sycamore es un pervertido y un pederasta reprimido, o por lo menos lo es en secreto. ¿Será que también tuvo algo en secreto con Serena y con Shauna en su momento y que se escondió del ojo público para que no terminase en un escándalo? El mero hecho de imaginarme que haya ocurrido alguna cosa parecida me produce escalofríos y me retuerce el estómago de solo pensarlo.

Se está poniendo interesante. Espeluznante, pero interesante. No me quiero ni imaginar lo que ocurrirá cuando lleguen con Sycamore.   
[Imagen: nDb2mjH.png]
   Pokémon Ragnarok
"Al fin, el gran fiestón."-Pyro
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