Longfic- Pokémon: Next Generation

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FranquiciaOriginal
GéneroAcciónAventura
Resumen

Una nueva generación de entrenadores se alzará para comenzar su viaje. Pero pronto se darán cuenta que el pasado es un enemigo difícil de dejar atrás.

#16
2.2
1
El público se levantó de sus lugares y gritó con emoción. El Charizard de Ash había hecho su aparición en el campo de batalla. El dolor provocado por las trampa roca no evitó que el fiero Pokémon lanzara un rugido al cielo, seguido por una peligrosa llama que emergió de sus fauces.
 
Charizard llevaba al cuello un colgante cuyo dije era una piedra muy parecida a la que Scizor había usado para mega evolucionar. El campeón buscó en los bolsillos de su chaqueta y luego exhibió su piedra llave. Por segunda vez en el combate el público pudo presenciar el deslumbrante efecto luminoso y metamórfico de la mega evolución. Cuando la luz dejó de iluminar a Charizard, su cuerpo lucía totalmente diferente. Las escamas anaranjadas habían adquirido un profuso color negro y las llamas de su cola, que antes brillaban con tonos naranjas y rojos, ahora poseían un tenue color azul.
 
El Scizor rival adoptó una posición de combate aguerrida, con las tenazas hacia el frente y los ojos furiosos clavados en los de Charizard.
 
— Puño Bala. — Ordenó el retador. Los pies de Scizor abandonaron el suelo con una velocidad sónica desapareciendo del campo a la vista de todos.
 
Ash por su parte barrió la arena con la mirada, y justo antes de que Scizor asestara el golpe logró precisar su ubicación.
 
— A la izquierda.— Advirtió.
 
Charizard giró velozmente atrapando entre sus garras la tenaza de su rival. — ¡Lanzallamas!— Ordenó Ash. El tipo fuego abrió sus fauces ante la mirada asustada de Scizor.
 
— ¡Usa Ida y Vuelta!— Gritó desesperado el retador al verse en aquel aprieto.
 
Scizor usó su tenaza libre y la incrustó de forma violenta en la mejilla de su oponente. Charizard reculó soltando a su presa dándole la libertad al tipo acero de regresar a la esquina donde se encontraba su entrenador.  Charizard sobó audazmente su mejilla emitiendo un gruñido de satisfacción al encontrarse con un rival a su altura.
 
— Intentemos de nuevo, esta vez usa Doble equipo y Puño Bala.
 
El guerrero rojo volvió a desaparecer con velocidad, dejando tras de sí una estela de polvo. Esta vez, cuando Charizard y Ash pudieron localizarle, una lluvia de Scizors atacaban desde todos los flancos, rodeando y amenazando con sus tenazas al tipo fuego.
 
— ¡Usa Lanzallamas como táctica defensiva!
 
Charizard escupió con ferocidad un amenazante mar de llamas azules. Pero el ataque no fue dirigido a su rival y a sus clones. El tipo fuego se había encerrado en el centro de un círculo llameante y después lo había tachonado con más llamas en la parte superior, creando una especie de esfera de fuego infranqueable para el tipo acero. Varias de las copias de Scizor se estrellaron contra la muralla desapareciendo al mínimo contacto con el fuego. Fue fácil encontrar al Scizor real, era el único que no se había atrevido a cruzar la fortaleza llameante de Charizard y era el único que seguía en pie al haberse desvanecido todos sus clones.
 
— Ataca con Garra Dragón y acábalo con Lanzallamas—. Al escuchar la orden de su entrenador, el tipo fuego voló atravesando su propia creación defensiva. Ascuas azules se disgregaron en el viento al tiempo que la garra derecha de Charizard se envolvía en un halo de energía verde.
 
— Defiéndete con Puño bala. — Ante la orden del retador, Scizor interpuso su tenaza y atrapó la garra de Charizard.
 
— ¡Usa la garra libre y golpea!
 
— ¡Haz lo mismo!
 
Ambos pokémon lanzaron su mejor golpe impactándose simultáneamente en el rostro. Scizor soltó a Charizard, pero no perdió su postura de combate, y casi al instante soltó un poderoso uppercut bajo la mandíbula del tipo fuego. El orgulloso dragón encajó el golpe manteniéndose casi inamovible y reviró soltando un derechazo que se estrelló contra el pómulo derecho de Scizor. El bicho rojo hincó la rodilla en el suelo desbalanceado su equilibrio, oportunidad que Charizard aprovechó para seguir golpeando. Al verse a merced de Charizard, Scizor eligió tomar un respiro saltando del suelo como un resorte y plantándole un cabezazo en el estómago. Charizard cayó y Scizor se mantuvo de pie respirando trabajosamente mientras esperaba a que su rival se levantase. El público estaba en total silencio, y hasta los dos entrenadores parecían haber perdido el dominio sobre sus creaturas, que luchaban a garra y tenaza limpia. Era una danza de guerra íntima entre ambos pokémon, y tanto el campeón como el retador parecían comprender la solemnidad del asunto.
 
Charizard se levantó y fue el primero en reanudar el combate. Extendió sus alas y se abalanzó sobre Scizor. El tipo acero lo esperaba con las tenazas dispuestas. Esquivó los primeros golpes de Charizard, pero el tipo dragón logró asestarle unos cuantos y dominar la situación. Scizor estaba reducido y la victoria estaba a punto de decantarse a favor del actual campeón, pero hubo un hecho que quizá nadie notó en aquel momento. Nadie excepto yo. Mientras Charizard seguía golpeando a Scizor, los labios de Ash se movieron. Fue un movimiento imperceptible apenas captado en la enorme pantalla del estadio. Ash parecía estar interviniendo en el combate de Charizard dándole lo que parecía una orden secreta, aunque a mis ojos se veía más como una petición.
 
Charizard dio un respingo y giró levemente hacia su entrenador y asintió con dificultad, como si en realidad no quisiera hacer lo que Ash le había pedido. Scizor aprovechó la distracción y golpeó a su rival en el estómago. Aquel fue el principio de una sucesión de golpes que dejaron al tipo fuego contra las cuerdas. Ambos pokémon lucían cansados y bastante maltratados. Tanto Charizard como Scizor lanzaron sus últimos golpes, cada quien asestando en el rostro de su rival. En todo el estadio se escuchó un barullo de conmoción al ver a ambos pokémon caer derrotados, regresando a sus formas originales.
 
 El réferi tardó un par de segundos en procesar lo que había ocurrido y dar su veredicto. ¿Una final empatada? Ni yo me lo podía creer. Estaba casi seguro de que Ash había pedido a Charizard dejarse ganar, todo con la intención de salvar su matrimonio y dejar sus obligaciones de campeón para hacerse cargo de su familia.  Pero ya todos conocíamos de sobra el orgulloso carácter del buen Charizard y lo más que pudo ofrecerle a su entrenador fue un empate. Casi podía escuchar al tipo fuego refunfuñando: No señor, que se joda otro. Si voy a caer, voy a caer como los grandes.
 
— Esto es un empate. — Exclamó el réferi, con un hilo de voz dejando la frase en el aire, como si hiciera falta añadir algo.
 
La gente aplaudió eufórica vitoreando a ambos entrenadores. Ambos regresaron a sus debilitados pokémon y quedaron a la espera de la decisión que la Federación de la Liga Pokémon tomaría. Ash se quitó la gorra y se revolvió el cabello con alivio, era como si se le hubieran retirado varias toneladas de la espalda. Miró por segunda vez hacia el palco donde nos encontrábamos, su mirada se entrelazó con la de Serena y esta vez ambos sonrieron con la íntima complicidad de dos amantes que se perdonaban todo. Brendam hacia lo suyo jaloneándome la manga preguntándome con insistencia qué pasaría con su papá ya que no había ganado ni perdido. — De ahora en adelante todo estará bien con tu papi. — Aseguré, y el pequeño me respondió en silenció con su mirada alegre y chisporroteante. Eso en realidad yo no lo sabía y la jodida vida me lo iba a demostrar minutos más tarde. Charizard no se había dejado ganar, pero si había una repetición del último combate, el siguiente pokémon que Ash usara quizá fuera menos orgulloso y sí cumpliera aquella orden poco digna. Los altavoces del estadio resonaron dando el tan esperado mensaje por parte de la federación.
 
— Tomaremos un receso de diez minutos para dilucidar el resultado y las acciones a tomar debido al empate en esta final. Agradecemos su comprensión.  
 
Los ánimos y la emoción, que al principio estaban a flor de piel, parecieron normalizarse. Fue como si todo el estadio tomara un respiro de aquella batalla tan cerrada. Yo por mi parte volví a sentir el efecto de aquella mirada extraña sobre mi espalda. Revisé a la multitud cercana sin muchas esperanzas de encontrar a aquel incómodo fisgón. Mi sorpresa fue grande al toparme con un par de ojos grises y vacíos. Todos los entusiasmados aficionados habían tomado sus lugares y fue fácil verle. Estaba ahí, de pie entre la gente. Era un hombre alto y desgarbado que cubría parte de su cabeza con la capucha de su sudadera. Era un tipo común, nada especial si me lo preguntan, pero ese detalle de vacío en su mirada hacía palidecer a cualquiera. De pronto extendió la sonrisa más horrible que jamás haya visto en mi vida. Era torcida y amarillenta, poblada de una maldad impropia de cualquier ser humano. Extendió su huesudo dedo índice y lo pasó por su garganta emulando el corte de un cuchillo. No comprendía aún la escena hasta que vi como se bajaba lentamente la cremallera de la sudadera exhibiendo casi con poético orgullo la “R” roja que lo identificaba como miembro del equipo Rocket. Quise reaccionar, pero el estruendo de la gradería norte me aturdió.
 
 
Me incorporé aún con los oídos zumbándome debido al rugido de la explosión. La gente corría y gritaba mientras las llamas se elevaban hacia el cielo como un holocausto. Era un fulgor rojizo impregnado de desesperación y muerte, rodeado de escombros minerales y humanos. Aclaré mi cabeza, y la terrible idea de que nosotros seguíamos activó las alarmas y el terror. Vi al hombre de los ojos muertos y la sonrisa torcida. Seguía de pie como una montaña inamovible rodeada por un mar de desesperadas personas. Un bulto en su estómago llamó mi atención y palidecí de terror al notar que llevaba pegado a él, una carga de explosivos. En su mano sostenía un pequeño dispositivo con un brillante botón rojo, era el detonador. El pulgar del malnacido estaba extendido sobre el botón, dispuesto a activar la bomba y volar junto con nosotros. Reaccioné llevándome la mano a la cintura en busca de la pokéball de mi Electrivire. Les juro que miré en cámara lenta como el pulgar de aquel bastardo bajaba para detonar los explosivos. No lo iba a lograr, jamás llegaría a tiempo para detenerlo y en ese momento sentí que aquellas graderías serían mi tumba.  Pero entonces, una fugaz ráfaga de viento me rozó ambas mejillas y noté una especie de listones rosáceos que pasaban a mi lado a gran velocidad hasta enrollarse en el cuerpo del kamikaze. Giré sorprendido y me encontré con la imagen de Serena y su Silveon. Ella permanecía estoica sosteniendo en uno de sus brazos al pequeño Brendam, que no paraba de llorar asustado por la explosión.
 
 
— ¡¿Qué esperas?! ¡Noquéalo con tu pokémon!
 
 
Inmediatamente liberé a mi Electrivire y le ordené usar Onda Trueno. El recluta del Equipo Rocket cayó entumecido al mismo tiempo que la gradería este explotaba. El estruendo de mil gritos me estremeció, y me bastó con echar un vistazo alrededor para darme cuenta que aquello era la apoteosis de todas las desgracias. Varios reclutas de la organización criminal habían saltado al campo y estaban enfrascados en una lucha sin cuartel contra los participantes de la Liga y el Alto mando. Los pokémon rugían indómitos protegiendo los ideales de gente malvada, y no les importaba extinguir la vida de humanos y semejantes que se opusieran. El barullo siniestro de varias hélices me hizo alzar la vista, y admiré con terror como sobre nosotros se cernía una oscura flota de helicópteros. Las endemoniadas aeronaves vomitaron un sin fin de cuerdas sobre el estadio y por ellas comenzaron a reptar como Caterpie varios reclutas más.  No soportaríamos mucho tiempo así. Corrimos  hacia la salida entre el tumulto de gente histérica, y aunque hubiese preferido dejar que ese malnacido muriera aplastado por la multitud, ordené a Electrivire que lo llevara en hombros a un lugar seguro. Nos refugiamos en unos pasillos solitarios del estadio y veíamos a la multitud salir en desbandada mientras el recinto retumbaba casi languideciendo. Serena trataba de controlar a Brendam, yo tomaba del cuello a aquel genocida de mierda y trataba de obtener algo de información. 
 
 
— ¿¡Que diablos está sucediendo!? ¿¡Por qué atacan a gente inocente!?
 
 
Pese a estar paralizado, la sonrisa maltrecha y los ojos muertos de aquel hombre permanecían inalterados, produciéndome unas repugnantes náuseas. No lo podía creer, parecía estar disfrutando aquella matanza.
 
 
— Tú, ella y todos los indeseables humanos y Pokémon están sentenciados, una nueva era de oscuridad caerá sobre la tierra cuando el Puente Astral sea destruido. Este solo es el principio del fin.
 
 
Sus palabras no tenían sentido y aun así me estremecieron. Estaba confundido y demasiado asustado como para pensar con claridad. Lo único que se me ocurrió en aquel momento fue poner a dormir a aquel malnacido dándole un puñetazo en la cara. Una de las columnas en donde estábamos se comenzaba a resquebrajar y comprendimos que el estadio colapsaría en cualquier momento.
 
 
—¡Gary hay que irnos! — Gritó Serena con desesperación llamando a Sylveon de nuevo a su pokeball —. Debemos ir por Ash, tiene a todo su equipo debilitado y no podrá defenderse si alguno de esos locos lo ataca. 
 
— Yo iré por él, tú tienes que ponerte a salvo con Brendam. —  Dicho aquello liberé a mi Pidgeot —. Llévalos a un lugar seguro —. Acto seguido el tipo volador enganchó de la espalda a Serena y la suspendió por los aires junto con su crio. 
 
 
— ¡Oak bájame en este instante! ¡Necesito hablar con Ash!
 
 
— Querida, sé que sabrás disculparme, pero este lugar es muy peligroso para el niño, así que ponte a salvo que yo traeré a Ash. 
 
 
Le guiñé el ojo con la autosuficiencia de un adolescente idiota que no sabía que estaba a punto de cagarla. Vi cómo se perdía poco a poco en el cielo humeante y eché a correr junto a Electrivire en busca de mi amigo. 
 
 
2
 
A medida que avanzaba, los cimientos del estadio seguían temblando y los gritos desgarradores de aquellas personas que perecían a manos del equipo Rocket convertían la travesía en una nefasta experiencia. Crucé el umbral de los camerinos y pude verle por fin. Me daba la espalda y parecía estar discutiendo con alguien. Pikachu estaba entre sus brazos aún debilitado por la pelea contra Azumarill. 
 
 
— ¿Por qué haces esto? el genocidio y el terrorismo no es lo tuyo. 
 
 
Pude entonces observar al interlocutor de Ash. Era alto y vestía un elegante traje negro y un sombrero de fedora. No cabía duda, aquel rostro afilado y lleno de maldad pertenecía al terrible jefe del equipo Rocket, el mismísimo Giovanni en persona.
 
 
— Pronto tú y todos los indeseables humanos y Pokémon estarán sentenciados, una nueva era de oscuridad caerá sobre la tierra cuando el puente astral sea destruido. Este solo es el principio del fin.
 
 
Eran casi las mismas palabras que el recluta había dicho, pero yo tenía la mente nublada y no podía detenerme a descifrar lo que aquello significaba.
 
 
— ¡Ash salgamos de aquí!— Grité, llamando la atención de ambos. Pensé en repetir la Onda Trueno para sacar del camino a Giovanni, y visto y considerando que no tenía ningún pokémon que lo defendiera, no dudé en ordenarle a mi fiel Electrivire que realizara el ataque.
 
 
Las chispas saltaron de inmediato sobre el cuerpo de Giovanni, y llámenme loco o culpen a la adrenalina del momento, pero juro que vi como aquel hombre repelía el ataque de mi Electrivire tan solo alzando la palma de su mano. Sé que no lo imaginé, porque de haberlo hecho Ash no hubiera reaccionado con el mismo asombro que yo.
 
 
— ¿¡Qué mierda ha sido eso, Gary!?
 
 
— No lo sé, pero no me quedaré a averiguarlo. — Guardé a Electrivire en su Pokeball y puse pies en polvorosa. Ash me siguió con Pikachu en brazos.
 
 
— Pueden correr, pero jamás escapar del destino que les espera.
 
 
Apenas pude oír aquella amenaza del siniestro líder del equipo Rocket, pero el auto reflejo me hizo voltear. Giovanni ya no estaba ahí, se había desvanecido en el aire, y en su lugar una gran nube oscura nos perseguía. Quiero pensar que imaginé todo aquello, quiero creer que era el miedo el que producía aquellas vívidas alucinaciones en mi mente, y realmente quiero aferrarme a la cordura y al raciocinio para convencerme de que aquella bruma oscura que nos persiguió aquel día no había tomado aquella extraña forma canina justo cuando el techo de los camerinos cedió sobre nosotros. Fue apenas un instante cuando le vi, todo fue tan rápido que no podría poner las manos al fuego y jurar que todo lo que vi a partir de aquí fue cierto.
 
 
3
 
Ash se había quedado un poco atrás, pues el peso de Pikachu le suponía un doble esfuerzo. Yo, al percatarme de que lo estaba dejando, me detuve y giré hacia él. Fue entonces cuando lo vi. La bruma nos perseguía. No tenía una forma definida como tal, pero podía interpretar su silueta canina, y los dos brillantes luces amarillas que danzaban entre el humo eran como ojos insidiosos. Estoy seguro que aquello sobrepasaba incluso al mito de los legendarios y los ultraentes. No era un maldito pokémon, puedo asegurarlo. Ash lo vio también y supo que estábamos perdidos, supo que aquello que Giovanni había traído consigo era lo que estaba destruyendo Ciudad Verde. Lo podía leer en su mirada de resignación.
 
 
 — Gary— No me gustó la forma en que pronunció mi nombre. Sabía a despedida, sabía a muerte. — Diles que los amo.
 
 
Lanzó a Pikachu a mis brazos y después soltó su cinturón, donde se encontraban las pokeballs de sus demás Pokémon.
 
 
El monstruo estaba cada vez más cerca y yo traté de acercarme para hacerle frente a aquel ente desconocido, fue entonces cuando el techo del camerino cayó sobre nosotros. Durante un par de minutos no supe nada de mí, y cuando abrí los ojos estaba rodeado de escombros y protegido con un campo de fuerza que Umbreon había hecho. Aún no recuerdo muy bien cómo me las ingenié para sacar a mi Pokémon, pero le sigo estando muy agradecido a ese pequeño. Con un último gran esfuerzo, Umbreon nos liberó de aquella montaña de cemento. El panorama era desolador, y lo primero que se me ocurrió en aquel instante fue gritar su nombre. — ¡Ash! —. Nadie puede imaginarse lo doloroso que es el silencio. Solo había roca y destrucción, ni rastro de mi amigo. Pikachu saltó de mis brazos y apenas pudo caer de pie. Estaba severamente lastimado, y a pesar del gran esfuerzo y dolor que le suponía caminar, comenzó a levantar con sus débiles manitas piedra por piedra gimiendo lastimeramente llamando a su entrenador. En mi locura hice lo mismo, escarbé hasta lastimar mis manos y hacerlas sangrar. Oí gritos a lo lejos, y me tomó meses después de aquello darme cuenta que eran mis propios gritos lo que escuchaba llamándole incesantemente. Las lágrimas corrieron por mis mejillas, y la desesperación y la impotencia me arañaban el pecho con cada roca que levantaba en vano. Pikachu por su parte había enloquecido de dolor y comenzó a lanzar ataques eléctricos a diestra y siniestra hasta caer desvanecido por su esfuerzo extremo.
 
 
No sé cuánto tiempo pasé en aquel lugar, de rodillas, llorando como un crio, escuchando a todos ahí afuera matarse. Hasta que la policía llegó y nos sacó de ahí. Pasé varias semanas en el hospital y fue duro enfrentarme al interrogatorio de los investigadores. Pero mucho peor fue ver destrozada a Serena, recriminándose el no haber podido hacer las paces con él, al menos no cómo se debía. Desde aquel día un manto gris envolvió nuestras vidas. No hemos vuelto a sonreír, al menos no de forma sincera, aunque debo admitir que me he sentido feliz de ver a Brendam. Él es la colorida esperanza de su madre, supongo que es ventajoso tener una mente joven. Los chicos piensan menos en lo complejo de la vida y la muerte y es más fácil hacerlos felices. Pero hoy me ha sorprendido preguntándome sobre lo que sucedió con su padre. Le he contado la historia, hasta cierta parte. He omitido detalles que pudieran trastornar un poco sus metas. No he mencionado a Giovanni ni a aquella extraña creatura que nos atacó. No quisiera crear a un niño rencoroso y obsesionado con vengar a su padre, no sería correcto. También he pasado por alto la situación crítica que el matrimonio de sus padres atravesaba en aquel momento, no necesitaba saberlo. Ha llorado cuando le conté lo sucedido y yo he llorado con él. Ahora que le veo partir desde el umbral del laboratorio, pedaleando en su bicicleta y acompañado de su Charmander, me siento un poco culpable por mentirle.
 
 
Los rescatistas nunca encontraron el cuerpo de Ash. Guardábamos la esperanza de que quizá el equipo Rocket lo había secuestrado, pero aquella misma noche la policía internacional desplegó un operativo donde las cabecillas de la organización cayeron, incluso el mismo Giovanni fue capturado. Se torturó e interrogó a cuanto pelafustán fue capturado. Todos, sin excepción, presentaban una amnesia que en un principio parecía demasiado conveniente. Pero al ver la brutalidad con la que los policías trataban de sacarles la verdad, y como los criminales se aferraban unánimemente a aquel argumento, no me quedó ninguna duda de que no mentían. Algo había sucedido, y estoy seguro que tiene que ver con esa cosa que nos atacó. La policía buscó sin éxito a Ash, y después de varios meses de infructuosas pesquisas, el caso se dio por cerrado, aludiendo la hipótesis de un secuestro y posterior asesinato. Había varias cosas que no hacían sentido con respecto a esa teoría, incluso el detective Looker se atrevió a contrariar a sus superiores alegando que todo eso se trataba de una estratagema para que los policías no quedaran como unos incompetentes ante la opinión pública.
 
 
Tengo dudas, pues de estar vivo, Ash pudo haber encontrado la manera de regresar a casa. Y si estuviera en cautiverio no tendría sentido retenerlo por tanto tiempo sin pedir nada a cambio. Al final, por sanidad mental, no nos ha quedado más que aceptar la teoría oficial; Para todos en esta región el campeón está muerto.
 
 
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#17
¡Auch! Final malo para Ash, incluso con las incógnitas relacionadas a su desaparición y al acto demente de Giovanni. No tuvo tiempo para reconciliarse con su esposa y no alcanzó a ver a su hijo crecer para el día en que se volviera un entrenador.

Aunque me gustaría pensar que tal vez anda por ahí, probablemente con alguna amnesia muy a lo Julius Belmont.
Rompe mi armadura si quieres. Al final, terminarás arrepintiéndote de hacerlo...
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#18
Creo que ya lo he dicho antes, pero este es probablemente mi capítulo favorito hasta ahora. La tensión, la acción y el misterio estaban en su punto más alto. La batalla fue bastante badass y me agrada esa idea de que aparentemente Ash se deja ganar. Una lástima que las cosas hayan acabado así. 

Ya veremos cómo sigue próximamente. De momento está bastante bien.
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#19
:(

Carita triste porque así estoy, es muy desgarrador leer esto, como aún estando en la cima y teniendo prácticamente todo, uno no sea feliz, aquí vemos como esa luz comenzaba a tomar terreno como si fuese un pedazo pequeño de madera quemandose poco a poco pero... como una rica gigante y tierra cayendo para apagar esa llama, el equipo Rocket atacó, la verdad no me esperaba que apareciesen en este fic.

No pudo hacer la pases con su esposa, no podrá ver como su hijo crece, nunca logró quitarse ese estado deprimido que lo atormento desde que se coronó campeón. Ni siquiera tuvo una despedida digna con su mejor amigo. Nada... parece como si la vida le contestará por todo lo mal que hizo, pero debo admitirlo, no se merecía todo eso.

Giovanni un maniático que no se como lo habrán capturado pero que al final de cuentas parece que ni el sabe como pasó. Todos despedazados por dentro, sobre todo los seres queridos del ex campeón, Pikachu, Serena y Gary habrán tenido un camino muy difícil que superar.

Este capítulo me gustó mucho, aunque esta triste, representa muy bien los hechos su muchos quieren callar, el campeón está muerto etc etc. Como? Quien sabe, el equipo Rocket fue el verdadero culpable? Que significa esta noticia ahora que pasó mucho tiempo. Quiero saber que pasará después, veamos si brendam descubre la verdad o si dejará todo atrás y aprenderá a no cometer los mismo errores.

Salu2 te quedo muy buen capítulo :D
Entrenador Pokemon en busca de la Perfección y diversión.
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#20
Capítulo 3: ¡Aparece el escuadrón Viper!
1
El día permanecía soleado y resplandeciente, y aunque en la mente de Brendam continuaba haciendo eco todo lo que el profesor Oak le había contado, aquel hecho no impedía que pudiera disfrutar del hermoso paisaje forestal que la ruta uno le ofrecía.
 
Árboles reverdeciendo, el zumbido de los Beedrill y el canto de los Pidgey; todo aquello, combinado con la fresca brisa que llevaba soplando desde que inició su travesía, hacían que la mente del entrenador se sosegara. 
 
El muchacho observaba con ojos llenos de emoción el basto ecosistema de Pokémon que jugueteaban entre los árboles y el césped. Charmander por su parte dormitaba impasible en la canasta de la bicicleta.
 
Brendam no podía evitar verle con cierta compasión. — Debe ser duro — Musitó, mientras sus pensamientos se volcaban estrepitosamente a un mundo de sombras, a un mundo donde no existían formas ni colores. Claro que debía ser duro no poder disfrutar de lo que la mayoría de seres vivos no apreciaba porque se habían acostumbrado a ver, oír y sentir automáticamente. Ignorando que todas aquellas acciones constituían silenciosamente un milagro.
 
Pedaleaba en silencio aun pensando en el tema cuando por fin encontró lo que buscaba: El centro de refugio Pokémon de la profesora Alana.
 
El edificio, que se escondía entre inmensos árboles y la espesura de altas plantas, poseía una futurista estructura cilíndrica de colores metálicos y fríos. Un gran muro de musgosa piedra cercaba el lugar, y un maltrecho y roído portón fungía como la entrada.  
 
Brendam sabía que Gary le había cedido a Charmander con la única condición de visitar aquel lugar. Ahora estaba frente a él, dispuesto a descubrir lo que el profesor tenía planeado.
 
El portón permanecía abierto de par en par y el entrenador cruzó con parsimonia el descuidado jardín. Se acercó a la puerta de aquel torreón futurista y tocó. Tres secos golpes bastaron para que los goznes de la puerta chirriaran y una alta figura hiciera su aparición frente a él.
 
Era una mujer de rostro afable y de cabello largo, teñido de un chillante color fucsia. Usaba gafas y una bata de laboratorio, signo inequívoco de su profesión.
 
— ¡Por Arceus, pero si es Blaze!— Chilló la mujer, al tiempo que metía las manos en la canasta de la bicicleta y estrujaba entre sus brazos al pequeño Charmander.
 
El Pokémon sorprendido abrió los ojos como platos.
 
— ¿Blaze?— Preguntó contrariado Brendam.
 
— Cuanto lo siento — Respondió ella. — Que mal educada soy, Mi nombre es Alana. Tú debes ser Brendam ¿verdad? El profesor Oak me avisó que vendrías.
 
El chico asintió sin comprender mucho lo que estaba sucediendo.
 
— ¿Conoce acaso a mi Pokémon?
 
La profesora, que parecía concentrada nuevamente en darle mimos y hacerle gracias a Charmander, respondió: — Claro que sí, Blaze fue traído desde Johto y se crio aquí.
 
Brendam sonrió y extendió la mano para acariciar a su inicial, que parecía bastante cómodo entre los brazos de la profesora.
 
— Así que te llamas Blaze.— Musitó el novato.
 
— Vamos adentro — dijo Alana— el profesor me encargó que te diera algo.
 
Brendam siguió a la profesora al interior del laboratorio, estaba bastante confundido, pero suponía que el buen Gary tendría un plan.
 
2
— Dime una cosa Brendam, ¿Por qué has decidido tomar a Blaze como tu inicial? Hay demasiadas opciones de Pokémon perfectamente saludables que pudieron formar parte de tu equipo — preguntó la Profesora mientras servía un poco de té y se sentaba a la mesa del pequeño comedor que había acondicionado entre cajas, archivos y computadores.
 
El entrenador miró al Charmander que permanecía inerte sobre el alfeizar de una ventana abierta disfrutando la brisa.
 
— ¿Sabe?, todos ven en Blaze a un Pokémon débil, yo sin embargo veo en él a un Pokémon singular que se desperdicia con cada día que lo reprimen. Las habilidades de Charmander solo se desarrollarán si se le trata como a un Pokémon normal. Por eso lo he elegido, porque sé que podrá llegar lejos.
 
La Profesora sonrió satisfecha ante la respuesta tan madura para un chiquillo de su edad.
 
 
— Muy emotivo y todo Brendam, pero la verdad de las cosas es que no puedes entrenar a un Pokémon invidente, así como así. Necesitas un soporte, un lazarillo que pueda ayudarlos mientras logras acostumbrarlo a las batallas. Por eso estás aquí, para conseguir ese refuerzo.
 
 
La profesora Alana se levantó con ímpetu dejando de lado su taza de té y encaminándose hacia la puerta trasera del laboratorio. Brendam hizo lo mismo, tomó a Charmander de la ventana y siguió a la profesora hasta el patio trasero.
 
 
Afuera el panorama era hermoso. Centenares de Pokémon, incluso de regiones lejanas, jugueteaban entre las flores y el césped. Hasta había un estanque natural donde los de tipo agua chapoteaban alegremente.
 
 
Había desde los más comunes Pidgey y Caterpie que se encontraban en las primeras rutas de Kanto, hasta hermosos Shinx de Sinnoh, e incluso un extraño Frisun de la indómita y desconocida Aiwass.
 
 
Ocho regiones convergían en armonía en aquel pequeño espacio verde que la profesora Alana había acondicionado años atrás con el único objetivo de proteger a sus amados Pokémon. Heridos, débiles, grandes o pequeños, no había distinción, Alana los protegía a todos por igual.
 
 
Brendam miraba todo aquello con los ojos chisporroteantes y con la mandíbula a punto de caérsele por la impresión.
 
 
— ¡Wow! ¡Cuántos Pokémon Profesora Alana!
 
 
— Sí, y de esta vasta colección tendrás que elegir a uno de ellos para que sea tu segundo compañero.
 
 
El novato miró cautelosamente todo el abanico de posibilidades. No podía decidirse por ninguno en aquel momento. ¿Cuál de ellos sería la mancuerna perfecta para Blaze? Aún pensaba en eso cuando la mano de la profesora se posó sobre su hombro.
 
 
— Bien jovencito, creo que ha llegado el momento de demostrarme que estás preparado para cuidar de Blaze. Tendremos una batalla uno a uno.
 
 
El entrenador se quedó pasmado ante el reto de la profesora. No estaba seguro de si combatir sería una buena idea, no tenía ni la más remota experiencia en batallas. Había soñado desde muy pequeño con aquel momento, pero los sueños podían ser aterradores cuando se hacían realidad.
 
 
Tragó saliva, y en escasos segundos el brillo de indecisión que se reflejaba en sus ojos azules se esfumó, siendo remplazado por una sonrisa radiante. 
  
 
— ¡Ya oíste Blaze! Es hora de demostrar de que estamos hechos.
 
 
El tipo fuego respondió a la emoción de su entrenador con un bostezo indiferente.
Brendam no prestó atención a aquel gesto de desinterés y colocó al Pokémon en el suelo y se replegó al lado izquierdo del inmenso patio. La profesora Alana hizo lo propio dirigiéndose al lado derecho.
 
 
— ¡Esta será una batalla uno a uno sin límite de tiempo, el primero en noquear al pokémon contrario gana!
 
 
Dicho aquello, la científica sacó de un bolsillo de la bata una Pokeball y liberó a su pequeño Pidgey. El Pokémon volador graznó con furia y se elevó por los aires con gracia y velocidad.
 
 
— Listo Brendam, veamos que puedes hacer.
 
 
El de Pueblo Paleta sacó de inmediato su pokedex y apuntó al Pidgey. Una luz azulada emergió de la pantalla mostrando un tablero holográfico donde se podía apreciar, entre otras cosas, los ataques que su adversario poseía.
 
 
Picotazo, Tacleada, Ataque de Arena y Ataque rápido.
 
 
Luego hizo lo mismo con su Charmander. El menú desplegó de nuevo la lista de ataques correspondientes al tipo fuego: Arañazo, Gruñido, Ascuas y Pantalla de Humo.
 
 
La profesora tomó la batuta del combate e inició con un peligroso picotazo. Pidgey planeó en círculos alrededor de Blaze para después dejarse caer vertiginosamente sobre su adversario. El tipo volador realizó un movimiento magistral bajando en picada velozmente para luego, unos centímetros antes de colisionar con el suelo, perfilarse de frente contra el Charmander de Brendam.
 
 
— ¡Esquiva a tu izquierda! — Bramó el novato.
 
 
Charmander se movió con perezosa torpeza, apenas esquivando el ataque y perdiendo el equilibrio debido a la ráfaga de viento que el tipo volador dejó a su paso.
 
 
— ¡Regresa y utiliza tacleada! — Ordenó la profesora.
 
 
El ave regional dio una violenta vuelta en “u” y regresó como un boomerang hacia donde estaba Blaze.
 
 
El tipo fuego, que apenas y había logrado ponerse en pie, parecía aturdido por el sonido que el viento cortado por su adversario emitía. Comenzó a girar la cabeza hacia todos lados, desconcertado como tratando de ubicar de donde vendría el ataque.
 
 
— ¡Blaze, necesito que te concentres! Mantente firme y usa pantalla de humo frente a ti cuando yo te diga.
 
 
El Charmander no pareció tranquilizarse ante la orden de su entrenador, dejó de girar la cabeza como loco, pero aun así estaba temblando con indecisión.
 
 
Mientras tanto, Pidgey se acercaba cada vez más y más empleando una velocidad atroz.
 
 
A medida el tipo volador acortaba distancias, Blaze apretaba los ojos, indeciso y con temor. Podía sentir a su adversario muy cerca, podía casi sentir el dolor del impacto. Aún no confiaba lo suficiente en aquel humano, pero se suponía que ellos saben lo que hacen, por esa razón los humanos los entrenan y ellos solo obedecen, nada podría salir mal… ¿o sí?
 
 
— ¡Pantalla de Humo!
 
 
Blaze infló sus pulmones y retuvo por un segundo en sus mejillas el humo que estos produjeron. Abrió el hocico y exhaló una negra cortina humeante.
 
 
— ¡Ataque rápido! — Respondió con presteza Alana.
 
 
Pidgey dibujó velozmente una pirueta ovalada en el viento, finalizando con un leve despegue que le permitió sortear la Pantalla de Humo de Charmander. Al verse libre del movimiento defensivo de su oponente, el tipo volador planeó sobre él para luego dejarse caer trazando una curva y llegando hasta la espalda de Blaze.
 
 
El golpe fue seco y contundente. El tipo fuego mordió el polvo estrepitosamente mientras que su emplumado adversario graznaba con algarabía.
 
 
— Esto no resultó como lo esperaba — Dijo Brendam por lo bajo, mientras los engranajes de su cerebro trabajaban a máxima velocidad tratando de encontrar la manera de recobrar el control en el combate.
 
 
Blaze se levantó, ahora más inseguro que la primera vez.
 
 
— ¡Blaze, le estás dando la espalda a Pidgey! ¡Voltea rápido y usa Ascuas!
 
 
El Charmander dio un respingo ante la orden de su entrenador, pero cuando por fin pudo darse la vuelta, Alana ya había ordenado otro ataque a su Pidgey.
 
 
El Pokémon emplumado bajó casi a la velocidad del rayo, Charmander no tuvo tiempo ni de recaudar aire en sus pulmones para convertirlo en fuego. La embestida fue salvaje, el golpe impactó directo al estómago de Blaze y este, sin mucho que hacer, salió despedido por los aires y se estampó en uno de los árboles que rodeaban el lugar. El combate había terminado.
 
 
Brendam corrió hacia Blaze, la profesora Alana hizo lo mismo. Sabía que se le había pasado la mano, mira que presionar así a un crío de diez años inexperto en las batallas y encima con un Pokémon poco entrenado y además ciego. ¿En que estaba pensando?
 
 
— Blaze ¿Estás bien? — Dijo el entrenador con cierta dulzura en la voz al tiempo que levantaba a Charmander del suelo y lo acomodaba entre sus brazos. — No pasa nada, solo ha sido una batalla, pronto estaremos listos para vencer retos aún más grandes.
 
 
El tipo fuego dirigió su mirada gris hacia donde intuía que provenía la voz de su entrenador. De sus ojos sin luz brotaban lágrimas de vergüenza e impotencia, los de su especie solían ser muy orgullosos, y él no era la excepción a la regla.
 
 
3
 
Quizá muchos humanos solo miran a sus Pokémon como poderosas armas o peculiares mascotas, pero lo cierto es que ellos no distan mucho de ser como sus entrenadores. También sufren, también sueñan, también tienen miedos e inseguridades.
 
 
Blaze había nacido en el Valle Charicifico, en la no tan lejana región de Johto. Desde que era apenas una cría de nivel uno supo lo difícil que sería adaptarse a un mundo tan salvaje como aquel. Mientras los demás Charmander hacían cosas como batallar entre ellos, aventurarse en el valle y pelear con otras especies para subir de nivel y evolucionar, él se recluía lejos de todos.
 
 
No comprendía su condición, su única imagen del mundo era un océano de sombras y de voces sin rostro, y aunque no había manera de que supiera que los demás de su especie eran distintos a él, Blaze siempre supo en su interior que poseía una debilidad, algo que lo hacía menos que los demás. Era por eso que prefería pasar los días en soledad, sentado sobre una roca sintiendo la deliciosa brisa, escuchando el trinar de los Pidgey y el zumbido de los Ledian, oliendo el dulce aroma de las flores y el pasto.
 
 
Pero no todo había sido paz y tranquilidad para él, los de su especie no solo eran orgullosos y arrogantes, también eran violentos. Varias veces tuvo que enfrentar a algunos de sus hermanos, la mayoría de ocasiones perdiendo y saliendo lastimado tanto física como moralmente. La derrota tan vergonzosa ante el Pidgey de la profesora Alana no había hecho más que remover oscuras remembranzas en la mente del tipo fuego. El dolor y la humillación que sentía en aquel momento le recordó por qué había decidido mantenerse al margen de todo. Y ahora aquel humano lo había sacado de su zona de confort exponiéndolo al ridículo.
 
 
Poco a poco aquel sentimiento de vergüenza se fue trasformando en ira. Y entonces pasó; Charmander frunció el entrecejo, tomó aire, y lo expulsó en forma de peligrosas Ascuas.
 
 
El rostro de Brendam pudo haber quedado seriamente deformado si los ojos de aquel Charmander hubiesen estado sanos.  Las ascuas pasaron apenas rozándole la mejilla derecha dejando un rastro rojizo en su piel y el particular olor a rosetas de maíz quemadas que varios mechones de cabello incinerado produjeron. El acto reflejo hizo que Brendam soltara de inmediato al pequeño Charmander. Este cayó al suelo y se escabulló en la espesura del lugar ante el asombro de su entrenador y el de la profesora Alana.
 
 
—¡Blaze! — Gritó Brendam mientras intentaba correr tras él. Pero la Profesora le detuvo.
 
 
— Déjalo, creo que necesita estar solo. Al menos por un momento. Los Charmander son muy temperamentales en cuestiones de ganar y perder. Creo que se me ha pasado la mano y me he tomado el combate muy enserio. Deja que su mente se sosiegue, te prometo que volverá cuando esté más tranquilo. Por los momentos ¿Por qué no buscas a un pokémon con el que puedas equilibrar tu equipo?
 
 
El entrenador no tenía cabeza para aquello, se sentía devastado. Sabía que Blaze se había enfurecido con él por haberlo expuesto en una pelea donde ni siquiera sabía lo que estaba haciendo. Aunque, quizá la idea de la profesora era la mejor opción en aquel momento tan incómodo.
Brendam se reprochó en su interior: Quizá yo no sea un entrenador a la altura de Blaze. — pensó con amargura.
 
 
4
 
El Charmander dio tumbos entre las rocas y los árboles. Se había adentrado en el verdor de la ruta uno, y aunque no estaba muy lejos del laboratorio, el silencio ya comenzaba a ejercer su mística ambientación.
 
 
Un crujido de hojas secas alertó al tipo fuego, quien inmediatamente tanteó su entorno y buscó un árbol tras el cual esconderse. Eran pasos humanos los que se escuchaban, Blaze ya había desarrollado lo suficiente su oído como para distinguir aquellas pisadas.  
 
 
— ¿Estás seguro de que es por aquí? — dijo el primer humano. Su voz sonaba joven y nasal, casi despreocupada y torpe.
 
 
— Sí, el laboratorio está cruzando este páramo, pronto nos haremos con un grupo bastante grande de Pokémon.
 
 
El segundo que había hablado mostraba, a través de su tono grave, profundo y maduro, su papel como líder.
 
 
Había algo insidioso en el aura de sus palabras y Blaze lo notó casi de inmediato. Era algo en las pulsaciones del corazón y las casi imperceptibles vibraciones de sus cuerdas vocales al hablar lo que delataba la maldad de aquellos hombres.
 
 
El Charmander se agazapó con miedo entre la hojarasca hasta que poco a poco los pasos de aquellas personas se difuminaron en el silencio.
 
 
Brendam por su parte observaba con desánimo a los de tipo agua chapoteando en el estanque mientras pensaba, casi con dolor, en el altercado con Blaze. Se sentía desplazado y algo incompetente. De cierta manera tenía la culpa, sabía perfectamente que manejar a su Charmander no sería cosa fácil, y de hecho había previsto ciertas derrotas. Él no era como otros novatos que se dejaban guiar por la pasión de los combates y creían que podían derrotar al que se les pusiera enfrente. De lo que nunca tuvo conciencia fue de la fragilidad de Blaze. Ser un entrenador no solo significaba ganar batallas, también requería cierto tacto y conocimiento de las fallas propias y del equipo.
 
 
Las cosas con los tipo fuego nunca son fáciles. Las palabras de su padre resonaron en las bóvedas de su memoria, casi sanadoras, como un bálsamo. En las pocas ocasiones que podían charlar, él le había contado la historia de cómo había pasado una noche entera descongelando a su Charizard y cómo desde entonces había comenzado a obedecerle. Paciencia y cariño más que poder, recuérdalo Brendam.
 
 
— Gracias — susurró Brendam descuidadamente al tiempo que el frío y leve tacto de una Shellos juguetona lo terminó por sacar de sus pensamientos.
 
 
La tipo agua de cuerpo gelatinoso y rosáceo llevaba en su boca una especie de pelota plástica
 
 
— ¿Quieres que la lance? — Preguntó el entrenador con una sonrisa triste en el rostro.
 
 
Shellos asintió, acto seguido Brendam tomó la bola y la lanzó al estanque. La pokémon se sumergió con gran velocidad y apenas tardó unos segundos en salir nuevamente con la esfera en la boca.
 
 
— Vaya, sí que eres rápida — Shellos soltó la pelota y la empujó hacia el entrenador. — ¡Bien, jugaremos! — dijo Brendam despojándose de la chaqueta, la gorra y los tenis. Se arremangó el pantalón y saltó al estanque levantando una cantidad considerable de agua y salpicando a la pokémon.
 
 
Shellos respondió soltando un leve chorro de agua a la cara del entrenador y este a su vez golpeó el agua con la palma de su mano para responder al inocente ataque de su nueva amiga. La tipo agua esquivó la salpicadura y esta impactó en un descuidado Poliwag que retozaba sobre una roca. Enfurecido, el pequeño renacuajo disparó un potente chorro de agua, el joven entrenador hizo lo propio esquivándolo y fue un desdichado Magikarp que emergía a la superficie el que recibió el ataque. La confusión dio pie a una divertida batalla acuática a la cual no tardaron en unirse varios Pokémon del estanque.
 
 
Brendam reía con sinceridad, pero su mente no se alejaba ni un poco de Blaze. ¿De verdad volvería como había dicho la profesora Alana? o tal vez aquel había sido el abrupto final de algo que nunca debió iniciar.
 
 
Aún pensaba en aquello cuando la aparición de dos extraños hombres entre los arbustos llamó su atención. Uno de ellos, el más joven, era alto y delgado, con pómulos huesudos y nariz larguirucha y ganchuda. El segundo superaba por escasos centímetros en altura a su pupilo. Tenía el mentón cuadrado y una mirada penetrante y furiosa. Su cuerpo era musculoso y en su cara se comenzaban a dibujar las líneas de la edad.
 
 
Ambos sujetos vestían un particular uniforme negro moteado de púrpura. Un chaleco militar, botas de combate y boinas del mismo color de las motas. Al cinto llevaban látigos y unas cuantas Pokéballs.
 
 
— Pero mira que ternura, tenemos a un mocoso jugando con nuestros pokémon — dijo el mayor, con notorio sarcasmo.
 
 
— Pero que atrevido ¿No cree que deberíamos darle una lección, jefe?
 
 
— ¿Quiénes son ustedes, y que quieren? — respondió Brendam saliendo del estanque, frunciendo el ceño y mirando desafiante a los dos malvivientes. Por su parte Shellos permanecía tímida ocultándose entre las aguas del estanque.
 
 
Los dos se echaron a reír burlonamente.
 
 
— ¿Pero que tenemos aquí? ¡Un enano con agallas! Yo respeto eso chico, y solo por eso nos presentaremos ante ti. Mi nombre es Roswell y mi compañero se llama Casper. Y en cuanto a lo que queremos, seré muy breve y claro: Queremos a todos los pokémon de este pulguiento lugar. Así que ¿Por qué no nos haces un favor y te esfumas de inmediato?
 
 
— ¡Estos Pokémon no les pertenecen, los que se deben ir son ustedes! — respondió Brendam con bravura.
 
 
Casper miró al chico con rabia, y antes de que su superior pudiera dar una orden, y con un movimiento casi elegante, desenrolló el látigo que llevaba al cinto.
 
 
— Tu lo que necesitas, mocoso irreverente, es disciplina. — El látigo restalló en el viento.
 
 
Shellos apretó los ojos con fuerza, y pasado varios segundos los volvió a abrir. Brendam escudaba su rostro con el dorso del brazo, sin embargo, no había apartado la mirada ante el ataque. El látigo permanecía tensado en el aire, su trayectoria había sido interrumpida por la oportuna aparición del Pidgey de la profesora Alana, quien lo sujetaba ferozmente entre sus patas.
 
 
— Son muy valientes como para meterse con un niño ¿no es así? ¿Qué tal si mejor pelean conmigo?
 
 
Los dos hombres lucían sorprendidos al ver la temeridad de la científica, pero aquella fugaz mueca de sorpresa se desvaneció casi al instante dando paso a un par de sonrisas burlonas y confiadas.
 
 
— Tú debes ser la profesora Alana, ¿no es cierto? — Dijo Roswell. — Me habían dicho que eras solo una come libros, pero veo que se han equivocado, solo eres una insensata que cree saber lo que hace. Ni siquiera necesito batallar contigo, Casper podría vencerte.
 
 
El aludido replegó su látigo y enseguida tomó una Pokeball, listo para el combate.
 
 
— Bien, que así sea — respondió la profesora.
 
 
— ¡No debería pelear con estos criminales! — dijo Brendam desesperado. — Será mejor que llame a la policía.
 
 
El entrenador salió del estanque, y se disponía a correr hacia el interior del laboratorio para buscar la forma de comunicarse con las autoridades cuando Roswell intervino: — Ni se te ocurra enano, tú te quedarás en donde yo pueda verte. Una lustrosa Ultraball centelló en el aire y un temible Houndour se materializó. Mostraba los dientes con furia, y después de un gruñido amenazante se lanzó con presteza para cerrarle el paso a Brendam.
 
 
Casper hizo lo propio liberando también a su pokémon. — ¡Ve Ekans!
 
 
La serpiente siseó moviendo con malicia su cascabel.
 
 
— Dos contra uno no es una pelea muy justa que digamos — dijo la profesora Alana, mientras apretaba con rabia los puños.
 
 
Es lo que hay — respondió Roswell encogiéndose de hombros. — ¿Qué tal si el enano te ayuda? Que él sea tu segundo Pokémon. ¡Houndour, usa mordisco contra el mocoso!
 
 
El can siniestro se paró sobre sus cuartos traseros y se abalanzó sobre el entrenador de Pueblo Paleta, hundiéndole las patas frontales en el pecho y derribándole. Brendam se cubrió la yugular con el brazo, mientras veía con horror cómo las fauces salivosas de Houndour se cernían sobre él.
 
 
— ¡Pidgey, usa tacleada!
 
 
El ave cayó como una lluvia de flechas sobre el tipo siniestro antes de que este pudiera cerrar su hocico sobre el brazo del entrenador. La estocada del tipo volador fue tan fuerte que Houndour salió despedido por los aires, dejando a Brendam libre de su fatídico agarre. 
 
 
— ¡Ekans, Picotazo venenoso sobre la profesora!
 
 
La serpiente reptó sobre la hierba con celeridad hasta estar a escasos centímetros de su objetivo. Plantó con fiereza la cola sobre el suelo y elevó el cuerpo hasta dejar descubierto la larga mancha amarillenta que era su panza. Los ojos amarillos y centellantes se clavaron salvajemente en la mirada asustada de la profesora, finalmente, abrió la boca y escupió una cuantiosa lluvia de finos alfileres envenados sobre su víctima.
 
La profesora Alana soltó una exclamación de pánico ante el ataque. Aquellas eran artimañas muy sucias, atacar al entrenador mientras su pokémon está descuidado no estaba bien visto. Pero, ¿Qué se podía esperar de dos delincuentes como aquellos?
Una pantalla de agua sirvió de escudo entre la profesora y los alfileres envenenados. Un número más se sumaba a la ecuación. Shellos temblaba, pero había saltado al ruedo protegiendo a la profesora.
 
Brendam se incorporó rápidamente al tiempo que también lo hacía el Houndour de Roswell. Pronto, los equipos habían quedado definidos, y la batalla dos contra dos estaba a punto de empezar.
 
— Sé que tienes miedo — dijo Brendam a Shellos — yo también lo tengo. Pero deberemos defender tu hogar. ¿Qué dices? ¿Crees que podrás ayudarnos? — La tipo agua cambió de inmediato su preocupado semblante, sonrió y asintió con seguridad. Brendam correspondió la sonrisa y revisó en la pokedex los ataques de Shellos. Eran dos; Bofetón lodo e Hidropulso.
 
— Bien que así sea entonces — dijo Roswell, cruzándose de brazos. — ¡Usa Colmillo Ígneo contra Pidgey!
 
Casper hizo lo propio ordenando a Ekans usar Deslumbrar. La serpiente reptó con velocidad adelantándose a la carrera de Houndour, tomando por sorpresa al Pidgey que esperaba el ataque del tipo siniestro. Los ojos maliciosos de Ekans brillaron con una intensidad hipnótica.
 
Pidgey no pudo evitar perderse en la mirada de la serpiente. Sintió tensarse sus músculos y las plumas se le crisparon como si hubiese recibido una descarga eléctrica. El tipo volador cayó al suelo inerte como un bulto de rocas. Houndour aprovechó la oportunidad y se abalanzó con las fauces en llamas sobre Pidgey.
 
— ¡Protege con Bofetón Lodo! — Bramó Brendam.
 
Shellos se interpuso entre el tipo fuego y su compañero. Barrió el suelo húmedo cercano al estanque con su cuerpo levantando una gran capa de fango que lanzó con fuerza contra Houndour.
 
— ¡Esquiva! — Ordenó, Roswell. Su Pokémon hizo lo propio impulsándose con las patas delanteras hacia atrás, apenas evitando el fango por escasos centímetros.
 
— ¡Constricción! — Vociferó Casper.
 
 Ekans se deslizó como una sombra escurridiza hasta enrollarse con fuerza en el cuerpo gelatinoso de Shellos.
 
— Paralízalo usando Deslumbrar —  la serpiente apretó aún más el cuerpo de Shellos hasta que sus rostros quedaron frente a frente. Iluminó de nuevo sus ojos y Shellos quedó totalmente inutilizada.
 
— ¡Pidgey, levántate! — rogó La Profesora Alana. El tipo volador intentó moverse pero los músculos no cedieron.
 
— Tengo una idea para divertirnos — exclamó Roswell, esbozando una sonrisa cruel. — Houndour, usa ascuas alrededor de la profesora.
 
El tipo siniestro hizo lo ordenado. La científica intentó salir antes del ataque pero las llamas ya la rodeaban impidiendo su avance.
 
— Ahora solo estamos nosotros, mocoso. Y tengo un juego, que me gustaría jugar contigo. Se llama: Salva a tus amigos paralizados. — Acto seguido el criminal desplegó su látigo y lo hizo restallar contra el Pidgey indefenso.
 
La profesora gritó entre las llamas del círculo de fuego. Quería ayudar a su amigo emplumado pero le era imposible. Lanzó una mirada suplicante hacia el estanque, pero todos sus pequeños se habían recluido por el temor.
 
Brendam se lanzó con presteza sobre Pidgey e interpuso el cuerpo como escudo. El látigo bramó sobre su piel como una caricia de fuego. La piel blanca del brazo se tornó, casi de inmediato, rojiza. Para luego degradarse a un morado coaguloso. Los ojos del chico se poblaron de lágrimas. La piel le escocia horrores.
 
Casper y Roswell se desternillaron de risa. El segundo volvió a blandir el látigo, esta vez sobre Shellos.
 
El de pueblo paleta esta vez cubrió a Shellos manteniendo entre sus brazos a Pidgey. El látigo volvió a lamer la piel. Esta vez sobre la tela de la camiseta negra, sobre su espalda. Brendam ahogó un sollozo.
 
El chico hizo el intento por levantarse y correr con los Pokémon entre sus brazos, pero Ekans y Houndour le cerraron el paso.
 
— ¿A dónde y con tanta prisa? ¿Creí que nos divertíamos? —  esta vez el látigo se estrelló en la pantorrilla haciéndolo caer de nuevo.
 
Brendam lloraba, pero no cedía. No iba a defraudar a todos una vez más. Recordó el rostro de enojo de Blaze. Su vergüenza y decepción. — No les fallaré — musitó. — Pudo sentir como Shellos y Pidgey se retorcían desesperados tratando de romper la parálisis.
El látigo silbó de nuevo en el aire y esta vez le arrancó un grito a Brendam.
 
5
El grito viajó en el aire y se posó en los sensibles oídos de Blaze. El tipo fuego alzó el rostro de entre las hojas. Reconoció la dirección de dónde provenía; el laboratorio. No deseaba ir, pero le intrigaba la situación. Pensó entonces en los dos hombres que hacía unos momentos habían cruzado con nefastas intenciones. Se deslizó con cautela, tanteando los obstáculos hasta que el ruido se hiciera lo suficientemente fuerte como para darle una idea de la proximidad.
Un látigo silbaba y castigaba. Robaba gritos agónicos. Era el chico, el mismo que lo había sacado del laboratorio del profesor Oak. El mismo que lo había expuesto al ridículo.
¿Por qué lo castigaban?
 
Había otros sonidos. Graznidos y chillidos ahogados. El crujir de fuego, Siseos de un Ekans a la defensiva, gruñidos de un Houndour. La profesora Alana gritando que pararan. El chico volvía a gritar.
 
Blaze sintió estrujarse algo dentro de sí. Era algo nuevo. Una sensación diferente a todo lo antes experimentado. No nacía del oído, venía desde las entrañas y quemaba con angustiosa celeridad.
 
El cúmulo de sonidos se vertió sobre Charmander. La cabeza comenzó a darle vueltas. Había pasado con anterioridad, siempre pasaba cuando comenzaba a ver.
 
Líneas borrosas se dibujaban, tomaban formas abstractas y vacías. Había un fondo negro, sin una gama amplía de colores, solo contornos azulados y verdosos que se unían y formaban cosas sin nombre e intermitentes. Y entonces, desde hacía meses, Blaze volvió a ver. No veía en el sentido que todos los videntes entenderían, veía sí, pero en un espectro más bajo y limitado.
 
Reconoció el conjunto de líneas que se agazapa como protegiendo algo. Era el chico, lo sabía por su voz sollozante: — No les fallaré — repetía. — No les fallaré como a Blaze.
 
Los ojos grises se le abrieron como platos. El chico protegía a otros Pokémon. Sufría por ellos. Salió de su escondite, impulsado por sabrá Arceus que designios misteriosos. La furia y la decepción se habían esfumado. Paciencia y cariño más que poder — habría dicho Ash.
 
Corrió silencioso acercándose por la espalda de los dos torturadores.
 
Una línea marchita se elevó sobre la cabeza de uno de los hombres malvados. Era la que causaba daño al chico. Blaze abrió la boca y exhaló fuego. Ambas formas se retorcieron y gritaron al mismo tiempo.
 Roswell y Casper corrieron con la espalda en llamas, haciendo aspavientos con los brazos. Se lanzaron al estanque ante la vista asombrada de sus Pokémon. La parálisis de Shellos y Pidgey cedió por fin, apenas antes de que Brendam cayera desvanecido.
 
La tipo agua apagó el fuego que rodeaba a la profesora Alana. Y esta, junto con Pidgey, Blaze y Shellos rodearon a Ekans y Houndour.
 
— ¿No son tan valientes sin sus amos  usando esos látigos cierto? — dijo La profesora. Ambos Pokémon retrocedieron, mientras del estanque brotaban los delincuentes con las espaldas llagadas. — Dejaremos que la policía se encargue de ellos.
 
Brendam a penas y pudo alzar la vista para encontrarse con los ojos grises de Blaze que le miraban con curiosidad. Los ojos azules de Brendam aún estaban llenos de lágrimas y su rostro sucio por el fango, pero la sonrisa de felicidad que el entrenador esbozó le iluminó la cara con la intensidad de soles.
 
— Gracias — musitó, antes de que la conciencia lo abandonara. Y al tiempo que Brendam cerraba los ojos, las sombras volvían a consumir a Blaze.
[Imagen: cube-2.png]
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#21
Ahora llego la hora de leer este capítulo 100% nuevo para mi :3

Que bonita historia estas haciendo, quitando de lado lo que pasó... Que raro que esto continúe así, sólo que aún mantiene esa escensia de fic duro o mejor dicho rudo.

Esa escena de brendam siendo golpeado, es violencia infantil!!! Dios que feo se puso el capítulo, inicio tierno con Blaze intentando pelear y su entrenador animandolo.

La pokemon tipo agua jugando fue muy divertido, para despues pasar a la horripilante pelea de esos malditos mequetrefes. Hijo de su udbwidbw esos maalditos deben ser castigados.

Bien ya me callo un poco, me prendo xD si es lo que querías transmitir, esos sentimientos de impotencia, miedo, irá, felicidad lo lograste, siempre mejorando en casa capítulo que subes.

Espero Blaze pueda mejorar poco a poco su vista y logre ser un gran pokemon así como Brendam quiere para darle orgullo a su caído padre.

Salu2!!!
Entrenador Pokemon en busca de la Perfección y diversión.
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#22
Pobre Brendam. Le tocó un comienzo similar al de su padre. Pero al igual que éste, no perderá la esperanza y continuará para ponerse mejor.
Rompe mi armadura si quieres. Al final, terminarás arrepintiéndote de hacerlo...
[Imagen: IIhG3l7.gif]
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#23
Bueno, aunque me caiga mal el protagonista debo romper una lanza en su nombre. Normalmente tu primer combate es contra un chaval medio presumido y altanero (como Brendam) y tan inexperto como tú. A él le tocó enfrentar a una profesora ex BF que ADEMÁS ESTÁ TEÑIDA, LO SABÍA, TU CABELLO ES TAN FALSO COMO TU AMOR POR ASH. Normal que Blaze se ponga de mala.leche cuando lo mandaron a ser humillado. Aunque para ser justos, él también conoce más movimientos de los que debería.

Excepto que esto es el anime y fuck game mechanics.

El pequeño enano ciego me ha caído bien, dentro de todo, especialmente porque también le cae mal Brendam, al menos al principio. Tan creído que cree que puede ganarle a la profe. Lo bueno del asunto es que al final logran salvarla de los malos.  Y hablando de los malos, eso es un team malvado de verdad, con látigos y un nombre badass como Viper, no una mamada que de risa TE ESTOY VIENDO A TI TEAM YELL. Y ahora que me acuerdo, el viejo Team Rocket también usaba látigos. Me pregunto si están conectados...
[Imagen: EdovJGiXkAYqwp4.jpg]
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#24
Capítulo 4: Escape de Ciudad Verde. Parte 1

1

Cuando Brendam despertó, la noche ya había caído sobre el laboratorio. Una mano suave lo sacudió, y una voz lejana lo llamó: — Brendam, muchacho, ¿Estás bien?

El chico abrió los ojos. Al principio no pudo distinguir gran cosa. La persona que lo llamaba era apenas una figura borrosa frente a él. Pero cuando por fin estuvo consiente de nuevo, no pudo evitar preocuparse. Estaba sobre un sofá viejo y polvoriento, sin camisa, con vendas y esparadrapos, ahí donde los latigazos habían lamido la piel. Reconoció la habitación, era la misma donde hacía un par de horas, él y la profesora Alana, habían conversado sobre Blaze. Los ordenadores, las cajas y las pilas de archivos, poseían un aura espectral en medio de la oscuridad, bañados apenas por la luz de la luna que se colaba por las ventanas. Shellos permaneció a su lado, sin embargo, no había rastro de Blaze. Pero lo que realmente lo puso tenso fue la oficial Jenny que lo observaba. Tenía el ceño fruncido, y la profesora Alana estaba tras ella con una cara que decía: “Estamos en un lío grande”. Brendam no podía saberlo, pero aquella mujer era la misma que hacía cinco años, había trabajado de la mano con Looker, durante la catástrofe de Ciudad Verde.

— Bien, ya que estamos de regreso en el mundo de los vivos, podrán acompañarme a la delegación y brindar declaración. Llevamos tiempo tras la pista de esos malditos del escuadrón Viper. Desde que el equipo Rocket está fuera de funcionamiento han tratado de quedarse con la plaza como reyes del crimen en Kanto. Hoy por fin tenemos algo sólido.

Brendam pensó en su madre. Seguro no le gustaría para nada aquello. Primero, se pondría nerviosa al ver las cicatrices de los golpes que había recibido. Luego, explotaría de enojo, gritaría, y finalmente acabaría por llevárselo de regreso a Pueblo Paleta, a la silenciosa seguridad del hogar. ¿Y quién podría culparla? Sería una mala madre si actuara de forma contraria.

— ¿Llamarán a mi madre? — preguntó, aún adormilado.

— Me temo que sí, muchacho —. Respondió la Oficial Jenny.

— No lo hagan, por favor. Ella no me dejaría continuar con mi viaje si se entera de esto.

— Todos tenemos deberes que cumplir, chico. Es asunto de tu madre lo que haga contigo. Lo nuestro es cumplir con la ley y seguir el protocolo. Lo siento.

Brendam comprendió que no había verdadero pesar en aquellas palabras frías, y que más temprano que tarde terminaría en la estación de policía, soportando las reprimendas de su madre.

— ¿A dónde iremos?

— A Ciudad Verde. Ponte la camiseta y vámonos cuanto antes.

Brendam se levantó del sofá, se puso la camiseta negra y la chaqueta roja. Acomodó de nuevo su gorra y se despidió cariñosamente de Shellos. La tipo agua se aferró con fuerza su pierna.

— ¿Eh? ¿Qué sucede, pequeña?

Shellos saltó hacia el cinturón de Brendam, hizo caer una Pokeball y presionó el botón del centro. Un rayo diáfano la golpeó y se desvaneció dentro de la esfera, absorbida por la luz.

— ¡Vaya! — exclamó sorprendida Alana. — Al menos hemos sacado algo bueno de todo esto, tienes una nueva compañera.

El chico se agachó y tomó la Pokeball. — Supongo que sí — dijo, sonriendo con amargura. — “Espero que Pueblo Paleta sea de tu agrado, pequeña”.

Afuera todo era confuso. Brendam se sintió aturdido por la lluvia de luces que le golpeó. Las patrullas bañaban el lugar de rojo y azul, y los impertinentes destellos de las cámaras de los inescrupulosos periodistas eran bastante molestos. Apenas vieron al chico salir del laboratorio, y se abalanzaron sobre él como si fuese la celebridad del día. Lo bombardearon de preguntas, lo jalonearon, le apuntaron en el rostro con las cámaras. La oficial Jenny se interpuso entre él y la muchedumbre, haciendo camino hasta la patrulla que los escoltaría hasta Ciudad Verde.

— ¡Vamos, vamos! Aquí ya no hay nada que ver. — El tono de la oficial no admitía discusiones.

— ¿Dónde está Blaze? — Preguntó Brendam, contrariado entre la multitud.

— Tranquilo — contestó Alana, que no tenía ni una pizca de tranquilidad en su semblante. — Tu bicicleta está en el maletero de la patrulla, y Blaze espera en el asiento trasero.

El chico asintió. Pasó al lado de una ambulancia. Dentro, pudo ver a dos hombres acostados boca abajo. Las espaldas de ambos eran un amasijo repugnante de quemaduras. Gritaban de dolor cada que los paramédicos trataban de atenderlos. “Y pensar que mi cara pudo haber terminado así”. El mero pensamiento le provocó escalofríos.

Subió a la patrulla y se encontró con el tipo fuego, agazapado en un rincón, con el hocico asomado por la ventanilla abierta. Extendió el brazo tratando de acariciarlo, pero enseguida se detuvo.

— Blaze… — La mirada gris del Charmander chocó con los ojos azules del chico. — ¿Estás bien? — el Pokémon asintió levemente, volvió a girar hacia la ventana. Parecía agradarle lo fresco de la noche, pese a estar rodeado del ruido abrumador de los humanos. — Solo quería decirte que lamento mucho lo que pasó.

Sí que eran exasperantes esas criaturitas bobaliconas, —“corta el rollo chico”— exasperantes y muy ruidosas. Alguien más subió con ellos. Era una hembra humana. Su olor le era familiar; una mezcla de jazmín, campo, libros viejos y diversos pokémon. Un olor a nostalgia. “Alana”. Gateó lentamente pasando sobre el cachorro humano exasperante y se acomodó entre los brazos de su antigua cuidadora. Sintió el tenue movimiento de aquel trasto en el que lo habían subido. El aire comenzó a correr frenético y silbaba una canción hermosa. La noche olía a hierba y a rocío, aquello era relajante, la mejor sensación del mundo.
2

La habitación era todo penumbras, a excepción de la luz que la pantalla del ordenador irradiaba. Gary puso pausa al video que miraba y se echó hacia atrás en la enorme silla de cuero. “Han pasado cinco años, quizá deba dejarlo,” Pensó con amargura. El escritorio estaba soterrado bajo decenas de periódicos viejos, cada uno con titulares más llamativos que el anterior; “Gran revuelo causa la operación THUNDERBOLT; cae el equipo Rocket”. “Es oficial, el campeón ha muerto”. “NOS OCULTAN ALGO”; dijo Looker, antes de dimitir como detective de la policía internacional.

La cabeza de Gary era un huracán de ideas y recuerdos. Aquella tarde, como casi todas, después de cumplir con sus copiosas labores en el laboratorio, se encerró en el despacho. Desde la desgracia de Ciudad Verde había adoptado aquella manía; se encerraba y leía y releía cada noticia, declaración o entrevista sobre el caso de Ciudad Verde. Trataba de atar cabos y llegar a una respuesta. “Ash no puede estar muerto,” se decía constantemente. “Nunca encontraron su cuerpo”.

Aquel día no había sido particularmente distinto, al menos no en un principio. Hasta que la descabellada idea se le ocurrió frente al ordenador. Tecleó rápido: Vida después de la muerte. Los resultados se desplegaron en un torrente de texto e imágenes. Desplazó rápido la rueda del mouse, navegando entre los resultados. Estuvo a punto de reírse de lo inverosímil de las soluciones que cada artículo pretendía dar: ¿Revivir a un ser querido? ¿Comunicarse con su espíritu? ¿Terapia luctuosa? (Bueno, eso no parecía tan descabellado, quizá y si necesitaría algo de eso). Estuvo a punto de soltar una carcajada amarga al caer en la cuenta de lo que estaba haciendo, hasta que aquel maldito título lo detuvo; “La teoría del Puente Astral: Vida después de la muerte. Por el profesor Ronan Lyveth”.

Las palabras le arrancaron un escalofrío. “Una nueva era de oscuridad caerá sobre la tierra cuando el Puente Astral sea destruido. Este solo es el principio del fin”. Giovanni lo había dicho y también lo dijo el kamikaze loco que había estado dispuesto a hacerlo volar en mil pedazos hacía cinco años.


Dio click en el enlace, y la página lo re direccionó a un video de una conferencia del profesor Lyveth.


El profesor en cuestión era un hombrecito menudo de rostro afilado. Tendría al menos unos treinta y cinco años de edad. Usaba el cabello negro hacia atrás y llevaba el bigote recortado con pulcritud, y una barbita puntiaguda que le adornaba el mentón.


— Muy poco se sabe de la historia antigua de nuestra región — dijo el profesor Lyveth. Caminaba erguido sobre la tarima, con las manos cruzadas tras la espalda. — Mucho menos se sabe de las tradiciones que los primeros habitantes de Kanto tenían. Pero las maravillas de la arqueología hacen posible que revivamos fósiles, y ahora han hecho posible que podamos echar un vistazo al pasado y conocer un poco más de nuestras raíces. Hace escasos tres años, un entrañable amigo, el arqueólogo Aidan Stone, se dio a la tarea de investigar en el archipiélago Sete. Buscaba vestigios de vidas pasadas en aquellas nueve islas desoladas. Y para sorpresa de todos, lo encontró; Isla origen, ese pequeño triangulo deshabitado no es más que la punta del iceberg. Apenas un grano de la inmensa isla que el mar se tragó hace cientos de años. Bajo aquel lugar hay yacimientos de una civilización que, al verse afectada por el crecimiento del nivel del mar, emigró hacia lo que actualmente conocemos como la región de Kanto. — Lyveth dio la espalda al público y apuntó con un control remoto al enorme proyector que tenía frente a él. Las luces se apagaron en el auditorio, mostrando en la pantalla varias imágenes de los descubrimientos hechos por Aidan Stone. Nada curioso, a decir verdad; baratijas antiguas, fósiles de extraños Pokémon, tablillas de piedra con extrañas inscripciones talladas. Pero Fue la última diapositiva la que impactó a Gary; en ella se mostraba una vieja pintura rupestre donde, sobre una larga línea horizontal, marchaban unas figurillas (que podían interpretarse, en el burdo pincelazo de los antiguos, como seres humanos) caminaban hacia una enorme figura canina. Bajo la línea horizontal, la misma imagen volvía a reproducirse formando una especie de efecto espejo, con la única diferencia que la figura canina que estaba de cabeza mostraba los dientes con furia.


Otra terrible remembranza llegó a Gary lanzando luz sobre su mente confusa, como haría el destello de un relámpago durante una noche oscurísima. Recordó aquella bruma flotante de silueta canina y ojos rojos que los había atacado a él y a Ash durante el confuso derrumbe del estadio de la Meseta Añil. La asociación era casi obligada. Las manos le comenzaron a temblar, y en la garganta se le formó un nudo que ni el mismo sabía si era producto del miedo o de esa fascinación curiosa propia de los científicos. Se esforzó por tranquilizarse y se obligó a guardar la compostura y continuar viendo la conferencia.


— En esta pintura, por ejemplo; — Dijo el profesor Lyveth, deteniéndose en el arte rupestre que tanto había impactado a Gary. — Podemos admirar una especie de ritual extraño que los antiguos pobladores de las Islas Sete solían llamar el Puente Astral. Según algunos manuscritos que Aidan ha encontrado, y su servidor y un grupo bastante capacitado de lingüistas se han esforzado por traducir de la manera más exacta posible, aquel extraño rito se llevaba a cabo cada vez que un habitante de las islas fallecía. Los antiguos utilizaban una suerte de alquimia, combinando extraños artilugios con hechizos y oraciones, para así poder abrir el portal hacia el más allá y emprender junto a sus seres queridos el peregrinaje a través de un largo puente de cristal que los llevaría a una dimensión donde sus almas reposarían por la eternidad. Las almas buenas, si es que en esos planos existe alguna diferencia y definición de los términos bueno y malo, cruzan por la parte de arriba del puente, mientras que las otras almas realizan el viaje por debajo, imitando el efecto de un espejo. Cómo bien pueden observar en los dibujos, el final del puente está resguardado por dos entidades que guían a los viajantes. La primera era conocida como Kepharius; un ser hecho totalmente de luz. Era, según los antiguos habitantes de las islas sete, la materialización de la paz eterna y la bondad. En cambio, quienes morían sembrando el dolor y la destrucción tenían que rendir cuentas a Bephyroth, la materialización del caos y las tinieblas.


Gary estaba atónito. Las manos le temblaban, y un sudor frío le recorría la frente. ¿Acaso aquella noche Ash y él habían estado frente a Bephyroth? De ser así, ¿Cómo había sido capaz Giovanni de controlar semejante poder?, y aunque aquellas preguntas tuvieran respuestas, aquello seguía sin explicar el porqué del ataque en el estadio.


— ¡Disculpe profesor Lyveth! — dijo un hombre entre la multitud. Era alto y delgado. Llevaba gafas de carey, el cabello castaño desaliñado y unas ojeras que sugerían un atroz desvelo — Soy Ethan Murdock, reportero del Kanto Herald. Mi pregunta es… ¿Qué hace un investigador con varias especializaciones y maestrías en el ámbito Pokémon, jugando al arqueólogo y haciendo conferencias sobre pseudociencia? Es decir, ¿No deberían sus estudios estar concentrados en ramas menos… escatológicas?


El profesor Lyveth sonrió con autosuficiencia. Estaba acostumbrado a la patanería y a ser visto de menos, incluso por algunos colegas del gremio. — Vera, Señor Murdock. Generalmente estamos acostumbrados a quedarnos con las verdades que nos implantan instituciones que parecen saber mucho. Y vivimos cómodos con esas verdades, no nos gusta pintar fuera de las líneas. Por suerte, yo tengo el cerebro y los recursos para buscar mi propia verdad. No nací para quedarme como espectador y que otros me digan que creer y que no. Desde niño he visto cosas inexplicables… sobrenaturales si se les quiere llamar así. Pero también desde niño aprendí que los fenómenos sobrenaturales no son más que fenómenos naturales que aún no tienen explicación. Como el sol y la luna, por ejemplo. Gracias a la ciencia sabemos que son una estrella incandescente y un satélite natural, pero miles de años atrás eran considerados dioses. Tengo razones para creer que la vida continúa después de la muerte. Y si jugar al arqueólogo y sumergirme en temas escatológicos me lleva a una respuesta certera, no tengo ningún problema con ello.


Cuando parecía que la cosa se iba a poner turbia en la conferencia, Gary pausó el video y quedó en penumbras. . “Han pasado cinco años, quizá deba dejarlo.” Pensaba con amargura, cuando el móvil empezó a vibrar y a emitir una molesta luz intermitente. Sus ojos se ensancharon al ver el nombre en la pantalla; Serena.
3

El día había iniciado con la avasallante normalidad de siempre. La alarma reloj sonó a las seis menos cuarto. Serena abrió los ojos casi al instante. Desde la muerte de Ash, eran raros los días en los que el despertador le ganaba. Durante un tiempo, las pesadillas habían sido tan recurrentes y horribles que su sueño se había convertido en una creatura huidiza y frágil. Ahora podía dormir mejor que antes, aunque nunca había recobrado la tranquilidad de un sueño plácido y feliz.


Se levantó de la cama y se cubrió con una bata de seda rosada. Arrastró los pies dentro de unas pantuflas y bajó al salón. La casa le pareció enorme y brutalmente silenciosa. “Primero se fue Ash, y ahora Brendam.” pensó con tristeza. Aunque la verdad era que ninguno de los dos había ayudado a hacer más ruidoso aquel lugar. Antes de su muerte, Ash se la había pasado casi dos meses fuera de casa, apenas y llamaba para saber cómo estaban. El pequeño Brendam sí que hacia ruido en ese entonces. Iba de arriba abajo, fingiendo ser un Moltres, o un Groudon, o un Charizard, o los tres a la vez. En medio de la crisis el niño era una luz resplandeciente, pero el sol no se podía tapar con un dedo. Hacía falta algo más para que la familia fuera de verdad familia.


Luego vino la muerte, y esa devoró el alma de Serena y terminó por silenciar a Brendam. Ella estuvo atrapada en un limbo de desolación y dolor. Lloraba casi todos los días y se reprochaba constantemente por la muerte de su esposo. Brendam, en cambio, aceptó la noticia de una forma poco común. Cuando los policías llegaron, Serena no pudo más que desplomarse en el suelo, mientras que su hijo apretó los ojos reprimiendo el llanto y la abrazó. “De ahora en adelante yo cuidaré de ti”. Después de aquello, todo fue silencio por parte de Brendam. No hubo llantos, ni pesadillas, ni malos comportamientos para llamar la atención, solo silencio. Era una presencia casi imperceptible en la casa.


— Cada quien lidia con el dolor a su manera. — Le había dicho Gary, quien se había convertido, junto con Brendam, en el pilar que sostenía su voluntad. — prometió que te protegería, quizá no quiere que cargues con él.


— ¡Prométeme que hablarás con él! — le había rogado. — preferiría que llorara a que se quede callado. Al menos sabría qué le sucede.


— Lo intentaré.


Desde entonces, Brendam se acostumbró a pasar desapercibido, como si quisiera mantener tranquila a su madre.


Serena lanzó un suspiro cansado. — Te extraño, silencioso fantasmita — musitó, mientras se dirigía al altar que había erigido en memoria de su difunto marido.


Hizo la oración de rigor, desayunó, tomó una ducha y luego pasó toda la mañana en el ordenador, enviando mails y asesorando a Shauna en algunos asuntitos de la Boutique que tenían en Kalos. Aquel negocio, por fortuna muy redituable, gracias a la imagen de la ex reina de Kalos y a la pericia de Shauna, se había convertido en el sustento de la familia Ketchum y de otras tantas en la región del amor.


Por la tarde salió a tomar té al jardín. Pikachu retozaba en la hierba verde, inmóvil como todos los días. “Otro al que tu muerte lo dejó sin espíritu” pensó. — ¡Pikachu, ven aquí! — Serena se palmeó los muslos invitándolo a sentarse en ellos. El tipo eléctrico alzó las orejas y se movió con lentitud hasta el regazo de Serena.


La tarde trajo consigo un viento triste que le erizó la piel. Sintió que el corazón se le estrujó. “Brendam”, pensó. Saco de su bolsillo el móvil y estuvo a punto de llamarlo, pero otra parte de sí misma decía: “¡Vamos, no seas tan paranoica!


La noche ya había caído sobre la región. Serena no había encontrado el sosiego en toda la tarde, se la había pasado de arriba para abajo limpiando, escuchando música, haciendo cualquier cosa para recobrar la calma. — ¡Al diablo! — Se dijo, mientras tomaba el móvil dispuesta a realizar la llamada.


El móvil se encendió antes que pudiera tomarlo. En la pantalla figuraba un número desconocido, y por algún motivo aquello la hizo estremecer.


— ¿Bueno?


— Si, buenas noches, le saluda la Oficial Jenny de Ciudad Verde. ¿Tengo el gusto con la señora Serena? — Hubo un silencio incómodo en la línea. — ¿Bueno? ¿Me escucha?


— Ella habla — su voz sonó lúgubre, y si hubiese tenido un espejo frente a ella, habría visto la palidez fantasmal que su rostro había tomado.


— Si, verá señora, su hijo Brendam está en calidad de testigo en la delegación. Si pudiese venir cuanto antes se lo agradeceríamos.


— ¿¡Él está bien?! ¡¿A qué se refiere?! — la voz se le quebraba con cada palabra.


— Tranquila señora, su hijo está bien. Solo necesitamos que usted esté presente para poder tomarle la declaración.


— ¿¡Declaración de qué?!


— Su hijo fue testigo de un delito, y necesitamos que usted esté con él para declarar.


La llamada se extendió un poco más de lo que la oficial Jenny hubiese deseado. Tuvo que darle los pormenores del caso y jurarle que su hijo estaba sano y salvo. Así de asustada cómo estaba Serena, no habría sido buena idea comentarle lo de los latigazos.


Cuando Serena por fin colgó, la angustia y el desasosiego la invadían. No quería pero las lágrimas le manaban de los ojos. Lágrimas de rabia, de miedo y de impotencia. — Solo te pedí que no te metieras en problemas, solo eso necesitaba. Tomó el móvil, necesitaba moverse hacia Ciudad Verde. En su mente solo había alguien que podía ayudarla ese que siempre había estado para ella; Gary.
[Imagen: cube-2.png]
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#25
Pobre Brendam, quería ser como su padre y un simple asalto probablemente le arruinó todo. Aunque siendo justo con Serena, siento que su actuación es un poco exagerada, ya que ella misma tuvo asuntos similares con los Equipos Rocket y Flare; but then again, la "muerte" de Ash posiblemente le hizo olvidar de ello o que no tomara eso en cuenta.
Rompe mi armadura si quieres. Al final, terminarás arrepintiéndote de hacerlo...
[Imagen: IIhG3l7.gif]
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