Longfic- Pokémon: Next Generation

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FranquiciaOriginal
GéneroAcciónAventura
Resumen

Una nueva generación de entrenadores se alzará para comenzar su viaje. Pero pronto se darán cuenta que el pasado es un enemigo difícil de dejar atrás.

#1
Prólogo
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Todos recordarán aquella noche por los tristes acontecimientos que surgieron a partir de ella. Lo cierto fue que nadie lo previó, y aunque así hubiese sido, los factores y los consecuentes resultados de aquellas retorcidas acciones seguramente permanecerían inalterables.
— ¡Podría alguien explicarme qué carajos ha sucedido aquí! — Vociferó Looker al apenas poner un pie en la estación de policía de Ciudad Verde.
El detective, que había sido enviado de emergencia desde Unova, no podía dar crédito a lo que sus ojos vieron camino a la jefatura.
Ciudad Verde estaba devastada. Las calles aledañas al estadio de la liga Pokémon, que horas antes habían estado atiborradas de alegres y festivos transeúntes, ahora no eran más que solitarios pasillos llenos de escombros. Las patrullas se desplazaban realizando infructíferas rondas, manchando con sus luces rojas y azules los oscuros callejones de la ciudad.  La gente por su parte, se agazapaba curiosa, asomando de vez en cuando el rostro por las ventanas de sus hogares, como dudosos de que la amenaza realmente hubiera cesado.
Lo que más había impresionado al detective fue ver a lo lejos el estadio de la Meseta Añil, derruido, venido a menos como un viejo coliseo de una era ya extinta.
— Ha sido el equipo Rocket. — Respondió nerviosa la oficial Jenny.
El de la policía internacional se frotó la sien; llevaba una terrible migraña, y el presente escenario no parecía ser el adecuado para calmar su dolencia. — Cuéntame los detalles.
La oficial Jenny carraspeó. — Se estaba llevando acabo la final del torneo de la liga Pokémon. Todo transcurrió con normalidad, pero, cuando la batalla entre el campeón y el retador finalizó, varios miembros del equipo Rocket arrasaron con la ciudad. Estaban escondidos a plena vista, camuflados como civiles comunes y corrientes. Nos tomaron por sorpresa detective Looker, incluso había varios ya instalados dentro del estadio. No tuvimos tiempo de reaccionar, eran muchos. Cuando apenas fuimos consientes del ataque, ellos ya no solo combatían con sus infiltrados, la caballería había llegado con armamento, helicópteros, camiones y poderosos Pokémon. Detonaron explosivos y varios civiles murieron, otros tantos sufrieron heridas graves. Algunos de los participantes del torneo les hicieron frente, y con la ayuda de la élite cuatro, lograron aguantar hasta que nosotros intervenimos.
El dolor atacó de nuevo y Looker frunció el ceño adolorido. — ¿Alguna captura?
— Atrapamos a unos cincuenta reclutas. Los demás se disgregaron por el Bosque Verde, ya hay varios escuadrones en búsqueda y captura.
— ¿Ningún alto mando fue capturado entonces? — Preguntó el detective con frustración, masajeándose compulsivamente la sien, que le dolía como si tuviese un tumor palpitante en ella.
— Tenemos a Archer, ejecutivo del equipo Rocket y mano derecha de Giovanni en las operaciones que mantenían dentro de la región Johto.
— Bien, antes de interrogar a Archer necesito que traigan al campeón para hacerle un par de preguntas. Supongo que él intervino también en el combate.
La mirada de la oficial Jenny se ensombreció y de inmediato bajó la cabeza. Looker la miró con el miedo pintado en sus ojos. Alargó el brazo y con los dedos pulgar e índice le sostuvo el mentón para luego, con un leve movimiento, levantarle el rostro.
— ¿Está muerto? — Preguntó el detective con voz sepulcral.
— Todo parece indicar que sí. — Afirmó la oficial con amargura.
Looker la soltó, caminó a paso lento dejándola atrás. Giró un poco la cabeza y la observó de reojo. — ¿Va a venir, o no le interesa en lo absoluto lo que está sucediendo en esta ciudad?
La oficial dio un respingo ante aquellas palabras, y como liberada de un trance lo siguió hasta la sala de interrogatorios.
2
La habitación estaba oscura y solamente en el centro de ella se podía observar, iluminado por la mortecina luz de una lámpara que pendía débilmente del techo, a un hombre de cortos cabellos turquesa y mirada fría. Su vestimenta denotaba su alta posición en la organización criminal a la que pertenecía; El pulcro y elegante traje blanco con centro negro y la insignia del equipo Rocket en el costado izquierdo del pecho, difería mucho de los vulgares y corrientes atuendos negros que usaban los reclutas y los ejecutivos de menor rango.
— Hola Archer. — Exclamó Looker con molestia.
— ¡Santísimo Arceus! Pero si es el gran detective Looker ¿a qué debo el honor de tu visita? — Exclamó de forma burlesca el aludido.
El detective sintió hervir la sangre, no podía creer que aquel bribón estuviera tan tranquilo después de lo que había sucedido. Los del equipo Rocket no eran unos santos, pero hasta aquel momento habían sido una de las organizaciones criminales que aún mantenían ciertos códigos morales. Definitivamente lo que había pasado en Ciudad Verde estaba fuera del comportamiento habitual de la organización y su líder. A ellos no les importaba el genocidio como al equipo Galaxia o el equipo Flare. A Giovanni solo le interesaba el dinero y el poder. No había nada de sentido en la destrucción que habían provocado.  
El detective no solía ser alguien impulsivo, pero aquel conjunto de circunstancias parecía haber hecho mella en su autocontrol. El cansancio por el viaje desde Unova, la maldita migraña, y la noticia de la posible muerte del campeón, lo tenían sumergido en un estrés difícil de manejar.
Se quitó la gabardina, se remangó la camisa, y en un rápido movimiento apresó del cabello a Archer y le estampó el rostro contra la fría mesa de metal que los separaba. Con la misma velocidad volvió a incorporar al criminal dejándolo con el cuello colgando hacia atrás y un cuantioso hilo de sangre corriéndole por la nariz.
La oficial Jenny, que observaba todo desde el otro lado del espejo de la sala de interrogatorios se vio tentada a intervenir, pero al ver el rostro de desaprobación de los demás oficiales que también observaban, se detuvo. Veía el odio en la mirada de todos ellos, sabía que, si de ellos dependiera, habrían matado a Archer desde el momento en que puso un pie en la jefatura.
Esta vez el equipo Rocket le había tocado los cojones a la policía, y estos no se quedarían de brazos cruzados. No era que antes los policías hicieran oídos sordos ante las atrocidades de la organización, pero ahora, las cosas habían tomado un matiz personal. Muchos oficiales habían perdido a sus familiares y amigos durante aquel atroz incidente, y Jenny no podía culparlos por querer ver un poco de sangre.   
Archer se enderezó con dificultad, aquella mueca burlesca ya no estaba en su rostro. Él ya se había topado con Looker un par de veces en el pasado, y sabía que era un hombre de razonamiento y que muy pocas veces perdía los papeles de aquella forma. La actitud del detective solo denotaba que aquello no era una cuestión de juego, realmente se estaba tomando muy enserio el interrogatorio.
— Dejémonos de chulerías Archer. Vas a cantar como un maldito Pidgey si no quieres terminar muerto.
— No serías capaz. — Farfulló Archer.
— Yo no. — Respondió Looker sentándose en la silla vacía frente al miembro del equipo Rocket. — Pero ahí afuera, además de la oficial Jenny, hay cuatro policías más que quisieran pasar a saludarte. ¿Sabes que tu manada de imbéciles les mató a algunos familiares? Por ejemplo, Dokerthy. Él tenía una esposa que amaba mucho los campeonatos Pokémon. El pobre curró como loco para conseguir unas malditas entradas y unos buenos asientos para ver la final, un palco con una vista que te cagas. Su trabajo no le permitió acompañarla, así que ella fue sola. Ahora nunca va a regresar porque resulta que el puto estadio le cayó en la cabeza.
Dokerthy no ha derramado ni una maldita lágrima ni ha parado de trabajar toda la noche a pesar de que el dolor lo está matando. ¿Sabes qué es eso? — Archer negó con la cabeza. Eso se llama sed de venganza, pequeño mierdecilla. Y no se va a calmar hasta que la sangre de los culpables sea derramada. Lo único que se interpone entre ellos y tú, soy yo. Así que comienza a hablar.
Los ojos de Looker no mentían, el tipo parecía haber perdido la chaveta y estaba dispuesto a entregarlo a sus verdugos si no cantaba todo lo que sabía.
— Tranquilízate Looker, te diré todo, pero te aseguro que no me creerás.
El detective se rascó con impaciencia la frente. — ¡Habla de una puta vez! — Gritó azotando violentamente la mesa de metal.
El ejecutivo del equipo Rocket se tambaleó hacia atrás sorprendido por el golpe. Regresó a su posición inicial y comenzó a farfullar nerviosamente: — Yo no sé ni una mierda de lo que Giovanni hizo aquí. Yo estaba encargándome de un asunto en Johto. — ¿Qué asunto? — interrumpió toscamente el detective. — Traficábamos varias piedras evolutivas y algunos Pokémon que iban a ser asignados a los reclutas nuevos. Nada fuera de lo común, te lo juro Looker.
— Y por qué regresaste a Kanto. — Preguntó el detective, extrayendo del bolsillo una caja de cigarrillos. Se llevó uno a la boca.
El chispazo del encendedor iluminó fugazmente la oscura habitación, y el humo llenó los pulmones de Looker. La migraña comenzaba a ceder.   
— Recibí una llamada de Atenea. Me dijo que Giovanni había perdido la cabeza y estaba atacando Ciudad Verde sin ningún propósito. Vine y vi todo lo que había hecho, traté de intervenir, pero todos los reclutas parecían estar…
— ¿Parecían estar cómo? — Preguntó el detective con sincera intriga.
— Como en un trance. — Masculló Archer. Bajó la mirada como apesarado de soltar aquellas palabras. En el fondo sabía que, aunque estaba diciendo la verdad, Looker no le creería. 
Looker siguió fumando, esta vez miró directamente a Archer, como buscando la verdad en sus pupilas.
— Supongamos que te creo. — Dijo él con voz ronca, mientras una nube azulada de humo se mezclaba con la luz de la lámpara de techo. — De todas formas, eres un criminal, uno bastante buscado por la ley. Sabes que no saldrás de esta fácil Archer. Mucho menos después de que tu jefecito se cargó al campeón.
El del equipo Rocket abrió los ojos como platos.
— ¿El campeón está muerto? — La nariz le dolió como un infierno al flexionar la cara con incredulidad. Se dio cuenta que el detective se la había roto.
Looker disimuló una sonrisa astuta. Debía jugar bien sus cartas para sacar lo mejor de aquel interrogatorio. La noticia de la muerte del campeón aún no estaba confirmada, pero quizá manipular los hechos pusiera luz sobre aquel oscuro panorama.
— Aún faltan un par de horas para que los medios divulguen la noticia. Ya puedo ver los encabezados en el Kanto Herald: “El equipo Rocket arrasa con Ciudad Verde; El campeón muere en la batalla. ¿O qué tal? “Ciudadanos piden a gritos pena de muerte para los capturados.” En lo que a mí respecta Archer, estás jodido de pies a cabeza ¿y sabes que es lo peor? Solo yo puedo sacarte de este embrollo. Ayúdame a esclarecer esta mierda y te prometo una reducción considerable en tu sentencia y una celda aislada en Unova. Considerando que aquí en Kanto cualquiera podría… no sé… ¿hacerte daño?  Es una propuesta razonable, no lo pienses mucho.    
— Cooperaré. — Musitó Archer entre dientes.
— Buen chico. — Exclamó el detective al tiempo que sacaba de sus bolsillos una pequeña grabadora. — Quiero nombres y ubicaciones de los altos mandos del equipo Rocket. También quiero que me digas si había alguna actividad anormal, o algún plan especial que tu jefe haya estado cociendo en los meses antes de este ataque. — El ejecutivo asintió con la cabeza. El detective pulsó con el pulgar el botón rojo de la grabadora. La cinta se desenrolló lentamente, y Archer comenzó a soltar toda la información.
Aquella noche insidiosa y deplorable tuvo un agridulce final, pues aquel interrogatorio había cimentado las bases de lo que sería la caída del temible equipo Rocket.
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#2
¡La Pokéley y el Orden! O al menos esa fue primera impresión con el interrogatorio. Las frases, la atmósfera, la violencia, los diálogos, todo tenía ese aire a película de Nolan muy bien logrado. Aunque con pokes. Para empezar parece que el Team Rocket hizo una buena... en un estadio... en un pequeño acto de terrorismo que WTF MATÓ AL CAMPEÓN, AL CAMPEOOOOOOOOOOOOOON DE KAAAAAAANTOOOOOOOOOOOOO


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QEPD Tobías


Y además se vienen cosas sobrenaturales, con los reclutas en trance, y al parecer algo más oscuro porque el Team Rocket no hace esa clase de crímenes (los hacían cuando Archer estaba al cargo, pero él es un pendejo). Pinta interesante. Muy interesante. Me va gustando esta onda inicial de novela negra.
[Imagen: JCEDJoJ.png]
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#3
Holaaa volvemos al sufrimiento e intriga de las locuras jamás escritas, sólo aquí en pokecueva wujajajaj

Esto siempre me es entretenido de leer, muy fluida la lectura muy bien escrita, a lo mucho veo que está todo pegado xD no se si se te olvidó ponerle espacio entre cada párrafo jaja pero x.

No puedo decir otra cosa más que Hype, siempre me llena de intriga ese maldito Team Rocket y con esto pues que puedo pensar? Están locos de remate. Destrucción total. Tremendo inicio, introducción o como lo llamen. Esto da para una gran historia y lo sabes y ya lo e dicho antes, mucho potencial hay aquí:D

Salu2!!!
Entrenador Pokemon en busca de la Perfección y diversión.
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#4
Leído, la verdad es que no recordaba si esta era de esas que empecé a leer hace tiempo o no porque fuck mi vida y bueno, fue que sí pero igual ya no me acordaba de nada xD

Oh my!!! El TR si que la cagó esta vez y como dice el mismo fic, uno se espera esa clase de mierdas de los Plasma o los Flare pero no de los rocket que suelen operar en las sombras. ¿Drogas? ¿Control mental? ¿MONSTRUOS DEL ESPACIO EXTERIOR? Sólo el tiempo lo dirá. Locker es un personaje que me gusta mucho y pese a que no estoy familiarizada con la novela policiaca la verdad es que la atmósfera de la historia pinta genial, con un interrogatorio que recuerda algo de Dark Night y que te deja a la expectativa de ver qué carajos fue lo que pasó. Y oh yeah la historia pinta para tener feels... o eso creo porque como digo no recuerdo muchos detalles o en dónde me quedé xD
[Imagen: UTen4qq.png]
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#5
"El Equipo Rocket no hace terrorismo."

:Flashbacks de la Invasión del Rainbow Rocket surgen:

Pero ya sin bromear, esta idea me gusta, ataque genocida por parte del Equipo Rocket y nadie tiene idea de por qué repentinamente recurren a ello. Uno se pregunta qué clase de demencias pasaron por la cabeza de Giovanni para mandar al diablo su modus operandi original.
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#6
Ok, siempre tuve curiosidad por este fic de allí….  

Pero juro que realmente no imagine tal inicio…  ok…  realmente pensé en la posibilidad de un mundo más crudo… pero no de tal escena del crimen de frentón…. 
Not bad!

En líneas generales todo el escenario criminal y posterior investigación me gusto…  tal vez me hubiera gustado un Archeer no ceder tan rápido (o al menos no dejar cierta altanería) al momento de acceder a soltarlo todo…    ahora toca ver que carajos paso con el TR de Kanto para hacer una movida tan….  ¿Genocida?  ¿control mental? ¿Geovanni realmente planeo esto?   tal vez solo queda más esperar a la continuación…

Tal vez mi único comentario critico es que eche de menos algo que me hablara más del rumbo hacia el que apunta la historia…   si el inicio impactante y tal vez de las pautas para lo que quieres contar…  pero falto algo más…   un “esto va de esto” …   que necesariamente no tiene que estar en neon, pero implicado en alguna parte… más si es un prólogo.

Por otro lado, ya de forma visual el texto se me hizo algo difícil de leer…  más que nada por la letra algo chica y el estar los párrafos tan juntos entre si.

 
Bueno nada mas que agregar…  O_o la verdad si quiero ver cómo sigue todo este asunto y saber hacia donde quieres encausar todo esto.
¡Un saludo!
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#7
Estoy segura de que había leído esta historia antes. Aun así, no me acuerdo haberla comentado nunca así que voy a dejar review de nuevo. Sí, algo me acuerdo del tema de policías y detectives, con el tema ficcionístico (???) de los golpes al detenido y la actitud soberbia frente a los policías y demás. 

Usando el escenario de novela policial con las peliculas de detectives, realmente intenta alejarse un poco de los fics clásicos de aventura y venganza y shippeo y boludeces varias, lo que se agradece un montón. El piloto cubre su función, mostrando el lugar en el que sitúa, una buena escena para mostrar la parte de la trama fickera (o como quieras llamarlo) y meter el elemento de misterio para dejarlo en el aire a lo cliffhanger.
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#8
Capítulo 1: Una nueva aventura en Kanto.
Hoy, es un día especial para Brendam. Su tan esperado décimo cumpleaños por fin había llegado, y con él, también llegaba la oportunidad de iniciar su viaje y convertirse en un maestro Pokémon.
Despertó temprano. No quería por nada del mundo llegar tarde al laboratorio del profesor Oak. Mientras se cambiaba, emocionado y a la carrera, no podía dejar de pensar en aquella incógnita que seguramente, en aquel mismo instante, estaría carcomiéndole la mente a sus homólogos novatos: ¿A cuál inicial debería elegir?
— Squirtle podría ser una buena elección — Musitó Brendam, sumergido en sus pensamientos sin percatarse de que hablaba solo.
Se puso unos cómodos vaqueros azules, zapatillas deportivas, una camiseta negra y una brillante chaqueta roja, para finalmente posar sobre sus enmarañados cabellos color miel, aquella vieja gorra que tanto lo llenaba de orgullo, la misma que su padre había usado años atrás al iniciar su viaje.
Echó un rápido vistazo a su reflejo en el espejo y sonrió ampliamente al verse. Sus ojos azules chisporroteaban con el brillo de la aventura, definitivamente estaba listo para iniciar su viaje.
Bajó las escaleras con prisa, pero con cautela; sabía que aquellos momentos de la mañana eran los que su madre elegía para meditar, y contemplar con solemnidad el altar de su padre, aquella persona tan especial que hacía cinco años se había desvanecido como tantas personas en el terrible incidente de Ciudad Verde. Se sentía lo suficientemente emocionado como para volcar la casa de revés, pero hasta él que era un niño, sabía que había momentos en la vida en los que debía bajar las revoluciones y comportarse como un adulto.
Miró en derredor, la casa estaba silenciosa, en una calma casi sepulcral. Sus ojos inquietos se detuvieron ante la figura de su madre que yacía en el mismo lugar en el que solía encontrarla todas las mañanas.
Era alta, de hermoso rostro, con un largo cabello color miel que desbordaba una dulce fragancia. Ella mantenía los ojos cerrados en una actitud solemne, susurrando lo que parecía ser una plegaria. Frente a la mujer se alzaba un austero, pero bien arreglado altar. Varias flores blancas hermoseaban rodeando un pequeño rectángulo plateado que custodiaba la foto de aquel hombre que tanta felicidad les había brindado, aquel hombre cuya partida, aún después de cinco años, dolía como si fuese el primer día.
El fulgor de los ojos castaños de aquel hombre parecía tan vívido y abrasador, que su mirada se podía percibir, aunque se tratase solo de un pedazo de papel.
Su sonrisa resplandecía victoriosa, y su brazo derecho se alzaba hacia el cielo sosteniendo un trofeo que refulgía como el oro. Su hombro era el escaparate de un hermoso Pikachu que lucía tan feliz como su entrenador. Pero no solo su amarillo compañero figuraba en aquel momento de gloria. A su espalda, un grupo de fieros Pokémon formaban la amalgama ganadora que antaño lo habían coronado campeón de la región. Krookodile, Serperior, Infernape, Greninja y finalmente un indómito Charizard que soberbio lanzaba una potente llamarada al cielo.  Todos ellos quedaron inmortalizados en aquel escenario de orgullo perpetuo, donde ni siquiera la muerte había mancillado la chispa de grandeza que de ellos emanaba.
 
Brendam había sido atrapado y abstraído por la imagen de su padre. Sonrió, y de sus labios, casi involuntariamente, brotaron unas palabras: — No te defraudaré. — Dijo por lo bajo el muchacho, fiel a su manía de pensar en voz alta cuando se concentraba demasiado en algo.
 
— Así que ya te vas. — Dijo su madre, haciéndole dar un respingo.
 
Inmediatamente el entrenador juntó las manos, agachó la cabeza e hizo una reverencia en señal de respeto, arrepentido de haberla interrumpido.
 
La mujer se incorporó, y su cabello ondeó por breves segundos impregnando el aire de aquella dulce fragancia tan característica.
 
Él elevó el rostro y su mirada se clavó en la de ella.
 
Brendam no solo había heredado la belleza y el color de cabello de su madre, también sus ojos eran idénticos, al menos a simple vista. Solo hacía falta mirar con detenimiento en los ojos de cada uno para darse cuenta que, ni por asomo podía compararse la inocente mirada del chico, con la hermosa y profunda melancolía que los ojos de su madre irradiaban. Era como si el alma detrás de aquellas hermosas ventanas estuviera astillada. Al ver en sus pupilas, Brendam no podía más que amarla profundamente. Sabía de su dolor con solo divagar unos segundos en su mirada.
 
Fue ella quien apartó la vista primero para luego decir: — ¿Sabes que yo estoy totalmente en contra de que realices este viaje verdad? — Brendam asintió dolorosamente. — Pero también estoy consciente de que no puedo detenerte. Solo prométeme algo, cuando regreses, que sea en una sola pieza y respirando.
 
Ella le miró con dureza y él no pudo más que responder con un sumiso “sí” que casi pareció perderse en el silencio de la casa.
 
Quería decirle tantas cosas, pero no se atrevía. Deseaba gritarle que el sería más cuidadoso que su padre, que debían dejar atrás el pasado y continuar con sus vidas. Pero era difícil hacerlo, quizás porque en el fondo, él tampoco había superado lo de su padre. Quizá porque aun siendo un pequeño novato en la vida, había aprendido a muy corta edad que la muerte no era algo que se superara, que aquello era una mancha fea e indeleble que uno solo podía cubrir con la fuerza de voluntad de seguir viviendo a pesar de estar roto por dentro.
 
 
 
Brendam lucía cabizbajo pensando en que su madre estaba arrepintiéndose de dejarlo ir. El alma le regresó al cuerpo al sentir los cálidos brazos de ella envolverle y estrujarlo contra su pecho.
 
 — Ve con cuidado y pon en alto el nombre de Pueblo Paleta. — Susurró la mujer al tiempo que se separaba de él y le brindaba una sincera y hermosa sonrisa. La confianza regresó al atribulado entrenador. La miró con decisión. — Así será — respondió.
 
El muchacho cruzó el umbral con una mochila a sus espaldas. Dejó atrás a su madre y abrió la puerta hacia su nueva vida.
 
Una refrescante brisa mañanera lo impregnó aún más de entusiasmo.  El paisaje era hermoso, los Pidgey surcaban el cielo azul, y las montañas de Kanto despuntaban verdes e imponentes casi acariciando los rayos solares que pasaban cerca de ellas. El día parecía perfecto y aquello motivaba sobre manera a Brendam.
 
Salió del patio de la casa y recogió del césped su amada bicicleta, una hermosa montañesa color cobalto que antaño sus padres le habían regalado. Respiró profundamente dispuesto a dar comienzo a su viaje. Echó una última y nostálgica mirada a su hogar reparando en un detalle que antes había omitido. Un bulto amarillo retozaba agazapado entre el verde césped. Era un Pikachu.
 
— ¡Adiós! — gritó Brendam sacudiendo la mano. El Pokémon alzó levemente la cabeza y le miró con desgana, exhaló un suspiro cansado y volvió a su apremiante faena de dormir entre la hierba. — Sé que también lo extrañas — susurró Brendam, y acto seguido comenzó a pedalear hacia el laboratorio del Profesor Oak.
 
2
Brendam pedaleaba con determinación, y aunque la colina que debía franquear era empinada y escabrosa, su voluntad y emoción no le permitían desistir. Fue por eso que, al llegar a la cima, no pudo evitar esbozar una sonrisa. Había pasado su primer obstáculo.
 
Echó un largo vistazo al panorama. Un enorme y esmeraldino bosque bordeaba el camino serpentino por el cual debía llegar al laboratorio.   Luego de recuperar el aliento y tomar aire fresco, se dispuso a continuar con su recorrido.
 
No se sabe si fue la peculiar belleza de aquel día, o la adrenalina de estar cada vez más cerca de su primer Pokémon, lo cierto es que una chispa de imprudente locura se apoderó de él.
Tomó impulso, y con la sonrisa desplegada como un paracaídas, bajó la colina como un rayo.
 
No tenía que hacer nada, tan solo posó suavemente sus pies sobre los pedales y dejó que la cadena se desenrollara. La sensación fue inigualable. Había momentos en los cuales la bicicleta se suspendía un par de centímetros del suelo, y aquello lo hacía sentir en las nubes. Por esa fracción de segundos él sentía que era el dueño del tiempo y el espacio.
 
Estaba tan extasiado con el vértigo y la sensación de poder surcar los cielos con aquella bicicleta, que cerró los ojos por unos segundos.
 
No había más que oscuridad y el salvaje silbido del viento taponeándole los oídos. Después de un breve lapso de tiempo, abrió los ojos, miró a los lados y se encontró con un abstracto paisaje de manchones verdes, marrones y destellos purpúreos. Cuando miró al frente, el laboratorio del profesor Oak ya se divisaba a escasos metros.
 
Ya estaba cerca, casi podía distinguir los portones oscuros del complejo científico cuando de pronto… una sombra borrosa apareció frente a él.
 
Como pudo, ladeó el manubrio de la bicicleta esquivando al entrometido caminante, pero su atrevida maniobra le costó caro. El movimiento había sido tan abrupto y brusco, que hizo a Brendam salir despedido a un lado del camino.
 
El chico alzó la vista cediendo al impulso involuntario de descubrir la identidad del transeúnte al que casi arroya. Su sorpresa fue grande. Frente a él se encontraba una chica, y una muy linda. Ella parecía como en shock, y no era para menos, estuvo a punto de ser embestida por un loco ciclista endemoniado al que le gustaba lanzarse en desbandada por las colinas de Pueblo Paleta.
 
 Cuando ella por fin reaccionó y vio al imprudente ciclista enmarañado entre hojas y ramas secas y con la bicicleta de sombrero, se dirigió rápidamente hacia él. — ¿Te encuentras bien? — preguntó tímidamente.
 
Brendam la observó por breves segundos olvidándose del dolor que le producían los raspones que se había propinado. Se fijó en sus particulares ojos color violeta, resguardados por unas gafas rosadas de montura ancha. También reparó en su exuberante cabello rubio, que pese a estar atado en una discreta cola de Ponyta, aún dejaba escapar alguno que otro mechón rebelde. La chica iba ataviada con una camiseta celeste, unos pantaloncillos deportivos negros, y zapatillas del mismo color de su playera. También llevaba un curioso bolso cruzado de color marrón, y un libro apresado entre sus manos con un título en letras grandes que decía: “La guía del novato.”
 
— ¡Sí! Estoy bien — respondió él, desplegando una sonrisa de esas que valían un millón de Pokedolares. Se incorporó tan rápido como pudo, se sacudió la ropa, y acto seguido extendió la mano a su interlocutora. — Me llamo Brendam, lamento haberte asustado, creo que me dejé llevar por la emoción de la velocidad.
 
Un leve rubor subió por las mejillas de la tímida muchacha al estrechar la mano del tosco novato.  — Me… me llamo Luna — Trastabilló.
 
Brendam recogió su bicicleta y la remolcó lentamente hacia la entrada del laboratorio.
 
— Ha sido un gusto conocerte Luna, quisiera quedarme a conversar, pero tengo algo de prisa. Nuevamente discúlpame por el susto que te hice pasar. — Brendam sacudió su mano despidiéndose y sonriendo. Luna, aún un poco desconcertada le regresó el gesto, y solo cuando él le dio la espalda, ella se atrevió a devolverle la sonrisa.
 
— La verdad yo también me dirijo…. — Exclamó la chica sin ser escuchada por él.
 
3
 
El laboratorio era pequeño, rodeado de muchas computadoras y una máquina de tratamiento médico, similar a las que Brendam había visto en los centros Pokémon. Las paredes estaban cubiertas por enormes pizarras acrílicas, atiborradas de garabatos científicos únicamente entendibles para los eruditos que los habían escrito. En el centro de la habitación había una mesa enorme rodeada de gruesos libros de texto y altas torres de papeles y carpetas. Pero lo que llamó la atención del pequeño aspirante a entrenador, fueron las tres relucientes pokeballs que estaban casi ocultas entre el desordenado tumulto de cosas.   
 
Brendam las miró con ansia. Se acercó lentamente hasta estar frente a ellas. Alargó el brazo y tomó una. El corazón le palpitaba a mil, deseaba con todas sus fuerzas liberar a aquel Pokémon solo por la mera satisfacción de saber lo que se sentía. No podía esperar a los demás, necesitaba hacerlo en aquel momento.
 
— No comas ansias muchacho — Exclamó una potente voz.
 
Brendam dio un respingo que casi lo hizo soltar la esfera. Hizo malabares con ella, y cuando al fin la pudo retener en sus manos, volvió a ponerla en su lugar.
 
— Yo solo estaba echando un vistazo — Dijo el chico tratando de disimular su travesura.
 
El profesor Oak bajó lentamente las escaleras y miró inquisitivamente al entrenador. — Sigues siendo el mismo muchacho inquieto ¿verdad Brendam?
 
— Supongo que hay cosas que no cambian profesor —  Respondió el chico, llevándose las manos a la nuca y enseñando los dientes en una sonrisa forzada y nerviosa.
 
Las facciones del científico se ablandaron. Movió con vanidad uno de sus mechones de cabello castaño y sonrió con un dejo de soberbia. — Se agradece que estés aquí temprano, porque tu papaíto era un poco vago. Gracias a Arceus que heredaste el sentido de la disciplina de tu madre. Se ve que tú si quieres empezar con pie derecho este viaje.
 
Brendam sonrió con vergüenza. Conocía de sobra la historia sobre el primer viaje de su padre y el por qué había sido Pikachu su Pokémon inicial.
 
— Ho...hola — Interrumpió suavemente una voz que a Brendam se le hizo familiar.
 
Ambos voltearon hacia la entrada del laboratorio y vieron a la tímida chica de cabellos rubios y ojos violetas que minutos antes Brendam casi había arrollado con su bicicleta.
 
— ¡Bienvenida! — Gritó con júbilo el profesor. — Tú debes ser Luna, tu padre me habló mucho de ti y me pidió que fuera yo quien hiciera entrega de tu inicial.
 
— Sí, me disculpo por los inconvenientes, pero no podía estar en pueblo Lavanda para la fecha de entrega, así que, como estaba cerca de pueblo Paleta pues… decidí venir aquí profesor.
 
El profesor agitó su mano derecha en señal de que no hacía falta dar explicaciones. — No te preocupes pequeña, solo debemos esperar al tercer entrenador, no debe tardar en llegar. Por mientras por qué no van conociéndose. — El profesor señaló a Brendam y este sonrió al ver a Luna.
 
— Ya nos conocemos profesor. ¡Es genial que tú también inicies tu viaje hoy! ¿Ya sabes a que inicial escogerás? — Preguntó efusivamente el muchacho dirigiéndose a la chica.
 
Luna bajó la mirada tímidamente y sus mejillas se volvieron a encender en rubor. Esbozó una sonrisita casi imperceptible.
 
— Creo que… Bulbasaur sería una buena opción.
 
El chico se llevó la mano izquierda al mentón y adoptó una pose de cavilación.
 
— Mmm… Tomando en cuenta que el primer gimnasio, el de Ciudad Plateada, es de tipo roca, y el segundo, el de ciudad Celeste, es de tipo agua, definitivamente sí, Bulbasaur es la mejor opción para empezar el viaje.
 
— ¡Verdad que sí! — Exclamó Luna con una efusividad impropia de su carácter.
 
 Por alguna extraña razón se sentía feliz de tener el apoyo de alguien más que no fuese de su familia. Los entrenadores de su natal Pueblo Lavanda eran despiadados y siempre se burlaban de ella, alegando que en las batallas Pokémon valía más el instinto que el cerebro, y que una comelibros como ella jamás llegaría a ser una entrenadora competente. Ahora, este chico recién aparecido parecía estarla tratando con la dignidad que merecía.
 
Aún estaban conversando cuando un sonoro carraspeo los interrumpió. — Buenos días.
 
Todos, incluido el profesor, dirigieron la mirada hacia la puerta. Un chico se encontraba ahí. Llevaba ropa bastante atlética. Una camiseta negra de tirantes, unos pantaloncillos cafés, zapatillas deportivas, guantes sin dedos, y en el lado izquierdo de la cadera le colgaba una bolsa mariconera de tamaño considerablemente grande. Llevaba el cabello castaño en puntas, y sobre aquel estrafalario peinados sobresalían unos brillantes googles.
 
El chico dio un par de pasos al frente, ingresando por completo al laboratorio. Sonrió tenaz y amenazante mientras se frotaba con el dedo índice la nariz. — Mi nombre es Dylan y estoy aquí para iniciar mi viaje y convertirme en el más grande entrenador Pokémon del mundo.
 
— Pero nadie le preguntó. — Susurró Brendam a Luna, tapándose los labios con la mano para que el mencionado no se diera cuenta.
 
La chica lanzó una risita prudente llevándose la mano a la boca.
 
Dylan entrecerró los ojos con malicia y se dirigió a Brendam: — Te he escuchado listillo. — alzó con furia el dedo índice y señaló al peli miel. —  Tú serás el primero en caer, lo prometo. ¡Dime tu nombre!
 
— Está loco — dijo Brendam por lo bajo.
 
— ¡Qué dijiste! — Bramó el atleta.
 
— Dije que me llamó Brendam. — Respondió el aludido sonriendo forzadamente.
 
El profesor, al notar que aquello podía salirse de control, intervino: — ¡Bien, bien! Vamos a calmarnos, y ya que estamos todos, demos inicio al protocolo de entrega.
 
Los tres novatos siguieron con la vista al profesor mientras este se dirigía a la mesa donde se encontraban las Pokéballs. El científico tomó la bandeja con las tres esferas. Tomó una entre sus dedos y jugueteó con ella antes de empezar su discurso.
 
— Mi nombre es Gary Oak, pero muchos me conocen como el profesor Pokémon. Hoy, ustedes tres iniciarán un camino espléndido lleno de aventuras. Esto no se trata únicamente de alcanzar fama y grandeza. En este viaje ustedes deben luchar por encontrarse a sí mismos. Este viaje les ayudará a forjar lo que de verdad quieren ser. Llegarán momentos de felicidad, así como también llegarán momentos de desdicha, pero todo habrá valido la pena si al final del camino ustedes logran convertirse en personas plenas y con una visión clara del futuro.
 
El laboratorio estaba en silencio, solo se escuchaban los diluidos ecos de la voz del profesor. Los tres chicos lo miraban extasiados, cautivados y expectantes.
 
— Ahora elijan sabiamente — Musitó el profesor. Abrió la primera de las tres Pokeball. Un destello diáfano emergió de ella tomando una forma cuadrúpeda. El Pokémon se materializó y finalmente los novatos tuvieron frente a ellos a un hermoso Bulbasaur.
 
La creatura tenía una reluciente piel verdosa salpicada por varias manchas de un verde más oscuro. Sobre su espalda se alzaba una gran semilla en donde el tipo hierba conservaba los nutrientes ideales para su desarrollo. — Este es Bulbasaur — añadió el profesor — Es el inicial tipo hierba de Kanto, y uno de los Pokémon más dóciles de manejar. Ideal para entrenadores que no deseen, en primera instancia, batallar mucho con el entrenamiento y la crianza de este pequeño.
 
¡Es hermoso! — Chilló Luna, emocionada. La pequeña había soñado toda su vida con obtener al pequeño truhan verde. El Pokémon pareció detectar la emoción de la futura entrenadora y lanzó un animoso saludo. — ¡Saur, Saur, Bulbasaur!
 
— Parece que le agradas — Añadió Brendam. Los chisporroteantes ojos rojos del tipo hierba parecían confirmar aquella declaración.
 
El profesor abrió la segunda Pokeball, y nuevamente el rayo de energía que emanó de ella adquirió la forma de un simpático Pokémon azul. La pequeña tortuga acorazada sonrió con chulería, cruzó los brazos sobre su pecho y lanzó un sonido carrasposo a manera de saludo.
 
Brendam y Dylan se abalanzaron con emoción sobre el Pokémon de agua, y casi al unísono exclamaron: — ¡Genial! 
 
— Este es Squirtle, el Pokémon inicial acuático en la región de Kanto — Añadió el profesor — Ideal para entrenadores amantes de los retos. No es tan dócil como Bulbasaur, pero con el tiempo se puede llegar a formar grandes lazos de amistad con él. Como dato curioso, Squirtle fue mi inicial cuando, como ustedes, yo inicié mi viaje.
 
Los dos varones se estremecieron de emoción al escuchar aquellas palabras. Ahora más que nunca ambos deseaban al tipo agua en su equipo.
 
Sin perder el tiempo Gary abrió la tercer y última Pokeball. De ella emergió Charmander el inicial de tipo fuego. El pequeño lagarto tenía escamas de un anaranjado tan brillante como las brasas de una hoguera. Cuatro pequeños colmillitos se asomaban bajo su boca y una chisporroteante llama flameaba en la punta de su cola.
 
A diferencia de los otros dos Pokémon, Charmander no parecía muy animado. El tipo fuego permanecía sentado con los ojos cerrados, y a simple vista bastante desinteresado de su entorno.
Charmander bostezó, y el aire cálido exhalado se transformó en débiles ascuas que se diluyeron en el viento casi al mismo instante de aparecer.
 
Él es Charmander, el inicial tipo fuego de nuestra región. — Dijo el profesor acuclillándose para acariciar al pequeño. — A diferencia de los dos iniciales anteriores, este pequeñín es un poco más complicado de domar. Debido a su naturaleza de tipo fuego los Charmander y sus postreras evoluciones suelen ser bastante rebeldes y salvajes, eso sí, cuando el entrenador logra el total control sobre esta monada, den por sentado que se habrá hecho de un aliado muy poderoso para su equipo.
 
Los tres novatos le observaron con curiosidad, pero el Pokémon ni se inmutó.
 
— No lo sé. Parece algo… perezoso. — Dijo Dylan frunciendo el ceño con desagrado.
 
El profesor tomó entre sus brazos a Charmander y este hundió el rostro en la bata del científico.
 
— Este pequeño es bastante especial en realidad — Añadió Gary — Nació con una curiosa condición en sus ojos, algo muy parecido a una ceguera. — Luna y Brendam reaccionaron conmocionados. — Pobrecillo — Musitó la rubia.
— Pero curiosamente — continuó el profesor — Él no solo posee un leve desarrollo en sus demás sentidos. Por alguna extraña razón, llámenlo un milagro genético o supervivencia innata, este Charmander posee una especie de ecolocalización intermitente. Me lo enviaron para estudiarlo, pero nunca pude averiguar a qué se debe esa extraña variación en su genoma.      
 
Y por primera vez en el día, Brendam guardó silencio. Meditó un rato sin apartar la vista del pequeño. — Ecolocalización intermitente — musitó el oriundo de Pueblo Paleta, repitiendo dos veces más aquel extraño término, pensando en voz alta como solía hacer casi siempre que algo le interesaba. — ¿Que es la ecolocalización intermitente?
 
El profesor sonrió. Le gustaba que le hiciesen esa clase de preguntas. —Como bien sabrán, los Zubat carecen de ojos y utilizan pequeñas ondas de sonido que regresan hacia ellos si hay algún obstáculo, lo que les permite medir la distancia entre la señal emitida y la recibida, así, al volar evitan estamparse en las rocas o árboles. De esa misma manera este Charmander puede, de alguna forma, decodificar su entorno en base a los sonidos que escucha. Aunque la diferencia entre él y los Zubat es que este pequeño la mayoría del tiempo no puede usar esta habilidad. Por eso le llamo ecolocalización intermitente. Quién sabe por qué no funciona siempre, quizá en un futuro hasta llegue a perder esta peculiaridad, sería una verdadera lástima.
 
¿Quiere decir que la mayoría del tiempo Charmander es ciego? — Preguntó Dylan. 
 
Técnicamente sí. — Respondió con desánimo Gary. — En fin, una vez hecha las presentaciones pertinentes pueden elegir al inicial que prefieran.
 
— Eso significa que uno de nosotros se llevará al pequeño Charmander ¿Eso no sería peligroso? — comentó la chica.
 
El profesor sonrió. La verdad era que solo le gustaba mostrar a aquel pokémon por su particularidad, ya que de vez en cuando, algunos novatos tenían la suerte de verlo en acción. Aquel no había sido el caso.
 
— No te preocupes Luna, tengo otros Charmander que pueden llevarse sin ningún problema.
 
En el instante que el profesor dejó de hablar, Dylan dio un paso al frente. — ¿Puedo elegir primero? — El profesor asintió.
 
El impulsivo entrenador observó meditabundo a los tres Pokémon que tenía frente a él. Luego de un corto tiempo de pensarlo, por fin avanzó. Tomó entre sus brazos al tipo hierba y sonrió con emoción. — Creo que tú serás el elegido.   
 
El corazón de Luna se estrujó dentro de su pecho. Apretó con fuerza los labios,  y si hubiese sido una chica más decidida, quizá le hubiese gritado que alejara sus sucias manos de su inicial. Pero ella no era así, ella estaba acostumbrada a guardar silencio y aceptar cualquier sucesión de actos, por muy dolorosos que estos fueran para ella.
 
— Claro que sí, supuse que escogerías a ese. — Dijo Brendam empleando un tono de voz malicioso y retador.
 
Dylan giró y le dirigió una mirada furiosa al de Pueblo Paleta. — ¿A qué viene eso listillo?
 
— Es lógico que buscas el camino fácil al elegir a Bulbasaur. Creí que eras un tipo duro.
 
Luna miró a Brendam casi boquiabierta. Para el profesor tampoco pasó desapercibido aquel gesto, y sonrió con astucia ante el intento del peli miel por impedir que Dylan se llevara al tipo hierba.
 
— Yo soy un tipo duro — Bufó Dylan al tiempo que ponía de nuevo a Bulbasaur en el suelo. — He pensado mejor mi decisión, tú serás el elegido. — Y finalmente, para el alivio de Luna, el chico tomó a Squirtle como su inicial.
 
— ¡Bien, Felicidades Dylan! Has elegido a tu primer Pokémon. — Dijo con algarabía el profesor. — Que pase el siguiente.
 
Brendam extendió el brazo cediéndole el paso a Luna, esta pasó junto a él, y dejando de lado la timidez, y aun con la cara roja como un sol, le sonrió. — Gracias. — exclamó la rubia en un suspiro que Brendam casi no pudo escuchar.
 
La chica no perdió el tiempo y sin mucho protocolo cogió a Bulbasaur. Solo ahí fue cuando Dylan se dio cuenta de la treta tan infantil en la que había caído. Detestó aún más al peli miel.
 
El profesor repitió su felicitación, y como no habría sorpresas en la próxima elección, se dispuso a guardar a Charmander en su Pokeball, hasta que Brendam intervino.
 
— Yo quiero a ese Charmander. — Todos le observaron intrigados.
 
— ¡Imposible! — Respondió el profesor. — Este pequeño debe quedarse en el laboratorio por su bien y por el tuyo. No puedes andar por ahí en la hierba con un pokémon tan vulnerable, el no podrá defenderte si un pokémon salvaje ataca, y tu madre me mataría si te llegara a pasar algo.
 
— ¡Vamos profesor! Usted mismo lo ha dicho, quizá con el tiempo esa habilidad tan peculiar que tiene Charmander se desvanezca. Usted y yo sabemos que eso sucederá debido a la falta de práctica. Este pequeñín lo que realmente necesita para desarrollarse es viajar y entrenar.
 
El profesor se detuvo y meditó por unos segundos, la idea del pequeño entrenador no parecía tan descabellada, quizá tenía razón, quizá lo que Charmander necesitaba era desarrollarse como un pokémon normal. Además, no podía perder la oportunidad de encontrar el origen de aquella extraña condición. Si antaño su abuelo utilizaba los viajes de los novatos para obtener información valiosa, aquella no podía ser la excepción.
 
— Te dejaré llevarte a este Charmander con dos condiciones. — El novato lo miró esperanzado y a la expectativa. La primera, trata de llegar intacto a la ruta uno, y la segunda, una vez ahí, busca el centro de refugio para pokémon, la profesora Alana te atenderá, cuando llegues ella ya sabrá que hacer.
 
Brendam asintió casi sin escuchar, y con la desesperación de un niño frente a un regalo, tomó entre sus brazos al pequeño Charmander. — Hola pequeñín, ya verás lo magnífico que será viajar por todo el mundo. El pokémon se hundió tímidamente en la chamarra de su nuevo entrenador y con gusto se acopló a la calidez de su pecho.
 
— ¡Bien novatos, una vez elegidos sus iniciales pasaré a hacerles entrega de sus Pokedex!
 
Un barullo de emoción se escuchó de fondo. Fue entonces que el profesor tomó un portafolio metálico del desordenado escritorio. El maletín se abrió con un sonoro “click” y en el interior, sobre una elegante tela de terciopelo, había tres dispositivos de color rojo con una forma ovalada muy parecida al antiguo Dexnav de la corporación Devon de Hoenn. En el centro de cada uno de los pokedex había un botón que al presionarse desplegaba un menú holográfico con la información de todas las especies de Pokémon en las distintas regiones, y de cada ciudad, rutas y edificios de importancia.
 
El profesor tomo uno, presionó el botón, y enseguida una luz azulada con una forma cónica invertida emergió del aparato. De inmediato, una voz robótica salió del pokedex: — Bienvenido entrenador, soy Dexter, tu unidad de apoyo durante este viaje, espero poder ayudarte y ser un guía ideal.
 
Todos murmuraron con asombro, y después de asimilar la emoción cada uno tomó su respectivo pokedex. El profesor también hizo entrega de seis Pokeballs a cada uno. Y así, los tres novatos estuvieron listos para iniciar su gran aventura.
 
El primero en salir fue Dylan. Lanzó una mirada retadora a Brendam como advirtiendo que tenían una deuda pendiente, para después perderse en el rectángulo luminoso que fungía como puerta.
 
La siguiente en partir fue Luna. La dulce rubia hurgó en su bolso. Sacó una poción y extendió su brazo para brindársela a Brendam. Él tomó el artefacto, y extrañado por el gesto preguntó: — ¿Qué es esto? —
 
Luna respondió sin mirarle. — Esto es en agradecimiento por lo que has hecho con Bulbasaur. Es una poción y restaurará un poco la salud de tu pokémon, quizá Charmander lo necesite en un futuro.
 
El de Pueblo Paleta sonrió con ternura. — No tenías que molestarte Luna. Pero muchas gracias.
 
La niña sonrió y acto seguido corrió con emoción hasta la puerta. Giró por un segundo y observando a Brendam de espaldas, dijo en voz baja: — Espero volverte a ver.
 
Por fin Brendam y el profesor estaban solos, el chico había estado esperando aquella oportunidad desde que puso un pie en aquel lugar. Miró a Gary con seriedad y este lo miró desconcertado.
 
— ¿Sucede algo?
 
— Bueno, en realidad quería preguntarle algo, es sobre mi padre.
 
Aquellas palabras retumbaron en el corazón del profesor, sabía que aquella conversación tenía que ver con el incidente de Ciudad Verde hace cinco años. La ansiedad le cerró la garganta como si un Kingler se la hubiera atenazado.
 
— Hablaremos — Dijo, con los nervios recorriéndole la espalda.
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#9
Leyendo este cap de nuevo, la única conclusión a la que puedo llegar es que... me cae mal Brendam.

No, neta. Hay que ver sus acciones objetivamente sin que la cámara a sus espaldas nos endulce lo que hace. Muy amable y considerado con la geek girl, pero apenas aparece a la vista otro niño, lo primero que hace es burlarse de él para impresionar a la chica, como cualquier bully, a pesar de que lo único que dijo fue que iba a ser el mejor (la clase de cosas que todos los entrenadores dicen y que su propio padre repetía todo el tiempo). Y hasta es bien visto por Gary. La verdad, leyendo con lentitud, Dylan es mucho mejor chico que él a pesar de que el narrador trata de pintarlo como villano. Pide permiso a Gary para elegir primero y el profesor está de acuerdo, mientras que Brendam lo insulta en voz baja para después negarlo cuando lo pilla (el mismo niño bueno que supuestamente se vuelve super adulto en cualquier otra situación).

Y considerando que ambos pokémon tienen ventaja x4 en el primer gimnasio, realmente el "truco" de Brendam no tiene mucho sentido. En especial porque el verdadero pokémon hándicap sería charmander. Plus... Gary tiene más charmander, pero ¿no tiene más squirtle o bulbasaur? ¿Es que no puede darles las opciones completas a cada uno? A esta escena no le encuentro mucho sentido tbh, y vuelve el truco de Brendam todavía más baladí...

Para este punto ya me cae mal el protagonista y la chica interés amoroso va por el mismo camino. Pero de mientras, ¡Se viene un flashback! Al fin sabremos lo que pasó en el torneo cuando el Team Rocket atacó.

Esto se pone bueno.
[Imagen: JCEDJoJ.png]
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#10
Greninja, Krookodile, Infernape, Charizard, Pikachu...

Gary como el nuevo profesor de Kanto...

No sé si acabo de deducir algo, pero...

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¿Acaso el Campeón (y padre de Brendam) es Ash Ketchum?
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#11
Capítulo 2.1: Confesiones.
 
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La última vez que hablé con él fue antes de la final de aquel año. Lucía sosegado y taciturno, con la mente en todo menos en la batalla. Me rompió el alma notar en su cara que ya muy poco quedaba de aquel niño enérgico y amante de las batallas Pokémon. El novato perdedor, pero con espíritu, se había transformado en un campeón insípido cuyo fuego se extinguía poco a poco.
 
 
Estaba sentado en su camerino, a la espera del retador, jugueteando con una Pokeball entre sus dedos y acariciando con la mano libre a Pikachu. La emoción de cada nuevo reto se había esfumado, ahora estaba tan acostumbrado a batallar, que ni siquiera la euforia y pasión que las graderías emitían al vitorearlo lo hacían estremecer como antaño.
 
 
Pareció sorprenderse al verme. Me sonrió con una inmensa tristeza que nunca hubiese creído posible ver en su cara.
 
 
— Ellos están aquí. — Musité. Tratando de sonreír. No pude, y una mueca desastrosa se encajó en mi rostro.
 
 
— Ella no querrá verme. — Respondió adolorido.
 
 
Pensé en que quizás tendría razón, la última vez, Serena estaba muy enfadada. Recapacité y entonces intuí que, si ella no hubiese querido saber nada de él, lo más sensato hubiera sido mandar al niño conmigo. Pero no, ella estaba ahí, para bien o para mal, y yo, conociendo a este par como los conocía, sabía que se amaban con locura y que aquella nefasta “palabra” que se planteó como solución a los problemas, no era más que una absurda amenaza por parte de ella.
 
 
— Deberías intentarlo. Siempre has sido malo para entender a las mujeres, ella no hubiese venido hasta aquí si no quisiera arreglar las cosas contigo. — Suspiró con resignación.
 
 
— El que no comprende eres tú Gary. Serena no se habría planteado el divorcio si de verdad no estuviera convencida de hacerlo. Y francamente no la culpo. Llevo dos meses sin poder llegar a casa. ¿Sabes cuánto ha crecido mi hijo desde entonces? ¿Cuántas palabras nuevas habrá aprendido? Lo que más me aterroriza es pensar que, con cada día que pasa, él se irá olvidando de mí. Y Serena, esta no es la vida que quería para nosotros, realmente quisiera estar con ella, darle el tiempo que merece.
 
 
Lo miré con compasión, me senté a su lado y le palmeé el hombro con camaradería. — Si de verdad quieres recuperar a tu familia, deberías dejar de lado tu orgullo como campeón y… bueno, tú sabes lo que tienes que hacer.
 
 
Los altavoces del estadio anunciaron al retador, y aquel fue el primer llamado para que se preparara. Caminó con lentitud hacia la arena y Pikachu hizo lo propio siguiéndole. — Gracias Gary. — Fueron las últimas palabras que escuché de su boca. Luego, se perdió en el umbral del camerino, como una difusa sombra que se diluye lentamente frente a la luz.
 
 
2
 
Yo apenas y llegaba al asiento que compartía en el estadio con la familia Ketchum, cuando el retador lanzó una Ultraball al aire, y un fiero Skarmory emergió de ella. El pequeño Brendam lanzó un sonoro ¡wow! cuando lo vio surcar los cielos enérgicamente.
 
 
— ¿Y bien? — Preguntó Serena. ¿Ha dicho algo el señor campeón?
 
 
Yo sonreí al ver su actitud de fingida molestia. En el fondo sabía que ella estaba ansiosa.
 
 
En el campo, Pikachu saltó al ruedo y el pequeño vástago del campeón bramó con entusiasmo: — ¡Es el Pikachu de papá!
 
 
Me acomodé en el palco guardando silencio, haciéndome del rogar. Les mentiría si les dijera que no disfrutaba verla tratando de disfrazar su ansiedad. Sentí un leve puñetazo en el brazo y entonces, por fin la miré y le contesté: — Ha dicho que te mostrará su respuesta en el combate, ahora por favor no me distraigas.
 
 
Mentí como un maldito en esa ocasión, y confiaba en que el tontorrón de Ash hubiera entendido mi mensaje.
 
 
Ella se acomodó nuevamente en el asiento y sonrió satisfecha.
 
 
En el campo, Skarmory se sacudió, y de su cuerpo plateado saltaron varios pedruscos filosos que se dispersaron por toda la arena. Pikachu miró en derredor confundido, pero el rostro de Ash ni se inmutó.
 
 
— Usa trueno — Ordenó con seguridad. El tipo eléctrico adoptó una posé de batalla y sus mofletes rojos emitieron unas chispas amenazantes. El cielo se nubló, y de una nube oscura y tormentosa, emergieron varios rayos que se cernieron con violencia sobre el estadio. Los más tímidos se cubrieron los ojos con las manos. Brendam por su parte miraba extasiado aquella danza eléctrica que perseguía a Skarmory.
 
 
El tipo acero planeó sobre el campo, tratando de esquivar el ataque, pero uno de los rayos dio de lleno en sus alas.
 
 
Skarmory cayó abruptamente sobre el suelo, y aunque su naturaleza voladora le había supuesto una gran desventaja ante el Pikachu de Ash, sus poderosas defensas lo mantuvieron aún en la batalla. El Pokémon volador graznó con furia, y su entrenador ordenó usar pájaro osado.
 
 
Apenas Skarmory trató de elevarse, fue víctima del entumecimiento provocado por el ataque eléctrico. Estaba paralizado.
 
 
Con las facciones serias, el campeón indicó a su pokémon que diera la estocada final. — Usa tacleada de voltios. — Pikachu emprendió una veloz carrera, y a medida su cuerpo ganaba velocidad, un halo eléctrico comenzaba a cubrirlo hasta convertirse en una mortal funda de voltios. El golpe fue directo y contundente. Skarmory fue lanzado fuera de la arena quedando inhabilitado para continuar. El réferi alzó la bandera verde en dirección al campeón y profirió su dictamen: — ¡Skarmory no puede continuar, el ganador es Pikachu!
 
 
Las graderías enloquecieron y los cimientos del estadio retumbaron como víctimas de un terremoto. Todo el mundo vitoreaba el primer gane del campeón, hasta el pequeño Brendam lanzó un vivaz ¡hurra! apoyando a su padre.
 
 
Observé a Serena y podría casi jurar que era uno de los pocos rostros molestos que había en aquel palco. La duda entró en mí por un segundo ¿de verdad él estaba dispuesto a dejar a su familia por mantener un título que ya ni siquiera lo hacía feliz?
 
 
Aún me preguntaba aquello cuando el retador sacó a su segundo Pokémon. Un colosal Tyranytar emergió de su Pokeball, callando a todo el estadio con su potente rugido. Ash llamó de regreso a su Pikachu y el roedor salió del campo resguardándose tras su entrenador. Apenas hubo el tipo eléctrico abandonado el combate, una tormenta de arena se desató. Era la habilidad del tipo roca que hacia estragos sobre el campo. 
 
 
El campeón no se inmutó y liberó sin demora a Sceptile. Cuando el tipo hierba puso un pie sobre el campo, los pedruscos que anteriormente Skarmory había liberado, lastimaron al pokémon. Descuidado por el dolor, los rivales tomaron ventaja y lanzaron el primer ataque.
 
 
El puño de Tyranytar flameó amenazante y se encajó en el estómago de Sceptile. El tipo hierba trastabilló sin muchas esperanzas de volverse a levantar, pero en el rostro de Ash no había ni una pizca de preocupación.
 
 
— Mantente de pie y resiste. — Sceptile se reincorporó con aplomo frente a aquel titán siniestro sin achicarse ni por un segundo.
 
 
La tormenta de arena le zarandeó, y el Pokémon del campeón vaciló en su postura.
 
 
Por su parte, el retador ordenó a Tyranytar atacar con furia y sin piedad. El puño del tipo roca volvió a encenderse en llamas, y sin esperar más tiempo se abalanzó sobre Sceptile.
 
 
— ¡Esquiva! — ordenó Ash. Y con la presteza de un Greninja, y a pesar de lo lastimado que se encontraba, Sceptile se desvaneció en el aire casi tele-transportándose como un Abra, apareciendo repentinamente sobre la espalda de Tyranytar con la hoja de su brazo derecho refulgiendo con verdor, lista para concluir con el combate.
 
 
 — Hoja aguda—. Musitó el campeón.
 
 
Las comisuras del retador se regodearon en una mueca de satisfacción, y entonces todos en las graderías supimos que aquello no terminaría como el bueno de Ash esperaba.
 
 
— ¡Roca afilada! — Vociferó el retador, y del suelo, tras Tyranytar, emergieron unos pedruscos como estalactitas punzantes que bloquearon el ataque de Sceptile.
 
La Hoja aguda perdió su brillo al estrellarse contra la roca, y el tipo hierba quedó suspendido en el aire por breves segundos que parecieron interminables horas. Entrenador y Pokémon no cabían de asombro ante aquella maniobra defensiva. Incluso, el público exhaló una pequeña exclamación de sorpresa.
 
 
Tyranytar se giró con la poca velocidad que le permitía su cuerpo pesado. Sus pequeños ojos finos se clavaron con furia en la sorprendida faz de Sceptile y al ver la vulnerabilidad de su oponente, atacó. El puño del tipo roca se extendió a través de los pedruscos, llameante y destructivo como un meteoro, debilitando a su rival y dando fin al combate.
 
 
Sceptile cayó como un peso muerto sobre la arena y el réferi agitó su bandera hacia el retador vociferando su monótona letanía: ¡Sceptile no puede continuar, Tyranytar es el ganador!
 
 
La gente vitoreo al retador con genuina sorpresa y emoción. Algunos se acomodaron en sus asientos, alargando el cuello como un Tropius, expectantes, casi con las ansias de que el máximo representante de la región Kanto perdiera unos cuantos Pokémon más para darle sazón a aquella final.
 
 
Miré a Serena y en su rostro se había dibujado una mueca de satisfacción. Muy distinta era la historia del pequeño Brendam, que al ver a Sceptile caído, hizo un tierno puchero de molestia y exclamó: — ¡No es justo, perdió a Sceptile!
 
 
Yo sonreí al ver el pintoresco panorama que dibujaban los Ketchum y sus reacciones. Aún estaba inmerso en aquella imagen cuando algo llamó poderosamente mi atención. Alguien nos miraba, la sensación inequívoca de ese sexto sentido que los humanos pareciéramos tener, se apoderó de mí inquietantemente.
 
 
Giré en todas direcciones en busca de aquel que nos vigilaba, pero no pude encontrarlo pues la multitud se levantó casi al mismo tiempo dando un alarido de emoción.
 
 
El tercer Pokémon de Ash hizo acto de presencia.
 
 
Heracross saltó al campo, y a pesar del dolor que le provocaron las trampa roca, permaneció estoico como un guerrero fiero a la espera de la orden de ataque.
 
 
Tyranytar rugió, y ante la orden de su entrenador se lanzó contra el tipo bicho. La bestia verde desplegó una temible sombra que opacó al escarabajo y a su entrenador. Esta vez atacó con ambos brazos en llamas, tratando de cerrarlos como una pinza justo en la cabeza de Heracross.
 
 
El golpe fue seco y contundente, casi mortal. — ¡Mega cuerno!— había ordenado el campeón al ver la proximidad de Tyranytar. El tipo bicho no tuvo más que inclinar su cabeza con destreza y encajar su cuerno en el estómago del rival.
 
El enorme pokémon cayó de bruces, y de Heracross no haber sido lo suficientemente ágil posiblemente hubiera terminado bajo la pesada humanidad del tipo roca.
 
Las graderías volvieron a estallar en vítores y algarabía.
 
¡Yay! Gritó Brendam, saltando y girando como un trompo entorno a su madre.
 
Yo por mi parte me había desconectado de la batalla casi en un veinte por ciento. Escudriñaba con la vista a cada uno de los aficionados que nos rodeaban porque aquella sensación de incomodidad se enredaba  sobre mi espalda como un maldito Spinarak.
 
Arcanine apareció en el campo del lado del retador.
 
El campeón no perdió el tiempo y ordenó a Heracross usar roca afilada. El can de fuego se movió con grácil velocidad saltando sobre los filosos pedruscos que emergían del suelo. Ni un golpe pudo asestarle Heracross, en cambio, el tipo fuego usó con fiereza y elegancia su envite ígneo.
 
El pokémon del campeón interpuso sus brazos contra la embestida de fuego de Arcanine. Pudo resistir un par de segundos. Incluso algunos de los aficionados creyeron que el  bicho sería capaz de remontar pese a la desventaja de tipo, pero cuando las llamas comenzaron a extenderse por sus brazos y su cuerpo ardió como una antorcha, todos supieron que había llegado el final para Heracross.    
 
El tipo Bicho cayó sucio como un pedazo de carbón y rígido como un cadáver.
 
— ¡Heracross no puede continuar, el ganador es Arcanine!
 
La multitud aplaudió energúmena y el réferi indicó que podían continuar.
 
Esta vez fue Krookodile el que saltó al combate. Adoleció con las trampa roca, pero fiel a su estilo, se acomodó las gafas y rugió con entusiasmo y fiereza.
 
La batalla no se postergó más y apenas el campeón ordenó a su pokémon usar terremoto, El retador interrumpió vociferando: — ¡Velocidad extrema, Arcanine!
 
El tipo fuego embistió con una velocidad casi sónica, Krookodile apenas y pudo reaccionar. Encajó el golpe con su cuerpo y fue ahí donde Ash vio la oportunidad de remontar.
 
La proximidad de Arcanine le supuso una ventaja. El perro de fuego podía ser muy veloz, pero si se suprimiera su libertad de movimiento sería una presa fácil.
 
— Atrápalo Krookodile, y no lo sueltes.
 
El tipo tierra cerró los brazos tras la nuca de Arcanine y lo apretujó contra su cuerpo. Para cerciorarse de que no escapara culminó su magistral llave cerrando sus enormes fauces en el cuello de su adversario.
 
Arcanine chilló de dolor y comenzó a retorcerse desesperadamente como un Caterpie entre las llamas. — ¡Suéltate, usa a bocajarro!
 
El pokémon obedeció, y de haber estado en otras circunstancias y sobre todo de haber podido conectar el golpe quizá hubiera debilitado a su oponente. Pero lo único que Arcanine logró fue un penoso intento de ataque que más parecían sacudidas desesperadas.
 
Krookodile presionó aún más hasta que finalmente su entrenador dio la orden: — Terremoto.
 
El tipo siniestro doblegó a Arcanine hasta hacerlo quedar a un nivel considerablemente cerca del suelo. Rugió, el suelo se meció y se resquebrajó haciendo palidecer a todos en el estadio. Sobra decir que cuando Krookodile soltó a su víctima, este estaba más que debilitado. 
 
— ¡Arcanine no puede continuar, el ganador es Krookodile!
 
Las ovaciones inundaron el lugar y el Pokémon de tipo tierra se emocionó al saberse el causante de tan efusivas réplicas. Rugió Alzando los puños y saludando al público.
 
— No crean que esto ha terminado —. Dijo el retador al tiempo que lanzaba a su siguiente pokémon al ruedo.
 
Una hermosa Azumarill de colores dorados hizo acto de presencia en el campo.
— ¡Usa tambor!
 
La tipo agua comenzó a contonearse con gracia siguiendo el acompasado ritmo que provocaban sus pequeños bracitos al golpear su estómago. Primero eran golpecitos casi imperceptibles, pero con el pasar de los segundos la intensidad de los golpes subía paulatinamente hasta que la pobre coneja acuática comenzó a causarse verdadero daño.
Cuando por fin se detuvo, Krookodile atacó usando roca afilada.
 
Las rocas emergieron de la tierra golpeando contundentemente a la tipo agua.
 
Azumarill quedó atrapada entre los pedruscos y lastimada casi a punto de debilitarse, pero su entrenador no parecía preocupado. — ¡Usa aqua jet!
 
La sorpresa fue grande para Krookodile, no así para Ash que parecía haber anticipado aquella jugada por parte del contrincante.
 
El pokémon rival despotricó con furia, eyectada con fuerza por una corriente de agua que cubrió todo su cuerpo. Las rocas volaron en pedazos como si de cristales se tratase, y Azumarill conectó un brutal golpe en el pecho de su oponente.
 
Krookodile cayó debilitado, languideciendo sobre un gran charco de agua.
 
El réferi dictaminó el resultado, y no se hizo esperar la entrada de Pikachu al campo. Las trampa roca volvieron a hacer de las suyas.  
 
El roedor amarillo hizo chisporrotear sus mofletes y la Azumarill, lejos de intimidarse, hizo un puchero tratando de verse ruda y amenazante. Su salud pendía de un hilo pero después del aumento de poder  que el movimiento tambor le había dado sería imprudente tomarla a la ligera.
 
El campeón ordenó a su Pikachu atacar con cola de hierro. Acatando la orden este se abalanzó contra Azumarill. Su cola emitió un brillo metálico y fue blandida como un poderoso martillo sobre la cabeza de su oponente.
 
La tipo agua retrocedió con velocidad esquivando el ataque. Pikachu por su parte esgrimía su cola como un espadachín maromeando con insistencia tratando de conectar un golpe.        
 
De un salto, la tipo agua puso distancia entre ambos, fue entonces cuando su entrenador ordenó el ataque: — ¡Carantoña!
 
Azumarill se arrojó contra el tipo eléctrico dando una sucesión de golpes violentos.
 
1… en la mejilla, 2… en el estómago, 3… justo en la cara.  De pronto Pikachu se vio envuelto en una lluvia de dolor interminable. Parecía un feo balón amarillo y desinflado que volaba por los aires a merced de los golpes de Azumarill. Era  como si el oponente hiciera dominadas con el pobre roedor amarillo.
 
Hubo un momento entre aquel festival de golpes, en donde Ash pudo notar una brecha de oportunidad. Era solo un pequeñísimo resquicio, un minúsculo lapso de tiempo en donde Azumarill retraía sus brazos y luego los volvía a suspender para golpear. En aquellos segundos Pikachu era libre, y la enorme cabeza de la avasallante coneja de agua era un amplio blanco en donde conectar un buen golpe sería fácil.
  
— Concéntrate en el espacio que hay entre cada golpe, encuentra el momento y usa cola de hierro.
 
Pikachu caía de regreso hacia los “cariñosos” brazos de Azumarill. Abrió los ojos y vio lo que su entrenador le había indicado, esa brecha entre los brazos de su rival. Giró con destreza acomodando su cola para golpear. El destello metálico brilló como un haz casi imperceptible y un golpe seco se hizo escuchar.
 
Pikachu tenía enterrado en su mejilla izquierda lo que fungía como el puño de Azumarill. Por otro lado, la tipo agua tenía estampada en la frente la cola de Pikachu.
 
 Ambos Pokémon cayeron debilitados y el réferi alzó simultáneamente ambas banderas. — ¡Ninguno de los dos puede continuar, esto es un empate!
 
Ash caminó solemnemente hacia el centro del campo y tomó a Pikachu entre sus brazos. — Lo has hecho bien amiguito. — Felicitó el campeón al tiempo que revolvía cariñosamente el pelaje de su  pokémon.    
 
El combate estaba en tablas, y en aquel punto álgido de la competición la tensión y ansiedad podía cortarse con una navaja. La gente había parado de gritonear, los ojos de todos estaban puestos en la arena de batalla. Desde la perspectiva de todos los presentes aquel combate lo podía ganar cualquiera. Visto y considerando que desde hacía un par de años ningún retador había llegado tan lejos contra Ash, aquellos momentos estaban impregnados con un halo de epicidad.
 
Ambos entrenadores se miraron, y en perfecta sincronía liberaron a sus siguiente pokémon.
El retador lució a un poderoso Electivire y Ash por su parte, escogió a Garchomp. El tipo dragón gruñó de dolor al lastimarse con las punzantes rocas que Skarmory había dejado en el campo.
 
— ¡Puño de hielo! — Bramó el retador.
 
Electivire corrió pesadamente al encuentro del tipo dragón. Su puño comenzaba a absorber el aire del ambiente y a enfriarlo, produciendo una pesada capa de hielo que recubría su mano.  
 
— ¡Llamarada! — Respondió el campeón. Y Garchomp escupió una línea serpenteante de flamas que el tipo eléctrico resistió usando el hielo como escudo. Aquella colisión de elementos antagónicos entre sí, provocó una espesa capa de vapor blancuzco que por unos segundos nubló la vista de ambos pokémon.
 
En aquella confusión, Electivire cruzó en desbandada el vapor con el puño listo para masacrar a Garchomp.
 
El tipo Dragón vio venir el ataque, y bajo la orden de su entrenador respondió con un poderoso cometa draco.
 
El cielo tomó matices oscuros y purpúreos, las sombras se cernieron sobre el estadio y en poco tiempo una variada gama de meteoritos golpeó el campo de batalla. Algunas de las rocas incendiarias impactaron a Electivire y lo hicieron retroceder.
 
— Terremoto — Ordenó Ash.
 
El suelo se sacudió con violencia, y las grietas anteriormente causadas por Krookodile se resquebrajaron aún más formando una ramificación más extensa de estas.
 
Electivire sucumbió al ataque y desgastado cayó derrotado.
 
— ¡Electivire no puede continuar, el ganador es Garchomp!
 
El momento decisivo estaba a punto de llegar. El retador transpiraba nervios, estaba muy cerca de franquear la muralla o de quedarse a milímetros de tocar la gloria.
 
Tomó su última Pokeball, cerró los ojos y la presionó como impregnándola de una energía metafórica que ninguno de los presentes comprendíamos. Supongo que eso es a lo que llaman esperanza.
 
Saltó al campo el último pokémon del retador, un rojo Scizor de ojos furiosos que cerró y abrió sus tenazas listo para el combate. En su cuello colgaba una brillante esfera, era una Scizorita.
 
El chico hurgó en su cuello bajo la camiseta. Sacó la contra parte de la Scizorita, una piedra llave. Ambas piedras comenzaron a reaccionar cintilando con diáfanos rayos de luz que poco a poco se fueron transformando en enormes tentáculos que se entrelazaron provocando la mega evolución del pokémon. — ¡Danza espada!— Ordenó el retador.
 
Scizor cruzó las tenazas sobre su pecho y giró elevando su ataque.
 
— ¡Llamarada! — gritó Ash. Y Garchomp volvió a atacar con aquella corriente de llamas.
 
— Doble equipo y puño bala. — Respondió el retador.
 
Scizor se disgregó formando copias exactas de sí mismo. La llamarada arrasó con uno de aquellos clones, lo que permitió al Mega original salir disparado con la tenaza extendida impactando justo en la mandíbula de Garchomp.
 
El tipo Dragón se desvaneció en el suelo en un K.O impactante.
 
Las graderías emitieron un leve barullo de sorpresa y el campeón se limitó a sonreír. Ahora era él quien tomaba su última pokéball. La miró con nostalgia y la elevó al cielo sin soltarla. Luego, dirigió su mirada hacia el palco donde nos encontrábamos, y sus ojos se clavaron en los de Serena. Sonrió, y por un segundo me pareció que su cara volvía a convertirse en la de aquel mocoso impetuoso de diez años que comenzó su viaje pretendiendo saber qué hacer.
 
El rostro de Serena parecía atrapado en una mueca de desconcierto, como si sus sentimientos hubieran hecho corto circuito con aquella sonrisa. Sus ojos cintilaban, y no sabría yo si de alegría o por las ganas de llorar, o quizás por las ganas de llorar de alegría.
 
Ash liberó a su último pokémon, y la etapa final del combate había llegado.
[Imagen: firma%2Bdigital%2BAj%2Bcrowley.png]
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#12
Curioso, este Ash es exitoso, pero ahora lidia con problemas maritales. Supongo que la vida del campeón es más ocupada de lo que se aparenta.

No sé por qué, pero me huele a que esta batalla terminará mal gane o pierda.
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#13
Agree con el de arriba, es interesante ver está faceta de Ash. Plus, que de momento su historia es bastante más interesante que la de Brendam.

Also, la pelea está molona. Ya sabemos todos quién es el último pokémon, pero eso no lo hace menos badass.
[Imagen: JCEDJoJ.png]
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#14
He vueltoooo, masomenos...
Y quería leer algo ligero y que en verdad me interesará. Este fic es perfecto para leer de nuevo.

Capítulo 1 leído. Casi casi me acuerdo a la perfección de este, sólo no me acordaba del Dylan feo enfermo del mal negro xD.

Un capítulo que cuando lo leí sentí mucha tristeza por Pikachu y por Serena. La mera neta me siento muy mal por pensar en que a sido de ellos estos 5 años desde que... bueno ya sabes.

Al parecer nuestros 2 personajes que terminaron el final de este capítulo (Brendan y Gary) son los que no están tan afectados por la pérdida de un ser querida, lo superaron o simplemente son más fuertes espiritualmente. Me agrada que así sea, el hijo siendo medio loco e impulsivo como su padre pero maduro y serio como su madre.

Combinación extraña D:

El inicio me pareció ligero, no te enfrascaste tanto con la elección, Luna me pareció alguien agradable aunque demasiado tímida.

Lo que si me parece difícil de asimilar es al prodigio charmander ciego. Me preguntó como evolucionará a lo largo del fic, espero logres hacer un buen trabajo.

Eso es todo por mi parte, espero sigas así Man!!! SALU2!!!
Entrenador Pokemon en busca de la Perfección y diversión.
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#15
Capítulo 2.1 Leidooooo zusbzkavwjdh

Genial genial, una batalla frenética y muy entretenida, añadiéndole también ese sentimiento de Gary por algo que va a pasar, Serena y Ash los tontos que se quieren mucho pero están medio tontos. Lol.

El retador que nadie sabe quien es y que al parecer no importa tanto XD parece que nuestro campeón por fin tiene un reto después de tanto tiempo.

No me esperaba que lo tomará tanto a a ligera, sin energía, sin emoción, sin motivacion, sin determinación, hasta parece que quiere perder... pero al memo dignamente.

Algo anda mal... Dice el meme y estoy de acuerdo aunque bueno... (conf cof ya e leído lo que pasa despues cof cof)
Esperemos que no sea algo super malo :(

Estoy esperando la siguiente parte, espero estar listo.

Salu2!!!
Entrenador Pokemon en busca de la Perfección y diversión.
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