Longfic- Pokémon: La Leyenda de Ash Ketchum

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Resumen

Ash Ketchum comienza su viaje en busca de su más grande ambición: volverse todo un maestro pokémon.

#2
[Imagen: Pokemon_La_Leyenda_de_Ash_Ketchum.png]                                                   
                                       
          Capítulo 2: Ruta 1

La ruta 1. La primera gran prueba que cada año todo joven de Pueblo Paleta debía superar si quería dar comienzo a su carrera de entrenador, cruzándola para llegar hasta Ciudad Verde. Además de largo, tedioso y abundante en vegetación, aquel interminable sendero era el hogar de muchos Rattata y Pidgey salvajes, que podían llegar a ser bastante agresivos y hostiles si algún desgraciado viajero cometía el terrible error de provocarlos.
 
Todavía tironeando de la correa y arrastrando a un menos que entusiasmado Pikachu, Ash decidió hacer un alto sentándose sobre una gran roca a la que ató a su pokémon y que había al pie de un enorme y tupido árbol, el cual se dio cuenta le proporcionaría sombra por un rato, poniéndole a salvo de los mortales rayos del sol de la tarde. Llevaba más de media hora recorriendo aquella infernal ruta y ya se sentía como si llevase años atravesándola, sin llegar jamás a algún lado.
 
“Maldición” se lamentó mientras se quitaba su gorra roja y revisaba el mapa que su madre le había guardado en la mochila “¡Todos los árboles en esta ruta son exactamente iguales! Antes moriré caminando en círculos que llegando a Ciudad Verde.”
 
Pikachu se tiró al suelo desternillándose de la risa. Su entrenador se levantó enojado de la roca, con una vena palpitándole en la zona izquierda de la frente.
 
“Escúchame, Pikachu” dijo el joven apuntando al ratón eléctrico con el dedo índice de su mano derecha, intentando sonar autoritario “Yo no te agrado y tú no me agradas. Y sé que no te gustó para nada que te engañase para meterte a mi poké ball, aunque fuese por un segundo. Pero si no quieres que nos quedemos a vivir aquí por siempre, deberías empezar por respetarme y ayudarme. ¿No puedes aunque sea hacer un esfuerzo?”
 
“Piii” contestó Pikachu moviendo la cabeza para los costados y sacándole la lengua. Su actitud hizo que a Ash se le encendiese una luz en la cabeza.
 
“Acuérdate de lo que le prometiste a Molly” le recordó sonriéndole con una sonrisa socarrona “Debes portarte bien conmigo, o ella se pondrá muy triste.”
 
“Pikaaa” suspiró Pikachu derrotado, teniendo que tragarse su orgullo. Si bien no quería ayudar a aquel humano que le había gritado y asustado aquella mañana, lo cierto era que la niña había sido muy amable con él, y no podía decirle que no a aquella sonrisa suya. ¿Por qué ella no pudo haber sido su entrenadora? ¿Por qué tenía que seguir las órdenes de aquel mocoso? No lo sabía, pero las reglas del juego ya habían sido escritas. Tenía que disculparse con el muchacho y hacer el intento de ser más receptivo con él, aunque fuera tan solo un poco.
 
“Oye, no tengo porqué caerte bien” añadió Ash agachándose consternado y ofreciéndole su mano izquierda en señal de amistad “Pero por lo menos podemos trabajar juntos. Realmente quiero volverme un excelente entrenador, y estoy seguro de que a ti te gustaría volverte mucho más fuerte. ¿Qué te parece si dejamos a un lado nuestras diferencias y hacemos una pequeña alianza?”
 
Pikachu miró a su entrenador de reojo y de brazos cruzados. Finalmente, y dándose cuenta de que no tenía muchas opciones, decidió aceptar la proposición de Ash, entregándole su pata delantera derecha. Debido a lo pequeña que esta era, su entrenador tuvo que contentarse con darle su dedo para sacudirla y sellar el trato.
 
“Muy bien” anunció levantándose del suelo y limpiando el polvo que se había juntado en sus pantalones azul claro “Ahora tenemos que encontrar la manera de salir de esta ruta. ¿Se te ocurre algo?”
 
“Pika, Pika” contestó Pikachu enojado, tratando de quitarse la correa.
 
“Hmm, sí, tienes razón” observó Ash mientras retiraba el cordel de la roca “Será mejor para ambos si no tengo que seguir arrastrándote todo el camino. Pero quiero que me prometas que no te irás corriendo en cuanto te desate. ¿Lo juras?”
 
“Pika pi” respondió el pokémon de pelaje amarillo con su pata izquierda en el corazón para empeñar su palabra. Podía estar llevándose mal con su nuevo amo, pero no era un mentiroso.
 
“Muy bien” respondió su entrenador terminando de deshacer el nudo y quitándole el collar del cuello. Para su sorpresa, el pokémon no huyó en cuanto lo hizo “Entonces, ¿Qué otra sugieres que hagamos?”
 
Pikachu miró a sus alrededores, girando la cabeza hacia todas las direcciones posibles, como si estuviese en busca de algo. Sus ojos por fin detectaron con su maravillosa visión a un Pidgey que descansaba en la copa de un árbol cercano a la posición de ambos, y en cuanto lo hizo se dirigió hacia él para hablarle en su idioma. Después de quedarse unos cuantos segundos mirando desde la roca cómo su pokémon como el Pidgey mantenían una conversación, Ash notó como Pikachu salía corriendo en cuatro patas y en dirección sur, a una gran velocidad.
 
“¡Espera!” gritó mientras guardaba el mapa y los guantes e iba tras él lo más rápido que podía “¿Qué es lo que te ha dicho ese Pidgey? ¿Pikachu? ¡Pikachu, regresa, por favor!”
 
“¡Pika, Pika!” chillaba Pikachu mientras seguía corriendo, pidiéndole a su entrenador que le siguiese el ritmo. El ratón eléctrico eventualmente se detuvo frente a un claro en el que había un gran y viejo cartel de madera con forma de flecha que apuntaba hacia adelante y que rezaba lo siguiente: “Ciudad Verde a un kilómetro”.
 
“¡Perfecto!” exclamó Ash cerrando ambos puños de la alegría tras haberse parado a leer la inscripción del cartel “Ese Pidgey debió de darte las indicaciones correctas. ¡Y tú también eres un excelente guía, Pikachu!”
 
“Pikaaa” rió Pikachu con orgullo, presumiendo de su buena orientación. Pero antes de que tuviese siquiera tiempo para continuar regodeándose en vano de su logro, sintió a su entrenador tapándole la boca con su mano izquierda e indicándole que no hiciese ruido con la derecha.
 
“Shh” musitó el joven “No estamos solos. Mira eso.”
 
Pikachu miró hacia donde Ash le señalaba con el dedo, y lo que le vio le desconcertó tanto como le preocupó: más delante de donde ellos se encontraban, una extraña maraña de pelos negra y azulada se sacudía entre dos espesos arbustos.
 
“Debe ser un pokémon salvaje muy peligroso” agregó Ash en voz baja, mientras sacaba lentamente de su bolsillo derecho una de las cinco poké balls extra que Oak le había dado aparte de la que había usado para Pikachu “Trataré de lanzarle una ball para ver si consigo capturarlo. Tú prepárate en caso de que tengamos que pelear.”
 
“Pika” replicó Pikachu seriamente, poniéndose nuevamente en cuatro patas y con el pelaje erizado, liberando poderosas chispas de sus mofletes. El niño tenía razón, pasara lo que pasara debían aprender a unir fuerzas, especialmente cuando no sabían la clase de peligros a los que se enfrentarían. Y aquella situación repleta de incertidumbre era la prueba palpable de ello.
  

“¡POKÉ BALL, VE!” anunció el muchacho de Pueblo Paleta, arrojando con energía su ball hacia los arbustos. La esférica cápsula contenedora impactó contra aquella maraña de pelo, produciendo un suceso insólito.
 
“¡AY!” gritó la criatura, finalmente saliendo enfadada de entre la vegetación para encarar a Ash y a Pikachu y sosteniendo la poké ball en una mano: se trataba de un niño de baja estatura que, a juzgar por su aspecto, no podía tener menos de siete años. Además de gafas negras que evidentemente servían para leer, el infante vestía una camisa verde con solapas blancas, pantalones marrón oscuro y zapatillas que compartían el mismo color verde claro que su camisa, pero con partes blancas y negras. Cargaba una pesada mochila amarilla en la espalda, y un pequeño chichón ya estaba formándose en su cabeza “¡Oye, tonto! ¡No soy un pokémon! ¿Por qué me atacas con una poké ball?”
 
“Caray” consiguió decir Ash, titubeando mientras veía al niño acercarse a él “Lo-lo lamento. No tenía idea. Creí que eras...”
 
“¡Pues creíste mal!” retrucó el chico, devolviéndole la poké ball de forma grosera, lanzándosela en el aire para que tuviese que atraparla como pudiese “Tienes mucha suerte de que mi hermana no esté aquí conmigo. Te daría la paliza que te mereces.”
 
Pikachu no pudo evitar soltar una carcajada. El hecho de que su entrenador hubiese confundido a alguien más de su especie con un pokémon era demasiado hilarante para él.
 
“¡Ey, ya te he dicho que lo lamento!” espetó Ash enojado mientras conseguía interceptar la ball antes de que cayese al suelo, guardándola en su bolsillo “¡¿Qué más quieres que haga?!”
  

“Ay, como sea” protestó el chico desinteresado mientras ajustaba sus lentes, llevándolos con el dedo índice de su mano derecha hasta el puente de su nariz “Supongo que no puedo culparte, aunque aún me duele mucho el golpe. De seguro te asusté agitando tanto los arbustos. Por cierto, no nos hemos presentado. Me llamo Max.”
 
“Soy Ash, y este de aquí es mi compañero Pikachu” dijo Ash mientras estrechaba manos con Max y señalaba a Pikachu con su mano derecha abierta. El pokémon eléctrico se limitó a sonreír “Estamos en un viaje para convertirme en un maestro pokémon.”
 
“¿Maestro pokémon?” preguntó Max extrañado, alzando una ceja “¿Y cómo se llega a ser un maestro pokémon? ¿Ganando las ligas de todas las regiones? ¿Capturando a todos los pokémon que existen? ¿Siendo el entrenador más fuerte del mundo?”
 
Ash abrió la boca para contestar, pero se halló a sí mismo incapaz de responder a la pregunta que el niño le había hecho.
 
“Yo...” empezó avergonzado para luego sonreír con una risa nerviosa “...creo que nunca me detuve a pensarlo. Ja, ja, ja.”
 
Max contuvo el impulso de golpear fuertemente su rostro con su mano derecha, sabiendo que el vidrio de sus lentes se le incrustaría en los ojos. En su lugar decidió responder con una sonrisa forzada. Le costaba creer que estuviese hablando con un entrenador que, a pesar de ser mayor que él, era tan ingenuo y despistado.
 
“Espera Max” dijo Ash mirando al recién llegado de arriba a abajo “Veo que no traes poké balls encima. ¿Estás viajando solo y sin pokémon?”
 
“¡Oh no, no es eso!” explicó el chico mientras se quitaba de encima varias hojas que había notado reposaban sobre sus hombros “De hecho estoy viajando con mi hermana. Estábamos pasando por esta ruta cuando unos Rattata salvajes nos atacaron. Nos separamos para perderlos, pero ahora que ya me encuentro a salvo no la veo por ninguna parte, y temo que algo muy malo le haya pasado. ¿Crees que tú y tu Pikachu podrían ayudarme a encontrarla?”
 
Antes de que Ash pudiese decir que sí, una chica de cabello castaño y ojos azules emergió de entre unos árboles situados a su izquierda, sorprendiéndole tanto a él como a Max y a Pikachu. La joven era de aproximadamente su misma estatura, y vestía una camisa roja de manga corta y de cuello azul, además de shorts también azules, una riñonera amarilla en su cintura, medias negras y zapatos con partes rojas, azules y amarillas. Llevaba guantes blancos de dedos azules en las manos, así como también un pañuelo rojo y anudado con el dibujo de una poké ball blanca.
 
“¡MAX!” gritó la muchacha desconsolada, corriendo hasta Max para abrazarle y estrujarle. El chico comenzó a asfixiarse a causa de tanto cariño “¡Ay, hermanito, creí que nunca volvería a verte! Esos Rattata me persiguieron un largo trecho, pero logré que me perdiesen el rastro. ¡Cómo me alegra verte sin ningún rasguño!”
 
Pero se detuvo en cuanto notó el chichón en la cabeza de su hermano. Sus ojos miraron con furia a Ash, quien le sonrió saludándole con su mano derecha.
 
“¡¿Tú le has hecho esto?!” vociferó enojada, avanzando hacia el joven con intención de destruirlo. Pikachu se hizo a un lado aterrado “¡¿Cómo te atreves a hacerle eso a alguien más pequeño que tú?! ¡VOY A MATARTE!”
 
“¡Oye, espera!” exclamó Ash tragando saliva y retrocediendo “¡Yo no quise...!”
 
Pero no pudo completar la oración. La joven alzó su puño derecho y le propinó un fuerte golpe en el ojo izquierdo, dejándoselo morado.
 
“¡AAAAAAY!” gritó llevando ambas manos a su ojo mientras caía al suelo, retorciéndose a causa del dolor. Nadie le había golpeado antes de aquella forma, ni siquiera su madre “¡Espera, no fue mi intención hacerlo! ¡Creí que era un pokémon y le arrojé mi poké ball por error, eso es todo!”
        

“¡Es cierto, May!” dijo Max mientras detenía a su hermana, sujetándola de su brazo izquierdo para frenarla “¡Solo fue un malentendido! ¡No lo lastimes!”
 
“Oh” alcanzó a decir May, tapándose la boca con la mano derecha, sintiéndose terrible. Había saltado a conclusiones demasiado pronto “Rayos, yo...cómo lo siento.”
 
“¡¿Lo sientes?!” gritó Ash enfurecido, abriendo su ojo sano y viéndola con genuino desprecio “¡¿LO SIENTES?! ¡Mira cómo me has dejado el ojo! ¡¿Quién sabe cuándo volveré a poder abrirlo?!”
 
“¡Es lo que te ganas por meterte con mi hermano!” refunfuñó May, cruzándose de brazos e intentando excusarse. Pero en el fondo sabía que el chico tenía razón. Todavía ofuscada, se agachó para ayudarle “Pero en serio lo siento. Creo que mi madre guardó un botiquín de primeros auxilios en mi riñonera. Dame un minuto para sacarlo, ¡Y deja de tocarte el ojo con las manos! Solo te dolerá más.”
 
“Será mejor que armemos un pequeño campamento mientras tanto” dijo Max, viendo desconfiado la multitud de ojos rojos que les observaban desde los arbustos más próximos, al mismo tiempo que se quitaba la mochila de los hombros “Un poco de fuego mantendrá alejados a los pokémon salvajes. Sacaré la carpa para armar y las bolsas de dormir, y luego iré en busca de ramas.”
 
Lenta y tempranamente llegaron la oscuridad y sonidos de la noche, envolviendo a los jóvenes y al pokémon eléctrico con un manto negro que impedía ver tanto el camino como el lugar en donde estaban parados. Las estrellas lucían más lejanas que de costumbre, con su luz no pudiendo iluminar absolutamente nada. Su única aliada en aquella deplorable situación eran las llamas de la fogata que Max había conseguido armar con unas pocas ramas y haciendo chocar dos piedras entre sí para producir una chispa.
 
“Entonces May” dijo Ash sosteniendo con su mano izquierda un pañuelo verde cubierto por cubos de hielo para enfriar su ojo morado. Ya estaba más relajado que hacía unas horas, pero el dolor seguía siendo atroz “Cuéntame un poco más sobre ustedes. ¿De qué ciudad vienen?”
 
“¡Oh, no somos originarios de Kanto!” rió May mientras acariciaba a Pikachu y sentada en posición de loto. El ratón eléctrico se hallaba acostado en el regazo de la joven, disfrutando de sus caricias y mimos “De hecho provenimos de la región de Hoenn.”
 
“¿Hoenn?” preguntó él confundido e incrédulo. Había oído hablar sobre Hoenn cuando era mucho más pequeño, más su conocimiento sobre ella y las demás regiones era más que limitado “¿Y qué hacen aquí entonces?”
 
“Es una larga historia” explicó ella “Pero con gusto puedo contártela. Verás, nuestro padre es líder de gimnasio de Ciudad Petalia, y el día que recibí mi primer pokémon decidió que debería empezar primero mi viaje por Kanto, ya que cree que los líderes de gimnasio de aquí son más débiles, ideales para principiantes.”
 
Ash frunció el ceño. El hecho de que hubiese gente afuera de su región que se creyese superior a ellos en lo referente a entrenadores y líderes de gimnasio le sacaba de las casillas.
 
“Por eso mismo nos ayudó a pagar un viaje hasta aquí” siguió diciendo May “La idea era que el avión nos dejase en el aeropuerto de Ciudad Carmín, pero debido a una tormenta muy potente terminamos aterrizando cerca de Pueblo Paleta, donde nos quedamos a dormir en el laboratorio del profesor Oak, que es un viejo amigo de nuestro padre y del profesor Birch. Hoy a la mañana emprendimos rumbo hacia la ruta 1 y...bueno, aquí estamos.”
 
“Ah” logró decir Ash, procesando todo lo que acababa de escuchar “¿Entonces ya eres una entrenadora?”
 
“Sí, aunque de momento solo poseo un pokémon” admitió May sonrojada, sacando de su riñonera la única de sus seis poké balls que estaba ocupada “¡Sal a conocer a nuestros nuevos amigos, Torchic!”
 
La joven lanzó la poké ball al aire, y esta se abrió en pleno vuelo, materializando y liberando de ella con un halo de luz blanco a un pequeño pokémon que Ash nunca antes había visto: era un pequeño polluelo de plumaje anaranjado y alas amarillas, con una cresta en la cabeza compuesta por seis plumas naranjas y amarillas que recordaban a una flama. Sus pequeñas piernas color marrón claro portaban tres dedos en cada pata. En cuanto se percató de la presencia de Pikachu, corrió a presentarse ante el ratón eléctrico, diciendo su nombre con alegría.
 
“Vaya” dijo el joven de Pueblo Paleta asombrado mientras sacaba la pokédex de su mochila verde “Será mejor que me informe con respecto a él.”
 
 Su pokédex emitió un pitido en cuanto la apuntó hacia Torchic, y procedió a hablar. Su voz sonaba similar a la del profesor Oak, pero sintética, mecanizada.
 
“Error. No hay información disponible sobre este pokémon.”
 
“Diablos” maldijo guardando el dispositivo de nuevo en su lugar “Al parecer mi pokédex solo funciona con pokémon de mi región.”
 
“Déjame hacer los honores” pidió May con una sonrisa mientras sacaba su pokédex para escanear a Torchic, quien ya se encontraba jugando y riendo con Pikachu. A diferencia de la de Ash, la suya era ovalada, más similar a un teléfono celular, además de que su programación era femenina.
 
“Torchic, el pokémon polluelo. En su interior arde una llama que mantiene su cuerpo caliente. Tira bolas de fuego a mil grados.”
 
“O sea que es un pokémon de fuego” dedujo Ash impresionado “Qué interesante.”
 
“¿No son muy útiles las pokédex?” dijo May muy contenta “Nos dan más que la información suficiente para conocer mejor a nuestros pokémon. Son más que prácticas.”
 
“Leí una vez que fue inventada por un tal profesor Westwood V, que vive en las Islas Espuma” comentó Max “Si la memoria no me falla, dichas islas se encuentran aquí en Kanto. ¿No es cierto, Ash?”
 
“Así es” respondió Ash asintiendo con la cabeza “Y eso no es todo. También dicen que Articuno vive en lo más profundo de ellas.”
 
“¿Articuno, el ave legendaria del hielo?” inquirió Max con sus ojos abriéndose como platos. Había estado tanto tiempo leyendo junto a May su libro sobre las leyendas de Kanto durante el viaje en avión que la mención de uno de sus pokémon legendarios más conocidos por parte de Ash hizo que su hambre de conocimiento se despertase de sopetón.
 
“Así es” aseguró el muchacho de Pueblo Paleta “Aunque de momento es solo un rumor. Aunque, ahora que lo pienso...¿Cuál es tu historia, Max? ¿Por qué estás aquí con May?”
 
“Bueno, es muy fácil de explicar” replicó el niño “Como todavía tengo siete años, todavía no puedo empezar a ser entrenador. Pero quería viajar con May para aprender más sobre los pokémon de Kanto.”
 
“Nos apoyamos mutuamente” dijo May abrazando a su hermano “Él toma nota de todas las especies que veamos y yo le defiendo de cualquier peligro mientras trato de mejorar como entrenadora.”
 
“Aunque no seas muy buena en eso” añadió él recordando el incidente de aquel día con los Rattata rabiosos.
 
“El punto es que Max estudia a los pokémon mientras yo me dispongo a completar el desafío de los gimnasios” dijo ella “Aunque te confieso que no tengo pensado inscribirme en la liga pokémon. Realmente soy más una chica de concursos.”
 
“¿Y no se lo has dicho a tu padre?” preguntó Ash perplejo.
 
“Lo ha hecho” asintió Max “Pero papá quiere que aun así se fortalezca. Si consigue por lo menos unas cuantas medallas para demostrar lo que vale, entonces estará lista para comenzar a ser coordinadora.”
 
“Tal vez deberíamos viajar juntos entonces” sugirió Ash “Verán, yo busco ingresar a la conferencia plateada, pero solo me dejarán participar en la liga si consigo hacerme con las ocho medallas de gimnasio. May, tú y yo podríamos ser una dupla imbatible si unimos fuerzas y entrenamos juntos. ¡Completaríamos el desafío de los gimnasios en un tris tras!”
 
“No lo había visto de esa forma” admitió May llevándose la mano izquierda a la barbilla “¡Pero podría funcionar! ¿Tú qué opinas, Max?”
 
“Pues dos cabezas siempre son mejor que una” concluyó su hermano menor “O tres, en este caso.”
 
“¡Entonces está decidido!” dijo ella extendiendo su mano derecha hacia Ash “¡Bienvenido al grupo, Ash Ketchum!”
 
Los dos jóvenes rieron mientras estrechaban manos. Una vez las separaron, se dieron cuenta para su sorpresa de que tanto Pikachu como Torchic se habían quedado profundamente dormidos. El ratón eléctrico y el polluelo lanza-fuego yacían acostados en el suelo, roncando abrazados.
 
“Creo que sería buena idea irnos a dormir” propuso Max bostezando a causa del cansancio, mientras se metía en la carpa “Mañana nos espera un largo viaje. Buenas noches, chicos.”
 
“¡Buenas noches, Max!” contestó alegremente May mientras se volteaba a ver a su nuevo amigo. Su expresión de alegría fue sustituida por una repleta de curiosidad y extrañeza “Oye, Ash. Hay algo que no me termina de quedar claro contigo. Max dijo hace un rato que quieres ser un maestro pokémon. ¿A qué te refieres con eso?”
 
“Bueno, como le dije a Max, nunca lo he pensado mucho” reflexionó Ash “Creo que es algo para lo que aún no he hallado la respuesta.”
 
“¿Has salido de viaje sin saber bien cuál es tu meta final?” preguntó la chica de Hoenn completamente perdida “¿Y queriendo obtener un título del que nunca has escuchado que alguien más tenga?”
 
“Ahora que lo pones de esa forma, diría que sí” admitió él “Supongo que es algo que deberé descubrir eventualmente. ¿No puedes darme algún consejo?”
 
“Bueno, mi papá me dijo una vez algo que aún a día de hoy he repetido para mí misma una y otra vez con tal de no olvidarlo” comentó May “Y es que no es muy bueno vivir la vida sin un propósito claro. Aniquila el alma, y eventualmente te deja vacío, haciendo que te sientas muerto por dentro. Tal vez...tal vez deberías pensar bien en qué es lo que buscas realmente. Qué es lo que tu corazón anhela.”
 
El entrenador novato y la aspirante a coordinadora permanecieron en silencio unos segundos, sin dirigirse la mirada. El sonido de las llamas consumiendo las ramas de la fogata y los gruñidos de los Rattata que se hallaban en la lejanía ahora se oían mejor que nunca.
 
“Bueno” bostezó de pronto ella, levantándose del suelo y regresando a Torchic a su poké ball “Creo que seguiré el ejemplo de Max. Me pondré mi pijama y me iré a dormir.”
 
“Yo me quedaré aquí un rato” contestó él “Creo...creo que me diste mucho en qué pensar. Prometo apagar el fuego en cuanto me vaya a dormir.”
 
“Pues...si después te entra sueño no dudes en entrar a la carpa” rió May “Sé que te hemos prestado esa bolsa de dormir, pero créeme cuando te digo que allí dentro hay espacio suficiente para los tres. Es mucho más cómodo que aquí afuera.”
 
“Lo pensaré” dijo Ash tomando al dormido Pikachu en sus manos para acariciarlo, dedicándole una sonrisa sincera a su amiga “Buenas noches, May.”
 
“Buenas noches” respondió la chica mientras se dirigía a la carpa, para luego detenerse y darse la vuelta para hablar “Oh, y Ash...en serio lamento haberte golpeado. Creí que eras un cretino. Espero que sepas disculparme.”
 
“No te preocupes” rió él, ahora con ambos ojos cerrados “Está en el pasado. Además, estoy seguro de que mi ojo no tardará mucho en sanar. Que descanses.”
 
May no dijo nada. Se limitó a sonreírle para luego terminar de ingresar en la oscura tienda, desapareciendo de su vista.
 
Ahora estando solo, Ash se quedó allí sentado un largo rato, acompañado únicamente por la luz de la fogata. Las palabras de Max y de May le habían hecho tener que replantearse varias cosas. ¿Qué era ser un maestro pokémon? Y si ese rango existía, ¿Cómo podía obtenerlo? Muchos entrenadores antes que él habían reunido las medallas de gimnasio, participado en la liga y eventualmente logrado desafiar al Alto Mando para convertirse en campeones, pero ninguno de ellos había sido llamado maestro pokémon por ello. Y si ser maestro pokémon significaba conocer y capturar a todos los pokémon existentes, ¿En verdad tenía toda una vida para hacer eso? Si bien varios científicos habían llegado a avistar y sacar información valiosa hasta de pokémon legendarios, ninguno podía jactarse de que había visto a cada pokémon habido y por haber en todo el mundo antes de pasar a mejor vida. Sabía que había aproximadamente ciento cuarenta y nueve tipos de pokémon en Kanto, y que en cada región cada vez se descubrían más y más especies nuevas cada día, por lo que dicha meta era prácticamente imposible. Por ende, y con ambas opciones descartadas, la pregunta aún persistía: ¿Qué debía hacer para considerarse o ser considerado un maestro pokémon?
 
El pensar tanto hizo que eventualmente el sueño llegase a él. Adormilado, apagó la fogata y se metió junto con Pikachu en su bolsa de dormir, y en menos de dos segundos se quedó dormido.
             
 
[Imagen: nDb2mjH.png]
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