Longfic- Pokémon: La Leyenda de Ash Ketchum

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Resumen

Ash Ketchum comienza su viaje en busca de su más grande ambición: volverse todo un maestro pokémon.

#1
[Imagen: Pokemon_La_Leyenda_de_Ash_Ketchum.png]
                       
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                                         Capítulo 1: Pueblo Paleta

“¡Yyyy muy buenas noches, damas y caballeros!” comenzó anunciando con una sonrisa en los labios la alegre reportera de cabello rubio, blusa verde agua, falda azul marino y zapatos negros de tacón alto. Sus bellos ojos morados brillaban tanto a causa de la emoción que era imposible discernir si era una actuación o si de verdad estaba feliz de estar allí “¡Bienvenidos a una nueva edición de Poké-Celebridades! ¡Soy su querida anfitriona, la despampanante Darla! ¡La noche de hoy nos encontramos trasmitiendo en vivo desde el laboratorio del más influyente científico en Pueblo Paleta y en toda la región de Kanto! ¡Démosle una cálida bienvenida al único e inigualable profesor pokémon Samuel Oak!”
 
La cámara fue movida lentamente hacia la izquierda, acompañada de un aplauso pre-grabado revelando al ya mencionado Oak. El viejo, canoso y respetado científico miraba hacia el frente con una sonrisa afable, vistiendo su bata blanca de laboratorio, una camisa roja y unos largos pantalones color caqui.
 
“Muchas gracias por la presentación, Darla” dijo Oak mientras desviaba la mirada hacia la izquierda, donde se hallaba la reportera “Me da gusto tenerla a usted y a su equipo el día de hoy.”
 
“Profesor, como usted y todos nuestros televidentes bien saben, mañana es un día muy especial” comentó Darla acercando levemente el micrófono que llevaba en su mano izquierda a la boca de Oak “El día de mañana, aquellos niños de Pueblo Paleta que cumplan diez años de edad comenzarán su viaje como entrenadores pokémon. ¿Estoy en lo correcto?”
 
“Así es, Darla” respondió el profesor con la misma sonrisa de antes, asintiendo con la cabeza “Este año solo cuatro niños han sido seleccionados para iniciar dicho viaje, y recibirán su primer pokémon de parte mía.”
 
El programa se alejó de Darla y de Oak, presentando la imagen de una criatura cuadrúpeda, de piel verde y ojos rojos, similar en fisonomía a un sapo. Un gran bulbo también verde con aspecto de repollo asomaba por encima de su cabeza, aparentemente pegado en su espalda. La voz de Samuel se oyó en off.
 
“Bulbasaur, el pokémon de planta.”
 
La imagen cambió, mostrando en lugar del Bulbasaur a una criatura completamente distinta. Se trataba de lo que podía describirse como una especie de reptil bípedo de piel naranja, ojos verdes y torso y barriga amarillas, parecido a una salamandra. Una gran llama de fuego roja ardía sobre la punta de su cola con viveza.
 
“Charmander, el pokémon de fuego.”
 
La imagen cambió por segunda vez. El ser que ahora aparecía era una pequeña tortuga de escamas azul claro, con un gran caparazón amarillo en las placas del pecho y naranja en las de la zona de la espalda, con una pequeña cola enrollada que recordaba a la de una ardilla. Sus ojos eran rojos, más no tanto como los de Bulbasaur.
 
“Y por último, pero no menos importante, el pokémon de agua, ¡Squirtle!”
 
La imagen de Squirtle desapareció, y el programa regresó de inmediato con Darla y con Oak. La reportera y el científico seguían allí parados y sonriendo a la cámara, como si se hubiesen quedado congelados todo el corto tiempo en el que duró la presentación de los tres pokémon.
 
“¡Vaya, pero qué pokémon más adorables!” suspiró genuinamente Darla, volteándose a ver a Oak “¡Tal vez me lleve a alguno un día de estos! ¡Oh, casi se me olvida! Ya se nos está acabando el tiempo. Dígame, profesor, ¿Hay algún último mensaje que quiera darle a nuestra audiencia?”
 
“¡Por supuesto!” afirmó Oak para luego mirar nuevamente hacia la pantalla, esta vez con una mirada seria en su rostro “¡Jóvenes entrenadores! Recuerden que no solo su elección es crucial, sino también la puntualidad. Les espero mañana en mi laboratorio a las ocho en punto, y por favor estén allí presentes cuando se haga la hora. ¡Los estaré esperando!”
 
                                         


“¡Por fin!” gritó alegre el niño de nueve años y de cabello y ojos oscuros, apagando el televisor con el control remoto y brincando de la emoción sobre la frazada, vistiendo su pijama verde con botones y solapas amarillas “¡Mañana cumplo diez años! Al fin ha llegado el momento que he esperado toda mi vida. ¡Me convertiré en un entrenador certificado! Capturaré a los pokémon más fuertes y poderosos que existan. Completaré el desafío de los gimnasios. ¡Llegaré a la Conferencia Plateada!”
 
Hizo una pausa para recobrar el aliento. Acto seguido apoyó su pie derecho sobre el cabezal de madera de su cama, frunció el ceño y levantó su mano izquierda hacia el techo, simulando que tenía una poké ball en ella.
 
“¡Y entonces me convertiré EN UN MAESTRO POKÉMON!” anunció triunfalmente.
 
“¡ATAQUE SORPRESA DE POKÉMON SALVAJE!” gritó con júbilo una voz familiar detrás de él, antes de que una figura de aproximadamente su misma estatura se abalanzase sobre él, haciéndole perder el equilibrio y logrando que ambos cayesen de la cama. Por fortuna, el gran colchón con funda rosada que se hallaba en el suelo amortiguó y suavizó su caída, evitando que sufriesen alguna lesión seria o algo peor.
 
“¡MOLLY!” protestó frustrado el niño mientras apartaba con su mano derecha a su amiga, haciendo que se desplomase de espaldas sobre el otro extremo del colchón. La niña era de largo cabello castaño y de ojos cían, y vestía un pequeño pijama que hacía juego con dichos ojos “¡Arruinaste mi momento de gloria!”
 
“Aaaww, Ash” consiguió decir Molly entre carcajadas “Relájate, solo estaba jugando contigo. Ya sabes cómo soy.”
 
“¡Como sea!” refunfuñó Ash cruzándose de brazos y mirando para otro lado enojado “No debiste quitarme la inspiración. ¿Sabes cuánto tiempo estuve practicando para que me saliese bien ese discurso?”
 
“Dos semanas y dos días extra” contestó Molly, soltando una pequeña risita “Las conté. Y sí, sé que lo estropeé, pero valió la pena. ¡Debiste haber visto tu cara! ¡Oh no, el gran maestro pokémon Ash Ketchum ha sido derrotado por un Rattata! ¡AAAAAH! ¡JA, JA, JA! Ay, fue grandioso.”
 
Ash no dijo nada y mantuvo tanto los brazos cruzados como los ojos clavados en la pared. Por un lado seguía indignado por lo que Molly había hecho. Por el otro lado, la parte más sensible de su mente le decía que debía llorar a causa de la frustración.
 
No. Llorar era para niñas. No le daría a ella el privilegio de verle derramar aunque fuese una lágrima.
 
“Bueno” dijo Molly tomando el control remoto de la cama de Ash con su mano derecha, dándose la vuelta e ignorándolo. Estaba tan acostumbrada a los berrinches de su amigo que sabía que pronto cambiaría de actitud por lo que diría a continuación “¿Quieres ver el canal que da batallas pokémon las veinticuatro horas? Oí que hoy luchan campeones de otras regiones.”
 
El rostro de Ash se iluminó por completo. Sus músculos se distendieron al mismo tiempo que la alegría regresaba a su ser.
 
“¡¿Lo dices en serio?!” preguntó emocionado, volteándose a ver a su amiga y sin poder contener la felicidad que se había apoderado de él.
 
Molly cerró los ojos y sonrió bajando y subiendo la cabeza mientras sostenía el control remoto, dejando salir un pequeño pero más que audible “Mjm”.
 
“¡¿Pues qué estás esperando?!” le dijo desbordando anticipación y con grandes expectativas “¡Enciende el televisor, enciéndelo!”
 
Su amiga apretó el botón rojo en la punta de la cajita rectangular gris oscura, encendiendo nuevamente el aparato idiotiza-masas para luego comenzar a zapear de canal en canal, hasta que se detuvo en el que tanto ella como él estaban buscando, que era el 96. En él, una bella y alta mujer de tez blanca y cabello rubio y un joven de cabello plateado y ojos grisáceos se hallaban enfrentados en las dos puntas de la polvorienta arena de un gran estadio, cuyo centro presentaba dibujado dos círculos y una gran línea que los dividía en el centro y que juntos recordaban a una poké ball. Ambos entrenadores estaban en la fase final del combate, y habían sacado su último pokémon en lo que sería la ronda decisiva.
 
“¡Garchomp, usa Carga Dragón!” ordenó la mujer.
 
“¡Metagross, Puño Meteoro!” dijo el muchacho.
 
Dos fabulosos e impresionantes pokémon que Ash y Molly jamás habían visto en sus vidas, uno siendo un lagarto antropomórfico bípedo con rasgos de tiburón martillo y el otro una especie de gran araña de cuatro patas y cubierta metálica aguamarina con una gran X plateada en su frente que separaba sus grandes cuencas negras con dos pequeños ojos rojos, corrieron a encontrarse en medio del campo para descargar sus respectivos ataques el uno sobre el otro, produciendo un épico choque de movimientos que liberó una gran explosión, seguida de una onda expansiva que sacudió todo el estadio ante los gritos y aplausos de todos los espectadores que presenciaban el épico duelo desde las gradas.
 
“¡Wow!” exclamó Ash asombrado mientras se daba a la vuelta para ver a los ojos a Molly “¡Qué pokémon más raros! ¿Dónde los habrán sacado?”
 
“No lo sé” contestó Molly con la vista aún pegada al televisor “Aunque creo que la señora del cabello rubio es Cynthia, la campeona de la región de Sinnoh. Escuché que tiene pokémon tan tremendos que nadie dura ni dos minutos contra ella a la hora de desafiarla. Lo leí hace un tiempo en una revista.”
 
“¡ASH KETCHUM Y MOLLY HALE!” vociferó una mujer de cabello color marrón chocolate y ojos color miel mientras abría la puerta e ingresaba al dormitorio en el que se hallaban los dos niños. La señora vestía una blusa rosa, camisa amarilla pálida, una falda azul morado y zapatos verde lima “¡Son las once y media de la noche! Ya es hora de dormir para ambos, especialmente para ti, Ash.”
 
“Ay, mamá” suplicó Ash con cara de corderito degollado, juntando ambas manos como si estuviese rezando “¿No podemos quedarnos un rato más viendo la batalla?”
 
“¡Por supuesto que no!” negó su madre con un tono autoritario, apoyando sus manos sobre sus caderas, adoptando la posición de jarrón que siempre usaba cada vez que debía ser estricta “¡Mañana tienes que estar allí muy temprano, y no puedes darte el lujo de presentarte tarde!”
 
“No seas tan dura con ellos, Delia. Recuerda que a partir de mañana no se verán en mucho tiempo” dijo un hombre más alto que la madre de Ash, también un poco más grande que ella por unos pocos años de diferencia. Además de un largo cabello oscuro y unos acuosos ojos y una afable sonrisa en el rostro, el hombre llevaba puestos un pañuelo azul eléctrico, una camisa verde, pantalones grises y zapatos marrón claro “Debes ser un poco más cariñosa. Niños, por favor háganle caso y acuéstense. Recuerda que mañana debes presentarte a primera hora si quieres tu primer pokémon, Ash.”
 
“Tiene razón, señor Hale” rezongó Ash derrotado mientras le arrebataba el control remoto a Molly y apagaba la televisión por segunda vez, para luego dejar el control remoto sobre la mesa y meterse en su cama “Lamento haberte hecho enojar, mamá.”
 
“Así está mucho mejor” dijo Delia mientras procedía a esbozar una sonrisa llena de ternura que reflejaba el amor que le tenía a su hijo, al mismo tiempo que bajaba el interruptor de la pared izquierda con su dedo pulgar para apagar la luz del cuarto y cerraba la puerta detrás de ella y del padre de Molly “Que tengan dulces sueños. ¡Los amamos!”
 
“Buenas noches” dijeron ambos niños mientras se metían en sus respectivas camas a descansar, siendo rodeados por la oscuridad que había invadido la pieza. Ninguno de los dos tardó mucho en bostezar y bajar los párpados, quedándose profundamente dormidos.
 
              


“Ash. Psst. ¡ASH! ¡Despierta, despierta!”

“Hmmm, ¿Qué?” preguntó Ash somnoliento y desconcertado, solo para hallarse cara a cara con el rostro de Molly, quien esbozaba una sonrisa tan radiante como los rayos del sol que se habían filtrado en su cuarto, traspasando la ventana que se hallaba justo frente a sus camas. La mañana había llegado “Molly, ¿Qué sucede?”

“No me lo vas a creer, pero acaba de ocurrir algo sensacional” rió entusiasmada la pequeña “Me levanté hace unos minutos y bajé las escaleras para ver si papá y tu mamá ya se habían levantado para hacernos el desayuno y...”

“Al grano, por favor” pidió el niño mientras se cubría aún más con las sábanas de su cama, dejando únicamente al descubierto su cabello y sus ojos. Molly estaba hablándole tan fuerte y tan rápido que ya estaba comenzando a producirle jaqueca “Tengo mucho sueño.”

“¡Mira lo que encontré!” dijo Molly ilusionada mientras enseñaba lo que llevaba entre sus manos: era un regordete y considerablemente grande ratón de largas orejas, pelaje amarillo, cachetes circulares color rojo y una gran cola cuyo aspecto recordaba al dibujo de un rayo.

“Pika pi” chilló alegremente el pequeño roedor con una sonrisa.

“¡AAAAAAAAAH!” gritó aterrado Ash, saltando afuera de su cama y con los ojos abiertos como platos, asustando al pokémon en el proceso “¡¿De dónde sacaste a ese Pikachu?!”

“Estaba en la cocina, tratando de comerse los cables esos que asoman detrás del enchufe” explicó ella contenta mientras el Pikachu frotaba su frente contra su barbilla, produciéndole cosquillas “Parece que le caigo bien.”

“¡Increíble!” exclamó él impresionado para luego sonreír y extender su mano izquierda hacia el Pikachu en señal de amistad “Hola, Pikachu, ¿Cómo estás? Me llamo Ash.”

El Pikachu le miró enojado y le lanzó una inofensiva pero evidentemente hostil descarga eléctrica desde sus mejillas que le hizo estremecerse y retroceder.

“¡OYE!” gimió enojado y cerrando su puño izquierdo “¡¿Por qué hizo eso?!”

“Creo que no le agradas por el susto que le diste” dedujo Molly con una risita nerviosa “Pero no te preocupes, estoy segura de que con el tiempo se harán amigos.”

Un Dodrio graznó a la distancia para sorpresa de los tres, haciendo que Ash sintiese un escalofrío recorriéndole la espalda.

“Molly, ¿Qué hora es?” se atrevió a preguntar.

“No estoy muy segura” admitió ella mientras miraba el reloj despertador con forma de Voltorb que había encima del sifonier, ubicado justo a la derecha del televisor y del control remoto. Al ver por unos cuantos segundos que los números en el reloj no cambiaban, trató de encender la televisión, solo para descubrir que el apretar el control remoto no surtía efecto “Parece que el reloj y el televisor se descompusieron. Qué extraño.”

“¡OH, NO! ¡¿Y SI ES TARDE?!” gritó Ash mientras se colocaba sus pantuflas y abandonaba el cuarto a la velocidad de un relámpago, levantando una gran ráfaga de aire que sacudió tanto el cabello de Molly como las orejas de Pikachu, dejándolos a ambos en estado de shock “¡TENGO QUE IR POR MI POKÉMON!”

“¡ASH!” alcanzó a gritar Molly mientras bajaba las escaleras y le veía saliendo por la puerta de calle, abandonando la casa “¡Espera! ¡Tenemos que despertar a nuestros padres! ¡Y todavía no te has vestido!”

Pero no la escuchó. Corriendo con todas sus fuerzas y tropezando en ocasiones a causa de sus pantuflas azules, el joven Ketchum ya se hallaba en plena carretera, con su corazón trabajando a mil por hora y sus pulmones quedándose sin aire. No tenía tiempo para vestirse y desayunar, ni siquiera para detenerse a admirar la bella mañana con cielo despejado y el canto de los Pidgey y Pidgeotto que canturreaban felices entre las copas de los árboles cercanos. Estaba demasiado atrasado, y si no se apresuraba ni recibiría su primer pokémon ni podría convertirse finalmente en entrenador como tanto anhelaba.      

Debido a la velocidad a la que iba, no le tomó mucho tiempo el llegar. Apenas había recorrido unas cuantas cuadras cuando divisó a lo lejos el laboratorio del profesor Oak. El científico se hallaba afuera, despidiendo a un muchacho de cabello castaño y alocado sobre las escaleras de la entrada. Uno al que reconoció apenas lo vio.

“¡Pero miren quién llegó tarde!” dijo el joven de forma sarcástica y despreciativa en cuanto le vio detenerse frente a ellos para aferrarse a sus rodillas y recobrar el aliento perdido “¡El señor maestro pokémon en persona! No es que me extrañe mucho.”

“¡Gary!” consiguió decir por fin Ash con rabia. Aquel a quien consideraba su rival desde que eran bebés vestía aquel día una camiseta púrpura, pantalones azul oscuro y zapatos cuyo color coincidía con el de su pelo “Asumo que ya has escogido a tu pokémon.”

“Asumes bien, Ash” sonrió Gary con el mismo tono sarcástico que había empleado anteriormente, a la vez que soltaba y atrapaba constantemente en el aire una poké ball que sostenía en la palma de su mano derecha “¡Y te puedo asegurar que es el más fuerte de todos! Arrollará a cualquier pokémon enclenque que vayas a elegir. Bueno, será mejor que me vaya. Tengo cosas mucho más importantes que hacer que quedarme a verte en pijama y haciendo el ridículo frente a mí, como iniciar mi viaje pokémon, por ejemplo. ¡Adiós, abuelo! ¡Prometo hacer que te sientas orgulloso de mí!”

“¡Mucha suerte, Gary! ¡Espero grandes cosas!” le despidió Oak mientras veía feliz de la vida a su nieto alejándose, tomando el camino que conducía hacia la ruta 1. En cuanto le vio perderse de vista se dio la vuelta para hablar con el recién llegado. Su lenguaje corporal y el tono de su voz cambiaron radicalmente “¡Ash! ¿Por qué has llegado tan tarde? ¿Y por qué estás vestido así?”

“¡Lo siento mucho, profesor!” se lamentó el muchacho cabizbajo y avergonzado, esperando un inminente escarmiento. El científico siempre había sido igual de estricto que su madre con él “Mi despertador no sonó y dormí más de la cuenta, pero ya estoy aquí para recibir mi primer pokémon.”

“Ash, yo...” comenzó el profesor, pero Ash fue más rápido que él y habló primero, claramente dominado por los restos de adrenalina de los que aún rebosaba su cuerpo.

“Me tomó mucho tiempo pensarlo, pero ya he tomado una decisión” retrucó enérgicamente “¡Me llevaré a Squirtle!”

“Ash, Gary ya acaba de llevarse a Squirtle” empezó Samuel apenado “Y además...”
 
“¡E-está bien, no importa!” se apresuró a contestar el chico, poniendo a prueba la paciencia del viejo científico “¡Escogeré a Char...!”
 
 “¡ASH, YA NO ME QUEDAN MÁS POKÉMON!” logró gritar por fin Oak, para luego suspirar apesadumbrado “Ya se los han llevado todos. Eso era lo que estaba tratando de decirte.”
 
“P-p-pero” inició Ash, tartamudeando y habiendo perdido su convicción “Ch-Charmander....B-Bulbasaur...”
 
“Charmander fue el primero en ser entregado” le detuvo Oak, llevándose la mano derecha a la barbilla para rascársela “Se lo llevó ese niño rico Damian, a eso de las ocho y diez. Y Bulbasaur terminó en manos de una niña que vive por aquí cerca. No recuerdo ahora mismo su nombre, pero estoy casi seguro de que se llamaba Mara, o algo por el estilo.”       
  

“¿Está seguro de que no le ha quedado alguno de reserva?” preguntó Ash desesperado. No se iría de allí sin su pokémon “¿Por qué no uno de esos que siempre le veo analizando en su laboratorio?”
 
“Ash, no puedo darte esos” respondió Oak cubriendo su rostro con la mano, decepcionado “Me los han prestado varios de mis compañeros y socios de otras regiones para estudiarlos y tomar notas. Me matarían si descubren que se los he dado a alguien más. Me temo que tendrás que esperar hasta el año próximo para recibir un pokémon. Lo siento mucho.”
 
Ash comenzó a sollozar apenado, haciendo un débil esfuerzo por contener las lágrimas. Sabía que llorar no resolvería nada, pero el dolor que sentía en ese momento era como si le hubiesen arrancado el corazón del pecho. Ahora estaría un año atrasado en comparación con todos los demás niños, y sería el hazmerreír de todo Pueblo Paleta. Gary no pararía de reírse y de darle nombres por el resto del mes.
 
“¡Ash!” gritó de pronto una voz que ambos reconocerían en cualquier parte. El niño se volteó justo para ver a su madre bajando del jeep familiar color marrón oscuro, corriendo y subiendo las escaleras de piedra hasta reunirse con él, indignada “¡¿Por qué no nos esperaste?!”
 
“Oh, hola Delia” exclamó Oak sorprendido “Hola, Spencer. Ha pasado mucho tiempo.”
 
“En verdad ha pasado mucho tiempo, Samuel” reconoció Spencer a la vez que se aseguraba de que el jeep quedase bien estacionado.
 
“Lo lamento, mamá” contestó Ash todavía alicaído y limpiándose las lágrimas, mientras veía como el profesor Hale y Molly se dirigían hacia ellos, la segunda ya vestida con su moño y peto azul favoritos y cargando a Pikachu en su espalda “Llegué demasiado tarde. No podré iniciar mi viaje este año. Le...le fallé a papá.”
 
“Oh tesoro, no fue tu culpa” dijo Delia apenada intentando consolarlo, al mismo tiempo que se volteaba a ver con disgusto al Pikachu “Al parecer alguien estuvo masticando todos los cables de la casa, y por eso no pudimos escuchar nuestros despertadores.”
 
Pikachu soltó un pequeño eructo, sintiéndose satisfecho con todo el cableado que había ingerido dentro de la casa de los Ketchum. En cuanto se percató de la mirada de Delia, el pokémon ratón hizo lo posible por ocultarse detrás de Molly aterrado, deseando que se lo tragase la tierra.
 
“¿En serio se han acabado tan pronto todos los pokémon, Samuel?” preguntó desconcertado Spencer, pensativo “Qué curioso. Estoy seguro de que te he visto entregar por lo menos más de cinco pokémon iniciales por año.”
 
“Así es, pero por desgracia este año me han cortado los fondos” explicó Oak “Como resultado, solo he podido reunir a un solo Bulbasaur, Charmander y Squirtle. Y ya los he entregado a los tres.”
 
Se hizo un silencio sepulcral e incómodo en el que nadie sabía qué decir a continuación. De pronto, y sin previo aviso, Molly empezó a gritar.
 
“¡TENGO UNA IDEA, TENGO UNA IDEA!” vociferaba la niña alegremente mientras se quitaba a Pikachu de la espalda para enseñárselo a todos los allí presentes “¡Ash! ¿Por qué no tomas a Pikachu como tu primer pokémon? ¡Así podrán conocerse mejor mientras viajes junto a él!”
 
Ash y Pikachu se miraron el uno al otro tanto con desconfianza como con enojo. Ninguno quería tener nada que ver con el otro.
 
“¿Un Pikachu como primer pokémon?” preguntó Oak perplejo “Peculiar. Hmmm...Discúlpenme un minuto. Volveré enseguida.”
 
Con una impresionante velocidad para alguien de su edad, Samuel subió los escalones restantes y atravesó la puerta abierta de su laboratorio. Menos de quince minutos después regresó trayendo en sus manos seis poké balls y un pequeño dispositivo rectangular y aparentemente electrónico de color rojo.
 
“¡Muy bien, Ash!” explicó mientras le entregaba al chico los objetos “Aquí tienes la pokédex reglamentaria para todo entrenador, y por supuesto seis poké balls para capturar a todos los pokémon salvajes que llegues a avistar y que te interese capturar. Tan solo debes usar una de ellas con Pikachu y pasará a ser automáticamente tu pokémon.”
 
“Estupendo. ¡No perderé tiempo y se la lanzaré ahora mismo!” dijo Ash mientras le daba la pokédex y cinco de las poké balls a su madre para que las sostuviese. Acto seguido arrojó la ball en su mano izquierda hacia Pikachu, pero para su infortunio el pokémon eléctrico la bloqueó inmediatamente con su cola, haciendo que esta regresase hacia él y le golpease fuertemente.
 
“Oh, claro, debí haberlo recordado” mencionó Oak mientras sentía que una pieza vital de información llegaba a su mente, proviniendo de lo más recóndito del banco de su memoria “Los Pikachu suelen ser muy reacios a entrar a sus poké balls. No es hasta que evolucionan en Raichu que se sienten cómodos dentro de ellas. Pero como intentaste lanzársela y entró en contacto con su cola, supongo que en cierta forma ya te pertenece. ¡Felicidades Ash, ya tienes un pokémon!”
 
“Le agradecemos mucho su ayuda, profesor” sonrió Delia contenta, mientras tomaba la bolsa blanca que Spencer le estaba dando con su mano libre para luego dársela a Ash “¡Y yo también te tengo una sorpresa! Aquí tienes tu ropa, tu mochila y algo de dinero por si necesitas comprar algo de vital importancia en el camino. ¡Incluso te trajimos tu gorra favorita!”
 
“¡Muchas gracias, mamá!” dijo Ash, tomando a su madre de la cintura y abrazándola con fuerza. Tras un rápido cambio de prendas se ajustó su gorra y, valiéndose de una correa y guantes de goma de goma que encontró en la mochila para sujetar a Pikachu y evitar que huyera, se despidió del profesor y de su familia tomando el mismo sendero por el que había visto irse a Gary un rato antes.
 
“¡Adiós, Ash!” saludó contenta y emocionada Delia, feliz de ver que su hijo ya se había vuelto un hombre en toda regla “¡No olvides llamarnos una vez hayas llegado a Ciudad Verde!”
 
“¡Pórtate bien con Ash, Pikachu!” saludó Molly con una sonrisa mientras veía como Pikachu le chillaba entre regañadientes, que era su forma de decirle que sí. Apenas se habían alejado cuando su rostro se ensombreció. Luego de ello suspiró con un dejo de melancolía “Ya empiezo a extrañarlo, papá. Desearía poder ir con él pero...recién cumpliré diez el año que viene.”
 
“No te sientas mal, Molly” le dijo su padre apoyando su mano izquierda sobre el hombro de su hija, buscando reconfortarla “Volverás a ver a Ash antes de que puedas decir Lapras.”
 
“Todavía me preocupa que se vaya con ese Pikachu” admitió Delia consternada “¿No hubiera sido mejor esperar hasta el año que viene para darle el Squirtle que tanto quería?”
 
“Ash es un niño muy capaz, Delia” aseguró Spencer “No me cabe la menor duda de que ese Pikachu eventualmente le tomará cariño. Y de todos modos era ahora o nunca. Todos los niños deben abandonar su casa alguna vez. Estará bien, te lo prometo. Ya lo verás.”
 
Delia sonrió y abrazó a su viejo amigo, quien le devolvió el gesto con mucho gusto. Acto seguido se separaron el uno del otro y se subieron al jeep para emprender el viaje de regreso a casa.
 
“...Lapras” dijo apenada Molly mientras veía como Ash y Pikachu se convertían en dos pequeños puntos negros en el horizonte.

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¿Qué es esto, Luna? Un fanfic sobre Ash (duh).

¿Cómo se te ocurrió esta idea y cuál es el objetivo acá? Por una conversación que tuve con @Lawl. en el chat de Discord. La idea es hacer un universo alterno que reimagine el viaje de Ash y creando una aventura completamente nueva.

¿Comparte continuidad con el Moonverse o con alguno de tus otros one-shots? No, es su propia realidad, y como habrán podido notar con tan solo leer este primer capítulo, me tomaré unas cuantas libertades creativas con respecto al canon del anime. Además me sirve como un experimento para alejarme un rato del Moonverse mientras preparo el segundo capítulo de "Pokémon: Ragnarok".

¿Ash capturará a los pokémon que le hemos visto capturar en el anime? ¿Aparecerán Misty, Brock, May, etc.? Como ya he dicho anteriormente, el fic está basado en el anime, por lo que tomaré inspiración tanto de la serie original (las cinco primeras temporadas para ser exactos) como de las posteriores sagas (Generación Avanzada, Diamante y Perla, etc.), PERO nada será exactamente igual a lo visto en el show, por lo que esperen tanto caras conocidas como también sorpresas.

¿Pikachu evolucionará? ¿Ash ganará una liga que de verdad importe? Tal vez. Tal vez no. Supongo que tendrán que leer para averigüarlo.

¿Por qué no nos cuentas más? Si les contase todo lo que tengo planeado ya no habría sentido en continuar la historia, así que pa k kieren saver eso jaja salu2 (?)

¿Cuántos capítulos tendrá? No lo he pensado todavía. Supongo que tendrá los que hagan falta para llegar hasta el final que ya tengo pensado (y que obviamente no revelaré para no dar spoiler y hacer inútil el punto de empezar a escribir este longfic).

Se me cuidan ;)
 
[Imagen: nDb2mjH.png]
   Pokémon Ragnarok
"Al fin, el gran fiestón."-Pyro
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#2
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          Capítulo 2: Ruta 1

La ruta 1. La primera gran prueba que cada año todo joven de Pueblo Paleta debía superar si quería dar comienzo a su carrera de entrenador, cruzándola para llegar hasta Ciudad Verde. Además de largo, tedioso y abundante en vegetación, aquel interminable sendero era el hogar de muchos Rattata y Pidgey salvajes, que podían llegar a ser bastante agresivos y hostiles si algún desgraciado viajero cometía el terrible error de provocarlos.
 
Todavía tironeando de la correa y arrastrando a un menos que entusiasmado Pikachu, Ash decidió hacer un alto sentándose sobre una gran roca a la que ató a su pokémon y que había al pie de un enorme y tupido árbol, el cual se dio cuenta le proporcionaría sombra por un rato, poniéndole a salvo de los mortales rayos del sol de la tarde. Llevaba más de media hora recorriendo aquella infernal ruta y ya se sentía como si llevase años atravesándola, sin llegar jamás a algún lado.
 
“Maldición” se lamentó mientras se quitaba su gorra roja y revisaba el mapa que su madre le había guardado en la mochila “¡Todos los árboles en esta ruta son exactamente iguales! Antes moriré caminando en círculos que llegando a Ciudad Verde.”
 
Pikachu se tiró al suelo desternillándose de la risa. Su entrenador se levantó enojado de la roca, con una vena palpitándole en la zona izquierda de la frente.
 
“Escúchame, Pikachu” dijo el joven apuntando al ratón eléctrico con el dedo índice de su mano derecha, intentando sonar autoritario “Yo no te agrado y tú no me agradas. Y sé que no te gustó para nada que te engañase para meterte a mi poké ball, aunque fuese por un segundo. Pero si no quieres que nos quedemos a vivir aquí por siempre, deberías empezar por respetarme y ayudarme. ¿No puedes aunque sea hacer un esfuerzo?”
 
“Piii” contestó Pikachu moviendo la cabeza para los costados y sacándole la lengua. Su actitud hizo que a Ash se le encendiese una luz en la cabeza.
 
“Acuérdate de lo que le prometiste a Molly” le recordó sonriéndole con una sonrisa socarrona “Debes portarte bien conmigo, o ella se pondrá muy triste.”
 
“Pikaaa” suspiró Pikachu derrotado, teniendo que tragarse su orgullo. Si bien no quería ayudar a aquel humano que le había gritado y asustado aquella mañana, lo cierto era que la niña había sido muy amable con él, y no podía decirle que no a aquella sonrisa suya. ¿Por qué ella no pudo haber sido su entrenadora? ¿Por qué tenía que seguir las órdenes de aquel mocoso? No lo sabía, pero las reglas del juego ya habían sido escritas. Tenía que disculparse con el muchacho y hacer el intento de ser más receptivo con él, aunque fuera tan solo un poco.
 
“Oye, no tengo porqué caerte bien” añadió Ash agachándose consternado y ofreciéndole su mano izquierda en señal de amistad “Pero por lo menos podemos trabajar juntos. Realmente quiero volverme un excelente entrenador, y estoy seguro de que a ti te gustaría volverte mucho más fuerte. ¿Qué te parece si dejamos a un lado nuestras diferencias y hacemos una pequeña alianza?”
 
Pikachu miró a su entrenador de reojo y de brazos cruzados. Finalmente, y dándose cuenta de que no tenía muchas opciones, decidió aceptar la proposición de Ash, entregándole su pata delantera derecha. Debido a lo pequeña que esta era, su entrenador tuvo que contentarse con darle su dedo para sacudirla y sellar el trato.
 
“Muy bien” anunció levantándose del suelo y limpiando el polvo que se había juntado en sus pantalones azul claro “Ahora tenemos que encontrar la manera de salir de esta ruta. ¿Se te ocurre algo?”
 
“Pika, Pika” contestó Pikachu enojado, tratando de quitarse la correa.
 
“Hmm, sí, tienes razón” observó Ash mientras retiraba el cordel de la roca “Será mejor para ambos si no tengo que seguir arrastrándote todo el camino. Pero quiero que me prometas que no te irás corriendo en cuanto te desate. ¿Lo juras?”
 
“Pika pi” respondió el pokémon de pelaje amarillo con su pata izquierda en el corazón para empeñar su palabra. Podía estar llevándose mal con su nuevo amo, pero no era un mentiroso.
 
“Muy bien” respondió su entrenador terminando de deshacer el nudo y quitándole el collar del cuello. Para su sorpresa, el pokémon no huyó en cuanto lo hizo “Entonces, ¿Qué otra sugieres que hagamos?”
 
Pikachu miró a sus alrededores, girando la cabeza hacia todas las direcciones posibles, como si estuviese en busca de algo. Sus ojos por fin detectaron con su maravillosa visión a un Pidgey que descansaba en la copa de un árbol cercano a la posición de ambos, y en cuanto lo hizo se dirigió hacia él para hablarle en su idioma. Después de quedarse unos cuantos segundos mirando desde la roca cómo su pokémon como el Pidgey mantenían una conversación, Ash notó como Pikachu salía corriendo en cuatro patas y en dirección sur, a una gran velocidad.
 
“¡Espera!” gritó mientras guardaba el mapa y los guantes e iba tras él lo más rápido que podía “¿Qué es lo que te ha dicho ese Pidgey? ¿Pikachu? ¡Pikachu, regresa, por favor!”
 
“¡Pika, Pika!” chillaba Pikachu mientras seguía corriendo, pidiéndole a su entrenador que le siguiese el ritmo. El ratón eléctrico eventualmente se detuvo frente a un claro en el que había un gran y viejo cartel de madera con forma de flecha que apuntaba hacia adelante y que rezaba lo siguiente: “Ciudad Verde a un kilómetro”.
 
“¡Perfecto!” exclamó Ash cerrando ambos puños de la alegría tras haberse parado a leer la inscripción del cartel “Ese Pidgey debió de darte las indicaciones correctas. ¡Y tú también eres un excelente guía, Pikachu!”
 
“Pikaaa” rió Pikachu con orgullo, presumiendo de su buena orientación. Pero antes de que tuviese siquiera tiempo para continuar regodeándose en vano de su logro, sintió a su entrenador tapándole la boca con su mano izquierda e indicándole que no hiciese ruido con la derecha.
 
“Shh” musitó el joven “No estamos solos. Mira eso.”
 
Pikachu miró hacia donde Ash le señalaba con el dedo, y lo que le vio le desconcertó tanto como le preocupó: más delante de donde ellos se encontraban, una extraña maraña de pelos negra y azulada se sacudía entre dos espesos arbustos.
 
“Debe ser un pokémon salvaje muy peligroso” agregó Ash en voz baja, mientras sacaba lentamente de su bolsillo derecho una de las cinco poké balls extra que Oak le había dado aparte de la que había usado para Pikachu “Trataré de lanzarle una ball para ver si consigo capturarlo. Tú prepárate en caso de que tengamos que pelear.”
 
“Pika” replicó Pikachu seriamente, poniéndose nuevamente en cuatro patas y con el pelaje erizado, liberando poderosas chispas de sus mofletes. El niño tenía razón, pasara lo que pasara debían aprender a unir fuerzas, especialmente cuando no sabían la clase de peligros a los que se enfrentarían. Y aquella situación repleta de incertidumbre era la prueba palpable de ello.
  

“¡POKÉ BALL, VE!” anunció el muchacho de Pueblo Paleta, arrojando con energía su ball hacia los arbustos. La esférica cápsula contenedora impactó contra aquella maraña de pelo, produciendo un suceso insólito.
 
“¡AY!” gritó la criatura, finalmente saliendo enfadada de entre la vegetación para encarar a Ash y a Pikachu y sosteniendo la poké ball en una mano: se trataba de un niño de baja estatura que, a juzgar por su aspecto, no podía tener menos de siete años. Además de gafas negras que evidentemente servían para leer, el infante vestía una camisa verde con solapas blancas, pantalones marrón oscuro y zapatillas que compartían el mismo color verde claro que su camisa, pero con partes blancas y negras. Cargaba una pesada mochila amarilla en la espalda, y un pequeño chichón ya estaba formándose en su cabeza “¡Oye, tonto! ¡No soy un pokémon! ¿Por qué me atacas con una poké ball?”
 
“Caray” consiguió decir Ash, titubeando mientras veía al niño acercarse a él “Lo-lo lamento. No tenía idea. Creí que eras...”
 
“¡Pues creíste mal!” retrucó el chico, devolviéndole la poké ball de forma grosera, lanzándosela en el aire para que tuviese que atraparla como pudiese “Tienes mucha suerte de que mi hermana no esté aquí conmigo. Te daría la paliza que te mereces.”
 
Pikachu no pudo evitar soltar una carcajada. El hecho de que su entrenador hubiese confundido a alguien más de su especie con un pokémon era demasiado hilarante para él.
 
“¡Ey, ya te he dicho que lo lamento!” espetó Ash enojado mientras conseguía interceptar la ball antes de que cayese al suelo, guardándola en su bolsillo “¡¿Qué más quieres que haga?!”
  

“Ay, como sea” protestó el chico desinteresado mientras ajustaba sus lentes, llevándolos con el dedo índice de su mano derecha hasta el puente de su nariz “Supongo que no puedo culparte, aunque aún me duele mucho el golpe. De seguro te asusté agitando tanto los arbustos. Por cierto, no nos hemos presentado. Me llamo Max.”
 
“Soy Ash, y este de aquí es mi compañero Pikachu” dijo Ash mientras estrechaba manos con Max y señalaba a Pikachu con su mano derecha abierta. El pokémon eléctrico se limitó a sonreír “Estamos en un viaje para convertirme en un maestro pokémon.”
 
“¿Maestro pokémon?” preguntó Max extrañado, alzando una ceja “¿Y cómo se llega a ser un maestro pokémon? ¿Ganando las ligas de todas las regiones? ¿Capturando a todos los pokémon que existen? ¿Siendo el entrenador más fuerte del mundo?”
 
Ash abrió la boca para contestar, pero se halló a sí mismo incapaz de responder a la pregunta que el niño le había hecho.
 
“Yo...” empezó avergonzado para luego sonreír con una risa nerviosa “...creo que nunca me detuve a pensarlo. Ja, ja, ja.”
 
Max contuvo el impulso de golpear fuertemente su rostro con su mano derecha, sabiendo que el vidrio de sus lentes se le incrustaría en los ojos. En su lugar decidió responder con una sonrisa forzada. Le costaba creer que estuviese hablando con un entrenador que, a pesar de ser mayor que él, era tan ingenuo y despistado.
 
“Espera Max” dijo Ash mirando al recién llegado de arriba a abajo “Veo que no traes poké balls encima. ¿Estás viajando solo y sin pokémon?”
 
“¡Oh no, no es eso!” explicó el chico mientras se quitaba de encima varias hojas que había notado reposaban sobre sus hombros “De hecho estoy viajando con mi hermana. Estábamos pasando por esta ruta cuando unos Rattata salvajes nos atacaron. Nos separamos para perderlos, pero ahora que ya me encuentro a salvo no la veo por ninguna parte, y temo que algo muy malo le haya pasado. ¿Crees que tú y tu Pikachu podrían ayudarme a encontrarla?”
 
Antes de que Ash pudiese decir que sí, una chica de cabello castaño y ojos azules emergió de entre unos árboles situados a su izquierda, sorprendiéndole tanto a él como a Max y a Pikachu. La joven era de aproximadamente su misma estatura, y vestía una camisa roja de manga corta y de cuello azul, además de shorts también azules, una riñonera amarilla en su cintura, medias negras y zapatos con partes rojas, azules y amarillas. Llevaba guantes blancos de dedos azules en las manos, así como también un pañuelo rojo y anudado con el dibujo de una poké ball blanca.
 
“¡MAX!” gritó la muchacha desconsolada, corriendo hasta Max para abrazarle y estrujarle. El chico comenzó a asfixiarse a causa de tanto cariño “¡Ay, hermanito, creí que nunca volvería a verte! Esos Rattata me persiguieron un largo trecho, pero logré que me perdiesen el rastro. ¡Cómo me alegra verte sin ningún rasguño!”
 
Pero se detuvo en cuanto notó el chichón en la cabeza de su hermano. Sus ojos miraron con furia a Ash, quien le sonrió saludándole con su mano derecha.
 
“¡¿Tú le has hecho esto?!” vociferó enojada, avanzando hacia el joven con intención de destruirlo. Pikachu se hizo a un lado aterrado “¡¿Cómo te atreves a hacerle eso a alguien más pequeño que tú?! ¡VOY A MATARTE!”
 
“¡Oye, espera!” exclamó Ash tragando saliva y retrocediendo “¡Yo no quise...!”
 
Pero no pudo completar la oración. La joven alzó su puño derecho y le propinó un fuerte golpe en el ojo izquierdo, dejándoselo morado.
 
“¡AAAAAAY!” gritó llevando ambas manos a su ojo mientras caía al suelo, retorciéndose a causa del dolor. Nadie le había golpeado antes de aquella forma, ni siquiera su madre “¡Espera, no fue mi intención hacerlo! ¡Creí que era un pokémon y le arrojé mi poké ball por error, eso es todo!”
        

“¡Es cierto, May!” dijo Max mientras detenía a su hermana, sujetándola de su brazo izquierdo para frenarla “¡Solo fue un malentendido! ¡No lo lastimes!”
 
“Oh” alcanzó a decir May, tapándose la boca con la mano derecha, sintiéndose terrible. Había saltado a conclusiones demasiado pronto “Rayos, yo...cómo lo siento.”
 
“¡¿Lo sientes?!” gritó Ash enfurecido, abriendo su ojo sano y viéndola con genuino desprecio “¡¿LO SIENTES?! ¡Mira cómo me has dejado el ojo! ¡¿Quién sabe cuándo volveré a poder abrirlo?!”
 
“¡Es lo que te ganas por meterte con mi hermano!” refunfuñó May, cruzándose de brazos e intentando excusarse. Pero en el fondo sabía que el chico tenía razón. Todavía ofuscada, se agachó para ayudarle “Pero en serio lo siento. Creo que mi madre guardó un botiquín de primeros auxilios en mi riñonera. Dame un minuto para sacarlo, ¡Y deja de tocarte el ojo con las manos! Solo te dolerá más.”
 
“Será mejor que armemos un pequeño campamento mientras tanto” dijo Max, viendo desconfiado la multitud de ojos rojos que les observaban desde los arbustos más próximos, al mismo tiempo que se quitaba la mochila de los hombros “Un poco de fuego mantendrá alejados a los pokémon salvajes. Sacaré la carpa para armar y las bolsas de dormir, y luego iré en busca de ramas.”
 
Lenta y tempranamente llegaron la oscuridad y sonidos de la noche, envolviendo a los jóvenes y al pokémon eléctrico con un manto negro que impedía ver tanto el camino como el lugar en donde estaban parados. Las estrellas lucían más lejanas que de costumbre, con su luz no pudiendo iluminar absolutamente nada. Su única aliada en aquella deplorable situación eran las llamas de la fogata que Max había conseguido armar con unas pocas ramas y haciendo chocar dos piedras entre sí para producir una chispa.
 
“Entonces May” dijo Ash sosteniendo con su mano izquierda un pañuelo verde cubierto por cubos de hielo para enfriar su ojo morado. Ya estaba más relajado que hacía unas horas, pero el dolor seguía siendo atroz “Cuéntame un poco más sobre ustedes. ¿De qué ciudad vienen?”
 
“¡Oh, no somos originarios de Kanto!” rió May mientras acariciaba a Pikachu y sentada en posición de loto. El ratón eléctrico se hallaba acostado en el regazo de la joven, disfrutando de sus caricias y mimos “De hecho provenimos de la región de Hoenn.”
 
“¿Hoenn?” preguntó él confundido e incrédulo. Había oído hablar sobre Hoenn cuando era mucho más pequeño, más su conocimiento sobre ella y las demás regiones era más que limitado “¿Y qué hacen aquí entonces?”
 
“Es una larga historia” explicó ella “Pero con gusto puedo contártela. Verás, nuestro padre es líder de gimnasio de Ciudad Petalia, y el día que recibí mi primer pokémon decidió que debería empezar primero mi viaje por Kanto, ya que cree que los líderes de gimnasio de aquí son más débiles, ideales para principiantes.”
 
Ash frunció el ceño. El hecho de que hubiese gente afuera de su región que se creyese superior a ellos en lo referente a entrenadores y líderes de gimnasio le sacaba de las casillas.
 
“Por eso mismo nos ayudó a pagar un viaje hasta aquí” siguió diciendo May “La idea era que el avión nos dejase en el aeropuerto de Ciudad Carmín, pero debido a una tormenta muy potente terminamos aterrizando cerca de Pueblo Paleta, donde nos quedamos a dormir en el laboratorio del profesor Oak, que es un viejo amigo de nuestro padre y del profesor Birch. Hoy a la mañana emprendimos rumbo hacia la ruta 1 y...bueno, aquí estamos.”
 
“Ah” logró decir Ash, procesando todo lo que acababa de escuchar “¿Entonces ya eres una entrenadora?”
 
“Sí, aunque de momento solo poseo un pokémon” admitió May sonrojada, sacando de su riñonera la única de sus seis poké balls que estaba ocupada “¡Sal a conocer a nuestros nuevos amigos, Torchic!”
 
La joven lanzó la poké ball al aire, y esta se abrió en pleno vuelo, materializando y liberando de ella con un halo de luz blanco a un pequeño pokémon que Ash nunca antes había visto: era un pequeño polluelo de plumaje anaranjado y alas amarillas, con una cresta en la cabeza compuesta por seis plumas naranjas y amarillas que recordaban a una flama. Sus pequeñas piernas color marrón claro portaban tres dedos en cada pata. En cuanto se percató de la presencia de Pikachu, corrió a presentarse ante el ratón eléctrico, diciendo su nombre con alegría.
 
“Vaya” dijo el joven de Pueblo Paleta asombrado mientras sacaba la pokédex de su mochila verde “Será mejor que me informe con respecto a él.”
 
 Su pokédex emitió un pitido en cuanto la apuntó hacia Torchic, y procedió a hablar. Su voz sonaba similar a la del profesor Oak, pero sintética, mecanizada.
 
“Error. No hay información disponible sobre este pokémon.”
 
“Diablos” maldijo guardando el dispositivo de nuevo en su lugar “Al parecer mi pokédex solo funciona con pokémon de mi región.”
 
“Déjame hacer los honores” pidió May con una sonrisa mientras sacaba su pokédex para escanear a Torchic, quien ya se encontraba jugando y riendo con Pikachu. A diferencia de la de Ash, la suya era ovalada, más similar a un teléfono celular, además de que su programación era femenina.
 
“Torchic, el pokémon polluelo. En su interior arde una llama que mantiene su cuerpo caliente. Tira bolas de fuego a mil grados.”
 
“O sea que es un pokémon de fuego” dedujo Ash impresionado “Qué interesante.”
 
“¿No son muy útiles las pokédex?” dijo May muy contenta “Nos dan más que la información suficiente para conocer mejor a nuestros pokémon. Son más que prácticas.”
 
“Leí una vez que fue inventada por un tal profesor Westwood V, que vive en las Islas Espuma” comentó Max “Si la memoria no me falla, dichas islas se encuentran aquí en Kanto. ¿No es cierto, Ash?”
 
“Así es” respondió Ash asintiendo con la cabeza “Y eso no es todo. También dicen que Articuno vive en lo más profundo de ellas.”
 
“¿Articuno, el ave legendaria del hielo?” inquirió Max con sus ojos abriéndose como platos. Había estado tanto tiempo leyendo junto a May su libro sobre las leyendas de Kanto durante el viaje en avión que la mención de uno de sus pokémon legendarios más conocidos por parte de Ash hizo que su hambre de conocimiento se despertase de sopetón.
 
“Así es” aseguró el muchacho de Pueblo Paleta “Aunque de momento es solo un rumor. Aunque, ahora que lo pienso...¿Cuál es tu historia, Max? ¿Por qué estás aquí con May?”
 
“Bueno, es muy fácil de explicar” replicó el niño “Como todavía tengo siete años, todavía no puedo empezar a ser entrenador. Pero quería viajar con May para aprender más sobre los pokémon de Kanto.”
 
“Nos apoyamos mutuamente” dijo May abrazando a su hermano “Él toma nota de todas las especies que veamos y yo le defiendo de cualquier peligro mientras trato de mejorar como entrenadora.”
 
“Aunque no seas muy buena en eso” añadió él recordando el incidente de aquel día con los Rattata rabiosos.
 
“El punto es que Max estudia a los pokémon mientras yo me dispongo a completar el desafío de los gimnasios” dijo ella “Aunque te confieso que no tengo pensado inscribirme en la liga pokémon. Realmente soy más una chica de concursos.”
 
“¿Y no se lo has dicho a tu padre?” preguntó Ash perplejo.
 
“Lo ha hecho” asintió Max “Pero papá quiere que aun así se fortalezca. Si consigue por lo menos unas cuantas medallas para demostrar lo que vale, entonces estará lista para comenzar a ser coordinadora.”
 
“Tal vez deberíamos viajar juntos entonces” sugirió Ash “Verán, yo busco ingresar a la conferencia plateada, pero solo me dejarán participar en la liga si consigo hacerme con las ocho medallas de gimnasio. May, tú y yo podríamos ser una dupla imbatible si unimos fuerzas y entrenamos juntos. ¡Completaríamos el desafío de los gimnasios en un tris tras!”
 
“No lo había visto de esa forma” admitió May llevándose la mano izquierda a la barbilla “¡Pero podría funcionar! ¿Tú qué opinas, Max?”
 
“Pues dos cabezas siempre son mejor que una” concluyó su hermano menor “O tres, en este caso.”
 
“¡Entonces está decidido!” dijo ella extendiendo su mano derecha hacia Ash “¡Bienvenido al grupo, Ash Ketchum!”
 
Los dos jóvenes rieron mientras estrechaban manos. Una vez las separaron, se dieron cuenta para su sorpresa de que tanto Pikachu como Torchic se habían quedado profundamente dormidos. El ratón eléctrico y el polluelo lanza-fuego yacían acostados en el suelo, roncando abrazados.
 
“Creo que sería buena idea irnos a dormir” propuso Max bostezando a causa del cansancio, mientras se metía en la carpa “Mañana nos espera un largo viaje. Buenas noches, chicos.”
 
“¡Buenas noches, Max!” contestó alegremente May mientras se volteaba a ver a su nuevo amigo. Su expresión de alegría fue sustituida por una repleta de curiosidad y extrañeza “Oye, Ash. Hay algo que no me termina de quedar claro contigo. Max dijo hace un rato que quieres ser un maestro pokémon. ¿A qué te refieres con eso?”
 
“Bueno, como le dije a Max, nunca lo he pensado mucho” reflexionó Ash “Creo que es algo para lo que aún no he hallado la respuesta.”
 
“¿Has salido de viaje sin saber bien cuál es tu meta final?” preguntó la chica de Hoenn completamente perdida “¿Y queriendo obtener un título del que nunca has escuchado que alguien más tenga?”
 
“Ahora que lo pones de esa forma, diría que sí” admitió él “Supongo que es algo que deberé descubrir eventualmente. ¿No puedes darme algún consejo?”
 
“Bueno, mi papá me dijo una vez algo que aún a día de hoy he repetido para mí misma una y otra vez con tal de no olvidarlo” comentó May “Y es que no es muy bueno vivir la vida sin un propósito claro. Aniquila el alma, y eventualmente te deja vacío, haciendo que te sientas muerto por dentro. Tal vez...tal vez deberías pensar bien en qué es lo que buscas realmente. Qué es lo que tu corazón anhela.”
 
El entrenador novato y la aspirante a coordinadora permanecieron en silencio unos segundos, sin dirigirse la mirada. El sonido de las llamas consumiendo las ramas de la fogata y los gruñidos de los Rattata que se hallaban en la lejanía ahora se oían mejor que nunca.
 
“Bueno” bostezó de pronto ella, levantándose del suelo y regresando a Torchic a su poké ball “Creo que seguiré el ejemplo de Max. Me pondré mi pijama y me iré a dormir.”
 
“Yo me quedaré aquí un rato” contestó él “Creo...creo que me diste mucho en qué pensar. Prometo apagar el fuego en cuanto me vaya a dormir.”
 
“Pues...si después te entra sueño no dudes en entrar a la carpa” rió May “Sé que te hemos prestado esa bolsa de dormir, pero créeme cuando te digo que allí dentro hay espacio suficiente para los tres. Es mucho más cómodo que aquí afuera.”
 
“Lo pensaré” dijo Ash tomando al dormido Pikachu en sus manos para acariciarlo, dedicándole una sonrisa sincera a su amiga “Buenas noches, May.”
 
“Buenas noches” respondió la chica mientras se dirigía a la carpa, para luego detenerse y darse la vuelta para hablar “Oh, y Ash...en serio lamento haberte golpeado. Creí que eras un cretino. Espero que sepas disculparme.”
 
“No te preocupes” rió él, ahora con ambos ojos cerrados “Está en el pasado. Además, estoy seguro de que mi ojo no tardará mucho en sanar. Que descanses.”
 
May no dijo nada. Se limitó a sonreírle para luego terminar de ingresar en la oscura tienda, desapareciendo de su vista.
 
Ahora estando solo, Ash se quedó allí sentado un largo rato, acompañado únicamente por la luz de la fogata. Las palabras de Max y de May le habían hecho tener que replantearse varias cosas. ¿Qué era ser un maestro pokémon? Y si ese rango existía, ¿Cómo podía obtenerlo? Muchos entrenadores antes que él habían reunido las medallas de gimnasio, participado en la liga y eventualmente logrado desafiar al Alto Mando para convertirse en campeones, pero ninguno de ellos había sido llamado maestro pokémon por ello. Y si ser maestro pokémon significaba conocer y capturar a todos los pokémon existentes, ¿En verdad tenía toda una vida para hacer eso? Si bien varios científicos habían llegado a avistar y sacar información valiosa hasta de pokémon legendarios, ninguno podía jactarse de que había visto a cada pokémon habido y por haber en todo el mundo antes de pasar a mejor vida. Sabía que había aproximadamente ciento cuarenta y nueve tipos de pokémon en Kanto, y que en cada región cada vez se descubrían más y más especies nuevas cada día, por lo que dicha meta era prácticamente imposible. Por ende, y con ambas opciones descartadas, la pregunta aún persistía: ¿Qué debía hacer para considerarse o ser considerado un maestro pokémon?
 
El pensar tanto hizo que eventualmente el sueño llegase a él. Adormilado, apagó la fogata y se metió junto con Pikachu en su bolsa de dormir, y en menos de dos segundos se quedó dormido.
             
 
[Imagen: nDb2mjH.png]
   Pokémon Ragnarok
"Al fin, el gran fiestón."-Pyro
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#3
Empiezo a leer y ya veo una enorme cantidad de contrastes. Ash teniendo una amistad ya profunda con Molly (algo que quedó no resuelto de la película), otra forma en que capturó a Pikachu, y May y Max ahora como parte del viaje. Todo en tan solo dos capítulos. Y viejo, esa parte sobre el cuestionamiento de Ash hacia un propósito, algo que ya iba sintiendo en el anime desde algún tiempo: Ash pone su meta a niveles más exagerados que hasta más que seguir un propósito, abraza el nihilismo.

Ya quiero ver qué otra sorpresas traes, aspira a un viaje enorme.
Descansa. Hasta que nos volvamos a ver...
[Imagen: SwCanxx.png]
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#4
[Imagen: Pokemon_La_Leyenda_de_Ash_Ketchum.png]
                                                               
                                           
      Capítulo 3: Ciudad Verde

Desde muy pequeño, Max siempre fue un niño aplicado y madrugador. Valoraba el tiempo por sobre todas las cosas, puesto que cada minuto y hora le resultaban valiosos e indispensables si quería estudiar y aprender más tanto sobre los pokémon como también sobre el gran y amplio mundo que lo rodeaba y del que formaba parte. Fue por eso que, en cuanto sintió cerca de su oído izquierdo la alarma del despertador con aspecto de Magnemite que Wattson, líder de gimnasio de Ciudad Malvalona, le había regalado un año atrás cuando fue a visitarlo a él y a sus compañeros en la escuela de entrenadores de Ciudad Férrica, inmediatamente bostezó, pegó un salto para salir de su bolsa de dormir, se puso sus lentes y procedió a despertar a su hermana, la cual todavía seguía roncando a moco tendido.
 
“May” le susurró al oído derecho mientras la sacudía suavemente con ambas manos apoyadas en sus hombros “Despierta.”
 
“¿Q-qué?” preguntó May somnolienta, desperezándose mientras trataba de alzar los párpados, que aquella mañana le pesaban más de lo usual “¿Max? ¿Qué sucede?”
 
“Ya amaneció” contestó Max mientras le señalaba el reloj que portaba en su muñeca izquierda. Las manecillas del mismo, al igual que el despertador del chico, marcaban las ocho en punto “Tenemos que seguir avanzando.”
 
“Hmmm” refunfuñó su hermana mayor fatigada, haciendo un esfuerzo sobrehumano para abandonar su bolsa y ponerse de pie “Tienes razón. Gracias por despertarme. Aun no comprendo porqué sigo sin poder escuchar ese despertador. ¿Cómo es que a ti te despierta y a mí no?”
 
“Bueno, siempre sueles quedarte muy hasta tarde” rió él con un dejo de orgullo y ajustando sus gafas “Ya sabes lo que dicen. ¡Al que madruga, el Ser Original lo ayuda!”
 
“¡Qué bien! ¡Me alegra oír que ya despertaron!” dijo una familiar voz desde afuera de la carpa que hizo que los dos hermanos abriesen sorprendidos la misma para encontrarse un peculiar escenario que era digno de fotografiar y enmarcar: Ash se hallaba levantado junto con Pikachu, ya vestido con su camiseta negra, pantalones celestes grisáceos, mitones verdes, chaqueta azul marino con bordes amarillos y hombreras y solapas blancas y zapatillas blancas y negras. Su gorra roja y blanca con un pequeño isotipo verde claro y su mochila amarilla volvían a estar en su lugar, y su ojo morado ahora había adquirido una tonalidad más clara. Parecía estar deshinchándose.
 
“¿Cuánto tiempo llevan esperándonos despiertos?” preguntó Max incrédulo.
 
“Desde hace un rato, siendo sincero” admitió Ash risueño “Pikachu pensaba levantarlos con un impactrueno, pero le convencí de que era mejor dejarles dormir un poco más.”
 
“Pikaaa” gimió Pikachu rojo como un tonto, desviando la mirada a causa de la vergüenza que le producía haber sido expuesto por su entrenador.
 
“Aaaww, eres muy considerado” suspiró May halagada ante el gesto de Ash para luego voltearse a ver a Max “Bueno, ya que ya nos hemos levantado será mejor que nos vistamos y continuemos con nuestro viaje. Algo me dice que el día de hoy será mejor que ayer.”
 
Y así lo hicieron. En menos de quince minutos y con una impecable coordinación, hermano y hermana se prepararon, empacaron todo y prosiguieron su camino a pie, felices de ser acompañados por sus nuevos amigos. Como todavía les faltaba gran parte del trayecto por recorrer para llegar hasta Ciudad Verde, se entretuvieron cantando canciones y contándose chistes entre ellos. Mientras Max anotaba varias cosas que le parecían importantes en su confiable anotador con un bolígrafo y usaba el poké-navegador de su hermana para guiar al resto del grupo, May aprovechó para mostrarles a Ash y a Pikachu fotos que tenía en su teléfono móvil sobre ella y sus amigos y conocidos de Hoenn. Muchas de las primeras eran de cuando ella era apenas una niña y Max aún no había ni dado sus primeros pasos, y las últimas databan de pocos días antes de que ambos abandonasen su región natal.
 
“¿Y quiénes son esos chicos de la derecha?” preguntó el joven de Pueblo Paleta mientras apuntaba con el dedo índice de su mano derecha a dos muchachos que llamaron su atención en una de las fotos más recientes.
 
“Oh, ellos son Drew y Brendan” explicó May muy alegre señalando por orden al chico de cabello verde claro y al de cabello castaño y gorra blanca con banda negra “Al primero lo conocí muchos años atrás, cuando participó en un concurso de Ciudad Calagua con su Roselia. El segundo es hijo del profesor Birch, y de hecho somos amigos desde que éramos bebés. El año pasado empezó su carrera como entrenador, y ahora está entrenando para intentar participar en la Liga Hoenn. ¡Confío en que la ganará!”
 
La joven aspirante a coordinadora dejó de pasar su dedo índice por la pantalla táctil, deteniéndose en la última foto que llevaba en su celular. En ella, Ash y Pikachu pudieron ver a May y a Brendan con una sonrisa de oreja a oreja. Detrás de ellos habían otros tres pokémon que nunca antes había visto: el del frente era una criatura claramente marina de piel azulada, ojos naranjas y vientre blanco grisáceo, similar a un ajolote, mientras que los de los costados eran una especie de dinosaurio bípedo de ojos celestes, rocoso, cornudo y con placas de acero en distintas partes del cuerpo, incluyendo su cabeza; y un corpulento ser de mirada fiera, piel marrón similar a la de la madera, hojas por manos, largas orejas y nariz y una gran melena blanca que dejaba únicamente al descubierto su boca y sus grandes ojos amarillos. El primero se hallaba ubicado a la izquierda abrazando a su entrenador, mientras que el segundo se encontraba sonriendo justo al lado de May, a la derecha.
 
“Vaya, qué pokémon más extraños” consiguió decir finalmente “Se ven muy fuertes.”
 
“Pika pikachu” reafirmó el ratón eléctrico con asombro.
 
“Quizás deberías venir con nosotros a Hoenn una vez pasada la conferencia plateada” propuso May “Te encantará conocer a todos los pokémon que viven allí.”
 
“Ya me lo imagino” contestó él pensativo “Y dime, ¿Qué me puedes contar de Drew?”
 
La expresión en la cara de ella cambió bruscamente. Todo su rostro se ensombreció.
 
“Al principio...nos llevábamos muy bien” comenzó en voz baja para no llamar la atención de Max. Sabía que su hermano menor tenía opiniones muy fuertes sobre Drew, y no precisamente positivas “Solía acompañarle a todos los concursos en los que se anotaba. Nunca me perdía ni uno. Pero...un día dejó de ser el mismo. Había perdido tantas veces que se volvió menos cariñoso conmigo, tornándose arrogante. He intentado tratar de recomponer nuestra amistad...pero no deja de hacerme a un lado, como si ya no significase nada para él. Como si solo fuese...una molestia.”
 
“Sé cómo te sientes” aseguró él apesadumbrado “Mi amigo Gary es igual. Antes hacíamos todos juntos, y hasta competíamos por cualquier cosa de manera amistosa. Pero el día en que se enteró de que recibiría su primer pokémon pronto dejó de querer reunirse conmigo. Ahora me trata más como un rival que como un amigo. Incluso se jacta de lo mejor que es comparado conmigo. ¡Y siempre consigue irritarme como no tienes idea!”
 
“Espera un momento, ¿Gary?” indagó May sorprendida “¿Como Gary Oak?  ¿El nieto del profesor Oak?”
 
“Sí” dijo él intercalando un suspiro en el medio “Ese mismo.”
 
“Le conocí el otro día cuando nos quedamos en el laboratorio del profesor” comentó ella con evidente disgusto “Nos trató a ambos como si fuésemos unos tontos. Tenía ganas de abofetearlo.”
 
“Lo creas o no, antes era mucho más simpático y gentil” aseguró Ash melancólico “Sigo sin saber por qué cambió tanto de la noche a la mañana. No lo sé, tal vez...tal vez la fama de su abuelo y de su familia se le subió a la cabeza.”
 
“¿Pika?” preguntó Pikachu confundido, pues se sentía completamente excluido de la conversación al no estar familiarizado con el caso de ninguno de los dos.
 
“Supongo que con estos amigos para qué queremos enemigos, ¿No crees?” sugirió May soltando una risita. Ash no pudo evitar sonreír ante el comentario de su compañera.
 
“Oigan, estuve ideando algunos nombres para nuestro grupo” comentó de pronto Max, interrumpiéndolos mientras les enseñaba a los tres su anotador lleno de diversas opciones que había escrito en los últimos cinco minutos “¿Qué opinan que quedaría mejor como nombre provisional? ¿El Equipo Poké-Magnífico o El Escuadrón Explosivo Voltorb Omega?”
 
“Ese último es demasiado largo” dijo con sinceridad Ash, sintiéndose tanto pasmado como superado ante el ingenio de su amigo “Aunque el primero no está tan mal.”
 
“Pikaaachu” pronunció Pikachu escéptico y mirando para otro lado, descartando y rechazando ambas opciones con una mueca de desagrado debido a lo cursis que le sonaban.
 
“Creo que Pikachu acaba de resumir mi opinión” dijo May sacando la lengua, asqueada ante ambas elecciones. Acto seguido juntó ambas manos y cerró los ojos para concentrarse, en busca de inspiración “Debería ser algo que sonase menos exagerado y más refinado, con un poco más de clase. ¿Qué tal algo como Los Tres Asombrosos?”
 
“Ese...me gusta mucho, de hecho” comentó Ash pasando de dubitativo a entusiasmado “¡Estoy a favor!”
 
“¡Pikaaa!” añadió Pikachu decidido.
 
“Ay, chispas” protestó Max cabizbajo y algo decepcionado “Estaba seguro de que les encantaría El Escuadrón Explosivo Voltorb Omega. Como sea, si todos están de acuerdo, ¡Los Tres Asombrosos será!”
 
Los tres viajeros unieron manos para consolidar la decisión, y luego las alzaron para separarlas en el aire, apasionados.
 
“¡Los Tres Asombrosos unidos!” gritaron con júbilo al mismo tiempo.
 
“¡PIKA!” agregó Pikachu feliz con su pata delantera izquierda levantada.
 
Al cabo de una hora, y agotados de tanto caminar, llegaron a su destino: Ciudad Verde era mucho más grande que Pueblo Paleta, y en verdad hacía honor a su título de “ciudad”. Si bien no era ni por asomo la más grande en toda Kanto, la modesta y muy habitada metrópolis presentaba aire fresco y puro y arquitectura mayormente moderna y estrambótica, rodeada a su vez de abundante cantidad de árboles gigantescos cuyas hojas eran tan verdes y vírgenes que captaban la atención hasta de los ojos del más despistado. Justo en el centro de la misma se alzaba glorioso el Centro Pokémon, que destacaba de entre el resto de los edificios por parecer un gran ojo plateado con pupila roja.
 
“¡Ese debe de ser el centro pokémon!” señaló Ash mientras se echaba a correr con Pikachu, quien miraba embobado de un lado al otro los enormes edificios al mismo tiempo que permanecía aferrado a la mochila de su entrenador “¡Allí podremos entrar a descansar!”
 
“¡Ash, vuelve aquí!” gritó May mientras iba tras él, todavía asombrada con la velocidad vertiginosa a la que su amigo se movía a través de las cuadras “¡No debemos separarnos!”
 
“¡Espérenme, por favor!” suplicó Max, jadeando y corriendo con sus menos desarrolladas piernas en un intento por mantenerles el ritmo a ambos “¡Si hubiese sabido que correríamos tanto en este viaje hubiese traído mis deportivas!”
 
Los tres jóvenes corrieron hacia el imponente edificio, sin prestar atención a sus alrededores. Cerca de la entrada al mismo, tres figuras misteriosas y disfrazadas con ayuda de un sombrero, una gabardina y lentes oscuros, dos de ellas altas y la tercera petisa, merodeaban y contemplaban la escena con sumo interés.
 
“Parece que este lugar sí está atestado de entrenadores que han empezado su viaje recientemente como decía el reporte” dijo la primera figura alta con una voz femenina que reflejaba tanto curiosidad como malicia.
 
“Y probablemente la mitad poseen pokémon demasiado débiles para defenderse de los nuestros” añadió la otra persona alta con un tono de voz masculino y varonil. Al igual que su compañera, su voz sonaba encantadora, pero con cierto dejo de maldad detrás.
 
“Y que en las manos correctas serán más que útiles herramientas” concluyó la figura petisa con una voz chillona, pero igual de perversa que las de sus colegas “¿Cuándo atacaremos?”
 
“Paciencia, Meowth” dijo la mujer “El momento ya está cerca.”
 
                   


 
El centro pokémon era incluso más grande por dentro que lo que aparentaba ser por fuera, con puertas automáticas y con diferentes salones que llevaban tanto a comedores habitaciones que se podían rentar por una noche. Muchos entrenadores se encontraban allí retirando sus poké balls del mostrador de recepción, que fue hacia donde tanto Ash como May se dirigieron apenas entraron para curar a Pikachu y a Torchic. Max, por otro lado, optó por dirigirse a los comedores, donde finalmente se quedó conversando con unos cuantos jóvenes que desayunaban juntos en una mesa junto a sus pokémon. No muy lejos del mostrador, y casi pegados a la pared derecha del fondo, había una larga hilera de cabinas por las que se podían hacer videollamadas a distancia.

“¡Bienvenidos al Centro Pokémon de Ciudad Verde!” saludó con una voz amable la enfermera a cargo del mostrador a los recién llegados. Era una mujer joven de no más de treinta años, con cabello rosado recogido y ojos azules claros. A su lado había un redondo, voluminoso y muy risueño pokémon al que Ash identificó al instante: era un Chansey “Soy la enfermera Joy, y esta es mi compañera Chansey. ¿Cómo podemos ayudarles?”

“Muy buenos días” saludó May, adelantándose a Ash “Nos preguntábamos si podrían curar a nuestros pokémon, por favor. Son solo dos, un Pikachu y un Torchic.”

“¡Por supuesto!” aseguró Joy con una sonrisa dulce y muy contagiosa en los labios “Todos los pokémon aquí son recibidos y curados de forma gratuita, aunque los comedores, las cabinas para videollamadas y la ocupación de habitaciones deben pagarse. Tan solo deben entregarnos sus pokémon dentro de sus poké balls.”

“¡Chansey!” exclamó la Chansey muy alegre mientras colocaba encima del mostrador una larga bandeja plateada. May sacó y puso la poké ball con Torchic en su interior en el acto.

“Oh sí, respecto a eso” dijo Ash nervioso, recordando el meollo en el que se hallaba “A mi Pikachu no le gusta estar dentro de su poké ball. Lo siento mucho.”

“Pikaa” afirmó Pikachu desde el hombro derecho de Ash, negando con la cabeza y con aires de rebelde. Detestaba su nueva cápsula contenedora más que a nada en el mundo.

“¡Pues no será un problema!” contestó Joy sin perder aquella cariñosa sonrisa “Entonces solo tendrá que saltar sobre esta bandeja para que podamos trasportarlo de forma segura. Es que es parte del protocolo.”

Pikachu, dubitativo, se volteó a ver Ash preocupado. Había llegado a un acuerdo de convivencia con su entrenador, más no terminaba de confiar del todo en él. Además, como nunca había estado antes dentro de un centro pokémon por ser salvaje, aquella experiencia era completamente nueva para él, por no decir extraña y muy misteriosa.

“No te asustes, Pikachu” pidió Ash, tratando de sonreír para inspirarle confianza y alentarlo a saltar “La Chansey y la gente de este lugar te harán reponer fuerzas. Créeme, son profesionales.”

El ratón amarillo volvió a observar aquella bandeja y a la Chansey, que le esperaba pacientemente y sin sacrificar su sonrisa por ello. Tras dos segundos más de indecisión, y no del todo convencido, dio un brinco perfecto y aterrizó sobre la bandeja en sus cuatro patas, asegurándose de no tirar la poké ball de Torchic, que estaba a su derecha. Chansey, muy contenta, tomó y levantó la pequeña plataforma sin problemas, como si no sintiese la pequeña pero notoria diferencia de peso que ahora había con las calorías extra del pokémon eléctrico. Acto seguido se los llevó fuera de allí, desapareciendo tras una gran cortina morada que llevaba a un cuarto iluminado, pero que cuyo interior no podía ser visto desde el ángulo en el que se hallaban parados Ash y May.

“Sus pokémon estarán como nuevos en un rato” aseguró Joy con la misma sonrisa de antes, mientras le entregaba a Ash un pequeño pedazo de papel arrancado previamente del dispensador rojo que se hallaba a su izquierda. Este llevaba inscrito el número veintisiete “Tardará un largo tiempo, pero no teman, nuestras máquinas harán maravillas con ellos. Les llamaremos por los altavoces en cuanto estén listos para ser retirados.”

“¡Muchas gracias, enfermera Joy!” agradeció Ash a la vez que se alejaban del mostrador.

“¿Y qué hacemos mientras esperamos?” preguntó May mientras veía como su hermano socializaba con otros dos entrenadores en el comedor público de al lado.

“Pues no sé tú, pero yo usaré una de esas cabinas para videollamadas” respondió su amigo pasándole el boleto para que lo guardase en su riñonera y dirigiéndose a aquella que tenía más cerca.

“¿A quién llamarás?” preguntó ella mientras le seguía y veía como se metía a la cabina y depositaba una moneda en la ranura para poder discar un número.

“A mi mamá” dijo él con un dejo de preocupación en el tono de su voz, esperando a que el videoteléfono terminase de llamar y le conectase con su casa “Debe de haber estado muy preocupada por mí.”

“¡ASH, ESTABA MUY PREOCUPADA POR TI!” exclamó Delia muy enfadada apenas su imagen se materializó en la pantalla, para desazón de Ash “Oh, pero al menos me alegra saber que estás ileso en Ciudad Verde. Todavía recuerdo cómo tu padre se tardó un mes entero en cruzar la Ruta 1.”

Ash tragó saliva inconscientemente. Sabía muy bien que su madre detestaba tener que mencionar a su padre, y solo lo hacía bajo ciertos niveles de estrés, por lo que no le cabía duda de que hablaba en serio. Nunca había terminado de comprender por qué, pues nunca le había permitido preguntárselo. ¿Acaso era tan ruin y tan despreciable como ella decía que era? ¿En serio solo les había dejado para seguir su sueño de entrenador? ¿O había más en la historia que lo que sabía gracias a su progenitora? De una u otra forma ahora mismo nada de eso importaba. Debía tranquilizarla a como diera lugar.

“No te preocupes, mamá, estoy bien” replicó riendo, pero incapaz de esconder su nerviosismo.
         

“¡OH, CIELO SANTO!” gritó ella de pronto con lágrimas en los ojos, finalmente notando el ojo negro de su hijo “¡¿Quién ha sido el desalmado que te ha dado esa paliza?!”

“N-nadie, solo me tropecé” mintió el muchacho, temeroso de que su madre intentase hacerle daño a May en cuanto se viesen cara a cara “Fue contra una piedra que había en el camino ayer. Eso es todo. Te aseguro que ya está deshinchándose. Mamá, por favor, no llores.”

“¡HOLA, ASH!” gritó eufórica Molly, dando acto de presencia junto a Spencer y sin poder ocultar lo mucho que había extrañado a su mejor amigo “¡Vaya, pero qué feo golpe! A mí no me engañas. Con lo valiente que eres de seguro te lo has dado contra algún pokémon muy fiero.”

“Me pone muy feliz ver que ya has llegado, Ash” sonrió Spencer, al mismo tiempo que tomaba con sus brazos a su inquieta e hiperactiva hija en pos de tranquilizarla “¿Lo ves, Delia? Te dije que era muy capaz.”

“Oh, eso me recuerda” dijo Delia secando sus lágrimas, adoptando un tono de voz mucho más maternal “¿Ya has capturado algún pokémon, cariño?”

“Todavía no” reconoció Ash, al mismo tiempo que hacía señas a May para que entrase y se acercase a la pantalla “Pero hice una amiga en el camino. Quisiera presentárselos.”

“Eh...” empezó su amiga con timidez y una sonrisa blanda, animándose “Hola, señora Ketchum. Me llamo May y...”

“¡¿May Sullivan?!” jadeó Delia asombrada y llevando su mano derecha a su boca de la impresión, reconociendo a la chica por su color de cabello y de ojos “¡Oh, querida, pero cuánto has crecido!”

“¿M-me conoce?” preguntó May extrañada, totalmente perdida.

“¡Desde luego que sí!” afirmó la madre de Ash con notable afecto “Tu padre nos visitaba mucho a mí y al profesor Oak cuando apenas eras una bebé. Sé que probablemente no te acuerdes de mí, pero es un placer verte después de tantos años. ¡Te has vuelto toda una señorita! ¿Pero qué haces aquí en Kanto?”

“¡Vaya, gracias!” retrucó May, anonadada y ruborizada mientras se disponía a responder a la pregunta de Delia “Pues digamos que estoy de viaje con mi hermano menor. Planeo obtener todas las medallas de gimnasio de la región, igual que Ash. Es más, ¡Ya hemos decidido hacerlo juntos!”

“En ese caso les deseamos lo mejor a ambos” les dijo Spencer “Estoy seguro de que los dos formarán un muy buen equipo.”

“Parece que ya se nos acaba el tiempo” comentó Ash al ver cómo el temporizador del videoteléfono marcaba que solo le quedaba un minuto y diez segundos para seguir hablando “Prometemos llamarles de nuevo en cuanto hayamos llegado a Ciudad Plateada. ¡Adiós mamá, adiós Molly! Y a usted también, profesor Hale.”

“¡Que les vaya bien, Ash!” vociferó Molly con júbilo “¡Y buena suerte!”

Ash procedió a colgar la llamada con uno de los botones del tablero, finalizándola mientras dejaba salir un suspiro aliviado. Su madre lo había puesto tan nervioso que sentía que su corazón se le saldría del pecho en cualquier instante. En cuanto se repuso, se levantó de la silla y salió de la cabina a la velocidad de una bala. May se sintió algo irritada al ver que no le permitió pasar primero, pero resolvió perdonárselo.

“Supongo que podríamos pedir algo de comer mientras esperamos a que Pikachu y Torchic se repongan” sugirió mientras observaba a Max compartiendo carcajadas con una chica de cabello lacio y ojos verdes que sostenía en sus manos a un Bulbasaur y que por alguna razón se le hacía conocida “May, tú ve y siéntate para cuidar a Max y guardarme un lugar. Tengo bastante dinero, así que creo que podré pagar la comida de los tres. ¿Quieres que te pida algo en particular?”

“Bueno, si puedes pídeme una ensalada” pidió May con una sonrisa “Estoy a dieta, y a mis padres no les gustará nada si termino engordando. También trata de comprar algo para Max que no contenga ni sal ni azúcar. Se vuelve loco con esas.”

Ash asintió y corrió rápidamente hacia el mostrador en donde se hacían las órdenes, dejándola atrás una vez más. May se detuvo un momento a contemplar detenidamente su figura en un espejo que había en un muro cercano. Le preocupaba siempre estar bien vestida, y no toleraba verse a sí misma desalineada bajo ninguna circunstancia.

“Ay, esos Rattata mordisquearon mucho mi pobre riñonera” se lamentó mientras se aseguraba de que no hubiese indicios de que esta se le fuese a desprender “Papá me matará cuando se entere. Como sea, no hay problema. En cuanto vea una tienda de ropa cercana, me compraré una nueva.”

Habiendo ajustado tanto su riñonera como su pañoleta, terminó por enfilar hacia donde se hallaba su hermano menor. Este sonrió apenas se percató de su proximidad.

“¡May!” exclamó Max mientras apuntaba con su mano izquierda a la niña sentada al lado suyo “¡Ella es Mara! Dice que está haciendo el desafío de los gimnasios en Kanto junto a su Bulbasaur.”

“Encantada, May” respondió Mara extendiendo su mano izquierda en señal de amistad, con una voz serena y un acento sofisticado que denotaba cierto nivel elevado de educación. May se la estrechó levemente confundida “Max me estaba contando que él y tú están viajando juntos con nuestro ex-compañero de escuela, Ash.”

“¡Bulba!” gruñó contento su Bulbasaur desde el regazo de Mara. El pequeño saurio verde y cuadrúpedo saludó a May con una de las lianas que sacó del bulbo en su espalda. A la chica de Hoenn no pudo evitar derretírsele el corazón ante la ternura que el pokémon desprendía.

“A mí también me da gusto conocerte, Mara” respondió ella ofreciendo su mejor sonrisa “Espera, ¿Te refieres a que conoces a Ash?”

“Lo conocemos” dijo finalmente el sombrío chico sentado a la izquierda de Mara. Aquel extraño y serio muchacho de cabello azul y ojos rojos, camisa rosada con cuello rojo y solapas rosadas, chaleco marrón y pantalones oscuros se hallaba de brazos cruzados y con ambos pies sobre la mesa, presumiendo de sus zapatillas oscuras “Soy Damian. Viajo con Mara para poder capturar a los pokémon más fuertes que existan.”

“Disculpa al tonto de mi compañero” pidió la chica de cabello lacio y ojos verdes de la forma más calmada posible “Siempre suele ser un grosero con la gente que no conoce.”

“No es nada” aseguró May asustada mientras se sentaba con Max, sintiéndose incómoda ante la presencia de Damian y manteniendo los ojos fijos en Mara “Pero en serio, no sabía que Ash y ustedes eran compañeros de escuela.”

“No me sorprende mucho” afirmó la joven del Bulbasaur mientras acariciaba a su pokémon en la cabeza “Ash nunca habló mucho con nosotros cuando asistíamos a la escuela de entrenadores de Pueblo Paleta. Era muy tímido y callado, y creo que nos tenía algo de miedo. Bueno, solo a Damian.”

“El muy cobarde siempre llegaba tarde a clase con excusas” interrumpió Damian molesto “Que si se quedó dormido, que si un Pidgey le mantuvo despierto toda la noche y cosas así. Traté de ser su amigo, pero siempre actuaba conmigo como si fuese el Coco. Y la verdad, viendo como fueron las cosas, creo que fue para mejor. Era tan idiota que siempre sacaba malas notas, tantas que fue el único que se quedó uno o dos veranos rindiendo finales.”

“¡DAMIAN!” gritó Mara hastiada “¡Sé más respetuoso!”

“¿Qué quieres que diga?” preguntó Damian, protestando y bajando sus anteojos blancos de lentes oscuras “Es la verdad, no te ofendas.”

“¿Sabes, Mara?” preguntó Max a su nueva amiga en un intento por cambiar el tema lo más pronto posible “Ash nos dijo que ustedes llegaron antes que él y se llevaron uno de los pokémon que Oak tenía. Asumo que ese Bulbasaur tuyo debe ser el que le vi al profesor el otro día.”

“Probablemente lo sea” dijo Mara sonriendo “El profesor me dijo que halló a este chiquitín años atrás, haciendo de guardián en una aldea secreta. Cuando nos conocimos no le caía muy bien, pero al poco tiempo nos hicimos buenos amigos. Es muy cariñoso conmigo, aunque a veces se cierra cuando algo le molesta.”

“Yo escogí a este Charmander” añadió Damian mientras sacaba y mostraba una de las dos poké ball que llevaba en su bolsillo “Es muy débil y un completo inútil. Afortunadamente gracias a él pude hacerme con un pokémon mucho más fuerte que él.”

“Quizás se volvería más fuerte si fueses un poco más amable con él” señaló Mara, mosqueada ante el comportamiento de su compañero.

“Como sea” refunfuñó él “Aun así es un perdedor, igual que...”

“¿Mara?” preguntó Ash mientras se sentaba junto con May y le entregaba una ensalada a ella y un sándwich de coliflor a Max. El joven de Pueblo Paleta había regresado del mostrador con comida para él y sus amigos, finalmente reconociendo a la niña que había divisado antes “¿Eres tú?”

“¡Ash!” exclamó Mara, viéndole a los ojos con una sonrisa que denotaba alegría “¡Tanto tiempo sin vernos! ¡Justo estábamos hablando de ti! Tus nuevos amigos son muy simpáticos.”

“Hola, Ketchum” dijo Damian con una mirada fría y de pocos amigos “¿Vas a salir huyendo también esta vez?”

Ash decidió hacer oídos sordos a aquella pregunta. Había tenido tantos roces con Damian en años pasados que lo mejor para él era hacer de cuenta como que no estaba allí. Al igual que como May y Max habían hecho en un principio, se enfocó única y exclusivamente en Mara.

“S-sí” dijo todavía sorprendido, mientras comenzaba a degustar su plato de fideos con tuco “Realmente ha pasado mucho tiempo. Veo que el profesor Oak tenía razón. ¡Escogiste a Bulbasaur!”

“¡Así es!” admitió la muchacha mientras abrazaba a su pokémon inicial aún más “Damian escogió a Charmander. Imagino que te quedaste con Squirtle, ¿No es así?”

“De hecho...” reconoció el joven “Gary terminó llevándose a Squirtle antes que yo.”

“¿Entonces cuál rayos fue tu primer pokémon?” espetó Damian de forma brusca y para sorpresa de todos.

“Escogió un Pikachu” contestó Max dándole la primer mordida a su sándwich “Según él, su amiga se lo obsequió cuando lo encontró en su casa comiéndose unos cables.”

Damian estuvo a punto de soltar una carcajada, pero Mara le encajó disimuladamente un codazo tan fuerte en el abdomen que tuvo que contener las ganas.

“¡¿En serio?!” indagó su ex-compañera ilusionada “¡Ay, no sabes cómo me encantan los Pikachu! Nunca he visto uno en persona debido a lo raros que son, pero siempre he oído que pueden ser muy amables con sus dueños.”

“Ya lo creo que sí” dijo Ash con sarcasmo mientras recordaba ligeramente enojado todas las travesuras que Pikachu le había hecho el día de ayer “Son amables como no te imaginas.”

“Me resulta extraño que el profesor Oak no haya tenido un Squirtle de reserva para ti, Ash” comentó May perpleja mientras masticaba los tomates y zanahorias frescas y cortadas en su ensalada de lechuga, remolacha y pepino “Sé que nos dijiste que te dijo que le cortaron los fondos este año, pero aun con eso un profesor pokémon siempre debería asegurarse de tener cuantos iniciales sean necesarios. O al menos eso me dijo a mí el profesor Birch el día que me entregó a mi Torchic.”

“¿Qué puedes esperar del mismo anciano pelele que no puede saber de inmediato si soy chico o chica?” preguntó Damian altanera y soberbiamente, más su expresión cambió cuando May le asesinó con la mirada. La joven de Hoenn sentía tanto respeto y admiración por el viejo científico que lo que menos quería aquel día era escuchar a alguien denigrándolo.

“¡Oye, no hables así del profesor Oak!” gritó Ash genuinamente furioso, golpeando fuertemente la mesa con ambas manos. Una rabia solo comparable con el despertar de un volcán se activó de pronto en él “¡Ha dedicado toda su vida al estudio de los pokémon, y de no ser por él Pueblo Paleta probablemente ni figuraría en el mapa!”

“Ah, pero mira, ahora sí me hablas de forma directa” contestó Damian con un leve disfrute personal en el tono que empleó “Parece que todo este tiempo solo necesitaba hablar mal de ese idiota para que no me tuvieses miedo. O quizás el golpe que te dio tu amiguita ayer finalmente te hizo actuar como hombre.”

 
“¡SE ACABÓ!” vociferó colérico el muchacho de Pueblo Paleta levantándose de un salto de la mesa y apuntando acusatoriamente a Damian con el dedo índice de su mano izquierda “¡En cuanto Pikachu se haya curado, tú y yo tendremos un combate allí afuera! ¡Y si gano, retirarás lo dicho sobre el profesor!”

“Muy bien” aceptó Damian poniéndose lentamente de pie, tomándose su tiempo con confianza “Acepto tu reto. Pero si yo gano, regresarás a Pueblo Paleta y abandonarás tu meta de ser entrenador.”

May y Mara percibieron la tensión que se mascaba en el ambiente. Max se atragantó con su propio sándwich al escuchar las palabras de Damian, y se vio forzado a toser para expulsar el trozo de coliflor que le impedía respirar. Los entrenadores que se encontraban sentados en mesas cercanas voltearon a escuchar lo que ocurría, produciendo un silencio sepulcral en toda la sala del comedor.

“¡HECHO!” aceptó Ash mientras cerraba ambos puños, sin percatarse de la gran figura que se había detenido justo detrás de él.

“¡Alto ahí!” dijo una voz detrás suyo, forzándole a darse la vuelta para encontrarse con una intimidante joven de un metro más alto que él, cabello pelirrojo y sujetado por una coleta, ojos verde viridiana, una remera amarilla musculosa sin mangas, dos largos tirantes rojos que conectaban su camiseta con sus shorts azules y zapatillas rojas con tramado amarillo “¡Si van a entablar un combate pokémon cerca de estas instalaciones, entonces yo haré de referí para asegurarme de que el grado de violencia no escale!”

“¿Y tú quién eres?” se atrevió a preguntar Ash adoptando una pose de batalla, todavía enfurecido por los comentarios de Damian con respecto al profesor Oak.

“¡Soy Misty, líder de gimnasio de Ciudad Celeste!” respondió la chica agachándose para acortar la distancia entre las caras de ambos, haciendo que el muchacho retrocediese asustado “¡Y más te vale que me respetes, mocoso, o te prometo que terminarás con ambos ojos negros! ¡¿Te quedó claro?!”

“S-sí señora, sí” respondió Ash carraspeando y comenzando a sudar. Antes de que pudiera decir siquiera algo más, la voz de la enfermera Joy se oyó a través de todos los altavoces del complejo.

“Atención. Se solicita la presencia del o de los entrenadores con el número veintisiete para retirar sus pokémon en caja, por favor.”

                                                         



“¡Muy bien!” anunció Misty en voz alta mientras tanto Ash y Damian tomaban sus posiciones en el improvisado campo de batalla compuesto de pasto, rodeados de espectadores “Las reglas son más que simples. Cuando todos los pokémon de uno de los dos queden fuera de combate, la victoria se le adjudicará a aquel que tenga por lo menos un pokémon en pie. ¿Dudas?”

“Ninguna” dijeron ambos oponentes al mismo tiempo, manteniéndose la mirada el uno al otro.

“¡Entonces que comience la batalla!” imperó Misty, haciendo sonar su silbato azul para anunciar el inicio del encuentro.
“¡Adelante, Pikachu!” ordenó Ash entusiasmado.

“¡Pika, pika!” gruñó Pikachu corriendo en cuatro patas a su posición, liberando pequeños rayos de sus mofletes a causa de la anticipación.

“¡Pidgeotto, preséntate a la batalla!” gritó Damian lanzando al aire su primera poké ball, la cual se abrió para materializar y liberar a un gran ave de plumaje marrón claro y beige con una cresta rosada y ojos feroces que chilló su nombre como si fuese una urraca, buscando asustar a Pikachu.

May no perdió ni un segundo y sacó su pokédex para que esta le diese información sobre aquel curioso pokémon. La enciclopedia hizo su trabajo ipso facto.

“Pidgeotto, el pokémon pájaro, y la  forma evolucionada de Pidgey. Está armado con filosas garras y se lanza desde el cielo para atrapar a su presa. Al contrario del dócil Pidgey, Pidgeotto puede ser peligroso. Se recomienda aproximarse a él con extremo cuidado.”

“Esto no va a terminar nada bien” pensó Mara, todavía sosteniendo a Bulbasaur en sus brazos y decepcionada con la infantil conducta de sus dos compañeros.

“¡Pikachu, usa Tacleada de Voltios!” mandó Ash, dispuesto a demostrar tanto su poder como el de su pokémon.
Pikachu no perdió ni un instante y corrió a una velocidad vertiginosa hacia su oponente, rodeándose de un aura eléctrica producida por la energía que había acumulado en sus mofletes, dispuesto a embestirlo.

“¡Tornado!” ordenó Damian al instante.

“¡PIDGEOOOOO!” graznó Pidgeotto mientras, todavía en el aire, formaba con ambas alas un minúsculo pero potente tornado que alcanzó a Pikachu, mandándolo a volar y haciéndole aterrizar duramente contra el césped, frenando exitosamente su ataque.

“¡Oh no, Pikachu!” exclamó Ash asustado, preocupado por su pokémon.

“¡Remata con Ataque de Ala!” gritó Damian sin misericordia.

Pidgeotto se lanzó en picada hacia su objetivo como un avión perdiendo altitud, para luego remontar vuelo y rozar el pasto con las puntas de sus afiladas garras al último segundo. Concentrando energía, el pokémon paloma rodeó sus alas de una energía blanquecina, haciendo que cortasen el viento y silbasen suavemente como katanas, acercándose a Pikachu con cualquier cosa menos buenas intenciones.

“¡Rápido Pikachu, Doble Equipo!” ordenó Ash nervioso.

Detectando el peligro inminente y poniéndose de pie lo más rápido que podía, Pikachu conjuró varios clones falsos de sí mismo, produciendo que Pidgeotto se desorientase, pues ya no sabía cuál de aquellos ratones eléctricos era el verdadero.

“¡Sigue el rumbo Pidgeotto!” le guio su entrenador “¡El real sigue enfrente tuyo!”

Pikachu decidió no tentar a la suerte y saltó junto a sus duplicados, impulsándose con su cola con forma de rayo, usándola como resorte. No solo consiguió con esto evitar el que hubiese sido un ataque fulminante, sino que además consiguió aterrizar justo sobre el lomo de Pidgeotto, aferrándose a su punto ciego. Sus clones se esfumaron en el aire.

“¡Maldita sea!” espetó Damian furioso.

“¡Genial, Pikachu!” vitoreó Ash, recuperando la fe en su inicial “¡Ahora utiliza Impactrueno!”

“¡PikaCHUUUUUU!” chilló Pikachu mientras liberaba de sus cachetes un potente rayo que dio de lleno en todo el cuerpo de Pidgeotto, inutilizando sus alas y haciendo que, ahora incapaz de poder volar, colisionase contra el suelo, generando una fuerte explosión que dejó tras de sí un gran cráter. Cuando el polvo se disipó, se reveló que el pokémon pájaro había quedado completamente desmayado, mientras que el ratón eléctrico, magullado y un poco adolorido, todavía seguía en pie.

“¡Pidgeotto ya no puede continuar!” dijo Misty después de usar por segunda vez su silbato “¡Pikachu es el ganador!”

“¡Muy bien hecho, Pikachu!” gritó orgulloso Ash, conteniéndose de entrar a la zona de acción para abrazar y seguir felicitando a su pokémon. Pikachu aceptó el cumplido agotado, pero feliz.

“¡Sigan así, Ash!” exclamó May aplaudiendo contenta con ambas palmas junto al resto de los entrenadores espectadores. Su Torchic brincaba contagiado por la alegría de su entrenadora “¡Ustedes pueden!”

“Esto no me gusta nada” dijo Max fríamente, cortando la celebración de su hermana mayor y de su pokémon mientras veía como Damian hacía retornar a Pidgeotto a su poké ball “Damian aún posee un pokémon, y Ash solo tiene uno, por lo que si Pikachu se desmaya en la siguiente ronda habrá ganado la primera, pero perdiendo el combate.”

“Tienes razón” admitió la joven “Será todo en vano.”

“Tendremos que esperar a ver” opinó Mara “El combate aún no ha finalizado.”

 El público esperó expectante al siguiente movimiento de Damian.

“¡Charmander, preséntate a la batalla!” gritó el creído entrenador de cabello azul, lanzando su segunda y última poké ball. Su Charmander emergió de ella intentando gruñir y sonar amenazador, pero sin convicción.

May aprovechó nuevamente para informarse sobre el nuevo pokémon que había dado acto de presencia, y la enciclopedia le dio las respuestas que quería.

“Charmander, el pokémon lagartija. Una flama arde en la punta de su cola desde su nacimiento. Se dice que el Charmander muere si su flama llega a apagarse.”

“¡Abramos con Ascuas!” ordenó Damian.

“¡Char, char!” pronunció Charmander agitando su cola violentamente, liberando de su flama numerosas brasas en dirección hacia Pikachu. El roedor eléctrico consiguió esquivar algunas con un poco de suerte, pero debido al daño y el cansancio que le habían provocado el tornado de Pidgeotto no pudo evadirlas todas, lo que hizo que inevitablemente terminase saliendo quemado.

“¡Resiste, Pikachu!” le alentó Ash “¡Usa Cola de Hierro!”

Pikachu obedeció, resistiendo las quemaduras lo suficiente para concentrar energía en su cola, la cual como resultado adquirió un brillo plateado e igual de resplandeciente que la hoja de una espada.

“¡Lanzallamas!” comandó Damian sin titubear.

“¡CHAAAAAAAR!” gruñó Charmander, soltando un gigantesco tornado de fuego de su boca con su aliento incendiario. Pero poco le sirvió: Pikachu dio un salto similar al que ya había dado durante su enfrentamiento con Pidgeotto, esta vez utilizando su cola para abrirse paso entre las llamas y alcanzar a su objetivo, propinándole un fuerte y deslumbrante coletazo en el rostro y haciéndole retroceder a causa del dolor.

“¡Cielos, Pikachu, hoy sí que estás echando chispas!” reconoció Ash muy contento, elogiando el desempeño de su pokémon. Max y May no pudieron evitar soltar una risita ahogada a causa del juego de palabras.

“¡Pika pi!” afirmó Pikachu cerrando sus puños y liberando electricidad azulada de sus mofletes. La energía que ahora recorría su cuerpo era más poderosa que las quemaduras que lo lastimaban.

“¡No te quedes ahí parado mirándome!” exclamó Damian indignado al ver que Charmander se había volteado a verlo, inseguro de si debía continuar “¡Usa Giro Fuego!”

“¡Char!” Con la poca valentía que le quedaba, Charmander soltó velozmente de la flama de su cola unas cuantas ascuas que envolvieron a Pikachu en una especie de tornado improvisado, cortándole lentamente el oxígeno y forzándole a toser.

“¡Pikachu, Doble Equipo!” ordenó Ash, negándose a permitir que aquellas llamas insignificantes decidiesen el combate.
Pikachu volvió a invocar a sus clones ilusorios, desorientando a Charmander mientras buscaba la forma de escapar a aquel infernal tornado, el cual iba cerrándose cada vez más sobre él.

“¡No caeré en el mismo truco dos veces, Ash!” sentenció Damian “¡Lanzallamas!”

“¡CHAAAAR!” gritó Charmander volviendo a hacer uso de su aliento de fuego, esta vez para intensificar la potencia del tornado. Pikachu logró esquivar el ataque saltando nuevamente y escapando del tornado, resistiendo las quemaduras y las súplicas de sus pulmones.

“¡Lanzallamas hacia el cielo!”

“¡Impactrueno!”

Se produjo un estruendoso choque entre llamas, rayos y centellas que iluminó por completo la zona. Para infortunio de Charmander, los rayos de Pikachu probaron ser más potentes, penetrando su ofensiva y dándole un golpe fulminante que terminó decidiendo la resolución de la batalla. El duelo llegó a su fin de una manera espectacular para algunos y anti-climática para otros. Misty hizo sonar su silbato por tercera y última vez.

“¡Charmander ya no puede continuar!” anunció la líder de gimnasio “¡Pikachu es el ganador! ¡Y la victoria es para Ash Ketchum!”

“¡SÍ!” vitoreó Ash, finalmente ingresando al campo de batalla para abrazar a Pikachu con todas sus fuerzas, presa de la emoción de haber triunfado “¡Pikachu, eres fantástico!”

“¿Pika?” preguntó Pikachu tanto asombrado como agradecido, soltando lágrimas de felicidad al ver lo mucho que su entrenador se preocupaba por él. Quizás Molly sí tenía razón después de todo. Quizás él y ese niño sí podían llegar a ser amigos en lugar de solo aliados.

“¡Eso fue ASOMBROSO!” exclamó May feliz de la vida, acercándose a felicitar a los dos ganadores “¡Ash, tú y Pikachu se han lucido de maravilla!”

“¡Coincido!” añadió Max, compartiendo el entusiasmo de su hermana “¡Son una dupla imbatible! ¡Nos han dejado a todos sin aliento!”

“¡Tor, Torchic!” gritó Torchic, felicitando a Pikachu por su victoria. El roedor eléctrico agradeció al polluelo de fuego, quien le contestó que no era nada.

Mara se conformó con sonreír junto con Bulbasaur mientras el resto de la gente aplaudía y celebraba. Todos menos Damian, quien llamó la atención de Ash pisando la poké ball de Charmander hasta romperla. Su debilitado pokémon tomó esto como el acto de traición definitivo.

“Repito lo que dije hace un rato” dijo el joven con sus ojos rojos ardiendo con rabia “Eres un completo inútil y una completa vergüenza. No puedes ni derrotar ni a un oponente tan débil como un Pikachu que está en las últimas. No quiero tenerte más conmigo. Eres libre de hacer lo que quieras.”

Charmander sintió cómo su corazón se partía en dos. Había hecho todo lo posible por hacer que su entrenador se enorgulleciera de él, y ahora no solo volvía a castigarle verbalmente, sino que además estaba expulsándole. Lágrimas de cocodrilo emergieron de sus ojos, forzándole a romper en llanto. Ash, enojado y apenado, se acercó a él para consolarle.

“No le hagas caso, Charmander” le dijo mientras él y Pikachu se arrodillaban y le abrazaban en pos de tranquilizarle “Peleaste muy bien. No eres un inútil.”

“Pika” logró decir Pikachu, reafirmando las palabras de su entrenador.

El pequeño pokémon reptil no sabía cómo reaccionar ante lo que sus oídos escuchaban. Hacía mucho tiempo que no recibía afecto de ningún tipo. Aquella piedad y entendimiento le hicieron llorar con aún más fuerza. La flama en la punta de su cola ardió con más fuerza de lo habitual, producto del torbellino de emociones que invadían tanto su mente como su corazón.

“Miéntele cuanto quieras” dijo Damian dándose la vuelta para irse caminando, alejándose de los demás “No cambiará el hecho de que está destinado al fracaso. Si quieres quédatelo. Pero escúchame bien: tu Pikachu solo ganó por pura suerte, y no por destreza. Entrenaré a mi Pidgeotto, capturaré a pokémon aún más fuertes, y cuando tenga un equipo en mejores condiciones te haré morder el polvo, Ash Ketchum.”

Hizo una pausa para detenerse a mirar a Mara, quien le vio tanto con odio como con contrariedad.
 
“Y a ti no quiero volver a verte” respondió por fin, siguiendo su camino e ignorando los abucheos por parte de los demás entrenadores “A partir de ahora, continúo mi viaje solo.”

“¡Ay, maldito abusivo!” gritó May furiosa, yendo tras él acompañada de Torchic, solo para que Misty la tomase del brazo izquierdo, deteniéndola inmediatamente.

“Déjalo ir” le pidió la líder de gimnasio para luego dejarla ir “No lo vale.”

El ceño fruncido de la pelirroja fue sustituido por una sonrisa amable en cuanto se dio la vuelta para ver a Ash, quien aún continuaba consolando a Charmander, no con mucho éxito.

“Estoy muy impresionada con como pelearon tu Pikachu y tú hoy, mocoso” le comentó mientras se retiraba con aquella misma sonrisa “Si algún día llegas a pasar por Ciudad Celeste, ven a desafiarme. Estaré esperándote en mi gimnasio.”

“Oye, Ash” comentó Max un poco incómodo “Tal vez no sea el mejor momento para sugerirlo, pero...¿Por qué no llevas a Charmander contigo?”

“¡Sí, sería una buena adición a tu equipo!” añadió May, entristecida por el estado emocional de Charmander “Además...creo que Charmander necesita urgentemente a alguien que lo valore por cómo es.”

“Tal vez” reflexionó Ash en voz alta, finalmente alzando la vista para ver a sus amigos “Pero solo lo haré si Charmander acepta.”

El joven de Pueblo Paleta volvió a bajar su cabeza para descubrir que Charmander le veía con una expresión que buscaba tanto comprensión como aprobación.

“¿Qué dices entonces, amigo?” preguntó con una sonrisa sincera, haciendo un último esfuerzo por alegrarle “¿Quieres venir con nosotros?”

“¡CHAR, CHAR!” gritó Charmander, liberando lágrimas de alegría.

“¡Bienvenido al equipo, Charmander!” dijo su nuevo entrenador, abriendo una de las cinco poké ball extra que tenía. Charmander se dejó desmaterializar y capturar por ella, con su sexto sentido diciéndole que no se arrepentiría de la decisión que estaba tomando. La cápsula contenedora lanzó su brillo pequeño al cerrarse, oficializando la captura. Pikachu, Torchic, Max y Mara sonrieron conmovidos, mientras que May no pudo evitar llevarse la mano izquierda a su corazón, secando sus lágrimas con la derecha.

No muy lejos de allí, y mientras el resto de los entrenadores se dispersaban, las tres misteriosas y siniestras figuras observaban la bella escena, analizándola de cabo a rabo.

“Ese Pikachu es poderoso para su especie” comentó el hombre “Será mejor que no le quitemos el ojo de encima.”

“Estoy de acuerdo” dijo la mujer llevándose la mano derecha a la barbilla “Aunque, ¿Qué haremos con el niño?”

“¿Acaso tenemos que decirlo?” rió el pequeño individuo del grupo.

Una nefasta y perturbadora sonrisa se dibujó en los rostros del trío.


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@Nemuresu  Me alegra que te esté gustando de momento. Y sí, esa era un poco la idea que tenía, señalar el problema de tener una meta con requerimientos absurdos o no muy claros. A lo mejor te llega a gustar lo que tengo planeado para abordar el concepto de "maestro pokémon".
[Imagen: nDb2mjH.png]
   Pokémon Ragnarok
"Al fin, el gran fiestón."-Pyro
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#5
(05 Feb 2021
03:43 AM)
Lunarium escribió:
Pero escúchame bien: tu Pikachu solo ganó por pura suerte,

Sí claro, Damian, porque claramente ganó por suerte y no porque cometiste el gravísimo error de mandar a un tipo volador a luchar con un tipo eléctrico. O quién sabe, tal vez estás acostumbrado a ganar con desventaja, ¡como el propio Ash!

Pero ya quitando las bromas de lado, debo decir que me había esperado otro resultado. Supongo que tal vez me acostumbré demasiado a que siempre empiezan los rivales ganando para hacerlos ver amenazantes. Es un aire fresco ver que no pase lo contrario por una vez, pues Damian ya tendrá oportunidades de balancear las cosas a su favor después. También me llamó la atención de Drew, esa idea de que antes era un buen tipo pero empezó a perder los concursos hasta el hartazgo, ciertamente da una mejor explicación a lo despreciable que es en el anime comparado con la... nada que tiene ahí, yeah, cosas que lograron ser expandidas muy bien aquí.

Keep up the good work, mein freund.
Descansa. Hasta que nos volvamos a ver...
[Imagen: SwCanxx.png]
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