Índice - Pokémon Crowned
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Índice de Capítulos

Arco I - Punto de partida
⚫ Capítulo 1  Los elegidos del campeón
Capítulo 2  ¡Primeros pasos, saltos y picotazos!
Capítulo 3 Brota el futuro, arde la rivalidad 
⚫ Capítulo 4 – Perdidos en el bosque de ensueño
⚫ Capítulo 5 – Wild Girl, Wild Area
⚫ Capítulo 6 – ¡¡Dinamax!! ¡Enfrentamiento múltiple en el Área Silvestre! 
Capítulo 7 – Motostoke: Preguntas, respuestas, bolas y... ¡Yell!
Capítulo 8 – No todas las estrellas brillan en el cielo
Capítulo 9 – Curry, huevos y manzanas
Capítulo 10 – Un rival indeseable 
⚫ Capítulo 11 – Milo, el granjero: ¡Batalla floral por la primera medalla!
⚫ Capítulo 12 – Acero sobre cuero, sangre sobre plumas 

Arco II - Huecos llenos y vacíos
Capítulo 13 – Luces y sombras de Hulbury
⚫ Capítulo 14 – Nessa, la sirena: ¡Combate acuático por la segunda medalla! 
⚫ Capítulo 15 – Recuerdos sumergidos
⚫ Capítulo 16 – En el nombre de la reina
⚫ Capítulo 17 – La noche nos cuida y nos observa 
⚫ Capítulo 18 – Hace siete años 
Capítulo 19 Kabu, el muro de fuego: ¡Encuentro abrasador por la tercera medalla! 
Capítulo 20 Ícaro
Capítulo 21 Gloria vs Marnie: Choque de estrellas perdidas
Capítulo 22  Muros altos no permiten ver el Sol
Capítulo 23  Réquiem por la cordura (Primera Parte) 
Capítulo 24  Réquiem por la cordura (Segunda Parte) 

Arco III - Caminos bifurcados
Capítulo 25 – Mira hacia adelante y verás 
Capítulo 26 El tímido y la temida
Capítulo 27 Allister, la pesadilla: ¡Duelo sombrío por la cuarta medalla! (Primera Parte)
Capítulo 28 Allister, la pesadilla: ¡Duelo sombrío por la cuarta medalla! (Segunda Parte)
Capítulo 29  Bea, la técnica implacable: ¡Choque de poder por la cuarta medalla! 
Capítulo 30 Derrumbe
Capítulo 31 Presa de la oscuridad 
Capítulo 32 Después de todo, la amistad también puede quemar 
Capítulo 33 Hermanos 
Capítulo 34 – Todos los laberintos conducen a Ballonlea 
Capítulo 35 – Bede, el sucesor: ¡Zanjando el pasado por la quinta medalla!
Capítulo 36 – Memoria: Un grito que atraviesa el cielo

Arco IV - Rompiendo las cadenas
Capítulo 37 – Lo que perdimos en el camino 
Capítulo 38 – El origen de una rosa espinada
Capítulo 39 – Duelo blanco 
Capítulo 40 – El mito de los dos hermanos 
Capítulo 41 – Gordie y Melony, la avalancha y la ventisca: ¡Lucha emparejada por la sexta medalla! 
Capítulo 42 – Un cálido abrazo en medio de la noche 
Capítulo 43 – Spikemuth hermoso, rebelde, decadente
Capítulo 44 – Convergencia (Primera Parte)
Capítulo 45 – Convergencia (Segunda Parte)
Capítulo 46 – La séptima, por nuestra amistad (Primera Parte)
Capítulo 47 – La séptima, por nuestra amistad (Segunda Parte)
Capítulo 48 – Rumbo al fin

Arco V - El peso de una corona
Capítulo 49 – Un dragón dormido a punto de despertar
Capítulo 50 – Raihan, el guardián de la cima: ¡Explosión meteórica por la octava medalla!
Capítulo 51 – Flores
Capítulo 52 – La verdad detrás de tu alma
Capítulo 53 – Hacia Wyndon: La ciudad donde los sueños confluyen
Capítulo 54 – ¡Comienza la copa de campeones! (Próximamente)


Fichas de Personajes
(pueden contener spoilers de la trama)


Mostrar Victor
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Nombre: Victor Evans
Edad: 14 años
Signo: Virgo (9 de Septiembre)
Hogar: Pueblo Postwick
Le gusta: Cocinar curry, vivir aventuras con sus amigos
No le gusta: Preocupar a los demás, sentirse sobrepasado por la situación

Victor es un joven de personalidad calmada y pacífica. Criado en el ambiente de un suave pueblo rural en las afueras de la región, nunca mostró especial interés por volverse el más fuerte, aunque sí por salir a descubrir el mundo y aventurarse en toda clase de lugares junto a su amigo. Solía ser muy introvertido, hasta que conoció a Hop de pequeño y éste lo ayudó a mostrar un poco más de carácter y a relacionarse mejor con las personas. Es un entrenador disciplinado y siempre se esforzará al máximo por pulir el potencial de sus Pokémon. Puede decirse que es bastante riguroso con ellos, especialmente con la pequeña Punkelly.

Equipo:


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Mostrar Gloria
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Nombre: Gloria Scott
Edad: 14 años
Signo: Escorpio (20 de Noviembre)
Hogar: Ciudad Hulbury
Le gusta: El peligro, la libertad
No le gusta: Los que abusan del poder, la gente superficial

Con una crianza afectiva pero restrictiva, Gloria se acostumbró desde muy pequeña a vivir encerrada en la habitación de su casa-barco, en el restaurante familiar de su padre. Todo el equipo de trabajo de su padre en La Mesa del Capitán la apreció mucho siempre, pero ella decidió emprender un viaje independiente para volverse una entrenadora pokémon, tras presenciar una noche desde el techo del barco las luces encendidas y las espectaculares nubes rojas y gritos de pasión provenientes del estadio de la ciudad portuaria. Forjó así una personalidad valiente e intrépida, y huyó junto a su Yamper, Cookie, para aventurarse en las peligrosas tierras del Área Silvestre. Allí conocería a Victor y Hop, con quienes forjaría un vínculo de amistad y compañerismo para seguir juntos en su viaje por Galar.

Equipo:


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Mostrar Hop
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Nombre: Hop Owen
Edad: 14 años
Signo: Leo (25 de Julio)
Hogar: Pueblo Postwick
Le gusta: Aprenderlo todo sobre los combates, Nessa
No le gusta: Que lo menosprecien, pasar desapercibido

Pese a crecer bajo la sombra de su exitoso hermano mayor y campeón de Galar, Hop desarrolló una personalidad enérgica y apasionada, inspirado por la proezas de Leon. Sus padres tuvieron que obligarlo a asistir a la escuela porque se pasaba día y noche prendido a la pantalla del televisor viendo combates oficiales de la Liga Pokémon. Allí conoció a un tímido Victor, con quién supo desarrollar mejor su personalidad extrovertida e impulsiva, incitándolo a emprender un viaje juntos para volverse poderosos entrenadores pokémon. De inmensas ambiciones, Hop se acostumbró a ser comparado con su hermano, pero no permite que lo menosprecien por ello, y siempre demuestra el máximo potencial en sus combates. Suele ser un poco pesado e infantil, pero tiene un gran corazón y siempre está dispuesto a ayudar al que lo necesite.

Equipo:


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Mostrar Marnie
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Nombre: Marnie Villin
Edad: 14 años
Signo: Piscis (18 de Marzo)
Hogar: Pueblo Spikemuth
Le gusta: Los pokémon siniestros, que su hermano le corte el cabello
No le gusta: El Team Yell, exponer sus emociones

Marnie es una joven promesa en la Liga Pokémon. Tiene claro su objetivo de llevar de nuevo la gloria a Spikemuth atravesando por su cuenta el Desafío de Gimnasios, pero detesta saber que pisándole los talones hay una parva de fanáticos descerebrados del Team Yell que hacen todo lo que está en sus manos por aplacar a sus posibles rivales y allanarle el camino. Tiene un talento casi sobrenatural para las batallas, y es dueña de un estilo agresivo e implacable que recuerda al de su hermano mayor y líder de gimnasio Piers. Sin embargo, Marnie desea trazar por sus propios medios su propio camino, intentando que la influencia de su hermano no pese a la hora de hacerle frente a los desafíos. Al parecer, su personalidad apagada e inexpresiva resultan ser su emblema distintivo, pero realmente disfruta de haber hecho amigos en el viaje, y de pasar el rato junto a sus pokémon. No tiene filtro ni pelos en la lengua para decir lo que piensa.

Equipo:


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Mostrar Bede
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Nombre: Bede
Edad: 15 años
Signo: Acuario (1 de Febrero)
Hogar: Ciudad Hammerlocke
Le gusta: Ser reconocido, provocar a los demás
No le gusta: La gente, la debilidad

Muchos detalles sobre la vida de Bede son una incógnita incluso para él mismo. Fue adoptado por el presidente Rose a temprana edad, y elegido como su patrocinado para enfrentar el Desafío de los Gimnasios, recibiendo de sus propias manos una Hatenna a la que nombró Minerva. Siente un profundo respeto por el hombre que le dio la única oportunidad en su vida de demostrarle a todos sus aptitudes, y ciertamente se ha convertido rápidamente en uno de los favoritos para alzarse con la corona de campeón. Sin embargo, su actitud hostil y temeraria le ha dejado unos cuantos enemigos, entre los cuales se encuentran Gloria y Hop. Parece estar constantemente al límite, caminando sobre una delgada línea entre la cordura y la locura.

Equipo:


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Entrevista a Personajes: ¡Hop Owen!

Endings

Mostrar Pokémon Crowned Ending 01


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Mostrar Pokémon Crowned Ending 03


Mostrar Pokémon Crowned Ending 04

 
Comentarios del Autor

Antes que nada, debo advertir a los lectores que se encuentran ante una historia cuyo principal objetivo es el de trasladar mi propia experiencia de juego con los nuevos títulos de la franquicia para Nintendo Switch, siendo su historia una "novelización" de los acontecimientos canónicos dentro de Pokémon Espada y Escudo (o SWSH, para los amigos). Dicho esto, es claro que no seguiré a rajatabla todos y cada uno de los pasos dados en mi propia partida, puesto que eso implicaría un sinfín de diálogos robóticos por parte de los NPCs, búsquedas en el pasto por especies de un género específico o asesinato despiadado de inocentes Skwovet salvajes -aunque tal vez haya un poco de eso, según de qué humor me levante ese día-.

Será una aventura tradicional con elementos un poco menos tradicionales, propios de lo que inspiró en mí jugar durante ya una treintena de horas una aventura que, bajo mi punto de vista, aborda otra perspectiva del Mundo Pokémon y de lo que representa el progreso de un entrenador, y la espectacularidad que se le brinda a la escena competitiva, destacando los gimnasios y... ¡¿Pokémon gigantes?!

Aclaro que utilizaré los nombres de ciudades y personajes propios de las ediciones anglosajonas de los juegos, así que reemplacen "Paul" por "Hop" y "Pistón" por "Motostoke", y van a andar bien. Para los ataques, sin embargo, decidí respetar en mayor medida la adaptación castellana de sus nombres, pues sonaría raro que los personajes den órdenes en inglés a sus monstruos de bolsillo diseñados por japoneses mientras conversan en español, pero siendo de una región inglesa... Como sea, ustedes sabrán entender.

No puedo dejar de mencionar que soy argentino, pero que adapté los diálogos al insípido neutro para que a nadie incomoden los modismos durante la lectura. Aún así, traté de impregnar en ellos la mayor personalidad posible para que no queden fríos e impersonales.

Esperen aventura, acción, compañerismo, inseguridades y una lectura ligera que, espero, consiga engancharlos y mantenerlos interesados por el viaje de Victor y Hop.

¡Disfruten de la historia!
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Pokémon Crowned
Sueña mientras giren las agujas del reloj

"Este fic es un recopilatorio de cosas que me dan asco, me agobian y odio"
                                                                                                    —PKMNfanSakura
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Longfic- Pokémon Crowned

Extension largaLongfic
FranquiciaCoregames
GéneroAcciónAventura
Resumen

La región de Galar se prepara para inaugurar el Desafío de Gimnasios, y como cada año, cientos de entrenadores emprenden su viaje para colgar sobre sus hombros la pesada capa de campeón. Esta es la historia de Victor, que desde su lejano pueblo rural dará los primeros pasos en la Liga Pokémon.

AdvertenciaViolencia
Hay un detalle con la pelea de Kommo-o que no había reflexionado antes: se nota un poco que la gente en esta Galar parece no tener idea de lo que son los pokémon de otras regiones, bueno, no a ese punto exagerado, pero sí siento que les dio una amnesia; pasó con el Tyranitar de Marnie, pasó con el Hydreigon ese y se ve lo mismo acá. Todos son pokémon que fácilmente puedes encontrar en el Área Silvestre, y salvo porque Hydreigon solo lo puedes capturar en Raids, realmente me extraña que a la gente le sorprenda que estos pseudos existan.
Rompe mi armadura si quieres. Al final, terminarás arrepintiéndote de hacerlo...
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Mostrar Lo que dice el título malditos debiles de cerebro[?
]Pero qué capitulazo, me encanta lo carnal que fue el combate entre todos los Pokés, quizás el menos "sanguinario" a mi parecer fue el Duraludon de Raihan y eso no le quita ni una milésima de jumbitos a lo genial que fue el combate.

Me encantó todo, desde las estrategia de los climas (Que creo, CREO, lluvia fue el único que faltó pero da igual, los otros tres brillaron especialmente la tormenta de arena) y vamos, Raihan es el tipo más buena onda del mundo y a la vez el más competitivo y agresivo y eso es genial  pikaowo.

La estrategia de Haneki colegiala no me la esperé, buen un buen "alivio cómico" que siguió el ritmo violento del combate contra Kommo-o de forma tan natural e precisa como un jogo do ajedrez bem jogado[?] creo que Haneki se ganó más que un par de 10 con todo lo que hizo, y es que de verdad la liebre destacó bastante bien en un combate donde TODOS dejaron el alma en la cancha, hasta Draco Jr.

Ahora, igual es kiss que le dió Marnie al Victor en Spikemuth me gusta más que el de Victor a Marnie en este capí pero fue un buen momento para quitar a la niña de la chaqueta de cuero de su estado "estoico y frío" de siempre PERO lo que sí me llama la atención y estoy seguro que pasó en este combate y ahora se nos confirmará es que la vieja ya se fundió en una con el cosmos, ESTOY CASI SEGURO que Magnolia le dió el mensaje de despedida al del gorro con forma de preservativo[?] que ahora cuando todos vayan a celebrar llamando a Sony se la encontraran llorando avisandoles de la mala nueva

Creo que eso es todo lo que tengo que decir, ya quiero leer el siguiente capi para ver si mis sospechas son correctas o quedé como un simio ignorante[?]
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Por fin puedo retomar Padrinos Mágicos. Y la verdad ha sido… coool. Pero vamos capítulo a capítulo:


22: Bede y una chica de verdad.

Quiero empezar diciendo que le pones un detalle tremendo a los escenarios, al grado que prácticamente no empiezas un diálogo hasta que describes la última ventana. Y si bien decías que querías tratar de no entenderte tanto con las palabras, yo lo veo como algo positivo si eso implica tener descripciones tan claras de, digamos, la.oficina de Rose. Hasta el detalle del saco en el perchero ayuda.

El segundo punto es Bede, del cual si bien sigue siendo un pete, se nota que tratas de darle algo más de profundidad al pj. Entre otras cosas, parece que se está promoviendo al rol de cuarto pj principal que no viaja con ellos pero tiene su propia historia e… igual es un pete, sorry. Esa frasecita de "me confunden con ex-novios de", perdón, este ni lo exige bullying. No como Gloria que se ve toda malosa con su iguana-ciempiés.

También quería hablar de Rose que… me gusta lo que estás haciendo. A la mierda la ambigüedad, este cabrón es malo de cojones y tremendo manipulador que lo mismo encandila niños para seguir sus órdenes que patea a un pedazo de basura humana en el suelo sin preocuparse de manchar sus mocasines. Y funciona porque hace las cosas más simples que tanto él como Oleana sean tan despreciables, hace que sea más fácil ponerse de lado de los buenos al concentrar el odio del lector.

Por último, Sonia. Me encantó que Víctor y Hop, a diferencia del avatar, les.importa una mierda disimular que están en esto por las medallas.Y no para aprender shit de leyendas y mitos sobre doggos.



23: La garganta profunda.

Y… todo se va a la mierda sumamente rápido. Tan rápido que se siente un poco de la.nada para ser sinceros, y en sí este capítulo se puede resumir en los momentos awesome de cada quien.

Again, otro intento de darle profundidad a Bede. No digo que no funcione, ya que, sí, se siente mucho más completo, pero sigue siendo un pete, un pete profundo… una garganta profunda. Pero hey, al menos llegó a segunda base con Darla. Sigue siendo oscuramente gracioso que esa calidez en el pecho que sentía al ver a Gloria haya sido solo el fuego de la iguana-ciempiés, y la pelea, la verdad, estuvo buena.

Luego tenemos a Víctor y Marnie que pelean juntos, le ganan a un montón de mooks con ayuda de los gremlins y por sus esfuerzos Víctor se lleva… un beso en la mejilla. Hombre, hasta Bede llegó a segunda base qué tan pete tenés que ser para quedar abajo de eso. La pelea estuvo cool, again, y ayuda que no sean tan over the top sino algo más rápidas que antes. Igual, no te lo voy a negar, mata un poco la tensión que lo primero que vimos fue a Raihan haciendo la noni en el sofá. Imposible que no saliera a salvar el día. Aunque la sorpresa acá fue Leon.


Algo que se me olvidaba, me encantó la interacción entre Gloria y Victor cuando éste se queja de que quiere tener una aventura normal. Vale, lo que tú quieras, pero han tratado de matarlos al menos tres veces, ese barco ya zarpó.

Y zarpado estuvo el combate de Hop. En serio, entre los chicos, es el que tiene los momentos más badass, al igual que Cheepo. Porque, sí, Vic se luce en los gimnasios y Gloria es discutiblemente la más fuerte, pero cuando la marea sube, Hop es el que mejor se desenvuelve y aguanta la presión. Mientras que Gloria se paralizó por completo y todavía tuvo problemas con Bede, y mientras que Vic, junto con Marnie, todavía andaban algo intimidados, Hop se saca la Solar Blade y se la refriega en la cara a la chica Crawling in my skin. Sí, vale, después es masacrado por el bicho con esteroides, pero oneshotear al pato ya lo pone bastante más badass que los demás.


24: Mira quién grazna.


Sonia nos muestra que, si fue compañera de Raihan y Lee, no fue por su cara bonita (Tal vez sí por esos jeans ajustados). Acá la tienes luciendose contra Uma Thurman y su Salamandra del mal con una estrategia toda badass que me dio vibras al Ash vs Paul.

Como era de esperar, Raihan se la saca y salva a la parejita, y como era de esperar, Leon salva a su hermanito. Por ahí fue bastante cruel subrayar en la narración que uno es el chico y el otro es el hombre pero bueno, valió la pena ver hecho mierda al bicho Kubrick. El que contra toda expectativa no la pecheó fue Bede, quien acaba huyendo…



Buen momento para hablar del arco en general, que repite los aciertos y, sin ánimo de ofender, lo que podría decirse los puntos flojos del primer arco. Sí, las peleas siguen siendo geniales, al igual que los pjs, y sí, Víctor tiene más relevancia que los otros dos, pero lo que lo pone por encima del anterior es, en mi opinión, el manejo de los elementos nuevos. Me gusta cómo vas manejando ambos ships. El de Víctor y Marnie parece algo más enfocado en la simpatía y la atracción, mientras que el de Hop y Gloria se siente algo más fuerte ya que viene de la preocupación mutua y un cariño algo más tierno. Kabu como líder de gimnasio está varios pasos más arriba como pj que la pareja milanesa, y el hecho de que el plot avanza significativamente le hace bien a la lectura. Si bien de algún modo queda claro que van a poder retomar el desafío, me da curiosidad cómo es que Marnie y Bede van a poder hacerlo, y cómo diablos van a reaccionar Leon y Piers al saber que les encerraron a la hermana y a la waifu.

Nos vemos en… una semana.
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Este fue el primer capítulo que le escribí a este arco, incluso unos cuantos antes de finalizar el cuarto. Es un poco largo y no tiene acción, pero creo que puede gustarles. ¡Espero que les guste!

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@Thranduil Waaa me alegra que te haya gustado tanto. Para mí es la mejor de todo mi fic al menos en cuanto a desarrollo y ejecución de ataques y de estrategias, me quemé bastante la cabeza para armarla completamente. Ayla y Dracossack son muy fuertes, pero Raihan estaba más que preparado para lidiar con sus mayores debilidades, incluyendo al tipo hada. Por eso hice que Victor se enfoque en ellos más como un soporte de los verdaderos golpeadores que serían Ink y Haneki. Eso hizo que, por ejemplo, el único ataque para hacer daño de Drakloak fuera escaldar, mientras que los otros tres cumplían el rol específico de pasarle su fuerza a Ink (que luego se la pasaría a Haneki) y de realizar ese cambio de banda para salvar a sus compañeros de ataques cruciales.

Haneki siempre fue muy fuerte, pero acá quise mostrarla realmente a la altura de esta etapa en su viaje con Victor. Tiene que estar preparadísima para lo que se le viene en la Copa de Campeones. Y también me gustó mucho cómo participó Ink, creo que le conocimos un lado mucho más cálido que en otras batallas donde era más un monstruo berserk que rugía y tenía tentáculos siniestros.

@Nemuresu Como te respondí por Discord, amigo Nem, es lógico en realidad que dos personas como Victor y Gloria se sorprendan de ver dragones y criaturas que sí son raras en Galar, aunque T-Tar spamee por ahí en el Área Silvestre de los juegos. Al menos en el mundo que imaginé no es tan sencillo cruzarse por los cielos un Hydreigon o un Kommo-o entrenando en las montañas. xD

@Bancho Ramen ¡Tenés toda la razón! ¿Se nota que no me gusta nada Duraludon? Bah, me parece chistoso y creo que podría usarlo eventualmente en algún equipo, pero es jodido de escribir. Además, su idea era oneshotear a todo lo que se le cruzara mientras iba perdiendo vida. Fijate que todo el daño directo que recibió fue por parte de Haneki ya convertido en un rascacielos gigante. Todo lo demás fue por su abuso de metaláser, y de no ser por la baya que tenía equipada para recuperar algo de vida, no habría podido ejecutar nunca dos de esos. De algún modo hizo lo que debía y se cargó tanto a Dracossack como a Ink. Pero sí, definitivamente Kommo-o se sintió mucho más amenazante porque le di más screentime. Claramente era un poke mejor pensado para escribirle peleas. xD

Y sí, otra vez tenés razón con los climas, no hubo lluvia. En realidad nunca planteé el combate como uno donde se verían todos los climas (lo cual es una idea cool), sino que fueron surgiendo naturalmente tanto el día soleado para rematar a Ayla como el granizo por parte de ella para anular a Flygon y, de paso, sacarse de encima la molesta tormenta de arena que fortalecía al piedrón. Capaz si cambiaba a Kommo-o por Goodra habría podido meter un poco de lluvia, pero capaz no me hubiera divertido tanto escribiendo el intercambio de piñas y patadas con Haneki.

Haneki usando atracción fue re random pero me encantó. xD Claro que no tiene mucha utilidad en un combate real, pero realmente pensé que hubiera sido excelente para meterse en la cabeza del Kommo-o que ya tenía un enorme desgaste encima y no estaba tan "enfocado" como al principio, arrojando sus close combats a diestra y siniestra y volviéndose más y más idiota en el proceso. Estoy medio obsesionado con que cada pokémon use un máximo de cuatro ataques en cada pelea, y por eso me guardé el cuarto slot de Haneki para un momento decisivo, entrando en modo Rule 34. (?)

@Maze No sabés cuánto me alegra que quieras seguir leyendo esto. A ver, te respondo más o menos ordenado:

Capítulo 22: Decí lo que quieras del gran gay Bede, pero la pwneó a Gloria con relativa facilidad usando un Orbeetle y una Hattrem. Aunque, si querían resolverlo a mano limpia, posiblemente la scottish le habría roto toda la cara. Y sí, definitivamente busco que detesten tanto a Rose como Oleana. Todos los malos en mi fic son re unidimensionales en primera instancia, pero luego voy ahondando un poco más en cada uno de ellos para aportar ciertos matices. Eso igual no quita que sigan siendo personas despreciables. Rose ya me caía mal solo por cómo se vestía en Hulbury en los juegos. Viejo cochino y degenerado.

Capítulo 23: Bueno, lo de las Torres Gemelas también fue medio de la nada. (?) Es un climax de arco medio urgenciado, sí, pero realmente quería una situación como esa en mi historia y no iba a esperar al grand finale para sacarme las ganas. Todavía estaba en etapa de capricho con esto cuando lo escribí. Eso sí, estaba seguro ahora de que ibas a disfrutar de ver cómo Darla le quemaba todo por adentro del abrigo mientras creía que estaba asustando a Gloria. El besito de Marnie a Victor fue más un guiño de "sí, voy a meter un ship acá, váyanse a lavar el orto" (Marnie diría eso). Y lo de Raihan no era tanto un plot twist sorpresivo sino un guiño al capítulo de ellos yendo a buscar el Steelix. xD
¡Ah! La pelea de Hop contra Joan siempre se me olvida, pero cuando la releo me gusta bastante. Me saqué del culo que justo Cheepo tuviera esa hierba única atada a la cresta, pero acabó quedando bastante badass. Obviamente toda esa pelea la escribí escuchando I Say Run como un enfermito mental.

Capítulo 24:

 
Cita:El que contra toda expectativa no la pecheó fue Bede, quien acaba huyendo…

Me cagué de risa cuando dijiste eso. xD!!! Pabre Bede.
Sonia siempre fue una badass, desde que anuló fácilmente al Charizard de Leon con Dracovish. ¿Por qué Sonia tiene un Dracovish? Porque puede.

Creo que en el segundo arco, como comenté en el thread de Ideas Rechazadas, fue recién donde me puse a pensar para dónde podía ir realmente la historia y los personajes sin que se quede únicamente con una traslación más o menos precisa de mi experiencia en el juego. Aunque sigue siendo una fantasía de poder shonen con música de Boku no Hero y momentos innecesariamente oscuros o violentos, la verdad es que quiero que transmita cierta sensación de esperanza y de buen rollo, como dirían los españoles. De todos modos el tono ligero se va poniendo más denso conforme avanzan los arcos, y si podés leer el tercero (¡más te vale!) vas a ver lo que digo. Y el cuarto ni hablar. ¡Y EL QUINTO--! Ah no, en el quinto ya todo es más bombástico porque así debe ser. xD

Muchísimas gracias a todos por leer y comentar, espero poder seguir leyendo sus reseñas hasta que termine con todo esto. Realmente ya falta muy poco, y ni se me ocurre pensar en qué voy a hacer cuando Crowned haya pasado. Diría que tengo muchas ideas, pero posiblemente acabe desechando todo para colgarme de las tetas de una potencial novena generación.

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Capítulo 51 – Flores

Luego de una ardua jornada con intensas batallas en el gimnasio de Ciudad Hammerlocke, los chicos pudieron dirigirse triunfales al Centro Pokémon ubicado hacia el este, en las afueras que conducían tanto a la estación de tren como a la Ruta 7 camino a Circhester y Spikemuth. Se despidieron de Marnie y su séquito del Team Yell, que estaban más silenciosos y discretos que de costumbre, y la chica partió rumbo a su pueblo para regresar a sus labores como líder de gimnasio. Victor, Gloria y Hop la despidieron con los brazos en alto, y cuando su silueta se perdió de vista ingresaron al edificio público de salud pokémon para que curen a los valerosos compañeros que habían enfrentado con éxito a los dragones de Raihan. Se merecían un buen descanso, todos ellos, así que los entrenadores marcharon al restaurante del Centro y se pidieron copiosos platos de hamburguesas con una enorme bandeja de papas fritas para compartir, mientras intercambiaban anécdotas de su viaje y, especialmente, de su encuentro con el último líder.

—¿Danza lluvia? —preguntó Victor entre risas mientras le daba un mordisco a su hamburguesa de tres pisos.
—¡Sí! —asintió Gloria entusiasmada. La adrenalina todavía le corría por las venas tres horas después de finalizado su combate contra Raihan—. ¡Combinó a su Goodra con Dracozolt para aprovechar la lluvia curándose e intentando freír a Seven con sus truenos!
—¡Lo sabía! —se jactó Hop con aire altanero, embadurnando una papa frita con grandes cantidades de kétchup—. Ese tipo no pensaba emplear un mismo tipo de clima para todos sus retadores. Además, de esa forma las batallas eran más impredecibles para el público. Está tan preocupado por dar un buen espectáculo como por ponernos a todos en aprietos.
—Pues parece que no le alcanzó —sonrió Victor con un suspiro, notoriamente aliviado de haber atravesado esa última barrera en el Desafío de Gimnasios—. Por suerte todos pudimos ganar.
—No fue suerte —entornó los ojos su amiga—. Los tres nos volvimos lo suficientemente fuertes como para ganarle.
—Aunque por un momento tuvimos miedo contigo, Vic. Ese tipo te puso contra las cuerdas, tenías la misma expresión que cuando enfrentaste a Kabu.
—Espera, ¿viste mi combate contra Kabu? Creí que--
—No lo vi en vivo y en directo, lógicamente. Pero durante el entrenamiento es claro que iba a estudiar cuidadosamente su estilo de combate en las repeticiones de sus batallas más recientes —explicó Hop tan enfocado en las batallas que olvidaba llevarse la papa frita a la boca, y de ella chorreaban gruesas gotas de kétchup sobre el plato—. Te lo digo, Vic: si quieres llegar lejos en la Liga de Galar deberás no solo estudiar muy bien a tus pokémon y los de tu oponente, sino especialmente los estilos de combate de cada uno de ellos.
—Veo que el gimnasio te volvió más permeable a dar consejos a tus rivales —entornó los ojos Victor, provocativo, mientras Gloria le llevaba forzosamente la papa a la boca a Hop, que comenzaba a salpicar kétchup sobre ellos al sacudir la mano. Tras pasar la picante salsa de tomate con un hondo trago de agua fría, el peliazul continuó.
—Quiero que me den un desafío a la altura —dijo como quien no quería la cosa, encogiéndose de hombros—. Después de todo este viaje juntos, no puedo esperar menos que las mejores batallas de mi vida contra cualquiera de ustedes.
—¡Waaah! Lamento que Marnie no pudiera acompañarnos —protestó Gloria, cabizbaja—. Ella habría sabido bajarte los humos si te escuchaba hablando de esa forma.
—Tiene un gimnasio que cuidar —murmuró Victor antes de terminarse su hamburguesa.
—Fue una visita breve —sonrió Hop, asintiendo repetidas veces—. Creo que quiso darte el empujoncito que necesitabas, aunque terminó dándote algo más que un empujoncito.
—Además, tenía retadores esta misma noche —dijo Gloria revisando el itinerario de los gimnasios en su SmartRotom—. Ahora que el Desafío está llegando a su final, todo el mundo recordó que tiene medallas por ganar y los líderes no dan abasto. ¿Pueden creer que hasta Milo va a recibir una retadora mañana? ¡Es una locura!
—¡¿Milo?! —se sorprendieron los chicos al mismo tiempo, intercambiando miradas de incredulidad. Hop se puso de pie.
—¡Espera! ¿Me estás diciendo que va a desafiar los ocho gimnasios en… cuánto? ¿Un mes?
—Quedan cuatro semanas y dos días para que empiece la Copa de Campeones —revisó Gloria un poco más en su dispositivo—. Con tener un pokémon volador rápido y conseguir dos medallas por semana podría lograrlo, ¿no?
—Tal vez venga de otra región con suficiente experiencia —opinó Victor, pensativo—. Últimamente aparecieron muchos entrenadores fuertes con pokémon raros, como Shima Doryoku de la Isla Armadura. No me sorprendería que tengamos que enfrentar a gente de otras regiones en el torneo de Wyndon.
—¿Te lo imaginas? ¡Sería genial! —se motivó Gloria con los ojos chispeantes, aunque Hop se puso un poco más pálido de lo normal.
—No había pensado en eso —murmuró el peliazul—. Normalmente Galar no es una región fácil para extranjeros. Las reglas aquí son bastante diferentes a otros lados.
—Pues en todas las que conozco, las batallas se reducen a que el más fuerte y habilidoso gana —dijo Gloria con tono de sabelotodo.
—¿Y cuántas regiones conoces exactamente? Hasta hace poco no conocías más que tu casa y una porción de Hulbury —le dijo Hop, divertido, y Gloria le aplicó un coscorrón a modo de correctivo.

Todavía con el celular en la mano, un alegre tintineo notificó por lo alto que Gloria había recibido un mensaje de texto. Asimismo, los SmartRotom en los bolsos de Victor y Hop resonaron; el primero con suaves acordes de guitarra y el segundo con la música estridente de los combates en los gimnasios de la región. Mientras los chicos sacaban sus dispositivos para revisar los mensajes con curiosidad, Gloria ahogó un grito llevándose la mano a la boca y retrocediendo unos pasos por la impresión. Sus ojos no tardaron en hincharse con lágrimas, y tanto Victor como Hop se pusieron de pie para consolarla, sin llegar a mirar sus propias pantallas. En el dispositivo de Victor, que había apollado inmediatamente sobre la mesa, podía leerse el mismo mensaje que Sonia le había enviado a una gran cantidad de personas a la vez:

“Mi abuela falleció. La despediremos mañana por la mañana en su casa en las afueras de Wedgehurst. Espero que puedan venir.”

Cuando finalmente supieron a qué se debía la dramática reacción de su amiga, Hop no quiso soltarla, conteniendo su sollozo en un fuerte abrazo. Victor, en cambio, se desplomó nuevamente sobre su asiento, con la mirada perdida y las pupilas encogidas de la impresión. De fondo solo se oía el ruido de cubiertos picando comida y de copas de cristal chocando en medio de brindis y festejos que, ahora, les eran completamente ajenos. Una voz con eco llamó por los altavoces a una entrenadora para informarle que su equipo ya estaba totalmente recuperado. Un par de enfermeras corrían de un extremo al otro en un pasillo trasero en dirección al quirófano, hablando apresuradamente sobre el envenenamiento agravado de un Growlithe. Un grupo de entrenadores jóvenes se reían mientras hurgaban en sus bolsas lo que habían comprado a precio de oferta en la tienda del Centro. Todo el mundo estaba en su mundo, pero para ellos tres, el mundo ya no era el que habían conocido.

—Se estaba despidiendo —dijo Victor sin ningún tipo de entonación en particular, aunque su voz parecía surgir con dificultad desde lo más hondo de su pecho—. Magnolia se estaba despidiendo de nosotros, realmente ella--
—Victor —le pidió Hop, pues Gloria no paraba de empaparle la chaqueta con sus lágrimas. El castaño alzó la vista hacia su amigo, y comprobó que incluso Hop tenía sus brillantes ojos color miel descoloridos y húmedos por la conmoción. Gloria se apartó súbitamente de sus brazos y pegó una vuelta, negando con la cabeza neuróticamente.
—Tiene que ser una estúpida broma —gimoteó casi con rabia—. ¡Magnolia es demasiado fuerte como para…! ¡Como para… irse!
—Sonia no bromearía con algo así —repuso Hop en voz muy baja, y su mirada se perdió bajo las sombras de su flequillo desordenado. Vio cómo Gloria avanzaba raudamente hacia el mostrador del fondo donde aguardaba sonriente una enfermera, y cómo le pasaba su ID para retirar a su equipo.
—Me temo que todavía no están en óptimas condiciones —respondió la enfermera con amabilidad, pero Gloria nunca había mirado a alguien con tan mala cara, así que no aguardó motivos y se retiró de inmediato para buscar sus pokébolas.
—¡Gloria! ¿Qué estás haciendo? —dijo Hop apresuradamente, corriendo donde ella.
—¿Qué te parece? Nos vamos a Wedgehurst —tomó cuatro pokébolas de la bandeja que le ofrecía la enfermera y las abrochó a la correa de su bolso, agradeciéndole toscamente mientras pegaba media vuelta nuevamente y se dirigía a paso firme hacia la salida. Hop la sujetó por el brazo.
—¡Espera! Puede… —no sabía qué palabras escoger realmente para controlar el ímpetu de la chica—. ¡Puede ser una trampa! ¿Qué tal si Rose nos está esperando ahí?
—Le arrancaré la cabeza con mis propias manos —respondió ella con fuego en la mirada, aunque el agua mantenía brillantes sus mejillas.
—Gear puede llevarnos —dijo Victor finalmente, poniéndose de pie y acercándose a la recepción para solicitar sus pokébolas y las de su amigo.
—¿Volará igual de rápido si nos carga a los tres? —preguntó Gloria, golpeando el suelo nerviosamente con su borcego.
—Podemos ir a la estación —propuso Hop, acomodando sus pokébolas en el cinturón—. El tren nos dejaría en la de Wedgehurst por la mañana si vamos ahora.

La puerta corrediza del edificio se abrió de golpe cuando un dragón verde aterrizó delante de ella. La gente comenzó a exclamar de admiración en las calles y en el Centro Pokémon, y los tres entrenadores corrieron hacia afuera para encontrarse allí con Raihan montado sobre Flygon, con una expresión tan seria en el rostro como la que había mantenido durante el ataque a la Cámara Heptagonal.

—¿Qué esperan? —les dijo, y sus ojos claros se clavaron en los de Victor de manera casi intimidante—. Tú tienes un Corviknight, ¿no? Lleva a Gloria contigo. Hop, sube.

No hubo mucho para discutirle al líder de la ciudad. Victor desenfundó la pokébola de Gear y lo liberó sin titubear, subiendo detrás de su cuello mientras Gloria hacía lo propio, renegando por no disponer de un buen pokémon volador para facilitarles las cosas. Hop subió, receloso, al Flygon que tantos problemas le había ocasionado en su combate de gimnasio, pero el dragón no pareció guardarle ningún rencor a los jóvenes, más que acostumbrado a enfrentarse a las mismas personas con las que luego su entrenador estrechaba manos y cálidos abrazos. Ante los flashes de las cámaras y los aplausos de la multitud de fans que se apiló a la salida del Centro Pokémon, Gear y Flygon despegaron a toda velocidad y se perdieron rápidamente entre las nubes del Área Silvestre en dirección al sur.

Probablemente en pocas horas saldría a la luz en todo el mundo la noticia de que Magnolia había fallecido, y Galar lloraría a una de sus figuras más importantes y emblemáticas en el campo de la investigación, y que fue determinante para saber más acerca del fenómeno de la Energía Dinamax. La misma que el presidente Rose había capitalizado para el beneficio de su Liga Pokémon y de Macro Cosmos. La misma que daba esperanzas de energía ilimitada a los entrenadores y a los habitantes de Galar, y la misma que había provocado daños irreparables en el corazón de la región. Magnolia era ciertamente una figura taciturna en los medios, y había elegido mostrarse más bien poco en eventos públicos o grandes conferencias de prensa. Muchos de los entrenadores a los que había patrocinado en la Liga y que habían comenzado sus viajes con su beneplácito no habían vuelto a verla desde entonces, pues solía enfrascarse en sus investigaciones al punto de perder los estribos para ocuparse del cuidado de los pokémon que le enviaban al laboratorio o aconsejar a los novatos para un óptimo desempeño en sus batallas. Por este motivo se había ganado algunos detractores, pero también se había apoyado en una valiosa asistente, su propia nieta, que dedicaba todas sus fuerzas a suplir las tareas que la vieja profesora ya estaba cansada de ejercer.

Poco a poco, Magnolia se había retirado hacia las sombras, y casi no frecuentaba el laboratorio. Decidió cederle su delantal a Sonia, tras probar el coraje con el que su nieta le había hecho frente al desastre en la Cámara Heptagonal —cuna de la historia de la región que siempre le había fascinado—, y recluirse en su hogar para recibir el tratamiento médico contra los constantes problemas de salud que fue desarrollando con el correr de los años. Mucho se habló de la influencia negativa de su exposición a las estrellas deseo y a la energía dinamax en medio de sus investigaciones, pero ella renegó de eso hasta el último momento, alegando que el valor de ese hallazgo superaba con creces la importancia de su propia salud.

Con el sonido del viento soplando de frente, los chicos no sentían que hubieran palabras suficientes para expresar sus sentimientos. Quizás no tuvieran nada para decir, o quizás estuvieran callando demasiadas cosas. Sea como fuese, Victor miraba al frente por encima del plumaje de su Corviknight, manteniéndose firme sin saber exactamente cómo estaría Gloria en ese momento a sus espaldas. El fuerte aleteo de Gear tapaba cualquier posible sollozo de su amiga, y la ropa agitándose con la brisa disimulaba cualquier clase de tiritar en sus cuerpos. Gloria, sin embargo, miraba a Hop de reojo, al otro lado del invisible camino aéreo. Sus ojos ya estaban secos, pero le costaba mantenerlos abiertos aún sin tener una pizca de sueño. Hop, por otra parte, miraba al cielo por encima de su cabeza. Siempre mirando ahí, tan alto, como si tuviera miedo de caer junto a su mirada si agachaba la cabeza por una vez. O quizás estuviera buscando una respuesta en las estrellas, que brillaban más tenues que nunca esa noche. Ninguno de los tres parecía tener el mínimo interés en las fantásticas vistas al Área Silvestre bajo los pokémon voladores.

Comenzaba a amanecer cuando divisaron el pueblo de Wedgehurst pasando unas colinas bajas de pasto verde. Hacia el oeste podía verse el lago junto a la distinguida casa de color púrpura, y tanto Victor como Hop sintieron emoción adicional por caer en la cuenta, finalmente, de que volvían a su hogar. Más allá de la ruta se veían las luces del pueblo, así como el alto edificio del laboratorio y el tejado brillante en rojo neón del Centro Pokémon, muchísimo más pequeño y modesto que los que conocieron posteriormente en las grandes ciudades de Galar. Flygon descendió cerca de un camino junto a una arboleda que parecía perderse en un bosque a los pies de las montañas, y Gear hizo lo propio, mirando con curiosidad a una parvada de Rookidee que dormitaba en hilera sobre una rama alargada que atravesaba la ruta. Victor adivinó algo parecido a la nostalgia refulgiendo en los ojos rojizos del córvido oscuro, y no pudo ocultar una sonrisa de complicidad mientras se bajaba de un salto. Le acarició el plumaje y le pidió que lo espere por ahí, sin causar mucho alboroto. Raihan, en cambio, regresó a Flygon a su pokébola, pensando que llamaría demasiado la atención en un lugar tan apartado de la civilización como ese, y en medio de una ceremonia tan íntima como la que tendría lugar en las afueras de Wedgehurst.

Grande fue su equivocación, porque tras avanzar unos metros y pasar a través de un par de helechos se encontraron con una gran cantidad de pokémon voladores de todas las especies. Sobre algunos robles robustos y bajos asomaban sus cabezas y plumajes criaturas como Pidgeot, Talonflame, Staraptor y Noivern, e incluso un Togekiss avejentado y con una expresión mucho más solemne y apagada que la que solía conocérsele a esa rara especie. En la pradera que bajaba por la colina vieron a varias personas acampando junto a pokémon terrestres como Arcanine y Mudsdale, e incluso una larga fila de aerotaxis Corviknight parecían haber transportado otros pasajeros convocados al funeral. Victor no daba crédito a lo que sus ojos veían, pues muchas de esas eran especies raras de ver en la región, e incluso totalmente ajenas a Galar. ¿Cómo rayos había llegado tanta gente de todas partes a la casa de Magnolia para despedirla? Solo habían pasado unas cuantas horas desde que recibieron la noticia.

—No se sorprendan tanto —comentó Raihan con las manos hundidas en los bolsillos, encorvándose un poco y afilando la mirada—. Magnolia era una profesora de altísima reputación. Me atrevería a decir que la querían más en otras regiones que aquí mismo. Incluso yo me preguntaba, a veces, por qué rayos no decidía irse y continuar sus investigaciones en un ambiente menos hostil.
—¿Viste ese Pidgeot, Victor? —le susurró Hop a su amigo, sin disimular la ilusión en su voz. Gloria le dedicó una mirada de reproche, pues no era el lugar ni el momento para dejarse llevar por el entusiasmo de estar rodeados de tantos pokémon exóticos y raros, aunque el propio Victor tuvo que desviar la mirada para que no se le note demasiado el interés en todas esas criaturas. Cuando estaban por terminar de pasar los matorrales para salir a campo abierto, Raihan los detuvo en seco interponiendo el largo brazo en su camino.
—¡Miren cómo están vestidos! —les reclamó el líder repentinamente, y los tres lo miraron de arriba abajo, pues de todos ellos, él era el que tenía el aspecto más estrafalario y llamativo, con su camperón con capucha llena de colmillos y naranja flúor—. Tenemos que cambiarnos, o Sonia nos va a sacar a patadas si nos ve así.
—¿Te parece que va a fijarse en algo como eso en un momento así? —inquirió Gloria con disgusto, y tanto Raihan como Hop intercambiaron miradas cómplices por un segundo antes de responderle con sequedad.
—Sí, claro que sí.

Aprovechando los altos matorrales fuera de la arboleda, los chicos se sentaron en el pasto por un lado mientras que Gloria se apartaba tras unos árboles llevando a cuestas su enorme y pesado bolso. Al cabo de unos minutos, los cuatro volvieron a encontrarse en el mismo punto, ya vestidos para la ocasión, o al menos lo mejor que pudieron teniendo en cuenta lo improvisado de la visita. Victor y Hop habían conseguido pantalones y camisetas de color negro, aunque Hop tuvo que dar vuelta su camiseta para ocultar el estampado púrpura de Boltund de la marca Densoku. Raihan se puso un jean gris oscuro y una camiseta negra cerrada hasta el cuello. Cuando vieron a Gloria asomar entre los árboles, Victor tuvo que taparle la boca a Hop para que no grite.

—¡No te cambiaste! —espetó a través de la mano de su amigo, viendo cómo llegaba con el mismo atuendo que tenía desde que dejó Hammerlocke, además del rostro completamente enrojecido.
—Están locos si creen que voy a hacer algo así cuando no paran de aterrizar personas alrededor sobre sus pokémon voladores —refunfuñó ella avanzando firmemente a través del matorral—. Vamos, lo importante es que estemos todos presentes.

Luego del alboroto que despertó su presencia en Hammerlocke
en especial tras haber ganado su octava medalla, los chicos se sintieron un poco extraños al pasar entre la gente que aguardaba alrededor de la casita púrpura siendo completamente ignorados. Algunos le hicieron un gesto con la cabeza o saludaron con la mano por lo bajo al líder, pero ellos parecían un puñado de novatos que no pegaban mucho con el ambiente. El Sol ya había asomado casi completamente a la distancia, bañando de luz y de reflejos vívidos las aguas cristalinas del lago donde los Cramorant nadaban suavemente, aleteando de tanto en tanto para refrescar sus plumas azuladas. A un lado había una cancha de tierra sin pasto con los límites marcados de un campo de batalla que Gloria observó con mucha tristeza, pero también con cierta curiosidad, y Victor cayó en la cuenta de que ella no había estado con ellos cuando fueron ahí para recibir la aprobación de Magnolia. Era cierto: a ella la habían conocido al día siguiente, por la tarde, en el Área Silvestre. O quizás durante la madrugada, esa misma noche, en los confines nebulosos del Bosque Oniria. Se sentía raro pensar que no habían compartido la totalidad de su viaje juntos desde un principio, pues la sentían tan parte de su vida que ya no podían entenderla sin su presencia.

La puerta a la casa estaba entornada, pero nadie parecía atreverse a ingresar todavía. Raihan, fiel a sus modales, abrió la puerta con un pie e ingresó despreocupadamente sin golpear primero.

—¿Qué están mirando? —les dijo con voz ronca—. ¿Quieren tener una batalla ahora en esa vieja canchita? No me parece el mejor momento.
—Y tú vas a hablarnos de corrección… —revoleó los ojos Hop, soltando un pesado suspiro mientras ingresaba a la casa tras él. Victor y Gloria cruzaron miradas por lo bajo, pero decidieron hacer caso y entrar a la casa de Magnolia.

Ni bien entraron y cruzaron un corto recibidor donde dejaron sus bolsos y mochilas a un lado, los chicos doblaron una esquina siguiendo a Raihan y llegaron a un modesto comedor con algunos sillones de uno y dos cuerpos y una mesa bajita en el centro, repleta de papeles con anotaciones y gráficos a cada cual más complejos. Sobre ella había un teléfono antiguo con el cable enroscado que parecía haber sido trasladado torpemente desde otro mueble más apartado, así como una pila de pañuelos húmedos desperdigados sobre la alfombra. En el sillón principal, frente a un televisor junto a la ventana que daba una agradable vista al lago, Sonia se cubría el rostro con una mano mientras una buena amiga la rodeaba por los hombros con su brazo y le acariciaba el cabello delicadamente. Los chicos entreabrieron las bocas cuando las vieron, siendo Hop el más evidente de ellos, pues aquella que consolaba a Sonia con ternura no era otra que Nessa, la líder de Hulbury.

—Llegamos —comentó Raihan, desplomándose holgadamente sobre un sillón de una plaza junto al de las chicas. Sonia ni lo miró, pero Nessa se puso de pie inmediatamente y se le acercó con sigilo por detrás de su respando, agachándose junto a su oído y tirándole de la oreja mientras clavaba sus ojos azules con un flamígero destello anaranjado en los rostros de los jóvenes entrenadores. Victor y Gloria retrocedieron un paso, intimidados por su expresión, pero Hop la saludó bobamente con una mano.
—¿Qué rayos hacen aquí con esa pinta? —gruñó la modelo estrella, jalando cada vez más fuerte la oreja de Raihan. Sonia parecía dormir sobre la palma de su mano, pues no se había inmutado para nada.

Nessa llevaba un discreto vestido oscuro con el cabello recogido, sin maquillajes ostentosos ni nada que pudiera desviar la atención del triste evento que sería ese para todos. Sonia estaba desarreglada, con ropa de entrecasa que no se había preocupado por seleccionar con especial cuidado. La líder levantó a Raihan por los hombros y lo alejó unos pasos hacia las escaleras que conducían al piso superior, dedicándole una fugaz sonrisa a los jóvenes, que estaban firmes y serios sin atreverse siquiera a parpadear.

—Gloria —la llamó en voz baja a sus espaldas—. Ven, vamos a ponerte algo más apropiado. Seguro que este neandertal te propuso cambiarte ahí afuera en medio de la nada.
—B-bueno, gracias —suspiró ella, y se despidió de Victor y Hop con una rápida mirada. No sabía si se sentiría más cómoda en compañía de Nessa o de Sonia en un momento como ese, pero los dejó a solas con la abatida profesora mientras subieron las escaleras. Raihan permaneció de pie como un soldadito, y tanto Victor como Hop lo miraron para saber qué rayos debían hacer. El líder se encogió de hombros.
—No se preocupen, se ven estupendos —dijo con desfachatez—. Magnolia estaría orgullosa de esa camiseta invertida que escogiste, Hoppie.
—¿Puedes dejar de decir estupideces solo por un día? —le pidió una voz quebrada de repente, y todos se voltearon hacia Sonia, que finalmente había retirado la mano y les levantaba la mirada con cierta debilidad, aunque los consoló ver que todavía guardaba las fuerzas suficientes para poner a la gente en su lugar—. Estoy pasándola fatal, no me importa si quieren disfrazarse de payasos.
—Lo sentimos, Sony —se apresuró a decir Victor, acercándose con cautela al sillón donde estaba al borde de caer abatida la investigadora—. Lamentamos mucho--
—Ya lo sé, ya lo sé —asintió ella, y estiró un brazo hacia el chico para darle unas palmaditas desganadas de consuelo—. Todos estamos tristes. Bueno, supongo que no todos. ¿Saben? Me alegra mucho que al menos se haya ido así. Creo que dormía. Lo importante es… que él no pudo llevársela. No le dio el gusto a ese maldi--
—Hey, hey, tranquila, Sony. ¿Sí? Acá estoy, acá estamos —le dijo Raihan con sorprendente delicadeza mientras se sentaba a su lado saltando el respaldo del sillón, buscando sus manos para envolverlas con las suyas. La pelirroja torció la cabeza hacia su amigo, y sus ojos se hincharon en lágrimas que estallaron contra su hombro.

Sonia había perdido la cuenta de los litros que había llorado desde anoche, y le daba igual derramar unos cuantos más si con eso conseguía exorcizar todo el odio y la impotencia que descansaban en su corazón. No quería enterrar a su abuela llevando consigo el peso de sentimientos tan oscuros, eso no le haría bien a Magnolia. Victor y Hop permanecieron en silencio de pie, hasta que Sonia consiguió erguirse un poco en el sillón, mientras su amigo le pasaba otra carilina para secarse. Hop estaba decididamente más callado que los demás, y Victor le pegó un codazo por lo bajo para que dijera algo en ese momento.

—En serio podemos cambiarnos si quieres —fue lo mejor que se le ocurrió. La profesora lo miró con un fuego en la mirada que habría quemado a una jauría de Houndoom, pero bruscamente ablandó su expresión y esbozó una frágil sonrisa, ensanchándola cada vez más hasta romper en una carcajada.
—Vengan, siéntense —les dijo finalmente, ligeramente más animada—. No finjan que son extraños aquí. Aunque, ahora que lo pienso… nunca llegaron a entrar a esta casa, ¿no?
—Lo sentimos —se disculpó Victor, tomando asiento en un sillón contiguo, y Hop hizo lo mismo. Ni siquiera sabía por qué se disculpaba—. Estábamos muy eufóricos ese día como para pasar a tomar el té.
—Nos apresuramos demasiado para comenzar nuestro viaje —dijo Hop agachando exageradamente la cabeza, encorvándose como un Cubone al que el cráneo le pesaba demasiado—. Deberíamos haber pasado a conocer la casa de Magnolia.
—No se preocupen por eso —entornó los ojos Sonia, arqueando levemente una ceja. A su lado, Raihan parecía revisar el papelerío disperso en la mesa baja con curiosidad, y la investigadora le dio una fugaz palmadita en la mano cuando quiso revolver más de la cuenta esos documentos de investigación—. En otros lados parece ser habitual que cualquiera entre en las casas ajenas, pero a mi abuela y a mí siempre nos pareció un poco fuera de lugar —Puntualizó sus palabras fijándose especialmente en Hop, y el peliazul recordó precisamente el momento en el que fue atrapado por Yamper ingresando por una ventana trasera al laboratorio de Wedgehurst.

Si bien pareció animarse un poco durante unos instantes, no pasó demasiado hasta que Sonia volvió a ensombrecer la mirada y a apagar su voz nuevamente. Raihan estaba muy serio, cruzado de brazos, ya sin mirar con especial interés ningún papel sobre la mesa. Victor y Hop paseaban sus ojos por la sala de estar con relativa curiosidad, pero aquella parecía ser una casa común y corriente para una señora como Magnolia, quizás un poco más elegante y prolija que las suyas. Al cabo de unos minutos oyeron las pisadas bajando las escaleras, y Nessa apareció junto a Gloria, finalmente cambiada para la ocasión, y vistiendo un conjunto de camisa y pantalón oscuros que no se veía demasiado como algo que usaría la chica por elección, pero que la líder de gimnasio le había cedido amablemente. ¿O quizás era algo propio del ropero de Sonia que Nessa se había tomado el atrevimiento de tomar prestado para ella?

—Te ves bien —murmuró Hop en voz muy baja, desviando la mirada desinteresadamente cuando Gloria se sentó junto a ellos. Nessa chasqueó los dedos delante del rostro de su amiga, sacándola nuevamente de su trance melancólico.
—Sony, ¡Sony! —la llamó, ya sin la cuidadosa delicadeza que le habían descubierto al ingresar en el comedor—. Son casi las siete, ya va a llegar todo el mundo.
—¿Las siete, dices? —murmuró ella con desgano, buscando el reloj cucú en una de las paredes. Al ver las agujas corroborándoselo, se puso de pie drásticamente—. ¡Rayos! Tengo que cambiarme —Gruñó, atándose el cabello con una mano y desviando sus ojos verdes hacia la recién llegada—. ¡Hola, Gloria! Ese conjunto te queda divino. Espérenme aquí, por favor, tengo algo para ustedes.

Y subió atolondradamente las escaleras rumbo a su habitación. Nessa tomó su lugar en el sillón, cruzada de brazos. Raihan miró de reojo a los chicos, que parecían entretenidísimos analizando la textura de sus calzados y de la alfombra, con excepción de Hop, a quien los ojos se le escapaban de tanto en tanto hacia la líder de Hulbury. Con un sutil movimiento, el de Hammerlocke pasó su brazo por los hombros de Nessa y le dedicó una amigable sonrisa al peliazul, que rápidamente giró la cabeza para mirar fijo a Gloria, quien le devolvió un gesto reprobatorio y casi resignado. A Victor se le ocurrió preguntar algo para romper el hielo.

—¿Leon no vino?
—Se habrá perdido —respondió Raihan con una sonrisa afilada, y Nessa suspiró.
—Sony le pidió que traiga a su familia, así que debe estar en Postwick —dijo ella mirando con repentino interés a Hop—. No se atrevió a despertarlos anoche con esa noticia. Los granjeros se duermen muy temprano, ¿verdad?
—No somos granjeros —replicó Hop, ligeramente ofendido, aunque a Victor le resultaba admirable cada vez que el chico sacaba a relucir sus habilidades para el bordado, como cuando pudo remendar el pulóver deshilachado de Gloria—. Entonces, ¿va a traer a todos? Mierda, qué bochorno…
—¿Por qué lo dices? —cuestionó Gloria, mirándolo con cara de pocos amigos. Hop ladeó la cabeza.
—No quiero que papá y mamá me vean si me pongo a llorar.
—¿Pero no quieres ver a tu abuela? —preguntó Victor repentinamente. Gloria abrió la boca—. ¿Qué? A Mí me gustaría ver a mis abuelos en un momento así.
—Claro que quiero —refunfuñó Hop, revolviéndose en su asiento—. Y a Lee también. ¿Qué tanto puede tardarse desde Postwick volando con su Cha--?

Aparentemente no demasiado, porque un firme aleteo y un rugido les dieron la pauta de que el campeón había aterrizado en el patio de la casa, justo donde se encontraba el rústico campo de batalla junto al lago. Hop salió a toda prisa, mientras que Raihan y Nessa se asomaron para recibir a su amigo. Victor y Gloria prefirieron aguardar en la sala, pues ese era un momento enteramente reservado para Hop y su familia. Cuando Sonia bajó, con una cajita entre las manos y un impecable vestido negro con una flor blanca en el hombro cruzado, vio el lugar casi vacío y les preguntó qué había pasado, pero Hop ingresó a la casa acompañado de su hermano mayor, y la pelirroja no pudo hacer otra cosa que correr hacia él y saltarle encima con un largo abrazo, volviendo a romper en llanto.

—No te maquillaste esta vez, ¿no? —le preguntó Leon en voz muy baja, mientras la contenía en el abrazo y les sonreía a Victor y Gloria, saludándolos discretamente.
—Claro que no —respondió Sonia, tratando de contener una sonrisa.

Tranquilos porque los padres y la abuela de Hop y Leon se quedaron afuera conversando con los padres de Sonia —una pareja bajita y regordeta con rostros afables—, el grupo de entrenadores se reunió finalmente en el comedor en torno a la mesita ratona, donde Sonia depositó la caja de madera blanca tras arrodillarse delante de la tele. Leon aguardó cruzado de brazos contra el marco de la pared que conducía al pasillo, mientras que Raihan y Nessa se sentaron apretujados en el sillón de un cuerpo al lado del más grande, donde ahora Hop, Victor y Gloria miraban curiosos a la profesora y al receptáculo que daba vueltas entre sus dedos. Era una caja pequeña y cerrada con un moño, como un obsequio especialmente preparado para otra ocasión. O, tal vez, preparado específicamente para ese evento en particular.

—Primero que nada —dijo ella tras enjuagar sus lágrimas por última vez—, los quiero felicitar a los tres por haber obtenido sus ocho medallas de gimnasio finalmente. Me habría gustado poder hacerlo con más entusiasmo y en un ambiente mucho más festivo que este, pero mi abuela nunca fue buena para las fiestas, después de todo. Sea como sea, ella y yo estuvimos siguiendo atentamente su progreso en el Desafío de Gimnasios, y nos divertimos mucho viendo cómo avanzaban derrotando a los líderes uno atrás del otro. Algunos les dieron más problemas que otros —Puntualizó, fijándose brevemente en Nessa y en el propio Raihan, que entornaron los ojos con desdén—, y por eso ella adoraba a Kabu, aunque siempre le dio pudor admitirlo. Por lo que veo, parece que en esta habitación solo les queda un obstáculo por superar…

Instintivamente, los tres se voltearon hacia Leon, que alzó un poco las cejas devolviéndoles una amistosa sonrisa sin descruzar sus brazos, como si ellos fueran una clara muralla entre su título de campeón y los novatos aspirantes. Sonia soltó una risita que ablandó las seis almas presentes en el comedor.

—¡Ah, no! Eso es lo que todos piensan —dijo ella, casi con ternura—, pero su mayor obstáculo está sentado al lado de cada uno de ustedes, en realidad.
—Ya lo entendimos —bufó Hop, intentando agilizar la charla—. Deberemos enfrentarnos en la Copa de Campeones y hacer que nuestros mejores amigos pierdan para alzarnos con el título.
—También tendrán que hacer que yo pierda —aclaró Leon, guiñándole un ojo a Raihan con sutileza.
—¿Y qué hay en esa caja? —preguntó Gloria sin vueltas—. ¿Es alguna clase de prueba que dejó Magnolia para nosotros?
—¿Qué? ¡Ah! ¿Esta cajita? —dijo Sonia despistadamente, levantándola entre sus dedos y quitándole el moño con delicadeza, dejándolo caer tras la mesada mientras retiraba su tapa y se las acercaba a los tres, que se amontonaron sobre la mesita para verla bien, apretujándose las cabezas—. No, no, esto es una master ball. Solo quería que alguno de ustedes la cuidara por ella, en caso de que sea necesaria.
—¡¿Una master ball?! —exclamaron todos a la vez. Incluso Raihan y Nessa se mostraban sobresaltados por la revelación, aunque Leon se limitó a ladear la cabeza con una sonrisa. Hop arrojó un manotazo a la cajita, en cuyo interior destacaba una esfera de carcasa morada con dos protuberancias rosadas a los lados y una diminuta letra M grabada en blanco en el medio. Sonia fue bastante más ágil que el atrevido peliazul, dejando caer la cajita sobre su otra mano y triunfando en el amague.
—¿Por qué necesitaríamos algo como eso? —cuestionó Victor, echándose para atrás en su asiento con los brazos muy cruzados. Parecía tan sorprendido por la rara pokébola como reacio a acercársele demasiado—. La única ambiciosa con sus capturas es Gloria, realmente.
—Eres inteligente por preocuparte, Victor —le sonrió Sonia amablemente, eludiendo nuevamente otro intento fallido de Hop por arrebatarle la cajita. Gloria lo agarró del cuello y lo tiró para atrás, poniéndole una mano en la boca para que deje de interrumpir la explicación de la profesora.
—¿Recuerdan su incursión en Oniria? —preguntó Leon con un dejo de severidad en la voz, mirando fijamente tanto a Victor como a Hop, pero Gloria volteó instintivamente, pues ella también había sido parte de esa experiencia.
—Los lobos —murmuró ella automáticamente—. ¿Magnolia piensa que podemos capturarlos con esa master ball?
—Claro que podemos —le espetó Hop—. ¡Son pokémon! No hay ninguno que se le resista a su captura.
—En realidad —aclaró Sonia, con calma—, mi abuela pensaba que ellos pueden ayudarlos en caso de que la región se encuentre en auténtico peligro.

La joven profesora tomó uno de los papeles sobre la mesita y lo dio vuelta, revelando una fotografía impresa de un sector del Área Silvestre con un profundo cráter, alrededor del cual se había construido una base de acero que desprendía un fulgor carmesí desde su interior. Junto a ella había una gran cantidad de anotaciones y dibujos que la propia Magnolia parecía haber realizado poco antes de morir. Los chicos se miraron entre sí, dubitativos, aunque aquella siniestra figura de tosca modernidad en medio de la naturaleza solo podía conducirlos a una persona.

—¿Qué hizo Rose ahora? —le preguntó Victor directamente, mirándola fijamente. Sonia negó con la cabeza.
—Está preparando todo —respondió con un dejo de intranquilidad, como si intentara replicar las palabras de su abuela y no las propias—. Parece que busca despertar al responsable de la Negra Noche. Lo alimenta poco a poco con ese reactor que canaliza energía dinamax. Mi abuela me dijo que posiblemente ahí envíe las estrellas deseo para almacenar todo ese poder bajo tierra… hasta que el momento llegue.
—Espera un momento —la frenó Hop, quitándose de encima la mano de Gloria—. ¿Qué se supone que quiere despertar? ¿Quién es el responsable de esa Negra Noche?
—Algunos documentos lo conocen como “Eternatus” —comentó Raihan con vaguedad—. Pero no son más que historias que pasaron de una generación a otra desde épocas medievales… hasta que, en algún momento, la historia dejó de ser contada. Pienso que la gente descubrió que sonaba ridículo.
—Eternatus —repitió Gloria, grabándose esa extraña palabra en la cabeza. Sonia asintió gravemente.
—Es arriesgado afirmar que un solo pokémon fue capaz de generar un desastre como el mencionado por las leyendas —explicó—. Pero, después de la revelación en Stow-On-Side y de investigar a fondo esas estatuas con los héroes y los lobos —o, mejor dicho, con los reyes y los auténticos héroes—, cada vez me quedan menos dudas de que su encuentro con esas bestias en el Bosque Oniria fue una pieza clave para la investigación de mi abuela. Ella estaba convencida de que eso no fue fortuito, y mucho menos luego de enterarnos que Rose tuvo algo que ver en tu aparición en ese bosque, justo cuando Victor y Hop estaban perdidos ahí.
—Un momento, yo no estuve perdido —aclaró el hermano de Leon—. Solo fui para ayudar a Victor. No me cabían dudas de que se metía en problemas al entrar ahí solo, y menos después de saber lo rigurosa que era su madre al denegarle el acceso a ese lugar.
—Entonces, estabas huyendo de esa prohibición —analizó Leon, y Nessa miró a Gloria de reojo.
—Así como tú escapaste de casa ese mismo día —le dijo la líder de agua, y a Gloria le sorprendió saber que había averiguado tanto al respecto. Aunque, teniendo en cuenta que la modelo había frecuentado el restaurante de su padre y que era íntima amiga de Sonia, era evidente que conocería la situación.
—Magnolia pensaba que Rose los había elegido por algo en especial —explicó Leon, acercándose finalmente y poniéndole una mano sobre el hombro tanto a Victor como a Gloria—. Al menos contigo estoy seguro de eso, Gloria. Porque él me sugirió que serías una buena candidata a recibir tu pokémon inicial.
—¿Rose te lo pidió? —saltó Hop, poniéndose de pie bruscamente y encarando a su hermano. Gloria lo tomó de la mano para contenerlo.
—No debería sorprendernos —dijo con sorprendente calma, cerrando los ojos para zambullirse brevemente en su memoria tumultuosa—. Ese tipo siempre tuvo alguna clase de interés muy pronunciado en mí… o, por lo menos, en mi familia. Posiblemente te usó para darme valor esa noche para que lo ayude como conejilla de indias adentrándome en Oniria. O…
—O tal vez supiera que ese Sobble era especial —opinó Sonia—. Digo, por su capacidad para volverse gigantamax. Aunque Haneki también lo consiguió, ¿cierto?
—Ah, sí —suspiró Raihan, recostándose en el sillón con pesadumbrés—, fue increíble.
—¿Y qué hay de Cheepo? —le preguntó Sonia a Hop, pero el chico bajó la mirada, y todos pudieron adivinarle un tenue rubor en las mejillas.
—Él… es normal —murmuró, y luego les dedicó una enorme sonrisa a todos, inflando su pecho mientras reía altivamente—. ¡Solo porque no es gigamax! ¿Saben? Pero no es para nada normal en todo lo demás. ¡Es terriblemente fuerte y grandioso!

Casualidad. Causalidad. Seven sorprendió a todo el mundo al desencadenar misteriosamente la transformación en estado Gigamax frente a Hatterem en el combate de Gloria contra  Bede. Haneki hizo lo propio en su enfrentamiento contra Raihan, aunque en esa ocasión había sido el propio Victor el que escogió cuándo desatar ese fenómeno. Cheepo, en cambio, había probado en su enfrentamiento contra Gordie que su aspecto no cambiaba al volverse gigante. A pocos le cupieron dudas sobre la relación entre la condición de Seven y su llegada a manos de Gloria, a través del propio Leon pero, indirectamente, del mismo Rose. Victor se consoló pensando que, quizás, había sido casual que Haneki pudiera desatar ese poder. Después de todo, Magnolia había criado a esos pokémon iniciales durante muchos años, y quizás por sus investigaciones de la energía dinamax muchos de ellos conseguían desarrollar el gen necesario para alterar su aspecto y volverse gigantamax en combate. Sonia no lo tenía del todo claro, y se prometió a sí misma poner manos a la obra apenas hubiera podido atravesar el duelo.

—Gloria, creo que tú eres la indicada para tenerla —le dijo Victor a su amiga cuando Sonia les ofreció finalmente la cajita con la rara master ball—. Hop parece muy desesperado por ella, mientras que a mí… no lo sé, no me genera muy buena espina un poder como ese. Tú pareces ser la más habilidosa en general, o al menos la más testaruda como para saltar sobre los lomos de pokémon enormes y poderosos intentando atraparlos.
—¡Oye! Magnolia nos dio la posibilidad a cualquiera de nosotros —protestó Hop mirando a Sonia de reojo, que le devolvió una sonrisa gentil y afirmativa—. ¿No puso ningún tipo de condición? ¿No dejó una carta o una nota?
—“Dásela a los chicos” —respondió Sonia mientras depositaba la cajita sobre las manos de Hop—. Ella estaría tranquila con tal de que cualquiera de ustedes tres la tenga. Creo que se dio cuenta de que ya eran lo suficientemente fuertes para cargar con ella.

El peso de la master ball era casi idéntico al del resto de pokébolas que había tenido nunca. Hop se la pasaba en sus ratos libres ensayando distintas clases de tiros con comba y con poses llamativas para ganarse los aplausos de su público durante las batallas oficiales, así como para garantizar un mayor porcentaje de éxito en sus capturas. Sin embargo, la densidad que experimentó cayendo sobre sus manos en ese momento se tornó casi insoportable para él. Hop se puso rojo de la vergüenza automáticamente, mientras sus ojos pasaban de Victor y Sonia, que parpadeaban con curiosidad, hasta detenerse finalmente en los de Gloria. Al verla, no le cupieron dudas.

—Es tuya —proclamó, encogiéndose de hombros, mientras le acercaba la esfera morada a su amiga—. Tú debes tenerla, Glo.

Gloria miró el objeto extrañada, no sin cierto recelo, pero terminó guardándola con cuidado en un compartimento especial de su bolso. Fuera de la casa el murmullo había crecido, así como los gorjeos de los Corviknight aerotaxis que traían más y más concurrentes a la ceremonia fúnebre. Nessa espió por la ventana, a través de las cortinas, y le susurró a Sonia que ya debía haber más de cien personas dispersas alrededor del amplio jardín con vistas al lago y las colinas. Las rodillas de la pelirroja parecieron aflojarse por un momento, cuando el motivo que los había reunido a todos verdaderamente ese día atravesó como una lanza su cabeza, pero Leon se acercó rápidamente y la tomó de las manos con delicadeza, dejando que se apoye contra él. Le susurró algo al oído, y Sonia asintió. Entonces, el campeón le hizo un gesto a su amigo, y Raihan lo acompañó por el largo pasillo hasta el fondo de la casa, saliendo juntos por una puerta trasera.

—Llegó la hora —suspiró la profesora, cabizbaja. Nessa apretó los labios y le dio un fuerte abrazo. Luego de ella, las tres jóvenes promesas imitaron el gesto, y Hop no pudo contener las lágrimas en sus ojos cuando sintió la fuerza con la que Sonia lo abrazó. Sentía, en ese abrazo, todo el dolor en su alma aflorando a través de las pocas fuerzas que debían quedarle a su cuerpo.

Al salir de la casa todos juntos, a los chicos se les aflojaron las mandíbulas al comprobar que la convocatoria había sido asombrosa. Donde antes había un precioso paisaje matinal repleto de hierba brillante y las aguas cristalinas del lago, ahora había un mar de gente vestida de negro y muchísimos otros pokémon que acampaban alrededor de la propiedad. Todo el mundo se volteó con solemnidad hacia Sonia, y aunque no todos se atrevieron, varias personas se le acercaron con congoja y le estrecharon la mano, le dieron un abrazo o unas palmadas de consuelo en la espalda. Victor reconoció a los padres de Sonia, a quien ella buscó rápidamente con la mirada para que no se separen de su lado, y la familia de Hop se le acercó para saludarlo y dedicarle un gran abrazo. Gloria pareció distinguir algo entre la multitud y se perdió entre la gente durante algunos segundos, reapareciendo al cabo de un rato con alguien que pareció un regalo del cielo cuando Victor la vio.

—¡Marnie! —no podía creerlo—. ¿Qué haces--?
—No seas tan escandaloso —lo silenció ella, poniéndole el dedo índice en los labios. Vestía su típico atuendo de vestido y chaqueta de cuero, aunque se había recogido el cabello en una cola de caballo y el vestido no era rosa, sino de un gris muy oscuro—. Mi hermano siempre renegó un poco de la figura de Magnolia, pero tengo que empezar a cambiar un poco la imagen separatista que se tiene de Spikemuth, y decidí venir a presentarle mis respetos. Además, a Hysteria le encantan los funerales.
—Peko… —les sonrió Hysteria en voz baja, como si la propia Morpeko entendiese que no era un buen momento para chillar.
—Y no vino sola —murmuró Gloria, viendo por encima del hombro de su amiga cómo se acercaban dos personas más a ellos.
—Sensei Bea —saludó Hop a la líder de tipo lucha haciendo una formal reverencia que la chica correspondió. Victor arqueó una ceja, pero cuando detrás de ella asomó la pequeña figura de un niño con cabello oscuro engominado y tes pálida, su expresión se volvió todavía más incómoda.
—Ho-hola, chicos —saludó Allister meciendo tímidamente su mano de un lado al otro.
—¿Vienes a capturar fantasmas? —le preguntó Victor secamente, tendiéndole la mano mientras Marnie y Gloria le dedicaban una mirada reprobatoria. El jovencito agachó la cabeza, pero le dio un breve apretón de manos a su… ¿rival?
—N-no se te olvide que s-soy un líder de gimnasio —respndió finalmente, mirando a Bea de reojo—. D-debemos mostrar respeto por la p-profesora Magnolia.
—Como entrenadores —lo corrigió la líder de lucha—, no solo como líderes. Si me disculpan.

Y, dedicándoles otra corta reverencia a los demás, la líder tomó de la mano a su compañero en el gimnasio de Stow-On-Side y se acercaron hasta Sonia para estrechar su mano y dedicarle palabras respetuosas. Marnie hizo lo propio, dándole un abrazo que la pelirroja correspondió sin poder disimular una sonrisa de ternura, acariciándole cálidamente la cabeza a su Morpeko. Hop le dio un codazo a Victor por lo bajo, mientras sus miradas paseaban entre la gente que se acercaba poco a poco a presentar respetos, o que formaba círculos para conversar sobre sus recuerdos de la fallecida profesora de Galar.

—Todo el mundo vino —le susurró, señalando a un lado.

Era cierto. Marnie, Allister y Bea no eran los únicos interesados en asistir a la ceremonia, y la importancia que Magnolia tuvo para la región se hizo patente en el desfile de personalidades que acudieron a su funeral esa mañana. Ahí estaban Melody y Gordie, acompañados por los pequeños hermanitos menores del líder de roca, que resongaba abochornado mientras su madre le arreglaba el cabello con la mano e intentaba sacársela de encima para no volverse el hazmerreír, incluso cuando nadie tuviera ánimos para reír en una jornada como esa. También vieron a Milo, que siempre se mostraba enérgico y alegre, con los ojos encogidos y andar encorvado, acercándose a Sonia y dándole un fuerte abrazo mientras quebraba en llanto desconsolado, al tiempo que Nessa le daba unas palmadas en la ancha espalda.

Kabu conversaba parcamente a un lado con la tenebrosa líder de Ballonlea, y Gloria buscó con la mirada a Bede por algún lado, pero comprendió que el chico no tendría ningún interés en asistir a un acto como ese. Kabu llevaba un formal kimono negro característico de su región natal, mientras que la exótica Opal lucía un vestido negro y blanco tan retorcido y alargado que le daba el aspecto de un viejo acordeón, así como un enorme sombrero de ala ancha con plumas negras de Murkrow. Junto a ellos, un viejito llamó especialmente la atención de Hop, pues se reía acaloradamente de cualquier comentario que hicieran los líderes, y tanto a Victor como a Gloria les pareció tremendamente desubicado. Iba muy encorvado y no debía medir más de un metro cincuenta, y tenía pobladas cejas de canas lilas, así como un cómico sombrerito negro sobre la incipiente calva. El anciano los miró justo cuando ellos se habían fijado en él, y les dedicó una inquietante sonrisa que los obligó a mirar para otro lado.

El rugido de un Archeops sobre la copa de un árbol los alertó, y no tardaron en ver a la desaliñada Cara Liss acercándosele a su amiga y dándole un largo abrazo con expresión de congoja. Segundos después, mucha gente comenzó a murmurar cuando alguien se le acercó a Sonia entre la multitud, y hasta la pelirroja pareció sobresaltarse un poco al verlo, pero recibió su mano y su pésame mientras el hombre de gabardina oscura y pelo corto y cenizo le habló con sumo respeto de su abuela.

—¡Es el profesor Oak, de Kanto! —dijo Hop con los ojos brillando de repente, pero Gloria le pellizcó la mano para que contenga cualquier tipo de emoción que no fuera solemne. Le costó mucho decirlo, porque hasta ella conocía ese famosísimo apellido que incluso portaba el líder más fuerte de dicha región.
—Ya está todo listo —dijo Raihan asomándose por la puerta del frente, y la chica asintió.
—Por favor, acompáñenme para despedirla por última vez —dijo ella de la mejor manera que pudo, aunque sus palabras tiritaron a través de sus labios.

Así lo hicieron, y la caravana de gente siguió a la joven profesora de Galar por un sendero que bordeaba el lago y pasaba por detrás de la casita púrpura, en dirección a una vasta pradera que se elevaba a través de colinas bajas y bosques frondosos enmarcando el sereno paisaje natural. El cielo estaba totalmente despejado, y el Sol reinaba orgulloso, casi egoísta, negándose a ocultar ninguna lágrima o expresión de dolor por parte de los presentes. Llegaron a su destino y vieron un formidable altar de piedra invocado cuidadosamente por el Stonjourner de Sonia, sobre el cual Leon y Raihan se habían ocupado de depositar el féretro donde el cuerpo de Magnolia descansaría por la eternidad. A los pies del mismo, Yamper miraba en silencio el reflejo de la luz sobre la brillante madera barnizada, olfateando en el aire la viva esencia de la profesora que había partido. Pronunció un leve sollozo, y se giró cuando la pelirroja se acercó por detrás, corriendo a sus brazos y lamiéndole el rostro con desesperación. Todo el mundo se formó en dos bloques y dejaron pasar a la nieta al frente, que acarició el cuerpo de piedra de su pokémon mirando con solemnidad el ataúd durante largos segundos antes de volverse nuevamente hacia ellos. Leon permaneció a su lado, con las manos en la espalda y el rostro inescrutable. Sonia se aclaró la garganta antes de dirigirse a todos.

—Mi abuela nunca habló demasiado acerca de la muerte —les contó, con el murmullo del agua y el canto distante de los pájaros escurriéndose entre el follaje del bosque un poco más allá—. Creo que enfocó tanto su cabeza en sus investigaciones y en apoyarnos a todos los que la conocimos a centrarnos en nuestros propósitos, que es muy probable que ni siquiera se haya enterado de que, efectivamente, podía llegarle a ella. Quizás no le importaba saber que, en algún momento, iba a morir. Pero —Y tuvo que detenerse un instante, apretando los dedos en un puño—, pero a mí me importa. Y me consuela ver que a tanta gente también le importó todo lo que hizo en vida, y el gran legado que nos dejará ahora que decidió tomarse un descanso de su propia mente. Brillante, valiente, fuerte. Todo eso fue mi abuela, Edea Magnolia, todo eso y muchísimo más. Me enseñó todo lo que sé, y lo que creo todavía no saber. Me motivó a descubrir lo que no se haya descubierto aún. Hoy descubro la falta que me hará su voz y su mirada, pero sé que veo un poco de ella y de su amor por nuestro mundo en las vidas talentosas y brillantes de todos y cada uno de ustedes. Familia, amigos, entrenadores, investigadores… Por favor, despídanla con el recuerdo más valioso que tengan de ella.

Cuando Sonia terminó de pronunciar su discurso, un tímido y suave aplauso llenó el ambiente durante pocos segundos. Acto seguido, las personas comenzaron a acercarse al féretro para decir en voz muy baja unas palabras a la memoria de Magnolia. Algunos se mostraban impertérritos, como Oak y Kabu, seguramente curtidos por los años y las despedidas que ya habrían dado a lo largo de sus carreras. Otros como Milo y Nessa se quebraban junto a Sonia, apenas pudiendo hilvanar frases sueltas. Opal se enjuagó algunas lágrimas, murmurando algo que nadie llegó a oír, mientras que el anciano bajito y encorvado de grandes cejas fue el que habló en voz más alta, comentando una tonta anécdota en la que habían rodado juntos por unas escaleras pasando gran vergüenza. Aunque Victor y Gloria se morían de ganas por matar a ese viejo totalmente fuera de lugar, Sonia pareció oírlo con respeto e incluso con cierta ternura, asintiendo reverencialmente cuando él le dio una palmadita en el hombro y se apartó alegremente. Fue el turno de los chicos, que se detuvieron juntos frente al ataúd. Gloria notó que Hop se resistía a mirarlo, incluso aunque el cajón estuviera cerrado. Solo ver el nombre de Magnolia grabado en una placa de metal era suficientemente fuerte para él.

—Has sido una mujer muy sabia —le dijo Gloria con delicadeza, acariciando el nombre de Edea Magnolia—. Te admiraré por siempre, profesora.
—Gracias por haber creído en mí —dijo Victor con una nostálgica sonrisa, recordando aquél maravilloso y tenso primer combate que disputó con Hop para obtener su aprobación.

Hop no dijo nada. Victor y Gloria lo miraron de soslayo por si cambiaba de opinión, pero el chico simplemente se apartó de ahí guardándose sus pensamientos, resistiéndose incluso a dejar que se filtren más lágrimas por sus ojos. Sin embargo, expresó su sentimiento de gratitud tras apartarse con un gesto totalmente diferente, y liberó de su pokébola a Cheepo para que presente sus respetos. El gorila miró a su alrededor con curiosidad, y olfateó el féretro de cerca, cerrando sus ojos con un gruñido y acariciando el pasto a los pies del altar de roca para dejar que alrededor florezca un colchón de flores lilas y moradas. Victor y Gloria tomaron las manos de su amigo, y no lo dudaron a la hora de soltar a Haneki y Seven, quienes permanecieron de pie junto al Rillaboom. Fue ese el puntapié inicial para que el resto de entrenadores allí presentes liberen a sus fieles compañeros de inicio de aventuras. Ellos también tenían su derecho a presentarle respetos a la persona que posiblemente los había cuidado al nacer. El campo se llenó entonces de otros Rillaboom, Cinderace e Inteleon, incluyendo una de la propia Nessa, así como otro enorme y vigoroso gorila de planta que soltó Milo sin dejar de llorar. Entrenadores más jóvenes a los que ellos no conocían liberaron a Thwackey, Raboot, Drizzile e incluso pudieron verse pequeños Grookey, Scorbunny y Sobble que homenajearon a la profesora. Gloria no veía llorar a Seven desde que era un tímido e inseguro Sobble, hacía ya muchos meses atrás.

Cuando todos tuvieron su momento para despedirla, Sonia miró a Stonjourner y asintió discretamente, por lo que el pokémon cerró sus ojos blancos y envolvió el altar de piedra en su propia energía, dejándolo descender lentamente hacia el interior de la tierra, revelando al otro lado una sencilla lápida rectangular de losa con el nombre de la profesora y un epitafio que rezaba: “Aquí yacen un corazón noble y una mente iluminada”.

Luego del entierro y de que varios presentes se acercasen con flores para dejar sobre la tumba, Sonia llamó a los chicos para pedirles que pasen a tomar algo, pues seguramente no habían desayunado nada con todo el ajetreo de su viaje nocturno. Cuando estaban por entrar a la casa, Gloria vio a alguien que no había estado entre los presentes en la ceremonia acercándose a la lápida desde el bosque más allá de la pradera, con un abultado ramo de rosas blancas en la mano. Su lacio cabello rubio se mecía con la fresca brisa, y le sonrió cordialmente a todo el mundo mientras se agachaba junto a la tumba de Magnolia, depositando con delicadeza las flores.

—¿Quién es ese chico? —le preguntó a Sonia.
—No lo sé —respondió ella—. Entren y sírvanse lo que quieran, hay café preparado en la cocina.

Pero los chicos permanecieron de pie frente a la puerta, mirando cómo Sonia se acercaba al extraño, secándose algunas lágrimas que todavía se marcaban en sus mejillas. Hop viró sus ojos hacia Leon por un segundo, y lo encontró conversando con el viejo que se reía por todo y con Oak, que le enseñaba con mucho interés algunas cosas en una Pokédex de aspecto clásico. Leon asentía con la cabeza y sonreía con cordialidad a la eminencia, pero miraba atentamente a Sonia por encima de sus hombros, fijándose cómo se detenía junto al rubio con camisa lila y pantalones de vestir oscuros. El chico pareció informarle algo sin borrar la sonrisa de sus labios, y Sonia se cubrió la boca con las dos manos, retrocediendo y negando con la cabeza. Gloria corrió directamente hasta ella, seguida por Victor y Hop, que vio cómo su hermano mayor parecía excusarse para huir de esa conversación con los dos ancianos.

—¿Qué ocurrió? —le preguntó Victor a Sonia, que lloraba de rodillas sobre el colchón de flores rodeando la lápida de su abuela.
—¡¿Dónde se fue?! —inquirió Hop, mirando en todas las direcciones. No había rastro de ese chico rubio.
—¿Qué te dijo, Sony? —le preguntó Gloria arrodillándose junto a ella, y acariciándole la espalda.
—Solo un gesto —respondió ella, con la mirada perdida y los ojos hundidos en sus cuencas de tanto llorar ese día—. Un gesto de parte del presidente Rose.

El helicóptero negro se alejó por encima del follaje y se perdió de vista rápidamente entre las montañas. Leon sacó a Charizard de inmediato, pero Sonia lo desalentó, resignándose el campeón a dejar que Oak admire lo grande y fuerte que había crecido el Charmander que amablemente le había entregado para iniciar su aventura casi ocho años atrás. Después de todo, ese día le correspondía exclusivamente a su abuela, y no a darle caza a una persona que, al menos, tuvo la decencia de no mostrarse ante ellos para presentar respetos a Magnolia. La pelirroja aceptó el gesto, y decidió que las rosas blancas también descansen en su tumba junto a todas las demás. A su abuela le encantaban las flores. Sin embargo, Gloria no le sacó los ojos de encima al cielo por donde desapareció el helicóptero que transportaba a ese peculiar asistente nuevo de Rose.

Unas cuantas horas después, los chicos se despidieron de Sonia con un fuerte abrazo dejándola en casa con Leon, Nessa, Raihan y Cara Liss, que aparentemente dedicarían todos sus esfuerzos en llevarla a emborracharse por Wedgehurst hasta el próximo amanecer. Aunque Victor y Hop temieron que Gloria tuviera planes semejantes, la chica les propuso algo diferente, y cruzaron toda la ruta y el pequeño poblado de la estación de tren en dirección a Postwick. Marnie los acompañó, pues todavía era temprano para recibir retadores en su gimnasio, aunque más adelante le llegaría una notificación oficial de la Liga decretando duelo por la partida de Magnolia, suspendiéndose todos los eventos de gimnasio programados para la jornada.

Victor pasó un momento por su casa, y su madre le dio un abrazo tan fuerte que casi lo mata por asfixia. Le presentó a Gloria y a Marnie, cayendo torpemente en la cuenta de que nunca se habían visto en persona, aunque sí en más de una videollamada desde diversos Centros Pokémon. Su madre le preguntó si estaba haciéndole caso al viejo diario de viaje que le había obsequiado, y Victor mintió que sí, aunque recordó que casi no le había puesto el ojo encima durante el último tramo de su viaje. La madre los invitó a almorzar algo, pues ya había pasado el mediodía, pero Gloria se excusó con una espléndida sonrisa, disculpándose y afirmándole que estaban muy nerviosos por la Copa de Campeones y que partirían a Wyndon de inmediato desde Wedgehurst para comenzar a prepararse con tiempo. La mujer comprendió, y tras un suspiro se despidió de ellos deseándoles la mejor de las suertes.

—Y te felicito por tu novia —añadió tras darle un beso en la mejilla a su hijo, que se puso rojo como una Baya Tamate—, es muy linda.
—¡Ah! ¡Ella…! —se apresuró en aclarar Victor, pero su boca se cerró de inmediato cuando vio a Marnie de reojo, sonriéndole a su mamá—. “Espera… ¡Claro que lo es!”
—¡Sí, mi novia es muy linda! —afirmó de manera categórica, echando humo por las fosas nasales y asintiendo con convicción, solo para darse cuenta de que su madre ya no estaba frente a él, sino un ancho bosque expandiéndose nebuloso en la distancia.
—Eeeh… Victor, ¿te encuentras bien? —le preguntó Hop con una sonrisita mordaz.

A su lado, Marnie miraba el cielo distraída y Gloria se tapaba la boca para no soltar una carcajada por lo que su amigo acababa de decir. Victor se dio vuelta: su casa ya había quedado muy atrás. Tal parece que su introspección lo había terminado desconectando de la realidad por un minuto, embelesado ante la idea de que ellos eran, efectivamente, novios. Sin embargo, sus pensamientos divagantes fueron reabsorbidos por su mente cuando sus ojos comprendieron lo que veían. Gloria no los había conducido a la estación de Wedgehurst para partir rumbo a Wyndon, sino hacia el lugar opuesto de Postwick: el Bosque Oniria. A la distancia supo captar los sonidos del follaje meciéndose junto a la neblina blanca, así como gorjeos de aves volando bajo las copas de sus inmensos árboles, y zumbidos ominosos de criaturas que formaban manchas de luz entre sus sombras. Bajo ellos, la cerca de madera con la puerta cerrada con cadenas y candados les advertía con su eterno cartel que se mantuvieran lejos de ese lugar, pues era peligroso incluso para los entrenadores más experimentados.

—¿Vamos a hacer esto de nuevo? —le preguntó Hop a sus amigos. Victor se encogió de hombros, ladeando la cabeza sin disimular el terror que le despertaba Oniria. Gloria, sin embargo, miró al frente como si todas las respuestas que estuviesen buscando descansaran ocultas en ese inquietante lugar.
—¿Ustedes no aprenden? —suspiró Marnie, bajando un poco la cabeza mientras le daba unas palmaditas en la espalda a su amiga. Hysteria tiritaba sobre su cabeza, echando chispas desafiantes a lo que sea que estuviese descansando en el interior de ese bosque—. Deberíamos volver. Parece ser de esos lugares donde es de noche todo el tiempo.
—De hecho —murmuró Gloria, hablando finalmente—, cuando estás ahí dentro no tienes verdadera noción del día o de la noche. Ni del tiempo en general. Victor, Hop, ¿ustedes recuerdan cuánto tiempo pasaron ahí perdidos?
—Yo no estuve perdido —insistió el peliazul, rezongando—. Pero, ahora que lo mencionas…
—No tengo idea —se sinceró Victor, tomando dos pokébolas de su cinturón y mirándolas reposar encogidas sobre la palma de su mano. Gear y Haneki debían dormitar plácidamente en su receptáculo, luego de un largo viaje hasta Wedgehurst y una dura despedida de Magnolia. Ellos habían crecido tanto o más que él en ese viaje, y también habían experimentado el terror de hallarse inmersos en esa densa neblina—. Pero, viéndolo bien, pareciera que ese lugar es tan inquietante porque busca serlo. O, mejor dicho, porque esos lobos que nos atacaron aquella noche… tal vez levantaron todas esas defensas en su interior para que no los molestaran.
—Si esos lobos son los verdaderos protectores de Galar, será mejor que empiecen a despertarse de su cómoda siesta, porque los necesitamos más que nunca —dijo Gloria de manera contundente, saltando la valla de madera con facilidad. Victor asintió y repitió el proceso. En verdad, aquella puertita baja con el letrero y las cadenas no parecía tener la intención real de mantener alejados a los curiosos del Bosque Oniria, sino que era el propio bosque en la distancia el que se encargaba de ahuyentar a los incautos con su aspecto de pesadilla.
—¡Victor! —lo llamó Marnie al otro lado. No parecía estar convencida de cruzar, y Hop la siguió en eso.
—Si realmente van a ser tan idiotas para meterse de nuevo ahí… —comenzó Hop, con un temblor incontrolable en la voz—. Voy a ir con ustedes. ¡Pero no tienen que hacerlo! ¡Podemos vencer a lo que sea que nos arroje Rose con nuestra propia fuerza!
—Esto también es fuerza —le dijo Gloria a Hop, dibujando una sincera sonrisa en los labios que pareció exorcizar todos los miedos de su amigo—. Iremos para poner a prueba nuestra convicción. Esos lobos verán que no le tememos a su bosque, ni a ellos. No vamos a pelear o a buscar problemas. Vamos a buscar ayuda.
—Tal vez deberían empezar por dejar de referirse a ellos como “esos lobos” —opinó una voz con cierta irreverencia, desde un punto alto a sus espaldas.

Al girarse, sus expresiones tardaron largos segundos en salir de su asombro cuando vieron quién se había dirigido a ellos. Descansando cómodamente sobre la rama de un árbol y con las manos detrás de la cabeza, Bede los observaba de reojo con su afilada mirada de gato y una maliciosa sonrisa ensanchada en sus labios. Vestía pantalón de vestir y camisa negros, aunque había decidido ponerse un chaleco abrigado de color pastel encima de su formal atuendo. Todos pronunciaron su nombre en forma de exclamación, y tanto Gloria como Hop le apuntaron acusatoriamente con el dedo, como si acabase de realizar una travesura imperdonable, aunque realmente era una de las pocas veces en las que se encontraban con él sin que estuviera haciendo nada particularmente malo. Deberían acostumbrarse a ello de una vez.

—No podía perder tiempo en aburridas ceremonias para muertos cuando la vieja Opal me habló tantas maravillas acerca de este lugar —explicó el chico con un ágil salto desde la rama, cayendo limpiamente ante ellos casi sin hacer ruido.
—¿Opal sabía algo del Bosque Oniria? —preguntó Victor, al otro lado de la cerca.
—¿No conocen a esa bruja? —repreguntó Bede con gracia, acercándoseles con una mano en el bolsillo y la otra enredándose en sus rizos platinados—. Es posible que esa anciana haya plantado la primer semilla para que crezca todo eso a sus espaldas.
—Dijiste que no debemos referirnos a… los lobos, como “esos lobos” —comenzó Gloria, acercándose a Bede hasta que solo los separó la cerca de madera. Hop no le sacó los ojos de encima al rubio, aunque la Morpeko sobre el pelo de Marnie parecía encantada de verlo—. ¿Cómo deberíamos decirles, entonces? ¿Qué son sino lobos?
—Desde luego que son lobos —replicó Bede, borrando la sonrisa de sus labios—. Pero son mucho más que eso, y eso ya lo saben. Lo que parece que nadie les dijo es el nombre de esos lobos: Zacian y Zamazenta.

Un silencio sepulcral amenazó con cernirse sobre las cabezas del grupo, pero Hop se apresuró en deshacerlo exhalando una genuina carcajada mientras se apartaba y señalaba a Bede con su dedo índice. Todos arquearon una ceja mirando al peliazul, que se apretó el estómago para dejar de reír.

—Lo siento, lo siento. ¿Puedes decir esos nombres de nuevo? —le dijo a Bede, secándose una lágrima del rabillo del ojo—. Suenas muy gracioso cuando los pronuncias.
—Y tú suenas hilarante cuando tiemblas de miedo —respondió el rubio con cierto desprecio, aunque Marnie, que estaba más cerca de él, pudo adivinar una tenue coloración en sus pálidas mejillas.
—Zacian… —repitió Gloria, pensando en el lobo de pelaje azul.
—Zamazenta —la miró Victor, con la figura del rojo grabada en el fondo de sus retinas. Bede asintió, volviendo nuevamente hacia los aventurados.
—A Opal le gustan demasiado los cuentos de hadas —explicó—. Francamente, a mí no me consta que todo eso sea… ya saben, completamente cierto. Pero da la casualidad que, precisamente, uno de ellos parece ser efectivamente de tipo hada.
—Nunca vi un hada tan terrorífica —murmuró Hop, desviando la mirada hacia el bosque nuevamente.
—No les recomendaría que entren —opinó Bede, dándoles la espalda y retrocediendo algunos pasos para alejarse de la cerca, como si aquella madera vieja e hinchada tuviera un efecto repulsivo sobre él—. Tal vez hace unos meses me habría encantado verlos perdidos y asustados ahí. Pero… realmente no me parece buena idea que se metan con leyendas, ¿saben? Podrían acabar formando parte de esos cuentos de hadas. Y los que le gusta contar a esa vieja bruja no suelen terminar bien para sus protagonistas.
—Agradecemos tu preocupación —dijo Gloria con tono cordial. Todavía no se explicaba cómo esas ganas imbatibles de romperle la cara se habían esfumado completamente de su alma—. Pero, Bede, nada de lo que digas para intimidarnos va a mantenernos lejos de las respuestas que necesitamos. A Opal le gusta hablar hasta por los codos, pero nunca parece muy interesada en otorgar claridad a sus palabras. Veremos lo que tengamos que ver con nuestros propios ojos, sin metáforas, sin rodeos ni sustancias de ectoplasma.
—Twinings evolucionó hace un rato —comentó Marnie, como algo anecdótico—. Si quieren podría--
—Te lo agradecemos —dijo Victor con una sonrisa incómoda, poniendo las manos delante de su rostro—. Gloria no nos contó nada muy lindo de su experiencia con los Sinistea.
—Los Polteageist son mucho más deliciosos —murmuró ella, casi ofendida por su declinación, bajando un poco la mirada. Victor le dio un dulce beso en la frente antes de apartarse totalmente de la cerca en dirección al bosque.
—Quédate aquí, ¿sí? Vamos a estar muy bien. Pero necesitamos a alguien haciendo guardia por si a mamá o a Leon se les ocurre venir.
—No podré detener a Leon —protestó ella y, tras pensarlo unos segundos, añadió—. Ni tampoco a tu madre, probablemente.
—Tranquilos —sonrió Bede nuevamente, recostando la espalda contra el tronco del árbol—. Si a algún Rookidee o Wooloo salvaje se les ocurre atacarla, yo me encargo de darle una mano.
—Siempre tan gracioso —dijo con una mueca Hop, volviéndose finalmente hacia Gloria, que lo miraba con un magnético brillo en la mirada, y saltando la valla de advertencia con agilidad—. Si no volvemos, no se te ocurra inventar estupideces sobre mi muerte, ¡¿entendido?!
—Buena suerte —los saludó el rubio con un ademán despreocupado. Marnie abrazó a Hysteria entre sus brazos, pues no paraba de retorcerse agitando sus patitas en dirección a Bede. El chico la miró de reojo, y tras un “tsk” entre los dientes arrancó una pequeña fruta de un arbusto y se la arrojó a la cobaya, que la recibió entre sus dientes con una espléndida sonrisa.

Aquella vez, apenas iniciaban sus viajes, habían entrado a Oniria solos, cada uno por su lado. Ahora regresaban a Oniria juntos, buscando en los ojos del otro la confirmación de que lo que hacían no era realmente una locura. Su visita tenía un sentido. Tal vez siempre la había tenido. Avanzaron entre los árboles perdiéndose de vista para Bede y Marnie entre la espesa niebla blanca que danzaba hasta sus rodillas. La hierba crecida y desprolija apenas crujía un poco bajo sus pisadas. Inmersos en el bosque, las copas de los árboles apenas se mecían, desprendiendo algunas hojas que eran zarandeadas más por los tentáculos que se desprendían de la neblina que por corrientes de viento, pues ahí dentro el viento parecía más prudente que ellos, rodeando el perímetro de Oniria sin atreverse a profanarlo del todo. Cada uno de ellos sostenía dos pokébolas en sus manos, alertas a cualquier sonido o movimiento inusual. Victor confiaría en Haneki y en Gear. Gloria, en Seven y en Cookie. Hop, por supuesto, protegería a quien hiciera falta con Cheepo y Lulú. Tal y como debía ser.

Estaban tan obnubilados por hallarse nuevamente en ese lugar que no hubo tiempo para miedo o excitación. No hubo tiempo en absoluto. No sentían ansias por combatir, pero necesitaban encontrarse una vez más a esas sombras sigilosas. Con esos aullidos de ecos eternos que parecían hablar por todo el bosque exigiéndoles que se retiren. Esta vez no huirían. Necesitaban a esos héroes, y si debían sacrificarse para alertarlos sobre los peligros que atormentaban a su región con la presencia ominosa de Rose envolviéndolos como una serpiente infernal, lo harían con orgullo y convicción.

El camino pareció entender sus verdaderas intenciones, abriéndose entre sus pasos en una sola dirección. Oniria podía ser tan laberíntico como Glimwood, pero, a diferencia del bosque colindante con Ballonlea, éste no parecía responder a los caprichos de su flora y su fauna, sino que tenía entidad por sí mismo, decidiendo quiénes podían aventurarse entre su niebla y sus árboles y quiénes no. Esta vez consiguieron ir un poco más allá, descubriendo especies como Orbeetle y Munna revoloteando y levitando sobre los matorrales, ignorando completamente su presencia. Sobre sus cabezas vieron una apabullante cantidad de luces rojas observándolos entre las sombras del follaje, y Victor les aseguró en voz muy baja a sus amigos que se trataban de Corviknight salvajes. Tal vez al acecho de muerte. Tal vez como guardianes. O, quizás, para llevarle mensajes a quienes moraban en los confines del bosque. Avanzaron sin detenerse y sin mirar atrás, y sus pasos los condujeron más allá de un puente que cruzaba un río silencioso y quieto de aguas grises y opacas. Doblaron alrededor de unas piedras llenas de tajos y abolladuras y encontraron una senda de tierra junto al río que los llevó directamente hacia una boca natural de arbustos y helechos que desprendía una luz totalmente distinta a la casi inexistente en el resto del bosque. Supieron entonces que ese era su destino. No sabían exactamente cómo, pero lo sabían.

—Sonia no va a soportar otro funeral el día de hoy —le dijo Hop en voz muy baja a sus amigos. Victor lo miró con seriedad, y le dio una palmada sobre el hombro.
—Moriremos otro día, entonces.

La luz que se escurría débilmente entre los arbustos hasta desaparecer consumida por la neblina blanca no los engañaba. Cuando cruzaron la barrera natural y siguieron adelante, se detuvieron en seco al hallarse inmersos en un sector del bosque en el que, con toda seguridad, nadie había puesto un pie en años. Se hallaba completamente invadido por el crecimiento natural del bosque, pero parecía un espacio destinado a realizar alguna clase de rito del que participaron personas alguna vez. Había un sendero de piedra tallada y carcomida por la destrucción y la vegetación alrededor del cual se expandía un ancho manantial del que brotaban más matorrales e incluso una cortina de árboles a la distancia, altos pero no tan frondosos como los del resto del bosque, permitiéndole así al altar en el centro que un cálido baño de luz llegue a su piedra. Un arco de estilo romántico enmarcaba un atrio de un metro de altura con forma de muralla medieval, y en el medio había unos escalones para avanzar hasta la lápida que descansaba imperturbable e iluminada por los gruesos rayos del Sol.

Los sonidos volvían poco a poco a sus oídos conforme se acercaban. El agua se mecía en el manantial, y brillaba con una luz particular. Los árboles eran acariciados por el viento. Sus pisadas firmes y su propia respiración entrecortada por el asombro resonaba con claridad en sus oídos. A medida que se acercaban, algo más llamó poderosamente su atención: delante de la lápida reposaban en el suelo de piedra una espada y un escudo oxidados que parecían haber sobrevivido a una ráfaga de fuego sin precedentes, pues estaban totalmente negros. El filo estaba un poco carcomido, y la coraza del escudo tenía algunas abolladuras, pero permanecían allí inamovibles, como testigos fieles de algo que había sucedido en Galar mucho tiempo atrás. Hop se agachó delante de la lápida y la acarició con la yema de sus dedos: no tenía nombre. Sobre ella, a la distancia, podía ver dos rocas gemelas elevándose por encima de la superficie del lago, con un musgo verde y opaco envolviéndolas.

—¿Qué esperan? —murmuró el peliazul, de espaldas a sus amigos, que miraban la espada y el escudo con ensoñación—. Tómenlos. Seguro pasa algo si lo hacen.
—No se ven como lobos —comentó Gloria, casi en medio de un trance, e impulsada por una fuerza misteriosa empuñó la espada por el mango, levantándola con cierta resistencia del pesado metal. En silencio, Victor hizo lo propio con el escudo, todavía más pesado, y lo sostuvo delante de su estómago intentando buscar alguna pista grabada sobre su acero.

Hop miró atentamente las piedras en el lago, sosteniendo sus dedos contra la lápida de mármol por si algo sucedía. Pero nada ocurrió. Victor retrocedió unos cuantos pasos, bajando el escudo a un lado de su cuerpo, mientras Gloria blandía la espalda y sentía el sonido de su corte al moverla un poco contra el aire. Cuanto más tiempo la portaba, más liviana le parecía.

—¡No sirve de nada! —gruñó Hop, agarrando una piedrita del suelo y arrojándola a lo lejos sobre el manantial. La piedra se hundió sin rebotar, salpicando apenas unas débiles gotas a su alrededor.
—Algo me dice —se le ocurrió decir a Gloria— que Zacian y Zamazenta dejaron esto para nosotros.
—No estaban clavadas en el suelo ni protegidas por ninguna fuerza repelente —analizó Victor, bajando del altar hasta apoyar sus zapatos en tierra firme—. Si ellos no quisieran que las tuviéramos, ya habrían aparecido para quitarnos sus armas.
—Son las mismas que portaban en esas estatuas de Stow-On-Side, ¿no? —comentó Hop al cabo de unos segundos. Gloria asintió, con cierta melancolía—. Te ves bien con la espada, Glo…

Hop se bajó del altar luego de Victor, y los dos miraron a su amiga sosteniendo el mandoble entre sus manos. Había cierta perplejidad en su expresión, pero también cierta fuerza y convicción. Sentía que el mango estaba hecho especialmente para su mano, aunque parecía haber sido rasgado por garras o colmillos en el pasado. Victor, sin embargo, ladeó la cabeza tras mirar de reojo a su mejor amigo, que había ensombrecido un poco la mirada, decepcionado quizás por no haber tenido su encuentro con los lobos.

—Tienes razón —le dijo a Hop, extendiendo su brazo hacia su pecho, y apoyándole el escudo con determinación—. Y tú te ves mejor con este escudo que yo.

El canto de un Rookidee sobrevolando el manantial, pescando algo con su corto pico y revoloteando fuera de su vista fue lo único en atreverse a quebrar el pacto de silencio que realizaron los tres entrenadores al mirarse. Hop tenía la boca ligeramente abierta, y Gloria sintió unas inexplicables ganas de llorar por ese gesto sin aparente razón.

—Victor —murmuró el chico, sin que su amigo deje de apretar el escudo contra su pecho—. Somos entrenadores, ¿sabes? No somos guerreros. Da lo mismo quién tenga esta chatarra.
—No —respondió él inmediatamente—. No da lo mismo. Piénsalo dos veces y entenderás de qué se trata todo esto.
—Podría pensarlo diez, si quieres, pero--
—Los héroes que salvaron a Galar miles de años atrás no lo hicieron por estas armas —insistió Victor, señalando primero el escudo y luego llevando su dedo al pecho de Hop—. Sino por su convicción para proteger a los que querían —Y luego señaló a Gloria, que bajaba tímidamente del altar empuñando la espada oxidada con dos manos—, y su valor para luchar contra cualquiera que pudiera ponerlos en peligro.
—Oye, espera…
—No, Hop —insistió Victor—. Piénsalo bien: tú viniste a Oniria no por una estúpida corazonada o una caprichosa curiosidad, como yo. Tú viniste sabiendo que me perdería, y que estaría en peligro solo. Acudiste aquí para defenderme del ataque de Zacian y Zamazenta. También fuiste tú el que me defendió de esos imbéciles que me molestaban en la escuela el día que nos hicimos amigos. Mi juicio se nubló por los nervios y el terror luego del ataque a la Cámara Heptagonal, mientras que tú permaneciste al lado de Gloria para cuidarla mientras se recuperaba en el hospital.
—Pero… —Hop no sabía exactamente cómo procesar toda esa información, aunque se tratasen de vívidos recuerdos palpitando en su interior—. Tú salvaste a Bede en Glimwood, y yo no hice nada.
—Solo estuve ahí porque temía por Marnie —se sinceró él, y Gloria no pudo contener las lágrimas brotándole nuevamente por los ojos. Pero no estuvo sola: ahora Victor y Hop también lloraban, aunque sus voces eran claras y sus miradas se mantenían duras y firmes como el acero que los separaba y los unía al mismo tiempo—. Pero ustedes dos habrían hecho lo mismo si estuvieran en mi lugar, viendo cómo esos pokémon llevaban a Bede a una muerte segura. Gloria, tú eres la persona más valiente y aguerrida que conozco. Y estoy seguro de que Hop no conoce a alguien más fuerte que tú, ni siquiera siendo hermano de Leon. Tú te enfrentas constantemente a fuerzas que incluso desconoces, pero siempre te las arreglas para salir adelante. Nunca temes a la hora de hacerle frente al peligro, nunca retrocedes. Lo demostraste con ese Onix, lo demostraste con Rose cuando nadie más se atrevió a plantarle cara en toda la región —Hizo una pausa para recuperar el aire. Sin haberse dado cuenta, Hop había sostenido finalmente el escudo entre sus dedos, y Victor se había apartado unos cuantos pasos para verlo junto a Gloria, ambos portando sus respectivos símbolos de valor—. Ustedes lo llevan en la sangre. Yo solo soy uno más, nunca fui realmente alguien especial. De hecho, nunca quise serlo; pero conocerlos y viajar a su lado me hizo admirarlos tanto… que ahora entiendo, finalmente, que no estaba equivocado. Ustedes dos tienen algo más.

Una lágrima salpicó sobre el hierro rasgado y opaco de la espada cuando Gloria se atrevió a decir algo.

—Claro que lo tenemos, idiota —le dijo a Victor con una expresión de enojo casi cómica, descolgándose la mochila del hombro y hundiendo la mano que no portaba la espada en uno de sus bolsillos internos—. ¡Te tenemos a ti!

Y, con una presteza digna de experta, arrojó la master ball directo hacia Victor con tanta energía que, de no haber interpuesto sus manos frente a su rostro, posiblemente se lo habría abollado con el golpe.

—Y si vas a ser tan egoísta para sacarte el peso de estas armas de encima —continuó ella, mientras su amigo veía perplejo la esfera en sus manos—, lo menos que puedes hacer cuando las cosas se compliquen será arrojar esa estúpida pokébola a lo que sea que vaya a comernos mientras luchamos.
—No te preocupes, Glo —le susurró Hop con suavidad, habiendo ya secado las lágrimas que huyeron de improvisto a través de sus ojos—, yo estaré ahí para defenderlos.

Vio su reflejo con nitidez sobre la carcasa morada de la master ball. Con el aleteo y el cántico del Rookidee alejándose entre las copas de los árboles, a Victor se le ocurrió pensar que, posiblemente, Magnolia había apreciado mucho el bello color de esa pokébola, incluso si esta no fuera capaz de encerrar nada en su interior. Valía por sí misma, así como las dos personas que le sonreían al otro lado del camino, enmarcadas por el majestuoso altar. Y él se encargaría de hallar su propio valor para acompañarlos hasta el final en cualquier lucha que tuvieran que disputar. Marnie y Bede los esperaban al otro lado del bosque, pero posiblemente otros dos nuevos aliados también estuviesen esperando por ellos en algún otro rincón. Si el momento necesitaba su presencia, ahí estarían.

Continuará…

TRAINER’s PROFILE

Victor Evans
Edad: 14 años
Medallas: 8
Pokémon:
- Cinderace (Lv.57) “Haneki”
- Corviknight (Lv.55) “Gear”
- Toxtricity (Lv.52) “Punkelly”
- Grimmsnarl (Lv.54) “Ink”
- Drakloak (Lv.53) “Dracossack”
- Frosmoth (Lv.53) “Ayla”

Gloria Scott
Edad: 14 años
Medallas: 8
Pokémon:
- Inteleon (Lv.57) “Seven”
- Boltund (Lv.55) “Cookie”
- Appletun (Lv.54) “Eri”
- Cursola (Lv.53) “Melody”
- Centiskorch (Lv.53) “Darla”
- Indeedee (Lv.52) “Joseph”

Hop Owen
Edad: 14 años
Medallas: 8
Pokémon:
- Rillaboom (Lv.57) “Cheepo”
- Dubwool (Lv.54) “Lulú”
- Coalossal (Lv.52) “Gaius”
- Barraskewda (Lv.53) “Donna”
- Sandaconda (Lv.54) “Bashara”
- Pincurchin (Lv.55) “Espi”


Ending

Mostrar Ending 4 - Pokémon Crowned

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Pokémon Crowned
Sueña mientras giren las agujas del reloj

"Este fic es un recopilatorio de cosas que me dan asco, me agobian y odio"
                                                                                                    —PKMNfanSakura
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:o

Desde algún momento de la historia pensé que la profesora Magnolia podría morir en algún momento, llegué a pensar incluso que el maldito Rose estaría involucrado en su muerte, pero me alegra ver que se fue en paz, sí debo decir que me tomó muy por sorpresa y me agradó ver que te tomaste gran parte del capítulo en su velorio y funeral, detallando cada momento de manera nostálgica, muy adecuado para la situación. Además de que suceden otras cosillas que me parecieron muy interesantes.

La masterball, a pesar de haber visto el gameplay de espada, no recuerdo en qué momento le dan la masterball al protagonista, pero me pareció muy acertado que eso sucediese ahora, con esto, veo a Magnolia como una especie de Gandalf o Dumbledore, siempre planeando las cosas para que puedan salir bien, aún cuando no están. 

Por varios segundo me estuve preguntando quién era el rubio, pensé en Avery, pero me dije, su personalidad no calza como para que tenga que ir al funeral a despedirse de Magnolia, pero dejaste claro que venía de parte del maldito Rose, Creo que es un actuar muy lógico por parte del maldito Rose, es el tipo de cosas que él haría.

Cuando dijiste que habían venido gente de muchas partes, incluso de fuera de la región, no pude evitar pensar en Oak, especialmente cuando dijiste Pidgeot. Y ahí estaba efectivamente, me pareció un cameo muy bueno. También noté a Mustard, o como sea que se escriba. ¿Será que su aparición, otra vez, pueda significar que estás preparando algo zukulento con la isla de la armadura?

Y el final, se cumplió mi sueño de ver a los 5 como un equipo, aunque sea por unos minutos. Me gustó que fuese Bede quien revelase los nombres de los lobos. Pero ver esa dinámica entre los 5, con una confianza tan avanzada, me da esperanzas de verlos nuevamente juntos, luchando contra el maldito Rose y Eternatus, ese momento será impactante.

Una vez dentro del bosque, fue como volver a vivir otra vez aquella ocasión, pero con el contraste del enorme avance que han logrado, llenos de experiencia junto a sus pokémon, me gustó la decisión final que tomaron, los roles que asumieron cada uno ante la inminente llegada de Eternatus. Se nota la madurez en ello.

Ya quiero ver el desastre que va a quedar. Besos.
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Adivina quién volvió para forrear a Bede… ¿qué? ¿Que no hay Bede? Mierda!


25: I ship Piersterya.

Y me importa una mierda lo que digas. Fuck la yandere tóxica, Hysteria y Piers tienen la mejor química hands off.

Me encanta cómo manejas de forma muuuuuuy sutil ese, vamos a decir conflicto de lealtades entre los protas. Porque Víctor y Gloria han visto a Rose y saben lo que está pasando, y son lo suficientemente astutos para sospechar que Leon sabe más de lo que aparenta, pero Hop es su hermano que cree en él y de forma sutil les da esa sonrisita de "de mi hermano no hablas así enfrente de mí". O cómo Magnolia es la única que dice "vale, que esta nenita cobarde rastrera sin huevos con una mala permanente y las rodillas rojas de tanto chuparsela a Rose que llamamos Bede es un puto y se debería hacer coger, pero sigue siendo un niño". Más sentido común registrado en este fanfic, y en especial viniendo de un pj del que no solo se dice ser sabio, sino que lo demuestra. La escena con el juez me recordó a esa vez que mi mamá le tiró un borrador de tiza a mi maestra de segundo grado por decir… ¿cómo era? Ah, que yo tenía conducta antisocial. Creo que me conmovió más esta escena que la de la bata que, ojo, también estuvo tremenda, casi como una coronación con todos gritando "Queen of the North!" Al fondo. Me gusta cómo Hop, aunque no lo dice abiertamente, internaliza las palabras de Leon cuando Víctor le dice más adelante que deben tener cuidado. Y lo que más me gusta es lo que, en el fondo, al menos para mí, simboliza este capítulo.

Desde hace… unos cuantos capítulos voy notando más… sería pretencioso decir "errores" pero sí detalles que se pueden pulir. Esta escenita de acá se sintió algo forzada. Esto de acá a lo mejor vino demasiado rápido. Acá la tensión como que no se construyó tan bien… y al mismo tiempo me gusta mucho más que al principio porque se percibe la mano del autor. Como sucedió con Saku llegando a Trigal, con Meri en Efesto, con Doc cuando se pone Railgun, esa sensación de que el autor sube las apuestas y se monta en su propia ola. Se percibe una emoción diferente en lo que estás leyendo, y lo que antes era un Playthorought, si, bonito y bien escrito, pero glorificado, termina de aceptarse como una historia en derecho propio. Porque sin dejar de ser un homenaje puede decir algo personal, y todas las pequeñas escenas de este capítulo lo gritan.

26: Esto parece escenario de Hentai

Chicos semidesnudos, chicas que se pierden en una montaña, chica que se enfrenta a varios bandidos en una montaña, contando uno enorme if you know what I mean, chico con poderes extraños para sujetar chicas, morocha en uniforme de colegiala ASÍ NO SE PUEDE POR DIOS

Lo mejor, again, fue Hop. Capaz porque es mi pj favorito desde que Gear sale menos pero fue lo más divertido, en especial cuando Bea le saca las bolas y le atrapa la serpiente… BASTA YA

27: Allister, la quesadilla de queso

Tal vez fue porque tenia Eternal Rock&Roll de THE STREET BEATS ASÍ CON MAYÚSCULAS de fondo mientras leía, pero la batalla estuvo tremenda. Ha sido la evolución más badass que he visto contra un Memekyu que hasta entonces era diabólico. Posiblemente mi parte favorita de lo que he leído.

Also me voy a reír mucho si esos platos de verdad resultan ser MT. O si alguien convierte esa tetera en un Polteageist.

28: Esto se puso tan edgy que Allister despertó el Mangekyou Sharingan.

Éste fue Bueno por lo contrario, payoff al flashback del capítulo pasado con Marnie recordando el encuentro de su hermano con Raihan (que, según recuerdo, Raihan ganó canónicamente, pero acá parece al revés). Excelente jugar con los cambios de actitud de Allister cada vez que cambia de poke y en su inexperiencia como entrenador. Excelente la parte en la que Marnie muestra sus muñecas vacías super badass y excelente la forma en que rompen el Tsukuyomi. Diría más pero es difícil decir algo de estas batallas que no sea "genial, genial, ultra genial". Ah, Gengar se luce como un capo y me gusta la relación que haces entre el dominio de formas de Morpeko con la capacidad de usar el Raikiri. Also Hop diciendo que aprendió a recibir puñetazos. Todo un capo.

Creo que lo mejor que puedo decir es que está parte estuvo tan buena que en lugar de leer tres leí cuatro capítulos. Leo un poco de Moon y regreso pa ca
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Mostrar Press "F" to pay respect
F, adios Magnolia, que la fuerza te acompañe.

Es curioso ver como todos estaban consternados y abatidos de alguna u otra forma y en diferentes niveles, decir que me encantó el detalle de que mientras bajaba el cajón varios entrenadores liberaron a sus iniciales en distintas etapas o cómo llegaron eminencias de todos lados llegaron como Oak y Mustard y todo el luto que va a tener Sonia y como Nessa la acompañó.

Ahora, como odié a Rose y su como decimos en mi país, car'erajismo como para enviar a un empleado (Que te veo Avery, que te veo) a entregar las flores, estoy seguro que el gordo que ni vestirse casual sabe estaba disfrutando cual Calamardo en su oficina apenas se enteró la señora pasó a mejor vida PERO también amé que nuestros cinco adolescentes hormonados con problemas existenciales y quienes han luchado en contra y/o codo a codo para detener a la FIFA y sus planes de liberar un monstruo de proporciones dantescas se hayan reunido y de alguna u otra forma ya todos se empiezan a encaminar para el tramo final de la historia, ahora mis dudas son...qué pasará con Gloria, digo, todos celebramos cuando Rose escapó que ella oficialmente seguía en carrera ¡Pero el bastardo volvió! y temo mucho que a pesar de ella tener sus 8 corcholatas al momento de llegar a Wyndon le digan "No, no aceptamos niñas borrachas, ordenes del presidente"
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¡Pokémon Crowned cumple un año! Wiiiii... En realidad habría querido terminarlo en un año, pero bueno, no llegué. Sea como sea, es casi como el final esto... Aunque si me pongo con la Isla y las Nieves, posiblemente tarde medio año más en terminar la historia, con suerte.
Debería haber subido este capítulo la semana pasada, pero se me hizo medio imposible. Lo bueno para ustedes es que quedó bastante corto, comparado con los anteriores, así que espero que puedan leerlo de un saque.

Quiero aprovechar el aniversario para agradecer a todos ustedes por aunque sea haberle dado la oportunidad a los primeros capítulos, incluso si no continuaron leyendo. Arrancó siendo una cosa medio random y acabó volviéndose... otra cosa medio random, pero bastante más personal para mí como autor. Sus comentarios me animaron y me inspiraron, y saber que aunque sea hay una persona más aparte de mí sintiendo interés y curiosidad por esta historia es lo más lindo que pueda pasarle a alguien que escribe.

Y ya, no soy bueno para lo cursi. ¡Paso a responder los últimos comentarios!

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@Thranduil La figura del personaje viejo y sabio que hace un poco de mentor (aunque en este fic, y en los propios juegos, no demasiado) siempre está vinculada a su potencial muerte. La verdad es que nunca había reparado mucho en el destino de Magnolia, porque siempre me fijé más en su sexy nieta, pero me pareció que podía ser en cierta forma trascendental para unir ciertos arcos de los personajes y potenciarlos. Desde el recelo de Victor con ella por su mirada sobre la energía dinamax, el contacto directo con la muerte de Gloria y todo lo que la partida de una de las mujeres a las que más admiraba representa para ella, así como el ego de Hop y lo inferior que pueda sentirse en comparación a sus dos amigos. Asimismo, quise que tuviera una muerte natural y pacífica, sin épica ni conspiraciones mafiosas sobre su destino. Por eso había establecido muchísimo antes que tenía la salud ultra delicada.

La master ball te la da, en el juego, justo antes de ir por Zacian o Zamazenta, durante el postgame. Teniendo en cuenta que en mi historia estira la pata antes de los eventos de la Liga, no es del todo incorrecto que sea su nieta la que les "hereda" la rara pokébola que había estado reservando Magnolia para ellos. Y, sí, el rubio es precisamente Avery, a quien ya hice salir sin nombrarlo explícitamente en otras partes de la historia. xD

@Maze Se vienen los momentos "estelares" de Bede por donde vas leyendo, get ready. xD

25: Nunca se me habría ocurrido shippear a Piers con Hysteria. Felicidades, desbloqueaste un nuevo furrologro. Meri estaría orgullosa de vos, donde quiera que esté. (?)
Me alegra que te esté convenciendo la dinámica entre los personajes y sus potenciales conflictos. Aunque, a diferencia de vos, a mi sí se me hace un toque trillada la figura de "vieja sabia" de Magnolia. Por eso hay otra vieja sabia en la historia que me cae bastante mejor. También respiro aliviado de que no me hayas puteado por poner este capítulo como principio del tercer arco, cuando claramente por su estructura parece encajar mucho mejor con un cierre y final al arco anterior. Pero bueno, me quise ajustar recelosamente a los doce capítulos por arco. Como sea, no es tan importante.

En realidad siempre fui igual de desprolijo a la hora de escribir, no soy para nada un meticuloso y perfeccionista como podés ser vos. Capaz al principio tenía más claro lo que quería hacer con la historia porque era muchísimo menos ambicioso. Después te das cuenta de que no podés escribir un viaje con amigos en un lugar como Galar sin que aparezcan matices y motores que te obliguen como escritor a salirte un poco del renglón e inventar algunas cosas. Después de todo, sería una tortura leer algo tan largo pensando que nada te puede sorprender porque es el relato de una partida de un videojuego, que ni siquiera es demasiado bueno. Así que espero poder amenizar tu lectura en los capítulos que te faltan. Que son terriblemente imperfectos pero tienen el corazón en el lugar justo. (?)

26: Mierda, no recordaba que ese cap ocultase tantos morbos y fantasías reprimidas. Por suerte nadie se avivó de mi fijación sexual con las langostas (eso y que fue una referencia atroz a los Kingler de Doc) (no, mentira). El título también me quedó badass, no digas que no. xD!

27: Los platos no fueron MTs, pero habría sido divertido, pasa que la introduje esos cosos antes como meros CDs y me robé su modo de uso del fic favorito mío. Btw que TEMAZO elegiste para leer esto, si realmente lo tuviste sonando de fondo todo el tiempo. Ese rape a Mimikyu fue muy divertido de escribir.

28: Si con Mimikyu, que es de mis pokes favoritos, disfruté masacrándolo al final del capítulo anterior, acá con Gengar, que es otro de mis eternos favoritos, tuve que enfocarme en hacerlo brillar todo lo posible. Y si tenía que recurrir a Naruto para lograrlo, por supuesto que iba a hacerlo. En mi idea original, su G-Max iba a funcionar más como una de esas casitas de terror en los parques de diversiones, y la iba a llevar a Marnie e Hysteria por un viaje re trippy y psicodélico, con imágenes perturbadoras tipo como en The Killing Joke con Gordon, ¿viste? Pero era estirar DEMASIADO la cosa, así que lo resumí en ese genjutsu con Spikemuth y en muchos puñetazos pegándole a Hysteria desde adentro (otra referencia, esta vez, a cuando Goku y Vegeta pelean contra Majin Boo en su propio estómago, lolz). Fue una fumada grande toda esta batalla, así que me alegra mucho que te haya resultado satisfactoria. xD

@Bancho Ramen La escena de todo el mundo largando a los iniciales también es de mis favoritas en ese capítulo (que tuvo muchas otras que me gustó un montón escribir, y que anhelaba abordar hacía mucho tiempo ya, como lo de Oniria). Es un poco una referencia al final ese donde Magnolia le entregaba el delantal de profesora a Sonia y Haneki, Seven y Cheepo la abrazaban. Y, yeah, le pegaste intuyendo hace rato que iba a estirar la pata, aunque estuve a punto de dejarla con vida solo para llevarte la contra en el tema de las predicciones. (?)

Yo, por el contrario, opino que fue un gesto bastante noble por parte de Rose. Claramente iba a ser muy violento que apareciera EN PERSONA en medio de toda esa gente (la mitad posiblemente lo querían ver muerto xD) para dejar flores. Por eso el tipo se quedó piola en el helicóptero mientras Avery, a quien nadie ahí conocía (porque Bede estaba en otra parte, boludeando alrededor de Oniria), pasaba a mostrar sus respetos de parte de su jefecito. No olvidemos que Magnolia tuvo gran influencia en la investigación que el propio Rose se propuso realizar sobre la energía dinamax a raíz de lo que le pasó al hermano. Pero, sí, entiendo que puede ser tomado como cierta provocación o mojada de oreja especialmente para los que saben qué se cocina de fondo con ese tipo.

¡Muchas gracias a todos por sus comentarios! Se les quiere.  Pikaheart

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Capítulo 52 – La verdad detrás de tu alma

Decidieron que necesitaban un descanso e invertir un poco de tiempo con sus familias, a quienes no veían desde comenzado su viaje, así que Victor fue el primero en dejar el grupo cuando regresaron de Oniria. Marnie los esperaba al otro lado de la verja, y su rostro permaneció tan poco expresivo como siempre incluso cuando los vio llegar portando una espada y un escudo oxidados. Los miró con una ceja apenas alzada, pero decidió no preguntar mucho al respecto. Todos se veían agotados, como si algo hubiera exprimido sus mentes y sus almas en ese lugar, pero, dentro de todo, y para su alivio, no tenían el aspecto de haber sido atacados violentamente por un grupo de lobos salvajes. Victor y Marnie se despidieron con un beso a los pies de las escaleras que conducían a su casa, con los alegres Budew resplandeciendo a la luz del Sol del atardecer como testigos privilegiados de esa floreciente relación. Unos metros más hacia el norte, Hop se despidió de las chicas para adentrarse en su casa. A Gloria no se le había ocurrido pensar que, por ser hermano del campeón, no debía ser nada impresionante que viviera en un lugar tan inmenso, pero siempre se lo había imaginado llevando una vida más modesta y humilde, quizás por los prejuicios sobre la gente de las pequeñas comunidades al sur de la región. Finalmente, las chicas arribaron a Wedgehurst unas cuantas horas más tarde, topándose con una flota de aerotaxis subiendo gente a las cabinas transportadas por los Corviknight para regresar a sus hogares. Era hora de despedirse de ese lugar, pues la ceremonia para Magnolia había acabado, y los vivos deberían seguir viviendo.

Las agujas del reloj deben seguir girando”, pensó Gloria de repente, sin comprender a cuento de qué venía ese pensamiento. Y, casi como una respuesta minada, vio a una encorvada y larguirucha anciana ingresando a la cabina seguida por un joven de cabello platinado y gesto aburrido. Al verlos alejándose comprendió qué tenía que hacer, y tomó a Marnie por la muñeca, arrastrándola consigo a toda velocidad por las empedradas calles del poblado.

—¡Señora Opal! ¡Señora Opal! —exclamó Gloria extendiendo el brazo hacia adelante y sosteniendo la puerta de la cabina antes de que Bede la cierre.
—¡Oye! ¡Ten cuidado, niña! —le advirtió el chofer del Corviknight cuando el cuervo desplegó las alas, echándole una mirada odiosa y atemorizante a la chica que se disponía a interrumpir su despegue.
—Lo siento —se disculpó ella, y Marnie también hizo una corta reverencia, aunque Hysteria le dedicó unos chispazos amenazantes al córvido, que pareció agachar la cabeza al percibir la asombrosa diferencia de nivel entre ellos—. Señora Opal, ¿puedo molestarla un segundo?
—Coincidiremos en que eso ya lo hiciste —dijo con cierta ironía la anciana desde su cómodo asiento, mientras Bede arqueaba una ceja—. ¿Acaso pretendes molestarme más tiempo?
—Te recomendaría no quitarle demasiado —sonrió Bede—, no sabemos cuánto le quede a la vieja.
—Más que a ti, te lo aseguro, si sigues haciendo esa clase de comentarios irrespetuosos y nada graciosos, chico morado —gruñó la líder de gimnasio, dándole golpecitos con el paraguas para que se eche hacia atrás así la dejaba salir cómodamente, asomando su alargada nariz por fuera de la cabina—. ¿Y bien, jovencita? ¿En qué puedo ayudarte?
—Discúlpeme, será breve —asintió Gloria, apartándose un poco para dejarla bajar mientras oían al chofer rezongar arriba de su montura—. Verá, aquello que me hizo ver en su casa tras tomar el Sinistea… necesito volver a un recuerdo así, con el que pueda interactuar. Es una memoria puntual a la que debo regresar.
—No existe semejante cosa como la interferencia en las memorias —comentó la anciana moviendo la mano de un lado al otro, como ahuyentando mosquitos—. Al menos no en memorias ajenas. Claro que uno mismo puede alterar sus propios recuerdos, si decide cometer una transgresión semejante.
—Le aseguro que Rose y su hermano mayor pudieron ver que estaba ahí en sus recuerdos —replicó la entrenadora—. Joseph también estuvo.
—Los pokémon psíquicos tienen una fascinante habilidad para llevar sus propias conciencias más allá de los límites que conocemos las personas —asintió Opal, mirando a Bede de reojo—. Pero que tu Indeedee te haya dado una mano con eso no quiere decir que tú hayas podido cambiar nada realmente. Las memorias no forman parte del mismo plano de realidad que nosotros habitamos, niña. Son fotografías. Videos, en el mejor de los casos. Pero no puedes participar de ellas como una viajera del tiempo; los Sinistea no convierten en Celebi a las personas.
—¿Y qué tal un Polteageist? —murmuró Marnie de repente, y la vieja se sobresaltó, como si hubiera olvidado su presencia. Opal la escudriñó con la mirada, haciendo una mueca que primero pasó por la desconfianza y acabó mutando en una retorcida sonrisa que le formó cien arrugas más en el rostro.
—Tampoco podría —afirmó con un halo de misterio—. Aunque, no lo sé, todo depende de qué tan hondo quieras escarbar en las memorias del presidente. Pero, te lo advierto: tal y como dije antes, una persona lo suficientemente habilidosa puede modificar sus propios recuerdos. Pero una persona quebrada como Rose, que ha sufrido un trauma tan grande, con toda seguridad ha jugado mucho con la dura realidad que se vio obligado a enfrentar siendo tan solo un niño. Los chicos como él crecen convencidos de que no se encerraron en una prisión de mentiras para sobrevivir a la amargura de sus recuerdos más tormentosos. Pero se engañan, y gracias a Sinistea, también pueden conseguir engañarnos a los incautos que decidimos probar esos recuerdos.
—No se preocupe por eso —le dijo Gloria, categórica—. No pienso navegar en la memoria de Rose... sino ir a una muy especial y personal, que me fue transferida por mi pokémon.

Opal estudió cuidadosamente las palabras de la chica en su mente vívida y desbordante de experiencia y conocimientos. No recordaba muchas ocasiones en las que una jovencita le hubiera realizado una propuesta tan ambiciosa, aunque pudo ver algo de verde reflejado en sus ojos café, como un destello fantasmal que se esfumó lejos cuando sus labios se cerraron. La anciana levantó su sombrilla, finalmente, y le dio un golpecito a la puerta de la cabina, cerrándola del todo y haciendo que Bede estuviera a punto de golpearse la nariz contra el vidrio de la ventanilla.

—Chofer, lleve a mi discípulo al estadio de Ballonlea —ordenó la anciana al hombre regordete sobre el Corviknight, que asintió de inmediato, feliz de por fin poder levantar vuelo—. Y dígale que me cubrirá en el gimnasio hasta que regrese.
—Puedo escucharla —gruñó Bede al otro lado del cristal, justo antes de que la bestia alada despegase levantando una polvareda de la que Opal se protegió con elegancia abriendo su paraguas. Desde abajo, Gloria y Marnie despidieron al rubio con un ademán de manos que no alcanzó a ver, pues las nubes habían llenado su campo visual en un santiamén.

Se dirigieron a una plaza detrás del Centro Pokémon y tomaron asiento en una mesa con bancos de cemento. Opal le pidió el pulóver a Gloria, y la chica pensó que debía tratarse de una parte importante del ritual que procederían a realizar para ayudarla con su particular pedido, pero nada más lejos de la realidad: la líder de Ballonlea dobló un par de veces el atuendo gris de lana de Wooloo y lo utilizó de cojín para sentarse más cómoda sobre la dura superficie del banco. Incluso a Marnie le pareció una actitud tan ruin que escandalizaría a sus amados pokémon siniestros, pero decidió guardar silencio al igual que su amiga, que suspiró resignada ante la excéntrica personalidad de la anciana.

—Muy bien, no soy ninguna experta en el tipo, pero necesitaremos dos fantasmas —comenzó la anciana hurgando en su cartera y sacando dos minúsculas tacitas de color rosa pálido que apoyó ante las chicas—. Imagino que las preciadas memorias no provienen de tu Appletun, ¿no es así? No son pokémon muy brillantes.
—Tiene razón, no es un recuerdo de Eri —concedió Gloria, haciendo caso omiso al comentario despectivo—, sino de Melody.
—¡Ah! Cursola, la recuerdo muy bien —asintió la anciana, mirando a Gloria con cierta malicia—. Una especie con un legado muy triste, que debe acarrear recuerdos muy dolorosos… ¿Sabes qué hace maravillosos a esos pokémon? Que, con todo, se ocupan de custodiar con recelo las almas más valiosas en su interior, incluso habiendo perdido su coraza. La fuerza de su espíritu es una barrera mucho más difícil de atravesar. Me pregunto qué alma custodiará, en particular, tu pokémon. Pero… —Hizo una breve pausa, como si gozara del suspenso casi teatral de sus palabras—. Supongo que eso tú ya lo debes intuir.
—Creo que conserva el alma de mi madre —asintió Gloria, y Marnie no pudo disimular la sorpresa—. No sé bien por qué, pero cuando la encontré, flotaba a la deriva en el mar de Hulbury, donde yo vivo. No creo que haya sido una casualidad.
—Hay un poco de magia en la existencia de las casualidades —murmuró la líder de Ballonlea, asintiendo una sola vez—. Pero muchas personas no creen en la magia, ¿no es así?

Gloria y Marnie hicieron silencio. No sabían qué responder, o si debían responder algo. Opal repiqueteó sobre la mesa de madera con sus dedos un par de veces, y finalmente los chasqueó en el aire con energía. Al hacerlo, pareció como si la corriente cambiara a su alrededor.

—¡Muy bien! Hagamos un poco de magia —les sonrió como una dulce abuelita proponiendo a sus nietas hornear deliciosas galletas—. Tú, saca a tu Polteageist. Y tú, Gloria, ya sabes a quién liberar.

Así lo hicieron. Gloria no demoró en soltar a Melody de su pokébola, mientras que Marnie liberó al finalmente evolucionado Twinings, que se retorció alegremente por el aire sacudiendo con su fino cuerpo ectoplásmico una reluciente pero rota tetera de porcelana con algunos agujeros a través de los que asomaba su sonriente cabecita y sus graciosos ojos en espiral. Era de los pocos fantasmas que no asustaban realmente, aunque las dos pensaron que posiblemente a Hop le habría dado escalofríos estar cerca de él, así como a Victor le habría provocado escozor deducir que Allister no le hizo ese obsequio a Marnie desinteresadamente. Melody saludó a Twinings con un lamento armonioso y agudo que su colega de tipos correspondió danzando alrededor de sus ramas. Parecían llevarse bastante bien, para alegría de Gloria, que escaneó a la tetera embrujada con su SmartRotom mientras Opal forzaba una sonrisa desdeñosa.

“Polteageist, el Pokémon Té. En su forma genuina tiene un sabor y un aroma sumamente singulares. Si su entrenador se hace pleno merecedor de su confianza, le permite catarlo ligeramente. Sin embargo, si se enfada, el té que conforma su cuerpo se lanza a la boca de su rival. El desdichado que lo ingiera sufrirá violentos escalofríos”

—Qué enternecedor; los fantasmas tienen debilidad por los fantasmas —comentó con falsedad la líder de gimnasio—. Tú, enanito —Llamó con chasquidos al alegre fantasmita que hacía girar la tetera alrededor de sus caderas como un hula hula, impresionando a Melody—, ¿conoces el movimiento “legado”? Quiero que vuelques un poco de eso en estas tacitas. Tan solo un poco de memento alcanzará.
—¡Pol! —le gruñó con un eco lejano a la desagradable anciana, pero Marnie le acarició un lado de su tetera, sonriéndole con dulzura.
—Haz lo que te pide, Twinings. Por favor.
Tea… —no podía negarse a las palabras de Marnie. El chico que lo capturó le había pedido encarecidamente que la obedezca más de lo que obedecería al mismísimo Giratina. Vertió un líquido translúcido con tonalidades lilas y doradas en cada una de las tacitas, y Opal le arrimó una a Gloria con los dedos.
—¿Para qué necesitamos dos? —le preguntó la castaña, con un escalofrío viajando por su columna. Opal ensanchó su sonrisa.
—Por si acaso —realmente se divertía siendo una fuente inagotable —e insoportable
de misterio. Gloria y Marnie compartieron miradas de abochornada complicidad cuando Opal decidió chasquear sus huesudos dedos a Melody, que se ocultó rápidamente detrás de su entrenadora, encogiéndose hasta casi desaparecer dentro de la coraza partida que era la base sobre la cual se apoyaba—. ¡Y tú, miedosa! No tienes que hacer demasiado: solamente demuéstrale a tu entrenadora cuánto la quieres con un fuerte abrazo.
—¿Cur? —podía recibir la orden de Gloria de formar cientos de bolas sombra para machacar enemigos o invocar un sol entre sus ramas, pero la petición de darle un abrazo sonaba casi como un lenguaje desconocido para ella.
—Está bien, Melody —le sonrió Gloria, dándose media vuelta y enseñándole plena confianza en su mirada—. No pasará nada. Además, me encantan tus abrazos.
—La infusión de Polteageist será el vehículo que llevará tu alma al alma que atesora Cursola en su interior —explicó Opal finalmente, mientras Gloria tomaba la taza por el asa y la levantaba hasta ver su reflejo diluyéndose sobre el líquido inquietante—. El abrazo las unirá por un instante, pero será más que suficiente si tragas a tiempo el legado. Tranquila, no te vas a morir. Tú, deja de temblar, en serio: tu amiga no se va a morir por esto.
—No estoy temblando —murmuró Marnie, desviando ligeramente la mirada. De no haber estado ensimismada en el movimiento espiralado del té dentro de la tacita, Gloria habría visto con claridad un rubor en las mejillas de su amiga, sentada a su lado—. En todo caso: usted debería temblar si algo le pasa a Gloria.
—¡WAJIAJIAJIA! —se rio Opal como una maniática, espantando a familias y parejas que paseaban por el parque—. ¡Eres tan divertida! Y me encanta ese estilo que llevas. ¿Emo, le dicen?
—No nos dispersemos, por favor —suspiró Gloria apretando los ojos mientras inhalaba profundamente—. ¿Lista, Melody? Aquí vamos.
Curso —asintió su pokémon, expandiéndose muy alto sobre su espalda y haciendo crecer todas sus ramas mientras la envolvía en un delicado pero profundo abrazo que pareció atravesar su piel hasta rozar su propia alma. Justo cuando comenzó a sentir un inmediato adormecimiento en todas su extremidades, Gloria usó las últimas fuerzas en su brazo diestro para llevarse la taza a los labios, tomándose el té y dejando que viaje hasta el interior de sus recuerdos. De los recuerdos de Melody. De otros recuerdos.

—Es una lástima que Howell y la pequeña no estén en casa ahora, habría sido encantador ver a la familia reunida.
—Les dejaré sus saludos.
—Te lo agradezco. Que tengas lindo día.

Abrió la pesada puerta de hierro del camarote central y corrió la arandela tras bajar los escalones, encendiendo un cigarrillo entre sus labios. La brisa del mar viajó libremente por las calles de Hulbury, aunque el paisaje se ensombrecía con las nubes grises y espesas esparciéndose sobre su cabeza. Rose vio su reflejo distorsionado sobre el encendedor de metal y lo cerró con un rápido sacudón de mano, haciendo una mueca mientras apretaba el cuerpo del cigarro con los dientes. Cuando salió a la avenida principal en dirección a su vehículo privado, una voz lo llamó a sus espaldas.

—¿Quieres encontrar a Theodore?

Rose esbozó una sonrisa mientras cerraba los ojos, dándose vuelta en dirección a la voz de Ayla que, al parecer, había recapacitado rápidamente sobre la decisión más acertada para su familia. Sin embargo, al abrirlos nuevamente para ver a su interlocutora, se encontró frente a una jovencita de ojos cafés y boina verde, así como un vestido rosa muy llamativo que, sin embargo, a ninguno de los transeúntes allí pareció llamarle especialmente la atención. Gloria se atrevía a mirarlo directo a los ojos. ¿Cómo no iba a hacerlo? El Rose que abría los ojos frente a ella, escondiendo su temor bajo muchas capas de ego y displicencia, no era el mismo niño asustado ante la Negra Noche que se cernía por doquier, ni era el hombre poderoso que ardiendo en cólera se echó con las manos a su cuello, dispuesto a todo para callarla de una vez y para siempre. El Rose que veía ahora era una cobarde sabandija que acababa de amenazar a su familia con tal de conseguir el favor de su madre y de su padre. El mismo que, finalmente, se encogió de hombros, dispuesto a darle la espalda una vez más.

—Disculpe, jovencita, no conozco a nadie con ese nombre.
—¿Y cuál es el nombre de la persona que desapareció en medio de la Negra Noche? —insistió Gloria.
—¿Quién eres? —inquirió Rose, marcándose una gruesa vena sobre su frente. Gloria miró más allá del hombre, y sintió cómo la tímida luz del Sol asomaba por un instante entre las nubes, atravesando con sus rayos su propia existencia. No podía sentir la calidez, ni tampoco el fresco discurrir del viento entre sus tobillos. Solo su alma había recibido el permiso de realizar ese viaje.
—En este momento no debo ser más que una niña feliz que salió de paseo junto a su padre —respondió finalmente. Podía sentir el dolor inyectándose en su espíritu cuando pronunciaba esas palabras—. Una niña que todavía no perdió a su madre, ni a su hermano. ¿Y tú, Rose? ¿Hay algo que todavía no hayas perdido?
—¿A dónde quieres llegar con todo est--?
—Estás caprichosamente acostumbrado a hacer siempre las preguntas —lo pisó ella, avanzando unos cuantos pasos y deteniéndose tan cerca como para tenerlo al alcance de la mano, pero lo suficientemente lejos como para no percibir el asqueroso aroma del cigarrillo que descansaba entre sus labios nerviosos. ¿Acaso podría sentir olores en ese estado?—. Pero ya te di la única respuesta que necesitabas realmente. Ahora serás tú el que me responda a mí, Harvey: ¿A dónde quieres llegar tú verdaderamente? Si respondes con sinceridad, puede que quiera ayudarte.

Rose escuchó su voz con atención. Quizás era la primera vez que lo veía mostrando genuino interés en lo que alguien más tenía para decirle. Junto a su voz, creyó notar en su expresión cómo un centenar de otras voces comenzaban a discutir en su cabeza. Tal vez algunas le sugerían lo más conveniente para decir en ese momento. Tal vez otras le ordenasen que cierre la boca. O alguna voz serena y considerada podría haberle mostrado su apoyo, consolándolo con la verdad. El presidente, sin embargo, dejó que el cigarrillo resbale entre sus labios mientras entreabría la boca, avanzando hacia ella mientras los ojos se le hinchaban de dolor. A su alrededor, todo comenzó a desaparecer, hasta que solo quedaron ellos dos en medio del vacío. No era negro, sino blanco. Sintió frío mientras las palabras surgían de su boca, pero la voz de Rose pareció volarse con una fuerte corriente de viento. Sus labios se movían con ansiedad, y su mirada reflejaba ello estrechándose más y más a medida que su respuesta parecía nunca llegar a oídos de Gloria. Entonces, supo que Rose ya no la estaba viendo, y corrió a través de ella en dirección al barco nuevamente. Gloria se volteó y estiró un brazo para detenerlo, pero sus dedos se desvanecieron al rosar su traje. Lo vio corriendo la arandela mientras inflaba una pokébola en su mano libre, subiendo las escaleras en un arranque de rabia.

—¡No! ¡Deténgase! ¡¡Detente!! —pero ni ella pudo oír su propia voz. Intentó correr detrás de él, pero sus piernas no estaban más ahí. Nunca lo estuvieron.

—¡Gloria! —oyó una voz distinta haciendo eco en su cabeza, seguida de un cosquilleo electrizante que la hizo saltar del asiento empapada en sudor. Una luz la cegó cuando volvió en sí, pues se hallaba nuevamente bajo un radiante cielo despejado. Frente a ella, Opal cerraba sus ojos con calma, cruzada de brazos, mientras que Marnie apretaba su mano tan fuerte que incluso un poco de la descarga de Hysteria había llegado a ella, erizándole algunos pelos negros de la cabeza—. ¿Te encuentras bien?
—Tengo que irme —dijo la castaña sin sentirse todavía completamente del otro lado de los recuerdos de Melody, que se cubría el rostro con las ramas, angustiada por su entrenadora. Opal entreabrió un ojo, espiándola.
—Acabas de tener un largo viaje.
—Pero la estadía fue corta e improductiva —replicó Gloria, regresando a Melody y apartándose en dirección a los aerotaxis—. Tengo que volver a casa, ahora.
—Gloria, ¿qué sucedió? ¿Qué viste? —le preguntó Marnie, muy preocupada, mientras Twinings inflaba los cachetes y absorbía nuevamente el té que había vertido en la otra tacita y que nadie había bebido finalmente.
—Perdona, Mar —le pidió a su amiga, poniendo sus manos sobre sus hombros—, pero por eso mismo debo irme; tengo entender qué pasó exactamente ese día.
—Esos pájaros de metal no te llevarán tan rápido —comentó la anciana, suspirando, mientras sacaba una pokébola blanca bajo la manga de su vestido—. Además, tal vez ella te dé un poco de suerte.

Liberó a una criatura alada de color blanco y con una piel suave como hecha de una sola capa de plumas bien adheridas al cuerpo. Tenía dos alas regordetas de saliente espiralada, así como tres cuernos en la cabeza con las puntas de los laterales de color rojo y azul. En su amable rostro mostraba una sonrisa casi infantil, pero sus ojos brillantes parecían transmitir una experiencia incalculable. Era una Togekiss, un pokémon muy raro pero bastante popular en el gimnasio de Ballonlea. Hop había tenido que enfrentarla, y la venció a duras penas gracias a la fuerza de su Pincurchin. Gloria registró sus datos en la Pokédex.

“Togekiss, el Pokémon Festejo. Se dice que es portador de buena suerte. Por ello, su imagen aparece representada en talismanes y amuletos desde la antigüedad. Este pokémon jamás se muestra en lugares donde reine la discordia y la disensión. Últimamente apenas se avistan ejemplares”

—Vuelve al gimnasio después de dejar a la mocosa a salvo en su casa —le susurró Opal a su pokémon, acariciándole las plumas en el pecho salpicado por coloridos triángulos rojos y azules.
—Toge —asintió la criatura alada, ofreciéndole su lomo a Gloria para que se suba mientras la castaña miraba con inseguridad a la anciana de Ballonlea.
—¿De verdad puedo…?
—No hagas que me arrepienta —le bufó Opal, para luego guiñarle un ojo rápidamente—. No saqué a Togekiss solamente para presumir su encanto natural.
—Muchas gracias —le dedicó una reverencia la castaña—. Marnie, prometo llamarte más tarde cuando haya ordenado un poco las ideas en mi cabeza.
—No sé si pueda atenderte —se encogió de hombros la morocha—. Estaré pateando traseros en el gimnasio, seguramente. Pero… hazme saber que estás bien, ¿sí? Si realmente lo estás.
—Lo estaré —asintió Gloria, y le dio un fuerte abrazo.

Para esa altura de su viaje, Gloria ya había cruzado el cielo de Galar sobre criaturas como Aerodactyl y Corviknight. Desde luego, aunque ambos eran pokémon veloces y formidables, ninguno le transmitió la misma sensación de seguridad y dicha a la hora de volar que Togekiss. Su cuerpo parecía una nube de plumas y algodón, y se le ocurrió pensar que no debía ser demasiado distinto a volar sobre el Altaria de Raihan. Togekiss sonreía permanentemente, y emitía notas alegres con su dulce voz cada vez que se cruzaba en el aire una parvada de diversos pokémon voladores. Las nubes se abrían paso cuando irrumpían su camino, y el Sol las bendecía mientras se iba a dormir entre las montañas con la tibieza justa para no sofocarlas, pero suficiente para mantenerlas confortadas durante el trayecto. Incluso parecía resistirse a cederle espacio a la noche para garantizarles luz en todo momento. Pudo sentir la liviandad en su alma volando sobre Togekiss, pero aquella sensación de fortuna y felicidad se esfumó de repente cuando el vuelo llegó a su fin, y el hada aterrizó suavemente frente a La Mesa del Capitán.

—Muchas gracias por el vuelo, Togekiss —le sonrió Gloria, atreviándose a acariciar su frente. Togekiss le respondió con alegría, dándole palmaditas en la cabeza con una de sus alas. Pegó una vuelta en el aire esparciendo un brillo mágico tras su paso y despegó nuevamente a toda velocidad rumbo a Ballonlea.

Cuando se perdió de vista, Gloria notó cómo las sombras se habían extendido sobre el suelo hasta cubrirlo todo. Ya era de noche, y las brillantes luces doradas en la embarcación que era su casa, pero de ninguna forma su hogar, le indicaron que debían estar trabajando a toda máquina. La larga fila de clientes aguardando su turno para subir a bordo del popular restaurante era otra buena pista de ello, así como las mastodónticas figuras de Elzie y Segar escrutando a todo el mundo hasta detenerse en ella misma, a los pies de la escalera.

—¡Señorita Scott! —exclamaron al unísono, casi rodando por las escaleras para recibirla. Otras veces la gente se habría quejado por ver cómo la desconocida jovencita pasaba por encima de ellos y se les adelantaba a todos en la fila, ingresando al restaurante antes que nadie. Ahora, por el contrario, la fila entera aplaudió el regreso de la chica a Hulbury, pues su nombre se había hecho famoso por peso propio gracias a su excelente rendimiento en el Desafío de Gimnasios.
—¡Es Gloria Scott!
—¡Nuestra futura campeona de Hulbury!
—¡Gloria, tu Boltund es el mejor!

Conteniéndose por no darle un fuerte abrazo a la hija de su jefe, los guardaespaldas se pusieron firmes y rígidos a ambos lados de la puerta de entrada, extendiendo sus brazos hacia adentro para dejarla pasar. Gloria pudo adivinar una mueca de genuina conmoción en los dos cuando se abrió paso en medio, y se sintió un poco apenada por ser recibida con semejante calidez cuando el motivo de su visita era más amargo que la ensalada de berenjenas que preparaba su padre. Dentro del restaurante, Gloria avanzó casi sin mirar hacia los lados directamente hasta la cocina, correspondiendo los saludos de los meseros cuando se la cruzaban con sonrisas y breves gestos de cabeza. Estaba feliz de verlos bien, pero no podía fingir una alegría que no estaba presente en su interior, ni tampoco podía darse el lujo de perder más tiempo. Atravesó una cortina y abrió las puertas de la cocina de par en par, encontrándose con el staff de cocineros trabajando codo a codo en una enorme variedad de platillos que iban depositando prolijamente a lo largo de una barra de acero. Un festival de aromas se metió en su cuerpo y la obnubiló unos segundos, pero ninguna distracción bastaría para dejarle ignorar lo que la había llevado hasta ahí originalmente: su padre, Howell Scott, con el cabello largo recogido en un rodete desprolijo y sus manos habilidosas cortando a toda velocidad un largo tentáculo de Octillery.

—Papá —lo llamó al otro lado de la mesa, y se sorprendió de oír el afligido tono en su propia voz al hablarle. De todos en el restaurante, su padre había sido el último en percatarse de su presencia, pues al cocinar se enfocaba exclusivamente en esa labor, y a sus oídos llegaba solo el golpeteo metálico del cuchillo cortando los ingredientes. Cuando levantó su dura vista hacia ella, una discreta sonrisa afloró en sus labios, aunque Gloria no llegó a verla, pues la barba le cubría casi toda la cara.
—Es bueno verte en una pieza, princesa de mar —dijo el hombre con un carraspeo.

Salieron a cubierta por una compuerta trasera, mientras el padre de Gloria le gritaba con aspereza toda clase de indicaciones a su equipo de cocineros para que todo salga tal y como estaba estipulado. Había demasiadas bocas que alimentar en ese lugar, y no lo hacían precisamente por caridad. La noche tenía una densidad diferente en Hulbury, y la luna plateada se reflejaba sobre sus aguas diluyéndose y distorsionándose con cada movimiento de la marea. Algunas olas formaban espuma contra los cascos de hierro de la embarcación, y unos Wingull sobrevolaban los mástiles del navío emitiendo un tranquilizante graznido. Gloria pudo ver desde esa misma posición, recostando los brazos sobre los barrotes de acero que rodeaban el cuerpo del navío, el imponente estadio de la ciudad proyectando sus juegos de luces a lo alto, dibujando círculos en el cielo azul oscuro. Era tal y como lo veía desde pequeña, cuando había nacido en ella su sueño de visitarlo alguna vez en calidad de entrenadora, viajando por el mundo junto a sus compañeros pokémon, y tal vez haciendo valiosas amistades en el proceso. ¿Por qué, si había alcanzado ese sueño que la mantenía en vilo noches enteras, se sentía tan amarga y desdichada en ese momento?

—Se ve más pequeño ahora, ¿no? —le preguntó su padre apoyándose en las barandas a su lado, y ofreciéndole una botella de gaseosa que ella aceptó, pero que no se llevó a la boca—. Me refiero al estadio. Aunque, viendo cómo has crecido, podría referirme al mundo entero y sería igual para ti.
—¿Cómo murieron mamá y Ronny?

Sin rodeos. Estaba harta de ellos. De buscar la manera adecuada de decir las cosas, de no herir susceptibilidades, de no afligir a su pobre padre con el recuerdo tormentoso de la familia que había perdido. Ambos los habían perdido, pero solo uno de los dos sabía qué rayos había sucedido con ellos en realidad. Howell le dio un hondo trago a su botella de vidrio, y se secó la barba con el brazo mientras le daba la espalda al mar y al estadio. Más allá, el faro barría las sombras con su haz de luz, bañándolos en ella por un segundo antes de continuar su viaje circular. Para llenar su silencio, Gloria le dio un breve trago a la gaseosa. Hubiera deseado que tuviera aunque sea un poquito de alcohol, pero necesitaba sacarse el gusto a Polteageist de la lengua.

—Dijiste que habían muerto en una expedición —continuó ella, mirando al cielo para no verlo a él—, por haber ido a un lugar peligroso y lejano. Siempre me pareció raro que mamá quisiera llevarse a Ronald a un viaje así.

Silencio.

—Pero no fue así, ¿me equivoco? —insistió, y su tono se contuvo un poco más, como si estuviera a punto de estallar—. Murieron por no ir a ese lugar.

Otra vez silencio. Gloria estuvo a punto de levantar la voz y enfrentarlo. Estaba más que dispuesta a sacarle las palabras de la boca así tuviera que usar sus propias manos para extirpárselas. Sin embargo, no fue necesario. Tras un carraspeo, su padre se alejó unos pasos mientras se frotaba la nuca nerviosamente, soltándose el rodete y dejando que el pelo le cayera encima de la piel, como si intentara ocultarse por vergüenza.

—Mis razones para impedir que salieras de casa, hasta que te me escapaste, fueron movidas por el amor que siento por ti —habló el hombre, aunque su dura voz parecía ahora un tenue balbuceo saliendo del cuerpo equivocado—. Jamás quise que vivieras encerrada, linda. Solo… intenté protegerte.
—¡No me protegiste! —le gritó, en cólera—. ¡Me volviste más débil!
—Puedes decir lo que sientas conmigo y lo entenderé —le dijo Howell casi pisando sus palabras, aunque en un tono diez decibeles más bajo que el de su hija.
—¡¡Quisiste que siguiera el camino cobarde que tú elegiste seguir!! —le bufó ella, tan rabiosa que casi hace estallar la botella de vidrio en su mano—. ¡Aquí en tu cómodo restaurante! ¡Regodeándote con tu éxito y tu vida llena de paz!
—¡¡Es una paz que construí para ti!! —se impuso Howell, con tal vigor que podría haber doblado la baranda de acero con sus manos.

Gloria calló por unos segundos, mirándolo a los ojos con profundo dolor.

—Ni siquiera te atreves a pronunciar sus nombres —murmuró ella, afilando la mirada mientras las lágrimas afloraban en sus ojos, y secándoselas rápidamente antes de dejarlas resbalar por sus mejillas—. Tal vez sea mejor que no lo hagas. No se merecían que los confines al olvido, así como tú no mereces nombrar a mamá y a Ronny. Pero hay uno… tan solo UN nombre, de todos los que buscaste hundir y ocultar de nuestros recuerdos, que necesito escuchar ahora mismo.

Su padre guardó silencio una vez más, y ella gritó.

—¡¡Harvey Rose!! —le arrojó un puñetazo al estómago a su padre, pero Howell lo recibió sin retroceder un solo paso, tragándose el aire. Su cuerpo no era tan duro como su carácter.
—Linda--
—¡Y tú dejaste que se saliera con la suya!

Ella esperaba que él dijera algo. Tal vez para volver a gritarle, a interrumpirlo. ¿Quería escuchar realmente lo que tuviera para decir? ¿Podía soportar convivir un segundo más con ese silencio atroz? El murmullo del agua no era arrullo suficiente para hamacar sus oídos, porque en su interior solo resonaban los gritos lejanos de su madre y de su hermano, los ladridos de Cookie fuera de control, el chillido de horror de Melody, los labios de Rose moviéndose desesperadamente sin que su voz llegue a ella. El silencio de su padre. Nada pesaba tanto como eso para ella. Y, aun así, Howell calló. Gloria se apartó de la baranda, cansada de apretar el hierro con sus dedos, y se alejó caminando sobre el crujiente suelo de madera de la cubierta.

—No volveré —le dijo a su padre, deteniéndose en seco unos cuantos metros más lejos de él, sin mirarlo—. Esta fue la última oportunidad que te di para que me dijeras la verdad. Lamento comprobar que el presidente selló muy bien tus labios. Por mucho que los escondas con esa horrible barba, las costuras pueden verse desde aquí.

Consiguió escuchar su débil voz justo cuando su mano se apoyó en el pomo de la puerta.

—Parece que ya averiguaste todo lo que necesitabas… para entender por qué guardé silencio durante todos estos años. Por qué te condené a esa horrible vida de encierro. Por qué no te apoyé, en un principio, cuando me demostraste que querías ser una entrenadora.
—¿Piensas justificarlo?
—Tu vida es toda la justificación que necesito para hacerlo —respondió Howell de inmediato. Hablaba alto, y su voz había vuelto a ser grave y áspera, pero cada palabra salía con claridad de su boca.
—Mi vida no vale todo el dolor que me estás causando —espetó Gloria, abriendo la puerta con suavidad.
—Es un pensamiento inmaduro, Gloria —levantó la voz su padre. Ella apretó el puño sobre el pomo de la puerta, y la cerró de un portazo regresando a cubierta y enfrentándolo a unos cuantos metros de distancia, mientras inflaba una esfera entre los dedos. La arrojó con violencia a sus pies, liberando a la fantasma que se desenvolvió desde su coraza con un resplandor y se elevó hasta casi dos metros de altura, extendiendo sus ramas como un árbol espectral ante los ojos incrédulos del maestro cocinero.
—Su nombre es Melody —le dijo—. Ella me enseñó el recuerdo en el que vi, por última vez, a mi mamá y a mi hermano. Ella me hizo recordar sus nombres. ¿Acaso tú los recuerdas? ¡¡Sus nombres eran Ayla y Ronald!!

Howell entornó la mirada, pues el triste pero intenso fulgor en los ojos redondos de Cursola apuntaba directamente a los suyos, observándolo casi a su misma altura con una mueca de temor o, quizás, de lástima. Melody bajó sus brazos de ramas, y Howell alzó una mano para apoyarla suavemente sobre su cuerpo etéreo. No consiguió tocarlo, por supuesto, pero sí pudo percibir la tibieza contra su piel. Había, al menos, dos vidas en esa fascinante criatura. Gloria se acercó, titubeante, y creyó ver a través del cuerpo blanco y translúcido de Melody cómo su padre se llevaba la misma mano con la que la había tocado a la cara, cubriéndose los ojos mientras gimoteaba, y las lágrimas se le escurrían entre los dedos, resbalando hasta su barba.

—Ella —le dijo, señalando a Melody con el dedo que había secado sus lágrimas—. Ella lo vio todo. ¿No es así?
—Cur…
—Yo no estaba ahí cuando sucedió —bajó la cabeza el hombre, sintiendo una mezcla de vergüenza y odio al forzar dicho recuerdo—. Te había llevado a pescar al muelle esa tarde. A ti no te volvía loca la idea, pero era una buena oportunidad para ver otros pokémon, así que me acompañabas, ¿lo recuerdas? Cuando volví a casa… él ya se había llevado sus vidas. Hice lo que pude para retrasarte y distraerte, para que no veas lo que yo vi al entrar —Esbozó una triste sonrisa al recordar las morisquetas que le hizo a su hija en medio de su desesperación para que se quede fuera del barco ese día—. ¿Sabes cómo lo encontré? —Gloria negó con la cabeza, en silencio, conteniendo la respiración—: Fumando un cigarrillo junto a la ventana, de pie en medio de la escena. Así de grande es el poder de ese sujeto, haciéndole sentir el derecho de fumarse un cigarro luego de haber hecho algo como eso.
—¿Rose te esperó… aquí?
—Nos esperaba a los dos —subrayó el hombre, con un nudo en la garganta—. Estaba empapado de pies a cabeza, y a sus pies… el cuerpo de tu hermano. Mi Ronny… murió ahogado —Howell se tragaba sus propias lágrimas al hablar, pues brotaban sin cesar—. Tu madre… Ayla hizo todo lo que pudo. Y Rose… Rose me miró, con ese rostro inexpresivo, ¿sabes a qué me refiero? Y me dijo que la muerte de ella había sido la única que no sucedió por error ese día. Me dijo que no necesitaba mi perdón, ni le interesaba mi odio. Solo quería mi silencio. Recuerdo que iba con un Perrserker, con un Bisharp y… sí, lo recuerdo bien: con un Bronzong. Era un grupo intimidante, no te diré que no. Pero eso no me importó en lo más mínimo: hundiría ese hierro con mis puños hasta llegar a él. Claro, eso me arrojaba mi furioso corazón partido en mil pedazos, pero mi cuerpo no era tan fuerte. Yo nunca fui tan fuerte como tú o como tu madre. Ustedes tienen ese don tan increíble de pelear… Sea como sea, en ese momento olvidé cualquier tipo de consideración por mi propia vida, y lo ataqué. ¿Y sabes qué hizo? Me aconsejó que no olvide. Mientras su Bisharp me inmovilizaba, su Bronzong proyectó ante mí la imagen de mi amada princesa de mar jugando inocentemente con un Yamper callejero que había salido a perseguir. Eras tan pequeña, tan dulce, tan rebosante de energía… Y todo lo que tuve que hacer para verte crecer a salvo fue apagar esa luz que brillaba con tanta fuerza en tu interior.

Howell sintió que no había hablado tanto en toda su vida, ni con varias cervezas encima. Gloria sintió que nunca había procesado tanta información junta en unos segundos. Ni siquiera el espanto de encontrarse en medio del Área Silvestre, en un tiempo que no era el suyo, junto al aterrorizado Rose y el monstruoso demonio asomando entre las nubes negras podía compararse a la impresión que le daba ver y escuchar a su padre contándole finalmente todo eso. Se sintió terriblemente mal por haberlo exprimido hasta ese punto, pero su padre ya no podía parar.

—A él parecías importarle especialmente en ese entonces —le informó Howell, y vaya que Gloria estuvo de acuerdo con ello, aunque tampoco se explicaba bien por qué—. No sabría decirte, pero había un destello muy personal en sus ojos al mencionarte. Sin embargo, como todo lo que suele decir ese… monstruo, lo dijo al pasar. Como si no tuviera demasiada importancia comentar que podría encargarse fácilmente de ti, tal y como acababa de hacerlo con tu madre y tu hermanito. Sin embargo, yo seguía encerrado en mi odio y mi dolor. Ni siquiera me importó escuchar aquella amenaza. Para mí las palabras solo se habían vuelto sonidos irreproducibles en mi conciencia. Cuando supe que ya no podía luchar, ¿qué crees que elegí hacer? ¿Obedecer su consejo? No. Le pedí que me mate ahí mismo. Se lo pedí de rodilas, con el filo de la cuchilla de su Bisharp acariciándome la piel. Habría movido mi cuello tan solo un poco hacia este lado para hacerme el corte que necesitaba, yo mismo. Pero su Perrserker me había paralizado con una descarga.

—¿Matarte? —recordó Howell las palabras de Rose, con un eco siniestro y triste rebotando en su cabeza—. Howell, a pesar de todo, sabes que te estimo y te respeto. Eres un gran capitán, y un excelente cocinero. Pero si existiera un solo favor en el universo que no podría concederte, ese sería terminar con la miserable existencia que tienes por delante. Ahora mismo no puedes pretender que te entregue tan fácilmente a los brazos de la muerte. Debes vivir, Howell. Haz algo productivo con tu vida. Haz algo bueno, y deja que tu pequeña crezca a salvo de la locura de este mundo. Tal vez ahora me odies, y no puedas entender del todo mis palabras, pero… en un tiempo, comprenderás todo. Los estoy poniendo a salvo de algo mucho más grande que yo mismo.
—Solo hazlo… Termina con esto, por favor. No toques a Gloria. Solo llévate mi vida. Sé que no es mucho, pero es el mejor precio que puedo pagar. Quiero pagar con mi vida. Mátame de una vez —ni siquiera podía darse el gusto de gritarlo a todo pulmón. No podía alertar a nadie afuera. Tal vez habría sido inteligente hacerlo, pero… ¿y si su pequeña lo escuchaba? Ella no se escondería.
—No —Rose era inamovible—. Ustedes no me tendieron su mano cuando les pedí algo muy importante para mí, no, para toda la humanidad. Ahora crecerás sabiendo lo que tus ojos vieron y lo que tus labios callaron. Tal y como yo aprendí a hacer tras perderlo a él.


Los Wingull ya no graznaban ese divertido cántico de trompetas en el aire. El agua no se movía. El barco apenas se balanceaba, aunque más por el movimiento de los comensales en su interior que por deseo de las olas entre las que descansaba su cuerpo de hierro y madera. El estadio brillaba, pero no tenía música. Era cierto: ese día el mundo había descubierto que Magnolia había partido para siempre, y el propio presidente Rose había decretado duelo y suspendido toda actividad relativa a la Liga Pokémon. El faro marcaba el camino a los viajeros en la noche, pero ningún rumbo parecería conducir a buen puerto las mentes atormentadas del padre y la hija. Ambos se concedieron unos segundos para derramar las lágrimas que necesitaban derramar en silencio. Gloria se prometió no volver a llorar. Debía escurrir todo su dolor en ese momento tan íntimo junto a su padre antes de retomar su viaje. Todavía quedaba mucho camino por recorrer. Tal vez uno infinito para ella. Melody extendió sus ramas a ambos lados y secó dulcemente sus rostros empapados, transmitiéndole la calidez propia de su alma, que atesoraba como una joya invaluable.

—Ese día —prosiguió Howell con un hilo de voz, aclarándose la garganta—, el Bronzong de Rose alteró tus recuerdos. No completamente, claro, pero inyectó cierta calma en tu mente para que perder a Ayla y a Ronny no te afecte. No fue decisión mía, pero no pude oponerme. A mí me habría parecido bien que pudieras llorarlos. Pero ese monstruo hizo que la existencia de ellos dos se diluyera en tu memoria como un dibujo a tinta en el agua. Luego de hacerlo, te llevé a dormir en brazos a tu cama, mientras él y su Bronzong se llevaron para siempre los cuerpos de tu mamá y tu hermano. Creí que podría ser un padre lo suficientemente bueno para darte una vida feliz, ¿sabes? De verdad lo creí. Pese al encierro, pese a los límites impuestos en parte por Rose, y en parte por mi propia cobardía… quise que fueras una chica feliz, con una vida normal. Pero tú nunca fuiste normal, linda. Tu pequeño cuerpo no podía contener la pasión y el entusiasmo que mostrabas cada vez que intentabas correr fuera de casa, fuera de Hulbury. Visitar el estadio, cruzar el océano, volar más alto que nadie. Tenías el mismo espíritu aventurero que nos enamoró a tu madre y a mí cuando nos conocimos, en una de tantas excursiones por el mundo. Si tan solo pudiera volver el tiempo atrás, y tenerlos a ti y a tu hermano en cualquier otra parte de este hermoso planeta…
—Papá —lo interrumpió Gloria, ya sin lágrimas por soltar—. Rose vino aquí muchas veces después de eso. Fue un invitado de lujo en numerosas cenas.
—No tengo que explicarte por qué fue asiduo cliente de La Mesa del Capitán —entornó los ojos Howell, con profunda amargura—. Quería vigilarnos de cerca. Me consta que muchos de sus hombres se instalaron en Hulbury solo para informarle de nuestros movimientos. Mi barco tuvo que encallar en Hulbury y establecerse como un restaurante solo porque no podía llevarte conmigo a otra parte sin ponerte en peligro. Tuve que encerrarte en tu habitación con mil pretextos cada vez que Rose venía, porque me resistía a dejar que te viera. No quería darle ese gusto. Pero tú eras mucho más astuta e intrépida que yo, y te me escapabas más de una vez. Rose debió haberme matado y ponerte bajo una vigilancia mucho más estricta si quería tenerte encerrada… no, posiblemente él tampoco lo habría conseguido.
—Pudiste haberlo--
—¿Envenenado? ¿Crees que no lo consideré? Podría haber hundido el barco entero con tal de liquidarlo, pero eso significaba ponerte en riesgo de todas formas. Eso no era negociable, por mucho que te duela descubrir lo débil que fui todo este tiempo.
—No lo eres —murmuró ella, en voz tan baja que a su padre le costó comprender las palabras, y se quedó pasmado unos segundos mientras ella se le acercaba, desviando la mirada, y le daba un largo abrazo—. Tienes que haber sido muy fuerte para guardarte todo eso.
—Hija —apretó los labios Howell, y los puños, conteniéndose para no explotar en lágrimas otra vez. Un hombre de mar debía cuidar esas lágrimas si no quería terminar hundiéndose en ellas—. Esa hermosa Cursola que tienes… ¿Dónde la atrapaste?
—Encontré a Melody en la bahía de Hulbury, no muy lejos de aquí —recordó ella, volteando hacia su pokémon y dedicándole una encantadora sonrisa—. Estaba flotando a la deriva.
—Ya veo… —suspiró Howell, acompañando su sonrisa—. Tu madre tenía una. Pienso que podría tratarse de la misma, aunque sería una casualidad.
—Hay un poco de magia en las casualidades —asintió Gloria, cerrando los ojos por un segundo—. Pero los pokémon como Melody me hacen creer cada vez un poco más en todo eso.

Gloria y Howell se acercaron a la conmovida Cursola, que era ahora la que expulsaba esferas de luz como lágrimas por sus ojos, inflándose como burbujitas y elevándose por el aire hasta confundirse con estrellas en el cielo. Padre e hija se miraron con ternura, y acercaron sus manos al cuerpo de la fantasma, buscando acariciar el alma que cuidaba con delicadeza. Melody los envolvió juntos en un suave abrazo, pero no los transportó esta vez a ningún lugar distante. No había nada que recordar más que ese preciso momento.

Tras resolver que pasaría las próximas semanas en casa para despejar la mente y prepararse para la Copa de Campeones, Gloria llamó a sus amigos a través de su SmartRotom para comunicarles la noticia. Hop pareció decepcionado, pero Victor apoyó a su amiga y le dijo que la esperarían en la estación de Wedgehurst en cuatro semanas para ir juntos a Wyndon. Tras cortar, Gloria se dirigió a la puerta escuchando el bochinche de voces, platos y pies corriendo de acá para allá desde la cocina, y le insistió a su padre que no descuide a sus cocineros, porque los muchachos podían hacer un auténtico desastre sin su estricta supervisión. Howell miraba el ancho mar con seriedad, meditando algo antes de voltear directamente hacia su hija, que lo espiaba al otro lado del umbral. De pronto, Gloria sintió un inexplicable terror de lo que podría hacer de su vida su padre ahora que había exorcizado los demonios que habían dormido en el interior de su mente durante tantos años. El mar estaba muy cerca, y la imagen del hombre saltando al otro lado del faro le hizo revivir un momento angustiante e incierto. La chica se le acercó apresuradamente, pero la voz templada de su padre la detuvo.

—Hay una cosa más que pienso que debes saber —comentó el hombre, elevando sus ojos a la luna—. ¿Melody te enseñó lo que Rose había venido a buscar ese día?
—Sí —asintió ella—. Quería que lo lleven a buscar a su hermano desaparecido.
—Fui a buscarlo yo mismo, por mi cuenta, algún tiempo después. Y lo encontré.

Gloria se quedó helada. No estaba preparada para reaccionar a eso adecuadamente, así que simplemente abrió los ojos y la boca, prestándole especial atención a las palabras casi afónicas de su padre. Howell soltó una repentina carcajada, y le dio una palmada en la espalda.

—¡Pero no quiero que pierdas el rumbo ahora con mis historias de marino! Hija, te contaré todos los detalles cuando regreses aquí con el título de campeona —ella entornó la mirada, arqueando una ceja con notable decepción.
—No sé si pueda conseguirlo, mis rivales son muy fuertes.
—En ese caso… Solo vuelve, ¿sí? —le pidió él, ensombreciendo un poco la mirada bajo sus mechones de cabello—. Tendremos otra conversación, y prometo no volver a ocultarte nada más.
—Es una promesa —respondió Gloria muy seria, ofreciéndole el dedo meñique que su padre trabó con el suyo, sellando el pacto. Sin embargo, mirándolo a los ojos, añadió—. ¿Cómo estaba Theodore cuando lo encontraste?
—¿Theodore? —Howell se rascó la cabeza, arqueando mucho la ceja—. Uhm… No creo que haya sido el nombre por el que respondía ese sujeto. Probablemente se lo haya cambiado —Resolvió, encogiéndose de hombros y restándole importancia—. Sea como sea, se encontraba bastante bien. No parecía herido o perdido, aunque el frío en ese sitio le helaba los huesos incluso a un Copperajah. A diferencia de los que quedamos del lado luminoso de Galar, ese tipo parecía llevar luz por su propia cuenta, con una energía rebosante y una sonrisa de oreja a oreja.
—¿Lo viste feliz? —se sorprendió Gloria.
—Ah, ¿cómo no estarlo? —se emocionó Howell al recordar, rascándose la nariz—. Con una hija preciosa que debía tener tu misma edad. Ese imbécil de Rose cree que puede salvar el mundo haciendo todo como le parece, pero el mundo seguirá girando luego de que él haya partido. Lo que sea que separó a esos dos tipos… debería haber hecho las cosas a la inversa. Alguien como él podría hacer mucho más por la Liga que su psicópata hermano. ¿Sabes, princesa? Tal vez lo único que necesite alguien para ser completamente feliz es mantenerse lo más lejos posible del presidente Rose. Tal vez te sirve como consejo, de ahora en adelante.

Su padre le guiñó un ojo, como quien acababa de darle una lección de vital importancia a sus hijos. Gloria no dejaría de perseguirlo, claro. Pero tenía más claro que nunca que no dejaría de lado sus sueños por una venganza personal. Aunque la espada de hierro envuelta en una sábana que asomaba por su mochila le diera una imagen completamente diferente.


Al mes siguiente…


—¡Victor, estoy yendo para allá! —lo llamó Gloria con su dispositivo poseído por Rotom, enseñando sendas ojeras, pues le había costado horrores pegar un ojo mientras saludaba a los pokémon del mar que desfilaban por los ventanales de su camarote. Se encontraba en la cabina de un aerotaxi que su padre había insistido en pagarle, además de prometerle que estaría en primera fila junto al staff de La Mesa del Capitán para apoyarla en Wyndon—. ¿Te parece si nos vemos en la puerta de la estación en Wedgehurst? ¡Dile al tonto de Hop que no se le ocurra ir a Wyndon solo!
—Pues… lo dices un poco tarde —sonrió el castaño, rascándose la cabeza mientras un Munchlax asomaba los ojos por un lado de la cámara, olfateando el SmartRotom como si fuera otro apetitoso bocado. Las grandes manos de Ink lo envolvieron y apartaron de allí antes de que pudiera arrojarle un tarascón a su teléfono—. Verás, Hop se fue hace unas semanas. Me dijeron los padres que tenía que hacer algo con Leon.
—¿Le habrá pedido la revancha? —pensó ella en voz alta, extrañada tan solo de formular una hipótesis como esa. ¿Qué sentido tendría hacerlo si, de todos modos, tenían posibilidades de verse las caras en la Liga Pokémon?—. ¡Agh! ¡Como sea! ¡Tenemos que ir todos juntos, no puede jugar ahora al vigilante enmascarado que hace todo por su cuenta!
—Lo sé, lo sé, te entiendo… Pero ya viste cómo se puso desde que llegamos a Hammerlocke. Trataré de localizarlo, ¿sí? Por lo pronto, nos veremos en Wedgehurst en una hora.
—Tal vez llegue antes; papá le dio un menú especial a este Corviknight para que su velocidad esté por las nubes. Debería haber traído una cubeta para vómitos.
—Déjame desayunar sin mencionar vómitos, por favor —suplicó Victor haciendo puchero con los labios. La voz de su madre llegó a sus oídos tras llamar a la puerta de su habitación.
—Apresúrate, no vamos a poder contener a Laxy por mucho tiempo.
—¡Ya voy! —anunció el chico mientras se calzaba unas pantuflas y salía de la cama—. Bueno, Glo, nos vemos en un rato.
—Muy bien —le sonrió ella—. Solo recuerda ponerte pantalones. ¿O Marnie pasó la noche ahí contigo?
—¡¿Quéee?! —se escandalizó Victor, más rojo que la cabeza de un Druddigon, pero mucho menos feroz—. ¡¿C-cómo lo…?! ¡Qui-quiero decir…! ¡¡Tengo puestos los pantalones!!
—Disfruta el desayuno, Allister —se burló ella entornando mucho la mirada, mientras Victor le apuntaba a la pantalla abriendo la boca para gritarle algo más.

Pero Gloria cortó la comunicación, y se recostó en el asiento mientras veía cómo Motostoke quedaba atrás, enfilando el córvido negro sobre el Área Silvestre en dirección a Wedgehurst. Pensó en el destino de Theodore, si es que aquél era su nombre. Pensó en la hija de su edad que había concebido. Pensó en Victor y su infinito amor por Marnie, y en el amor infinito que ella misma sentía por sus amigos. Pensó en Hop, y en su paradero actual. Había ido con su hermano mayor a alguna parte… solo esperaba que no fuera demasiado lejos. Realmente quería compartir el último tramo de su viaje junto a él. Al mirar el cielo y recibir de lleno en el rostro los rayos del Sol, recordó la voz de su hermanito apoyándola para treparse a un mástil y observar el estadio de Hulbury desde el punto más alto que pudiera. Sabían que los castigarían si los descubrían haciendo travesuras luego de que el Sol quisiera ir a dormir, pero solían transgredir las normas. Pensó en el cariño con el que su madre la miraba. La dureza con la que su padre había ocultado su dolor para cuidar de ella. Ronald. Ayla. Howell. Tenía una familia a su lado, y la acompañarían por siempre en su memoria. No se permitiría olvidar.

Continuará…

TRAINER’s PROFILE

Gloria Scott
Edad: 14 años
Medallas: 8
Pokémon:
- Inteleon (Lv.57) “Seven”
- Boltund (Lv.55) “Cookie”
- Appletun (Lv.54) “Eri”
- Cursola (Lv.55) “Melody”
- Centiskorch (Lv.53) “Darla”
- Indeedee (Lv.52) “Joseph”

Marnie Villin
Edad: 14 años
Puesto: Líder de Gimnasio (Tipo Siniestro)
Pokémon:
- Morpeko (Lv.55) “Hysteria”
- Thievul (Lv.54) “Guywill”
- Obstagoon (Lv.53) “Margaret”
- Grimmsnarl (Lv.52) “Duke”
- Polteageist (Lv.50) “Twinings”
- Tyranitar (Lv.54) “Cleo”


Ending

Mostrar Ending 4 - Pokémon Crowned

[Imagen: b7uQWBq.png]
Pokémon Crowned
Sueña mientras giren las agujas del reloj

"Este fic es un recopilatorio de cosas que me dan asco, me agobian y odio"
                                                                                                    —PKMNfanSakura
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Mostrar Teniente Hawkeye, parece que está lloviendo
La verdad fue un capítulo triste, las reacciones de Gloria con papi Gloria[?] fueron muy llegadoras y hasta uno puede entender porque papi Gloria[?] encerró a la niña por tanto tiempo, Rose un bastardo con cada una de sus letras, que alguien le muestre pronto a Regieleki para que vea lo payaso que quedó.

Me gusta la interacción de Marnie y Gloria, es increible como la niña de hielo pasó a ser callada pero en cierta forma sentimental y no solo con Victor, si no con la escocesa también, le da una mayor naturalidad y amistad a los lazos que formaron como grupo y que decir que Opal, como dicen acá en Chile "El diablo sabe más por viejo que por diablo" y esta señora les da catedra a todo el mundo y su abuelita, señora no se muera nunc...algo me dice que el puto de Rose la va a sacar del camino de una forma u otra, no tiene ni a Bede como para apoyarla ni a Togekiss para escapar si las cosas se ponen feas.

Y sobre el final, después de toda la tristeza tan triste me gustó ver a Gloria tan contenta dirigiéndose al punto final, me hubiera encantado (Esto ya es personal y por el chiste) que cuando le dice a Victor si Marnie pasó la noche con él hubiera no se, aparecido Hysteria detrás y el otro tratara de esconderla pero eso, es algo que no modifica en nada mi percepción del párrafo final :pichu:
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Kieeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeee?????????????????????????????????????????????????????????????????????????

Finalmente ha sucedido, el pasado de Gloria que la vincula con Rose.

Pero primero el detalle de la ayuda de Opal, Dios mío, es mi personaje secundario favorito de tu fic, la amo, me gustó ese detalle de usar Legado en el té como parte del proceso, sinceramente no recuerdo si eso lo explicaste cuando Gloria tuvo ese viaje a memorias del pasado cuando estuvo con Opal en su casa, pero creo que mostra esos detalles ayudan a alimentar el mundo que los rodea, incluso el lore, me pareció una forma muy ingeniosa e interesante de usar un movimiento, me recuerda a PokeSpe de cierta forma, con un realismo más allá de lo imaginado que hace del mundo de pokémon más creíble.

Ahora la conversación de Gloria con su padre y esa parte del pasado. Otra muestra más de lo muy planeado que lo tenías todo, me encanta cuando nos muestras algo así. El momento de las revelaciones estuvo muy emotivo, cada descripción y reacción, el notorio cambio de Gloria al descubrir la verdad, y al mismo tiempo fue tan tétrico cuando describiste la escena de Rose con los cuerpos de su madre y hermano. Esto muestra otra parte de lo siniestro que puede ser Rose, una maldad psicológica, no sé si lo comenté en algún momento, no hay peor malo que aquel que piensa que hace lo correcto, la mejor clase de villano, el que tiene razones retorcidas basadas en una buena causa. Ahora comienzo a pensar que podría ser Gloria la que ponga en su lugar a Rose en vez de Bede.

Y ya se sabe sobre Theodore/Peony, muy interesante como vas adaptando lo revelado en Nieves de la Corona, pero al mismo tiempo sin decirlo todo. Según sé, Peony fue líder de gimnasio en Galar, me intriga saber cómo incluirás eso.

Ciao.
[Imagen: giphy.gif]
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¿Qué decirles? Me gustó mucho escribir esto. Se viene la parte más difícil ahora...

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@Bancho Ramen Fue un capítulo triste y totalmente fuera de guion. Digo, lo que pasa obviamente estaba pensado, pero de hecho ese capítulo iba a contar tres historias paralelas de Victor, Hop y Gloria. Al final la de Gloria pesó tanto que me pareció desubicado intentar contar algo para los otros dos, así que supongo que la consentí preferencialmente a ella. u//u
Lelz, si todavía alguien piensa que el Rose de mi fic se preocupa tanto por la fuente de energía para Galar, es un poco ingenuo. Esa es la pantalla para quedar bien él, pero sus ambiciones son un poco más egoístas que eso, aunque algunos podrán decir que tienen cierto sentido. En ese aspecto, Rose siempre será controversial.
Opal es intocable, olvidate. Creo que a Rose ni se le cruzaría por la cabeza intentar hacerle nada a esa mina, es demasiado OP. xD
El final tenía que tener ese toque esperanzador y animado que continuará durante gran parte del capítulo de hoy. Esos chicos ya la pasaron demasiado mal, dejemos que se diviertan un rato.

@Thranduil Opal también es definitivamente de mis personajes favoritos, y eso que me espantó su diseño de buenas a primeras, y no es tan memorable como los otros líderes "sexys" de Galar solo porque somos personas horribles y superfluas. Pero en realidad esa vieja es el alma de gran parte de la historia, dándole redención a Bede y teniendo esa batalla de gimnasio (en los juegos) tan hilarante con sus preguntas rebuscadas y tramposas. Un gran personaje. Espero haberla dejado a la altura con su participación en mi fic.
Y no, estuvo mucho más críptica con Gloria en su casa la primera vez que le dio de tomar un Sinistea. Parece que acá finalmente se dejó conmover un poco por la ambición de la castaña y le concedió más respuestas para que no se sintiera tan perdida y desamparada en medio de todo el lío por el que estaba pasando.

Todavía queda por descubrir una cosita más sobre la muerte de la madre y el hermanito de Gloria, pero lo sabremos posiblemente en el clímax de la historia. Pero, en este punto, ya está dicho todo lo que debía decirse sobre lo que vincula a Gloria con el presidente y por qué esa chica tiene más derecho que nadie a querer verlo bien hundido. Y eso porque Bede todavía no sabe la verdad sobre sus propios padres. Todavía no decidí si lo sabrá alguna vez.

Sigo armando cosas para Theony (?), por el momento su rol como líder está muy en tercer o cuarto plano, y choca bastante con lo que construí en el pasado con Rose que vio Gloria. Pero en el capítulo pasado dejé suelta alguna pista sobre lo que podría implicar esa visión que compartió ella con su Indeedee en los recuerdos de Rose.

Muchas gracias por seguir leyendo y comentando. <3

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Capítulo 53 – Hacia Wyndon: La ciudad donde los sueños confluyen

La euforia por el comienzo del torneo que reuniría a los mejores entrenadores de la región era tan grande por esos días que muchos programas de televisión habían modificado sus cronogramas de programación. Algunos ejecutivos decidieron transmitir una maratón de películas para toda la familia que solían dar buenos resultados de rating, mientras que conductores y famosos de programas de interés y telenovelas sencillamente suspendían las grabaciones para poder asistir al gran estadio de Wyndon, donde se celebraría la Copa de Campeones. Una semana antes, el propio Leon había anunciado en una transmisión especial que finalizaba el período conocido como Desafío de Gimnasios, con lo cual aquellos retadores que hubieran conseguido sus ocho medallas oficiales podrían asistir al gran evento. El campeón aclaró, además, que los gastos de viaje y hospedaje estaban completamente cubiertos por la Liga Pokémon, como era costumbre, y aunque eso hizo saltar a más de uno en una pata, muchos otros todavía se preguntaban por qué era el vigente campeón quien realizaba un anuncio como ese y no el propio presidente de la Liga Pokémon, que había retomado oficialmente su puesto tras una escandalosa sucesión de eventos extraños y poco claros.

El rumor más difundido era que Rose todavía se hallaba muy débil como para ponerse un evento semejante sobre los hombros, y otros pensaban que su imagen todavía no estaba del todo limpia como para hablar en público. Se hablaba de marketing, de arreglos comerciales, de grandes sumas de dinero aportadas por las principales marcas de la región para que fuera su principal figura la que promocione el inicio de la Copa de Campeones. Leon, además, se permitió dedicarle una mirada y un tono mucho más desafiante al comunicado, invitando a todos los competidores a dar más que el máximo de sus fuerzas en cada combate. Los esperaría, pues, en lo más alto. Solo uno tendría la oportunidad de enfrentarse a él por el título más importante que un entrenador podía recibir.

—Treinta y dos…. —murmuró Victor hojeando un periódico que alguien había dejado en un banco dentro de la estación de Wedgehurst—. Tan solo treinta y dos retadores consiguieron las ocho medallas para entrar al torneo. ¡Waaah, no sabía que tan pocos podían completar el desafío!

Prácticamente tres cuartas partes del diario eran información y noticias relacionadas a la gran competencia de la Liga Pokémon. No había tocado un diario desde que comenzó su viaje junto a Hop, que solía animarlo más a revisar reportajes y análisis de batallas en sus revistas dedicadas al entrenamiento competitivo, y no se preocupaba demasiado por las noticias que tuvieran que ver con cualquier otro tema. Por eso mismo, se sintió un poco avergonzado cuando encontró su diminuta foto en medio de las otras con las caras de sus rivales en la Copa de Campeones. Las fotografías rodeaban una misma imagen: la del propio Leon, enmarcado en una corona de márgenes dorados que parecía opacar a todos los demás.

Allí también encontró la fotografía de Hop, justo al lado de la suya, y un poco más arriba la de Gloria, que se había convertido en una de las favoritas para alzarse con la victoria, aunque las encuestas siempre señalaban que, ganase quien ganase, ninguno de ellos podría arrebatarle el título al campeón del Charizard. Ahí estaba Shima Doryoku, con su porte serio y rígido, sobre el que el diario mencionaba que había conseguido hacerse con las ocho medallas sin sufrir una sola derrota, y habiendo dejado que los líderes le debiliten apenas a cuatro pokémon en total, en cuatro oportunidades distintas. Otro claro favorito. Se alegró de ver una mención a Gear, que estaba entre los diez pokémon más populares de entre todos los que lucharían en Wyndon, e incluso un comentario a modo de curiosidad que marcaba que Victor había conseguido su séptima medalla venciendo a la líder Marnie utilizando a su aguerrida Snom. Era una noticia tendenciosa, claro, y posiblemente buscaba dejar mal parado a Spikemuth y al Team Yell, para variar, pues no había sido precisamente una Snom la que había vencido esa noche, sino su forma evolucionada, desatando Ayla todo su poder.

Estaba leyendo los comentarios del público acerca de sus favoritos y predicciones para la competencia cuando oyó un férreo batir de alas al otro lado de la salida, y una ráfaga de viento hizo volar algunas hojas del diario cuando el gorjeo de un Corviknight lo hizo levantar de su asiento. Iba a correr fuera de la estación, pero Gloria fue más rápida —o estaba más ansiosa que él por partir—, y la vio entrar a toda prisa mientras esquivaba gente y se tropezaba con valijas de los que aguardaban para abordar los diversos trenes en cada uno de los andenes.

—¡Por acá, Gloria! —la llamó el chico sacudiendo el diario por el aire, y desperdigando otras varias hojas por el suelo. Una pareja de ancianos que pasó a su lado le dedicó una mirada reprobatoria al muchacho, que se agachó rápidamente a recoger todo nuevamente, mientras su amiga se acercaba.
—¡Ajá, así te quería agarrar! —le dijo ella—. ¡Leyendo periódicos viejos!
—No es viejo —gruñó el muchacho, pasándole a Gloria la página donde figuraban las fotografías, estadísticas y curiosidades acerca de los retadores—. Mira quiénes están entre los treinta y dos competidores.
—¡¿Tan solo seremos treinta y dos?! —se escandalizó la chica, pegándose el papel a la cara—. ¡Nooo! ¡Mi foto es horrible! Un momento, espera, la de ustedes es peor. ¿Por qué Hop le guiñó un ojo a la cámara?
—No lo sé, supongo que pensó que era una forma inteligente de conseguir novia —se encogió de hombros el castaño.
—No tuvo la misma suerte ganándole a Nessa en su gimnasio que tú venciendo a Marnie en Spikemuth, ¿eh? —alzó las cejas Gloria, dándole un golpecito con el codo—. Por cierto, ¿tuviste noticias sobre él?
—No, pero recibí esto hace un rato —Victor le enseñó la pantalla de su SmartRotom, donde figuraba un mensaje de número desconocido que rezaba: “Hola, Victor. Hop está en camino por su cuenta, pero posiblemente lo encuentren en la estación Colina Blanca, a los pies de la Ruta 10. ¡No lo esperen en Wedgehurst o llegarán tarde! Nos vemos en Wyndon. Saludos para Gloria. Leon”—. ¿Qué te parece? El idiota se fue hasta allá jugando al lobo solitario.
—Lo sospechaba —suspiró ella, encogiéndose de hombros—. Está bien, supongo que todos tienen derecho a entrenar a su manera. También desapareció un día entero luego de perder contra Kabu.
—Espero que tú también hayas estado entrenando —le sonrió Victor, y Gloria adivinó cierta chispa de rivalidad en su mirada—. Yo encontré el lugar perfecto para hacerlo con mis pokémon estas últimas semanas: ¡El Bosque Oniria! Siempre había pensado que solo debía preocuparme por los lobos y por… bueno, perderme. Pero hay toda clase de pokémon geniales a buen nivel ahí. Hasta pude conseguir un Musharna y otros dos Corviknight.
—¿Para qué quieres otros Corviknight? —alzó una ceja ella. Victor agachó la cabeza, un poco apenado.
—Bueno… a decir verdad, pensé que podrían llevarnos hasta Wyndon más rápidamente. Pero no estaban muy habituados a volar largas distancias, probé ir con ellos hasta Motostoke un par de veces y se agotaban antes de llegar al Área Silvestre.
—Pues mejor así —infló Gloria los cachetes, ofendida—. Al fin y al cabo, no habrían podido llevarnos a los tres, porque uno de nosotros ni siquiera vino. Además, dicen que la comida del tren es exquisita.
—¿Dónde oíste eso? —murmuró Victor con cara de asco. Le sorprendía que una chica que vivía en uno de los restaurantes más prestigiosos de Galar se interesara por la comida para pasajeros en los trenes de larga distancia, además de considerar rápidamente el hecho de que, probablemente, esa sería la primera vez que ella viajaría en tren a alguna parte.
—Lo leí justo aquí —le sonrió ella con esplendor, enseñándole el reverso de la misma página donde anunciaban a los competidores de la Copa de Campeones. Allí se veía claramente una propaganda al servicio ferroviario de Galar. Victor arqueó una ceja.
—¿Sabías que los trenes son propiedad de Macro Cosmos, no?
—¡Mierda! —pisó fuerte Gloria, abollando bajo sus borcegos una botella de plástico que alguien había arrojado al cesto sin buena puntería, y escandalizando a otra pareja de viejitos que pasaba por ahí, y que le dedicó miradas furtivas a la entrenadora—. Lo siento, lo siento —Se disculpó ella con pronunciadas reverencias, para después volverse hacia su amigo—. ¡Estoy harta de Macro Cosmos! ¿Seguro que tus Corviknight no pueden llevarnos?
—Gear podría, ahora que solo somos dos —consideró Victor, justo cuando un hombre uniformado sopló un silbato desde el andén más apartado, sacudiendo el brazo en dirección al tren de color azul y magenta que acababa de llegar.
—¡En cinco minutos parte el expreso a Wyndon! —anunció el hombre con aspecto aburrido al tiempo que la gente abandonaba los vagones dirigiéndose fuera de la estación por una salida lateral. Venía repleto desde la otra punta de la región, pero desde Wedgehurst tan solo arribaron un puñado de personas. Victor y Gloria cruzaron miradas de incertidumbre, y finalmente la chica suspiró, agachando mucho la cabeza.
—Qué más da —dijo ella—. No sé si convenga agotar a Gear con un viaje tan largo si estamos a unos pasos del tren.
—No estará tan mal —la animó Victor, cargando su pesado equipaje sobre los hombros mientras ella se limitaba a arrastrar un bahúl con rueditas y su eterno bolso de cuero en la espalda.
—¡¡Nos vamos a Wyndon!! —gritó la chica con entusiasmo, llevándose otra mirada desdeñosa por parte de las personas que pasaban en sentido opuesto. Realmente eran bastante reservados los del sur de Galar.

Las campanadas de fondo pusieron la nota alta a su ingreso en el expreso a Wyndon, que realizaría breves escalas en los puntos más importantes de la región para que suban paulatinamente los pasajeros con destino a la ciudad elegida para celebrar la Copa de Campeones. Desde Wedgehurst, sin embargo, las cabinas de pasajeros mostraban más bien poca gente, siendo Victor y Gloria de los pocos entrenadores certificados que participarían del torneo, y que abordaron tras presentar sus identificaciones en el lector digital de los molinetes sin que se les cobre un centavo. Por recomendación expresa de Marnie, habían ido lo más casuales y poco llamativos que podían, y se pusieron gafas oscuras para no ser reconocidos durante el viaje. Lamentablemente, que ambos hubieran elegido camisetas blancas y jeans comunes, así como el mismo tipo de gafas, solo les daba un aspecto más excéntrico en conjunto, como gemelos con muy poca personalidad, y algunos pocos pasajeros los miraban al otro lado de la cabina arqueando cejas y murmurando en voz baja, pues esos dos les sonaban de algún lado. Quedaban tan solo dos días para el inicio del torneo, y el ambiente competitivo se respiraba ahí dentro como una prisión de entusiasmo desbordante.

Victor y Gloria intentaron relajarse todo lo que pudieron, mirando ilusionados por la ventanilla cómo el paisaje cambiaba, y comprobando el primero que, esta vez, el tren sí conseguía cruzar por dentro el Área Silvestre sin detenerse por fuertes nevadas que obstruyeran el camino. Cruzaron puentes entre montañas a través de las nubes surcadas por Unfezant, penetraron las cavernas sobrevoladas por Noibat y Noivern, bordearon la orilla de un enorme lago donde una bella criatura serpenteante de colores crema y rosa se perdía tras un manto de neblina y las infinitas praderas antes de alcanzar Motostoke, donde toda clase de especies trotaban y pastaban a sus anchas. Tras una breve escala en la ciudad de fuego, donde unos cuantos entrenadores subieron, el tren continuó raudamente hacia Hammerlocke. Allí subiría la mayor cantidad de pasajeros, completándose casi en su totalidad la grilla de participantes en la Copa de Campeones, así como algunos amigos, familiares y público vip que había ganado entradas reservadas para dicho evento gracias a concursos, sorteos y contactos adecuados con las altas cabezas de la Liga Pokémon. Entre los privilegiados, además, se hallaban los propios Líderes de Gimnasio convocados para el evento, y aunque todos ellos contaban a su disposición con una flota de los mejores aerotaxis en Galar, algunos parecían haber optado por la vieja costumbre de trasladarse con el sistema sobre rieles. Así, los chicos no tardaron en ver un par de coletas negras a través de la puerta corrediza de su cabina, mientras una roedora eléctrica en sus brazos chillaba alegremente al encontrarlos dentro.

—¡Pekooo! —exclamó Hysteria felizmente al saltar de los brazos de Marnie a los de Gloria, que la recibió con mucho cariño. Victor amagó con levantarse de su asiento para recibir con el mismo entusiasmo a Marnie, pero la pelinegra le hizo un discreto gesto que lo frizó en el lugar, y se sentó tranquilamente a su lado dándole un suave beso justo antes de que alguien más ingrese a su cabina, arrastrando los pies con una ceja crispada. Era un muchacho pálido y de cabello platinado y totalmente ondulado, que formaba un prolijo conjunto de espirales sobre su cabeza.
—¡Marnie! —la saludó Gloria, radiante, justo antes de ver entrar al otro chico—. ¡¿Bede?! ¿Qué haces aquí?
—Dicen que si viajo en la misma cabina de ustedes, hay más posibilidades de que suceda algo emocionante durante este largo y aburrido viaje —respondió el rubio, sonriendo con cortesía y falsedad antes de sentarse al otro extremo del asiento en el que iba ella.
—Opal le dijo que viniera —explicó Marnie, al tiempo que Hysteria regresaba con ella y se hacía una bolita en su regazo. Como de costumbre, vestía de negro, mientras que Bede lucía una camisa rosa pálida junto a pantalones entallados turquesa y un saco a juego. Estaba muy formal, aunque no parecía ser la clase de atuendo que vestiría por decisión propia.
—Dice que debo empezar a codearme con otros líderes y miembros de la Liga si quiero sucederla en el gimnasio —comentó el rubio con aires de suficiencia. Victor entornó la mirada.
—Parece que tiene muchas expectativas puestas sobre ti.
—Y eso que mordiste el polvo en tu primer encuentro oficial de gimnasio —lo provocó Gloria, desviando la mirada hacia la ventanilla desinteresadamente tras soltar la bomba. Pero Bede no se inmutó, y ensanchó una sonrisa maliciosa mientras la miraba de reojo.
—Te sorprenderías de haber visto los siguientes encuentros que disputé ahí —murmuró con malevolencia, antes de dirigirse a Marnie—. Tú fuiste mucho más suave con los pocos retadores que permití que avanzaran hasta tu gimnasio, en cambio.
—Solo a los que podrían poner en aprietos a mis amigos —respondió Marnie, con cara de nada, mientras Victor y Gloria la pinchaban con los ojos.
—Que atenta, gracias —le dijeron al unísono, crispando una ceja.
—Sea como sea, es prácticamente un hecho que me volveré líder en Ballonlea más temprano que tarde —se regocijó Bede—. Afortunadamente, esa bruja no esperaba morirse para que la sucediera en el cargo. De ser así, posiblemente me habría muerto yo primero, pero por suerte conservaba cierta cordura.
—Parece que ella y Magnolia tomaron decisiones parecidas hacia el final de sus carreras —especuló Victor, mirando el cielo despejado e inmóvil mientras el tren avanzaba entre montañas.
—Claro que no podríamos compararte con Sonia —le dijo Gloria a Bede, y el muchacho hizo una mueca de desprecio.
—Como si ser profesor implicase algo más que entregarle obsequios a niños y recibir elogios por vivir encerrados en un laboratorio.
—Pues tú piensas encerrarte en ese teatro y entregarle medallas a niños —opinó Marnie, y Victor tuvo que contener la risa ante la repentina provocación.
—Te recuerdo que también ejerces en un gimnasio —le susurró Bede con filo en la voz. Marnie se limitó a desviar la mirada, con una minúscula sonrisa en los labios al ver pasar una bandada de Mandibuzz al otro lado de las ventanas.
—¿Cómo se encuentran Piers y Joan? —preguntó Victor, de repente, recordando que las últimas veces que habló con ella se tocó muy poco el tema.
—Con un poco de suerte, le darán el alta durante este mes, aunque tendrá que permanecer en casa un tiempo más.
—Me alegra saber que puede continuar recuperándose —le sonrió Gloria, recordando la horrible forma en que ese Bronzong la había atacado fuera de Spikemuth.
—¿Es una broma? —irrumpió Bede—. Seguir con vida es lo peor que le podía pasar a esa idiota. Rose no la dejará en paz.
—Oye, Bede-- —le advirtió Victor subiendo un poco el tono, pero Marnie le dio una palmadita en la pierna para tranquilizarlo, negando con la cabeza.
—Lo dice porque él pasa por lo mismo que ella —murmuró Marnie, cerrando los ojos. Gloria miró a Bede de reojo, pero el chico había borrado toda sonrisa socarrona de sus labios.
—Yo lo veo bastante más afortunado, bajo el ala de Opal en Ballonlea —dijo ella.
—No fui afortunado por esa bruja —replicó Bede—, fueron ustedes los que me impidieron morir aquella vez. Ese tipo se aburrió de mí precisamente cuando vio que ya no le temía a la muerte.

Victor y Marnie se miraron cómplices, sonriéndose mientras Gloria optaba por callar y sumirse en sus pensamientos. Bede, sin embargo, sabía que lo que había dicho no constituía una verdad exacta, sino más bien una mentira velada. Ni siquiera lo había hablado con su maestra en Ballonlea, pero la imagen de ese muchacho esbelto, de cabello largo y galera con claras habilidades psíquicas lo atormentaba desde ese entonces, apareciéndosele a la distancia, entre los árboles, los hongos y los edificios brillantes del poblado oculto en Glimwood. Incluso, si agudizaba la mirada, podía llegar a verlo en el mismo reflejo de la ventanilla del tren, que se deslizaba implacable como una serpiente de acero hacia los confines de la región, donde un manto de nieve parecía cubrir todo lo que tocaba la vista.

La calefacción se encendió automáticamente cuando ingresaron en las montañas nevadas, casi llegando a Circhester, y los pokémon voladores dejaron de verse mientras aumentaba el número de especies de hielo y lucha en el camino, pues muchos elegían ese clima como el preferido para fortalecer músculos y endurecer huesos. Desde ese punto, no tardaron más de una hora en arribar a la estación con un campaneo que anunciaba la llegada a destino. O eso creían, hasta que por las ventanillas comprobaron que todo lo que se veía eran árboles nevados y nulo rastro de civilización.

—“Estación Colina Blanca: última parada para los entrenadores registrados para la Copa de Campeones. A todos ellos se les solicita aguardar en sus cabinas. Próxima estación: Ciudad Wyndon” —anunció una voz formal por los parlantes. Victor y Gloria cruzaron miradas de incertidumbre, mientras que Marnie y Bede se levantaban de sus asientos y salían tranquilamente.
—Los esperamos afuera —les dijo Marnie, jalando a Bede de un manga, pues el rubio no parecía tener demasiadas intenciones de salir de ahí—. El trámite de inspección puede tomar un rato si hay entrenadores con ID’s falsificadas.
—Traten de buscar a Hop —le pidió Gloria. Bede hizo rodar sus pupilas.
—¿Hop? Pensé que se había acobardado a último momento y no participaría.
—Sabes que él nunca haría eso —respondió Victor, sonriendo con sencillez—. Dijo que nos esperaría aquí. Posiblemente Leon le había dicho que sería el último destino posible para nosotros, y por eso no fue hasta Wyndon.
—Muy perspicaz —arqueó una ceja el rubio, perdiéndose de vista por el largo pasillo hacia la salida. Marnie los saludó con una mano, y lo siguió un poco más atrás.

Mientras Gloria espiaba por el borde de la ventana, Victor hacía lo propio viendo fuera de la cabina cómo dos empleados de la Liga ingresaban con planillas y escáners portátiles revisando a los entrenadores en sus asientos, autorizándolos uno a uno a salir del tren. Al parecer, la dirección general de la Liga Pokémon consideraba apropiado que los participantes realizaran una última caminata a través de la Ruta 10 para llegar a Wyndon a pie, pues eso formaba parte del espíritu del entrenador aventurero, y no solo disputar combates en estadios arrojando sus mejores ataques a diestra y siniestra. Después de todo, un auténtico entrenador ponía a prueba su valía y experiencia en los territorios más hostiles e inhóspitos, además de aventurarse en ellos para conseguir a los pokémon que los acompañarían en sus viajes.

Un inspector llegó finalmente a su cabina, y los chicos presentaron sus SmartRotom con las identificaciones pertinentes. El hombre les entregó unos formularios que deberían completar y presentar en el Estadio de Wyndon. Tenían tiempo hasta las ocho de la noche del día siguiente, así que no podrían distraerse ni retrasarse demasiado en la Ruta 10. Tras recoger sus bolsos y abrigos, los chicos salieron de la estación con los rostros ardiendo de entusiasmo, incluso cuando todo a su alrededor era blanco, gris y azul oscuro. Apenas podía verse un poco de verde en algunos árboles, pero el ambiente que rodeaba la estación Colina Blanca justificaba completamente ese nombre. Junto a la puerta principal había un par de carretillas sin corceles, que parecían reservadas a entrenadores apresurados que contasen con monturas adecuadas para llevarlos y para personal de la Liga Pokémon que debiera viajar a la ciudad si el tren sufría alguna avería. El clima montañoso en el norte era demasiado hostil para cruzarlo volando con especies que no fueran Corviknight, y no existía ninguna ruta marítima para llevarlos directamente a Wyndon, así que a los entrenadores no les quedaba más alternativa que avanzar a pie sobre la nieve, abriéndose paso cuesta arriba hasta cruzar al otro lado del monte nevado.

Gloria veía como algunos entrenadores se alejaban raudamente hacia el norte, muchos en grupo y otros por su cuenta, cuando Victor la llamó dando la vuelta al edificio. Allí estaban Marnie y Bede, delante de un banco alargado de madera bajo el techo de la estación. La nieve caía lentamente a un lado, amortiguada por las canaletas de acero del tejado que le hacía sombra al chico que dormitaba cubierto por una manta de hilo, roncando con la boca abierta y una gota de saliva congelándose sobre su mejilla. Marnie tenía las manos en la cintura, Hysteria echaba chispas entre sus brazos y, a un lado, Bede lo observaba seriamente, apuntándole con su propio SmartRotom y grabándolo.

—“Título de campeón, allá vamos… en mis sueños” —escribía Bede antes de enviar la publicación a Pikagram. Gloria le arrebató el teléfono a último momento para que no suba el video.
—¡Hop! —exclamó ella.
—No se despierta ni con una descarga de Hysteria —suspiró Marnie, mientras Victor se agachaba a un lado del banco y lo sacudía con una mano—. ¿Se murió?
—No deberías preguntar eso después de electrocutar a alguien con tu Morpeko —sonrió Bede con malicia.
—¡¡Hop!! ¡¡Tenemos que ir a Wyndon!! —lo sacudió Gloria, agarrándolo por el cuello de la camiseta. El chico abrió los ojos súbitamente, pero su cuerpo ya estaba hundido en la nieve a un lado del camino, pues había rodado bruscamente para escapar de las garras de su amiga. Cuando levantó la cabeza, con medio rostro salpicado de nieve, esbozó una enorme sonrisa al ver a todos sus amigos de pie bajo el tejado de la estación. Luego notó que Bede también estaba ahí, y arrugó el entrecejo.
—¿Qué hace él aquí? —balbuceó, apuntándole con el dedo tiritando por el frío—. ¡Esta ruta es para los aspirantes al torneo!
—Aparentemente también es para dormir siestas volviéndote el hazmerreír del resto de competidores —entornó los ojos Bede, sonriendo con recogido al ver cómo otros retadores salían de la estación y pasaban riendo por lo bajo a causa del bochornoso despertar de Hop.
—Cualquiera estaría agotado después de un entrenamiento intensivo —se jactó Hop, malhumorado, mientras se ponía de pie y palpaba la ropa para sacarse escarcha de encima—. ¡Hola, chicos! —Los saludó animadamente dándole la espalda al rubio, como si no existiese—. ¡Qué alegría verlos! Parece que llegaron bien, ¿eh? Y eso que desconfiábamos un poco de los trenes de Macro Cosmos.
—Son solo trenes —se encogió de hombros Marnie, mientras Victor le tendía la mano a su amigo y Gloria le daba un abrazo.
—¡No deberías haberte dormido en medio de un lugar como este! —lo regañó ella, viendo entre los árboles las sombras veloces de los Sneasel en constante acecho, así como los rugidos distantes de especies que parecían camuflarse entre la nevada, y que intuyó podían tratarse de pokémon tan peligrosos como Beartic o Abomasnow.
—Me cansé de esperarlos —le sonrió Hop, dándole cariñosas palmaditas en la cabeza—. Quiero creer que estuvieron entrenando tanto como yo.
—Así es —sonrió Victor, echándole una rápida mirada de complicidad a Marnie—. Me preparé en el Bosque Oniria. Resultó ser un lugar muy desafiante para Punkelly o Ayla, y Marnie nos echó una mano para fortalecer a los que mejor se desenvolvían naturalmente en ese entorno, como Haneki y Gear. ¡Tendrías que haber visto el tamaño de los Corviknight que vivían en lo más profundo del bosque!
—Bah, imagino que por eso mismo no debían volar demasiado bien —comentó Hop con desdén, sacudiendo una mano mientras ensanchaba una sonrisa peculiar—. ¿Y tú, Glo?
—Bueno… —Gloria pareció debatirse internamente si decírselo o no, pero Marnie le dio una palmadita en el hombro para darle ánimos y, tras un largo suspiro, habló—. Estuve entrenándome con Nessa en Hulbury —Tanto a Hop como a Victor casi se les cae la mandíbula al suelo de la sorpresa, pero Gloria hizo como que no lo notó y prosiguió—. Vino a casa un día y nos quedamos charlando hasta tarde, es mucho más simpática de lo que parece de buenas a primeras. Me dijo que se convenció de entrenarme después de ver mi batalla con Raihan, además de confesarme que el haber comenzado mi viaje con un Inteleon le hizo sentir cierto favoritismo.
—¡No puedo creerlo! —se escandalizó Hop, echando humo por las fosas nasales—. ¡Pasé todos estos días sufriendo con ese viejo raro mientras tú estabas con nada menos que Nessa, la sirena de Hulbury!
—Sabes que no le cae tan bien ese apodo, ¿no? —le gruñó Gloria con una ceja crispada, al tiempo que Bede murmuraba algo sobre lo básicos que eran esos dos.
—¿Qué dijiste que estuviste haciendo con un viejo raro? —preguntó Victor ladeando la cabeza.
—Debe haber entrenado con un enjambre de dentaduras postizas asesinas —comentó Marnie como si aquella idea fuera la cosa más divertida del mundo, aunque todos la miraron raro. Hop sacó pecho e infló las fosas nasales con aquella cómica expresión de grandeza mientras se descolgaba la mochila y algo más que colgaba detrás de su espalda, enseñándole a todos el escudo oxidado que habían conseguido en Oniria, solo que ahora presentaba dos hondas abolladuras en el centro.
—¡Miren esto! ¡Los puñetazos de Cheepo mejoraron un montón! Y eso que esta cosa es increíblemente resistente, se los juro —Victor, Marnie y Bede se pusieron pálidos de la impresión. Gloria, por su parte, ardió en un rojo furioso mientras los ojos casi se le salen de las cuencas, considerando seriamente sacar su espada para partírsela por la cabeza.
—¡¡¿Te volviste completamente loco, idiota?!! ¡¡No puedes hacerle eso al escudo!!
—¿Qué más da? —levantó los hombros Hop—. De todos modos, no esperarán que salvemos al mundo de la supuesta Negra Noche con esta chatarra de hojalata, ¿o sí? Los utensilios de cocina de mi abuela serían más útiles.
—Son reliquias, Hop —se lamentó Gloria, acariciando el escudo abollado con una mano, como si haciéndolo sus malas energías quedasen encerradas en ese objeto y no tuviera más necesidad de golpear a su amigo—, tienes que cuidar de ellas. Es parte de nuestra historia-- ¡Victor! ¡Deja de hacerle ojitos a Marnie y dile algo a tu amigo!
—¿Eh? —se percató el castaño, que había agarrado la mano de Marnie por lo bajo—. Ah, sí, ehm… Al menos no te quedaste con la master ball.
—Ustedes dos —murmuró Hop desviando la mirada hacia Marnie y Bede—. ¿No deberían haber seguido hasta Wyndon? ¡No me digan que van a participar!
—Ya puedes ir haciéndote ilusiones —replicó Bede—, porque no tendrás que enfrentarte a nosotros. Aunque la competencia no estará tan mal.
—Solo queremos acompañarlos —afirmó Marnie, e Hysteria levantó los brazos con entusiasmo—. Caminemos juntos estos últimos pasos.
—¡Tsk! Ni hablar —Bede se adelantó unos pasos y liberó a su Rapidash con un distinguido movimiento de muñeca, subiéndose con destreza a su lomo mientras le acariciaba el largo cabello turquesa que caía a un lado de su cuerno—. Solo aprovecharemos para volvernos más fuertes. Su amistad pudo llevarlos hasta acá, pero en Wyndon… las cosas son diferentes. Ahí deberán valerse por ustedes mismos si quieren ganar. Cada amigo será un enemigo más en la Copa de Campeones. Piénsenlo bien.

Tras decir esto, y con un suave golpecito de su bota contra el muslo trasero de Bella, la yegua psíquica comenzó a galopar sobre la nieve con sorprendente gracia, sorteando el inestable y profundo camino como si suprimiera todo el peso de su cuerpo al apoyar los cascos en la superficie. Todos se quedaron perplejos ante la repentina huida de Bede, aunque también estuvieron de acuerdo, tácitamente, en que posiblemente se habría abochornado demasiado por la propuesta de Marnie.

—No puedes esperar que ese idiota se quede a tu lado cuando acabas de decir una frase tan cursi —le sonrió Hop a Marnie, dándole un suave codazo—. Aunque parece que sirvió para conquistar a… otro idiota.
—¿Quieres que probemos ese escudo tuyo, amigo? —propuso Victor con una espléndida sonrisa, mientras se tronaba los nudillos de la mano izquierda.
—¡Vaya! Pero miren a quiénes tenemos aquí: ¡Los consentidos del campeón! —justo cuando un agudo pitido indicaba la partida del tren rumbo a Wyndon, un grupo de tres amigos apareció fuera de la estación y se topó con los chicos sobre la nieve. Victor y Marnie giraron las cabezas para ver a los que se acercaban, mientras que Gloria llevaba instintivamente una mano a la correa de su bolso donde pendían sus seis pokébolas. El tono con el que uno de ellos había hablado no le resultaba especialmente amistoso—. Deben haber sudado sangre y lágrimas para hacerse con las ocho medallas teniendo un representante como ese, ¿me equivoco?

Dos de ellos eran bajitos y regordetes, mientras que el hablador se trataba de un chico de unos dieciséis años, bastante alto y con desordenado cabello oscuro que se revolvía sobre sus ojos rasgados. Tenía una sonrisa petulante casi tan pronunciada como su barbilla, y vestía una chaqueta de cuero roja así como ropa andrajosa de color gris llena de grafitis y calaveras. Marnie arqueó una ceja al verlos llegar, pues parecían un grupo de idiotas demasiado bobos como para pertenecer al propio Team Yell. Sin embargo, tanto Victor como Hop parecieron reconocerlos al instante.

—¿Nos conocemos? —se les adelantó Gloria, dando un paso al frente. Ni siquiera valía la pena contestar la pregunta provocativa que ese sujeto les había hecho.
—Tal y como imaginaba —farfulló el tipo—. Son tan vanidosos que ni se toman la molestia de estudiar a sus posibles adversarios en la Copa de Campeones.

Hop levantó la mano, como si estuviera en clases.

—Eres Dennis Typhlosion, ¿no? —aquello terminó de devolverle a Victor el recuerdo que necesitaba para identificar al imbécil de mandíbula pronunciada. El mismo que iba un par de años por delante de ellos en la Escuela Primaria de Wedgehurst, y que había intentado darle una cálida bienvenida al castaño usando sus puños en su primer día de clases. A su lado, uno de los dos muchachos regordetes parecía ser Karl, bastante más silencioso, y al otro no lo conocían, pero no les habría sorprendido en absoluto saber que ese tal Dennis había clonado a su esbirro para tener otro idiota siguiéndole los pasos y acosando a los demás.
—Es Dennis Thyfision, idiota —gruñó el grandulón, mientras Hop ensanchaba una sonrisa ruin.
—Oh, perdóname, creía recordarlo bien —se excusó con ironía—. Aunque parece que tu fea cara es más memorable que tu apellido en esta Liga. Tal vez por eso ella no te reconoció.
—Hey, Hop, no te pases —murmuró Victor en voz baja, detrás de su amigo. Gloria escudriñaba al nuevo grupo con aparente calma, al igual que Marnie, pero la roedora eléctrica y siniestra en sus brazos sacaba tantas chispas que parecía indicar lo contrario.
—Es gracioso que digas algo como eso cuando tú no eres más que un apellido en esta Liga —replicó Dennis, acercándose cada vez más hasta detenerse a menos de un paso de distancia del peliazul—. Te conviene hacerle caso a tu amigo, si eres listo. Porque mi equipo pisa fuerte, y podría aplastarte ahora mismo si quisiera.
—Dudo que pise tan fuerte como esos gordos amigos por los que te gusta estar acompañado —retrucó Hop, ansioso por provocar al bravucón—. Dime, Dennis: ¿tienes alguna clase de fetiche extraño? ¿Hay algo que quieras contarnos?
—¡Hop! ¡Tranquilo! —lo alertó Gloria, viendo que el chico se llevaba una mano a la espalda. Pese a su comentario, los dos amigotes de Dennis se habían quedado callados un poco más atrás. A diferencia del grandulón, ellos no parecían atreverse a desafiar directamente a entrenadores hábiles como ellos, que incluso iban acompañados por una ya conocida líder de gimnasio. ¿Tal vez Dennis era el único anotado en la Copa de Campeones, y los otros dos solo iban con él en calidad de acompañantes?
—¡¡Demuestra que eres algo más que tu apellido, infeliz!! —rugió el sujeto, perdiendo completamente los estribos, mientras arrojaba una ultra ball verticalmente y liberaba una criatura bípeda en el aire que dio una voltereta y aterrizó en medio de ellos.

Se trataba de un luchador con largas piernas como resortes y una contextura fuerte. Con piel marrón, brazos cortos y fibrosos de tres dedos y un par de ojos oscuros y almendrados en un rostro que no parecía dividirse de su torso, desprovisto completamente de boca. El Hitmonlee dio un par de saltos cortos giratorios arrojando patadas impresionantes que salpicaron nieve y escarcha sobre la ropa de Hop, pero el peliazul le sostuvo la mirada a Dennis con una sonrisa que dejaba en claro que no estaba nada impresionado, ni mucho menos arrepentido de lo que había dicho. Un SmartRotom asomó junto a su oreja: era Victor, intentando escanear la información de ese pokémon tan llamativo.

“Hitmonlee, el Pokémon Patada. Este pokémon tiene un sentido del equilibrio increíble, pudiendo dar patadas desde cualquier posición. Puede encoger y estirar las piernas a su antojo, logrando incluso propinar patadas a oponentes que se encuentran lejos”

—¡¡Vamos, tarado!! ¡¡Envía a tu pokémon!! —exigió Dennis mientras hundía un pie en la nieve y la pisoteaba con impaciencia. Sus amigos habían retrocedido tanto que parecían dispuestos a huir de cualquiera de ellos, incluso del propio Dennis. Hop mantenía la sonrisa, con una mano ligeramente echada hacia atrás sobre su espalda, pero el cinturón de pokébolas sin cambios. Marnie se puso a su lado, suspirando con resignación.
—En realidad, tenemos bastante prisa por llegar a Wyndon —dijo, mirando acusatoriamente a Hop.
—Pero si es la flamante líder de Spikemuth —entornó la mirada el adversario—. Otra incompetente que llega alto por su cara bonita-- ¡Oh! Lo siento, por ser hermana de alguien más. ¿No te suena eso de algún lado, Owen?
—Los apellidos son solo eso —comentó Hop, ladeando la cabeza con despreocupación—: algo que va detrás del nombre. Así como el tuyo irá detrás del mío, y de todos los demás, porque saldrás de Wyndon tan pronto que todos pensarán que jamás entraste. Así que apresúrate si vas a hacer algún movimiento, o aprende a mantener la boca tan cerrada como la tiene tu pokémon.
—Siempre diste vergüenza, mocoso presumido. Nadie te soportaba en la escuela, y seguro no lo hacen esos idiotas que viajan contigo. ¡Solo lo hacen por la fama de tu hermano y el éxito que lo rodea! ¡Pero hasta acá llegó tu narcisismo, y te lo demostraremos ahora mismo! ¡Hitmonlee!
—¡Hitmon! —asintió el luchador, adoptando una postura de combate listo para arrojar una buena patada. Hop no movió un músculo, y al percatarse, tanto Gloria como Victor inflaron sus respectivas pokébolas tan rápido como pudieron.

La huella de la pata con tres garras de Hitmonlee quedó hundida en la nieve cuando el luchador se impulsó por los aires dando una vuelta espectacular mientras recargaba toda la energía en su pierna opuesta, listo para estamparle una patada descendente tanto a Hop como a cualquier pokémon que él o sus amigos quisieran enviar para protegerlo. Sin embargo, Hop permaneció en su lugar, y se limitó a extender un brazo al frente rápidamente, por encima de su cabeza, separando un poco las piernas y girando apenas su cintura para recibir mejor el impacto, que el escudo oxidado —y ahora abollado— sobre su antebrazo amortiguó con pasmosa facilidad, produciendo un eco de acero que se apagó tan rápido como el Hitmonlee y Dennis tardaron en comprender que el ataque había sido insuficiente.

Hitmonlee hizo más fuerza y presión, pero el escudo no cedió ni un milímetro, y el brazo de Hop ni siquiera temblaba por el esfuerzo, como si él no tuviera que hacer nada más que sostenerlo delante de su cabeza. Con un gruñido, el luchador usó la misma pierna para impulsarse hacia atrás, aterrizando junto a su entrenador mientras jadeaba por el esfuerzo que le había supuesto enfrentarse a esa implacable defensa. El rostro de Dennis era para enmarcar, pero los de Victor, Gloria e incluso Marnie no se quedaban atrás. No sin un poco de prepotencia, Hop se volteó hacia Gloria y le sonrió por encima del hombro, entornando la mirada.

—Te dije que este escudo era increíblemente resistente —subrayó—. O tal vez las patadas de ese Hitmonlee no sean tan buenas, después de todo.
—¡¡Cuidado!!

Lejos de amedrentarse, Hitmonlee solo retrocedió para tomar carrera y avanzar nuevamente hacia él. Ahora derrapando entre la nieve, el luchador extendió su pierna como un resorte perfecto mientras cortaba el camino con las filosas garras en su pata y la elevó con una curva perfecta para atacar a su estómago, sin darle tiempo a bajar el escudo. Hop no pareció necesitarlo, y en cambio dejó caer algo que tapaba con el escudo, una sombra que atajó con su brazo libre extendido al frente, desafiando la patada del Hitmonlee. Antes de que pudiera darse cuenta de lo que había pasado, el pokémon de pelea ponía los ojos en blanco y ahogaba un chillido hondo de dolor, pues su pata se había enterrado en el cuerpo redondo y espinoso de un erizo eléctrico que había duplicado su tamaño al extender cada púa de su cuerpo oscuro, rasgando y perforando su piel sin apenas inmutarse.

—¡Hitmonlee! —gritó Dennis, corriendo hasta su pokémon mientras este caía hacia atrás, agarrándose la pata sangrante con los seis dedos.
—Oh, parece que no podrá acompañarte a pie hasta Wyndon —dijo Hop con malicia, rascando la barbijja de Espi, que inflaba los mofletes muy complacido de haber resultado útil otra vez. Victor y Marnie intercambiaron miradas de circunstancia, pero Gloria no pensaba quedarse callada, y avanzó hasta Hop tomándolo por la muñeca y atrayéndolo hacia ella, para darle una seca bofetada. El peliazul recordó inmediatamente el momento en el que Sonia le había propinado una muy parecida en las Minas de Galar, aunque en ese momento estaba actuando como idiota por otra buena razón.
—Ya tuviste suficiente regocijo —le dijo fríamente, alejándolo de ahí como una madre a su travieso niño pequeño—. Nos vamos a Wyndon, ¿ok? Nos estás retrasando a todos.
—No te enojes con él, ese Dennis es un imbécil —le dijo Victor a su amiga, pero cuando intentó acercárseles, Hop lo corrió con una mano mientras tapaba a Gloria con su propio escudo, empujándola hacia un lado mientras una ráfaga de fuego pasaba de largo y estallaba sobre un montículo de nieve, derritiéndolo al instante.

Hitmonlee hacía girar su pierna sana en el aire mientras se apoyaba dificultosamente con las manos, hincando la rodilla de la pata herida en el suelo. Tenía la extremidad inferior encendida en llamas que a Victor le recordaron a las de Haneki, aunque estaba claro que no sería tan bueno como ella para patear fuego, y por eso mismo no consiguió darles a tiempo. De lo contrario, podría haber sido realmente mortífero. Marnie se puso delante de todos, con Hysteria entre sus brazos, justo cuando el luchador arrojó otra feroz patada ígnea al aire expulsando llamas en su contra, pero la cobaya saltó con simpleza y giró sobre sí misma devolviéndole una rueda aural de moderado poder que bastó para desintegrar el fuego y reducirlo a chispas que se perdieron de vista tras titilar unos segundos suspendidas en el aire.

—Entrenador —comenzó la morocha, recuperando su característico tono de voz parco e impersonal—, puedes ser descalificado de la competencia por un ataque a traición como ese, y tengo la autoridad suficiente como para influir en esa decisión. Así que… Ustedes, ¿qué les parece si se llevan a su amigo en paz hasta Wyndon? Podrán resolver sus asuntos pendientes en el torneo.

Los patiños de Dennis no necesitaron ver al Grimmsnarl ni a la Tyranitar de Marnie para sentir un escalofrío cuando la líder de gimnasio les habló, y acataron su sugerencia como una orden, levantando a Dennis por debajo de los brazos mientras le insistían en regresar al Hitmonlee a su ultra ball, pues el peleador seguía dispuesto a luchar incluso con una pierna casi completamente inutilizada. Al ver cómo Hop anteponía su escudo a Gloria y su brazo libre a Victor, así como los ojos gélidos pero, de algún modo, incendiarios de la entrenadora especializada en el tipo siniestro, el brabucón no tuvo más remedio que guardar a su pokémon y marcharse de allí, arrastrando los pies sobre la nieve mientras farfullaba toda clase de insultos e improperios por lo bajo, desapareciendo en medio del granizo.

Tras que el desagradable recuerdo del pasado de Victor y Hop desapareció, una risa estridente resonó en la Ruta 10, y una chica se acercó corriendo mientras jalaba a un muchacho menudo del brazo, apareciendo entre la cortina nevada desde la Estación Colina Blanca. Justo cuando Gloria soltaba un áspero “¿Y ahora qué?” entre los dientes y Hop se sobaba el cachetazo que su amiga le había propinado para bajarle un poco los humos, la nueva entrenadora se presentó con una radiante sonrisa mientras estrujaba el brazo de su acompañante, que parecía intentar esquivarlos a todos con la mirada. Se trataba de una muchacha de la edad de ellos, con largo pelo rubio echado hacia atrás por una vincha blanca, así como un corto vestido blanco a juego que no parecía el más cómodo del mundo para llevar a través de una ruta como esa hasta Wyndon. Apretujaba sus finos y delicados brazos al brazo del todavía más delicado acompañante que tenía: un muchacho de pelo rojizo y prolijo, así como gruesos lentes con mucho aumento y mirada esquiva e insegura, aunque unos brillantes ojos celestes. El chico tenía un pantalón de mezclilla claro y una camisa arrugada blanca con un chaleco gris encima. Al verlos, Victor pensó inmediatamente que así se vería Allister si consiguiera una novia alguna vez. Aunque al menos ese muchacho no era tan escalofriante como el joven líder.

—¡Eso es! ¡Al fin le dieron una lección a ese idiota de Dennis Loquesea! —celebró la chica dando saltitos sobre la nieve, y sacudiendo el brazo de su compañero de arriba abajo.
—Alguien tenía que hacerlo —asintió Marnie súbitamente, mientras Hop asomaba su largo cuello por detrás.
—¡Pero si yo hice todo!
—Nada menos que Hop Owen, ¡qué emoción! —chilló ella, abrazando fuertemente al peliazul sin soltar la mano de su acompañante—. ¡Oliver, pásame el SmartRotom!
—Te pones en vergüenza… —suspiró el chico, resignándose y pasándole el dispositivo poseído de color blanco, que la chica usó de inmediato para tomarse una selfie espléndida mientras rodeaba a Hop por el cuello. Victor se fijó instintivamente en Gloria, pero ella había avanzado hasta detenerse a espaldas de la pareja de recién llegados, escudriñando algo que revoloteaba sobre sus cabezas con curiosidad.
—¡Aaah! ¡Y tú eres Victor Evans! —festejó dando alegres saltitos alrededor del castaño y tomándolo por sorpresa antes de poder identificar aquello que miraba su amiga con tanto interés. Victor se encogió en el lugar mientras la chica se disponía a rodear su cuello y tomarse una selfie, pero algo le arrebató fugazmente el teléfono de la mano, apareciendo en cambio la mirada de Marnie, que pareció helar la temperatura todavía un poco más.
—¿Qué quieres, Kim? —inquirió, tajante.
—¡Presentarme! —replicó ella, con una pronunciada reverencia, antes de voltear nuevamente a Victor y exhibirle su mejor sonrisa—. ¡Mucho gusto, Victor Evans! Soy Kimberly Cerulean (¡Sí! Como la ciudad), y también participaré de la Copa de Campeones. Claro, no iba a venir a dar un paseo por esta ruta con esta pinta. A decir verdad, no pensé que nos iban a bajar antes de llegar a Wyndon… ¡Ah! Este de acá es mi novio, Oliver White. Seguramente lo conozcas, ¡es muy reservado, pero muy fuerte también! —Victor lo conocía, pues era uno de los entrenadores con mejor promedio de victorias durante el Desafío de Gimnasios, y uno de los primeros en recolectar las ocho medallas.
—Mucho gusto, y suerte en el torneo —asintió el castaño con corrección. Kimberly frunció el entrecejo, pues esperaba un poquito más de efusividad por su parte. Decepcionada, la rubia le dio la espalda a Victor y pasó de largo a Marnie, lista para saludar a Gloria, pero cuando extendió su brazo para tenderle la mano a la castaña solo recibió una pregunta por parte de ella.
—¿Por qué soltaste a tu Flapple en un lugar como este?

Sobre ellos revoloteaba un pequeño lagarto con cuerpo de serpiente y brazos flacuchos a los que se adherían cáscaras de manzana curvas que utilizaba como alas rudimentarias para mantenerse en el aire, sacudiéndolas de arriba abajo con cierto esfuerzo mientras el resto de su cuerpo verde tiritaba por la nieve que caía. Tenía un pequeño casco, también de manzana, a través del cual crecía un cuerno en su frente, y miraba a todos con nerviosismo en sus ojos amarillentos. Victor nunca había visto un pokémon como ese, y Hop le dedicó apenas una breve observación desdeñosa, como si no fuera la gran cosa, aunque no pudo ocultar su pena por el ambiente en el que esos dos habían liberado a un pokémon como ese. Intrigado, el castaño le apuntó con su SmartRotom.

—¿Qué clase de pregunta es esa? —sonrió Kimberly, despreocupadamente—. Claro que lo liberé para que pueda fortalecerse. No hay mejor lugar en Galar para entrenarlo, ¿no te parece?
—No, no me parece —replicó Gloria con firmeza. Kim todavía le sostenía la mano, pero no respondió nada más. Transcurrieron algunos tensos e incómodos segundos en los que ninguna dijo nada, y solo se oyó el intermitente aleteo del Flapple sobre sus cabezas. Victor y Hop se miraron, intranquilos, y Marnie parecía buscar algo con la mirada más allá de la cortina de nieve delante de ellos. Finalmente, la castaña se resignó y le estrechó la mano—. En fin, soy Gloria Scott.
—¡Mucho gusto! —asintió Kim con entusiasmo—. Pero te conozco, por supuesto que te conozco. ¡Eres mi favorita para ganar! Tienes una Appletun, ¿no es cierto? Me inspiró tanto verte luchar con Applin, aún siendo un pokémon tan débil, que me propuse a conseguir el mío propio y volverlo todavía más fuerte. Por eso me extrañó que me preguntes acerca del entrenamiento que le doy, pensé que tú harías lo mismo con tu pokémon.
—Me halaga lo que dices —admitió Gloria, y era sincera—, pero nunca expondría a Eri a un clima como este. Confío en lo fuerte que es, pero de ningún modo la arriesgaría. Considero que es mejor entrenar a mis pokémon en los ambientes propicios para que desarrollen sus cualidades individuales. Prefiero que estén en armonía con sus propias naturalezas, y no que deban adaptarse forzosamente a ambientes hostiles. Aunque creo que podrías llevarte mejor con mi amigo, si es por exigirle demasiado a tus pokémon —Añadió finalmente, señalando a Victor con un gesto de cabeza. Kimberly volteó hacia él con luz en los ojos, pero al fijarse en Marnie, que tomaba al chico de la mano suavemente, esa luz se apagó de inmediato.
—Pues es una pena, Gloria —suspiró—. ¡Ah! De todos modos, me encantaría que podamos enfrentarnos en la Liga. ¡Adoro a tu Boltund!
—Kim, tenemos que irnos —murmuró en voz baja su novio, de quien todos parecían haberse olvidado ya, incluyendo a la propia Kimberly.
—Claro, mi amor —sonrió ella, y se alejó de Gloria, pasando entre Victor y Marnie y deteniéndose ante Hop antes de dejarlos—. Te etiquetaré en nuestra foto por Pikagram, ¿sí? ¡Espero que tu hermano pueda verla! ¿Sabes si observará todos los combates del torneo?
—Seguro —respondió Hop con parquedad, como si lo hubiera poseído Marnie de repente.
—¡Muy bien! —asintió ella, dándole unas palmaditas cariñosas en las mejillas al peliazul antes de desaparecer entre la nieve arrastrando a Oliver a cuestas.

Más allá de la nevada, el clima ya se había enrarecido lo suficiente en el grupo desde la partida de Bede. Cuando se perdió a la distancia el ruido de las pisadas hundiéndose sobre la nieve, Gloria soltó un gruñido profundo mientras se agachaba en cuclillas, arañando el suelo blanco con frustración acumulada.

—¡Esa chica me vuelve loca! ¡Es terriblemente falsa, interesada y cruel con sus pokémon!
—Tranquilízate, Glo —sonrió Victor ladeando la cabeza—. Además, tú también eras de exponer a tus pokémon al peligro en el Área Silvestre. No me hagas mencionar de nuevo al--
—¿Onix? —lo pisó ella—. ¡Bah! Los Onix están increíblemente sobrevalorados. Seven jamás estuvo realmente expuesto esa vez, y no costó tanto vencerlo. Distinto habría sido si mandaba a Cookie en su contra, claro… ¡Hop! ¡Defiéndeme! Nosotros vimos a Victor torturando a Punkelly muchas veces para entrenarla.

Pero Hop observaba más allá de ellos, hacia la misma dirección en que Marnie había perdido su vista momentos atrás. Curiosos, Gloria y Victor se les acercaron, entornando los ojos para ver lo mismo que ellos. El vapor salió de los labios de Hop junto a su voz suave e inusualmente apagada.

—Parece que algunos comparten esa clase de filosofía.

Más allá del camino, en el punto más alto del lomo de tierra y nieve donde una fuerte ventisca se arremolinaba, un entrenador vestido de amarillo y negro meditaba con los brazos y las piernas cruzados encima del lomo de un dragón oscuro de tres cabezas que iluminaba todo a su alrededor con cada chorro de fuego que expulsaba, debilitando y ahuyentando inmediatamente a cada pokémon de hielo que se les acercaba furtivamente para atacarlos. Había sombras desperdigadas alrededor, que no eran otra cosa que Sneasel, y un enorme y robusto Abomasnow rodando cuesta abajo por el simple vigor de su rugido agudo y estridente. A diferencia del resto de los competidores, Shima Doryoku no parecía tener apuro en llegar a Wyndon, y aunque su impertérrita expresión no permitiera intuirlo, parecía muy conforme con el lugar que había elegido para descansar, si es que aquello podía considerarse un descanso.

—Perdóname por la cachetada —le dijo repentinamente Gloria, al fijarse en la profundidad de sus ojos ambarinos observando al Hydreigon de Shima masacrando a cuanto pokémon salvaje y peligroso se les acercaba por los flancos—.  Por un momento pensé que debí reservármela para esa tal Kimberly.
—Estuvo bien dada —comentó Marnie, jugando con los dedos de Victor en su mano.
—Estuviste un poco presumido con el idiota de Dennis, admítelo —le sonrió Victor a su amigo, rodeándole los hombros con un brazo.
—Es mi apellido —dijo Hop al aire para que el viento lleve su voz a los oídos de todos sus amigos—. La mitad de todos estos entrenadores no me quieren ver en la Liga solo porque soy hermano de mi hermano. La otra mitad… posiblemente no se haya enterado de que voy a participar.
—Yo no pienso lo mismo —murmuró Gloria, jalándolo suavemente por la manga de su abrigo—. Es más probable que no quieran verte en la Liga porque tienen miedo de enfrentarse contigo. Te has vuelto así de fuerte, Hop.

Ella notó una minúscula estrella fugaz danzando en los ojos del muchacho, pero éste cerró los ojos rápidamente como enterándose de que la habían descubierto, y se volteó retomando el paso hasta el camino principal para salir de la Ruta 10 mientras extendía los brazos hacia ambos lados, como desperezándose. Ahora no podían verlo, pero una boba sonrisa había florecido en su rostro salpicado por copos de nieve.

—¡Pues son unos imbéciles! —le gritó al mundo, mientras sus amigos se acercaban para seguirle el paso—. ¡Un buen entrenador solo buscará a los oponentes más fuertes para ganar!
—Exacto —asintió Victor—. También uno muy idiota. Pero supongo que son cosas que a veces tienen que ir de la mano.
—Entonces… —murmuró Marnie, casi en un susurro que Gloria consiguió escuchar, mientras se fijaba en su propia mano apretando la de Victor—. ¿Tú eres el idiota y yo la buena entrenadora?
—Sí —rio Victor—. Supongo que es así.

La Ruta 10, tanto o más fría que las que conducían a Circhester y Spikemuth, se les hizo más corta y ágil de lo que hubieran previsto al inicio de su viaje. Conforme se volvían más fuertes y experimentados, el mundo se encogía delante de sus pies. Conforme sus lazos se estrechaban, el miedo a lo desconocido se volvía apenas un eco distante en sus cabezas, resonando tan bajo en comparación a la alegría que les daba andar el camino juntos que estaban dispuestos a enfrentar lo que fuera. Claro que, del otro lado del camino nevado, los esperaba un rival como nunca habían tenido hasta ese momento: ellos mismos. Durante el camino bromearon, rieron, se molestaron y, especialmente Gloria y Hop, se dedicaron a captar cada gesto cariñoso o romántico entre Victor y Marnie para abochornarlos, aunque generalmente era el primero el único en ponerse colorado. Gloria demostró una vez más su talento e intrepidez para capturar pokémon demasiado grandes para ser contenidos en el laboratorio de Wedgehurst —le mandaba mensajes de texto pidiendo disculpas a Sonia con cada pokébola que transfería—, tales como un par de Beartic y un Abomasnow que parecía huir del sector donde jugaba el Hydreigon de Shima Doryoku. Victor consiguió un Glalie que le pareció feísimo —y a Marnie, adorable, aunque ella se conformó con atrapar algunos Sneasel—, pero que había oído que podía transformarse en algo muy fuerte en otras regiones, así que lo conservó por mera curiosidad, quizás pensando en entrenarlo más adelante en otro viaje, mientras que Hop avanzó a paso firme ignorando cualquier pokémon salvaje o entrenador que se cruzaban por el camino para combatir. Estaba resuelto a llegar a Wyndon de una vez, y cuanto más se acercaban a lo alto de la colina, más ansioso se sentía por alcanzar esa cima. Una silueta negra se fue haciendo blanca conforme se acercaban, hasta aparecer sobre ella colores rosados, lilas y turquesas con nitidez. Bede se encontraba sobre Bella, y los observaba con una sonrisita sardónica y sus eternos ojos de gato, aplaudiendo lentamente cuando llegaron hasta él.

—Tuve tiempo de ir y volver de Wyndon unas cuantas veces, y de aburrirme en el proceso —comentó el rubio mientras ellos tomaban un poco de aire. Se habían agotado más de lo que sintieron durante el recorrido—. Es una ciudad terriblemente predecible, no se hagan muchas ilusiones.
—No pudes vivir sin nosotros, ¿lo sabías? —jadeó Hop mientras se limpiaba la nieve derretida de la frente y sacudía el cabello como un Yamper mojado.
—No puede ser —musitó Gloria repentinamente, llevándose las manos a la boca sin poder contener su emoción.
—Llegamos, Glo —le sonrió Victor, y Marnie tomó la mano de su amiga al otro lado.
—No está mal —comentó la morocha, viendo más allá de la colina, donde un largo camino recto barría la nieve y reemplazaba el blanco por el verde de sus pastizales y, en la distancia, por el rojo vibrante de sus columnas y muros de piedra bronceada por los rayos del Sol—. Aunque le falta un toque de negro.

La inalcanzable Wyndon se hallaba, por fin, a unos cuantos pasos de distancia finalmente. Una bandada de Corvisquire pasó volando de una punta a la otra, hasta perderse entre altos pinos sobre los cuales todavía podía verse la blanca escarcha. Por encima de los muros, edificios de aspecto clásico y otros muy modernos a lo lejos eran un festín de ansias, entusiasmo y curiosidad para sus ojos, así como una noria de intenso color rojo y las imponentes campanadas de una torre con reloj hacia el noroeste de la ciudad. Un mundo de sueños crecía novedoso más allá de esas paredes, y corrieron por la pendiente de la colina listos para atravesar las puertas hacia la realización de los suyos.


A los pies del estadio había estacionado un helicóptero oscuro en contraste con la hilera de aves de férreo plumaje, que miraban con curiosidad al vehículo. Un piloto anónimo aferraba sus manos al volante y miraba al frente con una gota de sudor cayéndole por la sien, mientras un hombre bajaba por un costado apoyándose sobre un bastón y caminaba con distinción y soltura en dirección a la entrada, subiendo pausadamente los escalones y saludando con una mano a la gente que se había acercado para recibirlo, tras reconocer en vuelo a su helicóptero personal. Llevaba un sobretodo oscuro que le cubría casi todo el cuerpo, con excepción de los finos zapatos en punta de un lustrado marrón y la brillante corbata roja bien anudada en torno a su cuello. Estaba muy delgado, pero disimulaba su condición envolviéndose en ese manto negro y forrado en terciopelo. Su cabello estaba bien rapado en sus lados, y un rizo crecía más que el resto en su frente ancha y despoblada, envolviéndolo como una serpiente hacia atrás. Se volteó para ver desde lo alto la plaza deportiva de Wyndon, donde entrenadores practicaban en las canchas junto al parque y trabajadores comerciaban todo tipo de merchandising relacionado a la Liga Pokémon en el centro, incluyendo las flamantes tarjetas de liga de los participantes de la Copa de Campeones que estaba a punto de inaugurarse. Le sonrió con esplendor a la gente que lo recibió con cálidos aplausos, dejando pasar por alto que no todos lo aplaudían entre la multitud.

Caminó sin compañía al interior de su estadio, de paredes brillantes y translúcidas que dejaban pasar las luces de los reflectores que iluminaban todo en su interior. Tenía forma de rosa, claro, pues el concepto del florecimiento significaba todo para él, y quería que represente todo para sus entrenadores. Allí florecían sueños, deseos y el éxito absoluto por el que tantos luchaban sin cansancio. Para él, ese edificio representaba solo un porcentaje del éxito al que aspiraba. O tal vez no representase nada en absoluto. Sin embargo, el ir sin acompañante suponía un movimiento necesario en ese momento: no podía permitir que una opulenta escolta de guardaespaldas lo siguiera a todos lados. No tenía nada de qué defenderse, pues nadie debería oponerse a los hechos presentados al mundo semanas atrás. Él no era un peligro para la región. Él llevaría a Galar a lo más alto. Solo necesitaba que tome el impulso suficiente para saltar fuera del manto de la oscuridad. Si debía hundirla un poco para conseguir ese impulso, no dudaría en hacerlo. Incluso si tenía que hacerlo solo, como estaba listo para mostrarle al mundo entero.

Esa tarde llevaría a cabo una reunión para coordinar las reglas finales y los parámetros dentro de los cuales se llevaría a cabo la Copa de Campeones. De ella formarían parte los líderes de gimnasio, los réferis seleccionados, agentes de publicidad, algunos escribanos, un puñado de abogados de confianza y, por supuesto, el propio campeón de Galar en persona. Todos ellos firmarían los acuerdos, aunque Rose estaba convencido de que no demorarían demasiado en establecerlos. Después de todo, aquello era una mera formalidad que no requeriría más que de un par de palabras y apretujones de mano a los que estaba bien habituado. Los empleados del staff lo saludaron con reverencias mientras avanzaba con una casi imperceptible cojera, subiendo una escalera espiralada alrededor de la cúpula central hasta llegar a un pasillo que giraba hacia un salón amplio con vistas directas al campo de batallas central. Era un lugar reservado para las altas cabezas de la Liga, conocida también como la “Sala de Campeones”, pues desde ahí aquellos que ostentasen el título podían disfrutar de los encuentros de aquellos retadores a los que, eventualmente, podrían enfrentarse al final del torneo.

La puerta estaba entornada, pero ninguna luz salía a través de la hendija. Rose la empujó sin cavilar, solo para encontrarse con una amplia sala vacía y semi circular. No se hallaba la alargada mesa de reuniones, y apenas conseguía ver la silueta del trono del campeón frente al amplio ventanal con vistas al campo de batallas y a parte de la tribuna. La única luz provenía del exterior, aunque el atardecer se llevaba celosamente los pocos rayos del Sol que todavía podían barrer el gran estadio, además de una hilera de antorchas en las paredes que refulgían llamas tenues que apenas parecían brillar en los puntos específicos donde se hallaban. A Rose le pareció notar que una de ellas se sacudía más que las otras, aunque perdió interés en ello cuando la puerta de madera se cerró pesadamente a sus espaldas. El hombre se giró y empuñó el pomo nuevamente, constatando que había quedado completamente sellada. Tragó saliva, pero finalmente se giró, dedicándole una sonrisa a lo que sea que quisiera tenerlo ahí encerrado en ese momento. Sus ojos verdes estaban casi negros en ese lugar, pero tenían la suficiente fuerza como para no cerrarse por algo tan banal como el temor. Por si acaso, chasqueó los dedos una vez, pero ninguna luz extra se encendió.

—No es la clase de bienvenida que esperaba en mi regreso —se encogió de hombros el presidente, constatando que su voz retumbaba lejos dentro del salón, apagándose un poco hacia el frente, al rebotar el sonido con el trono al otro extremo. Al desaparecer su eco, otra voz emergió desde allí, con una gravedad que le hizo poner un pie atrás instintivamente.
—Las cosas ya no funcionan del mismo modo aquí.

Rose pudo ver el brillo de un par de ojos dorados observándolo en el trono, con la cabeza ligeramente reclinada sobre un puño cerrado que la sostenía. O quizás era la propia cabeza del campeón la que intentaba transmitirle calma a su mano para no arrojarse contra él. Sin embargo, el presidente sonrió con entusiasmo, acercándose unos pasos para verlo mejor.

—Me alegra que hayas cuidado bien de mi liga, Leon —le dijo con tono bonachón—. Aunque, francamente, no deberías haberte molestado por los gastos de electricidad aquí. La crisis energética está bajo control ahora que estoy de vuelta.
—No me preocupa ninguna crisis energética, Rose —replicó el campeón, tajante—. Aquí solo nos preocupamos por mantener en lo alto el nombre de nuestra región. Lo hacemos a través de las batallas, nos gusta la agitación de los combates. Somos un poco simples, seguro, ante la mirada de alguien tan formado y elocuente como usted. Pero no creemos que se pueda cambiar el mundo dentro de un traje tan incómodo como el suyo.
—A ti, en cambio, la capa te sienta muy bien, ¿no es así? —rio Rose, paseándose por un lado del salón con una mano en el bolsillo y la otra bien aferrada a su bastón de plata y marfil—. Enciende las luces, campeón. Ya pasé demasiado tiempo en la oscuridad.
—Quédese donde está, por favor.

Aunque Rose se detuvo un momento en el lugar tras oír la petición de Leon, que se había levantado de su trono, no detuvo el movimiento de su mano dentro de su bolsillo. Una llama en medio de muchas se sacudió violentamente, y un lagarto alado cruzó el recinto a toda velocidad, ondulando entre las sombras, hasta alcanzar el brazo del presidente y detenerlo con sus propias garras, arrastrándolo hacia atrás hasta que su espalda chocó con la puerta de piedra. Rose apretó los dientes y dejó caer el bastón que sostenía con su otra mano, sacudiendo el brazo y dejando caer una esfera negra y dorada que rodó bajo su manga hasta sus dedos, pero Charizard lanzó un zarpazo y le desprendió el receptáculo de las manos, dejándolo rodar lejos de allí. Rose quiso gritar, pero el pokémon de fuego le apretó el cuello sin piedad, ahogando cualquier sonido que intentase hacer en ese lugar. Antes de que pudiera reaccionar para, al menos, arrojarle un puñetazo a la bestia, dos pares de grilletes emergieron de la piedra y apresaron las muñecas y los tobillos del presidente, inmovilizándolo completamente. Miró hacia un lado y constató que ya no se encontraba de espaldas al mismo portón de madera por el que había ingresado, sino en uno distinto, creado por una bestia de roca oscura y anaranjada de más de tres metros de altura que debía encorvarse un poco para no rozar el techo con el par de cuernos como taladros en su cabeza.

—Charizard, está bien —le dijo Leon, abriéndose paso por el salón, y su inicial soltó el cuello del presidente dejándole apenas las marcas de sus garras todavía hundidas en la carne. Retrocedió sin sacarle los ojos de encima, mientras agitaba la larga cola como un látigo encendido en llamas alumbrando distintas partes del lugar.
—Estás cometiendo un grave error metiéndote con mi institución —le advirtió Rose entre gruñidos, sintiendo aún el peso de las garras sobre su cuello.
—Usted lo comete metiéndose directamente con los entrenadores que aspiran a un futuro brillante.
—¡No existirá tal futuro brillante si yo no intercedo antes de que sea tarde!

Leon estaba a punto de responderle, todavía con mayor vehemencia, pero el repiqueteo metálico de algo junto a sus pies lo sobresaltó, y se fijó rápidamente en el bastón que Rose había dejado caer retorciéndose en el suelo mientras era embebido por un aura de energía psíquica. El bastón adoptó una forma afilada en el extremo opuesto a su mango, y se levantó controlado por otra fuerza para apuntarle directo al cuello, pero un silbido metálico atravesó toda la habitación y giró sobre éste, partiéndolo en dos, y luego en cuatro, y luego en cien pedazos diminutos que se esparcieron rodando por el suelo, dejando de ser una amenaza. Ahora Rose veía cómo un Aegislash en su forma de ataque le apuntaba directamente a la yugular con el filo de su acero. Antes de que pudiera decir o hacer cualquier otra cosa, una hilera de barreras y pantallas de luz psíquicas del mayor grosor se formó como una jaula invisible alrededor de ellos, separándolos del resto de la habitación donde, pensó el campeón, posiblemente se ocultaba cobardemente el Bronzong que solía aparecer en los momentos más oportunos para rescatar al hombre de traje.

—Tu Mr. Rime sigue tan eficiente como de costumbre —comentó Rose, intentando buscar al responsable de las barreras en algún punto del salón, y creyendo ver un par de zapatitos de cristal resplandeciendo fugazmente cerca del trono donde el campeón lo había estado esperando.
—Y no es el único truco que conoce —respondió Leon, chasqueando los dedos a un lado y apuntando hacia arriba. Inmediatamente después, el largo sobretodo de Rose se retorció contra su cuerpo, desprendiéndose los botones y dejando que de los bolsillos internos salieran seis pokébolas en fila, serpenteando por el aire hasta apoyarse en el suelo a los pies del pokémon psíquico que recostaba un brazo sobre el trono que ocupaba su entrenador.
—Déjate de juegos, Le--

Pero Leon no le permitió que pronunciara su nombre. En un arranque de furia que venía conteniendo hacía ya mucho tiempo, el campeón se abalanzó contra Rose y apretó su mano enfundada en el guante negro y dorado contra su barba prolija y bien retocada, hundiéndole la boca bajo la palma y apretujándole los cachetes con los dedos para que no pueda decir una palabra más. Rose pudo ver con claridad su propio rostro de espanto reflejándose sobre los ojos brillantes de Leon. Parecía ser alguien dispuesto a todo en ese momento. Había tomado especiales precauciones para no ponerle un dedo encima a su hermano pequeño, castigando severamente incluso a la imbécil del Team Yell que había intentado matarlo en la torre de la Cámara Heptagonal, pero el destino acabó cruzando su camino junto al de demasiada gente a la que definitivamente no podía permitirle avanzar.

—He sido educado y entrenado por personas sabias y brillantes. He crecido en una familia feliz y unida. Por eso mismo no me gusta mostrar actitudes displicentes con mis superiores —le dijo Leon, arrastrando las palabras—. Pero, te soy completamente sincero, Rose: no me importaría enseñarte una actitud muy displicente aquí y ahora. ¿Sabes cuál es el problema? No quisiera aguarle la fiesta a las miles de personas que asistirán con entusiasmo e ilusión a la Copa de Campeones. Muchísimo menos a los entrenadores que participarán de ella. Quiero entrenadores en mi liga, Rose; no políticos, no empresarios… ni, muchísimo menos, delincuentes de tu calaña inmiscuyéndose. Si conservas un poco de dignidad, te retirarás ahora mismo del estadio y no participarás de la Liga que no supiste —ni quisiste— manejar adecuadamente desde el principio.

El campeón aguardó unos segundos a que Rose afloje sus manos y deje de intentar gritar mientras él presionaba la suya contra su rostro. Cuando finalmente intuyó que la sangre había dejado de hervirle al presidente, lo soltó, alejándose mientras le hacía un gesto de cabeza a su Rhyperior para deshacer los grilletes de piedra y apartarse, aunque, por supuesto, no solo no deshizo las barreras psíquicas de su Mr. Rime, sino que su Aegislash adoptó la forma de escudo y levitó a su alrededor, alerta para protegerlo de cualquier ataque inesperado. Rose cayó de rodillas al suelo y tosió con aspereza. Las manos le temblaban al apoyar el ahora liviano peso de su cuerpo sobre ellas. Había perdido mucha fuerza. Su plan así lo requería. Solo había conservado lo imprescindible para ejecutarlo adecuadamente, y poner un punto y final a su búsqueda de paz: una mente completamente despejada. Ideas claras. Un objetivo mucho más grande que la empatía de su campeón, de su institución, de su pueblo entero.

—No vuelvas a llamarla tu liga —le dijo Rose, desde el suelo, intentando sostener un tono amenazante que no le hizo ni cosquillas al campeón—. No has hecho nada por ella más que posar para campañas y revistas.
—Haré todo lo que sea necesario, de ahora en más —replicó Leon, con el tono tan firme como la coraza del Rhyperior que lo observaba atentamente con sus dedos de piedra apoyados todavía en la pared, por si debía volver a invocar un muro o grilletes para contener al presidente—. Incluso si eso supone mantenerlo lejos de ella hasta que surja un nuevo campeón.
—Muy bien… —suspiró Rose, poniéndose de pie con dificultad, sin hacer amague de ningún movimiento sospechoso. Le dio la espalda a Leon y apoyó su mano sobre la puerta de piedra, que se deshizo como polvo dejando ver la auténtica puerta de madera tras ella. Notó, entonces, el pomo envuelto en la misma energía psíquica que la mantenía bien cerrada. Posiblemente el mismo truco que había empleado Bede en la Cámara Heptagonal para encerrar a Gloria tiempo atrás. Definitivamente ese Mr. Rime podía emplear varias técnicas a la vez.

Cuando la puerta quedó liberada para que Rose pudiera abrirla y marcharse de una vez, el hombre se detuvo, entornándola, y giró levemente su cabeza hacia Leon. Vio por encima de su hombro cómo las seis pokébolas impecablemente pulidas y brillantes reposaban detrás de su trono, en una mesa baja a pocos centímetros del suelo. Mr. Rime no era el único custodiándolas: había un dragón dorado y con anchas cuchillas creciéndole a ambos lados de la mandíbula negra, y escudriñándolo con unos ojos rojos inyectados en sangre que le indicaban que, si decidía ir por ellas, acabaría perdiendo mucho más de lo que podía poner en riesgo. Leon había liberado al menos a cinco pokémon en ese salón para asegurarse de que Rose no pudiera hacer nada en su contra. Estaba convencido de que podría haber empleado solamente a Charizard para amedrentarlo, pero el campeón quiso reducir las probabilidades de fracaso a números negativos.

—¿Piensas quedártelas? —le preguntó—. Mis pokémon no son tan fuertes como los tuyos, Leon. No creo que merezca la pena rebajarte al hurto por criaturas que no podrás aprovechar.
—No soy un ladrón —sonrió el campeón—. Tampoco un asesino. Somos personas muy distintas, Rose. Pero, ¿sabe qué tenemos en común? No somos ningunos idiotas. Si quiere retarme a una batalla, puede venir cuando guste y reclamar sus pokébolas. No debería necesitar de sus pokémon para otra cosa. Para sus negocios, en cambio, siempre puede usar una pluma y un papel donde grabar su firma.
—Ah —sonrió Rose, dándole la espalda nuevamente y saliendo del salón. Caminaba perfectamente sin necesidad del bastón—, el mundo de los negocios ya no tiene ninguna importancia para mí. Luego de lo que vieron mis ojos, y de su… particular irreverencia, estoy convencido, más que nunca, de que soy el único que verdaderamente se preocupa por Galar. Sigue jugando al número uno, Leon. Si no me apresuro, pronto no quedará nadie más con quien puedas compararte para seguir sintiéndote superior.

Caminó por el pasillo alejándose cada vez más, sabiendo que Leon no lo perdía de vista. Creyó ver una sombra mezclándose con la suya propia al avanzar. Sabía que lo seguiría hasta el fin del mundo si era necesario. Rose esbozó una sonrisa complacida, tal vez, por ver que alguien como el campeón no lo subestimaba, y encendió un cigarrillo entre sus labios. Antes de desaparecer bajando la escalera, Rose le habló por última vez, girándose con una mirada de odio tan profundo que Leon no tardó en codificar.

—Un mundo vacío de retadores y competencias en las que puedas sobresalir… ¿Ni siquiera eso te parece triste?

Leon no respondió, y Rose se esfumó del estadio sin decir una sola palabra más.

Continuará…

TRAINER’s PROFILE

Leon Owen
Edad: 22 años
Puesto: Campeón de la Liga Pokémon de Galar
Pokémon:
- Charizard (Lv.77)
- Aegislash (Lv.73)
- Dragapult (Lv.74)
- Rhyperior (Lv.72)
- Haxorus (Lv.73)
- Mr. Rime (Lv.74)


Ending

Mostrar Ending 4 - Pokémon Crowned

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Pokémon Crowned
Sueña mientras giren las agujas del reloj

"Este fic es un recopilatorio de cosas que me dan asco, me agobian y odio"
                                                                                                    —PKMNfanSakura
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:o

Me gustó la parte del recorrido por la ruta 10, por varias razones, los 5 juntos, aunque sea por un breve momento, me da risa que ahora Bede parece alguien más sofisticado, se nota en sus movimientos. Y Marnie poniéndose celosa por esa rubia cuyo nombre no recuerdo, cuando ella apreció con su novio y el tal Dennis con sus amigos, fue una interesante forma de presentar más contendientes, es evidente que habrá enfrentamientos contra ellos, espero cuando Hop le patee el trasero a Dennis. Aunque imagino que el de Shima será el más interesante, por algo lo presentaste tan temprano, recuerdo que mencionaste en algún momento hace tiempo que había alguien que recién había comenzado el desafío de los gimnasio, me pregunto si habrá alcanzado a hacerlo.

Pero lo más interesante fue esa conversación/enfrentamiento entre Leon y Rose. Díos mío, no sabía que necesitaba leer algo así hasta que lo leí, Leon tan decidido a sacar a Rose, poniéndolo literalmente contra la pared, fue tan tenso, tan bien descrito, tan bien ejecutado, ambos poderosos a su manera. A simple vista pareciese que Leon ganó la confrontación, pero tengo la sensación de que fue Rose que triunfo en el cara a cara. Creo que fue muy acertado que no fuese una batalla y no esperaba que le quitase los pokémon.

La seguridad de Rose me preocupa mucho, será desastroso.

Ciao.
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Hola neneee. Ya he vuelto a ponerme al día con coronita así que me dispongo a dejar la correspondiente review.

Empezamos por la previa a la batalla de Raihan. Me gusta ver ese aumento en la rivalidad entre los amigos hasta el punto en el que Hop se niega a darle consejos a Victor para el combate, se acercan al punto final y ya van tomando consciencia de que aquellos que tienen al lado no son solo compas, sino futuros obstáculos que tarde o temprano tendrán que sortear. No son los mismos que cuando empezaron, nadie le va a sacar las castañas del fuego a nadie porque ya son entrenadores hechos y derechos y tienen que demostrar por qué se han ganado el puesto en el que están. Además, es más satisfactorio así, y también creo que hay un componente de confianza en ese acto, "no te doy ayuda porque sé que no la vas a necesitar".

Pasamos al combate contra Raihan que estuvo ESPECTACULAR aunque era de esperar, teniendo en cuenta que se trataba del último gimnasio y tus batallas nunca decepcionan. LA MADRE UN CAPÍTULO DEDICADO A LOS DRACOPUTAZOS YAAAAS AGSHJDKSJAHGS PERO QUÉ REQUETEGENIAL ESO ES ADRENALINA EN ESTADO PURO. A Morde le habría encantado. Ver algo así en persona te tiene que quitar el aliento y todo, si viviera en Galar me encantaría hacer un recorrido por los gimnasios con los amiguis como espectadora para disfrutar de la experiencia al completo (así tendría una excusa magnífica también para stalkear a las waifus y los husbandos jeje).

Después de la euforia de la victoria viene el que seguramente sea uno de los momentos más tristes de Crowned. Como ya han dicho por arriba, yo también tenía la duda de si acabarías enterrando a Magnolia o sería algo que no llegaríamos a ver, al final te has decantado por la primero. Qué decir, fue un momento muy emotivo, ya cuando leí el mensaje que les envió Sony se me medio salieron las lágrimas. Aunque no ha sido el personaje que más ha salido por aquí no se puede negar la importancia que ha tenido en el desarrollo de los eventos, por lo menos pudo despedirse de los chicos. Fue una ceremonia solemne y a la altura de la fallecida, y el momento en el que los entrenadores liberaron a sus iniciales... Me quito el sombrero, aunque no se tratara de un momento feliz o uno que quería que llegara, me gustó como lo ejecutaste.

Yyyyy no me puedo olvidar de que es en ese momento cuando se hace entrega de la Master Ball. Gallina de piel, te lo digo, y cuando Bede aparece y les habla de Zacian y Zamazenta y se van los cinco al bosque cual Dream Team... Qué ganas tenía de verlos juntos sin llegar a pelearse. Ya se va preparando el camino para el momento en el que aparecerán los legendarios y tengo que admitir que me dio algo de hype, porque eso significa que todavía quedan por llegar escenas muy ÉPICAS y teniendo en cuenta lo mucho que te gustan y lo bien que se te dan... aaaaaAAAAAAAAAAAAH PERO QUÉ GANAS.

Ufff nene, menudos dos capítulos te marcaste, primero con el entierro de Magnolia y luego con el pasado de Gloria. Qué quieres que te diga, sobre todo de Rose, entre que envió a un representante al entierro en vez de hacer acto de presencia durante cinco minutos y lo que le hizo a la familia de mi niña, le tengo tanto desprecio que ni me salen las mayúsculas para mostrar el rechazo que siento. Qué ganas tengo de que el peso de todo lo que ha hecho le caiga encima, ojalá le estés dejando llegar al final para que el castigo sea de proporciones épicas. Ahora es cuando acaba escapando o lo que sea y me veo obligada a hacer un one-shot en el que recibe su merecido (pero todos sabemos que lo máximo que haría sería encerrarlo en una celda porque soy muy blanda para estas cosas). Dejando los eventos menos felices de lado, al final tiene lugar un suceso que llevo tiempo esperando y es la llegada a Wyndon (la primera vez que la vi en los juegos me quedé impactada. Es tan grande y hay tanto que explorar...) Y EL CONFRONTAMIENTO ENTRE LEON Y ROSE ES QUE LEON TE COMO LA CARA POR ESO ERES UNO DE MIS HUSBANDOS TE QUIERO LA VIDA ENTERA. Sabes que si necesitas ayuda para esconder algún cadáver de algún presidente corrupto alguna vez estaré más que encantada de ayudarte. Qué tensas están las cosas por favooor, me he quedado loquísima después de ponerme al día, ya no puedo esperar a que empiecen los enfrentamientos finales <3

Btw, otra cosa que me gusta es que hayas ido dejando hints de las Nieves de la Corona por ahí. No las he jugado y seguramente no lo vaya a hacer porque F cartera así que todo lo que suceda ahí será completamente nuevo para mí. Me alegra que tengas pensado incluirlas porque eso significa que hay Crowned para un rato más y eso me anima ahora que estamos cada vez más cerca del final de los eventos de la línea principal. Ah, y antes de que se me olvide, el ending está de 10. Me puse un poco sentimentalona al ver a Victor y Gloria con los iniciales chiquitos, como si fuera un recuerdo de cuando empezaron, han pasado por tanto desde aquello... Y ahora míralos, si es que crecen muy rápido. No sé a quien de todos voy a animar y apoyar, sé que van a dar todo lo que tienen y solo por eso estoy muy orgullosa de todos (ahora es cuando quien llega a la final pierde contra Leon y las cosas se quedan igual). A ver qué sucede en el próximo cap <3
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~La dulce brisa que te envuelve en un cálido abrazo primaveral~
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Bueno, ya estoy de vuelta, primero creo que es importante ir explicando un poco lo que dije hace tiempo: la problemática que yo veo con tu uso de los pseudo-legendarios no es tanto que quieras hacerlos ver raros por ser increíblemente fuertes o cosas de ese estilo, sino que te esmeras demasiado en hacerlos una rareza al punto que parece quieres hacer de cuenta que semejantes pokémon no existen en Galar. Solo hay que mirar lo que hiciste con el Kommo-o de Raihan. "Lo conseguí cuando me fui de vacaciones a Alola" y yo con cara de "WHAT?!" O sea, es una exageración, más si te pones a pensar que obtener a Kommo-o es más fácil en SwSh que en SM (por los ratios de captura y qué tanto).

Pero tengo que ser justo, esto realmente no daña la calidad de la historia en lo absoluto, sino que más bien aparece como una pequeña mancha de tinta en un libro. No afecta la trama, pero es de esos detalles que luego notas por lo fuera de lugar que se ve.

Ahora que me quité eso de lado, let's do this:

Capítulo 51: Bueno, no creí que tocaría una muerte repentina tan pronto. Igual, Magnolia ya estaba de edad, aunque las flores que dejó Rose me dan cierta incertidumbre, me hacen preguntar si no tienen alguna clase de cosa rara que atacará a todos cuando menos lo esperen. Bueno, conociéndolo, puede ser que sean flores inofensivas con un aire de terror para que los chicos hagan una estupidez.

Había pensado en las partes finales que el grupo iría directo a enfrentar a los lobos en lugar de mejor continuar con la Liga, aunque igual lo hacen más tarde, quizás ni siquiera requerirían de la Master Ball.

Capítulo 52: ¿Sabes? Creo que lo que has logrado con Rose es algo bastante digno de un premio: hacer a un villano más detestable que el material original. No, de verdad lo considero admirable. Este Rose con lo que le hizo a Gloria y toda su familia ya quedó demostrado como una rata de camino a un túnel sin regreso. Ciertamente es más despreciable que cualquier villano en todas las historias oficiales: Más despreciable que Grings Kodai de la película de Zorua (abusador de pokémon), que Colress en el anime y manga (científico loco que no le molesta hacerle daño a cualquiera por sus experimentos), Lusamine en los juegos y el manga (madre demente y abusadora), Mask of Ice (secuestrador de niños), todas las versiones de N (criminal que se cree Jesucristo) y todas las versiones de Ghetsis (ni hablar de ese man, tiene una lista de crímenes que me tomaría todo el día listar). En serio, cuando había pasado lo del flashback con el hermano perdido hace ya muchos caps, creí que Rose tendría al menos el corazón para no salir tan mal parado, pero con eso de matar al hermano menor y madre de Gloria, darle los cadáveres a su padre y luego modificar la memoria de ésta misma... yep, irredimible.

En una nota más cómica...

 
(02 Dec 2020
02:31 PM)
Tommy escribió:
—Muy bien —le sonrió ella—. Solo recuerda ponerte pantalones. ¿O Marnie pasó la noche ahí contigo?
—¡¿Quéee?! —se escandalizó Victor, más rojo que la cabeza de un Druddigon, pero mucho menos feroz—. ¡¿C-cómo lo…?! ¡Qui-quiero decir…! ¡¡Tengo puestos los pantalones!!

Espero que Victor haya sabido cuándo lanzar bien su bola maestra. Eso y que se haya acordado que no estaba en una guardería. Bad joke most likely, pero no me resistí.

Capítulo 53: Creo que lo mejor del capítulo con lo mucho que se extiende es el final, definitivamente lo mejor que he visto de estos últimos tres capítulos: Leon parándosele a Rose para decirle que no se atreva a joder a los demás. Ciertamente lo mejor que ha hecho después de tantas cosas. No espero a que realmente le haga daño, pero se siente satisfactorio volver a tener a ese hijo de Kingpin en una situación fuera de su control. Espero y ya en el clímax de la historia, Gloria le de una muerte digna de un personaje de Disney, o algo peor a ello, eso es lo que escorias como él merecen.
Rompe mi armadura si quieres. Al final, terminarás arrepintiéndote de hacerlo...
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