Índice - Pokémon Crowned
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Índice de Capítulos

Arco I - Punto de partida
⚫ Capítulo 1  Los elegidos del campeón
Capítulo 2  ¡Primeros pasos, saltos y picotazos!
Capítulo 3 Brota el futuro, arde la rivalidad 
⚫ Capítulo 4 – Perdidos en el bosque de ensueño
⚫ Capítulo 5 – Wild Girl, Wild Area
⚫ Capítulo 6 – ¡¡Dinamax!! ¡Enfrentamiento múltiple en el Área Silvestre! 
Capítulo 7 – Motostoke: Preguntas, respuestas, bolas y... ¡Yell!
Capítulo 8 – No todas las estrellas brillan en el cielo
Capítulo 9 – Curry, huevos y manzanas
Capítulo 10 – Un rival indeseable 
⚫ Capítulo 11 – Milo, el granjero: ¡Batalla floral por la primera medalla!
⚫ Capítulo 12 – Acero sobre cuero, sangre sobre plumas 

Arco II - Huecos llenos y vacíos
Capítulo 13 – Luces y sombras de Hulbury
⚫ Capítulo 14 – Nessa, la sirena: ¡Combate acuático por la segunda medalla! 
⚫ Capítulo 15 – Recuerdos sumergidos
⚫ Capítulo 16 – En el nombre de la reina
⚫ Capítulo 17 – La noche nos cuida y nos observa 
⚫ Capítulo 18 – Hace siete años 
Capítulo 19 Kabu, el muro de fuego: ¡Encuentro abrasador por la tercera medalla! 
Capítulo 20 Ícaro
Capítulo 21 Gloria vs Marnie: Choque de estrellas perdidas
Capítulo 22  Muros altos no permiten ver el Sol
Capítulo 23  Réquiem por la cordura (Primera Parte) 
Capítulo 24  Réquiem por la cordura (Segunda Parte) 

Arco III - Caminos bifurcados
Capítulo 25 – Mira hacia adelante y verás 
Capítulo 26 El tímido y la temida
Capítulo 27 Allister, la pesadilla: ¡Duelo sombrío por la cuarta medalla! (Primera Parte)
Capítulo 28 Allister, la pesadilla: ¡Duelo sombrío por la cuarta medalla! (Segunda Parte)
Capítulo 29  Bea, la técnica implacable: ¡Choque de poder por la cuarta medalla! 
Capítulo 30 Derrumbe
Capítulo 31 Presa de la oscuridad 
Capítulo 32 Después de todo, la amistad también puede quemar 
Capítulo 33 Hermanos 
Capítulo 34 – Todos los laberintos conducen a Ballonlea 
Capítulo 35 – Bede, el sucesor: ¡Zanjando el pasado por la quinta medalla! (Próximamente)


Fichas de Personajes
(pueden contener spoilers de la trama)


Mostrar Victor
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Nombre: Victor Evans
Edad: 14 años
Signo: Virgo (9 de Septiembre)
Hogar: Pueblo Postwick
Le gusta: Cocinar curry, vivir aventuras con sus amigos
No le gusta: Preocupar a los demás, sentirse sobrepasado por la situación

Victor es un joven de personalidad calmada y pacífica. Criado en el ambiente de un suave pueblo rural en las afueras de la región, nunca mostró especial interés por volverse el más fuerte, aunque sí por salir a descubrir el mundo y aventurarse en toda clase de lugares junto a su amigo. Solía ser muy introvertido, hasta que conoció a Hop de pequeño y éste lo ayudó a mostrar un poco más de carácter y a relacionarse mejor con las personas. Es un entrenador disciplinado y siempre se esforzará al máximo por pulir el potencial de sus Pokémon. Puede decirse que es bastante riguroso con ellos, especialmente con la pequeña Punkelly.

Equipo:


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Mostrar Gloria
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Nombre: Gloria Scott
Edad: 14 años
Signo: Escorpio (20 de Noviembre)
Hogar: Ciudad Hulbury
Le gusta: El peligro, la libertad
No le gusta: Los que abusan del poder, la gente superficial

Con una crianza afectiva pero restrictiva, Gloria se acostumbró desde muy pequeña a vivir encerrada en la habitación de su casa-barco, en el restaurante familiar de su padre. Todo el equipo de trabajo de su padre en La Mesa del Capitán la apreció mucho siempre, pero ella decidió emprender un viaje independiente para volverse una entrenadora pokémon, tras presenciar una noche desde el techo del barco las luces encendidas y las espectaculares nubes rojas y gritos de pasión provenientes del estadio de la ciudad portuaria. Forjó así una personalidad valiente e intrépida, y huyó junto a su Yamper, Cookie, para aventurarse en las peligrosas tierras del Área Silvestre. Allí conocería a Victor y Hop, con quienes forjaría un vínculo de amistad y compañerismo para seguir juntos en su viaje por Galar.

Equipo:


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Mostrar Hop
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Nombre: Hop Owen
Edad: 14 años
Signo: Leo (25 de Julio)
Hogar: Pueblo Postwick
Le gusta: Aprenderlo todo sobre los combates, Nessa
No le gusta: Que lo menosprecien, pasar desapercibido

Pese a crecer bajo la sombra de su exitoso hermano mayor y campeón de Galar, Hop desarrolló una personalidad enérgica y apasionada, inspirado por la proezas de Leon. Sus padres tuvieron que obligarlo a asistir a la escuela porque se pasaba día y noche prendido a la pantalla del televisor viendo combates oficiales de la Liga Pokémon. Allí conoció a un tímido Victor, con quién supo desarrollar mejor su personalidad extrovertida e impulsiva, incitándolo a emprender un viaje juntos para volverse poderosos entrenadores pokémon. De inmensas ambiciones, Hop se acostumbró a ser comparado con su hermano, pero no permite que lo menosprecien por ello, y siempre demuestra el máximo potencial en sus combates. Suele ser un poco pesado e infantil, pero tiene un gran corazón y siempre está dispuesto a ayudar al que lo necesite.

Equipo:


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Mostrar Marnie
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Nombre: Marnie Villin
Edad: 14 años
Signo: Piscis (18 de Marzo)
Hogar: Pueblo Spikemuth
Le gusta: Los pokémon siniestros, que su hermano le corte el cabello
No le gusta: El Team Yell, exponer sus emociones

Marnie es una joven promesa en la Liga Pokémon. Tiene claro su objetivo de llevar de nuevo la gloria a Spikemuth atravesando por su cuenta el Desafío de Gimnasios, pero detesta saber que pisándole los talones hay una parva de fanáticos descerebrados del Team Yell que hacen todo lo que está en sus manos por aplacar a sus posibles rivales y allanarle el camino. Tiene un talento casi sobrenatural para las batallas, y es dueña de un estilo agresivo e implacable que recuerda al de su hermano mayor y líder de gimnasio Piers. Sin embargo, Marnie desea trazar por sus propios medios su propio camino, intentando que la influencia de su hermano no pese a la hora de hacerle frente a los desafíos. Al parecer, su personalidad apagada e inexpresiva resultan ser su emblema distintivo, pero realmente disfruta de haber hecho amigos en el viaje, y de pasar el rato junto a sus pokémon. No tiene filtro ni pelos en la lengua para decir lo que piensa.

Equipo:


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Mostrar Bede
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Nombre: Bede
Edad: 15 años
Signo: Acuario (1 de Febrero)
Hogar: Ciudad Hammerlocke
Le gusta: Ser reconocido, provocar a los demás
No le gusta: La gente, la debilidad

Muchos detalles sobre la vida de Bede son una incógnita incluso para él mismo. Fue adoptado por el presidente Rose a temprana edad, y elegido como su patrocinado para enfrentar el Desafío de los Gimnasios, recibiendo de sus propias manos una Hatenna a la que nombró Minerva. Siente un profundo respeto por el hombre que le dio la única oportunidad en su vida de demostrarle a todos sus aptitudes, y ciertamente se ha convertido rápidamente en uno de los favoritos para alzarse con la corona de campeón. Sin embargo, su actitud hostil y temeraria le ha dejado unos cuantos enemigos, entre los cuales se encuentran Gloria y Hop. Parece estar constantemente al límite, caminando sobre una delgada línea entre la cordura y la locura.

Equipo:


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Entrevista a Personajes: ¡Hop Owen!

Endings

Mostrar Pokémon Crowned Ending 01


Mostrar Pokémon Crowned Ending 02

 
Comentarios del Autor

Antes que nada, debo advertir a los lectores que se encuentran ante una historia cuyo principal objetivo es el de trasladar mi propia experiencia de juego con los nuevos títulos de la franquicia para Nintendo Switch, siendo su historia una "novelización" de los acontecimientos canónicos dentro de Pokémon Espada y Escudo (o SWSH, para los amigos). Dicho esto, es claro que no seguiré a rajatabla todos y cada uno de los pasos dados en mi propia partida, puesto que eso implicaría un sinfín de diálogos robóticos por parte de los NPCs, búsquedas en el pasto por especies de un género específico o asesinato despiadado de inocentes Skwovet salvajes -aunque tal vez haya un poco de eso, según de qué humor me levante ese día-.

Será una aventura tradicional con elementos un poco menos tradicionales, propios de lo que inspiró en mí jugar durante ya una treintena de horas una aventura que, bajo mi punto de vista, aborda otra perspectiva del Mundo Pokémon y de lo que representa el progreso de un entrenador, y la espectacularidad que se le brinda a la escena competitiva, destacando los gimnasios y... ¡¿Pokémon gigantes?!

Aclaro que utilizaré los nombres de ciudades y personajes propios de las ediciones anglosajonas de los juegos, así que reemplacen "Paul" por "Hop" y "Pistón" por "Motostoke", y van a andar bien. Para los ataques, sin embargo, decidí respetar en mayor medida la adaptación castellana de sus nombres, pues sonaría raro que los personajes den órdenes en inglés a sus monstruos de bolsillo diseñados por japoneses mientras conversan en español, pero siendo de una región inglesa... Como sea, ustedes sabrán entender.

No puedo dejar de mencionar que soy argentino, pero que adapté los diálogos al insípido neutro para que a nadie incomoden los modismos durante la lectura. Aún así, traté de impregnar en ellos la mayor personalidad posible para que no queden fríos e impersonales.

Esperen aventura, acción, compañerismo, inseguridades y una lectura ligera que, espero, consiga engancharlos y mantenerlos interesados por el viaje de Victor y Hop.

¡Disfruten de la historia!
Sueña mientras giren las agujas del reloj

"Este fic es un recopilatorio de cosas que me dan asco, me agobian y odio"
                                                                                                    —PKMNfanSakura
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Longfic- Pokémon Crowned

Extension largaLongfic
FranquiciaCoregames
GéneroAcciónAventura
Resumen

La región de Galar se prepara para inaugurar el Desafío de Gimnasios, y como cada año, cientos de entrenadores emprenden su viaje para colgar sobre sus hombros la pesada capa de campeón. Esta es la historia de Victor, que desde su lejano pueblo rural dará los primeros pasos en la Liga Pokémon.

AdvertenciaViolencia
Este arco se me pasó volando, tal vez porque acá los protagonistas recorren menos camino geográficamente, pero el viaje en distancia emocional acá se hace bastante más largo y complejo. O al menos eso espero. ¡Ojalá que lo estén disfrutando!

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Nemuresu No me había percatado de ese detalle, pero no me sorprende mucho. Más bien me parece que Galar es una región que ejerce mucha influencia sobre las otras respecto de la importancia de las batallas, los gimnasios y los campeones. Hay una cultura muy especial en eso, y espero poder explorarlo todavía un poco más.

Estoy de acuerdo con vos en que Pincurchin apareció medio como deux ex machina, pero realmente quería introducirlo como sexto poke de Hop, y pensaba hacerlo más adelante, llegando a Spikemuth tal y como es su localización en los juegos. Pero, más que por el hecho de barrer a Charizard con su rayo, creo que lo que quise hacer ahí era cerrar un poquito el arco de Hop y Leon con ese flashback y con el cambio de mentalidad que tuvo el chico para con ese pokémon. Fue una búsqueda más simbólica que efectista a fines prácticos para la batalla, que ya había tenido suficientes explosiones y adrenalina.

Thranduil Me parece que hubiera desarticulado mucho al personaje de Leon si lo volvía un traidor o una figura villanesca sometida a algún tipo de control. Sin embargo, de algún modo dejo implícito que su cargo como campeón y su imagen para con la Liga pesa bastante sobre sus hombros, y en cierto modo condiciona un poco su accionar. Pero no deja de ser el hermano mayor que se preocupa por Hop y sus amigos y que quiere genuinamente lo mejor para ellos.

Y tu mirada sobre el modo en que Hop "venció" a Leon (en realidad, solo a Charizard, pero tampoco es moco de pavo) es exactamente la que buscaba causar en el lector, tal y como le dije a Nemu más arriba. ¡Me encanta que hayas disfrutado de la batalla como un enano! Fue una de las que más me gustó escribir, tratando de representar lo mejor posible el estilo de combate individual de cada miembro del equipo de Hop. Bueno, del erizo de mar todavía no vimos una batalla como tal, pero ya tendrá su momento de brillar... si fulminar a un Charizard nivel 80 no fue suficiente. xD

Bancho Ramen Toda la disputa de Leon con Hop fue más o menos del hermano mayor reprochándole al menor que no piense que puede llevarse al mundo por delante y enfrentar a los peligros él solo, pero durante la batalla se va dejando llevar por la intensidad del combate, mientras que Hop va relajándose y aprendiendo sobre la marcha a trazar las estrategias más óptimas contra él, sacando un poco de lo que aprendió con Bea sobre mantener el control. Ahora que lo escribo, creo que acabó siguiendo un esquema ligeramente similar al del combate de gimnasio, con la diferencia de que acá Leon realmente pensó que Charizard le había dado el triunfo tras acabar con Cheepo, sin tener en cuenta que su hermano podía tener un sexto pokémon por el orden en el que había enviado a sus luchadores (del más débil al más fuerte).

Pero sí, lógicamente en condiciones normales y en un 6 vs 6 en toda regla, Hop no habría tenido oportunidad. Leon todavía está muy, muy por encima de los protagonistas. Pero me gustó que la batalla sea como un nado desesperado contra una corriente apabullante, y que ese Charizard sea una especie de Terminator implacable que barría uno por uno con los de Hop.

PKMNfanSakura Waaa no sabés cómo me enorgullece saber que saco tu lado más shonen disfrutando del combate y angustiándote por partes iguales con lo que va sucediendo. Creo que no solo fue por la acción, sino por la disputa psicológica y emocional entre los hermanos, y todo lo que se ponía en juego si Hop no le probaba a Leon que se había vuelto tan fuerte como para derrotar a su mejor pokémon y, al mismo tiempo, demostrar que ya no era el mocoso inmaduro que había sido al rechazar el tierno obsequio de Sonia cuando era más chico.

Creo que la autodestrucción de Gaius fue uno de los puntos altos del combate, pero fue un capítulo tan extenso y con tantas estrategias diferentes que temo no haberlo hecho destacar tanto como quise. Por otra parte, me hace gracia pensar que al final Sony colaboró para que Hop le gane ese combate a Lee tantos años después. Si no hubiera sido por Pincurchin, realmente no habría podido ganarle. Quise hacer realista el hecho de que, por fuertes y hábiles que sean, sus pokémon no estaban todavía al nivel de un campeón como para vencer a Charizard ni combinando sus mejores movimientos. Pensemos que Leon contuvo a Charizard a propósito casi todo el combate para que no use ataques como tal, y poco a poco fue "destrabando" técnicas de su dragón cuando ya no le quedaba otra salida. Obligado a volar por Bashara, obligado a usar Puño Trueno contra Donna, Tajo Aéreo contra Gaius para partir su avalancha, Terremoto contra Lulú para entorpecer su Giga Impacto y, finalmente, Sofoco contra Cheepo para finiquitar el asunto.

¡Muchas gracias a todos por sus comentarios!
Prometo que este capítulo va a ser más calmado, que vamos a necesitar este respiro. Pero no durará demasiado. xD

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Capítulo 34 – Todos los laberintos conducen a Ballonlea

Su mente se hallaba en medio de una nebulosa oscura cuando una voz llegó hasta ella, llenándola con destellos de caleidoscopio que iluminaron cada rincón en su ser. Abrió los ojos de ámbar sintiendo humedad y tibieza en la frente, y se encontró recostado boca arriba sobre un reconfortante colchón de pasto y tierra. Se llevó una mano a la frente y tocó una enorme hoja anaranjada cubriéndole la parte superior de su cabeza como una bandana. Al rozarla con los dedos un ardor le estremeció las piernas, y una suave mano le dio un golpecito en la mejilla para que no se toque.

—Será mejor que dejes eso ahí un rato más, Hop —le susurró Gloria, sentada a su lado con las rodillas flexionadas contra su pecho, el mentón apoyado sobre éstas y la espalda contra el tronco de un viejo sauce. Una cascada de hojas colgaba del árbol a pocos metros de sus cabezas. Al verlas, Hop pensó en aquellas atracciones de feria donde cien sillas pendían de un carrusel y giraban elevándolo por los aires—. Tienes fiebre.
—Me siento estupendo —sonrió el chico sin levantarse. Gloria le devolvió la sonrisa—. ¿Cuánto tiempo pasó?
—Dormiste todo el día, pronto va a ser martes.
—¡¿Martes?! ¿Llevamos dos días en este bosque?! —exclamó el peliazul incorporándose bruscamente. Gloria lo contuvo por la espalda y le sostuvo la hoja anaranjada pegada a la frente, produciéndole ardor en todo el cuerpo.
—Si te mueves, tardarás más en curarte —lo regañó ella, jalándole la mejilla.
—¿Desde cuándo sabes de curación con hojas?
—No sé nada de eso —suspiró ella, señalando detrás suyo.

Hop se volteó lentamente, sosteniendo la hoja contra su frente mientras observaba por encima de la gran roca que se alzaba a sus espaldas. Más allá de la piedra y los sauces que envolvían aquel paraje de Glimwood, pudo ver a un robusto pokémon sentado sobre otra roca con los dedos de sus piernas entrelazados y las manos extendidas hacia el frente. En una de ellas sostenía un abanico enorme de seis largas hojas verdes, que agitaba suavemente sobre seis pokémon tendidos en la hierba, liberando ondas psíquicas y esporas verdes que recorrían sus cuerpos. Eran Cheepo, Lulú, Gaius, Donna, Bashara y el pequeño Pincurchin que Hop había utilizado como arma secreta y último recurso contra su hermano mayor. Todos ellos estaban tendidos sobre mantos de hojas, con una hoja anaranjada en la cabeza al igual que él.

—¿Los está… curando?

Hop se puso de pie tambaleando y caminó hacia sus pokémon con los ojos bien abiertos, observando con admiración al curandero del bosque. Se trataba de un primate similar a Cheepo, de cuerpo más redondo y suave pelaje blanco, así como un manto púrpura y amarillo en la espalda que caía sobre sus hombros y brazos. Tenía una marca con forma de estrella romboide en la frente, y una mirada seria pero pacífica al mismo tiempo, así como largos dedos de color gris. Cuando Hop estuvo lo suficientemente cerca y le apuntó con su SmartRotom, el orangután alzó la vista directo hacia él y soltó un resoplido con la nariz. Inmediatamente después, dos pokémon de pelaje oscuro que permanecían junto a él avanzaron y extendieron sus brazos hacia Hop, paralizándolo con un aura de energía psíquica.

—¡Hop! ¡Tienes que ser más cauteloso! —espetó Gloria, jalándolo por el cuello de la camiseta desde atrás. Los guardianes del simio curandero deshicieron su hechizo sobre Hop, permitiéndole a su amiga alejarlo algunos metros de allí, regresando hasta la roca.
—¿Qué rayos está pasando? —pataleó el peliazul cruzándose de brazos.
—Ese Pincurchin de ahí te salvó la vida —suspiró la chica, encogiéndose de hombros—. Después de que te encontré y te desmayaste, me llevó por un camino del bosque hasta que dimos con estos pokémon. Pincurchin les habló, seguramente contándoles que tus pokémon estaban malheridos, así que nos guiaron hasta acá. Al parecer, se encargan de curar a los pokémon heridos. Ese Oranguru es su líder, pero los otros de allá también utilizan sus poderes para restaurar su salud.
—Oranguru… —balbuceó el chico, y le apuntó desde lejos con el SmartRotom para registrar sus datos en la Pokédex.

“Oranguru, el Pokémon Sabio. Cuando agita su abanico hecho de hojas y pelo, puede controlar a otros pokémon y hacer que cumplan su voluntad. Conoce hasta el último rincón del bosque que habita y, si encuentra un pokémon herido, va en busca de hierbas medicinales para curarlo”

Bajó el aparato y se topó con la hostil mirada de los defensores del orangután psíquico: un par de cabritos de pelaje azul oscuro y blanco. Tenían un par de cuernos grises similares a los de Lulú, aunque considerablemente más cortos, y pese a la semejanza con su pokémon, éstos se erguían en dos patas y medían apenas un metro. Eran similares entre sí, aunque uno de ellos tenía cuernos en punta hacia arriba y expresión ruda, así como unas marcas triangulares celestes entre sus ojos brillantes, mientras que el otro tenía los cuernos redondeados hacia abajo y las marcas triangulares en la parte superior de sus ojos, con color lila y aspecto más apacible. Sin embargo, los dos le apuntaban con las patas y los cuernos, evitando que interfiera en la labor curativa de Oranguru. Hop no tenía intención alguna de molestarlos, así que se sentó como indio apoyando su espalda contra la roca.

—No les agradan mucho los humanos —dijo Gloria colocándose de cuclillas junto a él, abrazándose las piernas—. Lógico, si luego van idiotas como tú y tu hermano y destrozan su ecosistema con esa clase de batallas.
—Tsk, lo dice la domadora de Onix —hizo rodar sus pupilas Hop, sonrojándose levemente.
—Parece que este bosque vuelve loca a la gente —murmuró ella tras unos segundos en silencio—. Debe ser normal que se vivan peleando, perdidos en estos laberintos.
—“Sabe que encontré a Victor” —se alarmó el peliazul, alzando las cejas mientras unas gotitas de sudor le caían por la frente bajo la hoja curativa.
—¿Vas a contarme qué demonios sucedió con Leon?
—Él estaba… Probando mi fuerza —balbuceó Hop, desviando la mirada—. Quería ver qué tan fuerte me había vuelto en mi viaje.
—Qué curioso que no espere a la Copa de Campeones para ponerte a prueba —entornó los ojos la castaña, erizando los pelos en la nuca del de Postwick.
—Lo mismo pensé yo. A veces es un tipo un poco impredeci-- —no pudo terminar la frase cuando la palma de la mano diestra de Gloria se estrelló contra su mejilla. Lo abofeteó con tanta fuerza que casi le estampa la cabeza contra la roca—. ¡Agh! ¡¿Qué te pasa?!

Dos firmes puños se cerraron sobre el escote de su camiseta, estirándolo tanto que lo deformó. Hop cerró los ojos con fuerza mientras la furia en la mirada de su amiga se desataba desbordante sobre él.

—No… vuelvas… a mentirme —susurró ella con un hilo de voz. Hop sintió que algo tembló en ella al hablar, y al entornar sus ojos para verla se encontró con la chica sollozando con un nudo en la garganta, mordiéndose el labio mientras sus manos se agitaban con bronca e impotencia aferrándose a su camiseta.
—G-Gloria… —titubeó él, sosteniéndose el cachete hinchado por la bofetada que ella le había dado. Había sido incluso más dura que aquella que le había propinado Sonia en las minas.
—¡Dime que no volverás a hacerlo! —bufó ella tras recuperar el aliento, zamarreándolo.
—¡Está bien, está bien, lo siento, de verdad lo siento! —agachó la cabeza el chico, muerto de pena—. ¡No volveré a mentirte!

Oranguru entornaba sus profundos ojos mientras mecía suavemente el abanico en su mano sobre el equipo de Hop. La pareja de Indeedee permanecían interpuestos entre el sabio y los humanos, escudriñándolos con la mirada. La Indeedee hembra creyó oír un murmullo en el pecho del macho, y desvió un instante la vista hacia él, corroborando que el cabrito observaba atónito la discusión entre los entrenadores, con su corazón palpitando fuertemente dentro de su pecho.

—Los encontraremos —dijo ella finalmente, poniéndose de pie y dándose palmaditas en el vestido para quitarse el pasto y polvo de encima. Luego tendió su mano a Hop, ayudándolo a incorporarse. La determinación en su mirada disipaba cualquier atisbo de oscuridad en el ambiente—. Juntos vamos a encontrar a nuestros amigos. ¿Está claro?

Recordó la imagen de Victor vigilando el acceso al descampado donde habían levantado un campamento en compañía de Bede. Le curaban heridas al mismo tipo que había intentado asesinar sin piedad a la chica que ahora lo estaba viendo a los ojos con fuego en la mirada, pidiéndole que la acompañe para reencontrarse con todos ellos. Sintió un nudo en la garganta, y el dolor de no poder decirle en ese momento que lo había visto defendiendo a Bede. Se preguntó cómo reaccionaría ella de haber estado en su lugar, deambulando sin un rumbo claro por Glimwood solo para acabar enterándose de que Victor y Marnie habían apoyado a Bede después de todo lo que había pasado. Y, más incluso, que hasta el propio Lee había intentado justificarlo antes de restregarle en la cara lo mal entrenador que era, exigiéndole volver a casa. No, definitivamente no podía soltarle toda esa información de golpe, aunque tampoco podía estar del todo seguro de que ella no supiera más de lo que él pensaba.

—Gloria… —murmuró el chico con una expresión de dolor, sacudiendo luego la cabeza y enseñándole una sonrisa finalmente—. No dejaré que nadie te vuelva a lastimar.
—Me lastima que hagas estupideces solo. Para eso estamos juntos metidos en este lío.
—No —zanjó el peliazul, tajante—. Ni juntos, ni separados. ¡No quiero que estés en peligro! Ahora mismo, permanecer todos juntos es un riesgo para nosotros.
—¡Victor y Marnie son nuestros amigos! —insistió ella, llevándose las manos al pecho—. ¡Son mis amigos!
—¡¡Están con Bede ahora!!

Ah, su estúpida bocota. Habría progresado mucho como entrenador, pero definitivamente todavía le costaba mantenerla cerrada en los momentos cruciales. Hop se paralizó tras pronunciar las últimas palabras, mientras veía algo en el rostro de Gloria apagándose progresivamente al oírlas, y luego encenderse con fervor tras procesar metódicamente cada cosa que había dicho. ¿Victor y Marnie… con Bede?

—¿Puedes repetir eso? —le dijo con los mechones de pelo castaño cayéndole desordenadamente sobre la frente y los ojos, resguardando su mirada.
—Me duele decirlo —replicó él, y le dio la espalda avanzando nuevamente hacia la pareja de Indeedee—. Pero es lo que vi.
—En este bosque no podemos confiar solo en lo que ven nuestros ojos, Hop. Está demasiado oscuro…
—Gloria, podré ser muchas cosas, pero ciego no —rio falsamente el muchacho, y los dos cabritos se interpusieron en su camino, extendiendo los brazos—. ¡Oh, vamos! ¡Solo quiero ver cómo están mis pokémon!
Guru…

La voz grave y calma de Oranguru alertó a todos. Los dedos de Hop temblaron en sus manos, pero no retrocedió un paso mientras el orangután se ponía de pie sobre la roca y lo escrutaba fríamente con la mirada. Los Indeedee se apartaron, el macho mirando de reojo a Gloria a sus espaldas, y Hop avanzó entre ellos lentamente tras entender que el sabio pokémon le había concedido el permiso de hacerlo. Se detuvo frente a Cheepo, y se agachó en cuclillas acariciando su melena verde de hojas. Poco a poco recobraba el color amarronado en el pelo que recubría casi todo su cuerpo, aunque todavía tenía las manos y las patas chamuscadas por el fuego al que Charizard lo había sometido.

—Amigo… Perdóname por haberte expuesto a tanto. Perdónenme todos… yo…
… soy un imbécil, granuja, cabeza hueca, egoísta y obstinado —puntualizó Gloria, avanzando detrás de él y dándole un duro coscorrón.
—¡Auch! —se quejó el chico sobándose el cabello y mirando hacia arriba. Para su sorpresa, Gloria le sonreía con decisión y soltura, exhibiendo aquél mágico brillo en sus ojos café que lo había embelesado en el Área Silvestre. Era, sin lugar a dudas, la persona más fuerte que conocía.
—Y por eso, Hop, no vamos a darte la mano esta vez. Seguiremos todos juntos, y encontraremos a Victor y a Marnie. Si están con Bede, tendrán sus buenos motivos. Ellos no son malas personas, y nosotros tampoco lo somos.

Se cubrió el rostro con un brazo y se frotó los ojos un momento hasta que sintió un golpecito suave en el mentón. Espió debajo de la manga y vio a Cheepo entornando su mirada y enseñándole un colmillo mientras sonreía, extendiendo su puño hacia él. Su mirada viajó por el resto de sus pokémon: Lulú se hallaba recostada de lado y abría uno de sus ojos, sonriéndole a su entrenador, mientras que Gaius y Bashara estaban envueltos en un manto de hojas y lo espiaban por debajo, asintiendo seriamente. Donna se hallaba sumergida en una esfera de agua que giraba lentamente por la energía psíquica del propio Oranguru con un dedo de su mano libre, y Pincurchin saltó sobre el pecho del Rillaboom, mirándolo con curiosidad. Su entrenador les devolvió a todos una sonrisa con los ojos rebalsando de emoción, y asintió enérgicamente, extendiéndole sus brazos al pequeño erizo de mar, que brincó con determinación sobre él. Al intentar abrazarlo sintió cómo se pinchaba, pero Pincurchin se desinfló poco a poco relajando su cuerpo para no causarle daño al chico, que por primera vez sentía que lo aceptaba genuinamente como compañero.

Pasó un rato más hasta que los Indeedee llamaron a Gloria y Hop con un suave balido. Oranguru dormitaba sobre la roca mientras los pokémon se desperezaban incorporándose poco a poco, ya totalmente recuperados. El chico abrazó a sus pokémon riendo de la alegría por verlos sanos y llenos de energía, y los regresó inmediatamente a sus pokébolas para que terminen de descansar. Hurgó en el fondo de su mochila verde y sacó finalmente una pokébola azul con líneas diagonales cruzadas en amarillo, y le apuntó a Pincurchin con ella.

—Espi, me ayudaste muchísimo, pero ya puedes relajarte en tu pokébola —le sonrió Hop enseñándole el receptáculo, al que el Pincurchin miraba con cierta desconfianza—. Te prometo que saldrás muy pronto. Estoy deseoso por combatir a tu lado.
—Cur… —murmuró el pequeño erizo de mar, y Gloria lo alzó entre sus brazos, tomándolo por sorpresa—. ¡Chiiin!
—Tranquilo, bonito —susurró ella apartando el rostro a tiempo para evitar sus pinches extendiéndose al sujetarlo, y le acarició la barbilla con el dedo índice—. Me ocuparé de que ese cabeza hueca sea un buen entrenador para ti.

El Indeedee macho observaba en silencio a la distancia cómo la chica consolaba al erizo eléctrico, y agachó la mirada tras unos segundos ruborizándose ligeramente. La hembra notó eso, y le pegó un codazo a su compañero, negando con la cabeza en gesto reprobatorio. Finalmente, Pincurchin se relajó y cerró sus ojos triangulares contrayendo las espinas en todo su cuerpo, inflando los mofletes mientras Gloria lo acariciaba con una cálida sonrisa. Hop aprovechó entonces para regresarlo a su veloz ball.

—Es muy raro ver uno de esos por acá, Hop. ¿De dónde lo sacaste?
—Ehm… En realidad, estuvo en casa de Magnolia todo este tiempo —balbuceó Hop con una sonrisa incómoda, rascándose la nuca—. Fue un regalo extraño de Sonia cuando era muy chico, y jamás lo consideré un peleador. Ahora veo que estuve muy equivocado sobre él; tiene un gran potencial oculto. Creo que lo subestimé.
—Así como Leon te subestimó a ti, ¿no? —alzó una ceja Gloria, mirándolo con cierta malicia. El chico se cruzó de brazos, ofuscado.
—Claro que no. Le enseñé lo fuerte que era.
—Pincurchin también lo hizo —rio la castaña, dándole un golpecito con el dedo a la parte superior de la veloz ball—. O… ¿Espi? ¿Así lo llamaste?
—Sí —asintió el muchacho—. Me pareció que tenía cara de Espi.
—Por favor, si algún día tienes hijos, no les elijas tú los nombres —suspiró ella, encogiéndose de hombros. A Hop se le crispó una ceja.
—¡¿Y eso por qué?!

Pero la chica no le contestó nada, y se limitó a trotar hasta la roca donde descansaba el simio curandero. Los Indeedee se interpusieron rápidamente en su camino, extendiendo los brazos delante de él para protegerlo. Pero al verse contenida por ellos, la chica les dedicó una enorme sonrisa y dobló su cuerpo hacia adelante, en una sentida reverencia.

—¡Muchas gracias por ayudarnos! —exclamó la chica pronunciando tanto la reverencia que su boina casi se cae al suelo. Hop se acercó dubitativo, pero ésta lo cazó por la nuca y lo forzó con una mano a repetir la misma postura de respeto y agradecimiento a su lado, inclinándose ambos ante los pokémon psíquicos que habían salvado a sus pokémon, y a ellos mismos, de la perdición en Glimwood.
—¡G-gracias a todos! —repitió el peliazul, todavía con la pesada mano de Gloria sosteniéndole la cabeza gacha.

Oranguru entreabrió los ojos con calma, y esbozó una sutil sonrisa mientras el pasto bajo la piedra comenzaba a brillar y desprender partículas de luz púrpura y dorada, elevándose por los aires junto a un grupo de Morelull que despertaron de su sueño junto al sabio y guardián de los pokémon en el bosque. Algunos pokémon redondos y rosados con picos curvos y cortos los observaban desde las ramas de los árboles, desprendiendo una fragancia que llegó a sus narices y los obligaron a incorporarse, sorprendiéndose ambos con el bello espectáculo de la naturaleza que los pokémon les obsequiaban a modo de respeto recíproco.

—Se están despidiendo —asintió ella, mirando a los pokémon de planta elevándose por encima de Oranguru y dando vueltas entre los sauces.
—Tenemos que continuar el viaje, entonces —la miró Hop, dándole una palmadita en la espalda—. Vamos por la quinta medalla.
—Sí, salgamos de aquí.

Tras despedirse de los pokémon sanadores, Gloria y Hop retomaron su camino para salir del Bosque Glimwood, abriéndose paso entre los matorrales hasta dar con un sendero de tierra recto. Pasando un par de rocas y bajando una corta pendiente dieron con un par de enormes hongos lumíricos rosados que marcaban a ambos lados el camino principal para salir de allí.
Continuaron la caminata conversando acerca del encuentro que habían tenido Hop y su hermano, y cómo ese Charizard había contenido su fuego hasta el último momento (“Pero, de todos modos, Cheepo pudo agarrarlo por el cuello incluso entre las llamas”, se jactó el peliazul). Gloria reconoció que vio a Espi, el Pincurchin, barriendo con su rayo al lagarto ígneo, pero que no alcanzó a ver el resto del combate. Eso fastidió un poco a Hop, pues todo su equipo había tenido un alto nivel de rendimiento y desempeño en batalla, progresando incluso desde su combate de gimnasio contra Bea días atrás.

A medida que avanzaban y charlaban el ambiente se fue distendiendo entre los dos, y poco a poco pudieron recuperar sus sonrisas y buen humor. Incluso si alzaban la vista y no alcanzaban a divisar el cielo por las frondosas copas de los árboles que ensombrecían el camino, al menos sabían que estaban juntos caminando por el estrecho sendero de tierra que debía conducirlos a Ballonlea. Sin embargo, los minutos se estiraron como chicles y sus pies comenzaron a agotarse cuando finalmente vieron algo de luz tenue al final del camino. Hop corrió entusiasmado hacia el brillo con que debía recibirlos el pueblo oculto entre los árboles, pero en su lugar encontró solamente dos hongos rosas a ambos lados del sendero. Gloria escuchó un grito de impotencia de su amigo, y al llegar con él se lo encontró de rodillas en el piso dándole un puñetazo a la tierra.

—¡Son los mismos! —gruñó el chico con la voz quebrada—. ¡Son los mismos estúpidos hongos del principio!
—Pero el camino no se torció en ningún momento. ¿Por qué estamos dando vueltas en círculos? —murmuró ella, posando una mano sobre el casco de uno de los hongos, y aumentando la intensidad de su brillo fluorescente.
—Tenemos que encontrar la salida de este lugar. ¡¿Por qué mierda los GPS de los SmartRotom no funcionan en estos bosques?!
—Parece que el nivel de energía psíquica y feérica en Glimwood irrumpe el correcto funcionamiento de la señal —observó ella en la pantalla de su dispositivo, intentando dar con una salida en el mapa.
—Si tan solo tuviéramos un pokémon volador para que busque la salida por el aire… —suspiró Hop agarrándose la cabeza—. ¿Melody no puede mirar por encima de los árboles?
—Es un fantasma, no puede elevarse tanto por más que levite —negó la castaña.
—Tal vez Cheepo podría trepar hasta la copa de algún árbol —evaluó el peliazul—, pero este lugar es tan inmenso y frondoso que podría tomarle un buen rato hallar una salida.
—Para colmo, Ballonlea no tiene torres o edificios tan altos como para verse a la distancia. Incluso el estadio es el más modesto de la región… bueno, si no contamos a Spikemuth.

Oyeron entonces una vocecita a sus espaldas y se giraron de inmediato, sujetando con fuerza una pokébola en sus manos, alertas a cualquier peligro. Del manto de sombras que se extendía a sus espaldas emergió la figura del bípedo cabrito con cuernos en punta. Se trataba del Indeedee macho que custodiaba junto a la hembra la guarida de Oranguru, y avanzó lentamente hasta ellos con sus manos en la espalda y la cabeza gacha, mirándolos de reojo con cierto resquemor.

—¿Es el mayordomo del Oranguru curandero? —le murmuró Hop a Gloria en voz baja. Ella se limitó a asentir una vez, atenta.
—Indee… —susurró el cabrito, y al llegar a mitad de camino hacia ellos desvió la mirada y apuntó hacia un lado con sus dos cuernos, iluminando las puntas y emitiendo una luz que reflejó un camino oculto entre la oscuridad que no podía apreciarse a simple vista, pues no parecía más que un matorral extenso de hierba alta a ambos lados del sendero de tierra principal enmarcado por hongos fluorescentes. La castaña sonrió con ternura y se acercó a Indeedee.
—¿Quieres enseñarnos el verdadero camino, Indeedee? —dijo ella amablemente, pero el psíquico retrocedió un par de pasos ante el avance de la chica, agachando la cabeza con desconfianza. Gloria se detuvo en seco ante la cautela del pokémon salvaje y, tras suspirar, asintió con una sonrisa, comprendiendo el resguardo que los pokémon de Glimwood tenían con los humanos y, en especial, con los entrenadores.
—Parece que solo quiere ayudarnos para que nos marchemos de aquí lo antes posible —se encogió de hombros Hop, acercándose a su amiga con las manos hundidas en los bolsillos de su campera de jean—. Por mí está bien, con tal de salir de esta pesadilla.

De ese modo, los dos entrenadores siguieron a una distancia prudencial al Indeedee, que avanzó por el nuevo camino iluminando el recorrido con su par de cuernos cargados de poder psíquico. Lo único que pudieron ver ambos mientras se abrían paso por los matorrales de hierba alta que les llegaba al pecho eran los cuernos brillantes del pokémon. Confiados en su buena voluntad, lo siguieron durante un rato por un camino zigzagueante y ondulado, en silencio y agarrándose las manos para no separarse. Finalmente llegaron a un corto camino de tierra que desembocaba en un arco de luz formado por árboles retorcidos a modo de marcos de un enorme portón de diez metros de altura, alzándose ante sus ojos el brillo de Ballonlea. Finalmente habían llegado, y el Indeedee macho permaneció de pie junto a uno de los árboles mirándolos con desconfianza y extendiendo un brazo hacia el pueblo perdido de Glimwood.

—Esto es… —balbuceó Hop, con el corazón latiendo fuertemente dentro de su pecho.
—¿Un sueño? —siguió Gloria, abriendo tanto los ojos que el color café en su iris se tiñó de rosa, púrpura y dorado.

Pueblo Ballonlea no parecía formar parte de Galar, ni de ningún otro lugar en todo el mundo. Más bien, al cruzar esos árboles formando un arco sintieron atravesar un portal hacia una dimensión paralela, un mundo que ni en los más fantásticos cuentos de hadas hubieran podido describir los más talentosos autores de la historia.

A través de pendientes y praderas de hierba se alzaban hacia el norte casitas bajas y rústicas de paredes blancas con entramados a través de las cuales crecían plantas y enredaderas hasta sus chimeneas. Ningún edificio allí parecía tener más de dos pisos, y la luz eléctrica era sustituida por faroles y antorchas colgando de las entradas de sus casas, así como por la luz natural que emitían los inmensos hongos y setas que crecían a lo largo del poblado, elevándose algunos incluso por encima de los seis metros de altura. Ni Gloria ni Hop habían visto nada semejante, puesto que además en el aire volaban y flotaban mecidos por el viento o por una energía ajena a su comprensión toda clase de especies de pokémon que habitaban en el bosque. Desde Morelull hasta Swirlix e incluso Chinchou se esparcían a gusto por Ballonlea llevando su luz a todo el pueblo, y creando un juego de sombras encantador sobre los transeúntes que paseaban por sus calles de tierra.

Detrás de las casas crecían matorrales de flores rosas y árboles que hacían de muros perfectos e impenetrables para la luz exterior, por lo que el pueblo permanecía en eterna penumbra, al menos de la luz del Sol. Al frente se alzaba lo único reconocible por ellos a simple vista: el Centro Pokémon de Ballonlea, idéntico en su arquitectura al del resto de la región, pero adornado por intrépidas pokémon de tipo hada que los observaban curiosas y sonrientes desde su techo rojo que reflejaba las luces multicolor de las setas a su alrededor. Gloria las reconoció de inmediato: se trataba de una pareja de Hattrem, aunque más pequeñas y menos intimidantes que la de Bede. Hacia el fondo y siguiendo el camino debía hallarse el estadio del pueblo, donde podrían desafiar a la líder del gimnasio para obtener su próxima medalla. Pero estaban muy cansados para pensar en ello en ese momento, así que decidieron embarcarse rumbo al Centro Pokémon para reponer energías y comer algo en su cafetería.

—Muchas gracias por tu ayuda, Indeedee —le dijo Gloria amablemente, y se descolgó la mochila de los hombros. El cabrito retrocedió, alertado por el movimiento de la chica, pero Gloria se limitó a sacar una bolsa con bayas que había recogido y se la ofreció extendiéndole la mano.
—Dee… —murmuró el psíquico, acercándose tímidamente y arrebatándole de las manos la bolsa repleta de frutas de todos los colores. Esbozó una sutil sonrisa al verlas y luego le dedicó la típica mirada seria y hostil a la castaña, girándose media vuelta y desapareciendo de ahí hasta perderse entre las sombras. Hop se llevó una mano a la frente.
—Pero qué pokémon más raro… —suspiró—. Pensar que los de los Centros Pokémon siempre le sonríen a todo el mundo.
—Vamos a comer algo, no puedo más.

Al entrar al establecimiento de salud por excelencia se dirigieron raudamente a la cafetería ubicada a la izquierda junto a un gran ventanal. No tenía caso pasar por la enfermería cuando todos sus pokémon estaban en óptimas condiciones de salud, mejores incluso que las de ellos mismos. Se pidieron un platillo del menú del día, pues no tenían clara noción de la hora -el camarero les respondió que las diez de la noche, y que debían cenar algo e irse a dormir- pero sí una nítida noción del hambre que rugía en sus estómagos, amenazándolos con devorarse a sí mismo si ellos no lo llenaban con una buena ración de comida. Tras pagar se ubicaron en una de las mesas para dos junto al ventanal, y Hop tardó un buen rato en dar el primer bocado, embelesado con el aspecto casi onírico del pueblo en el que se encontraban.

—Es como si hubiéramos muerto y llegado al más allá, ¿no? —murmuró el chico mientras Gloria comía rápida y copiosamente. Luego desvió la mirada hacia ella, mirándola de reojo con desdén, y suspirando—. Nah, si esto fuera el paraíso estaría cenando con Nessa.

Tras secarse el agua que le había tirado la chica en la cara, los dos comieron y conversaron acerca del pueblo. Les llamó la atención la escasa cantidad de gente que andaba por sus calles y que ingresaba al Centro, pero a la vez les resultó lógico, teniendo en cuenta la odisea que era para cualquiera que no contase con un transporte aéreo el cruzar Glimwood para llegar ahí. Realmente parecía una trampa mortal para todos los entrenadores que intentasen completar su recorrido en la Liga, pero al menos los consolaba creer que no podrían encontrar un camino más hostil de ahora en adelante. Hop buscó las tarjetas de liga, pues estaba seguro de contar con al menos dos de la líder del gimnasio. Debían informarse lo mejor que pudieran para el combate del día siguiente.

—La líder es Opal, una vieja excéntrica que se divierte haciendo preguntas rebuscadas, analizando la psiquis de sus contendientes y… ¿Dirigiendo obras de teatro para los habitantes de Ballonlea? —leyó Hop en una de las tarjetas que encontró, mientras su párpado inferior se crispaba viendo la fotografía de aquella señora delgada y larguirucha de postura encorvada y extravagante vestido ceñido de colores rosa y turquesa.
—¿Preguntas rebuscadas? —repitió Gloria arrebatándole el mazo de tarjetas a su amigo, y pegándoles una mirada.

Se detuvo en una tarjeta que aparentemente también le correspondía a la líder de Ballonlea, pues el símbolo con forma de mariposa y el nombre de la mujer en la imagen eran idénticos. Sin embargo, en la fotografía podía verse en tonos sepia la imagen de una mujer joven y atractiva con cabello oscuro ondulado y peinado atrevido para la época, vistiendo una camisa blanca al cuerpo con solapas en el cuello abiertas en forma de pétalos de flor, y un listón negro recogido en forma de moño al frente. La bella mujer sonreía con confianza y seguridad a la cámara, entornando sus ojos tan celestes que parecían trascender a los colores opacos y desgastados de la fotografía.

—Parece que fue toda una celebridad en sus años de juventud —murmuró la castaña con un leve rubor en las mejillas—. Creo que es muy fuerte.
—Bah, viendo esas viejas fotografías seguro que te lo parece —se cruzó de brazos el peliazul, no sin antes deslizarle por la mesa la tarjeta actual que estaba viendo él—. Pero si la ves ahora, no parece más que una chiflada que no supo cuándo tirar la toalla como líder. ¡Lleva como setenta años a cargo del gimnasio!
—Eso solo denota el enorme talento de Opal, Hop —negó con la cabeza Gloria, observando la fotografía de la señora mayor que miraba con desdén a la cámara en la tarjeta de liga a todo color—. Por favor, no nos confiemos con ella solo por su apariencia o por lo que digan las tarjetas. La edad no solo es muestra de vejez, sino también de experiencia y sabiduría. Debe tener incluso más que Kabu.
—Bueno, tal vez sí matemáticamente —pensó Hop en voz alta, moviendo los dedos en sus manos como si hiciera cuentas mentales rápidamente—. Pero acá hay un sencillo hecho incuestionable, mi estimada Gloria…
—“¿Por qué habla así de repente?” —frunció el ceño ella.
—Y es que nosotros somos los más fuertes aquí, y la venceremos en su propio juego.
—Muy bien. ¿Tienes pokémon de tipo veneno o acero? Porque utilizará hadas contra nosotros —Hop lo pensó unos segundos, y luego le dedicó una enorme sonrisa a su amiga, negando rotundamente con la cabeza. Gloria casi se cae al suelo—. ¡Entonces estarás en problemas!
—¡Bah! Tampoco tuve pokémon especialmente fuertes o ventajosos contra Bea, y aun así le gané. La tabla de tipos no lo es todo para un entrenador, mi estimadísima…
—En estas instancias, contra los líderes necesitaremos algo más que fuerza bruta para ganar. Y más contra Opal, ella no se dejará intimidar por tu gorila musculoso o tu… lo que sea que sea Gaius.
—¿Y tú qué tienes contra ella?
—Uhm… —pensó unos segundo la castaña, acariciándose las mejillas con el pulgar y el índice. Luego se golpeó la palma de la mano, resuelta—. No tengo idea. Pero ya se me ocurrirá algo.

Hop se golpeó la cara contra la mesa por la respuesta de la chica. Realmente los dos estaban perdidos.

—A Victor seguro le iría bien… —pensó en voz alta Gloria mirando por la ventana, y dejando que las luces del exterior se reflejen sobre su piel tersa—. Tiene a Haneki, tiene a Punkelly, incluso puede que Gear… Quién sabe, tal vez ya tenga su medalla.
—Es problema suyo —bufó el peliazul, cruzando los brazos sobre su rostro.
—Hop… —murmuró la chica, sin ocultar el dolor en sus ojos. Hop se puso de pie, soltando sobre la mesa algunos billetes a modo de propina y pisándolos con el vaso vacío.
—Estoy muy cansado, me voy a acostar. Te espero mañana en la entrada para ir al estadio.

Gloria permaneció en silencio, viendo sin mirar cómo su compañero se apartaba doblando por un pasillo que conducía por escaleras a los pisos superiores, donde se hallaban las habitaciones habilitadas para que los entrenadores designados de la Liga Pokémon puedan descansar.

Afortunadamente para ellos, y gracias al tenebroso Bosque Glimwood, a Ballonlea llegaba un número muy reducido de retadores. Por eso mismo era fácil conseguir habitaciones en el Centro Pokémon local, así como reservar puestos en el estadio para desafiar a la líder de gimnasio. Si bien la reputada Opal era una eminencia en la región, lo cierto es que no gozaba de tanta popularidad entre el público joven, y se habían hecho circular numerosos rumores sobre ella a lo largo de Galar. Eran especialmente populares los relatos de terror en foros de Internet y revistas de chismes, acerca de que realizaba rituales para fortalecer a sus pokémon, o que recurría a la magia y brujería durante los combates. Muchos decían que era inmortal, o que brindaba servicios de adivinación a estrellas de las ligas de todo el mundo, ayudándolos a conseguir el éxito en las grandes competencias.

Con su mente debatiéndose entre el combate del día siguiente y la separación del grupo, ganando peso en la balanza emocional el distanciamiento de Victor y Marnie, Gloria acabó marchándose a la habitación para descansar. Le tocó una cama junto a una pequeña ventana, y las luces del exterior poblado de setas brillantes gigantescas le dificultó conciliar el sueño más de lo que ya lo hacía su propio cerebro. Hastiada, la castaña se incorporó y sujetó la cortina lila con una mano para quedar a oscuras, pero vio una figura oculta entre los helechos, observándola a la distancia. Entornó sus ojos para distinguirla mejor a través del cristal de la ventana, llamándole especialmente la atención un par de cuernitos en punta sobre su cabeza. Se trataba del mismo Indeedee macho, que le daba mordisquitos a las bayas que ella misma le había obsequiado, sonriendo y asintiendo con la cabeza al comprobar el delicioso sabor de las mismas. Algo así no crecía en Glimwood, aparentemente. La chica sonrió al ver al pokémon degustando con placer su propio regalo, y tras correr la cortina, logró dormirse finalmente, zambulléndose en un sueño largo, plácido y profundo.

Despertó a la mañana siguiente creyendo oír un insistente llamado a su puerta. Tanteó su SmartRotom sobre la repisa junto a la cama y verificó la hora: eran ya pasadas las nueve y media. Tras desperezarse sentada en la cama extendiendo sus brazos con energía, corrió la cortina para dejar que la luz matinal se abriera paso por la recámara, pero allí no entró más que el tenue fulgor fluorescente de los hongos lumíricos de Ballonlea.

—“Cierto, aquí no llega la luz del Sol” —pensó ella con una mueca de disgusto. El pueblo era precioso, pero no estaba segura de que el intercambio de rayos del Sol por brillo de las setas gigantes fuera buen trato con la naturaleza.

Se encogió de hombros y se levantó de un saltito, dirigiéndose al baño para lavarse la cara y los dientes. Allí, verificó en el espejo que tenía el cabello por debajo de los hombros, y no recordaba cuándo había sido la última vez que pasaba por la peluquería para darse un corte.

—Tal vez Marnie pueda ayudarme con eso... —murmuró en un suspiro, desenredándolo con un cepillo mientras las gotas de agua tibia caían por su rostro—. “Quizás”.

Alguien golpeó nuevamente a su puerta, insistentemente. La castaña soltó un bufido, y se quitó el cepillo de dientes de la boca.

—¡Ya voy! —gruñó, malhumorada.
—¡No tenemos toda la mañana, Glo! —oyó decirle a Hop al otro lado de la puerta—. ¡Te veo en el estadio, no te pierdas!
—¡Ja! Mira quién habla… —hizo rodar sus pupilas, terminando de alistarse en el baño.

Se decidió por algo sencillo y discreto para cambiarse en el estadio antes de su combate, combinando simplemente unos pantalones oscuros y una camiseta blanca lisa, así como su eterna boina verde, con el cabello largo recogido en una colita baja. Así, se colgó la mochila al hombro y salió con sus deportivas de la habitación, abandonando el Centro Pokémon tras comprar un vaso de café moca para llevar, así tomaba algo en el camino.

Tal y como la noche anterior cuando arribaron al pueblo, había muy poca gente en las calles. Bajando el barranco empinado del edificio de salud y doblando una calle a la derecha, podía verse fuera de una de las casas a un hombre entrado en años cortando leña en su patio, y más adelante por el mismo camino a unos chicos correteando a un par de Chinchou que se elevaban con el magnetismo generado por su electricidad, soltando una lluvia de burbujas inofensivas sobre ellos. Una anciana tendía la ropa sobre unos hongos lumíricos de color rojo, que parecían calentarla y secarla como reemplazo a la falta del Sol. A Gloria le pareció un estilo de vida de lo más curioso, pero no tenía mucho que objetar, teniendo en cuenta que había pasado la mayor parte de su vida encerrada en un barco restaurante.

No había automóviles por ese pueblo, ni calles asfaltadas en materiales amigables para los transportes de cuatro ruedas. Aun así, tuvo que detenerse en una esquina con un hongo verde atenuado, que un hombre regordete de aspecto aburrido apretaba para encender cuando concediera el paso peatonal, para que los transeúntes sobre bicicletas cruzaran. Al parecer, era el medio de transporte ideal en un lugar así, y la castaña se paró a pensar en lo bien que les habría venido a todos tener una de esas para su viaje. Cuando lo estaba anotando en su lista de pendientes mental, escuchó un murmullo a sus espaldas y sintió una mirada penetrante atravesarle la nuca, así que volteó rápidamente con el ceño fruncido.

—¡Hop, no me hagas esa clase de bro--! —se detuvo en seco al fijar sus ojos en la criatura que la miraba con estoicismo a tres metros de distancia, con los brazos detrás de la espalda y los cuernos apuntando a lo alto. Su boca era una minúscula “v” invertida, y sus redondos ojos entreabiertos se fijaban en ella con un contradictorio rechazo, pues aquél Indeedee no parecía dejar de seguirla a dónde fuera—. ¿Y tú? ¿Estás perdido?

El cabrito mayordomo permaneció mirándola en silencio, como si le molestara tener que hacerlo pero tuviese la orden de vigilar cada movimiento de la chica. Gloria estrechó la mirada, acercándose unos pasos, pero el psíquico retrocedió sin darle la espalda. Al verlo con detenimiento descubrió que tenía salpicado de fruta el pelaje alrededor de la boca, por lo cual dedujo que debía haberse dado un verdadero festín con las bayas que le había obsequiado la noche anterior. Al sonreírle con complicidad, el Indeedee desvió la mirada, resoplando. Con curiosidad, la chica apuntó con su SmartRotom al pokémon que la acechaba.

“Indeedee, el Pokémon Sensorio. Percibe las emociones de los seres vivos a su alrededor con los cuernos de la cabeza. Los sentimientos positivos constituyen su fuente de energía. Los machos están atentos a cualquier cosa que necesite su entrenador”

—Así que, en realidad, eres un pokémon amable y servicial, ¿eh? —le guiñó un ojo Gloria, pero el cabrito se echó más para atrás, entornando la mirada y gruñéndole con las mejillas sonrojadas—. Los pokémon del bosque deben estar preocupados por ti, mejor vuelve con ellos. Además, ya no me quedan bayas para ofrecerte.
—¡Dee! —le sacó la lengua el cabrito, pegando media vuelta.

La castaña sintió ternura e intriga por el comportamiento del pokémon salvaje, pero decidió resignarse, encogiéndose de hombros y pegando media vuelta para cruzar el puente que la conduciría a un pasillo de árboles con acceso directo al estadio bajo de Ballonlea. Mientras atravesaba el puente oyó claramente las pisadas cortas y pausadas del cabrito siguiéndola a pocos metros de distancia, y continuó su camino hacia el gimnasio con una sonrisa en los labios, sabiendo que tenía ahora una segunda sombra a sus espaldas.

No pasó demasiado tiempo hasta que Gloria dio con el estadio del pueblo, aunque de estadio parecía tener solamente la nomenclatura oficial, pues su aspecto distaba de la colosal arquitectura de los de las otras ciudades y pueblos donde había estado. Se trataba, más bien, de una cúpula de paredes rosas y amplios vidrios sobre los cuales había pegados afiches publicitarios de obras de teatro, películas y eventos musicales en toda la región, muchos de ellos dirigidos y organizados por la propia líder Opal. Había un par de entrenadores fuera practicando técnicas con sus pokémon, así como un grupo de chicas vestidas con el uniforme oficial del gimnasio en colores pastel ofreciendo volantes a los transeúntes. Al acercarse a la entrada, oyó un grito familiar en el interior del estadio.

—¡¡Soy Hop Owen, de Pueblo Postwick, y vengo a desafiar a la líder para conseguir mi quinta medalla!!

Al ingresar se encontró a su amigo enfundado en su uniforme oficial para las batallas de gimnasio, parado sobre una mesada con folletería y alzando un brazo con los tres dedos extendidos como pose de victoria, muy al estilo de su hermano mayor. Algunas personas dentro del recinto se habían apartado del escandaloso muchacho, mientras que unos niños reían ocultos tras las piernas de sus padres, y otros entrenadores lo miraban de reojo con medias sonrisas, cruzándose de brazos mientras aguardaban su turno para anotarse. Había una fila minúscula en el mostrador de acreditación de medallas e inscripción a los combates, y un par de personas adquiriendo MTs y DTs, así como uniformes nuevos en los shops correspondientes.

—Tienes que formar fila, tarado —suspiró la castaña, acercándose por un lado. El peliazul sonrió al verla, y sacó pecho mientras levantaba el pulgar hacia ella.
—Y bajarte de ahí, por favor —le pidió una mujer al otro lado de la mesa, mientras sostenía con sus manos un pilón de folletos que amenazaban con desparramarse por el piso si el escandaloso entrenador continuaba zapateando sobre ellos.

Antes de que el peliazul amague con bajar de ahí, la puerta que conducía al pasillo central por el cual se accedía a los vestuarios y al campo de batalla se abrió repentinamente, separando magnéticamente sus placas de metal y emergiendo de ahí la delgada y retorcida figura de una mujer de avanzada edad que, pese a encontrarse encorvada, debía medir al menos un metro setenta de altura. Vestía su típico vestido rosa y turquesa hasta los tobillos, así como un voluminoso fular azul oscuro alrededor del cuello, bajo el cual se había cargado una pequeña capa de seda pálida rodeando sus hombros y brazos. Avanzó lentamente dando cortos pasitos con ayuda de un paraguas a modo de bastón.

La anciana se detuvo un segundo ante la atónita mirada de todos los presentes en el hall central del estadio, y repasó con sus ojos entreabiertos a cada uno de los entrenadores que formaban fila, así como a la chica de pelo castaño escoltada por el Indeedee mayordomo, y finalmente al peliazul alborotador de pie sobre la mesa. Esbozó una tranquila sonrisa y avanzó hacia allí, dejando pasar largos y estirados segundos hasta finalmente detenerse junto al mostrador repleto de papeles. Hop parpadeó un par de veces, y Gloria se aclaró la garganta con un sonido gutural lo suficientemente alto como para que el muchacho lo decodificara rápidamente, bajándose de un salto delante de la líder de gimnasio, y con un leve rubor en las mejillas.

—P-perdone, estaba emocionado por conseguir hoy mi quinta medalla… —balbuceó el de Postwick frotándose la nuca con una mano. Opal asintió sin borrar la sonrisa de su rostro surcado por arrugas.
—Lo comprendo, jovencito escandaloso —dijo ella, y súbitamente le dio un furtivo paraguazo en la cabeza, tumbándolo en el suelo a sus pies. Gloria se espantó tanto por el feroz movimiento de la anciana que retrocedió unos pasos, chocándose su espalda contra el cabrito psíquico que se cubrió el rostro del susto—. Pero nadie se llevará la medalla hoy, porque he decidido que el gimnasio permanezca cerrado.

Un silencio se esparció, inquietante, entre todos los presentes. Los murmullos no tardaron en danzar por el recinto, mientras los empleados se llevaban las manos a la cara, abochornados.

—¿Eh?
—¿De qué habla?
—¿Cómo que cerrado?

Las voces de todos los retadores formaron una caótica polifonía en el estadio. Incluso los propios empleados y empleadas suspiraban con resignación y se miraban entre ellos con gesto de circunstancia, acercándose a la multitud que comenzó a juntarse cerca de Opal para pedir explicaciones, y pidiéndoles disculpas en lugar de la líder. Gloria notó cómo uno de los taquilleros que vendía entradas a un lado se agarraba la cabeza, maldiciendo en voz baja por todas las devoluciones de dinero que debería hacer por las que ya se habían vendido para la jornada.

—Ya me oyeron, mequetrefes. Vuelvan a sus casas y regresen otro día —les dijo la anciana con una mueca de desprecio, sacudiendo el paraguas a su alrededor para apartar a la turba iracunda de jóvenes que acababan de inscribirse o que estaban a punto de hacerlo para tener sus combates ese día.
—¡¿A casa?! ¡Vengo desde Turffield solo para combatir con usted, vieja! —le gruñó con los ojos desencajados de furia un muchacho robusto, enseñándole a Opal su medallero con cuatro insignias.
—¡Le prometí a papá que llevaría la medalla! ¡Dijo que me haría un omelette exquisito si la llevo de regreso, no puedo volver así! —pataleaba una chica con los ojos llenos de lágrimas, ante la incrédula mirada de los demás.
—Tengo asuntos más importantes que decepcionarme con jovencitos buenos para nada que no saben estar a la altura de mi desafío —sonrió con malicia la emblemática líder, y le dio la espalda a todos mientras Hop se incorporaba lentamente, sobándose el enorme chichón que le había quedado en la cabeza por su golpe.

Opal hizo el amague de retirarse por donde había venido, pero una presencia se acercó por su espalda raudamente y a paso firme. La larguirucha señora torció medio cuerpo como un chicle enroscado y estiró su delgado brazo sujetando con firmeza el paraguas, deteniendo la punta con forma de bastón de caramelo justo entre los ojos de Gloria, que la miraba con determinación al otro lado. La líder entreabrió sus finos labios sin ocultar su asombro por la osadía de la castaña, pero luego esbozó una sonrisa resuelta y desafiante, ensombreciendo sus ojos celestes, casi transparentes, bajo el ala de su sombrero.

—¿Tú también tienes algo para objetar, jovencita? —la provocó sin mover un milímetro su paraguas frente a ella, impidiéndole avanzar un paso más.
—Señora Opal, creo que hablo por la mayoría aquí —comenzó ella sin titubear—, pero hemos atravesado un duro camino para llegar hasta acá, y necesitamos tener la batalla de gimnasio para así poder avanzar. A decir verdad, tenemos cierto apuro; el Bosque Glimwood ha separado a mi grupo, y debemos encontrar a nuestros amigos.
—¿Uhm? —inquirió Opal con una mueca, estirando su cuerpo hacia ella y escudriñándola con la mirada.

Conforme se acercó a ella, Gloria creyó notar algo encendiéndose en el lago de cristal opaco que eran sus ojos. Hop tomó la muñeca de su amiga, poniéndose a su lado y dedicándole una mirada de desprecio a la grosera anciana, mientras que el Indeedee macho se abrazaba a su cadera, gruñéndole con desconfianza desde atrás. Opal no se fijó en ellos dos, y entreabrió sus labios surcados por las cicatrices del tiempo para arrastrar su voz a través de ellos, envolviendo los oídos de la chica de Hulbury.

—Todos han tenido que atravesar un duro camino para llegar hasta aquí. Y todos han perdido algo en el trayecto. De eso se trata llegar a la cima: de dejar atrás todo lo que nos pese demasiado y nos ate los pies al suelo —la mujer dejó que Gloria y todos los demás mediten sus palabras unos segundos antes de continuar. Tras ello, le sonrió con falsa amabilidad, dándole un suave golpecito en la cabeza con la punta de su paraguas, como un mago encantando su galera para sacar de allí un Bunnelby—. Si quieren un reto de gimnasio pronto, pidan un taxi volador para que los recoja a la salida y los lleve de regreso a Stow-On-Side. Busquen al líder de gimnasio contra el que no lucharon; tal vez tengan más suerte ahí.

La voz chillona y áspera de la anciana sacaba de quicio a todos casi tanto como lo hacía el contenido de sus palabras. Algunos entrenadores abandonaron el estadio ofuscados, maldiciendo el suelo que pisaban y desapareciendo tras las puertas de vidrio en la entrada. Otros, sin embargo, permanecieron allí formando un semicírculo alrededor de Gloria, Hop y la propia líder. No estaban dispuestos a dar el brazo a torcer por un capricho injustificado de ella.

—Al menos podría decirnos por qué nos está rechazando de esa forma —insistió la castaña, y tomó la punta del paraguas de Opal con una mano, bajándolo suavemente hasta que nada se interpuso entre sus miradas.
—¡Responda! —exigió Hop, apretando los dientes, y el resto de retadores se sumaron al reclamo.

Opal enseñó la palma de su otra mano desplegando sus dedos huesudos a un lado de su rostro, como si les exhibiese a todos cómo sostenía el aire sobre la mano.

—En el tiempo reciente, me he dado cuenta de que ya no soy la jovencita que supe ser —comenzó la vieja, y Hop casi se cae al suelo tras oír aquello—. Un buen entrenador necesita mucho más que solo experiencia o cariño por sus pokémon; necesita vitalidad, y eso es algo que se me escapa entre los dedos con desesperación. Por eso, he decidido encomendarle mi tarea a un sucesor, y me abocaré a entrenarlo el tiempo que sea necesario para volverlo digno del Estadio de Ballonlea.

La noticia tomó por sorpresa a todo el mundo. Entre murmullos de la multitud, un chico filmaba con su SmartRotom la repentina declaración de la líder de gimnasio, e incluso el taquillero se vio obligado a salir de su garita, acercándose por un lado mientras se escarbaba las orejas con los dedos por si había escuchado mal lo que había afirmado. Hop entornó la mirada y juntó sus cejas con desconfianza, mientras que Gloria, por el contrario, los abrió tanto como un dibujo animado. Le llamó especialmente la atención que alguien como Opal pudiera dejar su notoria vanidad de lado para preparar un sucesor. ¿Qué no había sido líder de gimnasio ahí durante setenta años?

Al parecer era una corriente habitual ese año en Galar que las eminencias entradas en años designen sucesores para ocupar sus puestos. Hop pensó en Kabu, y en cómo ese cabeza dura jamás daría el brazo a torcer para que un novato lo reemplace en Motostoke. Gloria recordó a Magnolia, y el cálido momento en el que le cedió la bata de profesora pokémon a Sonia. Claro que no esperaba semejante gesto de ternura y amabilidad de parte de Opal, sea quien fuere su reemplazo seleccionado. Sintió lástima por la persona elegida, y luego entreabrió sus labios para hablarle a la vigente líder, pero una voz diferente se superpuso a la suya.

—Espere, por favor.

Suaves pisadas se hicieron eco en el túnel oscuro del que había surgido la líder del gimnasio y máxima autoridad en el estadio. Todo el mundo redirigió sus miradas hacia allí, incluyendo a la propia Opal, que volvió a doblarse en el lugar, encorvándose hacia adelante. El chico que grababa con su SmartRotom apuntó al umbral enmarcado en hierro del que había emergido la voz. Indeedee se apartó por única vez de Gloria, avanzando por delante de Opal y gruñéndole a las sombras, apuntándoles con los cuernos mientras se teñían por un fulgor celeste.

Los rostros de Gloria y Hop se desencajaron hasta parecer obras de arte cubistas cuando de la oscuridad apareció el chico de cabello rubio platinado y ojos morados. Sintieron sus labios cosidos por el espanto y sus corazones asfixiados por garras opresivas mientras con los ojos intentaban procesar el encuentro con Bede, que ahora vestía el propio uniforme del quinto gimnasio, con colores rosa pálido y turquesa. Si él estaba asombrado por verlos, su pétrea expresión lo supo disimular perfectamente. Al menos, a Hop le consoló ver que no dibujaba en sus labios aquella desagradable y pretenciosa sonrisa de gato. Simplemente los observó con seriedad desde el umbral, dirigiéndose a Opal.

—Si me lo permite, creo que podemos concederles una batalla hoy —sonrió finalmente, y Gloria creyó notar que desvió sus afilados ojos hacia ella. Opal arqueó una de sus cejas canosas y bien deliñadas, mirando con indignación al rubio, para luego torcer su rostro hacia la castaña.

La mirada de Gloria irradiaba un fuego tan abrasador que la transportó inmediatamente a sus épocas de juventud, cuando el mundo era todavía un misterio para ella. Sintió esas llamas envolverle el corazón por un momento, y se dejó sorprender por un entusiasmo que no era frecuente en ella. La líder de Ballonlea ensanchó una sonrisa tan larga como su propia nariz, y sus pómulos se hincharon mientras se calzaba el mango del paraguas en la muñeca y desplegaba sus alargados y raquíticos brazos en dirección a la retadora y a su proyecto de sucesor, con tanta energía que todos los demás retrocedieron un paso, con excepción de Gloria y Hop.

—En ese caso… —proclamó la vieja casi en un susurro, elevando progresivamente el tono de voz—. Tenemos una retadora.

Continuará…

TRAINER’s PROFILE

Hop Owen
Edad: 14 años
Medallas: 4
Pokémon:
- Rillaboom (Lv.38) “Cheepo”
- Dubwool (Lv.37) “Lulú”
- Carkol (Lv.35) “Gaius”
- Barraskewda (Lv.34) “Donna”
- Silicobra (Lv.34) “Bashara”
- Pincurchin (Lv.35) “Espi”

Gloria Scott
Edad: 14 años
Medallas: 4
Pokémon:
- Drizzile (Lv.37) “Seven”
- Boltund (Lv.37) “Cookie”
- Appletun (Lv.36) “Eri”
- Corsola (Lv.36) “Melody”
- Sizzlipede (Lv.35) “Darla”


Ending

Mostrar Ending 2 - Pokémon Crowned

Sueña mientras giren las agujas del reloj

"Este fic es un recopilatorio de cosas que me dan asco, me agobian y odio"
                                                                                                    —PKMNfanSakura
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Hm, Bede ya está en uniforme de gimnasio. ¿Será que Victor y Marnie ya se pasaron el gimnasio en ese timeskip de dos días? Si lo hicieron, bueno, somo como Superman dice: "Más rápidos que una bala disparada".

El siguiente capítulo va seguramente a cubrir bastante en explicaciones.
Rompe mi armadura si quieres. Al final, terminarás arrepintiéndote de hacerlo...
[Imagen: IIhG3l7.gif]
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Holiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii!!!!!!!!!!!!!!!

Me agradó el capítulo, es como uno de transición que te prepara para la futura tensión, la que llegó ¡boom! de una manera que no esperaba, pensé que primero se encontrarían con Victor y Marnie, pero no. Vemos que Hop mantiene el resentimiento hacia estos dos, pero creo que noto una ligera disposición a escuchar cuando tenga que hacerlo, ne vez de llegar y juzgarlo todo, aunque me dio la sensación de no haber cambiado mucho respecto a no subestimar a otros, lo digo por la forma en que se refiere a Opal, como una anciana que debió retirarse hace mucho, etc. Por cierto, me agradó eso de los rumores que la vinculan con magia negra y rituales, siento que le da más historia al personaje ¿lo inventaste tú o está en el juego? También me gustó mucho la forma en que describiste Ballonlea, con bastante detalle como siempre, pero no todos los detalles de una sola vez, sino que los describes a medida que los personajes se adentran en la ciudad, no recordaba que fuese tan bonita.

Como dije más arriba, me sorprendió ver a Bede antes que a los otros dos, pero no sólo por eso, sino por la forma en que se presenta, parece andar por el gimnasio como si nada, acaso Opal movió sus influencias para que nadie avisase a la Liga que estaba ahí? Pues, según entiendo, Ballonlea es un lugar muy apartado del resto de Galar, pero no creo que tanto como para que no haya llegado la noticia de que se busca a Bede. ¿Y por qué está ahí en el gimnasio como sucesor de Opal? O sea, lo sé más o menos por el juego, pero tenía que hacer la pregunta, en tu fic puede ser diferente. Vi que se enfrentará a Gloria y ésta se ve algo incómoda y molesta, o esa sensación me dio. Quizás ella esté más molesta con Bede de lo que Hop lo está, o tal vez ella crea con él, pero al verlo se percata de lo contrario, o tal vez le molesta que Bede le haya hecho caso a Victor y Marnie y no a ella. No lo sé, sólo estoy especulando. Me gustó también la forma en que hiciste que Indeedee se acercase a Gloria, de a poco, casi puedo afirmar que será su sexto pokémon. Imagino que el siguiente capítulo veremos la batalla y las explicaciones sobré qué pasó en los últimos dos días.

Esperaré el siguiente capítulo. Ciao.
[Imagen: giphy.gif]
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(30 Jun 2020
10:57 AM)
Tommy escribió:
Se trataba de un primate similar a Cheepo, de cuerpo más redondo y suave pelaje blanco, así como un manto púrpura y amarillo en la espalda que caía sobre sus hombros y brazos. Tenía una marca con forma de estrella romboide en la frente, y una mirada seria pero pacífica al mismo tiempo, así como largos dedos de color gris.

Así que a esto se dedica Oranguru cuando no está en el bar, si no está atendiendo psicológicamente a sus clientes cura físicamente a desconocidos. Este poké se merece una estatua, tiene que ser un icono dentro de la cueva, casi como el señor Stevenson.
 
(30 Jun 2020
10:57 AM)
Tommy escribió:
Detrás de las casas crecían matorrales de flores rosas y árboles que hacían de muros perfectos e impenetrables para la luz exterior, por lo que el pueblo permanecía en eterna penumbra, al menos de la luz del Sol.

Que sepas que me he quedado maravillada con toda tu descripción, pero al leer esto no he podido evitar hacerme una pregunta que no sé si se responde en los juegos, aunque creo recordar que este tema no se toca. ¿Los habitantes de Ballonlea tendrán que tomar suplementos vitamínicos al no recibir la luz del Sol? Ya sabemos que hay varias enfermedades que se pueden derivar por la falta de Sol, así que me sorprende que haya gente viviendo en un lugar así. A lo mejor saldrán a menudo para que les dé la luz (?) o no sé, es algo que se me ha ocurrido al leer eso y ahora necesito respuestas.
 
(30 Jun 2020
10:57 AM)
Tommy escribió:
Allí, verificó en el espejo que tenía el cabello por debajo de los hombros, y no recordaba cuándo había sido la última vez que pasaba por la peluquería para darse un corte.

Me megaencantaaaaan estos detalles~ Qué forma tan sutil de decir que ya ha pasado un tiempo desde que empezaron su viaje. Me gusta imaginarme a Gloria con el pelo algo más largo, pero entiendo a la perfección que prefiera el corto porque es mucho más cómodo. Hoy, en datos que Saku te suelta de ella misma en los comentarios de tu fic, te diré que tengo el dilema entre ambos, porque el corto es muy cómodo y me gusta como me queda peeeeero es que el largo es amor y me gusta muchísimo más, lo malo es que me da calor y a veces molesta. Ahora estoy optando por dejármelo largo, a ver cuanto me dura.
 
(30 Jun 2020
10:57 AM)
Tommy escribió:
—Lo comprendo, jovencito escandaloso —dijo ella, y súbitamente le dio un furtivo paraguazo en la cabeza, tumbándolo en el suelo a sus pies. Gloria se espantó tanto por el feroz movimiento de la anciana que retrocedió unos pasos, chocándose su espalda contra el cabrito psíquico que se cubrió el rostro del susto—. Pero nadie se llevará la medalla hoy, porque he decidido que el gimnasio permanezca cerrado.

JAJAJAJAJA PERO ESTA WOMAN. Pensé que Hop le caería bien por la actitud que había mostrado ya que le recordaría a sus días de joven entrenadora y tal por la energía del joven, pero ya he visto que no es así. Me ha tomado de imprevisto y me he reído lo mío en esta escena, aunque luego me supo mal por el pobre Hop, menudo golpe se ha llevado.

Ya cuando nos introdujiste a los Indeedee me imaginé que uno de los dos acabaría acompañando a Hop o a Gloria. En un principio pensé que sería Hop porque es a quien le prestan más atención de primeras, pero enseguida caí en que ya tiene a seis pokémon y no tendría mucho sentido capturar a uno nuevo cuando acabas de completar al equipo. Me gustó la personalidad del macho, entre que quiere ir con ella pero al mismo tiempo sigue siendo algo huraño, y lol, el momento en el que se sonroja cuando Gloria acaricia a Espi y la hembra le mira de manera reprobatoria fue buenísimo. ¿En qué estabas pensando pillín?
 
(30 Jun 2020
10:57 AM)
Tommy escribió:
Se cubrió el rostro con un brazo y se frotó los ojos un momento hasta que sintió un golpecito suave en el mentón. Espió debajo de la manga y vio a Cheepo entornando su mirada y enseñándole un colmillo mientras sonreía, extendiendo su puño hacia él.

Aaah es que amo a Rillaboom con todo mi corazón y me entró toda la ternura al verle así. Le amo, me recuerda a mi bebé de Espadog, le daría mil abrazos ahora mismo hasta que se cansara y me mandara al espacio de un baquetazo.

Bueno, al fin llegan a Ballonlea después de estar dos largos días metidos en Glimwood, que a pesar de ser un lugar que me encanta porque parece de ensueño al mismo tiempo me enerva por todas las cosas turbias que pueden suceder ahí y por lo que cuesta salir de allí. Todavía no hay rastro de Victor y Marnie, pensé que volverían a encontrarse en el pueblo pero parece ser que no, o bueno, a lo mejor he hablado muy pronto que todavía no han abandonado el lugar. Estoy deseando ver cómo será ese reencuentro, y si Gloria va a tener que darle a los amigos para que reaccionen y se reconcilien, aunque espero que puedan hacer las paces sin necesidad de que nadie intervenga, pues eso hablaría muy bien de su amistad.

Me sorprendió que aquí directamente Opal dice que no quiere combatir, en vez de luchar contigo y preparar a Bede más adelante (que si Bede está ahí... me imagino que los otros no pueden ir muy lejos). Me pareció un giro muy interesante, y al principio estaba algo nerviosa porque pensaba que la anciana de verdad les iba a hacer volver a Stow-on-Side para conseguir la otra medalla, lo que también me habría parecido interesante al usar a los dos líderes de esa manera, pero lo de Bede ha sido sin duda mucho mejor. ¡Y el combate será contra Gloria, qué emoción! Me parece acertadísimo, y ya tengo ganas de ver este combate que, creo, será de los más intensos por conseguir una medalla. Muy buen capi Tommy, y eso que fue algo más ligero, pero me encantó la salida de Glimwood y la presentación de la batalla. Veremos qué ocurre en el siguiente. Also.
 
(30 Jun 2020
10:57 AM)
Tommy escribió:
—¡¡Soy Hop Owen, de Pueblo Postwick, y vengo a desafiar a la líder para conseguir mi quinta medalla!!

Al ingresar se encontró a su amigo enfundado en su uniforme oficial para las batallas de gimnasio, parado sobre una mesada con folletería y alzando un brazo con los tres dedos extendidos como pose de victoria, muy al estilo de su hermano mayor.

Es que este chico no cambiará nunca JAJAJA y me encanta. Qué adorable, siguiendo el estilo de su hermano, de verdad que me encanta verle tan lleno de energía.
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