Original - Una sonata de despedida en invierno

#1
El cielo daba la impresión de ser un cuadro surrealista con aquellos matices de colores propios del atardecer con sus azules, sus rojos, sus naranjas, sus amarillos y algunas combinaciones difíciles de clasificar. A lo lejos un tibio sol comenzaba a perderse entre las montañas; viendo como lentamente desaparecía en el horizonte comencé a recordar cuando todo comenzó.
 
Mis orígenes se remontan a un pueblo muy lejos de acá, una aldea remota perdida en un fértil valle. Mi nombre en este momento es irrelevante, así como el hecho que me encuentro solo muy lejos de lo que alguna vez llamé hogar. Se puede decir que soy uno más que al tener una pluma en las manos y plasma algunas palabras en papel ya se siente como un escritor reconocido.
 
Como ya había dicho provengo de un pequeño pueblo, en el cual me sentía que estaba fuera de lugar; desde joven me di cuenta de que era diferente a los demás niños que era felices rodeados de animales serviles, sentía que mis manos eran para algo más que labrar la tierra, o al menos eso sentía en mi corazón.
 
Cuando le confesé a mi padre que mi pasión era la música y que mis manos no estaban hechas para labrar la tierra y ordeñar cabras no le hizo mucha gracia. Al no tener el apoyo de mi familia tomé la decisión más sabia —o quizás la más estúpida—, huí de casa. Lejos de donde nací nadie me conoce es por eso que mi nombre no importa. Por mucho tiempo estuve vagando de un pueblo a otro, conocí lo que fue padecer hambre y frío, dormir a la intemperie teniendo sobre mi cabeza al dormir un cielo estrellado o una torrencial lluvia, dependiendo de la época. Y para colmo de las ironías usé mis manos para ganarme algunas monedas y así poder sobrevivir.
 
Recorrí sin rumbo fijo pueblos y ciudades hasta llegar a donde me encuentro ahora y así poder cumplir mi sueño: hacer música. Quizás se preguntaran como un hijo de campesinos con una burda educación puede llegar a ser un músico aceptablemente conocido; como dirían algunos filósofos: con la fuerza del corazón. Para no aburrirlos con detalles les diré que logré ingresar a una academia de artes donde uno de mis profesores me acogió brindándome las comodidades necesarias para hacer llevadora mi educación.
 
Al principio no fue fácil —en realidad nada es fácil al comienzo—, al no saber que instrumento seleccionar opté por aprenderlos todos, aunque sea lo básico. Pasé muchas noches aprendiendo a leer partituras, las de Mozart me iban fatal; pero cuando no había partituras que leer me dejaba llevar y lo hacía bien, un ‘don’ lo llamaban mis profesores. En mi segundo año en la academia luego de pasar unas quince horas de aprendizaje cada día decidí que mi pasión sería el piano; mis dedos fluían como agua por aquellas teclas blancas y negras.
 
Mis progresos me valieron para conseguir una beca completa por parte de la academia, con lo que mis asuntos económicos se vieron bastante aliviados. Esto me sirvió para dejar la morada de mi benefactor no sin antes agradecerlo por todo lo que hizo por mí. Fue entonces cuando me mudé a una de las habitaciones modestas asignadas a los alumnos que pudiesen costearlas. La suerte me sonrió una vez más cuando logre conseguir un trabajo nocturno en un pequeño restaurante en el centro de la ciudad donde tenía que amenizar con algunas notas a los comensales mientras disfrutaban de sus platos ‘gourmet’.
 
La suerte es una moneda de dos caras, eso lo descubrí un día en que me encontré a varios compañeros de la academia agolpados en las puertas de unos de los auditorios; dentro de se encontraba una chica haciendo una presentación privada ante el consejo para ver si era digna de ingresar en tan prestigiosa academia; según los comentarios de los presentes la chica era todo un ‘prodigio’.  Si alguno llegó a dudarlo en su momento era un completo idiota y estaba desperdiciando su vida aprendiendo música.  Allí se encontraba ella, acariciando las cuerdas de su violín del cual salía una tonada que hizo que mi alma se despedazara y se volviera a unir. No puedo apartar mi vista de ella; de sus ojos tan negros como una noche sin luna, las pecas de sus mejillas eran como estrellas en una noche de verano; y sus labios, sus labios eran rosa como las flores de cerezo.
 
En ese instante lo supe; sabía que algo faltaba en mi vida pero no sabía hasta ese momento que era. Desde ese instante me enamoré de ella, y mi corazón comenzó a latir al ritmo de su melodía. ¿Pero qué podía ofrecerle a quien todo lo tiene? Tiene talento innato y proviene de una familia acaudalada. En mis bolsillos solo había sueños y fantasías; nunca tuve el valor de acercarme a ella, era una princesa y yo un simple plebeyo. Entonces me dediqué a amarla en la lejanía como quien espera las lluvias de otoño en verano. Podía perderme horas al oírla interpretando las más complejas melodías con su violín.
 
Para alguien rodeada de luz solo fui una sombra, un desconocido que sería capaz de hacer cualquier cosa por ella, hasta postrar en sus pies la luna. Pero eso era algo que ella no sabía y mucho menos se imaginaba. Me dediqué en cuerpo y alma al piano, pero en cada tecla negra veía sus ojos y en las blancas su tersa piel. Hasta mi fiel compañero se burlaba de mi tragedia. Y fueron esos rasgos los que me inspiraron a escribir mi primera composición.  A ti desconocido que tienes esta carta en tu mano te dejo adjunta mi ‘opera prima’; la primera y última. Mi historia de amor, o tal vez mi tragedia hecha música; una historia de amor que no pude vivir a su lado, pero que perdurará a través de las notas.
 
Te preguntarás porque fuiste el elegido para ser el portador de mi obra y no ella la musa de mi inspiración. La razón es sencilla, he decidido huir de nuevo; no es algo que me hizo sentir orgulloso, simplemente soy un cobarde que huyó del amor sin saber si tenía oportunidad de ser correspondido. Ella fue el oasis en el desierto de mis emociones, una ilusión que me atormentó, en la que no pude saciar la sed de mi corazón. Fui tan estúpido que aún sabiendo que para ella nunca existí le dejé un presente de despedida: un colgante con una flor de lis hecho de plata, el cual compré con cada moneda que tenía.
 
El invierno llegó por fin al norte, trayendo consigo las primeras nevadas; ahora me encuentro en mitad de la nada con la esperanza de que mi sonata llegue a oídos de ella y que la música le pueda decir lo que mis labios no se atrevieron.
 
La primavera está tan lejos y a la vez tan cerca, como ella. El frío de la noche comienza a calarme hasta los huesos; caen los primeros copos de nieve y todo se vuelve blanco, me recuerda tanto a su piel. El sueño se apodera de mí ser, siento los párpados pesados, el cuerpo se me entumece y no me deja seguir escribiendo. Creo que dormiré mientras la nieve cae lentamente a mí alrededor, me pregunto si llegaré a despertar cuando amanezca.
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• Indigno de ser humano •

Mi Aventura en la Liga Valora
Episodio #02
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#2
Vaya. Estuvo muy bonito cuervo. Ojala sigas escribiendo cosas así.
[Imagen: JCEDJoJ.png]
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