Original - [One-shot] Traición y resolución

Extensión
Extension larga
AdvertenciaOG
#1
[Imagen: arise_from_grief_by_poisonbird_ddriwou-f...qe7OE5stBM]
Dibujo inspirado en ese corto... y ese roleplay, por consiguiente.

¡Haiooooo! Os traigo el corto que en teoría iba a ir para el concurso... pero dado a que soy un poco derp y no me di cuenta que los cortos tenían que ser en el mundo Pokémon pues al final no lo pude entregar. Sure, podría haber hecho otro corto de Gin x Alberto para que se os quitaran las ganas de shippearlos juntos, pero dadas las circustancias y que no soy capaz de escribir nada bajo la presión del tiempo, pues me he tenido que retirar.

También pensé dejar este corto en el cajón junto a ese fanfic de Poke basado en un viejo fanfic, pero... u know what? Creo que no me había quedado taaan mal como para guardarlo. Así que lo compartiré por aquí.
 

 Traición y resolución
 
 
15 de febrero de 2016. Un hueco en el pecho. Un dolor que era tan intenso que el cuerpo decidió no sentir. Había algo en el centro de su pecho que faltaba; algo que le acabaron de quitar de cuajo. Los latidos se oían lejos. Su cuerpo se caía sin más en una cama de hierba roja. Había muerto en el suelo, sin poder siquiera defenderse ella sola. Todavía había un guardián, quien hizo sus mejores esfuerzos para protegerla… pero fue imposible.
 
Tan repentino… tan efímero… tanto como el vacío, que se sintió como un mal sueño. Fueron tan solo unos minutos, y volvía a estar despierta. Aquellos testigos que presenciaron su grotesca “muerte” la miraban apenados por los hechos. Todos estaban ahí… todos menos él. En su lugar, había un folio bien curtido en su mano.
 
Una despedida. Y una declaración de amor. Una que nunca fue expresada explícitamente en ningún momento. Una oportunidad perdida; una persona que dio su vida para otorgarle lo que le habían quitado. Y no solo porque era su ángel guardián.
 
Le pidió que fuera fuerte. Que siguiera viviendo.
 

 
 
Y de vuelta al presente.
 
Lo primero que sintió aquella persona que colgaba de la pared era calor. Mucho calor. Un calor que contrastaba con el frío tacto de los grilletes que le impedían utilizar sus brazos como dios manda. El suelo le daba la bienvenida con los restos secos de los antiguos paseantes de cuatro patas y cola anillada. Apenas había algo de iluminación por esa oscura sala salvo la luz anaranjada los tubos del radiador que le impedían refrescarse. Se notaba… cansada. Por supuesto, la reacción que tendría su cuerpo sería bajar la temperatura corporal para mantener la piel fría… y en consecuencia, se notaba agotada por el exceso de energía consumida; sin fuerzas para ni siquiera levantar el mentón.
 
Vale… tenía que recapitular. ¿Cómo demonios había llegado a esta situación? Hace un momento estaba teniendo un buen rato con su novio. Luego tomó algo y se empezó a encontrar letárgica. Por supuesto, su apuesta, bienaventurada pareja se ofreció a llevarla a casa. Los pasados sucesos parecían bastante normales para una loca noche de fiesta… excepto por una cosa; no había tomado nada alcohólico. Solo fue un simple vaso de limonada bien azucarada y empezó a perder el equilibrio. ¿Cómo era posible eso?
 
Aparte que la única persona con la que habló en ese club fue con él…
 
Parecía que las piezas empezaban a encajar… no, no lo hacían. O al menos no quería aceptar los hechos. Acababa de despertar y no quería empezar a llorar como una magdalena pensando en lo desgraciada que era. Ah, ¿por qué tenía la sensación de que había vivido esto antes? ¿Era porque se le murió el otro como hace… qué, un año y medio? Oh, peor aún, podía decir incluso que había experimentado esa sensación de pérdida en una vida pasada, por muy absurdo que le suene.
 
En todo caso, tenía miedo. Quería que le sacaran de ahí ya. Empezaba a notar cómo la ropa se le estaba pegando por culpa del sudor. No podía siquiera dormir por culpa del intenso ruido de la ventilación. Era demasiado incómodo. ¿¡Dónde está la gente cuando se le necesita!?
 
Clank-clank.
 
No tardó ni un minuto en protestar en su más visceral interior y escuchó la cerradura abrirse. Un hilo de luz blanca se atrevió a hacer contraluz a los dos celadores que acabaron de entrar. Era increíble como no los escuchó venir, siendo su oído tan fino.
 
—Aquí está. La he colgado en la pared, como dijiste.
—Bien. Quédate en la puerta. Tengo que ver como está.
 
No puede ser… conocía esa voz. Era tan clara como el río naciente; tan familiar. Esa misma voz encantadora que le hablaba con dulzura y decía cuan perfecta era, ahora estaba dando órdenes como un mafioso… al menos quería creer que era otra persona.
 
Lo era. ¡Lo era!
 
—Oh, vaya. Estás despierta. ¿Cómo has dormido?
 
No. Era él. Sin duda era su pareja. Su cabello rubio; sus ojos azules; su vestimenta casual… era él, sin duda. Por una parte quería preguntar realmente si había venido a salvarla. Por otra… bueno, ¿acaso se creyó alguna vez que realmente quería algo con ella? Al fin y al cabo, la historia de como se conocieron ellos fue… demasiado rápida. Él lo buscó porque su primo habló de ella y su problema con sus poderes de hielo… le invitó un café… expresó su interés por ella… hasta le dio un masaje en el cuello en medio del establecimiento.
 
Desde ese momento tuvo que suponer que algo iba a ir muy mal con esa historia de amor adolescente, ¿pero qué otra opción había? Aparte, él parecía estar dispuesto a ayudar a dominar a sus poderes de hielo de una vez por todas; cosa que sí hizo… los primeros días. ¿Luego? Tonteo todo el rato. Incluso cruzaron “esa” frontera unas cuantas veces… prevenidos de todo lo que pudiera ocurrir, por supuesto.
 
¿Y ahora? Ahora estaba en frente suyo; limitándose solo a quitarle el sudor de la cara. La cicatriz cruzada que tenía en el pecho le escocía de la ira. Empezaba a tener una idea de por qué era tan insistente con ella…
 
En medio de esa frustración, pudo entonces preguntar, con voz ronca y seca:
 
—Tú… ¿qué clase de juego es este ahora? Esto no me pone de humor, ¿sabes?
—¿Eh? Oh, no, querida, lo estás malinterpretando. ¿De verdad me ves capaz de hacer esas prácticas sin tu consentimiento? Tampoco soy tan así.
 
Lo dijo con una calma que era escalofriante. Ahora sí que estaba perdida.
 
—¿E… entonces? ¿Por qué…?
—¿Me preguntas por los grilletes y el por qué te he encerrado en una celda con un calefactor? Bueno… digamos que he recibido una oferta de trabajo bastante cuantiosa.
 
Seguía sin entender nada.
 
—Me van a dar unos cuantos miles por cada chica con potencial que capte, ¿no es fantástico? Al menos así podremos… comprar un chalet en Marsella algún día…
 
Tan dulce y tan encantador como siempre... ese es el perfil que intentaba mantener mientras pasaba su dedo sobre su resbaloso cuello. Aunque normalmente eso la reconfortaría, en esta situación resultaba un gesto muy escabroso de su parte.
 
—Una lástima que te haya tenido que usar para el primer pago.
 
Aún no despertaba de su pesadilla. No sabía qué iba a hacer ahora. ¿Qué era lo que le deparaba el futuro? ¿Qué iba a ser de ella? ¿Tal vez sería un conejillo de indias? No, tal vez peor… el hecho de que atrapara solo féminas en su red podía implicar que tal vez se haya metido en algún negocio turbio. ¿Trata de blancas, quizá?
 
Una vida de esclavitud por donde no podría oponerse a la lujuria de otros…
 
¿Acaso ese iba a ser el precio por su ingenuidad? ¿Por creer que otro amor acabaría de borrar la cicatriz que tenía en el pecho? No, claro que aquella cruz diagonal no iría a desaparecer nunca. No físicamente; mucho menos en sus recuerdos. Ya había aceptado que él se había ido. ¿Por qué demonios seguía buscando una panacea por donde no había? Era como si no hubiera recibido suficiente castigo después de desatar su cólera contra su asesino de forma fútil y desmedida; aplastando tantas vidas solo por la imagen flotante de ese bastardo…
 
Oh, si la hubiera visto… seguramente se habría arrepentido de tener ese encontronazo en aquel día mientras caminaba tranquilamente en el pasillo de la escuela de magia. La hubiera maldecido… tal vez hasta habría roto su credo como especie y la hubiera dejado a su suerte. Quizá hubiera sido mejor de esta forma. Tonta de ella que tenía que enamorarse y darse cuenta una vez que se había ido.
 
Vista de aquella forma, le parecía hasta justo lo que le estaba ocurriendo.
 

 
Y sin embargo, ahí se encontraba, preguntándose cuánto más tenía que sufrir por sus pecados. El hombre que aún estaba delante suyo gozando de su sufrimiento todavía seguía con su dedo puesto encima suyo; como si no hubiera dejado claro que lo suyo no era amor.
 
—Hm… lo cierto es que me da pena dejarte ahora. ¿Y si pasamos un rato más juntos?
 
“Qué hijo de puta”, pensó la damisela en apuros mientras instintivamente le lanzó una mirada de profundo odio.
 
—¿No? Lástima…
 
No se alejaba.
 
—Porque a partir de ahora no puedes negarte a nada. Em… oye, ¿te importaría dejarnos a solas? Vamos a intimar un poco.
—Tché, claro, como tú quieras… asqueroso.
 
¿En serio?
 
¿En serio iría a ensuciarse más con su sudor? ¿En esa sala tan anti-higiénica? No quería. Ni por asomo.
¿Pero qué iría a hacer? Por mucho que su instinto de supervivencia quisiera librarse de esas manos, sus poderes estaban anulados por ese sofocante calor. Aparte de que se lo merecía. Tuvo que cometer la piedra dos veces…
 
Iba a dejarse hacer. No hay nada que pudiera…
 
“Eres fuerte, Dinara. Siempre te lo dije. [...] Aunque yo ya no esté físicamente para ti…”
 
Pronto, las palabras de despedida de su guardián vinieron como un cubo de agua fría. Si era tan débil… ¿entonces cómo era posible que alguien le afirmara lo contrario? No. Tenía que ser una mentira. Para haber caído de esta forma…
 
Pero… ¿y si era ella quien estaba equivocada? ¿Y si aún podía salir de ahí?
 
“[…] Este lazo nunca se romperá”.
 
Lo sentía. Su corazón estaba latiendo como loco. Quizá por ira; quizá porque había recordado que ya tenía el perdón que buscaba. Sus inconscientes crímenes fueron expiados; su familia y amigos aún estaban ahí. La única que estaba siendo cruel con ella era su propia persona.
 
Sentía que estaba volviendo. La coraza con la que cargaba consigo poco a poco se estaba resquebrajando. ¿Qué sentido tenía culparse por las calamidades que le habían ocurrido? ¿Qué bien le hacía rendirse ante las circunstancias? ¿Acaso debía quedarse y lamentarse por ver que las cosas no le habían salido bien? ¿Acaso era necesario aferrarse al clavo ardiendo del amor romántico para ser feliz otra vez?
 
No. No iría a dejarse torturar más. No iría a dejar que la torturen. Nadie.
 
Aún con el ardiente calor de verano presente, ella intentó enfriar el ambiente. Mas, a pesar de sus esfuerzos, solo conseguía que resbalara más agua por sus poros. Todo y que parecía un esfuerzo inútil al principio, parecía que estaba logrando algo. Su “pareja” empezó a notar que su mano también se estaba empapando. Cosa que hizo que apartara su mano de su cuerpo.
 
—¿Hm…? ¿Me he pasado con la calefacción? Ugh, qué asco, así no puedo.
 
Le había dado la espalda para comprobar los mandos de la caldera. Por lo menos había conseguido distraerlo… pero aún estaba colgada.
 
“Vamos… puedes hacer mejor que eso...”
 
Siguió concentrándose. Su piel se estaba poniendo tan fría que la diferencia de temperatura hacía que humeara. Cada vez sus fuerzas estaban mermando todavía más debido al sobre-esfuerzo.
Pero no iría a caer. No ahí. No en sus manos. No en este momento.
 
 
Pronto, el agua que expulsaba se había convertido en un gentil vapor que empezó a descender y cubrir la sala. Las paredes también empezaron a sudar; al igual que el celador que redujo la temperatura por compasión. El naranja de los barrotes habían bajado de intensidad, y él se preparaba para volver a sus asuntos. Y aún no había conseguido liberarse de los grilletes.
 
Pero ahora que lo pensaba… tal vez el cambio de entorno le beneficiaba.
 
—Bien… ¿por dónde íba…?
 
Empezaba a sonar un chirrospoteo extraño a las espaldas de aquel traidor. La luz caliente empezaba a titubear por la excesiva humedad de la celda. Era algo que sin duda al chico le fastidió… y le dio esperanzas a Dinara. Sin saberlo ni quererlo, había empezado a dar una vuelta a la tortilla.
 
—¿Pero qué demonios le pasa a este cacharro?
 
Nada más preguntar, la luz dio un estallido de chispas muy ruidoso que oscureció esa celda. Lo había pillado desprevenido.
 
—¿¡Qué!?
 
De enseguida, el vapor del mismo empezó a condensarse en una densa neblina que enfriaba todo lo que tocaba. El agua que había mojado los grilletes empezaba a cristalizarse con rapidez. Justo lo que ella buscaba.
 
Se concentró en las virutas que entraron en la cerradura y las hizo explosionar en cristales más largos para romper sus ataduras. Aterrizó de pie, agachada y exhalando el vaho por la boca cual bestia colérica. Las cadenas se mecían con violencia mientras el metal daba golpes contra la pared. Solo la luz exterior dibujaba su silueta llena de cólera, con crecientes púas heladas en su espalda; exhalando cual bestia cansada. Apenas se apreciaba la rabia en su rostro por la poca luz que había.
 
—Así que al final te vas a desatar, ¿eh…? ¿Después de todo lo que hemos hecho juntos?
 
La respuesta de Dinara fue lanzarse al ataque con sus brazos cubiertos con un par de cuchillas dispuesta a cortar ese fino lazo que habían tejido; pero él no iría a dejarse seccionar. Se protegió del asalto con un escudo de hielo improvisado por sus brazos. Todo y que no había llegado a herirlo, el choque entre cristales se había sentido en todo su cuerpo.
 
¿De dónde estaba sacando tanta fuerza para abalanzarse con todo este peso? No era normal.
 
—¡MALDITOOOOOOOOOOOOO!
 
Con un impulso, retrocedió y tomó distancia de él para luego cargar con un grito de guerra y puntiagudos picos cristalinos en ristre. La fuerza de sus pisotones era inhumana. Iría a recibirlo de lleno antes de que pudiera esquivar la punta de sus improvisadas armas.
 
O no.
 
Sin que ninguno de los dos se diera cuenta, el chico que celaba la puerta se interpuso entre los dos y repelió a la iracunda bestia de un solo puñetazo.
 El impacto fue fuerte. Virutas de hielo volaron nada más que sus espinas se quebraran contra la pared. Un grito de agonía fue emitido. Parecía noqueada.
Aquel chico de complexión normal y pelirrojo se enfrió los nudillos cuando vio que esa persona de afilada pero frágil apariencia no volvía a levantarse.

—¿Qué ha pasado aquí? ¿¡Acaso se te ha ocurrido soltarla para tus perversiones o qué!?
—N-no… se ha librado sola.
—¿Qué? Pero… maldita sea, ¿no habíamos puesto el radiador para prevenir estos accidentes? Joder, qué frío hace aquí dentro ahora…
—Sí… y funcionó por un momento. Quién me iría a decir que podía generar vapor…
 
No podía evitar reírse para sí mismo. ¿No fue él quién le enseñó que el hielo era solo un estado del agua? Así que aplicó esa teoría para manipular el entorno de ese cubículo… por lo menos, era lo que él teorizaba.
 
Acababa de darse cuenta lo mucho que la había despreciado al entregársela a la mafia. Ese arrebato solo fue una consecuencia de sus actos, estaba claro. Aunque por el momento estaba a salvo de su ira. Parecía que ese golpe le había dejado inconsciente.
 
No por mucho tiempo.
 
La escarcha estaba empezando a escalar rápidamente sobre la piel de su chica mientras esta se volvía incorporar resoplando con fuerza. El celador se ponía en guardia con los puños preparados para romper más hielo.
 
El frío de la soledad siempre le atormentaba. Otra vez, su poder tomaba control de su cuerpo, desbordándose por doquier. El miedo y la incertidumbre iban a tomar parte de su ser una vez más.
Pero esta vez sentía que podía tomar las riendas de este asunto. Esa fuerza sobrehumana que ese entrometido exhumaba posiblemente la supere…
 
Aún así, tenía que vivir. Ya estaba harta de agarrarse en falsas promesas y dejarse engullir por las desdichas del amor. Harta de dejar que el miedo le haga tan susceptible.
 
Tenía que convertirse en algo digno de sus pesadillas. Algo que inspirara rendición… algo que les pudiera devorar.
 
Su aliento se detuvo. No le llegaba aire; tampoco moverse. Había sido oprimida por la propia celda que había creado para protegerse. Pero a pesar de ello, su corazón aún latía. Sus manos notaban de primera mano los latidos que su ángel le había regresado.
 
Estaba observando. Sabía que estaba con ella.
 
“Por favor, dame fuerzas.”
 
El bloque por donde se había encerrado empezaba a quebrarse. De enseguida, el enorme bloque por donde ella misma se encerró; el huevo que ella había esculpido con sus poderes se quebró y desplegó un par de extensas y filosas alas de cristal. Cuatro patas con ganchudas garras aterrizaron en el suelo mientras una pesada cola seccionada en varios módulos cayó con todo su peso. Tan pronto como nació ese dragón, se dispuso a levantar sus garras delanteras y a levantar un vendaval con su rugido. Los fragmentos dispersos pudieron rasgar las telas de sus adversarios… pero eso no era si no un contratiempo.
 
—¡¿Eso es todo!?
 
Subestimando el bramar del dragón, el pelirrojo empezó a tomar carrera antes de que pudiera acercar sus fauces hacia él. Pudo darle un golpe que redujo a la bestia a polvo nevado de cuernos a cuello. Se había ido tan rápido como había venido. El resto se había desplomado de lado.
 
—Tsk. Solo era una escultura bien tallada.
 
Se arremangó. Iba a liquidarse el resto y sacar a la chica de ahí. Estaba seguro de que no habría más reto que ese.
 
Y de repente, no pudo mover más su pierna. Sin quererlo ni saberlo, una estaca había emergido del suelo frenando su paso, atravesándolo. Cuando miró lo que acababa de tocar, el dolor lo azotó con completa violencia y se puso a gritar como un descosido.
 
—¡AAAAH, ZORRA!
 
Y lo peor de todo era que la cosa no acababa ahí. Viruta por viruta, la cabeza del vengativo monstruo se estaba regenerando a velocidad de vértigo. Ya tenía parte de la mandíbula inferior reconstruida. Estaba perdido. Aún si lograra liberarse de esa puntiaguda estalagmita, no podría ir muy lejos con la musculatura hendida.
 
Se disponía a desgarrar al joven con los ganchos de sus patas, mostrando la equis cruzada de su tórax. Para cuando quiso escapar y probar a apuntar ese punto, ya era demasiado tarde. Justo cuando se liberó, las garras lograron tumbarlo boca abajo, ocultando el desastre que ahora era su aspecto.
 
Una de las personas más fuertes que conocía, derrotado por el desengaño de una ingenua… y a traición, ni más ni menos…
 
Estaba aterrado. Ahora que su cabeza estaba completa, el dragón no podía hacer si no “mirar” al que le trajo en esa celda.
 
No había manera de que él pudiera combatir contra esa bestia. No podía si no temblar por el miedo que infundía su aspecto. Despacio, el artificial reptil se acercaba arrastrando su cola por el suelo, dejando un rastro de escarcha a su paso.
 
—W-wow… ¿así que eso era lo que intentabas controlar todo este rato, querida? Ja… ajajajajaja…
 
Sus fauces solo se limitaron a soltar un ruido vibrante sin parar su marcha. No le iba a llegar. De hecho estaba preguntándose si era ella o un demonio que tomó posesión de sus poderes.
 
—Es increíble… realmente eres muy fuerte…
 
Aún la halagaba como si pudiera llegar a alguna parte con ello. Como si pudiera escuchar a través de ese escudo. Como si creyera que, muy en el fondo, aún había algún sentimiento por él en ese corazón suyo.
 
Pero en vez de detener su marcha, intentó empalarlo con emergentes estacas. Por suerte para él, la fuerza de ese estallido lo ayudó a evitar otra muerte e impulsarlo para correr fuera de la celda. Corrió tanto como pudo; tanto como sus piernas lo permitieran.
 
Justo cuando creía que había tomado la suficiente distancia, vio cómo una nube de polvo se levantó de la pared. Aún con medio cuerpo partido; con un ala faltante y los cuernos rotos, el dragón se abrió paso entre el hormigón con toda su fuerza bruta.
 
—No, por favor…
 
Tan pronto como su hocico apuntara hacia él, este empezó a retomar su carrera mientras ese lagarto reptaba por los largos pasillos cerrando sus heridas. Corrió por la vieja cárcel, mirando constantemente hacia atrás para asegurarse de que no le diera alcance. Por suerte parecía que la criatura en sí era más lenta que su mortal cuerpo. El alcance de su poder, en cambio…
 
Todo y que no había llegado a pisar el suelo, la neblina estaba empezando a cristalizar todo lo que había delante. Si llegaba a tocar tan solo sus talones, ya podía darse por muerto.
 
Tenía que ganar tiempo. Empleó sus poderes para taponar el pasillo y ganar tiempo hasta llegar a la salida. No miró, pero había oído el choque de su cabeza demoliendo ese frágil muro que había creado. Empleó el suelo como su pista de patinaje solo para alargar distancias mientras iba generado obstáculos a su paso.
 
Partido. Destruido. Demolido. Cada vez parecía que la bestia se estaba agotando de tanto destruir. Su paso parecía ralentizarse mientras el suyo ni siquiera pisoteaba. Parecía que iba a salir de esas instalaciones vivo. La puerta automática se veía como la luz al final del túnel desde donde estaba.
 
Saltó del suelo helado hacia las baldosas blancas. Y empezó a correr hacia el botón para pulsarlo.
 
Pero por mucho que lo apretara, el cristal no se abría. Claro… esa estufa debió provocar un apagón a todo el edificio. Por supuesto que no iría a ceder ante el pulsar de un interruptor.
 
—¡Oooh, venga ya!
 
Desesperado, el chico congeló sus propios puños para romper ese cristal de un golpe. Cargó su prisa en un puñetazo con la potencia de la embestida de un toro.
Pero los fragmentos no volaron frente su cara. Ni uno solo. El blindaje de doble capa de esos cristales era sin duda demasiado duro.
 
—¡ÁBRETE, MALDITA SEA!—gritaba una y otra vez mientras repetidamente intentaba agrietar la puerta con sus duros guanteletes; como si ordenándolo fuera a abrir la cueva.
No paró hasta que la escarcha empezó a trepar por la puerta y empezara a romper el hielo.
 
Estaba ahí. Le había alcanzado. El domo de la recepción le permitía por fin extender sus alas y ponerse a dos patas; aunque no sea completamente erguido. Todo y que no lo pudo apreciar bien por la poca luz, ahora podía vislumbrar la silueta de su “querida” entre los rayones de ese escudo móvil.
 
No iría dejarle pasar esto. Podía vislumbrarlo a través del rostro que ella había dejado plasmado.
 
Sin más opciones, convirtió sus guanteletes en pomposos puños americanos y se abalanzó ante el dragón que encerraba a la chica. Confió en que soplara un chorro de aire criogénico. Que al menos utilizara la fuerza bruta.
 
Pero no. Solo se limitó a batir sus alas y lanzar una lluvia de carámbanos que le obligó frenar su carrera.
 
Estaba justo donde ella quería. Pronto, mirando al suelo, se percató de que la cristalización se estaba concentrando bajo sus pies. Un poco más y habría sido empalado.
Pronto tuvo que correr siendo presa del aliento gélido de esa bestia. Tuvo que poner otra vez pies en polvorosa para que no lo aprisione en otra tumba helada y esté en su merced, pues se acababa de dar cuenta de que lo necesitaba quieto para tenerlo muerto.
 
Cuando se le acabó el fuelle, el chico aprovechó ese pequeño respiro y se lanzó directo hacia la equis de su pecho dispuesto a hacer una llave con hielo. Dio el salto justo a la vez que el draco volviera a reposar sobre cuatro patas.
 
—¡NO!
 
Justo en el aire.
 
Tan solo bastó con un balanceo de su cabeza para apartarlo de su vista y estrellarlo contra la pared. El impacto fue tal que incluso agrietó parte del yeso. Y para más inri, el dragón no se conformó con eso. Justo cuando se iba a deslizar hacia abajo, las garras del dragón lo aprisionaron en esa grieta, poniendo cara a cara con su belleza.
 
Exhalaba con agotamiento. Mantener ese armatoste seguramente estaría consumiendo la última de sus fuerzas. Por lo menos confiaba en que, dentro de poco, se derretiría por sí solo. Pero no estaba seguro de que fuera a dejarlo vivir, después de todos los esfuerzos que había empleado para alcanzarlo. Y usar sus poderes seguramente sería prolongar su vida.
 
Sería patético, pero… podría funcionar. Aún creía que esa manipulación emocional iría a funcionar.
 
—Eh… no serás capaz… de matar a tu novio… ¿ver… verdad? Vamos, no seas así, Dinara… por favor…
 
Sin respuesta. A este punto ya estaba preparado de que le atravesaran el pecho con un carámbano. Así era como iría a acabar su vida.
 
¿Por qué estaba llorando, entonces? Si solo era un medio, ¿por qué?
 
—No me mates, por favor…
 
De pronto los rugidos empezaron a sonar más guturales; como si hubiera un eco sobrehumano retumbando por el cuello.
 
—Tú…
 
Quizá era más grave por cómo rebotaba; pero era la voz de Dinara la que estaba sonando.
 
—Eres un desperdicio de persona. No vuelvas a acercarte a mí, nunca. Como me entere de que has intentado volver a engañar a alguien por unas simples perras, me aseguraré de decapitarte con estas alas, ¿te queda claro?
 
¿Le estaba perdonando la vida? Sí, le estaba perdonando. No se lo pensó dos veces, y asintió con brío ante esa amenaza.
 
Para acabar de rematar, el dragón agarró el cuerpo del chico y lo estampó contra el suelo para luego pasar de largo y destruir la puerta como si nada.
 
Nunca más.
 
Nunca más haría tratos con la mafia.
 
Se acabó el hechizar con sus encantos.
 
Para siempre.
 

 
—Y por eso me encontrasteis en medio del bosque toda mojada.—contaba Dinara con toda despreocupación a su hermana “menor” en la cama de la enfermería. Menor entre comillas porque, en un extraño episodio, fue transportada a un mundo de fantasía por un loco aleatorio… y volvió en seis minutos con dieciocho cumplidos después de que la misma persona abriera un portal de vuelta. No pregunten.
—Dios. ¿Noqueaste a Kio de un golpe? ¿¡En serio!?
—Sep. Ni idea de dónde he sacado las fuerzas porque el calor me había dejado toda débil antes, pero… sí.
—¿Pero estará vivo? Porque aún tenemos que… bah, es un chico fuerte. Ya lo recuperaremos otro día. Uh… en… todo caso… siento mucho lo que te ha ocurrido.
—Está bien. De todas formas tampoco me había hecho muchas ilusiones con él. Parecía ser demasiado bueno para mí, después de todo…
—Pero si estabas hablando de él todos los puñeteros días. Diniiii, que te conozco como la palma de mi mano. No me engañas.
 
Dinara desvió la mirada hacia otro lado con la vergüenza tiñendo sus mejillas. Tampoco quería admitir que había sido una ingenua con su elección.
 
—En todo caso… me sorprende que no acabaras asesinando a tu ex, después de lo que te ha hecho. Y más conociendo tu… ejem… “temperamento”. ¿Será que aún lo querías… muy… en el fondo?
 
Buena pregunta. Lo cierto es que lo normal hubiera sido que se hubiera dejado llevar por la ira y hubiera decidido cortar la relación de una forma bastante macabra. Pero ahí lo dejó. Con alguna deformación en la cara, tal vez… pero no lo mató.
 
¿Cómo debía considerarlo a partir de ahora? Porque no podía simplemente ir y hacer como si nunca hubiera entrado en su vida. Aunque lo más posible es que no lo vaya a volver a ver.
 
Y estaba bien. Si era sincera, no creía que después de eso iría a querer volver a tener una pareja.
 
—Tal vez. A ver, sí es cierto que me la ha jugado… pero tampoco puedo negar que también hemos tenido nuestros momentos. No sé… como que me daba pena sumar a otro muerto a la lista. Y… la verdad, me habría sentido como una mierda si lo hubiera hecho. Ya sabes…. por… no haber sido capaz de controlarme.
—Ya veo. Bueno, lo que cuenta es que has vuelto sana y salva. Y la verdad… eh, sé que lo que ha pasado es muy triste, pero lo que acabas de hacer es todo un logro. Seguramente él estaría orgulloso de ti.
—Hm… ¿sí? ¿Y no piensas que él podría haberse convertido en dragón y haberle arrancado la cabeza con los dientes?
—Eeeeh… no lo sé Dini, tampoco lo he conocido tan bien.
—Hm… bueno, da igual…
 
El cansancio ya le estaba haciendo pensar cosas raras. Estaba empezando a bostezar sin control.
 
—¿Quieres dormir ya?
 
Ni siquiera quería afirmar con su voz. Solo asintió con los ojos a medio cerrar.
 
—Vale. Te dejaré a solas con Polaris entonces.
—¿Cómo que-? Lilly, no necesito un estúpido pelu-
 
Ni le ha dejado acabar de protestar. Le dejó un oso blanco de peluche al lado.
 
—Por si acaso. Jeje, siempre quise hacer eso.
—Grrrr, te odio hermani… her… hermana…
—Yo también te quiero, “hermanita”.—le despidió Lilly con la lengua fuera mientras se acercaba a la cortina. —, buenas noches, Dini.
 
De nuevo con la soledad. El frío abrazo de la noche le cubría con su oscuridad. Habría deseado que Lilly se hubiera quedado más tiempo… porque ahora estaba sola con los murmullos de su mente.
Hubiera deseado que las cosas hubieran sido de otra forma. ¿Por qué era tan desgraciada con el amor?
 
Pero ya no había remedio.
 
Y además… ¿quién necesita novio cuando hay familia?
 
Abrazando al peluche, la joven poco a poco se sumía en un plácido sueño, a la espera de un nuevo día.
 
 


Mostrar s = Contexto
Este corto está basado en un roleplay muy parecido a Harry Potter pero con chicos que tenía poderes y toda la pesca. Aquí Dinara tenía un novio que era un ángel guardián que se podía transformar en una criatura según el alma de su portador... en este caso, su angelito podía transformarse en un dragón; de ahí el paralelismo. Por supueto sus novios perdidos eran personajes de otro usser; de ahí que fuera tan reacia a poner sus nombres. Bueno, al final puse el del celador (sí, otro personaje que no era mío), pero desde que no era taaan importante... wellp.

En teoría el ex que estaba a punto de ser asesinado parecía que iba a ser su nuevo novio... por desgracia, esa relación nunca se ha consolidado, ya que, días después de hacer esa ship, los participantes del rol fueron desapareciendo... incluído el usser de ese chaval. En todo caso, siempre me preguntaba por dónde habría quedado esa relación tan... espontánea. Y desde que la pobre chiquilla es una desgraciada en el amor (porque todos los novios se le morían)... bueno, pensé que tal vez este caso no sería diferente. So, dije... "estaría bien que aprendiera de una vez a no depender del amor para seguir adelante y lo superara de una puñetera vez, ¿no?". Porque al fin y a cuentas, ella sería capaz de decir que sí a cualquier galán que se le presentara por no sentir ese dolor... y que a la vez, ese recuerdo; ese noble acto que cometió esa persona le siguiera para seguir adelante.

Y sí, también se implicó que había una mafia involucrada. Que hubieran trata de blancas ya... eso fue algo que improvisé para este One-Shot.

So. Yeah, de ahí surgió el one-shot.
 0  0  0  0  0  0  0  0  0  0  0  0  0  0  0  0  0  0  0  0
Responder
#2
Mostrar Comentarios sobre "Traición y Resolución"
Un relato...interesante. Si bien es obvio que lo escribiste de forma improvisada, se nota que tenés buena redacción, la capacidad para ser bien descriptiva cuando las escenas lo requieren y una excelente prosa e imaginación. En pocos párrafos lográs meter de todo: drama, amores no correspondidos, traición, trata de blancas, muerte, humor, esperanza y muchos otros elementos que hacen de la lectura divertida y a la vez fascinante, puesto que la escritura es dinámica y nunca aburre. Personalmente te recomendaría que conservases al personaje de Dinara y su universo y los tuvieses en cuenta para cuando apuestes por escribir un relato más ambicioso, puesto que las cosas que introducís como los poderes de magia de hielo de los diferentes usuarios y la supuesta mafia de magos dan para mucho más. Pero eso ya va en cada uno.

Espero poder leer en el futuro las otras historias que publicaste acá en la Cueva cuando esté más desocupada. Un saludo grande y un fuerte abrazo. ¡Seguí así!
                           [Imagen: 5jKLfmz.jpg]
 0  0  0  0  0  0  0  0  0  0  0  0  0  0  0  0  0  0  0  0
Responder




Usuarios navegando en este tema: 1 invitado(s)