Original - LA TIERRA AL BORDE DEL CATACLISMO

#1
En mi mundo lleno de fantasías fui derrotado ante la magia más poderosa, la realidad.
Me preguntaba si realmente perdí esa batalla y simplemente me dejé vencer
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[Imagen: BjeLNDZ.jpg]


 

— No puedo, un humano no puede hacer esto — Dijo aquel joven caballero de rodillas mientras observaba al anciano.
— Tienes razón, un humano no podría contra todo esto — El viejo sonrió mientras rascaba su barba — Pero, un dragón talvez si podría…








   

— Tengo mucha tarea el día de hoy — Dijo aquel abrumado joven quien caminaba de regreso a casa— Cumplir 19 y estudiar en la universidad es un dolor de cabeza.


La noche se hacía presente mientras las lámparas del camino se encendían, el horizonte ya solo era una franja naranja junto al mar con colores oscuros. Caminaba algo apresurado por la costa cuando pudo ver que cerca del bosque había un letrero algo viejo.


— Un toque de magia en tu vida — Repitió esas palabras, pues las había memorizado durante todo el mes que solía pasar por ahí. Nunca le había importado ese letrero y lo ignoro como de costumbre.


Su hogar estaba a 20 minutos de caminata de la escuela en una pequeña ciudad, un lugar turístico por su tranquila y ambiente acogedor. Un pequeño pueblo cerca de la costa.


— Estoy en casa — Aquel chico entraba por la puerta.
—¡Jhuen volviste! — Una voz dulce y suave la recibió.
— Hana, ¿Cómo has estado?
— No he sentido mareos desde la mañana.


Lo decía con una enorme sonrisa en su cara. Hana era una chica con una fuerte enfermedad, una que ha combatido junto al joven desde siempre.

Al entrar se encontró con una deliciosa cena sobre la mesa, sabía que ella la había preparado al notar ciertas heridas en sus manos. No era muy buena cocinera, pero esa comida casera era una de las cosas que más apreciaba.


Después de cenar, hacia su tarea con el poco tiempo que le quedaba. Había noches en las que dormía pocas horas y esta era una de ellas ya que aprovechaba de todo para estudiar junto a Hana. La chica no solía asistir a una escuela por su padecimiento, hacia lo mejor que podía desde casa. Era bastante buena aprendiendo y eso facilitaba las lecciones que él solía enseñarles.

— Ya es muy tarde — decía Hana al mirar que el chico estaba a punto de caer sobre el escritorio debido al sueño.
— Si tienes razón —golpe sus mejillas recobrando su sentido de orientación.

Recogió las cosas sobre la mesa y entre los artículos pudo ver un libro algo viejo.

— El caballero y el ultimo dragón— Leyó el titulo — ¿Aun conservas este libro?
— Sabes que es mi favorito — tomo el articulo mientras se mostró nostálgica — Cuando los dragones aparecieron, el mundo estallo en guerra y al final de la catástrofe, un valiente caballero lucho a muerte contra el último de los dragones.
— El dragón al estar al borde de la muerte, fue ayudado por el caballero quien le pedía su ayuda desesperadamente.
—Y el dragón miro en los ojos del caballero, todo el dolor y desgracia que la guerra le había dado, comprendió porque el dragón también había perdido a sus amigos, entonces le otorgo un deseo único y especial. Aquel caballero deseo tener el poder suficiente para llevar al mundo sumido en el caos hacia un nuevo amanecer — Ella sonrió — ¿Aun lo recuerdas?
— Lo leímos juntos el día en el que llegue a casa.
— Dime Jhuen, si un dragón te concediera un deseo, ¿Que pedirías?

El chico lo pensó por unos segundos y finalmente encontró en deseo adecuado.

— Que tu salud mejore… ese sería mi deseo. ¿Qué pedirías tú?
— Estar junto a ti para siempre.

Era la primera vez en su vida que el chico había escuchado esas palabras que sonaban tan sinceras y dulces, su sonrisa era la cosa más hermosa que tenía en su vida.
— Pero que dices — sonrió mientras despeinaba su cabello — Claro que vamos a estar juntos para siempre… Te lo prometo, después de todo somos hermanos.

Rieron mutuamente y después de ello descansaron en sus respectivas habitaciones. Esa noche Hana abrazo más que nunca su almohada; era la actitud de una chica enamorada.



La mañana siguiente el cielo crujía por una tormenta que se avecinaba. El joven estudiante preparo el desayuno y suficiente comida para su hermana.


Aquel día fue uno bastante normal, hacia frio y a los estudiantes se les helaron los huesos durante las clases deportivas. Finalizaron sus actividades y Jhuen era el encargado de guardar los balones de futbol; debido a esa tarea le era permitido llegar tarde a su próxima clase. Recogió su mochila del casillero y antes de salir su teléfono comenzó a sonar.


— Diga — atendió al llamado.
— Hola Jhuen.
— ¡Señor Erick!, es una sorpresa que me llame durante la escuela.
— Si, lo siento, pero necesito que me escuches.
— ¿Sucede algo? — podía sentir la preocupación en la voz de aquel sujeto.
— Sabes que viaje al extranjero para poder pagar el tratamiento de mi hija, logre conseguirle un médico privado… pero los resultados no son buenos. Hana no está mejorando, mi hija no está mejorando.

La llamada se entrecortaba, pero no era por una mala recepción de señal, el padre de Hana trataba de no ahogar su voz en un llanto.

— El médico me informo que no tendrá menos de medio año de vida. Hicimos todo lo que pudimos, pero no logramos salvar su vida… Lo siento Jhuen.
— No… Eres un buen padre y ella lo sabe.
— Tomare un vuelo de regreso mañana en la mañana, quiero estar con ustedes.
— Lo estaremos esperando.


El guardo su teléfono y se disponía salir, pero no pudo caminar. La lagrimas comenzaron recorrer sus mejillas mientras evitaba el deseo de poder gritar, estaba realmente al borde del infortunio, la persona más importante en su vida se iría dentro de poco y era inevitable. Golpeo brutalmente su casillero, el metal quedo torcido y su mano sangraba. Salió del vestíbulo y apenas podía caminar por el pasillo, se reposo de espalda sobre una pared para sentarse en el suelo y abrazar sus rodillas. Lloro como nunca lo había hecho: la promesa que le hizo a su hermana el día anterior, no podría cumplirse.




No volvió a su salón de clases, decidió pedir permiso para retirarse temprano; no dio explicaciones. El día se hacía más largo ya que había decidió tomar el camino más extenso a casa.


Llego a casa y ahí lo esperaba Hana. Sentía que no podía mirarla a la cara y aquella expresión negativa llamo la atención de la joven.


— ¿Sucede algo? — pregunto ella.

Jhuen levanto la mirada he hizo lo que considero lo más lógico posible. Sonrió.

— No pasa nada, hoy pasan la película del hombre araña, preparemos la cena y después la veremos.
— Si.


El chico guardo silencio tanto en palabras y expresión durante la cena y la película, esa alegría era totalmente fingida, era lo mejor que podía hacer, pero decir la verdad era lo peor. La noche había llegado y Hana se durmió sobre el sofá de la estancia, el chico la cubrió con una manta y acaricio su cabello. La hora de fingir se había terminado y estaba a punto de llorar, salió hacia el pasillo para inclinarse sobre la puerta únicamente para derramar más lágrimas.


Hana podía escuchar los susurros del llanto de su hermano. Sabía que esa expresión en su rostro era falsa.



En la mañana siguiente fue a la escuela y las clases habían terminado tarde ya que los exámenes escolares estaban cerca. Caminaba apresuradamente a casa por las calles vacías del pueblo para disfrutar del fin de semana en compañía de su hermana. Sus pocos ánimos se vinieron abajo al ver a un trio de lo que podría llamar desgraciados. Delincuentes comunes molestaban a un vagabundo que sostenía una bolsa de botellas plásticas.


— Viejo préstame unos cuantos dólares — El jefe del grupo, el más gruñón y gordo parecía dispuesto maltratarlo.
— Pedirle dinero a un sujeto como yo — El vagabundo le respondió sin temor alguno— No creo que seas de los sujetos que les gusta robar, sino un simple idiota que abusa de los demás para enorgullecer su estupidez.
— ¡¿Que dijiste basura?! — Le tumbo a la fuerza la bolsa de botellas.

Jhuen sintió un enorme trago amargo en su garganta el mirar la escena, sabía que no podía serle de ayuda ante esos matones y que tomar otro camino era la mejor opción. No lo pensó dos veces y sus pies se movieron.

—Escúchame viejo, el dinero que recaudes por recoger esas botellas será mío, entendido— Amenazo con severa agresividad mientras tomo el cuello del abrigo de la víctima.
—No me gusta tu actitud — respondió con frialdad.


Su mirada no estaba asustada, al contrario, estaba realmente irritado por su actitud. Preparaba su puño he iba a golpear a su agresor.

— Alto — La voz de Jhuen llamo la atención de todos.
— ¿Y este mocoso? — El matón soltó al viejo — ¿Quién eres un héroe o un estúpido?
— Yo…— No pudo hablar, sus rodillas le temblaban tanto que no sabía si se desmayaría. No tenía la fuerza ni coraje para actuar como un héroe, así que hizo lo que pareció correcto.

Tomo su mochila y de ella saco algo de dinero.

— Les daré dinero… 80 billetes, serán suyos pero por favor déjenlo en paz.

El gordo era como una abeja ante algo dulce. Le arrebato con fuerza los billetes y seguidamente los contos. Para el viejo era visible todo el miedo que traía el joven.

— No quiero pelea, es un trato justo— Añadió.
— Bien mocoso, muy bien me parece un trato justo, pero no la cantidad correcta.
—¿Qué?
—Me lo pensare por 100 billetes.
—N-no tengo más dinero.
— Entonces haces mal — Le dijo al darle una bofetada en la cara — Quieres comprarme con esta mísera cantidad de dinero.


Jhuen se había metido en un serio problema que parecía no tener salida, se maldijo por hacer algo estúpido, no había salida al darse cuenta que el gordo intento darle un golpe en la cara. Reaccionó por instinto esquivado el golpe y se dispuso a contratacar de la misma manera. Jamás en su vida había tenido una pelea seria y eso fue un grave problema, aquel golpe no tenía suficiente fuerza porque el abusivo atrapo su puño.


Estaba molesto con él, tanto que le dio un fuerte puñetazo en el estómago y antes de poder siquiera reaccionar, recibió aquel golpe en el rostro que había esquivado. Jhuen estaba en el suelo y al viejo eso le molesto.

— Levántate mocoso— pisoteo la cabeza del chico sobre el pasto — Mañana me traerás los 100 billetes, me oíste.

El joven estaba tan asustado que lagrimas comenzaban a recorrer su rostro. Sabía que, si no lo mataban, lo golpearían si lo volverían a ver.

— Suficiente — el vagabundo intervino quien atrajo la atención de todos.
— Estorbas — El matón trato de darle un golpe y antes de poder tocarlo, sintió un fuerte rodillazo en el estómago.
— Te dije que fue suficiente.

Sus amigos notaron dicha acción y no se quedaron de manos cruzadas, uno de ellos intento darle una patada en la cabeza. El viejo como todo un experto en kung fu, se agacho y tomo de la pierna al sujeto para arrojarlo contra su compañero. Fue un golpe tan fuerte que tumbo a ambos. El jefe de la pandilla furioso arremetió contra su víctima y este atrapo el brazo como si de una pelota de béisbol se tratase. Presiono y trituro el puño el granuja el cual no tuvo tiempo de gritar porque el anciano lo tiro del brazo lanzándolo contra sus compañeros.

Como un superhéroe había acabado con los malhechores sin esfuerzo alguno, aquella paliza era suficiente por ahora. Tomo sus cosas del suelo y decidió ayudar al chico.

— ¿Estas bien? — preguntaba mientras lo levantaba. El chico no respondía debido al dolor y lo mejor que hicieron fue marcharse a un lugar mejor.


Caminaron por algunos minutos saliendo de la calle y adentrándose en el bosque cercano, Jhuen pudo darse cuenta que seguían el sendero donde veía ese letrero que solía ignorar todos los días. Llegaron a la cima de la colina

Aquel viejo se adentró en una choza de aspecto rupestre. Era extraña ya que las paredes tenían gran parte de ellas cubiertas de ramas y hojas verdes, como si llevara años construida. Una casa de cuentos de hadas en medio del bosque, bastante extraña pero a la vez linda, sostenía en su puerta un letrero de “Cerrado”. El viejo no parecía mala persona así que decidió aceptar su invitación.

Al entrar en la morada el lugar estaba algo desordenado, pero no parecía una casa de locos, tenía un estante de libros algo desordenada y una mesa con materiales de escritura y dibujo. Decidió sentarse en la mesa principal ya que aún le dolía el cuerpo.

— Te preparare algo para el dolor.
— Lamento molestarlo — trato de disculparse mientras el viejo encendía su vieja estufa. El chico observo más detenidamente aquella morada. Sobre la mesa se encontraba el libro favorito de su hermana. Lo agarro.
— Aquí tienes — coloco una taza de agua caliente frente a al chico. Se acercó a uno de sus percheros donde saco un frasco con un líquido brillante azul, coloco una gota sobre el agua caliente y este emitió un leve vapor — Vamos bébelo.

Apenas conocía a ese sujeto y aceptar aquel regalo era demasiado apresurado para tener confianza, talvez eran drogas o veneno lo que le había puesto en el vaso.

— Lo siento, tengo que irme — Puso la taza sobre la mesa mientras se ponía en pie.
— Ja ja, si creo que te entiendo — dijo entre carcajadas — Está bien que desconfíes de alguien que penas conociste, pero confía un poco en mí, si no quieres beberlo solo olfatéalo un poco.


Con algo de desconfianza Jhuen decidió olfatear el contenido. El aroma más dulce que nunca había sentido estaba tocando su nariz. Lo estremeció.

—Dime niño ¿Cómo están tus heridas?


Tras despistar el olor de su nariz, el dolor muscular casi había desaparecido, jamás en su vida se había sentido así. Decidió beber un pequeño bocado. Su lengua se retorció debido al amargo sabor del contenido. El viejo continúo riendo mientras Jhuen pudo pasar aquel bocado amargo. Fue la sensación más extraña de su vida y el dolor desapareció de inmediato, pero lo que más le sorprendía era que el moretón en su mejilla parecía nunca haber estado ahí.

—¿Que es esta cosa?
— Es un remedio mágico.
— ¿Mágico? La magia no existe.
— Es raro que me digas eso aun cuando tomaste ese libro de fantasía — agarro el libro y le dio una pequeña revisada
— Solo me pareció una extraña coincidencia— Sus pensamientos pesimistas lo invadieron— Un caballero que derrota a un dragón y él le concede un deseo. Todo suena tan ilógico y absurdo.
— Algo malo debe de haberte pasado para que hables tan negativamente de un libro como este — Se acercó
— Vamos puedes contarle tus problemas a este viejo.


Era demasiado pronto para confiar en aquel extraño, pero decirle no afectaría en mucho su situación actual.

— Recibí una mala noticia y eso no me ha dejado pensar bien estos días — Volvió a mirar el libro y dijo seriamente — Si esta historia fuera real, haría lo que fuera por ese deseo.
— Sabes me recuerdas a alguien que conocí hace mucho tiempo —alejándose, el anciano preparaba otra taza de medicina — Una persona muy loca, y para tranquilizarla le di algo muy especial — uso la taza sobre la mesa y en ella agrego una especie de hoja dorada, la cual se disolvió inmediatamente — Un té de escama de dragón.
— Enserio —dijo escépticamente.
— Es para el estrés, bébelo.

El chico bebió el contenido y era más suave que la amarga medicina que había probado.

— Lo siento señor, tengo que irme — Se disponía a salir.
—Es muy pronto para partir, pero si así lo deseas — El viejo comenzó a buscar entre la cantidad de objetos de su estante, coloco varias cosas sobre la mesa, entre ellas cosas simples como hojas viejas y libros sucios. Algo que a Jhuen llamo su atención fue una caja metálica que al agarrarla podía sentir el olor a plomo.

El vagabundo coloco en una bolsa algunos frascos con hierbas; le mostro una pequeña navaja de doble filo y agrego la caja metálica, todo en la bolsa.
—Dijiste que harías lo que fuera por tener un deseo, entonces demuéstralo — Le abrió la puerta de su morada y le entregaba el saco— Esto es un regalo, por haberme ayudado, y si deseas puedes visitarme cuando quieras.

Cerro la puerta y dejo a Jhuen con tantas preguntas y respuestas confusas, talvez solo era aún viejo loco, fue lo que pensó cuando guardo la bolsa que le dio en su mochila y decidió marcharse al notar que el sol casi se ocultaba.

Decidió volver al camino, pero pensó en recorrer la montaña y evitar encontrarse con los abusones que dejo atrás. Salió hacia el pueblo y comenzó a correr. Estaba a pocos minutos de llegar a casa, pero se detuvo frente a una panadería; no era el dulce aroma del pan por el cual miraba el cristal del bazar, sino el hecho de que su herida realmente había desaparecido. Tenía tantas preguntas que hacer, pero las ignoro al sentir que su celular comenzaba a sonar. Un enorme escalofrío recorrió su cuerpo después de responder el llamado. Comenzó a correr desesperadamente.


Atravesó la puerta de casa y al llegar al pasillo, sobre el sofá se encontró a una mujer me edad mayor, era su vecina quien se veía algo alterada. Recibió una explicación rápida del motivo de su llamada. Hana había sufrido un fuerte desmayo debido a la falta de su medicamente, explico que la había encontrado desmayada un par de cuadras lejos de ahí y que había tratado de contactarlo para mantenerlo informado. Jhuen descuido a su hermana y se sentía como basura al cometer semejante error. Subió de inmediato a su habitación y al entrar ahí estaba ella reposando en cama. Toco su frente y tenía una severa fiebre. Busco entre las cosas de su escritorio, reviso los medicamentos y memorizo lo que necesitaba.

— Perdóname Hana — Estaba apunto de romper en llanto mientras sujeto la mano de la chica — dije que siempre iba a estar a tu lado. Lo siento.
— No, no es tu culpa — Alcanzo a susurrar mientras abría los ojos — Es mía por ser así… por ser una carga para ti. Perdón.


Hana no era una chica que se mostrara negativa ante su situación, era frágil en cuerpo pero no en espíritu, siempre mostraba esa sonrisa carismática y era la misma que mostraba en aquella situación mientras sostenía con fuerza de la mano de su hermano. Sus palabras lo atravesaron como un trago amargo.

— No eres una carga para mí — presiono con más fuerza su mano — Yo siempre voy a cuidar de ti.

Tras soltarla, encontró en su mochila suficiente dinero en la billetera para la medicación. Salió de la habitación.

El chico bajo del segundo piso y se encontró la señora Doroti, quien le dijo que tenga cuidado de camino hacia la farmacia y que no se preocupara tanto ya que le prepararía una de sus bebidas de hierbas medicinales. Acepto mientras salió de su casa a toda prisa.



Había tardado al menos una hora y media en tomar el autobús y llegara hacia la ciudad directo en la clínica en donde Hana recibía atención, logro conseguir la medicación necesaria y se disponía volver a casa. Sabía que tardaría mucho si regresaba caminando, pero la estación de autobús solía tener largos retrasos esos días. Decidió usara el tranvía, no era tan rápido, pero nunca se retrasaban, el transporte más preciso de esa ciudad.


Estaba a punto de llegar a la estación y antes de poder sentir algo de calma, todo fue derrumbada al tener la peor de las suertes. Los matones que lo había golpeado, se encontraban en la estación bebiendo cervezas que probablemente le robaron a alguien. Se había acercado hacia ellos sin haberlos reconocido. Se dispuso a regresar, pero accidentalmente pateo una lata de cerveza que probablemente fueron ellos quienes la dejaron ahí. Se percataron de su presencia.

— Maldición — Susurro mientras retrocedió rápidamente.


Apenas dio un paso y chocó contra una persona. El miedo no fue lo único que lo ataco en ese instante, sino que el jefe de la pandilla sujeto fuertemente el cuello de su camisa.

— Es mi día de suerte — Decía mientras lo arrastraba hacia donde se encontraban sus compañeros sujetándolo fuerte mente del cuello.

Jhuen trataba de liberarse, pero era un fuerte agarre. El tipo lo lanzo contra el suelo sirviéndolo en bandeja de plata a sus camaradas.

— Por favor, no, no hagamos esto, hay que tomarlo con calma.
— Primero tu amigo nos golpea y ahora me pides que me calme — El sujeto estaba realmente irritado tanto que escupía mientras pronunciaba sus palabras — NIÑO QUIERO MI DINERO.
— N-no, no lo tengo —El dinero lo había gastado en los medicamentos para su hermana y sujeto su mochila con fuerza esperando no perderla.


Sabía que el sujeto no lo dejaría escapar después de darle una paliza y que posiblemente iría al hospital, o peor, a una la morgue. Ir con Hana ero todo lo que importaba.


Las luces de la estación señalaban que el tranvía estaba a punto de llegar a la estación y el chico miro su reloj, se le ocurrió un plan de escape y eso era darlo todo en esa situación.

— Así que no tienes mi dinero, dime que debo hacer contigo — saco una navaja de su bolsillo y no parecía estar jugando.

Sus compañeros sujetaron al chico mientras su jefe coloco el filoso cuchillo sobre su mejilla.
— De ahora en adelante tu harás lo que te diga, trabajaras para mí, Entendido.
— E-entendido — Alcanzo a responder mientras sus labios temblaban del miedo.

El sonido del vehículo se hacía más fuerte mientras se acercaba a la estación.

— Aun tengo el dinero en mi mochila.

Los tipos lo soltaron para recibir el dinero.

Jhuen era un sujeto que evitaba el conflicto, pero también era alguien que nunca se dejaría dominar por personas así.


Presiono su puño con fuerza aventó su mochila hacia el líder del grupo. Giro su brazo y le dio un fuerte codazo a el sujeto que estaba a su derecha y antes de que el líder y su amigo reaccionaran, Jhuen agarro una de las botellas de cerveza y se la aventó directo en la cara al jefe de la pandilla; la botella logro golpearle en la nariz y soltó la mochila. Su otro camarada intento atraparlo y antes de poder ponerle las manos encima, fue impactado por una fuerte patada en la entre pierna. Los delincuentes estaban en el suelo y el tren estaba muy cerca. Tomo su mochila.

— A donde crees que vas — el tipo gordo quien sangraba por la nariz atrapo de la mochila al chico quien estaba a punto de lanzarse a los rieles del tren.
— No te la lleves — El joven forcejeo al sentir que su mochila estaba siendo arrebatada.

Uso no solo la adrenalina que sentía, sino toda la fuerza que podía tener para lograr recuperar los medicamentos de su hermana. Logro quitársela y caía hacia los rieles del tren.

Su tiempo comenzó a detenerse, lentamente todo a su alrededor comenzaba a moverse más lento y lo único que pudo mirar con atención fue ver que el tren estaba a tan solo un metro cerca del él. Su plan de escape había funcionado, pero salió fuera de tiempo. Lentamente el tren se acercaba e iba a arrollarlo.




—Tengo mucha tarea el día de hoy, Cumplir 19 y estudiar en la universidad es un dolor de cabeza. Y jamás pensé que este sería mi último día de vida, aun había muchas cosas que quería hacer…Lo siento Hana… creo que…


 
Este es mi destino




El fuerte sonido del tren se escuchó en la estación.








Las aguas frías de un riachuelo, golpeaban las piernas de una persona que parecía estar inconsciente sobre la orilla, esas piernas eran de Jhuen.


— HAAAAAAA— grito mientras despertó totalmente agitado y atormentado.


— HAAAAAAA— grito mientras despertó totalmente agitado y atormentado. Se puso en pie y tropezó contra una roca del rio; comenzó a orientarse mientras salía del agua, se hecho de rodillas sobre el pasto para calmarse.


Espero a que su respiración se controlara. Su primera impresión fue darse cuenta de que el sol estaba en medio cielo, a pesar de que hace poco había anochecido. Se puso en pie y lentamente se dio cuenta de que no se encontraba en su pueblo natal y lo que veía era un mundo totalmente diferente; a primera vista la gran ciudad vecina había sido remplazada por enormes bosques y empinadas montañas. En el camino había un letrero que decía “Ciudad Anegror.


¡¿Qué?¡… ¿Dónde estoy?





 
LA TIERRA AL BORDE DEL CATACLISMO
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#2
[Imagen: VFXjYkv.jpg]
Capítulo 1

La humedad del valle y el fuerte calor hacían que el chico sudara mientras caminaba por un camino de tierra, era la única pista que tenía para llegar hacia la ciudad o su pueblo natal, pero mientras más caminaba, menos reconocía el paisaje.
No podía pensar en una explicación lógica del porque había terminado en aquel extenso bosque, su única y absurda explicación era que el tren lo arrastro hasta ahí, pero era completamente ridículo ya que su trayectoria nunca se alejaba de la civilización.
Comenzó a escuchar un ruido de una especia de vehículo acercarse y detrás de él, logro divisar una carroza impulsada por caballos.

— Oiga, ¿Puede ayudarme? — dijo mientras dejo que la carroza se acercara.
Aquel animo de recibir ayuda y encontrar una ruta para volver a casa fue completamente destrozada al ver al tripulante de la carroza.
— ¿Que estás haciendo aquí? — pregunto el piloto.

El ser que conducía el carruaje era un hombre lobo con ropas campesinas, un ser que impacto a Jhuen el cual no podía pronunciar una palabra al verlo; lo único que pensó es que el irresistible calor le estaba provocando alucinaciones, su rostro se comenzaba a poner pálido.

— No dices nada he, entonces quítate del camino — el lobo tiro de las riendas de los caballos que casi golpean al joven.
— No, espere — recobro el sentido y trato de conseguir transporte.
La carroza se alejaba y dado que arrastraba una segunda cabina el chico logro aferrarse y subir en ella. El vehículo llevaba paja y leñas, dedujo que lo llevarían a un posible pueblo campesino, pero lo que más le preocupaba es que si lo que había visto fue real; dejo de pensar en eso al llegar a la conclusión de que el calor y cansancio afectaba su sentido común.

La carroza recorrió un largo camino, así lo veía ya que no se movía a la velocidad de un automóvil normal; obtenía beneficio y el alivio de no sentir dolor en los pies de seguir caminando, incluso aprovecho para mirar con mejor atención el paisaje que le rodeaba. Extensos bosques con enormes árboles y hermosas montañas verdes con lugares tan atractivos. Logro entender que en donde quiera que se encontrara, estaba muy lejos de casa.

El sol tardaría al menos una hora para ocultarse y era una preocupación, no tenía un lugar donde pasar la noche; al menos esa idea comenzó a preocuparle menos cuando vio que la carroza comenzaba a allegar a lo que parecía ser la ciudad.

— ¿Qué es eso? — se cuestionó al ver enormes paredes de ladrillo y piedra, una enorme muralla parecía rodear toda la localidad — ¿El viejo Trump está haciendo de las suyas por aquí?

Estaba impresionado por la enorme construcción, se hacía más grande mientras el trasporte llegaba a las puertas de la ciudad. En la entrada se podía ver personas que portaban armaduras de guerra, posibles guardias de aduana que controlaban a las personas y cosas que accedían a la ciudad. Jhuen siendo un polizonte agarro los cargamentos de paja y leña mientras se cubrió con ellas.Los soldados echaron un pequeño vistazo al cargamento sin notar nada raro e inusual. Dejaron pasar al carruaje.

El polizonte se mantuvo oculto y temeroso mientras la carroza seguía en movimiento, pero parecía moverse más lento; era el momento de escapar. Quitándose la madera y ramas de encima aprovecho la lentitud del vehículo para saltar y caer sobre un camino de piedras.
— Creo que tuve suerte — decía mientras se quitaba la paja del cabello.
Miro a su alrededor y parecía haber llegado a una ciudad comercial, había carrozas que llevaban productos de todo tipo, alimentos, ropa y artesanías. Nada de eso le impresiono, lo único que lo estremeció fue ver que ninguno de los habitantes de ese lugar tenia apariencia humana. Un mundo lleno de seres dignos de cuentos de fantasía era todo lo que le rodeaba. Lobos en dos patas, hombres pequeños y barbudos vendiendo telas, grandes felinos vistiendo ropas humanas y carrosas impulsadas no solo por caballos sino por lagartos gigantes.

¡No hay duda alguna! — decía mientras caminaba por las ciudades — ¡Esto tiene que ser un sueño!

Camino tan confundido al intentar razonar si lo que veía era real o no, tanto que chocaba contra los habitantes que se ponían en su camino, algunos se enojaban y otros simplemente lo ignoraban, pero Jhuen era el único que eso realmente no le importaba; lo que mantenía su mente centrada era que no había ningún habitante que pareciera ser un humano en el pueblo.

Después de pasar algunas cuadras de la ciudad su estómago comenzaba a rugir.
Es increíble que en un sueño el hambre se sienta tan real — miro a los alrededores y algunos puestos ofrecían frutas y verduras frescas, pero se limitaba a hablar con los comerciantes, no parecían ser amables por la incomprensión de expresiones en sus rostros animales.


El hambre fue despistada por un olor demasiado familiar, olor a chocolate, un olor que provenía de un puesto comercial que parecía vender hierbas y plantas medicinales; habría optado por alejarse, pero llamo toda su atención al ver que el vendedor parecía un humano a simple vista. Se acercó aun con desconfianza y pudo ver que el olor a chocolate era una mata de cacao que estaba siendo quemada en una pequeña hoguera.

— ¿Que se te ofrece esclavo? — Pregunto el comerciante

La expresión “esclavo” latoso al chico, aunque eso no era lo más transcendental.

— Dígame… ¿Que es este lugar?
— Que pregunta es esa — se molestó — Estas en la capital comercial Anegror, ¿Acaso te perdiste de tu amo, o has estado bebiendo?
— ¡¿Anegror?!
— Si, y si estas ebrio mejor lárgate de aquí — trato de ahuyentarlo siendo severo — Tengo que irme antes de que anochezca.
— No, no espere señor, solo quiero algo de comida — miro los productos y vio algunas manzanas frescas — Quiero esas.
— Esta bien, son 50 monedas de plata.

La cantidad le pareció exagerada para unas cuantas frutas, era normal al no conocer el sistema monetario del lugar.

— 50 monedas, ¿Le parecen bien estas? — de su bolsillo saco una moneda americana de 50 centavos.
— ¿Qué es esto?, ni siquiera se parece a una moneda ordinaria.
— Es americana, ¿No la conoce?
— Tu plata no es válido— le aventó la moneda — Lárgate con tu falso dinero.

Se notaba que el mercader quería alejarlo, Jhuen al saber que no le haría caso busco algo en su mochila para intentar hacer un trueque. Entre las cosas que traía en su mochila saco inconscientemente uno de los frascos de hierba que aquel vagabundo le dio.

— Alto ahí chico— dijo el proveedor — Eso que tras en el frasco, déjame verlo.

Decidió mostrarle el frasco y el viejo abrió los ojos como si hubiera visto oro.

—¡Hierbas Cannabis! ¿De dónde las sacaste?
— Me las regalo un viejo loco.
—¡¿Te las regalaron?!, no es posible— el comerciante tomo las frutas que el chico quería — Son tuyas si me das las hierbas.

Jhuen se dio cuenta del rápido cambio de actitud y la propuesta inmediata del vendedor, parecía demasiado interesado en las hierbas porque no le quitaba los ojos de encima. Miro con atención los frascos en su bolsa y en ellas pudo ver que las plantas que contenían eran del tipo medicinal.

— No las quiero, se me antoja algo más, buscare en otra parte.
— No, no hagas eso— lo oprimió fuertemente de los hombros para no dejarlo escapar —Está bien, te daré 5 monedas de oro por el frasco.

Al escuchar la palabra oro, dedujo que lo que traía era tan valioso como para valer su precio en oro. El trato parecía bueno, pero tenía algo más en mente.

— Le daré el frasco, solo si me consigue comida y un lugar en donde pasar la noche.
— Esclavo, no me gusta ser tan amable con los humanos.
— Tengo más de estas hierbas — le mostro la mochila dejando boquiabierto al sujeto.


El comerciante empaqueto y guardo su mercancía en una carroza para ir a casa, Jhuen decidió seguirlo porque el trato estaba hecho. El viejo mercader jalaba de su propia carroza mientras caminaban por la ciudad, la noche ya se había presentado mientras llegaron a las zonas más alejadas del pueblo, donde no había mucha población y las casas parecían algo abandonadas. Un barrio pobre a primera vista, eso pensaba Jhuen.

Llegaron una pequeña chozuela, el comerciante dejo su carroza en un cobertizo pequeño e inmediatamente ingresaron a la cabaña, al entrar el olor a estofado se podía percibir en el aire abriéndole el apetito al chico.

— Llegaste tío Bartrack — dijo un joven adolecente quien preparaba la comida.
— La cena de hoy huele apetitosa Looker — decía mientras se dejó caer sobre una silla del comedor.

Jhuen algo incómodo decidió acercarse lentamente.

— Tenemos visitas esa noche — el joven cocinero escucho el chillido de la madera que Jhuen provocaba al caminar — Es raro que el tío Bartrack traiga a alguien a casa.
— Lamento interrumpir — se disculpaba, pero le parecía extraño que el joven no se volteara ni siquiera a mirarlo, tenía su vista completamente en la cocina. Decidió sentarse.
— No hay problema— el joven se acercó con dos vasijas de comida las cuales sirvió sobre la mesa.

Jhuen no pudo dar gracias porque estaba atónito, el joven tenía una venda en sus ojos; entendió que no lo había mirado porque no podía ver nada.

— Gra-Gracias — apenas alcanzo a decir, entonces decidió actuar como siempre lo ha hecho— No, no tienes que hacer esto, yo te ayu…
—No te preocupes — el joven ciego sonreía — El que no pueda ver nada no significa que sea un inútil, bueno lo era antes, pero gracias a la magia del tío Bartrack puedo hacer las cosas por mí mismo.
— ¿Magia?
— Si, aunque no lo parezca, es un gran hechicero — Sirvió otro plato de comida — Le llevare su cena a Sayumi — salió de casa.
— No entiendo que pasa.
— Humano no me digas que aun estas ebrio — Bartrack saboreaba el estofado.

El supuesto humano decidió probar el estofado y su lengua salto de felicidad al sentir el delicioso sabor de la comida.


Durante la cena el chico trato de explicarle a Bartrack de dónde provenía, incluso le mostro las cosas que llevaba consigo, desde su ropa, celular y hasta sus cuadernos con sus tareas.

— Déjame ver si entendí — hablo el mercader viendo el reloj que Jhuen le había prestado — Según todo esto, vienes de otro mundo donde hay otra cultura y no existen los seres con pelos que caminan en dos patas.
— En realidad los hay, pero son más pequeños y no hablan.
— No, no te creo.
— Tío, revisa su brazo — dijo el joven ciego quien había regresado y escucho parte de la historia.

Bartrack tomo la mano del chico y la reviso de arriba abajo. Se sorprendió al no encontrar nada inusual.

— Quizás tu historia no es tan loca, no tienes una marca de esclavitud.

El chico de otro mundo estaba confundido.

— Todos los humanos tienen una marca de esclavitud en el brazo— Añadió el joven si ojos — Es completamente imposible que no tengas una.
— No entiendo nada de lo que dicen— el chico comenzaba perder el sentido común — Hay humanos bestias por todas partes y no conocen los celulares ni el internet, para mí esto no es más que un loco sueño.
— De acuerdo de acuerdo — Bartrack agarro una un jarrón de la cual se sirvió un vaso de licor — Quieres saber que es este lugar, te lo narrare solo porque me gusta contar historias — le sirvió un trago al chico, pero inmediatamente él se negó a beberlo.
—La historia de esta tierra es demasiado antigua, nadie sabe lo que sucedió antes de que los dragones aparecieran.
— ¿Dragones?
— Lo único que sé es que los dragones eran las criaturas más poderosas y temidas que gobernaban en esta tierra que era dominada por humanos, se decía que protegían una fuerza que era la fuente de su poderío y durante las guerras la fuente de su poder se extravió; esa fuerza fue reclamada por otras especies, criaturas que vivían en los bosques se lamentaron de la magia dragón y obtuvieron poder transformándose en grandes bestias con poderes inimaginables. Humanos y bestias unieron fuerzas para acabar con los dragones; no eran suficientemente fuertes, pero lograron ganar muchas batallas.

Cuando Jhuen escuchaba la narración, le sorprendía que muchas cosas eran similares al libro favorito de Hana.

Fueron cientos de años en guerra hasta que un día todo cambio. De la nada aparecieron varios seres tan poderosos como los dragones, varias razas diferentes a los humanos o las bestias llegaron hasta este mundo, las llamaron razas puras y celestiales.

— Ángeles, Hadas, Elfos y Enanos— alcanzo a decir el huésped.
— ¿Qué quiere decir con eso? — pregunto el cocinero.
—Si te refieres a los Angeloids, Heidas, Herfios, Enanors, creo que hablamos de la misma cosa.

Jhuen no comprendía como era que las historia que el sujeto relataba tenía mucho parecido a la historia que leía con Hanna cuando eran niños, consideraba demasiada coincidencia.

— ¿Que paso cuando esas rasas aparecieron?
— Simple, todos unieron fuerzas y aniquilaron a todos los dragones, pero había rumores de que algunos se escondieron y otros desaparecieron— terminaba su vaso de licor — La historia es más clara desde ahí. Después de la guerra y de que las poblaciones se recuperaran; lo principal fue que los humanos encontraron la fuente de poder de los dragones, y la ocultaron. Cuando la paz llego, la humanidad tomo control de los gobiernos enseñándoles a las demás especies sobre su mundo, maneras de crear ciudades y las mejores fuentes de alimento a su propia manera, algunas especies aprendieron rápido, otras solo quisieron ser independientes, pero la humanidad estuvo a la cima por el increíble poder del conocimiento.
— Es común en los gobiernos — dijo el chico — La mejor manera de tener progreso es dejarlo en manos de quienes saben manejar los recursos o el poder para hacer lo que el pueblo necesita— Jhuen pensó más detenidamente — Pero la verdadera razón fue porque este mundo era completamente desconocido para las demás razas y no sabían cómo manejar los recursos y alimento que habían.
— Creo que era algo obvio, pero ¿Cómo sabes esas cosas?
— Conozco una historia parecida — seguía algo confundido — Podría continuar
— Si, fue gracias a todo eso que el mundo se recuperó más rápido borrando todo rastro de las guerras; se formaron varios reinos gobernados por humanos y también los independientes que fueron reinados por otras razas, pero la humanidad era la cabeza del gobierno. Pero esa paz termino muy pronto
— ¿Qué paso?
—Ambición, la humanidad se volvió codiciosa tanto que hizo algo terrible, cometió traición hacia las demás clases; las convirtieron en esclavos. Suena absurdo porque la humanidad era la más débil que todas las demás razas, pero eso sucedió porque los humanos firmaron un pacto con una quinta raza que apareció poco después de la última guerra contra los dragones. Los llamados Demonarcks.
—Eso no estaba en el libroJhuen susurro
— Una especie temible y tan poderosa como las 4 razas juntas, se mantuvieron escondidos y protegieron a los gobernantes humanos desde las sombras, dándoles el misterioso poder para someter y explotar a sus pueblos en los trabajos, o simplemente las enviaban a morir en la conquista de otras tierras. Pero esa alianza no duro mucho, la quinta raza despreciaba tanto a los humanos como a las demás clases. Cuando los Demonarcks finalmente decidieron traicionarlos, salieron de su escondite y todos los reinos entraron en completo caos. Mala suerte para los humanos, no podían defenderse porque ya eran traidores y todos los estaban cazando. Varios gobernantes y traidores fueron masacrados, anunciando una nueva guerra entre los reinos y los Demonarcks. Ante la desesperación y la falta de poder, la humanidad tenía una última carta en sus manos.
— La magia dragón.
— La habían escondido en la capital de esta nación, Neriny era el mejor de los reinos, sin discriminación ni abuso de autoridad, era gobernado por la hija del rey Camerus, la princesa Hélina, una mujer justa y noble que paso toda su vida creando el país perfecto, un lugar donde todos podían vivir y compartir plenamente. Paso toda su vida ocultando la magia dragón; desgraciadamente las demás naciones que eran gobernadas por humanos estaban al corriente. Sabían que la princesa no les daría ese poder para la guerra, así que tomaron como blanco la capital y robaron la magia de los dragones; fue un ataque sorpresa haciendo inevitable que las personas inocentes murieran. Los humanos huyeron de sus reinos y se agruparon hacia el norte, ciudad Dorinan, ocultaron la magia e intentaron controlarla, pero el ataque sorpresa a la capital despertó la ira de todos los países. No se formó una alianza, se formó una guerra por el control del poder y cuando se enteraron que los humanos se estaban apoderado de él.
— ¿Los…asesinaron? — pregunto con temor y el comerciante rio.
— Fue una masacre, las calles de Dorinan se pintaron todas de sangre, apenas y tuvieron compasión en no matar a todos, pero la humanidad fue casi aniquilada de la noche a la mañana. La guerra fue cruel y mato todo a su paso, todas las razas se mataron unas a otras por el control de la magia dragón, una guerra que consumió a todos sus guerreros. Solo los más fuertes sobrevivieron y los más fuertes fueron la peor raza que pudo adueñarse de ese poderío. Los Demonarcks fueron los primeros apoderarse de ella. Según la leyenda el primer Demonark que se adueñó de la magia dragón, obtuvo tanto poder que su cuerpo se transformó en el de un colosal dragón que destruyo a casi toda la ciudad con solo un rugido.
— Esas cosas no estaba en el libro — Jhuen volvió a susurrar —¿Que paso después?
—No lo sé, algunos dicen que una estrella apareció desde el cielo y se estrelló contra la magia dragón destruyéndola por completo y todo el poder que había liberado desapareció de la faz del mundo… O eso pensaron.
— ¿Qué quiere decir?
— Cuando ese poder se destruyó, se desvaneció en el cielo, pero hace ya muchos años que ha estado volviendo a casa.
— No lo entiendo.
— Porque no lo vez por ti mismo —Señalo una ventana y la curiosidad de Jhuen lo venzo, se acercó y miro por el cristal, la oscuridad de la noche no era tan negra porque un brillante destello luminoso salía desde el espacio y parecía desaparecer en alguna parte de la tierra.
— ¡¿Qué es eso?!
— La magia dragón, aunque algunos solo prefieren llamarle “el cataclismo”
—¿Por qué?
— Porque esa cosa solo trae muerte y destrucción en donde quiera que este — Bartrack termino su botella de licor —Para resumírtelo todo, esta tierra siempre estuvo en guerra y siempre que alguien se apodera del cataclismo, se autoproclamara como rey de todo lo que le rodea, lo humanos lo fueron, pero ahora los Demonarcks son nuestros adalides y gobernantes, ellos son peores y más crueles de lo que fueron los humanos, llevamos muchos años en paz, pero vivimos bajo una tiranía de conquista.

Jhuen aún estaba asombrado por la luz vertical, era como una cascada que fluía lentamente desde el cielo, tan hermosa y aterradora a la vez.

— Cuando los dragones aparecieron el mundo estallo en guerra — comenzó a murmurar — Al final de la catástrofe un valiente caballero lucho a muerte contra el último de los dragones.
— ¿De que estas hablando?
— Es una vieja historia que conozco, por alguna razón esa historia tiene similitud con lo que me está diciendo, pero esa historia dice que el caballero fusiono su alma con la del dragón para destruir todo el caos que había en el mundo. Cuando lo hizo la tierra y sus habitantes encontraron finalmente la paz.
— ¡Y crees que yo digo locuras!, mira lo que dices — Bartrack comenzó a reír.
— Es solo que es demasiada coincidencia — comenzó a preocuparse — No puede ser posible, ¿Acaso estoy dentro del libro?

La cordura de Jhuen comenzaba a quebrarse, creer que todo era un sueño era lo que más consideraba lógico y pesaba únicamente en despertar.

— Si eres un visitante de otro mundo o no— Bartrack rio — Solo se me ocurre decirte una cosa…

 
Bienvenido a Norinam
 
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#3
Es como un isekai, pero este men sera el elegido? Nomas tenemos que ver que le sucede...
Master Weasel. Es esa sombra extraña que te sigue en la cueva 
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#4
El sonido del llanto de un niño, quien sostenía una hoja de examen con una excelente calificación, inundaba aquella habitación de hospital que estaba vacía.


Capítulo 2

Los primeros rayos de sol atravesaban la vieja puerta del cobertizo, en el que el joven de otro mundo comenzaba a despertar. Había dormido sobre paja y una vieja manta que se encontraba ahí.

— No puede ser — decía mientras se frotaba los ojos — No fue un sueño, realmente no estoy en casa.

A pensar de escuchar la loca historia del mercader y las cosas que había visto, comenzó a captar que todo lo que le rodeaba si era real.

— ¿Que voy a hacer ahora? — se dijo así mismo con preocupación.

Trato de levantarse, pero sintió un gran bulto sobre sus pantalones

—¿Qué es esto? — levanto la cobija rápidamente y ahí se encontraba una joven con aspecto de niña, tenía su cuerpo cubierto con una especie de burka que apenas dejaba ver su rostro. Ella lo estaba abrazando.
— ¡Ah! …!HAAAAAAAAAA!

Aquel grito provoco que las aves salieran volando asustadas de los árboles.


Lentamente aquella niña despertó y al darse cuenta de que Jhuen la estaba mirando de forma asustada, actuó de igual manera; apenas y pudo dar un ligero grito mientras tomo cobija y se cubrió con ella. Comenzó a temblar de miedo.

— ¡¿Oye, quien eres tú?¡ — pregunto mientras se le acerco.
— NO, POR FAVOR, no me lastimes — respondió de inmediato cubriéndose un más con su ropaje.

Era una enredosa situación, aquella niña se comportaba como si hubiera visto un fantasma, su manera de actuar y el rechazo inmediato, daba la impresión de que sufría alguna especie de trauma.

— ¿Que sucede aquí? — Bartrack entro por la puerta y vio la situación; lanzo un suspiro.


Tras el pequeño alboroto, los presentes se dirigieron hacia la cabaña y desayunaron una comida ligera de té y frutas, durante la comida intentaron aclarar las cosas.

— ¿Porque esa niña estaba en el cobertizo?
— Olvide decírtelo — Bartrack tomaba un poco de té — Como no tengo habitaciones para huéspedes, no sabía dónde ponerte.
— ¡¿Qué clase de respuesta es esa?! — dijo algo enojado, entonces miro que la pequeña comía sola en esquina, el ropaje que llevaba, daba la impresión de que parecía una niña que vivía en las calles — ¿Viven juntos?, porque parece estar en una situación deplorable.
— A ella le gusta vestir así, a mí no me importa.
— Pero que dice — se puso de pie de forma molesta —Debería preocuparse por ella.
—Oye, oye — Bartrack se puso serio — Puede que no seas de por aquí, pero quiero que entiendas un par de cosas; yo no soy ni su padre ni estoy a cargo de ello, solo les doy lo necesario para vivir a cambio de que ellos me den lo que quiero.
—¿Usted no es ningún familiar?, ¡no es tío de Looker!
—No, no lo es —Looker intervino— Me gusta decirle así por la hospitalidad que nos dio, es mucho mejor que vivir en las calles.
—Pero no… —Jhuen trato de responder, pero no tenía autoridad ni derecho a opinar en un lugar como ese, decidió no decir nada y aguantar la amargura de la actitud de Bartrack hacia los chicos.
—Como sea — Bartrack agarro una bolsa de suministros y se disponía a marcharse— Saldré por algunas cosas a la ciudad, ¿Que vas a hacer tu?
— Yo… no he pensado en eso.
— Si vas a vivir en este mundo, será mejor que aprendes cómo funcionan las cosas por aquí.
— Ven con nosotros — Looker se quitaba el delantal—Es una buena oportunidad para conocer al pueblo y sus habitantes, Sayumi, tú también deberías acompañarnos.

La pequeña simplemente movió su cabeza en señal de afirmación.

Jhuen no tuvo más remedio que acceder, después de todo no tenía muchas opciones.


Se dirigieron al cobertizo y no tomaron la carroza pequeña sino una más grande, lo suficiente como para llevar pasajeros. Sacaron la pesada carroza y la pusieron en el camino.

—¿Cómo van a llevar esto hacia la ciudad? — pregunto Jhuen con algo de dolor en la espalda.
—Ese no es un problema — Bartrack miro hacia el pastizal de su propiedad y en ella se podía ver a la pequeña quien traía un enorme lagarto con una liana en su hocico. Aquella bestia dejo boquiabierto y asustado a Jhuen.
—¡¿Van a usar eso?!
—Se llama Mina y es muy fuerte como servicial.
—¡Es un lagarto gigante!
—Creo que… no hay de estos de dónde vienes —dijo atando la rienda del animal a la carroza.
—Los hay, pero son más pequeños— se acercó con inseguridad y el animal parecía completamente domesticado, lo entendió porque agacho su cabeza esperando que lo acariciaría, Jhuen sintió la fría y escamosa piel del reptil, era tan impresionante como bello.

Después de cargar todo a la carroza, comenzaron a llegar a la ciudad, Bartrack conducía y Looker le hacía compañía. El chico universitario y la niña iban en la parte de atrás. Sayumi estaba sentada en una esquina, evitaba ante todo tener contacto visual con Jhuen, aquella actitud temerosa le preocupaba, talvez Bartrack abusaba de ella de manera física, eso explicaría por qué tiene esa actitud temerosa y por qué cubre casi todo su cuerpo con esos ropajes, incluso el hecho de que no utilizaba ningún tipo de calzado; lo que más le preocupaba y llamaba su atención era que su cabello cubría completamente su ojo izquierdo. El pensar todo eso le decía que talvez Bartrack no era un buen sujeto después de todo.

Habían llegado a la misma zona de comercios y rápidamente armaron su negocio, el cargamento contenía hierbas de diferentes tipos, algunas que Jhuen desconocía y otras que eran fáciles de reconocer.

No llegaban muchos clientes, pues la mayoría decidían comprar frutas o verduras, la comida era esencial ante todo, eso le hacía preguntarse al chico de otro mundo el por qué aquel viejo preferiría vender esa hierbas y no alimentos.

Pasaron algunas horas y Jhuen quien sentado en una vieja silla de madera miraba de manera atenta a los transeúntes del lugar, sus aspectos animales y de otros tipos llamaban su atención, seguía siendo sorprendente ver criaturas así, sin embargo mientras más lo hacía, pudo darse cuenta de algunas cosas.

— Oye Bartrack, dime una cosa.
—¿Qué quieres saber? — Bartrack trituraba algunas hierbas.
— Si existen 5 razas diferentes a los humanos, porque hay humanos que son mitad animal — Su curiosidad lo llevo a una imaginación mientras hizo una extraña señal con sus manos — Acaso los seres bestias y los humanos hicieron… eso.
—¿Que si copularon? — lo dijo sin sentir vergüenza, al contrario, sintió molestia — Si eso piensas tienes una mente enferma.
—¡No, no, yo no! — bajo la cabeza llena de vergüenza.
— Si puede ser confuso — dijo Looker — Generalmente todas las especies tienen diferentes rasgos, pero las familias son únicas y las especies no pueden mezclarse. Los hombres mitad felinos solo pueden unirse con mujeres felinas, y así para todas las especies.
— Lo entiendo, pero eso no ayuda con mi duda.
— Nuestra historia no es tan clara — decía Bartrack — Algunos dicen que, durante los tiempos de guerra, la hambruna fue el peor factor negativo de las conflagraciones, tanto que algunos se vieron obligados a comer la carne de sus camaradas muertos en batalla. En esos tiempos los humanos fueron aliados de las bestias mágicas de ese entonces, así que cuando devoraron su carne, absolvieron también parte de la magia de los dragones, transformándolos en mitad humano; aunque se dice que algunos abrazaron su lado animal y bueno ese es el resultado — señalo a la mayoría de habitantes de la zona.


— Así que así son la cosas — Jhuen lo comprendía, pero aun tenia preguntas — Que hay de ti, ¿Cómo es que eres un hechicero?
— Los hechizaron fueron humanos, pero ellos también se vieron obligados a recurrir a métodos poco convencionales para las confrontaciones. Hicieron tratos con las razas puras para que les otorgaran poderes, algunos dominaron la magia que se les ofrecía mientras otros solo murieron por no ser dignos de manipular el poder. Los hechiceros son fáciles de reconocer por los sellos en nuestros cuerpos.
—¡Esas marcas! —miro las marcas en el rostro y brazos de Bartrack —Suena a experimentación, entonces son ratas de laboratorio.
—¿Ratas?
—Creo que entiendo lo que trata de decir— Looker rio por el comentario
— Así que un hechicero, y Looker es…
— Un humano cualquiera—dijo el joven ciego.
—Y Sayumi
— Bueno, ella es …
—Looker — Bartrack lo silencio justamente porque un grupo de habitantes paso cerca del puesto, los cuales se alejaron rápidamente — No hables de eso en este lugar.

Dejo ofendido al chico y Jhuen no entendí la situación.

Había llegado el medio día y comieron algo pequeño, algunas frutas y una pequeña porción de sopa que Looker había cocinado, era difícil saber cómo alguien sin vista era tan bueno en la cocina.


El día continuo su marcha, Jhuen continuaba observaba a los personajes de la zona, tratando de conocer muy bien a cada raza. Entre ellas pudo ver mujeres pequeñas y ancianas, más de lo normal, los Enanors eran gente pequeña. Había algunas personas altas con ojeras un poco más grandes de lo normal, tenían la piel clara y eran rubias, todos los Herfios parecían tener el color de cabello rubio. Entre los demás solo había más seres mitad bestias, pero aparte de casi no ver humanos, era extraño no ver más especies en ese pueblo.


No faltaba mucho para que anocheciera y Bartrack ya estaba levantando las cosas de su tienda.

— ¿Hay alguna librería por aquí? — pregunto Jhuen mientras acomodaba algunas cajas.
— En el distrito norte, hay gente confiable por ahí — respondió Bartrack — ¿Quieres algo en especial?
— Me gustaría conocer el idioma y un mapa de este mundo.
—Puedes ir, Sayumi te acompañara, yo tengo que conseguir algunas cosas en la zona este.
—E-está bien — miro a la pequeña —Por favor llévame a ese lugar.

Ella no respondió, solamente oculto más su cabeza con la cogulla que llevaba puesta.

— Ahora qué recuerdo, no traigo dinero.
—No hay problema — Bartrack le entrego una bolsa de monedas — Esto es por las hierbas que me diste.
—¡Tío, espera! — Looker parecía preocupado — Creo que no es buena idea que alguien sin marca vaya hasta la zona norte.
—Tienes razón, oye Jhuen, si quieres puedo ponerte una marca de esclavitud.
—No gracias, no la quiero — negó inmediatamente.

La palabra esclavo le daba mala vibra y al no conocer totalmente las normas de aquel mundo, negarse fue lo mejor

—No deberías negarte — insistió — El no tener una es un gran riesgo, para los humanos ponerles una marca es muy fácil, podrías terminar siendo un esclavo de alguien a quien no quisieras como amo.

Aquella frase lo lleno de inseguridad, sonaba a que cualquiera podría secuestrarlo y terminar en el peor lugar posible; pero no quería tener una marca de alguien que aún no confiaba en su totalidad.

—¿Hay otra forma?
—Puedo ponerte una temporal— el viejo sugirió y Jhuen accedió.

Los dos chicos mostraron sus brazos y en ellos pudo ver una marca que parecía una escritura en un idioma desconocido. Bartrack susurró algunas palabras y las marcas brillaron junto a los que tatuajes en su cuerpo. Un extraño humo de color azul brillante se postro sobre la palma de Bartrack; era realmente brillante y hermoso, cosa que cautivo a Jhuen.

—Dame tu mano — dijo y Jhuen obedeció.

Juntó su mano con la de Bartrack y esta enseguida su puño comenzó a sentir una fuerte quemadura, aquel dolor desvanecía lentamente y en lugar de dejar una herida, dejo un extraño símbolo de color negro.

—Con eso puedo saber en dónde estás, si estas en peligro la marca me lo dirá.

Aquella acción dejó estupefacto al chico, pudo ver por primera vez un verdadero acto de magia.


Guardaron las cosas y se separaron, Bartrack partió junto con Looker; el plan era regresar dentro de una hora a ese lugar y luego partir a casa antes del anochecer.

Jhuen siguió detrás de Sayumi quien caminaba lentamente. La pequeña realmente le preocupaba al chico, parecía no comer muy bien y el que estuviera descalza era lo inquietaba a un más; intento distraerse mientras observaba los comercios. Se encontraban en la zona de las artesanías, los artículos eran cosas como herramientas de cocina y algunas especias de armas, como espadas y escudos, estaba tan distraído que golpeo con una persona.

— ¡Ah, lo siento! — se disculpó mientras vio que la persona con la que había chocado llevaba una gran manta oscura que cubría todo su cuerpo.

Aquella persona se detuvo y miro a Jhuen con una enorme expresión de seriedad que se podía reflejar en sus ojos. Una mirada brillante en aquellos ojos azules, unos ojos que Jhuen nunca antes había visto en su vida, eran realmente hermosos.

—Fíjate por donde caminas — fue lo que dijo para de inmediato darle la espalda.

Aquel encuentro se sintió de otro mundo, estaba estupefacto por lo que había visto y no podía ni decirle palabra alguna a esa persona, pero no había nada más que decirle. A sus pies pudo ver que había una gran pluma blanca bástate llamativa, la cual recogió sin pensarlo.

—¿Qué extraño?

Guardo la pluma en su bolsillo y miro hacia todos lados, se había separado de Sayumi sin haberse dado cuenta, dio algunos pasos por el camino que estaba siguiendo y logro reconocerla, ella se había detenido frente a un puesto de ropajes y miraba con atención un vestido bástate llamativo, como si quisiese querer llevarlo.

—¿Te gusta? — pregunto mientras se le acerco.
—No, no me gusta — volvió ser córtate con sus palabras y tratar de negar sus deseos — Hay que darnos prisa — dijo mientras comenzó a caminar más rápido.

Habían llegado a una vivienda que sostenía un letrero con una escritura que Jhuen no entendí, un pensamiento extraño recorrió su cabeza ya que parecía algo curioso que, al no entender las escrituras, podía entender el idioma. Entro siguiendo a Sayumi. El lugar estaba lleno de libros, parecía ser la biblioteca del pueblo y la curiosidad de Jhuen actuó como la de un niño, leer era una de los pocos pasatiempos que tenía. Sayumi se acercó hacia la persona encargada quien era un enorme jabalí con ropas artesanales, ella oculto su rostro mientras susurro algunas palabras, el bibliotecario se alejó y mientras Jhuen miraba los libros, agarro uno de ellos y noto algo extraño, algunas de las escrituras le resultaron familiar, había libros similares en aquella choza del viejo a quien ayudo. La razón de terminar en ese mundo comenzaba a tener algo de sentido.

— Vámonos — Sayumi se encontraba detrás del chico y traía un par de libros.

Salieron de la librería y el sol estaba a punto de ocultarse, comenzaron caminar un poco más rápido. El irse temprano a casa era señal de que el pueblo no era seguro por las noches. Sayumi camino sin decir nada y mientras regresaron por el camino el chico se detuvo a mirar aquel vestido que la niña parecía querer usar, junto a el logro divisar un par de zapatos, no pudo observar más porque Sayumi se alejaba.


Regresaron al punto de encuentro, ahí Bartrack los esperaba y cargaba unos costales le leña y algunos suvenires alimenticios, en su espalda traía una bolsa que parecía contener más hierbas medicinales. Subieron de vuelta a la carroza y regresaron a casa; el lagarto fue puesto en un pequeño establo y los demás volvieron a casa.


Looker comenzó a preparar la cena en aquella vieja cocina de leña y Bartrack se alojó en su despacho personal. Jhuen sentado en la mesa de comida observaba los libros que había comprado sin entender ni una sola palabra de lo que veía, tanto que despeinaba su cabello de la desesperación. Dejo a un lado el libro y tomo el otro; en él había imágenes ilustradas de lo que parecía ser varios mapas, entre ellas algunas que parecían ser montañas, otros eran mares e islas, pero una en peculiar que llamo su atención fue lo que parecía ser una montaña con un símbolo de una calavera muy extraña, definió que probablemente era un lugar peligroso.


Aquel libro también tenía letras extrañas que no entendía. Lanzo un suspiro y cerro el libro, miro hacia la cocina y Looker se veía tan normal, miro a Sayumi quien estaba sentada en una esquina de la casa, ella sostenía un libro pequeño.

—¿Has logrado aprender algo? — Bartrack entraba sosteniendo una botella que parecía ser un químico porque liberaba cierto humo espeso.
—Es inútil, no entiendo ni una sola palabra.
—Entonces date por vencido — decía mientras lanzaba una carcajada — Sayumi ven aquí.


La pequeña dejo su libro y se acercó a Bartrack. Jhuen miro molesto al sujeto por burlarse de él, pero esa molestia se convirtió en sorpresa al ver que sacaba una filosa navaja de sus bolsillos. Sayumi extendió su mano y Bartrack clavo el puñal en su palma. Jhuen quedó pasmado al ver aquella acción sanguinaria, la sangre de Sayumi comenzó a emanar en gran cantidad se su palma, sangre que era recogida en un frasco por Bartrack mientras la pequeña trataba de aguantar el dolor de aquella gran herida


—¡¿Que está haciendo?! — pregunto con ira mientras se levantó de su asiento.
—Necesito probar mis medicinas— Alejo el cuchillo de Sayumi y se retiraba junto con la sangre recolectada, mientras ella cubrió su herida con las mantas que traía puesta.
—¿De qué rayos está hablando? — Se acercó a Sayumi para revisar su herida — ¿Estas bien? — ella no respondió e inmediatamente se alejó de él.
—¿No te preocupes por ella?
—¡Como que no!, ¡ella está sangrando!
—Sera mejor que lo veas por ti mismo, Sayumi, enséñale.

Aquella niña descubrió su palma, aquel sangrado parecía haberse detenido y el asombro se apodero de Jhuen. Aquella grieta en su piel comenzaba a cerrarse y su piel comenzaba a unirse por sí misma. Jhuen quedó pasmado al ver aquel extraño y pavoroso suceso, la piel de Sayumi se regenero por completo.

—Aterrador no es así — Dijo ella con la voz un poco baja — Esto es lo que soy
—¡¿Qué?!, ¡No lo entiendo!
—Sayumi no es una humana como aparenta — Bartrack añadió — Ella es una Demonarck…una de las peores razas de este mundo.

Quedo un más confundido, no podía juzgar cosas que desconocía, pero le perturbaba un poco lo que acabo de ver, tanto que no podía hablar.

Looker había terminado con la cena y durante ella, nadie dijo una sola palabra, apenas y hablaban para compartir la comida. Sayumi apenas comía una pequeña porción de lo que le servían, a diferencia de Bartrack quien comía como si nada importara. Jhuen por su parte estaba algo incómodo, ya no estaba con personas normales y eso comenzaba a incomodarle tanto que empezó recordar su hogar, personas y cosas normales, todo eso comenzaba a extrañarlo más que nunca. Después de terminar y limpiar la mesa, era una costumbre inmediata el ir a dormir, todos los habitantes del lugar se retiraron a sus habitaciones.


El chico había vuelto a la pequeña choza, miraba el tejado mientras pensaba aun en cómo funcionaban las cosas en ese mundo, era un competo extranjero sin conocimiento, pero temía el aprender la cultura. Tomo su celular y miro que apenas eran las nueve de la noche, solía dormir más tarde debido a sus estudios, pero mañana no tendría que ir a la universidad y tampoco tenía medios electrónicos para entretenerse, estaba realmente aburrido y extrañaba los videojuegos.

La puerta del lugar se abrió y Sayumi entraba lentamente, no miro al chico, simplemente se acercó hacia una esquina y se recostó sobre unas mantas.

—Oye tu — llamo su atención, pero Sayumi se cubrió con las sabanas.

Parecía nunca querer hablarle, cosa que comenzaba a molestarle un poco al universitario, talvez esa era su forma de ser ya que Bartrack dijo que era una Demonarck, pero ante sus ojos ella solo era una niña que vivía en algo parecido a la desgracia, algo que no toleraba. Agarro su teléfono y comenzó a reproducir una canción. La clásica pieza de Kiss, I Was Made For Lovin' You comenzó a sonar, aquel sonido despertó la atención de la pequeña, claramente un sonido que jamás en su vida había escuchado, se quitó las mantas de encima y miro atentamente el celular de Jhuen.

—¿Que es ese sonido?
—Es música, en mi mundo es conocida como rock, una pieza clásica —Se acercó lentamente apuntando con el celular y un flash inmediatamente cegó Sayumi — No te asustes — le enseño la pantalla y en ella había una foto de la pequeña.
—¿Esa soy yo?… pero… no entiendo — se quedó atónita — ¿Qué clase de magia es esa?
—Magia, podría ser, solo que nosotros le decimos ciencia o tecnología.

Le entrego el teléfono el cual Sayumi comenzó a mirar por todos lados. Aquella escena no era nada más que un pequeño animal indefenso que se encuentra ante algo que nunca había visto, escena que provoco una ligera risa en el chico.

—Si quieres puedo enseñarte cómo funciona, pero a cambio quiero que tú me enseñes una cosa — mostro los libros que había comprado —Sabes leer ¿Verdad?

Sayumi le entrego el celular y movió la cabeza en señal de afirmación.

—Entonces quiero que me enseñes.
—¿Po-porque quieres que te enseñe?
—Porque no conozco a nadie de por aquí y creo que podrías ser una buena maestra— hizo una ligera pausa y su mirada se volvió algo melancólica — Además me recuerdas mucho a una persona que conocía cuando era niño, ella es…
—NO, YO NO — Grito impulsivamente — No puedo ayudarte, yo soy una Demonarck.
—Yo no sé qué es eso — respondió de manera seria—Para mí no eres una Demonarck o lo que sea, solo eres una pequeña con algo de miedo — se arrodillo frente a ella extendiendo su mano — No te asustes, confía en mí.

Las palabras de Jhuen provocaron algo de sosiego y trasmitían su amabilidad, un gesto que no había visto en mucho tiempo, aquella amabilidad, aquella sonrisa cuando le hablaba, le recordó aquellas emociones que tenía antes de vivir ocultando su rostro, logro divisar una silueta de aspecto femenino atreves del chico.

—Mamá —susurro mientras sus ojos comenzaron a llorar.
—¡Oye, oye, no tienes que llorar! — Jhuen inmediatamente comenzó a secar aquellas lágrimas con las viejas mantas— Tranquila, todo está bien.
—¿Porque eres amable conmigo? — decía mientras secaba sus lágrimas.
— Jeje es que me recuerdas mucho a Hana.
—¿Quién?
—Mi hermana, te pareces mucho ella cuando solía ser una niña.

Se sintió nostálgico al decir eso, pero había algo que quería saber.

—Dices que eres una Demonarck, ¿Qué son exactamente los Demonarcks?
—Los Demonarcks somos, los peores seres de esta tierra — levanto sus manos mientras lentamente se quitaba aquel ropaje que cubría su cabeza — Y esto es lo que nos distingue de todas las demás razas.

Jhuen quedo boquiabierto al ver lo que Sayumi ocultaba bajo esa manta, de los extremos de su cabeza, se podía ver lo que parecía ser un par de punzones, algo pequeños porque parecían cortados.

Una chica con cuernos que sobresalían de su cabeza, otra de las cosas más extrañas que Jhuen tenía que aceptar que existían, era sorprendente y algo aterrador.

—Esto es lo que soy.
— ¡Eso significa! — Jhuen dijo aun con la impresión en su rostro —Sayumi, tu eres…



 
Una niña demonio
 
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[Imagen: j79Gmi0.jpg] 
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#5
Buenas! No suelo pasar mucho por acá pero esta historia me llamó bastante la atención. Más que nada el esfuerzo que le ponés a tu trabajo, la trama, los variados personajes, el mundo en que ellos viven asi como los dibujos de dichos personajes. La originalidad es palpable. De este último capítulo me gustó mucho por ejemplo como describiste la situación de las diferentes razas de una forma simple y graciosa, explicás lo que tenés que explicar y listo. En fin, desde como ambientaste la historia en nuestro mundo hasta la transición y al personaje descubriendo cada cosa que este nuevo presenta, me gustó. Voy a seguir visitando!
Pokémon Connection - Capítulo IX 11/10
¿Como se manejará un grupo de jóvenes en una Hoenn cada vez más peligrosa?
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#6
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Agradezco los comentarios en la historia, seguire esforzandome en mejorar y hacer de esta una buena historia.


Había una vez una mujer que adoraba las flores y vivía en una granja rodeada de ellas, les daba agua suficiente para que crecieran y cuando lo hacía, las cortaba y las vendía en el pueblo en que vivía, alegraba a las personas con su dulce sonrisa en cada flor que entregaba.

Una noche cuando estaba a punto de dormir, escucho un llamado a su puerta, cuando la abrió algo extraño se encontraba en ese lugar, había extraño mostró que tenía cuernos en su cabeza y unas alas algo rasgadas. Aquella mujer estaba asustada por aquella extraña presencia, pero sintió mucha angustia al ver lo herido que estaba. Decidió acogerlo.

Durante varios días la mujer le dio medicinas y curo las heridas de aquella extraña persona, y con el pasar de esos días dejo de tenerle miedo. Aquella presencia se mostró seria e intimidante, pero se volvía más blando conforme la mujer le mostraba su amabilidad. Durante esos días, aquella mujer conoció mejor a esa criatura, le conto que lo perseguían porque algunas personas lo consideraban un monstruo y si lo encontraba, lo matarían; pero ella no lo veía así, su apariencia bien podría ser aterradora y ella no juzgaba a nadie por su apariencia; aquella criatura sabía que la mujer hablaba con sinceridad y así decidió confiar plenamente en ella.

El tiempo paso y las heridas del extraño ser curaron por completo, aunque temía salir de casa porque seguramente las personas volverían a atacarlo. La mujer trato de convencerlo de que las personas también podrían darse cuenta de que no era malo, pero él se negó. Aquella dama no se daría por vencida, tarde o temprano lo convencería.

Y el tiempo siguió su curso, la primavera había terminado y el verano había llegado, la mujer mientras más convivía con la criatura, él cada vez se sentía mejor bajo su compañía, tanto que nunca se dio cuenta de que amaba con locura a la mujer, lo mismo sucedía con ella, aquel monstruo solo era el hombre más dulce que había conocido.

El otoño había llegado y una noche la mujer y el monstruo demostraron mutuamente el amor que sentían el uno al otro.

Paso el tiempo y el invierno llego con lo que parecían ser malas noticias, la mujer esperaba el fruto del amor que había construido con el ser que amaba; pero este no parecía contento, “¿Cómo puedes estar embarazada?” reclamo con enojo el monstruo, claramente esa noticia no era de su agrado y aquella musa con el corazón desgarrado preguntaba porque odiaba al ser que llevaba en su interior, él no le respondió porque a pesar de todo, amaba a esa persona como para hacerle más daño. “Cuando ese niño nazca, estarán condenadas” fue lo único que dijo y después se fue.

Los días y las estaciones pasaron, la mujer paso ese tiempo hundida en soledad, pero ansiosa por la llegada de su hijo.

Aquel día del su nacimiento llego, algunas cantas personas y amigos ayudaron durante el parto, un parto realmente doloroso; al cabo de unas horas él bebe había nacido, era una niña saludable, una hermosa criatura que asusto a todas las personas que se encontraba ahí, la niña tenía cuernos.

Los aldeanos decían que esto solo podía ser actos demoniacos y que la mujer junto y su hija estaban malditas y debía asesinarlas, no lo dudaron y así decidieron hacerlo. Aquella mujer con un gran dolor en el alma, al ver que todas esas personas con las que compartía rosas y sonrisas, querían asesinarla junto a su hija; escapo de su hogar y lejos de todo lo que amaba.

A pesar de todo el dolor que sentía, al ver a su pequeña niña con cuernos, no le parecía un monstruo, era la cosa más hermosa que tenía en su vida.


Capítulo 3

Los sonidos de los grillos y demás seres nocturnos resonaban por todo el prado, sonidos que Jhuen escuchaba mientras se encaminaba hacia el baño, dado que no había inodoros ni servicios públicos, se conformó con usar un árbol. Sin luz de luna la noche brillaba por el hermoso resplandor que salía del suelo y desaparecía en el cielo, aquella luz no le preocupaba en lo más mínimo. Regreso hacia el establo abrió la puerta y allí la pequeña dormía tranquilamente. A pesar de ver su aspecto verdadero, se preocupaba tanto por la situación en que vivía. Se dio cuenta que en la cabaña había luz de una vela que aún estaba encendida y decidió investigar.

Llego hacia el despacho de Bartrack y abrió lentamente la puerta, ahí se encontraba aquel viejo triturando hierbas mientras cocinaba algunas otras, parecía una persona realmente trabajadora.

—¿No debería descansar? —Jhuen entro lentamente.
—No cuando hay mucho trabajo que hacer — respondió sin tomarle mucha importancia su presencia —¿Qué hay de ti?
—No tengo sueño y Sayumi se mueve mucho cuando duerme.
—Sí, puede ser problemática.
—No debería decir eso de ella —decidió sentarse ya que tenía la intención de discutir.
—No la conoces.
—Usted tampoco — se puso serio — Talvez la haya recogido de la calle pero debería mostrarse como una figura paterna.
—Esa es mi idea de ser paterno con ella, mostrarle lo dura que es la vida y lo que tiene que hacer para sobrevivir — miro a Jhuen — Acaso tu padre no te trato de esa forma.
—Mi padre — el joven aparto la mirada y lanzo una sonrisa sarcástica— Mi padre solo es de esas personas que gritan sus hijos para luego irse y jamás volver, en realidad nunca tuve un padre.
—Te abandono verdad — El hechicero se sentó mientras tomaba un descanso — Si, los niños pueden ser un problema… eso era lo que pensaba la madre de Sayumi.
—¿Tuvo una infancia difícil? Pregunto el chic mientras el viejo decidió tomar un trago
—Una niña que nació de la relación prohibida entre un Demonarck y un humano. Despreciado por los Demonarck por ser humana y odiada por su propia raza por ser una Demonarck, y su único pecado, el haber nacido.
—No pueden culparla por eso.
—A nadie le importo hacerlo — continúo tomando algunos tragos —La conocí cuando apenas tenía un año de vida, su madre la había ocultado desde el día en que nació, pero dado que continuaba creciendo, era más difícil esconderla, sufría de discriminación en donde quiera que fuera y si un Demonarck las descubría era seguro que las asesinarían.
—¿Que paso con su madre?
—Llego a mi cuando estaba en un pueblo hacia el norte, me pidió de manera desesperada una cura para volverla humana, pero no existen hechizos para esa clase de cosas, fue la primera vez que la vi; tiempo después cuando decidí asentarme en esta capital volví a encontrarla, se veía algo irreconocible, era como si su cordura se hubiera perdido durante ese tiempo, sobre todo su mirada, ya no miraba a su hija con algo de cariño, solo la miraba con un enorme desprecio. Un mes después encontré a Sayumi en los callejones del pueblo, imaginaba que su madre finalmente la había abandonado, porque cuando la encontré parecía que su alma había muerto. Sentada entre la basura y el frio esperando únicamente la hora de su muerte.
—Eso… debió ser horrible — susurro mientras pensó en lo pavorosos que pudo haber sido el soportar ser abandonada por su familia a su corta edad.
—Supongo que si — se puso de pie mientras acomodaba algunas cosas de la mesa — Aunque hay personas que la han pasado igual o peor. Estoy casado, me iré a dormir.

Salió de la habitación y Jhuen se quedó sentado sintiéndose mal por lo que había escuchado, creía que debía hacer algo al respecto, después de todo, él era esa clase de persona.


Decidió volver al cobertizo y cuando entro, la pequeña Sayumi se encontraba durmiendo en su cama, seguramente tenia frio; tomo otra vieja manta y la acomodo sobre ella para calentarla mejor.
—Puede que tenga cuernos, pero se ve tan inocente cuando duerme — intento lentamente acariciarle las mejillas.
—Mamá— ella susurro entre sueños.

Aquella palabra le trajo nostalgia al universitario, quien decidió sentarse sobre las retamas secas y cubrirse con un pedazo de tela vieja; bostezo para posteriormente quedarse dormido.

La palabra mamá le rezumbo en su mente e inconscientemente comenzó a recordar su infancia mientras se quedaba dormido.



Era una vieja choza a las afueras de la ciudad, un lugar con moho sobre algunas paredes y una ventana rota que era cubierta por un pedazo de cartón, en aquella pequeña y dañada casa se encontraba un niño que estaba a punto de llorar.


—¿Como que te peleaste con tus compañeros? — reclamo una mujer de mediana edad quien sostenía algunas prendas — Y rasgaste tu uniforme, tienes idea de lo que me costara repararlo.
—Lo-lo siento mama— dijo entre lágrimas y mocos — Pero ellos se burlaron de mi mochila.
—Te dije que no te preocuparas por eso — dijo la madre de aquel niño quien sostenía una vieja mochilas que eran únicamente piezas de ropa cosidas para sostener algunas cosas — Al final de este mes tendré suficiente dinero para comprarte una mochila nueva, pero ahora tendrás que esperar porque reparare tu uniforme.
—Perdón — intento contener el llanto ante la actitud de su madre quien sonaba algo desesperada.
— Tengo que ir al trabajo, ahora escúchame bien — miro con enorme seriedad al niño —Quiero que estudies y saques buenas notas en los próximos exámenes. Entendido.
—Sí, sí, lo hare — estaba tan asustando ante la actitud temeraria de su madre, que hizo lo mejor para no tirarse a lloriquear.

Aquella noche el niño se dedicó a sus estudios; se encontraba completamente solo y eso le daba un poco de miedo, decidió comer un poco; en la cocina solo había una funda de pan y una banana en descomposición, no era la mejor merienda, pero para él era lo más delicioso que podía comer.


Los días pasaban y aquel niño asistía a una escuela con algo de prestigio, no era la mejor de las escuelas, pero tenía gran popularidad por ser una de las mejores de la ciudad. Los niños eran como todos, inquietos con cierta inmadurez, aquella que se reflejaba cuando decían cosas malas de las personas.

“Mira ahí está el niño pobre “
“Que hace en esta escuela, debería largarse con los de su clase”
“ Escuche que su madre paga la escuela lavando la ropa de los maestros”
“No digas eso o te golpeara”
“Es muy violento, seguramente se volverá un delincuente”

Aquellas era las frases que escuchaba a diario, lo único que podía hacer era cubrir sus oídos porque sabía que su madre se molestaría si volvía a meterse el algún pleito.

En la escuela no se juntaba con nadie porque los demás niños lo rechazaban debido a las cosas que decían, en cierta parte no le importaba, pero se sentía triste ya que no tenía con quien jugar o reírse de vez en cuando. Ese día antes de finalizar la escuela el maestro entrego los resultados de los últimos exámenes y cuando aquel niño vio sus notas siento verdadera decepción y preocupación, su nota era verdaderamente baja. Temía volver a casa, pero debía enfrentarse a la realidad.

—¡SACASTE UN TRES! — decía su madre quien acomodaba flores en un recipiente de cristal, miraba la hoja de examen sobre el suelo — Como pudiste, a pesar de todo lo que te pedí, de cuanto hice por ti para que entraras en esa escuela, y me pagas DE ESTA FORMA.
— A mí, no me gusta esa escuela — dijo sin dejar de tener la mirada hacia abajo.
—No digas tonterías — golpe fuertemente la mesa reclamando de manera algo violenta —Si no estudias en una escuela como esa no podrás tener una buena educación ni un buen futuro, acaso quieres terminar siendo un fracasado y vivir en un lugar como este.
— Yo no… — al ver la actitud de su madre quiso quedarse callado, pero no podía soportar el callar lo que pensaba — No me gusta, no tengo amigos y los demás niños hablan mal de mí y de ti, no quiero ir a un lugar como ese…

Escucho el sonido de un cristal quebrarse, pues su madre iracunda había aventado el florero hacia el piso.

—¿Acaso eres como tu padre? — dijo con un enorme grado de frialdad — Alguien que siente que lo mejor es abandonar sus problemas porque piensa que es lo mejor, sin importar el daño que pueda hacer a los demás — sus ojos comenzaron cristalizarse por las lágrimas que quería derramar— Tú no eres como ese hombre, no seas como él…

Fue lo último que pudo decir antes de colapsar, sufrió un desmayo y cayó al suelo.

—¡Mama!, ¿Mamá estas bien? — el niño desesperadamente trato de ver como se encontraba su madre.
— Jordan… perdón por gritarte — dijo lentamente mientras se quedaba inconsciente.
— Mamá, MAAAA — gritaba desesperadamente al ver que la mujer so se movía.
—Jhuen, Jhuen despierta — el viejo Bartrack despertó al chico —Escucha iré con Looker a un pueblo del norte, hay alguien que desea verme así que saldré de la ciudad.
— ¿Qué, que quiere decir? — aún estaba adormilado.
—Cuida bien de mi casa si — comenzó a salir de la choza — Regresare antes del anochecer.
— ¡¿Qué?! — parecía algo molesto — Empiezo a pensar que me trata como su esclavo o su perro guardián — miro hacia las mantas viejas y vio que Sayumi ya había despertado. Salió de la morada.

En las afueras Looker ataba a Tina en la carroza y Bartrack subía algunas cosas.

—¿Vienes con nosotros? — Looker pregunto a Sayumi quien ayudaba al viejo.

Con su expresión demasiado tímida, miro a Jhuen quien le mostro una sonrisa.

—Yo… quiero quedarme — dijo con cierto grado de calma — Me pidió que le enseñara las escrituras de este mundo.
—Está bien, pero asegúrate de no salir de casa — Bartrack subió a la carroza y junto a Looker comenzaron a alejarse mientras se despedían de ellos.

Era un día bástate tranquilo con un clima agradable afuera, aunque Jhuen prefirió pasar la mañana dentro de casa, tenía algunas cosas que hacer.

—Entonces tomas ese pájaro rojo y lo avientas hacia los cerdos de esta manera — el chico le enseñaba a Sayumi el cómo usar aplicaciones un su celular.

La chica no conocía bien el sistema táctil de aquella tecnología, pero comprender la mecánica del juego resultaba fácil, paso algunos minutos usando la aplicación.

—Bien creo que la lo entendiste, mira incluso ganaste algunas monedas de oro.
—¡Monedas!, ¡¿Gane?!
—Ah, no, no son de verdad, solo sirven en los juegos, déjame enseñarte — agarro el celular y noto que el porcentaje de batería estaba a menos del treinta por ciento de su carga, talvez necesitaría el celular para algún caso especial y considero que lo mejor sería ahorrar batería. Decidió apagarlo.
—Tengo una mejor idea.

Había decidido salir de casa hacia el campo abierto, aparentaba ser un buen día para jugar afuera que pasarse todo el día en un celular.

— Bien ahora voy a lanzar esta piedra y tú la vas a golpe muy fuerte —el universitario tenía una roca en sus manos.
—Entiendo — dijo con seguridad la pequeña Demonarck quien sostenía un pedazo de madera.

El chico aventó el peñasco y Sayumi no logro golpearla.

—Otra vez.
—Si.

La chiquilla no parecía decepcionada, al contrario, se veía algo motivada.

Jhuen lanzo la piedra una y otra vez y la pequeña no lograba golpearla, aunque cada vez estaba más cerca de lograrlo.

—Ahí va — el joven lanzo la piedra y Sayumi forzando el agarre logro finalmente golpearla; no se alejó más de cinco metros, pero estaba realmente feliz de haberla golpeado — Bien hecho, aquí va otra.

Volvió a lanzar algunas piedras las cuales Sayumi comenzó a golpear y lanzarlas cada vez más lejos.

—Ese fue un buen tiro.
—Lo hice —aquella actitud medrosa en la pequeña parecía desaparecer.

Decidieron cambiar de puestos, Jhuen agarro la vara de madera y Sayumi recogió algunos guijarros. Comenzó a lanzarlas y el chico igualmente fallo los golpes.

—Había olvidado que no soy bueno en los deportes — dijo algo decepcionado de sí mismo, pero dispuesto a golpear la roca. Después de algunos intentos fallidos, tomo con fuerza el pedazo de madera y le dio un fuerte golpe a la piedra la cual voló más lejos que todas las que Sayumi había golpeado.

Una sonrisa en el rostro de aquella niña comenzó a dibujarse, aunque no reflejaba su alegría en totalidad, al menos parecía que estaba tranquila y el día aún continuaba.

— A la derecha, solo un par de pasos — Jhuen le daba órdenes a Sayumi quien con el pedazo de madera caminaba lentamente mientras tenía los ojos cubiertos por una venda.
—¿Do-dónde está? — preguntaba algo confundida y nerviosa mientras se movía de un lado a otro.
— Solo un poco hacia el frente y listo, está ahí.

Sayumi dio un gran golpe hacia el suelo y rompió en pedazos una sandía.

—Bien, lo hiciste bien — decía el joven dando algunos aplausos.
—Lo, lo hice — Sayumi comenzó a alegrarse.
—¿Fue divertido?
—Sí, fue divertido.

Finalmente la pequeño mostro una sonrisa de felicidad ante el momento, era una emoción que no recuerda si alguna vez en su vida había sentido, una sensación realmente recortable, pero miro atentamente la sandía despedazada.

—Ese era nuestro almuerzo.

La sonrisa de Jhuen se rompió al escuchar la noticia, sabía que partir la sandía pudo haber sido divertido, pero sigue siendo un claro ejemplo de desperdiciar comida.


En aquel tiempo comenzó a caer algunas gotas de agua; una fuerte llovizna cayó de improvisto y los chicos corrieron rápidamente de regreso a casa sin poder evitar mojarse por la lluvia.

—Quien diría que iba a llover —Jhuen buscaba algunas mantas para secarse — Sayumi cámbiate de ropa, encenderé la fogata.

El joven se acercó hacia la hoguera y coloco algunas maderas sobre ella, seguidamente busco un fosforo y al hacerlo se dio cuenta que aquel objeto no se encontraba por ninguna parte. Era verdad que algunas cosas modernas de su época no existían, incluso si era un hogar con pocos recursos, sin tuberías de agua ni luz eléctrica, no entendía como llevaban las cosas ahí.

—¿Cómo encienden el fuego?
—Hay que usar esto— la chica tenía una piedra roja la cual froto en sus manos y la lanzo hacia los leños, lentamente la piedra comenzó a echar chispas y prontamente se encendió. Aquella piedra era un objeto mágico de aquel lugar.

—Tienes que enseñarme esas cosas.

Sayumi no pudo responder porque lanzo un estornudo debido al frio.

—Sera mejor que te quites esa ropa, aparte de estar mojada parece estar muy sucia.
—Yo no…no tengo más ropa — dijo con algo de vergüenza mientras sujetaba sus mantas.
—No imaginaba eso, pero si no lo haces te vas a resfriar, es mejor que te des un baño con agua caliente.
—Suelo bañarme en los ríos del bosque cuándo no hace mucho frio.

Volvió a olvidar que no estaba en su mundo y que los sistemas de calefacción no existían; sin servicios de agua caliente tenía que pensar en algo rápido. Improvisar, ese solía ser uno de sus pocos talentos que a veces solía mostrar y recordó que no siempre fue una persona de comodidad. Agarro una de las ollas más grandes que había, la lleno con agua de lluvia que atrapaba de las goteras y la puso en una de las pequeñas habitaciones de esa casa.

—Espero que esto funcione — agarro una piedra para encender el fuego la cual froto y cuando comenzó a calentarse el arrojo al agua, esta inmediatamente comenzó a calentarse.
—No usamos eso para lanzarlas al agua, Bartrack se enojará
—Pero funciono, mira el agua está caliente.

Sayumi se veía algo incomoda y preocupada, parecía no pensar o actuar por sí misma, como si viviera su vida a base de órdenes, no era difícil de pensar eso por lo que el chico había visto los días que llevaba ahí.

—Asegúrate de lavarte detrás de las orejas.

Jhuen salió de aquella habitación mostrando una sonrisa y eso confundía un poco a Sayumi, las personas de ese lugar, en especial los humanos no se comportaban ni un poco a como Jhuen lo hacía, había estado jugando con ella golpeando piedras con un palo y rompiendo frutas a ciegas, algo que nunca había visto en los seres que habitaban ese mundo, entonces entendió que el estar cerca de el no solo parecía ser divertido. Se desvistió y lentamente entro en aquella bañera, sus pies sintieron el agua caliente por primera vez. El agua se sentían igual que el chico, cálido y acogedor.



En la cocina Jhuen no encontró una gran variedad de utensilios de cocina, tampoco muchas cosas comestibles porque había algunas verduras en mal estado que no servirían para hacer un estofado. Reviso toda la cocina y encontró frutas en estado de descomposición, seguramente se arruinaron por no estar en congelación; comenzó nuevamente a pensar en su hogar, adaptarse se volvía un reto y era la única opción que tenía. Tras revisar toda la cocina encontró lo que necesitaba, algunos plátanos en buen estado y una gran cantidad de huevos y harina.

—Hora de preparar algo al estilo tierra — se colocó el delantal y comenzó a cocinar.

Preparar alimentos en una cocina a leña no era algo tan nuevo, pero si un pequeño reto; preparo una gran cantidad de masa para hornear y las combino con las frutas, sitúo un plato de cerámica sobre el fuego y añadió algo de aceite que había encontrado; comenzó a freír.

El extraño aroma de la cocina de Jhuen llamo la atención de Sayumi quien había terminado con su baño, se asomó lentamente mostrando su cabeza por la puerta.

—Terminaste — Jhuen coloca algo de comida sobre la mesa — Llegas a tiempo para el almuerzo.
—¿Que es ese olor?
—Seguro te encantara probar este platillo, ven.

Ella se negó y Jhuen se sintió algo rechazado, se acercó un poco hacia Sayumi y esta inmediatamente se alejaba, entonces lo entendió que ella no estaba vestida y eso puso en vergüenza a Jhuen, había olvidado que no le dejo un cambio de ropa.


Aquella llovizna no parecía detenerse, pero no importaba por el calor de la fogata y el agradable aroma de la comida de Jhuen, Sayumi sentada en la mesa parecía estar ansioso de probar ese platillo que nunca lo había visto, afortunadamente Jhuen la cubrió con algunas mantas y así evitar que se resfrié o algo parecido.

—¿Que estas preparando? — pregunto la curiosa niña.
—Ya lo sabrás, use algunos plátanos, aunque olvide tirar los que estaban dañados, los quitare del comedor.

La pequeña vio atentamente las frutas dañadas sobre la mesa, seguidamente las agarro mirándolas muy atentamente.

—Está listo —Jhuen sirvió el plato sobre la mesa —Solo déjame limpiar estas… —se quedó en silencio al mirar que las frutas dañadas se veían en un buen y perfecto estado —Es extraño, juraría que estaban podridas.
—Lo siento, no debí hacerlo.
—¿Tu lo hiciste?, ¿Cómo?

Sayumi agarro una manzana podrida entre las frutas en descomposición mientras Jhuen presto atención como la pequeña miraba atentamente aquella fruta. La magia volvía a hacerse presente, la palma de Sayumi comenzó a brillar mientras la fruta podrida comenzaba a regenerar sus células muertas, tan solo unos segundos basto para que la manzana volviera a estar madura y roja.

—¡Imposible! —Jhuen agarro la manzana la cual examino, Sayumi se veía algo inquieta por lo que había hecho, parecía que haber mostrado sus habilidades la pondrían en una situación indeseable y eso le preocupaba. Jhuen le dio un mordisco y sintió una extraña sensación.
— ¡Que dulce!, esta es una buena fruta.
—¿No, no te asusta? — pregunto algo sorprendida.
—El que uses magia para reparar frutas, bueno para mi sigue siendo extraño todo esto, pero en realidad es increíble, además sé que puedes regenerar tus heridas, eres como un superhéroe.
—¿Superhéroe?
—Si, como Wolverine o Deadpool; aunque ninguno de los dos es un buen ejemplo a seguir, je je.

La sonrisa que Jhuen expresaba no se parecía a ninguna de las cosas que Sayumi había visto en su vida, solo podía recordar expresiones de miedo, odio y desprecio, los dolorosos recuerdos de su pasado se tranquilizaban al ver aquella sonrisa, sintió las mismas emociones cuando golpeaba aquella roca con un palo.

La pequeña por primera vez en su vida comió un bizcocho de plátano, la cosa más dulce que había probado, estaba tan delicioso que a Jhuen le sorprendió tanto el ver como comía tan felizmente un platillo que no consiguió un sabor que él esperaba, debido a que le faltaron muchos ingredientes para un buen bizcocho, de todos modos, no importaba, estaba hambriento y a Sayumi le encantaba.

—Gracias por la comida — el chico termino su porción y vio como Sayumi tenía la cara llena de migas, la limpio con un trapo de cocina mientras lo hacía tenía una duda.
—No te molesta que el cabello cubra el rostro, ¿Algo le pasa a tu ojo izquierdo?
—Mi ojo —ella cubrió su ojo con sus manos sintiendo miedo como de costumbre.

A pesar de aun tener miedo de mostrar quien es en realidad, Jhuen le hacía sentir la suficiente tranquilidad como para tener buena confianza, así que decidió ser completamente sincera, levanto el cabello y mostro su ojo izquierdo, su pupila era de color rojo.

—¡Tienes ojos… diferentes!, solo haba visto ese en gatos y perros. No te ofendas.
—Nadie debe saber que mis ojos son así, promételo que nunca se lo contaras a nadie— aquellas palabras parecían una súplica desesperada.
—No hare eso — volvió a notar que Sayumi volvía a ponerse afligida—Dime una cosa Sayumi, ¿cuántos años tienes?
—Tengo… n-no sé.
—Es increíble que no lo sepas, debes tener al menos unos 11 años.

Jhuen pensó por un momento si la edad se aplicaba igual para los seres de su raza como para los humanos, entonces recordó todas las cosas que Bartrack le había contado y quien mejor que Sayumi para decirle los sucesos malos que le habían ocurrido. Pero decidió abrirse primero.

—Verte me hace recordar muchas cosas, cuando tenía tu edad tuve muchos problemas en casa como en la escuela, era un niño problemático y siempre terminaba metido en alguna pelea y lo que era peor, era malo en mis estudios.

La pequeña no entendía muy bien sobre las cosas que Jhuen decía, aunque veía la expresión de tristeza que el chico comenzó a poner en su rostro.

—Solía vivir con mi mama en una vieja caseta algo parecida a esta, aquella era más pequeña, era lo mejor que podíamos pagar al no tener dinero. Mi madre se esforzaba mucho mientras trabajaba como sirvienta, le pagaban poco, pero era todo lo que había, la mayoría del dinero que ganaba siempre era para mí, trabajó muy duro para que yo estudiara en una escuela prestigiosa y tuviera los mejores implementos de estudio; aunque ella tuviera que vestir la misma ropa por un mes. No tenía un carácter amable, siempre me estaba gritando para que estudiara y fuera un buen niño y una persona modelo. Lo que trato de decir es que mi mamá a pesar de lo dura y estricta que fue, siempre hizo lo mejor para mí; aunque no tenía tiempo para escucharme o jugar conmigo, sé que siempre le importe. Las madres son así, siempre dan lo mejor por sus hijos.

Sayumi bajo su mirada, parecía que iba a llorar y Jhuen logro el momento perfecto para aclarar una de sus grandes dudas.

—¿Cómo era tu madre?, me gustaría saber por qué dices su nombre mientras duermes. Puedes contarme esos. . .


 
Recuerdos del pasado.
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