Original Oneshot- Hate is just another word for Love.

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#1
No deberías estar ahí.

Deberías estar en casa, acostado en tu cama, agradeciendo a un poder superior el hecho de tener un techo donde guarecer tu cabeza, una mesa donde comer comida caliente y una mujer que decidió quedarse a tu lado.

Un vaso más de alcohol, te dices, porque no quieres recordar a esa mujer; no quieres recordar sus gritos ni sus reproches. No quieres revivir las incesantes peleas y sobre todo no quieres rememorar sus miradas llenas de decepción.

«Ella decidió quedarse» Te repites una y otra vez.

Y deberías estar agradecido, porque estás roto, estás desecho. Tu corazón es un carámbano de hielo, cerrado y hostil, incapaz de amar a alguien más que no se haya marchado con anterioridad. Siempre en guardia, siempre con temor.

Pero ella decidió quedarse, decidió estar contigo a pesar de tus defectos. Decidió arreglarte, enseñarte a tratar de amarla, tratando de convertirte de nuevo en aquel niño esperanzado que fuiste hacía mucho tiempo.

Pero no tienes esperanzas.

Meneas el alcohol en tu vaso antes de darle otro sorbo, la garganta te quema, el mundo se silencia por unos breves instantes.

No estás lo suficientemente ebrio.

El bar está cerrando; son las cinco de la mañana y el resto de los comensales se va, uno a uno, antes de que el sol decida aparecer por el horizonte. Sabes que eventualmente, tú también tendrás que retirarte, pues no quieres causar más problemas de lo que tu presencia pueda acarrear.

No puedes regresar.

No ahora, no cuando quieres olvidar.

Has tratado. Has tratado…

Pero simplemente, quizás, no tienes arreglo.

Has visto sus intentos desmoronarse, cada uno peor que el anterior. Y sin embargo, algo en ti no quiere que se rinda.

Aunque sabes que quizás ya lo haya hecho.

Es injusto, no importa cuanto trates de justificarte al respecto. Te dan miedo sus roces, no sabes como responder a sus palabras, tus gestos de cariño son inexistentes; al final, te sorprende que todo no se haya deteriorado más rápido.

Está atada a ti, te vuelves a decir, fue su decisión.

Pero no puedes evitar pensar, una y otra y otra vez, que lo que recibes de su parte son sólo migajas de amor destinadas para alguien más.

Siempre había algo en su mirada, en sus palabras; pero, quizás, simplemente tratas de buscar una justificación. Otra de las tantas que siempre haces cuando sales a cuestionarte, a tratar de pensar en cómo arreglarte para evitar el dolor punzante que te acecha cada vez que pones un pie en esa morada; sin embargo esta es más borrosa, más descuidada que las demás, producto del alcohol nublandote la mente, pero no lo suficiente como quisieras que lo hiciera. No lo suficiente para acallar ese dolor en el pecho que amenaza con consumirte.

El bartender tamborilea sobre la mesa, impaciente. Es evidente que te urge a irte, pues ya deben terminar de cerrar, pero no te dirá nada gracias a que has sido bastante generoso con las propinas.

Te preparas para pagar la cuenta, pero una delicada mano pone unos cuantos billetes sobre la mesa antes de que puedas hacerlo. Volteas y la mujer te sonríe; no de forma dulce, no de forma amable; es una invitación, lo confirmas cuando ella se acerca a tu oído y te susurra sus intenciones.

Lo piensas furtivamente. No estás lo suficientemente ebrio, así que no puedes echarle la culpa al alcohol; es un pensamiento consciente, un deseo primitivo. La mujer es hermosa y se toma sus libertades cuando te hala de tu corbata y te lleva con ella hacia la puerta, tomando tu silencio como una confirmación.

Su sonrisa crece, y sigues pensando. La respuesta más fácil sería simplemente entregarse a ella, dejar que su calor te haga compañía en una cama extraña; sentir que por fin alguien te quiere aunque sea por un momento, por ser tú y no un reemplazo de alguien más; juntar más migajas de amor, que quizás así terminen por derretir tu duro corazón.

Pero te frenas y con sin siquiera disculparte te zafas de su agarre. Le das la espalda y te vas a tu casa; acallas el instinto y dejas que la razón hable. Porque sabes que así no vas a curarte, no vas a mejorar y las piezas de tu corazón roto no volverán a juntarse; es difícil, considerando la situación; nadie te culparía por ser débil, por cometer un error.

Mas la quieres, sabes que la quieres, aunque no eres bueno expresandote o demostrandolo. Quizás no la quieres como has querido a otras personas, con ese fuego ardiente y esa pasión desmedida; no eres capaz de ello tampoco, ya no realmente.

La quieres de forma tranquila, donde su presencia sirve de calmante, donde sus cantos contentan tu alma y la casa donde vives no se siente vacía.

No sabes si eso es bueno, si es malo, o si estás equivocado, sin embargo esos pensamientos son los que te motivan a seguir adelante, atravesando el frío y la soledad de las calles.

Ahora es tu turno de arreglar las cosas y, aunque no sabes cómo, aunque todo lo que haces es torpe o descuidado, no te queda más que intentar. Intentar como ella intentó contigo, arreglar por ti mismo lo que has descuidado.

Abres la puerta con cuidado, das pequeños pasos para que no te oiga entrar. Sigues por el largo pasillo hacia la recámara compartida y abres la puerta para sorprenderla con un café recién comprado y unas rosas que cortaste de forma improvisada.

La sonrisa de tu rostro desaparece; y tu corazón ya no puede romperse más. Suspiras de forma cansada y regresas sobre tus pasos para dejar los regalos sobre la mesa del comedor.

Una carta abierta te recibe sobre el mueble, el remitente se te hace familiar; un viejo amigo de la infancia de tu mujer, cartas inocentes que ella proclamaba recibir mes con mes para saber de su bienestar. Y sin embargo la curiosidad puede más contigo, y con cada palabra, los trozos de tu alma se quiebran más.

Migajas. Al final eran migajas, que igual pertenecían a alguien más.

La pistola escondida en tu saco pesa, pesa demasiado.

Y, finalmente, tomas una decisión.

Ajustas el silenciador sobre el cañón de tu arma, y dejas que tu figura sea lo último que vean sus ojos entreabiertos.
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#2
Sabes que la has superado cuando puedes escuchar su canción sin llorar...
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Animus. Antrum. Unverse. Anima, Animusphere
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