Original Oneshot- Foreshadowing is a bitch

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#1
 
Visitas de Medianoche



—Espera un momento, por favor —le pedí cuando escuché el sonido del agua hirviendo desde la cocina.

Las luces estaban apagadas pero crucé la estancia sin problemas. No pasas cinco años viviendo en el mismo apartamento sin conocerlo bien; el rechinar de la puerta del baño, la música que oyen tus vecinos, el sofocante calor de la tarde o la sombra que la cortina proyecta en el techo de noche. Sin que puedas evitarlo, todas esas incomodidades se van volviendo parte de ti, parte de tu día a día y antes de que te des cuenta ese pequeño espacio ya se ha convertido en tu espacio personal.

En la cocina tomé un par de tazas y las llené con el agua de la cafetera. Mientras agregaba algo de azúcar miré por la ventana, hacia la calle. Allá abajo dos oficiales sometían a un joven contra una patrulla y por como lucían las cosas, no habían podido sacarle mucho dinero. El chico iba a pasar una mala noche, pero traté de pensar que eso no tenía nada que ver conmigo.

—Siento la tardanza —me excusé mientras ponía la taza sobre la mesita enfrente suyo. La tocó con el borde de los dedos mientras me miraba con expectación, o eso quiero creer ahora. La persistente oscuridad me hacía imposible reconocerle, como si mi propio espacio se cerrara para impedirle entrar.

Se negó a decir absolutamente nada, quería que empezara yo, pero, obstinado como soy, también me negué a hablar. Desde afuera nos llegaba el ruido de los autos al pasar, la fiesta estridente de alguna casa vecina y las voces de aquellos que aún andaban en la calle a esas horas de la noche. Fuera es todo confusión y ruido, la ciudad está igual o más viva que durante el día, pero en aquella pequeña sala con sólo nosotros dos, no había forma de sosegar el silencio que lentamente se imponía entre nosotros, amenazando con no marcharse jamás. Quizá fuera por temor a ello (o porque nunca me ha gustado quedarme callado) que me rendí y dije la primera estupidez que me vino a la mente.

—¿Cómo está el clima allá arriba… o allá abajo?

A ninguno de los dos nos hizo gracia. Siempre era yo quien iniciaba la conversación; quien lanzaba una pregunta al aire rogando por una respuesta.

—Tiene mucho tiempo que no hablamos, tanto que no puedo recordar hace cuánto fue la última vez. ¿Diez o quince años? Es probable que más.

En la penumbra me pareció ver que miraba hacia la ventana. Comencé a ponerme nervioso, no quería que se marchara aún.

—Lo siento —musité. Sentí que me miraba de nuevo y me aferré a esa chispa de atención que debía brillar en sus ojos—. Nunca quise abandonarte, fue solo que así se dieron las cosas.

Alargó la mano hasta la taza y se la llevó a los labios, sin inclinar su contenido para beber. Ese pequeño gesto me tranquilizó o al menos evitó que perdiera el control. Aproveché la pausa momentánea para pensar mis palabras; quería que pudiera entenderme, tal vez en el proceso yo me entendiera también.

—Hubo una época en que eras mi todo, en que vivía por ti. Cuando cada instante de mi vida estaba ligado a ti. No recuerdo que antes o después haya sido tan feliz. ¿Recuerdas cuando me seguías a todas partes? Esos fueron los mejores años de mi vida. Vivía cada momento de mi vida para ti; para ti eran todas mis oraciones y podía soportar el dormir sólo para poder ver tu rostro al despertar, para que me acompañaras desde mis primeros momentos. Sentía que contigo a mi lado no necesitaba nada más, te habías vuelto mi aire, mi agua, mi pan... La idea de que no formaras más parte de mi vida era inconcebible y quiero que creas esto, porque las cosas no salieron en absoluto como yo lo hubiese deseado. Sé que fue doloroso para ti, pero creo que sabes que no sufrí menos que tú.

¿Seguía escuchándome o había dejado de prestar atención? No tengo forma de saberlo ahora y aun así, siento que no importa la respuesta como tampoco importaba entonces. Las primeras palabras habían sido difíciles, pero luego de dar el primer paso era cuestión de vida o muerte llegar hasta el final.

—Supongo que comenzó por aquél entonces, cuando las cosas comenzaron a ponerse difíciles. Veía los problemas avecinarse a lo lejos pero no pude distinguir la magnitud del monstruo que me perseguía hasta que fue demasiado tarde. Como siempre, pensé que me bastarías para salir adelante, que de cara al viento podría sostenerme de tu mano para no perderme, pero no fue así. En principio fue una tenue incertidumbre, apenas una sombra invisible de ansiedad que, sin embargo, con el tiempo se volvía cada vez más opaca, hasta que no podía sacarla de mi mente.

Poco a poco comencé a verte menos, tenías otras cosas que hacer… y yo también. Comencé a preguntarme qué hacías cuando te ibas, y no mucho después de ello me pregunté qué hacías cuando estabas conmigo. Comencé a dudar de tus palabras, cuando más a menudo parecías equivocarte, cuando más a menudo me fallabas. No creo que termináramos abruptamente, el proceso fue tan gradual que no distingo un momento de otro; todo respecto a aquellos días se ha vuelto una neblina gris y sólo sé que cuando terminó yo nunca volví a ser el mismo y tú te habías ido para siempre.

Luché contra el nudo que se formaba en mi garganta, intentando mantener la compostura. Volver a aquél entonces había resultado más difícil de lo que creí y, contrario a lo que pensé, no me sentía liberado ni mucho menos. Como las olas de un mar enfurecido sentí caer sobre mí los fantasmas del pasado y cuando noté que estaba a punto de levantarse para irse, nadé, nadé con todas mis fuerzas para mantenerme a flote, para mantenerle conmigo.

—Te busqué —insistí—, te busqué por todas partes. Día y noche recorrí los mismos lugares que antes recorrimos juntos, queriendo hallarte en la cara de cada extraño, a la vuelta de cada esquina. Secretamente dejaba abierta una ventana por si algún día decidías regresar. Esperé y esperé tanto tiempo sin dejar de buscarte, convencido de que sólo tú podías hacerme sentir vivo. Es verdad, no te miento. El mundo sin ti cambió hasta no volver a ser jamás el mismo, ¿por qué…

Dejé caer mis brazos así como mis defensas mientras la primera lágrima recorría mi rostro.

—¿Por qué esperaste tanto tiempo?

Temblaba para no gritar mientras me aferraba con fuerza a la mesa entre nosotros.

—¿Por qué tenías que abandonarme? ¿Por qué nunca respondiste mi llamado? ¿A dónde te has ido todos estos años, mientras el mundo hacía de mí su presa, mientras me convertía en esto? ¿Por qué no vuelves ahora…

Las lágrimas caían por mis mejillas, pero no podía importarme menos.

—¿¡Por qué no ahora, cuando ni siquiera puedo reconocer tu rostro!?

Busqué en aquella sombra el menor astibo de lo que debía recordar, pero no me ofrecía nada, sólo la más profunda negrura. La oscura certidumbre de que mis palabras no serían escuchadas.

—Di algo…

—Responde, lo que sea…

Nada.

Y entonces…

— ¡Habla de una puta vez!

Caí de rodillas, apoyando los ojos sobre la mesa, sollozando como un chiquillo sin escuchar otra cosa que mi propia voz, hasta que el sueño me venció y terminé profundamente dormido.

A la noche siguiente me preparé, serví dos tazas de café instantáneo y me senté a esperar con la certeza de que no volvería a verle de nuevo. Quizás había venido sólo a despedirse y si yo hubiese tenido un poco más de tacto, pudimos habernos divertido.

Bebí una taza y luego la otra, mientras esperaba en vano hasta el amanecer.



Mostrar Neta
Hace unos días me encontré con esta historia. La escribí hace nueve o diez años; no puedo recordar el mes exacto, y el foro en el que la publiqué por primera vez lleva mucho tiempo muerto. Eventualmente la subí a otro, y a otro… por eso mismo, es el relato del que más opiniones he recibido. No sé si sea porque realmente es bueno, porque sólo me encuentro con gente amable o porque sólo me encuentro con gente que lo encuentra demasiado raro y prefiere decir que es bueno en lugar de aceptar que es incomprensible. Pero, leyéndolo ahora, me doy cuenta de que tampoco me parece tan malo. Me gusta, y me produce cierto orgullo el hecho de que nadie haya entendido quién es el visitante. No sé si sea mérito o error mío, pero ahora mismo, me siento satisfecho pensando que es un mérito.

Lo escribí en una temporada difícil, o al m
menos una que que entonces parecía difícil. Dicho de forma clara, el visitante es Dios, o, más precisamente, la relación de un hombre con Dios. Un hombre de fe que se sintió abandonado en su hora más oscura y que dejó de creer por el desencanto y el dolor. No hay un visitante, sólo un hombre lidiando con sus propios demonios, con lo que eran sus conviciones. 

Pero cada comentario que recibía me hablaba de un amante, de un amigo, de un padre o un fantasma. Cada persona leía algo diferente en mi relato y eso me gustaba. Me hacía sentir cubierto y, eventualmente, lo olvidé. Hasta que volví a visitarlo hace unos días.

Y me di cuenta. Ahora, también a mí me decía otra cosa. 

Soy más viejo, ya sé lo que es vivir solo. Ya no es solo mi pérdida de fe, ahora también a mí me dice otras cosas. Me parezco un poco más que antes al hombre del relato, y el desconocido ahora tiene más rostros. 

Por eso quiero compartirlo con ustedes. Si me hizo conectar dos veces diferentes, tal vez vale la pena de leer.
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#2
Bueno, no es mi fuerte andar comentando originales, pero por algún lado puedo empezar.

Debo decir, como tal, entiendo por qué mucha gente no parecía captar tu forma en que te refieres a la pérdida o crisis de fe. No es muy fácil entender que un texto está refiriéndose a la religión o la simple creencia si no te lo dice directamente, a fin de cuentas, así como puedes poner tu fe en Dios, puedes hacer lo mismo con personas normales, hay muchas convicciones e ideales a los que la gente se ata. Supongo que el mejor indicio sobre ser una cosa de fe es esa parte sobre el hombre no reconociendo el rostro de su visitante, porque cualquier creyente sabría bien que Dios no tiene cara o forma por la razón siendo, como Él mismo le dijo a Moisés: "Yo soy lo que soy".

En lo que concierne al tema del mismo, me deja con sentimientos un tanto complejos. Cada que veo siempre a gente hablando de renunciar a su fe, casi siempre termina cayendo en el rencor, algo realmente no sano, como algunos dirían: "los ateos son los haters de Dios" (aunque realmente no creo en el dicho, pues la no-creencia no funciona de forma tan blanca y negra), leer este relato le da un toque más trágico, que de la renuncia no pase tanto al rencor como lo es la locura, aún guiada por un sentimiento de traición. Sí, creo que es la mejor manera de referírmele, a otra cara negativa de la renuncia (digo negativa porque tengo amigos que también renunciaron y no cayeron en lo malo, así que sí, la renuncia tampoco es algo blanco y negro). Y más con la universalidad del texto, que puede fácilmente a pensar en otras cosas, es muy sencillo entender que muchos tipos de relación te pueden llevar a semejante estado.

Truly an interesting take on such big topic I must admit.
Rompe mi armadura si quieres. Al final, terminarás arrepintiéndote de hacerlo...
[Imagen: IIhG3l7.gif]
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