Original - El Cubo

#1
Vivo dentro de este cubo desde que tengo conciencia. Es un espacio de dos por dos, tan uterino, tan materno, tan acogedor, y a la vez tan frío y oscuro que lastima al tacto. Tengo en él lo necesario para sobrevivir; hay un hilo de plata de longitud insondable que se entierra en mi columna vertebral y me nutre el cuerpo, la mente y el alma. Hay también estanterías, cuya profundidad y cantidad de libros es infinita, pues, aunque el cubo tiene dimensiones que me limitan, él no tiene límites en su forma de adaptarse a la realidad.

El cubo es generoso, tiene horarios para levantar una de sus paredes y dejarme salir. Y de vez en cuando, si el tiempo es propicio, puede permanecer abierto durante uno o dos días. Es entonces cuando yo exploro a mis anchas el espacio exterior; y aunque hay belleza en las nebulosas, las galaxias y las estrellas, no me atrevo a ir mas allá del sendero iluminado por la luz que del cubo emana. Me aterra aquello que repta en lo desconocido, ahí donde las sombras devoran planetas y los dioses gruñen hambrientos. Es entonces cuando decido regresar a la seguridad incoherente del cubo. Me acurruco y duermo durante eones, y mientras sueño, el tiempo se deshace y el espacio se desdobla, pariendo dimensiones y universos nuevos.

Vuelvo a despertar, y el cubo tarda un poco, pero finalmente abre una de sus paredes frías y oscuras. Yo salgo, mientras tanto, el cubo devora soles y me alimenta. El brillo plateado del hilo se vuelve iridiscente y se adentra en mi. De pronto, soy el portador de luz, y a través de mis venas fluye el conocimiento de mil eras y experimento las vidas infinitas de incontables hombres sin rostro.

De la oscuridad surgen los gruñidos oscos de los dioses. Dudo y doy un paso atrás, pero algo dentro de mi me dice que debo continuar. Doy el primer paso adentrándome en las sombras, y el cosmos tiembla como renegando. Extiendo la mano, aun temeroso, y me doy cuenta; las sombras son inofensivas.

Y entonces me invadió el sonido del vacío. La voz del cubo retumbó en las esquinas del espacio, llamándome por mi nombre. Y aunque de vejez ancestral era el cubo, reverberó con miedo su súplica. Pero no era miedo a lo que pudiese pasarme, era más bien pánico a lo que pudiese yo descubrir si me asomaba al borde de las sombras.

Corrí alejándome de él, pero me detuvo tensando el hilo de plata. Se acercó amenazante, suspendiéndose en la negrura del espacio, él, que durante eones había sido inamovible e inalterable. Se cernió sobre mí con furia y miedo, y sus paredes oscuras y frías se volvieron tornasoles. Y cuando a punto estuvo de encerrarme en sus paredes, yo que nunca lo había pensado, corté el hilo insondable de plata que me ataba a él. Y cayó el cubo, privado del color y la energía que tanto poder le daban. Y comprendí entonces, como los ojos que ven por vez primera, que no era el cubo quien me alimentaba, era yo quien lo alimentaba a él.

Y me asomé a los confines de las sombras, ya libre de mi captor. Ya no temía a los seres que gruñían, pues la apoteosis del terror se inclinó ante mi al ver la iridiscencia de mi ser. Eché un vistazo a los nuevos universos que se crearon en mi ausencia, y en ese momento lo supe con certeza; yo era Dios.
[Imagen: cube-2.png]
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#2
Buenísimo, me encanta lo claro que se establecen las normas en las que se mueve el relato. Está perfectamente estructurado y, además de todo, es muy interesante y se hace sencillo de leer, aunque conceptualmente abarque tanto. Hay un lirismo en la prosa que no es fácil conseguir, y el crescendo hasta la revelación final es dulce y divino.

Creo que mi frase favorita fue "Es entonces cuando decido regresar a la seguridad incoherente del cubo". 10/10.
Sueña mientras giren las agujas del reloj

"Este fic es un recopilatorio de cosas que me dan asco, me agobian y odio"
                                                                                                    —PKMNfanSakura
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#3
Es… ¡un ultraente!
[Imagen: EdovJGiXkAYqwp4.jpg]
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