Original - Delighted

#1
Delighted

 
Un oscuro y pequeño cuarto en un viejo y deteriorado edificio. Una cama, dos sillas, una nevera y una estufa eléctrica. Un estante con unos pocos libros, un pequeño armario, un diminuto cuarto de baño. Todo en aquella habitación es pequeño y escaso, excepto por la decoración de las paredes: incontables versos, frases y composiciones, todas de su autoría. Lo que ella llama su galería privada sin poder evitar sonreír para sí misma.

Está sentada sobre la cama con la laptop en las rodillas, tecleando rápidamente con la mano izquierda mientras la derecha mantiene abierto un libro a su lado; la única tarea que ahora puede desempeñar. Pasa la vista del libro a la pantalla y de la pantalla al libro, traduciendo lo que sus ojos ven en un idioma a lo que su mano reproduce en otro. Lleva trabajando casi dos horas y los ojos comienzan a dolerle, pero no puede parar. Las personas como ella deben seguir trabajando si quieren mantenerse a flote.

Las palabras se transforman en otras palabras y Ethel debe maniobrar como un mago para que el sentido de las mismas, el ritmo y la cadencia se mantengan fieles a las del autor. Un oscuro poeta español muerto hace cuatro siglos y que seguiría estando muerto si no fuese porque comienza a revalorarse su obra. Mientras reconstruye sus versos en algo entendible no puede evitar pensar en aquel hombre que se sentó por días y noches a escribir las mismas líneas, esperando que perdurasen y llegaran a otros ojos. Y ahora está ella ahí, y son sus ojos los que leen esas líneas. Si tuviera una copa en la mano brindaría por el éxito del poeta español.

Poco a poco, la sombra del mismo comienza a vislumbrarse y a imponerse sobre la suya. Aquel hombre ya es historia, ya es poesía, y ella aún no ha empezado a crear. De nada le sirve que los versos que ahora transcribe los hiciera el hombre cuando tenía cuarenta, ni le sirve pensar que tiene tiempo por delante, que la literatura es una vida de trabajo y perseverancia que sólo da sus frutos a los que pueden resistir el viaje. Ella no tiene tiempo por delante.

No quiere seguir transcribiendo. Quiere arrojar ese oscuro libro en español al cesto de basura y comenzar a escribir su propia obra. Quiere imaginar sus versos en las manos y las mentes de generaciones, que la traduzcan al español, al italiano y al inglés. Que alguien más se ocupe del poeta oscuro, pero no puede. Necesita el trabajo y en su condición es el único que puede realizar. No le molestaría dedicarse a ello si fueran otras sus circunstancias, pero ahora mismo se contrapone con su propio deseo. Si traduce no puede escribir, pero si no traduce no podrá comer. Y aún si dejara de traducir, no está segura de poder crear algo.

Siente cómo la necesidad le arrebata la oportunidad de luchar por sus sueños. La línea de partida está ahí, pero ella no puede cruzarla.

Todo por ese maldito accidente; un destello en la oscuridad, una llama deslumbrante que le arrebató la mitad izquierda del mundo y ahora acecha lentamente a la derecha.

Intenta no pensar en ello, olvidarse de aquel descuido involuntario que acabó sellando su mano y sus ojos. De nada sirve pensar en lo que no pudo ser. Bastó un segundo para joderse la vida, y no vendrá otro segundo milagroso a arreglarlo todo. Pensar no es bueno. Sólo seguir trabajando y olvidarse de lo demás.

Siente un hormigueo en la mano derecha y su vista se dirige a sus dedos. Una sensación de muerte se apodera de ella al no poder distinguirlos. Su propia mano comienza a difuminarse ante sus ojos y con ella su obra, su obra que nunca existirá, y pronto todo el mundo acabará disolviéndose. El miedo a la oscuridad absoluta se apodera de su ser, el miedo a volverse nada en aquella oscuridad. Arroja el libro y la laptop, toma sus lentes oscuros y escapa hacia la calle, esperando perderse entre la multitud aun sabiendo que eso es precisamente lo que más teme: perderse a sí misma en el ir y venir de los días y nunca crear algo que perdure cuando ya no esté aquí.

Su ya limitada visión se vuelve aún más difusa a través de los oscuros cristales. No quiere que el mundo vea sus ojos, no quiere exponerse ante nadie, pero al mismo tiempo, sabe que esa es menos de la mitad de la historia; porque la verdad es que ella tampoco quiere ver al mundo, no con sus ojos, al menos los de ahora. La sola idea de que su mundo es menos brillante que el de todos los demás hace que se sienta herida, y porque el mundo que habita se resiste a conocerla es que trata de verlo lo menos posible.

El semáforo en rojo, el autobús azul que atraviesa la gris acera, el mundo que gira y gira ante sus ojos por un momento en que cree volar.

Un mundo que no vio venir, un mundo que se niega a ser ignorado.

Da un paso hacia atrás. El autobús ha desaparecido en la distancia, sobre su cabeza brilla la luz verde. Espera un momento y suspira, luego da un paso hacia adelante.
[Imagen: EdovJGiXkAYqwp4.jpg]
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#2
A ver para cuando dejas los fanfics y te pones a escribir un libro
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#3
Solo una mawile podría dar un golpe tan bajo XD.
[Imagen: EdovJGiXkAYqwp4.jpg]
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