Original - Caminata Nocturna

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AdvertenciaOG
#1
1
— Creo que deberíamos regresar —. Dijo Linda Baxter a su acompañante, mientras se adentraban cada vez más a aquel seco y oscuro bosque.
 
— ¿Bromeas? — Masculló Howard — ¿Es que acaso no te da curiosidad ver el lugar donde sucedió? — La chica negó con la cabeza y se aferró a la espalda del corajudo tipo sin dejar de seguirle.
 
Desde hacía unos meses las cosas en Emerald Creek se habían tornado bastante oscuras. Un asesino en serie asechaba el pueblo, y sus rondas ya se habían cobrado la nada despreciable cantidad de cinco vidas.
 
Linda se arrepentía una y mil veces de desesperarse tanto como para comenzar a salir con el rarito del pueblo. No era una muchacha bonita, lo sabía, pero tampoco se merecía a un desquiciado como Howard. La verdad ni siquiera comprendía porqué había aceptado dar una caminata nocturna con él ¿Qué esperaba? ¿Una cita romántica? Estaba claro que a Howard Decker solo le importaban las cosas que pudieran saciar su enfermiza fascinación por los asesinos en serie. No sabía en qué momento se había liado con un chalado como aquel, ni en qué punto aquel disparatado intento de relación se terminó convirtiendo en un maldito tour de visitas clandestinas a las escenas de los crímenes. De lo que si estaba segura era que, tan pronto terminaran con aquella macabra expedición, lo mandaría al diablo.
 
— ¿No te parece genial? — dijo Howard, después de un momentáneo silencio incómodo. — Tenemos a nuestro propio Ted Bundy en el pueblo.
 
La chica se limitó a bajar la mirada y a responder casi con temor: — ¿Por qué te emociona tanto eso?, ¿No crees que, si hay un loco asesino por ahí matando gente a diestra y siniestra, lo más sensato sería regresar a casa?
 
El chico bufó con desgana y guardó silencio. Linda no era la única que estaba cansada de la situación. Él tampoco la soportaba. No podía creer que alguien se tomara los asesinatos de manera tan frívola y remilgada. A su modo de ver, matar era un arte excelso cargado de complejidad y con algunos tintes de creatividad y pasión. Pasión… aquella palabra le provocó un placentero escalofrío. Guardó las manos en los bolsillos del pantalón y acarició discretamente la navaja de resorte que guardaba en ellos.
 
2
 La pareja caminó durante un par de minutos, únicamente acompañados por el ulular de las aves nocturnas y lo nimios rayos de la luna llena que se colaban entre las espesas copas de los árboles. Ella miraba constantemente alrededor dando pequeños respingos ante los recurrentes ruidos nocturnos que del bosque emanaban. Él, por su parte, seguía caminando, tenía la frente brillante de sudor y una demente sonrisa de oreja a oreja.
 
— Dime, Linda — dijo Howard en un tono socarrón — ¿Qué sabes del famoso asesino de Emerald Creek?
 
La chica lo observó con duda, entre abrió los labios como si fuese a decir algo, se detuvo, y luego prosiguió: — No mucho en realidad, solo lo que dicen los diarios.
 
— ¿Y qué es lo que dicen los diarios?
 
— Que el tipo está loco, que quizá presente un peligroso grado de esquizofrenia.
 
Howard se llevó las manos a la boca intentando ahogar una carcajada. — ¿Enserio eso dicen? ¡Madre de Dios! Hay que ver como desinforman estos sujetos. La esquizofrenia es una enfermedad mental, una alteración cerebral que hace que el individuo pierda el contacto con la realidad, alucine de lo lindo y vea rinocerontes en bicicletas, o cosas peores. En pocas palabras, los esquizofrénicos son jodidos locos que han perdido la chaveta. — Howard giró el dedo índice alrededor de la sien para darle énfasis a la frase. — ¿Tú crees que un loco que imagina elefantes rosas todo el día, sea capaz de cargarse a cinco personas sin dejar una maldita pista?
 
Linda se limitó a negar con la cabeza.
 
— ¡Claro que no! El asesino de Emerald Creek es un genio, premedita sus movimientos y mata con excelsa dulzura. Además, tiene un carisma inimaginable. Solo piensa en la primera víctima, ¿cómo se llamaba?
 
— La Señora Cortés — musitó Linda. Ella la conocía muy bien, era amiga de su madre. Una mujer francamente agradable.
 
— Sí, sí, ella, la señora Cortés. Asesinada en su propia casa. A la pobre idiota la tomaron por sorpresa, le hundieron la cabeza con uno de sus amados gnomos de jardín y luego la ataron a su mecedora favorita para que sus familiares se encontraran con una hermosa decoración rústica en la sala. — De nuevo Howard hizo un esfuerzo inhumano para reprimir las carcajadas. — A mi ver, el asesino es alguien que la señora Cortés conocía, alguien que pudo entrar a la casa con tranquilidad, tomar el gnomo de jardín y partirle el cráneo a la pobre vieja sin que ella sospechara ni un segundo que estaba en peligro.
 
— Puede que sí — dijo Linda, con timidez — Pero, ¿qué tal si te equivocas en tu deducción? — Howard la miró de soslayo, con cautela.  Meneó la mano instándola a continuar. — Pudo haber sido algún empleado de servicios a domicilio, el plomero, por ejemplo.
 
El chico guardó silencio por unos instantes. Ambos cruzaron una espesa mata de hierba alta y llegaron hacia un prado donde volvieron a estar rodeados de enormes árboles y caminos despejados.
 
— Puede ser — admitió por fin Howard — pero, ¿Qué me dices de Andy Costello? — Linda parecía algo cansada y comenzaba a respirar trabajosamente. — Un Quarterback bastante fornido, una bolsa de testosterona andante y, aun así, lo asesinaron en el gimnasio de su propia casa. ¿Crees que un hombre como él se dejaría sorprender por el plomero? El asesino tubo la delicadeza de romperle el pecho aplastándolo con sus propias pesas. Podría incluso apostar a que él le ayudaba a hacer ejercicio. — La sonrisa que se dibujó en el rostro de Howard le puso la piel de gallina a Linda. — Su modus operandi es matar a personas allegadas o conocidas, es arriesgado, pero, ¡El tipo es un maldito genio!
 
— ¿Podemos regresar? — preguntó Linda, con el miedo reverberándole en la voz. Howard la tomó con fuerza del brazo, le sonrió con aquella sonrisa desquiciada, y la hizo seguirlo.
 
— La diversión apenas comienza, querida.
 
3
— ¡Hemos llegado! — exclamó Howard con algarabía.
 
Linda temblaba, aquello se había salido de control.
 
Frente a ellos se encontraba un lúgubre claro de bosque. La luz de la luna daba de lleno en el centro, donde se encontraba una protuberante roca que parecía vomitada por la tierra. El lugar estaba bordeado por una cinta amarilla, de esas que usa la policía para delimitar la escena de algún crimen.
 
— ¿Es aquí? — preguntó Linda, tragando saliva. Howard sonrió con satisfacción y asintió enérgicamente.
 
— Ven, te mostraré algo — dijo, tomándole de la mano, sorteando la cinta amarilla y corriendo hasta el centro del claro.
 
Jennifer Marslow fue la quinta víctima del asesino de Emerald Creek. La joven había desaparecido hacía unas tres semanas. Según sus padres, Jennifer salió de fiesta un viernes, tres días después fue encontrada en medio del bosque frente a la enorme roca en el claro, donde ahora Linda y Howard se encontraban. Olía a podrido, tenía la cintura devorada por algún hambriento animal y la cabeza reventada a golpes.
 
— ¿Ves las marcas? — musitó Howard, señalando unas casi extintas manchas marrones que salpicaban la roca del claro. Ella se acercó y las vio. — Dime, Linda ¿Qué piensas que le pasó a la pobre de Jennifer Marslow?
 
Linda se encogió de hombros.
 
— Yo te lo diré. Es un viernes por la noche, Jennifer y sus amigas quieren pasarlo bien. La chica Marslow se toma un par de tragos de más y se pone impertinente — Howard comenzaba a caminar en círculos entorno a Linda, como un león acechante — Las chicas no se andan con medias tintas y deciden que pueden seguir la fiesta sin la molesta Jennifer. Ella se larga, ebria y sin ningún rumbo certero a mitad de la noche. Un coche para de pronto y Jennifer reconoce al tipo que lo conduce. Es el asesino de Emerald Creek, tiene un rostro amable y conocido, ella jamás sospecharía. Sube al auto y gracias al alcohol se queda dormida. Y de pronto, cuando abre los ojos, está atada en medio del bosque a punto de ser destripada por una enorme roca.
 
— ¿Cómo puedes saberlo? — preguntó Linda, con el miedo graznándole en la garganta.
 
— Yo soy el asesino de Emerald Creek — respondió, con la mirada centellante y poblada de excitación. — ¿Qué opinas de eso querida?
 
Howard sacó su navaja, presionó el pequeño botón plateado de la empuñadura y la brillante y afilada hoja de diez centímetros saltó al instante. El asesino la blandió con fiereza y cuando estuvo a punto de hundirla en el estómago de su víctima, la mano de Linda Baxter lo detuvo con una firmeza que lo hizo palidecer.
 
— Opino que eres un maldito imitador que se quiere adjudicar mis logros — Respondió ella. El miedo había dejado de graznar en su garganta y ya no había nada de timidez en su rostro. Tan solo una máscara de ira que le cubría las facciones.
 
Por semanas se había estado comiendo el coco tratando de descifrar quien podría ser el imitador. Para ella fue emocionante cargarse a la señora Cortés y al grandullón de Andy Costello, pero cuando las noticias de otros tres asesinatos se difundieron por todo Emerald Creek, su perfecta armonía se vino abajo. Tenía que encontrarlo y eliminarlo. Se dedicó a observar durante semanas a sus compañeros, y por suerte dio con Howard, un loco fanático de los asesinos en serie, muy parecido a ella. Tubo que fingir ser una mojigata todo ese tiempo, tubo incluso que converse a si misma de que Howard le causaba pánico y de que su peor error había sido comenzar a salir con él. Estaba comprometida realmente con el papel que debía desempeñar. Era una maldita actriz profesional. Solo necesitaba aguantar un poco y salir de la duda, ponerse en una situación que el imitador no desaprovecharía, aquella caminata por el bosque era perfecta. Y ahí estaba el boca floja, dando una declaración como un idiota. Por fin había encontrado a ese bastardo que la superaba con tres homicidios. Por suerte, esa noche pondría el marcador en tablas, y no solo eso, le daría fin al juego.
 
La mano de Linda silbó en el viento, y Howard observó, con ojos bien abiertos, un sutil destello plateado que se ocultaba en el fondo de sus entrañas y hurgaba dentro, buscando su alma. Después de aquello todo fue oscuridad, el falso asesino de Emerald Creek yacía inerte en el mismo lugar donde semanas antes había matado a su última víctima.
 
Linda Baxter caminó amparada por las sombras de la noche. Su mundo volvía a equilibrarse, todo sabía a pedir de boca. — Será un largo camino de regreso a casa — musitó, y sonrió con la satisfacción que solo deja el trabajo bien hecho. 
[Imagen: cube-2.png]
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#2
Me hace acordar a una canción llamada Me & Mr. Wolf. Hasta cierto punto me llegué a imaginar que Linda era el asesino en serie xD
Master Weasel. Es esa sombra extraña que te sigue en la cueva 
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#3
Vaya, eso si que es un buen giro. Al final ella seguirá siendo la indiscutida asesina en serie y no un charlatán como ese.
[Imagen: TYJl8zk.png]
(Cortesía de Luna)
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