Oneshot- No pases la noche en la casa de los fantasmas

ExtensiónOneshot
Extension larga
FranquiciaCoregames
GéneroAmistadComedia
Resumen

Después de pasar el día en Ciudad Iris aprendiendo más cosas sobre el pasado de su región, Pegaso, Antón y Blanca acaban pasando la noche en casa de Morti. Pensaron que sería divertido, pensaron que era la forma de acabar un gran día... Al parecer, no recordaron que esa era la casa de los fantasmas.

#1
El día había ido muy bien, cualquiera de los tres lo habría dicho sin ningún tipo de problema. Pegaso, Antón y Blanca sentían mucha curiosidad por la historia de Johto, así que pensaron que no habría mejor lugar para aprender sobre el pasado de su región que Ciudad Iris. En cuanto le comentaron sus intenciones a Morti, el líder se mostró encantado de que los tres jóvenes mostraran tanta fascinación por las leyendas de su ciudad, así que los cuatro consiguieron cuadrar sus horarios para que les coincidiera un día libre y pudieran hacer un tour por la ciudad.
 
Todos estaban encantados. Morti pudo hacer de guía y Pegaso, Antón y Blanca pudieron visitar los edificios más emblemáticos de la ciudad, entre ellos la Torre Quemada y la Torre Campana. El líder de Ciudad Iris les iba contando todas las leyendas que sabía, cada cual más fascinante que la anterior, y ellos escuchaban con atención todo lo que él tenía que decir. El rostro y la voz de Morti cambiaban cada vez que hablaba del pasado de su región, parecía que sus ojos brillaban de alegría y cualquiera podía ver que disfrutaba mucho desempeñando ese puesto. Podía atraer a cualquiera con las buenas sensaciones que transmitía al hablar, y eso hizo que los jóvenes le siguieran todo el día, completamente encandilados por él. La mañana fue genial para los cuatro, y la tarde más de lo mismo, pero la noche…
 
Ay, la noche.
 
Como se les hizo tarde Morti les dijo que podrían quedarse a dormir en su casa sin ningún problema. A los tres líderes les faltó tiempo para acceder a su propuesta, eso sonaba a fiesta de pijamas en toda regla y estaban dispuestos a ponerle le broche de oro a un día redondo. Morti les dejó en la habitación de invitados y les enseñó la casa para que ubicaran el resto de habitaciones en el caso de que necesitaran algo de ellas. Cuando tuvieron claro donde se encontraban la cocina y el baño el líder de Ciudad Iris les deseó buenas noches y se retiró a su dormitorio, pues quería descansar para poder levantarse pronto al día siguiente y entrenar en condiciones. Los tres jóvenes se quedaron en la habitación de invitados, tumbados en la gran cama de matrimonio que había ahí. Al principio todo eran risas y diversión, pero eso cambió en cuanto escucharon unos sonidos procedentes del pasillo…
 



Blanca se aferró a la camiseta de Pegaso, y ella sintió que los brazos de él le rodearon la cintura con fuerza. Hacía cinco minutos que Antón había ido a la cocina a por un vaso de agua y todavía no había regresado, algo que inquietó bastante a los dos. La casa de Morti no era tan grande, y Antón no podía tardar tanto en servirse un mísero vaso de agua. No estarían tan nerviosos y preocupados si momentos antes de que el especialista en tipo bicho se hubiera ido no hubieran escuchado un par de risas y lamentos en el pasillo. Intentaron no darle mucha importancia, ya que aunque Morti se especializaba en pokémon de tipo fantasma y estos eran conocidos por hacer travesuras y pasárselo bien atemorizando a los humanos, al ser ellos compañeros del líder pensaban que su equipo no haría nada que pudiera hacerles daño.
 
… ¿Verdad?
 
—Antón está tardando mucho —se animó a susurrar Blanca. Intentaba tranquilizarse, pero era incapaz de ignorar la opresión que estaba empezando a sentir en el pecho. Escuchó que Pegaso tragó saliva.
 
—Sí, demasiado diría yo —Una risita nerviosa se escapó de su garganta—. A lo mejor se ha perdido, o nos está gastando una broma.
 
Aunque intentaba creerse sus excusas, al tener la cabeza apoyada en su pecho Blanca podía oír el corazón de Pegaso, el cual latía cada vez con más rapidez, lo que le indicaba que estaba tan preocupado como ella. Era imposible perderse en la casa de Morti, pues la habitación de invitados daba al pasillo, el pasillo daba al salón y el salón a la cocina, tendrías que estar muy confundido para no saber hacer el camino de vuelta. Además, Antón tenía una orientación excelente, producto de haberse pasado gran parte de su vida estudiando a los pokémon de tipo bicho en el Encinar, así que que se hubiera perdido no tenía ningún sentido.
 
Solo quedaba la otra opción, que les estuviera gastando una broma. Si bien a él le gustaba liberar a sus pokémon repentinamente para hacerla gritar, nunca había hecho una broma como tal, y dudaba que se animara a hacer una en esa situación. O bueno, qué sabía ella, a lo mejor descubrían una nueva faceta del líder de Pueblo Azalea aquella noche. Antes de que pudiera plantearse qué le haría en caso de que les estuviera haciendo preocuparse por nada escuchó unos pasos, y tanto ella como Pegaso se apartaron un poco para poder oírlos mejor, antes de ponerse en tensión. Primero fueron débiles y lentos, como si el que estuviera andando se encontrara lejos y perdido, y luego se detuvieron. Los dos líderes se miraron, y antes de que pudieran preguntarse qué podría haber sido volvieron a escuchar los pasos, pero esa vez eran más rápidos y se iban aproximando. No tuvieron tiempo para reaccionar cuando la puerta se abrió, revelando a un Antón completamente pálido y asustado. Él cerró la puerta tras de sí y se lanzó a la cama, tiritando. Antes de caer en el colchón Pegaso y Blanca se apartaron, dejando que el especialista en tipo bicho pudiera tumbarse entre ellos dos.
 
—¡Antón! —exclamó Blanca preocupada. Le sacudió el hombro pero él no parecía reaccionar a ningún estímulo. Estaba tumbado boca abajo, y no empezó a darse la vuelta lentamente hasta que pasaron unos segundos. Se abrazaba a sí mismo con fuerza y los dientes le castañeaban, pero lo que más inquietó a sus dos amigos fue que el tono de su piel era igual que el blanco de las sábanas.
 
—L-los he visto, los he visto —No dejaba de susurrar—. Esos ojos grandes y rojos, esas risas malévolas, e-el frío…
 
—Antón —Pegaso le tocó el antebrazo, que estaba descubierto porque el líder de Pueblo Azalea llevaba una camiseta de manga corta verde, y apartó la mano rápidamente en cuanto le rozó la piel. Alzó la mirada y miró a Blanca alarmado—. ¡Está helado!
 
Ella hizo lo mismo y le tocó el antebrazo, solo para retirar la mano tan rápido como había hecho Pegaso. Tenía razón, la piel de Antón estaba tan fría que parecía que lo habían metido en un congelador y lo habían dejado allí un par de horas. Blanca le envolvió con las sábanas y se lo acercó, dejando que su cabeza descansara en su regazo.
 
—Esto es increíble. ¡Pero míralo! ¡Su piel se confunde con las sábanas! —exclamó la líder indignada. Se quedó con la vista clavada en Antón durante unos segundos y al final volvió a mirar a Pegaso— Haz el favor de salir a ver qué ha ocurrido.
 
—¿Qué? —El líder de Ciudad Malva le miró como si se hubiera vuelto loca— ¿Por qué? ¿Por qué yo?
 
—Porque eres el mayor de los tres y el que va presumiendo de ser el más valiente —le contestó mientras asentía hacia la puerta—. Venga, las cosas se demuestran con hechos, no palabras. Andando.
 
Pegaso se le quedó mirando durante unos segundos, pero al final se levantó de la cama a regañadientes y se dirigió lentamente hacia la puerta. Tomó el pomo con cuidado, y le costó un poco encontrar el valor para hacerlo girar y salir finalmente de allí. Cuando cerró la puerta Blanca volvió a mirar a Antón y le acarició la mejilla, que ya estaba empezando a adquirir la misma tonalidad de siempre.
 
—L-lo que he visto… No tiene nombre —susurró mientras se levantaba y se sentaba como podía. Agarró las sábanas y se envolvió en ellas, dejando visible solamente su rostro—. ¿Dónde está Pegaso?
 
—Se ha ido a investigar lo que ha ocurrido —Los ojos de Antón se abrieron completamente al oír aquello.
 
—¿Qué ha ido a ¡qué!? —exclamó aterrado. La forma en la que lo dijo hizo que a Blanca se le cerrara la boca del estómago, temiendo que hubiera enviado a su otro amigo a una misión de la que no podría regresar— Blanca, no debemos salir de aquí bajo ningún concepto, no tenéis que pasar por lo que yo he pasado. Ni siquiera sé cómo he logrado volver después de todo.
 
—Pero ¿qué ha pasado?
 
—Fui a la cocina a por un vaso de agua y —Antón bajó la mirada y empezó a temblar, como si el solo hecho de pensar en ello despertara en él un miedo abrumador— si dejamos de lado que durante el camino no paraba de escuchar risas escalofriantes, todo fue bien hasta que llegué allí. Me puse un poco de agua y conseguí beber, pero entonces las luces empezaron a parpadear —el líder hizo una pausa— y se apagaron. Quise acercarme al interruptor para ver qué había pasado y entonces sentí que la temperatura descendió, pero no creas que descendió un poquito, no. Descendió bastante, no te exagero si digo que bajó quince grados de golpe. Mis dedos estuvieron a punto de rozar el interruptor, y entonces sentí que el aire se enrareció, como si —Antón sacó su brazo de la sábana y movió la mano, imitando el movimiento que había hecho en la cocina— como si hubiera atravesado algo, una… Una ¿presencia? ¿Una masa? No sabría decirte, era algo material pero no. Entonces, de repente —El líder volvió a callarse. Esa pausa fue más larga, y Blanca pudo ver que su mirada se perdía al mismo tiempo que su piel volvía a palidecer.
 
—No tienes que contarlo si todavía estás muy asustado —le susurró con afecto mientras agarraba con delicadeza su mano. Antón bajó la mirada y se aferró a la mano de Blanca.
 
—Unos ojos rojos aparecieron frente a mí, y resulta que tenía la mano dentro de la sonrisa malvada de Gengar —dijo mientras un escalofrío le recorría el cuerpo—. Me desmayé, y no sé si fue mejor o peor, porque se metió en mi mente y me hizo ver… Cosas —Antón tembló y sacudió la cabeza, con la esperanza de echar aquellas visiones de su memoria—. En cuanto abrí los ojos y recuperé la consciencia vine corriendo hacia aquí, no quise arriesgarme a que algo parecido pudiera volver a pasar.
 
Blanca abrió la boca para decir algo, pero entonces la puerta de la habitación se abrió de golpe y volvió a cerrarse con la misma fuerza y rapidez. Los dos miraron hacia esta y vieron que se trataba de Pegaso, que estaba igual de pálido que Antón.
 
—¡Quitaos de en medio! ¡Quitaos de en medio!
 
Sin esperar a que los líderes se apartaran se abalanzó sobre la cama, cayendo sobre los dos con una fuerza que les hizo expulsar todo el aire de sus pulmones. Luego rodó hacia las almohadas y abrazó una con fuerza, como si ella fuera a protegerle de los fantasmas que le perseguían.
 
—¿Estás bien? —preguntó Blanca mientras Antón se acercaba a él y cubría a ambos con las sábanas, como si eso actuara de escudo frente a las presencias malignas. La líder puso las manos en las caderas al verles así— ¿En serio pensáis que una almohada y una sábana os van a proteger de los fantasmas?
 
—Me gustaría ver qué harías tú en nuestra situación, chica lista —le espetó Pegaso al asomarse un poco desde su improvisado fuerte—. Eso lo dices porque no has visto lo mismo que nosotros.
 
—Y tampoco hay ninguna necesidad de que lo hagas, créeme —le aseguró Antón mientras seguía escondido. Ver a dos de sus mejores amigos actuando de esa manera, muertos de miedo, fue la gota que colmó el vaso para ella.
 
—Vale, ¡se acabó! ¡Tenemos que hablar con Morti! ¡Me parece muy bien que sea su casa pero no puede dejar a sus fantasmas por ahí sueltos cuando tiene invitados!
 
¿Tenemos? —repitió Pegaso mientras volvía a esconderse— Ah, no. Yo no vuelvo a salir de aquí hasta que sea de día, ni aunque me paguen me arriesgo a volver a ser el blanco de unos fantasmas tan traviesos.
 
—Pero ¡¿cómo voy a ir sola con ellos rondando por ahí?!
 
—De la misma manera que Antón y yo lo hemos hecho —le contestó Pegaso sin atreverse a asomarse—. Nosotros ya hemos sufrido sus bromas en nuestras propias carnes, ahora te toca a ti.
 
Blanca esperó un poco para ver si Antón se animaba a acompañarla, pero parecía que el líder de Pueblo Azalea no estaba muy por la labor tampoco. Pasados unos segundos resopló e hinchó las mejillas mientras fruncía el ceño.
 
—Pues muy bien, ¡iré yo sola! ¡No necesito vuestra ayuda!
 
Ninguno de los dos dijo nada para evitar que saliera, así que tuvo que controlar el miedo que sentía y apañárselas para salir de allí por su cuenta. Blanca se deslizó de la cama y logró poner los dos pies en el suelo, se levantó con cautela y fue andando hacia la puerta con un temor que crecía con cada paso que daba, hasta que finalmente se situó delante del pomo. Lo tomó y lo hizo girar, y al empujar la puerta para salir esta chirrió de una forma que hizo que se le helaran los huesos. Echó un último vistazo a la habitación y vio que sus amigos seguían escondidos bajo las sábanas, así que cerró la puerta y se dirigió al dormitorio de Morti sin decirles nada más.
 
La habitación del líder de Ciudad Iris estaba al final del pasillo. Comparado con el trayecto que habían tenido que hacer sus amigos a la cocina tampoco tenía que caminar tanto, eso la reconfortó un poco. Comenzó a caminar lentamente, y con cada paso que daba la madera bajos sus pies crujía un poco. Dejando eso de lado, había un silencio sepulcral en la casa, lo que lejos de tranquilizarla la inquietó todavía más. Había oído las risas de los fantasmas durante toda la noche, ¿por qué se habían callado de repente nada más salir ella? Decidió no darle más importancia y seguir caminando, hasta que se dio cuenta de que estaba prácticamente a oscuras y la única luz que la alumbraba era la que entraba por la ventana. Se acercó al interruptor y le dio, pero las luces del pasillo no se encendieron. Le dio un par de veces más pero nada, era como si se hubiera ido la electricidad. Primera mala señal.
 
Puede que muchos hubieran vuelto a la habitación al encontrarse en su situación, y ella misma habría dado media vuelta de no ser porque no quería quedar como una cobarde, y porque esos malditos fantasmas habían jugado con fuego. Nadie atemorizaba a sus amigos, y aquellos que lo hacían terminaban pagando las consecuencias, estuvieran vivos o muertos. Tomó aire y siguió andando, intentando calmar los nervios y cualquier impulso que le incitara a volver a la seguridad de la habitación. Estaba empezando a preguntarse por qué los fantasmas no habían entrado en la habitación de invitados cuando sintió que dejó de avanzar. Seguía andando, pero era como si se hubiera quedado quieta en el sitio. Sintió de repente una corriente de aire frío en los tobillos y tragó saliva. Segunda mala señal.
 
No quiso darse la vuelta por temor a lo que pudiera estar reteniéndola. Quiso pensar que eran imaginaciones suyas, pero no podía estar imaginando que se quedaba en el sitio mientras empleaba todas sus fuerzas en avanzar un mísero centímetro. Algo le impedía desplazarse, algo se estaba riendo de ella y algo quería humillarla. Sintió que la rabia encendió en su pecho una llama que la calentó y amortiguó el frío que estaba empezando a calarse en sus huesos. Se dio la vuelta rápidamente con decisión, dispuesta a enfrentarse a aquella fuerza, pero no vio nada. Se quedó unos segundos mirando la otra punta del oscuro pasillo por si algo aparecía de repente, pero nada. Volvió a darse la vuelta y sintió que el corazón se le paró ahí mismo, de manera fulminante, al ver que delante de ella había dos grandes ojos rojos que brillaban con malicia.
 
Tercera mala señal.
 
Bajo los ojos apareció una gran sonrisa siniestra que le hizo caer al suelo, y encima de ese rostro le pareció ver a un ente morado con sombrero flotando. Quiso chillar, pero el grito se quedó ahogado en su garganta y no pudo decir nada. Antes de que pudiera darse cuenta de que estaba en el suelo sintió que este empezó a moverse, y cuando le echó un vistazo vio que se estaba inclinando para formar una rampa. El extremo del pasillo que daba a la habitación de Morti iba ascendiendo lentamente, así que ella se iba deslizando al extremo que daba al salón. Quiso aferrarse a algo pero ya había dejado atrás los escasos muebles que había en el pasillo. Blanca intentó ponerse de pie y correr antes de que fuera demasiado tarde, pero perdió el equilibrio y volvió a caer. Miró por instinto tras ella y deseó no haberlo hecho, porque allí, donde tendría que estar la puerta que daba al salón, se encontraba la boca abierta de un gran Gengar que estaba esperando a que cayera en sus fauces.
 
—¡AAAAAAH!
 
Esa visión sí que la hizo gritar. Clavó las uñas entre las tablas de madera con la esperanza de que eso detendría su caída, pero sus dedos se resbalaron y no pudo hacerlo. Se llevó las manos a la cabeza y cerró los ojos, repitiéndose constantemente que eso tendría que ser una pesadilla, porque los pokémon de Morti no serían capaces de hacerle nada, ¿verdad?
 

 
Verdad. ¡Pues claro! Tenía que ser eso. Gengar había conseguido meterse en su cabeza y le estaba mostrando unas visiones horribles para infundirle más miedo, como había hecho con Antón. Todo era producto de su imaginación atormentada, ni el suelo se estaba inclinando ni había un pokémon al otro extremo del pasillo esperando a que cayera a su estómago. Blanca giró la cabeza y se enfrentó al fantasma con algo más de confianza.
 
—¡No me das miedo, Gengar! ¡Sé que es uno de tus trucos!
 
Pero eso no hizo que todo volviera a la normalidad. Todavía seguía asustada, tenía que demostrarle que era capaz de superar su miedo. Blanca se mordió el labio inferior mientras pensaba en algo que le ayudara a salir de ahí. Al seguir cayendo pasó por el lado de una lámpara de pie, y sintió que una bombilla se encendió en su mente. La agarró en un impulso y tiró de ella con fuerza, desenchufándola al instante. La sostuvo durante unos segundos y miró al fantasma con todo el enfado que sentía; ese maldito se había reído de sus amigos, y también se estaba riendo de ella. Iba a encargarse de que esa fuera la última vez que hiciera algo parecido.
 
—Veo que tienes pocas luces, ¡a ver si esto te ayuda un poco!
 
Lanzó la lámpara y Gengar se la tragó. Al hacerlo este se convirtió en una niebla oscura que la envolvió por completo, y cuando esta se desvaneció Blanca vio que todo volvió a la normalidad. Ya no había un pokémon queriendo comérsela al final del pasillo, y el suelo de este ya no estaba inclinado. Seguía tumbada en el suelo, probablemente se habría desmayado como Antón al ver los ojos de Gengar. Cuando se recuperó del susto se levantó rápidamente y fue corriendo a la habitación de Morti, pues no le apetecía tentar a la suerte y quedarse esperando a que el fantasma volviera a hacerle una jugarreta parecida.
 
Blanca abrió la puerta de la habitación del líder de Ciudad Iris con todas sus fuerzas y la cerró de un portazo. Fue directa a su cama y prácticamente saltó en ella cuando estuvo cerca, y al ver que eso no bastó para despertarlo empezó a sacudir su brazo como si no hubiera un mañana.
 
—Morti. ¡Morti! —Empezó susurrando, pero al ver que él no abría los ojos fue llamándole cada vez más alto— ¡Morti! ¡Despierta!
 
Pasaron unos segundos, pero el rubio finalmente empezó a moverse lentamente. Estaba tumbado de lado, dándole la espalda a Blanca, y no cambió de posición a pesar de las sacudidas que le estaba dando.
 
—¿Qué pasa? —preguntó somnoliento y con los ojos todavía cerrados.
 
—¿Que qué pasa? ¡Tus pokémon están campando a sus anchas por la casa y nos están dando unos sustos de aúpa! ¡Sobre todo ese Gengar tuyo! —La habitación estaba como el pasillo, casi a oscuras. La única luz que había era la que se colaba entre las persianas que no estaban del todo bajadas, así que Blanca no pudo asegurarlo al cien por cien, pero le pareció ver que Morti esbozó una pequeña sonrisa— ¡¿Te parece gracioso?!
 
—No, no. ¿Estás segura de que ellos han hecho algo? ¿No sería una pesadilla?
 
—¡No! ¡Te aseguro que todo ha sido muy real! ¡Venga, haz algo! ¡Antes de que vuelvan a por mí!
 
Morti parpadeó un par de veces y entreabrió los ojos. Extendió un brazo y agarró una Poké Ball que había sobre su mesita de noche, la sacudió un poco y se la acercó al oído.
 
—Gengar está dentro, no ha podido ser él —dijo para el desconcierto y el temor de la líder, antes de bostezar. Volvió a dejar la Poké Ball en su sitio y cerró los ojos de nuevo—. Seguramente habrás tenido una pesadilla.
 
—Pero… pero…
 
—A veces los sueños se confunden con la realidad —continuó el líder, pero Blanca se quedó completamente quieta en el sitio, pues estaba demasiado confundida como para poder reaccionar—. No te preocupes, el susto solo dura unos minutos. Podrás volver a dormir en nada.
 
Gengar podría estar dentro de su Poké Ball pero la líder no se creía nada. No era tan estúpida como para confundir un sueño con la realidad, si eso hubiera sido una pesadilla se habría despertado en la cama y no en mitad del pasillo. ¿O es que se había vuelto sonámbula de repente? Morti le había quitado importancia al asunto para tranquilizarla, pero la verdad es que seguía estando igual de nerviosa que cuando entró.
 
—¿Puedo dormir contigo? —preguntó pasados unos segundos— Si te incomoda o no quieres no pasa nada pero es que… Es que… —Como tuviera que volver a la habitación de invitados sola le daría un infarto, y si volvía a tener un encontronazo con Gengar se caería y no volvería a levantarse. Morti no respondió al instante, y Blanca temió que se lo hubiera tomado mal.
 
—Está bien —dijo al cabo de un rato. No añadió nada más, y la líder sintió que una ola de alivio se llevó todo su malestar. Se metió debajo de las sábanas y se aferró a Morti con fuerza, con la esperanza de que sus fantasmas no se atreverían a hacerle nada si estaba con su entrenador.
 
Por su parte, Morti no podía dejar de encontrar graciosa aquella situación. Había sido muy claro con sus fantasmas: nada de molestar a los invitados, tenían terminantemente prohibido entrar en la habitación de estos. Por lo visto no había sido lo suficientemente claro con las reglas, tendría que especificarles que no podían molestarles en ningún punto de la casa o se vería obligado a prohibirles salir de sus Poké Balls de noche, aunque tal vez Gengar se las apañaría para salir y volver rápidamente, tal y como había hecho esa vez. Tendría que hablarlo con ellos en serio, pero lo haría al día siguiente, cuando no sintiera que el sueño le obligaba a cerrar los ojos forzosamente.
 



Estaba a punto de volver a quedarse dormido cuando le pareció sentir algo de movimiento a los pies de su cama. Levantó ligeramente la cabeza y entreabrió un ojo, y vio que se trataban de Pegaso y Antón, que estaban envueltos en una sábana, probablemente la de la cama de la habitación de invitados. Solamente tenían fuera la cabeza, y le miraban como si fueran dos pokémon indefensos pidiendo piedad.
 
—¿Podemos dormir contigo también? —susurraron al unísono. Él asintió y volvió a apoyar la cabeza en la almohada, y al instante sintió que ellos se pegaron a sus pies. Ya se veía durmiendo en el sofá, pero lo pensó mejor y no se fue al salón, pues estaba seguro de que los tres le seguirían hasta que se hiciera de día. Si hubiera sabido que lo iban a pasar así de mal no les habría dicho de pasar la noche en la casa de los fantasmas.
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#2
Ay, Morti. No se anticipó a que sus pokémon fuesen tan sigilosos en la noche, eso o quizás es cosa de ir buscando unas plumas de Cresselia para todos, no sé, simplemente no pude evitar imaginarme el giro irónico de semejante situación.
Rompe mi armadura si quieres. Al final, terminarás arrepintiéndote de hacerlo...
[Imagen: IIhG3l7.gif]
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#3
Vale, primero Whitney muy abrazadita a a Falkner, luego con la cabeza en sus pechos, luego se mete en la cama de Morti y acaban los cuatro puntos (y al mismo tiempo)… no creo ser el único imaginando cosas acá. 

Estuvo divertido. Me esperaba el clásico plotwist de que no era Gengar pero el twist fue que al final sí y todos son unos cagones. Funciona porque son los adolescentes y el niño del grupo pero igual me hizo reír bastante.
[Imagen: EdovJGiXkAYqwp4.jpg]
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#4
A caray, yo entré acá buscando comedia y salgo con OPT nueva!!
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[Imagen: hqdefault.jpg]

Mujer, deja de hacerme fangirlear por 5 minutos!!... No, ¿sabes qué? Mejor no y voy a subirme al tren del mame y shippear todos los personajitos que les escriban interacciones bonitas!!! WIIIIIIIIII!!!

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[Imagen: giphy.gif]

Pero, ejem, dejando ese detalle de lado.... SAKJSGAGSAJHGSA es que de verdad que la historia me ha gustado un montón, pensaba que Blanca/Whitney iba a ser la más cobardica y al final fue la única que (medio) le pudo plantar cara al Gengar tenebroso, aunque el méndigo se haya salido con la suya y no parece que un regaño de su dueño lo vaya a hacer cambiar de parecer xD Fue lindo leer sobre personajes de los que se les suele escribir tan poco y si salen son casi extras de alguna historia muy larga, la verdad es que los líderes de Johto son muy copados y están muy opacados por sus homologos de Kanto y estos pequeños slice of life les dan justo ese color que tanto les falta.
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