Longfic- Mismo Destino

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FranquiciaOriginal
GéneroAcciónSuperación
Resumen

Esta es la larga historia de 4 humanos y 4 Pokémon que viajan por el mundo en busca de maravillas y experiencias, pero jamás se habrían esperado tales giros y sorpresas.

AdvertenciaLemon
#1
Índice de
Mismo Destino
 

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#2
Prólogo

La vida de cada persona, ser, elemento y momento, por mucho que se analice o se intuya no escapa del destino, eso es algo que todos saben que existe para cada cosa y lo consideran como un “final”. Pero a mi entender, el destino no es algo que sea solo un final, sino también el inicio de algo nuevo, ni tampoco es algo que solo lo viva una sola cosa, porque en algún momento de nuestras vidas hemos compartido con otros un mismo destino.

Esta es mi historia, una historia en la que infinidad de personas han dejado huella en mi camino, tanto para bien como para mal, pero de todas esas personas somos 4 quienes marcamos juntos la mayor marca de nuestras vidas. A lo largo de las vastas regiones de este mundo, cada experiencia nos dio y nos quitó alguna que otra cosa.

En este mundo coexisten humanos y Pokémon, y estos últimos son criaturas fantásticas con un poder inmenso y unas capacidades asombrosas. A lo largo de mi viaje conocí a muchos de estos, que iban y venían, pero hubo un… no, prefiero que seas tú quien descubra lo que fue mi periplo, quizás así puedas tener tu propia idea de lo que ocurrió.

El Gallade variocolor parte del tema.

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#3
Bueh, con un prólogo tan corto no puedo comentar mucho, salvo que la premisa se ve interesante. So, a ver que depara el resto.
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#4
Estoy de acuerdo, el prólogo necesita más detalles. Dicho eso, me interesa ver qué onda con ese grupito de ocho que protagonizará esta historia.
Rompe mi armadura si quieres. Al final, terminarás arrepintiéndote de hacerlo...
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#5

Libro 0: Vucloin
 
Capítulo 1
 
Mi nombre es Joaquín, nací en mi región natal, el Archipiélago Vucloin, concretamente en la Isla Quijano. El día que nací y estuve en los brazos de mi madre, ella se puso emotiva y juguetona conmigo, mientras que mi padre expresaba que se comportaba de forma muy molesta. Para lo poco que llevaba de vida ya presencié la primera discusión de mis padres, y por como se exaltaban provocó que me echase a llorar.
 
Pese a no tener propiamente recuerdos de mi infancia, gran parte de esta la escribo según me contaron mis padres y otras personas.
 
Con el alboroto que se originó en la habitación, entró rápidamente una enfermera Joy a pedir silencio. Mis padres se disculparon y me tranquilizaron para que dejase de llorar, y una vez todo en calma procedieron a hacerme unas pruebas para comprobar mi estado.
 
Todo iba bien, no tenía problemas físicos, ni internos, ni tampoco psicológicos, pero cuando se iba a acercar una Audino de la enfermera Joy rompí a llorar con fuerza. Nadie sabía por qué, pero nací con miedo a los Pokémon, no podía estar cerca de ninguno sin que me asustara.
 
Eso era un grave problema ya que en el mundo hay infinidad de Pokémon y es casi imposible vivir aislado de estos, pero quienes peor estaban eran mis padres. Mis padres tienen en casa un Growlithe y una Vulpix, y eso forzaba a que estos se quedaran lejos de mí y se les limitara a donde ir por casa para no asustarme.
 
Con el paso del tiempo intentaban que no tuviese miedo a los Pokémon, pero todo intento acababa en vano, estuve más de 2 años cargando ese miedo del que aún no me podía desprender. Lo más que hacían para que tomase el aire era salir al jardín o ir a casa de familiares estando dormido o cubierto para no percatarme de los Pokémon.
 
Un día, mis padres decidieron llevarme al parque para estar un rato al aire libre, pese a que hubiese Pokémon ocultos o visibles. Mis padres sabían que era un riesgo, pero era mi padre quien quería probar esto por mi bien mientras que mi madre en cambio era la que se oponía.
 
Llegamos al parque y mis padres se sentaron en un banco, dejándome libre mientras estuviera cerca y a la vista para estar seguro. Ellos se empezaban a preocupar por mi futuro y por mi miedo.
 
­­­—¿Qué vamos a hacer? —Preguntó mi madre.
 
—Tiene que aprender de alguna manera —Respondió mi padre—. Cuanto más tiempo pase más duro habrá que ser con él.
 
—No seas tan brusco con él, no es su culpa.
 
—Pues tú tampoco seas tan blanda, parece que permitas que pase miedo.
 
Esa dificultad causaba muchos problemas a mis padres, pero yo no podía hacer nada mas que callarme y no molestar. De pronto oí una voz proveniente de algún lugar cercano, podía oír esa voz diciendo “So-Socorro…”. Ese es el recuerdo más antiguo que conservo de mí mismo.
 
Me alejé de mis padres sin que se percatasen de mi ausencia y fui en busca del origen de esa voz. Guiándome por la intensidad y la dirección tuve la impresión de que provenía de detrás de unos arbustos. Al apartar las plantas pude ver a un Pokémon bastante herido y agotado, tirado en el suelo y moviéndose débilmente.
 
Mi reacción al verlo fue preocupación, sentía que estaba muy mal. Me acerqué a tocarlo para que se diese cuenta de que estaba cerca, pero a poco de entrar en contacto se envolvió en una luz azul y desapareció.
 
Me asusté un poco, pero oí el mismo sonido que hizo al desaparecer al otro lado de los arbustos. Estaba ahí, cojeando y alejándose de mí. No quería que pensara que era malo, yo solo quería ayudarlo.
 
De pronto y por sorpresa, apareció un Meowth con ganas de combatir. La presencia de un Pokémon me asustó, pero era ese Pokémon malherido quien iba a ser su objetivo. En el fondo de mí no quería que ese Pokémon sufriera más, y algo más salió de ahí. Cogí una rama del suelo y golpeé al Meowth con ella, protegiendo al Pokémon débil.
 
El Meowth se enfadó y cambió de objetivo a mí, y siendo visto por esos ojos fruncidos me entró el miedo. El Meowth se lanzó a por mí, pero justo antes de que me alcanzara se quedó paralizado, y luego fue lanzado lejos de mí. Antes de desmayarme por el shock, pude ver que era ese Pokémon al que ayudé quien usó ese poder para detener al Meowth.
 
Inconsciente en el sitio, ese Pokémon usó otro movimiento suyo con el que pude sentir una sensación agradable. Pero de pronto aparecieron el Growlithe de mi padre y la Vulpix de mi madre para asustar al Pokémon y acorralarlo.
 
Mi padre mantuvo en posición a ambos Pokémon para que el otro no escapase, mi madre se aferró a mí porque temía por mi vida. Mis padres miraban con ira a ese Pokémon, confundiéndolo con el que me atacó.
 
No sé qué hizo ese Pokémon, pero pude recuperarme lo suficiente del susto y despertar. Veía a los Pokémon de mis padres amenazando a ese Pokémon, y de nuevo, movido por un impulso que no era normal en mí, me aparté de mi madre y corrí hasta aquel Pokémon, poniéndome entre él y los Pokémon de mis padres para protegerlo. Mi padre me pedía que me quitara de en medio, pero mi madre tenía otra expresión.
 
—¿Y tú que haces? —Le preguntó mi padre a mi madre— ¿No vas a decirle nada o qué?
 
Mi madre se volteó lentamente a mi padre y le dijo:
 
—Cariño… ¿No te das cuenta? —Respondió mi madre—. Mira lo que está haciendo.
 
—¿El qué? ¿Proteger a un Pokémon sin miedo?
 
No pasaron ni dos segundos cuando mi padre se dio cuenta de que era justamente eso, yo estaba protegiendo a un Pokémon en vez de mostrar miedo. Aunque unos segundos después veíamos al Pokémon alejarse de nosotros con sus fuerzas, y mi última reacción propia fue ir hasta él y abrazarlo. Ese Pokémon estaba muy frío al tacto, pero en cambio yo le transmitía calor, y también me abrazaba a mí.
 
Mi madre sacó una Poké Ball para lanzársela al Pokémon, pero mi padre la detuvo y pidió que fuese yo quien se la diese, que no forzara su captura. Ellos llamaron mi atención y se acercaron para darme la Poké Ball y ofrecérsela al Pokémon. Hice caso y se la acerqué, luego este soltó un pequeño gemido y tocó el botón, entrando a la Poké Ball y siendo capturado.
 
Mi madre comenzó a llorar, pero no de pena sino de alegría. Tras esa experiencia decidieron que volviésemos a casa cuanto antes para evitar más sorpresas y para comprobar como se encontraba ese Pokémon.
El Gallade variocolor parte del tema.

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#6
A veces la causa del miedo es la que cura.

El pokémon en cuestión debe ser algún psíquico si pudo hacerle semejante cosa a un Meowth.
Rompe mi armadura si quieres. Al final, terminarás arrepintiéndote de hacerlo...
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#7
Capítulo 2
Durante el trayecto de vuelta a casa, mi madre me llevaba en brazos y no me permitía bajarme de ninguna manera. Recuerdo que ella estaba emocionada e intentando controlar esa emoción, pero también recuerdo a mi padre mostrando una expresión de inseguridad en esto.

Antes de llegar a casa, nuestra vecina de al lado nos vio y se fijó en que no mostrábamos unas expresiones normales, así que intentó enterarse.

—Buenas tardes, vecinos —Dijo nuestra vecina—. Tienen mala cara, ¿ha ocurrido algo?

—Nada, no ha pasado… —Dijo mi padre antes de que le interrumpiera.

—Poké… mon… —Balbuceé yo con inocencia.

La vecina logró oírme y preguntó por ese Pokémon del que hablaba, estaba muy interesado puesto que al ser tan cercana a nosotros sabía de mi miedo a los Pokémon y le sorprendió que mencionase a uno sin expresar miedo o tristeza.

Mis padres acabaron contándole a la vecina la parte de la historia en la que consiguieron un nuevo Pokémon, al cual yo no le temía, sino que incluso lo defendí. Preguntó si podía ver al Pokémon, pero por su estado de salud no podían sacarlo, así que se lo describieron así:

Era pequeño y con la piel muy clara, llevaba un peinado que le cubría los ojos, pero dejaba a la vista su boca. Tenía un cuerno saliéndole de la frente y otro más pequeño por detrás. No se le veían los pies y parecía moverse bajo una manta, además de tener un solo dedo en cada mano.

La vecina pudo reconocer por la descripción que se trataba de un Ralts, y añadió información faltante: sus cuernos eran rojos, su piel blanquecina y su pelo de verde. Mis padres se extrañaron porque esos no eran los patrones de color del Ralts, en su lugar eran así: sus cuernos eran naranjas, su piel era de un rosa muy claro y su pelo era azul.

Nadie en ese momento sabía porqué era así, quizás por una radiación, mutación o coloreado, pero recordando que el Pokémon necesitaba atención de inmediato cortaron su conversación con la vecina despidiéndose de ella y entrando en casa.

Mi madre me pasó a los brazos de mi padre y pidió ser ella la que tratara al Ralts. Me intercambiaron de quien me llevaba encima y mi madre sacó la Poké Ball del Ralts, llevándola al baño donde guardamos el botiquín. Podríamos haber ido al centro Pokémon, pero mi madre quería aprovechar para poner en práctica lo que repasó de enfermería.

La sacó de la Poké Ball y la colocó encima de una toalla luego de abrir el botiquín y tratarla. El Ralts se mostraba asustado y no se estaba quieto, y mi madre no podía controlarlo. Mi padre vino conmigo y también trató de hacer algo, sin éxito. No se calmó hasta que fui yo a estar a su lado para que se calmase, y solo estaba tranquilo conmigo, cosa que me alegraba a mí también.

Usándome como apoyo, mi madre examinó al Ralts, y resulta que estaba peor de lo que se pensaba: herido y hambriento, sobrevivía lo mejor que podía. Unos desinfectantes que le dolieron un poco y unas vendas y estaba como nuevo.

Ya que estaba en el baño mi madre le pidió a mi padre que me bañara. Yo cogí de la mano a Ralts para invitarle a bañarse conmigo, a lo que reaccionó con un tono más enrojecido en su rostro. Mi padre se enfadó conmigo por proponer una idea tan tonta, aunque luego me perdonó porque como era un niño inocente no sabía ni lo que decía, pero con eso mi madre se dio cuenta de algo, Ralts no era macho, era hembra.

Antes de que mi padre empezara a bañarme, mi madre llevó a la Ralts a la cocina para alimentarla un poco, aunque hizo falta que yo le transmitiera confianza para ello.

Mi madre le sirvió algo de comida Pokémon a la Ralts, y ella empezó a comer con timidez. Mientras degustaba y comía lentamente, mi madre le dirigió unas palabras de agradecimiento.

—Gracias por ayudar a mi hijo —Elogió mi madre—, realmente eres la única que puede ayudarlo.

Soy yo quien debe daros las gracias. —Respondió Ralts por telepatía.

—¡¿Qué?! ¡¿Quién ha dicho eso?!

He sido yo, Ralts. Estoy usando telepatía. Ese niño es muy inocente y amable. Estaré encantada de ayudarlo, pero tengo que acompañarlo un tiempo.

—No importa, haz lo que haga falta.

Ambas hicieron un trato, Ralts me ayudaría a superar mi miedo a cambio de que mi madre nos dejara más tiempo juntos. Al rato llegué yo, después de haberme bañado y preparado para cenar.

Iba siendo la hora de dormir, y pedí que Ralts durmiera conmigo. Obviamente, mi padre se negaba, y pese a lo que habló mi madre con Ralts, ella también se oponía, pero era para dejarla descansar en un lugar cómodo para que se sintiera tranquila.
Yo traté de insistir, y mis padres insistían en contra. Tuvo que hablar Ralts telepáticamente para decirme que no pasaba nada, que sería mejor por hoy que durmiera sola. Fue así como mi padre y yo nos enteramos de su poder telepático y de que era hembra.

Como hablar con la mente es más directo, fue fácil que entendiese lo que quería, así que me tranquilicé y dejé que descansara en una pequeña cama improvisada con una caja y un almohadón. También era mi momento de irme a dormir, y sintiéndome tranquilo por ella pude irme a dormir sin problemas. Finalmente era el turno de mis padres de irse a dormir, pero antes tuvieron una pequeña charla en la cama.

—Así que… esa Pokémon va a ayudar a Joaquín —Dijo mi padre.

—Así es —Alegó mi madre—. Es posible que ella sea la respuesta.

—Preveo que podrá ayudarlo, pero te lo advierto, cabe la posibilidad de que su miedo a los Pokémon sea completamente lo contrario.

—No creo que… Bueno, yo confío en ambos.

—Tú misma, pero si tan segura estás, te apoyaré. Buenas noches.

—Buenas noches.

Apagaron la luz y se acomodaron para dormirse. A todos nos iba a hacer falta descansar y no preocuparnos hasta mañana. Las cosas están por empezar y los cambios por llegar.
El Gallade variocolor parte del tema.

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#8
¿Un Ralts shiny? Me pregunto qué aspira a hacer más allá de quitarle el miedo al protagonista.
Rompe mi armadura si quieres. Al final, terminarás arrepintiéndote de hacerlo...
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#9
Capítulo 3

Con los primeros rayos del sol amaneciente empecé a despertarme y a aclararme. Me acordé de Ralts y rápidamente me levanté de mi cama para salir por la puerta e ir a verla. Al llegar, encontré a mi madre con la Ralts en brazos, volviendo a comprobar su estado.

Tiré de la ropa de mi madre para llamar su atención, y cuando se volteó a verme me hizo gesto de guardar silencio, que Ralts aún estaba delicada. Mi padre no estaba porque se había ido a trabajar, así que era mi madre quien se quedó cuidando de la casa, de mí y de los Pokémon.

Seguía preocupado por ella, pero ya me dijeron que no debía molestarla, así que solo podía estar en casa jugando con mis juguetes o descansar. Preferí quedarme cerca en vez de alejarme, no había nada que me hiciera cambiar de idea… salvo lo que pasó después.

Entraron al cuarto el Growlithe de mi padre y la Vulpix de mi madre, quizás vinieron a saludar o a pedir que les diesen de comer. Como de costumbre, mi reacción al verlos fue encogerme del miedo mientras que mi madre trataba de cubrirme y separar a los Pokémon de mí.

La Ralts se despertó y reaccionó al miedo que emanaba. Ella también estaba preocupada por mí, así que ahora decidió que le tocaba ayudarme, y fue de una manera realmente rápida y efectiva.

Ralts levitó para bajarse de los brazos de mi madre y se puso entre mí y los Pokémon de mis padres, y aunque parecía que iba a hacer lo mismo que la vez que nos encontramos con aquel Meowth, lo cierto es que fue diferente. Se acercó al Growlithe de mi padre lentamente y comenzó a acariciar su pelaje, provocándole una sensación de placer y comodidad; luego pasó a acariciar el pelaje de la Vulpix de mi madre y producir la misma reacción en ella.

Ver a Ralts sonreír sin miedo y dándoles felicidad a los Pokémon de mis padres solo por tocarlos me tranquilizó. Ralts me miró y me llamó a acercarme, transmitiéndome coraje y valor. Anduve lentamente hasta ella, guiado y apoyado en la seguridad que me transmitía, aunque se iba desvaneciendo cuanto más me acercaba a los Pokémon.

Sin embargo, logré llegar a su lado sin desvanecerme. Ella puso su mano sobre el pelaje de Growlithe para que la copiase. Acerqué mi mano temblorosa hasta el pelaje de Growlithe, pero finalmente pude hacerlo. Mientras ella empezaba a frotar cuidadosamente, me mantenía en contacto con su otra mano, queriendo que imitase sus caricias.

Froté más lento de como frotaba Ralts, pero poco a poco fui aumentando mi roce. Growlithe se echó al suelo para que fuese más fácil acariciarlo, y continué así. En mi cara se empezó a dibujar una sonrisa.

Ralts pasó a acariciar a Vulpix para que yo también la acariciara, y esta vez pude reaccionar más rápido que con Growlithe. Vulpix también se echó al suelo para que pudiese frotar mejor. Mi cara mostraba una sonrisa amplia de emoción.

Ralts había logrado dar un gran paso en ayudarme con mi miedo, y solo habían pasado unos minutos desde que amaneció. Growlithe y Vulpix se levantaron del suelo volviendo a sus cuatro patas y frotaron su pelaje contra mí. Aún recuerdo las cosquillas de aquel día, me estuve riendo mucho.

Mi madre estaba sorprendida, Ralts fue más útil de lo que pensaba. Tal era su emoción que se fue acercando y aumentando la marcha poco a poco, viniendo a abrazarnos y transmitir su felicidad.

Tenía muchísimas ganas de mostrarle a mi padre mi superación del miedo y la gran ayuda que brindó Ralts, aunque debía esperar ya que estaba trabajando hoy, así que le dejó un mensaje de que tenía una sorpresa agradable que darle.

Mientras esperaba la hora para que llegase mi padre, aprovechó algo del día para que saliésemos de casa a dar un paseo y acercarme a más Pokémon, confiada de que daría el mismo resultado, pero antes falta nuestro desayuno y vestirnos por supuesto.

Estando todos listos para salir, mi madre llevó a Vulpix consigo mientras le encargaba al Growlithe de mi padre vigilar la casa mientras no estuvieran. Fuera de casa, mi madre empezó por llevarme a casa de los vecinos y contarles mi superación del miedo a los Pokémon.

Desafortunadamente no había nadie en casa, así que me llevó de vuelta al parque, hubiera Pokémon o no, que al menos me volviese a dar el aire, y que Ralts estuviese conmigo para ayudarme.

De pronto, apareció un Zigzagoon y un Bidoof salvajes paseando por el parque, y mi madre aprovechó para llamar su atención y acercarlos. Estos se percataron de como mi madre intentaba atraerlos y poco a poco se fueron acercando. Estando tan cerca, mi madre nos dio unos empujoncitos a mí y a Ralts para que tratásemos de seguir probando a acercarnos a más Pokémon.

Esta vez, Ralts estaba retrocediendo en vez de acercarse, y como no mostraba la misma seguridad que antes yo también empecé a retroceder y a asustarme. Esos Pokémon olieron nuestro miedo y nos gruñían. Temiéndose lo peor, Vulpix se puso en medio y comenzó a ladrar para ahuyentarlos.

Huyeron asustados, pero Ralts y yo también nos asustamos. La confianza de mi madre se derrumbó, cometió un error al tratar de forzarnos y confiarse cuando di un gran paso al acercarme a los Pokémon de mis padres. El progreso que logré esta mañana se desvaneció, pues lo que fácil vino, fácil se fue.

Mi madre trató de guardar a Ralts en la Poké Ball, pero esta se negaba y se cubría tras de mí para evitarlo, mientras que yo la mantenía abrazada y me aseguraba de que no la guardase. Mi madre lanzó un suspiro, guardó la Poké Ball con la promesa de no guardarla dentro y nos llevó en brazos a los dos con Vulpix acompañándola a su lado de vuelta a casa.

La marcha de mi madre fue más lenta que de costumbre, y no solo por cargar conmigo y con Ralts, también cargaba culpa de exigirnos demasiado. Al llegar a casa y entrar por la puerta, Growlithe nos recibió con entusiasmo y alegría, pero eso nos incomodó a Ralts y a mí, mientras que mi madre trataba de tranquilizarlo y detener su jaleo.

El resto del día hasta que volviese mi padre fue como normalmente era antes de tener a Ralts: yo estaba aislado de los Pokémon de mis padres porque estaba aterrado, solo que esta vez Ralts estaba conmigo.

Por la noche y después de que cenásemos, llegó mi padre a casa, nos saludó y le preguntó a mi madre sobre esa sorpresa tan agradable que le envió. Ella, con su expresión de tristeza, le contó lo que había pasado, de la ayuda que me dio Ralts y como lo estropeó al intentar acercarme a más Pokémon. La cara de mi padre tornó su sonrisa en enfado, y comenzó otra discusión.

—Pero mira que eres testaruda —Gritó mi padre—. ¿Por qué siempre decides cosas absurdas?

—Yo solo quería ayudar también a superar su miedo, nada más —Contestó mi madre.

—Pues solo has conseguido perder lo ganado. Estarás contenta.

—¡Cállate ya! Lo que haces tú de dejar que las cosas pasen y luego quejarte es peor.

Mis padres se gritaban el uno al otro, Growlithe y Vulpix se encogían del miedo y huyeron a sus cestas cama. Ralts y yo también estábamos mal, acumulando presión de sus gritos dentro de nosotros, hasta el punto de explotar y correr a mi cuarto.

Ralts cerró la puerta de golpe y eso interrumpió la discusión de mis padres. Fueron a la puerta de mi cuarto e intentaron abrir, pero no se movía ni un milímetro porque Ralts la mantenía cerrada. Golpeaban la puerta y exigían entrar, pero nosotros también les contestamos con un tono alto, yo hablando y ella telepáticamente, que nos dejaran en paz.

Como adultos que eran, pensaron en que forzar esto solo provocaría que la cosa empeorase más. Se excusaron con detener su discusión y hablarlo tranquilamente, pero no dimos ninguna respuesta, y siguieron excusándose sin oírnos decir nada, hasta que aceptaron quedarse con nuestro silencio, deseándonos buenas noches antes de irse a su cuarto a dormir.

Ralts y yo estábamos abrazados fuertemente en la cama, asustados e intentando cubrirnos mutuamente el dolor que pasamos el día de hoy. Mientras que en el cuarto de mis padres, ellos trataron de hablar sin alterarse qué podían hacer, y mutuamente decidieron dejar que fuese Ralts la única que me ayudase con los Pokémon, dejando el resto de cuidados a sí mismos.
El Gallade variocolor parte del tema.

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#10
Bueno, en cierta forma se puede decir que ella sí ayudó. Pero pasos grandes no son sencillos. Esos padres debieron agradecer que por lo menos el Joaquín pudo tocar a Vulpix y Growlithe antes de que empezar a sustarse de nuevo.
Rompe mi armadura si quieres. Al final, terminarás arrepintiéndote de hacerlo...
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#11
Capítulo 4

Poco después de que brillasen los primeros rayos del sol, los primeros en despertarse fueron los Pokémon de mis padres. El instinto de su especie les permitió rastrear que aún quedaba algo de resentimiento tras la discusión de anoche en el resto de la familia, y aún así prefirieron intervenir en venir a mi cuarto a animarnos un poco.

Rozaron la puerta con sus patas para hacer un poco de ruido y despertarnos, poco a poco fue funcionando hasta que Ralts y yo nos despertamos y nos levantamos para abrirles. A través de la puerta los tenía a la vista y sentía un poco de incomodidad, pero en vez de entrar se quedaron quietos frente a la puerta. No lo entendía, llamaban a la puerta pero no entraban, Ralts en cambio se acercó a ellos para acariciarlos a modo de saludo, y esta vez fui yo quien dio el paso sin que me llamase. Frotando su pelaje con suavidad mientras ellos mostraban expresiones de alegría.

De pronto les dio por soltar un ladrido fuerte que me asustó un poco, y Ralts volvió a transmitirme tranquilidad para que no me alterase. Esos ladridos también despertaron a mis padres que tras levantarse y despejarse vinieron a vernos. No obstante, solamente nos saludaron antes de que mi madre hiciera nuestro desayuno y mi padre tomase uno rápido para él antes de irse a trabajar.

Sentí que no les importaba lo que había pasado y que seguían de acuerdo en como se comportaron, y estuvimos desanimados hasta que mi padre salió a trabajar. Eso duró unos instantes después, ya que luego mi madre se nos acercó para pedirnos perdón por lo que pasó, y que prometió por ella y por mi padre que no se meterían más en mi superación del miedo a los Pokémon, que le confiarían la labor a Ralts.

Tomamos su palabra y nos sentimos más animados, desde entonces y durante unos meses, Ralts era la única que me ayudaba a ir acercándome más a los Pokémon mientras mis padres no intervenían en ayudar aunque sí actuaban si estuviese en peligro o si tenía alguna necesidad.

Un día a mediados del año y durante la comida, mis padres me informaron de una cosa que me iba a venir bien para el aprendizaje.

—Hijo, tenemos una cosa que contarte. ­—Me dijo mi madre.

—Te hemos apuntado a la guardería. —Dijo mi padre.

Claro estaba que como era tan joven no sabía lo que era, y dijeron que era un sitio con muchas cosas que me gustarían, aunque lo importante era que podía aprender.

Estaba algo emocionado de que Ralts y yo pudiésemos ir, pero mis padres mantuvieron un silencio incómodo antes de negar con la cabeza que Ralts no iría. Quería saber por qué no la dejaban venir, y las razones estaban justificadas para adultos con cabeza.

—Joaquín, Ralts no puede ir porque es una Pokémon, y ahí van niños. —Alegó mi madre.

—Además, ya te estás obsesionando bastante con Ralts. —Alegó mi padre.

Insistí e insistí, pero seguían negándose ante una tontería así. Cogí una pataleta y solo empeoró las cosas. Para evitar algo peor, Ralts habló telepáticamente para pedir tranquilidad y decirme que aceptaba no ir porque sería lo mejor.

Detuve mi berrinche y me fui a mi cuarto, mis padres prefirieron no ir para que yo mismo me tranquilizara, como si se ahorrasen castigarme para pensar en lo que hice. Pero Ralts vino a mi cuarto a verme. Me veía en una esquina, llorando por la decepción de no querer venir. Mantuvimos una conversación telepática para que intentase convencerme.

Joaquín, yo no debería ir. Soy una Pokémon. —Alegó Ralts.

¿Y qué? Tú también eres de la familia, también deberías ir. —Alegué yo.

Si voy, es posible que llame la atención de todos.

Pues yo te protegeré de las personas como tú me has ayudado a mí.

No quiero que tú…

Te quiero Ralts, tú eres muy importante para mí y quiero que nos ayudemos los dos.

Traté de pensar en algo para que fuese yo quien la convenza, y se me ocurrió algo: si a ese sitio van humanos, entonces Ralts tendría que ser como una humana. Pero lo único que podía hacer era enseñarla a hablar, esa era la base para aprender.

Ralts se conmovió por el gran aprecio que sentía por ella, y al final fui yo quien la convenció de ello. Aún había tiempo para que Ralts también pudiese apuntarse, y ella sabía que era posible apuntar a una Pokémon a un colegio, solo tenía que comportarse.

Cada día y a espaldas de mis padres, traté de enseñarle a decir palabras que yo supiera. Pasaban las semanas y aunque se notase su esfuerzo, ella seguía sin completar una palabra.

Llegó el último día para poder apuntarla y no podía esperar más, fui a mi madre y le pedí de nuevo que apuntase a Ralts a la guardería, a lo que volvió a negarse y citarme con enfado que no podía ser. Yo le conté que supe que sí era posible, y que Ralts estaba lista para ir y era capaz de aprender. A la discusión se unió mi padre y entre ambos me estuvieron reprochando. Se me iba acumulando presión dentro e iba a estallar en ira.

Ralts lo notó y se sentía dolida, pero de pronto en ella se produjo un impulso de valor, se acercó a nosotros y gritó.

—¡Jo-a-quín! —Gritó Ralts.

Yo y mis padres nos quedamos en silencio mientras nos volteábamos lentamente a Ralts. El primero en cambiar de expresión fui yo a alegría de ver que progresó al fin y a tiempo. Corrí a abrazarla y juntos estábamos dando brincos de alegría.

Pese a esto, mis padres seguían pensando que no, pero Ralts y yo insistimos en que si pudo hacer esto era capaz de aprender más, que estaba segura de seguir este camino. El corazón de mis padres no podía aguantar más sorpresas y tuvimos suerte de que aceptaran finalmente. No obstante, requería un nombre para ello, así que yo y Ralts pensamos en uno para ella.

Cogí varios libros de cuentos y busqué nombres para que ella eligiera uno, y de entre todos ellos hubo uno que miraba detenidamente durante un buen rato y con una mirada intensa, ese nombre era Paula, y pensando que le interesaba mucho ese nombre, decidí llamarla así. Mi madre se quedó con eso y fue a registrarme ahora que quedaba tiempo.

Ese día fue otro de muchos que guardan sorpresas. Yo seguía pensando que hacía bien en venir; Ralts, ahora con el nombre de Paula, prefería apoyarse en mi confianza; y mis padres no estaban seguros y preferían confiar al mismo tiempo que actuar al mínimo problema que hubiese.
El Gallade variocolor parte del tema.

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#12
Capítulo 5

Aunque Paula fuese inscrita a tiempo en la guardería, eso no quería decir que al día siguiente ya empezáramos a ir, en verdad quedaba otro mes de espera. Lo admito, estuve tan centrado en enseñar a hablar a Paula que ni yo ni ella tuvimos días diferentes, ni siquiera nuestros padres veían en todo ese tiempo que hiciéramos algo diferente a otros días.

De todas maneras, como aún quedaba tiempo libre antes de ir, la familia entera fuimos al parque a descansar un poco. Ese lugar ya era muy frecuente para nosotros y casi nunca nos había dado problemas ir allí. Pero justo ese día tuvo que pasar algo malo.

Mi familia disfrutaba del entorno al igual que tantas otras que también había ese día, pero un tiempo después veíamos paseando por el parque a un hombre vestido de negro y muy sospechoso. Iba acercándose a cada persona y Pokémon que veían, ahuyentándolos por lo incómodo que resultaba.

Cuando mis padres se percataron de que pronto vendrían a molestarnos, recogimos sin llamar mucho la atención e intentamos irnos. Digo que lo intentamos porque de pronto, otro hombre de negro nos cortó el paso, y con una sonrisa malévola y una mirada penetrante, posó su interés en Paula.

—Vaya, vaya. ¿Pero qué tenemos aquí? —Dijo el hombre de negro.

—Un Ralts con colores extraños. Esto sí que es interesante. —Respondió el otro hombre de negro que vino hacia aquí.

Paula se quedó en shock y temblaba más que un Vigoroth nervioso. Me abrazó fuertemente sin capacidad de pensar o hacer nada. A los humanos no les tenía miedo, así que intenté plantar cara a esas personas, pero fui detenido por mis padres y sus Pokémon, quienes me pidieron que cuidara de Paula mientras ellos se encargaban.

Los hombres de negro carcajearon al subestimar a mis padres por tener un Growlithe y una Vulpix, pero cesaron sus risas casi de inmediato y sacaron a sus Pokémon: un Cacturne y un Houndoom.

Al ver a los Pokémon y estando Paula indefensa y aterrada, yo también acabé temblando. Mis padres nos vieron y les dirigieron a esos hombres de negro una mirada agresiva y una amenaza.

—No voy a dejar que sigáis molestándonos, estúpidos. —Dijo mi madre.

—Ya que parece que nos vais a atacar, nos toca a nosotros defender. —Dijo mi padre.

Growlithe y Vulpix no eran lo suficientemente fuertes contra esos Pokémon, pero no iban a ser ellos quienes iban a combatir. Mis padres sacaron otra Poké Ball de sus bolsillos y las lanzaron para liberar a sus Pokémon. Al combate salieron una Empoleon por parte de mi madre y un Incineroar por parte de mi padre.

Los hombres de negro ahora estaban asustados, pero no iban a retroceder y abandonar la oportunidad de arrebatarnos a Paula. Quien llevaba a Cacturne se enfrentaba a mi padre y su Incineroar, y quien llevaba a Houndoom se enfrentaba a mi madre y su Empoleon.

Intentaron pensar qué movimientos usar contra los Pokémon de mis padres, pues en verdad poco podían hacer y fue una mala idea para ellos no pensar en irse. Mis padres fueron listos y rápidos, no iban a darles la oportunidad de intentarlo siquiera. Ordenaron que Incineroar usara Colmillo Ígneo y que Empoleon usara Rayo Burbuja.

Los golpes fueron certeros y sorprendieron al equipo enemigo. No bastó más que un solo golpe para que cayeran debilitados. Para no empeorar las cosas, guardaron a sus Pokémon en las Poké Balls y trataron de darse a la fuga cuanto antes. En vez de perseguirlos, mis padres comprobaron qué tal estaban sus Pokémon, elogiándolos por la ayuda brindada.

Paula y yo veíamos a nuestros padres y a sus Pokémon, y por la salvada que nos dieron nos hicieron verlos con más admiración. Tanto Paula como yo admirábamos más a las personas y a los Pokémon.

Luego mis padres se nos acercaron para comprobar si estábamos bien, y les extrañaba ver en nuestros rostros expresiones de admiración y emoción. Mis padres estaban encantados de que pudiera ver a Incineroar y a Empoleon sin asustarme, como eran Pokémon muy grandes e imponentes pensaron que por mi miedo me podría dar un infarto. Todo este tiempo mantenían a esos Pokémon fuera de mi vista, esperando el día en el que fuese más resistente y poder acercarme a ellos.

De la misma manera, Paula también había superado más su miedo a las personas. Pero esos hombres de negro le causaron una sensación de pavor que ninguna otra persona había hecho antes.

Para evitar más sorpresas, decidimos volver a casa. Mi madre fue la que nos llevó mientras mi padre iba a poner la denuncia a la policía.

A pesar de que Paula y yo logramos salvarnos y superar más nuestro miedo, sentirnos impotentes en aquella ocasión nos desanimó. Por ello, juntos decidimos hacer la promesa de superar todos nuestros obstáculos juntos, como un equipo.
El Gallade variocolor parte del tema.

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#13
A veces no hay nada más satisfactorio que ponerle un fin a las fobias. Siento que su siguiente paso debería ser aprender defenderse por sí mismos.
Rompe mi armadura si quieres. Al final, terminarás arrepintiéndote de hacerlo...
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#14
Capítulo 6

Finalmente llegó el día en el que Paula y yo íbamos a ir a la guardería, siempre y cuando yo no me obsesione con Paula y que ella sepa controlarse en el lugar no habría problemas. Mi madre nos acompañó hasta el lugar, guiándonos a nuestro lado, y asegurándose de que no hubiera nadie sospechoso cerca.

Llegamos al lugar y veíamos a varios niños jugando y hablando a las puertas de la guardería, y cerca estaban sus padres para vigilarles hasta que fuese hora de entrar. Mi madre me alentó para que fuese a conocer a más niños mientras tuviese tiempo libre, y le pidió a Paula que se mantuviera lejos sin intervenir mucho.

Intentaba acercarme a otros niños y niñas, pero no conseguía captar su atención y eso me desanimaba un poco. Paula se acercó a mí para animarme a seguir conociendo a otros, ya que podía acercarse a mí pero no mientras hubiesen niños cerca. Cogí su confianza y seguí, pero la cosa seguía sin funcionar. Paula se acercó una última vez para animarme por haberlo intentado en vez de seguir buscando, cosa que me vino bien por el rechazo que sentía.

Al rato, sonó la campana de la guardería y tocaba que todos entrásemos a clase. Pero cuando tocaba separarse de los padres, unos niños empezaron a llorar por ello, y ese llanto se fue propagando, e incluso a mí. Los padres intentaban calmarnos de una manera u otra, pero nos estábamos poniendo pegajosos con ellos. Paula tomó iniciativa una vez más para animarnos a todos; anduvo hasta la puerta del centro lentamente, captando la atención de niños y adultos, y al llegar allí hizo gestos de alegría y emoción, intentado convencernos de que ir allí iba a ser algo bueno.

Los niños estaban extrañados y a punto de volver a llorar, pero yo le seguí el juego y fui a su lado con una sonrisa. Por suerte bastó con ambos para empezar a atraer al resto. Paula fue muy lista al usar la misma técnica: si todos empezaron a llorar porque se encadenó una reacción, se podía usar otra cadena a partir de otra reacción, pero que fuese positiva.

Todos los niños entramos dentro mientras la profesora y los padres se quedaron asombrados a lo que habían visto: una Pokémon había actuado por su cuenta para solucionar un problema que ninguna de las personas del sitio lograba. Mi madre estaba feliz internamente, confiaba más en Paula y en mí. Ahora que todos estábamos dentro, por fin podían irse a sus casas, trabajos u otros lugares para recogernos luego.

De vuelta a la guardería, la tutora nos llamó la atención para guiarnos al aula y hacernos escoger un sitio donde ponernos. No hubo peleas ni problemas en los sitios, y tanto Paula como yo logramos tener un sitio en el que estuviéramos juntos.

Como todo primer día de primer curso, lo que tocaba era presentarnos formalmente con nuestro nombre. Uno a uno fuimos diciendo nuestros nombres, pero al llegar el turno de Paula, a ella le estaba costando decir "Paula" y solo le salió Ralts. A la tutora se le escapó una pequeña risilla que tapó con su boca, mirando lo absurdo que era ver a una Pokémon asistiendo.

Paula estaba deprimida, y yo hablé por ella. Le dije que se llamaba Paula, pero que está aprendiendo palabras. La tutora preguntó extrañada si eso era verdad, teniendo en cuenta la imposibilidad de que un Pokémon pueda aprender. Quería demostrar que sí, y le pedí a Paula que dijera mi nombre. Ella me miró y trató de tartamudearlo, pero le salió como en aquella vez: "Jo-a-quín"

Los niños eran demasiado jóvenes para saber todavía los límites de un Pokémon para hablar así que ellos no estaban tan sorprendidos, pero la reacción de la tutora sí que era notable. Se lo dije, ella también podía aprender.

La tutora cambió su expresión de asombro a confianza, creía en mis palabras y en la capacidad de Paula. Retomamos el tiempo de clase para saber el resto del aprendizaje del primer día. Paula estaba siendo aceptada como una más de la clase, y eso nos hacía sentir bien a ambos.

Llegando la hora del descanso, todos los niños salimos al patio a jugar y descansar, y fue entonces cuando varios de los niños se acercaron a ver a Paula más de cerca. Aunque dijimos y fuese cierto que ser aceptada nos gustó, pasar tan de repente a ser el centro de atención no era lo que queríamos.

Paula se estaba sintiendo agobiada, y me transmitía lo que sentía. La cubrí y pedí que la dejaran espacio, pero los niños eran un tanto cabezotas y les costaba entenderlo. Querían saber de los poderes de Paula, de sus movimientos Pokémon. Lo bueno es que era lo suficientemente lista como para contenerlos y no provocar destrozos.

Se sentían desilusionados por ello e insistían en verlo, esto provocaba que Paula se encogiera de la presión. Como no podía hacer nada, llamé a la tutora para que nos ayudase. Contuvo a los niños para que dejaran de molestarla y regañarlos por hacerla sentir mal, logrando que se alejasen. Esto hizo que nos tuviesen menos respeto, pero era mejor que si usaba sus poderes y la regañaran por ello.

Hablaba con Paula para saber si se encontraba mejor, y con alzar la cabeza y sonreírme supe que sí. Pero al poco rato, otro niño vino a nosotros. Ese chico se llamaba Eric.

–¿Te crees mejor por ser una Pokémon? –Preguntó Eric.

–Ralts… –Respondió Paula.

–Déjala en paz, viene a aprender –Dije yo para defenderla.

–Los Pokémon no deberían estar aquí, es una rarita.

–¡Cállate!

En un arrebato de ira, le iba a golpear a Eric, pero Paula intervino para detenerme con su poder psíquico, además de que la maestra también se percató de mi intención. Por lo sucedido, nos castigaron a Paula, a Eric y a mí. Vaya primer día de clase, y encima los niños se reían, pensando que nos lo merecíamos.

Al terminar las clases, la maestra habló con mi madre sobre lo sucedido. No se mostraba indignada ni enfadada, no tenía ninguna expresión salvo la seriedad. Se disculpó por lo sucedido y nos llevó a casa, manteniendo esa expresión impasible pero con una respiración profunda.

Una vez en casa, nos llevó a ambos al comedor. Fue entonces cuando se mostró enfadada y nos regañó.

–¡El primer día y os castigan! Estoy muy disgustada –Dijo nuestra madre.

–Estaban molestando a Paula –Respondí yo.

–Me da igual, ella no va a volver allí.

–¡No es justo!

Mi madre no quería consentir más quejas mías, así que me mandó castigado a mi cuarto. Paula estaba todo el rato quieta y cabizbaja. Mi madre también la regañó a ella, culpándola de lo que había pasado. Paula comenzó a llorar y le respondió telepáticamente a mi madre. Ella solo quería ser aceptada, cuando yo la hice sentir así también la hice muy feliz; no quería causar ningún problema, solo quería estar conmigo por la confianza que me tenía.

Mi madre se calmó y quiso saber qué pasó exactamente. Paula le contó lo sucedido, intentando que todos fuesen inocentes pese a lo que hicieron. Mi madre estaba molesta porque Paula usó sus poderes psíquicos, pero Paula le dijo que era para evitar que yo pegase a un niño, trataba de defenderla porque los niños la estaban agobiando.

Tras pensarlo un rato y con tranquilidad, decidió darnos otra oportunidad, pero que hablaría con nosotros para que nos controlásemos y con la maestra para que nos vigilase. Eso fue suficiente para que Paula se sintiera mejor, aunque cuando se enteró mi padre su opinión no fue igual, aunque también decidió tolerarlo para que viésemos que nos equivocaríamos de nuevo.

Tener una segunda oportunidad con Paula en clase me alegró, pero tanto mi madre como Paula me repetían que controlase mis emociones. Ambas estaban con una expresión seria y tranquila, contraria a la que yo sentía y que debía contener mejor.

El camino a la guardería tuvo que ser con calma y sin distracciones ni emociones. Mi madre quería asegurarse de que valorase esta segunda oportunidad, y Paula quería asegurarse de que me controlase mientras me hablaba por telepatía.

Llegamos allí y vimos a todos los niños con sus padres. En cuanto nos vieron inmediatamente apartaron la mirada, y solo Eric era el que nos miraba con malicia. Mi madre fue directa a hablar con la profesora sobre el tema de ayer y las medidas que debía tomar. Esperaba que entre ellas hubiera para el rechazo social, porque al ser tratados así no nos hacía sentir bien.

Tocó la campana y era hora de entrar dentro. Esta vez, los niños entraron sin miedo ni preocupación, superando el día de ayer, el primer día de guardería. Los últimos en entrar éramos Paula y yo, porque estábamos desanimados. La maestra nos insistió con delicadeza en entrar con más prisa, supuestamente porque sabía como estábamos. Entramos al aula y tomamos nuestros asientos, después continuamos con la clase, y esta vez ningún niño nos dirigía la mirada ni nos prestaba atención.

Llegó la hora del recreo, Paula y yo nos quedamos a solas y apartados del resto, rechazados. Solo uno vino a nosotros, y era otra vez Eric, dispuesto a molestar. No sé qué le pasaba a él de pequeño para ser tan maleducado, pero por su culpa Paula y yo lo estuvimos pasando mal.

—Molestáis mucho —Dijo Eric.

—Tú nos estás molestando —Respondí yo.

—Joaquín… —Susurró Paula.

Estaba a punto de tener otra pataleta, y teniendo esa expresión en la cara, Eric sonreía con satisfacción. Pero un milagro ocurrió, vino la profesora alertada por uno de nuestros compañeros de que Eric se estaba metiendo con nosotros. Eric trató de excusarse y nos echó la culpa, pero ella ya se percató de que estuvo involucrado en lo que pasó ayer y se lo llevó al rincón de la puerta como castigo durante el patio.

Paula y yo secamos la humedad de nuestros ojos y le dimos las gracias al chico que nos ayudó. Se trataba de nuestro nuevo amigo y el primero que hicimos, se llamaba Víctor. Se unió a nuestro grupo y nos pusimos a hablar para conocernos más, y resulta que a él le encantan mucho los Pokémon al igual que a sus padres, que gracias a ellos se interesó mucho. Ayer no intervino porque estaba nervioso por el primer día de clase y le sentó mal que nos regañasen, por eso pudo ayudarnos esta vez y volverse nuestro amigo.

Una vez más apareció alguien en mi vida que pudo ayudarme con uno de mis problemas. Paula y Víctor son y siempre serán de los mejores compañeros que he tenido. Aunque ahora que Víctor vino a nosotros, los demás compañeros ya no le veían bien, y eso me hizo sentir mal por él, pero no le importaba porque prefería estar con gente que le cayera bien, además de que su padre le contó de que tarde o temprano dejarían de comportarse así y todos nos podríamos volver a llevar bien. Paula y yo también queríamos creer en esas palabras, pero con quien menos seguridades teníamos era con Eric.

De todas maneras, el día de clase acabó bien ahora que teníamos a alguien más a nuestro lado, y eso era suficiente para nosotros.
El Gallade variocolor parte del tema.

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#15
Poner a un pokémon en una escuela para humanos no fue una buena idea. Aunque, la forma en que terminó el día fue algo extrema. Sí, pelearse con otros no está bien, ¿pero ni siquiera una charla o algo? ¿Solo regaños?
Rompe mi armadura si quieres. Al final, terminarás arrepintiéndote de hacerlo...
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