Oneshot- Maldito Invierno del 92

ExtensiónOneshot
Extension larga
FranquiciaCoregames
GéneroComedia
Resumen

Un pésimo y congelado día. Participante del concurso de songfics.

#1
Los copos de nieve caían sobre la región de Kalos en ciudad Fractal debido a que el invierno había llegado bastante fuerte esa vez, como si Articuno estuviera de mal humor después de haberse peleado con sus otros dos amigos quienes decidieron irse de fiesta hasta que llegase el verano de nuevo. Era por eso que Jacket no podía concentrarse durante la batalla contra el gordo barbudo de Édel, porque sentía que su garganta comenzaba a arderle como si una parvada de fletching estuviese picándole, sin mencionar que su nariz estaba más húmeda que el trasero de un squirtle y su cuerpo comenzaba a desbaratarse.

Sí, estaba jodido, más si agregaba el hecho de que acababa de perder por decima vez contra el líder de gimnasio, por si pillar un resfriado en la peor época del año no fuera suficiente. Después de haber recibido su dotación de carambanazos en el riñón, Zelda, su braixen, se levantaba para ir a su lado. El calor que emanaba de su pelaje no era suficiente ni el de la chaqueta que llevaba puesta.

Lo único que podía hacer era volver a casa y acostarse frente a la chimenea.  

Con toda la dignidad que pudo, que era la misma que a un estudiante le quedaba después de haberse quedado desnudo en la graduación luego de que un charizard le quemara la toga, salió de la fortificación que era el gimnasio de Fractal junto a su inicial. Unos niños hacían un muñeco de nieve, bien felices y abrigaditos en sus anoraks, mientras que el joven entrenador maldecía por no haber hecho caso a su madre. Debió haber capturado un puto fletching en la primera ruta para usar Vuelo, pero no, el señorito quería su flabebé,

«¡Tranquilízate, Jacket, tranquilízate! ¡Lo único que tienes que hacer es tomar el camión a Pueblo Boceto!»

Ante este pensamiento que le consolaba, el chico de la gorra roja caminó hasta la pequeña estación de autobuses del lugar mientras contaba el dinero que le quedaba en el bolso. Aun después de pagarle la universidad a los hijos del tendero de la tienda, comprarle dulces a Zelda para que dejara de mirarle feo, las penalizaciones que pagaba cada vez que perdía ante ese maldito pedazo de hielo con patas y el alquiler de la buhardilla barata donde se hospedaba, tenía para un pasaje hacia su pueblo.

El problema ere que apenas le alcanzaba para un solo boleto, lo que no sonaba como un problema, pero…

—Zelda, metete a la pokéball.

No podía pagarle el asiento a su braixen. No sería un problema si fuera una fennekin, no obstante, en ese estado, ocupaba un asiento aparte.

Zelda negó con la cabeza, cruzando sus brazos en total indignación. A ella nunca le gustaron esas esferas y Jacket no era capaz de culparla, no se veían muy confortables, pero la situación era la situación.

—Zelda, es eso o el pc —dijo el entrenador lo más calmado posible, sabía que odiaba más el pc —. Metete a la pokéball.

Zelda infló sus mejillas. Apuntó con su vara al autobús blanco con azul.

—No, no puedes subirte. Solo he pagado un asiento para mí. Metete a la pokéball.

La zorra volvió a negarse. Jacket tomó un gran respiro.

—Metete. A. La. Pokéball.

Seguía sin entender razones.

—¿¡Es qué no entiendes!? ¡Metete a la maldita pokéball! ¡No tengo humor para tratar con zorras malcriadas!

Ante ese estallido de su entrenador digno de un camerupt, Zelda dio un respigo, luego unas lágrimas comenzaron a correr de sus ojos. El frío corazón de Jacket se fragmentó en pedazos, más que nada porque estaba congelado. No tuvo control de sus emociones hasta que estuvo a bordo del camión y la braixen sentada sobre sus piernas mientras lo abrazaba. Esa zorra se había salido con la suya una vez más, siempre lo hacía, desde que era una fennekin y vio los escaparates de la tienda de dulces por primera vez.

Un día le iba dar un coma diabético por comer tanta azúcar. Ese día quisiera estar presente para comerse las pastillas en su cara.
Los picoteos de fletching dentro de su garganta comenzaron a convertirse en Pájaros Osados de talonflame. El moco en su nariz aumentó de manera considerable, seguro que por el estrés. A punto de tranquilizarse estaba cuando el camión, antes de partir, vio la llegada de otra pasajera que conocía bastante bien. Una chica de pelo rubio que lucía inmutable ante el frio pese a tener los hombros descubiertos en su blusa negra de siempre. Eso era una cosa en la que le superaba Serena, aparte de poder guardar a su inicial en la puta pokéball.

La muchacha portaba unas gafas de sol pese a que el día estaba nublado, tal vez para ocultar el rubor que le había causado el frío. Jacket sonrió mientras palmeaba el asiento a su lado y en vez de la reacción esperada, Serena se acercó a él con grandes zancadas. Su rostro no parecía ser muy alentador, más que nada porque tenía el ceño más fruncido que un gyrados.

—¡Eres un enfermo, Jacket!

Su cerebro congelado tardó en procesar a lo que se refería.

—¿Eh?

—¡Nunca pensé que tuvieras esos fetiches! ¡Ya decía yo que era raro que tardaras tanto en elegir un inicial! Querías esperar a que saliera una hembra, ¿no?

—¡Maldito pokéfilico!

Las miradas de los demás pasajeros se dirigieron al entrenador al mismo tiempo que comprendía que pasaba. La causante de este problema miraba confundida a su compañera de viaje, ajena a lo que ocurría.

—¡No, no es lo que crees! ¡Ya sabes que a Zelda no le gustan las pokéball! —lo pensó un poco—. ¡No, no me refiero a eso!

Una tremenda bofetada le zarandeó la cabeza a Jacket. Atrapó su gorra en el aire.

—¡No me voy a sentar al lado de un degenerado!

—¿Por qué usas lentes de sol mientras está nublado? ¡Rubia tarada tenías que ser!

Serena se sentó tan digna como podía hacerlo.

Los murmullos comenzaron a taladrar en los oídos del chico. Abrió su mochila con presteza, sacó sus audífonos y comenzó a tararear una de esas canciones que les gustaban a los jóvenes de la actualidad, así que no podía oír las barbaridades sobre él mientras pensaba en lo bonito que sería que un alakazam (mega a poder ser), le estallase la cabeza a esa chica. Una chica perteneciente a uno de los grupos radicales de la región y que llevaba un charmander en el regazo, llegó a planear como quemar el transporte con Jacket adentro. Por fortuna, se había quedado sin pp.

Unas horas de viaje más tarde, la noche había caído sobre Kalos mientras el autobús llegaba a Pueblo Boceto. Siguiendo la lógica del planeta Tierra, al haber el sol desaparecido, el frío incrementó de manera considerable. Un pidgey, que era peor que un reloj solar en el mundo distorsión para calcular el tiempo, cayó congelado a la carretera húmeda, quebrándose en cachos al igual que una taza de porcelana. Esos mismos cachos que pisó Jacket cuando bajó del autobús.

En el camino a su casa, se quitó los audífonos para ver a un chico de pelo naranja que corría a saludarlo a través de la calle. Su cerebro más frío que un glalie siendo infiel a su pareja no captó que ese jovencito era Trovato. Se encontraba ocupado en notarse el ganglio inflamado en la garganta, alzando la mirada cuando un auto ya se había llevado al entrenador por delante, todo por no haber podido frenar. Si sonrió al dirigirse a su hogar pese a ese trágico accidente, era porque nunca le cayó bien Trovato.

Por fin llegaba a casa junto con Zelda. Intentó abrir la puerta, dándose cuenta de que estaba cerrada.

«¡No, no, no!»

Rebuscó las llaves en su mochila, solo para darse cuenta de que nunca había tenido llaves.

—La señora esta de vacaciones con el profesor Ciprés.

«Tenía que ser ese maestro sidoso»

—Por cierto, ¿Quién eres?

El chico que le había avisado de la aventura de su madre vestía una camisa roja, unos pantalones parcheados, una bufanda alrededor de su cuello y un gorro gris de nieve. Un foco iluminó al helado Jacket. Recordó que ese chico venía desde Galar para una especie de intercambio, acompañado de un conejo prendido en llamas. Su madre le había hablado muchas cosas sobre él, tantas que de purita casualidad escuchó que a ese tipo le sobraba un acolchado.   

—¿Te sobra un acolchado, no? —dijo Jacket con una voz digna de un cryogonal.

El chico palideció.

—Lo lamento, pero ahí duerme mi scorbonny.

—¿Tu scorbynny?

—Ajá.

—Es un maldito tipo fuego.

—Con este frío cualquier precaución es insuficiente.

La cordura de Jacket estaba en las últimas.

—¡Maldito ecologista de mierda! ¡Tú no sabes lo que es pasar horas en el frío!

—¡Eh!, ¿¡no quieres un poco de curry!?

—¡Que no!

Ese grito que le aventó en la cara al joven de Galar causó que sus pulmones se resintieran. Expulsó unas cuantas flemas de color preocupante que se perdieron en medio de la nieve mientras Zelda seguía tan tranquila acompañando a su amo. No teniendo más que hacer, recorrió las calles de Pueblo Boceto con una tremenda mirada de resignación en su cara. Si eso no fuera suficiente castigo, la caída de los copos de nieve aumentó de potencia.

Siguió caminado hasta que una figura se observó a la lejanía. En cuanto se dio cuenta de quien era, intentó darse la vuelta, pero era demasiado tarde. Xana estaba en medio de la nevada con su atuendo de siempre, como si supiera por algún motivo que su compañero de viaje iba a aparecerse frente a su casa. La pequeña mano de su vecina le agarró del brazo para llevarla hasta dentro de su hogar, donde suspiró de alivio al sentir el calorcito de un lugar hogareño.

Esto era gracias a la caldera de última generación que la familia de la castaña logró costear. Hasta tenía porta bebidas.

—¡Menos mal que te encontré, Jacket! ¡Ahí fuera ibas a morir de frío!

—Sí, menos mal…

Era la primera vez que se alegraba de ver a Xana.

—Han de estar congelados ¡Ahora mismo les traigo algo de chocolate caliente!

Jacket sonrió agradecido. Esas atenciones eran suficientes para perdonarle aquel incidente hace unos meses.

Por su culpa, entraron al bosque según en busca de un pikachu o algo así. El chiste era que debido a una distracción de Xana al tirar la pokéball, diferentes especies se unieron en armonía para acabarse a zarpazos a los dos. El chico tuvo tan mala suerte que resultó que uno de los pokémon de los que sufrió el arañazo, era portador de pokérus, una enfermedad que le dejo con el hígado hecho paté de tepig. En estos pensamientos estaba cuando Zelda le comenzó a tocar con el palito, soltando el gruñido característico que señalaba que tenía hambre.

Con un suspiro, se fue a una pequeña nevera que había en la sala, con cuidado de que no le de tanto frio. No encontró comida, en su vez halló un pequeño muñeco en forma de clefairy con unas cuantas particularidades. El peluche estaba hundido en una cazuela con agua helada y estaba vestido con sus ropas. Jacket sacó el muñeco de la nevera, cerró la puerta con tanta fuerza que hizo que la nevera haya caído al suelo con un estruendo.
Lanzó el juguete al fuego, saliendo dignamente de ahí.

Antes de que pudiera darse cuenta de la pendejada que acababa de cometer, desapareció en una nube de ceniza, acabando con su sufrimiento de una vez por todas. Algunas cuantas personas que estaban afuera por razones, vieron desesperada a la braixen recogiendo lo que quedaba de su entrenador. Al final lo iban a incinerar cuando muriera de pulmonía, así que, haciendo una maldita buena acción en su vida, había ahorrado trabajo a la funeraria.

Ah, no se preocupen por Trovato. El conductor resultó ser un millonario amable que le dio una generosa compensación al chico.

Treinta mil pokés por unos cuantos huesos rotos no parece mal trato.
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#2
Jajajajajaja qué crueeeeeeeel, parece algo así como un insulto velado a Coehllo de "cuando deseas algo, el mundo conspira para hacerte miserable".

El pobre Jacket no da una. Me recuerda a esos animes de los noventas o de principios de siglo donde el prota viene con un imán de desgracias pegado a la espalda, y ni un momento de respiro recibe (aunque la última fue casi culpa suya). 

Me ha divertido muchísimo.
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#3
Tsk, lo que un invierno puede hacerle a alguien. Jacket prefirió mandar su vida a la mierda en lugar de pelear contra todos sus infortunios, pero siendo justos, seguramente no iba a poder arreglarlos.
Rompe mi armadura si quieres. Al final, terminarás arrepintiéndote de hacerlo...
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#4
Fuck, esto es buenísimo. Me culparé durante cien años por no haberlo leído antes... bueno, cien años parece demasiado tiempo. Digamos mejor dos minutos.

El tono de la historia concuerda a la perfección con el tema que recrea, y funcionaría perfectamente bien como videoclip de la hilarante canción del Cuarteto de Nos. Me encantó ese universo de mala fortuna y gente desagradable que representás en Kalos, una región bien careta y nariz parada si las hay. Como para no cruzarse con rubias taradas, conductores millonarios e irresponsables y hippies mimados de papá y mamá que le tienden camas a sus Scorbunny (¡hey! Scorbunny merece todo eso y más). Also, maldito Jacket hipócrita, si él tampoco pudo guardar en su pokébola a Zelda. Y debo ser un rubio tarado (aunque soy castaño) porque pensé exactamente lo mismo que Serena: nada podía terminar bien con el tipo sentado en el bondi con la zorra sobre las piernas. No señor.

Cuando regresa a Mosaico todo se va desvirtuando progresivamente hasta acabar en un final apoteósico. No sabés lo que me reí con el pobre Jacket arrojando su propio embrujo al fuego y consumiéndose en llamas. Aunque creo que su jodida Braixen podría haber actuado a tiempo para salvarlo antes de arder... de haberlo deseado, claro. Cosa que no era su intención. ¡Maldito entrenador de mierda! Llegás al octavo gimnasio habiendo escogido al inicial de fuego, sin evolucionarlo a pleno por furrofílico y encima te das el lujo de perder diez veces consecutivas ahí. ¡Que son de hielo, carajo! xD

Me pregunto si todos estos personajes saldrán de algún otro fic tuyo donde nos muestres toda la aventura por Kalos del infeliz Jacket, porque lo leería gustoso. Eso sí: siempre que mantenga el tono mordaz, irónico y de odiar a todo el mundo que mostraste acá.

Le doy cuatro Mewtwos orgasmeados de cinco solo porque no harás segunda parte con "Yendo a la casa de Damian". (?)

MewtwoLUL MewtwoLUL MewtwoLUL MewtwoLUL
Sueña mientras giren las agujas del reloj

"Este fic es un recopilatorio de cosas que me dan asco, me agobian y odio"
                                                                                                    —PKMNfanSakura
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#5
Trevor, literalmente al final de la historia:
Mostrar
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Realmente fue bastante chistoso todo en general, pero la de Trevor fue la que me sacó más carcajadas.

Pobre Jacket. El universo confabuló para hacer de su existencia, la más miserable. Y eso me hizo reflexionar que las veces que ha sucedido una seguidilla de malos eventos a uno, quizá sea producto de un autor, y que nuestras vidas nomás se traten de una novela o fanfic, donde nuestra propia existencia no sea más que un pensamiento de un ser superior, el cual podría no ser consciente, de que en un plano inferior, creó alguna vida, o hace miserable alguna.

Saludos.
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