Colectivo- Las Aventuras de La Dama y El Verdugo

Extension largaColectivo
FranquiciaMystery Dungeon
GéneroAventuraComedia
Resumen

La vida era tranquila en Villa Vaoris antes de que un terremoto revelara un extraño cofre. Al descubrirse el secreto, una ralts con problemas de misantropía y un deino en busca de su muerte, se embarcan en una aventura por toda Astrelia, llena de inmigrantes y chistes

#1
Buenos días.

Este fic colectivo que ven a continuación, al principio formaba parte de una actividad en un foro cercano que no llegó a buen puerto. Aun así, en un acto de valentía, Morde y yo seguimos adelante...y en este momento seguimos adelante....y adelante....y adelante....y adelante...y adelante. Bueno, el chiste (badum tss) es que esta historia se llama Las Aventuras de la Dama y el Verdugo, o también conocida como Cazadores de Recuerdos por la actividad con el mismo nombre.

La hermosa historia de como una ralts en busca del conocimiento y un deino en busca de la muerte, junto a un grupo de drogadictos, encuentran un cofre de tesoro. 

Lo que pasa después...ya lo verán ustedes.

Antes de dar paso a la historia, es necesario una advertencia; este fic puede contar con algunos chistes fuertes para ciertos colectivos y sensibilidades.  Esperamos no ofender a nadie.

Sin más por el momento, vamos a la aventura.


Prologo (Primera Parte)
I
Recordaremos a un compañero cuyo papel en mi vida fue demasiado curioso. Sucedió un día de invierno.

En esa época era una ralts, ese día en particular estaba en el estudio de mi padre, revisando un volumen muy completo sobre las diferentes especies de pokémon disponibles en Villa Vaoris. La nieve caía sobre los viejos tejados aunque no me importaba. Lo único importante era la chimenea antigua de mi padre y las estanterías llenas de libros empolvados, la mayoría datan de hace más de ochenta años.

Sin embargo, el libro que tenía en las manos era una excepción. “Pokémon más frecuentes de Villa Vaoris” es un libro que sigue siendo editado actualmente. En ese momento estaban en el vol. 64 y se edita uno nuevo cada año. Mi problema vino cuando por azares del destino mi pequeña yo decidió asomarse por una pequeña ventana cerca del fuego, que es protegido por los ladrillos y que estos protegen a los demás de él.

Estuve buscando con la mirada hasta encontrar al aspirante de estatua, ahí estaba aún sin rendirse, esperando que la nieve lo mate. Incluso algunos pokémon le pusieron sombreros, bufandas, pintalabios y demás. 

Llevaba dos días ahí. En realidad no me interesaba cuál era la razón por la que quería morirse. Lo que me mantenía obsesionada es que la editorial en la que confié por mucho tiempo pareció haber fallado.

Estaba segura de que ese pequeño dragón llevaba algunos años en la villa, mi pobre intuición me decía que tal vez nació en Vaoris. Aun así, ese estúpido libro no tenía ninguna simple mención del pokémon verdugo. Durante los dos días que lo veía ahí, hojeaba como una psicópata el tomo buscando algún único párrafo.

Me bastaba con un simple “Encapuchadín es un pokémon tipo siniestro/dragon, le gusta vestir capuchas” y ya estaba. Me quedaría tranquila.

Solté un largo suspiro mientras dejaba el libro peligrosamente cerca de la chimenea. No había pasado nada en los dos días anteriores así que daba igual. 

Pasé el resto de ese día leyendo enciclopedias de mi padre. Apenas llegaron las diez de la noche, aparté un pesado volumen con una pasta roja rugosa cuyo nombre rezaba “Enciclopedia de las bayas”. Me levanté sin mucho sueño para ir a la cama. Con la cabeza sobre la almohada me quedé dormida casi al instante sorprendentemente.

Cuando desperté, la nieve casi se había derretido por el cálido sol. El pokémon tipo dragón no estaba en ningún sitio por el momento. 

Fui inmediatamente al estudio buscando papel y una pluma. En los cajones no abiertos durante mucho tiempo encontré una pluma antigua, una botella de tinta empolvada pero llena y unos papeles que parecían romperse ante el mínimo roce del sueltatinta. Del perchero cercano a mi puerta hecho de cedro rosa—ostentoso como todo en mi casa—agarré mi pequeño fedora. Casi salía cuando recordé que me faltaba algo.

Volví a mi habitación buscando mi collar falsificado, los tipos insectos suelen odiarlo sin ver la belleza de una imitación. Lo ajusté a mi cuello viéndome en el espejo de marco áureo.

Regresé a la puerta, tomé aire antes de salir al exterior. Al pisar la calle, noté algo quemándome para luego descubrir que solo era el calor de un sol que si tan solo saliera más a menudo, me resultaría agradable.

Mientras caminaba entre las callejuelas de la villa, varios pokémon me miraron sorprendidos por verme fuera de casa. Cuando obtenían una respuesta de mí, solo era una mueca de desprecio que siempre conservaría.

Mi objetivo esa mañana era buscar al joven dragón, así anexaría las hojas con su información respectiva al volumen 64. Esperaba tener el papel y tinta suficiente. 

Lo que no esperaba es que yo no tuviera que encontrarlo, él me encontraría de la forma más eficaz. ¿Saben cuando dicen que los verdaderos amigos caen del cielo? Pues eso.

Afortunadamente, el deino lo había intentado tantas veces que en ocasiones ni se esforzaba. La panadería desde donde saltó solo medía pocos pies de altura.

Mínimo podría romperme la espalda pero su delgadez—presumo que intentó suicidarse de inanición—se lo impidió. Bajó de mi cuerpo desinteresado suspirando romanticamente.

—Casi—dijo sin ni siquiera sonreír.

Lograba ver numerosas cicatrices e incluso quemaduras que no se trataba por todo su cuerpo con la esperanza de verlas infectadas.

—¿Quién eres y por qué te aventaste desde ese tejado?—pregunté intentando controlar mis gestos.

—¿Estas enojada?—preguntó.

Fijó su vista en mi pecho.

—¿Ese spinarak esta muerto?

Entonces, como siempre, empecé a arrepentirme de haberle dirigido la palabra en primer lugar. Murmuré que solo era un pedazo de plástico pintado a mano y decidí hacer mi tipo de escape más básico, simplemente caminar a otra dirección mientras ignoraba los llamados del ser respirante que me hubiera hablado.

—Seguramente estás enojada, ¿no quieres matarme?—insistió—. Puedes hacerlo si quieres.

Estuve a punto de darme la vuelta pero seguí caminando, pronto llegaría a casa y por consiguiente no tendría al sol asándome, solo el calor reconfortante de la chimenea. Sin embargo, el pequeño dragón estaba desesperado. 

Paré un segundo frente a mi casa, saqué los utensilios de escribir y garabateé unas palabras casi ilegibles. Le di el papel que por mera fricción del aire se había dividido en dos. Lo sostuvo un momento, ladeó la cabeza, es comprensible que alguien a quien le crece pelo en frente de los ojos le cueste leer algo así.

—¿Qué dice?

En ese momento tenía la mano puesta en la puerta de madera blanca, volteé la mirada, repetí lo mismo de nuevo pero escribiendo con más cuidado. Eso no impidió que el papel se partiera de nuevo.

—¿Perdete?

—Piérdete—dije en voz baja.

—¿Disculpa?

—¡Que te pierdas!—grité dándome la vuelta.

Entonces la puerta se abrió con un sonido delicado, detrás de mí un fantasma que conocía bien aclaró su garganta.

—¿¡Otra vez con tus estupideces, Susi!?—preguntó mi padre furioso.

—Papá…—murmuré—¿Qué quieres?

El shuppet avanzó flotando hacia mí. Limite mis movimientos a agachar la mirada.

El señor Darling miró al deino, este intentó irse. Antes de poder largarse, mi padre usó un “mal de ojo”. Caminó un par de pasos hasta darse cuenta de que no se movía en lo absoluto.

—¡Pídele una disculpa ahora mismo!—me exigió, luego se volvió al pobre pokémon—¿Cómo te llamas?

—Bartimeo—dijo rindiéndose a su parálisis—. Mi especie es conocida como deino, estuve frente a su ventana durante un rato esperando morir, ¿me podría ayudar?

—Fingiré que no escuché eso—dijo mi padre decepcionándolo aunque al parecer que no esperaba otra respuesta—¡Estamos esperando, Susana!

—Lo siento…—murmuré agachando la cabeza.

—¡Dilo más fuerte y levanta la mirada!

Levante la cabeza tanto que se pudieron apreciar mis ojos. Era como si un gracioso manchara los rubís de su tía con hollín.

—Lo siento…—gemí.

—¡Así esta mejor!

El señorito Bartimeo fue liberado de sus ataduras imaginarias, psíquicas, fantasmales, espectrales o algo así. Lo miré partir poco satisfecha, al menos sabía el nombre de la especie pero no era suficiente. 

Cuando intenté seguirle, el efecto del “mal de ojo” se activó.
II
Mi padre me conocía bastante bien, tanto que en esa época mi castigo era denegarme la entrada a su estudio. Mi cuerpo sufría una especie de dependencia al azufre, los únicos libros que podía leer son los que dejé sobre la cama y una edición de Oliver Twist ilustrada especialmente por un roserade amigo de papá, solo para mí. En ese momento en específico, no me apetecía investigar sobre las bayas o hacer mi lectura número treinta de las aventuras del hitmontop.

En cuanto me resigné, el señor Darling apareció ante mi puerta. Se le veía enojado para variar. Nos quedamos un momento en silencio, él sabía que yo sabía porque estaba tan enojado.

—¿¡Tú abriste los cajones!?—preguntó furioso.

«¡Mierda!» pensé sin mostrar mis ojos de frustración pero mi boca se había movido lo suficiente.

—No fui yo...

—¿¡Quien fue!?, ¡un fantasma si te parece!

—Bien…—dije suspirando resignada

—¡Devuelve lo que robaste, rápido!

Me levanté de la cama, después de rebuscar un rato le entregué varios papeles rotos por el viaje pero ni el bote de tinta ni la vieja pluma estaban por ningún lado. Sacudí la mochila frente a mi padre hasta hacer caer varias pelusas pero seguía sin un rastro de esos objetos anticuados.

En ese momento caí en la cuenta de que no recordaba haber metido esas cosas de nuevo. Le mostré una sonrisa nerviosa a mi padre.

—Di al menos que no has abierto el bote de tinta—dijo al borde del colapso

—Pues…

Si mis brazos no fueran tan cortitos, podría haberme tapado los oídos. Desafortunadamente mi evolución llegó un “poquito tarde”

—¿¡Tienes idea de lo que cuestan esas cosas!?—dijo aturdiéndome—, ¡ Todo eso me costó 9000 pokédolares!

—Las plumas deberían ser usadas para soltar tinta, la tinta para manchar y los papeles para escribir—dije un poco indignada.

—Tu bien sabes que los papeles no importan, podemos conseguir otros. Pero la tinta junto con la pluma es de la más fina calidad, ¡eran para regalárselas a un inversor!

El queridísimo señor Darling trabaja en una fábrica de papeles, pero no una cualquiera. En su catálogo existen miles de opciones diferentes para escribir cartas a tu amor platónico que seguramente ni existe. Lienzos tan finos que preferías cortarte el cuello antes que dibujar o escribir sobre ellos.

—Hay muchos inversores que quisieran chupar de las mieles de tu pequeño paraíso capitalista hecho de papel, uno fino que no es dañado por el agua—dije un poco harta.

—¡No uses metáforas estúpidas!—gritó—¿De dónde crees que sale tu comida?

—¿De la granja?—pregunté sonriendo.

—¡No te hagas la chistosa!, ¡no vas a entrar a mi estudio durante todo el año!

Azotó la puerta al salir, me quede sentada pensando en donde podría estar esa dichosa pluma. Caí en la cuenta de que no estuve mucho tiempo fuera por lo que no había muchas opciones. Estiré una mano solo para darme cuenta de que estaba cerrada. Comprendí que lo había echado a perder de verdad.

Antes de echarme a reflexionar sobre mis acciones, abrí el pequeño tragaluz. Me caí de costado pero logre incorporarme sin prácticamente ningún rasguño

Camine unos pasos cuando el suelo comenzó a temblar. Nunca fui temerosa pero ese terremoto pareció de 100 grados en la escala de Arceus. Hasta sentía que mi cuello se iba a romper.

—¡Susana, un terremoto!—gritó mi padre a una habitación vacía, luego salió a la calle, en ese momento el terremoto paró.

En ese instante, un pidgeot—empleado de la familia—aterrizó en el suelo frente mío. Realizó un saludo militar con su ala. A pesar de que intentaba mantenerse sereno se le veía bastante asustado.

—¡Buenos días, señorita Darling!—canturreó nervioso contrastando con su tono general que era serio y grave—¿Está usted bien?

—Sí, gracias—dije al chofer fingiendo sonreír o al menos eso parecía—. De casualidad, ¿vistes a un deino?

—¿Bartimeo?, hoy no lo vi pero un día me dio una bolsa de monedas para pagarme un vuelo. Claramente, insistí en que estaba bajo su exclusivo servicio. ¡Arceus viva en la gloria!, unos momentos después un pokémon colosal me contó sobre las tendencias suicidas de su hijo, hasta intentó matarse de inanición a propósito.

—Interesante.

Solía hacer un esfuerzo para hablar con Richard Hill. A pesar de mis tendencias misántropas, mi propio chofer contratado desde que nací siempre tenía interesantes temas de conversación.

—¿Lo puedes buscar por…mí?—dije sudando como trapo húmedo y con las piernas temblando.

—¿Señorita Darling?

—No pasa nada….., por favor

Richard asintió, él sabía porque me ponía así. En mi caso, el contacto pokémon por demasiado tiempo era como estar viendo una película de terror eterna.

—Nos vemos, señorita.

—¡Ah, estás aquí!—dijo mi padre flotando a la rapidez de la luz—¿Cómo saliste?

Me limité a señalar el tragaluz. 

—Tengo hambre.

En eso, sorpresivamente rápido, Richard volvió con Bartimeo entre las garras, lo dejó en suelo y se puso a lado saludando de nuevo a pesar de que nos habíamos visto hace algunos segundos. El tono de su voz volvió a la normalidad.

—¡Aquí está, señorita!—dijo Richard, a continuación se dirigió al shuppet—Buenos días, señor Darling.

—¿Susi te ordenó encontrar a este pobre joven?—preguntó mientras miraba un poco de sangre en su pata trasera izquierda que se estaba empezando a secar por el frio—¿¡Qué demonios le hiciste Richard!?

—No señor, fui yo—dijo Bartimeo en su estatus quo—ahora que estamos, creo que sé dónde está la pluma.

—¡Entonces ve a por ella!

—Ahora no lo hago—dijo Bartimeo retirándose con lentitud

—Creo que sé en qué usó la pluma. Intentó cortarse las venas con ella, afortunadamente sabe poco o nada de su propia biología y falló—murmure para mí misma.

Papá vuelve con nosotros con los ojos llenos de algo que sería inadecuado describir. Usó “garra umbría” para agarrarnos a los dos.

—¡Vuelve aquí!—dijo el señor Darling cuando Richard alzó el vuelo, a lo cual el ave obedeció—Richard, agarra al joven y mi hija y llévalos a buscar mi pluma, no pienso perder a un inversor.

Un poco a su pesar, el pidgeot nos agarró con sus alas para montarnos sobre su lomo.

—Volaré bajo como siempre, señor—dijo Richard intentado no esbozar la más leve sonrisa.

—Por cierto, a partir de ahora tienes prohibido llevar a mi hija a cualquier parte si no te lo ordeno.

Después de quedarme sin chófer, Richard apenado alzó el vuelo. 
III
Sin ni siquiera hablar, Bartimeo uso su lengua para darnos direcciones de hacia dónde ir. 

No nos alejamos bastante de la villa, el tipo volador nos dejó en la cima de una montaña, me colocó el sombrero en la cabeza y se despidió. En cuanto se fue, Bartimeo empezó a caminar hacia atrás.

—¿Crees que no sé qué estás intentando agarrar vuelo para aventarte?

El dragón renunció a su intento desilusionado.

—¿Dónde demonios están las cosas?—pregunté molesta—, y ya de paso, ¿Cómo demonios te lastimaste?

—Es una larga historia.

Resulta que había aprovechado un descuido mío para robarme solo la pluma pero su avaricia suicida le hizo llevarse el pequeño bote de tinta también.

A continuación, vino a la montaña decidido a morir de una vez por todas.

Primero, se cortó las venas con la pluma. Como imaginarán, tener escamas no facilita mucho la tarea. Sin embargo, el que sigue la consigue y un chorro de sangre empezó a correr por su pata. 

Luego se bebió toda la tinta, aventando la botella lejos.

Para concluir con un broche oxidado, buscó un lugar alto desde donde aventarse. En ese instante ocurrió el terremoto, haciendo que pierda el equilibrio para después caerse por un risco.

Cerró los ojos en su afán de no abrirlos nunca más, su mala suerte llegó cuando un montón de nieve amortiguo su caída, y congeló su herida. El bote de tinta agrietado estaba al lado suyo, un capricho del destino quiso que la parte intacta fuera una etiqueta diciendo “Hecha con productos naturales, no tóxica”

—No encontré la pluma—dijo Bartimeo al concluir—. Aunque siéndote sincero, tampoco lo intenté tanto. Ha de estar por ahí debajo.

Parece que le pidió a Richard que nos dejará en la montaña para hacer otro intento. 

A la señal de un suspiro, bajamos. Yo sentía el frío en mis finas piernas por la nieve que aún quedaba, él, gracias a sus almohadillas seguía intacto. Llegamos a la falda de la montaña en poco tiempo.

La nieve aún se veía teñida por la sangre del deino.La removí buscando la dichosa pluma.

Buscando, una extraña marca me llamó la atención, era una especie de cicatriz profunda en una roca. 

Ninguno de los dos cabía. No obstante, podía observar hacia dentro desde aquí.

El terremoto había abierto una húmeda gruta, el suelo parece estar cubierto por una fina capa de hielo. Lo que me llamo la atención es un cofre metálico; este último estaba recubierto con unos símbolos rojos brillantes en forma de cruz. 

Sentí la piedra deshaciéndose bajo mis manos, aun no sabía qué demonios se escondía en ese cofre. No obstante, la gruta quedaría abierta si ponía un poco de fuerza. 

No fue necesaria tanta, una conveniente puerta por donde cabíamos nosotros dos apareció ante mí tras solo un empujoncito.

Bartimeo abrió un poco los ojos o al menos eso creo. Se puso al lado de mí y avanzamos juntos.

En el interior de la gruta hacia bastante frío que en todos los días de invierno, juró haber oído murmurar a Bartimeo que una temporada en esta cueva le vendrían bien. Rodé los ojos acercándome más al baúl. En cuanto puse mis manos alrededor de él, empezó a sonar una alarma. Una hélice salió de la parte superior del cofre logrando que este saliera volando.

Mientras intentaba comprender que había pasado, Bartimeo ya perseguía el cofre. Intenté seguirle el paso, cuando se dio cuenta del inconveniente, se tomó la molestia de parar un poco.

—Móntate—dijo el dragón haciéndome sonrojar.

Sin embargo le tomé la palabra, cabalgamos siguiendo al baúl oxidado durante un buen rato. Nos encontramos a varios pokémon a los que no hicimos ni caso. 

No era nada fácil seguir a esa condenada cosa, hacía cambios bruscos de dirección y retroceder en zigzag, aparte de perderse en varios tejados hasta agarrar el vuelo de nuevo.

—Algún día se podría cansar—murmuró.

—Lo que me pregunto es cómo demonios sigue funcionando—dije hastiada mientras intentaba no caerme—, se supone que esa cosa lleva enterrada un buen rato

Entonces logre captar como el cofre estaba perdiendo altura, perdiéndose de vista detrás de una cantina. 

Ignorando a que zona de la villa íbamos a llegar, le hice señales a mi pequeño caballo para encontrar el tesoro o cualquier cosa que se encuentre dentro. 

Para nuestra desgracia, un grupo de pokémon desgarbados con cigarros de a saber qué cosa en la boca estaban mirando al objeto misterioso. Supuse que habían dejado de calentarse sus manos en el barril para observar semejante rareza.

Algunos tenían el cerebro tan jodido que bien podrían ver a Arceus frente a ellos y no se inmutarían, otros a pesar de ir por ese camino siguen un poco cuerdos.

Específicamente de izquierda a derecha; el primero era un viejo watchog con los ojos colorados, la segunda era una audino con el vientre inflado abrazada de un raichu, una pareja de lopunnys cuyo género era indeterminado y un scraftty con un voltorb pegado a sus patas.

El watchog balbuceó con la boca llena de saliva hasta que logró sacar una palabra.

—¿Queueueuue eso?

—Sí papi—dijo la audino con una voz apagada—, es un cofre como el de las películas. ¿Puedo drogarme ahora?

Se me ha ocurrido algo, para evitar confundirnos cada vez que haya alguien a quien no le conozca el nombre se lo inventare para que sea más divertido.

—No—dijo Steven el raichu fulminando a Dennis con la mirada—, espera dos meses más.

El lopunny macho llamado José dio un paso en frente, abrió la tapa del cofre y dio un paso hacia atrás. El interior del baúl era cuanto menos curioso.

Estaba repleto de pergaminos, parecía que nunca se iban a acabar. María, la lopunny hembra, sacó rápidamente uno para desplegarlo delante de su marido.

—Oye mi amor—dijo María con los ojos saliéndose de sus orbitas—, es un mapa de la región, tiene muchas cosas curiosas, mapa de tesorooooooo.

—Mapas de tesoro en un tesoro—correspondió el macho convirtiendo el cigarrón en ceniza—. Entonces los demás cofres estarán llenos de otros mapas del tesoro. Tesoro, tesoro, tesoro, tesoro, tesoro, tesoro.

—Sí, tesoro…—dijo Dennis—¿Puedo drogarme ahora?

—¿Son tontos o no se dan cuenta?—dijo de repente el scraffty sobresaltando a los que aún les quedaba sentido de supervivencia—. Esos tesoros podrían sacarnos de este puto agujero.

Los pokémon adictos empezaron a parlotear entre ellos, por mi parte me alejé un poco mientras Bartimeo aprovechó la situación para revisar unos cuantos mapas. Al leerlos, una pequeña sonrisa apareció en su rostro. Me acerque a él sin que ni siquiera me notará.

—Estos lugares se ven peligrosos, Susi.

Enrojecí de la rabia, odiaba que me llamarán así. Solo se lo aguantaba a mi padre porque después de todo su estudio es una maravilla. 

—¿Quieres acompañarme en mi largo viaje hacia la muerte?—ofreció Bartimeo mientras los demás miembros del “escuadrón de la muerte “seguían discutiendo.

—¿¡Por qué debería?

¿Por qué debería? 

Una chispa de motivación llegó a mí y recordé por qué conocí a Bartimeo en primer lugar. Tal vez podría realizar mi propia editorial con información exclusiva. 

Mi meta en la vida es almacenar conocimiento hasta morirme de vieja, eso no iba a suceder si me seguía fiando de editoriales baratas.

—Su atención por favor.

Todos los presentes volteamos a la voz, era el scraffty que había alumbrado a los otros con promesas de tesoros. Su voz parecía haber cambiado pasando a un tono autoritario.

—Muy buenas tardes. Lo que a ustedes les gustaría hacer es realizar equipos exploradores para llenarse de riquezas, explorar lugares bizarros y esas cosas.

—¿Qué son esos lagarees?—preguntó Dennis acariciando su estómago.

—Ustedes lo sabrán en cuanto los pisen. ¿Alguna otra pregunta?

—¿Me puedo drogar ahora?

—¿Alguna PREGUNTA?

Algunos pokémon alzaron sus manos pero yo ya estaba segura de mi decisión. Comandante drogado-kun puso de nuevo el cigarro en su boca volviendo a su actitud normal. El voltorb giró hacia la izquierda.

—¿Entonces qué dices?—preguntó el deino una vez más.

—Está bien—dije suspirando—, iré contigo pero antes necesitamos ir a recoger la pluma y comprar más tinta junto con muchas hojas de papel. Por cierto, no voy a hablarte al menos que sea estrictamente necesario.

—Algún día evolucionarás…—murmuró.

—¿Eh?

—¡Nada!

Ahí empezó una tragicomedia, trágica por ser yo hablando con la gente, comedia por todo lo demás supongo. 

Aun ahora, me preguntó qué habría pasado si el estudio de mi padre no tuviera ventana.
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#2
Hola buenas, miren lo que tenemos aquí, un viejo colectivo que vuelve desde el más allá, en fin que puedo decir... para ser el primer episodio ya te deja claro de que va toda la historia o trama, aventuras locas con un poco de... ¿Como llamarlo? "Violencia o humor tipo Death Pool" algo así veo este Fanfic xD.

Que la verdad está bien para pasar el rato, hace tiempo ya había leído varios episodios pero mi memoria es pésima por lo que gracias a la inauguración de la Pokecueva me viene de maravilla volver a leer todo :D.

En cuanto a lo técnico pues la verdad si me revuelve un poco algunas partes, puede deberse al tiempo que llevo sin leer o también mi nula analogía hacia las palabras o redacción del texto, bueno son detallitos que consideró más personales que del autor o mejor dicho autores jeje.

Vemos que Susi la Ralts no es tan feliz como uno pensaría respecto a su vida, al parecer no le tiene tanto aprecio a su padre en el sentido amoroso pero si intelectualmente hablando, no se si en un futuro nos den más información del porque es así o simplemente es porque es una adolecente en la Pokepubertad que está en un dilema. Y nuestro dragón suicida se me hace un personaje un poco molesto con eso de querer morir sin razón aparente, debo decirlo, espero que tenga buenas razones o si es parte de la novela cómica humorística pues simplemente espero no se hay más molesto. Aunque bueno le tengo fe por que se le ve que es listo.

Fue buen inicio, dieron a conocer a los personajes principales y al instante se capta la idea del Fanfic por ese lado les quedó muy bien, esperaré el siguiente episodio para ver que es lo que pasa con los millones de mapas y los Pokemon drogados. Salu2!!!
Entrenador Pokemon en busca de la Perfección y diversión.
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#3
Un fulano tratando de matarse y una chica sin mucho interes en su existencia se enbarcan en la aventura para encontrar un cofre viejo y hojas de papel antes de que los progenitores de ambos los maten. Vaya premisa xD
Master Weasel. Es esa sombra extraña que te sigue en la cueva 
Responder
#4
Muchas gracias a los dos por sus comentarios.

En efecto, ya nos habían comentado de algunos fallos de coherencia y ortografía, eso ayuda que los capítulos consiguientes sean más decentes. Si bien nuestra idea era hacer humor un poco más "decente", al final nos salió lo que nos salió, un fanfic un poco memeable en mis propias palabras. 

Y si, le empiezo a agarrar el gusto a esto de escribir resúmenes, siempre me obligan a analizar bien la historia y decirle lo que quiero presentar con ella. Esta claro que debo mejorar en eso XD.

Saludos.
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#5
Hace tiempo que debía leer este fanfic.

La verdad... Hay algunas cosas que no me gustan. Hablando desde una opinión completamente personal, no soy muy fan de los chistes de drogas y suicidios, así que por ese lado no me acaba de convencer, menos cuando la historia apunta a que van a viajar con el grupo de drogadictos o que al menos son personajes recurrentes... no me compra.

Aunque Sus es divertida. Ese aire de niña caprichosa y medio rebelde hace un buen contrapunto contra las personalidades exageradas de todo. Ya de inmediato se vuelve mi pj favorito. Barti no me cae. Es un chiste repetido mil veces y como ese chiste no me hizo gracia la primera pos no me cae bien. Aunque las reacciones que Sus tiene con él lo valen.

Además de eso, aunque una que otra cosa me hizo ruido, en general es amena fácil de leer. Tipo, muy ligero.

¡Nos leemos!
[Imagen: JCEDJoJ.png]
Responder
#6
Eh, este mundo me parece bastante bizarro, que con la idea de que los pokémon se registran entre sí, el que existan obras de literatura clásicas que seguramente también está protagonizadas por las criaturas o que se puedan drogar.

Puedo ver la parte ofensiva, pero más me parece que extraño que hiriente.
Responder
#7
Gracias por sus comentarios.

Me apena que los chistes de drogas no sean de tus favoritos, los drogadictos aunque son personajes que aparecen de vez en cuando, a la larga tampoco son tan importantes para la trama. En cuanto a Bartimeo, ya me temía que su gag pudiera hartar un poco, por eso pensamos en hacerlo evolucionar (emocionalmente, no como pokémon, aunque también) en los capítulos siguientes.

Y sí, en mis fics del mundo misterioso suelen ser mundos donde los humanos nunca existieron, siendo reemplazados por los pokémon. Es por eso que es normal que personajes históricos, autores e incluso de personajes ficticios, tengan su contraparte pokémon en este universo. 

Saludos a los dos.
Responder
#8
Lo primero, gracias a todos por los comentarios. La cosa es que pensábamos hacer un humor inglés pero se nos acabó yendo de las manos y el resultado es esta historia sin patas ni cabeza que hay que leer con una cerveza bien fría (si no, no entra).

Desgraciadamente, aquí vengo a decepcionar porque este capítulo es lo mismo que el anterior pero desde la perspectiva de Barti. No es culpa nuestra porque la actividad de la que salió esta cosa así lo requería (más o menos). Aun así, espero lo disfrutéis. No todos los días veréis algo mío con más de 3.000 palabras (?)
 

Prólogo (segunda parte)​

-I-​

 
Les daré un consejo. Si no aprecian su vida, nunca, jamás, se la intenten quitar. Es mucho más rápido morir aferrándose a ella que intentando suicidarse una y otra vez como si fueran un Bagon tratando de volar. Lo digo por experiencia.

Aunque a veces, intentar quitarse la vida trae consigo cosas buenas e incluso aventuras. Lo que yo viví fue el mejor ejemplo de ello. Aunque aún no les he dicho mi nombre. Me llamo Bartimeo, y soy un Hydreigon.

Aunque de cómo llegué a serlo hablaré mucho más tarde. La historia comenzó siendo aún un pequeño Deino. ¿Conocen esas historias típicas donde una familia parece agradable pero esconde secretos turbios? Mi padre era de esos. De puertas para fuera se ganaba la vida de forma honrada, regentando un pequeño servicio de mensajería. A fin de cuentas, no hay nada más rápido y seguro a la hora de entregar todo tipo de objetos que un dragón con seis alas. De puertas para dentro, se dedicaba a hacerle el trabajo sucio a una banda de narcotraficantes. “Eliminar” a la competencia, ya me entienden.

Nunca me gustó eso de matar a la gente porque sí y que además te paguen por ello. Sobre todo porque mi padre se jactaba de ello e incluso solía dejar las cabezas de sus víctimas en el salón de casa durante mucho tiempo. La gota que colmó el vaso fue enterarme de que yo algún día tendría que heredar el “negocio”. Desde entonces mi ánimo se hundió hasta que decidí que la mejor forma de evitar ese destino era quitarme de en medio. Matarme y ser enterrado.

Lo primero que intenté fue morir quemado en la chimenea. Por desgracia, mi padre me detuvo antes de que las quemaduras pasaran del primer grado. Los objetos punzantes tampoco sirvieron de mucho y al final acabaron escondidos por casa. Después, decidí ir a por algo más pausado. Sería el hambre el que me mataría. Era además algo muy sutil: comería como normalmente, pero luego lo vomitaría. Y casi lo consigo, hasta que, de nuevo, mi padre me pilló. Siendo sinceros, el sabor de la mezcla entre carne regurgitada y vomitada es de lo mejor que he probado en mi vida, pero no es muy recomendable si se pretende ser un gourmet.

Ya que la suerte no me sonreía, opté por algo más espectacular: imitar a los Bagon. Afortunadamente mi cabeza no era tan dura y podría morir. Decidí contratar a un Pidgeot que hacía de piloto para los ricos, aprovechando que mi padre no estaría durante unos días. Unas cuantas monedas y todo habría terminado. Pero la vida es caprichosa.

Conté dos segundos de caída hasta que me topé con un cuerpo de sobra conocido. La cabeza derecha de mi padre. Otra vez había fracasado estrepitosamente en mi empeño. Aprovechó para pedirle “amablemente” al Pidgeot que le devolviera el dinero.

Los siguientes meses lo intenté todo pero no fue posible. Terminó llegando el invierno y con él las nieves. Mi padre había salido de nuevo y tendría otra oportunidad para acabar con mi vida. Salí fuera de casa y me quedé inmóvil a merced de la nieve con la esperanza de que mi sangre fría pudiera dejar de fluir, causándome una muerte por hipotermia. Lo único que conseguí fue ser el blanco de todos los Pokémon traviesos que pudieran existir en Villa Vaoris. Y unos cuantos sombreros y bufandas que me daban demasiado calor como para morirme. Así pasé los dos siguientes días.

Al tercer día hizo un sol de justicia que derritió por completo la nieve caída. Seguía vivo y estaba desesperado por ello. Me subí entonces al tejado de la panadería más cercana y salté. Pero no caí sobre el suelo sino sobre lo que parecía una espalda. Traté de palpar a quién pertenecía. Una Ralts. Ya podía haber caído sobre el cuerno y que éste me hubiera atravesado, pero no.

— Casi —dije con algo de rencor oculto y sin sonreír. Lo que no esperaba era obtener una pregunta.
— ¿Quién eres y por qué te aventaste desde ese tejado?
— ¿Estás enojada? —a fin de cuentas los Ralts son de tipo Hada. Un rasguño procedente de un ataque de ese tipo y estaría en la tumba. Podría ayudarme. La idea tomó fuerza cuando vi un colgante de lo que parecía un Spinarak muerto—. ¿Ese Spinarak está muerto?

No fue buena idea. En cuanto pregunté eso, murmuró algo que no llegué a entender del todo pero que me hizo interpretar que no era un Spinarak real, para luego irse. No desistí y comencé a seguirla.

— Seguramente estás enojada, ¿no quieres matarme? —quise ser todo lo insistente que pudiera para que me matara por pesado—. Puedes hacerlo si quieres

Pero no respondió y siguió andando. Y yo tras ella. Me negaba a desaprovechar esa oportunidad. Al final terminó por darme un papel con algo escrito que era incapaz de leer.

— ¿Qué pone? —se dio la vuelta y me dio otro papel. La letra parecía más clara, pero tener pelo justo delante de los ojos dificultaba bastante la lectura—. ¿Pérdete?
— Piérdete —lo dijo en una voz tan baja que en aquel momento no lo entendí bien.
— ¿Disculpa?
— ¡Que te pierdas! —esta vez sí parecía realmente enfadada.

No me había dado cuenta hasta ese momento que estaba justo delante de una casa cuya puerta se abrió. Lo que se oyó desde el interior fue la voz de lo que parecía un padre furioso:

— ¿¡Otra vez con tus estupideces, Susi!? —¿así se llamaba la Ralts?
— Papá… —pude oírla murmurar—. ¿Qué quieres?

En aquel momento comprendí que una discusión doméstica que no me concernía no era el lugar apropiado para intentar suicidarse. Hice ademán de marcharme, pero algo fallaba. Comprobé que la sensación de andar y a la vez seguir quieto en el mismo lugar era extraña.

— ¡Pídele una disculpa ahora mismo! —parecía que cierta Ralts estaba en problemas. Pero luego se dirigió hacia mí—. ¿Cómo te llamas?
— Bartimeo —respondí. No tenía más opción, pero quizás aquel Shuppet podía matarme y decidí intentarlo—. Mi especie es conocida como Deino; estuve frente a su ventana durante un rato esperando morir, ¿me podría ayudar?
— Fingiré que no escuché eso —mentiría si dijera que la respuesta era inesperada, pero aun así me sentí decepcionado—. ¡Estamos esperando, Susana!
— Lo siento… —prácticamente no oí eso.
— ¡Dilo más fuerte y levanta la mirada!

La voz autoritaria del Shuppet causó que Susi levantara su cabeza lo suficiente para que sus ojos se vieran. Eran de un rubí que me habría parecido hermoso si no hubiera estado ardiendo en deseos de morirme.

— Lo siento… —esta vez fue un gemido mucho más fuerte.
— ¡Así esta mejor!

En aquel momento me vi liberado y me fui del lugar sin entender del todo a qué había venido la escena.

Aunque no me había ido de vacío. Todo el tiempo tuve a la vista la pluma y la tinta que Susi había usado en esos papeles que me invitaban a alejarme de ella. Me permitirían abrirme una herida e intoxicarme hasta morir. Así que, usando por una vez las técnicas “poco legales” de mi padre, me las agencié durante un descuido.

 
-II-​
— ¿Qué llevas, hijo?

Había decidido ir a casa antes de acometer el plan para matarme, de manera que pudiera intentar estudiar dónde sería más probable una hemorragia letal. No contaba con que mi padre había llegado antes.

En realidad, la pregunta era poco más que una formalidad, porque la cabeza derecha se encargaría de arrebatarme ambos objetos robados. Timeo, que así se llamaba, era un Pokémon violento, y en condiciones normales la regañina se habría escuchado desde al menos tres casas más allá. Pero la reacción fue la contraria:

— ¿Has robado esto? —lo dijo visiblemente sorprendido.
— Sí —respondí cabizbajo.
— ¡Es maravilloso! ¿Sabes cuánto debió de costarle esto a tu víctima? ¡Miles de pokédolares!

Lo siguiente fue un discurso de demasiados minutos que básicamente consistía en la primera vez que le oí hablar bien de alguien que no fuera él tras matar a otro Pokémon. Quizás debí haberme sentido bien, pero sabía que ese robo no era correcto, así que lo único que consiguió mi padre fue darme aún más ganas de seguir adelante con el plan de suicidio.

Al menos aquello se detuvo cuando sonó la puerta.

— Es un cliente.

El protocolo cuando alguien llamaba a la puerta si estaba en casa siempre era el mismo: mi padre avisaba, yo me iba a mi habitación y procedía a ignorar lo que estuvieran negociando. A veces se escuchaba algún ataque y tocaba reparar la puerta, por lo que siempre había que tener algún madero y clavos preparados por si eso ocurría.

Esa vez no fue diferente. En cuanto mi padre dijo aquella frase, me fui a mi habitación, aunque esta vez llevaba la pluma y la tinta. Salí de casa por la ventana y me dirigí a las montañas, que en ese momento estaban nevadas. Una vez allí en el frío, cogí la pluma y traté de rasgarme en una pata, sin tener en cuenta que mi piel era de duras escamas. No obstante, unos largos minutos después ya tenía un corte importante por el que brotaba sangre. Seguidamente me bebí la botella de tinta y la tiré lejos. Por alguna razón que después descubriría, el sabor era similar a una baya Oram que no terminaba de pudrirse. Asqueroso, pero al mismo tiempo era algo que uno querría repetir. Por último, me subí al sitio más alto que encontré en el lugar.

Por desgracia, el destino estaba empeñado en dejarme vivo. Alguien que viva en un lugar sísmico sabe perfectamente que en el momento en que menos lo esperas la Tierra puede decidir temblar. Eso mismo fue lo que pasó en aquel momento. El problema es que las montañas de los alrededores de Villa Vaoris no son un lugar sísmico. Y que el temblor fue tan fuerte que dejaba las pisadas de un Tyranitar furioso en una hoja que caía de un árbol en otoño. Perdí el equilibrio y caí por el precipicio. Cerré los ojos con intención de no abrirlos más, pero se encontraron en poco tiempo con un montón de nieve que congeló mi herida. Con un poco de suerte lo siguiente en congelarse sería el resto de mi cuerpo. Pude intuir una etiqueta que rezaba “Hecha con productos naturales, no tóxica” y que quizás explicaba el sabor de la tinta.

Pero no estuve mucho tiempo tirado en la nieve: noté unas garras cogiéndome y llevándome lejos del lugar. Cuando miré hacia arriba para ver qué era, me encontré con un Pidgeot que me resultaba familiar. Era el que había contratado tiempo atrás para mi sesión de paracaidismo sin paracaídas planeado. Sabía que no estaba en condiciones de pedirle que me arrojara al suelo desde la altitud en la que estaba, así que decidí no intentarlo. No solo eso, sino que tuve que confesarle el robo de la pluma después de una excesiva insistencia por su parte.

Al rato estaba de nuevo en casa de Susi. El Pidgeot me dejó en el suelo desde una altura demasiado baja como para que pudiera hacerme nada, hizo un saludo militar y habló:

— ¡Aquí está, señorita! —así que era cosa de ella. Mentiría si dijera que en aquel momento no sentí frustración—. Buenos días, señor Darling.
— ¿Susi te ordenó encontrar a este pobre joven? —el Shuppet me estaba examinando y se topó con mi herida reciente—. ¿¡Qué demonios le hiciste, Richard!?
— No señor, fui yo —repliqué. Al fin y al cabo me había tratado de ayudar a suicidarme, previo pago—. Ahora que estamos, creo que sé dónde está la pluma.
— ¡Entonces ve a por ella!
— Ahora no lo hago —dije retirándome del lugar lentamente. Con un poco de suerte lo enfurecería como para matarme.

La furia ocurrió, sin duda. Lo de matarme fue otra historia. En lugar de eso, nos agarró a Susi y a mí con una Garra Umbría que prácticamente no habría notado de no haber sido por la herida

— ¡Vuelve aquí! —se dirigió al Pidgeot—. Richard, agarra al joven y mi hija y llévalos a buscar mi pluma, no pienso perder a un inversor.

Richard acató la orden y nos subió a ambos a su lomo

— Volaré bajo como siempre, señor —el tono con que dijo esto era muy serio e intentaba no sonreír ni nada que se le pareciera.
— Por cierto, a partir de ahora tienes prohibido llevar a mi hija a cualquier parte si no te lo ordeno.

Y con esa sentencia emprendimos el vuelo…
-III-
Fui usando mi lengua para guiar a Richard hasta el lugar donde intenté matarme. Una vez allí, el Pidgeot se fue y comencé a caminar hacia atrás en un intento por retomar el trabajo por donde lo dejé.

— ¿Crees que no sé qué estás intentando agarrar vuelo para aventarte?

Y así fue como el enésimo intento de suicidio fracasó.

— ¿Dónde demonios están las cosas? —Susi estaba bastante molesta—, y ya de paso, ¿cómo demonios te lastimaste?
— Es una larga historia.

Y le conté todo lo ocurrido.

— No encontré la pluma —concluí—. Aunque siéndote sincero, tampoco lo intenté tanto —por no decir que ni siquiera me había molestado—. Ha de estar por ahí debajo.

Hice una señal a Richard, que aún estaba en el cielo, para que nos dejara más abajo y volver a intentarlo. El viaje fue corto hasta que nos volvió a soltar. En otras condiciones habría sido un momento perfecto para estar allí todo el tiempo posible y así morir, pero con las almohadillas sobre mis heridas fue imposible. La nieve todavía estaba teñida del rojo de mi sangre. No puse demasiado interés en la búsqueda, pero mientras Susi removía la nieve notamos algo extraño enterrado.

Una abertura en una roca, quizás causada por el temblor. Demasiado pequeña para que cupiéramos, pero podía intuirse la presencia de algo dentro. ¿Un cofre quizás? En cualquier caso, la piedra fue deshaciéndose conforme Susi iba tocando hasta que quedó finalmente abierta por una puerta que halló en el lugar.

Abrí los ojos todo lo que pude para intentar ver con detalle aquello. Efectivamente, se trataba de un cofre metálico con símbolos rojos brillantes dispuestos en forma de cruz. El suelo estaba recubierto de hielo y hacía frío. Mucho. Tanto que insinué para mí lo bien que habría estado una temporada allí dentro.

En cuanto Susi tocó el cofre, sonó una alarma y una hélice apareció en él, haciéndolo volar. Comencé a perseguirlo, pero en ese momento me di cuenta de que la Ralts no podría seguirme, me detuve y le ofrecí montarse sobre mi espalda. Se sonrojó y accedió, en lo que en otro contexto habría sido una escena de lo más romántica.

Era desesperante perseguir a aquella cosa, tanto en la montaña como ya en Villa Vaoris, pues no hacía más que colarse en los recovecos que podía, cambiando de dirección más que un Zigzagoon nervioso y perdiéndose cuando quería entre los tejados.

— Algún día se podría cansar —comenté en un murmullo.
— Lo que me pregunto es cómo demonios sigue funcionando —replicó Susi visiblemente cansada de la persecución—, se supone que esa cosa lleva enterrada un buen rato.

Pero entonces el cofre comenzó a perder altura. El problema era la zona donde habíamos acabado, que probablemente no era la más apropiada para los niños que éramos en realidad. Susi me hizo señas para que abriera el cofre para ver qué diantres contenía. Pero rodeado por Pokémon que… digamos que eran clientes de los clientes de mi padre. Los cuales miraban aquello que les había caído con curiosidad.

Aquellos pordioseros estaban en distinto estado, desde alguno quizás más cuerdo hasta otros que solo podían ser útiles para la sociedad en algún momento si lo que quiera que se hubieran metido los terminaba de matar. Eran un Watchog cuyo amarillo de los ojos solo quedaba en el recuerdo, una Audino con evidentes problemas en el vientre —¿o quizás pudiera estar embarazada? Nunca lo sabré— que se hallaba abrazada de un Raichu; dos Lopunny de los que no quedaba claro su sexo y un Scrafty con un Voltorb en sus patas.

— ¿Queueueuue eso? —logró decir el Watchog con un exceso de saliva en su boca
— Sí papi —la voz de la Audino al responder —, es un cofre como el de las películas. ¿Puedo drogarme ahora?

¿Saben qué? Tomaré prestados los nombres que inventó mi compañera para mayor diversión.

— No —dijo Steven el Raichu fulminando a Dennis con la mirada—, espera dos meses más.

Definitivamente la Audino debía estar embarazada. El Lopunny macho, de nombre ficticio José, abrió el cofre y retrocedió. En él había pergaminos. Muchos. Quizás incluso demasiados. María, nombre ficticio para la Lopunny hembra, sacó uno y lo abrió delante de su marido.

—Oye mi amor —los ojos de María estaban incrédulos dentro de su lamentable estado—, es un mapa de la región, tiene muchas cosas curiosas, mapa de tesorooooooo.

Interpreté que la droga le hizo alargar esa última palabra

—Mapas de tesoro en un tesoro —el macho se acababa de terminar lo que quiera que se estuviera fumando—. Entonces los demás cofres estarán llenos de otros mapas del tesoro. Tesoro, tesoro, tesoro, tesoro, tesoro, tesoro.
—Sí, tesoro… —dijo Dennis—. ¿Puedo drogarme ahora?
—¿Son tontos o no se dan cuenta? —el Scrafty sobresaltó a algunos que aún estaban lo suficientemente cuerdos—. Esos tesoros podrían sacarnos de este puto agujero.

Y mientras los Pokémon drogados comenzaron a parlotear, aproveché para revisar algunos de aquellos mapas. Sonreí levemente por primera vez en bastante tiempo.

— Estos lugares se ven peligrosos, Susi. —aunque no me había dado cuenta de que se había puesto a mi lado, sabía que estaba allí—. ¿Quieres acompañarme en mi largo viaje hacia la muerte?

Reconozco que aquello fue realmente atrevido, y la respuesta inicial así me lo hizo saber:

— ¿¡Por qué debería!?

Pero entonces una voz se alzó sobre el resto. La del Scrafty:

— Su atención por favor —nos giramos hacia él—. Muy buenas tardes. Lo que a ustedes les gustaría hacer es realizar equipos exploradores para llenarse de riquezas, explorar lugares bizarros y esas cosas.
—¿Qué son esos lagarees? —preguntó Dennis acariciando su estómago.
—Ustedes lo sabrán en cuanto los pisen. ¿Alguna otra pregunta?
—¿Me puedo drogar ahora?
—¿Alguna PREGUNTA? —probablemente puso énfasis en la última palabra para evitar cuestiones relacionadas en exceso con la droga.

El Scrafty volvió a lo que estaba haciendo antes de llegar el cofre al lugar y volví a insistir:

— ¿Entonces qué dices?
— Está bien —respondió con un suspiro—, iré contigo pero antes necesitamos ir a recoger la pluma y comprar más tinta junto con muchas hojas de papel. Por cierto, no voy a hablarte al menos que sea estrictamente necesario.
— Algún día evolucionarás… —murmuré dejando escapar sin quererlo al Bartimeo que estaba detrás de las ganas inmensas de suicidarse.
— ¿Eh?
— ¡Nada!

La aventura que empezó a partir de ahí fue larga y extraña. Pero de eso hablaré más tarde…
Hic sunt dracones

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#9
Eso explica por que Deino decidia suicidarse a cada rato, y ahora anda en un viaje de mierda como si el destino le estuvoera sacando el dedo medio
Master Weasel. Es esa sombra extraña que te sigue en la cueva 
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#10
Drogas, benditas drogas.
Es raro porque cuando ideé lo de los MM como colectivos en mi cabecita imaginaba cosas lindas, de animalitos mágicos que hacian amigos y tenian aventuritas bien dignas de un show de discovery kids... then... esto...

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Pero pues como toda historia de este tipo es apaga el cerebro y disfruta algo que bien pudo estar es script y OwO a montón. Algunos chistes funcionan mejor que otros y yo también coincido en que Susie hasta este punto de la historia está algo mejor manejada aunque para más adelante de donde me quedé igual cambia el asunto.
[Imagen: UTen4qq.png]
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#11
(08 Jun 2019
07:47 AM)
Fafnir escribió:
Les daré un consejo. Si no aprecian su vida, nunca, jamás, se la intenten quitar. Es mucho más rápido morir aferrándose a ella que intentando suicidarse una y otra vez como si fueran un Bagon tratando de volar. Lo digo por experiencia.
Actually esta parte sí me hizo gracia XD.

La cosa mejora. Es la misma historia pero algo más divertida desde la perspectiva de Barti, en parte porque su papá me cae mejor que el de Susi, en parte porque sus intentos de suicidio causan algo más de gracia cuando se ve el esfuerzo que pone en ellos y no son simplemente líneas. Entre los dos puntos de vista me gusta más el de Barti, aunque Susi sigue carreando la historia, y creo que me gusta más precisamente porque el primero da el contexto suficiente. De todos modos, y por eso mismo, si van a seguir así con los intercambios entre perspectivas es un 10/10.
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#12
Benditas drogas y pensamientos suicidas, pobrecito de Deino, sólo quiere safarse de la responsabilidad de ser un asesino como su padre, si se lo dice que pasará? Su padre lo matara? arreeeee.

Como ustedes dijeron, esto es el mismo capítulo 1 pero desde otra perspectiva, un poquito pasadio de leer pero bueno así era la actividad para gane 300 pokedolares.

Genial, ahora empieza la gran aventura loca llena de drogas y muchas droga

Salu2!!!
Entrenador Pokemon en busca de la Perfección y diversión.
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#13
Vaya cosa, ser hijo de un sicario. Uno no querría una vida así, pero el suicidio es una escapatoria poco ortodoxa.

Y no me fijé en esto antes, pero, dos Lopunny llamados José y María. ¿No será que tengan un hijo llamado Jesús?
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#14
 
Bueno, lo primero gracias a todos por los comentarios. Me alegro de que les haya gustado (o dejado de no gustar). En efecto, cada capítulo lo estamos dividiendo en dos, una parte cada uno, y cada uno narra desde una perspectiva distinta (yo desde la perspectiva de Barti; Doc desde la de Susi). Lo que sí, nos vamos intercambiando las partes así que como podéis comprobar esta vez también me toca a mí (y luego los dos siguientes corren a cargo de Doc). Y como dice la peluche, este fic es para leerlo con el cerebro apagado. Pero a ser posible incluyan también algo de alcohol. Y eso que aún no llegamos a la parte en la que escribimos medio drogados (?)

Eeeeen fin. Cojan una cerveza bien fría (si no, este fic no entra) que arrancamos de verdad esta aventura loca con drogas y chistes malos


Capítulo 1
Parte 1

-I-
— ¿Qué llevas, hijo?

Había entrado en casa con algunos de los pergaminos que había en el cofre, y como era de esperar, la cabeza derecha de mi padre se había encargado de quitármelos rápidamente después de preguntar. Timeo los examinó, pero por su pregunta parecía que no había entendido gran cosa:

— ¿Qué es esto?
— Mapas. Estaban escondidos en un cofre.

Mi padre los volvió a examinar más detenidamente y se dio cuenta de que, efectivamente, eran lo que estaba diciendo. Y no solo eso:

— ¿Sabes la cantidad de tesoros que puede haber aquí? —sus ojos brillaban de una forma que nunca había visto hasta entonces. Pero entonces volvió a la realidad—. Sin embargo, no dejan de ser sitios demasiado peligrosos. Habrá que seguir con el negocio…

Suspiró. Era una oportunidad de ganar dinero más fácil que ser un asesino a sueldo. Al verlo así, me envalentoné y dije:

— Voy a traer esos tesoros.
— No vas a ir a ningún sitio —espetó mi padre de repente—. ¿Crees que no sé que buscas matarte?
— Pero no voy solo…
— Nada de pe… ¿qué?

Alguien que no conozca la biología de un Hydreigon podía pensar en aquel momento que lo estaba consultando con sus cabezas secundarias. En realidad, solía mirar hacia ellas constantemente cuando pensaba; primero a la izquierda, luego a la derecha, después otra vez a la izquierda, y así hasta que lograba concluir algo. Decidí terminar de convencerle:

— Sería un buen entrenamiento para cuando te retires —probablemente aquello era la mayor mentira que había soltado en toda mi vida.

Entonces, lo inesperado:

— Quieres ir con algún otro Pokémon de tu edad, ¿cierto?
— Sí.
— ¿Le dejarán?
— No creo.
— Déjame arreglar eso.

Mi padre sonrió. Yo también lo hice para mis adentros. Había conseguido salir en aquella peligrosa aventura, y quería una muerte lo más violenta posible en cuanto pisara alguno de aquellos lugares.

Así que guié a mi padre a la casa de Susi. Conforme nos íbamos acercando al lugar se iba escuchando cada vez más una voz furiosa que me era conocida. Parecía la enésima regañina del señor Darling a su hija. Timeo llamó a la puerta con su cabeza izquierda, lo que hacía indicar que no quería recurrir a la violencia.

¿Alguna vez han visto a un fantasma asustado? Puede resultar una escena paradójica para cualquiera, pero fue eso lo que ocurrió. Cuando el señor Darling abrió la puerta, se encontró con la cabeza izquierda de mi padre y eso fue suficiente para aturdirle. Me pareció intuir una levísima sonrisa en el rostro de Susi, que se encontraba detrás.

— Buenas tardes, señor —la voz de Timeo sonó serena, mucho menos amenazante que su aspecto, pero lo cierto era que estaba dispuesto a causar más de una muerte—. ¿Podríamos hablar un momento?
— P-por supuesto —era un cambio bastante drástico: de la regañina había pasado al pánico.
— Niños, ¿podéis quedaros fuera?
— Susi no va a… —la cabeza izquierda calló al señor Darling en cuanto se le ocurrió intentar oponérsele—. Hacedle caso, los dos.

Susi salió lentamente de la casa y quedamos ambos fuera cuando mi padre cerró la puerta. Los siguientes minutos fueron muy tensos. La conversación se pudo escuchar perfectamente desde donde estábamos debido al altísimo volumen en que se estaba desarrollando, pero probablemente no debería reproducirla. En resumidas cuentas, consistió en amenazas por parte de Timeo e intentos del señor Darling por defenderse, tanto a él como a su postura. El Hydreigon sentenció poco antes de que se volviera a abrir la puerta:

— Puede usted estar seguro de que su hija volverá de una pieza. No permitiré que le ocurra nada.

Mi padre salió con tres sonrisas. Nos miró a ambos y dijo:

— Asunto resuelto. Coged lo que necesitéis y tened cuidado.

 
-II-
Puesto que era yo quien tenía los mapas, mi casa se convirtió en una suerte de base de operaciones improvisada. Mi padre había salido, así que pudimos discutir con total tranquilidad, sin que pudieran llegar “clientes” a interrumpirnos. Estábamos frente a un escritorio de madera, demasiado pequeño para la cantidad de papeles que habíamos colocado y que nos obligó a dejar algunos en el suelo. Colgada justo encima de nosotros se encontraba la cabeza disecada de un Haxorus, una víctima de la que se enorgullecía mi padre. Del taxidermista responsable solo supe que poco después lo detuvieron y lleva en la cárcel desde entonces.

Lo que nos sobraba de ganas de irnos de aventuras en aquel momento nos faltaba de decisión. Estuvimos un rato excesivamente largo revisando todos aquellos mapas, en un silencio absoluto que ninguno quería romper. Hasta que al final acabé explotando:

— ¡¿Es que no hay un buen sitio para morir?!

Susi se llevó uno de sus pequeños brazos a la cara en clara muestra de exasperación. Probablemente me lo habría recriminado verbalmente o por escrito de no ser porque justo en aquel momento llamaron a la puerta.

— Qué raro —me encogí—. Nunca suelen llamar si no está mi padre.

Quizás no debería haber abierto la puerta, porque en cuestión de segundos la puerta quedó cerrada y me hallé atrapado en algún tipo de llave. Alcé la vista como pude y me encontré un rostro conocido. El Scrafty drogado del día anterior. Aunque en ese momento parecía de todo menos drogado.

— Así que tú fuiste quien se llevó medio cofre.

No había oído una voz tan furiosa desde la de mi padre cuando intenté matarme por primera vez. Susi intentó hacer algo con sus poderes psíquicos para salvarme, pero siendo el Scrafty un Pokémon de tipo Siniestro el efecto fue… bueno, ninguno. Noté al drogadicto moverse y hacerle al mismo tiempo una segunda llave a Ralts.

— Así que la cenicienta se piensa que va a poder hacer algo —soltó unas carcajadas—. Me voy a llevar esos mapas. Los equipos exploradores los necesitarán más que un par de niños.
— Nosotros también somos un equipo explorador —replicó Susi.

El Scrafty volvió a reírse. Desde luego, no parecía el mismo Pokémon que cuando iba hasta arriba de lo que quiera que se estuviera metiendo.

Pero entonces, ocurrió. ¿Conocéis esas escenas en las que de repente ocurre algo inesperado, proveniente de ningún sitio y que salva la situación en el momento justo? Mi padre protagonizó una de aquellas en aquel momento.

— ¡¿Qué estás haciendo con mi hijo?! —rugió en cuanto abrió la puerta y se encontró con el Scrafty haciéndonos dos llaves.

El sobresalto nos permitió a Susi y a mí escapar del Pokémon luchador mientras Timeo preparaba un ataque. Tenía adelantada la cabeza derecha, lo que significaba que estaba dispuesto a que la sangre corriera si fuera necesario.

— Ey, calma —replicó el Scrafty—. Venía a recuperar…

No llegó a terminar la frase porque probablemente vio el ataque de mi padre completamente cargado para lanzarlo.

— Niños, salid fuera. Podríais salir mal parados.

No era precisamente un momento adecuado para desobedecer a Timeo, así que salimos de casa. Se oyó una explosión y después se sucedieron insultos que es mejor no reproducir, seguido de lo que parecía algún tipo de negociación. Mi padre abrió entonces la puerta y dijo:

— Podéis entrar ya.

Eso hicimos y nos encontramos el interior medio destrozado, los mapas desperdigados por el suelo y al Scrafty atrapado entre los colmillos del Haxorus disecado, con un poco de sangre brotándole en las piernas.

— Hagamos un trato —mi padre le estaba hablando al Pokémon luchador—. Tú quieres los mapas, yo no puedo guardarlos y ellos los necesitan. Vas a llevártelos y los niños podrán consultarlos cuando quieran. Si se te ocurre ponerles una de tus sucias manos encima, te corto la cabeza y la expongo con el Haxorus.
— V-vale, pero sácame de aquí —creo que aquel era el tercer Scrafty distinto que conocimos, y ni siquiera necesitaron más que un cuerpo.
— Susana, ¿podrías colocar al Haxorus en su sitio?
— ¿Y por qué no lo…?
— Será mejor que le hagas caso —le interrumpí.

Susi hizo uso de sus poderes psíquicos para devolver la cabeza a donde se encontraba colgada mientras mi padre mantenía al Scrafty en el suelo con la cabeza izquierda apuntándole.

— Ahora vas a coger todos esos mapas, nos vas a decir tu nombre y te los vas a llevar.
— ¡Pero aún no sabemos dónde ir! —protestó Susi.

El Scrafty comenzó a recoger todos los mapas y dejó únicamente uno en el suelo.

— Quedaos con ese —dijo— y devolvedlo cuando no lo necesitéis. Me llamo Fidel.

Y se fue. Susi cogió el mapa que quedaba, lo analizó y concluyó:

— Supongo que tenemos nuestra primera exploración.

Esbocé una ligera sonrisa e hicimos ademán de irnos, pero mi padre nos detuvo.

— Espera, Bartimeo —se me acercó y prosiguió en voz baja—. Creo que ese Pokémon es cliente de mis clientes. No quiero que vayáis solos por esa zona, así que avisadme cuando queráis ir a por otro mapa.

Asentí débilmente y partimos a la aventura…


-III-
El lugar era una extensa y verde llanura donde el viento a veces llegaba a resultar molesto. Probablemente habríamos sido lo más alto de toda aquella pradera de no ser por un árbol solitario que podía verse a lo lejos. A veces se escuchaba el graznido de un Pokémon pájaro, cuyo sonido sin embargo también se oía lejano. ¿Quizás aquel sería mi verdugo?

— Según esto —dijo Susi—, hay un tesoro bajo el árbol.
— ¿El que está allí delante?
— ¿Ves algún otro?

Al menos era en apariencia un camino fácil y recto. Nada más lejos de la realidad. Teóricamente, en aquel lugar era muy difícil esconderse, pero hay quien sí era capaz.

Los Pokémon de tipo Bicho…

— ¡Cuidado!

… Entre los que estaba el Venipede que habría pisado de no ser por el grito de Susi, y que probablemente me habría causado una muerte lenta por envenenamiento. Pero el sobresalto me hizo desplazarme a la derecha lo suficiente para evitar al insecto, que ya tenía preparado su aguijón y del que solo entonces me di cuenta.

— Déjamelo a mí.

En lo que Susi tardó en decir eso, el Venipede se fue volando por los aires de un Confusión. Por si aquello no hubiera sido suficiente, decidí lanzarle un Furia Dragón. Mala suerte; gracias a mi pésima visión se desvió varios metros y las llamas azules acabaron en lo que pareció un nido de Pidgeys que enseguida se lanzaron a por nosotros.

— ¡¿Qué has hecho?! —espetó Susi.
— Solo quería rematarlo.
— Pues podrías haber apuntado bien.
— No tengo la culpa de haber nacido con pelo justo delante de mis ojos.
— ¡Eso ya da igual, solo corre!

Y aunque lo más sensato para alguien que quería suicidarse era quedarse en el lugar, acabé corriendo. De nuevo sin tener en cuenta que las piernas de Susi eran demasiado cortas.

— Sube.

De nuevo, como cuando íbamos tras el cofre, Susi se me subió encima y corrimos huyendo de aquella bandada de Pidgeys hasta que los perdimos de vista. La Ralts entonces se bajó y siguió espetando:

— No vuelvas a hacer eso.
— ¿Por qué no?
— ¡¿Por qué no?! ¡¿No has tenido suficiente con huir de todos los Pidgeys de esta pradera?!
— Podrían haberme matado —eso era lo que quería, aunque fuera una muerte más accidental, por lo que lo dije muy tranquilo.
— ¡Podrían haberme matado a mí también! —Susi estaba realmente furiosa.

Entonces lo que rugió fue mi estómago. La carrera había terminado por provocarme hambre, aunque afortunadamente encontré una manzanita que parecía comestible. La cogí y me la tragué sin siquiera masticar, pensando en que tal vez podría morir atragantado, lo cual no ocurrió.

Tuvimos tan mala suerte que aquella manzanita iba a ser el almuerzo de un Sewaddle, con el resultado que cualquiera se esperaría en una situación así. El gusano saltó a mi pata y me picó. Quizás a otro Pokémon no le hubiera importado demasiado, pero un tipo Siniestro como yo no aguanta tan fácilmente ese tipo de ataques y caí al suelo.

En cuanto logré recomponerme, corrí hacia él con intención de atacar, pero algo se me adelantó. Era una sombra que se convirtió brevemente en un ente físico que golpeó al Sewaddle. Poco después de que se pudiera recomponer, mi boca ya estaba en su cabeza mordiendo. Aquel Pokémon ya no sería capaz de molestar más.

— ¿Qué ha sido esa sombra? —pregunté a Susi
— Sombra Vil.

Su voz carecía de cualquier cosa que pareciera sentimiento, así que desistí de seguir hablando con ella.

Los siguientes minutos fueron mucho más tranquilos. Recogí una Baya Aranja que encontré en el suelo; Susi se aseguró de que fuera comestible y se la guardó. Poco después comencé a notar que la tonalidad de verde de la hierba empezaba a cambiar, por lo que entendí que estábamos entrando en otra sección de la pradera…
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#15
Welp, toca otro capítulo de Barti. Su padre es medio simpático y al menos puso en su lugar al Scrafty que el otro capítulo tenía ganas de ahorcar, así que estuvo bien. Igual me queda la duda de si fue Susi quien tiró esa Sombra Vil al final. Considerando que su padre es un fantasma, suena como una posibilidad.
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