Shortfic- Lady Fantasy

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FranquiciaOriginal
GéneroComediaDrama
Resumen

Rue esta atorado en una investigación que puede cambiarle la vida, pero eso no es lo unico que lo atrapara. Au Gen Berserk. HarixRue

#1
Lady Fantasy
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Bienvenidos a este corto fanfic de tres capítulos basado muy, pero muy ligeramente en la canción Lady Fantasy de Camel y con basado me refiero al nombre nomás. Al igual que como lo has visto en la sinopsis, este es un altern universe de Gen Berserk, fic de @Velvet  o sea, usaré algunos personajes de ese fanfic en un universo diferente al de su origen, tratando de mantener sus personalidades fieles en cuanto me sea posible. Como dije antes, este fanfic va constar tres actos. No puedo prometer fecha de publicación para ninguno de ellos (aparte de que el primero estará publicándose pronto después de este post). Si lo preguntan, no hay spoilers importantes en este fanfic así que puedes leerlo sin problemas sin importar que tan avanzado estés o hasta puedes leerlo sin necesidad de leer el fic original, cosa que no recomiendo por qué van a ver que el mío no tiene nada que ver y me van a fu... digo, digo, porque es muy bueno, sí, sí.  
Agradecimientos a @Velvet por darme permiso para escribir con sus personajes, y nada más.

Saludos.
 
Indice
 
Primer Acto: Encounter

Segundo Acto: Smiles For You

Tercer Acto: Lady Fantasy
 
[Imagen: g325fpf.png]
Los Fan Arts usados en esta edicion son propiedad de sus respectivos autores
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#2
Primer Acto: Encounter
Listen very carefully, my words are about to unfold
Concerning a lady I've seen but I never could hold
I can see by your smile,
Take a long while,
The words that come through,
I see that they're true,
For she reminds me of you.
I
 
El ultimo cliente del día del centro comercial de Azulona ignoró el tintineo de la puerta del local y el golpeteó de su mochila en el costado no ayudó a sacarlo de la maraña de pensamientos que siempre llevaba en la cabeza. Un humo blanco salió de su boca mientras ajustaba su bufanda gris alrededor del cuello de manera inconsciente sin tener que tocarla. Aunque la ciudad no era amplia, la densidad compensaba el pequeño terreno en el que estaba arraigado. La mayoría de edificios eran rascacielos que durante la noche se convertían en bengalas por las luces de las ventanas. Algunas veces esa iluminación duraba hasta el amanecer como parecía que iba a ser el caso del investigador. Los libros que guardaba en la bolsa eran material de consulta para el documento que había estado escribiendo los últimos meses. Ese mismo documento que no avanzaba desde hace mucho tiempo. Ese mismo documento que le abriría la puerta al mundo académico en cuanto esté terminado. Un gato de pelaje crema estaba acicalándose en frente de la puerta de su bloque de departamentos. A juzgar por su poca moralidad, era un meowth salvaje callejero de esos que vagaban por doquier. La apariencia del investigador hacía que la criatura no estuviera demasiado preocupada por su presencia. Los agudos reflejos del felino esquivaron el libro en un segundo, luego salió corriendo a la oscuridad de un callejón con salida. Era una suerte que lo hubiera evitado porque era de tapa dura como todo libro de consulta que se diera a respetar. El investigador volvió a colocarlo dentro de su mochila mientras pasaba por la entrada. Cuando comenzó a subir las escaleras, alguien estaba esperándole con la mirada sobre las gafas. 

—¿Creías que saliendo por la noche ibas a evitarme?

El cansado cerebro de Rue apenas entendió esas palabras.

—No era mi intención —dijo un agotado espeon que no recordaba si estaba mintiendo o no.

—Si me permites el comentario, eres horrible mintiendo ¿Recuerdas que me debes pagar la renta?

—¿Ha pasado un mes?

La casera soltó un bufido.

—¿Has estado durmiendo desde enero?

—He estado trabajando. Le prometo que le pagaré todo lo que le debo cuando termine el ensayo.

—Escucha, jovencito. Una promesa la puedo aceptar una vez. Dos veces me cuesta creérmela, pero si me agarras de buen humor, te doy el beneficio de la duda…es la tercera vez que me has mencionado ese mentado ensayo que hasta dudo que exista. Si te he permitido vivir en mi apartamento de a gratis es por pena, pero comienzas a cansarme…

—Prometo que antes de fin de mes le tengo el dinero que le debo e incluso le puedo pagar más de lo que acordamos. 

La casera alzó una ceja. Rue había dado en el blanco, pero esa orgullosa hembra no iba a reconocerlo a través de sus labios. Lo único que hizo fue dar un ligero asentimiento. La segunda parte de la promesa podría cumplirla si descartaba algunos caprichos que quería comprarse después de recibir la paga. La primera era un poco más difícil. No quería decirle a nadie que, aunque todo había estado bien cuando inició a escribir, de un tiempo para acá no existía ninguna tecla que no sufriese las consecuencias de lo fácil que era pulsar el retroceso. La investigación trataba sobre las diferencias biológicas entre los salvajes y los civilizados. Esas diferencias que no eran visibles a simple vista. Era una información constatada desde hace tiempo. Lo que tenía que hacer era hacer una sencilla comparación que dejaba de ser sencilla si uno miraba hasta el fondo. El sonido de la tarjeta magnética le indicó a su cuerpo que podía entrar al apartamento.

II
Dentro de la oscuridad de la habitación, la pantalla del ordenador iluminaba el rostro de un espeon con los parpados apresados por candados de plomo. Desde hace tiempo que había perdido las energías para mostrar cualquier señal de frustración. La barra negra parpadeaba sobre el fondo blanco como si estuviera burlándose de alguien tan miserable. Debajo del escrutinio de una lampara de mesa estaban las paginas del libro de consulta que no eran más que caracteres japoneses ante los ojos de Rue. Las diferencias entre él y el gato que ahuyentó eran demasiado evidentes, pero dejaban de ser obvias a la hora de escribirlas en un texto académico. La tapa de la laptop se cerró con un estruendo. Cuando sus almohadillas tuvieron contacto con el suelo, sintió como si no estuviera en ningún lado. Un tremendo mareo que era el mismo que sentirías encima de un barco atacado por las olas estuvo a punto de hacerlo tropezar. Al parpadear varias veces seguidas pudo darse cuenta de lo cansado que estaba. Si hubiera caído en la cama, acabaría dormido en unos segundos. Eran apenas las una de la mañana. No era la hora de dormir todavía. Aún faltaba un poco para que cayera sin remedio. Un valioso tiempo que no pensaba desperdiciar sin haberlo intentando.

El apartamento de estudiante de Rue era tan pequeño que podía alcanzar la puerta del refrigerador con su mente. Desde la silla giratoria, dio testimonio de que no quedaba más café enlatado. Al cerrarse el frigorífico estaba de camino a la puerta del apartamento. A esas horas no había nadie despierto en el pasillo. Una ventisca helada le daba la bienvenida a la calle, sorprendida de verlo de vuelta antes de tiempo. Cuando fue a comprar los libros tenía planeado pasar por una tienda de auto servicio, pero lo olvidó como en ese momento olvidó agarrar su bufanda. El alumbrado público alumbró a un delgado espeon cuyo pelaje estaba esponjado por el frío. El vaho que salió de su boca empañó las puertas de cristal antes de que pudiera abrirlas. La empleada ni levantó la mirada al sonar la campanilla, cosa que no le importaba en lo absoluto. Atravesó la larga fila de estantes, abrió el refrigerador y apiló todas las latas que había. A pesar del cansancio que cargaba como una pesada mochila de concreto, sus habilidades psíquicas funcionaban bien, quizás porque enfocaba toda su atención en que esas cosas no se cayeran. Atención que quebró la zarpa que pusieron en su lomo. Al mismo tiempo del sobresaltó, las latas cafés cayeron una sobre otra. Era una suerte que el investigador no fuera un consumidor fehaciente de las bebidas con gas.

Una parte suya, que era la encargada de los actos violentos, fulminó con la mirada al causante de ese desastre que estaba siguiendo con los ojos una de las latas que rodó hasta el mostrador. A esas horas no sería capaz de fijarse en especies, pero el desconocido era tan peculiar que su cerebro le forzó a hacer una sinapsis momentánea. Una especie de murciélago de extensas alas que por la peculiaridad del entorno tenía que llevar como unos incomodos guardabrazos. Las garras eran rojas, el vientre morado y tenía una bufanda blanca en el cuello. En primera instancia pensó que esas orejas convexas con diseño de ondas sonoras en espiral eran sus ojos cuando en realidad los verdaderos estaban debajo de esa protuberancia que parecía ser su nariz.  Unos pequeños ojos amarillos que deberían dar miedo sin darlo. En retrospectiva, ese error era perdonable en cualquier pokémon menos en un biólogo que tendría que conocer a una criatura tan peculiar como un noivern. Un dragón bastante raro por decirlo de manera amable.

—¿Qué te pasa? —preguntó juntando una a una las latas—. ¿No sabes que no tienes que distraer a un psíquico mientras carga varias cosas a la vez?

—Perdón, perdón —contestó el kalosiano—. Es que te ibas a llevar todo el café enlatado y esa es la marca que le gusta a Hari y si no la lle…

—¡Oye! ¡No hables tan fuerte! —gritó la cajera desde su lugar seguro.

—¡Perdón! ¡Hari me dice que hablo muy alto! —volvió su atención a Rue—. ¿Podría darme una lata, señor? Acabamos de llegar a Kanto y necesitamos estudiar para el examen de acceso a la universidad. Hari siempre me ayuda a estudiar. Dice que sin ella no hubiera terminado la preparatoria y…

—Oh…

Aquella exclamación no era por qué le interesaba lo que decía ese noivern sino que se acababa de dar cuenta de que no tenía nada de dinero con él. De una manera u otra, había acabado ayudando a ese estudiante desconocido a cargar las latas en una bolsa de papel para llevarlas al mostrador. La cajera recibió la tarjeta de crédito y el dragón pulsó las teclas de la maquina con cierta torpeza, no sin mucha dificultad. A Rue le daba la sensación de que ese pokémon hacía las cosas como un niño al que le dabas una lista detallada de instrucciones antes que una tarea que hacer. De que no sabía que eran los botones que pulsaba ni para que servía el aparato que le tendía la empleada ni que era aquel pedazo de plástico que estaba usando para comprar el café enlatado. Los dos volvieron a salir a una fría madrugada de invierno mientras la criatura abrazaba la bolsa en su pecho.

—Muchas gracias, señor. Mi nombre es Devin, mucho gusto.

—De nada, pero no recuerdo haber preguntado tu nombre.

—Hari me dice que debo ser amable con los que me ayudan. 

Ambos fueron por caminos contrarios. Cuando estaba a suficiente distancia del noivern, soltó una seca carcajada y un chasquido desapareció en la oscuridad antes de que le diera un trago a la lata de café que había logrado sacarle de la bolsa. Aunque el café estuviese frío, una especie de calor viajó a través de su cuerpo como si fuese la sangre de sus venas. Ahora que caía en la cuenta, la razón por la que él bebía café enlatado en invierno era porque su lengua le hacía sufrir con las bebidas calientes. Quizás por eso no dudó en llevárselo todo ¿Por qué ese dragón también lo hacía? Se obligó a abandonar esa línea de pensamiento. No quería desperdiciar ese shot de energía en cosas inútiles. Mantendría la mente vacía hasta que llegara al computador. Después de todo, esa era la única lata de café que había logrado conseguir.

III
Aunque en esa noche el tiempo estuviera detenido y contara con una dotación entera de latas de café, habría avanzado lo mismo que ayer que era nada. El teclado de la laptop estaba reluciente porque no había presionado las teclas. Después de haber despertado a las una de la tarde con una migraña, abrió el refrigerador que se encontraba más vacío que el documento de su investigación, además de unos cuantos huevos en el cajón. Mientras sentía el amargor de masticar una pastilla, tenía la intención de comenzar a cocinar. Antes del calor reconfortante de la flama, un chasquido seco salió de la estufa y sintió el aroma de un gas moribundo. La casera no tendría la amabilidad de reponerle el gas con esa enorme deuda entre los dos. Abrió el cajón del dinero, viendo que era suficiente para pagar unas cuantas comidas humildes, pero no para un tanque de gas ni mucho menos para pagar la renta sino hubiera solucionado ese problema desde hace mucho tiempo. A lo mejor no debió haber pecado de esa estúpida confianza que le hizo abandonar su antiguo trabajo. Ese correo había sido un espejo que le mostró su vanidad.

—Tsk

A cada escalón que bajaba, una punzada atacaba su cabeza hasta que la granada explotó cuando llegó a la calle. Abrió los ojos mientras sentía el sol entrar dentro de él. A pesar de ser una especie diurna, últimamente odiaba el día. En la azotea del centro comercial había un restaurante económico. Uno de esos lugares donde te daban la comida en cómodos contenedores de unicel que podías llevar a cualquier lado, pero las bebidas te las daban en vasos de vidrio. El centro comercial estaba a pocos metros de su edificio de apartamentos. Los niños no dejaban de mirarle, las madres tenían el instinto de correr en cuanto se acercaba, los jóvenes dejaban salir sus carcajadas y en general, a cada lado que miraba le recordaban su pésimo aspecto. Las ojeras eran visibles detrás del pelaje en sus parpados, su pelaje desarreglado y sus pasos parecían de borracho. La canción adentro del elevador, que compartía con otros tres pokémon, era una tonada bastante relajante que más que cumplir su propósito no paraba de estresarle. Sin darse cuenta, comenzó a seguir la tonada con una de sus patas traseras hasta que el ascensor se detuvo llegó a su destino. La zona de comedores de la azotea donde podría alimentarse a buen precio. 

—Un yakisoba de res, por favor.

Ese restaurante económico del centro comercial era de los que caían en la categoría de pésima calidad y un agradable sabor. Los saborizantes que usaba para simular el sabor de la carne eran de los peores del mercado. Rue encontró un lugar cómodo en una mesa apartada en la esquina. Al igual que un cuidadoso artesano, hizo un movimiento circular con los palillos para enrollar la mayor cantidad de fideos posibles. Una sensación cálida en el paladar acompañado de la dulce artificialidad lo reconfortó un poco, lo suficiente para que mirara a sus alrededores mientras seguía comiendo. Era una tarde de invierno sin mucho interés. A esas horas, demasiado temprano para la comida, pero muy tarde para el desayuno eran pocos los que estaban ahí. No, no eran pocos, sino una si no se contaba a si mismo. Una chica observaba el cielo a través de las rejas de metal ornamentadas que protegían de caerse por los bordes o eso es lo que le gustaría pensar a cualquiera. La luz del sol no tenía ni un solo obstáculo en su camino a ese par de lagunas que reflejaban la superficie de la luna, cosa que de la que estaba seguro pese a que la miraba de lado. La muchacha de especie extranjera estaba a sus espaldas y volvió a concentrarse en su plato por si la incomodaba. La imagen de un desconocido de pésimo aspecto observándole sin razón alguna debía de dar miedo. Esa especie la conocía bastante bien porque era una de las que estudiaba para la investigación. Algunos biólogos consideraban que había diferencias sutiles entre la forma en la que los sylveon salvajes usaban sus cintas y como lo hacían los civilizados. Antes de que pudiera evitarlo, se sorprendió a si mismo echando otro vistazo. La kalosiana estaba demasiado absorta, no podía notar que alguien la veía. Sus listones estaban en una posición de reposo, extendidos a los lados. La culpabilidad acechó de nuevo.

Era una verdadera vergüenza estar espiando a una chica joven sin su permiso y se obligó a acabar de comer antes de que se enfriara la comida. Los fideos del yakisoba entraban dentro de su boca a una velocidad alarmante. Una parte subconsciente quería acabárselos lo antes posible para completar la condición que el consciente le impuso para volver a mirar. Aun así, el Rue racional tenía otro as bajo la manga. El cansancio le había hecho olvidar pedir una bebida. Mantuvo su mirada en el puesto durante todo el camino. Al llegar, pidió una taza de té helado. De todas las cosas que vendían, el té tuvo que ser lo único que no estaba hecho desde antes. Ante la tarea de no volver a mirarla, decidió observar con exagerada atención los movimientos del tendero; un octillery. Uno de los tentáculos sacó una olla de un estante al mismo tiempo que el otro prendía una pequeña estufa. Una llama apareció en la hornilla de la derecha mientras que un tercer tentáculo abría el grifo para llenar la olla de agua. Al menos eso es lo que creía que andaba haciendo porque hace rato que le había dado la espalda. La chica todavía miraba hacia la misma posición.

Una de las patas traseras de la hada pisoteaba el suelo a un ritmo inexistente. Un signo de la impaciencia de quien esperaba a alguien o a algo. No volteaba a ver las escaleras que eran el único acceso a este tejado al menos de que volaras. Los recuerdos de la madrugada acudieron a su rescate pese a que no pidió ser rescatado. Antes había visto a una especie de la misma región que podía volar, sí, pero era imposible que una criatura tan violenta anduviera de un lado a otro con esa belleza. Además, los dos pertenecían a tipos contradictorios. El rechazo entre hadas y dragones era normal, aunque fuese de manera inconsciente. Unos retazos de la evolución, venidos desde los tiempos en los que todos eran salvajes, causaban cierto miedo subconsciente entre los dos grupos.  ¿Qué demonios estaba pensando? ¿Qué le importaba a él con quien dejaba de juntarse o no? Cuando el vaso de té estuvo listo, deslizó las monedas sobre el mostrador, lo agarró con cuidado y se lo llevó a la mesa. Después de dar un trago, quiso comer un poco de yakisoba. Una gran sorpresa fue que se había sentado en el asiento equivocado. En la nueva mesa, podía mirar a la chica que observaba el cielo sin necesidad de girar el cuello. A esas alturas estaba sorprendido de que no lo captara por el rabillo del ojo o quizás era demasiado tímida para decir que le incomodaba el hecho de que la estuviese mirando de esa forma tan insistente. Un caballero debería ir a preguntarle… o esa es la excusa que su mente creaba para dirigirle la palabra. 

No entendía las ganas de querer hablar con ella. La mente racional estaba tan arrinconada y desesperada que su único consejo era irse de ahí inmediatamente si no quería hacer el ridículo, no sin recordarle que tenía una investigación que terminar. Las patas de Rue flaquearon al levantarse. Dio otro trago al vaso de té, sintiendo el asqueroso regusto del agua pasada por microondas.  Si esto fuera una partida de ajedrez, el adversario racional tendría rodeado al rey del lado irracional. Una gota de frío sudor recorrió su frente al dirigirse a las escaleras. Antes de que pudiera siquiera pisar el primer escalón, un pokémón se interpuso en camino. No era nadie importante sino un simple machoke que vendría tarde porque apenas acababa de salir de la obra. Los dos murmuraron disculpas mutuas. Al irse, las ganas le hicieron dar un último vistazo. Las pisadas del tipo lucha eran llamativas e hicieron voltearse a la sylveon al mismo tiempo que él. Las dos miradas se encontraron en el milisegundo que la chica tardó en observar la fuente del ruido y volver a lo que estaba haciendo. Se quedó petrificado como si un gengar le hubiera lanzado un mal de ojo. A veces los buneary entraban en una especie de trance al ser volteados boca arriba y cuando volvían a moverse, lo hacían de manera tan brusca que podían lastimarse la cadera. Eso fue lo que le pasó, pero en vez de hacerse daño a si mismo, se lo hizo al vaso que no notó que todavía estaba sosteniendo con la mente, quebrándolo contra la pared en miles de pedazos. Afortunadamente, los cristales quedaron en el sitio sin que nadie saliese herido, salvo la cartera del tendero.

—¿¡Que demonios le pasa, señor!? —exclamó el octillery moviendo los tentáculos con rabia.

Después del pequeño susto, la chica soltó una risita encantadora. Una leve sonrisa apareció en su rostro por ese logro.

—¡Señor, le estoy hablando!

—¿Qué pasa? —preguntó el espeon sin dejar de sonreír.

—¡Usted rompió un vaso! ¡Me lo tiene que pagar!

Rue estaba seguro de que esa cosa no era ni vidrio. Aun así, no protestó y sacó la cartera, pagando los cuatro pokés que el tendero pedía. Mientras estaban en ese negocio, una oleada de viento estuvo a punto de romper unos cuantos vasos más. A través de los cielos, llegó una figura negra que aterrizó delante de la chica. Reconoció de inmediato al joven de la madrugada. Quizás porque llevaba una mochila cargando en el hombro y unos cuadernos y libros en las garras o el hecho de que era improbable que hubiera dos noivern en Azulona. La sylveon reflejaba cierta molestia en su rostro por la tardanza de su compañero. Los dos debían de ser estudiantes que habían llegado a estudiar la universidad a Kanto. Según recordaba, el dragón le había dicho que pronto tendrían el examen de acceso. Ahora que sabía estos nuevos detalles, podía adivinar el nombre de la hembra. La muchacha rodeó el brazo de Devin para llevarlo a la mesa en la que el espeon no había notado que tenían unos cuantos materiales de estudio.

—¡Vaya, sí que tardaste!—exclamó Hari sentándose en un lado.

—Lo siento, Hari. Es que la señora de la biblioteca se asustó cuando le hablé y tuve que esperar a que se tranquilizara.

—¡Es bibliotecaria, tontito!

—Sí, sí, perdón. Siempre se me olvida.    

—Que bonitas son las Kalosianas, ¿no? —preguntó el octillery guiñándole un ojo al psíquico.

Rue fingió que no escuchó el comentario de quien hace unos segundos estaba reclamándole por un vaso que no valía ni un poké. A propósito, había alargado la mera acción de buscar un billete en la cartera, sacarlo y dárselo a alguien, pero desde ese momento no tenía ninguna excusa para quedarse salvo acabarse el yakisoba. La dignidad le insistió en que lo mejor era dejarlo ahí ya que sería raro haberlo abandonado antes para recogerlo después. El sentido de supervivencia contrargumentó, diciendo que tendría que aprovechar. Mañana o pasado o incluso hoy, podría quedarse sin dinero ni nada que comer. El segundo ganó el combate. Mientras caminaba hacia él, se prometió a si mismo que se lo llevaría consigo para que no resultara más raro de lo que era. Los chicos habían comenzado a estudiar desde hace rato. En una mirada fugaz a la mesa, vio cierto diagrama que le llamó la atención, avivándole ciertos recuerdos. El dibujo de una especie de clamperl con diferentes partes en su superficie, como si fuera un reloj donde cada pieza cumplía su función. Una célula. Al parecer pertenecía a una guía de estudio de la universidad de Azulona. Unos siete años atrás, había hecho ese mismo examen para entrar a la carrera de biología. Si seguía como lo recordaba, los muchachos tenían una misión complicada. A juzgar por la guía, habían decidido estudiar en el campo de la ciencia o relacionados, como medicina o enfermería. Era el mismo que había hecho en esa ocasión. El difícil test era una ensalada de diferentes ciencias (así como un poco de literatura e idiomas) que hacían las delicias de los estudiantes que querían un desafío, pero frustraba a todos los demás. De una manera casi automática, comenzó a murmurar ciertos datos que tenía memorizados de sus tiempos universitarios. 

—La membrana celular es un componente de las células que funciona como barrera protectora entre el interior y exterior de una célula.

Aunque en ese momento su mente consciente no tenía la intención de que cualquiera lo escuchara, después pensaría que la subconsciente sabía bien que sus murmullos no iban a escapar de los oídos de un noivern. El estudiante abandonó su tarea para voltearlo a ver. Un segundo más tarde, reconoció al espeon que encontró en la tienda de autoservicio. Esos ojos amarillos que en otro contexto serían intimidantes, solo mostraban la curiosidad de un niño que visitaba otro país. Desde la perspectiva de Rue, el tipo estaba mirándole sin una razón aparente y se quedó quieto esperando a que le dijera qué era lo que quería. Devin anotó la respuesta que le dio con una caligrafía que merecía un suspenso por sí misma.

—¡Que bueno verte de nuevo! —sonrió el dragón—. ¡Hari, este es el pokémon que me ayudó a conseguir las latas de café que te gustán!

Hari levantó la mirada.

—Mi compañero ocupa ayuda de vez en cuando. Espero que no le haya molestado.

—No se preocupe.

—¡Me dio todas las latas de café que quedaban!

—Sí, Devin, me quedó claro —dijo la sylveon fallando en el intento de fingir hartazgo.

—Además sabe de biología.

—Oh…espera.

Hari dejo el lápiz en la mesa. Antes no había visto la bufanda rosa que rodeaba su cuello y tenía un pin de una especie de gato blanco enganchado en él. Esos ojos azules comenzaron a analizarlo de arriba abajo. En cualquier otro momento sentiría que estaban haciéndole un ultraje al mirarlo como si fuera una obra de exhibición de un museo. Estaba contento. Desde que comió había mejorado su aspecto, pero suponía que no era suficiente. La verdad era que estaba demasiado cautivado por cada centímetro de esa sylveon para pensar en ofenderse. La manera en la que le miraba era hasta adorable. Una de sus cintas jugueteaba con los bordes arrugados de la guía. Al ver con atención sus páginas, podía ver dibujos de corazones en los márgenes. Unas cuantas anotaciones erráticas atravesaban el planteamiento de los ejercicios; pocas de utilidad. Las notas importantes que escribía en las hojas de su cuaderno estaban ahogándose en mares de garabatos irreconocibles. Antes de enfocarse en la investigación, había sido profesor de preparatoria. Era capaz de darse cuenta cuando un pokémon era malo estudiando. Algún motivo había que tener que nadie tuviera el valiente atrevimiento de intentar entrar en la Universidad de Ciudad Azulona sin ningún tutor. Una sonrisa más amplia destrozó sus cavilaciones. Sus patas volvieron a temblar, pero mantuvo una expresión neutral.

—¿Así que sabes biología? —preguntó Hari con una pericia infantil.

Rue endureció un poco más su voz de lo normal.

—Soy egresado de la facultad de biología. Sé lo difícil que es ese examen.

—¡Ni me lo digas! —respondió la sylveon rodando los ojos mientras se echaba sobre la mesa—. ¡Nunca he estudiado tanto en mi vida

—La universidad de Azulona es bastante estricta —asintió Rue.

—¿¡Cuánto intentos te tomó!? —preguntó Devin.

Rue alzó la barbilla.

—En el primer intento.

—¡Es obvio, tontito! —dijo Hari cruzando sus listones con una risita—. ¡Se ve que es muy inteligente desde aquí!

—Tampoco es para tanto…

—¡No seas modesto! ¡Solo alguien muy listo sería aceptado a la primera con este examen!

—Bueno…nací aquí. Supongo que eso también ayuda.

—¿¡Nos ayudarías a estudiar!?

—¡No seas grosero, Devin! ¡Obviamente no lo va a hacer gratis! Además…se ve como alguien muy ocupado.

Hari arrancó un pedazo de papel de su libreta, escribió unas cuantas cosas. 

—Justo estábamos buscando un tutor.

—¿¡Estábamos!?

—¡Claro que sí, bobito! ¡El examen es en dos meses! ¡Necesitamos a alguien que nos ayude a estudiar!

El espeon agarró el pequeño papel. Era una dirección junto a un teléfono. No era una buena idea echarse una nueva responsabilidad mientras escribía el artículo y a la vez, la urgencia por escribir el articulo era el dinero. Si tuviera un sueldo más o menos decente que le permitiera pagar sus deudas, tendría más tiempo de acabar la investigación. Esos dos meses le vendrían de maravilla para buscar en otras fuentes. Lo último que conversaron antes de que se fuera fueron algunos detalles menores, luego los dejo con la excusa de que necesitaban estudiar cuando en realidad el problema era que no podía disimular su emoción. De camino a casa, pensó en la suerte que había tenido. Había sido profesor no hace mucho tiempo y podría compaginar con las dos tareas. Aquellos eran los pensamientos de una mente consciente. La mente subconsciente daba saltos de alegría por tener una excusa para verla de nuevo.

IV
La mayoría de los hogares en Azulona pertenecían a bloques de departamentos que eran altos edificios donde vivían muchos pokémon en un mismo lugar. Al día siguiente, estaba frente a uno de muchos mientras revisaba la nota que le había dado Hari. Era el apartamento numero 30 en el tercer piso. Desde afuera, el rascacielos era bastante similar al suyo. Después de entrar vio que era un poco más lujoso por dentro. Era una rara sensación porque la disposición no dejaba de ser la misma. La planta baja tenía una especie de recepción en la que la casera estaba de vez en cuando. La diferencia vital era que el piso estaba recubierto por una loseta de mármol y sus almohadillas estaban cómodas pisando esos escalones de bordes dorados. Aun así, seguía sintiéndolo como si alguien le hubiera puesto una capa de pintura dorada a un coche usado. Cuando comenzó a buscar el hogar de los estudiantes, miró que los pasillos estaban adornados por cuadros que no le transmitían nada y plantas de interior que eran similares las unas a las otras. Una corta caminata, la cual apenas sintió por una mullida alfombra de terciopelo debajo de él, lo llevó a una puerta blanca con el numero 30 escrito en dorado. Rue dio unos cuantos toquecitos al ébano. 

La puerta se abrió sin un chirrido. Antes de ser el noivern o el sylveon, era la mezcla de un conejo con cualquier otro mamífero pequeño de cuatro patas. Unos cuantos anillos dorados estaban pintandos sobre un pelaje oscuro, siendo invadidos por las luces artificiales de las lámparas cuando deberían estar brillando bajo la luz de luna llena. Una de las evoluciones de su propia especie; un umbreon. Esos ojos rojos le miraban desde debajo del umbral de una manera distinta a Hari. Aunque no lo había pensado demasiado, Rue decidió hacer un mayor esfuerzo para verse más decente que ayer. En primer lugar, había logrado dormir sus horas, lo que era un buen avance. A continuación, apostando con una seguridad que no debería haber tenido, gastó el dinero que le quedaba en regalarse un digno desayuno en un restaurante que en esos tiempos era un verdadero lujo desde su perspectiva. Sus ojeras estaban escondidas por una ligera capa de maquillaje, su pelaje rosado había sido peinado por si mismo e incluso quitó unas cuantas pelusas a su bufanda. 

—Buenos días —dijo el siniestro como una mera formalidad.

—Buenos días —contestó Rue—. Me llamaron para…

—Usted es el tutor, ¿no? —suspiró—. Mi hermana me insistió en que quería que le enseñaras y ni siquiera preguntó tu nombre.

Alzó la ceja ante esa maleducada interrupción, pero no dijo nada más. Necesitaba el trabajo. 

—Mi nombre es Rue. Mucho gusto.

—A mí me va disculpar, pero prefiero no dar mi nombre a desconocidos. De todas maneras, ya sabía el tuyo.

«¿Quién se cree este tipo?»

—Adentro. Espero que tengas credenciales o algo. 

El maestro no demostró indignación ni nerviosismo, sino que simplemente limpió sus patas contra la alfombrilla para después entrar en el hogar un poco más grande que el suyo. La decoración del interior del departamento era de un estilo occidental, pese a la limitada cantidad de objetos que demostraban que no llevaban demasiado tiempo viviendo en él. El suelo estaba cubierto por un mosaico de diferentes tonos de azules, las pinturas eran del otro lado del mar y dos sillones cafés de cuero sintético adornaban la sala. El umbreon atravesó la habitación, sentándose en uno de ellos como un animal erguido protegiendo su territorio. Aquello no dejaba de ser una entrevista de trabajo y no solo eso. Además, era un duelo entre los dos. Aceptando la invitación de su antagonista, Rue mantuvo la mirada erguida mientras se sentaba delante de él. En el espacio libre del sofá, dejo el maletín desgastado que cargaba desde hace rato. Era una lastima que no le alcanzara para comprar uno y tuviera que componer más o menos el que usaba en sus tiempos de profesor.

—Me he enterado que has dado clases en el Instituto de Ciudad Azulona —dijo el siniestro como quien había escuchado el clima en la televisión—. Así que tienes experiencia en la docencia, ¿no?

Asintió.

—Así es.

—¿Por qué dejaste de trabajar ahí? ¿Ha habido un problema?

La verdad era que había dejado de trabajar porque la docencia no era lo suyo. No le gustaba perder el tiempo en un montón de adolescentes a los que les daba igual su clase o lo que les pudiera decir. Si estudió biología, no era para ser un niñero. De todas maneras, era tan cobarde que no pudo decidirse hasta que llegó ese correo en su bandeja de entrada diciéndole que su anterior articulo había sido aceptado por una de las muchas revistas a las que se lo mandó. Abandonó el trabajo al ver una perspectiva a futuro. Cuando comenzó a bloquearse, trató de retomarlo para darse cuenta de que ya le habían quitado el puesto. Si era sincero, el tipo iba a preguntarle por qué había decidido volver a dar clases y quedaría como un desesperado. A lo mejor podría decir que no era lo mismo enseñarles a dos chicos que a uno, lo que a ojos del umbreon no tendría la suficiente base. Un recuerdo afloró en el jardín de enredaderas que era su mente. Lo único que tendría que hacer era cambiar las fechas y algunos nombres propios.

—Dejé mi trabajo por asuntos personales. Murió un familiar.

Si lo dejaba solo en asuntos personales, iba a sospechar más.

—Oh, lo lamento —contestó el umbreon de manera automática sin cambiar su expresión de escrutinio, luego señaló al maletín—. Ahí adentro tendrás tus referencias. Enséñamelas.

A pesar de la resistencia del antiguo broche, logró ordenar su contenido en la mesa de centro. Anoche lo había ordenado, asegurándose de que no quedaba nada afuera. Adentro estaba su título de biólogo de La Universidad de Azulona, una carta de recomendación que había conseguido del rector, un diploma por buenas calificaciones (no creía que sirviera de algo, pero por si acaso), una impresión de su primer articulo y unos cuantos certificados de cursos que hizo fuera de la ciudad. De un lado de su asiento, el umbreon sacó un móvil mientras miraba los documentos. Rue pudo mirar de reojo la pantalla por un instante. Una imagen que ayudaba a identificar falsificaciones tanto del sello oficial de Kanto como el del Organismo de Educación. Nunca había escuchado de una entrevista de trabajo donde el entrevistador hiciera esas cosas. Aguantándose las ganas de decirle unas cuantas verdades a ese joven varios años menor que él, tomó un respiro. Después de analizarlas por un rato, el siniestro marcó un número ¿Ese tipo iba a hacer lo que creía que iba a hacer? Sin ninguna clase de vergüenza ni disimulo, el chico pegó el auricular contra su oreja. Si había conocido su nombre desde antes de que se lo dijera, no entendía por qué hacía eso frente a él. No tardó mucho en darse cuenta. Era un claro mensaje de que lo tendría bien vigilado.

—Buenos días, soy tutor de los aspirantes Hari y Devin ¿Ustedes tienen a un profesor llamado Rue? —un murmullo inteligible desde el teléfono—. Ah, ya veo. Muchas gracias.

Afortunadamente, no había hecho buenas migas con los demás profesores en la universidad y no especificó el motivo de su renuncia a nadie. Quizás era la brecha generacional puesto que la mayoría de sus compañeros superaban los cuarenta o era la energía de quien no quería estar ahí lo que le decía a los demás que ni intentaran acercarse. En general, tenía la habilidad innata de encontrar pequeñas burbujas de soledad en lugares donde debería ser imposible. No necesitaba fijarse cuando caminaba dentro de las multitudes de las calles de azulona, los mesabancos a su alrededor estaban vacíos y las veces en las que decidía pasar el receso en la sala de profesores, los demás tenían ganas de disfrutar del aire libre. Después de colgar, el umbreon volvió a acomodarse en su asiento y cerró los ojos para pensar. Al volverlos abrir, le miró sin parpadear al mismo tiempo que Rue no le desvió la mirada. Ese breve concurso lo perdió el zorro quien devolvió su atención a los documentos. Un milisegundo de vulnerabilidad se mostró en el rostro del chico el cual debía tener más o menos la misma edad que Hari. Un agujero que desapareció en el mismo momento en el que apareció. Sin pedir permiso, se levantó de su asiento, abriendo uno de los cajones al lado suyo para un documento que había preparado con anterioridad.

—¿Cuánto cobras?

—Me comprometo a darle clases a los chicos durante dos meses. Cobró 3500 pokés por mes. La mitad al inicio de cada mes y la otra mitad al final.

El umbreon inclinó la cabeza.

—La tasa de abandono de los aspirantes es alta. Debo cubrirme las espaldas.

Otro suspiro.

—Muy bien —dijo el chico poniendo un contrato en la mesa junto a una pluma, luego de garabatear unas cuantas cosas le pasó el bolígrafo a Rue—. Firma aquí.
[Imagen: g325fpf.png]
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#3
10/10 prometo que si lo termino. 
En un principio la parte 1 se me hizo un poquito pesada, pero quizás se deba al hecho de que me he desacostumbrado. Y luego me di cuenta que pega bastante con lo que es Rue, considerando como es en el original.
Y esto tiene pintaza a un slice of life, pero me llama la atención el world building, donde existen Pokémon salvajes e incivilizados y, por otra parte, Pokémon más "humanizados". No sé si todo ese world building afecte en la relación de estos tres, pero pinta a que Rue en su infinito autismo, lo ve como un tipo de caso de estudio, considerando como se pasó desglozando cada detalle de información para entender su entorno, su relación y como eso afecta en consecuencia al resto. Amo al gato autista(?). 

Soy más fan del Devin x Hari, pero cualquier cosa con el sello de Gerber me llama la atención. Y ah.. siento que no puedo decir mucho del cap introductorio, pero me gustó muchísimo y me dio hype por ver como continua y como se da el final. Después de la primera parte, el resto de las 6k se me fueron como agua.
[Imagen: iSs3j2Q.jpg] 
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#4
Viste cuando te levantas a la mañana y decís "este es un buen momento para escribir ahora que tengo tiempo" y estuviste como una hora sentada al frente del Word y escribiste exactamente 250 palabras y estuviste perdiendo tu tiempo?

Sí, esa soy yo. Quizás te estés imaginahre
 
Así que te dejo un comentario para no sentir que desperdicié la mañana AAAAAA TENGO QUE TRABAJAR AAAAAA

Ame a los 4 personajes, el setting es furro a lo DDCI y al principio pensé que de mis personajes tenían el nombre y nada más pero al final nada que ver

Me gustó que trata de ser su propia historia - sumado a que como siempre tiene tu toque de no tomarse demasiado en serio lo que está contando. Me gustó la exageración de las personalidades de los 4: Rue es extra autista, Devin es extra bobo, Hari es extra adorable y su hermano es extra insufrible.

No tengo ni idea hacia donde va a apuntar esta mini historia pero grita comedia a los 4 vientos - pero también tiene la tag de drama así que realmente no se que es lo que vas a hacer. Raro el setting a la Beastars pero ya nos tenés acostumbrados con tu longfic así que se siente como si se hubieran cruzado los canales - la contracara es si yo usara a tus pj de ddci pero los meto en mi trama edgy toa mistica.

Detesto el hecho de que voy a tener que esperar como 2 meses para una segunda parte, porque si por mí fuera me fumaba la historia entera en 2 horas. El capítulo se pasó volando, y claramente la narrativa desde el pov de gatito violetita idealizando a gatita rosita funcionó porque Hari tuvo como una escena y me quede saltando por las paredes con ganas de verla de vuelta en escena.
Doc no seas así escribilos antes muero por leer mas
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#5
Válgame... me preguntaba qué clase de spin-off hacías a Gen Bérserk, y me topo con una historia tan bizarra. A ver si Rue es tan bueno para educar como lo fue para aprender. If something bad happens, me cae que la pagará caro y con pokémon tan locos como ellos, uno no sabe qué esperar.
Descansa. Hasta que nos volvamos a ver...
[Imagen: SwCanxx.png]
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#6
So… así escribes cuando te pones serio, uh?

No me gusta leer/comentar relatos dedicados. Siento que es descortés, meterte donde no te llaman, y que cualquier cosa que puedas decir carece de valor porque no está escrito para ti y a nadie le interesa tu opinión. Sin embargo, y dadas las circunstancias, hubiera sido aún más grosero no leerlo.

¿Por qué esto está tan, tan bien escrito? Es estúpidamente elocuente. Los errores gramaticales son uno entre diez mil. La narración es envolvente. Los personajes están bien trabajados, siendo ellos pero sin ser ellos, potenciados como dijo Meri. Siendo más bien otras versiones de sí mismos más apegadas a lo que serían en un setting sin humanos, quizá. 

Rue: este lo siento el más distante. Pasa de ser un pobre Eevee torturado en su pasado y con conflictos de autodesprecio a ser un fracasado. Realmente es un personaje diferente que si bien comparte la melancolía del original, los motivos son muy distintos. Y no lo digo como crítica porque acá este Rue me gusta bastante, como narrador se hace simpático y tiene el encanto del underdog que hace que quieras que le vaya bien.

Devin: igual de estúpidamente adorable que el original. Un poco menos coordinado, pero igual de divertido.

Hari: demasiado poco para decir algo pero ridículamente adorable desde los ojos de Rue.

Umbreon: me encantó. No dice su nombre porque en Gerber no tiene nombre. Un hermano sobreprotector porque en Gerber le salta el instinto a la primera. Igual me recuerda un poco a Leandro, pero para bien, como el hermano mayor que se asegura de que la menor no cometa una estupidez. 

El setting está interesante. El planteamiento a lo triángulo amoroso está interesante. La forma en que narras es ridículamente suave y las seis mil palabras se te pasan en un suspiro. Realmente es lo mejor que te he visto escribir hasta ahora. Sentiría envidia si no estuviera tan encantado con lo qque no acabo de leer.

Acá no concuerdo con Meri. Si te tomó tanto tiempo sacar el primer capítulo para escribir algo así de bueno, bien vale la pena esperar un par de meses por la segunda parte.


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[Imagen: EdovJGiXkAYqwp4.jpg]
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