Oneshot- La mentira de un hada

ExtensiónOneshot
Extension larga
FranquiciaOriginal
GéneroSuspensoTerror
Resumen

Las cosas no siempre son lo que aparentan

AdvertenciaViolencia
#1
Segundo lugar en el concurso de "Ultratumba Pokémon" el relato se encuentra tal cual fue enviado a los jueces... así que vengan a mi... quejas por errores de tipeo y horrores de otras indoles Ksad

 



La mentira del hada


 




Pasos apresurados resonaron en la profundidad del bosque, algunos gritos y llamados se escucharon a la lejanía, mientras entre la espesura podía visualizarse una figura humana. Una joven que corría por entre la maleza y el rústico terreno sin tomar cuidado del ardor que comenzaba a palpitar en la planta de sus pies desnudos o en los arañados que ahora recorrían la delicada piel de sus piernas ahora descubiertas.
 
Ni las ramas que se enganchaban en sus ropas ni las piedras que cortaban la piel ya maltrecha, detuvieron su carrera ciega por aquel oscuro y siniestro bosque mientras sentía cómo sus perseguidores se acercaban a cada paso, cómo gritaban su nombre cada vez más cerca de ella, listos para tomarla y someterla su voluntad. La chica sabía que no debía detenerse, que tenía que escapar y que necesitaba perderlo, a pesar de no saber lo que querían de ella, pero algo le decía que no debía ser encontrada, que tenía que seguir corriendo, aunque aquellos perros de pelaje rojizo y rayas negras…
 
Recordó las llamas que aquellos infernales canes podían producir, el calor de las mismas quemando su piel y el olor pesado que dejaban atrás. Sacudió su cabeza con desesperación e intentó centrar sus caóticos sentidos sin dejar de mover sus piernas.
 
Solo pensando en huir.
 
La joven se forzó a sí misma a seguir corriendo, a apresurar sus pies ya cansados en una carrera sin sentido ni rumbo aparente, a pesar de la falta de aire que comenzaba a hacer mella en sus pulmones y las protestas que su agobiado cuerpo empezaba a presentar, pero no tardó en notar cómo todos sus esfuerzos eran en vano. Aquel bosque terminó de forma abrupta para dar paso a un paisaje lejano y a una caída espantosa hacia un oscuro final, fue en ese preciso momento que se hizo consciente de que su destino era un asunto inevitable.
 
Detener su carrera fue un acto doloroso, ya que cuando intentó hacerlo, su cuerpo colapsó contra su voluntad y la hizo desplomarse con rudeza contra el suelo, al filo de un posible final y en una representación cruel de sus esperanzas. Trató desesperadamente de volver a ponerse de pie mientras sus ojos no dejaban de mirar con temor el bosque que ababa de abandonar, solo para visualizar con horror cómo sus perseguidores seguían detrás de su pista y a punto de dar con ella.
 
El inconfundible olor a brasas llegó a ella, junto con los gruñidos y ladridos que acampaban la existencia de aquellas bestias de fuego, los gritos que blasfemaban su existencia y que al mismo tiempo clamaban su presencia, los que demandaban su captura y extermino. Con lo último que quedaba de sus fuerzas, arrastró su cuerpo agotado al final del camino y dejó que la gravedad hiciera el resto por ella, mientras se dejaba caer al aparente vacío y se convencía que ese el único camino.
 
Porque no podía dejarse atrapar.
 
Para cuando sus perseguidores llegaron a ella, solo pudieron ver a la dueña de una cabellera verde y un vestido andrajoso, despeñarse hacía una oscuridad desconocida y una caída prolongada. Los hombres y mujeres del grupo miraron expectantes lo que acababa de ocurrir, antes de que la realización llegara a ellos junto con los festejos de su aparente logro, al tiempo que sus Growlithe olfateaban recelosos una última vez el paisaje en busca de su presa extraviada.
 
— ¿No deberíamos bajar…? — Uno de los hombres preguntó a nadie en particular mientras se agachaba para felicitar a su can por el trabajo realizado — Digo… por asegurarnos de que realmente haya muerto… — Se excusó ante las miradas temerosas que recibió por su comentario.
 
Los murmullos estallaron en el grupo, los Growlithe soltaron gemidos inquietos.
 
— Muchacho… — El líder del grupo, un hombre de cabello canoso y mirada dura, llamó la atención de todos con su voz profunda y firme — En el lugar en donde cayó, solo le espera su muerte y bajar allí sería la nuestra… — Saboreó sus propias palabras, antes de proseguir — Lo mejor será que nos ocupemos de esa pareja blasfema y dejemos a su abominación morir en manos de lo que asecha allá — Sentenció mientras hacía una señal para indicar la finalización de su persecución — Que Arceus se apiade de su pecaminosa existencia.
 
Su trabajo estaba hecho y ahora solo quedaba encargarse de los que quedaban atrás, los que habían intentado inútilmente distraerlos de su pecado, uno que acababa de caer en su propia tumba, al despeñarse a una horrible muerte. Algunas de las personas del grupo dieron un último vistazo al acantilado y visualizaron con temor el oscuro final, antes de ponerse en marcha para alcanzar a su líder y olvidarse de lo que perseguían.
 
Porque debían encargarse de la bruja que dejaron atrás.


 



 
La joven cayó de manera dolorosa y estrepitosa contra la espesura interior, aunque parte de lo peor de la misma fue frenada por las copas frondosas de los árboles o con eso le gustaba engañarse. Porque en el momento que su cuerpo impactó con aquellas ramas, todo el aire de sus pulmones la abandonó y no le fue mucho mejor al dar con el duro suelo, ya que un ardor agobiante le recorrió e hizo que perdiera el conocimiento por un par de segundos.
 
Su consciencia no tardo en volver, a pesar de todo el cansancio que sentía y de las múltiples lesiones que aquejaban su ser, por lo que obligó su cuerpo a erguirse para seguir huyendo. Todavía podía escuchar cómo la llamaban y buscaban, aunque para este punto su andar era tan torpe e ineficaz que no llegó a desplazarse más de un par de pasos, antes de tropezar con sus propios pies y caer con rudeza contra el suelo.
 
Estiró los brazos de forma temblorosa y araño la tierra con los dedos, hasta formar un montículo de tierra debajo de su palma sucia. Levantó la cabeza y observó con ojos nublado el extraño bosque que la rodeaba mientras sentía que la sensación de extravío aumentaba junto con la de sus perseguidores acercándose.
 
De repente un ardor raspó su garganta y no pudo evitar toser, algo rojo manchó el paso ya sucio y maltratado, una sustancia que conocía muy bien. La vista la asusto de sobremanera, pero al mismo tiempo no fue suficiente para hacerle olvidar lo que la perseguían y el peligro que suponían.
 
Todavía podía escuchar aquellos ladridos infernales por detrás de ella, los gritos de su madre y padre pidiéndole que huyera, que no se detuviera. El olor a brasas que impregnaba a sus perseguidores e incluso era capaz de sentir las miradas que le predicaban repulsión, odio y algo que no lograba ni quería identificar.
 
La joven presionó lo que le quedaba de fuerza para arrastrar su lamentable cuerpo por el suelo, hasta adentrarse en la sombra y seguridad que ofrecía el bosque, pero no se detuvo allí y siguió más allá. No tomó cuidado del estado de su indumentaria o de si más heridas se sumaban a su cuerpo, al pasarlo por encima de las piedras filosas, solo siguió drenando las fuerzas que le quedaban mientras huía a un lugar seguro.
 
Por una vez sintió alivio, cuando pudo divisar un tronco caído, así que siguió su tortuoso camino hasta él, negándose a rendirse o a morir. Sonrió débilmente, al llegar a su objetivo y encontrarse con que la parte central del mismo estaba vacía, un espacio en donde poder deslizar y agazapar su miserable cuerpo mientras se ocultaba del exterior.
 
Sabía que el fuerte aroma a moho y a madera podrida ocultaría su olor, por lo que esos perros infernales serían capaces de dar con ella, pero todavía tenía demasiado miedo. Temblorosas y adoloridas extremidades se posicionaron como escudos de su dueña para bloquear cualquier cosa del exterior, porque ya no quería ver o escuchar nada, no quería sentir o saber, solo deseaba regresar en el tiempo y que todo fuera como antes, solo anhelaba borrar lo que había hecho.
 
Lo que había dicho…
 
Cerró los ojos con ese último pensamiento y esperó lo peor o que algún milagro ocurriera para arreglar todo por arte de magia como siempre le hacía creer su madre. Porque ella era buena con la magia y le hizo soñar con la misma mientras que su padre la alentaba a intentar imitar las hazañas de su amada madre.
 
No supo cuánto tiempo estuvo fuera o si realmente lo estuvo en primer lugar, tampoco era consciente de si la habían venido a buscar y no lograron dar con ella o simplemente nadie paso por allí. Solo sabía que para cuando sus sentidos regresaron a ella y su magullado cuerpo decidió volver a funcionar, la luz de un nuevo día se filtraba por la estrecha entrada de su improvisado escondite, hasta acariciar su fría piel.
 
Fue en ese momento que se percató de frío que entumecía su cuerpo, de cómo su piel anhelaba ese calor extraviado y de lo insoportable que era el olor a moho que la rodeaba. Intentó frotarse los brazos con las manos por instinto en busca de generar algo de calor, pero solo consiguió soltar un siseo adolorido en el momento que sus dedos rozaron los numerosos hematomas que comenzaba a marcar su pálida piel.
 
Soltó un suspiro cansado y miró expectante el cálido exterior o por lo menos la poca luz que lograba filtrarse mientras arrugaba la nariz e intentaba tomar la poca calidez invasora. Quería salir para comprobar el estado de su cuerpo y tratar sus posibles heridas, necesitaba regresar a casa con su madre y padre, pero tenía miedo y no quería que la atraparan.
 
Todavía resonaban en su mente los gritos de su madre y padre, rogándole que huyera lejos y que no volviera mientras encaraban a sus perseguidores. No sabía que les había pasado, pero quería regresar con ellos, ya que necesitaba sentirse protegida y no deseaba estar sola.
 
Apretó los labios para evitar soltar cualquier ruido y reacomodo su cuerpo en el estrecho espacio, antes de aventurar un único y tembloroso brazo al exterior. El calor recibido por aquella sutil acción fue suficiente para servirle de incentivo y animarla a exponer el resto de su frío cuerpo al mundo, pero tampoco podía ser tan descuidada.
 
Su madre y su padre la regañarían.
 
Cerró sus cansados ojos y agudizó sus otros sentidos, cómo alguna vez le enseñó su madre, mientras prestaba su completa atención a todo lo que le rodeaba y buscaba cualquier posible amenaza que pudiera esconderse en las cercanías. La fauna ausente a la hora de su persecución, ahora resonaba con fuerza y viveza a su alrededor, casi como si se burlara de su situación, pero al mismo tiempo presagiando una seguridad y familiaridad que solo venía con su existencia.
 
«De haber sabido que algo andaba mal…» Se lamentó «No debí ir a ese lago…»
 
Porque había sido estúpida, al no percatarse de las señales que la naturaleza le estaba dando, cuando no notó lo silenciosa que estaba la noche y por haberse ido sola a un lugar tan apartado como lo era aquel lago, mientras sus padres seguramente la buscaban. Sacudió sus lamentos al fondo de su mente y despegó los brazos de su cuerpo para colocar las manos a cada lado de abertura, antes de impulsarse para salir de su escondite.
 
Su pequeño cuerpo salió a la superficie y no pudo evitar hacer una mueca de dolor ante la sensación de mareo que siguió a su movimiento o por las protestas de su cuerpo todavía herido y cansado que demandaban atención, pero tuvo que conformarse con el calor que su acto le proporcionó. De ese modo permaneció tumbada en el suelo sin moverse, hasta que su cuerpo absorbió suficiente calor para que sus músculos entumecidos y rígidos lograran moverse con mayor soltura, para que sus ojos se abrieran con mayor ánimo.
 
En ese momento sintió la sensación de volver a ser observada, los ojos se sus perseguidores se clavaron en ella, el desprecio y odio que los acompañaba. Abrió los ojos y luchó desesperada contra la necesidad de volver a cerrarlos por la repentina claridad, antes de acostumbrarse lo suficiente para observar su alrededor.
 
No había nadie extraño y la fauna seguía resonando por el lugar, un claro indicio de tranquilidad, pudo visualizar a su derecha un par de Zigzagoon que parecían jugar entre ellos y que apenas hicieron reparo de su existencia mientras corrían en su forma peculiar. Un poco más allá un Wurmple comía las hojas de un arbusto desde la seguridad de un tronco cercano, el Pokémon insecto apenas posó sus grandes ojos en ella y soltó un chillido agudo, pero poco más hizo.
 
La sensación de ser observada había desaparecido, por lo que dejó que sus parpados se cerraran por un par de segundos, solo para que el efecto volviera con la misma intensidad. La joven volvió a abrir los ojos y esta vez visualizó su izquierda para toparse con un trío de Seedot, que yacían tumbados en la hierba mientras aprovechaban el sol como ella, aunque estos si la miraban con ojos desconfiados y recelosos.
 
Suspiró aliviada al encontrar a los causantes de aquella sensación, pero al momento de volver a enderezar su vista, deslumbró el rostro sonriente un hombre muy pálido y que no había alcanzado a ver antes. Todo el posible calor que su cuerpo pudo absorber del sol, pareció abandonarla de un segundo a otro ante la última visión y el posible peligro que esta representaba, regresó su mirada hasta aquel ser y realmente se encontró con el rostro alegre de un hombre.
 
La habían encontrado.
 
¡Ho...!
 
No dejó que el hombre terminara de hablar y en un movimiento demasiado brusco para su magullado cuerpo, se apresuró a regresar a su escondite, acto que espanto a los Seedot cercanos que soltaron chillidos asustados y corrieron a la seguridad del bosque. No tomó importancia del momentáneo silencio que se formó después de su acción y solo se concentró en gatear desesperada, al tronco caído para volver a agazapar su cuerpo contra el húmedo moho.
 
¿la…? — El hombre terminó su aparente saludo.
 
La joven agudizó sus sentidos y se mantuvo expectante a la proximidad de aquel hombre, que permaneció quieto en el mismo lugar. De repente escuchó la hierba crujir en su dirección, algo se acercaba a su escondite, por lo que su cuerpo se tensó de forma involuntaria.
 
Esperó lo peor y solo oró en silencio para que la dejaran en paz, pero lo que se asomó por la abertura fueron las cabezas del par de Zigzagoon que había visto corretear por el lugar. Los Pokémon parpadearon momentáneamente confundidos y miraron el estrecho lugar con curiosidad, antes de fijar sus inquietos ojos en la joven y comenzar a chillar.
 
La chica que había relajado su cuerpo, al ver que sus invasores eran ese par,  pero volvió a tensarse al escuchar un suspiro cercano. Los Zigzagoon dejaron de hacer ruido y en cambio miraron el exterior mientras nuevos pasos se escuchaban, unos más pesados y lentos.
 
Se estaba acercando, no logró mantenerse segura.
 
Cerró los ojos con fuerza mientras una inmensa sensación de terror la recorría, abrazó su cuerpo en un intento de mitigar los temblores que involuntariamente la estremecían y reavivaban los dolores. No sabía quién era esa persona, tampoco conocía sus intenciones, pero no quería ser atrapada por nadie, no quería morir en ese lugar sola.
 
Con ese pensamiento su cuerpo se estremeció una última vez, antes de que sus ojos comenzaran a brillar por debajo de sus parpados cerrados y la parte superior de su cabeza se calentara. Se preparó para defenderse como su madre le había enseñado, cuando los Zigzagoon abandonaron la abertura y la luz que se filtraba fue repentinamente bloqueada.
 
Oye cálmate… no quiero hacerte daño — Susurró una voz suave y dulce desde el exterior — Solo quiero indicaciones para llegar a la herbolaria del bosque cercano.
 
El recuerdo de su madre parpadeó en su mente perturbada y una relajante sensación la recorrió, al escuchar aquella declaración. Se forzó a abrir un ojo apenas lo suficiente para ver lo que se asomaba por la abertura y en efecto se volvió a encontrar con aquel hombre, aunque en esta ocasión solo podía ver uno de sus orbes ambarinos.
 
Su mirada era cálida y muy diferente a la de sus perseguidores, tampoco era igual a la de su padre o a la de su madre, pero le transmitía tanta paz que no parecía querer dañarla. Se obligó a tranquilizarse, a detener el temblor que sacudía su cuerpo y que acentuaba el dolor de sus heridas, a apagar el brillo que todavía había en sus ojos y que calentaba su cabeza.
 
— No… no sé — La joven respondió con voz rasposa — No… no conozco… deja… Déjame sola — Carraspeó de forma dolorosa ante la sensación de resequedad de su garganta.
 
El hombre pareció meditar su respuesta, ya que su mirada descendió a suelo por un par de segundos, antes de que la sensación agradable volviera a ellos y llegara a ella.
 
Mmm… es una pena, pero no hay problema — Soltó en un tarareó con el mismo tono suave y dulce — Aunque me gustaría que salieras para ayudarte con tus heridas — Respondió con simpleza mientras se alejaba de la abertura — Parecías estar muy mal allí y no me puedo permitir dejar a una señorita a su suerte en este bosque.
 
Escuchó la hierba crujir bajo el peso y movimiento del hombre, antes de sentir cómo se dejaba caer junto al tronco para apoyar la espalda en él mientras ignoraba el sonido que quiebre de la madera podrida hacía al ceder.
 
Prometo no hacer nada extraño, pequeña señorita — Su voz sonó distante, pero al mismo tiempo seguía escuchándose tan suave y dulce como si susurrara a su oído — Así que puedes salir.
 
Parpadeó confundida ante las palabras de aquel hombre y las sensaciones extrañas que le transmitía, quién era o por qué buscaba a su madre, no lo sabía la respuesta a ninguna de esas preguntas, así como tampoco entendía porque parecía preocupado por ella. Lo que sí tenía claro era que no podía hacer nada al respecto contra la presencia de aquel hombre, porque estaba acorralada y él podía tomarla en cualquier momento.
 
Ella no era fuerte y ser consciente eso era un tormento.
 
Tomó una respiración profunda, solo para volver a toser y que nuevas manchas rojas tiñeran el suelo de madera podrida. Observó ida las gotas de su propia sangre, antes de fijarse en la abertura para escuchar los chillidos de los Zigzagoon que parecían llamarla y demandar su presencia.
 
El gesto de los pequeños Pokémon fue suficiente estímulo para alentarla, así que comenzó su lento arrastre hasta el exterior, en donde fue recibida de nuevo por aquella cálida claridad. Todo su cuerpo se tensó y dejó salir un grito agudo, cuando un par de manos la tomaron por las axilas para alzarla al menos un par de metros por encima del suelo.
 
Se elevó hasta que sus ojos se encontraron con el par ambarino, apenas visibles entre un matojo de pelo blanco y aunque ya no había una sonrisa en su rostro, su aura seguía sintiéndose tan apacible y agradable como su voz.
 
Oh… ¿qué te han hecho? — Se lamentó en voz baja — Mi pequeña ninfa.
 
El hombre bajó a la joven y la colocó en lo alto de aquel tronco podrido mientras se arrodillaba frente a ella para comenzar a examinar con extraño cuidado sus extremidades. La joven en ese momento pudo ver como su piel generalmente blanca se haya manchada de diversos tonos desagradables, heridas aún abiertas, sangre seca y tierra.
 
Los hematomas y arañazos cubrían la mayor parte de sus brazos y piernas, al tiempo que tanto las plantas de sus pies como las palmas de sus manos estaban manchadas con su propia sangre y llenas de astillas enterradas. De su vestido no podía decir nada mejor, ya que se había convertido en un trapo rasgado y andrajoso, que apenas arropaba su cuerpo y dejaba a la vista sus delgadas piernas.
 
Dejó de fijarse en su propio cuerpo para observar a aquel extraño sujeto, notando cómo sus ropajes oscuros parecían desgastados y sucios por el uso excesivo, pero que al mismo tiempo daban la impresión de estar hechas de un pelaje muy fino. No pudo evitar preguntarse si era algún tipo de comerciante o un viajero descuidado, porque un ermitaño no podía ser, ya que a pesar de su aspecto tanto su piel como su cabello daban la impresión de ser cuidados.
 
Su piel era tan blanca como debía ser la suya y carecía de cualquier imperfección como si fuera mucho más delicado de lo que su imponente tamaño hacía ver, porque ella era pequeña, pero sentía que él haría ver así incluso a sus tíos más altos. Por otro lado estaba ese cabello blanco, que a pesar de ser un montón desordenada de cabello seguía viéndose tan puro y limpio como una nube con estelas azules entre el algodón.
 
De repente sus ojos volvieron a encontrarse, la sonrisa devuelta en aquel pálido rostro, aunque esta era más modesta y suave que la entusiasta que visualizó unos minutos atrás.
 
No te preocupes… — El hombre canturreó — Soy un mago, así que te curare — Su sonrisa se hizo más pequeña y sus ojos brillaron de forma extraña — Pero necesito que cierres los ojos
 
La joven se estremeció ante el tonó de sus últimas palabras y miró asustada al desconocido, no pudo disimular el temblor que recorrió su cuerpo o las lágrimas que se asomaron por el borde de sus ojos. Al notar la incomodad de la chica, el hombre carraspeó y desvió brevemente la mirada, antes de agregar para tranquilizarla.
 
No es por nada malo… — El hombre aseguró con voz suave y dulce — Solo que no quiero que el brillo de la misma dañe esos preciosos ojos rojos — Su mano se elevó hasta los nombrados, pero no los tocó — Sería muy malo que algo tan hermoso se apagara por mi culpa.
 
No quería confiar en él, seguía teniendo demasiado miedo, pero ya no sabía si era por él o por lo que le había pasado, porque su voz sonaba tan ligera que no lograba inspirarle ninguna sensación de peligro y tampoco tenía fuerzas para correr. Se preguntó si sus sentidos estaban atrofiados, si en algún momento perdió parte de su poder por el cansancio o si ya se había resignado a su inevitable destino.
 
Porque cerró los ojos cómo se lo había pedido.
 
Por sus parpados cerrados se filtraron los destellos coloridos de varias luces, antes de que algo frío se deslizara por sus extremidades y cubriera sus heridas. No sintió ningún tipo de dolor, pero si una abrumadora presencia y el olor penetrante del moho, aunque esto último lo atribuyó a su musgoso asiento.
 
Si esta era la magia de aquel sujeto, se sentía extraña y muy diferente a la de ella o a la de madre, pero eso poco importaba si lograba su cometido. Pasaron un par de minutos y en algún momento la curiosidad de la chica pudo con ella, por lo que intentó abrir los ojos, pero antes de que sus parpados lograran separarse, una palma callosa y descuidada bloqueó su vista.
 
No seas impaciente ni curiosa… pequeña ninfa — El hombre tarareó con voz aparentemente dulce — Cierra los ojos, Katerin — Ordenó con aquella voz escalofriante.
 
Sus parpados se cerraron en contra de su voluntad y todo se llenó de una silenciosa oscuridad, no sabía lo que acababa de pasar, pero todo indicaba que uso magia para que siguiera sus órdenes. Ya no podía hacer nada más, así que dejó que su consciencia nadara a la deriva por aquel mundo opaco y estéril, en donde todo era negro y no se distinguía nada.
 
De repente a la lejanía deslumbró aquella colorida luz que había llamado su atención, solo que ahora parecía un faro en medio de una tormenta, aunque sus ramificaciones asemejaban más a un árbol cuyas coloridas ramas brillaban con vida propia en contraste de un bosque siniestro.
 
La joven no lo pensó mucho y simplemente continuó acercándose a aquellas hermosas luces. Se dejó guiar por la sensación acogedora y tranquila que le transmitían, pero cuando pensó que estaba por alcanzar aquellas luminosas ramas, escuchó un estruendo y el mundo a su alrededor se desquebrajó.
 
El mundo opaco empezó a hacerse en pedazos y de los agujeros una luz cegadora comenzó a entrar, algo que forzó a la joven a cerrar los ojos y soltar quejidos adoloridos mientras intentaba proteger sus cansados ojos del daño. Los sonidos del bosque volvieron a ella, escuchó hojas ser deslizadas y algo suave acariciar su mejilla.
 
La joven abrió los ojos de golpe, al tiempo que soltaba un chillido agudo que espantó al Zigzagoon junto a ella y a los Taillow en el hombro de su acompañante. Se encontraba recostada en una alfombra hecha de hojas a la sombra de un árbol cercano a su antigua ubicación, ya que todavía podía oler aquel moho o quizás este venía del hombre que se haya sentado a su lado.
 
Sus ojos buscaron al sujeto y este le dedicó una sonrisa llena de inocencia, como si nunca la hubiera puesto a dormir, antes de tenderle una hoja de gran tamaño envuelta. Con cuidado se enderezó y se maravilló al no sentir nada de dolor, el hombre había cumplido y ahora estaba curada, así que no dudó en tomar el ofrecimiento.
 
No pudo evitar que su boca se hiciera agua, cuando desenvolvió la hoja y se encontró con trozos cortados de baya. El aroma dulzón que desprendían era tan fuerte, que nubló sus sentidos e hizo que el deseo de consumir aquello para aplacar su hambre creciera.
 
Antes de ser consciente de sus propias acciones, se abalanzó sobre los trozos y los devoró sin muchas contemplaciones. Solo pensó en las consecuencias de sus actos, cuando ya no quedaba nada y todo fue ingerido.
 
Si las bayas eran una trampa ya había caído.
 
La idea de haber comido algo envenenado le asusto e hizo que su estómago se revolviera, pero sentía que iba a ser un desperdicio expulsar aquella deliciosa fruta.
 
Oh… tranquila, no había nada malo en esas bayas — El hombre habló cómo leyendo sus pensamientos y temores — Es poco caballeroso envenenar a una joven tan hermosa, ¿no crees, Katerin? — Sonrió sin malicia — Además… sería fuertemente regañado si hiciera eso — Susurró en voz extremadamente baja.
 
La joven entrecerró los ojos brevemente, al volver a escuchar su nombre de los labios de un desconocido, pero de nuevo él parecía conocer y buscar a su madre, así que sería normal que supiera de ella. Tampoco daba señales de ser mala persona e incluso había curado sus heridas con aquella magia extraña, también le ofreció comida y esas cosas no tenía por hacerlas, pero las hizo.
 
Decidió ser agradecida.
 
— Sé… dónde se podría encontrar… la herbolaria que buscas — Confesó la joven con voz desanimada y la mirada baja — Pero… — Empapó sus labios con el líquido de baya que todavía permanecía en su boca — No te garantizo que este allí.
 
No pudo evitar estremecerse, cuando aquella palma callosa acarició su cabeza  frotó con cuidado los cuernos que sobresalían de su cabello. El rojo asustado buscó el par ambarino y se encontró con aquella sonrisa, que solo transmitía tranquilidad y paz.
 
Entonces estaré bajo tu cuidado, mi pequeña ninfa — El hombre canturreó en tono meloso, antes de apartar su mano y erguir su imponente altura — ¿Nos ponemos en marcha? — Ofreció su mano como soporte a la más joven.
 
La chica sintió que la voz del hombre se distorsionaba ante la última pregunta, por lo que parpadeó varias veces y lo miró consternada. Disimuladamente observó a su alrededor y pudo notar como los Zigzagoon miraban curiosos desde la seguridad de un arbusto, así como uno de los Taillow, que había espantado, volvía para posarse en el hombro del sujeto y flotaba su pequeño cuerpo contra el cabello espeso.
 
Al ver que la fauna no parecía afectada por la presencia de aquel hombre, decidió atribuir el hecho a sus atrofiados sentidos y porque él no parecía peligroso o por lo menos no tanto como sus perseguidores. Tomó la mano ofrecida y se vio siendo alzada con suma facilidad, aunque eso no le extraño, ya que su padre siempre le decía que era extremadamente ligera.
 
¿Puedes caminar… o quieres que te lleve? — El hombre preguntó con calma mientras mantenía su mano callosa sobre la más pequeña — No tengo problema con ninguna de las dos, pero no me gustaría que Katerin se cansara, cuando todavía está convaleciente.
 
La joven miró largamente los ojos ambarinos y buscó por el significado oculto de aquel ofrecimiento, pero no encontró nada más que una aparente buena intención. Soltó un suspiro lleno de cansancio y sacudió la cabeza de lado a lado, antes de deslizar su pequeña mano del dominio de la más grande.
 
— Si puedo caminar por mí misma, entonces prefiero hacerlo… — Katerin sentenció con firmeza, al tiempo que se daba la vuelta.
 
Katerin regresó por el camino que había hecho anteriormente en su desesperación, no tuvo que mirar atrás para sentir cómo aquel hombre la seguía de cerca, porque ahora sabía de quién era aquella mirada que tanto la había agobiado y asustado. El peso de la mirada del albino era abrumadora, pero cada que volteaba para asegurarse que era él quien hacía eso, la sensación cambiaba radicalmente a algo sumamente agradable y suave.
 
No puedo evitar preguntarse si él cambiaba sus intenciones cuando le daba la espalda, pero de ser ese el caso no tendría sentido su acto de haberla curado o de mantenerla libre. Soltó otro suspiro y sacudió su cabeza para espantar los pensamientos innecesarios, antes de concentrarse en lo que tenía que hacer y eso era regresar a casa.
 
Katerin solo se detuvo al pie del acantilado y justo en el lugar donde su cuerpo había impactado al caer, visualizó su propio rastro en el magullado terreno, antes de levantar la vista a la altura que debía superar.
 
¿Ocurre algo…? — El hombre preguntó mientras imitaba su acción de mirar hacia arriba — ¿Quieres ir allá arriba?
 
Katerin dejó de fijarse en la cima para mirar de reojo al hombre junto a ella, solo en ese momento se hizo consciente de su inmensa diferencia de altura, pero no tardó en negar esos pensamientos.
 
— Debemos ir allá arriba… — Katerin declaró en un susurro — Supongo que tendremos que rodear esto y…
 
Pero antes de que pudiera terminar de hablar, sintió cómo su cuerpo era jalado contra aquel hombre para terminar con el rostro enterrado en sus ropas, al tiempo que los brazos masculinos la mantenían quieta con un férreo control. Esperó encontrarse con el horrible olor moho o con cualquier otro fuerte y desagradable aroma que pudiera impregnar las prendas del desconocido, pero en cambio fue recibida por el mismo olor de las bayas que acababa de comer y un extraño olor a rocío como si siquiera acostada en aquella cama de hojas.
 
Katerin pudo sentir como esa ropa dejaba de serlo para convertirse en un pelaje negro y espeso, el brazo que la sujetaba pareció dejar de serlo para pasar a ser una extremidad más firme y musculosa. Se quedó paralizara ante lo que estaba pasando, ya que era consciente de que todavía siendo un experto en magia como su madre, ni siquiera ella era capaz de cambiar de forma como aparentemente era capaz este hombre.
 
Fue rodeada por una sensación fría y extraña que la hizo olvidarse de todo sus pensamientos, mientras sentía que su vista se nublaba y su consciencia parpadeaba, aunque todo apenas duro un momento. No supo en que momento sus pies se alejaron del suelo, pero fue depositada con cuidado en el mismo, al tiempo que todo lo que había percibido desaparecía.
 
Fue liberada del férreo agarre masculino y se encontró con aquella sonrisa calmada que ahora parecía antinatural. Aquellos ojos ambarinos brillaron en extrañeza y su sonrisa tembló, pero eso fue todo lo que pudo sacar de ese desconocido.
 
¿Hay algo mal…? — El hombre preguntó y su sonrisa creció — Ahora estamos en la cima… como habías querido
 
Katerin dio un paso atrás y entrecerró los ojos en dirección del desconocido, que seguía sin parecer una amenaza o peligroso, pero que comenzaba a llenar su cabeza de sospechas. Sabía de la existencia de la magia porque ella y su madre podían usarla con facilidad, así como muchos otros Pokémon con las mismas capacidades que ellas, pero ni su padre ni ningún humano que conocía gozaba de dicha bendición.
 
¿Quizás él era una excepción?
 
Un pensamiento tardío pasó por su mente, por fin entendió que ese hombre no era humano, pero tampoco debía ser un Pokémon, algo que la confundía y aterraba por partes iguales. Ya no sabía que podía esperar de él, si debía temer por su vida o que sería capaz de hacerles a sus padres cuando lo guiara a ellos, ya que aparentemente sí era peligroso y ella no tenía escapatoria.
 
Puedes estar tranquila — El hombre volvió a responder a sus pensamientos — No tengo planeado hacer nada tu familia… — Su expresión no traicionó sus suaves y dulces palabras — Solo preciso los servicios de tu madre.
 
Katerin intentó mantenerse calmada, pero la situación ya la sobrepasaba y a pesar de jactarse de su inteligencia superior en estos momentos no quería pensar en nada o quizás no podía pensar en nada.
 
— Una vez más… gracias… — Katerin agradeció dando un paso atrás para inclinar su pequeña y menuda forma ante su aparente benefactor — Pero… — Miró de reojo al hombre — ¿Quién eres…? — Preguntó sin dejar de mirar sus ojos ambarinos «¿Qué eres…?»
 
De repente el hombre fijó su mirada en ella y el peso de la misma hizo que los sentidos de Katerin enloquecieran, mientras le gritaban que dejara de mirarlo y huyera de allí, aunque su cuerpo no dio señales de querer hacer caso a eso. Sobre la imagen del hombre apareció una especie de ciervo de gran tamaño y pelaje grisáceo, cuyas largas astas azules se extendían en ocho direcciones diferentes y varios metros por encima del suelo. 
 
En un parpadeo la imagen desapareció junto con la sensación abrumadora de su mirada, se encontró con el mismo rostro apacible de siempre y el hombre con una postura relajada, aunque los escalofríos seguían recorriendo el cuerpo de Katerin.
                                                                                                                       
Tengo muchos nombres… — El hombre tarareó — Tantos que es un poco molesto — Admitió, antes de cerrar los ojos — Pero puedes llamarmeGwyn.
 
Katerin se estremeció ante la mención del nombre de aquel ser, muy adecuado para sus características albinas, decidió disimular su incomodidad y en cambio se valió de la aparente buena voluntad que me mostraba. Porque ahora era muy consciente de que si no era ni humano ni Pokémon, podría ser algo mucho peor y si seguía ella seguía con vida, era solo el resultado de su desinterés en acabar con su existencia o quizás de su necesidad de encontrase con su madre.
 
Seguramente moriría en manos de aquel monstruo, pero… ¿Eso importaba?
 
Cerró los ojos momentáneamente y tomó una respiración profunda, captando de nuevo ese olor a moho, el rocío y las bayas. Elevó su vista y se encontró con los ojos curiosos de aquel Taillow que todavía los seguía, pero que solo la miraba a ella por alguna razón.
 
— Muchas gracias Sr. Gwyn — Katerin volvió a fijarse en su acompañante y repitió su inclinación — Será mejor que nos pongamos en marcha… antes de que la noche nos atrape.
 
Sin decir nada más se dio la vuelta sobre sí misma y comenzó a caminar a paso apresurado por el bosque, muy consciente de la pesada mirada que caía en su espalda y que la forzaba a mirar atrás para comprobar a su silencioso compañero. Era una acción tonta, ya que él siempre estaba pisándole los talones y parecía no tener dificultades en avanzar por el bosque de forma silenciosa, porque siendo tan alto…
 
Katerin abrió muchos los ojos, al notar que atravesaba el mismo bosque que había corrido la noche anterior, solo que ahora sentía que lo podía atravesado con extrema facilidad casi como si sus habilidades hubieran mejorado o estuviera danzando a medida que caminaba, aunque lo más probable era que Gwyn fuera el culpable de ello.
 
Sus cavilaciones fueron interrumpidas, cuando sus sentidos captaron con horror un olor particular, uno que la estuvo persiguiendo sin descanso por ese mismo lugar y hasta aquel acantilado por el que se lanzó. Detuvo de golpe sus pasos y miró aterrada a su alrededor mientras ignoraba la mirada confundida de su acompañante o el graznido del Taillow que volvía a posarse en el hombro del albino.
 
Olía a brasas y a humo, algo estaba siendo quemado hasta las cenizas.
 
Apenas razonó el aroma que estaba percibiendo, buscó desesperada el origen y cuando logró dar con el punto exacto, solo pudo esperar lo peor y comenzar a correr.
 
¡Oye!
 
Solo escuchó el reclamo lejano de Gwyn, cuando inició una nueva carrera por el bosque y en dirección al origen de sus temores con una única preocupación en su mente. En esa dirección se encontraba su casa, en ese lugar se ocultaba su familia y ellos eran fuertes, así que tenían que estar bien, ¿verdad?
 
Recordó de forma los gritos de su madre y padre llamándola desesperadamente, los alaridos enojados de los habitantes del pueblo cercano, el gruñido de esos perros agresivos, el disgusto, la repulsión y la decepción de todos los ojos sobre ella.
 
Su carrera fue abruptamente interrumpida por un brazo, el mismo que antes la había sostenido con fuerza y que ahora la elevaba muy lejos del suelo. El acto la hizo volver en sí para presenciar lo que tanto temía y lo que su mente se negaba a admitir.
 
En donde debía estar su casa, ahora solo era una montaña de madera chamuscada y ennegrecida por las llamas, el pequeño campo que su padre había construido para su sustento se encontraba destrozado y pisoteado. No muy lejos los cuerpos inertes y calcinados de todos sus seres queridos, tanto sus padres como sus tíos yacían allí hechos una forma carbonizadas de ellos, el hombre y los Pokémon que orquestaban su pequeña familia.
 
Los culpables todavía revoloteaban por la escena, mientras se aseguraban que todo se quemara por completo para ocultar la huella de sus actos y no dejar evidencia de su atrocidad. Katerin no pudo evitar soltar un chillido agudo y aterrorizado, que alertó a todos los presentes, tanto humanos como Pokémon caninos fijaron su atención en los recién llegados y todos mostraron una expresión de sumo terror.
 
— Esto no puede… — El mismo hombre que había presagiado la muerte de la joven, murmuró sin dejar de mirar a la pequeña Pokémon y al hombre detrás de ella — Se supone que tenía que matarla…
 
La pequeña Kirlia que habían perseguido hasta aquel abismo, se encontraba allí ante ellos en perfecto estado y no estaba sola. Todos dieron un paso atrás, al tiempo que sentían como un desagradable escalofrío recorría sus cuerpos, cuando el hombre detrás de la Kirlia perdía su apariencia humana para mostrar un ser que parecía la sombra de la pequeña Pokémon con la única diferencia que en su cabeza se haya el cráneo de un ciervo de astas azules.
 
¿Qué deseas hacer… Katerin? — Susurró Gwyn a Katerin.
 
Katerin miró la escena ante ella con la vista nublada por las lágrimas y las manos temblando sobre su pequeña boca mientras sus emociones se volvían un caos dentro de ella. Odiaba a esas personas por haber destruido su hogar, por matar a su familia, por darle caza a ella y empujarla a esta situación.
 
Gwyn soltó una risa siniestra en su oído y tarareó con dulzura como siempre había hecho. El brazo que la sostenía ya no parecía humano, pero en ese momento no le importó lo que estuviera haciendo o lo que fuera ese hombre.
 
¿No anhelaste alguna vez ser como ellos…? — Gwyn soltó con voz distorsionada — ¿No querías ser humano y por eso usaste magia para parecer uno…? — Una sonrisa retorcía creció en sus labios — ¿No deseas regresarles el favor…?
 
Cada pregunta le hizo rememorar lo que hizo y lo que causó su acción, la envidia que sentía por aquellos humanos que compartían todo con su padre y que tanto ella como su madre carecían. Porque ella sabía que nada los unía y su padre merecía una hija real, porque era un hombre bueno que cuido y protegió, a una bruja con su cría.
 
A una Gardevoir con gran poder mágico y capacidad de hablar.
 
Los ojos y cuernos de Katerin se iluminaron mientras la magia comenzó a fluir por su cuerpo, al igual que sus sentimientos entremezclados y caóticos. Sintió tanto poder como alguna vez lo tuvo su madre, al tiempo que mandaba las ondas de la misma hacia aquellas detestables personas.
 
Elevó a todos por igual y ejerció su magia sin piedad, ignorando la forma en la que sus cuerpos se retorcían, sus ruegos pidiendo clemencia y los chillidos desesperados de los pequeños caninos que lloraban por el dolor. No se detuvo hasta que todos se convirtieron en una masa viscosa e irreconocible, solo en ese momento se hizo consciente de lo que acababa de hacer.
 
Sus ojos se ampliaron e intentó soltar un grito horrorizado, pero nada salió de su boca y solo entonces notó el aura oscura que la rodeaba, la sensación conocida que la abrazaba y el olor mohoso que parecía ahora ser parte de su ser. Lentamente levantó la vista y no se encontró con el rostro sonriente de Gwyn, sino con el cráneo impoluto de un ciervo, cuyas ocho astas se extendía varios metros por encima y desprendían un colorido espectáculo.
 
Aquel ciervo blanco que había visto superponerse sobre Gwyn ahora estaba parado detrás de Katerin controlándola y amplificando sus poderes.
 
La pequeña ninfa es demasiado impaciente — El cráneo habló con la voz de Gwyn — Katerinte dije que no podías ver mi magia.
 
Katerin sintió que Gwyn o más bien aquel inmenso cráneo se abalanzaba sobre ella, así que cerró los ojos fuerza y soltó un grito silencioso, antes de que  su cuerpo levitara varios metros sobre el suelo. La sensación fue de apenas un par de segundos para terminar en un conocido y doloroso impacto.
 
La Kirlia abrió los ojos para encontrarse en el fondo del acantilado, su cuerpo tan desecho que no respondía ni sentía, el rostro manchado por un líquido espeso y cálido que estaba segura era su propia sangre. Elevó la vista al bosque que la rodeaba, un lugar silencioso y oscuro, a excepción de ese ser, el mismo ciervo la observaba desde la distancia y en silencio con sus astas apagadas.
 
No debió huir al lago después de ser vencida por ese Growlithe.
 
Katerin cerró los ojos y decidió rendirse a su destino, porque ya no sabía que era real o fantasía. Solo le quedó el triste consuelo de escuchar los llamados desesperados de su madre y su entrenador desde varios metros por encima del acantilado por donde se había caído, antes de que todo se sumergiera en esa oscuridad tan apacible y tranquila como la presencia de Gwyn.


 



 
Fin de la mentira del hada


 



Mostrar Pequeña reseña introductoria sobre el Wendigo
El Wendigo es un ser mitológico o un espíritu maligno que generalmente es representado con una forma que puede confundirse entre la de un animal y un humano. Su cabeza siempre es retratada como el cráneo de algún animal herbívoro de grandes astas, un rasgo que destaca sobre su piel o pelaje oscuro, aunque esto último puede diferir entre mitos, algo que también hace alusión al motivo de su existencia.
 
Es un ser que se personifica muchas atrocidades humanas, como lo son la codicia, los excesos y la glotonería. También se le atribuyen eventos como la hambruna y la muerte, así como el acto de canibalismo y el deseo de carne humana, que se dice que provoca al poseer a los mismos.
 
Existen muchos mitos y leyendas sobre ellos, algunos dicen que son criaturas que asechan en el bosque y que son atraídos por personas que gozan de alguna de las características anteriormente mencionas o que se encuentran en un estado de inanición para incitarlos a cometer actos atroces o tabús culturales.
 
Otros dicen que llama a sus víctimas por sus nombres para atraerlos a lo más profundo del bosque y a una posible trampa para garantizar que estos más nunca puedan volver a salir.
 
Por el contrario existen otros mitos que relatan al Wendigo como una criatura pacífica de pelaje blanco, que habita en los bosques y que se alimenta de musgo. Le gusta observar desde la distancia a los viajeros, un acto que en sí no supone un peligro, pero que genera tal sensación de agobio ser observados en ellos que terminaban corriendo hasta su propia muerte.

Esta reseña es para aclarar a los lectores, que mitos fueron usados en el relato.
Con mucho cariño en cada comentario, en especial si hablamos de Gloria
[Imagen: 0OOlYSM.gif]
Y de Ash no hablemos por favor No
 0  0  0  0  0  0  1  0  1  0  0  0  0
Responder
#2
Che guacha atrevida, ¿cómo puede ser que le dedicaste tanto tiempo a un fic de shippeo asqueroso cuando tenías el potencial para darnos algo como ESTO? Es brutal, visceral, místico, bello y tan crudo que no puedo creer que la misma mina que escribió el fic kwaii de Dawn, Saturn y Archie amamantando focas sea la que me está mostrando a una Kirlia volviendo gelatina a humanos y pokémon.

Porque si en ese fic ya notaba indicios de que tenías un manejo de la prosa bastante potente y cierta versatilidad para usar las palabras, acá pusiste primera y explotaste de una forma que me sorprendió. Hay de todo, y las descripciones son tan minuciosas que me imaginé todo con lujo de detalles. Bueno, CASI todo, porque... no supe que la prota era un Kirlia hasta muy adelantado el relato. Sí, tampoco lo supe cuando dijiste que tenía CUERNOS. En mi puta vida voy a asociar los cuernos a un Kirlia, por mucho que me digan que esas cosas que tiene en la cabeza son cuernos. Yo los veo como... no sé, moñitos o colitas de pelo, algo así. Pero qué voy a saber yo de pokemoda.

El hecho de que sea precisamente una Kirlia le da mucho más sentido al resto del relato, y a toda la parte mágica y brujeril que le inculcás desde el principio, con esa cacería inquisidora toda trepidante. Te iba a putear por meter a los adorables Growlithe como perros "infernales" en vez de Houndour, pero hubiera sido raro que los católicos estos usaran a los verdaderos perros del infierno en su favor. Seguramente un Houndour se les habría revelado y defendería a las brujas en vez de atacarlas, después de todo, los dos sirven al mismo cornudo... que no es el que ocupa esta historia. Por suerte, porque sino las similitudes habrían sido tantas que tendríamos que tener una pelea de cuchillos a estribor.

El personaje de Gwyn es re salamero, y tiene toda esa aura mística y de rey duende de David Bowie que hace que quieras seguirlo hacia una muerte más que segura. ¿Al final sí era un Xerneas? Toda la parte de los cuernos azules y que los pokitos del bosque se le suban a los hombros me da la impresión de que sí, porque siempre imaginé a Xerneas como un árbol andante que cuida de todas las alimañas del bosque. Aunque estoy seguro de que ese Tailow stalker tramaba algo todo este tiempo. No habla demasiado, pero lo poco que dice es suficiente para que nos construyas a esta entidad ultra misteriosa y sutil pero con suficiente agresividad como para no ser simplemente un perfecto engatuzador. O sea, el tipo te habla bonito y te dice que no te va a lastimar ni a vos ni a tu familia... Pero también te llama repetidas veces por tu nombre y lo resalta en negrita, cosa que da bastante cagazo.

Una pega que podría ponerle a la virtud en sí que es el manejo de la atmósfera y la construcción del entorno para la indefensa protagonista, es que tal vez toda la introducción se estira demasiado hasta que llegamos al clímax. A mí en lo personal me resultó divertidísimo de entrada porque me gusta cómo fuiste abriendo el panorama y creando el suspense de la minita escabulléndose hasta adentro de un puto tronco para que no la encuentren, pero cuando todo se va al carajo es tan hermoso y espectacular que se siente mucho también lo breve y fugaz que termina siendo. Me habría gustado detenerme un poco más en esa locura y ver quebrada a Katerin luego de caer en la cuenta de lo que había hecho con sus poderes psíquicos, tal vez huyendo de su propia psique y al mismo tiempo del acecho ahora sumamente hostil del Wendigo, pero supongo que tenías que mostrarnos de una vez lo letal que era tu monstruo, y... también había un límite de caracteres, así que dentro de todo considero que lo resolviste muy bien. xD

Hay detallecitos de tipeo y ortografía menores por acá y por allá, pero para la extensión del relato, realmente no son trascendentales ni empañan la experiencia.

Me alegra mucho haberme llevado la sorpresa de que tu tema no era sobre un conejito cornudo, sino sobre un alce caníbal esquelético... mucho más aterrador, si me preguntan. xD!
Y también se agradece el texto ilustrativo al final, porque no conocía nada de estas criaturas. Espero que los otros que vayan subiendo sus relatos de la actividad también puedan explayarse un poco al final sobre los temas que tocaron, así hacemos un contraste y descubrimos lo bien (o mal) plasmados que están en sus pokefics.
[Imagen: 7h3LGNS.png]

Pokémon No More

Sobre el plagio:
"Tenemos un protagonista con nombre japonés que curiosamente tiene cuatro sílabas"
                                                                                                                                        —Velvet
 0  0  0  1  0  0  0  0  0  0  0  0  0
Responder
#3
Cuando leí "wendigo" en tu idea para el concurso hace como un mes y medio me imaginé automáticamente los bichos de Until Dawn. Y cuando por fin pude leer esta historia, que arranca con una chica cayéndose de un acantilado porque la están persiguiendo, pensé "efectivamente, esta es la intro de Until Dawn."
 
Resulta que nada que ver. Como toda historia de thriller psicológico, en la primera leída no entendés absolutamente un carajo de lo que está pasando, te imaginás una chica siendo acosada por un groomer de los que te ponen los pelos de punta, y después tenemos la explicación en magia lovecraftiana con cacería de brujas. Todo decorado con una narrativa impresionante que me hace sentir muy mal por haberme quedado con esta cara:
 
[Imagen: nick-young-confused-face-300x256-nqlyaa.jpg]
 
Así que completamente insatisfecha con lo que había leído, me bajé a la mini-explicación de la idea que usaste, y después me fui a wikipedia, y después me puse a googlear y estuve como media hora leyendo sobre el mito de los wendigo. Y una vez entendí más o menos cómo iba el hilo de las diferentes historias del gigantón cabeza de alce - sumado a que ya tenía el plot-twist revelado del final, le di una segunda leída. Como para entender la intención de la historia, que EVIDENTEMENTE no iba sobre un rarito que acosaba nenas en el bosque ni sobre un flaco que tuvo una hija con una Gardevoir.

Es muy interesante cómo manejaste el mito desde el lado bueno y desde el lado malo, teniendo a este bicho que ayuda, cura y guía a la protagonista, pero que también la incita a fabricar un montón de mermelada de frambuesa y después se la come - (jódanse no los voy a spoilear lean la historia que está buena). Realmente se siente como algo que no quería hacer, lo que le da un efecto trágico y de empatía no solamente a la protagonista sino también a Elias. Sé que entendiste la referencia.

Esperando que la leyenda se centrara en la chica convirtiéndose en bicho come-gente y no encontrándose con él, me tomó bastante de sorpresa y me pareció super original. Definitivamente una historia para hacerle competencia a la de Tomás, si él no se hubiera pasado de vuelta con el dial de autismo y hubiera escrito algo más tranquilo hubieras ganado pero sobradísima. Si alguien decide leerla, asegúrense de hacerlo dos veces, que con una releída no solamente hace que cambie completamente de significado sino que van a encontrar un montón de detalles.
 0  0  1  0  0  0  0  0  0  0  0  0  0
Responder
#4
Mostrar Pyromentario
Para empezar una anécdota curiosa, yo pensé que el Wedingo lo había visto en una película de terror que al final resulto ser otra criatura, una que siempre se nos olvidaba el nombre a mi y a mis amigos y que como no lo mencionaban en la película lo llamamos la "Weaita" que también me suena similar al Wedingo. 
Ahora en lo que respecta al relato en si, me gusto mucho, doy el mismo comentario con el de Saku de que no me causo miedo/horror/terror, pero si la ambientación y lo demás esta muy bien trabajado.
Un buen escenario de fantasía y magia en el mundo pokémon, aunque en algunas partes se siente fuera del mundo pokémon para ser algo propio cómo un cuento de hadas, pero que aun así la temática pokémon funciona bastante bien.
Ya desde la parte temprana con lo expuesto logre deducir que la protagonista algo no humano, considerando de que los huasos decían pareja blasfema y trataban a Katerin como su abominación, ahí pensé "Chale, la protagonista es el producto de una relación humano/pokémon", y dado a las características de Katerin, cabello, ropa, ojos y cuernos, se da a entender que se trata de un Kirlia.
El Wedingo/Gwyn me recordó un poco (lo que recuerdo) a Cartaphilus, eso y de que si en realidad es un Xerneas o una criatura original, esto dado a la apariencia de ciervo, la tonalidad azul y de los múltiples colores de su cornamenta. Es en si un personaje intrigante, como una especie de gurú o shaman errante.
El final y la conclusión me parecen acordes y buenos también, un increíble desenlace que da sentido a los cabos que se iban trazando a lo largo de la historia y que al releerla uno puede ver más en claro los detalles.
Sin nada más que escribir, nos leemos en otra ocasión.
                                       [Imagen: APTHhOg.jpg]
 0  0  1  0  0  0  0  0  0  0  0  0  0
Responder




Usuarios navegando en este tema: 1 invitado(s)