Oneshot- La más bonita de todas las sonrisas

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FranquiciaAnipoke
Género
Resumen

Tras acampar una noche en mitad de una ruta boscosa, Mairin se pone como objetivo hacer sonreír a Alain. Marissonshipping.

#1
Ya estaba anocheciendo en la región de Kalos. Los pokémon diurnos llevaban un rato juntándose en manada para volver juntos a sus nidos, mientras que los nocturnos se estaban preparando para salir de sus escondites en cualquier momento. Un pequeño Chespin que paseaba por una ruta boscosa les miraba con recelo, deseando poder unirse a un grupo de ellos para irse a dormir de una vez.
 
—Ches ches —se quejó agotado, con la esperanza de que al fin pudieran parar a descansar. Iba caminando con el cuerpo inclinado hacia adelante y con sus manos casi rozando el suelo, parecía que hasta la más mínima brisa que soplara en su contra sería capaz de tumbarlo. Su entrenadora, una chica bajita de cabello rojizo, iba caminando en la misma pose, pues estaba igual de cansada que él.
 
—Yo también estoy agotada —le confesó a su compañero. Llevaban todo el día caminando de aquí para allá en busca de megapiedras y sentían que no podían dar un paso más sin caer rendidos. Bostezó y alzó su tono de voz cuando volvió a hablar—. Oye, Alain, podríamos montar el campamento ya.
 
La otra persona que iba delante de ella se detuvo. El chico giró su cabeza para poder verla por encima de su hombro, pero no hubo ni el más mínimo atisbo de soberbia en ese gesto.
 
—¿Estás cansada?
 
—¿Qué te parece? —El chico miró al gran pokémon de fuego que le acompañaba, como si quisiera saber si le parecía bien que pararan. Este asintió.
 
—Está bien, por hoy ha sido suficiente.
 
Tanto Chespie como Mairin se sentaron en el suelo al oír aquello. Dejaron escapar un suspiro de alivio y se tumbaron durante un rato para reponer fuerzas y poder montar el campamento en condiciones, pero antes de que pudieran cerrar los ojos escucharon que Alain ya se había puesto manos a la obra. Ambos alzaron la cabeza y se levantaron cuando vieron que estaba sacando de su mochila las partes de la tienda de campaña.
 
—Pero espéranos, Alain. ¡No lo vas a hacer tú solo!
 
—No pasa nada, lo he hecho muchas veces cuando viajaba por mi cuenta —les dijo sin dirigirles la mirada—. Vosotros descansad.
 
—Pero no es justo… ¡Algo podremos hacer! —Después de todo, Mairin no quería suponer una carga para el entrenador. Si iban a viajar juntos tendrían que repartirse las tareas, eso era lo que hacían los buenos compañeros, ¿no?
 
—Podréis desmontarla mañana, ¿te parece bien? —Su propuesta parecía sincera pero ella sabía que no le dejaría hacer todo el trabajo por sí misma. Le ayudaría, como hacía siempre, y no aceptaría una negativa por su parte. Ella se limitó a asentir, y ya que le había dicho que descansara eso fue lo que hizo.
 
Había un tronco tumbado cerca de ahí, así que avanzó hacia él y se sentó. Chespie se subió a su regazo y lograron estar un tiempo tranquilos, pero tras unos minutos ella empezó a hacerle cosquillas y así es como los dos acabaron jugando. Empezaron a perseguirse y a dar vueltas alrededor del tronco, olvidando por un momento el cansancio que llevaban encima. Cada vez que uno de los dos atrapaba al otro cambiaban de sentido, y estuvieron así hasta que Alain les dijo que ya había acabado y que todo estaba listo. Los dos frenaron de golpe y se dirigieron rápidamente al campamento improvisado, donde el entrenador ya les había preparado la cena. Chespie tuvo su buena ración de pokélitos mientras que Mairin probó una nueva receta, un sándwich de bayas, que le pareció igual de bueno que todo lo que hacía Alain.
 
Cenaron en silencio, pues cada entrenador estaba centrado en su pokémon y en que estuviera disfrutando de su cena. Aun así, Mairin no pudo evitar mirar de reojo varias veces a Alain. No era muy habitual verle sonreír pero parecía que Charizard tenía el poder de sacarle una sonrisa cuando quería, pues era raro verle serio cuando se encontraba descansando junto a su pokémon, tal y como estaba pasando esa noche. El entrenador le acariciaba de tanto en tanto, risueño, y Mairin sentía que no podía apartar su mirada de él, porque tenía una de las sonrisas más bonitas que había visto nunca. Por un lado se alegraba al verle así, pero por el otro le fastidiaba que ella no fuera capaz de causar ese efecto en él. Le gustaría saber cuál era el secreto de Charizard para lograrlo, aunque estaba segura de que si se lo preguntaba al pokémon se le quedaría mirando raro.
 
—Deberíamos irnos a dormir pronto, mañana volvemos a madrugar.
 
La voz de Alain le sacó de sus pensamientos. Ella sacudió la cabeza y volvió a centrarse, pues no le gustaría que le pillara mirándole.
 
—¡Pensé que no lo dirías nunca! —exclamó mientras se ponía de pie. Tuvo que ser producto de su imaginación, o tal vez de las sombras que creaba el fuego de la hoguera, porque le pareció que la comisura de sus labios se alzó ligeramente al verla así.
 
—Pues terminamos de cenar y vamos —dijo mientras le daba otro mordisco a su sándwich. Le pareció que después de eso murmuró algo pero ella no alcanzó a oírlo.
 
—¿Qué has dicho?
 
—Que acabo de caer en que he usado todas las bayas meloc y me gustaría tener alguna por si algún pokémon envenena a Charizard, todavía seguimos en el bosque y está lleno de tipo bicho. Tal vez salga a buscar algunas mañana antes de retomar el camino.
 
Mairin sintió que estuvo a punto de sonreír cuando se le ocurrió una idea al oír aquello. Si ella encontraba un par de bayas y se las daba seguro que le haría muy feliz, pues le ahorraría una búsqueda y además haría algo bueno por Charizard. Eso le arrancaría una sonrisa a Alain, ¿verdad? Seguro que así él haría ese gesto que a ella tanto le gustaba.
 
—Uf, cuántas cosas tenemos que hacer mañana —dijo mientras se estiraba y se limpiaba el polvo de la ropa. Después de eso empezó a andar hacia la tienda de campaña, con Chespie siguiéndole de cerca—. Yo mejor me voy a dormir ya, ¿eh? Que quiero estar llena de energía. ¡Buenas noches!
 
—Buenas noches, Mairin.
 
Al entrar en la tienda se tumbó rápidamente en el saco de dormir y le contó a Chespie el plan. Se harían los dormidos hasta que Alain entrara y cuando él se durmiera los dos saldrían al bosque en busca de las bayas que necesitaba. A su pokémon le pareció una idea estupenda, así que se quedaron esperando pacientemente el momento oportuno para salir de allí.
 



Por suerte Alain no tardó en entrar, y tampoco le costó mucho quedarse dormido, así que Mairin no tuvo que esperar para irse a explorar. Intentó salir en silencio pero al poner un pie fuera tropezó y cayó de una forma bastante aparatosa. Chespie se acercó a ella para ver si se había hecho daño pero la entrenadora estaba más preocupada por si había despertado a Alain con el ruido que había hecho. Contuvo la respiración durante un tiempo y al ver que él seguía durmiendo suspiró, se levantó y se alejó rápidamente de allí.
 
Ya llevaba un par de minutos buscando entre los arbustos y no había encontrado nada. La luna era su única fuente de luz así que intentaba no meterse en zonas muy frondosas ya que iría a oscuras, pero sospechaba que lo que buscaba se encontraba justamente ahí. Al fin se detuvo y se puso a pensar en las opciones que tenía.
 
—¿Qué hacemos? Tampoco quiero irme muy lejos —le preguntó en un susurro a su compañero. No quería perderse en el bosque ya que su idea era alegrar a Alain, no darle un disgusto, pero tampoco quería regresar con las manos vacías. No había nada en los alrededores, así que o se alejaba un poco más o se ponía a investigar las zonas frondosas, y ninguna de esas ideas le gustaba.
 
—Ches… —Chespie tampoco sabía muy bien qué hacer, pues sabía la importancia que tenía para su entrenadora encontrar aquellas bayas, pero ninguna de esas opciones le parecía muy segura. Al ver la indecisión de su entrenadora dio un paso hacia los arbustos y se señaló a sí mismo, haciendo que los ojos de ella se abrieran ligeramente.
 
—¿Quieres ir tú a investigar? —Chespie asintió. Mairin consideró la opción durante unos segundos, su compañero era menos torpe que ella así que no acabaría quedándose atrapado dentro de un arbusto, ni se perdería, ni se enredaría con la primera rama que se cruzara en su camino. Tal vez podría adentrarse para echar un breve vistazo y contarle lo que había visto, si es que la luz de la luna podía colarse entre tanta maleza— Está bien, pero no te adentres mucho, y no tardes en salir.
 
—¡Chespin ches!
 
Al recibir permiso por parte de su entrenadora el pokémon se metió entre los arbustos. Mairin se sentó en el suelo y esperó a que volviera con noticias, ojalá tuvieran suerte y el otro lado estuviera lleno de bayas. Si fuera así podría llenar su boina de ellas, la cara que pondría Alain al día siguiente al despertar no tendría precio. Ya podía imaginarse a sus ojos azules brillando de la emoción, a su brazo extendiéndose para revolverle el cabello y sus labios curvándose hacia arriba… Sintió que una llama cálida se encendió en su pecho al visualizar la escena al mismo tiempo que se revolvía en su asiento por los nervios. Solo una, con una le bastaba, podrían encontrar una baya en aquel bosque, ¿verdad?
 
No supo durante cuánto tiempo había estado fantaseando, pero cuando consiguió volver en sí le sorprendió que Chespie no hubiera vuelto. Le dijo que no tardara mucho y tenía la impresión de que ya había pasado un buen rato, ¿a lo mejor se habría perdido ahí dentro?
 
—¿Chespie? —llamó mientras se levantaba—. No pasa nada si no has encontrado ninguna baya, podemos echar un último vistazo por aquí antes de volver.
 
Esperó un poco para ver si obtenía alguna respuesta. Una suave brisa movió las hojas pero su pokémon no salió de ellas, y tampoco escuchó un sonido que le indicara que estaba volviendo. Mairin miró los arbustos nerviosa, eso era justo lo que se temía. Dio un par de vueltas por allí por si acababa apareciendo pero nada, no había ningún indicio de que fuera a salir pronto. Quería pensar que estaba bien, que a lo mejor se había entretenido… Pero ¿y si no era así? ¿Y si se había perdido? ¿Y si se había encontrado con un pokémon peligroso?
 
—Aaaah, ¿qué hago ahora? —se susurró a sí misma. Podría volver al campamento para pedirle ayuda a Alain pero no quería molestarle ni estropearle la sorpresa, y todavía tenía la oportunidad de solucionar el problema. Podría echar un breve vistazo en el interior de los arbustos y si a unas malas no encontraba a Chespie entonces sí, iría al campamento. Asintió para darse ánimos y se adentró en los matorrales, con la esperanza de cruzarse pronto con su pokémon.
 
Tal y como sospechaba ahí dentro no podía ver casi nada. Tenía que ir con los brazos extendidos y pies de plomo para evitar chocarse y tropezarse con lo que pudiera haber delante, y aun así se cayó un par de veces. Era como su don particular, estaba claro que poco podía hacer por evitarlo, por muchas precauciones que tomará.
 
—¡Chespie! Sal, será mejor que volvamos.
 
Gritó su nombre un par de veces pero seguía sin oír a su compañero. Dio un par de pasos mientras afinaba el oído y le pareció captar un sonido, algo similar a un ligero rumor… Podría tratarse de un río. ¿A lo mejor lo había cruzado? Tal vez estaba buscando bayas allí, pensando que era más probable encontrarlas cerca de donde había agua. Mairin se dio la vuelta para ver el lugar por donde había entrado, si seguía andando en línea recta luego no tendría ningún problema para volver, ¿verdad? Solo tendría que desandar el camino, no tenía por qué perderse. Volvió a mirar hacia adelante y decidió que seguiría andando, al menos hasta llegar al río, pues no podía irse cuando Chespie podía estar allí solo.
 
Con cada paso que daba el rumor se oía con más claridad. Sin duda iba en la dirección correcta, solo tenía que seguir el sonido y acabaría en el lugar indicado. Las ganas que tenía de ver que Chespie se encontraba bien hicieron que empezara a caminar con más rapidez, lo que la volvió algo más descuidada. Sus pequeños pasos se convirtieron en grandes zancadas y pronto se encontró apartando los arbustos que se cruzaban en su camino sin ningún tipo de cuidado. El río aparecería en su campo de visión de un momento a otro, por lo que podía oír dedujo que se encontraría a un par de metros de distancia, era cuestión de tiempo. Fue entonces cuando se dio cuenta de que la luz de la luna volvía a alumbrarle el camino, por fin estaba saliendo de la zona frondosa. Empezó a correr guiada por ella y no aminoró el ritmo cuando apartó el último arbusto, momento en el que se dio cuenta de que ya había salido por completo de aquel oscuro lugar. Se habría alegrado de volver a la luz y de no tener que estar allí ni un minuto más, si no fuera porque sintió que bajo sus pies no había nada. Miró hacia abajo y lo que vio hizo que se horrorizara por completo.
 
Era un barranco.
 
Estaba segura de que hasta Alain podría haber escuchado el grito que dio. Bajó deslizándose por la pared rocosa y en aquel momento solo pudo pensar en lo que pasaría al final. ¿Se estrellaría contra el suelo? ¿Algo amortiguaría su caída? Antes de que pudiera formular otra hipótesis se zambulló de lleno en el río que había escuchado antes. Cuando se dio cuenta de lo que había sucedido logró subir a la superficie, pero no pudo investigar los alrededores porque la corriente le empujaba con fuerza. No podía nadar hacia la orilla, así que tenía que encontrar algo a lo que aferrarse dentro del propio río. Por suerte no tardó mucho en ver algo así, pues divisó a un par de metros una gran roca sobre la que podría subirse y descansar. Extendió sus brazos y se quejó al chocar contra esta, pero prefería el dolor a dejar que la corriente la llevara lejos de allí. Intentó subirse a la roca, resbalando un par de veces en el proceso, pero al fin pudo sentarse sobre esta. Cuando lo hizo se abrazó a sí misma, estaba empapada, llena de tierra y tenía frío, y por si eso fuera poco la corriente no tenía pinta de mejorar. Estaba atrapada ahí y si no encontraba la forma de salir se pasaría la noche en el río, una idea que no le hacía ninguna gracia. Sintió que el labio inferior le empezó a temblar, ¿qué podía hacer? Estaba completamente sola, si al menos tuviera a Chespie podría sacarla con su látigo cepa, pero a saber dónde estaría metido su pokémon. A lo mejor estaba perdido y necesitaba ayudaba también. Mairin sintió que un par de lágrimas empezaron a caer por sus mejillas mientras colocaba sus manos delante de su boca para que hicieran de megáfono. No sabía si eso iba a funcionar, tal vez era demasiado tarde, pero era lo único que se le ocurría y tenía que intentarlo.
 
—¡Alain!
 
A lo mejor él no la escucharía. En ese momento no sabría decir si el campamento estaba cerca o lejos de donde se encontraba, a lo mejor sus gritos se perdían entre los árboles y nunca llegarían a los oídos del entrenador.
 
—¡Alain! ¡Alain!
 
Pero tenía que intentarlo, porque la alternativa era quedarse allí plantada. Pasaron unos minutos y dejó de llamarle cuando empezó a sentir que la garganta le ardía, necesitaba descansar durante un rato. Se llevó las rodillas al pecho y apoyó su cabeza en estas mientras cerraba los ojos, no solo no había conseguido encontrar una mísera baya sino que al final acabaría preocupándole y molestándole, iba a conseguir que sintiera lo opuesto de lo que quería provocarle. Ni ojos brillando, ni muestra de afecto, ni sonrisa, solo una mirada fría mientras le reñía. Y se lo merecía, vaya que si se lo merecía, si se hubiera estado quietecita en la tienda.
 
—Mairin…
 
Pero no, tuvo que salir a explorar en mitad de la noche.
 
—Mairin…
 
Con la única compañía de un pokémon que todavía no había evolucionado, aunque eso poco importaba, pues había acabado separándose de él.
 
—Mairin.
 
Y en vez de volver a por ayuda decidió seguir avanzando cuando estaba claro que eso no podía acabar bien de ninguna de las maneras. ¿Por qué había sido tan cabezota?
 
—¡Mairin!
 
Alzó la cabeza en cuanto le pareció oír su nombre. Miró a todos lados pero no vio a nadie, ¿serían imaginaciones suyas?
 
—¡Mairin!
 
Parecía que era la voz de Alain pero no podía estar segura. Era algo distante, a lo mejor era el sonido del viento meciendo las hojas o algo similar.
 
—¡Mairin! ¿Dónde estás? ¡Mairin!
 
Pero realmente parecía que era el entrenador quien le estaba llamando. ¿Sería él? Mairin sintió que el corazón empezó a latirle más rápido, ¿a lo mejor había escuchado sus gritos? Se levantó con cuidado y volvió a colocar sus manos delante de la boca de forma que crearan un megáfono, por intentarlo no perdía nada.
 
—¡Alain!
 
—¡Mairin! —Sí, era él. El alivio que sintió hizo que le volvieran a entrar ganas de llorar— ¿Estás bien? ¡¿Dónde estás?!
 
—¡En un río! ¡Caí por un barranco al cruzar unos matorrales y llegué hasta aquí! ¡Estoy subida en una piedra! —Estaba tan ansiosa porque fuera a rescatarla que no se dio cuenta de lo preocupante que eso había sonado, pero los nervios le impidieron pensar una manera de suavizar lo ocurrido.
 
—¡Está bien! ¡No te muevas que voy para allá!
 
Al menos él había acudido a su rescate, eso logró tranquilizarla un poco. Alzó la mirada hacia el borde del barranco para poder avisarle en caso de que le viera asomarse, tenía que estar atenta para indicarle donde estaba exactamente. No vio nada durante un tiempo, pero al cabo de unos minutos la silueta de un pokémon apareció recortada en el cielo estrellado. Las dos alas, la forma de dragón… Tenía que ser él.
 
—¡Aquí! ¡Estoy aquí! —gritó a pleno pulmón. Alzó los brazos y los movió para llamar la atención del pokémon y no los bajó hasta vio que este empezó a descender hacia ella. Cuando llegó a su lado vio que se trataba de Charizard, tal y como pensaba, pero su entrenador no estaba sobre él. El pokémon le invitó a subirse y ella lo hizo con cuidado de no mojarle la cola, pues no le gustaría causar otro problema mayor. Se aferró a su cuello y cuando estuvo bien sujeta él alzó el vuelo y la llevó a lo alto del barranco, un par de metros a la izquierda de donde se encontraba la roca, y aterrizó en cuanto tuvo la oportunidad.
 
Charizard se agachó para que Mairin pudiera bajarse con más facilidad pero aun así le costó un poco, así que lo hizo lentamente. Cuando tuvo los pies en tierra firme alzó la mirada y vio que Alain estaba allí, pero no pudo prestarle mucha atención, pues Chespie se encontraba a su lado y fue corriendo a darle un abrazo a su entrenadora en cuanto vio que estaba bien. Ella le levantó para acercárselo al pecho y los dos empezaron a llorar desconsoladamente, asustados todavía por lo que habían vivido pero alegres por haberse reencontrado sanos y salvos. Alain les dio un tiempo para que pudieran abrazarse en paz, pero cuando vio que ya estaban tranquilizándose y habían dejado de sollozar se acercó a ellos. Mairin levantó la cabeza cuando escuchó que se aproximaba y vio que su cara no expresaba ninguna emoción. Ni enfado, ni tristeza, ni alivio, ni preocupación. Nada, solo una neutralidad abrumadora, así le resultaba imposible saber qué estaba pensando.
 
—Lo siento —dijo en un susurro casi inaudible mientras volvía a agachar la cabeza. No hacía falta ser un genio para saber que no estaría muy contento. Él se detuvo a escasos centímetros y ella cerró los ojos, ¿qué haría? ¿Le echaría una reprimenda? ¿Le diría que ya no quería que viajara con él y se separarían en la próxima ciudad? O peor, ¿se daría la vuelta y se iría sin decirle nada? Prefería mil veces su enfado a su indiferencia así que esperaba que se dirigiera a ella, aunque fuera para gritarle por todo lo que había hecho, podría soportar eso pero no que no la hablara.
 
Su cadena de pensamientos se detuvo cuando sintió que él puso una mano delicadamente en su espalda. No se dio cuenta de que había estado temblando hasta ese entonces así que se forzó a parar, aunque le resultó un poco difícil. ¿Qué sería lo siguiente que haría? No tardó mucho en descubrirlo ya que tras unos escasos segundos Alain la empujó con cuidado hacia él, haciendo que ella se chocara con su pecho. La mano que estaba en su espalda bajó para rodear su cintura mientras que la otra empezó a acariciarle el cabello al mismo tiempo que él apoyaba su cabeza en su boina. La estaba… ¿abrazando? ¿En serio? ¿Después de todo lo que había hecho? Las lágrimas no habían abandonado sus ojos y sentía que como siguiera así tardarían un buen rato en irse. Ella todavía seguía sosteniendo a Chespie así que no pudo devolverle el abrazo, pero hundió su cabeza en su pecho para poder acercarse más a él. No entendía por qué él lo estaba haciendo pero le alegraba que no le hubiera reñido, pues ya se sentía bastante mal como para sumarle eso. Alain se apartó un poco pero mantuvo el abrazo y ella finalmente abrió los ojos para establecer contacto visual con él.
 
—¿Por qué te has ido sola en mitad de la noche?
 
Sí, buena pregunta. ¿Qué pensaría si le respondía con sinceridad? Tal vez podía inventarse una excusa… Pero en aquel momento no se le ocurrió nada, era como si el estrés se lo impidiera. Su cerebro no podía pensar en otra cosa que no fuera volver a la tienda de campaña y olvidar lo sucedido.
 
—Yo… Bueno, dijiste que te habías quedado sin bayas meloc y yo… Yo quería ayudar así que…
 
—¿Fuiste a buscarlas?
 
—Sí.
 
—¿Y por qué no esperaste a que fuéramos juntos mañana?
 
—Porque… Quería darte una sorpresa —Alain alzó una ceja al oír aquello.
 
—¿Y eso? —Mairin sintió que sus mejillas empezaron a calentarse en ese instante.
 
—Quería darte una alegría… Para verte sonreír.
 
Ya está, ya lo había dicho. ¿Por qué sentía que iba a morirse de la vergüenza? Acababa de admitir que había hecho algo peligroso solo para verle sonreír, y lo peor es que sentía que sería capaz de hacerlo las veces que hicieran falta. Alain agarró su boina y la bajó para taparle los ojos, impidiéndole ver el ligerísimo rubor que se estaba formando en sus mejillas.
 
—No hace falta que te tires por barrancos para hacerme sonreír, Mairin, de hecho me haría muy feliz que no volvieras a hacer nada parecido.
 
—¡Eso ha sido un accidente! —exclamó tratando de explicarse— Chespie se adentró en unos arbustos y yo me quedé esperándole pero pasaba el tiempo y no salía, así que decidí meterme en ellos también para buscarle. Estaba muy oscuro, no veía muy bien por donde iba y bueno, ya ves como acabé, deslizándome barranco abajo.
 
—Ya veo. ¿Así que estoy en lo cierto si pienso que eres el grito que me ha despertado?
 
—¿Lo oíste?
 
—Sí. Salí a ver qué había ocurrido y fue entonces cuando me di cuenta de que no estabas, ni tú ni Chespie, así que fui corriendo a ver si podía encontraros —Alain apartó su mano de la boina y Mairin pudo volver a ver su cara. Esa vez captó un destello de preocupación en sus ojos—. Al cabo de un rato me crucé con Chespie y me dio a entender que os habíais separado, así que dejé que me guiara hasta el lugar donde te vio por última vez y te busqué a partir de ahí —En ese momento Mairin sintió que Alain se tensó y le abrazó con más fuerza. Su expresión se endureció bastante, eso ya se parecía más a la reacción que pensaba que iba a tener—. No vuelvas a hacerlo.
 
—Lo siento, te prometo que esta será la primera y última vez.
 
—Bien —Alain se relajó y al fin soltó a Mairin. Fue en ese momento cuando se dio cuenta de lo cansada que estaba, y de que sin nada en lo que sostenerse le resultaba muy difícil mantenerse en pie—. Volvamos al campamento, suficientes emociones por hoy.
 
Él empezó a caminar y Charizard le siguió pero ella no se movió del sitio. El entrenador se dio cuenta y se dio la vuelta, preguntándose qué le pasaría para quedarse quieta. Ella se sintió un poco nerviosa antes de hacer su petición
 
—Estoy agotada, ¿crees que Charizard podría llevarme al campamento también?
 
Y entonces, contra todo pronóstico, sucedió aquello que había estado esperando. Alain arqueó las cejas, pero también sonrió, y Mairin sintió al verle así que sus pilas se recargaron y ya no necesitaba la ayuda del pokémon para llegar a la tienda.
 
—Sí, pero no te acostumbres.
 
Con eso dicho él volvió a darle la espalda y siguió caminando. Charizard se acercó a ella para que pudiera subirse a su lomo pero Mairin no reaccionó, seguía mirando al entrenador que se alejaba lentamente y desaparecía entre los árboles. Chespie tuvo que sacarle del ensimismamiento moviendo los brazos delante de sus ojos, momento en el que sintió que todo el cansancio volvió a ella, por lo que no tardó en subirse al enorme pokémon que la llevó hasta la tienda. Una vez allí se metió en su saco, y no pudo evitar irse a dormir con sentimientos contradictorios. Por un lado lo que había hecho estaba mal, sabía que había tenido mucha suerte de que todo hubiera acabado bien y de que le hubieran encontrado a tiempo antes de que la cosa pudiera ir a peor, pero por el otro… Sentía que no podía no estar contenta. Había cumplido su objetivo y Alain había sonreído, ¿cómo iba a sentirse mal por eso? Estaba claro que iba a tener que encontrar una mejor forma de hacerlo pero eso ya lo pensaría más adelante, en ese momento estaba satisfecha con lo que había conseguido. Esa bonita escena fue lo último en lo que pensó antes de caer rendida al fin y pasarse la noche durmiendo del tirón hasta el día siguiente.
  



Alain estaba sentado fuera de la tienda junto a Charizard. Todavía tenía el susto en el cuerpo, el grito de Mairin le había hecho preocuparse y despertarse por completo así que ya no tenía sueño. Su pokémon se quedó haciéndole compañía, pues tampoco estaba muy cansado, y prefería asegurarse de que su entrenador estaba bien antes que dormir. Alain le acarició y alzó la mirada al cielo nocturno, pensando en todo lo que había pasado.
 
—Quería hacerme sonreír y casi me mata de un disgusto —susurró algo molesto, no con ella, sino por el malestar que todavía sentía. Apreciaba la intención pero ¿hacía falta ir tan lejos? Si hubiera sido otra persona lo entendería pero tratándose de ella...
 
Charizard asintió, siendo consciente de que la pequeña había alegrado los días de su entrenador más de una vez. Menos mal que la habían encontrado sana y salva, ahora solo quedaba esperar que no se le ocurriera volver a hacer algo parecido. Si tantas ganas tenía de sacarle una sonrisa a su entrenador él podría darle un par de consejos, siendo el primero que no volviera a ponerse en peligro y el segundo que prestara más atención a su entrenador cada vez que ella hacía cualquier cosa. Tal vez así se daría cuenta de que era siendo ella misma como había conseguido hacer que Alain esbozara más de una vez la más bonita de todas las sonrisas.
[Imagen: 6be4Jwe.jpg]
 
~La dulce brisa que te envuelve en un cálido abrazo primaveral~
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#2
Estuvo entretenido y muy bonito el oneshot. A mitad de la lectura imagine que Mairin encontraría de manera exitosa las bayas, acto seguido, esta se las entrega a Alain. Y para darle una gran y decepcionante sorpresa a ella, Alain le agradece de la manera más fría.  Una cosa con la que me sentí algo identificado fue cuando Mairin grita para pedirle ayuda. Me hizo recordar cuando solía hacer las cosas a mi modo y por culpa de no saber llamar por ayuda.  Ksad

Para no saber de esos dos personajes por no ver el anime...  Me agradó como era la forma de ser de ambos.

 -Espero y te la pases de lo mejor, así cómo yo lo hice al momento de disfrutar tú Oneshot.
Saludos!!!!
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#3
Lo que uno hace por las sonrisas, pero eh, sirve que Manon tiene una mejor referencia de como hacer a su amado feliz.
Rompe mi armadura si quieres. Al final, terminarás arrepintiéndote de hacerlo...
[Imagen: IIhG3l7.gif]
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