Oneshot- La Soledad de un Campeón

ExtensiónOneshot
Extension larga
FranquiciaCoregames
GéneroAventuraDrama
Resumen

Mi nombre es Ethan. Soy el entrenador pokémon más fuerte del mundo con tan solo 18 años. Todo en mi vida es perfecto. Y aún así me siento vacío.

#1
“Pueblo Primavera, el pueblo donde soplan vientos de un nuevo amanecer”. Así eran las palabras escritas en el cartel que señalaba la entrada a nuestro pueblo para todo aquel turista o visitante. Habían sido así desde que tenía memoria. ¡Y vaya que soplaban con fuerza aquellos vientos del oeste! No importaba la estación del año o la hora del día en la que uno se encontrase, nunca dejaban de soplar. Mucho menos en primavera, trayendo consigo una cálida y tierna brisa que anunciaba la próxima e inevitable llegada del verano.

Aquella primavera se cumplían siete años desde el día en que había salido de la casa de mi madre con mi por aquel entonces nuevo Pokégear. Siete años desde la hermosa mañana en la que, a pedido del profesor Elm, salí por primera vez de mi pueblo natal con rumbo a la ruta 30 de la región para retirar el huevo de un Togekiss que había obtenido el auto-proclamado Señor Pokémon, acompañado de mi primer pokémon, un pequeño y simpático Cyndaquil. Siete años desde el día en el que comencé un viaje que cambiaría por completo mi vida, un viaje en el que hice amigos y enemigos por igual, derroté a todos los líderes de gimnasio regionales, desmantelé definitivamente a la organización criminal conocida como el Equipo Rocket, me convertí en el campeón de la Liga Pokémon, obtuve experiencia combatiendo a los líderes de gimnasio de Kanto y escalé hasta la cima del indomable y mortal Monte Plateado. Me había vuelto el entrenador pokémon más fuerte del mundo.

Y ahora me encontraba allí, tirado boca arriba sobre el verde y recién cortado pasto de mi pueblo natal, observando el avance de las nubes y el sincronizado aleteo de las bandadas de Pidgey y Spearow a través del hermoso cielo azul, sintiéndome más vacío que nunca, con tan solo dieciocho años de edad. ¿Qué podía hacer ahora con mi vida? Había conquistado prácticamente todo lo que mi región y Kanto tenían para ofrecerme, y nadie podía hacerme frente ni a mí ni a mi equipo. A dondequiera que fuera todos los entrenadores de la región me aclamaban y se arrodillaban ante mí, siendo su pokémon más fuerte un Metapod cuyo mejor movimiento era el de Fortaleza. Ya ni siquiera los dragones de Lance y de Clair o el Feraligatr de Silver podían resistir el Colmillo Hielo de mi Gyarados rojo, al que había capturado en el Lago de la Furia para aplacar su ira cuando el Equipo Rocket forzó su evolución mediante las ondas sonoras de alta frecuencia que emitían desde el almacén que usaban como base secreta en Pueblo Caoba. En ocasiones llegaban a mi casa campeones de regiones como Hoenn, Sinnoh y Unova con la intención de desafiarme, utilizando pokémon muy peculiares y poderosos que nunca antes había visto antes, pero aún con todo esto hasta el Swampert de Brendan, muchacho originario de Ciudad Olivo que ahora era campeón de Hoenn y con quien terminaría entablando una gran amistad, no fue rival para mi Heracross.

“Ethan” susurró una voz familiar al lado mío “¿Te encuentras bien?”

Me di la vuelta sorprendido, intentando no hacer movimientos bruscos. Lyra, la chica que había sido mi vecina desde que tenía memoria y ahora mi novia, se encontraba acostada a mi izquierda, observándome con evidente preocupación en su rostro. Ya eran tres años desde que habíamos comenzado a salir, y durante aquel lapso había llegado a considerarla el amor de mi vida. Sus bellos ojos color miel denotaban tristeza. Odiaba verla así, pero en el fondo sabía que tenía más de una razón válida para hallarse en ese estado de ánimo.

“S-sí” contesté con temblor, tardando demasiado en abandonar mi tren de pensamiento “¿Por qué lo preguntas?”

“Joey me ha dicho que has estado muy distraído durante las sesiones de entrenamiento que le das a su Rattata” respondió ella, acurrucándose sobre mi pecho y rodeándome lentamente con su brazo derecho para proceder a abrazarme “Incluso tu madre me ha comentado que rara vez cenas, y que te vas muy temprano a acostarte. ¿Acaso pasa algo malo?”

“No, Lyra” respondí, liberando un fuerte suspiro cargado de frustración “No pasa nada malo. Es solo que...siento que ya he alcanzado mi máximo potencial.”

“¿Máximo potencial?” preguntó ella extrañada, arqueando su ceja derecha con incredulidad “¿A qué te refieres con eso?”

“Piénsalo” dije cubriendo lo que quedaba al descubierto de mi frente con mi vieja gorra gris y amarilla “Apenas siendo un niño me volví más poderoso que cualquier entrenador en este mundo, incluso más que los miembros del Clan de los Dragones y que los del Alto Mando. Estoy cansado de sentirme siempre intocable. Quiero vivir nuevos retos para fortalecer a mis pokémon, enfrentar a un oponente que sea digno de mí. Alguien que me haga sentir lo que sentí el día que derroté a Lance y conseguí el título de campeón.”

“¿De eso era lo que se trataba todo?” me respondió Lyra aliviada. Pude deducir por la expresión que su cara había adoptado que ella había temido algo mucho peor, que estaba tomándose lo que decía a la ligera “No seas ridículo. Hay otras cosas que se pueden hacer junto a los pokémon que solo entablar combates. Tú más que nadie debería saberlo, especialmente teniendo en cuenta el fuerte vínculo que tienes con ellos.”

“No lo comprendes” le contesté con un dejo de irritación en el tono de mi voz “Tú solo ayudas al profesor Elm con sus investigaciones sobre la crianza pokémon, y no sabes nada sobre combates. Solía amar combatir en todas partes con mis pokémon. Adoraba la adrenalina, el sentir cómo me conectaba con ellos cada vez que algo nos golpeaba, que resistíamos el golpe y que contraatacábamos, sabiendo que con cada batalla nos fortaleceríamos y creceríamos juntos. ¡Ahora siempre que entablo un combate lo único que puedo hacer es mirar a mi rival con condescendencia, sabiendo que con tal solo decir unas palabras ya habré vencido! ¡Estoy harto de salir invicto!”

“Tal vez no pueda comprenderlo” contestó ella enojada “Pero debes recordar que los pokémon no son solo herramientas. También son nuestros amigos, y nos acompañan tanto en las buenas como en las malas. Los combates no lo son todo. Podrías asistir a los concursos de belleza y carisma que suelen darse en Hoenn y Sinnoh y así probar nuevas experiencias, o a los concursos de captura de bichos que se dan los martes, jueves y sábados en el Parque Nacional que está al norte de Ciudad Trigal. ¡Hasta podrías completar esa Pokédex que te dio el profesor Oak o ayudarme con el estudio de las Ruinas Alfa, como prometiste que me ayudarías a hacerlo!”

“¡No es lo mismo!” repliqué molesto “¡Los concursos son solo de exhibición! Cualquiera podría hacer eso. Además, ¡¿De qué sirve ser siquiera entrenador si no tengo a nadie a quien superar?! ¡Ni siquiera soy un adulto y ya he logrado mis sueños y ambiciones! Me hace sentirme impotente. O lo que es peor: solo.”

“Ethan, no digas eso” pidió ella “Sabes muy bien que no estás solo. Tu madre, el profesor Elm, Lance, Joey, Silver y tus pokémon te apoyan. También me tienes a mí. Además, siempre habrá alguien más fuerte a quien superar. ¿Nunca has pensado que tal vez haya alguien a quien conozcas que podría sentir exactamente lo mismo que tú?”

Las palabras de Lyra produjeron en mi mente una epifanía que me sacudió más fuerte que cualquiera de los pulsos umbríos del Gengar de Silver. Iluminado, me levanté del suelo a una velocidad que incluso el pokémon legendario del rayo Raikou envidiaría, sin previo aviso. En efecto conocía a alguien que podría sentir exactamente lo mismo. La solución era más que clara.

“¡Por todos los cielos!” grité en voz alta “¡Ya sé lo que debo hacer! ¡Lyra, eres brillante!”

“¡Au!” protestó Lyra mientras se incorporaba adolorida. Había perdido el equilibrio, golpeándose fuertemente contra el suelo cuando me levanté “¿Lo soy?”

“¡Por supuesto que lo eres!” afirmé para luego tomarle rápidamente de la cintura y besarle para sorpresa de ella. Sus labios eran más exquisitos que la más dulce de las avellanas. Ella no se resistió y cerró los ojos a la vez que rodeaba mi nuca con sus manos. Cuando finalmente me aparté para dejarle respirar me observó embelesada y con una sonrisa dulce, como si acabase de despertar del más idílico de los sueños “¡Ya sé exactamente lo que debo hacer, y todo es gracias a ti!”
Volví a sentarme sobre el pasto y saqué de mi mochila mi vieja Ultra Ball para desconcierto de Lyra, que me observaba perpleja. Acto seguido me levanté por segunda vez y me preparé para lanzarla al aire, apuntando en dirección hacia la salida al mar que conectaba tanto a mi pueblo como al resto de la región con el este de Kanto.

“¡Adelante, Lugia!” grité sin ocultar mi entusiasmo, lanzando la ball lo más alto que podía.

La Ultra Ball se abrió en pleno vuelo, liberando un rayo de luz blanca y radiante para luego caer nuevamente en mi poder. De ese gran rayo emergió Lugia, aquel gigantesco y solitario pokémon al que había probado mi valía y la pureza de mi alma tantas primaveras atrás. La magnífica y majestuosa ave legendaria de plumas plateadas y estómago azul claro emitió un reverberante canto que sonaba como la melodía más bella jamás compuesta, dio una gran vuelta en el aire y se volteó hacia nosotros, agitando las hojas de los árboles cercanos y produciendo ondas en la orilla del mar con el solo batir de sus titánicas alas. Parecía muy feliz de verme.

“¡Lugia!” volví a gritar con una gran sonrisa y cerrando mi puño derecho con determinación “¡Necesito tu ayuda! ¡Necesito que me lleves hasta el Monte Plateado!”

Lugia asintió levemente con la cabeza, demostrando que comprendía mis palabras. El guardián de las Islas Remolino descendió levemente sobre el pasto a pocos centímetros de mí hasta que sus patas hicieron contacto con el suelo. Acto seguido plegó sus alas y cerró las diez placas de color azul oscuro que se hallaban a ambos costados de su espalda, lo que le permitió agacharse y mirarme a los ojos, invitándome a que subiese a su lomo. Estaba a punto de prepararme para saltar sobre él y ubicarme cerca de su cuello cuando vi que Lyra venía corriendo hacia mí a toda velocidad.

“¡Espera!” alcanzó a decir “¡¿El Monte Plateado?! ¡¿Por qué piensas ir allí?!”

“Hay algo que debo descubrir en la cima de ese monte” le dije con firmeza “Volveré antes de que el sol se haya puesto.”

“¡¿Estás loco?!” gritó Lyra aterrada “¡No sobrevivirás a tan bajas temperaturas dos veces! La última vez que lo escalaste regresaste completamente entumecido y tiritando de frío. ¡Los médicos estaban tan sorprendidos con tu estado que juraron que deberías haber muerto con lo pálido y helado que estaba tu cuerpo!”

“¡No trates de detenerme, Lyra!” sentencié con firmeza “¡Debo ir! Además estaré bien siempre y cuando mis pokémon estén a mi lado. Desde la última vez que subí ese monte estudié y memoricé cada entrada y cada sótano en su interior para protegerme del frío. Lo conozco como la palma de mi mano, y es ese conocimiento lo que me mantendrá con vida allá arriba.”

“¡Si no puedo detenerte entonces iré contigo!” gritó ella, poniéndose justo en frente de Lugia para impedir que este emprendiese vuelo “¡Aún poseo el Celebi que me diste el año pasado por mi cumpleaños, cuando viajamos en el tiempo y derrotamos al líder del Equipo Rocket! ¡Con sus habilidades curativas evitará que tus pokémon se congelen o mueran!”

“¡En ese caso sube ya mismo!” grité ansioso por partir “¡Cuanto más rápido nos vayamos más pronto regresaremos!”

Lyra asintió con la cabeza y me dedicó otra sonrisa de afecto. A pesar de haber pasado siete años aún seguía siendo la misma chica dulce y aventurera de la que me había enamorado cuando ambos teníamos once años. Todavía vestía aquella camiseta roja y aquel peto azul que llevaba puestos el día en que recibí a mi Cyndaquil, y sorprendentemente aún no le quedaban chicos. ¿Acaso el tiempo se había congelado para siempre alrededor de ella y por ello lucía igual que cuando descubrí lo que sentía por ella? De una u otra forma me sentía el joven más afortunado al tener como novia a una chica tan permisiva y protectora como ella.

“¡Marill!” gritó dándose la vuelta para llamar a su pokémon mientras se subía sus medias blancas, levantaba del suelo su bolso de mano amarillo y se ajustaba su gorro blanco de lazo rojo. El pequeño pokémon ratón de piel azul y barriga blanca dejó de corretear alegremente en círculos y subió a su espalda “¡Ven, precioso! ¡Nos vamos!”

Una vez Lyra se ubicó detrás mío y me aseguré de que estuviese sujetándose fuertemente de mí observé a Lugia para indicarle que ya podíamos irnos. El pájaro legendario no necesitó que dijera palabra alguna y, batiendo nuevamente sus alas, abandonó el suelo, emprendiendo el vuelo para llevarnos hacia nuestro destino.

En menos de unos diez minutos estuvimos cerca del Monte Plateado, el cual como siempre se encontraba rodeado de una niebla densa y espesa que no permitía ver nada, desafiando las leyes de la física y la meteorología. Volar hasta la cima a ciegas y tratando de abrirse paso a través de la caída de la nieve era suicidio, por lo que le pedí a Lugia que nos dejara justo en frente de la entrada a la Cueva Plateada para luego regresarlo a mi Ultra Ball, donde estaría cómodo y a salvo.

En cuanto ingresamos sentí un familiar viento gélido recorriéndome la espina. La cueva se encontraba en completo silencio sin contar los insistentes murmullos del viento al hacer contacto con el monte y los pasos de Lyra, que me seguía de cerca. Su Marill tiritaba, manteniéndose aferrado y frotando su cuerpo contra la espalda de su dueña para mantener el calor corporal.

Nuestras pisadas eran rápidas y secas, siendo acallados por la tierra blanda y helada. No había pokémon salvajes a la vista con excepción de una pareja de Donphan que pasó rodando acompañada de su cría, un Phanpy recién nacido, sin detenerse. En el camino llegamos a avistar a Moltres, el ave legendaria del fuego. El impresionante pájaro dormitaba dentro de la misma cueva en la que lo había hallado años atrás, con las llamas en su cabeza, sus alas y su cola ardiendo al rojo vivo, iluminando el recinto y emitiendo una fuerte onda de calor más poderosa que cualquier estufa en existencia. Resolví que lo mejor era no molestarle, pues aún recordaba el encarnizado combate que mi equipo y yo habíamos entablado con él, por lo que convencí a Lyra de seguir adelante.

Al cabo de un rato llegamos a un callejón sin salida en la forma de un gran muro rocoso que, por lo que recordaba, era escalable. Saqué de mi mochila mi Safari Ball e invoqué a mi Tyranitar para ordenarle que usase Treparrocas, a la vez que ambos nos colgábamos a las púas situadas detrás de su espalda. Antes de que pudiésemos pestañar ya habíamos subido el muro por completo. Regresé a Tyranitar a su ball y salimos juntos a la luz que provenía del exterior.

Finalmente habíamos alcanzado la cima. La nieve volvió a caer sobre nuestras cabezas con fuerza, bloqueando completamente nuestro campo de visión y el sendero. Un paso en falso y caeríamos al vacío, donde nadie oiría nuestros gritos y nuestros cuerpos jamás serían encontrados. No se podía ver absolutamente nada salvo las llamas en los hombros de mi Cyndaquil, ya evolucionado en un gran y fiero Typhlosion, a quien había sacado de su Poké Ball para iluminar y guiar el camino. El calor que su cuerpo irradiaba desentumeció nuestros músculos, dándonos las fuerzas suficientes para continuar.

Avanzamos unos cuantos pasos, hasta que la punta de mi pie derecho chocó con lo que evidentemente era una serie de escalones ascendentes, los seis que había estado buscando. El momento había llegado.

“Lyra” musité volteándome a verla, liberando un pequeño halo de vaho de mi boca. Con ayuda de la débil luz que proporcionaban las llamas de Typhlosion descubrí con alivio que ella y su Marill se hallaban a escasos centímetros de mí “Quédate aquí. A partir de este punto debo ir solo.”

“¿Qué?” preguntó ella asustada, acercando sus manos al cuerpo de Typhlosion para calentarlas y recuperar el color de su rostro, pues estaba más pálida que un fantasma. Pude sentir cómo el horror comenzaba a dominarla por la forma en la que me hablaba “¡¿Pero por qué?!”

“Hay algo que debo hacer allí arriba” dije mientras subía el primer escalón y hacía señas a Typhlosion para que me siguiera “No tardaré mucho. Quédate dentro de la cueva, y si surgen problemas usa a Marill y a Celebi. Ellos te protegerán de cualquier pokémon salvaje que intente atacarte.”

Noté como Lyra retrocedía temerosa, mirándome como si no me conociera. Debía de pensar que me había vuelto irremediablemente loco. Finalmente me contestó asintiendo decidida con la cabeza y regresó junto con su Marill por donde habíamos venido, hasta que ambos fueron envueltos por la nieve, perdiéndose de vista. Ajusté mi gorra y estaba a punto de poner mi pie izquierdo sobre el segundo escalón cuando me di cuenta de que no podía moverme. El frío de la montaña era tal que mi pie había quedado completamente congelado, pegado al primer escalón como si fuese parte de él. Intenté forcejear, pero me di cuenta de que era inútil. Para evitar lo que hubiese sido la amputación más dolorosa de la historia le pedí a mi Typhlosion que usase Lanzallamas. Mi pokémon, dubitativo y probablemente con temor a quemarme, escupió una pequeña y leve llama que derritió por completo la capa de hielo, liberando mi pie en el proceso. Acaricié su cabeza como gesto de agradecimiento y él lo aceptó con gusto, rozando cariñosamente mi mano izquierda con su hocico en respuesta.

Subimos los cinco escalones restantes cubiertos de escarcha y caminamos juntos un buen trecho, recorriendo lo que quedaba del escarpado pico, hasta que llegamos al borde del precipicio. Allí arriba no había nadie, solo nosotros dos y la nieve, que cada vez se tornaba más y más espesa. Typhlosion olisqueó el aire y gruñó con desconfianza. No le gustaba estar allí, y a mí tampoco.

“Sé que estás aquí” dije en voz alta, casi gritando “No me dejes aquí esperando. ¡Muéstrate!”

La nieve tapó por completo el risco y un ventarrón huracanado de lo más siniestro se desató, rugiendo con la ira de los vientos del sur. No obtuve respuesta. Y cuando estaba a punto de darme la vuelta para emprender el viaje de regreso, sintiéndome derrotado, él apareció.

Él estaba parado frente a mí, mirándome fijamente. Aquel misterioso y legendario entrenador que había emprendido y completado el mismo viaje tres años antes que yo siquiera hubiese considerado iniciarlo, solo para terminar perdiéndose en aquel helado monte al cual solo los más valientes y experimentados entrenadores podían acceder, convirtiéndose en una leyenda urbana. ¿Por qué había subido hasta allí? ¿Realmente era él o solo se trataba de un fantasma que se presentaba cada muerte de obispo para desafiar a aquellos que consiguiesen llegar hasta la cima sin morir en el intento? Nadie lo sabía a ciencia cierta, ni yo estaba del todo seguro. Su cabello castaño oscuro, su chaqueta de color rojo y sus largos pantalones celestes se agitaban ante la fiereza del clima y sus zapatillas de rayas negras y rojas producían un ruido seco cada vez que daba un paso, pero su piel presentaba una blancura casi espectral y su cuerpo no proyectaba sombra alguna. Sus ojos, profundos y siempre apuntando al frente, en ocasiones parecían adquirir una tonalidad rojo sangre, para luego regresar a un castaño similar al de su cabello. Pero lo que jamás cambiaba era aquel rostro serio, casi inexpresivo, indiferente ante la baja temperatura, ante el suelo cubierto de escarcha. Indiferente ante la caída de la nieve.

“Q-quiero volver a luchar contra ti” conseguí decir finalmente, tartamudeando. El frío finalmente estaba acabando conmigo “Hay a-algo que d-debo averiguar.”

Él no me contestó. Mantuvo sus ojos clavados en mí unos segundos más, ignorando a Typhlosion, quien comenzaba a impacientarse. Luego bajó su gorra con su mano izquierda mientras sacaba con la derecha de un bolsillo de su pantalón una Poké ball para dejarla caer al suelo. De ella salió su Pikachu, quien al vernos se puso en cuatro patas y se agazapó con el pelaje erizado, adoptando una posición de ataque. De sus pequeñas mejillas rojas brotaban ocasionalmente fuertes chispazos amarillos de energía eléctrica en forma de advertencia, más veloces que cualquier impulso eléctrico en la mente humana.

Instintivamente saqué de mi mochila la Safari Ball que contenía a mi Tyranitar, quien emergió de ella haciendo temblar el suelo con sus patas y lanzando un rugido de guerra. Al ser un pokémon de tipo roca con una gruesa coraza protectora, el hielo y la nieve no le afectaban en lo más mínimo. El Pikachu ni se inmutó ante semejante demostración. Se abalanzó sobre Tyranitar usando el movimiento Cola Férrea, dando así inicio a la batalla.

Era un combate como ningún otro que hubiese librado antes, incluso mayor al primero que había tenido contra él. Nuestros pokémon estaban tan igualados en poder que sus ataques penetraban en la neblina asesina que rodeaba el monte, hiriéndola de gravedad: Tyranitar consiguió acabar con su Pikachu usando Roca Afilada, pero no fue rival para su Blastoise, quien le tumbó inmediatamente con su poderoso Hidrocañón, seguido de una devastadora Onda Certera. Sin perder ni un segundo regresé a Tyranitar a su ball y mandé en su lugar a mi Ampharos, quien en un santiamén acabó con Blastoise haciendo uso de sus ataques eléctricos, posteriormente cayendo rendido ante el potente movimiento Ventisca de su Lapras. Con Tyranitar y Ampharos derrotados, envié inmediatamente a mi Heracross, quien se aprovechó del daño que Lapras había recibido por parte del movimiento Trueno de Ampharos para explotar sus puntos débiles y rematarle con un poderoso Karatazo.

Él no mostró ni el más mínimo dejo de desesperación. Tranquilamente regresó a Lapras a su Poké ball para luego sacar a su Snorlax, quien pese a tener desventaja de tipo y a su baja velocidad supo resistir y devolver casi todos los ataques de Heracross gracias a su grasa corporal, respondiendo con un Giga Impacto, al mismo tiempo que mi Heracross contraatacaba con Megacuerno, su movimiento más poderoso. El choque entre ambos produjo una explosión que levantó una gran polvareda. Cuando el humo se disipó, ambos contendientes cayeron debilitados, resultando en un empate. La nieve volvió a caer con la misma fuerza que antes, esta vez acompañada de granizo.

Al fin volvía a sentir aquella sensación que tanto anhelaba. Mi corazón latía a una gran velocidad y el sudor empapaba todo mi cuerpo. Ya no tenía frío, y la adrenalina me dominaba por completo. Él me mantuvo la mirada y se quedó allí parado sin moverse, evidentemente esperando a que sacase a mi siguiente pokémon.

Regresé a Heracross a su Super ball y lancé mi Peso Ball, de la que mi Gyarados salió serpenteando, hasta erguirse y emitir un rugido igual de ensordecedor que el de Tyranitar. Él mantuvo la compostura y lanzó su quinta Poké ball, revelando a su Venusaur. Le ordené a Gyarados que usase Colmillo Hielo, pero su Venusaur fue más veloz y usó Somnífero, poniendo a Gyarados a dormir de inmediato. Después de eso, procedió a usar Gigadrenado y a rematar con Planta Feroz. ¡Gyarados había caído antes de siquiera haber podido moverse!

Con el corazón prácticamente en la boca a causa de la emoción, regresé a Gyarados y lancé mi Ultra Ball, haciendo que Lugia se preparase para batallar. Pese a empezar utilizando el movimiento psíquico Paranormal y tener ventaja de tipo, la gran ave legendaria se encontró a merced de Venusaur, quien comenzó envenenándole con Bomba Lodo y continuó robándole energía mediante Gigadrenado. Reconociendo que no triunfaría y que tanto el veneno como el granizo que caía sobre sus alas terminarían de debilitarle por completo, Lugia decidió reunir toda la energía que le quedaba para utilizar su ataque característico, Aerochorro, con el cual finalizó el duelo, llevándose a su rival consigo antes de caer desmayado.

Una vez más habíamos empatado, y a ambos solo nos quedaba un pokémon. Él aún tenía a su Charizard, mientras que yo solo podía contar con Typhlosion, quien hasta aquel entonces había permanecido a mi derecha, observando la batalla con sumo interés y estando erguido sobre sus patas traseras. Si quería vencer, literalmente tendría que combatir fuego con fuego. Typhlosion me sonrió asintiendo la cabeza con completa confianza y corrió en sus cuatro patas a ponerse en posición, mientras yo regresaba a Lugia a su Ultra Ball. Él por su parte se limitó a retirar a Venusaur del campo de batalla y a lanzar su última Poké ball. Su Charizard entró en escena golpeando fuertemente la tierra con sus patas y desplegando sus magníficas alas, rugiendo un desafío y con la llama en la punta de su cola ardiendo con vigor. Typhlosion lanzó un rugido igual de potente que produjo que la tierra debajo de nosotros comenzara a resquebrajarse, aceptando el reto.

“Pokémon fuertes. Pokémon débiles. Esa es la visión egoísta que tiene todo el mundo. Si un entrenador es bueno, debería ser capaz de ganar con sus favoritos.”

Las sabias palabras de Karen, miembro del Alto Mando especializada en pokémon de tipo siniestro, sonaron después de tantos años en mi cabeza. Mis pokémon y yo realmente habíamos llegado muy lejos, y nada ni nadie había podido detenernos gracias a nuestros esfuerzos combinados y el vínculo que nos unía. Desde el día en que salí de aventuras con Cyndaquil nunca había pensado demasiado en cosas como averiguar qué especies eran más fuertes que otras como Silver y muchos otros entrenadores de mi edad hacían, sino en saber progresar con los compañeros de viaje que ya había hecho. Y ahora, teniendo dieciocho años, era considerado el entrenador más poderoso. Y el único que se encontraba a mi nivel estaba parado frente a mí.

El frío me hizo sacudir la cabeza y volver a la realidad, para descubrir que Typhlosion aguardaba mis instrucciones con una mezcla de entusiasmo y temor. Él y su Charizard, por otra parte, permanecían inmóviles, sin quitarnos los ojos de encima, como si estuviesen esperando a que hiciésemos el primer movimiento. ¿Acaso era por cordialidad o solo para estudiarnos y así descubrir alguna debilidad de la que no fuésemos conscientes? De todas formas ya nada de eso importaba. Este round sería el decisivo, y debíamos dar todo o nada.

Comencé por ordenarle a Typhlosion que comenzase usando Lanzallamas, y este lo hizo antes de que siquiera terminase la oración liberando una enorme llamarada, como si me hubiese leído el pensamiento. El Charizard enemigo esquivó fácilmente el ataque, remontando vuelo a una velocidad impresionante y contestando con Tajo Aéreo, liberando dos potentes ondas eólicas de sus alas. Typhlosion logró esquivar la primera, pero recibió de lleno la segunda, lanzando un fuerte alarido y arrodillándose presa del dolor. Charizard aprovechó para acercarse volando a toda velocidad y usando Envite Ígneo, pero Typhlosion esquivó el ataque y, aprovechando que su oponente había bajado la guardia, tomó rápidamente al Charizard de la cola, deteniéndole en pleno vuelo y practicándole una llave, logrando que su cuerpo colisionase fuertemente contra el suelo y haciendo que el risco se estremeciese.

El Charizard se incorporó lo más rápido posible y atacó lanzando de su boca un poderoso Pulso Dragón, a lo que Typhlosion contestó de inmediato a mi señal con un fuerte Puño Trueno, produciendo una explosión que hizo que ambos contendientes retrocediesen varios metros, habiendo recibido la misma cantidad de daño. Sabiendo que el final se acercaba le ordené a Typhlosion dar lo mejor de sí finalizando con Estallido. Typhlosion obedeció ipso facto y lanzó un rugido como ningún otro que hubiese lanzado antes, liberando de los orificios en su espalda una gigantesca llamarada que recordaba a un volcán en plena erupción, generando una lluvia de meteoros que impactaría contra el suelo en un instante. Instante que el Charizard utilizó para usar su movimiento más poderoso, Anillo Ígneo, mediante el cual golpeó fuertemente el suelo con sus garras para generar múltiples explosiones en dirección a Typhlosion, quien ya no tenía tiempo para huir. El campo fue rodeado de una luz cegadora y ceniza volcánica, y el suelo rugió como el más bravo de los dragones.

Cuando finalmente pude abrir los ojos sin temor a perder mi vista, lo que presencié me dejó sin palabras: ambos contrincantes se encontraban parados uno frente al otro y repletos de moretones y magulladuras, como si estuviesen examinándose. El silencio reinó por unos cuantos agonizantes segundos, sin que ninguno de los dos hiciese movimiento o sonido alguno. Abrí la boca para hablar, pero para mi sorpresa no se me ocurría nada que decir. Él tampoco dijo nada y, al igual que yo, observaba a ambos pokémon con la misma expresión de siempre. El suelo debajo de nosotros parecía un cráter del tamaño de la luna. El cómo el risco no había cedido después de tantas explosiones y temblores escapaba a mi comprensión. La nieve continuaba cayendo, más el viento había amainado, produciendo un silencio que parecía de ultratumba.

De pronto, y sin previo aviso, el Charizard soltó un gruñido débil similar a un quejido y cayó al suelo, desmayándose. Typhlosion lanzó un gruñido de triunfo, se dio la vuelta, caminó dos pasos en mi dirección y cayó rendido. Alarmado, pensé rápido y corrí para recibirle en mis brazos. Mientras le rodeaba con mi brazo derecho y le ayudaba a colocar su pata derecha delantera sobre mi hombro, noté que las llamas que expulsaba por sus agujeros se habían extinguido por completo, signo de su cansancio y fatiga.

Una sonrisa débil pero llena de alegría se dibujó en mi rostro. Habíamos probado una vez más que nuestro equipo era invencible. Pero, ¿Y ahora qué haríamos?

Alcé mi vista para notar que él había retornado a su Charizard a su Poké ball para guardarla en su bolsillo y dirigirse en dirección opuesta a la nuestra, hacia la punta del precipicio. ¿Pensaba suicidarse o en verdad solo era un fantasma tratando de jugarme una broma de muy mal gusto para helarme la sangre? Fuera lo que fuere que pasase por su mente debía detenerle antes de que saltase al vacío o que desapareciese, siendo esto último lo que había hecho la primera vez que le derroté. El momento de hablar era ahora.

“¡Espera!” le dije, intentando sincerarme lo mejor posible “Sé que eres de pocas palabras, pero necesito hablar contigo. Existe otra razón por la cual subí hasta aquí para tener la revancha, y es porque ya no sé cómo continuar. He vencido a todo aquel al que me he encontrado, y ya nadie puede hacerme frente. ¡Ni siquiera tú!”

Él se detuvo por un instante. Giró su cuello hacia atrás para encararme con aquellos ojos penetrantes, con su gorra blanca y roja bailándole en la cabeza y su cabello agitándose salvajemente a causa del viento del sur, que había recobrado sus fuerzas. Y entonces sucedió lo impensable: habló.

“Me pasa exactamente lo mismo” me dijo sonriendo. Su voz sonaba muy similar a la mía, aunque con un tono apagado y neutro, casi melancólico “Logré todo lo que me propuse en mi vida, y cuando no hallé a nadie más a quien vencer, perdí mi razón de ser. Por eso subí hasta la cima de este monte, esperando que los nuevos campeones que hayan oído de mis proezas vengan hasta aquí a desafiarme. El ganar o perder no significa nada para mí. Ya no más.”

“¿Pero cómo es que puedes soportar tanta soledad?” pregunté tanto asombrado como angustiado “¡Todos los que te conocían piensan que estás muerto, y te extrañan!”

“Nunca estoy solo aquí” me contestó, mientras terminaba de voltear todo su cuerpo hacia mí “Mis pokémon me hacen compañía y cuidan de mí, así como yo cuido de ellos, e imagino que tu relación con los tuyos debe de ser igual. Además el silencio que este monte provee me ayuda a meditar y a relajar tanto el cuerpo como la mente. Hace más fácil soportar mi carga.”

“¿Carga?” pregunté totalmente perdido “¿Cuál carga?”

“La carga que es no poder detenerse” respondió con un dejo de tristeza en su voz “Desde el día en que me convertí en entrenador mi vida no ha sido más que batallar. No importaba a qué ciudad fuera o quién me retara, solo quería entablar un combate con alguien y sentirme vivo.  Y cuando obtuve el título de campeón y terminé de explorar Johto todo empeoró. Las medallas, los trofeos, los aplausos, los halagos, las palabras de apoyo y de admiración por parte de todos mis amigos y conocidos ya no me satisfacían. Físicamente me encontraba bien, pero mi alma tenía un vacío que no podía ser llenado. Incluso el explorar cuevas y combatir a los pokémon más poderosos y elusivos para capturarles y completar la Pokédex había perdido sentido para mí. Ahora batallaba tanto como respiraba pero, ¿Con qué fin? ¿Probar que aún seguía siendo el mejor? ¿Entrenar? ¿O tal vez porque era incapaz de parar y no sabía qué más hacer?”

Hizo una breve pausa para dar la vuelta y dirigir su atención hacia abajo, probablemente observando la gran altura a la que nos encontrábamos. Quizás hasta la idea de perder el equilibrio y caer hacia una muerte segura le parecía relativa y poco interesante.

“Mi obsesión fue creciendo conforme avanzaban los días, las semanas y los meses” prosiguió “Pasaba noches enteras sin dormir, y la comida en mi boca me sabía a arena. La voz en mi cabeza gritaba que saliese a combatir, y el impulso cada vez era más difícil de contener. Temí que pudiese llegar a lastimar a mi madre o a cualquiera de mis amigos, por lo que una noche resolví huir de mi casa y jamás volver. Vagué por varios días sin rumbo fijo, sobrevolando la región en el lomo de mi Charizard, hasta que finalmente me establecí aquí. Los primeros días fueron horrendos y una auténtica pesadilla, pues el frío aquí era mucho peor que el que había padecido cuando visité las Islas Espuma. Pero pronto aprendí a mantener el calor corporal y a sobrevivir alimentándome de las bayas que algunos pokémon salvajes me compartían amistosamente. En esta cima conseguí acallar la voz en mi cabeza y dejar ir todos mis sentimientos y emociones. Ahora lo único que me queda, lo único que me mantiene cuerdo...es batallar.”

“¡Pero no puedes quedarte aquí para siempre!” le grité horrorizado tras procesar lo que había escuchado “¡Tu madre, el profesor Oak y todos en Kanto te extrañan! ¡Debes regresar con ellos!”

“¿Qué sentido tendría?” me preguntó “Aún si volviese todo seguiría igual o peor que antes. Les rompería el corazón verme así. Ya no soy aquel niño de once años optimista y feliz que ellos conocieron. Ahora no soy más que un saco de carne con ojos, esperando a que la muerte pase a recogerme.”

“¿Y crees que no les rompes el corazón de esta forma?” pregunté siendo casi incapaz de seguir hablando. La temperatura había bajado aún más, y las resurgentes llamas en la espalda de Typhlosion eran lo único que impedía que terminase congelado “No puedes huir por siempre de tu problema.”

“Hablas como si no hubieses subido hasta aquí solo para huir de todo y luchar contra alguien tan fuerte como tú” me contestó sin presentar signos de enojo o de furia “Igual que yo lo hice en su momento. Si en verdad buscas consejo de mi parte, solo hay uno que puedo darte: quédate aquí conmigo y no te resistas. Tu familia, tus amigos, aquella chica con la que has venido acompañado...ellos jamás podrán comprenderte. Si no terminas aquí lo harás en cualquier otra parte, lejos de ellos. No combatir ese impulso que domina cada fibra y migaja de tu ser, aquello que te hace sentir que valida tu existencia, y aprender a vivir con él es lo único que puede ayudarte.”

“Sí, es cierto” admití abiertamente, bajando la vista para observar un pequeño brote verde que de alguna manera se las había apañado para resistir la nieve y la escarcha que le rodeaban “Subí hasta aquí para retarte a una batalla. Pero también sé que huir de todo no resolverá nada. Si lo hago ese vacío...No. Ese dolor que siento dentro de mí crecerá y crecerá, hasta que un día me despierte y ya no me reconozca. Puede que no me creas, pero nos parecemos en más que solo el vacío que nos aflige. Sé lo que es estar asustado, sentir que vives en un mundo en el que no encajas y creer que no hay remedio alguno, pero todo lo que me has contado me ha abierto los ojos. No es demasiado tarde, ¡Para ninguno de los dos! Podemos vivir una vida aburrida, sin batallas constantes. ¡Pero eso no tiene por qué ser algo malo! También se puede hallar la felicidad en las pequeñas cosas. ¿Y quién sabe? ¡Tal vez terminemos hallando algo más en lo que seamos buenos que no sea las batallas! Lo único que verdaderamente importa son las personas que queremos y que se preocupan por nosotros, al igual que nuestros pokémon, que nos acompañan todos los días de nuestras vidas, enseñándonos su amistad y su cariño. Anda, dame la mano. Bajemos de este monte y regresemos juntos a nuestros hogares. Después de todo, ¿Acaso no es afrontar nuestros problemas y convivir con nuestros seres queridos la batalla más emocionante de todas?”

Él permaneció en silencio por unos instantes, sin siquiera voltearse a verme. Imaginé que probablemente estaría reflexionando acerca de lo que acababa de decir, más en vista y considerando que daba la impresión de que en cualquier momento se tiraría no podía estar seguro. De pronto dio dos pasos más hacia adelante, ubicándose justo sobre la punta del precipicio. El corazón me dio un vuelco. ¿Pensaba hacer lo que creía que iba a hacer?

“Gracias” me dijo dándose la vuelta y sonriéndome por segunda vez “Fue un buen combate.”

Antes de que pudiese decir algo un potente vendaval nos empujó a Typhlosion y a mí hacia atrás y la nieve cayó con aún más fuerza que antes, cubriendo completamente el risco y envolviéndolo en una blancura casi sobrenatural. Asustado, cerré los ojos y me sujeté lo mejor que pude de Typhlosion, a quien pude sentir rodeándome con ambas patas delanteras, protegiéndome del frío. En cuanto percibí que el viento ya no nos azotaba, me atreví a abrir los ojos: la nieve que caía era mucho más delgada, casi acuosa. Y él había desaparecido. No había nadie más allí arriba aparte de Typhlosion, yo y el silencio del monte. Mareado y exhausto, caí al suelo nevado y resquebrajado. Lo último que vi antes de perder el conocimiento fue el rostro preocupado de Typhlosion y dos figuras, una grande y otra pequeña, corriendo hacia mí.
Desperté para mi sorpresa en el interior del monte, acostado sobre una larga manta color verde agua y alumbrado por la luz de una lámpara de queroseno que se encontraba ubicada a mi izquierda. El primer rostro que vi fue el de Lyra quien, apenas notó que estaba moviéndome, gritó presa de la alegría y me abrazó fuertemente con los ojos llorosos, asfixiándome. Su Marill, que también se hallaba allí con ella, se le unió brincando de felicidad.

“¡Estaba tan preocupada!” decía sollozando cerca de mi oído izquierdo “Eres un tonto, ¿Lo sabías?”

“Oh, mi cabeza” dije mientras le devolvía el abrazo “¿Qué fue lo que pasó?”

“Tardabas mucho en volver, así que salí de la cueva para buscarte” me contestó Lyra, soltándome para darme espacio. Marill también hizo lo mismo “Te hallé inconsciente en la nieve. No fue nada sencillo, pero Typhlosion me ayudó a cargarte para traerte hasta aquí.”

“¿Typhlosion?” pregunté confundido y adolorido, llevándome  la mano derecha a la cabeza. La jaqueca que tenía era fatal “¿Dónde está?”

Typhlosion llegó corriendo en cuanto me escuchó preguntando por él con una sonrisa en el rostro, feliz de verme despierto. Mi viejo compañero de aventuras frotó su hocico y el resto de su cabeza contra mi pecho en señal de amistad.
“Eres un héroe, amigo” le dije mientras acariciaba su lomo con mi mano izquierda, aprovechando que los orificios en este no estaban liberando llamas “Me salvaste la vida.”
“Y no fue el único” añadió Lyra “También debes darle las gracias a Celebi. De no ser por sus poderes de sanación habrías muerto de hipotermia.”

Decidí incorporarme, aún con mi mano derecha sobre mi frente. Vi cómo, no muy lejos de allí, mis demás pokémon se hallaban fuera de sus Poké ball, siendo sanados por el Celebi de Lyra. El pequeño pokémon singular se hallaba realizando una danza en el aire alrededor de ellos mientras emitía pequeños chillidos de júbilo, como si estuviese contento por el mero hecho de existir. Todavía recordaba aquella noche de primavera en la que Lyra y yo le habíamos encontrado en el Encinar al oeste de Pueblo Azalea, donde nos seguía interesado revoloteando sobre nuestras cabezas, hasta que, tras una loca aventura en el tiempo, me convenció de llevarle conmigo metiéndose en mi GS Ball. Horas más tarde decidí regalárselo a Lyra con motivo de que ese día era su cumpleaños, confiando en que cuidaría de él mejor que yo. Ver a todo mi equipo en buen estado de nuevo me convenció de que había tomado una muy sabia decisión.

“Ethan” dijo Lyra de pronto, poniendo su mano derecha sobre la mía. La piel en sus dedos era igual de suave que la seda “Prométeme que nunca más volveremos a este monte. Casi mueres por segunda vez viniendo aquí, y no sé qué haría si te pasara algo.”

“No te preocupes” le contesté sonriéndole, a la vez que apoyaba mi mano izquierda sobre su mano derecha, lo que produjo que ella se sonrojase. Aproveché que mi jaqueca había comenzado a desvanecerse para darle un pequeño beso en los labios “Ya he hecho lo que tenía que hacer aquí. Y ahora mi destino está más que claro.”

Ella me miró a los ojos desconcertada, como una niña inocente a la que acababan de robarle su bicicleta. Adoraba cuando adoptaba aquella mirada tan tierna.

“Lyra, he tenido una gran revelación” le dije “Allí afuera pensé en lo que me dijiste, y me he dado cuenta de que tenías razón. Debo intentar alejarme un poco de las batallas pokémon por un tiempo, y tener nuevas experiencias. Lamento haberte preocupado tanto a ti y a mi madre. Te prometo que en cuanto hayamos bajado este monte te ayudaré a investigar las Ruinas Alfa y a completar juntos la Pokédex. Quizás un poco de trabajo de campo contigo y con el profesor Elm me vendrá de maravilla.”

“Me alegra mucho que recapacitaras” dijo ella con su tan característica y dulce sonrisa. Acto seguido frunció el ceño con un dejo de inquietud “Aunque hay algo que quisiera preguntarte: cuando salí con Marill a buscarte alcancé a escuchar tu voz en medio de la tormenta, y sonabas como si estuvieses conversando con alguien. ¿Con quién hablabas?”

“Es una larga historia” le contesté con una risa nerviosa. ¿Cómo podría explicarle todo lo que había acontecido sobre la cima sin hacerle pensar que estaba delirando? “Si te la contase no me creerías.”

“Bueno” rió ella mientras los murmullos del viento volvían a impactar contra el monte, como si suplicase que le dejasen entrar “Supongo que solo hay una forma de saberlo. Adelante, comienza desde el principio. Soy toda oídos.”

   

                   
“Ya han pasado diez años” dijo Oak con gran pesar. El anciano profesor pokémon llevó su mano derecha a su nuca, involuntariamente bajando la mirada y observando la vieja mesa de madera del living “Sé que es difícil, pero debes aceptar que existe la posibilidad de que haya muerto.”

“Sigo sin entenderlo, Samuel” gemía la mujer de cabello marrón castaño entre sollozos, desconsolada y con su rostro apoyado sobre la mesa “¿Por qué se fue sin avisarme? ¡Él nunca fue así conmigo! ¿Acaso fue algo que le dije?”

“Probablemente jamás lo sabremos” contestó Oak, apoyando su mano derecha sobre su espalda para tratar de consolarla “Blue y yo le buscamos en su momento por todas partes, y creo que es evidente que, dondequiera que esté, y si es que está vivo, no piensa volver.” 

“No fue su culpa, señora” dijo la joven de cabello y ojos marrón oscuro, camisa celeste y minifalda roja, intentando reconfortarla con genuina consternación “Red era un buen muchacho, y estoy segura de que la quería mucho. Dudo que se haya ido con intención de lastimarla.”

“Eres una muy buena niña, Green” dijo la mujer, finalmente alzando lentamente la cabeza y depositando su mano derecha sobre el brazo izquierdo de la muchacha, con su rostro empapado de lágrimas “Cuando veo la relación que tienes con tu Ivysaur me recuerdas a cuando Red volvió aquel día del laboratorio con su Charmander. Lo daría todo con tal de que regresara a casa. A veces sueño que un día subiré a su cuarto y le veré allí parado, diciéndome que lamenta el haberse ido tan abruptamente, que todo fue una equivocación por parte suya y que solo tardó tanto porque se había metido en problemas.”

“Prepararé algo de té” propuso Oak, dando pequeñas palmadas sobre la espalda de la mujer “Creo que nos servirá de mucho a todos.”

“No se preocupe, profesor” dijo Green mientras se preparaba para levantarse de su silla “Yo lo haré con gusto.”

El silencio que reinaba en la modesta casa de Pueblo Paleta fue roto por un suceso insólito. El Ivysaur de Green, quien hasta aquel entonces había estado dormitando sobre el regazo de su entrenadora, saltó alterado y corrió hasta la puerta de entrada para sorpresa de todos, gruñendo como un perro que ha detectado un intruso.

“¿Qué sucede, Ivysaur?” preguntó Green preocupada, finalmente abandonando la silla y caminando en dirección hacia su pokémon.

Antes de que Ivysaur pudiese emitir algún otro gruñido, un gran rugido resonó detrás de la puerta, seguido del sonido de una Poké ball retirando a un pokémon para almacenarlo dentro de ella. Oak se levantó, notablemente curioso.

“¡Reconocería ese sonido en cualquier parte!” exclamó el científico “¡Es el rugido de un Charizard!”
El silencio regresó por unos segundos, con Green e Ivysaur estando listos para cualquier cosa y Oak poniendo a la señora detrás de él, listo para sacar del bolsillo en su gris y gastada bata de laboratorio la Poké ball en la que se encontraba su Tauros. De pronto, alguien tocó el timbre.

Green abrió la puerta lentamente, con su Ivysaur preparándose para usar Látigo Cepa. Al ver quién se hallaba afuera, los tres quedaron paralizados, y comenzaron a llorar. Pero ya no eran lágrimas de tristeza, sino de una repentina y demoledora felicidad. El dolor había llegado a su fin.

“Hola a todos” dijo Red, sonriendo “Tiempo sin verlos.”            
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#2
Yow.

En primer lugar, quiero darte la bienvenida a este lugar. No sé cómo encontraste este aún pequeño foro pero espero que te parezca divertido. Como ya habrás notado, lo que más hacemos es escribir y leer fanfics. Ojala encuentres alguno que te guste por acá.

Y… hablando de fanfics, sería un poquito maleducado no hablar del tuyo en su propio tema.

Un sabio dijo una vez que la vida tiene dos formas de hacernos miserables: frustrando nuestros sueños y cumpliéndolos.

La verdad es que me gustó más de lo que creí que me iba a gustar. Al principio me cayó un tanto mal Ethan, con sus aires de grandeza y esa actitud de que todos son tontos menos él, al grado que te preguntas si Lyra de verdad lo quiere o está con él porque le regala chinpokomones míticos.

Aunque me mató de la risa que esté entrenando al Joven Chano. Pero claro que un campeón quiere entrenar a su Rattata. Si está en el top percentage de Rattata.

Como decía, no me estaba gustando nada este Ethan egocéntrico, descortés, soberbio e insensible que se cree dueño del mundo y tiene los huevos de quejarse. Y miré la larga pelea (y épica, especialmente en el último tramo de inicial contra inicial) con la esperanza de que Red le diera una lección… y se la dio.

Porque el punto de la historia (a mi parecer) es que Ethan sí se está convirtiendo en un cretino. Que su obsesión por ser el mejor y su sed de batallas lo llevan lentamente a un lugar al que no quiere llegar. Porque enfocarte en ser el mejor y ganar y tener combates es algo excelente cuando lo haces en tu consola que apagas luego de unas horas, pero cuando conviertes tu vida en ello las consecuencias pueden ser desastrosas.

Y ahí está Red para mostrarse como un reflejo de aquello en lo que se está convirtiendo, de aquello que no quiere llegar a ser. Y es que en la conciencia colectiva suele verse a Red como el parangón del entrenador pokémon; el más fuerte, el reto definitivo; sin pensar en lo poco saludable que debe ser para alguien o en lo que tendría que pasar por su mente para perderse de por vida en una montaña helada. A voluntad.

Lo que más me gusta es que acaba en una nota positiva porque no es solamente Ethan quien aprende una lección, sino que su oportunidad para cambiar es también la de Red de volver a casa, quien tal vez necesitaba escuchar esas palabras de alguien que había recorrido el mismo camino nihilista que él, y si uno puede cambiar de vida, el otro también.

O quizás divago demasiado. Suele pasar.

Como digo, el fanfic me ha gustado mucho, más por el dilema que plantea para los pjs que por la narración fluida o esos tremendos combates. Espero encontrar más cosas de vos a futuro por acá.

O/

P.D: edité los prefijos de tu fanfic nada más. "Finalizada" aplica sólo a actividades y demás. "Shortfic" es para historias de 2 a 4 capítulos. Nos vemos.
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#3
(25 Sep 2020
09:48 AM)
Maze escribió:
Yow.

En primer lugar, quiero darte la bienvenida a este lugar. No sé cómo encontraste este aún pequeño foro pero espero que te parezca divertido. Como ya habrás notado, lo que más hacemos es escribir y leer fanfics. Ojala encuentres alguno que te guste por acá.

Y… hablando de fanfics, sería un poquito maleducado no hablar del tuyo en su propio tema.

Un sabio dijo una vez que la vida tiene dos formas de hacernos miserables: frustrando nuestros sueños y cumpliéndolos.

La verdad es que me gustó más de lo que creí que me iba a gustar. Al principio me cayó un tanto mal Ethan, con sus aires de grandeza y esa actitud de que todos son tontos menos él, al grado que te preguntas si Lyra de verdad lo quiere o está con él porque le regala chinpokomones míticos.

Aunque me mató de la risa que esté entrenando al Joven Chano. Pero claro que un campeón quiere entrenar a su Rattata. Si está en el top percentage de Rattata.

Como decía, no me estaba gustando nada este Ethan egocéntrico, descortés, soberbio e insensible que se cree dueño del mundo y tiene los huevos de quejarse. Y miré la larga pelea (y épica, especialmente en el último tramo de inicial contra inicial) con la esperanza de que Red le diera una lección… y se la dio.

Porque el punto de la historia (a mi parecer) es que Ethan sí se está convirtiendo en un cretino. Que su obsesión por ser el mejor y su sed de batallas lo llevan lentamente a un lugar al que no quiere llegar. Porque enfocarte en ser el mejor y ganar y tener combates es algo excelente cuando lo haces en tu consola que apagas luego de unas horas, pero cuando conviertes tu vida en ello las consecuencias pueden ser desastrosas.

Y ahí está Red para mostrarse como un reflejo de aquello en lo que se está convirtiendo, de aquello que no quiere llegar a ser. Y es que en la conciencia colectiva suele verse a Red como el parangón del entrenador pokémon; el más fuerte, el reto definitivo; sin pensar en lo poco saludable que debe ser para alguien o en lo que tendría que pasar por su mente para perderse de por vida en una montaña helada. A voluntad.

Lo que más me gusta es que acaba en una nota positiva porque no es solamente Ethan quien aprende una lección, sino que su oportunidad para cambiar es también la de Red de volver a casa, quien tal vez necesitaba escuchar esas palabras de alguien que había recorrido el mismo camino nihilista que él, y si uno puede cambiar de vida, el otro también.

O quizás divago demasiado. Suele pasar.

Como digo, el fanfic me ha gustado mucho, más por el dilema que plantea para los pjs que por la narración fluida o esos tremendos combates. Espero encontrar más cosas de vos a futuro por acá.

O/

P.D: edité los prefijos de tu fanfic nada más. "Finalizada" aplica sólo a actividades y demás. "Shortfic" es para historias de 2 a 4 capítulos. Nos vemos.

¡Muchas gracias por la crítica y por la edición de los prefijos! Me alegra que la historia te haya gustado, y estoy completamente de acuerdo con el análisis. Con respecto a lo de la página, en sí la encontré de pura casualidad. La verdad es que me mudé hasta aquí de mi cuenta de FanFiction, ya que estaba buscando comunidades de fanfics de habla hispana y quería probar de compartir mis historias aquí al ver que nadie las estaba leyendo en FanFiction. Mi plan es ir armando un pequeño universo con esta historia y con "Las Corrientes de la Vida", ya sea mediante referencias o trayendo de regreso a personajes de historias pasadas, eso claro está si estas dos y las que les sigan terminan siendo bien recibidas.
Saludos, y gracias por la aclaración con el término "Shortfic". La próxima vez las configuraré como "Oneshot", me disculpo por las molestias ocasionadas.
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#4
Buenas tardes

La verdad es que tu fic me ha gustado mucho ya que toca una tematica que no he visto antes en las historias de pokémon y si da bastante que pensar. Si cumples el sueño de tu vida a los diez años, ¿qué haces con el resto de tu vida? ¿Te retiras a una granjita de weedle con once? Es un sentimiento que hasta puedes trasladar en el juego, sobre todo en los remakes de la cuarta generación, cuando te estas pasando el post game de Kanto y te ponen a entrenadores patéticos que nomas sirven para estorbarte porque siendo campeón tampoco es que puedan hacer otra cosa.

Es de ese tema del que habla el fanfic y la conversación con Lyra es una declaración de intenciones en toda regla. Se podría haber quedado ahí, pero vas más allá y escribes la segunda parte que es el ascenso al Monte Plateado y la batalla contra Red que cumple de forma eficaz su propósito es el de darnos la idea de lo intenso que es el combate y llevarnos a la conversación entre los dos entrenadores que es mi parte favorita. El viejo entrenador de Kanto se ha dado cuenta de que todo lo que ha hecho en su vida es combatir y ya no encuentra otro propósito en su vida aparte de eso, tanto que es capaz de quedarse en la cima de una montaña helada a esperar a que un entrenador de su categoría venga hasta él y le propone a Ethan que haga lo mismo, pero él se niega y lo logra hacer recapacitar a Red de que vuelva con su familia.

Es un fic, en definitivo, bastante bueno y cuya tematica me gustó demasiado. Si necesitas cualquier cosa, acá estamos para ayudarte.

Saludos.

PD: Tenemos un server de Discord del foro, por si quieres venirte. En la barra lateral izquierda de la pagina principal esta la opción para acceder.
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#5
Es una buena cuestión: ¿qué ocurre cuando llegas a la cima de tu vida? Uno seguramente concluye: "a partir de aquí todo se va en caída". Ethan y Red son como dos caras de esa conclusión, o al menos así lo veo: por donde Ethan concluyó que no tiene que llenarse de miseria por alcanzar sus sueños, Red eligió exiliarse pensando que realmente no vale la pena lo que tiene aparte de sus logros. Ambos al final superaron ese pensamiento, pero esa dualidad me termina sorprendiendo.
Rompe mi armadura si quieres. Al final, terminarás arrepintiéndote de hacerlo...
[Imagen: IIhG3l7.gif]
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#6
Ya era hora de leer algo tuyo Lunita, vamos a ver...

Al principio me chocó bastante lo op que se veía Ethan apenas empezando el fic, y hasta incluso con ganas de golpearle por esos aires de superioridad que tenía JAJA de hecho me acordé de este meme si es que el chico este encontraba a alguien más fuerte que el: 


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[Imagen: 68747470733a2f2f73332e616d617a6f6e617773...=720&h=720]

Pero sin dudas al toque revela un gran dilema que muchos tenemos... "¿Qué me queda hacer ahora luego de haber superado todo? ¿Qué otro desafío se puede hacer?". De hecho es algo que hasta un jugador de Pokémon puede sentir luego de haberse terminado el juego y se pone a simplemente caminar por toda la región -sin contar el post-game y las batallas multijugador claro-. Y ahí es donde uno entra en un vacío existencial en lo que tanto disfrutaba hacer durante mucho tiempo. Ya estaba tan acostumbrado a ganar, a recibir halagos, a ser tratado como un rey, que terminó sintiéndose indiferente ante todo eso. Me pareció interesante el hecho de que Lyra sea la novia de el -ya me acostumbré mucho a verla con Lance gracias a alguien acá ejemejemsakuejemejem(?-... pero pará calmate que tan OP era Ethan que su regalo de cumple para ella fue al mismísimo Celebi JAJAJA o el hecho de que "bueno quiero viajar, vamos Lugia!"... pero vamos a decir verdad, es la experiencia de casi todos acá con un juego de pokémon (? 

Me gustó también el hecho de que se le haya prendido la bombilla y haya buscado al legendario Red y buscar respuestas para alguien que también pasaba por lo mismo, y como se dio cuenta que tampoco quería tocar TAN fondo como él y hasta se ofreció darle una mano para que le bajase un cambio al asunto y volviese con sus seres queridos, cosa que por suerte logró  pikaowo

En fin, me gustó mucho la premisa del fic y el mensaje que da al final, sobre de que siempre tenemos un mundo que descubrir aunque sintamos que hayamos llegado a tope y darnos cuenta que no nos va a alcanzar toda una vida para completarlo todo, sino que hay que disfrutar de cosas nuevas c:  
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