Oneshot- La Forma en la que te Mueves

ExtensiónOneshot
Extension larga
FranquiciaCoregames
GéneroRomance
Resumen

Comenzó con una voz detrás mío...

AdvertenciaContenido sexual
#1
Comienza con una voz alegre y simpática, seguida de unos secos y veloces pasos detrás de mí.

“¡Buenas, soy Hilda!”

Me doy la vuelta casi inmediatamente, y mi corazón comienza a latir con fuerza: es joven y hermosa, probablemente de mi misma edad. Sus preciosos ojos son tan azules como el agua cristalina, y su largo cabello castaño, desordenado y recogido con una coleta improvisada, me cautiva al instante.

“Es la primera vez que te embarcas en un desafío de este tren, ¿No? Pues...para poder participar, te hace falta alguien más.”

La gorra que lleva puesta en la cabeza es idéntica a la mía, salvo por el color blanco y la visera y logo con forma de poké ball rosados. ¿Dónde la habrá comprado? Recuerdo que mi padre me había comprado la mía aquí en Ciudad Mayólica cuando me llevó a ver un partido de béisbol a los cinco años, así que debe de vivir por aquí cerca. Pero, si es así, ¿Cómo es que nunca antes la había visto?

“¡No me digas que hoy vienes sin nadie! ¡Entonces, vamos a combatir juntos! ¿De acuerdo?”

Asiento levemente con la cabeza. Ella me sonríe cerrando los ojos. Por un instante, me quedo observando su camiseta blanca de manga corta y su chaleco negro, ambos empapados de sudor tanto por el sol abrasador que hay allí afuera como por la adrenalina de la que su cuerpo rebosa. Sus shorts azules ajustados tienen los bajos rasgados, y sus botas son igual de oscuras que su chaleco, con cordones y suelas rosadas que hacen juego con su gorra.

“¿Con qué tipo de pokémon quieres que participe?”

Su voz me trae de nuevo a la realidad. Saliendo del trance, recupero la compostura y le explico que mis pokémon y yo siempre tendemos a ser ofensivos, atacando lo más rápido posible para no darle tiempo al oponente de pensar una estrategia. Ella se lleva la mano izquierda al mentón y se queda pensando por unos segundos. Finalmente, chasquea los dedos de su mano derecha y saca con ella dos poké balls de su bolso rosado.

“¡De acuerdo! Prefieres que lleve pokémon defensivos. ¡Vamos a empezar!”

Decidido, subo de inmediato al vagón, y ella me sigue detrás. Apenas entramos, las puertas se cierran y el tren se pone en marcha, abandonando la estación. Empiezo a sentirme un poco avergonzado por haber sido tan descortés al no dejarle subir primero, más a ella parece no importarle. Mientras nuestros contendientes, una anciana de setenta y un niño de diez, se preparan para luchar, una voz gruesa pero gentil comienza a sonar a través de los altavoces.

“Buenos días, participantes del Metro Batalla. Como siempre, les pedimos por favor que se limiten a usar los dos pokémon que ya han registrado y a no sacar ningún otro durante o tras finalizado el combate. Cualquier incumplimiento de estas dos reglas resultará en una automática descalificación, y la victoria le será adjudicada al otro equipo. Ahora que comience la batalla.”

Nuestros oponentes lanzan al aire las poké balls que sostienen en sus manos antes que nosotros, invocando a un Minccino y a un Scraggy, este último cayendo de forma casi cómica al suelo por pisar sus propios pantalones, para luego levantarse y fingir que no le ha dolido en absoluto. Los dos pokémon gruñen amenazadoramente, pero los dos sabemos que nada tenemos que temer.

“¡Gigalith, confío en ti!”

Hilda y yo lanzamos nuestras poké balls al mismo tiempo, usando exactamente el mismo brazo y la misma pose. Mi Samurott y su Gigalith golpean fuertemente el suelo con sus patas, gruñendo para luego mirarse entre ellos y asentir con la cabeza. Parece que hasta incluso nuestros pokémon están en perfecta sincronía.

Nuestros oponentes abren diciéndole a Minccino y a Scraggy que utilicen Doble Bofetón y Patada Baja respectivamente. Antes de que siquiera hayamos podido parpadear, ambos pokémon ya han abandonado el suelo, abalanzándose sobre los nuestros a una velocidad sobrehumana.

“¡Rápido Gigalith, usa Protección y protege a Samurott!”

Su Gigalith ruge y genera un campo de energía color verde agua, cubriendo tanto a Samurott como a sí mismo. El Minccino y el Scraggy terminan haciendo que sus ataques impacten contra el campo de fuerza y retroceden frustrados en el aire, consiguiendo caer de pie.

Sin perder un solo instante, le ordeno a Samurott que utilice Cascada sobre el Minccino. Samurott obedece ipso facto y, gruñendo de forma desafiante, embiste con toda su fuerza a su oponente deslizándose a gran velocidad sobre una especie de tobogán improvisado que formó previamente con el agua expulsada por su boca, dejando al Minccino fuera de combate con un solo golpe. El Scraggy, aterrado, intenta regresar con su entrenador, quien le exige humillado que vuelva al campo.

“¡Muy buen trabajo! ¡Gigalith, usa Golpe Cabeza contra Scraggy!”

Apenas Hilda termina de hablar, Gigalith gruñe y, al igual que Samurott, deja inconsciente a su adversario apenas su sólida cabeza rocosa impacta contra el cuerpo de Scraggy. La mujer y el pequeño, desesperados, hacen retornar a Minccino y a Scraggy a sus poké balls y mandan en su lugar a un Ferroseed y un Venipede, ordenándoles que utilicen Disparo Espejo y Golpe Tóxico. Las órdenes de Hilda no se hacen esperar.

“¡Gigalith, Protección!”

Gigalith vuelve a generar el mismo campo de energía de antes, forzando al Ferroseed y al Venipede a retroceder. Inmediatamente ordeno a Samurott que utilice Surf, y este invoca una fuerte ola que alcanza a ambos rivales, noqueando al Venipede de forma instantánea. El Ferroseed consigue aguantar el ataque con ayuda de su coraza y absorbiendo el agua que puede con sus púas, más se nota que también ha recibido bastante daño. Gigalith, con ayuda de su campo de energía, consigue evitar que la ola de Samurott le dé de lleno.

“¡Acabemos con esto! ¡Gigalith, finaliza con Golpe Roca!”

Alentado por el entusiasmo de Hilda, ordeno a Samurott asistir al Gigalith sacando los dos sables en sus patas delanteras para que proceda a usar Tijera X. Tanto mi pokémon como el de ella, sin vacilar, saltan sobre el objetivo antes de que él o su dueña puedan reaccionar y aplican un golpe y un corte fulminantes que dan por concluido el combate. Nuestros oponentes, derrotados, regresan a sus pokémon y, tras estrechar manos con nosotros, se sientan en los asientos de la izquierda. Mientras nos dirigimos al tablero que se halla adelante para poder depositar nuestras poké balls y curar con ellas a nuestros pokémon en un santiamén, la voz de antes anuncia nuestro triunfo a través de los altavoces.

“La victoria es para Hilbert y Hilda. El próximo combate iniciará en breve. Favor de avanzar al siguiente vagón, por favor.”

Hilda me mira a los ojos perpleja y vuelve a hablarme.

“Vaya, conque te llamas Hilbert, ¿Eh? Qué nombre más curioso. ¡Es casi idéntico al mío! Oye, sé que nuestros oponentes no fueron nada del otro mundo, ¡Pero debo decir que tu Samurott está muy bien entrenado, y parece llevarse bien con mi Gigalith! Si mantenemos este ritmo con los siguientes entrenadores, probablemente acabaremos con todo lo que este tren tenga para ofrecernos en menos de lo que canta un Unfezant.”

Le agradezco el cumplido, contestándole que su Gigalith también es muy bueno luchando. Ella se sonroja y ríe. Su risa es realmente contagiosa, y muy parecida a la mía. ¿Quién es esta chica? ¿De dónde ha salido? ¿Y cómo es que esta es la primera vez que le veo en el Metro Batalla?

“¡Gracias! ¡Suelo venir aquí todos los viernes a esta misma hora para luchar con Gigalith y mis demás pokémon, independientemente de si ganemos o no! Nos ayuda a hacer ejercicio y a comprendernos mejor el uno al otro a la hora de batallar. Ya he conquistado todos los otros andenes, y tengo como objetivo romper el récord de veinte combates seguidos aquí en el Andén de Batallas Múltiples, que es el único que me falta dominar junto con el Super. Empezaba a pensar que jamás lo lograría de todas las veces que he perdido, ¡Pero ahora estoy más que segura de que los combates restantes serán pan comido contigo como mi compañero!”

Me limito a decirle que tengo el mismo objetivo, todavía impresionado ante su hazaña, y ella se alegra de sobremanera al ver lo mucho que nos parecemos. Casi instintivamente, ambos chocamos puños y nos dirigimos juntos al segundo vagón. Todos y cada uno de nuestros oponentes terminan mordiendo el polvo en cuestión de minutos. Para cuando finalmente logramos procesar lo que ha ocurrido, ya hemos derrotado a los últimos dos pokémon del motoquero y el montañero que teníamos como contendientes en el séptimo vagón. Al bajar, el encargado nos felicita y registra nuestro progreso en una pizarra electrónica que lleva consigo. Hilda, bañada en sudor, apoya su mano izquierda sobre mi hombro derecho. El suave roce de sus delicados dedos hace que me estremezca. Disimulando el repentino enrojecimiento de mis mejillas, miro para otro lado.

“¡Caramba! ¡Tú sí que te mueves! ¡Casi pareciera que estamos conectados! No sé tú, pero esos combates me dejaron exhausta. Si no te molesta, me gustaría retirarme y tomar el tren de regreso a Ciudad Mayólica para descansar por hoy. Algo me dice que, de lo agotada que estoy, terminaré cometiendo un error fatal, y no me gustaría afectar nuestra racha ganadora.”

Una vez más asiento con la cabeza, dejándole en claro que respeto su decisión. Agotado y con un leve dejo de decepción, anuncio nuestro retiro y abordamos el tren de regreso, el cual nos deja en Ciudad Mayólica en un santiamén. Esta vez me aseguro de permitirle a Hilda que baje primero, y ella, halagada, remarca lo caballero que soy. Apenas pasa a mi lado, el fuerte hedor que emana de sus axilas me produce tales náuseas que hace que me lleve la mano derecha a la nariz. El olor es tan insoportable como el que suelen tener los Conkeldurr tras un día entero de haber fabricado pilares de hormigón.

“¡Uf! ¡Estuvimos al rojo vivo! ¡Ha sido sensacional! ¡Espero que lo repitamos la próxima semana! ¡Hasta luego!”

La llamo por su nombre antes de que pueda escaparse corriendo, diciéndole que espere y preguntándole a dónde va con tanta prisa. Ella se detiene en plena carrera y se voltea a verme, atónita.

“Bueno, no es por ser maleducada y querer dejarte aquí de seña, pero es que debo volver a mi casa cuanto antes. Mis padres querrán que regrese para la hora del almuerzo, y si me tardo tanto comenzarán a preocuparse. ¡Pero no te preocupes, si quieres podemos volver a vernos el viernes que viene! Como te dije antes, siempre suelo estar aquí a partir de las nueve de la mañana. Espera, ¡Ya sé! Intercambiemos números de teléfono. Así podremos mantenernos en contacto por si estás aburrido y quieres charlar de cualquier otra cosa.”

Le contesto que me parece una excelente idea, y me ofrezco a darle mi número primero. Hilda sonríe, y comienza a anotarlo en el videomisor rojo que lleva en su muñeca izquierda mientras se lo dicto lentamente. Acto seguido prueba llamarme, teniendo éxito. Tras cortar la llamada entrante, aprovecho para añadir su número a mi lista de contactos.

“¡Perfecto! Entonces, quedamos para el viernes que viene a partir de las nueve, ¿No es así?”

Asiento con una sonrisa en el rostro, sonrisa que ella me devuelve. Volvemos a conectar puños y ella se va corriendo, saludándome y casi llevándose delante a un señor grande y a su Stoutland en el proceso. El pokémon terrier empieza a ladrar notablemente enojado.

“¡Nos vemos, Hilbert! ¡Te estaré esperando!”

Me quedo por unos instantes parado en medio de la estación viendo cómo se aleja, con varios pasajeros y pokémon pasando a mis costados, algunos de ellos dedicándome miradas de disgusto por tener que rodearme y por la prisa que tienen de abordar el tren hacia Pueblo Biscuit. Nunca antes había agendado el número de teléfono de una chica que no fuese Bianca. Y no se parece en nada a Bianca. Seguro, es igual de atropellada que ella, pero también es mucho más abierta y determinada, incluso me atrevería a decir más varonil. No tiene problemas en sudar, y por lo visto tampoco tiene ni una pizca de miedo a la hora de entablar un combate pokémon. Apenas acabamos de conocernos y ya no puedo esperar a que nos conozcamos mejor. Aunque, ahora que finalmente huelo mis axilas, probablemente lo mejor será que, para entonces, me haya bañado. Sabía que no debí haber traído puesta mi chaqueta en un día tan caluroso, y menos hasta aquí abajo.

Decido regresar a casa por una vez en bicicleta para hacer algo de ejercicio, atándome la chaqueta a la cintura para poder transpirar sin tanto calor y de paso disfrutando la suave brisa que corre ocasionalmente. Al llegar a mi hogar, mi madre me recibe con un fuerte abrazo y me sirve un más que sustancioso almuerzo. Mientras saboreo los sándwiches de pan de centeno con lechuga y tomate que me ha preparado, me quedo pensando en Hilda. Debería llamarla para conversar un rato pero, ¿De qué podríamos hablar? Probablemente se halle muy ocupada y no me gustaría parecer invasivo o molesto, y de todas formas Cheren y yo tendremos nuestro combate diario en la Calle Victoria dentro de un rato. Prometí que llegaría temprano, y no me gustaría decepcionar a mi mejor amigo.
 


Ya han pasado más de diez horas desde que lo conocí, y no dejo de pensar en él. Me he pasado hablando con mis padres sobre nuestro encuentro durante el almuerzo, sobre lo impresionada que quedé con lo sincronizados que estábamos ambos y nuestros pokémon y el cómo vencimos siete vagones seguidos sin dificultad. He hecho las compras diarias de objetos esenciales para entrenadores en el Centro Comercial R9 y así transportarlas hasta casa sobre el lomo de Braviary, he ayudado a Mamá con los preparativos para la fiesta de cumpleaños de Papá, he tomado un buen baño y hasta me he preparado la cena yo sola, y aun manteniéndome ocupada con todo eso no logro sacármelo de la cabeza.

Le doy a comer a los chicos, le doy a Kelsie el beso de las buenas noches y me acuesto temprano, pero mis pensamientos me impiden conciliar el sueño. Aquel chico me intriga bastante. No habla mucho, pero es educado y muy simpático. Y la forma en la que se mueve, ¡Es casi igual a la mía! Nuestra sincronía a la hora de combatir juntos fue perfecta. Era como si ambos supiésemos lo que el otro pensaba ordenarle a su pokémon, o lo que esperábamos que el otro hiciera. Y su nombre, además de parecido al mío, me es familiar. ¡¿Dónde diantres he escuchado antes de alguien llamado Hilbert?!

El tener la respuesta justo en la punta de la lengua y no poder recordarla me molesta más de lo debido. ¿Y por qué no me ha llamado en todo el día? Creí que querría charlar sobre algo. ¿O es que está esperando a que yo le llame? Con impaciencia e insomnio, miro el reloj que se halla sobre el somier ubicado a la derecha de la cabecera de mi cama, descubriendo para mi sorpresa que este marca las cuatro y media de la mañana. ¡Literalmente he pasado como más de seis horas acostada y aún no he pegado un ojo en toda la noche! ¡Debería de estar exhausta con todo lo que me he movido de aquí para allá el día de hoy! ¿Por qué estoy tan interesada en este muchacho que acabo de conocer? Es solo eso, un muchacho. Un muchacho que se mueve a la misma velocidad y ritmo que yo....

Nunca antes le había dado mi número de teléfono a otro entrenador, y mucho menos a un chico. Todavía recuerdo los chistes que Kelsie hizo en la mesa sobre que tenía nuevo novio. Quizás mi hermana tiene razón, quizás actúo como si fuese mi nuevo novio. Pfft, ¡Qué tontería! ¡Apenas interactuamos una hora! Pero, entonces, ¿Por qué me siento como si hubiese encontrado al muchacho ideal? Oh, Hilbert. ¿Por qué me atraes tanto? ¿Qué es lo que hallo tan hipnótico en la forma en la que te mueves?
 


El reloj de mi videomisor salta de las 08:59 a las 09:00 AM, y ella aparece bajando las escaleras con impecable puntualidad. Al verme, corre hacia mí con alegría, para luego frenar con fuerza con el fin de evitar chocarme, casi perdiendo el equilibrio. Una vez sus botas se pegan firmemente al piso, procede a saludarme. El hecho de que haya llegado a la hora que prometió y sin un segundo de demora me sorprende igual que lo que me perturba.

“¡Hola, Hilbert! ¡Me alegra que hayas venido, y hasta llegaste antes que yo! ¡Comencemos de una vez!”

Todavía perplejo por su repentina aparición, asiento con la cabeza y conectamos puños, como ya es costumbre entre nosotros. Me vuelve a preguntar qué tipo de pokémon quiero que use, y le vuelvo a decir que preferiría pokémon defensivos para cubrir las malas defensas de los míos. Mientras el encargado anota su nombre, el de su Gigalith y el de su Braviary en la pizarra, le dejo subir primero, y ella sube a la velocidad de un Liepard. Santo cielo, sí que es rápida.

Para nuestro infortunio, la suerte que habíamos tenido el viernes pasado nos ha abandonado por completo el día de hoy. Pese a que nuestros esfuerzos fueron los mismos de ayer, una chica con parasol que se queja de lo mucho que un chico la rechazó y un rarito vestido de arlequín consiguen derrotarnos usando tan solo un Sigilyph y un Whimsicott, agotando a todos nuestros pokémon y aprovechándose de su lentitud para propinar golpes rápidos y devastadores. Decepcionados, bajamos del vagón y salimos del subterráneo para recibir la luz del día y tomar aire fresco. Noto como Hilda golpea frustrada un poste cercano con su puño izquierdo, intentando a su vez contener la ira que la domina.

“¡Maldición! ¡Estaba casi segura de que lograría romper ese récord, y una vez más he perdido!”

Permanece unos cuantos segundos sin decir nada, hasta que finalmente sus músculos se relajan y su lenguaje corporal cambia notablemente. Acto seguido suelta un suspiro y se voltea a verme, tanto triste como avergonzada.

“Lo siento, Hilbert. En verdad lo estropeé. No te culparé si te vas ahora.”

Sacudo la cabeza para los costados en señal de negación, sintiéndome ofendido. Le contesto que jamás haría eso, preguntándole cómo me puede creerme capaz de semejante cosa. Ella se limita a suspirar nuevamente.

“No es eso. Es solo que...como ya sabes, vengo aquí todos los viernes. He fallado en esos vagones tantas veces que ya hasta he perdido la cuenta. Todos los entrenadores con los que participo siempre se alejan de mí cada vez que perdemos, haciéndome sentir culpable por no haber sabido sincronizarme con ellos y haberles costado la victoria, y por eso me cuesta tanto hacer amigos. Siempre me digo a mí misma que daré lo mejor de mí la próxima vez, pero siempre termino metiendo la mata al final. Ya no sé qué hacer.”

La tomo de las manos apenado para pedirle que no diga eso, asegurándole que conseguiremos eventualmente romper ese récord juntos. Ella baja la mirada, abatida. De pronto, una idea salvaje atraviesa mi mente. Es entonces cuando le pregunto si le gustaría que le invitase a tomar un café al Café Alma en Ciudad Esmalte. Hilda tarda en contestar. Finalmente me sonríe. Parece que la confianza y la determinación que tenía antes han retornado aunque sea un poco.

“D-de acuerdo....¡Pero te juego una carrera con nuestros pokémon voladores!”

A la misma velocidad que tuvo hoy para entrar en el vagón, la veo sacando a su Braviary de su poké ball y montándose en él para irse volando. Cuando ya se encuentra relativamente lejos, alcanza a gritarme de forma burlona, riéndose de mi asombro.

“¡El último en llegar apesta a esencia de Garbodor!”

Sonriendo y aceptando el desafío, tomo de mi mochila mi turno ball para liberar a Reshiram y montarme a él. Mientras dejamos el suelo atrás, la gente se maravilla al ver ante ellos al gran dragón blanco de Unova defensor de la Verdad surcando los cielos una vez más. En menos de unos cinco segundos consigo alcanzar a Hilda, quien se voltea a verme sorprendida y estupefacta, como si estuviese dándose cuenta de algo. Su expresión cambia pronto a una sonrisa pícara y, mirando hacia adelante, le indica con una leve palmada a su Braviary que aumente la velocidad, y el pokémon águila obedece al instante, rompiendo la barrera del sonido en el proceso. Entusiasmado, le pido a Reshiram que haga lo mismo. El dragón asiente viéndome contento, y en un parpadeo me encuentro nuevamente volando a la par de Hilda, con nuestros pokémon dando lo mejor de sí.

Nuestra llegada a Ciudad Esmalte resulta en un empate. Mientras devolvemos a nuestros pokémon a sus poké balls y nos sentamos en una de las mesas de afuera que están desocupadas, la gente que se encuentra pasando por allí no deja de mirarme, probablemente preguntándose cómo es que un joven como yo se ha ganado la amistad y confianza de Reshiram. Al poco tiempo una joven camarera de cabello castaño y uniforme amarillo reglamentario con delantal blanco sale a atendernos, anotando en una hoja de papel los dos cafés cortados que le pedimos para luego retirarse. Apenas nos encontramos solos otra vez, Hilda comienza a hablar.

“¡Sabía que tu nombre se me hacía conocido! ¿No fuiste tú el muchacho de Pueblo Arcilla que hace un mes salvó a toda la región del Equipo Plasma con ayuda de los líderes del gimnasio y de nuestro campeón Alder? ¡Eres toda una leyenda!”

Me sonrojo involuntariamente y comienzo a relatarle lo que pasó aquel día, describiéndole los mortales combates que libré contra el ex-rey del Equipo Plasma N y su despótico padre Ghetsis, quien intentaba controlar a su hijo adoptivo para convencer a todos en Unova de que liberasen a sus pokémon y así poder esclavizar a la región con los suyos, así como también el cómo le prometí a Reshiram salir algún día en busca de N y de Zekrom para convencerles de que regresen y que nos ayuden a hacer de Unova un lugar mejor. Intento no omitir ni un solo detalle, a la vez que veo cómo los ojos de Hilda se van abriendo como platos a medida que procesa lo que escucha.

“¿Un huérfano criado por los pokémon que no comprendía a los humanos? Eso...¡Es terrible! ¡Pobre muchacho! Desearía haberle conocido. Mi familia y yo podríamos haberle dado un hogar y haberle hecho entender lo bien que humanos y pokémon podemos convivir cuando nos lo proponemos.”

Le cuento también sobre cómo volví tiempo después a retar nuevamente al Alto Mando, quienes ahora poseían pokémon mucho más fuertes que los de antes, y así llegar hasta Alder, quien llevaba tiempo queriendo librar un combate conmigo y que, tras ser derrotado, me ofreció su título para suplantarle como nuevo campeón de Unova, pero que lo rechacé.

“¿Te volviste loco? ¡Ser campeón es el mayor honor que pudo haberte dado! ¿Cómo pudiste rechazar un puesto así?”

Respondo que era una responsabilidad demasiado grande para mí, que aún no estaba listo para ella y que de todas formas Alder es mucho más sabio y experimentado que yo. La camarera regresa en ese preciso instante y coloca las dos tazas de café y el ticket de la cuenta frente a nosotros, haciéndome recordar el por qué invité a Hilda a la cafetería. Mientras la mujer se retira, le explico que he pensado que quizás nos convendría cambiar de táctica, que tal vez deberíamos probar diferentes combinaciones de duplas con nuestros pokémon para ver cuáles son las que mejor se sincronizan para entrenarlas y luego proceder a usarlas en el Metro Batalla.

“Hmmm...No lo había visto de esa manera, ¡Pero tienes razón! Tal vez podría funcionar. De hecho, sé exactamente dónde podemos averiguarlo. Hoy tengo el día libre, así que, ¿Qué te parece si bebemos el café y comenzamos a entrenar?”

Su repentina espontaneidad y el ver cómo golpea con ambas manos la mesa me asusta. Ella se percata de esto y sonríe sonrojándose.

“Perdón. A veces me dejo llevar un poco por mi entusiasmo. Así que, ¿Qué dices?”

Asiento con la cabeza y bebo de un sorbo mi café, para luego levantarme y dejar el dinero sobre la mesa. Hilda hace lo mismo que yo y se levanta para salir corriendo, dominada por la emoción. Apenas nos encontramos en la acera le pregunto a dónde desea ir. Ella solo vuelve a sacar a su Braviary de su poké ball y me contesta de forma cariñosa.

“¡Tú solo sígueme y verás! ¡Intenta atraparnos!”

Una vez más me veo a mí mismo sobre el lomo de Reshiram, persiguiendo a esa hiperactiva y alocada chica y a su Braviary a velocidades que fácilmente sobrepasan los ciento cuarenta kilómetros por hora, atravesando incontables nubes y observando por segundos la exuberante cantidad de verde que rodea a la región en la que nací,  hasta que ella decide descender al pasar por Ciudad Mayólica. Mientras desciendo y vuelvo a escuchar a gente maravillándose ante la presencia de Reshiram, comienzo a pensar que está loca. ¿Por qué me hizo volar hasta el mismo lugar de donde habíamos venido? ¿Acaso pretende dejarme sin fuerzas? ¿Y por qué está tocando el timbre de esa casa con tanta insistencia?

Pero una vez me detengo a asimilar la situación, una fuerte epifanía asalta mi mente. Había olvidado completamente que ella vivía por aquí. Involuntariamente me llevo la mano derecha al rostro, sintiéndome como un completo bobalicón. Mientras regreso a Reshiram a su turno ball, me quedo viendo cómo sale a recibirla una mujer de cabello azul oscuro y ojos similares a los de ella, pantalones azules holgados y una camiseta negra, que a juzgar por su aspecto debe de rondar por los treinta y pico de edad. Noto que Hilda le susurra algo al oído, lo que hace que su expresión de extrañeza al verme sea rápidamente sustituida por una sonrisa cálida y de bienvenida, como si estuviese invitándome a acercarme. Tragando saliva y sintiéndome un tanto nervioso, subo los tres escalones para conocerla.

“¡Hilbert, querido! Me alegra conocerte. Me llamo Beatrice, y soy  la madre de Hilda. Mi hija estuvo todo el viernes pasado hablándome de lo bien que la pasaron juntos en el Metro Batalla. Te ha traído aquí para entrenar en el jardín, ¿No? ¡Siéntete como en tu casa!”

Le sonrío y asiento, diciéndole que espero no ser una molestia. Apenas acabo de hablar cuando quien asumo es su marido, un hombre muy alto de cabello castaño y ojos marrón oscuro que viste una camisa blanca y pantalones azul marino, sale a mi encuentro. Sus ojos se clavan en mí como dagas. Tras un breve momento de silencio, empieza a hablar con una voz profunda y autoritaria, sonando como si fuese un veterano de guerra.

“Hola, Hilbert. Soy Rourke, el padre de Hilda. Tengo entendido que mi hija y tú son muy cercanos.”

Inseguro y temeroso, respondo lentamente que sí. Rourke se limita a entrecerrar los ojos y me extiende despacio su mano derecha, de una forma casi mecánica, similar a la de un robot. Sintiéndome intimidado se la estrecho con la izquierda, y él me la aprieta con fuerza. Escucho a Hilda soltando una risita nerviosa y desvío la mirada hacia más adelante, donde una niña de aproximadamente diez años con cabellera y ojos idénticos a los de Hilda y un pequeño vestido rosado se para justo enfrente de nosotros, acompañada de un Purrloin. La pequeña me saluda con júbilo.

“¡Vaya! Así que tú eres el novio de Hilda. ¡Sí que eres apuesto! Me llamo Kelsie. ¡Mucho gusto!“

Me sonrojo involuntariamente y me volteo a ver a Hilda, quien observa a la niña con el rostro rojo como el de un Druddigon. Siento que su furia está a punto de azotar el silencio de la casa como un huracán igual de fuerte que los de Tornadus.

“¡KELSIE! ¡¿CUÁNTAS VECES DEBO DECIRTE QUE ÉL NO ES MI NOVIO?!”

Su hermana menor y el Purrloin ríen con una sonrisa socarrona.

“¡Lo que tú digas, hermana! Como sea, me agrada conocerte, Hilbert. Hilda dice que eres de pocas palabras, pero algo me dice que nos vamos a llevar muy bien.”

Asiento contestándole a Kelsie que tengo la misma corazonada, mientras acaricio el pelaje en la cabeza del Purrloin, quien ronronea sintiéndose a gusto. Hilda aprovecha aquel momento para tomarme de la mano izquierda con la derecha y arrastrarme hasta una puerta que se encuentra al final de un pasillo y que reza “HABITACIÓN DE HILDA” en grandes letras garabateadas con marcador indeleble.

“En fin, como te decía, Mamá. Tenemos mucho que entrenar. ¡Nos vemos!”

Las voces de Rourke y de Beatrice resuenan con fuerza detrás nuestro.

“Más vale que sea entrenamiento lo que escuche y no gemidos o toqueteos.”

“¡Rourke!”

Apenas entro en su cuarto, lo primero que noto es que, además de espacioso, posee una entrada que conduce directamente al patio de la casa. La pieza es pequeña, pero se encuentra en perfecto orden, compuesto por una cama de sábanas blancas, paredes pintadas con pintura rosada, un sifonier de varios cajones con un reloj despertador y un gran guardarropa de color ocre.  

“No le hagas caso a mi padre. Él siempre es así con todos mis amigos varones. Bueno...eso diría si aún tuviera amigos varones.”

Hilda cierra la puerta con violencia detrás de mí y se me planta justo enfrente, volviendo a tomarme de la mano para conducirme el jardín. Mis ojos quedan deslumbrados ante las proporciones del mismo.

“Impresionante, ¿No es verdad? Cuando mis padres y yo nos mudamos a esta casa supe de inmediato que quería como cuarto la pieza que se encontraba justo al lado de este patio. ¡No solo es enorme, sino que además es perfecto para entrenar con mis pokémon! Quédate aquí, iré a cambiarme y luego empezaremos. ¡No mires!”

Me quedo allí esperándola, sentado en una hamaca que hay colgando de uno de los árboles y dándome la vuelta para darle privacidad. Mientras escucho los golpes y gritos que Hilda da ocasionalmente a causa de vestirse tan apresuradamente y chocarse con los pocos muebles que tiene, me quedo contemplando el jardín en el que me encuentro. Además de grande, el pasto recién cortado es fresco y suave al tacto, y los árboles y plantas que han sido plantadas no tienen nada que envidiarle a la vegetación del Bosque Azulejo. Más en el fondo, apartado del resto del jardín, hay lo que parece ser una cancha para practicar baloncesto. Un Deerling  en su forma verano, que lleva un largo rato mirándome desde una distancia prudente, se acerca con intenciones de jugar conmigo, permitiéndome acariciar su pequeño hocico y su pelaje verdoso. ¿Qué tan grande es este patio? De no ser por aquella cancha de allí uno podría perderse fácilmente en él, y la gran cantidad de verde a mi alrededor me hace sentir que me encuentro en una jungla. De pronto escucho un par de pasos, y al voltearme veo a Hilda corriendo hacia mí: ahora viste una camiseta blanca que dice “I ♥ UNOVA” y unos shorts muy similares a los de antes, con la única diferencia de que su coloración es mucho más clara, de un celeste brillante. Con su mano izquierda trasporta un pesado reproductor de música rectangular con altavoces y un casette dentro, sujetándolo de la manija.
         

“¡Lamento la tardanza! Ah, veo que ya conociste a Deerling. Mamá y yo le encontramos hace unos años solo e indefenso cerca de la Ruta 7. El cretino de su entrenador lo había maltratado y abandonado, así que decidimos cuidarle, y desde entonces vive con nosotros. ¡Me alegra saber que le agradas!”

Arriesgándome, le pregunto a modo de broma por qué viste ropa tan femenina, que quién es y que ha hecho con Hilda. Afortunadamente ella se ríe a carcajadas de mi mal chiste, ruborizándose mientras coloca el reproductor en el suelo. Su risa es tan contagiosa y cautivante como siempre. Posteriormente adopta una expresión más seria cruzándose de brazos y haciendo boca de pescado con los labios, todavía avergonzada.

“¡Oye! ¡Solo porque me vista de cierta forma y transpire mucho a la hora de entablar combates no significa que deje de ser una chica! ¡Al menos no uso la misma campera todos los días! De todos modo quítatela antes de empezar, o te morirás de calor.”

Me río reconociendo que está en lo cierto. Mientras procedo a quitarme la campera para anudarla alrededor de mi cintura y a dejar mi gorra en la hamaca, ella procede a sacar a sus seis pokémon: además de su Gigalith y su Braviary, posee también un Escavalier, un Darmanitan, un Alomomola y un Lilligant. Decido sacar a los míos para ver cómo interactúan entre sí. Mi siempre confiable Samurott, Krookodile, Ferrothorn, Gothitelle y Unfezant corren a presentarse ante ellos, y en unos pocos minutos comienzan a congeniar. Reshiram decide dar acto de presencia a lo último, haciendo que los otros pokémon se arrodillen ante su presencia. Le comento a Hilda que de haber sabido que entrenaríamos en este preciso lugar habría traído a mi Volcarona para tener a mi equipo completo, pues los encargados del Metro Batalla me han prohibido una y mil veces usar a Reshiram. Ella apoya su mano derecha sobre mi hombro izquierdo y levanta el pulgar de su mano izquierda para indicarme que no me aflija, que podré traerle la próxima ocasión. Acto seguido mira hacia adelante y se dirige hacia nuestros pokémon.

“Muy bien, chicos. Hoy llevaremos a cabo un riguroso entrenamiento. Formaremos con todos ustedes diversas duplas, y escogeremos a las dos que consideremos las que mejor se sepan sincronizar a la hora de bailar. Sé que Reshiram no podrá participar y que por ende no somos pares, pero nos las arreglaremos como podamos. Dicho esto, ¡Empecemos!”

Samurott y los demás gruñen contentos y Hilda presiona un botón de la grabadora, haciendo que esta reproduzca el casette en su interior. La melodía que comienza a sonar es movida y pegadiza, haciendo que me esté deseoso por iniciar con la selección de duplas. Durante las siguientes cuatro horas probamos todas las combinaciones posibles entre nuestros pokémon, y casi todos consiguen mantener el ritmo y realizar mezclas de movimientos impresionantes mientras nosotros ejercitamos nuestros músculos, moviéndonos y ordenando movimientos con soltura. Incluso Ferrothorn ha sabido seguirle el paso a Darmanitan pese a su pesada armadura. En ocasiones, la madre de Hilda se presenta para servirnos limonada y comida para nuestros pokémon, preguntándonos si necesitamos algo más y volviendo a dejarnos solos. Reshiram y Deerling, por otro lado, se quedan allí parados en un rincón, observando con interés nuestro progreso.

El reloj en mi videomisor emite un fuerte pitido, dándole la bienvenida a las ocho de la noche. Para entonces, el sol ya se ha retirado, y nos encontramos escogiendo a los dos equipos que nos han ganado por sobre los demás. Le permito a Hilda hacer los honores de anunciar nuestro veredicto, tanto frente a nuestros pokémon como frente a sus padres y a su hermana, quienes se encuentran observándonos desde hace un rato, sentados en unas sillas plegables.

“¡Felicidades, Krookodile y Lilligant! ¡Ustedes serán el primer equipo!”

Krookodile y Lilligant celebran abrazándose presas de la alegría, mientras que el resto esperan tanto ansiosos como pacientes la revelación del segundo equipo ganador. La tensión en el ambiente es más que palpable. Hilda hace otro anuncio.

“Y nuestro equipo de respaldo será...¡Ferrothorn y Braviary!”

Braviary despega abandonando el suelo, volando en círculos y emitiendo chillidos de felicidad. Ferrothorn, agotado, se limita a sonreír, sintiéndose halagado ante los vítores de sus compañeros. La voz de una preocupada Hilda observando me hace voltearme.

“¡Santo cielo! ¡Ya son las ocho! ¿Nos pasamos todo el día entrenando a nuestros pokémon? ¿Cómo es que no nos hemos desmayado todavía?”

Bromeo diciéndole que el tiempo pasa cuando uno se divierte. Ella estalla en carcajadas, dejándome maravillado. En mi vida pensé que hallaría a una chica que se riese de mis chistes malos. Bianca jamás los había entendido. Pero Hilda...ella es diferente. Ahora no me cabe la menor duda de que he conocido a alguien verdaderamente especial.

Beatrice se me acerca, evidentemente con intenciones de hablarme.

“Hilbert, tesoro. En vista y considerando que ya a estas horas Ciudad Mayólica suele tornarse un tanto peligrosa, ¿Te gustaría quedarte a cenar y a dormir con nosotros esta noche? Nada nos gustaría más que poder conocerte mejor.”

Me quedo pensativo por unos segundos, con Hilda sonriéndome ilusionada. Finalmente asiento aceptando y, contento, activo el discado rápido de mi videomisor para llamar a mi madre. Mientras lo hago, noto que Reshiram no deja de mirarme de una forma muy peculiar, con el ceño fruncido. El dragón legendario parece querer trasmitirme un mensaje con aquellos penetrantes ojos azules suyos. Pero, ¿Cuál podría ser?
 

​​​​​​
Le observo metido y refugiado dentro de la bolsa de dormir con forma de Kakuna que Kelsie le ha prestado y, reposando mi mentón sobre mi mano derecha, le pregunto si tampoco puede dormir. Él asiente, como de costumbre.

“Sí. Es solo que....tengo muchas cosas en la cabeza ahora mismo.”

Intrigada y repentinamente consternada, le pregunto que si es por las preguntas personales que Papá le hizo en la mesa, pidiéndole disculpas por su actitud. Él sacude la cabeza para los costados casi de inmediato.

“No, no es eso. No culpo a tu padre. Apenas nos acabamos de conocer, y está en todo su derecho de no confiar en mí. Estoy pensando en el problema de alguien que conozco.”

Le aseguro que puede compartirlo conmigo si así lo prefiere, que no me molesta escucharla. Él suspira y procede a explicarme la situación, abatido.

“La semana pasada, cuando estábamos entrenando juntos, me dijo que el batallar juntos no estaba funcionándole, que no importaba qué tanto se esforzase, yo siempre le vencería. Resolví enviarlo con Lenora, la líder de gimnasio de Ciudad Esmalte, para que esta le ayudase a descubrir cuáles eran sus puntos débiles.”

Veo cómo hace una breve pausa para volver a suspirar y luego continuar.

“El día de ayer me llamó contándome que Lenora le dijo que la razón por la que fallaba era porque siempre usaba la misma estrategia, y que debía cambiar de tácticas si espera que sus pokémon consigan derrotar a oponentes más poderosos. Me apena mucho verlo así, siempre frustrado y sin saber qué hacer con su vida. Ha sido mi mejor amigo desde que éramos pequeños. Prácticamente nos criamos juntos, y el no poder ayudarle me hace sentirme como un completo inútil.”

Para mi asombro, y por primera vez en mi vida, le veo soltar una lágrima. Aferrándome con mi mano derecha a la cama para evitar caerme, me agacho para tocarle cerca del hombro con la izquierda, diciéndole que no es su culpa, que está presionándose demasiado por algo de lo que no es responsable. Que su amigo sabrá encontrar su propio camino eventualmente, por sus propios métodos. Él sonríe, agradeciéndome y decidiendo cambiar de tema.

“¿Te digo una cosa? Realmente eres una chica increíblemente simpática. Dime, ¿Cómo es que aún no tienes novio?”

Su pregunta me pilla por sorpresa, haciendo que me ponga roja como un tomate. Con los labios temblándome, le confieso que una vez llegué a tener uno, que era un muchacho originario de Kanto que había venido aquí a Unova con su familia en busca de trabajo, y que al final la cosa no funcionó porque estaba harta de oírle hablar sobre lo mucho que le gustaban los pantalones cortos y lo cómodos que eran.

“¿Y nunca volviste a enamorarte después de eso?”

Avergonzada, le explico que tanto la experiencia como el rompimiento me dejaron con un sabor amargo, que me dije a mí misma que el amor era una tontería y que me concentraría en lo que realmente me importaba, que era volverme una mejor entrenadora y conquistar los andenes del Metro Batalla para así saber que estaría lista para desafiar al Alto Mando y al Campeón. Él niega con la cabeza una vez más, como si estuviese indignado ante lo que acaba de escuchar salir de mi boca.

“¿No crees que exageras un poco? Puede que nunca haya estado en una relación, pero sé de buena fuente que el amor es algo bello. Tal vez ese chico simplemente no era el indicado para ti, y aún no has descubierto el amor verdadero.”

Una vena en mi frente palpita levemente. Le contesto irritada que apreciaría si dejase de opinar sobre mi vida amorosa, que no puede opinar al respecto porque no estuvo allí.

“¿Y qué pasaría si te dijese que estoy enamorado de ti?”

Sus palabras hacen que me quede congelada, sin aliento. Tartamudeando, pregunto que cómo es posible que pueda decir eso si apenas nos conocemos. Él no dice nada, limitándose a reírse.

“¿Cómo no podría ser posible? Eres bonita, agradable y entusiasta. Tenemos mucho en común: nos gusta entrenar, siempre nos esforzamos al máximo, no nos molesta sudar, nos gustan los deportes a juzgar por las gorras que usamos y siempre estamos en perfecta sincronía el uno con el otro, incluso cuando perdemos. Tal vez estábamos destinados a conocernos. Tal vez por eso seamos tan perfectos el uno para el otro.”

Muriéndome de la vergüenza, oculto mi rostro detrás de mi largo cabello, diciéndole que se detenga, que se disculpe ya mismo.

“¿Ayudaría entonces si hago esto?”

Apenas he hecho a un lado mi cabello cuando siento sus labios entrando en contacto con los míos. Mi enojo y vergüenza se desvanecen en un parpadeo, siendo reemplazados por un deleite sabor embriagador, con gusto a ambrosía. A los pocos segundos él se retira para dejarme respirar. Confundida, le pregunto con timidez si podría volver a hacer eso.

Él asiente, y un milisegundo después nuestros labios vuelven a encontrarse. Inconscientemente, casi como un reflejo, lo traigo hacia mí tomándole de la nuca con ambas manos, forzándole a abandonar la bolsa de dormir. Me hago a un lado para dejarle subir a mi cama y permitirle que se ponga cómodo. Él continúa besándome, acariciando mi mejilla izquierda para luego ponerse encima de mí, de modo tal que pueda seguir besándome con mayor facilidad.

Mientras acaricio su cabello, comienzo a preguntarme si debería o no tocar el final de su espalda, hasta que finalmente reúno el valor necesario para hacerlo, y para mi sorpresa a él no parece importarle. Es entonces cuando comienzo a sentir su mano apoyada sobre mi seno izquierdo.

Involuntariamente, presa de la excitación, suelto un gemido suave, pero largo. Con el corazón latiéndome con fuerza, le confieso en voz baja que nunca nadie antes me había tocado de esa forma. Hilbert me mira extrañado.

“¿Lo dices en serio? ¿Acaso ese novio tuyo era idiota o qué?”

Riéndome lo más bajo posible por temor a que mi padre se despierte y nos pille infraganti, le traigo para mí y vuelvo a besarle, pidiéndole que no se detenga mientras comienzo a desabotonarle la camisa de su piyama. Él se la quita apenas termino de hacer esto, y lo aparto con ambas manos para poder levantarme y retirar tanto mi camiseta como mi soutien, quedándome completamente en cueros.
 
Por primera vez en mi vida siento mis pezones firmes, casi como si fuesen los cañones de un Blastoise preparándose para disparar una potente Hidrobomba. Él los acaricia y mima con delicadeza, haciendo que el gozo que siento aumente considerablemente. Desplomándome sobre mi cama y volviendo a besarle, comienzo a percibir una curiosa y graciosa sensación en mi entrepierna, como si todo mi ser se estuviese estremeciéndose con anticipación a algo grandioso.


Las dudas se desvanecen en cuanto él retira sus labios de mi boca y comienza a recorrer con ellos mi piel desnuda, deteniéndose en mi obligo. Ya no puedo pensar con claridad, y tampoco contenerme. Gimo nuevamente, aferrándome a mi almohada como si mi vida dependiera de ello. El mundo empieza a darme vueltas, y por un momento no reconozco mi propio cuarto. Siento a Hilbert abandonando mi cintura, descendiendo lentamente hacia mi pelvis. Con la poca voluntad que me queda, relajo las piernas mientras él se deshace de mis bragas. Estoy...mojada, más expuesta y vulnerable que nunca. E igualmente...también a gusto.

Apretando mis pezones como si no hubiese un mañana, me preparo para lo que viene a continuación, entregándome a mi pasión.
                                                


“¡Triturar!”

Krookodile no ha tardado ni un segundo en acatar mi orden. Defendiendo a Lilligant, y abriendo sus enormes fauces de par en par, las ha cerrado con fuerza sobre aquel condenado e insoportable Eelektross. Tras un largo forcejeo y numerosas descargas eléctricas en un intento por liberarse, el irritante pokémon anguila ha caído rendido al suelo, desmayándose y dando por finalizado el combate. Después de un breve instante rodeado de un abrumador silencio, la ya familiar voz hace un anuncio por los altavoces.  

“La victoria es para Hilbert y Hilda. Felicidades por haber derrotado a nuestros dos líderes en el Super Andén de Batallas Múltiples.”

“¿G-ganamos?”

La voz de Hilda me desconcentra, sacándome de mi zona mental de batalla. Cuando finalmente consigo poder voltearme para verla a los ojos, ella está arrojándose sobre mí para abrazarme, con lágrimas de alegría en los ojos.

“¡Ganamos, Hilbert! ¡GANAMOS, GANAMOS!”

Ingo y Emmet, los dos jefes del andén, proceden a regresar a sus pokémon a sus poké balls para luego aplaudirnos, felicitándonos por nuestra victoria y comentando lo muy impresionados que han quedado tanto con nuestro desempeño como con el de nuestros pokémon, aclarándonos que hemos ganado diez puntos de batalla para canjearlos por cualquier producto que queramos del Metro Batalla diciéndonos que esperan volver a enfrentarse a nosotros en un futuro próximo. Acto seguido el tren se detiene en su destino final y las puertas del vagón se abren de par en par, invitándonos a guardar a nuestros pokémon y descender de forma ordenada. Después de que el encargado haya añadido nuestro premio a nuestro perfil de entrenador del Metro Batalla con su pizarra, decidimos sentarnos a descansar sobre una banca cercana antes de tomar el tren que nos llevará de vuelta a Ciudad Mayólica. Hilda aún no ha dejado de gritar eufórica. No puedo decir que la culpo.

“¡Lo logramos, Hilbert! ¡Nos ha tomado dos semanas, pero lo logramos! No solo conquistamos el Andén de Combates Múltiples, ¡Sino que también el Super Andén de Combates Múltiples! ¡Somos los reyes indiscutidos del Metro Batalla! ¡Ahora ya no tengo miedo a desafiar al Alto Mando y al Campeón! Gracias a ti...No, gracias a ambos, ¡Hemos realizados juntos nuestro sueño!”

Sueño. La palabra se queda incrustada en mi mente por unos minutos, remontándome a lo acontecido un mes atrás en el Palacio de N, a las palabras de alguien a quien llegué a considerar mi igual en batalla. Mi contraparte. Mi otro yo.

“¡Hilbert! Dijiste que tenías un sueño, y ahora... ¡se cumplirá! ¡Los sueños y la verdad tienen poder para cambiar el mundo! ¡Tú podrás hacerlo! Bueno, pues... ¡Hasta la vista!”

De pronto siento un nudo en mi garganta. He olvidado completamente la promesa que hice de algún día ir en busca de N y de Zekrom. Debo hacerle regresar para hacerle entender que les necesitamos para que nos ayuden a atrapar a Ghetsis y al resto de los miembros del Equipo Plasma que han huido hacia territorio desconocido, para evitar que regresen en grandes números e intenten nuevamente apoderarse de Unova. Pero, ¿Cómo podría explicarle esto a Hilda? Buscar a N me tomaría semanas, meses, ¡Quizás incluso años! Y no podría vivir conmigo mismo dejándola aquí sola esperándome. Le rompería el corazón.

Te amo, Hilda. Quizás más de lo que crees. Nada me gustaría más que casarme contigo y formar una familia. Mi madre te adora. A Cheren y a Bianca les encanta combatir contigo. Hasta tus padres nos han dado su bendición. Pero Ghetsis sigue allí afuera, y sin N quizás no sea capaz de detenerle cuando vuelva a atacar. Y no podré descansar en paz y vivir feliz mientras nuestra hermosa región, nuestro mundo, esté en peligro. Y si quiero defenderla, debo perseguir mi sueño de crear una Unova mejor. Encontrar a N es mi ideal, y tanto Reshiram como yo sabemos que esa es la verdad.

“Oye, ¿Quieres pasar por mi casa para bañarnos y luego ir al Gran Estadio a ver fútbol? Hoy juegan los Watchogs de Unova contra los Ursarings de Johto. ¡No se me ocurre nada mejor para celebrar! Además mi familia irá a ver una obra al Teatro Musical, y no volverán hasta la madrugada, por lo que tendremos la casa toda para nosotros. Si sabes a lo que me refiero. Ji, ji, ji.”

La turno ball en mi mochila vibra, emitiendo una tenue pero notable onda de calor. Reshiram no ha olvidado mi promesa. Y algo dentro de mí me dice que el momento de partir se aproxima.

De una forma o de otra, esta noche debo decirle la verdad.

                                    


El día ha llegado. Con gran pesar me levanto apenas el despertador marca las ocho de la mañana. Tras cepillarme y vestirme procedo a empacar en una valija ropa para el viaje, así como también todos los alimentos no perecederos que pueda llevar conmigo. Por último tomo mi bolso con mis poké balls y mis pokémon dentro de ellas, me despido de Deerling y, colocándome mi gorra favorita, abandono mi habitación.

La despedida es lenta y amarga. Kelsie se la pasa llorando a moco tendido, sin poder soltarme, hasta que consigo tranquilizarla prometiéndole que volveré pronto. Mamá me abraza fuertemente, mientras que Papá me pide que me cuide mucho. Purrloin, por otro lado, suelta un largo y lastimero maullido, signo de su tristeza.

Un potente aleteo y dos fuertes pisadas provenientes de afuera de la casa me indican que ha llegado la hora de irse. Abrazando a mi familia por última vez, salgo por la puerta de calle, y como era de esperar, él está allí, montado sobre Reshiram y viéndome preocupado. Reshiram también me observa interesado, con sus grandes alas, blancas como la luna, abiertas de par en par. La imponente figura del dragón defensor de la Verdad me intimida un poco. Justo cuando estoy por subirme a su lomo, él me habla.

“¿Estás segura de esto? No tienes que venir conmigo si no quieres.”

Le contesto determinada que nunca había estado más segura de algo. Él me dedica una sonrisa melancólica y me extiende la mano derecha para ayudarme a subir. Una vez  se cerciora de que ambos estamos cómodos y bien sujetados, Reshiram abandona el suelo. Mis padres y Kelsie me saludan por última vez mientras nos ven alejarse. Me quedo devolviéndoles el saludo con mi mano derecha, hasta que se vuelven menos que manchas detrás de nosotros. Mientras Reshiram continúa sacudiendo sus potentes alas y mirando siempre al frente, recuesto mi cabeza sobre el omóplato derecho de Hilbert. Y por un segundo, aunque sea breve, nuestros corazones laten al mismo ritmo, como si fuésemos la misma persona. Dos almas gemelas, tan idénticas y a la vez tan unidas por un lazo inquebrantable, uno superior al entendimiento de cualquier ser vivo, ya sea humano o pokémon. El lazo que nos ha unido, y que nos mantendrá unidos ante cualquier obstáculo que debamos afrontar, hasta el fin de nuestros días.

No sé cuándo hallaremos a ese tal N, o cuánto tiempo nos tome volver a nuestra región. Más una cosa es segura: te amo, Hilbert. Por ti iría contigo hasta el fin del mundo. Y esa es la pura verdad.  
                           [Imagen: 5jKLfmz.jpg]
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#2
Lo que los primeros encuentros logran. Hilbert no sabía nada de Hilda, pero al poco tiempo logró alcanzar tantas bases con ella. Espero ver más de ellos en los trabajos que sigan porque definitivamente me interesa ver cómo adaptarás lo que sigue a esta parte de Unova.
Rompe mi armadura si quieres. Al final, terminarás arrepintiéndote de hacerlo...
[Imagen: IIhG3l7.gif]
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#3
Mostrar  Fuerte olor a transpiracion

Mi madre y sus hermanitos siempre cuentan esta historia de una vez que mi abuelo fue a la tintorería a limpiar unos sacos, y el chino de la tintorería cuando se los devolvió impecables dijo que tenían “fuelte olol a tlanspilación” y que “tles veces pasó máquina”.
 

Ahora, antes de que empecemos con la historia, un fuertísimo consejo – en una historia de romance, nunca, por favor NUNCA menciones el olor a chivo que tiene uno de los protagonistas. Y MENOS LA MUJER LA PUTA MADRE.
 

QUE CLASES DE FETICHES RAROS TENES LUN QUE ESTAN SALIENDO A LA LUZ ACA
 

Arranco la tercera historia con un chiste del olor a chivo que tenían los sacos de mi abuelo porque es una anécdota graciosa, y para levantar el humor de las últimas dos reviews que medio violenta me dejaron con todo el tema de la toxicidad en las relaciones. Y si bien el tercero más o menos sigue el mismo ritmo que los dos anteriores, con protagonista campeón y arquetipo de la chica energética, esta vez cambias un poco el escenario de los niños de la infancia por algo un poco más novedoso, y tocas el tema del amor a primera vista, que no necesita ningun build-up y funciona perfectamente para un one-shot, sobre todo porque en los otros dos la historia tenia que extenderse lo suficiente como para poder recordar todo lo que habían hecho los protagonistas y como se conocieron y lo que hicieron de sus vidas y como se volvían a reencontrar y bla bla bla, que aunque no creas en la repetición empieza a volverse medio denso.
 

En este caso no hay toda esa preparación, y en su lugar tenemos en una pelota de referencias al canon de los juegos – cosa que usaste un montón en las dos historias anteriores pero que no te mencioné, y le da un poco mas de espacio a construir la relación. Acá el explícito es un poco más explícito así que medio como que esa parte la pasé medio rápido para no tener que bardearte más tarde en esta review, pero en general la historia una vez más, termina en buenos términos y esta vez, aunque podrías objetar que estos dos a la semana estaban cogiendo y DOS SEMANAS DESPUES se estaban llamando los amores de su vida y el chabón diciendo que se quiere casar con ella y la mina accediendo a irse volando en rumbo desconocido con el chabón que conoció hace exactamente 21 días, no se siente fuera de lugar porque en primer lugar la relación es rápida, y en segundo lugar encaja con la personalidad de la mina ir al punto y acelerar las cosas.
 

Sigue siendo medio raro como la familia la deja irse así como así, y principalmente como dejan QUE ESTE NIÑO SE META A DORMIR EN LA PIEZA DE SU HIJA, TE ENTIENDO QUE ES UN FANFIC PERO AL MENOS PODRÍA HABERSE ESCAPADO DE HABITACION QUE SE YO Y ENCIMA SE LA COGE EN LA CASA DE LOS VIEJOS W T F
 

Pausa. Te digo, la escena hot medio que te deja así con la cara del viejo con cara de asco cuando hace 2000 palabras contaste explícitamente como la flaca tenía un olor a chivo que casi lo hace vomitar al pobre chabón. Lo único que me imagino en esa escena, en lugar de petalos de rosas y música romántica es un incesante y cada vez más fuerte olor a chivo y a gente que no se baña, porque si la chica ni se molesta en ponerse desodorante no me quiero imaginar lo que tuvo que aguantarse el flaco esa noche con tal de ponerla.
 

Pero bueno, además de esa imagen (con olor y todo) tan fuerte en la que me deja el ultimo tercio de la historia, por lo demás es una relacion romántica mucho más idealista que las otras dos, y mucho más natural teniendo en cuenta que las relaciones que surgen así de la nada por atracción generalmente vienen con su cuota de pelotudez irracional adolescente, así que no se siente fuera de lugar en absoluto. De los tres, este es el que más me gusto.
 

Pero realmente me hubiera gustado que hubiera muchas menos referencias a olores corporales y cómo Hboy se siente identificado con Hgirl “por lo mucho que sudan los dos” la puta madre jajajajaj
 

A por cierto por qué las tres historias tienen que tener al protagonista sacando a su épico Pokémon volador y llevando a su interés romántico a surcar los cielos, no me preguntes
 

QUE SON ESTOS FETICHES LUN – NO MEJOR NO ME CUENTES LA VERDAD NO QUIERO SABER
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#4
En algo tengo que estar de acuerdo y es que tanta, tanta referencia al sudor distrae de la lectura. Hay que… ser un tanto más sutil si quieres que el sudor de una chica sea sexy. Sí, tienen las gafas rosas de la adolescencia que hacen que todo se vea más bonito pero igual…

Vale. Seamos un poquito directos. Entre la trilogía de los shippings entre protas, este me parece el más flojo. Es mi opinión y sólo mi opinión, tampoco es que tengas que escribir como a mí me gusta o así pero entre todos los que te he leído es el que me gusta menos.

Tal vez es el hecho de que siento que hay un mensaje en tus otros relatos.

El Rey Absol: La venganza nunca es buena mata el alma y la envenena.

Proyecto Fifa: No tortures animales, no seas basura. Si una colega buena quiere coger, acepta, que podría matarlos un alien y dejarte con las ganas.

Amistad: El que se muera tu mascota no es razón para meterte a la casa de un viejo verde y desnudarte en su ducha.

Soledad: No seas un autista cretino.

Corrientes: El sexo importa más que los jueguitos. Aprovado por Quetzalcoatl… mentira. Hay cosas menos importantes que las personas que amas. Si ambos están dispuestos a ser flexibles, puede valer la pena.

Acá todo es más simple, sin un mensaje de fondo. Y no, no soy de la idea de que cada historia debe dejar una lección de vida o algo por el estilo, pero acá no siento la misma cohesión que con los otros. Acá es: chico conoce chica, confunden hormonas con amor, cogen y viven calientes para siempre… o hasta el primer embarazo. Y eso no es realmente malo… 

Siento que acá la intención era experimentar; hacer un lemon. El problema de hacer un lemon por hacerlo es que cualquier autor con un poquito de amor propio, como vos, va a tratar de encaminar a los pjs a eso para que no se sienta forzado. Y eso está bien, el problema a mi parecer es que no hay otra cosa en la historia que el lemon. El resto del fanfic está ahí para encaminar a los pjs a coger, no a ser grandes entrenadores, y el Metro Batalla se siente más como una herramienta para acercarlos que como una motivación, igual que lo de buscar a N se siente más como el final feliz obligatorio para poder conectar con otra historia y decir "ah, esos dos se fueron en un Reshiram". 

Aunado a que, aunque son adolescentes un par de diálogos se sienten casi parodicos. Like, cuando Hilda habla de lo decepcionada que está con el amor, lo que es una reacción normal en una adolescente exagerando, pero… hubiera funcionado de no usar al Joven Chadno como un chiste de pantalones. Es un poco el problema imo. Hay muchas intromisiones de comedia y drama para ser erótico. Hay mucho drama para ser full cómico. Hay mucha comedia y referencias al sudor para ser romántico de verdad. Y sí, un relato puede y debe poder mostrar más de una faceta, pero acá, en mi opinión personal e intransferible, la suma de elementos resta al total de sus partes por su naturaleza. 

Again, no es un mal relato, ni nada, pero sus hermanos son más atractivos.
[Imagen: EdovJGiXkAYqwp4.jpg]
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