Longfic- Jack Evans

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FranquiciaOriginal
GéneroAcciónAventura
Resumen

¿Alguna vez has pensado si realmente quieres hacer lo que haces? ¿Si te quieres dedicar a lo que piensas dedicarte? Supongo que sí, tal vez es algo común.

#1
[Imagen: Jack-Evans-con-nombre-mas-chico.png]
Una historia del Elfoverso

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Índice
Capítulo 1 - El joven que deduce
Capítulo 2 - Una defensa ofensiva
Capítulo 3 - Academia Pokémon
Capítulo 4 - Concurso
Capítulo 5 - El nadador
Capítulo 6 - Dueño de sus movimientos
Capítulo 7 - Robo en el Museo
Capítulo 8 - Y las hojas dejan ver la flor
Capítulo 9 - Contra las rocas
Capítulo 10 - La Danza de la Luna
Capítulo 11 - El monstruo de Celeste
Capítulo 12 - Haciendo ciertas cosas en ciertos momentos
Capítulo 13 - A la velocidad del sonido
Capítulo 14 - La banda de motociclistas
Capítulo 15 - El S.S. Anne III
Capítulo 16 - La habilidades extras de un pokémon
Capítulo 17 - El Club de Fans de Pokémon
Capítulo 18 - Cuidado con la electricidad
Capítulo 19 - Saqueadores de tumbas
Capítulo 20 - Metiendo miedo
Capítulo 21 - La promesa
Capítulo 22 - Heredero de la Corporación Silph
Capítulo 23 - Problemas en el Centro Comercial
Capítulo 24 - Plantas peligrosas
Capítulo 25 - La Zona Safari
Capítulo 26 - Velocidad
Capítulo 27 - Entre los vidrios
Capítulo 28 - Sueños del pasado
Capítulo 29 - Batalla doble
Capítulo 30 - El Dojo karate
Capítulo 31 - Cuando los sonidos no suenan
Capítulo 32 - Problemas en el barco
Capítulo 33 - A los pies del volcán
Capítulo 34 - Acertijos en el fuego
Capítulo 35 - Secuestro y robo
Capítulo 36 - Entre la niebla
Capítulo 37 - El diario de Jonathan
Capítulo 38 - Cuando lo seguro no es seguro
Capítulo 39 - La reunión
Capítulo 40 - La Mansión Lockhart
Capítulo 41 - Isla Suprema
Capítulo 42 - El único habitante de la isla
Capítulo 43 - Caos en Azafrán
Capítulo 44 - Dentro de la Corporación Silph
Capítulo 45 - Terror en el décimo quinto piso
Capítulo 46 - La doncella de tierra

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#2
Holi mis niñes, llevo un buen tiempo pensando en publicar este fic, lo tengo listo hace mucho, tal vez 2 años, pero había dudado en hacerlo, pues pensaba primero en contribuir más en el foro, para tener una relación más equitativa con la comunidad, pero creo que no puedo aguantar, tengo pensado un universo literario y...naaahh eso es muy luego, lo quiero hacer, tengo la idea, pero no será necesario leer una historia para entender otra. Además, mi otro fic, Desquiciada Libertad, está por llegar a su fin y voy a quedar con nada que publicar. Este es el primer fic que terminé, ha pasado por muchas versiones, por diversos foros, y decidí acortarle el nombre. Siempre serán bienvenidos sus comentarios, aportes, apreciaciones, críticas, insultos, etc. Los amos a todes.

 
 
Capítulo 1 - El joven que deduce
 
 
     Pueblo Paleta era un pintoresco poblado al suroeste de la región Kanto, un lugar rodeado de árboles y con muy pocos habitantes, lejos de toda la contaminación de las grandes ciudades y llena de un aire tan limpio que cualquier granjero o campesino envidiaría. Inundado por verdes prados que eran atravesados por caminos de tierra y vegetación que no temía en adornarlo, mostrándose vigorosa ante cualquiera que pasara ante ellos.
 
     Paleta estaba principalmente rodeado de frondosos bosques, con árboles tan antiguos que la persona más anciana del pueblo parecía un bebé en comparación. Además de colindar al sur con una hermosa y pequeña playa de blanca arena fina que permitía una envidiable vista al majestuoso océano. Mientras que por el norte se asomaba un grueso e irregular camino de tierra que se abría paso entre la arboleda y facilitaba la salida del poblado hacia el resto de la región.
 
     Las personas en este pueblo solían ser amables, serviciales, honestas, pacíficas y no se entrometían en asuntos que no eran de su incumbencia, aunque de vez en cuando se les olvidaba respetar esta última característica. La mayoría vivía en casas que seguían el mismo patrón, paredes pintadas de un blanco tan puro que reflejaba toda luz que rebotaba sobre su superficie, y tejados tan rojos como un tomate fresco recién sacado de la mata, donde las diferencias caían sobre el diseño, tamaño y decoración de cada una de ellas, además todas estaban distanciadas prudentemente las unas de las otras, para no causar mayor impacto en la quietud del lugar. Se dice que, al menos así lo cuentan los más viejos, Paleta no ha sufrido mayor cambio desde que se fundó como pueblo hace más de cuatrocientos años, si se le compara con las grandes ciudades.
 
     Generalmente, la luz era abundante en el poblado y este día no era la excepción. El sol alumbraba sobre el pasto, proporcionando tímidamente esa típica calidez matutina de un día despejado. No corría ninguna brisa y la calma del amanecer aún no se veía interrumpida, los únicos sonidos que se escuchaban eran los emitidos por las criaturas de la naturaleza, pero ni esos eran suficientes para arruinar aquella inigualable tranquilidad que sólo Pueblo Paleta era capaz de entregar.
 
     Por unos de sus tantos trayectos de tierra, un chico de desordenada caballera negra transitaba a paso lento, pero seguro, al mismo tiempo que pateaba una piedra que había encontrado en el camino. Vestía unos pantalones negros de mezclilla, cortados al nivel de la rodilla, una camiseta del mismo color, pero con un estampado blanco agrietado, ya no se distinguía la forma de la imagen, y llevaba amarrada a la cintura una sudadera gris con capucha.
 
     Siguió caminando hasta llegar al final del sendero de tierra que había tomado, ahí se detuvo, pateó lejos la piedra con unas muy usadas pero resistentes zapatillas blancas y sacó una botella con agua del bolso amarillo que colgaba de su hombro. Terminó de refrescarse la garganta e involuntariamente miró al sol, apartó inmediatamente sus marrones ojos de la luz del astro y avanzó sobre el pasto, adentrándose por un espacio definido por los árboles, lejos, al sureste del pueblo.
 
     No tardó mucho en llegar a una casa totalmente distinta a las otras, estaba más distanciada del pueblo, un poco oculta, para aprovechar al máximo la calma del pueblo, y algo mal cuidada, por lo menos el exterior lo decía así, pues la maleza alrededor estaba crecida y el amarillo de sus paredes estaba desteñido. Su techo era gris y de éste salía una chimenea roja, también descolorida, que no emanaba humo de manera frecuente, de hecho, la gente del pueblo no recordaba cuándo había sido la última vez que habían visto una humareda en la arboleda en aquella dirección.
 
     El muchacho se aproximó con tranquilidad, miró un letrero con la frase “Laboratorio de investigación del Profesor Oak” y pasó mirando por una de las dos ventanas rectangulares de la fachada, las del segundo piso eran circulares, pero estaban sucias. No se detuvo hasta llegar a una puerta verde con una pequeña ventana semicircular en ella. Golpeó tres veces la puerta y esperó.
 
     La puerta se abrió y un hombre de pelo cano apareció detrás de ella, vestido con un delantal blanco de esos que usan los científicos, su cara indicaba sabiduría y experiencia, pues tenía las cejas pobladas y varias arrugas, además llevaba una camisa púrpura y pantalones café claro.
 
     —Buenos días, profesor —saludó cordialmente el chico, de la misma manera que la demás gente joven del pueblo acostumbra a saludar a las personas mayores.
 
     —Buenos días —contestó el anciano—. Veo que llegaste temprano, bastante diría yo —indicó luego de voltear a ver la hora.
 
     Hace mucho que la gente del pueblo no veía al profesor Oak recorrer los polvorientos caminos de Paleta, pero éste era conocido, fuera y dentro de la región, por ser una eminencia cuando de pokémon se trataba, pero ¿qué era un pokémon? La gente simplemente los conocía como criaturas de la naturaleza dotadas con poderes especiales que vivían entre las personas desde hace mucho tiempo y él se dedicaba a estudiarlas. Varios se dedican a crear amistad con aquellas criaturas, mucha de esta gente era llamada entrenadores y se encargaban de entablar batallas entre ellos usando a estos pokémon. Algunos estaban en total desacuerdo con usarlos como simple entretenimiento humano, pero en la sangre de muchas de estas criaturas estaba la sed de luchar y crecer, debido a esto se creó y perfeccionó el entrenamiento pokémon hasta como se conoce hoy en día.
 
     —Es que estoy algo ansioso por empezar —se excusó—. Pero si quiere, puedo venir más tarde.
 
     —No, no, está bien. Siempre he dicho: al que madruga, Dios lo ayuda. Pasa, adelante.
 
     El muchacho entró y notó el enorme desorden que reinaba en el laboratorio, papeles tirados por todas partes, libros amontonados sobre cajas y mesas, estanterías llenas de más libros y complejas máquinas de complicado funcionamiento que ocupaban harto espacio. Al fondo de la habitación resaltaba una puerta, posiblemente el único lugar despejado, y sobre una mesa redonda permanecía una esfera, roja la mitad de arriba y blanca la de abajo, la gente las conocía como pokéball, una cápsula esférica con la que transportaban a estas criaturas con mayor facilidad y seguridad.
 
     —Perdona el desorden, no he tenido tiempo de arreglar el lugar, he estado muy ocupado —se disculpó—. Aquí está lo que vienes a buscar —el anciano tomó la pokéball y se la dio al chico.
 
     La mitad roja era transparente y se podía ver una criatura cuadrúpeda a través de ella, tenía un bulbo en su espalda y figuras en su cuerpo, tres de ellas en su frente, su cabeza era medianamente grande en comparación a su cuerpo y transmitía una mirada de alegría, como si hubiera esperado mucho tiempo por alguien que lo viniese a buscar.
 
     El profesor Oak todos los años elegía a tres entrenadores para que salieran a terreno y lo asistieran en su investigación, aunque no lo ayudaban mucho al respecto, este chico era el tercero. El anciano acostumbraba darles una pokédex a cada uno, un aparato electrónico con información suficiente de los pokémon y capacitado para ingresar datos si es necesario, aunque lo último ya no era muy frecuente debido a la gran cantidad de conocimiento que se tenía sobre estas criaturas.
 
     —Vamos, déjalo salir —lo animó.
 
     —Sal —la pokéball se abrió y lanzó una luz blanca que se convirtió rápidamente en la misma criatura que yacía dentro de ella, pero en un tamaño más grande. Ahora el chico podía apreciar los verdaderos colores del pokémon, era totalmente verde, al igual que las figuras geométricas sobre su piel o el bulbo en su espalda, pero de un tono más oscuro, sus ojos eran rojos y mantenían la misma mirada. El chico se agachó y lo tomó en brazos, levantándolo en el aire. Ambos sonrieron al mirarse a los ojos— Eres bastante liviano para tu tamaño —le comentó el chico a su nuevo amigo.
 
     —Ha estado ansioso desde ayer, desde que se fueron los otros —indicó Oak—. Bulbasaur es bastante cariñoso y fácil de entrenar. Ten, toma esto —le entregó cinco pokéballs más y un aparato rojo—. Esa es la última de las tres pokédex. Dudo mucho que tú o alguno de los otros dos vaya a investigar algo o introducir información en ella, pero creo que ese ya no es el propósito del viaje desde hace ya mucho tiempo.
 
     —Sí, es verdad —concordó el muchacho mientras dejaba a su nuevo amigo en el suelo— los demás y yo tenemos otras metas, pero por mi parte, si puedo investigar sobre algo o meter información en esta cosa —movió la pokédex mientras lo dijo—, lo haré, o al menos trataré de acordarme —el viejo rió.
 
     —Bien, espero que te acuerdes —miró la hora en un reloj circular que colgaba en la pared, llena de afiches y notas—. Pero mira la hora que es, ya debes irte, no debes retrasarte en tu primer día como entrenador —el canoso investigador comenzó a empujarlo hacia la puerta.
 
     —Pero si no es tarde —dijo viéndose obligado a dejar el laboratorio—. Usted mismo dijo que había llegado bastante temprano.
 
     —No te preocupes, yo entiendo que tengas que irte —el profesor no escuchaba las palabras del chico—. Me hubiera gustado que te quedaras un rato más, pero no quiero ser la causa de tu irresponsabilidad. Adiós. Buen viaje.
 
     El anciano cerró la puerta y el muchacho, perplejo, quedó mirando como si el profesor fuera a salir para darle una explicación, mientras Bulbasaur lo miraba con felicidad, pero no sucedió. El chico no tuvo más remedio que irse, pero no antes sin hacer caso omiso de una de las características de la gente de Paleta, no entrometerse en asuntos ajenos. El ahora nuevo entrenador se asomó por la ventana y espió lo más que pudo. Observó y se percató, o al menos supuso, de que la razón era un programa de televisión que daban justo a esa hora. Sin otra opción, se volteó a su nuevo compañero.
 
     —Bien, Bulbasaur, nos espera una larga aventura, si es que se le pude llamar así —la criatura emitió un sonido.
 
     Sin nada más que hacer, el chico emprendió el viaje, empezando por recorrer nuevamente los caminos de tierra que cruzaban por todo el pueblo, pero esta vez acompañado de su cuadrúpedo amigo.
 
     Les tomó alrededor de una hora en llegar a la única salida terrestre de Paleta, pues, a pesar de estar clasificado como un pueblo pequeño por la poca cantidad de habitantes, era bastante espacioso.
 
     Luego de salir del poblado, lo único que encontró fue un largo e irregular camino de tierra más ancho que los de Paleta, por otra parte, la vista panorámica no era muy variable. Senderos, árboles, alguna que otra roca y pastizales era lo único que se veía. De vez en cuando aparecía una zona despejada, el chico y el bulbasaur aprovecharon para descansar justo en una que tenía un frondoso árbol. Se sentaron a la sombra de éste.
 
     —No pareces cansado —dijo el joven con la boca seca mientras sacaba la botella con agua para tomar de ella—. Tal vez sea por ese bulbo en tu espalda, si funciona como planta debería absorber la luz solar y transformarla en energía, no recuerdo el nombre de ese proceso, pero también necesitas agua —recordó—. Ten un poco —sacó una pequeña fuente de plástico de su mochila, vertiéndole agua para que bebiese.
 
     Comieron y reposaron un rato bajo la sombra y frescura del enorme árbol, el día comenzaba a hacerse caluroso, mientras que una agradable ventisca ya corría por el aire para apaciguar la temperatura. El chico se quedó dormido mirando cómo el viento mecía las hojas de un lado a otro, un movimiento casi hipnótico, de esos que sólo la naturaleza puede hacer. Bulbasaur se recostó e hizo lo mismo.
 
     Estaba oscuro, la única luz presente era la que entraba por una hendidura en la muralla. Se respiraba la humedad en el ambiente y el eco de una constante gota de agua era el único sonido de aquella solitaria habitación. Tenía frío, miedo y hambre.
 
     El chico despertó de golpe, su respiración se había agitado y por su cuerpo corría un poco de sudor, sólo había sido un sueño. Pegó un bostezo y movió a su amigo para que despertara. El pokémon se levantó, también se desperezándose, mientras que el muchacho se paró y le habló a su nuevo compañero.
 
     —Vamos, Bulbasaur, debemos continuar. Suficiente descanso por ahora —comentó pensando en aquel extraño sueño, aunque ya comenzaba a olvidar los detalles. La criatura le respondió con un tierno sonido, como si hubiese entendido claramente lo que dijo.
 
     Caminaron por más de una hora, aburridos del mismo paisaje y sin ninguna novedad, ni siquiera un pokémon salvaje se les atravesó. Inesperadamente, una pequeña silueta se divisó a lo lejos por el camino, parecía ser una persona.
 
     Mientras se acercaba, el joven adolescente podía ver mejor. Era un chico como de su edad, vestía una playera amarilla, unos pantalones cortos de color azul y una gorra del mismo color, con la visera hacia atrás. Además, venía acompañado de una criatura con apariencia de roedor.
 
     Cuando estuvieron a poca distancia, el chico de amarillo habló.
 
     —¿Eres un entrenador? —preguntó bruscamente.
 
     —Sí —respondió el chico, ya sabía lo que venía y una sonrisa estaba a punto de dibujársele en el rostro, aunque intentó disimularla.
 
     —Te reto a un duelo —el chico aceptó con una enorme sonrisa en su cara, iba a ser su primera batalla y con su propio pokémon, había esperado mucho por esto—. Rattata, ve.
 
     El roedor que lo acompañaba avanzó unos pasos, su pelaje era principalmente púrpura y beige en su vientre, tenía unos largos bigotes, una cola enroscada en la punta, grandes dientes para roer su comida y ojos rojos como los de Bulbasaur. Lo que más le llamó la atención al chico era que la pequeña criatura no dejaba de mover sus orejas, en diferentes direcciones, como si estuviese constantemente atento a su alrededor.
 
     —Bulbasaur —dijo el chico con un tono de voz que evidenciaba su ansiedad. El verdoso pokémon también avanzó.
 
     —¡Placaje!
 
     —¡Tú también! —Rattata y Bulbasaur se abalanzaron el uno contra el otro, golpeándose en el costado derecho e izquierdo respectivamente.
 
     —¡Ataque rápido! —el roedor atacó velozmente a su oponente con una de sus garras en toda su cara.
 
     —¡Vamos, piensa! —se dijo Jack a sí mismo en voz baja, para que su oponente no notara inexperiencia en él.
 
     Por algún motivo, la batalla lo extasiaba y lo obligaba a dejar de ser como siempre era, una persona tranquila y algo atolondrada, para volverse inquieto y comenzar a pensar, a razonar, empezar a deducir. Siempre se había exaltado cuando veía batallas por televisión o en vivo, pero esta vez era él el involucrado, además, era su primera pelea, eso aumentaba la emoción.
 
     El chico observó detenidamente a su contrincante, no al entrenador, sino al pokémon. El roedor continuaba moviendo sus orejas, eran movimientos pequeños pero bruscos.
 
     —Ya lo tengo. ¡Bulbasaur, usa gruñido! —el animal-planta lanzó un ruido desde su boca y el Rattata bajó su cabeza para refregar sus patas en sus orejas, debido al molesto sonido que entró en sus oídos—. ¡Látigo cepa! —una liana salió de la parte que se halla entre el bulbo de Bulbasaur y el lomo de éste mismo, para golpear al roedor, dejándolo débil, sin poder batallar—. ¡Bien hecho, Bulbasaur! Ganamos nuestra primera batalla —entrenador y pokémon rieron juntos. El cuadrúpedo se lanzó hacia el chico y éste lo recibió con un abrazo.
 
     —Eso fue bastante rápido —exclamó el otro chico con sorpresa mientras recogía a su pokémon, que ya volvía a estar más lúcido—. Demasiado rápido y por lo que veo eres sólo un novato —apuntó—. Debo saber cómo lo hiciste.
 
     —Fue fácil —dijo algo más calmado y bajando a Bulbasaur, aunque no menos emocionado—. Simplemente noté que tu pokémon movía mucho las orejas para un lado y otro, así que supuse que estaba alerta y que usaba sus oídos para percibir algún eventual peligro, lo que me llevó a pensar en atacar ese punto, dañando su audición por unos momentos y así poder dar un golpe final —inhaló aire, el furor no se había ido del todo.
 
     —Asombroso, nunca había escuchado algo semejante, una persona que deduce para poder vencer —indicó el entrenador del Rattata—. Debo saber tu nombre.
 
     —Soy Jack Evans.
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#3
Extraño que Oak no tuviera tres poké bolas como de costumbre, aunque no es malo, Bulbasaur es a fin de cuentas el mejor inicial de Kanto.

A ver cómo le va a Jack en su viaje.
Rompe mi armadura si quieres. Al final, terminarás arrepintiéndote de hacerlo...
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#4
Holi mis niñes, mientras hago el siguiente capítulo de mi otro fic, les vengo con nuevo capítulo de este. Los amo, besos para todes.

@Nemuresu Oak tenía tres pokéballs, pero las otras 2 se fueron antes. También pienso que Bulbasaur es el mejor de kanto, aunque nunca lo elegí par mi aventura. Gracias por dejar tu comentario.

 
Capítulo 2 - Una defensa ofensiva
 
 
     Gran parte de las viviendas estaban compuestas por tejados verdes y murallas marrones, como si intentasen emular un enorme bosque, la única variación eran las tonalidades de estos colores y el diseño arquitectónico de las edificaciones. Justamente Ciudad Verde estaba hecha con el propósito de no causar un gran impacto en la naturaleza, los únicos edificios que sobresalían eran los que se situaban más al centro de la urbe, por poseer distintos colores para una ubicación más fácil. De hecho, si alguien se parase en un lugar alto y lejano desde donde se pudiese ver la urbe, sólo vería un montón de edificios rodeados de un espeso y amplio bosque. Era la ilusión que se pretendía crear.
 
     Jack había llegado a Verde el día anterior, cerca de las nueve de la noche, sin ningún problema luego de un aburrido viaje entre Paleta y la ciudad, su única entretención había sido la batalla con el entrenador del Rattata. Ahora se dirigía a la Casa del Entrenador, había tomado el bus número tres de color rojo como le había indicado la enfermera del Centro Pokémon, una especie de hospital para los pokémon y hotel gratis para entrenadores viajeros, financiado por el estado, donde había pasado la noche. El chico se encontraba sentado mirando por la ventana para conocer más la ciudad, mientras que sobre su regazo tenía a Bulbasaur, apoyando sus patas delanteras sobre el vidrio, también quería disfrutar del viaje.
 
     Mientras recorrían la urbe, Jack se percató de la enorme población de árboles que la inundaban, robles, pinos, abedules o incluso frutales. Se podía encontrar uno en cada esquina o metidos entre edificios, no había uno solo que no tuviera un árbol en su jardín, incluso había una construcción hecha alrededor de un árbol.
 
     Le tomó media hora llegar a su destino, el bus lo dejó justo en frente de una casa de paredes cubiertas por madera barnizada y tejado verde, ventanas muy limpias y árboles en el jardín, como la mayoría de las construcciones en toda la ciudad. Por un momento Jack pensó que se había equivocado de lugar al ver una casa común y corriente, pero no demoró en ver un letrero al costado de la entrada que decía “Casa del Entrenador”.
 
     Según lo que había leído en la guía para entrenadores, la Casa del Entrenador era un lugar para encuentros entre entrenadores que deseasen medir sus capacidades contra otros. Jack pensó que sería pertinente para tener una nueva batalla, el duelo con el chico del Rattata lo había entusiasmado de sobremanera, ya ansiaba luchar de nuevo, y Bulbasaur parecía pensar lo mismo, no paraba de sonreírle cada vez que le hablaba.
 
     —Sí que se tomaron bien literal lo de casa —dijo haciendo énfasis en la última palabra. El cuadrúpedo sólo lo observó sonriendo.
 
     Caminaron hacia la entrada, la puerta estaba abierta hasta atrás, no sabía si eso era normal o no en aquel lugar, por lo que sólo entraron al recinto. Desde el umbral, Jack observó a un sujeto encapuchado, era alto y vestía con ropa oscura, tenía la mitad inferior de su cara tapada, con un saco en una de sus manos y una pokéball en la otra. Cualquiera hubiese pensado que iba a sacar a un pokémon de ella, pero la criatura ya estaba a su costado derecho, no era muy alta, pues medía poco menos de un metro.
 
     Aquel hombre se encontraba amenazando a una mujer de uniforme formal, quien estaba llorando sobre unas sillas rojas mientras se tapaba la cara. El pokémon que acompañaba al ladrón era simplemente un lodo púrpura andante, sumamente viscoso y fétido, poseía unas manos que chorreaban el fango, tenía ojos saltones y su boca de veía altamente tóxica.
 
     —¡Te dije que me des todo tu dinero o…! —el delincuente volteó al percatarse del ruido que el chico había metido al ingresar— Que mala suerte tienes, mocoso. También tendré que robar tu dinero…y me llevaré ese pokémon —amenazó indicando al Bulbasaur.
 
     —¡Claro que no! ¡¿Quién demonios te crees que eres?! —Jack no dudó en responderle, aunque él mismo no podía creer lo que acababa de hacer, cualquier persona en su lugar hubiese ido por ayuda, gritando por la calle para llamar la atención, pero él sólo atinó a enfrentar al sujeto, no podía dejar sola a esa mujer. Su respiración se agitó violentamente.
 
     —¡¿Perdón?! —el sujeto comenzó a caminar hacia él. Jack estaba aterrado, ni siquiera atinó a huir. Bulbasaur sólo observó nervioso, esperando por alguna orden de su entrenador.
 
     <<¿Pero qué acabo de hacer? —pensó el chico.>>
 
     —¡Oye! ¿Por qué obstruyes la pasada? —preguntó una voz femenina por detrás del chico.
 
     El hombre se detuvo y, junto a Jack, observó a una muchacha de larga cabellera marrón, con joviales ondas que se lucían en su andar, vestía una falda blanca de tablas, que combinaba perfectamente con su chaleco de amarillo pastel que llevaba arremangado. Cualquier persona prejuiciosa pensaría que era una niña mimada de clase alta.
 
     —Te hice una pregunta. ¿Por qué no…? —calló al ver al delincuente y su pokémon.
 
     —También tendré que robar…
 
     —¡Sandshrew, usa desenrollar!
 
     Antes de que terminase de hablar, la chica lo interrumpió lanzado una pokéball, de la que salió rodando velozmente una esfera cubierta con duras escamas amarillentas. Aquella criatura embistió al sujeto en todo su estómago, obligándolo a soltar el saco y la cápsula bicolor de sus manos, al mismo tiempo que caía al suelo.
 
     La esfera dejó de girar, mostrando su verdadera apariencia, muy similar a la de un armadillo, su vientre era beige, ostentaba de unos profundos ojos negros y pequeñas uñas que utilizó para rascarse la mejilla tiernamente.
 
     —¡Oye, tú! ¿No piensas ayudarme? —increpó la muchacha.
 
     —¡Ah, sí! Lo siento —se disculpó Jack, nunca había estado en una situación así y, como cualquier otra persona en su posición, no sabía cómo actuar—. ¡Bulbasaur, usa látigo cepa para amarrar a ese hombre!
 
     El compañero del chico sacó sus lianas, usándolas para rodear al sujeto y atarlo, imposibilitando un eventual escape. Mientras que la aventurada muchacha volvió a ordenarle a su pokémon que se enrollase como antes, pero esta vez fue contra el lodo andante. Sandshrew cayó encima de aquella viscosa criatura para rodar sobre ésta, esparciendo su cuerpo hacia todos lados, manchando varias partes de la habitación.
 
     —¡Mi Grimer! —gritó el delincuente— ¡¿Cómo pudiste mocosa?! —se quejó con molestia, era un delincuente con cariño por su pokémon.
 
     —No te preocupes, se recuperará en un rato, aunque tardará en hacerlo —le respondió para luego voltear a ver al chico— Soy Karin Wheeler. ¿Y tú quién eres? —preguntó directamente.
 
     —So-soy Jack Evans —le contestó con timidez.
 
     —Evans, ¿eh? —lo miró de pies a cabeza— ¿Y por qué eres tan lento para reaccionar? Perteneces a una familia de importantes entrenadores. Deberías ser más prometedor.
 
     A Jack no le extrañó que la chica dedujera que pertenecía a una familia de entrenadores de renombre, pues su apellido no era común en Kanto ni en el país, pero sí le molestó que lo juzgara por ello, él estaba recién empezando a entrenar.
 
     —No deberías juzgarme por eso…—dijo el chico, pero se vio interrumpido por la llegada de la policía, la mujer a quien había intentado robarle el sujeto los había llamado justo después de que el delincuente se distrajese con la presencia de Jack en el umbral de la puerta.
 
     La policía estuvo alrededor de una hora en el lugar, tomaron sus declaraciones y esperaron a que el lodoso pokémon volviese a constituirse para meterlo a su pokéball. Se llevaron al hombre esposado mientras éste amenazaba con encontrar a los jóvenes y vengarse.
 
     —¡Me las pagarán, mocosos!
 
     —Como sea —dijo la chica antes de voltear hacia Jack—. Supongo que viniste aquí por una batalla para tu entrenamiento —preguntó Karin, no era una muchacha que anduviese con rodeos.
 
     —Pues sí —el carácter de la joven le parecía algo intimidante, aunque parecía tener un leve aire a niña mimada, pues su actitud le hacía pensar a Jack que siempre había obtenido lo que quería.
 
     —Bien, pues vamos a luchar —le ordenó como si nada—. Necesito entrenar para el Concurso Pokémon que vendrá en unos días. Tengo pensado ganar —se dirigió a unas escaleras que Jack no había visto por la conmoción.
 
     —¿No le avisaremos a la recepcionista?
 
     —Está bien pueden ir —les dijo la mujer sin ningún problema, después de todo la habían salvado de un asalto que pudo haber pasado a peores.
 
     Ambos bajaron por las escaleras hasta llegar al subterráneo, una vez ahí pudieron ver seis campos de batalla enrejados, separados por pasillos cubiertos por cerámicas azules y blancas e iluminados por todos los rincones.
 
     Jack tenía la sensación de que la chica había venido por un oponente con un aspecto más imponente, alguien que generase algún interés. Por lo que había mencionado se estaba preparando para una especie de concurso. Pero en su lugar encontró a Jack, un novato con ganas de luchar nuevamente, junto a su pokémon igualmente novato.
 
     —Comencemos de una vez —dijo Karin con moderada paciencia—. ¿Te parece uno contra uno? Sólo tengo un pokémon.
 
     —Yo también tengo uno.
 
     —Sandshrew, mi niña, es hora de luchar —la roedora avanzó, parándose con firmeza y mirando a Jack con sus profundos ojos negros.
 
     —Bulbasaur —el animal-planta se paró frente a su oponente, mirándola con una graciosa cautela debido a su infantil mirada. El chico comenzó a emocionarse por la batalla, aunque debió controlarse ante tan engreída oponente. No supo si la chica lo notó.
 
     —¡Cuchillada!
 
     —¡Placaje!
 
     Los dos pokémon se abalanzaron el uno contra el otro, sin embargo, solamente Sandshrew logró efectuar el movimiento, resultó ser más rápida que Bulbasaur a la hora de moverse, éste último terminó con un rasguño en su pata delantera izquierda, dejándole un pequeño dolor.
 
     —Maldición, ahora será más difícil para Bulbasaur moverse —murmuró Jack para sí mismo— tendré que pensar en otra cosa. ¡Látigo cepa! —una liana salió de abajo del bulbo, dirigiéndose a la roedora.
 
     —¡Rizo defensa! —Sandshrew se enrolló hasta convertirse en una bola, el látigo cepa de Bulbasaur golpeó al pokémon de Karin, pero no pareció hacerle un daño considerable.
 
     —Esas escamas amarillas en su piel, actúan como una armadura —apuntó el chico con sorpresa en su voz.
 
     —Así es —afirmó Karin con notoria superioridad—. Con esa piel es capaz de resistir ataques poderosos o caídas de grandes alturas y no recibir daño alguno —dijo con importante orgullo—. Es muy conveniente, sobre todo si lo mantienes así.
 
     —Pero si lo mantienes así no podrías atacar, a menos que…comenzara a rodar —concluyó Jack.
 
     —Desenrollar —Sandshrew comenzó a rodar rápidamente, como lo había hecho contra el delincuente, golpeando a Bulbasaur justo en la herida. El animal-planta soltó un quejido y la roedora volvió a su puesto, manteniéndose convertida en una bola impenetrable.
 
    <<Está usando su defensa para poder atacar —pensó Jack—si sigue así, Bulbasaur no podrá hacer daño, látigo cepa debería ser efectivo, pero es un ataque físico, no sirve golpear a Sandshrew, hay que…dañarla de otra manera.>> 
 
     —¿Qué sucede? ¿Se te acabaron las ideas? —preguntó Karin con un ligero tono de arrogancia.
 
     —Se me acaba de ocurrir una —dijo—. Tal vez Bulbasaur no se mueva con rapidez, pero me parece una excelente ocasión para ver si sus ataques a larga distancia lo son —sonrió sin ánimos de fanfarronear, mientras que la expresión de la chica cambió a una más de preocupación, había notado el cambio de confianza en su contrincante—. ¡Drenadoras!
 
     Del bulbo salió velozmente una semilla que, al tocar la dura piel de su oponente, liberó una serie de enredaderas llenas de hojitas alrededor de Sandshrew, la cual dejó de estar enrollada para intentar liberarse del dolor que las lianas le provocaban.
 
     —Le quitas la energía, muy ingenioso —comentó la muchacha—. ¡Giro rápido! —Sandshrew giró sobre su eje y se liberó de las enredaderas—. Ese movimiento sirve para…
 
     —¡Látigo cepa! —interrumpió Jack y nuevamente una liana hizo aparición, sin embargo, esta vez pudo dar en el objetivo, el látigo dio en todo el rostro de Sandshrew, dejándola tirada en el suelo boca arriba, mientras Karin miraba atónita—. Ese movimiento sirve para deshacerse de otros que son molestos, drenadoras es uno de ellos —terminó la frase de la chica—. No sabía que tu pokémon podía hacerlo.
 
     —Sandshrew, querida, regresa —la roedora volvió a la pokéball para descansar—. Debo ser sincera contigo, cuando te vi pensé que eras un novato cualquiera, pero peleaste bastante bien —la chica se tragó su arrogancia—. Tal vez sí heredaste algo de tu familia —Jack hizo caso omiso de ese último comentario.
 
     —Yo también debo ser sincero, pensé que eras la típica niña engreída que se cree mejor que el resto, pero sabes reconocer que te equivocas —Karin no supo qué decir a eso, así que cambió de tema.
 
     —Sácame de una duda, ¿te molestó que te juzgase por tu apellido? Noté la expresión de tu rostro.
 
     —Sí, pero no me gusta hablar de eso —bajó la mirada.
 
     —No quieres destacar por la fama de ellos, quieres hacerlo por tus propios méritos, te entiendo, yo soy hija del gobernador, y tampoco me gusta destacar —explicó de manera muy comprensiva.
 
     A Karin no le gustaba destacar por el puesto público de su padre, pero no tenía problema en hacerlo por su peculiar personalidad. No tenía miedo en decir lo que pensaba ni actuar según sus convicciones, incluso si eso le traía consecuencias. Se había mostrado temeraria con el ladrón.
 
     —¿Quieres que te lleve al Centro Pokémon? Me imagino que querrás que curen las heridas de Bulbasaur. Le puedo decir a Jaime que nos lleve —el chico quedó mudo por un rato, pues no sabía quién era Jaime.
 
     —Claro, gracias —Jack sonrió tímidamente mientras metía a su pokémon a la pokéball.
 
     Los dos subieron al primer piso, se despidieron de la recepcionista y salieron de la Casa del Entrenador. Karin lo condujo a una lujosa limosina blanca, muy pulcra y llamativa.
 
     —Le mandé un mensaje al terminar la batalla —le explicó al chico—. Jaime, me gustaría que nos llevases al Centro Pokémon, por favor. Él es Jack Evans, luché contra él y me derrotó hábilmente, le ofrecí llevarlo también. Espero que no sea problema para ti —para sorpresa de Jack, Karin era más amable de lo que parecía.
 
     —Por supuesto que no, señorita —Karin subió sin escuchar bien lo último que dijo Jaime, pues, le molestase o no, tenía que llevarlo de todas maneras, la chica era su jefa—. Por favor, joven Jack, suba.
 
     —Gracias —dijo el chico algo incómodo con tanto servicio y sofisticación.
 
     Y Jack partió en un auto conducido por un extraño, junto a una chica que sí era una niña mimada y que acababa de conocer. Además, todo estaba tan limpio, que el muchacho no se movió mucho durante el trayecto para no arrugar ni manchar nada, no podía arriesgarse a eso, ya que tan sólo el lugar donde estaba sentado valía más que su propia casa.
 
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#5
Genial. Otro fanfic que tenía ganas de leer y ahora puedo ir siguiendo al corriente.

Tengo poco qué decir porque estos caps ya los leí, pero sigo al pendiente.
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#6
Holi mis niñes, les vengo con un nuevo capítulus, pero antes debo agradecer le comentario de @Maze, besos y amor para ti.

Capítulo 3 - Academia Pokémon
 
 
     Era su segundo día en Ciudad Verde y Jack nuevamente se encontraba en un autobús, esta vez era el número siete de la línea verde y se dirigía a la Academia Pokémon, un lugar para entrenadores novatos. Karin se lo había mencionado el día anterior antes de despedirse, pero no le había hablado mucho al respecto, sólo le recomendó ir para explotar su habilidad deductiva, pero Jack no veía cómo podría hacer eso.
 
     El bus paró frente a lo que parecía ser una simple escuela, sus paredes eran blancas en las partes donde se indicaba la separación entre el primer piso y el segundo, en las demás zonas tenía madera barnizada, sus tejados eran verdes para no desentonar con el resto de la ciudad, además, estaba infestado de árboles por todos lados, como cualquier otro recinto.
 
     Jack se bajó y caminó tranquilamente hacia la entrada, esta vez Bulbasaur no lo acompañaba, estaba descansando en su pokéball. Subió por unas escalas de madera y llegó a la recepción, las paredes eran blancas, los asientos tapizados y en el fondo unas puertas de vidrio permitían el acceso a un campo de batalla de tierra. Se acercó a un mesón blanco, donde una mujer de traje rojo leía una revista de modas, y le habló.
 
     —Vengo a inscribirme a una clase —la mujer le pasó un formulario.
 
     —Llena esto con tu nombre y marca la clase a la que quieres entrar —dijo la mujer sin siquiera mirarlo. Jack pensó si le pagaban por estar leyendo todo el día.
 
     El muchacho escribió su nombre y leyó las diferentes clases que se impartían: Cambios de estado, Objetos equipables, Ventaja y desventaja de tipos, Crianza Pokémon, Estadísticas y Evolución.
 
     —¿Por qué no eliges cambios de estado? —dijo la voz de un chico a sus espaldas.
 
     Jack volteó y vio a un muchacho de su misma edad y altura, vestido con una camiseta blanca, pantalones de mezclilla rotos en las rodillas y deshilachados al final de las piernas, zapatillas sucias que alguna vez habían sido blancas y un gorro de lana rojo que cubría parte de su cabello marrón, sus ojos eran verdes y llevaba una mochila negra algo gastada. El joven estaba acompañado de un ave de plumaje rojo en las alas, marrón en la cabeza y cola, beige en el pecho, y negro en la espalda, que se encontraba parado sobre su hombro izquierdo. Su aspecto se veía algo alborotado.
 
     —¡Elliot! —exclamó Jack con sorpresa al ver a su mejor amigo justo en frente suyo.
 
     —Si me preguntas mi opinión, te diría que entraras a todas, pero son a la misma hora.
 
     —¿Qué haces aquí?
 
     —Lo mismo que tú, vine a ver si aprendo algo. Por cierto, él es Spearow —Jack acercó su mano para acariciarlo, pero el pájaro lo picó—. Aun no confía mucho en los humanos —dijo con una sonrisa burlona al ver a su amigo adolorido.
 
     —¿Por qué dijiste que debería entrar a todas las clases? —preguntó mientras se sobaba el dedo y le lanzaba una feroz mirada por no haberle avisado sobre la desconfianza del pájaro.
 
     —Pues, no sabes casi nada y eso hace que tus deducciones se vean disminuidas —conocía muy bien a su amigo después de todo—. Necesitas conocimiento.
 
     Con esas palabras, Jack entendió por qué Karin le había dicho que la Academia Pokémon le serviría para explotar su capacidad deductiva. Era obvio, para poder deducir requería de un conocimiento previo, se sintió algo tonto por no haberlo inferido antes. En pocas palabras, Karin y Elliot le habían dicho ignorante de una manera más adornada y elegante.
 
     Los dos amigos se inscribieron en la clase que Elliot había sugerido y se dirigieron a la sala donde ésta era impartida. Caminaron por el pasillo de la derecha y subieron por la primera escalera, doblaron a la izquierda y llegaron a una sala cuyo piso tenía la forma de gradería, con pupitres en cada nivel para que los asistentes pudiesen ver mejor, ya había varios ocupados. Jack y Elliot se sentaron en la cuarta fila.
 
     Un señor gordo entró a la sala, vestía una chaqueta y pantalones marrones, además de una camisa blanca. Su calva brillaba con el reflejo de la luz. Parecía esforzarse por respirar con cada movimiento que efectuaba.
 
     —Buenos días —dijo—. Mi nombre es Casimiro Fernández y haré la clase de Cambios de estado. ¿Alguien sabe qué es un estado?
 
     —Es un problema que hace que el pokémon no rinda correctamente —respondió una niña con trenzas en su cabello. Jack creyó que ella sería la sabelotodo de la clase, aunque no le importó mucho, su cabeza ya descansaba sobre su mano, mientras que sus ojos comenzaban a mirar con somnolencia.
 
     —Correcto. Existen dos tipos de estado, los persistentes y los efímeros —explicó tomando una considerable bocanada de aire—. Los persistentes son aquellos que duran hasta que el pokémon sea curado, como por ejemplo la parálisis, y los efímeros tienen una durabilidad relativa, se acaban luego de la batalla o antes, por ejemplo el enamoramiento.
 
     Casimiro continuó hablando toda la hora de clase sobre la cantidad de estados, cómo prevenirlos, evitarlos o combatirlos y qué los produce. Se encargó de hablar de cada uno de ellos con lujo de detalles.
 
     La clase terminó y Jack luchaba por no quedarse dormido, al ver esto, Elliot le acomodó un fuerte palmetazo en toda la frente, como lo hubiera hecho cualquier mejor amigo.
 
     —¡¿Por qué hiciste eso?! —protestó sobándose mientras una pequeña lágrima brotaba de su ojo derecho—. Me dolió.
 
     —Te estabas quedando dormido. ¿Si quiera pusiste atención a lo que el profesor dijo? —cuestionó Elliot con mucha indignación.
 
     —Sí. Más o menos. Es que la clase estaba un poco aburrida, más o menos, bastante —lo último lo dijo en voz baja para que el profesor no escuchara y no provocar una situación incómoda—. Sabes que a mí me gusta la acción en vez de toda esta teoría.
 
     —Pero necesitas toda esta teoría para las batallas—dijo mientras salían de la sala y caminaban por el pasillo—. Además, de qué acción me hablas, si lo único que haces es no llamar la atención, así nunca llegará esa acción que tanto buscas.
 
     Jack recordó lo ocurrido el día anterior en la Casa del Entrenador, se había enfrentado a un ladrón teniendo todas las de perder, si no fuese por Karin otra historia contaría. Aún no se lo contaba a su amigo.
 
     —Ya tengo suficiente con la atención que trae mi apellido —le indicó.
 
     —¿Y por qué simplemente no lo dices? —Jack lo miró sin decir nada— Claro, no quieres hacer creer que te avergüenzas o algo.
 
     Toda la clase bajó a un campo de batalla de tierra rodeado de bancas para el público, justo en medio de la academia. Los profesores de todas las clases se reunieron y los entrenadores fueron elegidos para pelear totalmente al azar. El ganador avanzaría a la siguiente ronda y quien ganara el mini torneo se llevaría un premio. Al escuchar que se realizarían batallas, Jack se paró firme y se le acabó todo el sueño, la reacción era un poco más exagerada que las veces anteriores en que había luchado, pero al estar su amigo presente se sentía más confiado para explayarse mejor.
 
     El primero en luchar fue Elliot. Spearow seguía parado en su hombro y el chico había sacado una pokéball, por lo que Jack supuso que sacaría a otro pokémon, y ya sabía de cuál se trataba, después de todo, Elliot era otro de los chicos a los que el profesor Oak le había entregado una pokédex ese año. Si los dos llegaban a la última batalla, Bulbasaur se enfrentaría a ese pokémon y se encontraría en una desventaja de tipo evidente.
 
     —¡Charmander! —un lagarto anaranjado, bípedo y de vientre beige apareció frente a todos, tenía una mirada alegre, la que complementó agitando la cola mientras dio un pequeño saltó, el aire a su alrededor se calentó un poco debido a la flama que yacía en su punta, aunque pocos lo notaron.
 
     La batalla de Elliot fue bastante rápida, al igual que la mayoría. Los dos amigos no demoraron mucho en ganar todas las peleas y llegar a la final. Después de quince minutos de descanso, Jack y Elliot se pusieron en sus respectivos puestos en el campo de batalla, de la misma manera lo hicieron Bulbasaur y Charmander. El apellido de Jack, como de costumbre, llamó la atención de todos los asistentes cuando Casimiro lo dijo por primera vez, sin embargo, nadie se atrevió a preguntarle si era familiar de alguien, como lo había hecho Karin el día anterior, aunque ella tenía una personalidad diferente y muy peculiar, hacer algo así no era un problema para ella.
 
     —Esta será nuestra primera batalla —comentó Elliot.
 
     —Y más te vale que no sea la última —agregó Jack, su ánimo estaba en ascenso desde que se enteró de que pelearían—. Estoy listo para luchar.
 
     Por su parte, ambos pokémon no se veían desde el laboratorio del profesor Oak, habían pasado mucho tiempo juntos en aquel lugar y se conocían bien, tenían pequeñas batallas de vez en cuando, pero nada serio como esto. Ahora probarían quién era más fuerte.
 
     —Charmander, usa día soleado —el lagarto lanzó una esfera brillante desde su boca que quedó suspendida a varios metros del suelo entre Bulbasaur y Jack.
 
     —¡Placaje! —el cuadrúpedo corrió hacia su contrincante para propinarle un fuerte golpe con todo su cuerpo, lanzándolo algunos metros, pero sin perder el equilibrio.
 
     —¡Ascuas! —desde su posición, Charmander expulsó una pequeña llamarada de fuego que impactó contra Bulbasaur.
 
     —Bulbasaur, usa… —unas flamas aparecieron alrededor del pokémon de Jack, envolviéndolo por unos segundos, causándole un daño adicional, la criatura se quejó de dolor—. ¿Qué sucede? —preguntó horrorizado.
 
     —Tu pokémon está quemado. Si hubieras puesto atención en clase lo sabrías —explicó Elliot con seriedad, él también cambiaba un poco a la hora de luchar, su tono se tornaba ligeramente más maduro. Además, le encantaba refregarle los errores a Jack en su propio rostro, como cualquier amigo normal.
 
     —Perfecto —dijo sarcásticamente para sí mismo—. Ahora tendré que lidiar con eso. ¡Bulbasaur, látigo cepa! —unas lianas salieron de la parte inferior del bulbo de Bulbasaur y golpearon a Charmander en el rostro.
 
     —Pantalla de humo.
 
     El lagarto por tercera vez abrió la boca para expulsar algo, esta vez era un humo negro que inundó gran parte del campo de batalla. Nuevamente unas flamas envolvieron al animal-planta, debilitándolo un poco más.
 
     —Bulbasaur está muy débil, debo pensar en algo —se dijo Jack—. Obviamente el humo es para fallar, debo pensar en un movimiento que llegue a Charmander y que le dé sin fallar. ¡Gruñido! —gritó— Eso disminuirá su ataque —sonrió un poco.
 
     El verdoso pokémon emitió un fuerte gruñido que hizo que Charmander y Elliot se taparan los oídos. Algunas personas del público también lo hicieron, sintiendo un ligero escalofríos recorrer su cuerpo.
 
     —¡Arañazo!
 
     Charmander salió de entre la molesta humareda con sus pequeños brazos en alto, listo para arañar a Bulbasaur. El lagarto dio directo en el blanco, dejándolo botado en el suelo y sin poder moverse.
 
     —¿Cómo pudo atinar el golpe? —se preguntó atónito, pero no tardó en responderse a sí mismo al observar la esfera brillante que seguía levitando sobre él.
 
     —Veo que ya te diste cuenta —comentó Elliot que acababa de rodear el humo que comenzaba a dispersarse—. Usé la luz de día soleado para ver la sombra de Bulbasaur en el humo, no por nada Charmander lanzó la esfera a ese lugar.
 
     —Lo tenías todo planeado…infeliz —dijo Jack metiendo a su pokémon dentro de la pokéball para que descansara, pero no estaba enojado, una sonrisa se marcaba en su rostro.
 
     —Un poco, no contaba con que ascuas quemara a Bulbasaur —Elliot también sonrió—. Como te ganaré frecuentemente, no será necesario que me insultes cada vez que lo haga…iluso —acostumbraban a tratarse así.
 
     Los dos chicos se acercaron a Casimiro, quien le entregó a Elliot una esfera similar a la pokéball pero con diferente diseño, la parte transparente era azul con franjas rojas, mientras que la blanca se mantenía igual.
 
     —Esta es una superball, como varios sabrán, tiene mejor índice de éxito que una pokéball normal —explicó el profesor—. Y es tu premio por haber ganado.
 
     —Gracias —respondió Elliot ante el aplauso de todos.
 
     La gente comenzó a irse del lugar y a despedirse de las personas con las que habían hecho amistad, algunos felicitaban a Elliot por el premio y por la interesante estrategia que había demostrado. También se despidieron de Jack, pero no con tanta cercanía, la curiosidad se notaba en sus ojos, todos querían preguntarle si su apellido tenía relación con cierta familia de entrenadores, pero tenían miedo de equivocarse.
 
     —No es para tanto —indicó Elliot con mucha modestia, solía ser alguien que se preocupaba un poco por mostrar una buena imagen de sí mismo—. Conozco a Jack de antes y además tenía la ventaja de tipo, sólo tuve suerte —cuando se alejaron volteó hacia su amigo—. Sabía que tu apellido llamaba la atención, pero nunca pensé que tanto. Ignóralos.
 
     —No te preocupes —dijo Jack—. Esto es parte de pertenecer a mi familia —intentó no verse afectado, pues no podía hacer nada al respecto—. Vamos a comer algo.
 
     Elliot era alguien que le gustaba demostrar sus habilidades para lucirse en batalla. Pero después de todo, era una persona simple, consciente y modesta, y no era malo perder contra alguien así.
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#7
Holi mis niñes, les vengo con nuevo capítulus. Besos.

Capítulo 4 - Concurso
 
 
     La luz entraba por las triangulares ventanas que formaban una enorme cúpula, la que descansaba firmemente sobre una base cilíndrica, ésta, a la vez, estaba pintada de un verde pálido y decorada con pinturas de artistas independientes. La gente entraba al recinto para tomar lugar, deseaban deleitarse con el espectáculo, mientras que los concursantes se preparaban en los camerinos junto a sus pokémon.
 
     Era el día de apertura del Hall de Concursos de Ciudad Verde y había mucha expectación por los shows que se darían lugar en el escenario, rodeado por las galerías donde la gente ya esperaba con ansias que comenzara a funcionar la nueva atracción de la ciudad.
 
     En la quinta fila, cerca del escenario, Elliot miraba hacia todos lados impaciente, mientras sus pokémon jugaban en el asiento de al lado, el lagarto le movía la cola al ave, y éste intentaba morderla. El chico se había quitado su gorra roja para dejar descansar su cabello.
 
     —¿Por qué tardará tanto ese idiota? El show ya va a comenzar —se dijo el chico a sí mismo, estaba molesto—. Ya debería estar aquí.
 
     Jack entró corriendo por una de las entradas y miró hacia todos lados, como no vio a su amigo, sacó una botella con agua y bebió. Elliot debió levantarse y hacerle señas para que lo viera. El chico del Bulbasaur se acercó al asiento al mismo tiempo que su amigo sentaba a Charmander sobre sus piernas y colocaba a Spearow sobre su hombro.
 
     —Me quedé dormido en el bus y me pasé de largo —explicó Jack un poco jadeante—. Tuve que recorrer varias calles —ya comenzaba a recuperar el aliento.
 
     —Así veo —comentó Elliot con una sonrisa—. ¿Y cómo te fue?
 
     Debido a sus escasos conocimientos, Elliot había obligado a Jack a entrar a otra clase en la Academia, esta vez había ido a la de Objetos Equipables. Para sorpresa del chico, existían objetos que proporcionaban ventajas y desventajas a los pokémon que llevaban estos artículos. Naturalmente, Jack debió participar en una batalla al fin de la clase.
 
     —Las batallas no fueron difíciles y Bulbasaur salió ileso —dijo tratando de no parecer soberbio, al mismo tiempo en que dejaba salir a su pokémon para que viera el espectáculo—. Tuvimos suerte de vencer con el primer golpe. Además, nos dieron esto —le mostró una superball mientras sonreía.
 
     —A veces no entiendo cómo puedes luchar tan bien si no sabes nada, cosas tan comunes como cambios de estado o…lo que sea, son desconocidas para ti —se quejó sin entender por qué para los flojos era todo tan fácil—. ¿Acaso tu familia no te explicó nada?
 
     —Sabes muy bien que ellos querían que yo investigara por mí mismo, intentaron explotar mi capacidad de deducción fomentando mi curiosidad, pero no me enseñaron nada —explicó con cansancio—. Las batallas que he ganado las gané sólo porque deduje de lo que veía.
 
     —Cualquiera diría que eso es un fraude. La deducción no siempre te solucionará los problemas. Ayer perdiste por un tecnicismo y seguirá ocurriendo más a menudo —reprendió a su amigo, le estresaba que fuese tan inconsciente—. ¿Por qué puedes fijarte en los detalles en una batalla, pero te distraes en todo lo demás?
 
     —Ya sabes cómo soy, las batallas me emocionan un poco —intentó justificarse.
 
     —Saliste con las ganas de ser un entrenador. Pero tu conducta no te lleva a tu objetivo. ¿Estás seguro de que es lo que quiere? —lo cuestionó, a lo que Jack sólo se limitó a pensar.
 
     Una persona salió al escenario, vestía un traje negro de gala y una corbata azul marino, su impecable ropa hacía juego con su cabello bien peinado, llevaba un micrófono inalámbrico en la mano, el que acercó a su boca cuando llegó al centro del escenario.
 
     —¡Damas y caballeros! —claramente era el animador— ¡Sean bienvenidos al primer Concurso realizado en Ciudad Verde! —el fulgor del público se hizo notar— Antes de comenzar, me gustaría saludar al gobernador de Kanto, Frank Wheeler —la pantalla gigante del Hall mostró a un hombre que se paraba entre el público, tenía el pelo corto y marrón, usaba lentes y se le asomaba alguna que otra arruga, sin duda producto de su cargo público—, quién ha aceptado la invitación de la Liga Pokémon para estar hoy presente —la gente le aplaudía, al parecer tenía la aprobación de algunas personas.
 
     —Es el padre de Karin —comentó Jack a su amigo—, la niña con aires de superioridad con la que luché en la Casa del Entrenador.
 
     —Ahora daremos inicio a lo que nos convoca hoy —continuó el presentador—. Déjenme presentarles a los jueces —cuatro personas se encontraban sentadas en el lado opuesto a la pantalla cerca del escenario—. Comenzaré presentando a quien fue la primera ganadora del Gran Festival de Kanto, ¡Gladiola Flores! —la pantalla gigante mostró a una anciana de una edad similar a la del profesor Oak, su pelo era completamente blanco y estaba tomado muy finamente, encajando perfectamente con la experiencia que su rostro expresaba—. Ella es una famosa actriz y súper modelo, ¡Beatrix Monroe! —la cámara se corrió un poco para mostrar a una joven y bella mujer de caballera negra que sonreía—. El experto en moda y diseñador, ¡Alexander Cavalli! —un hombre calvo fue visible en la enorme pantalla, llevaba puesto un sombrero de copa—. Y en último lugar, pero no por eso menos importante, el hombre responsable del diseño de este Hall, el arquitecto, ¡Phineas Gehry! —un sujeto levemente canoso saludó al público.
 
     La gente aplaudió a los cuatro jueces con respeto. La mayoría de las veces el jurado estaba compuesto por tres personas, pero, por ser un caso especial, habían invitado a Phineas como cuarto miembro.
 
     —Nuestra primera participante es una chica de esta misma ciudad, ¡recibamos con un aplauso a Karin Wheeler!
 
     Unas cortinas rojas se abrieron debajo de la enorme pantalla LED, permitiendo la salida de la chica. Karin vestía un fino chaleco amarillo, arremangado y abierto, dejando ver una blusa blanca sin cuello que llevaba debajo de éste. Traía puesta una falda arrepollada del mismo color, además de llevar las mismas calcetas y zapatillas con las que Jack la había conocido hace dos días.
 
     —¡Sandshrew, mi niña! —Karin alzó la pokéball y su compañera salió rodando en el aire para caer parada con elegancia y delicadeza—. Ahora verán lo grandiosa que es mi pequeña —dijo para sí misma, llevaba esperando años para este momento, era su debut en esta disciplina.
 
     Los concursos pokémon consistían en dos pruebas y ésta era la primera. El coordinador, como se le llama a los entrenadores que se dedican a esta área, debe crear una rutina con belleza, elegancia y coherencia para mostrarla al público, pero especialmente al jurado.
 
     —¿Por qué está tan producida? —preguntó Jack, resaltando su ignorancia nuevamente.
 
     —Pensé que ya lo tenías claro —indicó Elliot, dejando en evidencia la poca capacidad de atención de su amigo en temas que no son de su importancia—. Además de dirigir al pokémon, los coordinadores deben arreglarse para el show.
 
     La sandshrew de Karin realizó una serie de movimientos y piruetas con tal elegancia y sofisticación que cualquiera diría que el tipo de la criatura no era tierra, debido a la nula relación que tiene ésta con la delicadeza que acababa de mostrar y su refinada coordinadora. A los muchachos les pareció un poco curiosa esta extraña combinación, no obstante, justamente fue eso lo que impresionó a los jueces, convenciéndolos de darles un puntaje alto a la chica y su compañera. Ambas hicieron una reverencia y se retiraron en medio de los aplausos del público. Habían encantado a la audiencia.
 
     —A continuación —prosiguió el animador— tenemos a…
 
     Muchos coordinadores se presentaron ante la gente y los jueces, algunos con una evidente ventaja con respecto a otros. En muchos de ellos la práctica era notoria, mientras que el resto no destacó demasiado.
 
     —Ahora recibamos con un fuerte aplauso a la última concursante del día, una chica proveniente de Pueblo Paleta, ¡Lyra Archer!
 
     Los dos amigos aplaudieron más fuerte que cuando salió cualquiera de los coordinadores anteriores, puesto que por las cortinas rojas apareció la verdadera razón por la que habían venido a ver el concurso. Una chica vestida con una hermosa prenda veraniega de una sola pieza, con flores como decoración, salió al escenario, caminando con jovialidad mientras su negra cabellera se movía suavemente a cada paso que daba, llevaba puesto un sombrero de paja muy femenino y traía con ella una pokéball que lanzó a los aires. Jack y Elliot no sabían si Lyra había capturado algún otro pokémon, pero sospecharon a cuál elegiría en esos momentos, después de todo ella tenía la última pokédex de las tres que el profesor Oak había entregado ese año.
 
     —Llegó el momento, debo estar concentrada —se dijo la chica con un nerviosismo que intentó contrarrestar con confianza—. ¡Squirtle! —una pequeña tortuga de color celeste salió de la pokéball, rodeada de burbujas, cayó parada firmemente ante todos, tenía un caparazón marrón por la espalda y beige por delante, con varios surcos en ambas partes. Sus extremidades eran cortas, aunque lo más curioso en ella era su cola peluda, era muy similar a la de una ardilla—. ¡Acua aro! —la criatura comenzó a danzar y expulsó un sutil chorro de agua que la rodeaba mientras giraba hasta convertirse en un aro que tambaleaba con ritmo al mismo tiempo que la tortuga se movía por el escenario—. Burbuja —el pokémon comenzó a girar sobre su propio eje y lanzó una enorme cantidad de burbujas hacia el cielo, luego paró, el aro de agua calló al suelo e hizo una reverencia ante el público, junto a la chica.
 
     La gente aplaudió, especialmente los muchachos al ver a su amiga en tan sorprendente desplante escénico. La chica y la Squirtle se retiraron del plató y el animador habló nuevamente.
 
     —Por favor, conozcamos a los cuatro participantes que avanzaran a la siguiente ronda —las personas miraron a la gran pantalla.
 
     La segunda y última etapa consistía en batallas entre los cuatro participantes con mayor puntaje otorgado por el jurado y quien gane se llevaría como muestra de su victoria un listón, que le servirá para participar en el Gran Festival.
 
     —¡Alira Casablanca! ¡Benito Gómez! ¡Karin Wheeler! Y ¡Lyra Archer! Un aplauso para los participantes. Daremos un receso de quince minutos antes de comenzar con las batallas.
 
     Las personas se levantaron, algunas fueron al baño y otras a buscar algo para comer, pero no tardaron mucho en regresar a sus asientos, debido a la rapidez con la que pasó el descanso. El animador nuevamente hizo aparición sobre el escenario. Jack y Elliot permanecieron en sus asientos, no deseaban desconcentrar a su amiga con felicitaciones y todo eso.
 
     —¡Estamos de regreso! Pero antes de empezar las batallas debemos saber quién peleará contra quién —la pantalla mostró a los cuatro semifinalistas, la primera batalla sería de Alira contra Benito y en la segunda lucharían Lyra y Karin.
 
     La batalla entre Alira y Benito fue bastante corta, la chica no tuvo dificultad alguna para vencer a su oponente. Inmediatamente después del término Karin y Lyra se pusieron en sus posiciones para pelear, debían mantener cierta elegancia a la hora de combatir, pues los concursos se trataban de la belleza de los pokémon, no de cómo peleaban. Jack pensó que Lyra tendría todas las posibilidades de ganar debido a la ventaja de tipo, pero Karin había demostrado gran potencial cuando luchó contra él en la Casa del Entrenador.
 
     —¿Lista? —preguntó Karin.
 
     —Por supuesto —le contestó Lyra, parecía haber cierta confianza previa al encuentro—. ¡Squirtle! —la tortuga salió rodeada de burbujas, no tantas como la vez anterior.
 
     —¡Sandshrew, usa rizo defensa y desenrollar! —el roedor salió rodando de la pokéball, directamente hacia el pokémon de Lyra.
 
     —Defensa y ofensa al mismo tiempo —comentó Elliot muy seriamente, le gustaba mirar las batallas con atención, para analizarlas, esperaba aprender de ellas.
 
     —Usó esa misma estrategia conmigo —dijo Jack, pero su amigo no le prestó mayor atención.
 
     —¡Refugio! —Squirtle metió sus extremidades, cola y cabeza dentro de su caparazón, justo antes de recibir el impacto por parte de Sandshrew— Burbuja —por los agujeros del caparazón salieron varias burbujas que no hicieron mayor daño a la acorazada criatura—. Tengo que atravesar esa piel, ni siquiera la cercanía ayudó al movimiento —se dijo a sí misma al percatarse de la poca reacción del pokémon oponente—. ¿Cómo es que aguanta un movimiento de tipo agua?
 
     —La entrené para eso —respondió Karin.
 
     —¿Un pokémon puede hacer eso? —preguntó Jack con tono exagerado.
 
     —Sí, pero no puede llegar a tanto —respondió Elliot—. La biología de Sandshrew está hecha para ser débil al agua, pero como la mayoría de los pokémon, necesita agua para sobrevivir. Si se le entrena para resistirla, sólo lo haría con pocas cantidades, por eso puede resistir al movimiento que Squirtle usó, porque no utilizó mucha agua.
 
     —¡Giro rápido! —Sandshrew empezó a girar sobre su eje y avanzó hacia Squirtle, no logró dañarla mucho, aún seguía escondida dentro de su caparazón.
 
     —¡Placaje! —Squirtle salió de su escondite y se abalanzó contra su oponente, pero no le causó ninguna dolencia—. No podré vencerla si sigue así —se dijo. La angustia ya se expresaba en su rostro.
 
     Inesperadamente, Sandshrew comenzó a brillar con una intensa luz blanca, hasta convertirse en una bola más grande y llena de espinas marrones que la cubrían totalmente. Lyra ya comenzaba a perder toda esperanza de poder hacer algo de daño.
 
     —¿Evolucionó? —preguntó Jack con la esperanza de que se tratase de algún movimiento extraño.
 
     —Sí —contestó Elliot con poca tolerancia—. Es evidente.
 
     <<Ahora que evolucionó es más peligrosa —pensó Lyra, estaba algo nerviosa, no veía un buen futuro—. Si me dejo golpear, será el fin, tengo que encontrar una manera de obligarla a dejar esa forma.>>
 
     —¡Sandslash, usa desenrollar! —el pokémon avanzó hacia la tortuga.
 
     —¡Squirtle, salta! —la criatura del caparazón saltó justo en el momento preciso, Sandslash tuvo que parar y girar para poder seguir a la compañera de Lyra— ¡Vuelve a saltar! —nuevamente la tortuga se elevó, la recién evolucionada pokémon tuvo que detenerse para poder voltear por segunda vez.
 
     —¿Por qué Squirtle sólo salta? —preguntó Elliot, que para su propia sorpresa era él mismo quien preguntaba y no Jack.
 
     —Lo hace para ganar tiempo y obligar a Sandslash a dejar de cubrirse totalmente —explicó Jack, pero su amigo no entendió—. Cuando era una Sandshrew podía ir en cualquier dirección, ahora no, las púas que adquirió con la evolución le impiden retroceder, sólo puede ir hacia adelante, por eso Squirtle salta y cae detrás de ella en cada momento en que se le acerca, quiere obligar a Karin a usar otro movimiento —Jack se infló de pecho al dar una tan magistral explicación, según él.
 
     —¡Sandslash, detente! —ordenó Karin— Ya entendí lo que haces. Muy astuta de tu parte —Lyra no supo si era un alago o no—. Sandslash querida, deja de estar enrollada.
 
     La criatura dejó verse tal y cómo era, las espinas cubrían su parte trasera, desde la cabeza hasta la cola, su piel era amarillenta, muy cercano al color de la tierra, su vientre era blanco. Sus extremidades, cola y cara eran más alargadas y definidas, tenía profundos ojos negros, mientras que sus garras eran más grandes, especialmente las de sus brazos, se veían bastante peligrosas. Sin olvidar que su tamaño era obviamente superior.
 
     —¡Burbuja! —Squirtle lanzó varias burbujas a la parte descubierta de Sandslash, no le hicieron mucho daño, pues tenía mayor resistencia al agua.
 
     —¡Cuchillada! —el espinoso pokémon ocupó una de sus garras para propinarle un fuerte corte a la tortuga en el caparazón, la cual cayó de espaldas al suelo, debilitada y con una expresión de dolor en su cara.
 
     —¡Y las ganadoras son Karin y su recién evolucionada Sandslash! —la gente aplaudió y Lyra regresó a Squirtle a su pokéball— Daremos otro receso de quince minutos para la última batalla.
 
     Pasó el tiempo del descanso y la batalla no demoró en comenzar, la lucha fue bastante aguerrida, Karin y Alira no cedieron en ningún momento, pero al parecer la experiencia fue la que ganó la batalla. Alira, con una edad notoriamente mayor a la de Karin, ganó la pelea llevándose el listón de Ciudad Verde.
 
     La gente comenzó a retirarse del recinto. Jack y Elliot decidieron esperar a su amiga sentados en una banca de madera nueva, cerca de un frondoso árbol en las afueras del Hall. El viento apaciguaba el calor de la jornada, algunas aves revoloteaban en el jardín.
 
     Lyra apareció frente a ellos vestida con una sudadera femenina de color negro, con unos dibujos en ella, pantalones cortos de mezclilla celeste, además de zapatillas también negras. Traía en su hombro una mochila azul marino con chapitas y llaveros colgando, a Elliot esto le pareció un poco llamativo e innecesario. Se veía muy distinta a cuando se presentó en el escenario, de hecho, ahora que no traía puesto ese sombrero de paja, se lograba apreciar su fina cabellera negra con chasquilla recta hasta las cejas y sus ojos marrones. Los chicos se pararon para saludarla, dejando en evidencia su baja estatura.
 
     —Me alegro de que los dos hayan podido ver el show —dijo Lyra con una fresca sonrisa, se veía más segura y confiada que en el show, pues ya no estaba siendo juzgada.
 
     —El espectáculo que diste estuvo muy bueno para ser tu primera vez en un concurso —indicó Elliot.
 
     —Y la estrategia que usaste para obligar a Karin a usar otro movimiento fue excelente —dijo Jack levemente sonrojado, no era de hacerle cumplidos a su amiga—. Creo que eres digna de ser nuestra amiga —agregó para pasar rápido de la situación.
 
     —¿Acaso debo estar feliz por eso? —preguntó entre risas—. Enserio chicos, gracias por su apoyo.
 
     Los tres se conocían desde pequeños y habían pasado por muchas cosas juntos, la confianza entre ellos era sin duda su mejor característica.
 
     —¡Lyra! —gritó una voz en la lejanía.
 
     Los tres miraron y vieron a Karin corriendo débilmente hacia ellos, llevaba puesta su ropa habitual, continuaba moviéndose con esa sofisticación que eran tan características en ella, su sutil superioridad tampoco estaba ausente en su andar.
 
     —No sabía que ustedes dos se conocían —dijo Karin al ver a Lyra con Jack—. Ahora veo que la astucia de Lyra es debido a sus amistades, o al revés. Y ¿tú eres? —preguntó mirando a Elliot, con educación pero lejanía.
 
     —Elliot Hughes.
 
     —Claro, como sea. Sólo vine a despedirme, mi padre vino a verme —apuntó al mismo hombre que la pantalla había mostrado cuando el presentador del concurso nombró al gobernador, estaba rodeado de guardaespaldas que no paraban de mirar hacia todos lados, también estaba Jaime, el mismo chofer que había llevado a Jack al Centro Pokémon por petición de la chica—. Quería decirte, Lyra, que la batalla fue grandiosa, no esperaba eso de ti, no había tenido oportunidad de decírtelo —Lyra tampoco supo si eso era un alago o no—. Pero ya debo irme, se me hace tarde. Adiós.
 
     —Karin es una chica engreída. El hecho de que sea tan sofisticada y use un pokémon de tipo tierra llama la atención —dijo Jack una vez que la chica estuvo lejos—. Pero debo reconocer que es bastante educada y sabe perder.
 
     —No como tú, Jack, eres más infantil que mi hermana menor —interrumpió Elliot.
 
     Los tres amigos comenzaron a andar. Entre discusiones de Jack y Elliot por haber llamado al primero infantil, programaron toda la tarde, decidieron entretenerse, tenían que ponerse al tanto de todo lo que habían vivido durante los pocos días que se habían separado. Sin embargo, en ningún momento Jack logró quitarse de la cabeza lo que su amigo le había dicho antes de que empezara el show. Él salió con un objetivo de su casa y su conducta no lo estaba llevando a él, tal vez debía replantearse su meta.
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#8
Jack no estaba preparado para aprender en clases, pero algo me dice que siquiera un poco de eso va a cambiar.
Rompe mi armadura si quieres. Al final, terminarás arrepintiéndote de hacerlo...
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#9
¡Bien! Hace pocos días me registré en el foro y de a poco voy leyendo los fics que me encuentro por acá.
Empecé por el tuyo, francamente por lo agradable que me resulta leer tus detalladas y frías descripciones de los distintos pueblos, casas, ciudades y paisajes. Lo narrás de manera tan formal y objetiva que parece un documental de NatGeo, pero escrito solamente, lo cual da una sensación muy interesante al leerse. Y tras repasar los primeros capítulos me doy cuenta de que, en realidad, tu estilo se aplica también a los diálogos y combates, así como a las situaciones que atraviesan.
Todo está contado de una manera muy cerebral y lógica, bien acorde a la personalidad del protagonista, y aunque a mí en lo particular me resulta divertido de leer, sí que siento que podría impregnarse un poco más de entusiasmo o emoción a las batallas, o al hecho de emprender una gran aventura... Aunque, repito, aparentemente el protagonista no es un "Ash Ketchum" normal que sale a explorar el mundo con el entusiasmo de un niño. Y esa frialdad, en lo personal, me agrada para este tipo de personajes. Espero que a medida que avance la trama sean sus compañeros los que vayan moldeándolo, mientras crecen a su lado.
Por otro lado, me llamó la atención la manera tan natural y espontánea en la que se van cruzando los distintos personajes, tiene su toque que los tres mejores amigos hayan arrancado sus andanzas por su cuenta, solos, y se vayan cruzando en Ciudad Verde y posiblemente luego se separen más adelante para seguir encontrándose otras veces, o tal vez ahora sigan el resto del viaje juntos, o los mate un Beedrill en el Bosque Verde el próximo capítulo. Who knows!
¡Seguiré leyendo con entusiasmo!
Sueña mientras giren las agujas del reloj

"Este fic es un recopilatorio de cosas que me dan asco, me agobian y odio"
                                                                                                    —PKMNfanSakura
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#10
Holi mis niñes, les vengo con nuevo capítulus, pero antes debo comentar los comentarios que me han comentado.

@Nemuresu tal vez la actitud de Jack no cambie de inmediato, creo que es difícil cambiar que es tan propio de uno, es como cambiar un hábito, pero algo más profundo que eso.

@Tommy Welcome to the foro. Debo admitir que me gusta describir todo de tal manera que el lector se imagine los sucesos y lugares tal cual yo me los imagino, obviamente sin agobiarlo con descripciones, creo que también hay que dejar espacio a que la propia imaginación del lector le de su interpretación a la lectura. Respecto a las batallas, siempre intento planearlas antes de narrarlas, pero aveces se me ocurren otras cosas mientras la redacto, justamente eso de la emoción en ellas es algo que me cuesta hacer, pero creo que tuve un leve avance cuando escribí el resto de los capítulos. Bueno, Jack es algo atípico respecto a protagonistas, intenté hacerlo lo más normal posible con un entusiasmo por las batallas, la idea es que se vaya desarrollando durante el fic, pues está en una etapa (14 años) en que se puede plantear muchas cosas. La gente que conozca lo irá influenciando de cierta forma.

Gracias por tomarse el tiempo de leer y dejar sus apreciaciones. Los amo.

Capítulo 5 - El nadador
 
 
     El camino era bastante irregular, muy pocas partes estaban secas o sin pasto, los arbustos llenaban gran parte de la zona, con diferentes formas, enredándose entre ellos. Los milenarios árboles eran tan grandes, espesos y frondosos que la luz era mínima, aún de día la oscuridad gobernaba a través de sombras que se movían con la brisa, aumentando la humedad del lugar. El Bosque Verde era famoso en Kanto por ser un laberinto natural abastecido con una amplia vegetación y por proponer un reto a aquellos entrenadores temerarios que deseaban probar su experiencia y capacidades. Era muy raro que algún novato se adentrase, la mayoría de los pocos que lo habían hecho nunca habían salido de él, por lo que generalmente la gente optaba por rodear el bosque por el camino de la ruta dos, que no presentaba mayor dificultad.
 
     Jack se encontraba caminando por uno de los tantos senderos que atravesaban el bosque. Naturalmente, estaba perdido como cualquier principiante y sólo caminaba con la vaga esperanza de que apareciera algún tipo de ayuda. Ya llevaba un día desde que se había adentrado en la famosa arboleda y sólo había visto entrenadores cerca de la entrada, la mayoría de ellos eran caza bichos, que no se atrevían a meterse en las profundidades de aquella zona natural que no dudaba en engañar a cualquiera con un paisaje lleno de árboles y arbustos, sin nada más para ver, sin duda, eso Jack ya lo sabía perfectamente.
 
     Siguió caminando y los únicos pokémon que logró ver fueron caterpie y weedle, el primero era una oruga verde de vientre amarillo, con ventosas en las patas, tenía círculos en su espalda del mismo color, al igual que la cola, poseía una antena roja que al final se dividía en dos y unos enormes ojos con pupila negra. El segundo también era un gusano, sin embargo, su apariencia era distinta, era dueño de un color tierra, su nariz y patas eran rosadas, su cola era blanca, sus ojos diminutos y lucía un peligroso aguijón en su frente. Ambos pokémon eran conocidos en todo Kanto por ser extremadamente comunes y muy débiles, suelen ser la presa de algún otro pokémon, generalmente aves, o capturados por la grandiosidad de sus evoluciones. La mayoría de las criaturas de esta especie que había encontrado hasta el momento sólo estaban comiendo o durmiendo, Jack no quiso combatir con ninguno de ellos, no presentaban mayor reto, aunque le pareció interesante la posibilidad de poder entrenarlos y verlos evolucionar.
 
     El día comenzó a oscurecer, al menos eso pensó el chico, pues desde que había entrado había visto oscuridad, sólo que ahora se intensificaba. Pero, por esas cosas del destino, logró ver una débil fuente de luz hacia su derecha, el muchacho no sabía qué había ahí, sin embargo, no lo pensó dos veces y caminó hacia ese lugar.
 
     Efectivamente estaba oscuro, más de lo que pensaba, la Luna irradiaba una luz lo suficientemente fuerte como para iluminar un claro y dejar que todas las formas posibles se vieran en él. Había un estanque tan calmo que el satélite natural se reflejaba perfectamente en aquel espejo de agua. Jack estaba parado sobre la tierra desnuda que acompañaba a la pequeña laguna y miraba con cautela y asombro tal maravilla natural que, a pesar de ser simple y no tener nada fuera de lo normal, encantaba con las sombras creadas por la luz de la Luna, como si en cada figura hubieran sólo dos colores, el negro y el propio.
 
     —Salgan —dijo con calma para no irrumpir la tranquilidad del momento, aunque permanecía preocupado por no conocer el camino.
 
     Jack lanzó dos pokéballs, de una salió Bulbasaur, como era de costumbre, con su bulbo más saludable y verde que nunca, de la otra salió una criatura igualmente cuadrúpeda de color púrpura con manchas del mismo color, pero levemente más oscuras, tenía un cuerno en la frente, en varias partes de su espalda salían formaciones similares, sólo que no tan puntiagudas. Poseía pequeñas garras en las patas y ostentaba de unas enormes orejas de interior verde que movía de vez en cuando, además de unos ojos rojos y un diente que salía de su boca, acentuando su apariencia infantil, muy de la mano con su etapa de crecimiento. El chico lo había capturado antes de entrar al bosque, ahora se arrepentía de haberlo hecho, lo había obligado a ir con él por un camino que no conocía, tal vez nunca saldrían de ahí.
 
     —¿Por qué no toman un poco de agua de ese lago? Parece saludable, después de todo no mucha gente pasa por aquí, así que no debería estar contaminado —supuso el chico.
 
     Los pokémon se acercaron felizmente, pero dos sombras salieron del agua sin previo aviso y golpearon a las criaturas de Jack, haciendo distancia entre ellos y el estanque.
 
     La primera sombra tenía un cuerpo redondo y extremidades pequeñas en comparación, sus manos tenían unos guantes blancos, su piel era azul y de su parte superior salían dos cerros pequeños que poseían un brillo en ellos, Jack pensó que podrían ser los ojos. La otra sombra hacía gala de un cuerpo refinado y de movimientos elegantes como los de un felino, dignos de un concurso pokémon, su piel era celeste, tenía cuatro patas, una cola semejante a la de las ilustraciones de las sirenas, sus orejas eran puntiagudas y amarillas, tenía una aleta en la cabeza, una gorguera blanca y picos escamosos a lo largo de su espalda hasta llegar a la cola. El chico no podía ver el frente de aquellos pokémon, pues le estaban dando la espalda a la Luna y la luz no llegaba bien a ellos.
 
     —Poliwhirl, Vaporeon, no hagan nada, sólo querían tomar un poco de agua.
 
     Una cabeza había salido del agua, Jack no lograba ver mucho, su cabello era marrón oscuro y tenía el rostro cubierto por una sombra.
 
     —Lamento que hayan atacado a tus pokémon —dijo con una voz calma mientras salía del agua—. Pero se acercaron mucho a mis cosas y mis pokémon son muy protectores —indicó un bulto en el suelo.
 
     —Descuida —respondió Jack al ver a sus compañeros en una posición firme—. No había visto tus cosas.
 
     —Así veo —el chico sacó una toalla y comenzó a secarse, tenía un traje de baño azul con rayas blancas a los lados, su piel parecía ser ligeramente más oscura que la de Jack, seguramente tostada por el sol, y su espalda era medianamente más ancha, como la de los nadadores. Se colocó una chaqueta azul marino sin mangas y con capucha y unas zapatillas blancas bastante roñosas. Era más alto que Jack y alrededor de dos años mayor que éste.
 
     —¿Qué hace un nadador en un bosque? —preguntó Jack entrometidamente, había dudado por un momento si lo era, pero todo indicaba que sí, además tenía que tratar de entrar en confianza, tal vez él sabía cómo salir del bosque.
 
     —Vengo una vez al mes aquí —explicó—. Vengo por tres días o cuatro, el lugar es relajado y muy pocos han llegado aquí, como sabrás, o tal vez no, la gente que no conoce el bosque y si son inteligentes no se adentran tanto —eso le cayó pesado a Jack—. Además, le hace bien a mis amigos —indicó a sus compañeros que ya no estaban a la defensiva.
 
     —¡¿Eso quiere decir que sabes cómo salir de aquí?! —gritó Jack, sus ojos y los de sus pokémon se llenaron de esperanza y felicidad.
 
     —Sí. Y por lo que veo, tú no. Tienes cara de estar perdido. ¿Quieres que te ayude a salir? —le ofreció amablemente.
 
     —Sí, por favor —Jack no tuvo otra opción que aceptar la oferta del chico, no era costumbre en él, pero ya era la segunda vez que accedía a lo que un desconocido le ofrecía. Sólo por no parecer descortés y por necesidad—. Te lo agradecería mucho —sus ojos brillaron y el otro chico emitió esa típica risa que la gente hace cuando está hablando con una persona que acaba de conocer.
 
     —Bien, pero antes sácame de una duda, ¿Cómo supiste que soy un nadador?
 
     —Bueno, estabas nadando, tus pokémon son de tipo agua, tu piel parece estar un poco tostada como la de alguien que frecuenta nadar al aire libre a plena luz del día y tu espalda es ancha como la de un nadador —para deducir era bueno, pero no para almacenar información en su mente, no obstante había decidido comenzar a fijarse en los detalles de las cosas que no tenían que ver con batallas, le había hecho esa promesa a su amigo.
 
     —Que buen observador —dijo impresionado—. Es verdad que soy nadador, bueno, solía serlo hace casi cuatro años, dejé la natación para ser entrenador, de pokémon acuáticos, como puedes ver.
 
     El chico era bastante amable y desde que apareció su cabeza en el agua había mostrado una voz tan pacífica como la quietud del estanque de donde salió. Poseía un semblante que indicaba madurez y determinación en cuanto a tomar decisiones, muy por el contrario de Jack. A pesar de eso, el chico no sabía su nombre.
 
     —Por cierto, soy Peter Echizen —extendió su mano para saludarlo.
 
     —Jack Evans —también le dio la mano.
 
     —Ese apellido no es muy común, pero sí es famoso —Jack entendió de inmediato a dónde quería llegar Peter—. Eres hijo de Robert Evans.
 
     —Sí, pero no hablo mucho de eso, a la gente le llama la atención que seas hijo de alguien tan famoso —bajó la mirada con timidez—. Ya sabes. Esperan mucho de uno.
 
     —Creo que te entiendo un poco, me dediqué a la natación durante prácticamente toda mi vida antes de dejarla. A los cinco años gané una competencia infantil de natación, fui la persona de menos edad en ganar —metió las manos en sus bolsillos— y por eso me hice conocido por un tiempo. Mis padres querían que yo siguiera e hiciera una carrera como nadador profesional, me sentía incómodo por eso, porque no podía elegir —suspiró con tranquilidad—. Por eso creo entenderte, ser el hijo de un entrenador conocido deber ser un poco incómodo, te sientes obligado a ser bueno.
 
     —Se podría decir que estoy entre los niños más famosos de Paleta —dijo Jack con una sonrisa para amenizar el ambiente, pero no tardó en cambiar su expresión—. ¡¿Dijiste que eres un entrenador pokémon?! —recordó Jack con entusiasmo, tratando de ocultar su verdadero propósito tras la pregunta. Tenía pequeñas dudas sobre su objetivo, pero los enfrentamientos seguían emocionándolo.
 
     —¿Quieres una batalla? —adivinó— Tendrás que esperar a mañana, está muy oscuro y ya tengo sueño.
 
     Peter prendió una fogata, a pesar de tener sueño, no pareció apresurado cuando lo hizo. Los dos chicos y los cuatro pokémon se recostaron cerca del acogedor fuego. Jack se quedó dormido mirando las calmadas estrellas que lo observaban desde la lejanía, quizás ya extintas, pero su luz seguía estando ahí.
 
     No podía ver nada, todo estaba tan oscuro que no sabía dónde estaba el límite de la habitación en donde se encontraba. No sabía si era un sueño o un recuerdo, pero estaba solo y triste, sentía hambre, podía escuchar una gota caer al suelo, haciendo eco por todo el lugar. Nadie venía a ayudarlo.
 
     El novato entrenador comenzó a sentir el calor del sol en su rostro, abrió los ojos y, mientras se levantaba desperezándose, observó las cenizas de la fogata, luego sus ojos voltearon a sus pokémon tomando agua en el estanque. Ya había olvidado aquel sueño.
 
     Ahora que era de día, Jack lograba apreciar los colores que lo rodeaban a la perfección, además de ver detalles que antes no había visto, como el vientre blanco de Poliwhirl, el remolino negro que tenía dibujado en él y su apariencia de renacuajo en desarrollo.
 
     Peter se encontraba sentado cerca de la laguna lavando unas frutas, la luz del sol permitía ver sus ojos marrones, junto a la expresión en su rostro, su semblante era tan tranquilo como su forma de hablar, como si no tuviera ningún apuro o preocupación, muy similar al agua cuando nada la altera.
 
     —El bello durmiente despertó —dijo a Jack con mucha confianza—. Estoy lavando unas bayas zidra —Peter le mostró una fruta con forma de pera, de color amarillo y con lunares de un tono más oscuro, mientras éste se acercaba—. Las encontré cerca de aquí, le harán bien a los pokémon.
 
     Después de comer, se prepararon para una batalla a orillas del lago, por un lado estaba Jack, que se encontraba algo nervioso, era la primera vez que enfrentaba a alguien con mayor experiencia que él, le llevaba algunos años de ventaja. Por el otro se encontraba Peter, con su característica tranquilidad.
 
     —¿Qué te parece si usamos a un pokémon? —propuso el nadador— En la salida del bosque nos encontraremos con varios entrenadores y podríamos encontrarnos con algún pokémon salvaje durante el trayecto.
 
     Jack sólo había pensado en la batalla y en cómo no hacer el ridículo, pero Peter había ido más allá y había pensado en lo que podría pasar después, se había adelantado a la eventualidad del destino, demostrando experiencia de su parte, lo que provocó inseguridad en el novato.
 
     —Me parece bien —dijo con entusiasmo para esconder sus inquietudes—. Bulbasaur…
 
     —Podrías enviar a tu otro pokémon, parece tener menos experiencia, le servirá la batalla —interrumpió Peter—. Haré que Vaporeon no sea tan duro con él, después de todo no hay un Centro Pokémon cerca —nuevamente Peter había pensado en algo que Jack no.
 
     —Sí, tienes razón —reaccionó con lentitud—. Nidoran, ve tú —el nuevo pokémon del chico avanzó y se puso frente al acuático zorro del nadador, colocando una cara inocente, maximizada por el diente que le salía de la boca. Desde el punto de vista de Peter, entrenador y pokémon se veían algo infantiles. El joven muchacho se animó nuevamente.
 
     Jack esperó que el entrenamiento y las clases en la Academia Pokémon le ayudaran en algo. Antes de separarse, Elliot lo había convencido de ir a las cuatro clases restantes que impartía el establecimiento, para adquirir todo el conocimiento que éste entregaba. Sus amigos habían partido antes que él de la ciudad, por eso ahora viajaba sólo y perdido por el bosque. Peter era una persona con mayor costumbre en entrenamiento pokémon y su deducción no serviría de mucho, ahora, si se daba la ocasión, debía demostrar si las clases de la Academia habían servido de algo.
 
     —¡Placaje! —ordenó con energía. El roedor se abalanzó contra el zorro, pero éste lo evadió sin dificultad.
 
     —Hidropulso —el pokémon acuático lanzó un chorro de agua con forma de aro que chocó con Nidoran, dejándolo todo empapado y algo adolorido por el golpe.
 
     —¡Doble patada! —Nidoran corrió hacia Vaporeon, una vez cerca de él, giró sobre su pata izquierda, para propinarle un golpe con sus dos patas traseras en el rostro al zorro, quien tomó un poco de distancia.
 
     —Niebla.
 
     El lugar comenzó a oscurecerse debido a una grisácea bruma que se apoderó de gran parte del claro. La luz del Sol penetró débilmente sobre ella, creando sombras irregulares que se movían con el débil andar de la niebla misma. Jack comenzó a asustarse, tal vez tendría que usar más que su ingenio en esta batalla, le resultara o no. El conocimiento adquirido en una clase no siempre lo es todo para ganar.
 
     Mientras tanto, al mismo tiempo que se efectuaba la batalla, una mujer de roja cabellera y anteojos ovalados miraba por la ventana de su hogar hacia una poderosa e imponente mansión, en los límites de la capital regional. Las gotas caían por el vidrio, debido a la fuerte lluvia que azotaba a la gran urbe. En plena oscuridad de la habitación, el teléfono a su costado sonó y ella contestó.
 
     —¿Está todo listo? —preguntó la mujer y esperó la respuesta— Perfecto. Infíltrate mañana y tráeme lo que te pedí —cortó con indiferencia—. Debo seguir el plan a la perfección —se dijo— y con paciencia conseguiré lograr mi propósito —miró una foto al costado del teléfono, donde un hombre posaba con una pequeña niña pelirroja sentada en sus piernas.
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#11
Me pregunto qué clase de entrenador famoso será el padre de Jack. Me huele a un campeón, pero la fama siempre se obtiene de muchas formas.
Rompe mi armadura si quieres. Al final, terminarás arrepintiéndote de hacerlo...
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#12
Leído ya el quinto capítulo, debo decir que me gustó mucho el enfoque que le diste al Bosque Verde y cómo es temido por muchos entrenadores y viajeros, así como el claro en el centro con su laguna donde hay de forma muy random un nadador experimentado, que aunque parece buena onda yo opino que es medio abusivo por mandar a un Vaporeon de alto nivel a usar hidropulso contra el pobre Nidoran. ?

El enigmático personaje del final me despertó la duda, aunque lo más probable es que se trate de un personaje original (ya que tú historia va por ese camino, a priori), me preguntó si tendrá algo que ver con Lorelei o con... ¿La madre de Jesse, investigando a Mew en el Team Rocket? Nah, deben ser conjeturas mías. Hay muchas mujeres malvadas con pelo rojo. (?)

Espero leer pronto el siguiente capítulo. Ánimos! :D
Sueña mientras giren las agujas del reloj

"Este fic es un recopilatorio de cosas que me dan asco, me agobian y odio"
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#13
Holi mis niñes, les vengo con un nuevo capítulus, pero antes debo comentar los comentarios que me han comentade.

@Nemuresu el padre de Jack fue campeón, pero no tan campeón como crees o esperas que puede ser un campeón.

@Tommy para hacer así el Bosque Verde me basé en lo que dicen los juegos, un laberinto natural donde muchos se pierden, supongo que quedó un poco siniestro con eso de que novatos no salen nunca. La mujer de al final es original, como la mayoría de quienes aparecen, no tiene nada que ver con Lorelei, y muchos menos con la madre de Jessie, recuerda que mi historia no pasa en el mismo universo del animé, manga o juegos, aunque me base en estos últimos para crearla, decidí hacerlo así para tener más libertad, es algo así como mi propio universo de pokémon.

Gracias por seguir leyendo y comentando, los amo.

Capítulo 6 - Dueño de sus movimientos
 
 
     La niebla seguía cubriendo el claro y Jack no lograba ver a su oponente, apenas si veía a Nidoran. Sin duda, ese movimiento era una estrategia apropiada para batallas y bastante inesperada para el inexperto muchacho. Las sombras que se crearon eran perfectas para distraer y confundir, mientras que la baja de temperatura era ideal para que el oponente no pensase con rapidez.
 
      Peter había dicho que no haría tanto daño a Nidoran, por lo tanto, no estaba peleando en serio, y si esa era su manera de tener una batalla de entrenamiento, mejor ni imaginarse cómo sería un enfrentamiento de verdad contra él.
 
     —Hidropulso —un aro de agua apareció desde la niebla y golpeó a Nidoran, Jack casi no pudo verlo, sin embargo, eso no fue lo que sorprendió al chico, pues el ataque no venía desde delante de ellos, sino desde la izquierda.
 
     <<Vaporeon se movió —pensó Jack, se estaba viendo en aprietos—. Seguramente está entrenado para hacerlo en silencio. Debo hallar la forma de esquivar los ataques —el chico se quedó observando a Nidoran.>>
 
     —Vuelve a usar hidropulso —ordenó el nadador, su voz era calma y sin apuro.
 
     Tan pronto como Peter dio la orden a su pokémon, Jack observó cómo Nidoran dirigió la mirada hacia su lado derecho, mirando fijamente en esa dirección, como si hubiera sentido alguna presencia o algún sonido.
 
     —Esquívalo —dijo el chico, su boca estaba seca. Otro aro de agua salió de la niebla cercana con destino al roedor, pero esta vez el pokémon de Jack logró eludirlo—. Bien hecho —emitió una sonrisa tímida, sólo atinó a felicitar a su pokémon.
 
     —Veo que te diste cuenta de la sensibilidad auditiva de tu pokémon, ¿o me equivoco? —supuso Peter, desde algún lugar de la niebla.
 
     —Sí, pensé que Nidoran podía escucharlo, tiene orejas enormes —Jack se sintió algo nervioso y confiado, aunque nuevamente se estaba basando en una deducción.
 
     —Entonces lo dedujiste. Como ya superaste esa dificultad, creo que es hora de agregar otra —propuso con una calma tan peculiar, que hizo que Jack se intranquilizara aún más. Por otra parte, la confianza que había adquirido por haberse dado cuenta de la excelente audición de su pokémon hace unos segundos, ya se había desvanecido.
 
     <<¿Por qué habla así? Con tanta tranquilidad —se preguntó Jack, preocupado por el actuar del nadador—. Creo haber escuchado…sí Jack, haz memoria —se dijo—…creo haber escuchado por ahí que una persona que habla con tranquilidad, indica que de alguna manera…tiene el dominio de la situación. Entonces, ¿qué hago? Está claro que lo tiene —se preocupó más, Peter no podía verlo, pero la cara de Jack evidenciaba su angustia.>>
 
     La forma de hablar del nadador había sido así desde que se conocieron, totalmente tranquilo, como si no tuviese preocupaciones en su vida, como si nada lo apurase. La situación que Jack vivía en ese preciso momento era muy similar a la calma antes de la tormenta. Si la calma ya había estado presente durante mucho rato, la tormenta ya estaba por venir.
 
     —Vaporeon, ya sabes qué hacer, hidropulso.
 
     —¡Vuelve a esquivar! —una leve desesperación se atrevió a salir por su voz.
 
     Nuevamente otro aro de agua salió de la niebla, esta vez venía de la izquierda, desde más adelante. Nidoran la esquivó sin problemas, pero para su sorpresa, y la de su entrenador, el aro no dio contra el suelo y giró para seguir al roedor, al que terminó golpeando por el costado.
 
     <<¡¿Cómo lo hizo?! —se preguntó Jack, su expresión indicaba asombro y un poco de miedo, las batallas que había tenido hasta el momento no habían sido así— Hidropulso siguió a Nidoran. Nunca había visto a alguien que hiciera algo así, ni si quiera a papá —pensó. El temor casi lo dominaba, con alguien así sólo iba a perder, pues él no tenía tanta habilidad.>>
 
     La tormenta que Jack había previsto ya había llegado, pero no era como se la imaginó en algún momento, el chico pensó que el nadador haría gala de algún movimiento que lo derrotaría y que haría a Peter perder esa tensa tranquilidad que demostraba constantemente, pero fue todo lo contrario. El nadador seguía sumergido en la espesa niebla sin resaltar mucho, mientras que la tormenta sólo se encontraba en la cabeza del chico. El cambio de dirección del movimiento de Vaporeon lo habían descolocado y confundido.
 
     Jack ya no recordaba cuántas veces habían sido, pero Peter demostraba continuamente su superioridad en las batallas. En cuestión de minutos, el joven nadador había puesto en escena una estrategia digna de un líder de gimnasio y tan sólo con dos movimientos, uno de ellos usado de dos maneras distintas, para hacerlo titubear y crear una tormenta en su mente, muy a la mano con la calma que no dejaba de lado en ningún segundo.
 
     —Vaporeon, dispersa toda esta niebla —ordenó Peter.
 
     La bruma comenzó a disiparse y la luz volvió a reinar en el claro, inundando el espacio a medida que la niebla desaparecía, dejando en el olvido todas las sombras irregulares que se habían provocado. Peter y su acuático pokémon aparecieron a unos cuantos metros y, a diferencia de Jack, el nadador no parecía agitado. Más atrás estaba Poliwhirl y Bulbasaur seguía al costado de su entrenador.
 
     —Rayo hielo —Vaporeon abrió la boca y lanzó un gélido rayo de luz celeste hacia Nidoran, el roedor quedó cubierto de hielo en gran parte de su cuerpo.
 
     <<No puede ser, él tiene muchas sorpresas —pensó Jack mientras sentía cómo su sudor helado bajaba por su espalda—. Seguramente hay más personas cómo él y contra gente así no tengo oportunidad —comenzó a atormentarse mientras miraba el suelo—. ¿Será que el entrenamiento pokémon no es lo mío? ¿Por qué una derrota me afecta tanto? Antes no lo hizo. ¿Tan grande tengo el ego que me creí demasiado bueno? —continuó abrumándose— ¿Qué debo hacer ahora?>>
 
     —Jack. ¿Estás bien? ¡Jack! —preguntó Peter, la cara del chico de Paleta reflejaba preocupación y tenía los puños tensos.
 
     —¡Dijiste que no le harías tanto daño! —reclamó Jack, fue lo único que se le ocurrió decir, su mente no estaba despejada
 
     —Tranquilo.
 
     El nadador hurgó su mochila y sacó un frasco con forma de pulverizador de color rosado. Se acercó al roedor y le roció el líquido como si fuera un aerosol. El hielo que inmovilizaba a Nidoran comenzó a derretirse hasta ser sólo agua absorbida por la tierra bajo sus pies. El pokémon de Jack se veía algo mareado.
 
     —Vaporeon, usa acua aro en Nidoran —el zorro abrió su boca y dejó salir un chorro de agua que rodeó a Nidoran hasta convertirse en un anillo que tambaleó con un poco de gracia alrededor del roedor, luego simplemente cayó.
 
     Ante la atónita mirada de Jack, que ya estaba un poco más calmado, pero con muchas interrogantes en su cabeza, Nidoran lucía un mejor aspecto. Pero el asombro de Jack no provenía sólo de eso, sino que de todo lo que había vivido y visto en los últimos minutos, sin duda alguna, tenía muchas cosas que preguntarle a Peter.
 
     —Algo me dice que tienes algunas preguntas que hacerme —dijo Peter, su calma estaba intacta, pero la situación ya no era tan tensa.
 
     —Sí. ¿Por qué hidropulso cambió de dirección? ¿Cómo dispersó la niebla sin ningún movimiento que lo hiciera? ¿Y cómo es que puede usar acua aro en otros pokémon? —respiró profundo, aún estaba agitado.
 
     —Hay una respuesta para cada pregunta y es la misma —explicó con una amable sonrisa—. Le enseñé a Vaporeon a controlar sus movimientos, después de todo él mismo es quien los ejecutó. En otras palabras, él es dueño de sus movimientos. Poliwhirl también puede hacerlo —Jack miró al renacuajo y éste alzó su puño con orgullo—. Pero no se me ocurrió a mí de la nada, lo leí por ahí hace tiempo, creo que alguien llamado…Lance lo empleaba en sus batallas.
 
      Definitivamente Jack no había visto ni escuchado algo semejante en toda su vida. Un entrenador que le había enseñado a sus pokémon a controlar sus movimientos de la forma que quisiesen, sin duda sorprendería a cualquiera con quien se enfrentara, Jack podía dar fe de eso. La brecha de la experiencia entre el chico y el nadador se agrandaba cada vez más.
 
     —Tu excesiva calma a la hora de hablar, ¿es a propósito o siempre has sido así? —aún estaba agitado.
 
     —Siembre he sido así, muy rara vez he perdido la paciencia —dijo el nadador—. Pero me sirve para descolocar un poco a mis eventuales oponentes, lo uso a mi beneficio —una modesta sonrisa se dibujó en su rostro, no solía ser una persona buena para jactarse de sus logros.
 
     —Ya veo —Jack no sabía qué decir ante tales palabras, seguía en conflicto consigo mismo.
 
     —¿Te parece que comencemos a caminar? —preguntó Peter para cambiar de tema.
 
     —Claro.
 
     Ambos chicos emprendieron el viaje hacia la salida, adentrándose en el mismo camino por el que Jack había llegado al claro. Al igual que el día anterior, la luz entraba levemente por las copas de los árboles, sólo que esta vez era más clara, permitiendo a los muchachos ver mejor los húmedos colores que inundaban los irregulares pasillos del bosque por los que caminaban. Dieron varias vueltas y, a veces, Jack tenía la sensación de que se alejaban de la salida del norte, pero resultaba ser parte del camino.
 
     Durante gran parte de la caminata no hubo más que el ruido de los pokémon salvajes y el viento meciendo las hojas altas de los árboles, hasta que Jack dejó ver algunas de sus inquietudes con Peter, no siempre había dicho lo que pensaba a cualquier extraño, pero el nadador era la única persona que estaba ahí aparte de él mismo y necesitaba desahogarse un poco. Además, ya le tenía algo de confianza.
 
     —Peter —dijo Jack con sus pensamientos más ordenados—. Después de luchar y ver lo preparado que estás en caso de una batalla, me hizo pensar si realmente esto es lo que quiero.
 
     —¿Por qué lo dices?
 
     —Cuando pequeño veía a mi hermano y quería ser como él, dije que haría un viaje de entrenamiento y que llegaría algún día a la Liga, se lo prometí a mi mejor amigo —explicó—. Pero siento que fui obligado a hacerlo, muchas personas de Paleta me decían que yo también sería alguien grande como los demás de mi familia —Peter lo escuchaba atentamente—. Pero ahora me doy cuenta de que sólo soy un niño común y corriente que no sabe lo que quiere. Tú decidiste ser entrenador, yo no sé lo que quiero, las batallas me hacen vivir, experimentar cosas, pero el camino que escogí no lo hace.
 
     —Encontrar un objetivo que te mueva y que te haga despertar todos los días no será fácil, pero… ¿qué me dices si continúas tu viaje mientras lo averiguas? —propuso el nadador con una sonrisa franca en su rostro—. Así no perderás tiempo. Tal vez esto de la Liga te aclare un poco el panorama.
 
     —Me parece…—Jack sonrió— una buena idea. Haré eso.
 
     —Apróntate —dijo Peter abruptamente sin cambiar el tono ni su eterna tranquilidad—. Estamos llegando a la última parte del bosque, estará lleno de entrenadores con ganas de luchar.
 
     Efectivamente lo que había vaticinado Peter era cierto, el final del Bosque Verde estaba lleno de entrenadores, la mayoría eran cazabichos con sus redes, algunos luchaban entre ellos y otros saltaban al más mínimo movimiento de la hierba alta.
 
     Jack y Peter pasaron entre ellos sin poder evitarlos mucho, pues el camino se anchaba cada vez más mientras se acercaban a la salida, aumentando el campo visual de los presentes. Sin embargo, los entrenadores se limitaban a mirarlos desde lejos y los que estaban cerca hacían como si no los hubieran visto.
 
     A Jack le pareció extraña aquella situación, puesto que había escuchado que los entrenadores en ambas entradas del bosque solían retar a todo entrenador que se acercase tan sólo a observar el lugar y justamente eso era lo que le había pasado cuando entró, pero ahora era todo lo contrario.
 
     Jack trató de mirar de reojo a los que lo observaban, todos guardaban distancia, por un momento Jack pensó que sus pokémon debían tener pocas fuerzas para entablar una batalla, pero eso no sería lógico, si ese fuera el caso, no estarían en ese lugar.
 
     <<Los entrenadores mantienen distancia —pensó Jack—. Y Peter dijo que frecuenta este bosque una vez al mes, si estos entrenadores también lo hacen, ya deben conocer a Peter, por lo tanto, ya lucharon contra él. Por eso nos evitan.>>
 
     —Ya peleaste con todos ellos, ¿verdad?
 
     —Esta vez te demoraste un poco en deducir —contestó Peter con una pacífica sonrisa.
[Imagen: giphy.gif]
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#14
Peter es un badass, me cae bien, aunque no puedo dejar de imaginarlo como un nadador de los juegos clásicos, con la sunga y el gorrito elástico en la cabeza. (?)

Sostengo que igual fue un combate en extremo desigual, y que tal vez Jack hubiera tenido más chances contra un Pokémon del nivel del auto. O tal vez no...

Capítulo corto pero interesante, espero leer el próximo pronto. ;)
Sueña mientras giren las agujas del reloj

"Este fic es un recopilatorio de cosas que me dan asco, me agobian y odio"
                                                                                                    —PKMNfanSakura
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#15
Jack se siente perdido, a pesar de haber barrido el suelo con varios cazabichos. Supongo que necesitaba un oponente más duro para reflexionar.

Veamos qué más aprende o reflexiona en su viaje.
Rompe mi armadura si quieres. Al final, terminarás arrepintiéndote de hacerlo...
[Imagen: IIhG3l7.gif]
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