Longfic- House of Rocket

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FranquiciaOriginal
GéneroAcciónDrama
Resumen

Una historia sobre un ladrón con deseos de ir donde ningún criminal había llegado antes, un ladrón con el sueño de tenerlo todo.

#1
House of Rocket
Una historia del Elfoverso

¿Aluna vez se preguntaron cómo fue que el Team Rocket llegó a ser tan temido o cómo surgieron? ¿Por qué Giovanni llegó a ser un criminal tan respetado? Los invito a leer House of Rocket, OTRA HISTORIA QUE SUCEDE EN KANTO, PORQUE NUNCA HAY SUFICIENTE KANTO, TODOS AMAMOS AL BENÉVOLO LÍDER KANTO, CON AMOR, NIÑITA. Una historia llena de ambición y sueños que se hacen realidad para luego ser destrozados. Espero lo disfruten tanto como yo lo he hecho escribiendo esta historia. Siempre son libres de comentar y destrozarme. Un beso candente para todos. Los amo.
 
 
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Esta historia funciona como precuela-spin off de Jack Evans, NO OBSTANTE, no es necesario que lean dicha historia para entender esta, porque los fics del elfoverso serán independientes, aunque lógicamente habrá conexiones, quien haya leído Jack Evans podrá notarlas.

Mostrar Otras hitorias del Elfoverso
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#2
Capítulo 1 - Un ladrón en Ciudad Verde
 
 
     En una modesta ciudad al oeste de la región Kanto, las hojas caídas por culpa del otoño no tenían poder alguno ante el viento que las empujaba, impotentes, sólo podían ver cómo se alejaban del árbol donde pasaron su verde juventud. Mientras que por las calles de la urbe, sus habitantes comenzaban a darle vida tímidamente, con vestimentas que evidenciaban la llegada de las bajas temperaturas previas al invierno.
 
     Ciudad Verde era conocida por estar rodeada de zonas boscosas, como un pequeño oasis de casas en medio de un frondoso mar verdoso, ni siquiera el fin de la estación otoñal era suficiente para opacarlo. A cualquier parte que se mirase había algún árbol, abedules, robles o de otro tipo, siempre uno acompañando a alguna edificación, sin contar la enorme cantidad de plantas de la que gozaba el lugar. Además, las construcciones estaban hechas para no generar un impacto visual importante sobre la naturaleza del lugar, desde lejos, sólo era posible ver alguno que otro edificio del centro de la ciudad, el resto era capaz de mimetizarse con el verdor de los árboles, pues sus tejados ocupaban las mismas tonalidades. Era un verdadero paraíso para la vegetación.
 
     Por una de sus principales avenidas, un chico rubio de torpe andar transitaba tranquilamente, rodeaba los quince años de edad, aunque su estatura y delgadez le hacían parecer más joven. Sus ojos marrones combinaban a la perfección con sus pecas, las que acentuaban aún más su cara de niño ingenuo. Se dirigía de vuelta a su casa, había ido a comprar el pan para el desayuno, su madre lo había enviado a la panadería de la que se decía tener el pan más esponjoso y delicioso de toda la ciudad, para su poca fortuna, no quedaba cerca de su hogar.
 
     Cruzó la calle después de que el último auto pasase, alejándose de la plaza donde algunos Pidgey revoloteaban despabiladamente ante la helada brisa matutina y huían de un juguetón Growlithe que no paraba de perseguirlos. Luego dobló en la esquina, cerca de un famoso restaurant que aún no habría sus puertas, para atravesar hacia una calle menos concurrida, eso le acortaría el trayecto considerablemente.
 
     Ya había caminado dos calles desde que abandonó la panadería, y aun le quedaban algunas antes de llegar a su casa. Ahora se hallaba entre varios edificios de mediana altura, en un callejón de la zona residencial de ciudad Verde, continuaba acortando camino, pero esta vez no se sintió tan seguro de seguir como de costumbre. Se detuvo a escuchar su alrededor, se oían los autos más allá de las casas, podía sentir el hedor de los desperdicios acumulados en los oxidados contenedores de basura cercanos. Algo no andaba bien.
 
     Miró al cielo blanquecino, se sintió pequeño al lado de aquellas construcciones de ladrillo con pintura mal cuidada y superficie húmeda, era como una implacable jungla de cemento y hormigón, muy distante del opulento verdor característico de la urbe. Pero la inesperada nostalgia por un poco de color se volvió temor y su instinto natural de supervivencia le hizo voltear para mirar por donde había venido.
 
     Dos chicos de huraño aspecto se encontraban parados a unos pocos metros, a uno de ellos sin siquiera importarle estar sobre un charco de agua maloliente, eran notoriamente mayores que él, vestían andrajosos a más no poder y no tenían cara de querer hacer amigos. No obstante, eso no era todo, unas aterradoras criaturas los acompañaban, no eran comunes en la ciudad, pero el chico rubio las identificó con facilidad, aunque sólo los había visto por fotografías en libros que había leído en sus curiosas tardes de estudio. Tenía sumamente claro lo peligrosos que podían llegar a ser, sin contar las veces que escuchó a algún compañero hablar sobre aterradores relatos asociados a aquellas especies.
 
     Uno de ellos tenía la apariencia de una serpiente, gozaba de una amenazante mordedura que encajaba perfectamente con su hipnótico mirar, sus escamas eran púrpuras con una franja amarilla que recorría su largo cuerpo, terminando en un cascabel que inducía el miedo cada vez que sonaba, esperando por atacar a su desdichada víctima. El otro pokémon era aún más raro, pero no menos desagradable, más tóxico y putrefacto que la basura de los contenedores cercanos, una esfera de rugosa piel que no dejaba de emanar un asqueroso olor por sus cráteres, de un púrpura más oscuro que el de su rastrera aliada, y con una extraña expresión de satisfacción en su rostro.
 
     La gente común y corriente asociaba a esas espeluznantes criaturas normalmente con el bajo mundo delictual, acompañando a ladrones en sus fechorías, un prejuicio del que los pokémon no tenían la culpa. Sin embargo, esta vez no era la excepción, Ekans y Koffing estaban a disposición de aquellos sujetos de temprana adultez, esperando deseosos por la orden de atacar.
 
     —Si no quieres salir herido, más te vale darnos todo tu dinero —dijo una voz poco amistosa a sus espaldas, profunda e intimidante—. Y también danos ese pan que traes, huele muy bien.
 
     El chico rubio volteó hacia donde estaba mirando inicialmente para ver a un tercer sujeto, de cabello rapado y ropa andrajosa, igual que sus malintencionados compañeros, con él se completaba el grupo de asaltantes. Pero él tampoco estaba sólo, a su lado se hallaba una peluda rata de desaliñado aspecto, no le llegaba más allá de la cintura, miraba al desafortunado joven, amenazándolo con unos mal cuidados dientes que no dejaba de lucir orgullosamente. Su pelaje era de un marrón claro en gran parte de su cuerpo, mientras que su larga cola estaba desnuda.
 
     —No…no tengo mu-mucho dinero —tartamudeó el chico, su respiración se agitó abruptamente, nunca lo habían asaltado, mucho menos de una forma tan psicológicamente intimidante. Sólo atinó a quedarse quieto y tenso. No pudo reaccionar.
 
     —Eso no nos interesa —sonrió el que parecía ser el líder del grupo—. Dánoslo luego o le diré a Raticate que te haga daño. Te advierto que no será agradable —el chico estaba tan paralizado que no hizo ningún movimiento, sentía cómo el sudor frío caía por su espalda—. Como quieras. ¡Hípercolmillo!
 
     El roedor corrió velozmente hacia el desdichado chico, mostrando sus amenazantes dientes, listo para propinar una dolorosa mordida en alguna de las extremidades del muchacho. Sin embargo, inesperadamente, una felina criatura apareció desde arriba, golpeando en la cabeza al Raticate, era de fino pelaje beige, con una cola enroscada en la punta, era capaz de pararse en dos patas, su mirada era ambiciosa y ostentaba una moneda alargada de oro en su frente. El roedor retrocedió sin poder efectuar su mal habida y reprochable ofensiva.
 
     —¡Sorpresa! —gritó una voz masculina— Sorpresa porque no se lo esperaban y por el nombre de ese movimiento, no muchos lo conocen.
 
     Todos miraron hacia arriba. Un chico de edad cercana a los dieciocho años estaba colgando de una de las escaleras de emergencia de los edificios residenciales, como si fuese un mono en la jungla de concreto, vestía una sudadera blanca bastante estropeada y unos pantalones, su cabello era negro y muy corto. Lo más curioso en él era la llamativa joyería que llevaba, collares, pulseras, incluso un aro mal puesto, se veían caros y no combinaban con su ropa.
 
     El chico bajó con suma calma, como si fuese un digno rey en su majestuoso palacio, observado por sus más cercanos súbditos mientras lucía su desbordante riqueza cual señora gorda de la nobleza. Se paró junto a su felino, muy cerca del chico del pan, lanzando una galante sonrisa.
 
     —Estimados caballeros —dijo con un burlesco tono solemne—, ¿no les parece una soberana cobardía atacar con semejante ventaja a este escuálido chiquillo de atolondrado semblante? ¡Mírenlo, parece un Pidgey recién nacido!
 
     —¡No te metas en nuestros asuntos, Giovanni! —gritó el entrenador del Raticate— ¡Toma a tu Meowth y sal de aquí! ¡Este es nuestro territorio!
 
     —Me temo que no puedo dejar que abusen de un indefenso escuincle, va en contra de mis principios de ladrón honrado —comunicó con una graciosa contradicción en su hablar, sin dejar aquella falsa solemnidad que tanta gracia le daba.
 
     Los otros dos delincuentes y sus pokémon tomaron posiciones para atacar, ya se habían topado con Giovanni en ocasiones anteriores, era famoso entre ladrones por ser el más astuto e ingenioso entre los más jóvenes de la ciudad, siempre salía con una que otra sorpresa y gustaba de hacerle jugarretas a la gente, especialmente a otros ladrones, una verdadera promesa del crimen dentro de la nueva generación de delincuentes, aunque los más veteranos lo consideraban impertinente e impetuoso, todos auguraban un buen pasar delictual para el joven. Por lo que no tenían ninguna intención de subestimarlo.
 
     —¡Como quieras! ¡Yo me encargaré de él! —comunicó a sus secuaces— Ya es hora de que alguien te ponga en tu lugar —sentenció—. Después de todo, si lo hago, seré el héroe de los demás ladrones. Tendré el respeto de los mayores. ¡Raticate! ¡Hípercolmillo!
 
     Nuevamente el roedor alzó sus feroces dientes amarillentos, con suma rapidez se abalanzó contra Giovanni y su felino acompañante, buscando herirlos severamente en alguna parte de sus cuerpos. No obstante, este último lo esquivó sin dificultad alguna, haciendo gala de la agilidad con que la naturaleza lo había dotado ventajosamente, al mismo tiempo que se mofaba con malicia de la rata de cola larga.
 
     —Meowth, ¿por qué no le haces un nuevo corte a la Madoña?
 
     El gato corrió hacia su oponente, no se movió tan rápido como éste, pero el Raticate no alcanzó a evadirlo. Una vez frente a él, Meowth usó sus garras para cortarle los bigotes. Por su lado, el roedor aprovechó la cercanía con su contrincante para intentar propinar nuevamente una mordedura con sus poderosos dientes, pero por segunda vez la agresión fue esquivada, aunque sin mucha complejidad, pues los movimientos del Raticate se habían vuelto notoriamente más lentos y torpes, como si estuviese inseguro de cualquier movimiento por realizar.
 
     —¿Qué demonios sucede?
 
     —Cu-Cuando le cortas los bigotes a Raticate, se vuelve más lento —indicó el chico de la bolsa de pan, aún seguía nervioso por todo el altercado, pero ya no estaba paralizado de terror—. Parece que ya puedo moverme mejor.
 
    —Es que ese Raticate estaba usando cara susto —explicó el dueño del Meowth—. Parece que sabes harto sobre los pokémon —apuntó—. ¿Alguna idea sobre esos dos? —indicó hacia la serpiente y la esfera flotante.
 
     —Pues E-Ekans es sigiloso al moverse, mientras que Koffing tiene gases explosivos en su interior —comentó el chico rubio, aún con mucho miedo y nerviosismo.
 
     —¡¿Qué están esperando?! ¡Atáquenlos! —ordenó el líder del grupo.
 
     —¡Constricción!
 
     La serpiente se arrastró por el suelo, con su penetrante mirada amarilla fija en el felino, amenazando con rodearlo con su largo cuerpo, sus intenciones eran estrujarlo a más no poder, tal vez podría darse un agradable festín, hace mucho que no se daba uno de tamaña magnitud. Sin embargo, Meowth lo esquivó saltando hacia atrás, al mismo tiempo que le lanzaba un puñado de brillantes monedas muy similares al amuleto en su frente.
 
     —Día de pago, me encanta ese movimiento —dijo Giovanni con buen humor, sonriéndole al chico del pan.
 
     —¡Gas venenoso!
 
     El apestoso pokémon comenzó a emanar un tóxico gas con tintes púrpuras hacia el aire, no obstante, sólo lo hicieron sus cráteres posteriores, los del frente no estaban dejando salir nada, ante lo que el Koffing comenzó a vibrar peligrosamente ante su asustado entrenador, aunque mantuvo esa curiosa expresión de satisfacción en su rostro a pesar de su riesgoso estado.
 
     Giovanni rápidamente tomó de la muñeca al muchacho del pan para comenzar a correr, seguidos por Meowth. Mientras se alejaban del callejón por la única salida, oyeron una explosión de sonido profundo que remeció los edificios colindantes, aromatizando el sector cercano con un desagradable aroma a desagüe y otras cosas fétidas.
 
     Salieron directamente a la calle más cercana, donde uno que otro auto pasaba, algunas personas se quedaron observando la particular apariencia del mayor de los dos jóvenes, no era común ver a alguien vestido con ropas mal cuidadas, que al mismo tiempo iba decorado con joyería de oro. Los prejuicios sociales no se hicieron de rogar, manifestándose a través de las agudas voces de los transeúntes.
 
     —¡Un ladrón!
 
     —¡Que alguien lo atrape!
 
     —¡Sigue corriendo! —advirtió.
 
     Los dos chicos y el felino continuaron corriendo por varias calles antes de llegar a una esquina de poca concurrencia en los suburbios más alejados del centro de Verde. La zona era de vista amplia, las casas no eran muy altas, no tenían más de dos pisos y no había mucha diferencia entre cada una, más allá de las remodelaciones que cada propietario le había hecho a la suya. Pararon para tomar aliento, aunque Giovanni no lo necesitó tanto, parecía estar acostumbrado a se perseguido.
 
     —¿Por qué…explotó…ese Koffing? —preguntó entrecortado, sentía cómo el corazón le latía fuerte en su pecho.
 
     —Meowth lanzó algunas de sus monedas a sus orificios, parece que se adentraron mucho —comentó sonriendo—. No te preocupes, se recuperará de eso —dijo al ver la cara de horror del rubio—. Aunque le costará hacerlo.
 
     —Como sea. Gracias por salvarme —dijo mientras recuperaba el aire—. Por cierto, soy Nicholas, mucho gusto.
 
     —Me caes bien, te diré Nick —Meowth se subió al hombro de su entrenador—. Ten más cuidado por donde andas. Y no vayas a comprar el pan tan lejos de casa.
 
   —Le diré a mi madre para que lo considere. Pero debo hacerte una pregunta más —se pasó la lengua por los labios para humedecérselos, nunca había tenido tantas ganas de tomar agua— ¿También eres un ladrón?
 
     —¿Tú también saldrás con ese prejuicio? Mi alta clase social se siente ofendida por aquella pregunta, estimado —se burló.
 
     —Es que cuando estabas en las escaleras vi que había una ventana abierta detrás de ti y lo que dijeron esos chicos… —explicó con un poco de temor—. Lo siento, es que mi memoria fotográfica me impide olvidar lo que veo.
 
     —Vaya —dijo, descansando sus manos en sus caderas—. Es verdad —admitió sin vergüenza—, he robado varias veces, pero te prometo que jamás lo volveré hacer.
 
     Giovanni le tendió amistosamente la mano para darle su palabra, el muchacho parecía ser una buena persona después de todo, por lo que Nick decidió responder al gesto de la misma manera. No obstante, el chico del pan notó algo familiar en la muñeca del entrenador del Meowth.
 
     —¿Ese es mi reloj? —preguntó al percatarse de que había caído ingenuamente en las mentiras del carismático ladrón.
 
     —¡Adiós!
 
     El felino saltó al suelo y guio el escape de su dueño por la solitaria calle, a lo lejos, ambos doblaron en una esquina, perdiéndose más allá de un enorme arbusto. Nick sólo pudo mirar cómo aquel muchacho se iba con su reloj como pago por haberlo salvado. Pero ahora tenía un nuevo problema.
 
     —Maldición, ahora estoy aún más lejos de casa.
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#3
(15 Oct 2020
07:05 PM)
Thranduil escribió:
habría

¡Damn it! Venía leyendo embobado el comienzo de tu capítulo tan preciosamente descrito hasta que me topo con la H prófuga que se coló por ahí. (?)
Igual es un mínimo nitpick, la verdad es que da gusto ver cómo evoluciona tu estilo después de toda la experiencia acumulada en Jack Evans.

Dejando eso de lado, tu impronta sigue tan presente acá como en tu otro fic. Me pregunto qué tanto tiempo te lleva escribir un capítulo así, por algún motivo te imagino bastante ágil y despreocupado para tipear, da la impresión de que lo hacés con naturalidad por la cadencia del escrito. Aunque, como pega, algunas veces hay un uso demasiado opulento u ostentoso de adjetivos y sustantivos que cortan un poco el ritmo. Sin embargo, lo compensás con creces porque... ¡Fuck! ¡Es una maldita historia de origen para Giovanni! Es divertido leerlo con una actitud mucho más cercana a los típicos reclutas del Team Rocket que como el líder y la mente maestra de la organización criminal en que se convirtió. Pero me gusta mucho esa faceta de tipo medio agrandado y canchero, de orígenes claramente humildes pero con mucha actitud frente a la vida. Me pregunto cuáles son sus ambiciones y qué lo va inflando en sus fechorías para volverlo una mala persona. Hasta ahora lo veo de forma muy empática y me cuesta verlo como el villano cruel que sé que será.

También me genera intriga el desdichado Nick, que parece que será el protagonista "segundón" de la historia, salvo que en el próximo capítulo pongas todo el foco ya sobre Gio. Pero es que su "memoria fotográfica" debe tener alguna función extra en la historia. Seguro que el malo maloso rocket lo recuerda y toma en cuenta para alguna de sus próximas fechorías. Podría ser útil.

Hace poco estuve muy enganchado con el anime "Great Predenter", que está en Netflix. Trata básicamente sobre ladrones, delincuentes y estafadores en general, y hay dinámicas de personajes re divertidas y carismáticas a raíz de sus fechorías. Leer este capítulo me dio muchas sensaciones parecidas con esa serie. Si no la viste, te la recomiendo mucho.

¡Espero seguir leyendo más cosas de este spin off / precuela tan genial! Saludos, Erfito.
[Imagen: O43dAdH.png]

Pokémon Crowned
Sueña mientras giren las agujas del reloj

"Este fic es un recopilatorio de cosas que me dan asco, me agobian y odio"
                                                                                                    —PKMNfanSakura
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#4
Holi

Por ahí me contaron que ibas a sacar un fic nuevo y vine a ver qué tal.

Mi primera impresión fue NO DIOS KANTO DE NUEVO NO! Pero bueno, es una historia de Giovanni chiquito y no la vamos a dejar asi nada más.

Me gusta la forma en que narras. Se siente casi como un abuelito contando una historia a sus nietos con frases como "y esos pobres pidgeys desvalidos" y así… bueno, supongo que así contaban las historias otros abuelos. Las del mío tenían frases como "la Rubí tenía unas tetas así de grandes". Pero entiendes el punto.

Años después conocí a la tal Rubí. Bah, no las tenía tan grandes. Ni tan firmes.

También me hace gracia lo caricaturizados que están los otros ladrones. Como si tuvieran carteles de "tipos malos" encima y Nick uno de "uke".

Also cuida un poco tus analogías porque un "oasis" en me DIO de un "océano" es un tanto redundante.

Ta interesante. Waaaaaay better que el principio de Jack Evans, algo de esperarse por el tiempo entre uno y otro.

Nos vemos
[Imagen: EdovJGiXkAYqwp4.jpg]
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#5
Holi.

@Tommy me siento avergonzado con lo del "habría". Más que demorarme en escribir un capítulo, me demoro en empezar a escribirlo, pero no lo hago todo de una vez, igual depende mucho de mi tiempo libre o de mi ánimo, hay un capítulo en que me demoré más de un mes. Siento que lo de los muchos adjetivos, se debe a que me siento algo ansioso por demostrar un avance en cuanto a la creación de una historia, tenía la intención de explayarme más de lo que pude con Jack Evans, y cuando escribí el 3er y 4to capítulo de House of Rocket, me percaté de que los dos primeros estaban muy cortos en comparación. La idea es mostrar la evolución de Giovanni de a poco, pero al mismo tiempo a un ritmo acelerado. Con House of Rocket quiero explicar muchas de las que he dudado su origen dentro de los juegos principales. La memoria fotográfica de Nick hasta ahora es sólo un complemento para el mismo Nick, pero no dudo en usarla más adelante, sólo voy en el capítulo 6. Pero tengo algo especial para Nick en el futuro.

@Maze puede que la narración haya tenido cierta influencia por la época en que ocurre, después de todo es en el pasado. ¿Esa Rubí es la de la telenovela que tiene como 3 adaptaciones? Quise hacerlos bien caricaturizados, para que no se viesen como una gran amenaza para Giovanni, pero el propósito de ellos estaba más bien en sus pokémon, son como un guiño a los futuros pokémon característicos de los miembros del Team Rocket. Cuando terminé Jack Evans, no quedé conforme con varios aspectos, uno de ellos fue justamente el inicio, fue muy lento y la única acción eran batallas amistosas. A pesar de que aquí también presento personajes, estoy intentado mostrarlos en medio de un problema, para que no se sienta lento.

Gracias a ambos por tomarse el tiempo de leer y comentar. Un beso grande. Los amo.

Capítulo 2 - Un pokémon para Nick
 
 
     Era un nuevo día en ciudad Verde, el sol iluminaba cálidamente los días pre invierno y los Pidgey ya revoloteaban la urbe buscando su comida, aunque de vez en cuando se podía ver algún Spearow perdido. Como cualquier día lunes por la mañana, las calles estaban llenas de gente en dirección a sus trabajos o en medio de alguna diligencia, mientras que Nick transitaba tranquilamente una concurrida avenida hacia su escuela, pensando en su anhelado futuro como investigador pokémon.
 
     Continuó caminando en dirección recta, ya podía ver el edificio principal de su blanca y pulcra escuela, una institución estudiantil hecha para los mejores estudiantes de la ciudad, por lo tanto, la más cara, no obstante, Nick había sido becado gracias a sus destacadas notas en diversas materias. A lo lejos podía divisar a varios de sus compañeros, no era alguien muy sociable, pero sus pares lo conocían por ser un estudiante sumamente curioso, era fácil verlo emocionado a la hora de averiguar algo nuevo. Y ese día no era la excepción, estaba deseoso de saber qué aprendería durante la jornada escolar, pensar en aquello era casi lo único que le hacía olvidar el frustrado asalto de hace algunos días.
 
     El sitio gozaba de amplio terreno boscoso aledaño, pues era bien sabido que existía una ordenanza municipal que mandataba a las constructoras a remover el árbol y buscarle un nuevo lugar, en caso de que éste entorpeciese las labores de construcción. La prestigiosa escuela no iba a ser la excepción, pero había aprovechado el terreno para ocuparlo a su favor, realizando actividades de campo y otras cosas que las escuelas de poco presupuesto sólo podían soñar.
 
     Estando a sólo una calle de la entrada, un brazo salió de detrás de un árbol, por el costado derecho de Nick, jalándolo bruscamente hacia el interior de una de las arboledas cercanas.
 
     —¡Hola, Nick! —exclamó amablemente un andrajoso chico.
 
     —¿Gi-Giovanni? —tartamudeó Nicholas— ¿Por qué me abordas así? —preguntó exaltado por la sorpresa, mientras Meowth se lamía el cuerpo a los pies de su entrenador.
 
     —¿Acaso no puedo venir a visitar a mi nuevo mejor amigo? —inquirió, parecía estar aún más animado que cuando se conocieron.
 
     —¿Qué? —dijo el chico absolutamente sorprendido— Supongo que me vas a devolver el reloj que me robaste.
 
     —Por favor, Nick. Yo nunca he robado, eso me ofende —mintió notoriamente—. La verdad es que he estado pensando en ti últimamente, en que eres un niñito debilucho y enclenque que no se la puede valer por sí sólo en el mundo exterior —Nick lo miró algo molesto por aquella innecesaria descripción, pero permitió que siguiese, sintió curiosidad por sus intenciones—. Entonces deduje que necesitas un pokémon. ¿Tienes un pokémon?
 
     —¡Claro que no! —reclamó Nick— No lo necesito. Yo quiero ser investigador pokémon, no entrenador —le comentó.
 
     —Por eso mismo lo necesitas, Nick —le evidenció—. ¿De qué te sirve ser investigador si no estás cerca de los pokémon?
 
     —En la escuela hay muchos a nuestra disposición —indicó—. Podemos acercarnos a ellos cuando queramos. Vas con el cuidador de los pokémon, le explicas que tienes una tarea o trabajo de investigación, él te da permiso y puedes pasar a observar su comportamiento. Si es un pokémon pequeño y dócil, puedes llevártelo, si es grande, debes observarlo con supervisión —Giovanni sólo lo miró por unos segundos sin poder creer toda esa aburrida burocracia alrededor del aprendizaje, incluso llegó a bostezar.
 
     —Veamos —suspiró—. ¿Quieres aprender sobre pokémon, mirando cómo se comporta uno en cautiverio? —preguntó el ladrón, pero el chico se mostró algo dubitativo— Por favor, Nick. ¡No puedes estudiar el lodo, sin pretender ensuciarte las manos! Si quieres estudiar a los pokémon, debes ir con los salvajes. Y para eso necesitas un Pokémon —refutó Giovanni antes de que le contestase, pero Nick no supo cómo responder—. ¿Lo ves? Sabes que tengo razón. Apuesto a que todos los cerebritos de tu colegio tienen uno. Te estás quedando atrás. Ven —lo abrazó por el hombro y comenzaron a caminar como dos buenos amigos planeando algo importante.
 
     —¡Pero no puedo ahora, debo ir a la escuela! —avisó—. Seguro dejarán tarea— el andrajoso joven se detuvo y lo miró por unos instantes.
 
     —Haré como que no escuché eso —contestó Giovanni y prosiguieron la caminata—. Te buscaremos un pokémon adecuado. Ya tengo uno en mente, te encantará…
 
     Caminaron durante media hora hacia los límites de la ciudad, rodeando casas de aspecto más rural, donde el prometedor progreso económico todavía no llegaba con sus caminos pavimentados, su sistema de luz eléctrica continua o agua potable. Se metieron entre los arbustos y los atravesaron para llegar a un relajado lago rodeado por maleza, sucedido por una pequeña porción de tierra colindante, totalmente flanqueados por frondosos árboles que se perdían en el inmenso bosque con el que se fusionaba la ciudad tan armoniosamente. Un rincón de la naturaleza exquisitamente aislado del ajetreo urbano.
 
     —¡Llegamos! —exclamó el ladrón— Un lugar escondido al sur de la ciudad, aunque varios vienen aquí, no muchos lo conocen.
 
     —Es un lugar muy bonito —comentó Nick, intentando no preocuparse por el futuro regaño que le darían por no haber ido a la escuela, no podía evitar sentirse culpable por su falta, pero no cumpliría su sueño encerrado entre cuatro paredes, por muy bonitas que fuesen.
 
     —Aquí vengo después de terminar con mi ardua jornada laboral de persona contribuyente —sonrió—. Sígueme.
 
     Rodearon la orilla del lago hasta llegar al otro lado, se podían ver algunos Spearow revoloteando por la zona, algunos disputando el territorio con una parvada de Pidgey, incluso apareció un Pidgeotto a defenderlos. Ambos chicos y el felino se escondieron detrás de unos matorrales, apoyándose cada uno en un árbol. Nick se sentó sobre una roca, no sin antes limpiarla. Giovanni solo observó su actuar, sabía que Nick necesitaría tiempo para acostumbrarse a la naturaleza y ser más arriesgado.
 
     —Esperaremos aquí —indicó el joven ladrón— y rezaremos porque ningún enjambre de Beedrill nos ataque.
 
     —¡¿Qué?! —exclamó, agarrando instintivamente su mochila, ni siquiera se percató de que se había parado.
 
     —Es broma —rió. Nick volvió a sentarse—. ¿Por qué quieres ser investigador pokémon? —cambió rápidamente de tema.
 
     —Pues, ¿conoces al profesor Oak?
 
     —El campeón de Kanto —respondió.
 
     —Así es. Pues el año pasado visitó mi escuela e hizo una charla, habló sobre lo que lo motivó a entrenar pokémon y que lo llevó a ganar la Liga Pokémon. ¿Adivinas qué fue? —esperó a que el ladrón lo adivinase, pero lo miró con cara de no saber— ¡Justamente fue la investigación pokémon, le hacía estar cerca de ellos! Él ve la investigación y el entrenamiento como disciplinas que van de la mano. Desde ese momento supe qué era lo mío, investigar.
 
     —Entonces estuvo bien traerte aquí —indicó Giovanni mientras observaba los alrededores, por si aparecía el pokémon que habían venido a capturar.
 
     —Sí, debo admitir que una parte de mí estaba esperando esta oportunidad —sonrió tímidamente—. Ver el mundo con mis propios ojos. Aunque debo reconocer que me gustaría descubrir algo importante, quizás…sentirme parte de la historia, con algún aporte que cambie...de alguna forma la vida de las personas —su reciente amigo pudo ver un leve brillo en su mirada.
 
     —¿Sabes? Tú y yo no somos tan diferentes después de todo —comentó Giovanni—. Yo también quiero hacerme de un nombre. No sé cómo lo haré exactamente, pero todos sabrán de mí algún día.
 
     —¿Y qué es lo que buscas? —preguntó intrigado.
 
     Giovanni se detuvo a pensar por un momento, sólo se había limitado a robar durante años, desde su escape del orfanato, no le gustaba seguir las reglas de la sociedad, la calle lo endureció y lo formó, aunque siempre fue prevenido en su actuar, sin mencionar su don natural para entrenar y criar pokémon. Pero sus ambiciones iban más allá, como cualquier joven, su mente se inundaba con tormentas de ideas, tan rápido como se le ocurría algo, venía otra idea más tentadora, necesitaba focalizar sus ideas y tomar una decisión. Aunque había algo que tenía sumamente claro, su meta.
 
     —¿Qué quiero yo? Lo quiero todo —lo miró con determinación por unos segundos, hasta que un ruido lo interrumpió—. ¡Mira! —susurró— Ahí está.
 
     Un regordete renacuajo apareció del lago, su húmeda piel era azul, algo opaca, dueño de unos ojos saltones, con pupilas negras, en sus manos parecía llevar unos guantes, tan blancos como su vientre, el que poseía un remolino negro dibujado en él. Aquella criatura parecía dócil y de amable carácter, su paso era firme y seguro.
 
     —Un Poliwhirl. Nunca había visto uno —susurró para sí mismo, aunque su amigo pudo oírlo. Nick no se percató, pero aquel vistazo le había emocionado de verdad, era una experiencia completamente nueva, sus años en aquella estirada escuela no se comparaban a ello—. ¿Por qué quieres un Poliwhirl para mí?
 
     —Cuando evolucione te protegerá muy bien.
 
     —Pero la piedra agua es muy rara —protestó.
 
     —No te preocupes, yo te consigo una —digo Giovanni sin mucha preocupación—. ¡Vamos! Te presto a Meowth. Sabe usar sorpresa, día de pago, corte y mofa.
 
     —Bien. ¡Sorpresa! —ordenó con poca seguridad.
 
     El felino saltó de entre los matorrales, por el costado izquierdo del desarrollado renacuajo, para embestirlo sorpresivamente en todo su rostro. La acuática criatura retrocedió algunos pasos, pero no por eso huyó del inesperado enfrentamiento, estaba dispuesto a llevar a cabo la batalla.
 
     El Poliwhirl alzó sus puños con orgullo y prestancia, listo para luchar, era bien sabido que su evolución es dueña de unos formidables músculos, no obstante, en esta etapa aún no estaban del todo desarrollados. Nick estaba consciente sobre ello, como de costumbre, lo había leído en un libro, por lo que esperaba poder usarlo a su favor.
 
     —¡Día de pago! —Meowth lanzó un puñado de monedas que golpearon en varias partes al renacuajo— ¿Es idea mía o el día de pago de tu Meowth hace más daño que el de otros? —preguntó con curiosidad, había visto aquel movimiento antes en televisión, de vez en cuando pasaban batallas, ya sea de la misma competencia en la Meseta Añil o de los recientemente inaugurados gimnasios pokémon, hechos para seleccionar a los entrenadores participantes de la Liga Pokémon.
 
     —Sí, pero nunca he sabido por qué —agregó Giovanni con felicidad—. Tal vez es porque…debe ser muy bueno haciéndolo.
 
     El pokémon de agua se abalanzó contra el gato para propinarle una serie de fuertes bofetadas en el rostro, dejándolo algo mareado por los continuos golpes.
 
     Nick observó la situación, intentando no dejarse llevar por sus nervios, por primera vez estaba teniendo una batalla pokémon. Sabía que tenía que derrotarlo, pero no estaba seguro de poder hacerlo, sólo estaba usando movimientos al azar, debía pensar en algo, alguna estrategia se le debería ocurrir. El delgado chico miró el alrededor del enfrentamiento y vio las posibilidades con una pequeña idea que surgió en su cabeza.
 
     —¡Meowth, usa mofa!
 
     El pokémon de Giovanni comenzó a burlarse del Poliwhirl salvaje, simulando no tomarse en serio la batalla. El renacuajo no demoró en irritarse por la acción de su contrincante, por lo que decidió lanzarse a éste para atacarlo con la fuerza de su cuerpo. Sin embargo, Meowth evadió ágilmente la ofensiva, provocando que su oponente se golpease con una roca a sus espaldas, quedando bastante mareado más no noqueado.
 
     —¡Excelente! —gritó el ladrón— Toma esto —le pasó una superball.
 
     —Son muy caras ¿Cómo conseguiste…? —Giovanni sólo lo miró, con una inocente sonrisa que lo decía todo— Creo que no preguntaré. ¡Pero esto está mal! —sentenció enojado y avergonzado.
 
     Nick lanzó la esférica cápsula hacia Poliwhirl, lleno de esperanza de tener su primer pokémon, ya se veía investigando junto a él, recorriendo lugares inhóspitos y haciendo descubrimientos revolucionarios que cambiarían el curso de la historia, todos en su compañía. Pero para su poca suerte, el pokémon de agua no estaba dispuesto a ser capturado, por lo que golpeó la superball, dirigiéndola involuntariamente hacia una perezosa criatura de pelaje rosado de la que no se habían percatado. Su expresión era tan boba que parecía no saber ni entender lo que sucedía en su cercanía, ni mucho menos supo que acababa de ser capturado.
 
     —Un Slowpoke —dijo Nick mientras se acercaba a la superball, al mismo tiempo que el Poliwhirl se paró para lanzarle un chorro de agua en todo su rostro, dejando al chico totalmente empapado. El renacuajo pareció burlarse y luego se fue del lugar—. Maravilloso.
 
     El rubio muchacho lo observó a través de la parte superior de la cápsula, sus orejas parecían ser enroscadas, su barbilla era amarillenta y la punta de su cola era blanca, aunque los colores se distorsionaban con el azul de la superball. El Slowpoke lo observó con la boca abierta, como si recién se estuviese percatando de que de ahora en adelante tendría un entrenador, un amigo humano.
 
     —Bueno, no era lo que esperábamos, pero ahí está, tu primer pokémon —comentó Giovanni, dándole una amistosa palmada en la espalda—. Ahora debo irme…adiós —dio media vuelta y comenzó a caminar tranquilamente, no sin antes tomar en brazos a Meowth, como si fuese un niño pequeño.
 
     —¿Pero qué debo hacer ahora?
 
     —Criarlo, cuidarlo. Crezcan juntos. Averigua cuáles son sus cualidades —aconsejó el ladrón—. Tómalo como un desafío, como una investigación —le sonrió.
 
     —¿Qué harás tú?
 
     —Tengo preparado algo muy bueno —contestó mientras se alejaba—. ¡Pronto tendrás noticias de mí, pero no de la manera que esperas!
 
     En segundos, Giovanni desapareció de su vista, entre los árboles cerca de la orilla del lago. Ahora Nick tenía un compañero pokémon, lo único que sabía de los Slowpoke lo había leído en un libro, ahora experimentaría su famosa lentitud desde cerca.
 
     Pasó el día y la noche llegó para quedarse por algunas horas, las luminarias se encendieron para repeler las sombras y las calles poco a poco se fueron vaciando. Por un callejón oscuro, una feliz pareja se atrevía a adentrarse para acortar camino, en un abrir y cerrar de ojos fueron interceptados por tres sujetos, con el mismo modus operandi que usaron contra aquel chico con la bolsa de pan.
 
     Esta vez, la pandilla de rufianes se salió con la suya, Raticate, Ekans y Koffing amedrentaron a la pareja, quienes salieron huyendo despavoridos del lugar, sin sus pertenencias de valor y con un susto que recordarían cada vez que quisiesen aventurarse a salir de noche nuevamente.
 
     —Hemos tenido muy buena racha esta semana —dijo sonriente el líder mientras analizaba de cerca el collar de la mujer.
 
     —Así veo, Irvin —dijo una voz profunda desde la oscuridad, los ojos de Meowth emitieron un brillo tan inquietante que hizo que los pokémon de la pandilla se pusieran en alerta. Giovanni se dejó ver por la poca luz del lugar, tan sonriente y sin miedo como acostumbraba a mostrarse.
 
     —¿Cuánto rato llevas ahí? —demandó saber el líder, no tenía ganas de tener más problemas con Giovanni, ya les había dado una paliza hace días y se habían convertido en el hazme reír de los delincuentes. Sus últimos atracos habían sido principalmente para recuperar el respeto de sus pares.
 
     —El suficiente —contestó con suma calma. Su felino seguía tan intimidante que no parecía el mismo pokémon que había ayudado a Nick con la captura.
 
     —¿Qué quieres?
 
     —Vengo a hacerles una oferta que no podrán rechazar —sonrió, con un malicioso mirar.
[Imagen: giphy.gif]
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#6
Me gusta imaginar que si este fic fuese un anime tendría todo pintado en tonos sepia. Todavía no se juega demasiado con el pasado, porque después de todo tampoco sucedió tantos años antes de RGB, pues Giovanni no debe tener más de cuarenta en esa época. Vemos que Oak ya es profesor, supongo que le llevará unos veinte años al maloso. ¿Y con qué rima "maloso"? CON MAFIOSO.
Bueno, sí, gran pensamiento, Tommy idiota. Claramente es un mafioso, pero es que la frase final es tan evidente que hasta la leí con esta legendaria melodía sonando de fondo en mi cabeza.



Los personajes están dando pasitos de bebé, pero el tipo ya se las arregló para conseguir objetos valiosos y, aparentemente, una interesante cantidad de información, aunque ante Nick no se muestre tan interesado en Oak. Parece que él mismo está cumpliendo la función de "profesor pokémon" obsequiándole un pokémon inicial. ¿Se habrá frustrado porque Nick no consiguió atrapar a Poliwhirl y en cambio obtuvo un tonto Slowpoke? Uhmmm técnicamente un Slowbro podría darle muchos problemas a los pokémon venenosos en los que tanto se especializará el Team Rocket. Gio ya empezó a reclutar gente para que hagan las fechorías en su lugar. Es todo un pillín.

No tengo mucho más para comentar, la historia recién arranca y todavía no despegó, hay que darle pista para tomar carrera. Espero ver con qué nos sorprendés más adelante.
[Imagen: O43dAdH.png]

Pokémon Crowned
Sueña mientras giren las agujas del reloj

"Este fic es un recopilatorio de cosas que me dan asco, me agobian y odio"
                                                                                                    —PKMNfanSakura
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#7
Holi.

@Tommy justamente con la frase final hice una referencia al "El Padrino", como Giovanni está basado en un mafioso, no se puede no hacer una referencia a esa trilogía. La idea de Giovanni de esa forma, es que se aprecie que es alguien adelantado y precavido a los hechos, quiero mostrarlo como alguien inteligente, astuto. Ese capítulo fue más como para profundizar un poco la relación entre Giovanni y Nick, planeo que este último tenga un papel importante más adelante y que haya atrapado a Slowpoke y no a Poliwhirl no es casual.

Luego de escribir el segundo capítulo estuve un buen tiempo sin escribir el tercero y me replanteé la rapidez con la que estaba haciendo los hechos, sentía que me estaba quedando con el mismo ritmo de Jack Evans y con la falta de detalles que la misma presentó. Tal vez se note un cambio en la narración con el capítulo que viene ahora.

Un beso enorme y gracias por seguir leyendo y comentando.

Capítulo 3 - La Banda Cohete
 
 
     El sol yacía en lo más alto del día, alumbrando cálidamente luego de una mañana refrescante de llovizna matutina. Algunos niños jugaban en la calle con sus pequeños pokémon y uno que otro Pidgey revoloteaba por el lugar, dándole un alegre toque a aquella zona dentro de ciudad Verde.
 
     Un escuálido chico de quince años apareció doblando la esquina de uno de sus pasajes, corriendo con prisa hasta detenerse ante su casa, una modesta morada que no resaltaba dentro de los suburbios. Subió las escaleras con tanto apuro que casi resbaló, luego entró a su habitación, lanzó lejos su pesada mochila y dejó salir por un rato a su retardado nuevo compañero.
 
     Ya llevaba alrededor de un mes junto a Slowpoke y en ese corto tiempo habían visitado varios lugares en las afueras de la ciudad, pero siempre cuidando no alejarse mucho. Estaba decidido a cumplir su sueño, pero no cualquier sueño, sino uno difícil de explicar, pero fácil de entender. Nick gozaba de memoria fotográfica, lo que le hacía recordar hasta el más mínimo detalle de lo que veía o leía, sus favoritos eran los libros sobre pokémon, aunque no existiera una enciclopedia definitiva que los abarcase a todos, él tenía la intención de conocer y descubrir todo sobre ellos. Anhelaba dejar su nombre en la historia de la investigación pokémon. Algún día realizaría un descubrimiento importante, deseaba cambiar el mundo de alguna forma. No obstante, ahora sólo podía limitarse a explorar diferentes lugares cercanos junto con su nuevo pokémon después de clases. Giovanni lo había animado a salir de las cuatro paredes de su hogar y escuela, para tocar el mundo con sus propias manos, pues su sueño no se movería hacia él.
 
     —Ya estuve pensando hacia dónde ir —dijo Nick a Slowpoke mientras se cambiaba de ropa—. Queda hacia el sur de la ciudad, por el camino que lleva a Paleta. Te encantará. Escuché que alguien dijo que había visto un Rattata de color verde —le informó con entusiasmo, a lo que su retardado compañero sólo lo miró, sin entender lo que pasaba—. Sabía que también te emocionarías por eso, Flash —sonrió.
 
     Tomó su mochila, con su libro de notas, un lápiz, comida, una botella con agua y binoculares, y volvió a guardar a Flash en su superball. Se dispuso a salir, pero el periódico sobre su escritorio lo detuvo, su madre lo había dejado en la mañana. Leyó los titulares, para luego buscar la noticia que más le llamó la atención.
 
Nuevo Asalto de la Banda Cohete
 
     La joyería Brillo de Staryu, famosa por comerciar con perlas traídas de la lejana región Hoenn, ha sido la última víctima de la infame Banda Cohete, culpable de una serie de atracos a diferentes locales comerciales de Ciudad Verde.
 
     Durante la noche del 10 de julio, Adelaida Fernández, dueña de la prestigiosa joyería, y su hijo Casimiro, fueron violentados por un grupo de cuatro sujetos encapuchados, acompañados por un Meowth y un Raticate que los vigilaron en todo momento. La policía investiga el hecho utilizando las cámaras de seguridad, hasta ahora sólo se ha averiguado que ocuparon el ácido de Ekans para abrir la caja fuerte y el humo de Koffing para escapar. Evidenciando y repitiendo el modus operandi de los ataques anteriores.
 
     Nick dejó el periódico sobre el escritorio y permaneció quieto por unos instantes, era obvio que se trataba de Giovanni y, por lo que leyó, había hecho un trato con aquellos que intentaron asaltarlo. No sabía si sentirse decepcionado o no, aquel ladrón lo había ayudado en dos ocasiones, junto a él no se mostraba como una mala persona, pero el asalto a la joyería y los demás habían sido efectuados con violencia. No podía confiar del todo en aquel carismático muchacho.
 
     El chico bajó las escaleras y continuó con sus planes, intentando no pensar en ello.
 
     En otra parte de la ciudad, específicamente hacia el norte de la verdosa urbe, yacía una casa con la pintura mal cuidada, la poca maleza que logró crecer en aquella infértil tierra estaba sin podar, simulando una pequeña selva, sus vidrios llevaban años sin sentir siquiera un trapo por su superficie, el tejado estaba dañado y los vecinos no se acercaban a la morada, muchos de ellos cruzaban la calle cuando debían pasar por su frente, pues en más de una ocasión se había escuchado algún ruido extraño o una luz en su interior, y muy bien sabían que aquel lugar estaba abandonado desde hace mucho tiempo.
 
     Su interior no estaba menos deteriorado y carcomido por el implacable tiempo, las paredes hacían gala de un moho que era la principal decoración, había una mesa podrida en la mayor penumbra de la sala de estar y el polvo era el amo y señor indiscutible.
 
     —Que lugar tan horrible —agregó Irvin con notoria molestia—. Deberíamos buscar un mejor sitio para dejar nuestras cosas. No creo que esas joyas aguanten mucho antes de que su metal comience a corroer.
 
     —Podríamos limpiar el lugar —propuso uno de sus compañeros, sus manos eran toscas, mientras que su mirada lo hacía verse atolondrado—. ¿Qué piensas tú, Toshiro?
 
     —¡Claro que no, Elías! —contestó mientras comía una rosquilla, tenía el cabello graso y ojos rasgados— Los vecinos podrían sospechar y llamar a la policía.
 
     —Es verdad —indicó Elías mientras se sentaba sobre una silla que había resistido el paso del tiempo, cerca de su Ekans—. Al menos, desde que nos asociamos con Giovanni, nuestras ganancias han aumentado.
 
      —Odio admitirlo, pero es verdad —intervino Irvin—. Aceptar su trato es lo mejor que hemos hecho, aunque tengamos que recibir sus órdenes. Me pregunto qué planeará ahora.
 
      —Algo grande que nos llevará a la gloria —contestó Giovanni a sus espaldas, acababa de entrar por un pasillo, su presencia era intimidante en aquella polvorienta oscuridad, mientras que su voz grave y jovial le otorgaban un tono temerario e imprudente. Meowth apareció por su costado, como un dueño por su casa—. Tendremos un prometedor lugar en los carteles de Se Busca. Temerán nuestro nombre.
 
     —Preferiría mantener el anonimato —apuntó Irvin.
 
     —Y así será, mi amigo —aseguró Giovanni mientras se sentaba sobre una silla, Meowth se subió a su regazo para acurrucarse—. El nombre de nuestra banda será el conocido.
 
     —¿Y qué es lo que planeaste? —preguntó Elías.
 
     —Robar el Banco de Verde.
 
     Desde el día en que llegaron a aquella maltrecha casucha, se había esparcido el conveniente rumor de que aquel sitio había sido víctima de un maleficio, o alguna cosa extraña de índole paranormal, pues los repentinos ruidos les hicieron creer a los vecinos que el lugar estaba infestado de fantasmas y por tal motivo era evitado. A sus ilegales inquilinos esto les caía como anillo al dedo, podían gozar de tranquilidad siempre y cuando fuesen cautelosos a la hora de entrar y salir del lugar.
 
     Los días pasaron lentamente, pero cada integrante de la Banda Cohete tuvo el tiempo suficiente para aprender y memorizar cada paso del elaborado plan de Giovanni. Era perfecto, decían, nada podía fallar, su moral delictiva había subido a lo más alto, sentían que nada los podía detener, ni siquiera el tempranamente canoso campeón de Kanto, quien ya llevaba un año y medio en aquel puesto.
 
     La noche cayó sobre la ciudad como una sombra implacable, las calles estaban más silenciosas de lo normal, como si preparasen el ambiente para algo grande e histórico, como la calma antes de la tormenta, ni siquiera se escuchaban vehículos en la lejanía. Esperaron hasta que la última luz de las casas aledañas se apagase para salir de la morada, tomaron unas bicicletas robadas y pedalearon por las vacías avenidas.
 
     Arribaron al banco, por el costado derecho desde la plaza principal del centro de la ciudad, las cámaras del recinto grababan de forma continua, por lo que procuraron mantener su rostro tapado en todo momento. Con la oscuridad no era posible apreciarlo, pero el edificio tenía una reconocible estructura antecedida por pilares circulares de mármol, un diseño muy marcado por el estilo grecorromano, su entrada eran dos puertas de vidrio, pero no era posible verla por el horario, una cortina de metal y unas rejas la cubrían, de igual modo a las ventanas. Tenía dos pisos de alto y un techo en forma triangular, pero no era un lugar muy grande después de todo. Los ladrones dejaron sus bicis cerca de los tarros de basura.
 
     Giovanni dejó salir a Meowth, quien subió la muralla tan ágil como su cuerpo se lo permitía, llegó hasta el ducto de ventilación y con sus uñas fue capaz de sacar cada tornillo para tener acceso, aunque se tomó su tiempo. El felino entró y se perdió en la oscuridad.
 
     —¿Crees que lo logre? —dudó Irvin.
 
     —Ese Meowth es más inteligente de lo que parece —contestó Giovanni—. Lo capturé intentando robarme.
 
     Al rato de quince minutos, la salida de emergencia se abrió, era una puerta de acero verde impenetrable desde el exterior, pero por dentro sólo había que jalar de una palanca para abrirla, naturalmente, esta daba con la sala principal del banco. Los jóvenes delincuentes entraron con rapidez, esquivando los terciopelados asientos disponibles para el público, el piso era de losa blanca y había varias oficinas separadas por delgadas paredes de vidrio. Sacaron a sus pokémon, Raticate, Ekans y Koffing, en caso de que fuese necesario.
 
     Toshiro se acercó a la entrada, pues a su costado derecho estaba el cuarto de seguridad, como las cámaras filmaban toda la noche, no era necesario dejar a alguien vigilando. El sujeto desconectó las cámaras y borró todo lo que había sido grabado durante los últimos tres días, también apagó la alarma de seguridad, podrían hacer cualquier cosa y nadie se percataría hasta el otro día, cuando abriese el banco por la mañana.
 
     Los cuatro avanzaron hacia el fondo del banco, por un pasillo estrecho iluminado por luces tenues que dejaban ver lo necesario. No demoraron en dar con la bóveda, antecedida y resguardada por una puerta circular de acero, más resistente que la puerta de seguridad, para su fortuna, la alarma era el único resguardo anti robo, por lo que sólo debían girar la enorme palanca para acceder al dinero.
 
     —¿Cómo averiguaste todo esto? —preguntó Elías mientras todos despejaban su rostro para poder observar y respirar mejor.
 
     —Me hice pasar por un cliente —contestó Giovanni mientras giraba la palanca—. Por eso robamos ropa fina hace dos semanas —sonrió al mismo tiempo que sacaba un mugriento saco de un color blanco que ya no se podía apreciar.
 
     Entraron a la bóveda, la habitación no era muy grande, sin embargo, la cantidad de dinero guardado en aquel lugar llegaba a ser grotesca, perfectamente podría ser insultante e incómodo para una familia de escasos recursos que lucha por llegar a fin de mes, pero al mismo tiempo era un deleite ante la mirada de codiciosos, como los que ahora hurgaban aquel sitio. Cada uno comenzó a llenar su saco, priorizando los fardos con billetes de más alto valor, pues no podrían llevárselo todo y eso hería levemente su orgullo de ladrón, pero no había más que hacer, de haber usado un vehículo, los vecinos de su carcomida residencia hubiesen sospechado de inmediato.
 
     —Vamos.
 
     Caminaron con determinación hacia la sala, donde sus pokémon los esperaban, estaban ad portas de logar su cometido, lo celebrarían en grande, comerían en los mejores restaurantes de la ciudad, beberían los mejores licores y un montón de cosas más. Ya veía el nombre de la banda en la primera plana de los diarios, el canal regional hablaría de ellos, incluso saldrían en el noticiero de la cadena nacional. Pero al llegar al vestíbulo, se sintieron más acompañados de lo que esperaban.
 
     Una gran horda de aves los estaba rodeando, estaban en todas partes, mirando a los cuatro entrenadores y sus pokémon desde los estantes, mesas, sillas, incluso desde el segundo piso. Sus plumas eran marrón en la parte posterior de su cuerpo y en el rostro, mientras que el resto era de un beige que parecía un blanco sucio, sus picos y patas eran amarillos, ostentaban una marca negra sobre sus ojos, y todos, sin excepción, llevaban orgullosamente un puerro. Eran un grupo de patos, dueños de un aspecto salvaje, aunque parecían estar entrenados para sorprender a eventuales intrusos.
 
     —¿Farfetch’d? —preguntó Toshiro— ¿Cómo es que tienen tantos? Son muy raros. ¿Y por qué Farfetch’d? ¿Por qué no otro pokémon?
 
     —Ahora entiendo por qué no hay vigilancia —apuntó Irvin—. Giovanni, ¿no viste esto cuando simulabas ser un cliente? —inquirió, ignorando las dudas de su compañero.
 
     —No —contestó molesto por la sorpresa—. No estoy seguro, pero los Farfetch’d cumplen dos funciones, sus tamaños y técnicas no destruirán el lugar, y al ser tan raros, los eventuales intrusos no sabrán cómo contrarrestar sus movimientos, porque no sabrán mucho sobre ellos —supuso el líder de los ladrones, pues no sabía mucho sobre aquellos pokémon.
 
     Uno de ellos caminó hacia adelante, con su seguridad y gallardía elevó su puerro, dando a su séquito la orden de atacar a los intrusos. Las aves se abalanzaron sobre ellos, desde todas direcciones fueron atacados por aquellos patos. No sólo los pokémon debieron hacer frente a la ofensiva, sus entrenadores de mala vida también ayudaron, pegando patadas y manotazos hacia todos lados, pero nada parecía tener mucho efecto sobre la horda, tenían un espíritu guerrero e incansable que no les daba respiro a sus oponentes.
 
     Giovanni agarró al que parecía su líder, apenas logró sujetarlo contra el suelo, mientras Meowth le lanzaba monedas brillantes a cualquiera que intentase atacarlo. El ladrón creyó que atacando al pokémon que dirigía la pequeña ofensiva, podría hacer retroceder al resto, pero no hubo caso, el Farfetch’d siguió pataleando desde su posición, utilizando el puerro para intentar soltarse.
 
     —¡Maldito pato! ¡Ocupas tu puerro para todo! —Giovanni lo pensó por pocos segundo, luego le quitó el puerro y lo soltó, empujándolo algunos metros. El ave se dispuso a golpearlo nuevamente, pero al percatarse de que ya no tenía su preciada arma, comenzó a mostrarse más temeroso e inseguro— ¡Ajá! ¡Quítenle sus puerros!
 
     Los demás escucharon las palabras del chico, comenzaron a arrancarles los puerros a las aves y una por una fueron retrocediendo espantadas, muchas de ellas tristes por no tener sus preciadas armas.
 
     —¡Ahora, ataquen! ¡Día de pago!
 
     —¡Mordisco!
 
     —¡Híper colmillo!
 
     —¡Residuos!
 
     En menos de un minuto, los cuatro pokémon derribaron a la desprotegida e insegura horda, dejando el vestíbulo lleno de patos salvajes inconscientes regados por el suelo.
 
     —Sigo pensando en que son demasiados Farfetch’d juntos —sentenció Toshiro mientras volvía a tomar su bolsa con dinero—. ¿Será algo ilegal? —los demás sólo lo observaron por un momento.
 
     —¿Tenerlos encerrados en malas condiciones? Sí —respondió Irvin— ¿Desde cuándo te preocupas por el bienestar de otros pokémon que no sean tu Ekans?
 
     —Me refiero a que son una cantidad muy grande —aclaró—. Su procedencia debe ser ilegal. Podríamos chantajear a los dueños —propuso con una sonrisa boba.
 
     —¡No seas idiota! —exclamó Elías— El banco es estatal.
 
     —No del todo —interrumpió Giovanni—. El estado es sólo uno de los accionistas de este lugar, ocurre así en la mayoría de los bancos del país. Pero en los de Kanto, el estado no es el accionista mayoritario.
 
     —¿Cómo sabes eso?
 
     —Para dar grandes golpes hay que pensar en grande —contestó Giovanni, sonriendo modestamente—. Un ladrón debe ser precavido y estar siempre bien informado. Lo más valioso en este mundo, mi estimado Toshiro, es la información.
 
     —Como sea. ¿Quién es el accionista mayoritario? —preguntó Irvin con mucha curiosidad.
 
     —No lo sé.
 
     Mintió, pero pudo disimularlo sin dificultad. Sabía perfectamente quién era, pero como le había comunicado a sus compañeros, la información es lo más valioso del mundo, y no es algo que se pueda dar gratis. Además, aunque no había visto ninguna conducta sospechosa, no confiaba del todo en ellos.
 
     —Entonces, si no podemos chantajearlos, deberíamos robarlos y venderlos en el mercado negro —propuso Elías con una gran sonrisa de triunfo apresurado.
 
     —No —se negó Irvin, mirando seriamente a Toshiro y Elías—. No tenemos pokéballs para transportarlos. Además, ya hemos perdido mucho tiempo peleando y conversando, ¿o no? —preguntó mirando a Giovanni.
 
     —Sí. Vámonos —concordó.
 
     Se dispusieron a marcharse cuanto antes del lugar, el ataque de los Farfetch’d los había tomado por sorpresa y estaban exhaustos, sólo querían volver a su mugrosa casa y descansar. Pero no alcanzaron a dar ni un solo paso antes de escuchar un intenso sonido. Giovanni sintió cómo su sangre se congelaba.
 
     Las sirenas comenzaron a sonar en las afueras del banco, no podían ver las luces, todo estaba cerrado, pero ahí estaban las patrullas, rodeando a la ultrajada edificación, los policías habían llegado en el momento justo, como si hubiesen adivinado el asalto.
 
     Por unos segundos que parecieron una eternidad, Giovanni dejó de sentir lo que lo rodeaba, su mente se inundó de temor, su corazón se había acelerado y no lo había notado. —¿Acaso he perdido el control? ¿Qué haré ahora? —se cuestionó pensando. Nunca había sido pillado antes, sólo era conocido entre los ladrones y lo respetaban por su habilidad en batalla. Era un fuerte golpe a su ego. —¿Cómo pudieron descubrirme? El plan era perfecto —continuó divagando en su interior, perdiéndose en sus pensamientos, ni siquiera se percató del sudor frío recorriendo su espalda, se sintió mareado y nauseabundo. No deseaba ser capturado. Sintió miedo, un nudo en la garganta que no lo dejaba gritar. Pero todo desapareció cuando escuchó una voz diciendo inesperadas palabras.
 
     —Esta no te la esperabas, ¿verdad? —dijo Elías, con una maliciosa mirada que despertó la ira en Giovanni, aun así se controló, decidió ser cauteloso ante lo inesperado, casi por instinto prefirió la precaución, olvidando sus temores por un instante, no les daría la satisfacción.
 
     —Sé más claro —demandó, se sentía rodeado por sus tres compañeros, con sus pokémon por delante, dispuestos a atacar si era necesario, el único a su lado era Meowth, receloso y en estado de alerta, tan confundido como su amo.
 
     —Nosotros les avisamos a los policías —intervino Toshiro, con sus ojos más pequeños de lo normal gracias a su triunfante sonrisa, por un segundo se vio menos bobo.
 
     —¿Por qué? —preguntó Giovanni— ¿Por qué me traicionaron? ¡Pudimos estar en la gloria del crimen! ¡En la cúspide de los ladrones!
 
     —¡No, Giovanni! —lo interrumpió Irvin— Eso es lo que tú quieres. Nunca entendí realmente esa innecesaria ambición tuya por tenerlo todo —comentó con desdén—. Nosotros robamos porque es el estilo de vida que nos tocó y escogimos seguir con él. Pero tú anhelas gloria, estatus. Quieres ir más allá y no es el camino que queremos seguir —sonrió—. Pero ese no es el motivo principal —continuó con un leve regocijo en su hablar que le hacía parecer más feliz—. Aceptamos subordinarnos sólo para estar cerca de ti y sacarte del camino. Siempre has sido el mejor ladrón de Verde, incluso le robas a otros ladrones, robas las mejores cosas y eres sumamente hábil en batalla —su sonrisa aumentó, casi parecía que estuviese burlándose, y tal vez lo estaba haciendo.
 
     Giovanni sintió arder su sangre, deseaba golpear a sus ahora ex colegas hasta dejarlos inconscientes como los Farfetch’d a su alrededor. ¿Acaso todo era cuestión de envidia? ¿Tanto era el odio que había generado? Robar le resultaba tan fácil que para él no era más que un juego de niños, nunca se lo había tomado demasiado en serio, y por eso siempre había tenido una actitud tan relajada ante eventualidades. Pero nunca había enfrentado una puñalada por la espalda, era la primera vez que tenía compañeros de trabajo y se estaba llevando una muy mala experiencia de vida.
 
     —¡Seremos héroes entre ladrones! —se jactó Toshiro, con una risa que Giovanni encontró más despreciable que nunca, desde que lo vio por primera vez en algún callejón olvidado, siempre lo consideró un estúpido. El único medianamente inteligente del trío de bastardos era Irvin.
 
     —¡Tendremos la gloria que tanto deseas! —alardeó Elías mientras observaba a Giovanni, quien no demoró en devolverle una mirada furiosa y llena de odio, aun así no le importó, su triunfo por sobre el respetado ladrón era evidente y su encierro inminente— ¿Cómo la ves, imbécil? Tendrás tu merecido y nosotros tendremos el respeto de los demás. Espero que la noticia de los Farfetch’d en malas condiciones no opaque tu extraña aparición dentro del banco sin dinero.
 
     —¡Ustedes también están aquí atrapados! —apuntó Giovanni en medio de la desagradable humillación de la que era víctima.
 
     —¡Oh, no! ¡Tienes razón! —sobreactuó Toshiro con falsa preocupación, seguido de una risotada más irritante que la anterior— Parece que alguien continúa subestimándonos.
 
     Irvin sacó una pokéball para liberar a la criatura en su interior, aquel ser tenía la apariencia de un zorro bípedo con piel de un tono amarillo opaco, parecía gozar de una especie de armadura en su tórax y hombreras de un color marrón oscuro, su cola era gruesa y sus ojos estaban cerrados, como si estuviese hundido en un inquebrantable letargo. Desde que apareció se mantuvo levitando.
 
     —Como habrás deducido —explicó Irvin victorioso—. Abra nos sacará de aquí. Sus habilidades psíquicas se extienden a teletransportarse, para huir de depredadores o inesperados enfrentamientos —ya podía imaginar a Giovanni tras las rejas, por un largo período de tiempo, no podía más de felicidad—. Admítelo, es tu fin.
 
     Un estruendoso sonido los interrumpió de su mal habido jolgorio, los policías se disponían a entrar, estaban intentando derribar las rejas y las cortinas de metal, no esperarían a que llegase el gerente con las llaves.
 
     —Hasta nunca, Giovanni. Fuiste un digno rival —dijo Irvin, para luego desparecer junto a sus compañeros, pokémon y los sacos de dinero, no dejarían algo así detrás.
 
     Mientras tanto en el exterior, unos canes de suave pelaje anaranjado con rayas negras lanzaban poderosas llamaradas contra las metálicas cortinas de seguridad, intentando derretirles el centro para crear un agujero lo suficientemente espacioso para que los policías entrasen. Growlithe y, su en ese entonces rara evolución, Arcanine, eran conocidos por su lealtad hacia su entrenador, haciéndolos ideales para el uso policial.
 
     Una vez agujeradas las cortinas de metal y destruidas las rejas protectoras, los perros se hicieron a un lado para permitir el paso de unos agradables renacuajos azules, con su vientre blanco y una línea en ellos con forma de remolino. Los Poliwhirl lanzaron chorros de agua contra la zona derretida, para enfriarla y permitir el acceso de la fuerza policiaca. Alguien les había avisado esa misma tarde que la Banda Cohete asaltaría el banco pasada la media noche, no sabían si era una broma o no, pero no podían darse el lujo de no ir y tomar las precauciones correspondientes.
 
     Los policías ingresaron, seguidos de sus fieles canes, con lumas en alto, incluso escudos antidisturbios para repeler algún ataque directo, estaban dispuestos a un enfrentamiento, debían atraparlos a como dé lugar, pero lo que hallaron ahí no fue de su agrado. El vestíbulo estaba lleno de Farfetch’d heridos, algunos pocos estaban despertando, pero lo más impactante era el enorme agujero en medio de la sala, con la losa destruida a su alrededor, estaba hecho para el escape de una persona de tamaño adulto, quien sea que haya violado la seguridad había escapado por ahí, sólo debían seguir el túnel.
 
     Lejos de aquel bullicio impregnado por la más inesperada traición, Giovanni abandonaba el final del túnel, en un terreno baldío en medio de los suburbios de Verde, mirando hacia los grandes edificios del centro en la lejanía, corría una leve brisa fría, muy acorde a lo que en ese momento sentía su corazón, tristeza y decepción. Además de su Meowth, lo acompañaba un Rhyhorn, una criatura cuadrúpeda, de piel gris acorazada con formaciones rocosas y un pequeño cuerno en su frente. Gracias a él había logrado escapar del banco, fue una real fortuna haberlo capturado sin que sus traidores compañeros lo supiesen, son extremadamente raros por aquellos lugares.
 
     En cualquier momento la policía atravesaría el túnel artificial para arrestarlo, debía escapar lo antes posible de aquel sitio, guardó a Rhyhorn y junto a Meowth comenzó a andar a paso rápido sin rumbo definido, estaba sumido en sus pensamientos. Tenía claro que ya no podría seguir robando en Verde, sabía del odio del resto de los ladrones hacia él, pero podía estar seguro de que Irvin y los demás no delatarían su nombre a la policía, pues, de hacerlo, él lo haría con ellos.
 
     Repentinamente llegó a un modesto hogar, tenía su jardín bien cuidado pero no era posible apreciarlo con la luz de las luminarias, decidió rodear la casa para entrar por detrás, ni siquiera lo pensó dos veces, necesitaba hacerlo. El seguro de la ventana estaba convenientemente abierto. Entró con sigilo, subió las escaleras con calma, para no despertar a nadie, su intención no era robar. Llegó a una habitación ordenada, había una mesa llena de libros con anotaciones y dibujos de diferentes pokémon, cada detalle había sido graficado, pues aquel que lo había hecho gozaba de memoria fotográfica.
 
     Giovanni movió con cuidado a aquel chico que dormía plácidamente sobre una cama suave, el ladrón nunca había conocido algo semejante en su vida, ni siquiera en el orfanato había tenido tal comodidad. Sintió envidia, pero su pasado no era culpa de Nick. El escuálido joven despertó y pegó un salto al ver a un sujeto en su habitación, acompañado de una felina sombra con enormes ojos brillantes que parecían atravesarlo mientras lo miraban. No demoró en reconocer al caído líder de la Banda Cohete.
 
     —¿Qué haces aquí? —le preguntó en voz baja y con preocupación. La cara de Giovanni expresaba un evidente malestar y decepción. Era tristeza lo que podía ver en sus ojos, no se veía tan sagaz como otras veces, por lo que no insistió en que respondiera a su pregunta.
 
     —Lo siento, no quise asustarte —se disculpó—. Veo que te encariñaste con Slowpoke —el lento pokémon estaba a los pies de Nick, durmiendo sobre la cama.
 
     —Sí —dijo mientras prendía la lámpara de su velador—. Su nombre es Flash.
 
     —¿Flash? —dijo al mismo tiempo que evitaba sonreír, no quería ofender al que creía que era su único amigo.
 
     —¡Así es! —afirmó—. Es que hice un pequeño experimento sobre su reacción. Cuando lo vi dentro de la superball cuando lo capturé, me pareció que su reacción no era tan retardada como debiese ser. Entonces busqué a alguien con otro Slowpoke e hice la prueba.
 
     —¿Y cuál fue tu conclusión?
 
     Giovanni pudo ver que ya no era el mismo Nick de la última vez, había un entusiasmo en su hablar que la inseguridad ya no podía opacar. Por un momento se alegró de haber hecho algo bueno por alguien.
 
     —Les di comida a los dos Slowpoke, al mismo tiempo y adivina —le propuso sonriendo, pero Giovanni sólo lo miró sin saber qué decir—. Se la comió dos segundos antes que el otro Slowpoke —reveló con una sonrisa aún más grande, a lo que Giovanni so supo cómo reaccionar, manteniendo la misma expresión de antes—. ¡Mi Slowpoke es más rápido de lo normal! —rió— Se demora tres segundos en reaccionar, el promedio es cinco. Por eso lo nombre Flash.
 
     —Ya veo —dijo sonriendo, al mismo tiempo que Meowth se lamía el cuerpo.
 
     —No viniste a hablar sobre Slowpoke, ¿cierto? —aseveró el rubio— Noto en tu rostro que estás triste, no es la misma expresión confiada y despreocupada de las otras veces.
 
     —Sí, así es —suspiró, después de todo, el joven de quince años tenía memoria fotográfica, era un buen observador—. Me iré de la ciudad, Nick —le respondió sin más rodeos—. Vengo a despedirme.

Mostrar Nota del Autor
Aquí se nombra que la Banda Cohete asaltó la joyería Brillo de Staryu, cuya dueña es Adelaida Fernández y su hijo es Casimiro. En el capítulo 3 de Jack Evans, vemos que Jack llega a la Academia Pokémon, donde asiste a una clase, el profesor de esa clase es Casimiro Fernández.
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#8


Bueno, dicho vulgar y pronto: en este capítulo te la sacaste toda, Erfo.

Si los dos primeros me plantaron la semilla de interés y curiosidad, porque la premisa daba para mucho, en este llevaste al máximo la ejecución de lo que realmente nos querés mostrar. Acá vemos un tono diferente, ahondamos mucho más en el tipo de gente con la que tendrá que cruzarse, trabajar y luchar Giovanni si quiere llegar alto, cómo no todo el mundo son monigotes y esbirros a los que pueda manipular fácilmente, pues todavía él mismo es bastante novato aunque sea el mejor de Verde, y muchos pueden ser tanto o más listos que el villano principal.

Pero todo en este capítulo me pareció genial, mostrándonos la culpa de Nick por haber empatizado con alguien que claramente está del otro lado de la ley, mostrándonos la primer "guarida" del Team Rocket como un lugar triste y abandonado, muy lejos de los lugares lujosos y con tecnología de punta que acabará ostentando Gio. Incluso vemos que tomaste nota respecto de darle más peso a los pokémon. Si en Jack Evans los pokémon son ligeramente fríos (aunque tienen sus momentos de gracia y empatía con sus entrenadores), acá es todo lo contrario, y verlos pelear y comportarse es mucho más entretenido. Desde ese Meowth terrorífico que hasta parece más experto que su propio entrenador, hasta la horda de Farfetch'd vigilantes que defienden el banco hasta perder sus puerros, pasando por el propio Slowpoke, que en sí no hace nada por su cuenta, pero que a través de las palabras de Nick nos hace sentir muuucha ternura. ¡Hace las cosas dos segundos más rápido que sus pares! ¡¡Y por eso le puso Flash!! JAJAJAJAA, es buenísimo, me encanta. Gran modo de ponerle un nombre a un pokémon en tu historia. Lo vuelve único, en cierto sentido. Igual no creo que le gane en una carrera a los Slowpoke de Galar de la Isla de la Armadura. e.e

Me encantan las situaciones donde los personajes están compitiendo constantemente entre cuál es el más listo, despistando un poco al lector. Giovanni parece llevar las riendas de la situación hasta el último minuto, con esa actitud soberbia, confiada, un poco arrogante, pero también muy precavido, dándoles solo la información que cree conveniente que ellos sepan para que actúen a su antojo. Me gusta que le hayas dado esa necesaria pincelada de ingenuidad a Gio, cayendo en la trampa de sus colegas, que no solo lo venden a la policía, sino que... ¡Igual se llevan el botín! Doble triunfo para ellos esa noche, aunque supongo que los del banco van a querer averiguar por qué, si atraparon a Giovanni, el dinero no estaba con él. ¿Eso no lo libraría un poco de culpas? A menos que... lo acusen de liderar esa banda criminal de los Cohete, ocultando el botín en otra parte.

¡Ah! Y algo que no me gustó de todo ese clímax buenísimo del capítulo: ¡¿Por qué la policía destroza las paredes del banco para entrar?! ¿¿No se supone que ellos deberían poder abrir e ingresar por los portones y rejas de seguridad?? Salvo que tengan un buen seguro para esas paredes que quemaron con los canes de fuego. xD!!

En definitiva, hasta ahora es por lejos el mejor capítulo de tu fic... Y lo genial es que recién arranca, así que espero seguir sorprendiéndome varias veces más. Ahora se abre el juego, y ya no estaremos confinados solo a Verde. Me da mucha curiosidad lo que vaya a pasarle a Giovanni de ahora en adelante.
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Pokémon Crowned
Sueña mientras giren las agujas del reloj

"Este fic es un recopilatorio de cosas que me dan asco, me agobian y odio"
                                                                                                    —PKMNfanSakura
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#9
Recuerdo bien cuando preguntaste sobre qué nombre le quedaría mejor a este fic meses atrás. Me alegra ver que ya está listo para desarrollarse como se debe.

Capítulo 1: ¿Así que Giovanni en sus días más jóvenes? That's a neat concept. No lo imaginaba ya como un tipo de "etiqueta," aunque es entendible que alguien con complejo de superioridad quiera verse como un rey.

Capítulo 2: Qué repentino, el futuro líder de una mafia terminó tomando el truco del amigo rebelde que no va a clases. Supongo que es simplemente la forma en que mejor puede manipular a alguien, dándole cosas bonitas para que caiga en la tentación de tener más.

Capítulo 3: Bueno, bien se deja claro luego en la mayoría de historias sobre criminales: no puedes confiar en nadie. Giovanni tuvo qué aprender eso por las malas, aunque me debo preguntar cómo es que va a simplemente "despedirse," siendo que no está todavía con los medios para esconderse con transferencias (al menos no me ha dado esa impresión), así que será muy curioso ver cuál su forme de huir contra las autoridades y otros ladrones. También siento que no será la última vez que veamos a Nick, me da la impresión de que no se quedará con las manos cruzadas después de ese evento en el banco.
Descansa. Hasta que nos volvamos a ver...
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#10
Holi.

@Tommy con los primeros capítulos me di cuenta que otra vez iba muy lento en cuanto a la trama, así que aquí decidí apresurarla, mostrando el inicio de su ambición con la banda cohete y su caída, lo mostré como alguien muy capaz, pero aquí su inexperiencia e ingenuidad le hizo aterrizar de golpe. Giovanni aprende que no todo será bonito o fácil, tiene que caer para aprender a levantarse, aunque con ese final no parece que se haya levantado. La banda cohete fue como un intento de Team Rocket, pero es como una pequeña referencia a ello. Justamente quería que se notara el protagonismo de los pokémon, por eso Meowth resalta tanto, el nombre de Slowpoke y los Farfetch'd fue una inclusión de último momento, con esto último quería que el robo no pareciese fácil. Tampoco me terminó de convencer el actuar de los policías.

@Nemuresu desde el principio pensé en su pobreza como motivo de su ambición. Diría que su amistad con Nick es genuina, iniciándose como un acto que le nació en el momento. Giovanni sólo se irá de Verde, aunque el proceso no se ve en el capítulo a continuación. Nick aparecerá nuevamente, es muy importante. No he pensado en una venganza hacia quienes lo traicionaron, pero creo que es posible, se me ocurre una idea, veré cómo la aplico.

En el capítulo a continuación apreciarán que no habrá acción como en el anterior, pero a leerlo, entenderán su importancia en varios sentidos. Gracias por leer y comentar. Besos.

Capítulo 4 - Christina
 
 
     Azafrán era la capital de la región Kanto y se caracterizaba por ser un lugar ruidoso, con una cotidianeidad acelerada que repelía fácilmente a los campesinos acostumbrados a sus tranquilas moradas en las silenciosas praderas. Las familias con más dinero lo sabían, pues ellos preferían pasar los días en sus casas en los linderos de la urbe, evidenciando una desagradable e injusta segregación social que dejaba a los con menos recursos cerca de la gran pared que separaba la zona urbana de la céntrica.
 
     Muchas empresas importantes del país habían erguido sus edificios en aquella ciudad, el más famoso de ellos era el de la Corporación Silph, siendo posible verlo desde gran parte de la metrópoli, con sus maravillosas murallas que parecían ser sólo de vidrio, reflejando la luz del sol más allá de lo imaginable y con un diseño arquitectónico adelantado para su época. En aquel momento se mantenía en proceso de remodelación, por órdenes de su dueño, Philip Lockhart, uno de los miembros de la élite cuatro de aquel entonces, tenía esperanzas de que el edificio fuese el más grande e ilustrativo de Kanto.
 
     Aquel coloso de la economía moderna se hallaba frente a la plaza principal de la ciudad, un lugar lleno de revitalizante verdor que contrastaba abruptamente con la jungla de cemento y hormigón que lo rodeaba. Casi como un oasis, brindaba alegría y entretención natural para sus visitantes, con juegos de metal con la pintura saltada para los más pequeños, el gorjeo matutino de los Pidgey que cantaban a la vida, e irregulares senderos de tierra que observaban frecuentemente cómo los enamorados paseaban perdidos en la mirada del otro. Pero aquello era ínfimo al lado del tumultuoso bullicio de los autos que circulaban por las avenidas contiguas.
 
    Esa zona era la más céntrica, y por ende, estaba llena de centros comerciales de arcaico diseño, muy de la época de los setenta, otorgando una opción tentadora para el paseo familiar. Ahí reinaban los lugares de comida para compartir una buena conversación y las tiendas de ropa importada comenzaban a hacer su tímida aparición.
 
     El Café de Azafrán era el más popular de todos, traía los granos directamente de la lejana región Kalos y tenía una decoración inspirada en la moda y elegancia de aquel lugar, no obstante, su mayor atractivo era el empleo de a algunos pokémon para realizar los quehaceres, era posible ver algunos Machop, Geodude y Jigglypuff de meseros, tres Machoke encargados de lavar los platos y algunos Gloom y Bellsprout que se encargaban de seleccionar las hierbas para los diferentes alimentos y bebidas calientes que el Café ofrecía. Aunque también tenían trabajadores humanos entre ellos.
 
     Los impetuosos jóvenes iban a dicho establecimiento luego de su jornada laboral o universitaria para cubrir su necesidad de vida social, existía entre ellos el mito de que los días cuya noche hubiese Luna llena, era posible encontrar el amor, uno que nunca cesaría, atravesando cualquier adversidad. Aunque muchos creían que sólo era un rumor impuesto por la dueña del Café, para atraer más comensales.
 
     Giovanni se encontraba en aquel sitio, limpiando una refinada mesa de madera barnizada, faltaban pocos minutos para que llegasen los habituales clientes en masa, desde sus oficinas y escuelas, y los pokémon del establecimiento ya estaban listos para trabajar. El retirado delincuente ya llevaba casi dos años trabajando de mesero, recibiendo un sueldo de las propinas y viviendo en el segundo piso del lugar, sirviendo también como cuidador del local y los pokémon. Ahora vestía una impecable camiseta blanca de mangas cortas con pantalones negros, su oscuro cabello como el carbón estaba peinado hacia atrás en su totalidad, marcando su atractivo semblante que se había pronunciado con los años. Había dejado atrás a aquel muchacho de huraño aspecto que gustaba de hacerle jugarretas a la gente, pues la traición lo había marcado permanentemente.
 
     Se dirigió a las ventanas para abrir las cortinas de delicado terciopelo, percatándose de que ya había gente esperando para entrar, permitió entrar al resto de sus compañeros meseros, y en pocos minutos abrió el Café para el público. La dueña del local ya estaba instalada en la máquina registradora, esperando ansiosamente todo ese jugoso dinero, detrás de ella se hallaba un enorme estante de madera tallada con varias muestras de los granos de café que usaban en sus productos, todos seleccionados cuidadosamente por los Gloom y Bellsprout. Los garzones comenzaron a atender a las personas luego de ponerse sus delantales de mesero negros, incluso los Machop lo hicieron, tomando diversos pedidos, así fue Giovanni de mesa en mesa hasta llegar a una cerca de la ventana.
 
     Una chica de suave y lacia cabellera roja como el fuego observaba melancólicamente hacia la calle, mirando cómo el sol se ponía antes de tiempo gracias a los edificios. La muchacha gozaba de una piel lozana y pálida, llevaba una blusa rosada y pantalones blancos, su chaqueta marrón estaba sobre la silla. Al acercarse a ella, Giovanni no pudo evitar percatarse de su innegable belleza, no necesitaba hacer nada para destacar entre el resto de clientes, parecía una sirena, de esas que protagonizan los cuentos de los marineros que arriban en barcos a Carmín desde mares lejanos.
 
     —¿Eres nueva por acá? —preguntó Giovanni con una amable sonrisa. La chica despabiló de sus desconocidos pensamientos para observar a quien le hablaba, dejando ver sus cautivadores y peculiares ojos plateados, ahora sí que parecía un hada salida del cuento más fantástico jamás escrito.
 
     —Sí y no —contestó la chica devolviéndole la sonrisa al ver el inesperado atractivo del mesero que la atendería—. Soy de la ciudad, pero nunca había venido a este lugar —miró alrededor—. Parece uno muy popular. Hace mucho que tenía ganas de venir.
 
     —¿Y por qué no venías? Sí es que puedo preguntar.
 
     —Por mis estudios —respondió sin ningún inconveniente—. Hoy di la prueba de selección para entrar en la escuela de detectives. Ha sido mi sueño desde pequeña. Ahora espero los resultados.
 
     —Vaya, entonces debes pedir un café especial —propuso ante una confundida chica—. Porque vas a pasar la prueba.
 
     —¿Por qué estás tan seguro de eso? —preguntó la pelirroja, acompañando la interrogante de una sonrisa.
 
     —Porque reconozco a las personas inteligentes cuando las veo y tú eres una —la chica se sonrojó levemente, su piel ahora combinaba con su cabello—. ¿Quieres entonces un Café Starmie? —la chica asintió— Entonces un Café Starmie para la dama. Ya vuelvo —se retiró sonriendo.
 
     A los minutos después, Giovanni llegó con un café recién preparado a la mesa de la chica, quien lo esperaba con una modesta sonrisa. La pelirroja agradeció el servicio del muchacho, poniendo una expresión de complacencia al oler el café, tenía el dibujo de un Starmie sobre su superficie, lo que sorprendió a la muchacha.
 
     Alrededor de treinta minutos después, la chica pidió la cuenta, Giovanni acudió en un pestañeo y esta le dejó una muy buena propina, agradeciéndole nuevamente por su atención. La muchacha dejó la mesa para dirigirse a la salida, no sin antes tomar su chaqueta, pero el chico la detuvo por un momento, con una pregunta que había pensado en hacerle desde que tomó su pedido.
 
     —¿Tienes algo que hacer mañana? —la joven lo miró por unos segundos, claramente no esperaba algo así.
 
     —No —contestó, y una tímida sonrisa se dibujó en su rostro.
 
     —¿Quieres ir al cine? A ver la última película de Audrey Monroe, El jardín de Vileplume, dicen que sale con su hija Beatrix —agregó inesperadamente—. No sé por qué recuerdo eso —se sonrojó y no pudo evitar sonreír de nerviosismo.
 
     —Está bien. Me encantaría —aceptó la pelirroja—. ¿A las seis aquí mismo?
 
     —S-sí.
 
     —Por cierto, mi nombre es Christina.
 
     —Giovanni.
 
     La pelirroja finalmente se fue, mientras el chico la miraba por la ventana hasta perderla de vista, con una sonrisa boba en su rostro. Un Machop cercano se burló de él, intentando imitar su expresión. El chico sólo sonrió.
 
     Las horas pasaron. El retirado ladrón se encargó de cerrar el Café por dentro, despidiendo a sus compañeros y a la dueña del local, quien no se avergonzaba por mostrar su fofa cara llena de felicidad por el dinero ganado en la jornada. Giovanni dio de comer a todos los pokémon trabajadores para luego apagar las luces y subir a descansar, se puso su pijama y se tendió sobre la cama mirando hacia el cielo de su modesta recámara, mientras Meowth se acurrucaba cerca.
 
     No podía dejar de pensar en aquella muchacha, su esbelta figura, su pelo rojo como el fuego más vivo y voraz que la humanidad haya conocido, y unos hipnóticos ojos plateados que parecían atravesarlo cada vez que los recordaba. Ansiaba saber más de ella, una futura detective que esperaba pasar su prueba de admisión para entrar en la escuela, sin duda debía ser una chica muy inteligente, eso lo atraía más que su maravillosa apariencia, se sentía seducido por todo lo que aún no sabía de Christina, aquello le hizo rememorar vagamente sus andanzas en Verde, el peligro que vivía día a día para sobrevivir en sus calles, robando desde niño, no sabía cómo había llegado a eso, ni quiénes eran sus padres, sólo tenía claro que había nacido ahí.
 
     Se percató del cambió de sus pensamientos, decidió volver a pensar en la muchacha, tendrían una cita mañana en la tarde. Continuó divagando con Christina como protagonista en su mente por casi una hora, hasta caer rendido en el sueño, mientras su rostro era iluminado por la luz de la Luna llena, había olvidado cerrar las cortinas.
 
     A la mañana siguiente, Giovanni despertó gritando gracias a un rasguño de Meowth sobre su pecho, sintió el ardor al tocarse la herida, a pesar de que el ataque había sido superficial. El felino ronroneó refregándose en el brazo con el que el chico se afirmaba en la cama, avisándole sobre su petitorio.
 
     El joven mesero bajó al primer piso junto a su compañero gatuno, abrió la puerta trasera para salir al patio, era una espacio modesto que la dueña había considerado tener para quienes viviesen en el segundo piso del Café y para que los pokémon del trabajo descansasen. El sitio gozaba de un pequeño tendedero donde Giovanni colgaba su ropa para que se secase, aunque no tenía mucha intimidad debido a los edificios colindantes, era una zona céntrica después de todo.
 
     Preparó la comida para Meowth, Rhyhorn y los demás, tomándole alrededor de una hora preparar todo, luego se sentó en un tronco de un árbol cortado, la pelirroja aún era dueña de su mente, a penas la conocía y ya se ponía nervioso de tan sólo pensar en ella, por un momento se preguntó si sería bueno para la chica, si lo rechazaría por no tener dónde caerse muerto, ella sería una detective, él no sería nada.
 
     <<¿Qué demonios estoy pensando? —se interrumpió al ver que ya estaba imaginando una vida con ella, luego se percató de que le había faltado hacer algo.>>
 
     —También debo desayunar —sonrió para sí mismo mientras se paraba y entró a buscar algo para comer, a sus pokémon no les pudo importar menos aquel gracioso descuido.
 
     Pasaron las horas y el momento de la cita llegó, se había puesto su mejor ropa para la ocasión, una chaqueta de cuero, pantalones de mezclilla celeste y una sudadera blanca. Giovanni escuchó que golpearon la puerta, su corazón se aceleró y su estómago se apretó. Se miró por última vez en el espejo y caminó decidido a la puerta para abrirla. Después del dintel estaba Christina, vistiendo un bello y delicado vestido hasta las rodillas, era rosado pálido y combinaba perfectamente con su larga cabellera, lo que más llamó la atención fue la chaqueta de la muchacha, también era de cuero, como si se hubiesen puesto de acuerdo para combinar sus atuendos.
 
     —Hola —dijo ella sonriendo con timidez, se notaba nerviosa.
 
     —Hola —dijo el chico, no menos nervioso que la chica—. Te ves bien —se sonrojó.
 
     —Gracias. Tú también te ves bien —respondió. Giovanni se puso más rojo de lo que ya estaba—. Me gusta tu peinado, no lo traes tan arreglado como cuando estás de mesero.
 
     —P-pues sí, la locataria nos hace peinarlo hacia atrás cuando trabajamos —contestó torpemente—. ¿Te…te parece si comenzamos a caminar? Se nos puede hacer tarde.
 
     —Claro.
 
     Empezaron a andar incómodamente, ninguno de los dos estaba muy seguro de qué velocidad debían tener sus pasos. Giovanni metió sus manos a los bolsillos de su chaqueta, pensando en un tema para dialogar durante el trayecto, la chica atinó a meter su brazo entre el brazo y el cuerpo del muchacho, para caminar enganchados del brazo, evidentemente aquella acción hizo que a Giovanni casi se le saliera el corazón del pecho.
 
     —¿Y…cuando llega el resultado de tu examen? —dijo el ex ladrón, con una vocecita bastante baja, aun así Christina le escuchó.
 
     —Llegará en un mes, aproximadamente —respondió con un poco más de calma—. Primero revisan todos los exámenes, para entregar todos los resultados al mismo tiempo. No puedo evitar estar algo ansiosa.
 
     —Sigo creyendo que lo pasarás.
 
     —¿Y qué hay de ti? —preguntó interesada— ¿Haces algo aparte de sólo trabajar en el Café?
 
     Giovanni había temido por aquel momento durante toda la jornada, no estaba seguro de querer contarle que había sido un ladrón prácticamente toda su vida en Verde, que había liderado una truncada banda de que cobró leve fama en dicha ciudad o que su mayor anhelo había sido tenerlo todo, por unos segundo se cuestionó si aún lo deseaba.
 
     —Creo que…te seré sincero —Christina se detuvo para mirarlo de frente, la cara del muchacho se había tornado seria—. En ciudad Verde, que es de donde soy, me escapé del orfanato y…y comencé una vida delictual —dijo entre cortado y con la respiración agitada, la chica lo observó atenta con sus plateados ojos de luz de Luna—. Era un ladrón, incluso…llegué a liderar la Banda Cohete, pero algo salió mal, fui traicionado por mis compañeros y…dejé a la única persona que había confiado en mí de cierta forma, creo que es el único amigo que he tenido, aparte de mis pokémon, claro. Eso es lo que soy.
 
     —Eso es lo que fuiste. Por lo que veo ya no eres así…y pareces ser alguien muy inteligente, no cualquier persona lidera una banda criminal —le sonrió—. Espero que no vuelvas a caer en eso, o tendré que detenerte cuando me gradúe —ambos rieron.
 
     —¿No te importa? —preguntó Giovanni con expectativa, aunque intuyó la respuesta.
 
     —Me importa lo que eres ahora. ¿Y no tienes algún sueño? —le pelirroja volvió a engancharse del brazo del chico, para comenzar a caminar nuevamente.
 
     —Pues… —se sonrojó levemente, esa pregunta le incomodó un poco, no estaba seguro de si aún deseaba tenerlo todo, no era un sueño muy altruista después de todo, gozaba de egoísmo— Solía tener uno, pero lo dejé atrás hace mucho. ¡Mira! —exclamó para cambiar de tema— Llegamos al cine.
 
     Pasaron los días y Giovanni continuó saliendo con Christina, a medida que pasaba el tiempo, las charlas se volvían más amenas, con anécdotas graciosas de por medio, de vez en cuando el chico le contaba sobre sus andanzas en Verde y cómo conoció a Nick, mientras que la chica le hablaba sobre sus estudios o cómo conoció en las afueras de Azafrán a su simpática compañera pokémon, Olivia, una Oddish de frescas hojas verdes y jovial cuerpo azul, que no dudaba en corretear por el patio trasero del Café junto a Meowth o compartiendo con los Gloom y Bellsprout del lugar, cuando la pelirroja los visitaba.
 
     Era un día lluvioso y de poca afluencia de clientes cuando Giovanni recibió una llamada en el café, pidió permiso para atender la llamada y se fue a la parte trasera del local para contestar. Era Christina quien estaba del otro lado, se notaba urgencia y tristeza en su voz, necesitaba tenerlo cerca, saber que contaba con su apoyo.
 
     Las horas siguientes parecieron durar más de sesenta minutos, el chico atendía los pedidos de los clientes con torpeza y lentitud, no era habitual verlo así, desde el primer día que llegó al Café supo dominar su trabajo de mesero, ahora parecía un principiante tímido y con poca personalidad que no paraba de chocar con los Geodude. La dueña del local se percató de que comenzó a actuar así luego de aquella llamada, por lo que decidió dejarlo salir antes, la cara de preocupación que Giovanni ostentaba era demasiado evidente.
 
     Se sacó el delantal negro que usaba como uniforme y lo dejó colgado en el mesón, para salir corriendo a toda prisa sin detenerse a buscar una chaqueta en su cuarto, corrió varias calles bajo la lluvia. Su mente estaba llena de nubarrones tan grises como los que cubrían a Azafrán del sol. Se detuvo ante unos departamentos céntricos, a pesar de ser de la ciudad, Christina vivía en los límites de ésta, por lo que debía arrendar una modesta pieza para acortar el trayecto hacia la academia de detectives, aunque aún debía aprobar el examen, había decidido adelantarse a ese hecho para no buscar a última hora un lugar.
 
     El edificio no era muy alto, su color era beige y sin mucha gracia en cuanto al diseño. Giovanni subió las escaleras, dejando un rastro de agua cada vez que daba un paso, el aguacero se había intensificado. Arribó al tercer piso, en el departamento número doce se detuvo y golpeó suavemente. Christina abrió la puerta, sus ojos estaban rojos de tanto llorar, sólo atinó a abrazar al chico, no le importó que estuviese empapado a más no poder.
 
     La pelirroja le permitió entrar al cuarto, no era muy amplio pero era mantenido en orden, con una agradable decoración interior que compensaba armoniosamente la falta de espacio. Ambos se sentaron en el único sofá, era suave y cálido, pero eso no importaba ahora. Giovanni sólo la miraba a ella, llevaban menos de un mes de conocerse, pero le estremecía verla así, se sentía lleno de ira no poder ayudarla como quisiese. Olivia la acompañaba, se notaba preocupación en su rostro de diminutos ojos.
 
     —Me entregaron los resultados del examen y…no pasé la prueba —comentó haciendo un notorio esfuerzo por no volver a desbordarse llorando—. Ya no sé qué hacer, mis padres alquilaron este cuarto porque yo estaba segura de que pasaría la prueba —se limpió las lágrimas con la manga de la sudadera púrpura que llevaba—. Lamento haber llamado a tu trabajo, pero no supe a quién recurrir.
 
     —No, está bien —le dijo con una voz comprensiva.
 
     —Ahora sólo me queda volver a mi hogar y trabajar en lo que pueda…
 
     —¡No! —exclamó Giovanni, interrumpiéndola abruptamente— Es que no puedes rendirte así como así, dijiste que era tu sueño de niña, las veces que te escuché hablar sobre ser detective tus ojos se iluminaban. No puedes rendirte. ¿Cuándo te permitirán hacer ese examen otra vez?
 
     —En seis meses, pero…¿qué dirán mis padres? Los defraudé —protestó la chica, estaba inundada de miedo por toda la incertidumbre y decepción que la rodeaba.
 
     —Llámalos y diles que lo volverás a intentar hasta entrar en esa escuela, y que serás una detective, la mejor detective —la observó tomándole las manos, ya no salían lágrimas de los ojos de la desconsolada chica.
 
     La chica bajó nerviosa al primer piso y pidió en la recepción que le prestasen el teléfono, mientras Giovanni permaneció en su departamento, secándose en el baño, aunque no mucho, pues no tenía ropa para cambiarse. Se miró al espejo y contempló su rostro cubierto por algunos mechones de su negro cabello, se sintió extraño por unos momentos, lleno de confianza por primera vez en mucho tiempo, una dicha inigualable, de esas que sólo sientes cuando ayudas verdaderamente a una persona. Lo había sentido cuando ayudó a Nick a escapar del imbécil de Irvin y sus amigos, se preguntó qué sería de aquel muchacho escuálido, de cierta manera le había cambiado la vida, mostrándole una nueva perspectiva de la investigación pokémon, que había un mundo más allá de sus libros, que debía luchar por su sueño. Ahora había convencido a Christina de no dejar el suyo. Se sintió grande y humilde.
 
     La pelirroja volvió a su pieza, Giovanni se percató de su rostro, se notaba más tranquila y una sonrisa se dibujaba tímidamente en su agradable cara. Se acercó al chico para contarle sobre la conversación con sus padres.
 
     —Pues, sí están decepcionados por los resultados —comentó—, pero les alegra que no me rinda. Dicen que me apoyarán para que lo siga intentando.
 
     —¿Ves? —le sonrió mientras le tomaba las manos.
 
     —Gracias por ayudarme, por no dejar que me rindiese.
 
     —Lo hice porque lo necesitabas.
 
     —Lo sé.
 
     Christina se acercó para darle un inesperado beso en la boca a Giovanni, y el mundo desapareció, como si nunca hubiese existido un universo, o un planeta, o una sociedad, sólo eran ellos dos con sus corazones sincronizados, latiendo tan fuerte como si necesitasen salir del pecho. Como si sólo bastase tenerse el uno al otro para seguir viviendo, como si pudiesen morir en ese mismo instante porque ya no necesitaban nada más.
 
     Comenzaron a escuchar la lluvia en el exterior y uno que otro auto pasar por la calle, cuando dejaron de besarse para volver a la realidad y aterrizar en el departamento de la chica luego de un maravilloso paseo en el mundo de la fantasía romántica. Ambos se miraron sonriendo, avergonzados a más no poder. Olivia, quien miraba con sus pequeños ojos la escena, no supo cuál de los dos estaba más rojo.
 
     —Te…te veré mañana —dijo Giovanni con la respiración agitada, pasándose instintivamente la lengua por los labios, había sentido un sabor a baya meloc en ellos.
 
     —Sí, también…te veré mañana —dijo torpemente la muchacha—. Ten esto —se acercó al perchero para tomar un paraguas fucsia—. Lamento no tener uno de un color más masculino, pero no quiero que te mojes más por haber venido a ayudarme.
 
     —Está bien —le dijo sonriendo—. Los colores no tienen género.
 
     Giovanni abrió la puerta y se despidió de Christina con un nuevo beso, esta vez fue más corto pero no menos placentero. Ambos no podían dejar de sonreír. El chico caminó unos pocos pasos antes de que la pelirroja lo detuviese con un último llamado en medio del frío pasillo blanco de murallas mal pintadas.
 
     —¡Giovanni! —exclamó con suavidad, a lo que el chico volteó sonriéndole— No dejes tu sueño, también mereces perseguirlo hasta cumplirlo. Por favor, no te rindas. Hazlo por ti —la observó sorprendido por unos segundos, pero se decidió por una respuesta.
 
     —Está bien. Lo haré.
 
     Habían pasado algunos días desde aquel día lluvioso protagonizado por lágrimas y un beso inigualable. Christina había vuelto a su hogar para descansar un poco, pero no perdía oportunidad para llamar a Giovanni y contarle sobre sus quehaceres o el arado del campo. Por su parte, el chico se mantenía trabajando, ya estaba más atento a los pedidos de los clientes, incluso había recuperado la gracia de antaño que tanto lo caracterizaba, ese dinamismo que lo hacía sentir tan único que había creído perdido luego de aquella traición.
 
     Ya era de noche y la Luna estaba en lo más alto, tan plateada como los ojos de Christina, Giovanni caminaba bajo su luz, como si sintiese la protección de la chica, aunque esta no supiese dónde andaba. El muchacho se encontraba lejos del Café, más allá de los muros que limitaban la zona centro de Azafrán. Transitaba una prolija y desértica avenida, llena de árboles libres de la contaminación de la tóxica urbe y enormes casas cuyos lujosos detalles eran ensombrecidos por la oscuridad, estaba en el barrio más alto de Azafrán, específicamente hacia el lado este de la ciudad, cerca del camino que conectaba con Lavanda. Era la zona de las familias más importantes de la región, dueños de los edificios más grandes del centro de la urbe, los ricos de Kanto estaban ahí, durmiendo plácidamente en sus cómodas mansiones, lejos de la pestilencia del ser humano mundano común y corriente.
 
     Giovanni se detuvo ante unas oscuras rejas negras, con una enorme A de fierro sobre ellas. La casona estaba muchos más atrás, antecedida por un opulento jardín cuyas flores no eran apreciables ante la escasa luz. El joven observó detenidamente el lugar, el guardia de la entrada estaba dormido en una caseta próxima, por lo que no le preocupó que la cámara de seguridad lo captara. Miró más allá y se percató de que una de las habitaciones tenía la luz encendida, su dueña estaba despierta. Ya no había vuelta atrás, había hecho una promesa y la iba a cumplir.

Mostrar Nota del autor
En este capítulo podemos ver que Giovanni y Christina van al cine a ver una película de Audrey Monroe donde aparece con su hija Beatrix, Beatrix es nombrada en un capítulo de Jack Evans y hace aparición en otros dos, donde se la reconoce como una famosa actriz.
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#11
Bien, Erfo, ¡bien! Pasamos de una trama de criminalidad, suspenso y traición a una historia de amor muy cálida pero con ciertas notas agridulces metidas astutamente por acá y por allá.
 
Cita:Se sintió grande y humilde.

Me gusta bastante esa oración. Es corta y simple, pero el chiste está en lo contradictorio de los adjetivos, ¿no? Pero le pegan bien a Giovanni en ese punto. Es cierto que actúo sin pretenciones para apoyarla, pero hay cierto regocijo en percibir el poder de su influencia sobre otra persona. Capaz sea un Giovanni que busca ser alguien bueno y de valores nobles, pero que muy en el fondo tiene otra cosa incrustada que le impide alejarse totalmente de su oscuridad o su megalomanía.

Me gusta lo que estás haciendo con el pasado de Gio. Creo que todo buen malo de ese estilo tiene ciertos vínculos que hacen más trágica la seguidilla de decisiones que toma en su vida hasta volverse cruel. En El Padrino vemos mucho de eso, aunque pase más por el amor familiar, pero acá este romance parece jugar un rol clave en el devenir del líder del Team Rocket. Inconscientemente, pareciera ser que la bella Christina animó a Giovanni a perseguir su ambición más grande y, tal vez, más perversa. ¡Pero eso no es todo! Sino que él mismo acaba de animarla a ella para seguir su sueño de volverse una detective, es decir, de trabajar inexorablemente para el bando opuesto al que él aspiró siempre pertenecer. Y no solo pertenecer, sino liderar, comandar.

Y hay otra lectura de lo que sucede acá, capaz la más evidente pero no por ello la menos interesante: la descripción física que nos das de Christina. No es para nada azarosa, espero, y ese nombre no sé si viene con trampita, o si ella se verá obligada a cambiarlo más adelante si es que mete la pata en su futura labor detectivesca. Uhmmm no quiero sacar tantas conjeturas porque de verdad quiero seguir sorprendiéndome con tu historia, ni tampoco influir en tus decisiones como escritor, pero... ¡Mierda! No puedo dejar de pensar que ella ES Ariana (o lo será, mejor dicho), y que no elegiste de forma aleatoria su pelo (rojo) y sus ojos (plateados). Usaste específicamente la palabra "plateados" para referirte a sus ojos. Sin mencionar que tiene una adorable Oddish (Olivia), que me recuerda sospechosamente al Gloom y luego Vileplume que usa característicamente la presunta madre de Silver en los juegos.

No pasé por alto las referencias a nombres y lugares de Jack Evans, por supuesto. Plus, me gustó que prácticamente hayas establecido este capítulo de romance jovial en un lugar ambientado "en los setentas", porque pega mucho con el estilo y el look and feel de esta clase de historias medio trágicas de pandillas y amores imposibles. Sin mencionar el look de Gio, con su pelo con gel y sus pantalones ajustados de jean y su chaqueta de cuero con camiseta blanca. Bien a lo Johnny Depp en Cry-Baby. xD!

¡Ah! Y me encantó que haya un salto temporal de dos años. Eso abre mucho el abanico, por todo lo que pudo suceder en ese período y, especialmente, por lo que habrá sucedido con Nick en ese tiempo. ¿Qué rol cumplirá ahora el chico bueno en esta historia? Me da mucha intriga.

¡Espero leer pronto el próximo capítulo! Dale para adelante que se pone cada vez más interesante la vida de nuestro criminal ítalo-kantiano favorito. (?)
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Pokémon Crowned
Sueña mientras giren las agujas del reloj

"Este fic es un recopilatorio de cosas que me dan asco, me agobian y odio"
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#12
Huh, no me imaginaba que Giovanni encontraría algo tan simple para poder esconderse, usualmente a los asaltantes los persiguen hasta el cansancio que no podía evitar imaginarme al pobre escondiéndose en los bosques o con una identidad distinta. Pero también debo ser justo y admitir que este es un Giovanni que aún no tiene la clase de contactos o dinero para costearse una huida así. Lo más triste de todo es que está siguiendo su sueño al precio de su relación con Christina y seguramente cuando se topen de nuevo, van a tener una muy fea discusión.
Descansa. Hasta que nos volvamos a ver...
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#13
Holi.

@Tommy Siento que este Giovanni es alguien que está dispuesto a todo para lograr su sueño, pero no va a perjudicar a otras personas porque sí, intento mostrarlo como alguien que aún tiene cierto respeto por los otros. Justamente quise que Christina fuese detective para generar otros conflictos en el futuro, tan sólo que sean de bandos equivocados ya da para mucho. Y eso me lleva a tu teoría de que Christina sea Ariana, he escuchado y leído en más de una parte de que dentro del canon del juego es posible que Ariana sea la madre de Silver, no obstante, nunca me gustó esa idea, siempre quise ver a Giovanni como alguien menos malvado a como lo presentan, con una historia más trágica que justificase sus acciones, similar al de Pokespe, una relación entre Giovanni y Ariana la veo como algo pasajero, una aventurilla, y a Silver lo imagino como el fruto del amor, de una relación más duradera e importante, por lo que Ariana no me calzarían como su madre. Aunque tú lo ideas de otra forma, como si Christina se fuese a convertir en Ariana, eso es muy interesante, Christina tendría que dejar su sueño para irse al lado de su amado, después de todo la premisa de este fic habla de sueños rotos. Desde un principio imaginé al Giovanni joven como alguien atractivo y encantador. No adelantaré nada sobre Nick.

@Nemuresu los delincuentes de Verde sólo lo querían lejos, no creo que lo hayan perseguido, pero sí le costó mucho llegar a Azafrán, respecto a Christina, puedo asegurar que eso decantará en más de un problema, y problemas serios que los pondrá en jaque de diversas formas. Respecto a los contactos, eso ya viene.

Gracias por seguir leyendo y comentando. Besos.

Capítulo 5 - Alba Andolini
 
 
     Aquella traición le había caído como un balde de agua fría en medio del peor de los inviernos, se había despedido del único amigo que había tenido en su solitaria vida llena de robos y penurias, acalladas por una inigualable ambición, ahora se encontraba en una ciudad diferente. Giovanni acababa de llegar a ciudad Azafrán, llevaba alrededor de once días con la misma ropa y no había comido mucho, apenas tenía energías para robar o pensar, el trayecto a pie había sido largo.
 
     Decidió dar una vuelta por la urbe, se dirigió directamente al centro para reconocer el lugar, robar algunas frutas de los almacenes pequeños y oír conversaciones ajenas para sacar información importante, aunque la mayoría eran tonterías sobre la vida privada de las personas, con excepción de una. Dos señoras gordas de acaudalada apariencia balbuceaban pomposamente sobre sus nuevas y lujosas adquisiciones, ostentaron desagradablemente de sus nuevos hogares en los barrios altos, como si estuviesen en un implícito duelo sobre quién tenía más y mejores cosas. Aquel barrio del que hablaban se encontraba hacia el este de la metrópoli, el lugar menos contaminado de Azafrán, y por ende, con una mejor calidad de vida. Giovanni vio como una oportunidad perfecta para comenzar a echar raíces, estaba decidido a dejar su vida delictual atrás, pero necesitaba algo con qué empezar.
 
     Se dirigió hacia aquel barrio de gente rica, no tenía nada que hacer después de todo. A medida que se fue adentrando, el muchacho se percató de la notoria diferencia con otros lugares, aquella zona gozaba de casas amplias, lugares recreativos, áreas verdes, calles con tiendas y muchas cosas más que otros barrios de menos recursos sólo podían soñar. No obstante, la noche no le dejó apreciar los lujosos detalles que tenían.
 
     Avanzó varias calles hasta llegar a la zona más exclusiva de la ciudad, y quizás de todo Kanto. Unas imponentes mansiones eran amas y señoras de aquel sector, ostentaban de hermosos jardines que se extendían como si fuesen una plaza privada, con luminarias perfectamente colocadas para dar un ambiente de buen gusto. Giovanni se detuvo ante una de ellas dejando que el azar decidiera su suerte, aunque no se mantuvo muchos segundos, pues un guardia vigilaba la entrada desde una caseta cercana, más allá de la reja de entrada, por lo que decidió rodear el terreno.
 
     La muralla era alta y gran parte de ella estaba cubierta por enredaderas. El joven recién llegado dejó salir a Rhyhorn para que lo ayudase a subir, corrió hacia su compañero cuadrúpedo y al saltar sobre él, el acorazado pokémon lo impulsó con un movimiento de su cabeza, Giovanni a duras penas logró aferrarse a la cima de la pared. Una vez sobre ella, regresó a Rhyhorn a su superball y saltó hacia el otro lado.
 
     Se encontraba en el costado izquierdo de la casona, ahora que estaba más cerca podía notar los detalles arquitectónicos con los que se había construido aquella edificación. Las murallas eran de un color cercano a la tierra, separada en varias partes por pilares blancos, los ventanales eran grandes y las puertas eran gruesas, de madera barnizada y talladas a mano.
 
     Giovanni observó el lugar, había varios metros entre la muralla y la mansión, las pocas luces ayudaban a divisar los alrededores, estaba parado sobre pasto recién podado y más allá comenzaba una terraza de piso de madera con unas mesas de vidrio. Miró hacia todas partes y no encontró ninguna cámara de seguridad, lo que le pareció sumamente raro, pues la entrada tenía al menos dos.
 
     Se aproximó con cautela, comenzando a rodear la casona para encontrar un lugar propicio para entrar, a medida que iba avanzando notó un extraño calor que sofocó lentamente el aire, sin darse cuenta comenzó a sudar, sintiendo ganas de beber agua. Instintivamente volteó para mirar hacia atrás, sólo para cerciorarse de que no hubiese nadie esperando por sorprenderlo, pero lo que vio sólo le hizo desear que sí hubiese alguien. Una pequeña jauría de infernales canes lo observaban, tenían el pelaje tan oscuro como la noche misma que los cubría y mostraban sus dientes como una antesala de las graves heridas que le ocasionarían. Todos quietos y sin quitarle los ojos de encima, como si esperasen las órdenes de alguien o algo más, y ese algo no se hizo esperar. Entre los perros guardines se abrió paso el más terrible de ellos, como si viniese recién saliendo de una pesadilla, su tamaño era notoriamente más grande, en vez de orejas tenía unos cuernos blancos y su cola terminaba en una punta de flecha, el interior de su hocico incandescente parecía ser la entrada al mismísimo infierno, Giovanni ya casi podía escuchar las voces de las almas en pena que rogaban por algo de piedad y misericordia entre tanta tortura. Su mirada brillaba entre la penumbra que se extendía entre sus súbditos.
 
     No tenía idea qué especies eran aquellos pokémon, pero algo sí sabía, lo atacarían hasta matarlo, o al menos le dejarían heridas muy graves, con fuego incluido. Necesitaba actuar rápido, el mejor de todos los casos era que el guardia oyese el bullicio y se dirigiese al lugar. Sólo atinó a correr en la dirección en la que iba desde un principio, los perros no demoraron en reaccionar, comandados por el de los cuernos, quien iba a la cabeza. Parecían una sombra en llamas salida de la parte más profunda del averno, a la siga de un alma desdichada que ansiaban devorar una y otra vez.
 
     Giovanni divisó a lo lejos una muy oportuna ventana abierta, pero necesitaba hacer algo con rapidez para distraer a los oscuros sabuesos. Dejó salir a Meowth y este se mantuvo sobre sus hombros para lanzar un puñado de relucientes monedas doradas sobre los rostros de los negros canes, sin pensarlo dos veces, entró ágilmente por la ventana y se apresuró en cerrarla. Para su suerte, aquellos demonios de cuatro patas no lograron ver por dónde se fue y el rastro de su olor no fue suficiente para que diesen con él.
 
     Se mantuvo arrodillado por un rato, para recuperar el aliento, esperando por si es que alguien entraba a la habitación en penumbras para buscar el origen del bullicio, afortunadamente los perros habían actuado con cuidado mientras lo perseguían, quizás deseaban quedarse con la presa, podía esperar eso de semejantes bestias infernales.
 
     La habitación también estaba oscura, aunque la luz de la luna entraba tenuemente, dejándole ver los finos muebles importados más no sus pulcros detalles tallados a mano, verdaderas obras de arte que nadie apreciaba. Se acercó a la entrada, poseía dos puertas y una de ellas se encontraba abierta, se asomó para ver si venía alguien, pero sólo se encontró con un ancho pasillo lleno de pinturas en cuadros y uno que otro estante con una planta bien cuidada encima. Caminó con cautela por una alfombra roja cuya suavidad sólo Meowth pudo sentir. La luz era escasa, pero aquello no le impidió asustarse con una inesperada silueta a su costado derecho que se movió a su ritmo, afortunadamente era un espejo que sólo hizo su trabajo.
 
    Continuó con su incierto trayecto, en cinco minutos llegó a la entrada principal de la mansión, las puertas parecían estar hechas de los robles más macizos del bosque Verde, mientras que los enormes ventanales permitían que entrase la luz de los faroles cercanos en el exterior, del otro lado se hallaban las escaleras principales que daban al siguiente piso. Por detrás de los escalones de pulida madera alfombrada, se encontraba una puerta gris doble, el ladrón conocía muy bien lo que podía estar detrás, había robado muchos lugares después de todo. Decidió entrar y encontró lo que esperaba ver, la cocina. Las luces estaban apagadas, casi no se podía ver, pero Meowth lo guió para que no chocase con los mesones, pasando a llevar alguna sartén o un cuchillo, no deseaba hacer ruido. Abrió el enorme refrigerador, si iba a robar, robaría bien. Dejó salir a Rhyhorn y los tres comenzaron a alimentarse, frutas, postres, pasteles y bebida. Giovanni se sintió como un pequeño niño millonario, escudriñando a altas horas de la noche, lejos de la atención y preocupación de cualquier adulto, aunque esto último no era tan diferente de la vida que había tenido.
 
     Guardó nuevamente a Rhyhorn y Meowth lo guió de vuelta por el camino. Una vez cruzada las puertas, decidió explorar el segundo piso. Subió con precaución. El segundo piso mostraba una decoración muy similar a la del primero, aunque los corredores parecían ser más delgados y largos, el principal de ellos tenía tres puertas, la de la izquierda era la más grande, Giovanni no lo notó en ese momento, pero ésta era blanca y tenía un dintel dorado. Decidió abrirla y entrar.
 
     Llegó a lo que parecía ser la sala de estar que precede a la habitación de quien fuese que durmiese ahí, muy típico de aquellas construcciones. Aquel lugar no se encontraba a oscuras, tenía chimenea propia y estaba encendida, emanando un calor agradable por toda la recámara. Giovanni rodeó un sofá de terciopelo azul para acercarse a uno de los muebles, había fotografías de niños bien vestidos sobre él, abrió el cajón más cercano, pero no encontró más que papeles con información que poco le importaba. Continuó hacia el siguiente estante mientras Meowth recorría la habitación, tenía puertas de vidrio, por lo que pudo ver una serie de copas de cristal fino importado de algún lugar lejano y exótico.
 
     En menos de un segundo la temperatura descendió abruptamente, una gélida brisa llenó el lugar de escarchas y apagó el fuego de la chimenea. Giovanni volteó rápidamente, pero no logró ver nada, el frío lo obligó a estornudar, se sintió desprotegido y su felino compañero no dio señales de vida. Las luces se encendieron, dejando ver a Meowth cubierto de nieve, absolutamente inmóvil, sólo algunas partes de su pelaje estaban a la vista. Del otro lado del cuarto, una anciana mujer estaba parada en el umbral de la habitación contigua, llevaba puesta una bata de levantar de un color rosa pálido, su cabello era completamente cano y se conservaba extrañamente peinado. Su mirada era sumamente penetrante, Giovanni sintió cómo sus oscuros ojos lo atravesaron, escudriñando hasta el lugar más profundo de su alma, observando sus más anhelados e íntimos deseos. El arrugado rostro de la anciana expresaba soberbia, aires de superioridad y parecía ser un avance de una mente calculadora, acompañado no muy sutilmente por un elegante toque de miseria humana y mezquindad. A su lado se hallaba una criatura aún más extraña que aquellos perros salidos del infierno, pero este ser era todo lo contrario al calor, tan frío cómo su dueña, un zorro de delicado pelaje blanco como la nieve misma, con nueve colas que terminaban en elegantes ondas, su mirada era gélida y su indiscutible belleza no era impedimento para que su frialdad aterrorizara al ladrón, tanto como los perros de fuego, después de todo algunos escritores afirmaban que en lo más profundo del infierno también había hielo.
 
     —¿Quién eres? —preguntó la mujer sin preocupación alguna, pero Giovanni no respondió, su corazón latía a mil por horas, no tenía idea de por qué aquel pokémon lucía tan similar a un Ninetales, pero al mismo tiempo tan distinto, por si fuera poco, lo podía congelar en segundos— No pareces un ladrón ordinario. Reconozco la ambición cuando la veo —sentenció, su voz parecía no tener mucha emoción, se oía bastante neutra— y tú tienes bastante, no por nada escogiste esta mansión, es de las más elegantes del barrio.
 
     —¿No va a advertir sobre mi presencia? —preguntó el ladrón un poco más calmado, pero aún en alerta, le pareció percibir algo extraño en la mujer, algo atractivo y perturbador al mismo tiempo— Reconozco la maldad cuando la veo —sentenció como respuesta—. ¿Qué pretende exactamente?
 
     —Eres astuto y no te vas con rodeos —contestó con malicia más sin amenaza en su hablar—. Como te habrás percatado, este pokémon se parece mucho a un Ninetales, y lo es, pero este proviene de Alola, los Vulpix y Ninetales de aquella región poseen una apariencia diferente y en consecuencia, difieren en su tipo elemental, este es tipo hielo y se sospecha que sea también del tan recientemente polémico tipo hada que tanto hace discutir a los científicos —explicó, mostrando orgullo por su extremadamente raro pokémon. Giovanni sólo se limitó a seguir escuchando con detención—. Tal vez ya lo dedujiste, pero me gusta coleccionar pokémon raros, los Houndour y el Houndoom con los que te topaste son más comunes en Johto, fuiste muy hábil al quitártelos de encima y entrar aquí sin ser visto por ninguna persona, incluso entraste a la cocina para comer algo.
 
     —Llevo varios años en el negocio —alardeó sin preocupación, sin modestia y más calmado—. ¿Entonces? ¿Qué pretende? —repitió la pregunta mientras se acercaba a su Meowth para sacarle la nieve de encima, sabía que la mujer no le haría nada y que estaba a punto de ofrecerle algo.
 
     —Trabaja para mí, tráeme los pokémon que te pida y te recompensaré con dinero.
 
     —Suena tentador —dijo al mismo tiempo que dejaba que el felino descansase dentro de su pokéball—. El dinero siempre será tentador —se paseó por la habitación, como si la estuviese admirando, hasta llegar a un collar de perlas sobre un estante al costado izquierdo de la puerta de entrada, lo tomó y se lo puso, como recordando viejos tiempos, cuando salía arrancando con las joyas recién robadas. Sonrió—. Lo pensaré con la almohada —le dijo mirándola—. ¡Adiós! —se fue sin más.
 
     —Volverás —dictaminó la mujer luego de que Giovanni abandonase la recámara—. No podrás contener esa ambición por mucho tiempo.
    
 
     Casi dos años habían pasado de aquel encuentro de tan sólo minutos, pero había sido suficiente para que cada uno supiese con qué tipo de persona trataban. Aquella mujer era sin dudas de armas tomar, dispuesta a lo que sea por cumplir su cometido, intimidante en su actuar, decidida en su hablar, obviamente no se podía jugar con ella sin tener alguna ventaja, pero era la única opción que el ladrón tenía. Había hecho una promesa a Christina, seguir su sueño, aunque muy en el fondo nunca había querido dejarlo, continuaba deseando tenerlo todo, durante las noches, luego de las extenuantes jornadas en el Café, aún pensaba en aquel anhelo antes de quedarse dormido.
 
     Cruzó la calle, repitiendo el camino y táctica de aquella vez, no sin antes cerciorarse de que aquellos infernales canes o alguna otra cosa estuviesen cerca. Saltó la muralla, tenía más enredaderas en esta ocasión. Caminó rodeando la mansión, mirando hacia todos lados y extrañamente encontró la misma ventana abierta, no demoró en entrar. Dejó salir a Meowth para que lo guiase entre las sombras, pero esta vez no fue necesario, las luces se encendieron, dejando al descubierto a Giovanni y su felino compañero.
 
     —¿Siempre estás alerta? Parece que no duermes —apuntó el joven mientras se sentaba en un sitial tapizado de gris y con madera tallada.
 
     —Simulas ser una persona decente y con moral, pero no me engañas, sigo viendo esa mirada llena de ambición —comentó la mujer, llevaba puesto un traje violeta de dos piezas, sobre una delicada blusa blanca, se encontraba sentada y con una copa de vino en la mano, parecía una reina mirando a una persona que no estaba dispuesta a subordinarse con facilidad—. Sabía que volverías.
 
     —La almohada se demoró en aconsejarme —contestó—. Creo que esa vez no nos presentamos adecuadamente. Soy Giovanni.
 
     —Alba Andolini —indicó con voz profunda y vacía.
 
     —¡Vaya! —se sorprendió— He escuchado mucho de la familia Andolini, tienen cierta rencilla comercial con los Lockhart —apuntó, sabía que la mujer sentada cerca suyo era la accionista mayoritaria del Banco de Verde, y de varios otros en Kanto, pero no le evidenciaría sus conocimientos.
 
     —Muy cierto, Gio. Te diré Gio —Giovanni hizo un gesto con la mano, mostrando que no le causaba disgusto su nuevo apodo—. La Corporación Silph amasó su fortuna gracias a la creación de las pokéball hace muchos años, cualquier empresa que quiera producirla debe pagarles regalías, excepto los artesanos. Si la empresa quebrase, esa familia seguiría siendo millonaria.
 
     —Detecto cierta envidia.
 
     —Eres muy perceptivo, Gio —comentó con una sonrisa bastante fría sobre su rostro—. Pero tu primer trabajo no tiene nada que ver con ellos —el joven la miró con expectación, pero sin mostrar su ansiedad por ello—. El Cirque du Kalos está de gira por la región, llegará a Azafrán en poco más de dos semanas, quiero que me traigas a su estrella principal —sentenció con una siniestra ambición—. La añadiré a mi colección. Tráemela y te recompensaré muy bien.
 
     —Muy bien —aceptó Giovanni al mismo tiempo que se ponía de pie—. Sabrás de mí en…un tiempo más. Nos vemos —el chico se dispuso a marcharse, pero Alba lo detuvo con un llamado.
 
     —¡Gio! —el chico volteó para mirarla— Si fallas…también habrá consecuencias —lo miró fríamente, como si intentase calar hondo en sus huesos.
 
     —Yo no fallo —respondió Giovanni desde su posición, sin mostrar ningún signo de miedo ante la inesperada amenaza de la mujer—. Te lo repetiré una vez más. Sabrás de mí en un tiempo más —se retiró sin despedirse, yéndose por la ventana por la que había entrado a la habitación.
 
 
     Pasaron varios días luego de aquella reunión nocturna, Alba era una mujer que podía ser fácilmente intimidante para cualquier ladrón novato, pero no para Giovanni. Al joven de Verde no le gustaba la idea de ser subordinado a alguien, pero tenía un sueño que cumplir, y para poder llegar a la cima, esta debía escalarse. El dinero proporcionado por la matriarca de la familia Andolini sería perfecto para financiar sus planes, sólo tenía que mantenerse bajo sus órdenes por un tiempo.
 
     El Cirque du Kalos ya estaba en la ciudad y todo el mundo en el Café hablaba de ello, algunos habían ido a sus primeras funciones y no podían hablar más que maravillas sobre el espectáculo, la sincronización de los bailes, la ejecución de los movimientos de los pokémon o la música, pero la mayoría de las conversaciones estaban enfocadas en su espléndida figura principal. Cada tres años el famoso circo presentaba un show diferente con el que partían su gira, aquel año llevaba el nombre de “El Jardín de las Hadas”, inspirado en su estrella, considerada una de las especies más bellas del mundo, se decía que incluso en Kalos era un pokémon difícil de hallar en estado salvaje.
 
     Corrieron las horas y logró juntar dinero para ir a ver el espectáculo, una vez cerrado el Café y alimentados los pokémon, Giovanni se dirigió hacia uno de los pocos terrenos baldíos que quedaban en la ciudad. Cuando llegó pudo ver la enorme fila que lo aguardaba para poder entrar, pero no le importó al ver la inmensa carpa que se había montado en aquel lugar, había visto con anterioridad circos desde afuera, pero ninguno se igualaba a lo que veían sus ojos. La carpa en cuestión ostentaba de siete puntas, seis alrededor y una más grande en medio, cada una de diferentes colores que eran apreciados gracias a las embriagadoras luces que lo adornaban, invitando seductoramente a todo el mundo para ver el espectáculo en su interior. Había puestos de comida y chucherías por todas partes, música para amenizar el ambiente previo al show, los domadores de pokémon mostrando un pequeño avance a los espectadores junto a raros pokémon, niños correteando por el lugar y muchos carteles repartidos por el lugar, luciendo a las figuras importantes de su show, parecía una pequeña feria. Sin duda era un ambiente ideal para pasarlo en familia, con amigos o para una cita, Giovanni anheló por un momento que Christina estuviese en la ciudad, pero había tenido que viajar urgente hacia ciudad Trigal, en Johto, su abuela había fallecido.
 
     El interior de la carpa no era menos grandioso, el escenario era sumamente grande, cuatro casas en los suburbios de la ciudad podrían caer perfectamente en él y aún seguiría quedando espacio. Las gradas lo rodeaban de forma circular, como un pequeño coliseo, lógicamente había sectores más exclusivos que otros, los asientos más caros estaban más cerca del estrado. Giovanni había comprado un asiento alejado del escenario, no gastaría tanto dinero para llevar a cabo su misión. Decidió tomar asiento para que Meowth descansase en su regazo.
 
     Las luces se apagaron para dar paso al show, el público hizo silencio para dejarse llevar por el entretenimiento y la música comenzó. Una persona apareció en el escenario, danzando como si estuviera en el ballet más prestigioso del mundo, sus pasos eran tan elegantes y elásticos que no necesitaba desplazarse mucho para llenar todo el lugar con su arte. El hombre dio algunas vueltas antes de finalizar hincado en el suelo con los brazos extendidos, al mismo tiempo que su alrededor de llenaba de fuego gracias a unos curiosos pokémon con apariencia de leones, el pelo de sus melenas era tan flamante como las llamas que lanzaban al aire.
 
     —¡Damas y caballeros! ¡Niños y niñas! —comenzó el locutor— ¡Sean bienvenidos al circo más prestigioso de todo el mundo! ¡El Cirque du Kalos! —el público comenzó a aplaudir entre vítores, ansioso por dejarse deslumbrar.
 
     Los minutos pasaron con rapidez y luego de casi dos horas, dieron paso al espectáculo principal, el show más importante de la noche iba a dar inicio, la estrella principal entraría en acción para encandilarlos a todos. Giovanni no pudo evitar sentirse algo nervioso al respecto, era su primer robo luego de mucho tiempo, si fallaba, perdería la oportunidad de alcanzar su sueño. Decidió dejar de pensar en ello por un momento y disfrutar lo que sus ojos verían en unos segundos, ya tendría tiempo para ver cómo arreglárselas para hacerse con aquel pokémon.
 
     Las luces se apagaron y un agradable aroma inundó tímidamente el ambiente, era dulce e invitaba a todo el mundo a relajarse, a dejarse llevar por el momento que vivirían. Poco a poco, las luces comenzaron a volver, permitiendo ver un maravilloso mar de pétalos azules sobre las personas, tan frescas, tan enigmáticas, tan mágicas, meciéndose de un lado a otro, envolviendo el aire con su delicado tacto y proporcionando un espectáculo visual digno de los mejores concursos pokémon.
 
     Todas las personas miraban hacia el cielo, viendo cómo la luz se colaba entre los pequeños espacios que los pétalos dejaban, como diminutos e insignificantes brillos en el aire. Repentinamente, una majestuosa criatura apareció en medio del escenario de entre los pétalos, pero nadie supo cómo llegó ahí, parecía la combinación perfecta entre un hada salida del cuento más fantástico y épico jamás contado y una salvaje flor del bosque más profundo del mundo. Tan bella como misteriosa.
 
     Aquella criatura medía poco más de un metro, la parte inferior de su cuerpo ostentaba de un color verde lleno de frescura y vigor, no tenía piernas, era como una sirena que en vez de aletas en su término tenía dos hojas que eran casi de su tamaño. Mientras que la parte superior era tan pálida como la nieve, de extremidades delicadas como una fina dama de antaño. Lo más interesante y llamativo era la prominente gargantilla de flores azules que parecía el tocado de la reina más majestuosa que la tierra había visto. Su mirada era frágil y cautivadoramente seductora.
 
    —Vaya —dijo Giovanni ante tal belleza de la naturaleza, ahora entendía por qué Alba ansiaba a semejante pokémon, no era lo mismo verla en los carteles del circo repartidos por toda Azafrán que observarla en persona. Su felino acompañante, quien siempre se había mostrado aparentemente desinteresado por todo, también tenía puesta toda su atención sobre la estrella del show.
 
     Luego del mar de pétalos, la bella criatura comenzó a emitir una hermosa sonata que relajó hasta la persona más estresada dentro del circo, su voz era sumamente cautivadora, tan agradable que los espectadores podrían escucharla por horas, no tenía nada que envidiarle a Verónica Caballé, la afamada soprano de Celeste.
 
     El show continuó su rumbo y su estrella hizo gala de sus mejores movimientos, era como ver una obra de teatro protagonizada por un hada madrina. Giovanni pensó por un momento que sus sueños realmente se harían realidad gracias a ese pokémon y así lo deseó, se sintió lleno de esperanza, vislumbró un futuro junto a Christina, teniendo todo lo que nunca había tenido en su niñez. Ya nada le faltaría.
 
     Las luces se encendieron en su totalidad luego de que el locutor despidiese agradecidamente al público, pues el espectáculo ya había llegado a su fin. La gente satisfecha por el buen gasto de dinero que había hecho, comenzaron a vaciar las gradas y Giovanni se preparó para comenzar a ejecutar su plan. El renovado ladrón se dirigió al baño mientras que Meowth se perdió adrede entre las personas y sus pokémon. Giovanni se tomó su tiempo y para cuando salió el felino ya lo estaba esperando, aún quedaban suficientes personas deambulando por el lugar, muchos de ellos esperando para sacarse fotos con los pokémon del espectáculo, pero el premio del ladrón no estaba ahí.
 
     —Guíame —dijo el joven y el felino lo condujo entre las personas hacia un lugar más apartado, rodearon la carpa por el costado derecho, contrario al sector de los baños, no fue un recorrido corto pero tampoco largo. Se detuvieron cuando avistaron los remolques y casas rodantes, no había muchos trabajadores en el lugar, la mayoría estaba en la parte de enfrente sacándose fotos con los espectadores.
 
     Había una casa rodante en particular que llamó la atención de Giovanni, era blanca y sus ventanas dejaban ver parte de su interior, lleno de flores como decoración. Una mujer rubia salió por la puerta, asegurándola con llave. Pero había dos guardias custodiando el lugar, altos y fornidos, contratados exclusivamente para resguardar el bienestar de aquel pokémon tan maravilloso y codiciado.
 
     —Creo que es hora de pedir ayuda a estos dos amiguitos —mencionó mientras sacaba dos pokéballs.
 
     El ladrón dejó salir a dos pokémon de similares características, ambos roedores y de tierno aspecto, con enormes orejas para escuchar su alrededor. Él era rosado con manchas púrpuras por su cuerpo, mientras que ella era celeste con manchas azules, con ellos no funcionaba las definiciones de género que la humanidad había creado como apto para lo femenino y lo masculino, la naturaleza no se guiaba por las absurdas normas de los humanos.
 
     —Mis pequeños Nidoran —sonrió—, utilicen picotazo venenoso, uno cada uno, contra esos sujetos —explicó Giovanni a las criaturas que parecían seguir las instrucciones de su madre—. Sean tiernos y simulen estar jugando entre ustedes. Vayan.
 
     Los dos pokémon venenosos comenzaron a correr por la tierra, divirtiéndose mientras se acercaban despreocupadamente a los guardias, quienes los miraron enternecidos por la dulce e inocente escena.
 
     —¡Pero que peculiar pareja! —exclamó uno de los hombres mientras se acercaba a los Nidoran, al mismo tiempo que se agachaba para interactuar con ellos— ¿Qué andan haciendo…? —el guardia se vio interrumpido por un repentino ataque de la Nidoran hembra, mientras que su compañero fue atacado por una punta venenosa lanzada por el Nidoran macho. Ambos guardias cayeron al suelo, el veneno sería suficiente para inmovilizarlos por unos minutos más no para matarlos, tampoco podrían hablar.
 
     —Bien hecho, mis niños —felicitó Giovanni mientras los regresaba a sus pokéballs.
 
     El ladrón se acercó a la casa rodante por detrás, no podría abrir la puerta y no tenía ganas de meter ruido, llegó a la ventana y observó su interior con detalle, además de las flores, había muchas almohadas repartidas por el lugar, un espejo y algo de comida, pero no pudo ver al pokémon, sólo una pokéball de extraño diseño.
 
     —Meowth, haz lo tuyo.
 
     El felino sacó una de sus garras y dibujó un círculo sobre el vidrio de la ventana, para luego empujarlo hacia su interior, como había tantas almohadas, no se oyó ningún ruido. Meowth entró al acecho en la pequeña habitación de metálicas paredes, era un espacio muy cómodo para descansar y relajarse, por lo que decidió recostarse por un rato, pero no demoró en abrir un ojo para ver la reacción de Giovanni.
 
     —Sí, Meowth, eso fue muy gracioso —sonrió.
 
     —Meow… —respondió el felino y continuó con su trabajo.
 
     Tomó la pokéball, tenía un diseño diferente a otras, ésta era negra y la línea de su apertura era dorada, de igual manera lo era una línea dibujada en forma de círculo sobre la superficie de la mitad superior. Se la llevó a su furtivo entrenador, quien tomó la cápsula para observar a la espléndida criatura desde más cerca.
 
     —Bien —dijo mientras aún la miraba, triunfante—. Vámonos —decidió irse por la parte trasera del terreno baldío, guardó a Meowth en su pokéball y saltó la cerca para irse a paso rápido del lugar y no llamar la atención.
 
     Pasó la media noche de aquel día y la noticia de la desaparición de la principal estrella del Cirque du Kalos ya había empezado su recorrido por la ciudad, gracias a los espectadores que inevitablemente escucharon del robo. Pero eso ya no era asunto de Giovanni, él tenía un pedido que entregar.
 
     No demoró en llegar a la Mansión Andolini, se veía más lúgubre y tétrica que de costumbre, con una canosa y gélida maldad en su interior. Entró por la pared con ayuda de Rhyhorn, como de costumbre, esta vez los canes infernales no le hicieron nada, sólo lo observaron desde la lejanía. Entró por la misma ventana y ahí estaba ella, impoluta desde su altitud económica, esperando por la bajeza de su premio.
 
     —¡Vaya sorpresa, Gio! —comentó la mujer mientras tomaba una copa de vino, acompañada de su espectacular Ninetales de hielo— Ya pensaba que no vendrías.
 
     —¿Qué pasa? ¿Es que no me tenías fe? —preguntó sin esperar una respuesta seria. Se sentó del lado contrario a la mujer, pero no muy lejos, sólo una mesa de centro se interponía entre ellos.
 
     —¿Te sirves una copa? —ofreció con fría amabilidad.
 
     —No, gracias. No bebo. Un ladrón debe estar siempre atento y sobrio.
 
     —No sabía que eras tan paranoico.
 
     —Sólo soy…precavido —respondió mientras sacaba la cápsula con el pokémon en su interior, dejándola sobre la mesa de prolijo vidrio—. Ahí está, te dije que yo no fallo.
 
     La mujer se acercó realmente cautivada por aquella criatura. Las dos veces anteriores que habían hablado, Giovanni sólo había visto una mirada fría y casi sin expresión de la anciana matriarca, pero ahora podía ver el deseo más íntimo de Alba, algo que, como buen ladrón, sabía que no debía revelarse ante nadie, porque podría ser usado en su contra. Tomaría nota de las actitudes de su nueva socia.
 
     —Aquí tienes tu paga —la mujer dejó un gordo fajo de billetes sobre la mesa, era más de lo que ganaría en cuatro años como mesero en el Café—. Ven en un mes más —dijo mientras agarraba la pokéball con sus ojos muy abiertos—. Al fin te tengo, Florges —se retiró del lugar sin nada más que decir, dejando sólo al muchacho.
 
     Giovanni tomó el dinero y se lo guardó en la chaqueta, se dispuso a irse, pero un espejo de bonito diseño sobre un estante lo detuvo, miró hacia atrás para ver que Alba no estuviese por ahí cerca y también se lo llevó, sería un buen regalo para Christina cuando la volviese a ver.
[Imagen: giphy.gif]
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#14
Oh my, lo que una sola tentación logra por Giovanni. Pensar que pudo haber continuado su vida como ladrón mucho antes de lo esperado, pero hizo su regreso esperar. No lo culpo, cuando uno es pillado como criminal, tiene qué buscar la manera de apaciguar las cosas o lo paga muy caro. Y hablando de pagarla caro, siento que ese robo con el espejo no va a salir impune, pero es asumiendo que Alba ya no lo vio venir, cuando alguien elige a una persona para hacerle el trabajo sin estresarlo, es porque suele estar un paso o varios adelante.
Descansa. Hasta que nos volvamos a ver...
[Imagen: SwCanxx.png]
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#15
Wow, este fue sorpresivo, sin dudas.

Si alguna vez pataleé por el hecho de que te enfoques exclusivamente en hacer que aparezcan todos y cada uno de los pokémon de Kanto, sin dar el brazo a torcer para enseñar otras especies o evoluciones propias de esos pokes de Kanto pero que pertenecieran a otra región (cof cof, Kingdra, Crobat, cof cof), acá realmente parece que tomaste nota, o quizás decidiste que era una gran historia para meter a un personaje como Alba, que todavía no estoy seguro de su oficiará de mentora para el joven Gio, o si simplemente terminará siendo otra más de sus víctimas. O... tal vez sea el peor error de nuestro delictivo protagonista, porque suena a esas mafiosas que no te matan a vos, sino a los que te rodean y a los que más querés. Sigo temiendo por el destino de Christina.

Me parece genial que nos presentes a otra clase de delincuente acá: la coleccionista de especies raras de todas partes del mundo. Es una figura interesante porque es la clase de gente que no suele ensuciarse las manos y que precisamente tiene matones y gente peligrosa contratada para hacer el trabajo sucio por ella. Justo estoy viendo la serie de Tiger King en Netflix y toca mucho ese tema, aunque definitivamente Alba es una mujer mucho más fina y con clase que los personajes que salen ahí. xD
Pero insisto en que da mucho gusto ver cómo van apareciendo especies novedosas como los Houndour y Houndoom (excelentemente descritos), Ninetales de Alola (hermosa y enigmática) y la propia Florges.

El capítulo arranca con una laaaarga secuencia de Gio infiltrándose en la mansión, con muchas, muchísimas descripciones por acá y por allá. Es porno de descripciones de edificios chetos y lujosos, se ve que eso te gusta, y se te da muy bien, como ya sabés. xD Pero se vuelve un poco... demasiado en cierto punto, porque son muchas murallas de texto, aunque ayudan de cierta forma a ir incrementando la tensión y soltando pistas por acá y por allá de lo que va a cruzarse en el camino de Giovanni.

La parte del circo, por otro lado, me gustó muchísimo más. Nemu en su fic tiene un capítulo dedicado a un circo (curiosamente ahí la estrella es una Primarina, otra sirena hada que encandila al público), y realmente me parecen ambientes mágicos y geniales para construir escenas. Nemu lo usó como algo triste, y vos como algo alegre pero al mismo tiempo corrupto por el acto que pretende cometer el protagonista. Pero la descripción de la carpa y las luces y las técnicas de la feérica te quedaron preciosas, se nota que ya tenías entrenado eso después del Gran Festival en Jack Evans. e.e

Lo que no me gustó fue el robo en sí. Lo sentí demasiado fácil para Gio. Me gustaría verlo sufriendo más por conseguir lo que se propone. Entiendo que sea un crack del robo y la delincuencia, pero me había divertido mucho leyéndolo fracasar en el banco de Ciudad Verde y quería que siguiera teniendo problemas con sus robos, o al menos que le hubieran puesto mayor seguridad a la estrella del circo. Los Nidoran eran tan adorables que solamente tenían que dejarse abrazar por los guardaespaldas y los envenenaban con punto tóxico, probablemente. Sea como sea, posiblemente las complicaciones con Alba se vean a partir de ahora, aunque no sé si precisamente porque no pudo evitar la tentación de robarse ese espejo. Fue solo un souvenir insignificante. (?)

A ver con qué nos seguís sorprendiendo en los próximos capítulos.
[Imagen: O43dAdH.png]

Pokémon Crowned
Sueña mientras giren las agujas del reloj

"Este fic es un recopilatorio de cosas que me dan asco, me agobian y odio"
                                                                                                    —PKMNfanSakura
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