Oneshot- Gran Encanto

ExtensiónOneshot
Extension larga
FranquiciaCoregames
GéneroDramaRomance
Resumen

Todo inició con ellos. Con un amor que dio fin a todo y trajo consigo un nuevo comienzo.

AdvertenciaViolenciaMutilacionesContenido sexualPokefilia
#1
[Imagen: hRv9GSd.gif]

Hubo una vez, en tiempos muy remotos, una época en la que humanos y pokémon eran tan parecidos y tan cercanos a los seres humanos que no habían muchas diferencias entre ellos. Comían en la misma mesa, hablaban el mismo lenguaje y, en casos muy específicos, hasta podían llegar a casarse.

Hoy en día, la unión en sagrado matrimonio entre un humano y un pokémon es considerada absurda, ilícita y muy rara de avistar. Pero, ¿cómo fue que todo esto comenzó? ¿Cuál fue el primero de muchos casos de semejante índole? 

Para responder a esta interrogante, mi estimado lector o estimada lectora, debemos hacer retroceder con vehemencia las agujas del reloj. Regresar a una edad oscura, envuelta en las tinieblas y casi sepultada bajo la inmensidad de las inmisericordes arenas del tiempo... 


 


Nuestra historia comienza muchos pero muchos siglos atrás, en un reino ubicado en lo más recóndito de una región tan antigua y tan envuelta en el misticismo y el oscurantismo que ni siquiera su nombre original ha conseguido persistir refugiada en las memorias y obras de los sabios y de los escribas.

Aquel reino era gobernado bajo la tiranía de un monarca llamado Dhalimu el Destructor, que mantenía atemorizada a la población con el terror alado que era su gigantesco y monstruoso Hydreigon. Su reinado era tan vil y tan ruin que en él solo los nobles y burgueses gozaban de buena reputación y de prosperidad siempre y cuando no se opusiesen a sus caprichos, mientras que los vasallos y campesinos se morían de hambre a causa de los impuestos. Impuestos cada vez más y más altos.

La familia más privilegiada entre la aristocracia de por aquel entonces era la del respetado e ilustre conde Gabriel, quien mantenía una cercana amistad con Dhalimu con tal de no terminar decapitado. Su bella y amable esposa había fallecido recientemente en el parto, dejándole como último regalo un heredero varón, a quien llamaría Caín. Su hijo, y su criatura mágica sirviente, un Haxorus, eran todo lo que le quedaba sin contar su título y su riqueza.

Habiendo heredado el cabello rubio y ojos azules de su padre y la altura de su madre, Caín expresó a muy temprana edad y abiertamente su descontento con la situación del pueblo, comentarios que Gabriel hizo lo imposible por intentar acallar.

"¡Mira nada más, padre! Los campesinos y sus criaturas mágicas trabajan nuestras tierras, ¿y qué les damos a cambio? Apenas unas míseras monedas para pagar sus impuestos. ¡Apenas pueden alimentar a sus familias!"

"Y lo aceptarás si quieres mantener la cabeza en su sitio, Caín. Ser de la nobleza implica reconocer cuál es nuestro lugar para evitar caer víctimas de la ira del rey."

"Si reconocer cuál es mi lugar es servir a un monstruo, entonces ya no quiero mi puesto como lord, y mucho menos ser el heredero al título de un cobarde. Quiero viajar por el mundo, surcando los cielos y atravesando el largo y ancho mar para conocer las maravillas que el Ser Original creó aparte de nosotros y de las criaturas mágicas."

"No es una prueba de valentía, hijo mío. Es sobre sobrevivir para que nuestro linaje persista. Este castillo, nuestra reputación y tú son todo lo que queda de tu querida madre. Por favor no lo destruyas."

Una lluviosa mañana, desobedeciendo las órdenes de su padre cuando nadie lo estaba mirando, el pequeño de nueve años escapó del castillo para explorar aquel que los escribas y el clero habían llamado el Bosque Tenebroso. Aquel interminable conjunto de árboles, arbustos y matorrales era el hogar de muchas criaturas mágicas de habilidades fantasmales y de aura siniestra, corrompidas por la energía malévola que se había apoderado de él según decían las malas lenguas.

Pero a Caín no le importaba. Estaba cansado de vivir leyendo libros y oyendo los mitos de su padre sobre cómo todo afuera del castillo era un peligro mortal. Quería ver qué había allá afuera con sus propios ojos.

Apenas se había adentrado en el corazón del verdoso y lúgubre terreno cuando oyó un peculiar llanto que le hizo detenerse. Curioso, decidió seguirlo con el oído hasta dar con su origen: bajo un árbol alto y fornido, una pequeña criatura bípeda y orejuda, de pelaje marrón y vellón bronceado claro, sollozaba desconsoladamente. Su piel presentaba numerosos moretones y rasguños, como si hubiese tenido un severo encuentro físico con algo o alguien.

"Hola" le saludó acercándose muy preocupado y revisándola con mayor detenimiento "¿Por qué lloras? ¿Y quién te ha hecho esto?"

"Por favor" gimió el peludo ser con la voz propia de una niña asustada, abrazándole instintivamente una vez estuvieron a escasos centímetros el uno del otro "Tienes que ayudarme. Se ha comido a mis padres, y ahora viene por mí."

"Eres una Buneary" observó fascinado Caín rodeándola con ambas manos, identificando a la criatura mágica por las ilustraciones en los manuscritos iluminados "Pero...¿Quién se ha comido a tus padres?"

La respuesta a su pregunta llegó en la forma de un escalofriante rugido, seguido de la aparición de una colosal y cuadrúpeda bestia de piel azul y pelaje negro que emergió de entre los matorrales, con unos ojos amarillos que solo clamaban sed de sangre de inocentes. Caín le reconoció como un Luxray.

"Quítate de en medio, mocoso carnoso" espetó furioso el lince mientras enseñaba sus afilados colmillos "O tú también te convertirás en mi presa."

"¡Jamás!" se negó el joven lord muerto de medio, pero indignado "¡No dejaré que lastimes a esta pequeña Buneary! ¡Mi padre, el conde Gabriel, te castigará!"

"¡Entonces comparte su aciago destino!" gruñó el lince colérico y con rabia.

Pero antes de que la feroz carnicería se llevase a cabo, una emplumada flecha con una oscura aura rodeando su punta atravesó limpiamente el cerebro y el cráneo del Luxray, matándolo en el acto. La guardia del conde, montada en sus corpulentos Mudsdale y liderados por un Decidueye, había rescatado al joven lord, y le llevaron tanto a él como a la lastimada Buneary frente a su más que disgustado padre.

"Deliberadamente desobedeciste, y te pusiste en peligro solo para salvar a una criatura mágica salvaje a la que ya le había llegado la hora."

"Hice lo correcto, padre. El Luxray mató a su familia. ¡Sin mí esa Buneary habría padecido la peor de las muertes! Y no merecía tan cruel final."

A pesar de estar castigado, Caín permaneció los siguientes minutos cuidando de la Buneary, velando por su pronta recuperación mientras las artes arcanas de los médicos del castillo y el movimiento Campana Cura de sus Chimecho hacían lo posible por curarla. En menos de una hora la coneja estuvo sanada, libre de sus mortales lastimaduras.

"Gracias. Me salvaste la vida, y nunca podré pagártelo. Pero debo regresar al bosque. No pertenezco aquí."

"¡No! Insisto, quédate. Ya no hay nada allí para ti, y aquí estarás a salvo. Tendrás todo lo que quieras: comida, familia y respeto. Yo te lo garantizo."

"¿Lo prometes? ¿En serio?"

"Lo prometo aunque me cueste la vida."

La Buneary sonrió emocionada y con lágrimas en los ojos, brincando para abrazar por segunda vez en aquel día a su salvador.

"¡Gracias, gracias, muchísimas gracias!"

"No tienes nada que agradecer. Pero primero debes tener un nuevo nombre. Uno elegante, que te diferencie de los otros de tu raza."

"Aceptaré con gusto cualquiera que decida ponerme, maestro."

"¡Decidido! ¡Te llamarás Bani! Pero, por favor....solo limítate a llamarme Caín."

"Como usted lo desee...maestro Caín."

 


Desde aquel día, Caín y Bani se convirtieron en los mejores amigos, siendo tan unidos como uña y carne. Comían, jugaban, dormían y hasta se bañaban juntos, y eran prácticamente inseparables, pese a las objeciones del conde y a las burlas por parte de otros niños pertenecientes a familias nobles.

"¿Por qué prefieres jugar con una burda y débil criatura mágica a con nosotros?"

"¡Porque ella no es una salvaje y una clasista!"

"Por favor, no nos digas que la ves como más que una sirvienta."

"No es una sirvienta, y mucho menos una esclava. Es mi amiga."


Las estaciones y los años se sucedieron velozmente, y en un parpadeo el pequeño lord se convirtió en un joven apuesto y experto en el arte de la esgrima. Bani, por otra parte y como producto del riguroso entrenamiento y de la experiencia que acumuló combatiendo con los Bisharp de los guardias y con el Haxorus del conde, evolucionó en una hermosa y grácil pero también poderosa Lopunny, más fuerte y ágil que cualquiera de su raza.

Caín adiestró a Bani en las costumbres de la nobleza, enseñándole a vestir los mejores vestidos que el oro podía comprar y a parecer más humana. Ella, a cambio, le enseñó a resistir todos y cada uno de sus ataques físicos, ya fuese con o sin una armadura y casco puestos.

"Juro solemnemente protegerte hasta el fin de mis días, ya sea con el grosor de mi espada o con el título que mi familia me ha otorgado."

"Y yo juro solemnemente proteger con mis puños y mis patadas a aquel que salvó mi vida tan noble y desinteresadamente, pues mi deuda con él jamás será saldada ni en esta ni en ninguna otra vida."

Pero un día la felicidad de ambos amigos llegó a su fin. Una calurosa y radiante mañana, el conde Gabriel recibió en su castillo a un importante visitante. Uno cuya llegada llevaba temiendo desde hacía unas cuantas primaveras atrás.

"Gabriel, mi viejo amigo. Ha pasado mucho tiempo."

"¿En qué puedo serle de ayuda, Dhalimu?"

"Estoy demasiado viejo, y mi hora se aproxima. Mis múltiples enemigos lo saben. Y como no he podido en todos estos años conseguir un heredero varón, quiero poner a alguien en quien pueda depositar mi confianza como mi sucesor. Por eso deseo que tu hijo tome la mano de mi hija."

"¿M-mi hijo?"

"Así es. Eres la persona en la que más confío, y de tu primogénito no he oído más que maravillas. Será un excelente marido para mi hija cuando yo no esté, y un excelente rey. Puedo hacer los preparativos para que se casen mañana por la mañana."

"Sería todo un honor, su majestad. Mi hijo se encuentra ahora mismo afuera cazando Swanna. Le daré la buena noticia esta noche a su regreso."

Pero Caín no se tomó para nada bien el ser informado de que su destino había sido sellado sin su consentimiento.

"¡No me casaré con la hija de Dhalimu! ¡Por lo que he escuchado y visto es tan perversa y maligna como su padre!"

"Harás lo que yo diga con tal de asegurar nuestra supervivencia. Mañana a primera hora contraerán matrimonio justo frente a las puertas del castillo, lo quieras o no. ¿He sido claro?"

Frustrado, el joven lord buscó consejo para sortear aquella horrible situación. Y solo una persona-o criatura-podía dárselo.

"Maestro Caín, no puede ir en contra de los designios de su padre. Si lo hace, el rey podría matarnos a todos."

"¡Es que no es justo, Bani! Para ti es fácil decirlo porque no tienes que hacer todo lo que te ordenen."

"¡Eso no es cierto! Usted es el único que me entiende y al que respondo, y el obedecerle a usted ha sido lo que me ha mantenido en mi actual posición por tantos años. Si algo le pasara me quedaría sola, y sería tratada como menos que lo que soy considerada ahora. Por favor, le suplico que reconsidere su decisión."

El joven lord no supo qué hacer más que cubrir su rostro con ambas manos, procediendo a llorar en silencio. La coneja, entristecida al ver el estado de su amigo y amo, caviló por unos segundos, tratando de pensar en un modo para levantarle el ánimo. De pronto, una idea que le parecía brillante le dibujó una sonrisa en el rostro, lo que la hizo ponerse de pie y tomar a su dueño de ambas manos.

"Sígame. Hay algo que quiero enseñarle."

Con la luna alumbrando su camino, humano y criatura mágica abandonaron discretamente los aposentos del primero, metiéndose en el Bosque Tenebroso hasta llegar a una pequeña cavidad natural de agua dulce, que era el hogar de múltiples Wooper y Quagsire. La luz lunar que se filtraba a través de los árboles permitía ver hasta las pequeñas e hipnóticas ondas en el agua, producto de los movimientos suaves y precisos que realizaban los pokémon anfibios al nadar dentro de ella.

"Mis padres me traían siempre a este estanque cuando era pequeña para beber agua y nadar."

"Es muy bonito. Pero, ¿cuál es tu...?"
 
Pero interrumpió su propia pregunta al ver algo insólito: Bani estaba deshaciéndose de su largo vestido morado y blanco, aquella prenda que era su favorita. Acto seguido se zambulló entusiasmada en las aguas, estando completamente al natural. Y cuando finalmente se halló en el centro del estanque, se giró para sonreírle y hacerle señas con el dedo, invitándole a entrar.

"Nade conmigo, maestro Caín. Le ayudará a relajarse, y podremos entrenar juntos mientras nos bañamos. Como cuando éramos niños, ¿lo recuerda?"

"Bani, no podemos hacer esto. Mi padre y la guardia..."

"No se preocupe, no llegarán hasta aquí. Ningún humano conoce este sitio salvo yo. Confíe en mí."

Y así lo hizo. Durante la siguiente hora nadaron alegres y contentos, intercambiando puños y patadas como parte de uno de los muchos combates amistosos que siempre habían entablado. Hasta que finalmente, presa de la euforia que le producía poder descargar su enojo y su frustración, Caín consiguió alcanzar con su puño derecho a Bani en el hombro izquierdo, haciéndola recular.

"¡AU!"

"¡Oh, lo siento! ¿Te encuentras bien?"

"Sí, es solo...que no estaba lista para un golpe tan fuerte. Pero no fue nada."

La luna brilló con fuerza, y fue entonces cuando Caín miró a Bani con mayor claridad. Sus hermosos ojos rosados irradiaban un brillo magenta muy particular, y su diminuta y tierna nariz complementaba muy bien las demás facciones de su ya de por sí adorable rostro.

Inconscientemente acarició su pelaje marrón en la zona del golpe. Se sentía tan suave y dulce al tacto que podría haberlo recorrido por siempre con sus dedos, hasta hartarse, por no mencionar que había adquirido una coloración tan deliciosa y atrayente para el ojo como el chocolate. Ella, por su parte, le miró preocupada.

"Eh...¿Maestro Caín? ¿Ocurre algo?"

"Vaya, es que...no recuerdo una noche en la que te vieras más hermosa."

Ella se ruborizó y desvió su mirada hacia la izquierda, profundamente avergonzada y sin saber qué decir ante semejante cumplido. Él se fijó sin poder evitarlo en su peluda y desnuda figura, admirando sus anchas caderas y sus robustas pero femeninas y bien trabajadas piernas, fruto de años de entrenamiento en pos de fortalecer y potenciar sus patadas.

"Bani..."

La mención de su nombre hizo que se voltease a verlo, fijándose en su mirada perdida. Todavía sonrojada, volvió a desviar la mirada, esta vez deteniéndose en los tonificados y hercúleos músculos en sus brazos y en sus impresionantes pectorales, que parecían ser tallados por una divinidad celestial.

"Maestro, creo...creo que es hora de regresar al castillo."

"No, espera. Bani, yo...quiero ser honesto contigo. Desde el día en que te conocí hemos sido tan cercanos que...siento que me complementas tan bien que no sé qué locura haría si no estás a mi lado. Es algo que llevo mucho tiempo ocultando porque temía lo que mi padre pudiese llegar a decir. Pero ahora que estamos solos, compartiendo este momento tan íntimo, debo soltarlo. O creo que me enfermaré."

Un Politoed croó a lo lejos mientras un grupo de Volbeat e Illumise iluminaban sus cuerpos, alumbrando aún más la oscuridad que rodeaba al estanque.

"Bani, yo...estoy locamente enamorado de ti."

"¿Q-qué? Pero..."

"Lo sé, sé que suena extraño. Pero es algo que ya no puedo seguir negando. No te quiero solo como mi amiga. Quiero casarme conmigo. Te quiero como mi pareja. Como mi esposa."

"Maestro Caín, no creo que..." 

"Y tú sientes lo mismo. que sientes lo mismo. Siempre lo has hecho, al igual que yo. ¿Por qué no puedes ser honesta conmigo como yo estoy siéndolo ahora contigo? Por favor."

Ella se acercó un centímetro más a él con timidez, haciendo a un lado los nenúfares que se interponían entre ella y él. Sus frentes estaban a menos de un milímetro de chocarse.

"E-está bien. Lo admito. Lo amo, pero...no creo que sea correcto. Usted es... y y-yo soy..."

"Nada de eso importa, Bani. Podemos vivir juntos, lejos de aquellos que detesten y sientan repudio por nuestra unión. Prefiero eso a vivir ignorando a mi corazón el resto de mis días. Cielo santo, te amo tanto, Bani."

Y sin pensarlo mucho más, la trajo hacia él con ambos brazos y la besó en los labios, habiéndola tomado de la cintura y saboreando con placer cada segundo. Se había rendido por completo a su gran encanto. Y cuando finalmente llegó el momento de separarse, ella le devolvió el beso, sin poder contenerse.

Para cuando quisieron darse cuenta de lo que estaban haciendo, ya se encontraban afuera del agua, con él encima de ella y recorriendo con sus labios y con presteza la zona detrás de sus orejas.

Bani soltó involuntariamente un gemido y golpeó insistentemente el verde pasto con su pata derecha a modo de reflejo, estremeciéndose presa de la excitación. Normalmente no le gustaba para nada que le tocasen las orejas debido a lo delicadas que eran, y solía contestar con una demoledora patada que mandaba a volar a aquel que las había lastimado. Pero los labios del maestro eran gentiles, considerados...apetecibles. Lo que la llenó de la valentía suficiente para hacer la petición que llevaba minutos queriendo hacer.

"M-Maes...No. Caín."

"¿S-sí?"   

"Hágame...Hazme el amor. Por favor, te lo suplico. Lo necesito."

Estaba lista, y también segura de que con él el caso era el mismo. Podía sentir su ya erecta espada de carne rozando con insistencia su entrepierna, esperando emocionado el entrar en contacto con su flor.

Ya no podían contenerse. No querían contenerse.

Y él procedió a cumplir su deseo. Siendo la primera vez de ambos, llevaron a cabo su carnal acto lento y seguro, disfrutando cada instante de aquella nueva e irremplazable experiencia, la cual culminó con él liberando su esperma dentro de ella, haciéndola aullar a causa del gozo.

Con sus energías menguando, se separaron para acurrucarse el uno al lado del otro y mirarse a los ojos. Él esbozó una débil pero afectuosa sonrisa mientras exploraba la cintura de su amada.

"Hola."    

Ella se sonrojó mientras le contestaba tímidamente con el mismo tono a modo de susurro, devolviéndole la sonrisa con ambos ojos humedecidos a causa de la emoción que sentía al haber compartido tan bello momento con su mejor amigo y salvador. Su amor prohibido.

"Hola."

La sonrisa en sus labios se desvaneció a los pocos segundos, y los largos y gruesos mechones de lana color crema que eran sus cejas se fruncieron, ayudándola a adoptar una expresión que denotaba tanto tristeza como desesperanza.

"No podremos ocultarlo. Lo que hemos hecho aquí...lo sabrán. Y nos perseguirán por ello."

"Lo sé. Y lo afrontaremos juntos. Afrontaremos lo que sea juntos." 

Y volviendo a besarse por tercera vez aquella noche, sellaron eternamente su amor.

 


La confesión por parte de ambos amantes causó un estrepitoso revuelo por toda la región, produciendo en el proceso la intensa e indetenible furia del rey Dhalimu.

"¡INFELICES! ¡SACRILEGIO! ¡Han manchado y deshonrado la imagen de nuestro reino con su impura y antinatural unión! ¡Y tú, Gabriel, eres igual de culpable por haber permitido que esto pasara! ¡Todos en este castillo están condenados a muerte!"

Y en menos de lo que suele durar un suspiro, todo el personal y guardia del castillo, junto con sus amos, se vieron superados y sometidos por los Scizor y Escavalier de la guardia real de él, siendo puestos contra su voluntad en fila para su ejecución. El conde Gabriel fue el primero en ser sentenciando, ganándose el privilegio de dedicarle unas palabras finales a su destrozado hijo.

"Te advertí que esto pasaría, hijo mío."

"Hydreigon. Triturar."

Aceptando su horrendo destino, el viejo conde dejó que las fauces del siniestro Hydreigon del rey se cerrasen sobre él, aplastando su cráneo como si fuese menos que vidrio y separando su cabeza de su cuello en un santiamén. Un enorme río de sangre comenzó a formarse alrededor del cuerpo.

"¡PADRE!"

"¡NOOO!"

Cegada por la ira, Bani rompió sus cadenas para dar un gran salto. Concentrando toda su furia en su puño derecho, propinó un potente Puño Certero sobre la aborrecible hidra antropófaga que reventó sin miramientos su maxilar inferior, matándola antes de que siquiera pudiese procesar qué le había golpeado. El Haxorus del injustamente asesinado conde, inspirado por aquella acción, se liberó para utilizar Enfado, envolviendo su cuerpo en un aura draconiana rojiza antes de cortar con sus colmillos con forma de hacha la garganta de Dhalimu, vengando la muerte de su amo.

Con su despótico gobernante caído, el pueblo inició un repentino alzamiento contra el régimen que llevaba años oprimiéndole, cazando sin contemplaciones a los señores feudales y mercaderes restantes y derrumbando las defensas de sus fortalezas con sus criaturas mágicas del tipo fuego y dragón. Las llamas y el azufre de los combinados ataques de Lanzallamas de pokémon como Simisear, Emboar, Heatmor, Druddigon, Flygon y Salamence consumieron tanto castillos como mercados y tiendas. Y el imperio de Dhalimu fue reducido a cenizas, pasando a ser menos que una hoja en blanco en los libros de historia.

Contemplando horrorizados la muerte y la devastación que su unión había traído, humano y coneja se tomaron de la mano involuntariamente, temiéndose que lo peor estaba por llegar.

"Yo...yo causé esto. Por todo lo que todavía es sagrado en este mundo, padre, ¿por qué no te hice caso?"

"No, Caín. Ambos causamos esto. Y ambos lo enmendaremos. Unidos."


La pareja compartió un breve pero apasionado beso, mientras todo lo que les rodeaba ardía con la misma pasión que el amor que los había unido. Luego se voltearon a ver al único que todavía les hacía compañía.

"¿Y tú qué harás, Ono?"

El Haxorus del conde Gabriel no contestó por unos segundos, contemplando cómo en el horizonte un grupo de campesinos y de pueblerinos ya había empezado a hacer una pira de fuego con los cuerpos de sus enemigos caídos ante el destructivo aliento incendiario de sus mascotas. Luego se volteó a mirar a ambos enamorados para responder a la pregunta de la coneja.

"Mi amo ha muerto, y con él cualquier propósito que quedase para mí en este mundo. Cualquiera excepto el servirles a ustedes, sus majestades, como lo hice lealmente con vuestros predecesores. Y creo profundamente que entre los tres traeremos una nueva y próspera era de duradera paz."

Caín sonrió feliz mientras abrazaba a su prometida, sintiendo que el dolor de haber perdido a su progenitor se había vuelto levemente más soportable gracias a las palabras del dragón.

"También lo creo, Ono. También lo creo."

  



Existen muchos mitos contradictorios que intentan narrar y explicar lo que fue de Caín y de Bani después de aquellos terribles acontecimientos. La versión más popular cuenta que consiguieron con el respaldo de Ono devolver el orden a su reino, y que poco antes de su coronación lograron tener una boda real que se celebró alrededor y más allá de los confines de sus tierras. El si tuvieron hijos o no pese a ser de diferentes especies aún sigue siendo un misterio.

De la hija de Dhalimu nunca hubo noticias ni concretas ni confirmadas. Algunos testimonios juraban que escapó ilesa y que vivió el resto de sus días en la pobreza hasta morir de lepra, mientras que otros aseguraban que había sido atrapada por uno o más súbditos y que había terminado empalada en el cuerno de un Excadrill. De una u otra forma, nunca llegó a haber constancia de que terminase siendo un problema para los nuevos rey y reina.

Actualmente, se dice que en la exhibición más privada del museo de arte de Ciudad Luminalia, en la región de Kalos, se preserva un bellísimo fresco de la época que retrata y relata la leyenda de los dos amantes. Una leyenda que hasta día de hoy demuestra que no existe fuerza más capaz de transformar tan radicalmente el mundo como lo es el amor. Ya sea para bien...o para mal.    
"Este fic es como un buffet de todo lo que puedas comer"-SoujiFujimura
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#2
Me encantó. Un amor prohibido en un reino opresor y gobernado por un tirano. La historia en si es algo que habremos visto muchas veces pero el como está relatada es lo que me encanta.

Me gustó también el detalle de como un humano puede asemejar la fuerza de un Pokémon, resultados de la cercanía que compartían en esos tiempos.

Está si es pokefilia de la buena (?
[Imagen: TYJl8zk.png]
(Cortesía de Luna)
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