Longfic- Fuego Quimérico

Extension largaLongfic
FranquiciaCoregames
GéneroAventuraDrama
Resumen

Él quería ser un héroe. Ella quería ser un dios.

#16
Vaya cosas las que la gente luego debe hacer por dinero.

Pobres de los pokémon que no tienen altas capacidades para actuar. Grissy hasta me recuerda un poco al Eevee de Serena en el anime por su timidez extrema.

O bueno, al menor Neer se llevó algo con qué ganar algo más de plata. Lástima que seguro termina perdiendo ese anillo.
Rompe mi armadura si quieres. Al final, terminarás arrepintiéndote de hacerlo...
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#17
Bueno, como dije varias veces, no soy de leer longfics todavía pero hago una excepción por ti. 

Está muy pero muy atrapante. Me encanta esta especie de sociedad que se forma entre Pokémon y humanos. Me logré encariñar rápidamente con los personajes, especialmente con Albor y Mio. Me gusta personalmente que hayas decidido empezar a contar bastante del pasado de los personajes al principio pero que al mismo momento la historia avance a un ritmo bastante moderado. Los dos primeros capítulos bastante cargados de acción y un poco de violencia -algo así como la violencia que se muestra en Pokémon Origins... sin ser explícita pero a la vez dando a entender la gravedad de la situación- y el tercero está hermoso y muy tierno para hacer la situación más ligera. Me gusta como va todo, estaré pendiente de que lo sigas y espero que puedas terminarlo. Gracias por el buen momento al leer esto :D
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(Cortesía de Luna)
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#18
Ni ti vi i gistir ni ti vi i gistir. Las pelotas no me va a gustar. Nunca me convenció realmente lo de cambiar la forma de escribir en base a como modulan los personajes, si te soy completamente sincera. Aun así, realmente tengo que dejarlo pasar completamente porque me acuerdo haber leído este capítulooooo… el sábado pasado creo? Y me ENCANTÓ

Qué buena forma de seguir enchufándome tu sucio lore que metiendo un cameo a uno de mis personajes y cambiar totalmente el tema dramático por esa, esa… COSA que escribiste en la tercera escena. Y lamento decírtelo pero la hechicería con números no funciona a menos que tengas que hacer magia para que te cierren los balances porque tu equipo de trabajo es una mierda.

Adivina adivinador un Eevee shiny. Sí, tendría que darme risa porque jaja referencias pero como le des protagonismo me va a doler en el alma. Pero lo que realmente importa de este capítulo es esa escena teatral bizarra como ella sola. Nunca había visto esa forma de contar la historia en cosas que no sean películas EJEM SHREK 3 CREO que fue una película pedorra como ella sola. Pero de alguna forma en escrito levanta mucho la historia, y más para la gente a la que el trasfondo le parece la cosa más aburrida del mundo – junto con las batallas que no ofrecen nada que estar ahí “porque es Pokémon y bueno tiene que haber peleas, no?”

Realmente no tengo nada que bardear de este capítulo. Muy probablemente porque estuve toda la lectura con una sonrisa de pelotuda mientras me imaginaba a la enana bocona metida de lleno en una escena donde atrapa más la comedia que lo que verdaderamente cuenta.
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#19
Mostrar Fumu!

@"lalocadelosgatos012" tienes razón, pero sí no humillo de cuando en cuando al protagonista siento que no lo estoy haciendo bien. De todos modos espero que no pasé muy seguido.

@Donna me alegra mucho que te haya gustado. Para escribir esto me puse a leer mucho sobre Mismagius en las wikis, headcanonns y otras páginas, y entre más leía, más me gustaba todo lo que se podía sacar. Aemon lo quiero llevar más como el chico no tan bueno que tal vez pelea por todo... pero que acaba haciendo lo correcto a fin de cuentas. Nos leemos.

@DoctorSpring muchas gracias por hacerte un tiempo para leer esto. Como dices, el cap 2 fue pura exposición y... realmente no tengo disculpa, jajaja. Sólo quería escribir a un pj hablando de sí misma porque me molaba la línea, ¡pero no lo vuelvo a hacer! O tal vez sí. El eevee fue un pequeño guiño al fic del camarada Nemu aquí presente, así que me lavo las manos.

@Abisai Como que ya había depurado mi crawling in my skin en los primeros capítulos así que para el siguiente solo me quedó comedia. En mi cabeza, los pokémon tipo acero deberían poder asimilar minerales al comerlos, o al menos eso pensé. También Aemon lo pensó, ponele.

@Nemuresu este es uno de esos momentos en que lamento no haber visto XY más que por partes porque me pierdo las referencias y decepciono al capi LettalKWA y sí, el pequeño panda hizo de las suyas.


@Franeer Felicidades, has sucumbido ante la publicidad superliminal. Es como dices; la verdad me gusta agarrar a los personajes en un momento y empezar a contar para adelante y para atrás. Tal vez sea un defecto, no sé. En cuanto a la violencia, trataré de no pasarme, en parte porque quiero contar más una historia de aventura que una de peleas y no quiero que todo acabe demasiado edgy. Trataré de no pasar del nivel del capítulo 1.

At last but not least @Velvet. Bueeeeno si te soy sincero no sabía qué esperar cuando escribí esto, solo que te estabas quejando del lore y yo estaba bajando del camión otra caja de lore. Me divirtió mucho utilizar personajes de otros como pequeños cameos y probablemente lo siga haciendo, pero don't worry, realmente no tengo intención de darles protagonismo (me parecería poco educado). Tengo memorias difusas de Shrek 3, pero igual es probable que de ahí viniera la idea. Y no, la hechicería con números no funciona. Acabas en prisión así que no hagas eso en casa.

 






 



—Ah, ya entiendo. Durante la obra, Neer sujetó su mano. Ese pequeño ladrón seguramente aprovechó la oportunidad.


Aemon sabía que algo podía salir mal. Casi sentía ganas de gritar a los cuatro vientos que tuvo la razón todo el tiempo.


—¿No es un poco extremo acusarlo de algo así?


Albor intervino en favor del enano criminal, pero tras intercambiar una mirada con ella, supo que lo que le molestaba era manchar el buen nombre de su obra. Justo cuando trataban de mejorar la impresión de los humanos sobre los pokémon.


—Los pancham son ladrones, y él mismo lo aceptó.


Pero aún así, se había cometido un robo. Apenas y conocía al humanito y ni siquiera recordaba su nombre, pero había puesto su confianza en ellos, y Neer lo había robado. No iba a permitir que pasara.


—Iré a ver si aún la tiene. Espera aquí.


Puso una mano sobre su hombro. El humanito no podía entender sus palabras, pero esperaba que el tono de su voz le transmitiera confianza.


—Gra-gracias, pero no vayas a lastimarlo.




Capítulo IV — Estrella de Gules

En el que nuestros héroes realizan su primera acción heroica (y termina mal).


 
Aemon pensó que había escuchado mal. El humanito no acababa de decir eso.

—¿Qué dijiste?

—Dije que no vayas a lastimarlo —repitió con timidez, y Aemon decidió que había escuchado mal. Los humanos no hablaban con los pokémon. Eran incapaces de entender cualquier cosa que dijeran. El humanito no acababa de...

—¿Entiendes lo que este pokémon acaba de decir? —preguntó Albor fingiendo estar distraída. El humanito asintió repetidamente.

Aemon sintió que alguien tiraba de su capa. Bajó la vista y se encontró con Mio.

—¿Qué ocurre?

—Rodia dice que Neer tomó su anillo durante la obra de teatro —respondió Albor señalando al niño con una mano. La pequeña de acero abrió sus fauces horrorizada.

—¡No es posibre! ¡debemos avisar al resto!

La bruja negó con la cabeza.

—No podemos. Alguien podría ser su cómplice. Si tenemos que actuar, deberíamos hacerlo nosotros cuatro.

—Ciudad Reliquia es muy grande —replicó la pequeña de acero—. ¿Cómo vamos a encontrarlo?

—Con un poco de suerte, ¿cuántas salidas tiene activas esta ciudad?

Mio buscó a su alrededor y recogió una varita de madera del suelo. Hizo un gesto a los demás para que se apartaran y empezó a dibujar con ella en la tierra junto a la fuente, trazando una figura que vagamente recordaba a un corazón. Después añadió tres brazos; dos apuntando a los lados y uno más largo que apuntaba hacia abajo y después se torcía hacia la derecha.

—Al Oeste se encuentra la ruta 8 que lleva a Ciudad Victoria. Al Sur está la ruta 12, es un camino más largo y peligroso, que lleva a Ciudad Pantano. Y al Este...

—La ruta 9 —concluyó el niño—. A Ciudad Sagrada.

Albor esbozó una sonrisa. Observó el improvisado mapa desde arriba y deslizó sus dedos por el ala de su sombrero.

—Hay tres rutas seguras para dejar Ciudad Reliquia, pero sólo somos cuatro para perseguirlo... ¿tú qué opinas, Aemon?

Acero se sintió extrañado. Por primera vez en días, alguien le preguntaba su opinión sobre el asunto a tratar. Inhaló lentamente, miró a Albor, después a Mio, y finalmente apuntó al pequeño humano.

—El humanito habla, ¿se dieron cuenta? ¡El humanito está hablando con nosotros! ¡No tiene sentido! ¿Por qué actúan como si no pasara nada?

Se hizo silencio por un largo momento. El pequeño humano bajó la cabeza y se cubrió con su capa. La mismagius en forma humana y la mawile lo miraban con expresiones vacías, y esta última levantó lentamente su brazo para señalar a la otra.

—Arbor también habla.

«Pero ella es una mentirosa».

—Estás pensando al revés, Aemon. Rodia ha sido víctima de un robo aquí mismo, bajo nuestro cuidado, por uno de nuestros compañeros y ha venido a pedirnos ayuda. ¿A quién le importa si puede entendernos? ¿Se te ocurre una razón para no ayudarlo?

El acero apartó la vista, avergonzado. Sabía que tenía razón respecto al humanito, y que la actitud que ellas tomaban no era normal, pero en su interior también estaba de acuerdo con Albor, y que ella pudiera leerlo tan fácilmente lo sacaba de quicio casi tanto como darle la razón.

Mio, que interpretó su silencio como duda, lo picó con su vara en el costado.

—No te preocupes, yo irré contigo.

—De eso nada —indicó la bruja con una mano sobre la pequeña de acero. Le quitó la varita de madera y apuntó al dibujo en el suelo con forma de corazón —. Los pancham son cobardes por naturaleza, así que no va a arriesgarse por la hierba alta. Eso nos deja con tres caminos que debemos bloquear.

—Sur, Este y Oeste —refunfuñó Aemon—. Deberíamos cubrirlos todos, pero ese pequeño ladrón podría burlarnos, y si tiene cómplices, será difícil que uno solo pueda detenerlo.

—¡Entonces hacemos dos grupos! —sugirió Mio—. Aunque tenemos que dejar un camino vurnerable...

—Eso haremos —decidió Albor—. Hay un solo camino de los tres que ningún ladrón en su juicio tomaría.

Trazó una larga cruz sobre el camino del este, y los tres pokémon asintieron al mismo tiempo.
 
«Ciudad Sagrada».
 



 
Mio no tenía mucha experiencia tratando con humanos, pero sin lugar a dudas, Albor era la más extraña que había conocido hasta entonces. Aunque había sido su idea el dividirse en grupos para atrapar a Neer, tan pronto se separaron de Aemon y el niño humano perdió toda la motivación, y aunque condujo a la pequeña de acero a los límites de la ciudad, en lugar de seguir la búsqueda la llevó hacia una pequeña cafetería del lugar.

—¿Qué hacemos ahorra? —preguntó mientras la humana del establecimiento ponía un flan frente a sus ojos en la mesa. Albor tenía uno igual, y lo manipulaba con un pequeño instrumento de metal con cuatro largas puntas alineadas.

—En aquella dirección está la ruta 12, y el camino a Ciudad Pantano —señaló con el mismo instrumento hacia el camino y después lo pasó por su boca—. Si Neer elige esta salida, lo veremos y él no a nosotras.

Intentó usar el instrumento igual que ella, pero había sido diseñado para dedos humanos y solo consiguió aplastar su flan.

—¿Ustedes se quedarrán en la ciudad después de esto?

La humana de ojos dorados suspiró.

—¿Te gustaría?

—Es divertido —respondió mirando hacia el camino, y tras un momento de silencio atacó a su flan con las manos. Albor la miraba fijamente.

—Nos iremos en cuanto encontremos lo que venimos a buscar.

—¿Qué están buscando?

—El anillo de Rodia —sonrió con inocencia—. ¿Qué otra cosa sino?

Volvió a desviar sus ojos hacia el camino. Empezaba a ponerse nerviosa, y Albor lo notó.

—Estamos en el camino correcto. Neer vendrá por aquí.

—¿Hm?

— No hay sitio seguro para los ladrones en Ciudad Victoria. Si va a dejar la ciudad, tiene que ser por este camino.

—¿Entonces por qué.. —empezó a dudar—, por qué nos separamos?

—Las leyes de la Armonía. Aún si es un ladrón, ni Rodia ni yo podemos hacerle daño. Cuando lo encontremos tendrán que ser tú o Aemon los que luchen con él.

—Pero Aceror no puede pelear. —Recordó las vendas que cubrían sus brazos. Algo feo debió pasar cuando luchó contra ese luxray.

—Por eso tú veniste conmigo mientras ellos pierden el tiempo por ahí. Eres la parte más importante del plan, así que cuento contigo cuando llegue el momento.

Como si hiciera eco de sus palabras, Mio vio una pequeña silueta recortando la luz acercándose al camino. Tenía orejas redondas, pelaje blanco y negro, y dos círculos oscuros alrededor de los ojos.
 



 
Un humano que podía entender a los pokémon. Incluso en las leyendas, individuos como Rodia eran sumamente raros. Ni siquiera la Princesa de las Flores contaba con un don tan singular a pesar de su amor incondicional a todos los seres vivientes. Pero como Aemon había descubierto, las leyendas podían ser aterradoramente legítimas.

—Oye, humanito. Disculpa por lo de antes.

—Está bien —respondió en voz baja. Aún se sentía intimidado con Aemon, pero hacía su mejor esfuerzo por ser cordial.

—Ese anillo que te robaron, ¿es tan importante?

—Es una herencia familiar. Mi padre se pondrá muy, muy furioso si lo pierdo.

—Lo encontraremos —le aseguró—. Esa mujer siempre logra lo que se propone.

—Gracias. No quería causarles problemas.

Aunque en opinión de Aemon, eran ellos los que le habían causado problemas al humanito. Más específicamente, Albor los había causado.

—Espero que lleguemos a tiempo —murmuró preocupado, y Aemon asintió. Llevaban un rato caminando y aún no encontraban la salida a la ruta 8. De cuando en cuando el humano miraba una señal en la calle, sacudía la cabeza preocupado y viraba sobre sí mismo.

—Rodia, ¿verdad? ¿Hace cuánto que puedes hablar con los pokémon?

—Mi padre me enseñó. Todos en mi familia podemos hacerlo.

«Demasiado extraño».

—¿Tú tienes familia?

—Sí, eran...

"Horribles", estuvo a punto de decir. Empezaba a comprender que la conversación no era uno de sus mayores talentos, y a lamentar que Albor los emparejara para la búsqueda. Seguramente lo había hecho a propósito.

—Humanito, ¿Sabes leer?

—Uhmm, sí. Más o menos.

Apuntó hacia una señal a poca altura del suelo con un dibujo de flecha que estaba frente a ellos.

—¿Qué dice esa de ahí?

—Dice "Camino a la ruta 9".

«Justo la dirección opuesta». Sólo tenían que dar media vuelta y correr en dirección contraria. Por desgracia, las piernas cortas del humanito y la armadura de Aemon no los hacían precisamente rápidos. Estaba pensando en una forma de decirlo cuando el humanito añadió:

—Pero... es extraño. Este camino me da un mal presentimiento. ¿Y si decidió venir por aquí?

Aemon alzó la vista por un momento y reconoció una figura familiar caminando hacia ellos. Era Oliver, el viejo klefki de cuerpo oxidado que, al verlos a ellos, hizo un asentimiento con la cabeza y caminó a su encuentro. Una capa marrón de buena calidad cubría casi todo su cuerpo, excepto su cabeza en forma de candado. Dio un pequeño empujón en el hombro al niño y caminaron a su encuentro.

—Grata sorpresa el verlos una última vez, joven Rodia, colega Aemon —expresó todo cordialidad.

—Mucho gusto —murmuró el pequeño.

El insecto de acero ladeó levemente la cabeza, y después hizo una breve reverencia.

—¿Una última vez? ¿Vas a dejar la ciudad?

—Mucho me temo que sí —respondió con un suspiro—. Este no es un clima muy saludable para alguien de mi edad, y en cualquier caso, me encontraba de paso. Justo me dirijo a las puertas de la ciudad.

—Gracias por tu ayuda con la obra—añadió con una reverencia al caballero flotante, quien hizo un sonido tintineante que Aemon interpretó como risa.

—No hay nada qué agradecer, la señorita Albor nos pagó apropiadamente. A propósito, ¿dónde se encuentra ella?

—Estamos en problemas —intervino el pequeño humano—, buscamos a alguien que tiene mi anillo.

—No sé nada al respecto de eso, ¿qué aspecto tiene esa joya?

—Es de oro negro, y la gema es color... —Rodia empezó a describirlo, pero Aemon lo interrumpió poniendo una tenaza entre el viejo Oliver y él.

—Es cierto, no tenemos tiempo. ¿Sabes cómo llegar a la ruta 8? El ladrón que buscamos pudo huir por esa ruta.

—Por supuesto —una llave se asomó del interior de su capa y apuntó a su derecha —. Unos cuantos kilómetros en aquella dirección y habrán llegado a su destino, pero si de verdad tienen prisa...

Se tomó un momento para virar y señalar al camino del que venía.

—Pueden cortar camino a través del bosque e interceptarlo en la ruta. Si en verdad es tan urgente, puedo mostrarles el camino.
personalmente.
 



 
—¡Por última vez, yo no tengo ningún anillo!

El pequeño panda se encontraba en una situación complicada. Más precisamente, se encontraba atado de los pies al cuello, pendiendo cabeza abajo de la rama de un árbol. Su cuerpo oscilaba lentamente, y cuando golpeaba el tronco, un gemido de dolor escapaba de sus labios.

—¡Respuesta equivocada!

La varita de madera lo golpeó por encima de la oreja. Al otro lado de la misma había una mawile que se esforzaba por mantener una actitud severa y amenazante. Y a su lado, una humana que no se molestaba en disimular.

—Sabemos que mientes. Tú mismo dijiste que eras un ladrón.

—¡No tienen pruebas!

—¡Sirencio! —sentenció la mawile— ¡Confiesa!

—¡Eso ni siquiera tiene sentido! —chilló cuando la vara lo alcanzó en las costillas. Aún no podía creer que esa pequeña lo hubiera sometido tan fácilmente—. Ya me registraron. Si tuviera el anillo ya lo hubieran encontrado, ¿no creen?

—¡Respuesta equivo...! —se interrumpió a sí misma antes de golpearlo en la nariz y volvió la vista hacia Albor—. Tiene razón. No lo llevaba consigor.

—Era el único lo bastante cerca de Rodia cuando el anillo desapareció, tuvo que ser él. —La bruja deslizó su uña plateada por la superficie de la cuerda—. Es tu última oportunidad, ¿Tú robaste el anillo?

Tras un último y vano esfuerzo por resistir, el pequeño panda rindió.

—Sí, yo lo robé.

—¡Confesó! —exclamó la mawile con una amplia sonrisa mientras preparaba otro golpe.

—¡Pero ya no lo tengo! ¡Alguien más me lo robó!

—¿Qué?

—No sé cómo pasó, ni cuando. Durante la obra, le quité el anillo al niño y lo escondí en mi pata. Esperé a que todos estuvieran distraídos para escapar, pero entonces el anillo se separó de mi dedo por su cuenta y se fue volando.

La mujer no parecía impresionada.

—¿Quieres que creamos que una fuerza mágica y misteriosa te quitó el anillo que tú mismo confesaste robar? ¿Cómo es que eso te hace menos culpable?

—Cuando lo dices así...

—¿Lo gorpeo de nuevo? —sugirió Mio.

—Todavía no. Aunque sea divertido, no lograremos nada más con él.

—Es cierto. Si Neer no tiene el anillo, entonces Aemor...

—Estará bien —aseguró mientras se ajustaba el sombrero—. Tiene la suerte.
 



 
—Tal vez aún podemos —dijo el pequeño humano—. Si tomamos el atajo, y esperamos en el camino...

—Podremos atrapar al ladrón en la ruta 8 —concluyó el viejo Oliver—. Pero es crucial no perder más tiempo.

—Me parece bien —apoyó Aemon, y el trío se puso en marcha, pero antes de que dieran tres pasos, colocó su tenaza derecha a la espalda del viejo Klefki—. Pero antes de irnos, ¿qué te parece si nos devuelves el anillo?

El ambiente se heló en cuestión de segundos. Rodia dio un paso hacia atrás y sujetó la capa contra su pecho, mientras que el viejo Oliver permaneció flotando en completo silencio, sin que sus llaves oscilaran en lo más mínimo. La mirada de Aemon era severa y segura a partes iguales.

—¿En qué basas tu acusación?

—Llamaste a Rodia por su nombre, pero él no te conoce. Y no parecías sorprendido cuando escuchaste lo del robo, como si lo supieras desde el principio.

—¿Es que eso te basta para hacer una conjetura?

—Llámalo instinto si quieres. Pero si no ocultas nada, no te molestará quitarte esa capa.

El anciano pokémon suspiró, emitiendo un largo chirrido que sólo una criatura con su constitución podría emitir.

—Es lamentable... que así tengan que ser las cosas.

Lo siguiente que supo Aemon fue que una cortina de viento rosáceo se alzó entre él y su oponente, obligándolo a tomar distancia.

—Era mi intención resolver esto de la forma menos violenta posible, en especial tomando en consideración tu estado, pero...

Su oxidado cuerpo empezó a emitir una suave corriente de electricidad que lo atravesaba y lentamente se extendía a su alrededor. Aemon contuvo una maldición y le ordenó al niño que retrocediera cuando empezó a notar la influencia del viejo Oliver sobre un par de basureros, una bicicleta, una señal de tránsito y más cuerpos pequeños de metal empezaron a levitar a su alrededor. Cuando agitó sus llaves, todos los objetos se precipitaron sobre Aemon.

—Esa falsa gallardía no engaña a nadie —puntualizó mientras recuperaba sus proyectiles para volverlos a lanzar—. Con tus brazos en ese estado hasta un niño humano podría vencerte.

—Tengo suerte de que no seas un niño —se esforzó por sonreír—. Sólo un puñado de llaves y un viejo candado oxidado.

Pese a todo, tenía que morderse la lengua cada vez que alguno de esos despojos lo golpeaba en las tenazas o la espalda, y el anciano llavero parecía golpear esas áreas a conciencia. Intentó forzarse a avanzar, pero el viejo Oliver, levitando, lo evadió con gracia y agilidad para después contraatacar con una silla de metal que atrajo hacia sí desde un comercio cercano. Parecía que trataba de causar toda la atención a su batalla.

—Será mejor para ti que desistas. Ayer estuviste involucrado en una pelea y hoy en otra. Cuando los guardianes lleguen y haya que culpar a alguien, ten por seguro que será a ti.

 
«No me digas que no puedes hacer nada más».


Sintió ganas de maldecir, pero antes de poder pensar en algo más, el candado del viejo Oliver se sacudió con un sonido hueco.

El humanito le había tirado una piedra a la cabeza.

Una lámina de acero voló vertiginosa hacia el cuello del infante, y sólo pudo desviarla atravesando su puño como una bala en su camino. Sentía cómo la coraza de su pinza parecía gritar a su cerebro.

—¿¡Estás bien!? —gritó alarmado. Aemon se interpuso entre Oliver y él mientras trataba de mantener su postura decidida.

—Escucha, creo que puedo quitarle tu anillo. En cuanto lo suelte, quiero que lo tomes y huyas tan rápido como puedas.

—¿Qué hay de ti?

—Ella me salvará, espero.

—¿Han terminado de hablar?? Es mi ayuda la que viene.

Sabía que tenía razón. Los vigilantes no tardarían en aparecer. Alzó ambos brazos, cruzando los puños a la altura de sus ojos.

—Ya tienes el maldito anillo, ¿Por qué trataste de llevarnos a una trampa en lugar de huir con tu botín?

Pequeñas partículas de luz empezaron a reunirse alrededor de sus tenazas, un minúsculo y brillante polvo plateado que sacudía a su capa.

—Si ni siquiera conoces a respuesta a esa pregunta, mucho me has decepcionado.

—Y tú a mí.

Las partículas colisionaron, se encendieron y se convirtieron en un poderoso disparo de luz que voló directamente hacia el viejo Klefki, quien lo contrarrestó fácilmente con una pared de escombros.

—Para un Foco Resplandor, eso fue entristecedor. Aún para otro hijo del acero.

—Tal vez —respondió Aemon. Los restos de su ataque, en lugar de desintegrarse, continuaron flotando alrededor de Oliver y a una señal de su tenaza empezaron a remolinear a su alrededor—. O tal vez eso no es un resplandor.

La nube de polvo parecía moverse con vida propia, acosando al candado flotante mientras se infiltraba en sus bisagras y limitaba su movilidad.

—¿¡Qué se supone que es esto!?

Aemon aprovechó su momento de debilidad. Corrió hacia él con los brazos extendidos y los bajó trazando una cruz sobre su cuerpo.

—Plata, no acero.

Hizo todo lo posible por ignorar el grito de sus tenazas. Incluso el cuerpo oxidado de Oliver era más duro que el suyo en esa situación, y probablemente se había llevado la mayor parte del daño. Aún así, cuando vio volar los restos de la capa marrón que llevaba en el aire, así como un pequeño objeto circular, supo que había logrado su objetivo.

—¡Mi anillo!

Rodia se precipitó a toda velocidad para atraparlo antes de que cayera al suelo, pero Aemon fue más rápido y lo capturó entre su viento plateado con una sonrisa de satisfacción. Se tomó un momento para admirar la gema.

«Qué demonios....».

Y el mundo pareció volverse negro por un instante.

«¿¡Qué demonios es esto!?»

Un pequeño aro de oro negro tallado de forma que recordaba a las escamas de un dragón. En su centro, una gema roja incrustada y tallada con la forma de una "V", que brillaba como si su centro fuera de llamas.

—¿Por qué... qué haces tú con una cadena de Augur?

Su respuesta llegó en la forma de un débil gemido y el sonido de un cuerpo golpeando el suelo. Aemon sintió que su sangre se helaba. El humanito yacía sobre los adoquines, apretando los ojos en un gesto de dolor mientras se sujetaba el costado, sobre el cual su capa empezaba a oscurecerse.

Flotando a un metro sobre él, Oliver sacudía su cuerpo con un chirrido espeluznante. Las puntas de dos de sus llaves estaban teñidas de rojo.

—Lamentable. Era mi menester capturarlo en el mejor estado posible.

—Aléjate de él.

«¿Por qué tiene una cadena?»

—Ya habrás notado que no es un humano estrictamente normal. ¿No te preocupa por qué?

—Preguntas para después —respondió poniéndose de pie—. Cuando acabe contigo tendrás suerte si puedes respirar.

—Tal vez su nombre te revele algo —prosiguió sin hacer caso a la amenaza—. En Ciudad Victoria, "Rodia" es un diminutivo para "Rodion". Tienes ante ti a Rodion Cirio de Scaevola.

Su rostro rechinó cuando trató de forzar en él una sonrisa.

—Acabamos de tener una lección de historia, así que dime...
 
¿Qué tanto sabes sobre el Sol Rojo?


Próximo Capítulo: Demonio del mediodía
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#20
Desde el momento que Oliver quizo irse se me hizo que la cosa ya no iba para bien con el llavero. Por otra parte, esta bueno para ser asesino el viejo :/
Master Weasel. Es esa sombra extraña que te sigue en la cueva 
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#21
Así que ese mugroso llavero es otro de los malvados, aunque se puede notar que hay un objetivo más profundo a diferencia de los anteriores perseguidores. ¿Serán del mismo grupo o pertenece a otra organización aún peor? 
Sin dudas quedo expectante de lo que vaya a pasar, sin dudas este pequeño humano tiene mucho que contar.

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...y esa referencia al Pancham de Nunca más robaré si que se puede ver. Al menos el del otro fic la llevó barata... este parece haber sufrido un poco más.
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(Cortesía de Luna)
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#22
Bueno Wiki, aquí estamos tras un par de días diciendo y amagando que iba a leer para finalmente recaer por acá. 
 Francamente y últimamente con los fanfics de mis lares no me he mostrado demasiado entusiasmado en mis comentarios últimamente y la verdad este es un buen cambio de aire, como sea, me dejo de explayar. 

 Algo me habías comentado, algo me habías mencionado y explicado acerca de lo que se trataba tu historia para venir acá a ver que onda. Siendo sinceros me llevé una agradable sorpresa con el relato, me gusta mucho como creas ambiente a partir de describir sensaciones externas en los personajes, como que te basta solo eso para poner en contexto el tono de la escena eso por el lado de tu prosa y porque no tu estilo de narrar al menos los personajes que lo haces de forma bastante personal y énfasis desde el punto de vista de Aemon. 

 El primer capítulo pese a ser medio largo me gusta por lo confuso del asunto, creo que hay un poco de exposición de más y se pudo sentir un poco más natural por ciertos pasajes pero nada en lo que me deba detener más tiempo porque en serio me gusta la introspección de los personajes, sobre todo de Aemon. Me gusta como planteas a los pokemon como criaturas conscientes y pensantes, algunas pudiendo expresarlas pero no como animales de pleno instinto, me agradó bastante ese planteo por lo cual es loable que algunos pokemon se pongan filosóficos, el más justificado en este aspecto es Mismagius, por ahí Aemon se le va "La pinza" (Chistaco... Eh, no hagan mucho ruido al reir por favor, gracias.) pero nada realmente grave y hasta lo puedo comprender en el contexto que llevaba algo muy valioso con él, las cadenas de sus lords que tienen un plan por el cual crearon esos objetos, las cadenas. Tal vez había pistas pero no llegué a captarlas pero me gustó como pasaste de la incertidumbre a ya tener algo que hacer más adelante desde la aparición de Mismagius, desde la total incertidumbre hacia un objetivo más o menos claro, eso también me agradó.

 Pero lo que más me gusta son las personalidades de los pokemon, sobre todo como manejan su moral con esta frase:

(04 Jun 2019
02:03 PM)
Maze escribió:
—Yo soy Aemon, de la canción del acero —repitió cuando le ofreció su tenaza envuelta en vendas—. Nunca olvido un favor.

 Porque define los códigos de Aemon, me gustan mucho este tipo de escenas que la lealtad prevalece sobre la honestidad y viceversa, son muy definitorias en algunos personajes. 

 Sobre la historia bueno, habrá que seguirla esperando pero supongo que eventualmente cobrará sentido, por alguna razón sustentándose en lo que podría provocar una "reconciliación" de los pokemon con los humanos. Quisiera comentar muchas otras cosas que salen y entran de mi cabeza pero creo que por hoy lo dejo por acá y cuando pueda retomo, hasta la próxima.
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#23
Buen capítulo, mi Kiwi

Me gustó que el viejo llavero haya sido el ladrón al final y también en general me agrada el desarrollo de la historia. No tengo mucho más que decir salvo que sigas así.

Saludos.
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#24
Vaya llavero rastrero.

No he visto a los de su clase siendo tan hijos de... desde que los nerfearon brutalmente en la séptima generación.
Rompe mi armadura si quieres. Al final, terminarás arrepintiéndote de hacerlo...
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#25
Mostrar Ya ha
@"lalocadelosgatos012" justo como dices, quería que más o menos el viejo se viera sospechoso, pero para no quedarse atrás, Aemon también tenía que darse cuenta.

@Franeer Sip, es que en el otro fic no peleaba contra una enana bocona de acero jajajajaja. Ya se verá a su tiempo quién trabaja con quien, ¡quiero dejarles un par de sorpresas!

@MegaMagner mi estimado, mil gracias por darle una leída al coso de acá. Sí, quería narrar, al menos los primeros capítulos, desde la perspectiva de Aemon, que aunque medio cínico, tiene algo de buen corazón abajo de todo. Si fuera un caballero, sería uno de armadura oxidada, supongo. Igual trataré de bajarle un poco a la sobre exposición, pero creo que para ese cap sí... necesitaba mucha jajaja.

@DoctorSpring  muchas gracias por pasarte! Espero que este de acá te guste.

@Nemuresu esas madres estaban op. Son inmunes/resistentes a dos tercios de la tabla de tipos y sin el buff a siniestros ni los tapus te hacían llorar sangre. Pero son muy monos.

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Capítulo V — Demonio de Mediodía
En el que resuena la canción del acero.

Había nacido bajo una estrella diferente. En una tierra bañada por la espuma del mar y los rayos del sol, con todo el potencial humano al alcance de sus manos. Un niño bendecido por el valor, la sabiduría y la paz interior, con el inusitado don de comprender a todas las criaturas vivientes. Un niño del que se decía que "los dioses lo habían creado para gobernar". Un joven que, consciente de su destino, renunció a los placeres del mundo para recluirse en la Torre de la Luz y, a partir de entonces, se le conoció como "el Sol Rojo de la Torre".

Se cuenta que cierta noche tormentosa, la lluvia provocó un fallo en la maquinaria de la ciudad. Las calles ardían en llamas y la muerte caía del cielo en forma de rayos atroces. Atrapado en su torre, el Sol Rojo observaba impotente la devastación de su hogar. No encontró en sí mismo el conocimiento para proteger a nadie, ni el valor para intentarlo. Todo lo que quedaba en él era un torrente de emociones desbordantes que no podía controlar mientras los gritos de cada persona que conocía se ahogaban  bajo la tormenta.

Esa noche, el Sol Rojo fue visitado por la Victoria, quien habló con él por horas y horas.


«Te he elegido a ti y a nadie más para cambiar este mundo. Para forjar una dinastía que reine por miles de eras».

«Rodia, ¿verdad? ¿Hace cuánto que puedes hablar con los pokémon?»
 
 
 
«Mi padre me enseñó. Todos en mi familia podemos hacerlo».
 

Aemon sintió que perdía el equilibrio. No le gustaba lo que sugería.

—Tú... la línea de sangre maldita.

—Veo que lo has comprendido al fin —respondió el anciano candado—. Quien yace frente a tus ojos es el último descendiente del Sol Rojo, el mismo arrancó la corona de nuestro reino. Como un guerrero... como un hermano de la canción del acero, deberías reconsiderar tu posición. ¿A quién crees que estás protegiendo? ¿Al legado de aquel que inundó nuestras tierras con fuego y sangre? ¿A un mísero humano?

Caminó hacia donde se encontraba Rodia. Sabía poco y nada de primeros auxilios, y el niño necesitaba atención tan pronto como fuera posible. Y ahora que tenía en su poder la Cadena del Sabio, estaba seguro de que Oliver no lo dejaría escapar.

—Sí, a un humano. A un humanito. Lo estoy protegiendo de un hijo de puta oxidado.

El viento chirrió amenazante cuando el viejo Oliver suspiró.

—Lamentable. Ciertamente lamentable.

Sintió el suelo retemblar bajo sus patas, escuchó a la Tierra gritar antes de quebrarse ante su voluntad, doblarse y reventar con hórrido estruendo ¿De dónde sacaba tanta fuerza? ¿De qué estaba hecho ese viejo candado que podía partir el concreto con sólo desearlo? Los adoquines volaron por todas partes y siniestras varillas de acero, tan oxidadas como él, emergieron como látigos y lanzas amenazantes. 

La lluvia de hierro y acero se cernió sobre él. Dependiendo solo de sus piernas e instintos, esquivaba sus acometidas apenas por milímetros mientras su capa se llenaba de agujeros. Cuando las varillas trataban de envolverlo como sogas, se forzaba a ignorar el dolor de bloquearlas con sus tenazas. 

Y una de ellas, ávida como una garra, se apoderó del anillo de Rodia cuando Aemon perdió control sobre él. 

—¿Por qué sabes lo que es una cadena, colega? —le interrogó con una expresión amenazante—. ¿Cómo es que puedes reconocerla?

El ataque dobló su fuerza. Con temeridad, Aemon saltó sobre los látigos de hierro para cerrar las distancias, alzando ambos brazos para trazar una cruz sobre su oponente sólo para ser bloqueado por una pared invisible.

—No funcionará de nuevo.

—¿Quién diablos eres tú? ¿Cómo conoces las cadenas? 

Cuando el mástil de una farola voló hacia él, se vio forzado a retroceder y correr para esquivar los escombros incesantes. Una pared de cristal casi invisible protegía a Oliver, reflejando débilmente la luz del sol. Ni siquiera tenía que molestarse en esquivar.

«Eso, quédate ahí maldito candado».

Agitó su exoesqueleto, liberando minúsculas partículas de plata que lo envolvieron como un remolino. Aemon miró a su alrededor, esperando.

—Ya hiciste eso antes —replicó el anciano—. Y será tan inútil como entonces.

—Ya veremos. 

Tomando la forma de una luna creciente, la hoja de plata descendió sobre Oliver como una guadaña, pero una segunda barrera traslúcida la interceptó para dispersarla como si fuera polvo. Y como si fuera justo lo que esperaba que pasara, Aemon volvió a lanzarse con un corte cruzado que fue repelido con idéntica facilidad. 

—No eres un insensato. ¿Qué pretendes con movimientos tan fútiles?

No perdió el tiempo en responder. Un rápido vistazo a las calles y entendió que debía soportar. Debían llegar en cualquier momento...

—Ah...

La boca del candado chirrió al obligarse a sonreír.

—Esperas a los guardianes. Quieres que nos detengan a ambos para... ¿salvar la vida de este niño? Qué noble de tu parte. 
 
«Pero haz cometido un error, colega».
 
Escuchó quebrarse las finas barreras gemelas que lo cubrían, y vio caer sus pequeños fragmentos mientras se desvanecían. Pero antes de que pudiera entender lo que sucedía, el suelo, los arboles,  y todo lo que rodeaba a Oliver en un radio exacto de treinta metros fue segado por una guillotina invisible. Una larga vara de hierro se alzó entre ambos y salió disparada hacia arriba, sólo para ser aplastada contra la impenetrable cúpula psíquica que los había aislado del mundo.

—No importa quién venga o qué ayuda esperes, nadie podrá atravesar mi pantalla dual. 

«Sólo una barrera a la vez» murmuró una voz en su cabeza. Sin dudar un segundo, Aemon se arrojó con las tenazas al frente. El viejo oxidado se hallaba indefenso ahora.

O al menos eso esperaba.

Como decenas de brazos, las varillas se lanzaron sobre él, aprisionándolo.

—No debía ser así —se lamentó el viejo Oliver—. Esperaba coger el anillo sin que nadie lo notara, y sustraer al heredero por su propia voluntad, al menos hasta que nos dijera lo que necesitábamos saber. Pero esto... —de nuevo, ese chirrido desagradable—. A cambio de la Cadena del Sabio, esta ciudad es nada.

Aemon luchaba por liberarse, pero contra la fuerza magnética que Oliver ponía en sus ataduras apenas y podía moverse.

—Estás hecho de buen acero, tan bueno que no puedo siquiera controlarlo, pero la suerte no te ha favorecido al elegirte como mi oponente.

El hierro ascendió por su cuerpo. Eventualmente, una de ellas llegó a su cuello.

«Mierda, no...».

—Pero qué grata sorpresa —rio el anciano, enarbolando su collar—, ¿quién iba a decirme que en un solo día reuniría dos de los tres?

—Suelta... suelta eso.

—La Cadena del Valiente. ¡Qué apropiado!

Tras someterlo completamente por brazos y piernas, los látigos de Oliver lo azotaron contra el suelo.

—Para cada uno de nosotros, hay una causa por la que moriríamos orgullosamente.

Una y otra vez.

—Defender lo justo, sólo para pertenecer a algo. Desarmados, desesperados, derramando nuestra sangre. Esa... esa es la canción del acero.

Y finalmente lo soltaron, sólo para alzarse sobre él como venablos.

—Adiós, colega. Ciertamente has sido valiente, pero no sabio.


—¿Qué erra ese lugar donde compraste todo eso? —preguntó Mio. Albor se llevó un dedo a los labios.

—No le digas a nadie. 

—¿Aemor estará bien?

—Si no lo está, te prometo que voy a golpearlo...

Enmudeció cuando notaron una multitud humana luchando por reunirse en torno a algo mientras los guardianes humanos trataban de dispersarlos. Sus ojos de muerto le permitían notar las gruesas barreras dobles que un pokémon había alzado. 

—¿Qué pasa? —volvió a preguntar, pero Albor le cubrió la boca con una mano y retrocedió con ella. Sus gestos, su voz y sus palabras se volvieron serias en un instante.

—Cambio de planes: reúne a todos ustedes; a Grissy, a Neer, a Susi... a todos menos a Oliver, y salgan a la ruta 8. Esperen en la hierba alta, pero no salgan hasta que nos vean.

—¿Por...

—No hay tiempo. No podemos quedarnos más en esta ciudad. ¡Ve ahora!

Mientras la pequeña de acero corría de vuelta al parque, Albor se aproximó lentamente a la conmoción. No necesitaba ver al creador de la barrera para saber de quién se trataba.

«De los pokémon presentes, sólo un klefki podría hacer algo como esto. Y uno muy poderoso». 

La suerte tal vez no estaba con Aemon después de todo.

Vio a los guardianes acercarse con extraños dispositivos cuadrados. Ellos también debieron notar la barrera, y contaban con medidas para neutralizarla.

«Disruptores»...

Deslizó sus uñas plateadas por el ala de su sombrero. Apenas un segundo después, una sombra acuosa empezó a girar entorno a sus pies. 

—Mis queridos protectores de la ley, será mejor que se alejen de eso.

Y se prolongó como afiladas agujas que los atravesaban como si fueran de papel. Presas del pánico, los civiles huyeron por sus vidas, pero los guardianes que se quedaron a hacerle frente liberaron sus armas sólo para ser sometidos de la misma forma. Estacas que se volvían tentáculos, tentáculos que apresaban como garras. Un espectro de tinieblas que, a la luz del mediodía, lucían mucho más oscuras. 

Mientras rodeaba la cúpula a paso lento, oteaba hacia el interior tratando de no ser vista. Aemon yacía en el suelo, atravesado por aquellas lanzas improvisadas. El pequeño heredero estaba con ellos también. 

—Vamos, canta tu canción de acero.


«¿Dónde está tu fe, Aemon? ¿Qué es aquello que debes proteger, por encima de todas las cosas?»

Su señor se encontraba tumbado contra un árbol, protegiéndose de los rayos del sol mientras jugaba con una manzana. Aemon, a su lado, seguía cada uno de sus movimientos.

«¿El honor? ¿Nuestra misión? ¿Tu propia vida? ¿Los inocentes? ¿Los impíos? ¿La paz? ¿Una promesa? ¿Tus más preciados recuerdos?»

«¿Soy yo?»

«No hay una sola respuesta. Dependiendo de quién haga la pregunta, tendrás que abandonar una cosa o la otra. Esa es la clase de mundo en que vivimos».

«Elige con el corazón, y canta su melodía».


El insecto carmesí abrió los ojos.

«No importa qué tan amarga sea».

El humanito yacía a su lado. Si no hacía algo pronto, lo mataría.

Si se rendía ante Oliver, podría salvar su vida. Y perder ambas cadenas en el proceso. O podía atacar de nuevo y dejar que el viejo candado lo matara.

Volvió a cerrar los ojos, y vio una cortina blanca deslizarse a contraluz... No, no era una cortina. Él la llamaba bata.

Dos discos de cristal blanco sobre una tenue sonrisa.

Sus largas manos de dedos fríos. 

La melodía infernal resonando en su cabeza, repitiendo las mismas palabras una y otra vez hasta grabarse en su subconsciente, hasta reverberar por todo su cuerpo.


«Vamos a hacerlo».


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Luchó por levantarse, ignorando el grito de su carne al ser besada por el hierro. Apenas logró liberarse y trastabilló hasta caer sobre una rodilla. El viejo Oliver lo miraba expectante, pero era evidente que ya no lo consideraba una amenaza. Y una parte de Aemon estaba de acuerdo con ello.

Descubrió sus brazos y, lentamente, procedió a quitar el vendaje que Albor había puesto sobre ellos. Fue una tarea difícil, pero los constantes ataques tanto suyos como del klefki habían debilitado su atadura.

—¿Qué pretendes ahora?

Observó sus tenazas. Ahí donde Miles había dejado sus marcas había ondulaciones como llamas, y pese a los cuidados de Albor, estaban lejos de sanar, pero suspiró de alivio al observar su filo. Sabía que, por poco, aún contaban con la dureza para cortar acero.

Su acero.

Desconfiado, el klefki le aprisionó de nuevo, pero Aemon ya había llevado  ambas pinzas a sus propios bíceps y las cerró con todas sus fuerzas. Su propia sangre empezó a manar.

«Odio hacer esto».

Su propia piel empezó a vibrar.

—¿Acaso, tú...?

Y su propia voz empezó a enunciar aquellas palabras.

Esas desagradables palabras.
 
Bajo el aliento del cielo sombrío, sobre la tierra muerta carmín. 
Confina mi alma al lado oculto de las dimensiones.
A tu mundo, al que no llegan las oraciones.
 
Conforme el acero bebió su sangre de vuelta, empezó a oscurecerse y ganar dureza. El rojo brillante de Aemon lentamente se tornaba en escarlata.
 
Entrega mi cuerpo a un sueño enloquecido.
 
Las ataduras de hierro cedían como hilos. Su armadura se alzaba de nuevo.
 
Clava tus colmillos en la Luna Nueva. 
Baila conmigo en la pesadilla eterna.
 
Abrió los ojos, pero apenas si podía ver algo. Una nube blanca cubría sus pupilas, y la ilusión de una sombra se extendía sobre su cuerpo.
 
Y da a mi brazo la fuerza para portar esta cadena.
A través de la brecha negra.
 
Alzó su brazo derecho con dificultad, sintiendo el peso de una montaña sobre su exoesqueleto, y lanzó un puñetazo a ciegas esperando acertar a su oponente. No lo hizo, pero su tenaza impactó contra el muro invisible con tanta fuerza que produjo un chasquido desagradable, y cuando el klefki pudo reaccionar a lo que sucedía, tembló de terror. las grietas se extendían por su barrera como una telaraña.

—¿Fallé? —inquirió con voz ronca.

—T-t-tu-tu-tú.... ¿Cómo? 

—Oh, ahí estás.

Aemon apuntó al frente con su otra tenaza. Presa del miedo, Oliver no acertó a moverse para esquivar y fue amartillado con violencia, dejando esquirlas de óxido desperdigadas por el suelo. La cara frontal de su candado se había hundido hacia adentro y su cabeza daba vueltas.

—¿Qué ha sido eso? —preguntó cuando pudo articular de nuevo, y la tenaza cayó brutalmente junto a él, a pocos centímetros de una muerte segura. 

—Eso, sigue hablando. 

Las piernas de Aemon apenas y se movían, pero a cada paso, los instintos del klefki saltaban enloquecidos y el temblor en su cuerpo era tal que ni siquiera podía alzarse sin caer y atraerlo de nuevo. Reuniendo hasta el último ápice de su valor, Oliver levantó una decena de látigos y los arrojó sobre su enemigo con la precisión y velocidad de saetas, pero ni una de ellas llegó a clavarse en su armadura y acababan retorcidas o se quebraban bajo su propia fuerza. 

—¿¡Qué demonios te hiciste!?

Cambió de táctica y las convirtió en cadenas, en fuertes ataduras para mantenerlo fijo en el suelo, y a continuación levantó cada escombro de metal, cada herrería que estuviera bajo su poder y las arrojó sobre él hasta sepultarlo bajo una montaña de ellos, sólo para verla vibrar y volar en pedazos cuando agitó su brazo y disparó de nuevo. 

Ante él, Aemon se erguía como un demonio, como el mismo Sol Rojo al día siguiente de la tormenta que le dio vida.

La cúpula de cristal se desvaneció, y al mismo tiempo, Oliver materializó entre ambos la barrera más poderosa que podía invocar, justo a tiempo para detener la próxima bala. 

La defensa absoluta había parado la muerte.

—Qué bien —le felicitó sin alterar su expresión apagada—. Tratemos de nuevo.

Uno, dos, tres, cuatro, cinco. Oliver ni siquiera pudo contarlos, pero supo le había tomado menos de diez intentos quebrar su última barrera y atraparlo con su tenaza izquierda.

—Ahora es tu turno —sentenció—. Canta con tu acero.

La garra descendió. Oliver obedeció.


Cuando Aemon despertó, se encontraba recostado en la hierba alta, rodeado de Albor, Mio y los demás. El cielo se había teñido con el rojo del atardecer, y su cuerpo cosquilleaba. 

—Me vas a costar una fortuna —se quejó Albor a su lado mientras le tendía una pequeña estrella blanca. Aemon las había visto antes y, sumiso, la tragó. Poco a poco recuperó la movilidad. 

—¿Estás bien? —preguntó la pequeña de acero a su derecha. Aemon asintió mientras se incorporaba y buscó a su alrededor hasta encontrar al humanito hecho un ovillo en el suelo.

—¿Cómo está él?

—Mejor que tú —respondió Albor con un suspiro de alivio—. Pero las medicinas humanas son más duras con el cuerpo. Dormirá por un rato más, pero su vida no corre peligro.

—Y ahora... ¿qué hacemos? —preguntó el murkrow que trabajaba en el centro.

—Debemos irnos. Ciudad Reliquia ya no es segura para ningún pokémon, al menos no después de lo que ha pasado estos días. Con el dinero que ganamos aquí, todos ustedes deben comprar un boleto al ferry de Ciudad Victoria. Allá las cosas son diferentes y les será más fácil adaptarse —prometió Albor, poniendo su mayor esfuerzo en endulzar sus palabras—. Es un mejor lugar que Reliquia, se los prometo.

—¿A dónde irrán ustedes?

—Aemon y yo iremos por el bosque. Cruzando hacia el norte, llegaremos a Ciudad Síntesis.

Intercambió una mirada con Aemon y este asintió.

—El humanito viene con nosotros.

Los acompañaron al puerto, al menos, tanto como podían acercarse sin ser vistos. Antes de que partiera con el resto, Albor estrechó a Mio entre sus brazos y cuando la dejó en el suelo de nuevo, esta abrazó también a Aemor. Una vez a bordo del ferry, la pequeña de acero y los demás subieron a la cubierta para despedirlos.

Habían pasado algunas horas desde entonces. El sol se había ocultado ya, y tras encontrar un pequeño claro en el bosque, decidieron descansar. El humanito seguía dormido, y Aemon no le quitaba el ojo de encima.

—Seguirá así hasta mañana —Albor trató de tranquilizarlo, pero tampoco sonaba tan segura de sí misma como siempre—. Así que es...

—Desciende del Sol Rojo. 

El anillo con la gema roja descansaba en su tenaza derecha. 

—Así que... una maldición. No sabía que podías usarla. 

—Desearía no volver a hacerlo. La maldición no sólo somete tu cuerpo a una tensión inimaginable, duele tanto que apenas y puedes moverte, es como si tu sangre se volviera hielo. Y además... te obliga a escupir en lo más importante para ti. Cada vez que la usas es como si te arrancaras un poco de tu alma y la pisotearas. 

«Clava tus colmillos en la Luna Nueva», recordó. «Baila conmigo en la pesadilla eterna». Para activarla, Aemon debía blasfemar de su propia fe. Debía burlarse de su propio señor.

—¿Por qué...? Anoche dijiste que lo darías todo por tu fe, y no la usaste contra Miles.

—Siempre hay algo más importante que tus principios —respondió mirando al pequeño Rodia—. Mi señor decía que un caballero de verdad es el que sabe cuándo romper sus propias promesas y elige por sí mismo —una risa ahogada escapó de su garganta—. Pero no hubiera servido contra Miles. Ese gato bastardo me hubiera quemado a la mitad, y al terminar, ya viste en qué forma quedo. No es algo que valga la pena intentar.

—¿Y por qué arriesgarte entonces?

Aemon se envolvió en su capa.

—Supuse que me salvarías. Aún no sé por qué lo haces, pero...

—Ya te lo dije, creo en tu causa. Si estas cadenas de verdad pueden cambiar el mundo, si tu señor tiene razón...

Un amargo silencio se extendió entre ambos cuando sus pensamientos se sincronizaron.

—Oye, Albor. El murkrow iba con ellos, él también perdió su trabajo.

—Sí.

—Los pokemon que lleguen a Ciudad Reliquia a partir de ahora, la tendrán más difícil que nosotros.

—... Sí.

La siguiente pregunta quedó suspendida en el aire, pero no por eso menos dicha.

«¿Estamos haciendo del mundo un lugar mejor?»


—Hay que descansar —decidió Albor—. Tenemos un mundo qué cambiar.

 



Próximo Capítulo: Los Bosques Efímeros

[Imagen: EdovJGiXkAYqwp4.jpg]
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#26
El grupo de vagos se llevará a Rodia, y el grupo se separa. Quiero pensar que Oliver termino hecho astillas después de lo que le hizo Aemon, pero da lo mismo. Me imagino que ya no vamos a ver a la bolita completa hasta después de un buen rato.
Master Weasel. Es esa sombra extraña que te sigue en la cueva 
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#27
Vaya vaya, así que Aemon tiene su modo skere y así volverse más fuerte, a ver a que puede llegar ese poder dentro de sí.

Qué lástima que el grupo se haya separado; yo quería seguir viendo a la simpática de Mio  LetalQQ pero bueno, espero que el trío que quedó llegué a su destino sano y salvo. Y pobre Aemon, siempre teniendo que enfrentarse ante oponentes muy fuertes en su pobre estado.
[Imagen: TYJl8zk.png]
(Cortesía de Luna)
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#28
Mira que yo pensaba que la comita estaba exagerando cuando dijo que leer dos capítulos seguidos a la vez era una pesadilla. Realmente, que largo se hace.

Me pareció buena la coreografía o como tengas ganas de llamarla, de mover a los personajes a partir de la obra de teatro, dividiendolos para que cada uno tenga su momento de brillar en escena, aunque no sean muchos. Quizás quedó medio apurado que las llaves de la temuer muestren sus intenciones tan rápido, aunque si juzgamos que apareció exclusivamente para eso, tampoco es que se iba a esperar 50 horas haciéndose el bueno hasta que la historia lo necesite. Aprovechó el momento y listo.

Ya hace RATO que vengo leyendo cosas tuyas, y estoy empezando a notar un patrón en que es lo que hace que fallen. No. Perdón. En realidad no es que fallen, sino que me van despegando de la historia hasta que termino abandonándola. Podría decirse que fallan en mi cabeza. Y me estoy empezando a dar cuenta que el problema siempre está en la ejecución, y no en el planteamiento.

No es que las ideas sean malas, o aburridas, o una estupidez sin sentido. Lo que siento es que los personajes no son el centro de la historia. La gente no mueve la trama, sino que se deja llevar por otras cosas.

Otras cosas que se repiten siempre, solamente con distinto nombre cada vez.

En el colectivo original, eran los aparatos esos que tenía el científico loco, y despues la costilla y el árbol y el orbe y no se qué otra cosa más.

En el otro colectivo, eran las reliquias de la muerte: que si el anillo y la tiara y ya no me acuerdo si había otra cosa más pero seguro tenía que haber otra que completara el trío pero nunca llegamos.

Ahora, son el OTRO anillo y las cadenas del augur y ya veremos que otras cosas más. La premisa siempre es la misma: hay un mundo CARGADÍSIMO de lore e historias de trasfondo y hechos que sucedieron en el pasado, ese mundo tiene cosas MUCHO MUY SUPER PODEROSAS y todo gira alrededor de ellas. Los protagonistas las necesitan, y los antagonistas también las quieren para cometer sus actos malvados o lo que sea.

No solamente eso, sino que a veces la historia se esfuerza tanto en demostrar lo importantes que eran en el pasado, que termina dedicando un espacio impresionante a personajes del pasado que ya están muertos hace miles de años, para explicar cuáles eran sus motivos y condiciones y que es lo que hacían. No me interesa! No me interesa el héroe del pasado que está enterrado 5 metros bajo tierra convertido en polvo, me interesa el personaje que está vivito y coleando ahí arriba, leyendo toda esa historia antigua aburrida!

Las historias nunca giran alrededor de los personajes, sino que son estos los que siempre dan vueltas alrededor de esos objetos mágicos super fuertes con poderes especiales, que se conectan con un pasado místico y ultra misterioso y bla, bla bla. Los protagonistas nunca son personajes. Los protagonistas son los objetos inanimados, el foco de la historia, y los personajes son simples instrumentos para mostrar "que tan interesantes y fuertes son esos objetos".

Ya sea como llaves para acabar con un bicho mistico.
Ya sea como llaves que guardan un secreto oculto.
O ya sea como llaves para liberar algún poder raro.

Siempre son cosas ocultas que tienen un poder misterioso, que los personajes tienen que descubrir, y que es crucial que obtengan el conocimiento de que son y cómo se usan para poder vencer o lo que sea y que la historia llegue a su fin.

El elemento mcguffinero SIEMPRE está presente. No importa si es la costilla, la oreja o la uña del dedo chiquito de devastal; la tiara, la muñequera, el arito para la oreja o el tacón de plata de Aiwass; o el anillo inscripto, el collar o el piercing del augurio.

La fórmula siempre es la misma: Personaje A quiere X para hacer Y, pero personaje B también quiere X para hacer Z: y eso genera conflicto.

Funcionará un par de veces, pero cuando la trama central se repite y se repite Y SE REPITE, empieza a volverse un tanto aburrido.

No me malinterpretes, a día de hoy sigue siendo probablemente la mejor historia que estás escribiendo. Y le estás poniendo ganas y todo y no me gustaría que por un comentario de mierda como el mío pierdas la inspiración. Pero vas a tener que estar de acuerdo conmigo en que lo de los objetitos-super-poderositos se está volviendo demasiado básico en todas tus historias. No puede haber una historia tuya sin un collar antiguo o un pergamino mágico que todos anhelan.
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#29
Damn! Entonces este Scizor tiene su propio modo oscuro...

Con la forma que destrozó todas las barreras, ya me imagino el horrible destino que le cayó a ese Klefki del demonio.
Rompe mi armadura si quieres. Al final, terminarás arrepintiéndote de hacerlo...
[Imagen: IIhG3l7.gif]
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#30
Buen cap.

La canción de acero parece un poder interesante. Espero que podamos ver de vuelta a los demás pokémon que se fueron en el ferry.

Hablando de otras cosas, me sigue agradando el transfondo del mundo que creaste. En general el como das la información no se esta sintiendo intrusiva por el momento.

Saludos.
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