Longfic- Fuego Quimérico

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GéneroAventuraDrama
Resumen

Él quería ser un héroe. Ella quería ser un dios.

#1

Fuego Quimérico


 
Seguro conoces la historia: tiempo atrás, cuando las montañas aún eran jóvenes, nuestras especies dominaban este mundo. La única ley válida era la del más fuerte, y puedes jurar que éramos los más fuertes. Eran días duros en los que pelear para comer, comer para crecer, pelear para tener hijos y pelear para que alguien no te coma primero eran las únicas aspiraciones que podías tener en vida. Y nuestros amigos los humanos, bueno, tenían suerte de no ser los más débiles por ahí afuera ni los más fáciles de cazar.

¿Recuerdas la época de los lazos? Esos pequeños humanos aprendieron a usar la cosa que tienen entre los hombros para construir otras cosas con las que lentamente se apoderaron del mundo. Cambiaron las reglas a su beneficio, y en lugar de pelear entre nosotros por la supervivencia, peleábamos para entretenerlos. "Humanos y pokémon liberando juntos su potencial", o algo así les gustaba decir. No fueron tiempos tan malos, para ser sincero. Una vez aceptabas la sumisión... podía ser divertido que alguien cuidara de ti.

No, claro que no recuerdas nada de esto. Pertenece a un pasado tan distante que ni tú ni tus padres habían nacido aún. Hablo de la época en la que el sol rojo cayó de las sombras y la princesa de las flores perdió su corona. Hablo de la guerra entre nuestras especies que sucedió al cataclismo y que sólo llegó a su fin cuando los dos héroes del oráculo unieron sus fuerzas. Es historia antigua ya, pero fue gracias a ellos que ahora, para bien o para mal, vivimos en el mundo en que vivimos. Un mundo en el que ningún humano correrá peligro al cruzar la hierba alta, en el que todo pokémon será acogido en toda ciudad humana como un invitado de honor, y en el que nadie, nunca jamás volverá a ser cautivo en una pokéball. Un mundo en el que por fin somos iguales, pese a todas nuestras diferencias.

Pero, ¿qué me dices tú? ¿Es esta la clase de mundo en la que quieres vivir? ¿No te gustaría... sacudir un poco las cosas?


 
Capítulo I — Voto Fantasma

En el que Aemon tiene un encuentro desagradable y más tarde pierde algo importante en un templo.




«Esto es lo mejor de mí, aquello en lo que destaco sobre otros. Sé que no es gran cosa y quisiera poder hacer más por ti; enmendar, de algún modo, todos los problemas que te he causado, pero es lo único que puedo darte. Y aunque las cosas han sido difíciles entre nosotros, estoy un poco feliz por ello. Saber que lo que puedo ofrecerte es mi mayor talento».


 
Aemon despertó como solía hacer en las mañanas: con un fuerte dolor de espalda y ganas de golpear a alguien. Últimamente escuchaba la misma voz todas las noches susurrando en su cabeza; a veces planes absurdos sobre cómo conquistar el mundo y en ocasiones también le daba lecciones de historia. Una o dos veces trató de gastarle una broma y en ocasiones... decía esa clase de cosas. Sabía de otros pokémon, como el abuelo Paras y alguna ralts, que escuchaban voces en sus cabezas, así que debía ser algo normal. Lo único que no entendía era por qué la suya tenía que ser tan molesta.

Por suerte, solía callarse durante el día.

Bajó del árbol que había elegido como refugio para exponerse a la luz del sol. Sus alas ardían de dolor con el más ligero roce de la brisa. Estaban casi completamente quemadas y estropeadas, víctimas de la pelea que había tenido días atrás. Aemon no era un cobarde, pero le entristecía ver sus propias alas en ese estado; las mismas con las que surcaba los cielos cuando aún era un scyther.

Extendió el manto negro que llevaba consigo sobre sus hombros y su cabeza a manera de túnica, ocultando sus cicatrices, su rostro y su identidad tanto como le era posible. Entonces abrió su tenaza izquierda para liberar de ella una pequeña gema roja, traslúcida y brillante como un rubí, tallada en forma de cuadro y engarzada sobre una cadena negra que se ajustó al cuello. Volvió la vista hacia el horizonte justo cuando su vientre hizo un sonido hueco.

Estaba listo para partir. Ciudad Reliquia se alzaba a pocos kilómetros de él.
 

 
La razón por la que había pasado los dos últimos días en la intemperie era que no le gustaban las multitudes, ni de humanos ni de pokémon. Los de su propia especie le traían malos recuerdos, y los humanos... no eran precisamente malos, no todos al menos. La población de la ciudad se componía casi exclusivamente de estos últimos: vio jóvenes humanos jugando en el parque con una pelota, los conocidos vigilantes del orden en sus uniformes azules, sombreros azules y ojos azules, una humana adulta mirando a través de la ventana de su casa de ladrillos, más humanos trabajando en la construcción de otro edificio cruzando la calle, y un grupo más grande congregado alrededor de un humano más viejo que hablaba a voces. Humanos, humanos y humanos por todas partes. Un taillow surcando los cielos más allá de la vista que reconoció por su graznido y una pareja de emolga entre las hojas de un árbol fueron los únicos pokémon que reconoció. Una parte de Aemon se sentía aliviada por no encontrar al monstruo de ojos ambarinos por ningún lado, pero los humanos eran quienes lo ponían nervioso.

La capa negra ocultaba su piel, pero no el hecho de que era un pokémon. Las puntas de sus patas y la forma en que abultaba bajo el manto lo delataban y a cada paso que daba, podía sentir cómo las miradas se clavaban en él; algunas con miedo, otras simplemente con incomodidad, pero todas expresando rechazo. Incómodo, mantuvo la vista fija en los adoquines rojizos que formaban las calles, tratando de hacerse invisible a los ojos humanos, y deseando especialmente que la humana de ojos dorados no estuviera entre la multitud.

¿Qué iba a hacer? Lo primordial era encontrar un sitio en el cual dormir y algo para comer, aunque la idea de tratar con humanos no le gustaba. De acuerdo a las Leyes de la Armonía, cada pokémon sería recibido con hospitalidad en cualquier población humana, y Ciudad Reliquia debía contar con un albergue para pokémon como todas las demás, pero pese a su situación, no se sentía con deseos de suplicar por caridad. Ya encontraría su sustento de un modo u otro.

La suerte le sonrió cuando un destello repentino hirió su vista, proveniente de una lata vacía en el suelo que reflejaba los rayos del sol. Aemon logró contener una sonrisa y, sin acelerar su paso, cruzó disimuladamente los tres metros que lo alejaban de su objetivo y cuando estuvo junto a sus pies, la pateó suavemente para alejarla de nuevo.

Dio un vistazo a su alrededor. Los humanos volvían gradualmente a sus actividades y le prestaban menos atención. Esperó unos segundos y la pateó otra vez en dirección al parque. Una humana adulta lo miró con curiosidad, pero siguió su camino sin molestarlo. Aemon asintió para sí mismo y dio otra patada como si fuera un accidente para mandar la lata a volar hacia el césped, al otro lado de una vieja fuente. Esta vez no hizo ningún intento de disimular, saltó tras su botín para inclinarse en el suelo y la aferró con su tenaza derecha, y justo cuando estaba por darle un mordisco, notó que sobre su superficie metálica había cinco dedos rosados sujetándola por el otro extremo.

—¿Pokémon?

Había un humano pequeño tratando de robar su almuerzo. Era joven, su cabello era de un celeste opaco y estaba peinado en un par de trenzas. Sus ojos eran marrones, grandes y amistosos, y se cubría con una capa azul tan vieja y raída como la suya, pero mucho más sucia.

—¡Eres un pokémon!

—Me descubriste. Seguro eres el más listo de tu camada —respondió. Entender el lenguaje humano era fácil para la mayoría de los pokémon, pero muy pocos contaban con las cuerdas bucales para replicarlo adecuadamente. Aemon no era uno de ellos, así que el pequeño solo abrió la boca aún más en su asombro.

—¡Sisoor! ¡Te llamas Sisoor!

—Supongo que sí. Ahora sé un buen humanito y ¡Quita tus manos de mi presa!

Tiró de la lata con fuerza y el niño la soltó, pero en lugar de alejarse, se sentó junto a él en la orilla de la fuente mientras balanceaba sus piernas.

—Yo me llamo Rodia, y estoy de viaje.

—Yo también, qué casualidad. Fue un gusto conocerte.

—Eres muy raro —prosiguió ajeno a su sarcasmo—. Nunca había visto un pokémon como tú.

—No hay pokémon como yo —respondió con un esbozo de sonrisa—, sólo yo.

—No hay muchos pokémon en Ciudad Reliquia, ¿sabes? Es raro.

—Ni tan raro —suspiró mientras daba un mordisco a su lata—. No nos gustan los humanitos.

—Creo que los pokémon de los alrededores no quieren ser nuestros amigos.

—Es lo mejor para todos. —Un leve rastro de amargura escapó de su voz—. No tienes idea de lo que pueden hacer nuestras especies cuando trabajan juntas.

El niño humano miró hacia adelante, haciendo silencio por un largo momento que Aemon agradeció.

—Hay otro pokémon en la ciudad... pero no me gusta.

—Al menos tienen algo en común —rio, pero la alegría había escapado del infante. Ahora parecía temeroso.

—No lo he visto, pero está en el templo. Hace ruidos extraños y... vi su sombra, y es horrible. Y la gente del pueblo dice que hace daño quienes lo molestan. Dicen que está maldito.

—Bueno, tú sabes... algunos pokémon son muy territoriales. No vuelvas a ese lugar y le des más motivos para atacarte —respondió con un tono más bajo. Tal vez el niño no podía entenderlo, pero esperaba calmarlo con una voz más suave, y funcionó. Volvió la vista hacia Aemon y sus ojos bajaron a la gema en su cuello.

—¿Eso qué es?

—¿Esto? —Aemon tiró de la cadena para exhibir la joya roja—. Alguien me la dio. Es la prueba de que eres un Augur.

El pequeño humano abrió la boca en una exhalación de sorpresa, encandilado por los brillantes reflejos de la piedra. Una tímida sonrisa trató de abrirse paso en el rostro de Aemon, pero desapareció de inmediato cuando el chico le apuntó con su dedo.

—¿Y eso qué es? —preguntó señalando a su pecho, más allá del esmalte rojo de su coraza, sobre la cual se extendía una mancha de óxido blanco.

—¡Scizor! —gritó enfurecido al tiempo que azotaba su tenaza violentamente contra el borde de la fuente, haciendo saltar el concreto a su alrededor.

Todo fue tan repentino que ni siquiera supo en qué momento terminó. El niño humano había desaparecido, los otros volvían a mirarlo con aprehensión. Un vigilante del orden se mantenía alerta a pocos metros. El agua de la fuente corría libremente por el césped.
 




«Un estallido, ¿eh? ¡No puedes ponerte así cada vez que alguien te molesta!»
 
Ni siquiera tenía ganas de discutir. Muy probablemente fuera la voz de su conciencia, y además tenía razón. El humanito trataba de ser amable y no era culpa suya que Aemon fuera tan sensible sobre algunas cosas.

—¿Es que sigo siendo un maldito scyther?

De todas formas no podía hacer nada para reparar el daño, y probablemente el niño se olvidaría de él. Y si no lo hacía, mejor para él. Algunos pokémon harían cosas peores que asustarlo.

«Claaaaaaaro. Fue por su propio bien. Si quieres engañarte a ti mismo necesitas mentir un poco mejor».

Por lo menos algo bueno había salido de la conversación: había un templo en Ciudad Reliquia. La parte mala era que probablemente tendría que pelear.

Su primer pensamiento fue que "templo" era una palabra demasiado amigable. Lo que tenía frente a sí eran más bien ruinas. Dos altas paredes de piedra gris y la mitad de una tercera eran todo lo que se mantenía en pie, sosteniendo a duras penas la cúpula ovalada que las coronaba, permitiendo que la luz se filtrara a través de sus múltiples fisuras. La estructura era tan vieja que una fuerte sacudida bastaría para tirarla abajo. El musgo empezaba a pintar los muros de verde mientras la hierba crecía sobre las rocas. En el interior encontró asientos de concreto, algunos ya rotos o resquebrajados, dispuestos en dos filas a lo largo de la sala. En los huecos que deberían ocupar las ventanas y el suelo que los rodeaba, había fragmentos de vidrio tintado multicolor que en sus tiempos de gloria debieron formar hermosos vitrales, pero de ellos sólo quedaban los armazones de hierro oxidado que vagamente se asemejaban a lo que eran.

Aemon exhaló un hondo suspiro cuando se sentó en el brazo de una cruz tan alta como él. Sospechaba que debía ser parte de la bóveda.

—¿Qué es esto, mi Señor?

No era la primera vez que estaba en un templo como aquel. Después de la guerra, los humanos solían construirlos en sus ciudades como un espacio de oración y entendimiento para recordar ambas facciones que ahora eran amigas. Su señor también lo creía, pero el estado del templo le decía algo completamente diferente: ni a humanos ni a pokémon les importó que se viniera abajo.

—Tal vez sea mejor así —reflexionó en voz alta—. Los humanos y los pokémon ya son lo bastante malos por separado, juntos...

Su memoria evocó un rugido en mitad de la noche que se abría paso entre los colmillos que le arrebataron las alas. Y más allá de él, la odiosa risa de esa mujer humana.

A veces se preguntaba qué lo mantenía en pie. La misión de su señor lo destruía poco a poco, y tarde o temprano ellos lo alcanzarían de nuevo. ¿Y para qué? Ni siquiera creía en la misma causa que su señor.

Se obligó a seguir buscando por el lugar para apartarse de sus pensamientos, pero no encontró nada que pareciera útil en su misión ni le apetecía dormir ahí. Justo cuando estaba por irse, notó una sombra alargada deslizarse sobre la pared del fondo. Era alargada, torcida y más oscura de lo que debería.

—Oye —le llamó—. Deja de asustar a los humanos.
 



 
Resultó que el centro de acopio no quedaba lejos del templo. Era un edificio recio de paredes blancas y tejado carmín, con amplias ventanas alrededor de su superficie que reflejaban el rojizo resplandor del atardecer. Desde el exterior parecía un lugar confortable, pero en cuanto cruzó las puertas, se encontró con una amplia recepción, vacía en su mayor parte salvo por algunas sillas y plantas en las esquinas, una ventanilla al fondo atendida por una humana que daba acceso a otro pasillo, y frente a la misma, una fila de veinte o quince pokémon esperando su turno de ingresar. Reconoció un klefki, una nidorina y un sneasel, y junto a la humana de la ventanilla pudo ver a un murkrow que servía de traductor entre ella y los pokémon.

Se ajustó la capa sobre sus hombros antes de encaminarse al final de la fila. La última pokémon era pequeña y bípeda, cubierta de pelaje negro y amarillo. Una extraña cresta salía de su cabeza con la forma de dos fieras fauces, pero sus ojos rojos eran amigables cuando se volvió para saludarle..

—Hay mucha genter, pero la fila se mueve rápido. Probabremente haya espacio para todos.

—Quince pokémon no es lo que llamaría “muchos" —respondió inconscientemente. La pequeña pokémon asintió dos veces.

—Somos pocos en Ciudad Reliquia. Los humanos aquir... no nos quieren mucho, y son aún más pocos los que se quedan por mucho tiempo.

Esta vez fue su turno de asentir. Humanos y pokémon podían fingir que ahora eran iguales, pero nunca lo habían sido, y todos lo sabían.

—Es la primera vez que veo a uno como tú... —prosiguió la pequeña— ¿qué erers?

—Acero — respondió lacónico—. Lo mismo que tú.

La pequeña sonrió mientras daba un paso hacia adelante. Tenía razón, la fila se movía.

—Y Hada. Soy una mawile.

Aemon se sorprendió al notar que estaba sonriendo. La pequeña le caía bien y estaba hablando más de lo que solía. Y necesitaba saber todo lo que pudiera decirle.

—No eres de por aquí, ¿cierto? ¿Cuánto tiempo llevas en la ciudad?

—Cerrca de un mes, ¿por quer?

—Escuché que había un templo hechizado cerca de aquí, donde aparecen espíritus y se escuchan voces. Quería saber si hay alguna historia o leyenda sobre el lugar...

—¿Ese montón de piedras sucias? —inquirió mientras alzaba una ceja—. No hay nada ahir.

—Tal vez no monstruos —cedió contrariado—. Quise decir, un pokémon fantasma o algo así.

—No hay ningún pokémon en ese templo—insistió—. A veces los niños humanos van ahir a jugar. Son tan molestos que nadie quiere acercarse, menos un pokémon fantasma.

—Debe ser un error, estoy seguro de haber visto un pokémon ahí...

—Hay un solo templo en Ciudad Reliquia, y te digo que no hay pokemon en ér.

Aemon dio un paso hacia atrás. Las versiones del niño humano y la pequeña de acero se contradecían, y él mismo había visto la sombra de un pokémon. ¿Uno de los dos le mentía? ¿Y de ser el caso, quién?

Sintió un escalofrío recorrer las cicatrices de sus alas. En el intervalo de un segundo, el mundo se volvió un lugar helado, oscuro y vacío.

Supo que estaba ahí, aún antes de verla. Aún antes de que sus largos y delgados brazos envolvieran sus hombros, antes de sentir ese frío aliento sobre su nuca. Incluso antes de su primer pensamiento, supo que ella lo había alcanzado.

—¡Nos volvemos a encontrar!

Vio su reflejo a través del cristal de la ventanilla. Una humana adulta, aún más alta que él, enfundada en un traje gris de dos piezas y una blusa oscura. Sus manos, finas y terminadas en uñas plateadas que acariciaban su coraza. Su piel era pálida aún comparada con la de otros humanos y su cabello negro caía como seda por sus hombros, rematado en puntas rubias. Una sonrisa de burla perenne la volvía inconfundible, así como esos brillantes y diabólicos ojos dorados.

—No hagas una estupidez —susurró en su oído—, conoces las reglas.

Sin soltar a Aemon, bajó la vista hacia la pequeña de acero.

—Mi amigo y yo tenemos mucho de qué hablar, disculpa las molestias.

Su corazón latía enloquecido, ¿cómo fue que no la vio llegar? ¿Cómo había sido tan descuidado? Tal como ella decía, ahora estaba en su poder. Las Leyes de la Armonía indicaban que ningún pokémon se atrevería a atacar a un humano, y en medio de una ciudad, en el momento en que tratara de defenderse de ella, sería su fin.

Derrotado, se dejó arrastrar hacia las sillas vacías. Ella sabía lo que hacía y no pensaba perder su ventaja.

—¿De verdad creíste que podías escapar? ¿Que hay algún lugar en el mundo que pueda ocultarte de sus ojos?

Se sentó en una de las sillas con las piernas cruzadas. Aemon se dejó caer en la que tenía al lado. Los otros pokémon del recinto miraban a uno y otra con inquietud.

—¿Cuánto tiempo llevamos con esto? —dijo con los ojos fijos en la pared y una mueca de burla en los labios—. ¿Cuatro meses o cinco? Te escondes en un sitio, te encontramos y te perseguimos hasta que te escondes de nuevo. ¿No estás cansado de todo esto? ¿Por qué no simplemente cooperas? No tienes que seguir sufriendo por algo que no es tu culpa.

—Esta es la parte en la que me dices que eres la buena —respondió presionando sus tenazas contra sí mismas.

—Solo quiero esa piedra bonita que llevas en el cuello. Te prometo que ni yo ni Miles te haremos más daño. Podrás dedicarte a... lo que sea que haga tu especie, o vagar de un lugar a otro por el resto de tu vida. Será una vida más larga que la que puedes esperar si seguimos con esto —rio—. ¿Por qué esa expresión? ¿Crees que miento? No encuentro placer en seguirte por praderas y pueblos, y para ser sincera, estoy perdiendo la paciencia. Pero él... se divierte.

Llevó una mano a la cara de Aemon, quien solo pudo estremecerse cuando sus uñas rozaron su frente.

—¿Cuánto tiempo podrás seguir con este juego? La última vez fueron tus alas, y apuesto que ya no eres tan rápido como antes. ¿Qué perderás esta vez tratando de huir? ¿Cuánto perderás de ti mismo antes de darte por vencido? ¿Quieres sentir otra vez el beso de sus colmillos?

Tan lento como se lo permitían sus instintos, Aemon alzó su tenaza izquierda para apartar la mano de su perseguidora.

—Nos protege la misma ley —declaró con seguridad mientras la miraba a los ojos—. Tú tampoco puedes hacerme nada mientras estemos en esta ciudad, ni tú ni tu compañero. Y no pienso entregarte nada.

La mujer se le quedó viendo por espacio de unos segundos con una expresión de completo desconcierto. Sus labios empezaron a temblar y sus párpados cayeron un poco sobre sus ojos. Un momento después, sus hombros se sacudían mientras exhalaba una sonora carcajada.

—No entiendo una palabra de lo que dices... pero me hago una idea de lo que estás pensando. Y estás muy, muy equivocado.

Deslizó sus uñas por la tenaza de Aemon. Un simple movimiento bastaría para rebanar sus dedos, pero en todo su cuerpo no había una pizca de miedo.

—Las reglas se hicieron para los chicos buenos... Miles.

Las ventanas estallaron con un estruendo ensordecedor. Humanos y pokémon lucharon por cubrirse de la lluvia de cristales afilados que voló hacia el interior del edificio. La iluminación se fue en un instante, dejando como única fuente de claridad la purpurea luz del ocaso.

Y bloqueando la entrada, la imponente silueta negra de la bestia de larga melena.

—Fin del camino, campeón.

Su voz era recia y rencorosa. Su aliento tenía el olor del azufre y sus agudas garras brillaban como bengalas. Aemon se aferró a su capa, tratando de disimular el temblor que sacudía su cuerpo, pero como decía la mujer, nada escapaba de los ojos de Miles, ni siquiera el miedo.

—¿Asustado? Yo lo estaría en tu lugar. Pero al menos espero que des algo de pelea, por poca que sea.

Dio un paso hacia adelante, y luego otro, con suavidad; saboreando la sangre que estaba a punto de derramar. Aemon conocía esos ojos ambarinos tan bien que podía leer sus pensamientos, y todos ellos hablaban de muerte y violencia.

—¿Aceror? —preguntó una tímida voz al fondo de la estancia. Era la pokémon con la que había cruzado un par de palabras, asustada y sujeta a los otros pokémon. Un vistazo le bastó para saber que ninguno de ellos sería de utilidad. La bestia los partiría a la mitad en un destello.

—No teman, viene por mí.

Se llevó la tenaza al cuello para quitarse el collar con la gema y apuntar con él a la bestia.

—No voy a entregarte nada —declaró.

La pinza escarlata empezó a brillar, liberando minúsculas partículas plateadas que giraban a su alrededor, ganando intensidad en resplandor y velocidad.

—¿Qué pretendes, campeón? —se burló—. No vas a destruir la piedra con eso.

La estancia se iluminó cuando liberó un potente haz de energía hacia su oponente, pero este lo repelió con la fuerza de su rugido y se preparó para cargar hacia Aemon, justo cuando este apuntaba con su otro brazo hacia la mujer de gris.

Su puño voló como una bala.

Miles saltó para interponerse en su camino, pero no antes de que la pared tras ella se hiciera pedazos. Aprovechando la escasa distancia que había alcanzado entre ellos y la puerta, Aemon echó a correr tan rápido como sus piernas le permitían.

—¡Eso es! ¡Huye! —escuchó rugir a su perseguidor— ¡No será divertido si no pones algo de esfuerzo!

Envuelto en una espiral de electricidad, la bestia negra dejó atrás el centro de acopio para emprender la carrera tras él.

«Está bien, siempre has sido más rápido».

—¿Sabes a cuantos he matado antes que tú? ¿A cuántos he cazado hasta su último aliento?

Impulsado por sus poderosas patas traseras, el felino dio un poderoso salto hacia él para embestirlo.

—Di mi nombre y lo sabrás.

Miles cayó sobre él con la fuerza de un airete, lanzando su maltrecho cuerpo hacia el suelo para hacerlo rebotar contra los adoquines. Sintió que su coraza se reblandecía, y sus pulmones gritaban de dolor cuando trataba de respirar, pero aún así se obligó a levantarse. Reunió cada onza de fuerza en sus patas para ponerse de pie y encarar a su oponente.

—¡De pie! ¡Si no te levantas no puedo derribarte de nuevo!

El cazador volvió a tensar sus patas, preparado para arremeter cuando una gruesa cadena plateada rodeó su cuello. Le siguió otra igual en torno a su pata izquierda y una más sobre su garra derecha. Confundido, miró a su alrededor para encontrarse con tres vigilantes de la ciudad tratando de someterlo, y otros tantos más a su alrededor para prestar apoyo.

—Sabemos que puedes entendernos —dijo el que parecía el líder—. No te muevas si no quieres empeorar las cosas para ti.

Los humanos escucharon un siseo amenazante. Aemon, una risa cruel cuando sacudió su cuerpo con violencia para desprenderse de sus captores. Sus colmillos refulgían incandescentes cuando atraparon y destrozaron una de esas cadenas.

—¿Saben cuántos de ustedes han intentado detenerme antes?

Aemon escuchaba las descargas eléctricas y los gritos de aquellos hombres mientras corría por su vida. Sabía que antes o después Miles se libraría de cada uno de ellos para ir tras él. Había pasado tantas veces por lo mismo que apenas y recordaba otra forma de vida.

¿Para qué? se preguntaba. ¿Por qué seguía haciendo eso?

Su cuerpo pesaba como nunca antes, y aun así consiguió obligarlo a moverse, tan lentamente como si estuviera arrastrando una roca. Los gritos y los rugidos se hacían más y más lejanos hasta que desaparecieron. ¿Los había dejado atrás o empezaba a perder la conciencia? No lo sabía, y tampoco quería averiguarlo. Sólo debía mirar al frente y seguir avanzando. Si se daba vuelta, Miles estaría tras él.

Cuando llegó al templo de la armonía había alcanzado el límite de sus fuerzas. Se dejó caer de espaldas contra una pared y su acero cantó de dolor contra la roca como si fuera a derrumbarse, pero no podía importarle menos. Nadie podría escucharlo, al menos hasta que él lo alcanzara.

—Piensa —se dijo—, piensa en algo, maldita sea. Antes de que lleguen...

—¿No crees que ha sido suficiente?

Ni siquiera tuvo que alzar la vista. Sabía que ella estaba ahí, en la bóveda del templo, justo sobre su cabeza. Incluso podía adivinar su postura con las piernas cruzadas, los dedos entrelazados y esa sonrisa cruel en los labios.

—Siempre estás solo, entre humanos o pokémon, siempre temeroso de que estemos tras de ti. Aquél que te envió en esta misión no está sufriendo en absoluto. Tal vez ni siquiera sabe por lo que has pasado, ¿y para qué? Sabes que no puedes escapar por siempre. ¿Qué harás cuando ya no puedas moverte? ¿De verdad es justo todo esto? ¿Por qué debes ser tú el único que sufre? ¿Qué has recibido por tu bondad?

Sus ojos empezaron a escocer, pero se forzó a creer que no estaba llorando. ¿Qué podía saber ella? ¿A quién trataba de engañar?

—No vas a volar de nuevo. No volverás con los tuyos jamás. Tus alas, tu piel... ¿cuánto más estás dispuesto a perder? ¿Cuánto más vas a ofrecer por esta causa perdida? ¿Tu alma? ¿Tu vida?

El silencio se prolongó por segundos que parecían eternos. ¿Estaba hablando aquella mujer, o la voz en su cabeza? Decían las mismas palabras, con el mismo tono y la misma certeza.

—...do.

—¿Dijiste algo? ¡No puedo oirte!

Escuchó el sonido de sus pisadas. Él era un cazador nato y podía moverse sin hacer ruido desde el día en que nació. Si ahora dejaba que Aemon lo oyera era porque quería anunciar su llegada.

—Bueno —rio la mujer—, será mejor que le respondas a él.

—Me gustan tus ojos —dijo la bestia—. Ojos de una presa abatida. Ojos de alguien que se ha resignado a su destino.

Sus garras emitían destellos de electricidad; una corriente luminosa envolvió su pelaje cuando saltó hacia su objetivo.

—Todo —respondió Aemon.

Bajó la cabeza. Contrajo sus patas, y embistió a Miles en la quijada con sus crestas de acero.

—¡Todo!

El felino retrocedió, más impresionado que herido por la súbita muestra de resistencia, e intentó esgrimir una sonrisa, pero la tenaza izquierda de Aemon ya estaba sobre su hocico.

—¡Todo!

Uno tras otro, sus golpes caían como balas sobre su rostro.

—Por mi señor —exhaló, consciente de que necesitaba oírse a sí mismo—, estoy dispuesto a apostarlo todo. Por cumplir su misión, estoy dispuesto a hacerlo todo.

Miles saltó hacia atrás para ganar distancia y preparar un contraataque, pero antes siquiera de que tocara el suelo, Aemon ya estaba debajo de él cruzando sus brazos como dos agudas espadas.

—¿Qué puedes saber tú, que solo matas por placer? —le recriminó cuando su pelaje negro empezó a humedecerse por su propia sangre—. ¿Qué puedes saber si para ti esto es un juego?

Sus tenazas se convertían en hojas de luz bajo la luna. Miles era mucho más grande y fuerte, pero la diferencia de altura y postura favorecía a Aemon para golpearlo bajo su guardia y esquivar cualquier intento de agresión.

—Y por mi fe —declaró con una tenaza sobre su pecho—, estoy dispuesto a entregarlo todo.

El cazador rugió de ira y dolor cuando el acero se abrió paso a través de su carne y cayó pesadamente sobre su costado, esforzándose por respirar ante la mirada determinada de su presa.

—Peleo por una causa más allá de tu entendimiento —afirmó tanto al pokémon como a la mujer—. No me midas bajo tus estándares.

Un hilo de sangre corría por los labios de Miles, manchando su pelaje y sus bigotes, pero su piel se contrajo en lo que parecía una aterradora sonrisa mientras se relamía. Su cuerpo se agitaba en espasmos de risa, de expectación y éxtasis.

—Ya era hora, campeón. Al fin estás ofreciendo resistencia.

Aemon tomó distancia. La pelea aún no había terminado.

—¿Cuántos crees que han logrado herirme antes que tú? —preguntó mientras se levantaba—. ¿Cuántos crees que han sentido esa misma esperanza vana?

Sus fauces se encendieron, liberando un olor a sangre y azufre. Aemon entendía lo que estaba por venir. Era el mismo ataque que había quemado sus alas.

—Di mi nombre y lo sabrás, campeón.

El beso de las llamas que traía la muerte.

—¡DI MI NOMBRE!

No hizo el menor intento de esquivar, sabía que no lo lograría a tiempo; así que extendió sus brazos y abrió sus tenazas para detener sus colmillos de fuego. El acero gritó de rabia al sentirse atravesado, goteando como lágrimas plateadas por el intenso calor, pero el ardor le daba fuerzas, lo mantenía consciente y alimentaba su determinación.

—Di mi nombre, ca...

Afirmó su agarre para contener la acometida del león, ignorando las súplicas de su cuerpo por parar, y haciendo uso de todo su espíritu, giró sobre sí mismo para arrojarlo violentamente contra la pared. La fuerza destructiva de su cuerpo masivo sacudió la misma estructura del templo más allá de sus límites, y las piedras de la bóveda cayeron como una avalancha sobre su ser. No pudo esquivarlo, ni pudo protegerse. Sólo gritar de terror al ser sepultado vivo.

Aemon empezó a oscilar, mareado y al borde de la inconsciencia. De sus tenazas se alzaban hilos de humo y no se parecían mucho a lo que eran antes de besar sus colmillos.

—Tu nombre... —murmuró—, tu nombre... es muy estúpido.

Escuchó el sonido de dos palmas chocando una contra la otra. La mujer de ojos dorados apareció en su campo de visión.

—Qué... valor, qué arrojo suicida tan encantador. Es una lástima que haya sido en vano.

No le quedaba aliento para responder, pero tampoco importaba. Un humano común no tenía forma de superar su coraza.

—Pero no creas que hemos terminado. No tienes idea del potencial que tenemos humanos y pokémon cuando luchamos juntos.

Se llevó una mano al interior de su blusa y la sacó con una estrella de cristal blanco entre sus uñas plateadas. Se inclinó sobre el cuerpo herido de Miles y la depositó entre sus fauces.

—Come.

Contra todo pronóstico, la bestia pudo cerrar sus mandíbulas y tragar lo que le ofrecían. Gimió con un suspiro de dolor, pero pronto sus ojos ambarinos empezaron a brillar y su cuerpo a emitir poderosas descargas eléctricas.

—Es una broma...

Sacudió la cabeza y después el resto de su cuerpo, apartando las rocas que lo cubrían. Las heridas en su pecho, patas y lomo seguían ahí, pero las fuerzas habían vuelto a su ser.

—No más ofertas —declaró la mujer—. La tomaremos de su cadáver.

Aemon sintió que su cuerpo flotaba. Se había vuelto tan ligero que el latido de su propio corazón lo sacudía, aún si este era cada vez más débil. Incluso el dolor empezaba a remitir. Su conciencia se desvanecía.

Qué final de mierda. Ni siquiera pudo llevarse a uno de ellos. Con sus tenazas en aquel estado tan deplorable, ni siquiera podía aspirar a destruir la gema de su señor.

Dio un último vistazo a los colmillos de Miles antes de inclinar la cabeza. Su sistema estaba tan roto que casi creyó escuchar una voz.


«¿Sabes? Creo que puedo ayudarte un poco, si me lo permites».

Lo sucesivo pudo ocurrir en verdad o ser solo una alucinación. Al día de hoy, Aemon no puede dar con la respuesta. Todo lo que sabe es que vio lo que vio, y lo que vio fue esa sombra luminosa extenderse sobre las ruinas del templo, trazando un extraño patrón de círculos, líneas y estrellas en el suelo. Como si fuera magia. Recuerda escuchar una risa maliciosa envolver lo que quedaba del recinto mientras siluetas negras danzaban a su alrededor, y recordó las palabras de aquel niño humano.

Recordó la figura que creyó ver ese mismo dia, aunque no podía reconocerle, se asemejaba a un fantasma.

Luchó por los próximos segundos para no desmayarse, pero había llegado a su límite. Y esa canción parecía arrullarlo, seducirlo para dormir.

Miles y su aliada humana buscaban a su nuevo enemigo en la oscuridad, pero ni ellos ni Aemon pudieron distinguirle hasta que se hizo presente.

La gigantesca, etérea y siniestra silueta de una bruja espectral.
 



 
Despertó al medio día; envuelto en su propia manta y con los rayos del sol en su frente. No hizo el menor esfuerzo por moverse, un vistazo a su alrededor bastó para decirle que aún se encontraba en el templo, o lo que su batalla había dejado del mismo.

—¿Despierto?

Una voz lo llamó. Una voz conocida.

La mujer de uñas plateadas caminaba hacia él con los brazos cruzados y una sonrisa en los labios. Tal vez fue porque estaba demasiado cansado, pero Aemon creyó notar un matiz más sincero en su expresión.

—Tenemos mucho de qué hablar.



Le tomó un momento más notar el sombrero puntiagudo sobre su cabeza.



Próximo capítulo: Albor en Ciudad Reliquia
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#2
Y volvemos otra vez al inicio, no doy spoilers, pero me gusta como se va revelando de poco en poco el pasado de Aemon
Master Weasel. Es esa sombra extraña que te sigue en la cueva 
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#3
Hola como estas mi amiguito? Espero que bien.

Vaya que este primer capítulo inicio fuerte hablando de filosofía de Humanos y Pokemon, esta interesante lo que quieres transmitir pero aún no me queda del todo claro xD.

Nuestro protagonista es un scizor o eso parece por un momento pensé que era su pre evolución pero al parecer si el el insecto de metal. Al parecer esta en una ciudad donde no se permite la violencia ¿Emm estoy en lo correcto? O algo así me dio a entender antes de la batalla. Que por cierto estuvo bien narrada, me pareció un poco Gore aunque nada alejado de lo normal ni llegando al punto de exagerar. Pobre scizor sus alas al parecer fueron quemadas y ahora está más su perdido.
El tiene una misión que supongo que poco a poco nos irás contando y también la razón por la que su dueño lo dejo sólo. En este universo que planteas parece que los Pokemon y humanos tienen una comunicación algo... ehh... difícil? I dont know.

Para ser el primer capítulo se sintió un poquitín pesadito mucha información para ser lo primerito pero interesante.
Salu2!!!
Entrenador Pokemon en busca de la Perfección y diversión.
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#4
Viejo, pobre Aemon, tan destrozado de su cuerpo, pero aún determinado a continuar.

Scizor es uno de mis pokémon preferidos, por lo que no puedo evitar sentirme algo triste por lo que le ocurre.

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Lo bueno es que la mujer y el león reciben un final bien merecido.
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#5
Hello Again!
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(02 Jun 2019
11:16 PM)
lalocadelosgatos012 escribió:
Y volvemos otra vez al inicio, no doy spoilers, pero me gusta como se va revelando de poco en poco el pasado de Aemon
Yep. Algo que quería intentar aquí era ir soltando detalles pequeñitos por aquí o por allá para que si alguien de casualidad lo leía más de una vez pudiera notar uno que otro guiño.

(02 Jun 2019
11:31 PM)
Abisai escribió:
Hola como estas mi amiguito? Espero que bien.

Vaya que este primer capítulo inicio fuerte hablando de filosofía de Humanos y Pokemon, esta interesante lo que quieres transmitir pero aún no me queda del todo claro xD.

Nuestro protagonista es un scizor o eso parece por un momento pensé que era su pre evolución pero al parecer si el el insecto de metal. Al parecer esta en una ciudad donde no se permite la violencia ¿Emm estoy en lo correcto? O algo así me dio a entender antes de la batalla. Que por cierto estuvo bien narrada, me pareció un poco Gore aunque nada alejado de lo normal ni llegando al punto de exagerar. Pobre scizor sus alas al parecer fueron quemadas y ahora está más su perdido.
El tiene una misión que supongo que poco a poco nos irás contando y también la razón por la que su dueño lo dejo sólo. En este universo que planteas parece que los Pokemon y humanos tienen una comunicación algo... ehh... difícil? I dont know.

Para ser el primer capítulo se sintió un poquitín pesadito mucha información para ser lo primerito pero interesante.
Salu2!!!
Agree, este primer cap quedó medio largo, y una parte de mí quería cortarlo antes, pero sentí que de esa forma no decía nada en absoluto. A partir de acá van a ser más cortos. En cuanto a la violencia, descuida. No soy de mostrar tripas o huesos o desmembramientos. Va a ser algo ligero y más dado a la violencia implícita, cuando la haya.

(03 Jun 2019
09:37 PM)
Nemuresu escribió:
Viejo, pobre Aemon, tan destrozado de su cuerpo, pero aún determinado a continuar.

Scizor es uno de mis pokémon preferidos, por lo que no puedo evitar sentirme algo triste por lo que le ocurre.

Lo bueno es que la mujer y el león reciben un final bien merecido.
También es de mis favoritos. Lo malo es que tengo ese pequeño defecto de hacerle cosas feas a mis personajes.

¡Gracias a los tres!




Capítulo II — Albor en Ciudad Reliquia

Donde la iglesia cae y un fantasma se pierde.




De las tres paredes del templo, sólo una quedaba medianamente en pie. La misma que proyectaba su sombra sobre Aemon. La capa negra cubría su cuerpo. La gema escarlata colgaba de su cuello. Su corazón latía con normalidad y sus ojos se habían acostumbrado a la luz del día.

El único problema era ella.

La mujer que lo había perseguido por meses, la que había comandado a Miles para cazarlo y destruirlo, se erguía ante él con esa media sonrisa, los largos dedos entrelazados y ese extraño sombrero sobre su cabello negro. No veía a la bestia por ninguna parte, pero de cualquier modo, tampoco tenía fuerzas para moverse. En su condición, incluso una humana podía someterlo.

—Antes de que hagas algo problemático para ambos, debería tratar de explicarme —expresó la mujer mientras extendía los brazos con las palmas abiertas—. No soy tu enemiga, quiero decir, sé que esta es su apariencia, pero... es complicado. Empecemos diciendo que soy lo mismo que tú, y que ya nos hemos visto antes.

—¿Lo mismo que yo? —inquirió con un hilo de voz—. ¿Un pokémon?

—Precisamente. Nos vimos por primera vez ayer, al mediodía.

A diferencia de la humana, ella entendía sus palabras, así que debía decir la verdad. Aún así, era difícil convencerse a sí mismo. Había escuchado leyendas sobre el ancestro legendario que podía tomar cualquier forma, pero nunca creyó tener la suerte de verlo.

—Ayer, al mediodía... —había hablado con muchos el día anterior. El humanito, la pequeña de acero, Miles...

—Aquí mismo, en el templo.

Una luz se encendió en su cabeza para iluminar una sombra.

—El pokémon fantasma, el que asusta a los humanos.

La humana de ojos dorados asintió.

—Escuché tu conversación con la humana y con el cazador, y cuando parecía que estabas en problemas, te salvé.

Aemon también asintió. Lo último que vio antes de perder la consciencia fue al fantasma atacarlos.

—¿Qué hiciste con ellos? ¿Por qué tomaste la apariencia de la humana?

—No tomé su apariencia, sino su cuerpo —dio una vuelta sobre sí misma e inclinó la cabeza para mostrarle su sombrero—. ¿Qué es un fantasma, lo sabes? Un alma que ha dejado la carne. Cuando sabes cómo hacerlo, no es tan difícil volver a la carne.

—¿Qué le hiciste? ¿Por qué...?

La mujer se encogió de hombros.

—Es más práctico para moverse. Supongo que su verdadera conciencia debe estar en algún lugar, demasiado asustada para tratar de recuperar el control. No nos dará problemas.

—¿Y Miles?

La sonrisa en sus labios se torció en una mueca siniestra.

—No tuvo tanta suerte. ¿Quieres ver lo que quedó de él?

Su visión se volvió negra por un instante. Su cabeza era incapaz de asimilarlo todo. Antes de cerrar los ojos se había resignado a morir y perderlo todo a manos de sus perseguidores, y ahora, esa misma mujer le decía que habían muerto, que no debía preocuparse más; que no volverían a cazarlo. Que su pesadilla había terminado.

—¿Por qué?

—Porque tengo curiosidad. Porque ustedes vinieron a mi casa y la destruyeron en su pelea. Y cuando tuve que decidir a quién pedirle explicaciones, parecías la opción más interesante.

Caminó hacia la pared caída a su derecha y buscó entre los escombros hasta encontrar una mochila blanca ligera. La cargó entre sus brazos y se sentó sobre la roca.

—Así que cuéntame tu historia. ¿Quién eres? ¿Por qué te persiguen? ¿Quiénes eran ellos? ¿Por qué llevas una cadena de augur?

Sus músculos se tensaron bajo la capa.

—¿Cómo sabes lo que es un Augur?

—No sé si lo has notado, pero estamos en un templo —le sonrió—. No te hubiera salvado si no supiera de qué estamos hablando.

Hizo un segundo intento por levantarse, pero su cuerpo no lo obedecía. «¿Qué más da?»

—Soy Aemon de la canción del acero, y sirvo al Señor de la Luna Nueva, el Protector del Reino de la Armonía. Él me ha confiado esta cadena de Augur, y me ha encomendado la misión de encontrar las otras dos y a la Reina de la Luna Creciente. He recorrido el reino en busca de ellas, aunque hasta ahora no he tenido éxito.

—¿Quiénes eran esos que te perseguían?

—No lo sé. El Luxray se llamaba Miles, le encantaba decirlo.

—¡Era tan ruidoso!

—Pero era fuerte, y más astuto de lo que parecía. En nuestro último encuentro acabó con mis alas. Si no hubieras intervenido en este, seguramente habría muerto.

La mujer apoyó el mentón entre sus dedos entrelazados.

—Esta es la parte en la que me das las gracias.

—La mujer era más astuta, y más peligrosa. En sus manos, Miles dejaba de ser un cazador nato para volverse un instrumento de muerte. Querían la cadena... pero eso es todo lo que sé. Nunca hablamos demasiado, ni aprendí demasiado de ellos. Lo único que podía hacer cuando veía sus sombras sobre mí era correr.

—¿Por qué querrían la cadena del augur? Incluso eran tan fuertes como para cazar y someter a uno de los tres.

—Los Augures están muertos, yo solo soy un mensajero —replicó con amargura—. No sé qué querían, tal vez eran cazarrecompensas, o la querían para sí mismos. No parecía que fueran parte de un grupo más grande... de ser el caso, me habrían atrapado mucho antes.

La mujer suspiró.

—Podemos dejar eso de lado por ahora. ¿Por qué tu señor quiere reunir las cadenas?

«Porque es lo correcto» se dijo a sí mismo. «Porque es su última esperanza».

Tiempo atrás, el Señor de la Luna Nueva le había confiado su plan para unir a los humanos y pokémon de nuevo. "Si es una cadena lo que hace falta, forjaremos una" le dijo. Incluso entonces, mucho antes de ser cazado por aquella mujer, Aemon ya tenía sus dudas sobre los humanos, pero las órdenes de su maestro eran absolutas.

Agitó la cabeza antes de que sus pensamientos lo absorbieran. El fantasma de las ruinas no necesitaba saber más.

—¿Y qué hay de ti? ¿Quién eres tú y qué haces en este templo?

Deslizó un dedo por la punta de su sombrero, conteniendo el aliento por un instante. Cuando empezó a hablar, su voz era serena y pausada.

—Mi nombre es Albor. En la lengua antigua significa "eternidad". Soy un fantasma, como ya sabes. Mi especie... creo que la llamaban "Mismagius".

»¿Qué sabes sobre los fantasmas? De acuerdo a las viejas historias, todo tiene un alma: pokémon, humanos, objetos inanimados... incluso la lluvia y las tormentas tienen un alma. Pero en el caso de las criaturas mortales, hay casos en los que el alma no se siente cómoda dejando el mundo junto con su carne. Cuando sus cuerpos desaparecen, estas almas se aferran a cualquier cosa, y si no hay nada a qué aferrarse, lo hacen con su propia existencia. Dependiendo de las circunstancias, esto puede derivar en el nacimiento de un pokémon fantasma.

—Ya sé todo eso —replicó con cansancio, «y tu nombre no significa "eternidad"».

La mujer del sombrero sonrió.

—Yo era una de esas almas. Cuando vivía, era un sacerdote del Eclipse. Fue hace mucho tiempo; doscientos años después de la gran guerra entre nuestras especies. En aquel entonces, aún creíamos que era posible reconciliarnos y vivir en paz. Templos como este eran más que un lugar de oración; en aquel entonces también funcionaban como esos fríos centros de acopio que encuentras en cada ciudad. La diferencia es que no tratábamos a los pokémon como invitados, sino como hermanos. Incluso había un dratini entre nosotros, ¿puedes creerlo? Son pokémon sumamente raros y de algún modo encontró su camino hasta el templo. Sólo causaba problemas, pero era parte de la familia.

Suspiró mientras abría el cierre de su mochila y empezaba a rebuscar en el interior.

—Pero una noche fuimos atacados. Lycanroc, nada menos. No éramos combatientes, y aún de serlo, no hubiéramos podido hacer nada contra ellos. No nos robaron ni trataron de comernos, solo... entraron a nuestro hogar para destruirlo todo, impulsados por el odio. Mataron a cada humano que encontraron y después huyeron en la oscuridad.

Se interrumpió cuando encontró un recipiente rojo con un atomizador. Caminó hacia Aemon con las manos arriba en actitud de paz.

—Necesito ver tus brazos.

Pese a sus reservas, no trató de rechazarla cuando se acercó y apartó la capa de sus tenazas. Los colmillos de Miles las habían dejado en un estado irreconocible. La mujer del sombrero hizo un gesto de dolor solo con verlas, pero de todos modos sujetó una de ellas con delicadeza mientras aplicaba el medicamento.

—Desperté al amanecer, aunque ya no era... el de antes. Al principio era una pequeña aura informe que poco a poco fue ganando fuerza de su rencor, de la rabia de mis compañeros muertos. Me nutrí con esas emociones hasta que eventualmente me convertí en un pokémon.

Su piel de acero ardía por un segundo al contacto con ese rocío, pero de inmediato se refrescaba y fortalecía. Cuando terminó con su brazo derecho, rodeó su cuerpo y acudió al izquierdo.

—Mi hogar se había hecho pedazos, pero aún me quedaba una misión para vivir... o para no morir, si lo prefieres. Me convertí en un fantasma de verdad que asustaba a todo aquel que se acercara al templo, ya fueran humanos o pokémon. En aquel entonces comía miedo, y entre más miedo causaba, más me fortalecía, pero para mí también era una forma de seguir siendo yo. Este templo era el símbolo de nuestra unión entre especies, así que lo convertí en un sitio al que nadie quisiera acercarse. Los humanos eran más fáciles de asustar, por supuesto, y con el tiempo dejaron de venir. Sin un refugio, los pokémon tampoco se acercaban, y yo me encargaba de ahuyentar a los que venían de todas formas. Poco a poco, la brecha entre unos y otros fue creciendo de nuevo.

El frasco se había vaciado, de modo que lo arrojó de nuevo a la mochila mientras le dirigía una sonrisa de culpabilidad.

—Debe parecerte extraño. Un hombre pasa su vida tratando de unir a humanos y pokémon, y luego pasa su muerte tratando de separarlos. Sé que no es muy lógico, pero no podía perdonarlos. Ni a los pokémon que nos atacaron a traición, ni a los que huyeron sin tratar de defendernos, ni podía perdonar a la diosa del Eclipse. Hasta mi último suspiro recé en su nombre y seguí sus enseñanzas de armonía y hermandad, ¿y para qué? ¿Dónde estaba ella cuando esas bestias nos emboscaron? ¿Qué objeto tenía su mensaje de paz? Cuando estábamos en guerra, e incluso antes, podíamos defendernos de los pokémon. Ahora les habíamos abierto las puertas y ellos traicionaron nuestra confianza. ¿Dónde estaba la justicia en eso?

Le dio la espalda mientras buscaba algo más entre sus bolsas, y según la impresión de Aemon, para ocultar su cara por un instante.

—Es lo que ocurre contigo tras décadas de aislamiento, subsistiendo de su miedo y tu propio rencor. Para cuando evolucioné, ni siquiera recordaba mi nombre humano, así que elegí una palabra de la lengua antigua: Albor, que significa retribución. Era mi respuesta para ella.

Aemon abrió la boca para protestar, pero la cerró de nuevo cuando notó que tenía razón.

—Mi poder creció, así como la fuerza de mis maldiciones sobre esta ciudad. Sin embargo, los humanos no son estúpidos y finalmente comprendieron quién estaba detrás de los hechizos, de las apariciones nocturnas; y quién ahuyentaba a los visitantes.

Vio como la mujer apretaba sus puños, contenía el aliento y después exhalaba lentamente, todo en silencio. Cuando terminó, se dio vuelta y caminó hacia él cargando algunas vendas.

—Ayer encontraste el templo en ruinas. —Con el mismo cuidado, empezó a envolver sus tenazas con la seda—. No fueron los lycanroc quienes lo dejaron así, fueron los habitantes de Ciudad Reliquia. Aún después de muerta, di lo mejor de mí para protegerlos del peligro. Cuando estaba vivo, yo y los míos vivíamos para ayudar a todos. Aún así, ellos atacaron el único hogar que me quedaba y lo destruyeron. Los vitrales, las estatuas, los libros sagrados, las celdas... ¿No es eso gracioso? Los humanos podían ser tan crueles como los pokémon. Aún si tratas de ayudarlos a entenderse mutuamente, encontrarán el camino para hacerse daño. Es tan cruel que casi es gracioso.

«Podría ser peor», pensó; «podrían trabajar juntos».

—No pude hacer mucho por proteger el templo, mis habilidades... no eran adecuadas para el combate directo, pero creo que no hubiera cambiado nada. Estaba cansada de luchar sin saber por quién lo hacía, sin saber si valía la pena o sí iba a hacer alguna diferencia, así que solo cerré los ojos. Eso hice, cerré los ojos y esperé a que llegara mi fin.

—Pero no lo hizo —interrumpió mientras ella vendaba sus brazos, atento a sus movimientos.

—¿Cuánto tiempo has estado en en Ciudad Reliquia? ¿Has oído las historias sobre el demonio del templo, o sobre la masacre de hace trescientos años? No, porque alguien impidió que sucediera. Yo estaba dispuesta a terminar con todo. Había perdido mis amigos, mi vida, e incluso mi fe, pero ella no había terminado conmigo.

—¿Ella?

—Mi diosa, la Diosa del Eclipse. Cuando había aceptado su inexistencia, se presentó ante mí y ante los habitantes de esta ciudad. Ella cubrió todo con su luz y me llevo lejos, muy lejos, al otro lado de la región y a salvo de quienes me perseguían. ¿Puedes creerlo? Ya sé lo que dicen sobre los dioses: que son falsos, que son historias y que no son verdaderos dioses, pero yo sé lo que vi, y sé por qué me salvó de esa forma. Quería que recuperara mi fe en ella, pero también en los humanos y los pokémon, y eso es lo que he hecho desde entonces; viajar y seguir viajando, y cuando estoy cansada, vuelvo aquí a dormir algunos años. He conocido a toda clase de personas, tanto de ellos como de nosotros, y he aprendido mucho sobre ambos.

—Y aún así —replicó Aemon con voz neutra—, mataste a Miles, y a esta humana...

La mujer le sonrió cuando terminó de vendarlo.

—¿Te lo dije, no es cierto? Soy un monstruo. Pero un monstruo con fe. Anoche salvé tu vida porque creía que había algo de valor en ella, y hoy lo he confirmado.

Se alejó un par de pasos para que Aemon pudiera levantarse, tarea que le llevó una eternidad. Sus tenazas estaban entumecidas, pero persistía un ligero ardor sobre ellas.

—¿A qué te refieres con "valor"?

—Todo el mundo sabe acerca del Señor de la Luna Nueva, el héroe de nuestro reino, y todo el reino recuerda a los augures y su búsqueda de la armonía. Tal vez tengamos diferentes creencias, pero mi iglesia sigue los mismos principios que tu señor, y si el destino te ha puesto en mi camino, quiero saber hasta dónde puede llevarnos.

Extendió su mano derecha hacia él. La misma mano de uñas plateadas que lo había amenazado horas antes.

—Por eso voy a ayudarte. A encontrar las otras dos cadenas y a lo que venga después. Puedo hablar la lengua humana en esta forma e incluso me veo como una de ellos, y sé cosas. Más cosas que cualquiera que conozcas. Tal vez no sea de gran utilidad en combate, pero después de la exhibición de ayer, creo que puedes hacerte cargo de esa parte.

Aemon alzó su brazo, pero este se detuvo a medio camino. Su fervor le ponía nervioso, y sus ojos, aunque ya no expresaban la misma maldad de la noche anterior, eran demasiado perversos. La mujer era una quimera, un mosaico de verdades y mentiras superpuestas.

—Yo soy Aemon, de la canción del acero —repitió cuando le ofreció su tenaza envuelta en vendas—. Nunca olvido un favor.

«Sin importar de quién venga».

—Yo soy Albor, de la oración del eclipse. Te traeré suerte.

Cargó su mochila y le dio una palmada en el hombro a Aemon. Era más alta que él, y el sombrero acentuaba la diferencia.

—Antes de hacer cualquier otra cosa, necesitamos más medicinas para que tus tenazas sanen. Tus alas... —suspiró con pesar mientras dejaba la estancia—, están más allá de mi capacidad.

—No tenía muchas esperanzas de todos modos.

—Y Aemon... —añadió al salir de las ruinas—. Tendrás que explicarme qué son esas marcas blancas que ocultas.

Se aferró fuertemente a su capa antes de decidirse a seguirla. El camino no iba a ser fácil en su compañía.

—¡Espera! —la llamó conforme se acercaba a la ciudad—. No puedes... No podemos ir hacia allá.

—¿Por qué no? Necesitamos dinero para curarte y para viajar.

—Ayer tú y yo... la apariencia que tienes, causamos un alboroto en el centro de acopio. Los vigilantes van a atraparnos en cuanto nos vean.

Albor se volvió para mirarlo, y deslizó una uña plateada por el ala de su sombrero mientras le sonreía.

—Confía en mí, Campeón. Dije que te traería suerte.



Próximo capítulo: Rodia y la Princesa de las Flores.

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#6
Siendo sincero, me había quedado con la idea de que Miles era un Pyroar en lugar de un Luxray. Supongo que simplemente fue lo primero que me entró a la mente cuando la narración lo llamó "león".

Ahora, dejando eso de lado, me es curioso ver a un fantasma recuperar su fe en plena muerte. Y pensar que la idea de un fantasma por sí sola debería demostrar que existe algo más allá de la vida material, pero mejor no ahondar en ese tema. Lo que importa es que les dio su merecido a ese par de locos.

PS: Sé que esto es más decisión de cada quien, pero, ¿a qué vino el que achicaras la letra? No afecta mucho la lectura, pero me pareció extraño.
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#7
Ya ando preguntándome que trae entre manos este sacerdote o sacerdotiza. ¿Cambio su genero cuando se convirtió en pokemon?
Master Weasel. Es esa sombra extraña que te sigue en la cueva 
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#8
Diablos ya comento que esto ya avanzó y se me van a seguir acumulando más. De momento sólo del cap 1
Y oh my... qué capitulo tan sensual  CindaBlush  sensual en el sentido de ser intrigante y dejarte con ganas de querer más.

Las historias centradas en los pokes siempre tienen su propio atractivo pero este dista mucho de tener la formula de los MM o también de los Pokémon!Gijinka ya que se deja claro que los pokémon no dejan de ser pokémon en esta realidad donde sospecho que cierto personaje que se mete azúcar por la nariz tuvo que ver (?)

Y es curioso porque uno pensaría que el sueño de N era crear una utopía donde los pokémon fueran completamente felices y ajenos a los asuntos humanos y creo que poca gente se ha cuestionado si realmente ello es posible, o mejor dichi, si eso es realmente una utopía o terminaría constituyendo una de muchas realidades jodidas para todos.

Leo esto de primera vez así que básicamente voy free spoilers, algo recuerdo que me comentaste pero con eso no termino de visualizar futuros eventos asi que me sigue dando curiosidad por saber más del "kyuby" de Aemon y omg la batalla contra el león se siente bien impactante, me dio gracia cuando le dijo a modo de burla que su nombre era bien estúpido, es bueno ver que dentro de todo el personaje tiene un lado bastante sardónico que le pega con su actitud de lobo solitario.

Me pongo a leer otros trabajos para después regresar :p
[Imagen: UTen4qq.png]
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#9
Hola Hola holaaaaas.

Vaya vaya un poquito de lore y sobre todo menos sangre xD. Estuvo muy entretenido el capítulo, la historia del Pokemon fantasma que era hombre en el pasado y ahora es mujer? What?

Como perdió su fe y ahora 200 años después el destino le dijo que tenía que volver a confiar en humanos y Pokemon, nuestro scizor tendrá que cooperar para cumplir su última misión, pero primero... conseguirán dinero para curar sus heridas (siento que se viene un episodio comico)

Diosa del ecplipse wow eso no se ve todos los días al igual que tu cambiando el tamaño de la letra jaja.

Estuvo muy interesante todo lo escrito, ya tenemos más información espero sigas respondiendo dudas y a la vez colocando más wuuuuu D:

Salu2!!!
Entrenador Pokemon en busca de la Perfección y diversión.
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#10
Tengo que decir de entrada que la letrita que elegiste me está matando los ojos. Ultra mala elección. En cuanto a la historia, podemos partir el primer capítulo en dos escenas. La primera parte con el pendejito que sirve de cimiento ambiental (ponele que esa frase existe) pero más que todo para mostrar el mundito en el que los bichos y las personas viven juntos y como no es taaaaan utópico fantasioso como suena. En cuanto a la segunda parte, trata de darle un poco de detalle al personaje principal pero es como intentar descifrar algo en código.

En buena parte está copado para una releída una vez esté mas avanzada la historia, pero por el otro lado hace que se vuelva un poco denso. Mucho lore de golpe que nunca se explicó, mucho conflicto que se viene de golpe sin saber realmente por qué. Siempre tuviste ese toque de planear DEMASIADO para adelante tus historias, que termina perjudicando la introducción porque se termina transformando en una maraña de cosas enrevesadas que no se entiende nada, con el objetivo de agarrar al lector y levantarle demasiadas preguntas al mismo tiempo. El problema es que después de tantas historias dejadas a la mitad, el toque se pierde a cambio de volar por los primeros capítulos y si por alguna muerte de obispo realmente se dedica en serio a la historia y no se aburre a la media docena, se merecerá una releída.

Sobre el segundo capítulo, es mucho menos denso que el anterior, en primera parte gracias a que es más corto, a que se mete un nuevo personaje, y que explica un poquito que carajo estaba pasando en el primer capítulo... sin embargo lo echa un poco por la borda a favor de contar a grandes rasgos el trasfondo del personaje nuevo, que se puso a hablar de su vida apenas presentada. Aún así, no desaprovecha la oportunidad de expandir sobre todo el tema filosófico/mitológico que viene arrastrando del capitulo anterior. Los personajes hablan de cosas que se supone el lector debería saber pero todavía no sabe nada, desde dioses, heroes, villanos, religión y mil cosas más. Si es un atropello meter 40 personajes en dos capítulos, el mismo efecto se logra al meter demasiados elementos de lore en muy poco tiempo. Aún así, menos que menos la trama avanza un poco y no se queda estancada, frenando en momentos justos para que al salir un capítulo nuevo uno se pregunte donde se había quedado y diga ¡ah cierto, había pasado tal y tal cosa y se clavó en la mejor parte! En una nota aparte, detesto los nombres y títulos pedantes a la Juego de Tronos pero eso es cosa mía así que realmente no te puedo decir nada en base a eso.
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#11
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@Nemuresu yep. La letra... tuve un lapsus estúpido y quedó un poco más pequeña. Espero y haya quedado ya corregida porque sí se veía medio feo. En cuanto a Miles, yep. Es un luxray, pero no quería decir muy obviamente que era un luxray al principio porque... he usado muchos luxray y no quería problemas(?) Así que traté de dejarlo un poco ambiguo.
@lalocadelosgatos012 Sí, pero no, pero sí. Y sí, Albor tiene sus propios planes.
@Abisai Sip, quería meter un poco de religión y esas cosas... pero esto sigue siendo pokémon y ellos siguen siendo pokémon, incluso los dioses. Tal vez no sean las opciones inmediatas, pero todo lo que se ve acá ya se ha visto en el material original.
@Plushy Nop, esta vez no tiene nada qué ver con Unova.. bueno, sí. Pero no con N ni con el Trío Tao. En retrospectiva, sí puede parecer que se relaciona con el deseo de N de separarlos, pero acá es más una situación... por así decirlo... no, no se me ocurre ningún ejemplo, pero seguro hay uno por ahí. Y respecto a eso que le habla, ya se verá qué es.
@Velvet shishishi, esta historia sí la voy a terminar. La tengo planeada desde hace muuuuucho, a las dos semanas de empezar el porno dimensional ya estaba pensando en esta cosa. Es en parte una confesión, en parte un experimento y en parte una réplica a varias ideas que no pude llegar a contar (como lo que pensaba hacer para shine-on y mi reto de abril, por ejemplo). Los dos capítulos anteriores eran precisamente eso: en el primero me repetía constantemente en la cabeza "muestra, no cuentes". Quería callarme todo lo posible acerca de un personaje y dejar que sean sus acciones y sentimientos los que expliquen cómo es. Y durante el segundo, me di el gusto de tener a un personaje hablando de sí mismo todo el rato, mientras otro lo escucha sin saber si dice la verdad o no, y que el lector decida si le cree o no. Sabía que el resultado iba a ser desigual, pero era lo que tenía que hacer, y para see sincero, lo estoy pasando muy bien escribiendo esto. Especialmente verdad para este capítulo tres... que mucho me temo que probablemente detestes, porque hay más personajes y más lore. Aunque la mayoría de estos personajes no se van a quedar y más bien son un shout out que quería hacer, un modesto agradecimiento. Y... No, no, no, no. Las únicas referencias a GoT son el nombre del protagonista y una frase random del primer capítulo. La idea de los títulos la tomé de Tristán e Isolda. Quería precisamente que sonaran anticuados porque, bueno, tanto Aemon como Albor son personas algo anticuadas.

​​​​​​​Y... No tengo más qué decir. Éste será el último capítulo de lore por un tiempo, ¡Nos leemos!

Capítulo III — Rodia y la Princesa de las Flores

En el que conocemos a la verdadera estrella de esta historia.

—Uno, dos, tres; su nombre es amor. 

El día anterior, Aemon había pasado un mal rato con las miradas incómodas de los humanos de Ciudad Reliquia, pero ahora que esa mujer caminaba a su lado, la sensación era peor. Los escuchaba murmurar sobre ellos y mantener distancia, e incluso los vigilantes de azul parecían acecharlos.

—¿Así son todos en esta ciudad? —preguntó ella mientras recorría a la multitud con sus ojos dorados llenos de curiosidad.

—Creía que esta era tu ciudad.

—Lo fue, hace años. Llevo mucho tiempo durmiendo. 

—Ayer tú y yo causamos un desastre por aquí, te lo dije —suspiró Aemon. En realidad estaba sorprendido de que no trataran de arrestarlos. 

«Porque ustedes no hicieron nada» dijo una voz en su cabeza. Tardó un momento en darse cuenta de que era la suya propia. «El único que causó problemas fue Miles». 

—Tal vez es la gente de este lugar —añadió en voz alta. La mujer rio.

—No están acostumbrados a vernos juntos, a humanos y pokémon. En fin. Encontrar trabajo va a ser complicado.

—¿Trabajo? 

—Uno, diez, cien; su forma es el fuego. Es lo que hacen los humanos cuando quieren algo. Haces un trabajo y te dan dinero. Con dinero compras cosas, como medicinas y comida.

—Sé lo que es —respondió azorado mirando sus brazos. Me refiero a que no podemos trabajar, al menos yo, en este estado...

La mujer se encogió de hombros.

—Algo se nos ocurrirá. ¿Qué tal si vamos al centro de acopio?

Aemon trató de detenerla, pero ella siguió avanzando sin prestarle atención. El centro de acopio era el único lugar donde los habían visto juntos, y donde todo había empezado. Era el peor lugar al que podían ir. 

—¡Espera! —la llamó cuando echó a correr tras ella, pero tras un par de zancadas empezó a marearse. Aún no se había recuperado del todo.

—Espera —repitió a las afueras del centro. Nadie ahí debía verlos. En especial...

—¿Aceror?

«Maldición».

La pequeña de acero los miraba desde el otro lado de la acera, medio oculta tras una farola y sin apartar los ojos de la mujer.




El centro de acopio se parecía mucho al desastre que habían dejado la noche anterior. Los cristales de las ventanas seguían rotos, y el hueco que él había hecho en la pared seguía tan hueco como antes. Sólo esperaba que, en la confusión, los demás no hubieran notado quién había roto qué.

«Maldito Miles, hasta muerto encuentras la forma de fastidiarme». 

Evidentemente, el centro había suspendido sus funciones, así que un grupo variado de pokémon esperaba afuera del mismo. Albor iba de un lado para otro hablando con ellos, mientras Aemon permanecía en una esquina junto a la pequeña de acero.

—¿Quién es ellar? —preguntó con el ceño fruncido—. Ayer parecían eremigos.

—Tal vez lo somos —respondió incómodo—. Pero estamos trabajando juntos. El único peligroso era el luxray de anoche.

—¿Qué re sucedió?

«¿Quieres ver lo que quedó de él?»

Aemon sacudió la cabeza.

—En los centros de acopio suele haber esas columnas donde se ofrecen trabajos para pokémon.

La pequeña de acero suspiró.

—La habiar, pero luego del ataque de ayer no creo que quieran vernos. Argunos estamos pensando en ir a otra parte.

Los ojos de Aemon se deslizaron  hacia la mujer. «En todas partes causamos problemas», pensó, mientras veía a los pokémon que acababa de desalojar. 

—Yo soy Mio —interrumpió la pequeña sus pensamientos—, ¿quién erres tú?

—Aemon. Sólo...

—¡Aemon!

La mujer lo llamaba mientras alzaba los brazos sobre su cabeza, exigiendo su atención y la de Mio para reunirse con el grupo de pokémon que la rodeaba.

—Ya sabemos qué hacer —anunció cuando estuvieron juntos—. Pero tenemos que ayudar todos. 

Había doce o quince pokémon en total, y ella los fue presentando uno por uno mientras les asignaba labores.

—Él es Neer —dijo mientras un pequeño pancham de mirada maliciosa alzaba la mano—, va a ayudarnos a encontrar el equipo.

El pequeño oso cruzó los brazos.

—Solo estoy aquí para robarlos en cuanto se distraigan.

Aemon se sorprendió de que nadie dijera nada, y la humana presentó al siguiente pokémon: un klefki con algo de óxido entre sus llaves.

—Él es Oliver.  Es el mayor de nosotros así que presten atención a lo que diga. 

—Desacostumbrado estoy a hablar en público —respondió azorado el manojo de llaves—, pero sírvase de mí como mejor les plazca. 

—La siguiente es...

Detrás de la pierna de la humana se escondía un pequeño pokémon cuadrúpedo de aspecto canino. Tenía orejas puntiagudas, cola esponjosa y un grueso collar de pelo tan grande como su cabeza. Su pelaje era completamente blanco con un ligero tono gris. 

Tan pronto se fijó en ella, Aemon corrió hasta su posición y la alzó en el aire con sus dos brazos envueltos en vendas. La pequeña pokémon temblaba de miedo mientras se cubría los ojos con sus patas.

—¿Tu especie? 

—Ee-eevee... —respondió con voz quebrada.

Negó con la cabeza. Había escuchado de ellos antes, pero era la primera vez que veía uno.

—Abre los ojos. Déjame verlos. 

Sin dejar de temblar, la pequeña apartó lentamente sus patas y obedeció. Dos brillantes ojos negros anegados de lágrimas le devolvían la mirada.

«Negros», se dijo. «Solo negros».

—Muy bien, basta, baaasta —interrumpió la humana mientras se la quitaba de los brazos—. La estás lastimado. No puedes sujetar nada en ese estado. 

Aemon obedeció. Entre el grupo, algunos de ellos lo miraban con inquietud, aunque esta vez era culpa suya. La mujer, tratando de aligerar el ambiente, procedió a explicar su plan.

—Ya saben cómo son las cosas en esta ciudad. Los humanos... no piensan muy bien de nosotros, y probablemente van a echarnos si siguen las cosas así. 

—Ya estamos planeando irnos —confesó el viejo Oliver—. Mañana por la mañana...

Pero la mujer puso una mano sobre su candado y lo agitó, acallando sus palabras. 

—Tengo un plan, uno para que nadie tenga que huir y podamos conseguir algo de dinero. Tal vez aún tengamos que irnos luego de todo, pero no será con las manos vacías —aseguró.

La pequeña Mio alzó su mano para preguntar.

—¿Qué es lo que tenemos que hacer?

Y la mujer le sonrió.

—Uno, sesenta, sesenta. En una hora estaremos listos.




—No va a funcionar —se dijo a sí mismo por quinta vez—. Esto no va a funcionar. 

Estaban en el mismo parque en que había hablado con un niño el día anterior. La mujer los había separado a todos con órdenes de buscar diferentes cosas y los pokémon se dedicaban devotamente a su tarea. Una de las dos excepciones era Aemon, quien no podía ayudar con sus tenazas vendadas y mientras tanto, se dedicaba a ver a los demás corriendo de un lado a otro, repitiendo en voz baja que era una estupidez y que no iba a funcionar. Mientras daba sus indicaciones, la mujer repetía en voz alta extrañas series de números. 

—No va a...

—Colega, te he escuchado las últimas veintisiete veces. Ha quedado clara tu opinión sobre nuestra noble empresa. 

El otro inútil era el viejo Oliver, un manojo flotante de llaves oxidadas. Según él mismo, venía de una tierra lejana y sólo estaba de paso hacia Ciudad Bosque. Tenía buen carácter, e incluso cuando reprendía a Aemon, lo hacía sin rastro de hostilidad en su tono. 

—La señorita Albor sin duda tiene métodos extraños. ¿Siempre hace eso de recitar números?

—No la conozco muy bien —replicó curioso—, pero es la primera vez que lo hace, ¿por qué?

—Oh, no es nada. En mi patria se cuentan leyendas sobre hechicería basada en números. 

«Sí tiene algo de bruja» pensó para sus adentros. La conocía tan poco que ni siquiera tenía una opinión concreta sobre ella. 

—No va a funcionar —insistió, y sus ojos se posaron en la pequeña eevee que corría por la hierba recogiendo hojas. 

—¿Qué ocurrió hace un rato con la señorita Grissy? —preguntó el viejo Oliver. Asumió que se refería a la eevee.

—Un error, sólo eso. 

—Tiene problemas de timidez, y los últimos incidentes solo han empeorado las cosas. Hace unos días tuvo un encuentro desagradable con un humano de poca edad y poco tacto. Y ayer, el incidente en el centro...

—Lo siento —repitió—. Ese pelaje blanco...

—Todos los eevees son blancos, colega.

«Y todos los scyther son verdes, hasta que dejan de serlo». 

—¡Aemor!

Miró hacia la derecha. Mio agitaba la tapa de un basurero sobre su cabeza.

—¡Lo encontré! ¡Encontré un escudo!

—Excelente —respondió la humana cuando fue hacia ella—. Ya estamos listos para comenzar.

«No va a funcionar». 

La bruja silbó, y un ave de alas negras descendió del cielo haciendo círculos para posarse sobre su hombro. Era el murkrow que trabajaba como intérprete en el centro de acopio. 

—¡Vamos a empezar!

Un smeargle se encargó de trazar un círculo en el parque para marcar los límites para el público. Neer el pancham, una nidorina, kingler y otros más reunían lo que serviría como "escenografía" según las palabras de la organizadora, todo mientras ella llamaba a voces a todos los humanos cercanos.

—¡Amigos! Sé que no hemos tenido unos días agradables tratando unos con otros. Por eso, mis compañeros y yo tenemos un espectáculo para ustedes: haremos una representación teatral ahora mismo, para todos ustedes. 

Mio y los demás asintieron y tomaron sus posiciones. Aemon también se puso de pie para participar. La humana cedió su mochila blanca al viejo Oliver, quien se posó en el suelo entre el público con la bolsa central abierta. Movidos por la curiosidad, más humanos empezaban a reunirse. 

—Vamos a contarles una historia antigua, pero muy importante, y cuyo legado sobrevive hasta nuestros días —se quitó el sombrero de la cabeza e hizo una marcada reverencia—. ¡Damas y caballeros, a continuación, la Guerra de la Corona!




"Nuestra historia se remonta al pasado distante, durante el final de la Era de los Lazos. En aquel entonces, humanos y pokémon vivían juntos y luchaban juntos. Todos eran felices, y todo era bueno. Uno, dos, tres". 

Mientras la bruja narraba, Mio y los demás entraron al escenario danzando, tomados de las manos o de sus patas y sonriendo al público. La pequeña de acero llevaba una corona de hojas sobre su cabeza que, con la magia de mismagius, brillaban como si fueran flores rosas.

"Entre todos ellos, había una humana que destacaba por su belleza, su poder y su bondad. Su nombre era Princesa de las Flores, y era la líder de todo el reino. Sus compañeros pokémon y ella habían llegado a la cima a través de muchas batallas, pero todos los habitantes la amaban por su noble corazón y la admiraban por su fuerza". 

—¡Soy ra Princesa de las Frores! —exclamó la pequeña—. ¡Y declaro que haya paz en todo el Reino de la Corona!

—¡Larga vida a la Princesa! —gritaban los demás— ¡Larga vida a la Princesa!

Los humanos en el público no podían entenderlos, pero el murkrow se encargaba de traducir los diálogos a su idioma, imitando incluso las voces a la perfección. Conforme avanzaba su improvisado número musical, Aemon notó que cada vez llegaban más humanos a su presentación.

«No va a funcionar». Pensó, pero de todos modos caminó al centro cuando la canción terminó.

"Pero no todo era alegría. En el Reino de la Corona vivía un hombre malo de corazón negro como el carbón. Era alguien rico, famoso y poderoso, pero ninguna de sus posesiones o talentos podía satisfacerlo. Era un hombre oscuro, y vacío por dentro. Su nombre era el Sol Rojo".

Envuelto en su capa negra, Aemon personificaba al villano de la historia, lo que le ganó los abucheos del público. 

—¿Por qué tengo que hacer esto yo? —se quejó.

—Porque eres el más alto —respondió Neer el pancham, en su papel de malvado cómplice—. Ahora di tus líneas.

Aemon suspiró desganado, y extendió sus brazos mientras repetía en voz baja.

—Soy el Sol Rojo, y soy el tipo malo. Voy a matarlos a todos, buuuu.

Mientras tanto, el murkrow repetía.

—Soy el Sol Rojo del reino, y mío es el poder. ¡Yo, el hombre más brillante que el mundo ha conocido y conocerá, pronostico el fin de la vida sobre la Tierra, a menos que todos se sometan a mi voluntad y se ciñan a mi plan!

«Tienes que admitir que se mete en el papel», dijo una voz en su cabeza.

"El Sol Rojo tenía un terrible plan para poner el reino bajo su control, así que llamó a sus malvados secuaces para atacar".

Neer, una nidorina y una ekans se reunieron a su alrededor, vistiendo capas más sencillas que la suya. El pequeño pancham lo picaba en el costado para que dijera su diálogo.

—¡Vamos, mis malvados secuaces! —exclamó, en un repentino impulso de orgullo contra ese murkrow—. ¡Vamos a arrasar este reino! ¡Iremos de ciudad en ciudad secando los ríos, robando las flores, secuestrando a los pokémon! ¡Vamos! ¡Traigan ante mí el poder de los augures!

"El Sol Rojo y sus secuaces cumplieron su palabra, extendiendo el terror por el Reino de la Corona con violencia y opresión. Nadie podía poner un alto a sus malas acciones, ni siquiera los ocho grandes guardianes de las ciudades y sus compañeros pokémon".

Grissy, Neer y los demás habían preparado un escenario con lo que tenían a mano, utilizando cajas de cartón para simular edificios y casas, estructuras con ramas y mantas para simular parques, estadios y templos. Era poco más que basura, pero bajo el encanto mágico de la mismagius, provocaba una sensación de realidad, a tal punto que sentía pena de destruirlo todo. Buizel, Roselia y el inquieto Riolu actuaban como los guardianes, y uno tras otro eran derrotados por las fuerzas del mal. Poco a poco, Aemon empezaba a meterse en el papel. 

"Nadie pudo evitarlo", prosiguió la narradora. "El Sol Rojo logró reunir las tres cadenas de los augures para desatar todo su poder y despertar al único pokémon tan malvado como él. Un monstruo de oscuro corazón y oscuros sentimientos cuyo único propósito era la destrucción..."

—¡Por fin! —exclamó Aemon de pie sobre la fuente—. ¡Ha llegado el momento de despertar al pokémon más poderoso de todos!

—¡No tan rápido!

Del otro lado del escenario llegaron Mio, un spinarak, un abra, un geodude y un houndour. Todos armados para combatir.

"La Princesa de las Flores y sus cuatro reyes celestiales unieron sus fuerzas para enfrentar al Sol Rojo y sus secuaces en su castillo, en la cima de la montaña más alta del Reino de la Corona".

—He venido a poner fin a tus oscuras ambiciones —declaró Mio, esgrimiendo un palo en su mano derecha como si fuera una espada y su 'escudo' en la izquierda—. ¡Luchemos por el futuro de los humanos y los pokémon!

Ambos grupos se lanzaron el uno contra el otro, con tanto ímpetu que, por un momento, Aemon sintió que estaba tomando parte de una batalla de verdad con guerreros de verdad... hasta que entraron en contacto y empezaron a luchar, entonces el encanto se rompió. Ninguno de ellos había peleado antes ni se había entrenado para el combate, y su 'épica batalla final', parecía más un juego de crías. Se perseguían, se mordían y se pegaban puñetazos, pero eran incapaces de hacerse daño entre sí. 

«No va a funcionar...», se dijo a sí mismo, pero cuando volvió la vista hacia el público, encontró miradas enternecidas, e incluso divertidas. Lo estaban pasando bien, igual que los pokémon.

—¡Eres mío, Sol Rojo!

Mio lo golpeó con su 'espada' en el pecho, y empezó la lucha entre ambos, o algo similar. Aemon agitaba sus tenazas como si estuviera atacando, pero mayormente se limitaba a esquivar y dejar que ella lo golpeara de cuando en cuando. Por su lado, la pequeña fingía inclemente, pero tenía cuidado de no atacarlo sobre sus vendajes. Gracias a su técnica, la batalla parecía un poco más real que las demás.

—Ríndete, Princesa de las Flores, ¡El mundo perfecto es mío!

—¡Jamás!

Si el rojo pudiera enrojecer más, Aemon lo hubiera hecho por la vergüenza de sus líneas, pero Mio estaba motivada como nadie más, jugando a ser una heroína. Sus ojos rojos destellaban de emoción, y por un momento, se vio a sí mismo reflejado en ella, no como era ahora, sino como había sido antes de todo. Cuando aún había un enjambre, y pasaba las tardes viajando en el tiempo con él.

«Quería ser el héroe también» se dijo, pero no se sentía como un héroe en absoluto. ¿Por qué no se sentía como ella?

En el momento del clímax, lo golpeó en el hombro con tanta fuerza que el palo de madera se partió a la mitad contra su acero.

—¡Has perdido!

Al ver su arma destrozada, Mio la arrojó al suelo.

—¡Jamás!

Saltó hacia él sosteniendo el 'escudo' con ambas manos y lo golpeó en la barbilla. A diferencia de la madera, este dolía de verdad y le hizo perder el equilibrio y caer de espaldas. Mio saltó sobre su pecho y empezó a golpearlo repetidamente con su improvisada arma.

—¡Basta! ¡Esto no era parte del guión!

La pequeña no lo escuchaba.

—¡Paga por tus crímenes, monstruo!


"La Princesa de las Flores sometió al Rey Rojo, pero tanta era su bondad y su misericordia que le dio una ÚLTIMA OPORTUNIDAD".

Aemon agradeció mentalmente a la narradora por darle una salida, pero Mio le dio un último golpe en la frente antes de dejarlo en paz. Confundido, aturdido y adolorido, Aemon se puso de pie y trastabilló mientras trataba de recordar sus líneas.

—Tu lucha ha llegado a su fin —exclamó en su mejor imitación de villano posible, lo que no era mucho—. ¡Se termina el tiempo, el pokémon ha despertado! ¡Contempla su poder absoluto!

"El suelo se abrió en mares de llamas, los cielos se oscurecieron y las estrellas cayeron envueltas en sangre. La bestia infernal despertó, el legado de la muerte, la encarnación del terror. El Sol Rojo cumplió su sueño: sumir al reino en una pesadilla eterna..."

El público contuvo la respiración. Las batallas pararon. Aemon y Mio intercambiaron una mirada de confusión.

"¡Sumir al reino en una pesadilla eterna!"

—Aemor —preguntó la mawile en un susurro—, ¿dónde está la pesadilla eterna?

—Se suponía que esta era su entrada.

Intentando no delatarse, ambos miraron hacia el otro lado del escenario. Grissy, la pesadilla eterna, temblaba de miedo en una esquina sin atreverse a entrar.

—¿Por qué le dimos ese papel a Grissy?

—Era el único sin líneas de diálogo.

Disimuladamente, Neer se deslizó hacia donde estaba la pequeña eevee y le dio un leve pisotón sobre la cola. Asustada, atravesó el escenario de un extremo a otro mientras lloraba. 

«No iba a funcionar». 

La narradora chasqueó sus dedos, y un círculo de llamas ilusorias rodeó a Aemon y Mio.

"El Sol Rojo cometió un error, y fue subestimar el poder de la bestia. El pokémon más fuerte de todos incendió el Reino de la Corona, incluso a la propia corona, y lo convirtió todo en cenizas. Pero ni siquiera eso detuvo las ansias de poder del Sol Rojo, ni el deseo de justicia de la Princesa de las Flores, y la lucha entre ambas fuerzas se reanudó hasta su amargo final".

Mio volvió a alzar su escudo y avanzó amenazante hacia Aemon.

—¡Basta, estoy herido! —suplicó.

—¡Adelante, terminemos con esto! —tradujo el murkrow.

"La lucha se prolongó por años y años. Eventualmente, tanto el Sol Rojo como la Princesa de las Flores perecieron, pero eso no apagó las iras de sus dos ejércitos, cuya guerra prosiguió hasta arrasar con el reino. ¿Es que no hay nadie que pueda parar esta violencia sin sentido? ¿Es que no hay un héroe dispuesto a luchar por la paz?"

La narradora interrumpió su relato para mirar a la multitud y extender su mano.

"¿Es que no hay un héroe entre el público que quiera ser parte del final?"

Algunos niños humanos hicieron el amago de acercarse, pero eran contenidos por otros niños o por sus padres. Los pokémon actores permanecieron a la expectativa hasta que una pequeña figura surgió de entre la multitud. Aemon lo conocía: un humano pequeño de cabello celeste envuelto en una capa raída que caminó tímidamente hacia ellos.

La bruja suspiró, y prosiguió con su narración.

"El pokémon más noble de todos, el Señor de la Luna Nueva. Cuando todo estaba perdido, él fue el único que se alzó entre ambas fuerzas para ponerle fin a la gran guerra". 

El humanito llegó hasta ellos y los pokémon dejaron de luchar. Neer el pancham tomó su mano derecha, y el abra la izquierda, mientras murkrow en el cielo hablaba con una voz noble y profunda.

—Nuestras especies no volverán a pelear. Hermanos no volverán a herir a hermanos, y lo único que habrá entre nosotros, será paz. Larga vida a la Diosa del Eclipse.

—¡Larga vida a la Diosa del Eclipse!




El público se dispersó, y los pokémon procedieron a limpiar el escenario. El viejo Oliver volvió con la mochila de la bruja llena de monedas, y ésta procedió a separarlas en diecisiete partes iguales sentada en la fuente.

—No es mucho —dijo a Aemon cuando lo vio acercarse—, pero ha valido la pena.

Aemon miró las diecisiete torres con sospecha. El dinero humano no era su fuerte.

—¿Basta para que cada uno pueda llegar a la siguiente ciudad?

—No lo creo, pero tampoco era mi objetivo. Lo que quería era suavizar un poco las cosas. 

—Fue una pésima obra.

—Tenía que serlo —admitió la humana—. Nadie podría tomar a estos chicos como guerreros de verdad, y después de lo de hoy, nadie va a verlos como una amenaza. No van a echarlos de Ciudad Reliquia. 

Aemon negó con la cabeza.

—¿Qué estás...?

—Déjame decirte algo sobre los humanos: son exactamente iguales a nosotros cuando no nos conocen —sonrió—. Estarán bien, les di algo de suerte.

Aemon cruzó los brazos y se sentó a su lado.

—¿Y qué fue eso de "Larga vida a la Diosa del Eclipse"?

Albor deslizó las uñas por el ala de su sombrero.

—Un poco de prédica. Las bendiciones son un poco más fuertes con algo de fe. De todos modos, creo que tú también te lo pasaste bien. ¿El Señor de la Luna Nueva te había contado la historia?

El pokémon de acero asintió.

—Sí, muchas veces. 

«Ojalá hubiera acabado así». 

Volvió su atención a las diecisiete torres de monedas. Una de ellas era suya, así que acercó sus tenazas lentamente y con mucho esfuerzo logró sujetar uno de esos pequeños discos de metal, lo miró por un momento y se lo llevó a la boca.

—¿Qué estás haciendo? —preguntó Albor.

—Necesito reponer fuerzas. 

Albor trató de protestar, pero antes de que pudiera decir algo, una pequeña figura se había acercado hacia ellos. Era el humanito de la capa azul.

—Señorita... —vaciló.

—Puedes decirme Albor. Significa "salvador".

«No».

El humanito parecía incómodo. Se tocaba las manos y evitaba mirarlos a los ojos. Tardó casi un minuto en poder articular palabra.

—H-hace... durante la obra... 

—¿Sí? ¿Pasó algo?

—Y-yo te-tenía... un anillo. Era importante, y creo... creo...

Albor inclinó la cabeza.

—¿Lo perdiste?

—N-n-n-no...

—Ah, ya entiendo —suspiró Aemon—. Durante la obra, Neer sujetó su mano. Ese pequeño ladrón seguramente aprovechó la oportunidad.

—¿No es un poco extremo acusarlo así como así?

—Los pancham son ladrones, y él mismo lo aceptó. 

Se levantó y puso una tenaza sobre el hombro del humanito.

—Iré a ver si aún la tiene. Espera aquí. 

El pequeño sonrió.

—Gra-gracias, pero no vayas a lastimarlo
.


Próximo capítulo: Estrella de Gules
[Imagen: JCEDJoJ.png]
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#12
Toda la situación me pareció sumamente adorable, aunque medio embarazosa para el pobre Aemon (al menos la situación se tranquilizo con los pueblerinos salvo por el Pachaam)
Master Weasel. Es esa sombra extraña que te sigue en la cueva 
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#13
El desarrollo de tu historia es extraordinario. Poco he logrado entender en el primer capítulo, una tormenta de realidades imaginarias y supusiciones que al final resultaban ser inciertas fueron desglosando durante toda la lectura. Aemon parecía ser un ser temido, rencoroso; ahora parece ser mas flexible y hasta caritativo, fue muy fácil encariñarse con él.
Mismagius, siendo uno de mis pokes favoritos, al verlo representado con tanta verdad y justicia en el escrito, siento que me ha terminado de convencer. Fue una lectura convulsa, en el buen sentido, para luego tornarse compasiva e ilustrada por todo el contexto que tanto parecía estar ausente en los primero párrafos.
He leído hasta el segundo capítulo, me pasaré por los demás cuanto antes
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#14
Ya te debía un comentario en esta historia, el problema era que no sabía explicar lo que me gustaba tanto o más bien no lo sé explicar, pero al menos lo intentare. El mundo que has hecho es magnifico, un mundo donde los pokémon interactuan con los humanos de esta forma tan peculiar. La obra del tercer capítulo fue una manera genial de contarnos un poco más del trasfondo de este mundo, en vez de simplemente soltarnos la chapa.

En cuanto los personajes, encuentro que están bien hechos. Aemon es el típico caballero que tiene un deber que cumplir y Albor...es Albor. Los secundarios, como la pequeña de acero y la eevee, los encuentro encantadores. 

Ahora voy con el comentario especifico para cada capítulo.

Capítulo 1: La historia empieza de buena manera, mostrándonos el carácter de Aemon en las primeras lineas, aparte de contarnos su misión. También tenemos la pelea contra Miles que me gustó bastante, sobre todo al final donde el scyther se hiere de forma grave para acabar contra el rival. Me gusta también el detalle de los centros de acopio, uno de esos detalles que hace esta historia tan interesante.

Capítulo 2: Este cap es más que nada de exposición, lo cual no me agrada mucho, pero también esta interesante.

Capítulo 3: Este cap creo que es mi favorito por ahora. Al igual que lo dije antes, la obra de teatro fue una excelente forma de contarnos más sobre el trasfondo, aunque sea de una manera artificial y el humor también se agradece. Los personajes presentados aquí me gustaron mucho,, desde la eevee hasta el llavero oxidado (yo tengo el monopolion de los eevees discapacitados, nos vemos en los juzgados papu)

Eso sería todo por ahora. Espero que esta historia llegue a buen puerto o si no, me tirare frente a un camión.

Nos vemos.
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#15
Mamá mía Maze, este capítulo a sido el más ligero de los 3 y con ligero me refiero a... nada de cosas sad o peleas sangrientas y peligrosas.

Fue... una obra de teatro bien lograda, irónicamente la obra no fue tan buena pero ya para escribir este tipo de cosas hay que ser muy bueno, te felicito.

Aemon ya es más humilde, tendrá que ver que poco a poco se cura de sus heridas? Y.. morido la moneda para curarse más? What jaja.

Me imagen toda la obra como si estuviera viendo un anime y fue genial la experiencia. La bruja se la rifo, muchos efectos especiales xD. Y nuestro pájaro favorito imitó a la perfección los diálogos TODOS LOS DIÁLOGOS... sin excepción... ejem... bueno Aemon sufrió un poco lel.

Ahora veremos que pasa en el sifuiente capitulo, no creo que ese maldito ladrón sea un super problema, y veremos que harán ahora que tienen algo de plata. (NO VA A FUNCIONAR)

Salu2!!!
Entrenador Pokemon en busca de la Perfección y diversión.
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