Finalizada Oneshot- La colina de los pokemon

ExtensiónOneshot
Extension larga
FranquiciaCrossover
GéneroAventuraTerror
Resumen
AdvertenciaViolenciaMutilacionesTrastornos mentales
#1
Había estado buscándolo por años, no dejando ni un solo sitio de Unova e inmediaciones sin revisar, y ahora creía que había dado con su rastro, aunque no estaba del todo seguro. Últimamente su cabeza era un hervidero de incertidumbres y contradicciones, pero estaba seguro de que lo lograría pronto. Unova dependía de este encuentro que Hilbert esperaba.
Luego de salir de un puesto en el que había un baño, contemplando el lago que se hallaba al lado de un pueblo, notaba cómo la niebla lentamente tomaba fuerza en el ambiente, y eso que ya era bastante espesa al momento de llegar. Resultaba casi imposible distinguir las figuras de los edificios que se encontraban al otro lado del lago, pero no había duda de que debía pasar a buscar precisamente allí. No quedaba otro sitio para buscar Le invadía una sensación de incertidumbre, pero lejos de parecerse a aquella emoción que casi lo hacía brincar y gritar cuando se convirtió en entrenador, ahora tenía dudas, ansiedad, pesadumbre, e incluso algo de miedo. Era como si en ese pueblo le aguardase un peligro que estaba a un nivel completamente nuevo.
Reshiram gruñe quedamente, llamando la atención de Hilbert. Era el momento de hacer camino de una buena vez al pueblo. El chico se extrañaba de no encontrar señales de actividad humana reciente. Tal vez era día de asueto allí, o era culpa de la niebla que no le permitía ver el tránsito de la gente, no podía saberlo, pero eso no le ayudaría a encontrar a quien buscaba.
─Han pasado más de dos años desde aquella batalla que tuvimos ─dice Hilbert para sí mismo, pero a la vez pensando en qué pasaría si la persona que buscaba lo escuchara─. Desde entonces he estado buscándote por todos lados. Por más que nuestras ideologías estén en conflicto, nuestras fuerzas nos demostraron lo lejos que podemos llegar, y podremos ir todavía más lejos si las unimos, N. Ahora Unova está a salvo, pero llegará un día en que Getchis, o alguien incluso peor que él, aparezca y ponga todo patas arriba nuevamente. Nuestras maneras de pensar puede que sean incompatibles entre sí a primera vista, pero ahora más que nunca sé que te necesito para garantizar el bienestar de la región en el futuro, tanto para humanos... como para pokemon. Así que... N... ¿Estás por aquí? ¿Realmente puedo esperar a encontrarte en este lugar? ¿Viniste aquí con la esperanza de nunca más ser visto, o estás acaso... esperándome?
Reshiram miraba y escuchaba atentamente, y luego miraba el pueblo. Era como si él quisiera también hablar con Zekrom. Tal vez... detrás de la impenetrable niebla ambos encuentren lo que estaban buscando, y entonces aquel viaje podría llegar a su fin, y junto con ello, posiblemente todas sus preocupaciones también.
Hilbert guarda a Reshiram en su pokeball. Por el momento pensaba que le vendría bien caminar en vez de recorrer el lago a lomos de su acompañante legendario. Su primer destino sería el parque. Un presentimiento le decía que debía dirigirse allá, aunque la distancia hasta aquel sitio no era precisamente corta. Mucho era lo que le tocaría caminar.
El camino también se encontraba visualmente cortado por una neblina sin fin. Era tan espesa que incluso daba la impresión de que se podría agarrar un trozo simplemente alzando la mano y ya, pero eso no detiene a Hilbert. Va recorriendo aquella vereda accidentada durante un buen rato, teniendo cuidado de no dar un mal paso en la vereda, y a mitad de camino se encuentra con un pokemon. Parecía que sufría de una terrible congoja, así que Hilbert se acerca para comprobar lo que le pasaba. A medida que se acercaba, Hilbert también notaba lápidas por todos lados, dándose cuenta entonces de que acababa de ingresar a un cementerio. Aquello le daba muy mala espina al chico, pero trata de ignorar esa sensación para ver qué le pasaba al pokemon que yacía en medio de allí.
Se trataba de Virizion. Estaba sollozando, y eso no le gustaba nada a Hilbert. Tenía que acercarse a ver qué le pasaba, y en eso la espadachina legendaria voltea a verlo. Hilbert sopesó la idea de esconderse tras una de las lápidas, pero sabía que eso no iba a funcionar, por lo que se acerca un poco más, procurando ser cuidadoso para no provocar a Virizion.
─¿Qué quieres, humano? Espero que no estés aquí con ánimos de fastidiar.
─N-no... Lo siento, sólo es que estaba buscando a alguien... No quise ser indiscreto ─dice Hilbert con timidez─. En fin, quisiera seguir adelante. Debo encontrar pronto a una persona...
─Es agradable tener un objetivo en la vida, ¿verdad? ─las palabras de Virizion confunden a Hilbert.
─¿Perdón?
─No importa, humano. Simplemente... no importa. Vete y sigue con lo tuyo.
Hilbert no entendía qué demonios pasaba con Virizion, pero ésta ya no parecía querer seguir hablando, pues su mirada permanece fija en la nada, como si encontrase algo especialmente interesante en la neblina. No quedándole de otra que seguir con su camino, Hilbert deja a la espadachina atrás y sigue atravesando la imponente neblina. En el camino aparecen varios pokemon salvajes que van atacando a Hilbert, eran pequeños y numerosos, y tenían la peculiaridad de que estos no yacían escondidos, ni siquiera hacían el esfuerzo para ello. En lugar de eso estaban en todo el medio del camino, apareciendo de forma descarada de entre la niebla y atacando a Hilbert. Unas veces Hilbert se valía de Conkeldurr, y otras veces sacaba a Samurott para vencer a esos pokemon salvajes, pero igual salían de todos lados. Era extraño que hubiesen tantos pokemon salvajes en las inmediaciones de asentamientos humanos, especialmente si éstos tenían un cierto nivel de urbanización, como se venía haciendo evidente a medida que el chico se acercaba.
Entrando al pueblo la cosa no cambiaba en absoluto. El pueblo resultaba tremendamente peligroso, y con más frecuencia el muchacho sacaba a sus pokemon para hacerle frente a los pokemon salvajes.
Algo pasaba en el pueblo, y era seguro para Hilbert que en el camino encontraría las respuestas a todo aquello.

Bloques de apartamentos
El viaje se estaba poniendo bastante duro, y eso que apenas estaba empezando. Como parecía que no quedaba de otra, pues habían calles cortadas y la niebla seguía igual de implacable o incluso más, Hilbert entra en un bloque de apartamentos y se pone a explorar. El sitio estaba más oscuro que boca de Mightyena, y es que no había una sola luz funcionando, ni siquiera las de emergencia, aparte que no había una sola ventana para permitir el ingreso de luz del exterior, por lo que Hibert va con todo el cuidado que puede, pues parecía que en cualquier momento aparecería un pokemon salvaje a atacarlo.
─Y pensar que esta vez no me traje la MO Destello. Esto es un asco...
De pronto nota un brillo, así que se acerca para hurgar, encontrando con que era una linterna prendida, la cual estaba prendada a una ropa puesta en un maniquí, y dicha ropa era bastante parecida a la que Hilbert le recordaba puesta a N. No sabía si aquello era o no una casualidad, pero como sea agarra la linterna, y apenas pasa eso es atacado repentinamente por un Pratat salvaje. Aquello era demasiado, pues no se suponía que hubiesen pokemon salvajes dentro de un edificio, si encima ni siquiera parecía abandonado ni nada. A Hilbert no le queda de otra que sacar a su Samurott y derrotar al Pratat para que dejase de molestar.
Una vez resuelto ese problema puntual, Hilbert tenía ahora la oportunidad de resolver los millones de otros problemas que parecían aparecer ante sus ojos. Hilbert no sabía qué buscar realmente en el bloque, y de paso la oscuridad era tan intensa que incluso la linterna, pese a ser de muy buena calidad, no era capaz de iluminar más de un par de metros al frente. Hilbert estaba en la obligación de avanzar entre las tinieblas, y eso realmente le daba bastante pavor, pero era lo único que podía hacer. No contaba con otra manera de avanzar, si en este punto incluso salir e irse volando con Reshiram en medio de la niebla resultaba sumamente peligroso. Avanza entonces por los pasillos, y en eso escucha unos pasos. Hilbert, llevado por la curiosidad, sigue aquellos pasos, notando la aparente silueta de una niña. Escuchó su risa burlona, pero nada más. Hilbert no entendía nada ¿Qué hacía una niña sola en un edificio tan tenebroso y con pokemon salvajes rondando por todos lados? ¿Era acaso una entrenadora? ¿Qué hacía sin una fuente de luz a la mano y corriendo por aquel sitio? No lo sabía, pero igual se pone a buscarla para obtener respuestas.
Pero nada más lejos de ello. Al rato de seguir su camino por otro lado y revisar algunos otros apartamentos, Hilbert entra en una de las últimas habitaciones que sentía que faltaban, y entonces Hilbert se encuentra con un enorme pokemon de tipo dragón, el cual parecía haber derrotado, humillado y pisoteado cruelmente a algunos Timburr y Trubish, y rápidamente se esconde en un ropero, creyendo que así iba a estar a salvo. Hilbert se aterra ante aquella presencia tan imponente, y más cuando el pokemon dragón voltea a verlo. Tenía un rostro verdaderamente intimidante, sus alas asimétricas le conferían un aspecto bastante raro, y sus brazos, diminutos en comparación con su cuerpo, daban la impresión de ser inútiles. Hilbert pudo identificar a esa criatura como Kyurem, el pokemon legendario que representaba la nada en medio del blanco y el negro.
Hilbert se aterra mucho más que antes al ver a Kyurem acercarse de manera amenazadora. Era enorme, y se veía mucho más fuerte que todos los pokemon salvajes anteriores. No estaba seguro de poder derrotarlo, ni siquiera con Reshiram, y aunque pudiese vencerlo con su pokemon legendario, el sitio tan pequeño en que se encontraban haría sumamente peligroso el combate. Estaba a punto de tomar esa última opción desesperada, cuando de pronto nota que no había nada. La habitación estaba completamente vacía, como si Kyurem simplemente no hubiese estado ahí.
Era algo confuso. Hilbert no lo comprende. Sale del ropero y revisa el lugar, simplemente encontrando unos cuantos cadáveres más de pequeños pokemon, posiblemente también víctimas de Kyurem. El castaño entonces se va y revisa otras puertas, encuentra algunas completamente bloqueadas y otras que necesitaba abrir y lo consigue con cierto esfuerzo.
El sitio parecía bastante tranquilo desde entonces, aunque notaba algunos cadáveres de pokemon regados por el suelo. Sí, al menos eso parecía, pero luego se percata de la presencia de otro pokemon, deambulando como si fuese un fantasma penando en uno de los apartamentos. Hilbert estaba a que sacaba a todo su equipo para combatir, y es que todavía estaba hasta la coronilla por el susto con Kyurem, pero el pokemon no ataca, sino que se le queda mirando.
─¿Un humano aquí? Eso sí que es raro...
─D-disculpe, no era mi intención incordiar si eso fue lo que hice ─dice Hilbert mientras se apoyaba a la pared─. Estoy buscando a otro humano. Su nombre es N...
─Ni idea. No he visto a más humanos desde que llegué ─le responde el pokemon─. Sólo hay pokemon hostiles y cosas horribles. Este sitio es una locura. El orden brilla por su ausencia aquí.
─Ah, y disculpe mi grosería. Mi nombre es Hilbert...
─Landorus, aunque no importa mucho si no lo llegas a recordar.
─¿De verdad? ¿No quiere acompañarme para que salgamos de este pueblo?
─No lo creo. Hay varios pokemon bastante peligrosos, además que tengo... cosas por hacer ─ le responde Landorus dándole la espalda─. De todos modos suerte con lo que sea que estés buscando, y procura no meterte en problemas sin necesidad, Hilbert.
─De acuerdo. Que sea así entonces ─Hilbert se va de allí sin decir más, viendo que no le queda de otra.
Teniendo que ir buscando en otros lugares, Hilbert llega incluso a pasar a un edificio contiguo. Claro que había tenido que dar numerosas vueltas, pero una vez pasa a ese otro edificio, las cosas para el chico no hacen sino empeorar. Hibert necesitaba tener más cuidado y ser más rápido buscando una salida, pues el peligro cunde en cada rincón.

Algunos apartamentos después
Virizion se encontraba tirada en el suelo, enfrente de un enorme espejo que cubría todo el espacio de la pared delante de la espadachina. Fuera de eso no parecía haber nada más, pero Hilbert no pudo evitar preocuparse, por lo que corre a ella, dispuesto a brindarle socorro si hacía falta.
─¡Virizion! Por favor, Virizion, dime que estás bien.
─Estoy bien... Al menos por fuera lo estoy ─responde la espadachina con un tono bastante deprimente y misterioso─. ¿Quién es esa de allí? ¿Por qué se burla de mí?
─¿De qué estás hablando? ─Hilbert mira al frente, no encontrando nada inusual en el espejo─ Virizion, ¿te encuentras bien?
─Ni siquiera sé para qué estoy aquí ─Virizion se deja ayudar por Hilbert para levantarse─. Soy un caso perdido. No vale la pena que gastes tus energías en mí, humano.
─No puedo dejarte aquí tirada, Virizion. Simplemente no sería lo correcto.
─Correcto... De pronto he olvidado lo que significa esa palabra... ─Virizion se levanta, aunque su mirada seguía apuntando a ninguna parte.
─¿Qué?
─Humano, debes esforzarte más en encontrar a quien buscas que en ayudarme. No olvides tus prioridades, que yo estoy bien. Anda, vete.
A Hilbert le entristecía esa actitud de parte de Virizion. Hizo todo lo posible para razonar con ella, pero la espadachina permanece insistente en que no debía ayudarle. Esa actitud era rara, especialmente por ese pesimismo que irradiaba, pero Virizion no daría su pata a torcer. Hilbert ve que Virizion se va de allí, no pudiendo siquiera intentar seguirla. Era triste, pero no podía hacer nada.
Aquello hacía que Hilbert sintiera que también él tenía cosas por reflexionar. Tal vez Virizion tenía sus razones para actuar así, y él por su parte tenía que establecer sus prioridades en vez de distraerse para hablarle por cualquier cosa, especialmente porque Virizion sólo le dejaba más preguntas que respuestas.
El camino va llevando a Hilbert a más sitios escalofriantes y peligrosos. Los pokemon salvajes que iban apareciendo eran cada vez más violentos e insistentes, por lo que los pokemon de Hilbert a veces tenían dificultades para lidiar con ellos, pero afortunadamente el entrenador y sus pokemon no padecían ningún daño importante durante la travesía.
Pero la guinda del pastel de su travesía aparece justo al llegar a las escaleras de emergencia. Hilbert se encuentra nuevamente con Kyurem, el cual parecía divertirse aplastando a pequeños pokemon con sus patas, destripándolos y arrastrando los restos contra el suelo. Kyurem se da cuenta de la presencia del chico, el cual trata de escaparse, pero la puerta estaba cerrada, por lo que no había escapatoria.
El legendario de hielo se acerca lentamente. El sitio, al igual que el anterior, resultaba muy pequeño para sacar a Reshiram, así que Hilbert saca a su Samurott para hacerle frente. La lentitud de Kyurem implicaba que sus ataques podían ser esquivados con facilidad, pero a su vez Samurott era incapaz de hacerle tan siquiera un rasguño por más que lo atacara. Ni siquiera servía para captar su atención, pues Kyurem posaba fijamente su mirada en Hilbert.
Al chico no le queda otra que esquivar los pisotones de Kyurem. El pokemon legendario ni siquiera le dirigía una palabra. Simplemente se acercaba a él e intentaba aplastarlo de la misma manera que con los pokemon salvajes que fueron sus víctimas. Fue un proceso de estar huyendo una y otra vez de Kyurem, hasta que, luego de lo que parece una eternidad, pareciera que el pokemon legendario decide irse por su cuenta, sumergiéndose en el agua que bloqueaba el paso a unas escaleras. Hilbert estaba desconcertado. No entendía nada.
Luego de que se perdiera completamente el rastro de Kyurem el agua desciende y deja ver la salida. Antes de aventurarse Hilbert se cerciora de que Kyurem no siguiese cerca, y efectivamente el camino estaba completamente libre, lo que significaba que podía irse. Y finalmente Hilbert tendría la oportunidad de ver una vez más la luz de la calle luego de revisar satisfactoriamente los bloques, pese a los peligros que había tenido que sortear.

Cinco minutos después
Caminar entre la niebla seguía siendo una molestia, pero definitivamente no se comparaba a tener que caminar entre la oscuridad de los pasillos, así que Hilbert no sentía que estuviera tan mal. Las señales encontradas en los apartamentos le decían que tenía que llegar hasta el parque, y su propio instinto también le decía que debía pasar por allí. Tal vez allí se encontraba N. Tal vez su búsqueda llegaría a su fin si llegaba pronto al parque, pero en eso nota a una niña que estaba sentada sobre un muro alto.
La niña claramente se veía que era de edad preescolar con su vestidito y un casco amarillo. Tal vez se había escapado de la escuela y se puso a vagar sola hasta llegar ahí. También tenía un peinado algo extravagante, consistente en dos coletas que formaban unos moños enormes parecidos a donuts, dándole un toque algo cómico a su cabello castaño oscuro. Al chico le llamaba la atención la niña. Tal vez se trataba de la misma que vio en los pasillos del bloque de apartamentos.
─¿Fuiste tú la que estaba allá donde estuve?
─Supongo que sí, aunque no creo haberte visto bien ─responde la pequeña.
─Ah, pues al menos he logrado encontrarte. Sólo ven conmigo. Este lugar es peligroso…
─Deberías seguir adelante y pensar en ti mismo, como siempre lo has hecho ─la respuesta de la niñita desconcierta a Hilbert.
─¿Qué?
─No te me quedes mirando con esa cara, que sabes que es verdad lo que digo. A ti no te importa N, ni te importa Unova. Jamás lo hicieron ─la niña se levanta y empieza a irse rápidamente.
─¡Espera, pequeña! ─Hilbert, sabiendo que no tenía manera de perseguirla hasta allí, intentaba razonar con la niña, pero ni siquiera logra hacer que volteara─ ¿Cómo sabes el nombre de N, y cómo sabes que lo busco?
Pero ninguna respuesta le llega. La niña lo había dejado hablando solo, y ahora Hilbert no sabía si volvería a encontrarse con ella. Sólo podía esperar que estuviese bien y seguir adelante. Nada iba a lograr simplemente mirando arriba del muro.
Pero algo era cierto, es que este curioso encuentro había sembrado en su cabeza nuevas dudas para mortificarlo. Era como si la realidad misma le estuviera jugando una mala broma.

Parque
Lo que parece ser un viaje vacío (con excepción de los pokemon salvajes que vienen apareciendo) lleva al muchacho finalmente hasta donde se suponía que tendría que llegar. La pokeball de Reshiram parece moverse en el cinturón de Hilbert. Siendo así, era posible que N estuviese allí, en algún lado.
Apoyada en la baranda a la orilla del agua se podía ver una figura humana entre la niebla. Parecía tener el cabello largo y un poco desorganizado, teniendo numerosos mechones rebeldes, y también se notaba que llevaba gorra. No podía ser nadie más. No había error.
─¿N?
Pero al acercarse un poco más y contemplar que la figura se voltea, Hilbert se detiene, desilusionado por no encontrar a quien buscaba.
─¿Buscas a tu novia? ─dice la figura, que resulta ser una chica de cabello castaño, y que para Hilbert resultaba tremendamente hermosa.
─N-no… Es solo un amigo. Lo siento mucho ─le responde Hilbert con cierto apuro─. E-es solo que te confundí un poco. La niebla distorsiona mucho la vista y…
─Jijiji. No tienes que excusarte por esas cosas ─la chica se acerca a Hilbert y le dedica una mirada sensual y vivaz que lo cautiva profundamente─. Me llamo Hilda, por cierto.
─Hilbert. Lo siento. Es que tengo una misión que cumplir. Lamento precipitarme, pero necesito seguir con mi búsqueda.
─¿No quieres acaso que te acompañe? ─Hilda se acerca más hasta pegarse al cuerpo de Hilbert, permitiéndole sentir un poco su curvilíneo cuerpo oculto bajo la ropa─. No te asustes, no muerdo, a no ser que eso sea precisamente lo que quieres.
Hilbert por un momento tuvo la sensación de que la temperatura estaba aumentando. No solo se trataba del cuerpo hermoso de esa chica apoyado al suyo, sino que podía contemplar todos los detalles de su rostro. Sus ojos, sus labios, su sensual expresión, esa piel de aspecto tan suave que estaba tentado a besarlo hasta cansarse… Fue inevitable para él poner sus manos sobre las caderas de la chica a la vez que ella le rodeaba el cuello con ambos brazos, pero de alguna manera consigue detenerse cuando quiso acercar su rostro al de ella.
─Ah, lo siento ─Hilbert voltea la mirada apenado, a lo que Hilda se ríe─. N-no tengo ningún problema si quieres acompañarme. De cualquier modo este sitio es peligroso, y no quiero dejarte sola.
─Gracias, cariño. Sabes que significa mucho para mí que seas tan atento y estés con esa disposición a ayudar a quien necesite una mano... pues tú eres así, ¿cierto?
─S-sí. Siempre.
─Entonces vamos. Aquí hace algo de frío, y se me podría erizar todo, si sabes a qué me refiero.
Las palabras de Hilda no ayudaban en absoluto a que Hilbert se calmara, pero no tenía otra opción. Consigue soltarse de Hilda antes de que avanzasen juntos a través del parque. Hilda le recomienda ir hasta el hotel que estaba al otro lado del lago, pero Hilbert se ve obligado a hacer una primera parada en un club de bolos, y es que el tramo a recorrer para llegar allí era demasiado largo para cubrirlo de una sola vez, y de camino al club usa unas cuantas veces más sus pokemon y dejarlos muy agotados.
─Creo que aquí podría encontrar algo de ayuda que sea útil ─dice Hilbert al acercarse a la puerta─ ¿Vienes conmigo?
─No, lo siento. No soy de frecuentar este tipo de lugares. De hecho los odio bastante ─le responde Hilda sin dejar de lado su voz coqueta.
─No vinimos a jugar, Hilda.
─Da igual. Ten cuidado de todos modos. Te espero aquí, y prometo que estaré bien mientras averiguas lo que te haga falta.
Hilbert asiente y decide entrar, prometiendo antes que iba a volver lo antes posible.

Club de bolos
Landorus se encontraba cerca de una mesa vacía, misma en la que estaba sentada la niña que se había encontrado antes Hilbert. Landorus se notaba aburrido, mientras que la pequeña se notaba bastante divertida.
─¿Y bien? ¿Qué fue lo que hiciste para llegar hasta aquí? ¿Robo? ¿Asesinato?
─No. No se trata de nada de eso ─ responde impasible Landorus.
─¡Ja! No eres más que un pokemon miedoso que no es capaz de dar la cara ─la niña casi se ríe para burlarse de Landorus.
─¿Por qué dices esas cosas? No tendrías que…
─No te das a respetar como se debe, y por eso te va mal ─se sigue burlando la niña─. Yo también me he equivocado a veces, pero no es tan grave. Deberías encontrar un equilibrio en lo que haces, o de lo contrario no te irá bien.
─No sabes lo horrible que puede ser equivocarte mientras estás en mi lugar, ni la clase de consecuencias que eso trae.
─Puedes retarme si quieres.
En ese momento Landorus y la niña se percatan de la presencia de Hilbert, y la niña se baja de la mesa para irse corriendo. Hilbert no parecía haberse dado cuenta de lo que hizo la niña, pero en cambio sí se encuentra con el legendario menor.
─¿Landorus? ¿Qué haces aquí?
─Ah, eres tú, Hilbert ─dice Landorus indiferente.
─Disculpa si sientes que mi pregunta es algo extraña, ¿pero no has visto a una niña por aquí?
─Sí. He visto hace un momento a Rosa.
─¿Rosa? ¿Así se llama? ─ante el asentimiento de Landorus, Hilbert se anima a continuar ─¿Y dónde se encuentra ella?
─Se fue por allí.
─¿Se fue? ¿Así nada más? ─Hilbert empieza a preocuparse, tanto por Rosa como por la falta de interés de Landorus─ ¿Por qué la dejaste irse así nada más?
─Ella dice que puede cuidarse sola, y yo tengo que pensar en mis cosas, aparte que dijo que yo simplemente iba a estorbarle.
─¿Y ya? ─Hilbert se sentía decepcionado, y es que pensaba que Landorus tendría algo más de voluntad de ayudar, cosa que no fue así─. En ese caso me voy a buscarla. No la voy a dejar sola.
─Como tú quieras.
Hilbert va entonces tras Rosa, mientras que Landorus ni se inmutaba. El chico no comprendía cuál era el problema con ese pokemon.

Segunda salida del club
Hilda aparece rápidamente. Parecía que estaba corriendo, sorprendiendo a Hilbert nada más poner un pie fuera del club.
─Hilda, ¿no has visto a una niña llamada Rosa...?
─Sí, la he visto ─responde Hilda sin vacilar─. Esa niña es muy veloz. Se fue por ahí. Debemos alcanzarla.
Hilbert e Hilda van entonces tras el rastro de Rosa. Esa niña sí que sabía escabullirse. Incluso pasó a través de un pequeño pasadizo en el que sus dos perseguidores no cabían, por lo que debieron pasar a través de un club de striptease. En un principio Hilbert no había podido abrir la puerta, pero Hilda contaba con una ganzúa que fue de muchísima utilidad, y de ese modo lograron atravesar el club para llegar al otro lado. La persecución de Rosa al final los lleva a un hospital, y es que llegaron a ver a la pequeña metiéndose sola allí.
─Vamos, Hilda.
─Estoy contigo...

Hospital
Hilbert e Hilda desde un primer momento se las tuvieron que ver con una imponente oscuridad que bloqueaba sus miradas, además que en cada rincón aparecía un pokemon salvaje al que Hilbert debía hacer frente, pues Hilda no contaba con pokemon propios.
Pero Hilda de pronto empieza a decaer. Por momentos parecía estar muy débil, y eso lleva a Hilbert a encontrar una habitación segura para ella.
─¿Estás bien, Hilda?
─Sí. Es solo que estoy algo agotada. Llevo una vida bastante libre, así que a veces me paso y llevo una buena resaca, y otras veces me llevo un buen golpe. Pero en fin, incluso la libertad requiere pagar un precio ─Hilda toma asiento en la cama, claramente apenada─. Perdóname por no ayudarte más a buscar a Rosa. Este sitio es peligroso y no me imagino qué podría encontrarse.
─Tranquila, Hilda. Ya me encargaré yo.
─¿De verdad? Ten cuidado, por favor.
Hilbert asiente y va en busca de Rosa por su cuenta. No quería dejarla sola, pero simplemente no tenía alternativa. Al menos decide que volvería varias veces para cerciorarse que estuviera bien.

Techo del hospital
Luego de lo que pareció una búsqueda eterna, Hilbert decide que aquel era el único que le quedaba. Nada. El lugar estaba vacío. Había un diario a un lado, pero piensa que mejor lo leía al final. Busca en cada rincón por una pista o alguna llave, pero en lugar de eso se lleva una desagradable sorpresa al ser repentinamente arrinconado por Kyurem. Con apuro intenta sacar una pokeball, pero esta vez Kyurem es más rápido y lo tira al vacío, y el chico de nada fue capaz para prevenirlo.
Nuevamente en el hospital
Hilbert no comprendía cómo demonios ese pokemon lo había encontrado, pero ahora estaba nuevamente abajo, pero en una zona a la que no había entrado en un principio. Viendo que la única opción era seguir adelante, lo hace, no tardando esta vez mucho tiempo para encontrar a Rosa, la cual jugaba con unos peluches.
─¿Rosa?
─¿Ah? ¿Quién te dijo mi nombre? ─Rosa voltea a ver con duda y recelo al chico.
─Landorus me dijo.
─Ya, el gatito feo... ¿Qué quieres?
─Solo saber de dónde conoces a N. Me llamo Hilbert, y lo estoy buscando.
─Yo solía admirar a N. Su habilidad para entender a los pokemon es sencillamente sorprendente, pero dudo mucho que tú lo comprendas.
─De eso no sé, ¿pero qué tal si me acompañas? Este sitio es peligroso y está plagado de pokemon salvajes. Me sorprende que ninguno te hiciera daño.
─No veo razón para ello, Hilbert.
Al poco tiempo de salir con Rosa, la niña señala una habitación donde supuestamente había una pista del paradero de N. Hilbert va sin dudar a donde le señala la niña, pero al entrar a la habitación se ve encerrado, pues Rosa cierra la puerta con llave.
─¿Rosa?
─¿Crees que eres capaz de encontrar a N? ─dice Rosa burlona─. A ver qué tal para salir de aquí.
─¿Qué demonios? Abre la puerta, Rosa.
─¿Las palabras mágicas?
─¡Por un demonio, enana! ¡Que esto no es gracioso!
Pero Rosa se niega a decir más, y entonces Hilbert se encuentra con tres Hydreigon, a los cuales enfrenta con cierto apuro. Los tres pokemon no eran exageradamente fuertes, pero igual daban bastante guerra a los pokemon de Hilbert, los cuales finalmente salen victoriosos.
Y entonces todo cambia. Hilbert siente de pronto que se encontraba en otro mundo. Todo lucía más sombrío y desolado. Aquello daba muy mala espina a Hilbert, así que va corriendo para encontrarse con Hilda, pero ella no estaba en la habitación. Pensó que probablemente fue a otro lugar, pero le costó mucho, pues ahora tocaba explorar de nuevo todo el hospital.
Era el mismo lugar, pero a la vez era otro completamente diferente. Hilbert no sabría explicarlo. Mientras más avanza, más se convence que algo raro pasaba, y cuando llega al sótano, encuentra finalmente a Hilda.
─¿Dónde estabas, Hilbert? ─la chica lo abraza con fuerza─. He estado demasiado asustada. Creí que esos monstruos iban a matarme o algo así. Tengo miedo, Hilbert.
─Lo siento, Hilda. Logré encontrar a Rosa, pero desafortunadamente se me escapó ─Hilbert le devuelve el abrazo a la chica─. No podemos quedarnos más tiempo en este lugar. Debemos irnos sin falta de aquí.
─Lo sé, Hilbert. Lo sé. También yo quiero salvar a Rosa. Dame un momento para sentirme mejor. No puedo seguir adelante con este temor azotando mi corazón.
Hilbert asiente y permanece fuertemente abrazado a ella. Se sentía a gusto así. No deseaba soltarla nunca, pero también sabía que no podían quedarse por siempre en ese lugar, por lo que se sueltan y salen juntos de allí. Nuevamente Hilbert cuida lo mejor que puede de Hilda. No quería que sufriese ningún rasguño. Van resolviendo enigmas juntos avanzando entre las tinieblas, pero sabían que en cualquier momento las cosas podrían empeorar…
…y efectivamente empeoran.
Kyurem ataca repentinamente a Rosa. Hilbert saca a Excadrill y Conkeldurr para mantener a raya al pokemon legendario, pero nada parece detenerlo. Kyurem era simplemente demasiado fuerte para contrarrestarlo con pokemon ordinarios, así que Hilbert se lleva a Hilda lo más rápido que puede por el pasillo en que se encontraban.
-Los pokemon regresan con Hilbert, y Kyurem iba tras él e Hilda con cruel insistencia. Al final del pasillo había un ascensor, pero justo antes de llegar Hilda se resbala. Hilbert estaba por ayudarla, pero la puerta del ascensor empieza a cerrarse a gran velocidad, no permitiendo que saliese de allí.
─¡HILBEEEERT! ─Hilda intenta desesperadamente levantarse, pero tropieza y cae de nuevo.
─¡NOOO, HILDAAAA! ─Hilbert presiona como loco los botones del ascensor y también se esfuerza en abrir la puerta, pero nada funcionaba─ ¡MALDICIÓN! ¡TEN CUIDADO, HILDA!
Antes de que la chica tan siquiera fuera capaz de hacer nada más, Kyurem la alcanza y le aplasta la cabeza. Hilbert grita horrorizado y deja de forcejear con la puerta del ascensor.
Eso fue un golpe bastante duro para él. Su corazón se sentía bastante dolido. Sentía que le había fallado a Hilda, pero ya nada podía hacer para remediarlo. Sólo podía lamentarse y llorar mientras el ascensor se mantiene en movimiento, levantándose cuando siente que ha llegado y la puerta finalmente se abre. Sale sin ganas. Todo lo que le quedaba era encontrar a Rosa y averiguar dónde estaba N. Por N se había sometido a aquel infierno. Hilbert se preguntaba si realmente N estaba allí, y en caso de estarlo, se preguntaba si todo aquello era la manera en que N lo ponía ahora a prueba. También se preguntaba seriamente si esta búsqueda realmente valía la pena.
Recordaba sus inicios como entrenador. Hilbert se veía a sí mismo como un chico cualquiera en busca de una vida de aventuras y un sueño propio, nada más. Quería conocer nuevos amigos, capturar pokemon como cualquiera y fortalecerlos y acercarse a ellos para ser el mejor entrenador posible, encontrar alguna chica que le gustara y con quien pudiese congeniar, expresar su ideal como entrenador a otras personas, rivalizar sanamente con Cheren, compartir sus experiencias con Bianca… Quería ser feliz, no cargar con el destino de toda una región sobre sus hombros, pero todo aquello había cambiado por culpa del equipo Plasma. Su futuro cambió drásticamente a causa de ello. Él no pidió ser el elegido para hacerle frente a N, y no comprendía del todo todavía qué fue lo que habían visto en él precisamente para llevarlo a ese punto. En el fondo aquello le molestaba y le frustraba, pues sentía que sus sueños, sus aspiraciones y esfuerzos por su propio futuro no contaban, que él era simplemente la marioneta de un destino que ya había decidido por él desde el mismo momento en que había nacido. Pero el deber era ineludible. Debía encontrar a N sin importar nada más, pero Hilbert no quería convertir aquello en su única prioridad.
─¿Dónde estás, N? ¿Por qué no puedo encontrarte?
Ve a Rosa huyendo, así que deja sus preguntas de lado. Era hora de regresar al exterior.

Dos horas después
Las señales encontradas antes de salir del hospital llevaron a Hilbert a realizar una auténtica exploración en diversos puntos del pueblo, a fin de dar con una llave para abrir la puerta principal de un museo de la historia social del pueblo. Dicho museo guardaba la entrada a una antigua prisión subterránea a la cual Hilbert termina entrando casi de inmediato. Si todos los sitios anteriores eran tenebrosos, la prisión guardaba cosas todavía peores para Hilbert. Los pokemon no solo eran más salvajes, sino que la mayoría de ellos cargaban con feas heridas que parecían ser producto de crueles batallas que habían tenido que librar antes. Hilbert conseguía vencerlos a todos con sus pokemon, pero los pokemon salvajes parecían inacabables. Hilbert veía que su equipo estaba ya al borde de su propio aguante, aparte que jamás veía el lugar correcto para sacar a Reshiram. Sólo puede aguantar como puede hasta que llega a una cafetería, donde ve algunos pokemon muertos. Hilbert estaba escandalizado por ello, pero el escenario se completa al ver que al fondo estaba nada menos que Landorus, el cual parecía algo ido.
─Deshacerse de un revoltoso no es la gran cosa, ¿sabes? ─Landorus parecía mirar a la nada mientras hablaba─ ¿Cómo hacerlo? Simplemente ves que no actúa como es debido, y ahí lo tienes para acabarlo con unos ataques bien dados. Sencillo, rápido y para toda la familia, jeje.
─¿Qué significa todo esto, Landorus? ─no evita decir Hilbert, pues todo aquello le daba muy malas sensaciones.
─Es que lo vi causando un alboroto, y al otro pokemon de allí también. Debía castigarlos para que aprendiesen. Les dije que se detuvieran y no me escucharon ─se excusa Landorus algo airado, pero Hilbert se mantiene firme.
─¿Pero no crees que te estás excediendo? ¿Y qué esperas que aprenda alguien que está muerto?
─Por mucho tiempo se han burlado de mí y no hacen caso cuando les hablo. De alguna manera tengo que hacer que escarmienten, o de lo contrario todo seguirá igual ─se defiende Landorus, pareciendo en cualquier momento cedería ante la histeria.
─¡Pero eso no es excusa, Landorus! ¿No te das cuenta de que con matarlos sólo siembras más caos y haces infelices incluso a los inocentes?
Landorus se detiene por un momento, abrumado por unos segundos ante la seriedad de Hilbert, y sin decir nada más se va de allí, simplemente dejando al chico con más dudas en su cabeza.
Otra vez estaba solo, aunque no es como si Landorus, tal y como lo acababa de ver, fuese la mejor compañía para él en ese momento. Continúa con la exploración de la prisión subterránea, encontrando de tanto en tanto tres figuras que tenían cada una un nombre distintivo: La hipócrita, el tirano y el traidor. Una y otra vez Hilbert las veía, sintiendo una gran inquietud.
Llega un punto en que Hilbert no ve otra opción que descender más y más. Daba la impresión de que llegaría al centro de la Tierra de tanto que bajaba, ya sea por escaleras de mano o saltando dentro de agujeros en el suelo, y ese continuo descenso lo lleva hasta un laberinto bastante raro. Hilbert no entendía qué clase de lugar era ese, pero su avance resultaba bastante complicado, pues los caminos que ofrecía el laberinto terminaban pronto, obligando a Hilbert a probar nuevas rutas a cada rato. En una de esas rutas alcanza a ver a Kyurem, pero consigue esconderse y huir antes de que la criatura se diera cuenta. Hilbert se sentía con una mala suerte terrible al encontrarse a ese pokemon siempre en sitios lo bastante cerrados para no poder sacar a Reshiram. Así jamás lograría derrotarlo.

Celda secreta
El camino no se acababa, pero algo especial parecía aguardar para Hilbert, y es que de pronto se encuentra a Hilda. Estaba encerrada dentro de una celda, pero no cabía duda de que era ella.
─¿Hilda? ¿De verdad estás viva? ─Hilbert se sentía bastante feliz y esperanzado, y luego toma asiento frente a la chica─. Gracias a Arceus que estás bien. Creí que habías muerto en el hospital...
─Pues aquí estoy, tontito, y no sé de dónde sacas que me morí ─la respuesta de Hilda desconcierta a Hilbert, aunque a ella parecía hacerle gracia─. Nos separamos en el hospital, y después de allí no fue posible encontrarnos de nuevo.
─No... lo entiendo...
─Eres muy olvidadizo a veces, Hilbert ─Hilda continúa con su tono coqueto─. Mucha y muy buena ayuda has necesitado a lo largo de tu paso por los gimnasios de Unova, y también cuando debías hacerle frente a N para decidir el futuro de la región, y a pesar de todo, nunca has sido bueno para ver que no estabas solo, que siempre contabas con el apoyo de tus amigos para avanzar, y por eso terminaste por nunca cruzar la meta.
─No puede ser... ¿Cómo sabes esas cosas? ─Hilbert sentía que la cabeza le daba vueltas con todas las sorpresas que Hilda lograba darle─ ¿Realmente eres Hilda?
─No soy nadie que conocieras durante tu aventura, ciertamente.
─Entonces, ¿eres Hilda?
─Lo soy, si eso deseas.
─Yo solo quiero que respondas mi pregunta, por favor ─Hlbert se levanta exasperado, pero Hilda se las arregla para apaciguarlo y agarrar su cara con ambas manos mientras lo acerca a las rejas de la celda.
─Lo único que te debería importar es que soy real, Hilbert. No dudes de mí en ningún momento. Siente por un momento el calor manar de mis manos y responde mis preguntas ¿Acaso no quieres tocarme? ¿No deseas besarme? ¿No te hace ilusión sentirme? ¿No te tienta la idea de hacerme tuya? ─ante la duda de Hilbert, Hilda sonríe y acerca más su rostro─ Si realmente quieres tenerme, entonces sácame de aquí. No puedo hacer nada encerrada entre estos barrotes.
─C-claro... ─Hilbert tenía la respiración pesada y la vista un poco perdida─. Veo que para entrar no puedo hacerlo directamente desde aquí. Pero tranquila, ya encontraré la manera de sacarte.
─Cuento contigo, cielo.
Ese calor que percibía en las manos de Hilda le resultaba inconfundible. Tenía que ser ella, y eso le da a Hilbert bríos nuevos para buscar por dónde se llegaba a la puerta que estaba al fondo de la celda. Sabía que tardaría lo suyo, pero no le importaba.
Sacaría a Hilda de ahí como sea.

En otra parte
La búsqueda resultaba insufrible, justo Hilbert se había esperado. Daba lo mejor de sí mismo para encontrarse con Hilda, pero lo que se encuentra es otra cosa: Suena un rugido que asusta a Hilbert, y luego una voz que reconocía.
─¡No! ¡Aléjate, por favor!
─¿Virizion? ─Hilbert se dirige rápidamente a la puerta más cercana, que era de donde provenía la voz─ ¿Estás bien, Virizion?
La espadachina legendaria estaba encogida en una esquina, y en el centro de la habitación habían una versión oscura de la propia Virizion, la cual se transforma y se revela como Zoroark. Hilbert aprieta los dientes. Era consciente de que sus pokemon no estaban en buenas condiciones, pero no le queda de otra que volver a sacarlos para luchar. Viendo las circunstancias en que se encontraba, las opciones más viables eran Haxorus y Excadrill, para enfrentar a la vez al pokemon ilusión. Estaban agotados, pero Hilbert no podía hacer nada más. La prioridad era derrotar a Zoroark, cosa que cuesta mucho, pero de alguna manera Haxorus y Excadrill se las arreglan para derrotar a ese pokemon. Virizion por su parte permanece retraída en la esquina, mirando a la nada. Sólo Hilbert acercándose la hace regresar a la realidad… o al menos eso parece.
─Tranquila, Virizion…
─¡No me des órdenes, humano! ─Virizion reacciona levantándose de forma brusca y dándole una mirada agresiva al chico.
─L-lo siento. Mi intención no era ofender…
─¡No vengas con excusas! ¿Acaso piensas juzgarme también? Di lo mejor de mí, pero no lo pude evitar ¿Realmente crees que puedo evitar ser como soy realmente? ─Hilbert estaba boquiabierto, y es que no entendía nada de lo que quería decir Virizion, la cual solo se lamentaba y mostraba un gesto lleno de amargura─ Intenté ser una miembro capaz dentro de los espadachines legendarios de Unova, pero mi más baja tentación nunca pude suprimirla del todo.
─¿S-su más baja tentación?
─Yo en el fondo no quiero luchar por un mundo más justo. Lo que realmente me movió a ser parte de los espadachines legendarios era la emoción de luchar contra pokemon malvados. No quiero un mundo mejor, sino la posibilidad de pelear por siempre. Yo… nunca he salvado a nadie. En el fondo jamás deseé salvar a nadie. Sólo soy una burda buscapleitos ─Virizion se acerca a Hilbert, asustándolo y haciendo que retrocediera─ ¿Y qué hay de ti? No vengas con que vas de inocente.
─Y-yo no hice nada. Sólo estoy buscando a alguien…
─Déjate de excusas. Tú mismo no te lo puedes creer ─la voz de Virizion, llena de veneno, amedrenta más a Hilbert─. Pero supongo que de cualquier modo eso es problema tuyo.
─Virizion…
La espadachina legendaria se va, dejando a Hilbert solo. Aquello lo había desconcertado completamente, pero no podía simplemente quedarse a pensar en lo que acababa de ocurrir. Debía sacar a Hilda de su celda para seguir con la búsqueda de Rosa y N.
Pero aquellas palabras hacían germinar esa semilla de la duda. El propio Hilbert era consciente de ello.

Media hora después
Hilbert encuentra finalmente la puerta de la celda de Hilda. Eso le emocionaba mucho. Finalmente estaría con ella de nuevo. Podría sacarla de allí, pero aquella ilusión se evapora de golpe cuando encuentra a Hilda muerta en la cama. Había sangre por todos lados, pero no había un indicio claro de qué pudo haberlo hecho. Hilbert quería pensar que aquello era una mala broma, pero al no sentir el pulso de Hilda tuvo que resignarse. Nuevamente el dolor lo embargaba, y por ello tuvo que irse de allí. Creía que podría salir junto con ella, pero no fue así. Realmente le hacía ilusión.

Frigorífico
No pasaría mucho tiempo caminando cuando Hilbert se encuentra en un sitio que difería completamente con todo lo demás. Pokemon muertos por todos lados, y al fondo se encontraba Landorus, el cual se notaba hecho una furia.
─¿Qué hiciste, Landorus?
─¿Y a ti qué te parece? ─le responde Landorus con agresividad─ Me he hartado de todos ellos. Me tenían hasta los cojones todos estos pokemon rebeldes. Se creen que pueden salirse del orden sin sufrir las consecuencias ¡PERO ADIVINEN QUÉ, AHÍ LO TIENEN POR DESOBEDECER! Así es como van a funcionar las cosas de ahora en adelante: El que desobedezca el orden que yo establezca será aplastado por mí. Tan sencillo como eso. Ya se acabaron esos años en que todo el mundo podía ignorarme y obligarme a cargar con el peso del desorden que causaban.
─Landorus, ¿acaso enloqueciste? ─Hilbert rápidamente se arrepiente de lo que dijo, pues Landorus responde atacándole.
─Con que tú también, Hilbert. Tú también te atreves a cuestionarme. Crees que es divertido actuar como te dé la gana y dejar que yo me encargue del desastre que dejas.
─¡No! Yo jamás…
─No mientas, Hilbert. Todos los que estamos aquí estamos por algo. La oscuridad que en nosotros se ha manifestado ha hecho que este pueblo nos atrajera, y por eso nos quedamos encerrados. No eres ningún santo, eres exactamente como yo ─Landorus sonríe de manera sádica, aterrando a Hilbert─. Y una vez que estamos aquí no hay vuelta atrás, ni para ti ni para mí. Estaremos presos por siempre aquí, y nada puedes hacer para impedirlo. Ahora sufre mi ira, humano.
Una nueva batalla da comienzo. Hilbert no podía sacar a ninguno de sus pokemon normales, pues sabía que ninguno podría rivalizar con Landorus. Estaban agotados, y de todos modos ninguno de ellos era lo suficientemente fuerte para hacerle frente. En lugar de eso, y sabiendo que ahora sí no había alternativa, saca a Reshiram para hacerle frente a su oponente. La batalla resulta bastante fuerte, pues Landorus era muy resistente, aparte que golpeaba como un demonio, pero Reshiram también era fuerte. Hilbert apretaba los puños, esperando que su compañero legendario lograse hacerse con la victoria. Y sí, Reshiram consigue arreglárselas para vencer a Landorus. Fue difícil, sí, pero eso no significaba que era imposible, y ahora Landorus caía muerto, pues el golpe final de Reshiram resultó lo bastante fuerte para destrozar su cuerpo. Un último grito de ira representó su acto final, y eso desolaba a Hilbert, pues él no deseaba llegar a tal extremo.
─¿Landorus? ─Hilbert se acerca temeroso, viendo lo que acababa de pasar. Se lleva las manos a la cabeza, lamentándose por lo ocurrido─ ¿Cómo puede ser? Maté un pokemon legendario ─Reshiram gruñe un poco y se le acerca a Hilbert, y este capta su mensaje─. Sé que no teníamos opción. Era él o nosotros, pero aún así…
Se sentía muy mal por lo que hizo, pero ya podía hacer nada. Debía avanzar. Sólo esperaba que no hubiese nadie más que estuviera dispuesto a pelear a muerte. Guarda a Reshiram y se va de allí apenado.
Lo único rescatable en este recorrido tan lleno de tragedia es que al final puede salir al exterior una vez más. Pero tenía que llegar al hotel donde supuestamente estaba N. encuentra un bote de remos y se dirige al otro lado del enorme lago al que había llegado.

Hotel
Una nueva etapa de búsqueda se abría para el muchacho, pero todavía seguían las dudas azotando su mente. Sabía que sus preguntas serían respondidas dentro del hotel, así que entra sin vacilar y procede a explorar el lugar. Su primer hallazgo importante era precisamente Rosa, la cual estaba en el restaurante del hotel, aparentemente jugando con un modelo de esponja de Menger parecido al que suele llevar N.
─¿Rosa? ¿Cómo le hiciste para llegar aquí tan rápido?
─Hay muchas cosas que no sabes, Hilbert. O mejor dicho, hay muchas cosas a las que seguramente has cerrado tus ojos últimamente ─responde enigmáticamente la niñita─. Quiero encontrar a N. Sé que él ayudará a Unova. Hay gente mala en la región, y N podría detenerlos.
Hilbert estaba sorprendido. Era exactamente lo que él estaba pensado. Sus dudas crecían, pero también lo hacía su esperanza de encontrar a N para así proteger a Unova.
─Siendo así las cosas, ¿qué tal si vamos los dos a búscalo? ─propone Hilbert con una suave sonrisa.
─¡Tenemos que separarnos! ─le responde la niña animosa─ ¡N podría estar en cualquier lado, y este hotel es enorme! Vamos, Hilbert ─Rosa se va corriendo antes de que Hilbert pudiera detenerla.
─¡Espera, Rosa! Ah, se ha ido ─Hilbert también sale de ese lugar, y como era de esperar, la niña había desaparecido─. Bien, que sea bajo tus reglas, pequeña.
La búsqueda por todo el hotel lleva a Hilbert a encontrarse nuevamente con  Zoroark, esta vez varios, a los cuales debió esquivar por su imposibilidad de enfrentarlos. Hilbert supuso a partir de ahí que Virizion estaba cerca de allí, en alguna parte, refugiándose. Pero no daba señales de dónde estaba exactamente, y el chico tenía un rango muy limitado de búsqueda. Sólo podía revisar una habitación o pasillo a la vez.
N, Virizion y Rosa seguían siendo un reto enorme para Hilbert.
Afortunadamente había un pequeño centro pokemon en el hotel. De ese modo el chico pudo curar a todo su equipo, y en poco tiempo podía salir de nuevo para continuar con su exploración. Sabía que aquello no iba a ser fácil, además que contaba con la posibilidad de encontrarse a Kyurem en alguna parte, pero no se detiene.

Dos horas más tarde
Estaba agotado. Desde que había llegado a ese pueblo tan raro no se había permitido descansar un solo minuto, pero su búsqueda había dado frutos. Había encontrado una habitación en la que, al parecer, estaba registrado el nombre de N. Sin dudarlo entra en la habitación, pero el lugar estaba completamente vacío. Aparte de la cama sólo se veía un televisor con un reproductor de VHS, y justo encima del aparato había una cinta. Era como si aguardase por Hilbert, así que pone en el reproductor. Esperaba que aquello le dijera dónde estaba N.

Hilbert aparece recorriendo distintas rutas a lo largo de Unova, bastante feliz de la vida. No era para menos, puesto que había recibido recientemente a su primer pokemon de la mano de la profesora Juniper, así que ahora era un entrenador principiante. La vida parecía sonreírle, pero las cosas cambian bruscamente cuando el equipo Plasma entra en escena, y sus soldados se dedican constantemente a estorbarle el camino, ladrando sus consignas plagadas de contradicciones y sinsentidos. Hilbert se enfrenta a ellos una y otra vez. Sale muy bien parado en la gran mayoría de los combates. Los soldados del equipo Plasma no eran muy hábiles como entrenadores. Pero a medida que avanza y pasa por encima de ellos en batallas repetitivas, Hilbert se sentía más y más frustrado. Su idea de aventura era una y otra vez estorbada por esos fanáticos sin cerebro.
Hilbert logró tener el apoyo de Reshiram para así pararle los pies a N y a las aspiraciones egoístas y absurdas del equipo Plasma. Pero aquello era muy diferente a lo que Hilbert quería. Él aspiraba completar su aventura como cualquier otro entrenador, terminar los gimnasios tranquilamente, enfrentarse a la liga, vencer o perder en la misma, sentirse satisfecho por sus logros, mejorar como entrenador en lo que le hiciese falta… Pero en ese punto se sentía presionado, desolado, pues la compañía de Reshiram implicaba que él era el elegido, el que tomaba las riendas dentro de una repetición de la antigua guerra entre las ideologías de los habitantes de la primera civilización de Unova. Una vez más estaba en juego el destino de la región, y sólo el vencedor sería capaz de guiar a humanos y pokemon por el camino que defendía. Pero Hilbert no deseaba ser un guía. No se creía capaz, no quería ser el elegido.
La batalla finalmente llega. Pero la misma no tiene lugar, pues Hilbert decide que no iba a pelear contra N. Él opta por abandonar aquella pugna. N se proclama vencedor a raíz de dicho abandono.
Cuando N consigue imponer el gran cambio en humanos y pokemon a lo largo y ancho de Unova tal y como deseaba, Getchis se rebela y mata a N. Ahora que el destino de la región había sido decidido, a Getchis no le hacía ninguna falta fingir que estaba al leal servicio de N. Se apropia a la fuerza de Zekrom y comienza su gobierno… o mejor dicho su reinado sobre Unova. Tanto humanos como pokemon se ven forzados a obedecerle.
Hilbert estaba horrorizado al ver en qué había acabado su decisión de contradecir las escrituras de Unova sobre la pugna entre las ideologías. Sólo quedaba él para enfrentarse a Getchis, pero en lugar de ello decide huir. Se niega a revelarle a Reshiram el destino de Zekrom.
Pocos días más tarde, en su desesperada insistencia por alejarse lo más posible para no ver el gesto de vergüenza de su propia gente, Hilbert intenta esconderse de sus propios recuerdos, y así termina llegando a aquel pueblo, llamado por él sin que se diera cuenta de ello.

Con la cabeza gacha y el video habiendo acabado, Hilbert estaba inmerso en sus pensamientos. La verdad es que se había obligado a olvidar todo. Quería borrar de su memoria la torpeza con la que condenó a Unova a la época más oscura de su historia. Con Getchis como el nuevo rey, Hilbert se encogía ante su propia vergüenza. Esa era la oscuridad en su corazón que lo hizo quedar encerrado en el pueblo. Esa era la verdad, la desgracia de toda la región fue el precio a pagar a cambio de su propia libertad.
Rosa aparece nuevamente. Parecía animada, la muy inocente.
─¿Y bien, Hilbert? ¿Ya encontraste a N? Si no es así, vamos a buscarlo… ─Rosa empieza a tirar de la manga de Hilbert─ ¿Qué pasa? ¿Acaso ya no quieres buscar a N? Prometo que no me burlaré si te equivocas en convencer a N para que ayude.
─Rosa… N no está aquí ─responde Hilbert con profundo pesar.
─¿Qué? ¿A qué te refieres, Hilbert? Explícate con claridad.
─N está… muerto. Yo… lo dejé morir, Rosa. Y no solo a él, también abandoné y condené a toda Unova. Yo soy... el culpable de que N no esté aquí, Rosa.
El silencio se vuelve más incómodo que nunca. Rosa estaba con la boca ligeramente abierta. Lágrimas empiezan a asomarse por sus ojitos. Hilbert era incapaz de verla a la cara.
─¡ERES UN MONSTRUO! ¡Lo sabía! ¡A ti no te importa nadie! ¡Te odio! ¡Quiero que N vuelva! ¡Le has dado la espalda a toda Unova! ¡Te odio, Hilbert! ¡Te odio, te odio, te odio!
Hilbert permanece callado un poco más. No podía culpar a Rosa de decir esas cosas. A decir verdad, su propia conciencia le gritaba exactamente todo eso que le gritaba la niña, palabra por palabra. Sólo podía dejarla desahogarse, y cuando lo hace Hilbert le responde.
─Lo siento, Rosa. N no está aquí... Jamás estuvo aquí.
Hilbert se pone de pie, y Rosa se va corriendo. Era el momento de que también él saliese. Ahora comprendía las palabras de Virizion y Landorus, y ahora le tocaba resolver el reto final que le deparaba el pueblo, aprovechando que había recuperado la noción de los hechos. Nada hacía quedándose ahí, lamentándose por lo ocurrido.
El pueblo lo estaba esperando, listo para hacerle responder por sus actos.

Zona extraña
El hotel había cambiado radicalmente. Las puertas estaban raras. Hilbert intenta entrar en una habitación y se encuentra con que más bien salía de otra. Su paso de un sitio a otro funcionaba de una manera inexplicable, pero Hilbert se aventuraba a probar cada puerta, buscando una manera de avanzar. Era difícil, mucho, pero era obligatorio intentarlo.
La oscuridad se apoderaba de los pasillos, y de paso la linterna de Hilbert había dejado de funcionar, así que se las tenía que arreglar en un entorno cada vez más tenebroso y hostil a medida que avanza. Por muy frustrante que fuera caminar por esos pasillos, debía mantener como fuera la perspectiva de estarse acercando a su auténtico objetivo mientras más lograba abrirse paso por entre los engaños de las puertas del hotel. Estaba seguro de que algo lograría, pero…

Escaleras en penumbra
Virizion estaba a mitad de camino, mirando a ninguna parte. Hilbert por un momento se siente aliviado por encontrarla, pero también alcanza a notar que Virizion no se encontraba bien. Parecía completamente ida de este mundo. Estaba balbuceando algunas cosas. Hilbert se acerca un poco, y la espadachina se percata finalmente de su presencia.
─Veo que has logrado llegar hasta aquí ─la mirada de Virizion era vacía, desoladora, carente de vida─. No hizo ninguna falta que me ayudaras aquella vez.
─No, Virizion. Está mal ─Hilbert se acerca un poco, temiendo que su esfuerzo por ayudarla fuera a acabar en nada─. Te ayudé porque quería. Siempre puedes usar tus motivaciones para hacer cosas buenas. No pienses tan mal de ti misma.
─No… No me compadezcas, Hilbert. No merezco ninguna palabra de piedad que puedas decirme… ─la resignación en la voz de Virizion hacía que Hilbert se entristeciera. Verla así destrozaría el corazón de cualquiera─ ¿En qué puedo yo ser útil a nadie? No soy una justiciera real. No merezco ser parte de ellos. Mis compañeros estarán mucho mejor si no me les vuelvo a acercar. Yo… Yo estoy de más en este mundo.
Virizion empieza a alejarse, y la oscuridad se vuelve más y más espesa. Hilbert desesperadamente intenta encender la linterna para no perder de vista a Virizion, pero todo es en vano. Ella se iba, y él era incapaz de ayudarla.
─¡Virizion! Te lo ruego, no avances hacia la oscuridad.
─Lo siento, Hilbert, pero es muy tarde. Yo siempre he estado caminando en la oscuridad.
Virizion se aleja todavía más. Hilbert no podía ir tras ella, pese a que lo intentaba. Ella se había ido, y nunca más iba a volver. Hilbert se lamentaba por no poder hacer más por ella. Primero Unova, luego Hilda, después Landorus, y ahora Virizion. Se sentía como el peor entrenador de la historia.
Una vez más debía seguir su propio camino. Sabía que había todavía algo que esperaba por él, y su única alternativa era acudir a ese llamado. Nunca tuvo realmente la libertad de elegir su camino, siempre ha tenido que seguir ciegamente las señales que estaban marcadas para él.
Le dolía mucho saber que así era realmente su vida.

Punto de juicio
Al momento de llegar, Hilbert se encuentra en una sala bastante amplia y vacía, salvo por una enorme alfombra en el centro. Pero lo que interesa a Hilbert estaba arriba, así que corre hasta llegar al centro de la sala, comprobando con terror lo que estaba pasando.
─¡Hilbeeeeert!
─¡Deténganse! ¡Déjenla en paz, se los ruego! ─arriba se encontraba Hilda atada de cabeza, y a ambos lados de ella habían dos Kyurem, uno normal y el otro shiny─ ¡Ustedes me quieren a mí! ¡A ella suéltenla y vengan por mí, se los suplico! ─los dos Kyurem parecen hacer oídos sordos a los ruegos de Hilbert y se acercan a Hilda que gritaba de miedo─ ¡Déjenla! ¡Háganme lo que quieran, pero por favor suéltenla! ¡NOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO!
Una vez que se acercan lo suficiente, ambos Kyurem abren sus fauces, y cada uno devora brutalmente una mitad de Hilda. Hilbert empieza a llorar de dolor y cae sobre sus rodillas. Estaba harto de todo. Kyurem se empecinaba una y otra vez en atormentarlo, en recordarle una y otra vez cómo aplastó los sueños que sus amigos habían depositado en él, en cómo condenó el futuro de la región. Aprieta con ira los puños. Sus lágrimas caían sin control por el suelo.
─Era débil. Solo no deseaba ser el elegido para llevar a Reshiram. Quería escuchar de parte de alguien, quien sea, que ese papel no me correspondía y que debía ceder a Reshiram a alguien más digno ─Hilbert lentamente se pone de pie y da la vuelta, encontrándose con los dos Kyurem─. Ahora lo comprendo. Sé por qué está pasando esto. Y ahora es momento de ponerle fin a este asunto.
Hilbert saca a Reshiram y a Samurott. Reshiram podía ser fuerte, pero no había manera de que le haga frente solo a dos Kyurem, y de ahí que invocase a Samurott. No era una ayuda muy grande, pero estaba dispuesto a dar lo mejor de sí para que Hilbert superase su gran prueba. La batalla es altamente exigente, pues por mucha fuerza que imprimiesen Reshiram y Samurott a sus ataques, los dos Kyurem parecían no sentir casi nada. Pero eso no hace que Hilbert se rinda. Muy por el contrario, le daba mayor fuerza para dirigir a sus pokemon para que ataquen y encuentren la manera de dañar a los Kyurem lo más posible. La resignación no era una opción, nunca lo fue desde la primera vez que Hilbert dio con la presencia del tercer dragón Tao.
Los Kyurem también atacaban, y Reshiram y Samurott conseguían arreglárselas para evitar el daño. Los Kyurem realmente eran fuertes, y por eso era bastante obvio que un solo ataque de ellos podía significar el fin de todo. Era cuestión de golpear fuerte, evadir y hallar la manera de sortearlos hasta poder atacar de nuevo. Los pokemon de Hilbert eran un fiel reflejo del ímpetu y la fiereza de Hilbert. Mientras más avanza la batalla, los dos Kyurem se ven superados.
Y entonces todo acaba de una manera imprevista. Los Kyurem retroceden, rugen brevemente y se encierran a sí mismos en un enorme bloque de hielo que se forma rápidamente. Hilbert es testigo entonces de que su juicio había terminado. Sus dudas sobre qué hacer con su vida se habían ido. Ahora que se había decidido del todo y que la firmeza en su corazón parecía ser inquebrantable, sólo le queda regresar a sus pokemon y dejar atrás a los Kyurem.
Todavía quedaba una última parada, una en la que debía demostrar qué tan firme era su decisión.

Techo del hotel
Una figura miraba por una ventana cuyo marco estaba hecho por enrejados. Hilbert había subido hasta allí para hacer frente a su última prueba. La figura voltea. Era N.
─Veo que te has entretenido mucho desde que te rendiste, Hilbert.
─N. Yo… lo siento por no dar respuesta. Incluso si tú hubieses ganado, todo habría sido completamente diferente y mucho mejor si hubiese decidido pelear contigo.
─Sí, hubiese. Pero el hubiese no existe, Hilbert ─N se acerca imponente, pero Hilbert se mantiene firme─. Pero no estás aquí para rememorar el pasado, ni vienes a rogarme.
─No. Yo… ya he decidido lo que haré, y es momento de zanjar este asunto cuanto antes.
─Je, como quieras.
N saca invoca entonces a Zekrom. Hilbert saca a Reshiram, y ambos dan inicio al combate. Sería una batalla uno contra uno, así que Hilbert da lo mejor de sí para guiar adecuadamente a Reshiram a la victoria.
El dragón blanco se mostraba extrañado. Él notaba algo raro en Zekrom, como si no fuese él, pero Hilbert le instruía una y otra vez que no se distrajera. La batalla no había acabado todavía para distraerse y ponerse a pensar las cosas. La batalla era incluso más exigente que la que había presentado Kyurem, pues Zekrom parecía contar con reflejos más a la par con la capacidad de Reshiram. La batalla permanece pareja bastante rato, pero Hilbert consigue dar con el espacio adecuado para hacer que Reshiram derribe a Zekrom. Una vez que ha obtenido esa ventaja, la balanza se iba inclinando a su favor.
N contempla que Zekrom iba a menos mientras más avanzaba el combate. Hilbert lo estaba superando, y pronto la derrota se vuelve un hecho. Zekrom termina cayendo sobre N. Hilbert se acerca a su adversario, el cual yace inmóvil, con sus ojos fijos en el rostro de Hilbert.
─Unova… Todo lo que yo quería era hacer que Unova fuera mejor…
─Yo… ─ Hilbert toma aire profundamente, listo para seguir─ Si los humanos y los pokemon de Unova no quieren mejorar sus relaciones por sí mismos, entonces no creo que merezcan ser salvados.
─Hilbert… Tus amigos, los pokemon...
─Esa es mi decisión. Me designaron como el destinado para ser un salvador, pero no lo soy, porque no quiero serlo. No es mi culpa que todos ellos sean incapaces de guiar su futuro ─Hilbert da la media vuelta y mira a Reshiram, el cual esperaba la orden final─. Adelante. Acaba con esta pelea.
Ya con la orden dada, Reshiram lanza su ataque. Hilbert ni siquiera voltea a mirar.

Punto de inicio
Nuevamente miraba el lago y el pueblo. La niebla seguía siendo igual de espesa.
Hilbert ya había dicho lo que realmente quería. Seguiría adelante con sus propios sueños, no estando dispuesto a permitir que nadie le dijese qué debía o no ser.
Escucha unos pasos acercarse. Por unos segundos no hace nada hasta que siente que la persona que se acercaba posaba una mano sobre su espalda.
─¿Abandonaste nuevamente a N? ─Hilda le pregunta con voz suave y gentil, pero que denotaba cierta preocupación.
─Ese no era N. Sólo era un recuerdo de mis culpas e inseguridades. N murió, y eso no tiene vuelta atrás ─Hilbert ahora ve a la chica─. Pero se acabó. Ya su recuerdo no volverá a atormentarme.
─¿Y qué hay entonces de Unova?
─Sus habitantes deben decidir sobre eso, y de todos modos Getchis no vivirá por siempre. Unova, Landorus, Virizion… Realmente deseaba ayudarlos, pero la verdad es que optaron por no hacer nada para ayudarse a sí mismos. En ese punto ya no hay nada que yo pueda hacer. Ya yo no tengo nada que ver ─Hilbert se endereza un poco y encara a Hilda, empezando a sonreír─. Pero eso ya no me preocupa. Te tengo a ti, Hilda. Tú eres lo que quiero y me importa.
─Tú también eres lo que yo quiero, Hilbert.
Ambos se besan apasionadamente, envueltos por la eterna niebla y por la idea de estar juntos de ahora en adelante. Hilbert la abrazaba fuertemente, gustoso de tenerla a su lado. Al momento de separarse, él agarra la mano de ella y está a punto de irse de allí, pero Hilda lo detiene.
─¿Hilda?
─Hay unas cosas que dejé atrás, Hilbert ¿Qué tal si me acompañas a buscarlas?
─De acuerdo. Guíame, Hilda.
El camino entonces adquiere el sentido opuesto. Hilbert regresa al pueblo junto a Hilda. Era su última oportunidad para irse de allí, pero Hilda le importaba más.
El pueblo lo había reclamado, y él no puso peros para quedarse.
nadaoriginal: La historia de un escritor de fanfics que te liga todo lo que se mueve mientras se burla
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