Fanfic - Sana sanita [One-shot Ace Attorney. Post Dual Destinies]

#1
Mostrar Notas de la autora
Aquí estoy con un nuevo one-shot de Ace Attorney para la cueva. Tengo que admitir que esta es una de mis sagas favoritas, y este mi juego favorito de dicha saga. Me parece muy curiosa y me gusta mucho la relación de Athena y Simon Blackquill, es algo que he tratado en varios one-shots que he empezado pero no he acabado. La verdad es que después de volver a leer este me han entrado ganas de escribir sobre ellos de nuevo, y de jugar a los juegos, puede que lo acabe haciendo. En fin, antes de continuar solo quiero advertiros de que contiene spoilers de Dual Destinies, así que si no lo habéis jugado/completado leedlo bajo vuestra propia responsabilidad.
 


—¡Señor Blackquill, señor Blackquill!
 
La voz preocupada de una niña resonaba por los pasillos del Centro Espacial Cosmos. Simon alzó la vista de su lectura y vio que una niña castaña se dirigía rápidamente hacia donde él estaba. Dejó el libro en la mesa y se arrodilló para estar al nivel de la pequeña, que entre jadeos y ataques de tos intentó explicar la situación.
 
—Es... Athena... Estábamos jugando...
 
—Tranquila Juniper, respira hondo y dime qué ha pasado —Simon apoyó una mano en el hombro de la pequeña, intentando tranquilizarla. La niña le hizo caso, inspiró y trató de contarle lo que había ocurrido.
 
—Athena, Ponco y yo estábamos jugando al pilla-pilla, pero Athena se ha caído y se ha hecho daño en la rodilla.
 
—Ya veo. ¿Me llevas a donde está ella? —Juniper asintió y tomó la mano de Simon, guiándole a una habitación. En ella estaban Athena y Ponco, el robot trataba de consolar a la niña, que estaba sentada en el suelo agarrándose la rodilla.
 
—¡Athena! —exclamó Juniper al entrar. Se soltó del fiscal y fue corriendo al lado de su amiga— No te preocupes, ya he traído ayuda —La joven pelirroja miró a Blackquill con nerviosismo, como si no quisiera que estuviera allí.
 
—Junie, ya te he dicho que no me pasa nada, es solo una herida —dijo algo molesta. Era evidente que estaba tratando de aguantar las lágrimas, tal vez no quería que él le viera llorar.
 
—Pero no podías levantarte... Pensé que sería mejor si el señor Blackquill te echaba un vistazo —Simon se acercó a las dos niñas y volvió a arrodillarse. Le dedicó una dulce sonrisa a Athena pero ella giró la cara, no quería establecer contacto visual.
 
—¿Me dejas ver tu herida, Athena? —No obtuvo ninguna respuesta— ¿Por favor? —Nada. Blackquill suspiró para sus adentros, era una niña tranquila y obediente pero a veces podía volverse algo testaruda— Mira a Juniper, está preocupada y yo también lo estoy. Somos tus amigos, solo queremos ver si estás bien. Nos enseñas la herida, ¿por favor? —Pasaron unos segundos pero finalmente Athena reaccionó. Fijó su mirada en la rodilla mientras apartaba las manos. No era nada grave, solo una herida que sangraba un poco. Aun así, Juniper se llevó las manos a la boca, asustada.
 
—¿Se va a morir?
 
—No se va a morir, Junie —contestó Simon con una sonrisa. Los niños podían llegar a ser tan inocentes… Se levantó y se acercó a una estantería, donde había un botiquín de primeros auxilios. Siempre había al menos uno en todas las habitaciones, por lo que pudiera pasar. Una vez en su poder volvió a donde estaban las niñas y tras limpiarle la herida le puso una tirita—. Ahí está, ¿mejor? —Athena asintió, aunque no parecía del todo satisfecha.
 
—Me sigue doliendo un poco —susurró. Simon se quedó pensativo durante unos segundos hasta que una idea le vino a la mente.
 
—Entonces déjame probar con esto. Sana sanita, curita de rana, si no sana hoy sanará mañana —Después de recitar la canción le dio un beso en la rodilla, con cuidado de no presionar mucho para no provocarle más dolor. Los ojos de Athena se abrieron de par en par al mismo tiempo que esbozaba una pequeña sonrisa.
 
—Muchas gracias Simon, ¡ya no me duele tanto! —dijo mientras se ponía de pie de un brinco y se abalanzaba sobre él. Por suerte el fiscal estaba acostumbrado a sus súbitas muestras de afecto, por eso logró mantener el equilibrio.
 
—No hay de qué. Ahora venga, id a jugar.
 
—Señor Blackquill —dijo Juniper tímidamente— a mí también me duele un poco el dedo —Blackquill sonrió. La niña le mostró el dedo índice derecho, que no tenía ninguna herida, pero aun así Simon le dio un beso también. Juniper sonrió y un tinte rosa se esparció por sus mejillas. Athena liberó al fiscal de su abrazo y agarró a Juniper del brazo, llevándosela a otra estancia para seguir jugando. Ponco empezó a contar, así que supuso que habían cambiado del pilla-pilla al escondite. Ahora eran las risas de las niñas las que inundaban los pasillos.
 



—¡Protesto! —gritó Athena a pleno pulmón mientras señalaba a Blackquill. El fiscal ni se inmutó, seguía con los brazos cruzados, con una expresión carente de emoción— Es cierto que mi cliente estuvo en el escenario del crimen, pero no fue el único.
 
—Supongo que podrás probarlo.
 
—¡Pues claro! —contestó Athena con una sonrisa triunfal, que no tardó en ser reemplazada por un ceño fruncido. Otra vez, debía ser la séptima vez que Blackquill hacía ese gesto. Era el primer juicio que ambos tenían tras haber sido declarado inocente y la joven abogada lo estaba disfrutando al máximo, sin embargo había un pequeño hábito del fiscal que estaba empezando a preocuparla. De vez en cuando se masajeaba las muñecas, como si le dolieran un poco. No sería de extrañar teniendo en cuenta que había pasado los últimos siete años de su vida esposado, eso habría tenido que dejar algunas secuelas físicas. Athena no podía evitar preocuparse, ¿sería un mal menor? Tal vez no sentía dolor y simplemente notaba que las esposas seguían ahí, como cuando alguien pierde un miembro y a veces nota que sigue estando.
 
—Muy bien señorita Cykes, estamos esperando —dijo el juez, sacándola de sus pensamientos. Athena negó con la cabeza y golpeó la mesa, ahora tenía que centrarse en defender a su cliente, ya se preocuparía por el fiscal más adelante.
 
—Si pudieran prestar atención a este pendiente de aquí —dijo alzando una bolsita de plástico donde se encontraba un pequeño pendiente de aro de color morado—. Fue encontrado al lado del cadáver.
 
—Tal y como el que lleva tu cliente. Es el objeto que le sitúa en el escenario del crimen, ¿es tu forma de admitir la derrota, Cykes-dono?
 
—Eso es lo que le encantaría, fiscal Blackquill, pero si los miembros de la sala pudieran ver ahora las fotos de la cámara de seguridad que muy amablemente nos ha traído Taka hace un par de minutos... En la primera se muestra a una mujer, la hermana de mi cliente, que se encuentra hablando con él. Vemos su perfil derecho y no tiene nada en la oreja, todo bien hasta ahí. Posteriormente, en la otra podemos ver que vuelve a hablar con su hermano, supuestamente después de entrar en la escena del crimen y haber asesinado a la víctima. ¡Pero miren! ¡Ahora vemos su lado izquierdo! ¿Qué lleva en la oreja?
 
—¿Hm? —El juez comparó las dos fotos, dándose cuenta de lo que Athena quería mostrar— ¡Ah! Su hermana lleva unos pendientes idénticos a los de su hermano pero ¡le falta el derecho!
 
—¡Exacto! —exclamó Athena con una gran sonrisa— Solicito que se haga una prueba de ADN en los pendientes, eso resolverá la incógnita de a quién pertenecen —La abogada dirigió una mirada al fiscal, que había vuelto a masajearse las muñecas.
 
—¿Y bien, fiscal Blackquill? ¿Alguna objeción? —preguntó el juez.
 
—Ninguna —Fue lo único que respondió.
 
—Está bien. En ese caso, mientras se realiza la prueba, este tribunal declara un receso de veinte minutos —dijo mientras daba un mazazo. Athena sabía que ahora tenía que aprovechar y hablar con su cliente antes de retomar el juicio, pero antes quería asegurarse de una cosa.
 
—¡Simon! —gritó acercándose a la banca del fiscal. Él alzó una ceja.
 
—¿Qué ocurre, Cykes-dono? Si vienes a pedir clemencia no pierdas el tiempo, aunque aún puedes rendirte si quieres —Athena rodó los ojos.
 
—Sabes de sobra que nunca haría eso —dijo mientras señalaba las muñecas del fiscal, que había vuelto a masajear—. Has estado así durante todo el juicio, ¿estás bien?
 
—¿A qué te refieres?
 
—Sabes bien a lo que me refiero. ¿Te duelen las muñecas?
 
—No sé de qué estás hablando —Athena volvió a fruncir el ceño. Estaba claro que no quería tocar el tema, pero esa vez no le dejaría salirse con la suya.
 
—Trae —Sin previo aviso agarró las muñecas del fiscal, viendo de primera mano que su teoría era cierta. Había varias cicatrices a lo largo de estas, junto a rozaduras que parecían recientes. ¡Bingo!
 
—¿Pero qué haces? —Blackquil las retiró al instante, sin embargo ya era demasiado tarde.
 
—¿Te duelen? ¿Es por eso por lo que no dejas de masajearlas? —Simon no respondió, pero ante la atenta mirada de la abogada acabó cediendo.
 
—Sí, de vez en cuando me duelen, también siento que hay algo que me aprieta. Patético, porque sé que ya no hay nada, la mente es curiosa cuanto menos —Athena asintió.
 
—Como amantes de la psicología los dos lo sabemos mejor que nadie. ¿No puedes hacer nada para solucionarlo?
 
—He pensado en ir a algún profesional, pero desde que el fiscal jefe hizo una limpieza de fiscales los pocos que quedamos estamos desbordados de trabajo —Y ya está. Por su expresión parecía que quería dejar ahí la conversación, sin embargo Athena tenía otra cosa en mente. Puede que no fuera médica ni que conociera ningún método para aliviar el dolor, pero un tierno recuerdo de su infancia le había venido a la mente, y quería ponerlo en práctica.
 
—Dame las muñecas —Blackquill le miró sorprendido, como si acabara de proponer la mayor estupidez del mundo.
 
—¿Otra vez? No.
 
—Oh vamos, no seas así. Dámelas —dijo sonriendo—. Si no, me haré con ellas por mi cuenta, como he hecho antes —No fue al instante, pero al final Blackquill acabó accediendo y acercó sus muñecas a la abogada. Ella las tomó encantada—. Sana sanita, curita de rana, si no sana hoy sanará mañana —Después de decir esas palabras besó las dos muñecas, para sorpresa del fiscal. Por suerte, ya no quedaba nadie en la galería, si no su sonrojo habría sido mayor al haber recibido esa muestra de afecto en público.
 
—Cykes-dono... —Al principio se quedó sin palabras, pero luego sonrió al recordar algo similar que había ocurrido en el pasado— Agradezco el gesto pero no soy un niño. Dudo que tenga algún efecto —La abogada se encogió de hombros.
 
—No pasa nada por probar, ¿verdad? —Soltó sus muñecas y se dio la vuelta— Tengo que volver, mi cliente me está esperando. ¡Hablamos tras el juicio! —Con eso dicho abandonó la sala. Simon también se fue, tratando de camuflar su sonrisa.
   



—Y el veredicto es... ¡No culpable!
 
Todos los presentes estallaron en un gran aplauso, contentos de que como siempre, se hubiera hecho justicia. Athena sonreía brillantemente, pero la causa de ello no se debía solamente a la victoria. No, ni mucho menos, el fiscal que ahora le daba la espalda, como solía hacer tras sufrir una derrota, curiosamente había dejado de masajearse las muñecas tras el pequeño receso de aquel juicio.
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#2
Como dice el Auron


Realmente me encanto, sin el ambito shippero que ponen algunas personas cuando escriben algo relacionado a Ace Attorney, ya por la diferencia de edades que tienen los personajes, pero si que se nota esa confianza y cariño que se sentian, realmente inclusive para personas que no han jugado o terminado el juego, van a entender y simpatizar con ellos.
Ojala que sigas subiendo algunos otros fic de Ace Attorney y no pares de Gritar Protesto.
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