Fanfic - Angel Grove

#1
Prólogo
1993
El transbordador espacial Alpha cinco alunizó con éxito el cuatro de septiembre de 1993; veinticuatro años después de la hazaña de Aldrin y Armstrong. Nadie sabe a ciencia cierta por qué, pero no se habían vuelto a realizar viajes a la luna hasta ese día.

La corporación Hexagon, ávida de conocimiento y con el amparo de varios inversionistas, logró repetir el viaje. No tenían miedo de lo que la N.A.S.A había visto y se había callado. Ellos deseaban desentrañar los secretos del lado oscuro de la luna. Clarence Willbrougth y Simon Cranston fueron elegidos para aquella osada misión. El gobierno lo había autorizado, siempre y cuando se mantuviera el secretismo debido.

Para el mundo entero, Hexagon era tan solo una poderosa corporación dedicada a la producción y distribución de tecnología y armamento bélico. Y aunque el negocio de la guerra no era para nada despreciable, lo que pocos sabían era que dicha corporación había pasado varios años tejiendo hilos imperceptibles entre gobiernos, financiando investigaciones y comprando información clasificada. Hexagon tenía claro que solo el conocimiento absoluto podía asegurarles el poder.
***

Angel Grove, un pueblo donde nada sucedía, se vio de pronto sacudido por el barullo de los hombres y las maquinarias que trabajaban día y noche en un amplio baldío. Con el correr de los meses, el centro espacial Hexagon había sido terminado. La gente de aquel lugar, acostumbrada a la inmutable cotidianidad y a los edificios pequeños, miraba con admiración aquella mole de hormigón y acero que había sido construida muy cerca del mar; Era un hexágono gigantesco de paredes grises y frías. Junto a él, se levantaba un hangar con suficiente espacio para albergar dos cohetes más. Pero lo que más impresión causaba, era el imponente transbordador espacial Alpha cinco. La nave blanca yacía sobre el depósito exterior y sobre los dos cohetes auxiliares, vertical, como una flecha que amenazaba con herir al cielo.

Una bruma de emoción solapada rodeaba a los habitantes de Angel Grove. Todos sabían que los días del despegue estaban contados, y la espera para ver aquel espectáculo estaba haciendo mella en la paciencia de la gente.

Todos cuchicheaban sobre el “gran evento”, y que uno de los astronautas asignados a la misión fuera una celebridad local, tampoco ayudaba a calmar la excitación. En las últimas semanas, la casa del Doctor Cranston se había convertido en algo así como un “museo de lo extraño”. El científico jamás había visto tanto ardor por la ciencia hasta que se anunció que él sería uno de los astronautas a bordo del Alpha cinco. La gente constantemente lo paraba para saludarlo o para hacerle preguntas (inocentes, pero no carentes de estupidez) a las que el respondía con total cordialidad y respeto.

El treinta y uno de agosto pudo ser, según la libre perspectiva de cada quien, el día en que descubrimos fuerzas inimaginables e impresionantes con las que solo un niño puede soñar; O bien, el día en que abrimos las puertas a los horrores que penden sobre nosotros en el espacio exterior.

La noche de aquel día olía a magia y a emoción. El cielo estaba despejado y poblado de estrellas. La luna, como si supiera que estaba a punto de ser visitada, se atavió con sus mejores galas: lucía llena y plateada, emanando sus influjos espectrales, dando la bienvenida a los extraños habitantes de la tierra.

En Angel Grove, las azoteas se llenaron de familias que esperaban el despegue del Alpha cinco con perros calientes, cubos abarrotados de palomitas de maíz, cerveza y soda. Hubo algunos que compartían con los vecinos y asaban carne en sus patios, mientras los chicos correteaban y soñaban con ser astronautas y descubrir Saturno. Otros, se congregaban a las afueras del centro espacial, compartiendo chistes malsanos sobre el Challenger y los fuegos artificiales del cuatro de julio.

A eso de las ocho, un leve temblor hizo que todo Angel Grove sostuviera el aliento. Una voz distorsionada salió de las bocinas de la estación espacial, iniciando el conteo regresivo.

— Cinco — dijo la voz, y una nube densa de humo blanco emergió bajo los propulsores de la nave, y se extendió como niebla alrededor del hangar. — Cuatro — los propulsores se movían de un lado a otro, mientras que los cohetes auxiliares escupían humo tan denso como el de la nave. — Tres — unas chispas anaranjadas hicieron contacto con el humo, y las llamas emergieron de los propulsores y de los cohetes auxiliares. — Dos — La nave se sacudió, como buscando liberarse del hangar. — Uno — las llamas chocaron contra el suelo impulsando el cohete. — ¡Despegue!

Una columna de humo y fuego surcó el cielo nocturno ante la vista de todos en Angel Grove. La gente aplaudió y vitoreó con emoción, al tiempo que el Alpha cinco se alejaba hacia la atmósfera. Los cohetes auxiliares se desprendieron, y ocho minutos después le siguió el depósito exterior. Las sobras cayeron al mar, y la nave hendió la atmósfera hasta perderse de vista.

Y aquella noche, de entre tantos espectadores, hubo seis que no imaginaban el milagro silencioso que se obraba entre las sombras. Seis pares de ojos que miraban en la misma dirección. Seis destinos tan diferentes que no imaginaban que estaban a punto de unirse en una causa común por el bien de la tierra.
***

Trini tomó a Billy de los hombros, lo abrazó por la espalda y lo animó: — Tu padre estará bien.

El chico rubio suspiró sin despegar la vista del cohete. Tomó entre sus manos las de Trini y dijo: — Eso espero. El prometió que volvería.
***

A Dos calles de la residencia Cranston, Kimberly miraba ilusionada desde su ventana como el Alpha cinco abandonaba la tierra. Su mundo era rosa por fuera y mantenía la esperanza de, algún día, brillar y subir tan alto como aquel transbordador.
***

Zack caminaba meditabundo cuándo la nave pasó zumbando sobre él. Alzó la vista, y en ese momento deseó con todas sus fuerzas no estar ahí. Dos sombras salieron del callejón y se cernieron sobre él, mucho antes de que pudiera percibirlas. Lo derribaron, y una vez en el suelo, siguieron aporreándole. Entre la lluvia de insultos y patadas, el halo fugaz del Alpha cinco brilló como nunca. Zack cerró los ojos deseando que aquellos tipos acabaran por fin con aquello, pero no fue así. Los sujetos lo miraban desde arriba, burlones.

— Este es un mensaje para tu hermano. La próxima vez no tendrás tanta suerte.
***

En el albergue Kibō, lo chiquillos disfrutaban del espectáculo celeste. El maestro Tadashi había preparado una gran comilona para que los pequeños hicieran de aquella noche una experiencia inolvidable. Tommy había pasado el día de arriba abajo, ayudando con los preparativos. Ahora por fin podía descansar. Se tiró sobre el césped y cruzó las manos tras la cabeza. Vio cómo el Alpha cinco iba ganando altura, y a medida que el cielo oscuro engullía al transbordador, un horrible presentimiento lo atormentaba.

— No deberían hacerlo. — Susurró.
***

Jason permanecía impávido, con los brazos cruzados frente al enorme ventanal que daba al patio de la casa. Ahí estaban sus padres, riendo y disfrutando mientras compartían cerveza con los vecinos. Parecían tan cálidos ¿Pretendían? ¿O el frío lo guardaba nada más para él?

Alzó la vista, el Alpha cinco se comenzaba a desensamblar dejando sus restos sobre la bahía de Angel Grove. —“Para volar más alto hay que liberarse del peso” — pensó. En ese instante recordó a su hermana Nami. Debía dejarla ir, lo sabía perfectamente. Pero aquel dolor era un peso del que no quería prescindir.
***

Y así pasó la noche del gran despegue. Ahora, un nuevo sol se elevaba sobre Angel Grove. Iluminando los recovecos oscuros, dando una esperanza de cambio. Llenando a todos de la tranquilidad que solo da un nuevo día, incluso después de la noche más oscura.
[Imagen: cube-2.png]
 0  0  0  0  0  0  0  0  0  0  0  0  0  0  0  0  0  0  0  0
Responder




Usuarios navegando en este tema: 1 invitado(s)
task