Longfic- El que no sufre, no aprende (remasterizado)

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FranquiciaOtros
GéneroAventuraRomance
Resumen

Jessie y James deciden ser amigos con derechos. Lo que no decidieron fue la catarata de eventos que terminaron afectando sus vidas para siempre, incluyendo a la de Meowth y a la de los bobos. Ambientado en la primera temporada. Lemmon, pero no esperen demasiado.

Advertencia
#1
Capítulo uno
La propuesta.
Jessie, James y Meowth caminaban por el bosque, dejando a sus espaldas la vieja casa de piedra donde Cassandra hacía sus medicinas naturistas para los pokemons, junto con su abuela, una anciana espeluznante con aspecto de bruja sacada de algún cuento infantil. Nada que ver con su joven, enérgica y adorable nieta. Gracias a los vendajes proporcionados por ella, estaban un poco mejor y en condiciones de viajar.

 Estaba anocheciendo y el bosque se volvía más aterrador, dibujando sombras monstruosas bajo los últimos rayos de sol, pero al equipo Rocket no le interesaba. Ya estaban acostumbrados a dormir en lugares peores y estaban demasiado deprimidos y enojados como para preocuparse por unas sombras engañosas.

 Apenas encontraron el globo, decidieron acampar. En realidad, era solo juntar unos troncos, encender una hoguera con los pocos fósforos que le quedaban y tirarse alrededor de ella. Las bolsas de dormir las habían perdido en la última explosión de su globo y podría pasar un largo tiempo antes de poder conseguir otras o conseguir los materiales para fabricarlas ellos mismos.

 James comenzó a revisar el globo y encontró lo que buscaba: tres tazas de ramen sin abrir, un termo con agua (ya fría), una olla y una pequeña parrilla. James vertió el agua en la olla, mientras Jessie ponía la parrilla sobre el fuego. Al final, él puso la olla sobre la parrilla, la tapó y se quedó sentado bajo un árbol junto a sus compañeros, esperando a que hirviera. Meowth ni siquiera se molestó en moverse. Cada tanto se pasaba una pata sobre su cabeza vendada y suspiraba.

 No se habían dirigido la palabra desde que se habían ido de la cabaña de Cassandra y eso había sido hacia varias horas. Meowth fue el primero en hablar.

 —Hubiese sido tan feliz —murmuró, más para si mismo que para sus compañeros.

 Jessie, sentada a su lado, lo miró de reojo.

 —¿Podrías parar con eso? Debí saber que tu plan jamás funcionaría —le dijo, fastidiada.

 —Eso lo dices porque eres una amargada que no cree en el amor.

 Jessie levantó la vista hacia el cielo, ofendida.

 —¡Claro que creo en el amor! —exclamó —. Solo que pienso que estás loco si crees que un humano se enamoraría de un pokemón.

 —Yo no diría eso —comentó James, en voz baja.

 Jessie se giró hacia él.

 —¿Qué quieres decir?

 James solo la miró a los ojos, pero no respondió. Jessie frunció el ceño, confundida, pero luego abrió los ojos como platos, comprendiendo lo que había
querido decir.

 —Ah, si. Pero eso no funciona así —le dijo la pelirroja, con una ligera turbación en la voz.

 James iba a seguir hablando, pero Meowth aún seguía con ellos y prefirió callarse y corroborar si el agua estaba hirviendo. Lo que daría por tener electricidad y una pava eléctrica. O lo que sea, hacía años que había dejado de ser exigente.

 —Ya está —James destapó las tres tazas de ramen (pollo asado para Jessie, camarones para James y de carne de res para Meowth) y sacó la olla del fuego con ayuda de un par de repasadores que Jessie le alcanzó, pero le era muy difícil manipularlo para volcarlo en la comida, así que la pasó hacia el termo y de allí al alimento. Los tapó y se los alcanzó a sus compañeros.

 —James, ¿Cuándo había que darle a Meowth el remedio? —preguntó Jessie, de forma distraída, mientras sacaba del bolsillo de su falda unas pastillas pequeñas, redondas y blancas.

 —Sé que hay que darle una, pero no sé si era antes o después de cada comida —James se pasó una mano por la cabeza —. Creo que dijo después.

 —Si, también creo eso —se dirigió hacia Meowth —¿Meowth, te acuerdas?

 —Yo no estaba escuchando —respondió el felino.

 —Bueno, después entonces… ¿James, pasaron los tres minutos?

 El joven se encogió de hombros.

 —No sé.

 —¿No lo sabes?

 —¿Cómo quieres que lo sepa, si no tenemos reloj?

 Jessie se tapó los ojos con una mano, cansada.

 —Contemos hasta sesenta tres veces y luego destapemos el ramen —decidió. Miró a Meowth —. Después de que lo destapes, espera un poco más antes de comer.

 —Si, si, dejen a Meowth los fideos sosos y blandos —gruñó Meowth.

 —Tienes la lengua muy delicada —le explicó James, con el tono de una madre que regañaba con ternura a su hijo.

 —Prefiero quemarme antes de que se me arruine la comida…

 —Luego no quiero escuchar tus lloriqueos.

 —¡Yo no lloriqueo!

 Jessie golpeó el suelo con la mano, impaciente.

 —¿Pueden callarse? No puedo concentrarme en la cuenta.

 —Me da igual —respondió James—. Seguro que ya pasaron más de tres minutos.

 Los tres destaparon el ramen y comenzaron a comer sin ninguna ceremonia. Los fideos ya estaban un poco insulsos, pero ya les daba igual con tal de llevarse algo al estómago. Aparte de lo que estaban comiendo, tenían un paquete de galletas de jengibre y algunas latas de comida pokemón. Una vez que eso se terminara, tendrían que buscar bayas, rapiñar algo en la ciudad o recurrir a métodos más extremos…
 
Jessie fue la primera en terminarse su taza. La apretó en su mano, resquebrajándola y se la tendió a James.

 —Para Weezing —le dijo. James tomó la taza aplastada y la dejó a un costado. Meowth imitó a Jessie y le dio la suya. Por último, James aplastó la suya, buscó una bolsa y puso los restos dentro.

 A esas alturas, la noche había caído totalmente sobre ellos. Se podían ver las estrellas brillando en el cielo, el cual les había hecho las veces de techo durante demasiado tiempo. Se recostaron apoyando la espalda contra un grueso árbol, pegados unos a los otros para mantener el calor.

 —Oye, Meowth —murmuró James.

 —¿Qué?

 —Lo siento por lo de esta mañana —le dijo, con sinceridad—. Pudiste haber muerto por la fiebre y nosotros no hicimos nada. Perdóname. Prometo no volver a abandonarte

 Meowth se lo quedó mirando, al principio con cara de enojo, pero luego sus ojos azules se llenaron de lágrimas. Jessie se inclinó un poco para verlo.

 —Yo también lo siento —agregó ella, visiblemente más incómoda que su compañero—. Yo fui la que empezó diciendo que no podíamos esperar a que te recuperaras.

 Meowth aspiró aire de manera entrecortada. Antes de que pudiera echarse a llorar, James lo abrazó y lo puso encima de su pecho.

 —Creo que es hora de dormir —le susurró James, mientras le acariciaba la cabeza.

 Jessie le extendió a Meowth la pastilla blanca. El pokemón se la tomó, se acurrucó en el pecho de James y cayó en un sueño profundo de manera casi inmediata. El hombre siguió acariciándole la cabeza con ternura.

 —Pobre iluso… —murmuró.

 Jessie asintió con la cabeza.

 —Enamorarse de una humana, que ocurrencia…

 —Ya de por sí enamorarse es una estupidez.

 Jessie se lo quedó mirando, extrañada. Ella jamás había imaginado a James como una persona amargada en asuntos del corazón.

 —¿En serio crees eso?

 —Sí. Siento que, para amar a alguien, tienes que perder la libertad, la personalidad y la dignidad. Prefiero quedarme solo.

 —¿Tan mal te trataron las chicas?

 James evitó mirarla.

 —Ni que hubiese tenido tantas. Ni siquiera… —dejó morir la frase. Jessie inclinó la cabeza hacia un lado.

 —¿Ni siquiera qué?

 A pesar de la poca luz que daba la fogata, Jessie pudo ver como las mejillas de James se teñian de rosa.

 —Olvídalo.
 
 —Oh, vamos, dilo.

 —No.

 —No voy a parar de molestar hasta que me lo digas.

 —Es una idiotez, Jessie, no vale la pena.

 Jessie infló las mejillas, como si fuera una niña pequeña, en señal de protesta. James le dedicó una sonrisa amarga.

 —Es de verdad una idiotez —repitió—. De acuerdo, lo diré: ni siquiera di mi primer beso, ¿estás feliz?

 Jessie no pudo menos que parpadear rápidamente durante unos momentos. James tenía veinticinco años (la misma edad que ella), no era nada feo y bastante simpático, tanto con personas como con pokemón, fuera de las actividades delictivas. ¿Cómo pudo no besar a una chica?

 Aunque, si se lo ponía a analizar con detenimiento, él jamás se había mostrado interesado por una chica (la fantasma del Pico de la Doncella no contaba). Siempre mantenía una especie de distancia con las mujeres. Era algo minúsculo y casi tan invisible como una barrera hecha por un Mr Mime, pero estaba presente. Con Jessie no se mostraba así y se sentía agradecida por ello, pero no podía avanzar más.

 Si, estaba enamorada de James desde hacía tiempo atrás, no podía especificar con exactitud desde cuándo. Antes de conocer a los bobos, de eso estaba segura. El caso era que James no le daba margen para avanzar. Era como si tuviera una especie de trauma hacia las mujeres o algo así. Tal vez pudiera sacarle algo…

 —¿Lo dices en serio? —le dijo Jessie, apenas pudiendo contener la risa.

 —Genial, ríete ahora de mi.

 —No, no es eso, es que… no puedo creer que seas virgen a tu edad.

 James enrojeció aún más. Hasta las orejas parecían estar sonrojadas.

 —Bueno… nunca tuve oportunidades.

 —¿Cómo que no? Varias chicas intentaron salir contigo, al menos en el tiempo que llevamos viajando juntos. ¡Y las alejaste!

 —No tengo tiempo, menos ahora, para tener novia.

 —Bueno, no tiene que ser una novia, alguna relación de una sola noche…

 —No me quiero imaginar lo que me harían ustedes dos si me gasto el poco dinero que tenemos para invitar una cerveza a una chica o contratar a una prostituta.

 Jessie hizo una mueca.

 —Meowth usaría sus mejores golpes furia en tu cara mientras yo te reviento el estómago a patadas.

 James rió quedamente.

 —Por eso, no tengo ninguna posibilidad, no por ahora.

 Ambos quedaron en silencio durante un largo rato. Por la mente de Jessie se dibujaba una idea que tomaba forma a pasos agigantados… Tal vez hubiera una forma de estar con él, al fin y al cabo.

 —¿Y si somos amigos con derechos? —soltó de golpe, como quien no quiere la cosa.

 James giró la cabeza muy despacio hacia ella, como si no hubiese procesado del todo lo que Jessie le había dicho.

 —¿Qué?

 No, no se iba a echar atrás, claro que no.

 —Amigos con derecho —repitió—. ¿No sabes lo que es?

 —No —confesó James.

 —Quiere decir que nosotros dos podemos tener sexo y seguir siendo amigos.

 James arqueó una ceja.

 —¿Eso se puede?

 —Claro que se puede. Sin compromisos, sin ataduras, sin escenas de celos, sin cambios, sin nada.

 James parpadeó, como si tuviera tierra en los ojos.

 —¿Por qué?

 Jessie se frotó los ojos con una mano.

 —James, desde que estoy en el equipo Rocket, he tenido muy poca…acción. Tengo mis necesidades como mujer y casi nunca puedo encontrar a alguien con quien tener sexo. Y ahora me puse a pensar: ¿Por qué no contigo? No sos feo, te conozco desde hace años y, de paso, te hago un favor al hacer que dejes de ser virgen.

 James se quedó en silencio durante un rato. Sostenía la cabeza de Meowth con una mano, mientras que con la otra tamborileaba los dedos sobre la tierra. Finalmente, despegó los labios.

 —Lo pensaré —dijo.

 —Está bien, toma tu tiempo.

 —Buenas noches, Jessie.

 —Buenas noches, James.

 Jessie apoyó la cabeza en el tronco. Tal vez las cosas fueran muy distintas a partir de ahora.

 Y vaya que lo serían.

Mostrar Nota de autora
Bueno, al fin decidí publicar acá. Para la gente que haya leido este fic por otros lados, marcaré el nombre del capítulo con un asterisco para que vean en qué capítulos hice cambios.

¡Saludos!
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#2
Well, es el primer fic de Rockettos que leo en la cueva, voy a revivir muchos recuerdos de cuando te leía durante 2017 o 2018. Aunque haha creo que ahora sí se va a poder leer esa parte sabrozona kukuku Snivylove

Obviamente esto pasa durante OS así que es muy probable que tenga que recurrir a wikis para ubicar a uno que otro personaje. Lo cual no es malo, usar personajes algo olvidados por ser pjs de la semana, pero uno que no recuerda OS si se puede perder un poco.

La propuesta de "amigos con derechos" o termina mal, o termina bien, a ver que pasa con estos dos. Pobre James el tipo está más virgen que el aceite de oliva xD

Meowth, quizá estará bastante deprimido por un buen rato, pobre gato D:
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#3
Capítulo dos
La decisión

Jessie, James y Meowth se despertaron con los primeros rayos del sol, que caían de forma oblicua a través de las hojas de los árboles. Medio dormidos, se lavaron la cara en un arroyo cercano y se repartieron las galletas de jengibre. Aún les quedaban las latas de comida pokemón, pero no querían llegar a esos extremos.
 —Hay que buscar a esos bobos —gruñó Jessie, mientras acomodaba las cosas en el globo.

—Yo estoy más preocupado por la comida —Meowth sostenía una lata de comida pokemón en cada pata y las sopesaba.
Jessie se giró hacia él,

—¿Cómo podemos ir a buscar comida y a los bobos a la vez? —espetó ella —. A menos que le robemos las mochilas con la comida, además de a Pikachu.
James, quien estaba viendo un mapa, negó con la cabeza.

—No creo que sea necesario. Vayamos al pueblo más cercano y vemos que conseguimos ahí. Los bobos tienen que parar a comprar provisiones y curar a sus pokemons en algún momento.

—Ellos van caminando y nosotros en el globo, así que llegaremos mucho antes —razonó Meowth.

—Les llevaremos medio día de ventaja, o tal vez más, dependiendo del viento —murmuró Jessie, ya dibujando una sonrisa en su rostro—. Pues bien, ¡a toda marcha!

Tenían suficiente combustible para viajar varias horas seguidas y el pueblo no estaba tan lejos para quien tuviera un medio de transporte, así que, con los ánimos renovados, inflaron el globo con ayuda de un ventilador y un pequeño generador eléctrico (recargado gracias a los constantes Impactruenos de Pikachu), lo calentaron con el quemador y ascendieron hacia el despejado cielo matutino.

A pesar de la escasez de alimentos, el buen humor de Jessie contagió a los varones del equipo. Se turnaban para manejar el globo y mirar el suelo a través de los prismáticos en busca de algo interesante, pero solo veían a los árboles agitando sus hojas y algún que otro pokemón que carecía completamente de interés para ellos. James pensó por un momento que podría arriesgarse a atrapar un Pidgey o un Weedle, pero se sacudió la idea de encima con la misma rapidez con la que surgió. ¿Qué les daría de comer? A duras penas les alcanzaba para ellos y a los pokemons que tenían como para tener otra boca que alimentar. Con dos pokemon (tres contando a Meowth) y dos personas en el equipo era más que suficiente.

Después de tres horas de viaje, vislumbraron entre los arboles las tejas de algunas casas, señal de que estaban acercándose a un pueblo. Una ciudad les habría venido mejor, pero era mejor que nada.

—Bueno, ese lugar debe tener al menos un almacén —razonó Meowth, usando sus prismáticos—. Podemos saquearlo esta noche y usar lo que robemos para armar un puesto de comida.

—Es lo mejor que podemos hacer, sería un error adelantarnos demasiado a los bobos y perderles el rastro —le dio la razón Jessie

—Pero primero hay que echarle un vistazo al lugar —razonó James.

Aterrizaron el globo a un kilometro del pueblo, lo escondieron con ayuda de unas ramas y se abrieron camino por el bosque hasta llegar a la civilización.

Pueblo Terracota no llegaba ni a los quinientos habitantes, al juzgar por un cartel que encontraron. Ni siquiera tenían un centro Pokemón; el más cercano se encontraba a unos veinte kilómetros. Una poketienda, un pequeño hospital, una posada, un almacén, unas pocas decenas de casas hechas de madera y no mucho más. Al fin y al cabo, solo era un lugar de paso hacia Ciudad Neón, un lugar mucho más grande y llamativo, conocido por sus casinos y espectáculos. Para llegar allí desde Pueblo Terracota había que cruzar un pequeño lago y un desierto.

—Esto es lo que mantiene vivo a este pueblo —decía James mientras caminaban por las calles y miraba a su alrededor —. Este es el poblado más cercano a Ciudad Neón y se tarda dos días en llegar a pie desde aquí. Todos tienen que parar en el pueblo para comprar provisiones y descansar.
El estómago de Meowth gruñó.

—Tenemos que conseguir comida y rápido —los apuró el felino —. Preferentemente algo que no sean esas galletas de jengibre con sabor a cartón.

—Claro que sabían a cartón, estaban vencidas —respondió James.

Jessie paró en seco en medio de la acera.

—Miren hacia allí —señaló, al otro lado de la calle. Los otros dos miraron hacia donde apuntaba.

Era una posada de dos pisos de altura, vieja y destartalada, como si no le hubiesen dado mantenimiento desde la inauguración, cuando las calles todavía eran de tierra. Daba la impresión de que podría venirse abajo en el próximo temporal que castigara al pueblo. Al lado de la puerta, clavado en la pared, yacía un tosco cartel que rezaba: "Se necesitan empleados"

—Bueno, no creo que tengamos que robar nada, al fin y al cabo —comentó James, intentando que no se notara el alivio en su voz.

—Un par de días bastarán para poder conseguir provisiones para el viaje —sonrió Jessie, ya cruzando la calle para entrar a la posada. Los otros dos tuvieron que apresurarse para alcanzarla.

El interior no estaba mucho mejor que el exterior. El lugar era oscuro, con más de la mitad de las lámparas de pared apagadas, como si los focos estuvieran quemados. Solo habían cinco mesas, pequeñas, viejas y desvencijadas, las cuales dos estaban ocupadas por un par de entrenadores jóvenes que estaban desayunando. La recepción estaba en el lado opuesto donde se encontraban las mesas. Detrás de ella, había una puerta que probablemente daba a la cocina.

Los tres se dirigieron al mostrador y Jessie tocó tres veces el timbre que estaba sobre la madera. Al ver que nadie aparecía, tocó otras tres veces, con más fuerza.

De la puerta apareció una mujer de unos cuarenta y cinco años, de baja estatura. Su cabello negro, atado en un elegante rodete, ya se estaba tornando blanco, como un tronco azabache salpicado de nieve. Vestía una yukata negra decorada con dibujos de flores de cerezo y un cinturón rojo. La mujer los miró con sus pequeños ojos verdes y mostró una sonrisa cálida.

—Buenos días, ¿en que los puedo ayudar? —preguntó la mujer.

—Buenos días —dijo James de manera atropellada, mientras inclinaba la cabeza de tal modo que casi chocó la frente contra el mostrador—. Yo soy James y ella es Jessie. Vimos el cartel en la entrada que decía que necesitaban empleados.

—Yo soy Momoko, la dueña de la posada. Y sí, estoy buscando empleados —respondió ella.

—Pero solo podremos trabajar un par de días. Tenemos que ir a Ciudad Neón. ¿Le sirve igual?

—Toda ayuda es bien recibida.

—Y todo dinero es bien recibido —agregó Meowth, desde el suelo.

—¿Quién dijo eso? —pregunto la mujer, sorprendida, ya que no podía ver al felino por culpa del mostrador

Meowth se trepó con rapidez a la espalda de James para hacerse ver.

—Yo lo dije —le respondió, con la cabecita asomando desde el hombro de su compañero

La mujer juntó las manos y lo miró con tal asombro, que parecía que había visto a un pokemón legendario, como Moltres o Articuno.

—¡Pero qué maravilla! ¡Un Meowth que habla!

—La verdadera maravilla es que se calle —comentó Jessie, ganándose una fugaz mirada de odio de parte del felino.

—Y no es lo único que puedo hacer. Sé cocinar, trapear y lo que usted quiera —soltó Meowth con un tono arrogante.

—No digan más. Los tres están contratados. Pasen a la cocina, por favor —les dijo, mientras se daba media vuelta y entraba por la puerta por la cual había aparecido.

El Equipo Rocket y Momoko discutieron los detalles del trabajo en la pequeña cocina. Apenas disponía de cuatro hornallas, una pileta, una arrocera, una tostadora, un refrigerador, una alacena, unos canastos con verduras, un aparador viejo donde se guardaban los platos y los cubiertos, una larga y desgastada mesa de madera y dos sillas. Era obvio que Momoko no tenía empleados que la ayudaran a mantener en pie la posada y hacía bastante tiempo que había contratado al último.

Meowth se encargaría de la cocina, James de la limpieza y Jessie de atender a las personas del comedor. Momoko se encargaría del mostrador y de supervisar a los otros. Podían comer en la cocina y dormir en una de las habitaciones y cobrarían mil yenes cada uno por cada día de trabajo. No era mucho, pero bastaba para comprar provisiones y tal vez hasta sobrara un poco, si eran cuidadosos.

El cuarto que les asignaron era pequeño, pero les pareció un lujo. Contaba con una mesa, dos sillas, un armario donde se guardaban los futones, una cajonera y dos mesas de luz. Incluso tenía una chimenea, aunque no tenían intenciones de usarla, dado a que no era época de frío. Dentro del ropero, estaban las yukatas blancas a rayas azules que Jessie y James usarían como uniformes. No había ninguno para Meowth, pero el felino se las arregló para conseguir un gorro de cocinero

El trabajo de por si era sencillo, pero a James le tocó el trabajo más duro. No solo tuvo que limpiar los pisos y los muebles, sino que tuvo que arreglar las goteras en los techos, cambiar las lamparitas rotas por otras funcionales, destapar algún que otro inodoro, cortar leña y otros trabajos extra que él no tenía planeado hacer. James planeaba protestar, hasta que llegó la hora del almuerzo y se encontró con que Meowth había preparado arroz con curry para los tres. Eso hizo que se le bajara el enojo y comiera bien por primera vez en semanas, al igual que sus compañeros.

Pero en esos momentos era donde James podía pensar con más tranquilidad sobre la propuesta de Jessie sin que lo molestaran. Si, él sentía cosas hacia ella desde hacía años, pero tenía miedo, mucho miedo. Jessie podría burlarse de él y rechazarlo si llegara a confesarle sus sentimientos. O podría transformarse en un monstruo horrible, como Jessiebelle, la chica que lo había empujado a escaparse de casa con tan solo ocho años por lo insoportable que era con el tema de los modales, la alta sociedad y Dios sabe que más. Estar con ella era un equivalente a casarse con su madre y seguir siendo manipulado como si fuera un títere de trapo.

Esa única experiencia con una chica lo habían transformado en una persona asexual, con un nulo interés al romanticismo, hasta que conoció a Jessie. Físicamente se parecía a Jessiebelle (exceptuando que Jessie tenía la voz más gruesa y sus ojos eran azules, no verdes), pero con una personalidad tan distinta que ni siquiera pensaba en ese detalle cuando la miraba.

Si aceptaba la propuesta de Jessie, tal vez podría romper esa barrera hecha a base de traumas infantiles y poder conquistarla. Tal vez…

Cuando terminaron la jornada, hacía horas que la noche había caído sobre ellos. Los tres se habían dado un buen baño y ya estaban con el pijama puesto, listos para ir a dormir.

James abrió el armario y sacó el futón blanco. Se quedó de piedra, observándolo.

—¿Qué pasa, James? —preguntó Jessie.

—Nada, solo que… solo hay un futón de dos plazas.

—Oh —Jessie lo miró como si no comprendiera el dilema de James.

Meowth soltó una risita.

—Momoko debió pensar que ustedes dos son una parejita.

—¿Eh?

—Si vas a quedarte ahí parado como un idiota, dame el futón —Jessie le arrancó el futón de las manos y lo arrastró hasta el centro de la habitación.

—¿Y dónde está mi futón? —preguntó Meowth, asomando su cabeza en el ropero.

—Creo que es este —Jessie señaló una canasta de mimbre con una almohada a modo de colchón y una sábana en el rincón de la habitación.
Meowth se cruzó de brazos.

—¿Pero quién se habrá creído que soy?

—¿Un pokemón? —aventuró Jessie, con una media sonrisa.

Meowth soltó un gruñido y miró por la ventana. El cielo estaba cálido, despejado y con una hermosa luna llena.

—Oh, que hermosa —murmuró Meowth, mientras abría la ventana.


—¿Qué vas a hacer? —preguntó James.

—Voy a observar la luna —dijo, como si le preguntaran si su amuleto era real.

—Ah, no —dijo Jessie, con las manos en las caderas —. Vas a pasarte toda la noche cantando a la luna, vas a quemar el desayuno y nos van a despedir por tu culpa.

—No voy a quemar el desayuno. Voy a subirme al techo y voy a cantarle a la luna como un Meowth decente, ya que quieren que me comporte como un pokemón. Buenas noches —agregó de manera brusca y salió por la ventana

Jessie hizo además de seguirlo, pero James la tomó del brazo.

—Déjalo. Yo mismo lo voy a ir a buscar más tarde…

—O volverá cuando los vecinos lo agarren a pedradas. —Suspiró—. Bueno, me da igual.

Jessie se acostó en el futón, pero James no lo hizo. Se acercó a la ventana abierta y se sentó en el marco. Desde donde estaban se podía ver el lago, totalmente inmóvil, a excepción del salto de algún Goldeen. No podía ver la otra orilla, pero sabía que el desierto cruel los esperaba del otro lado.

—¿No tienes sueño, James? —preguntó Jessie.

—No mucho —respondió —. Solo quiero ver el paisaje un rato antes de acostarme, es todo.

—Bueno, pero date prisa o te voy a arrastrar para que te duermas.

James le dedicó una sonrisita y volvió a mirar el lago. Podía escuchar la voz de Meowth, cantando hacia la luna que tanto amaba. Inclinó la cabeza para escuchar mejor.

Tantas veces fuimos corriendo
Por el bosque bajo las lluvias de enero
He vivido varias vidas en un día
Vidas que duran una brisa
No te rías de mí
No me mires así

A Meowth le gustaba mucho cantar, sobre todo en luna llena. Normalmente lo que cantaba reflejaba su estado de ánimo. Pero no sabría decir como estaba. ¿Melancólico? Tal vez. Por lo menos su tono lento lo reflejaba así.

Giró la cabeza y vio a Jessie tendida en el futón blanco, haciendo resaltar su largo cabello rojo. ¿La propuesta seguía en pie? Tenía mucho miedo. Casi prefería estar en una pileta con un montón de Pikachus enojados.

—James, en serio, no te desveles —le dijo Jessie.

—En un momento…—tomó aire—. Jessie…

—¿Si?

—Sobre lo que me dijiste anoche… ¿Era cierto?

Jessie se sonrojó ligeramente.

—Sí, ¿por qué?

—Quería saber si… si… si sigue en pie.

Jessie sonrió, mucho más segura de si misma.

—Si. ¿Acaso quieres…?

James se sonrojó con más violencia

—Sí.

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Lizza: Ni que fuera tan sabrozona la cosa XD. Si, pasa en el OS y algunas personajes "de la semana" van a aparecer..

Hasta la proxima.
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#4
My my, a James le acaban de ofrecer sexo. Conociendo a ese par, algo no va a terminar bien. Más sabiendo la clase de hombre sensible que resulta ser.
Rompe mi armadura si quieres. Al final, terminarás arrepintiéndote de hacerlo...
[Imagen: IIhG3l7.gif]
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