Oneshot- El prodigio de la oscuridad

ExtensiónOneshot
Extension larga
FranquiciaMystery Dungeon
GéneroDrama
Resumen

Laren Willgerton, un Lucario al que le arrebataron un futuro normal. Convirtiéndolo en algo ajeno a un Pokémon común.

#1
Antes de proceder, cabe recalcar que Laren es un personaje de un rol vía Discord que comparto con cuatro más de la cueva. Y sí, es mío e.e pero para no dar más rodeos. El fic de Fafnir "El Hijo del Sanguinario" y "Destinos Fracasados" comparten mismo universo por si se preguntaban cuáles eran las historias a compartir.
Sin más, podemos comenzar.


Antes de que el famoso equipo de rescate fuese fundado. Quince, fue la cantidad de años atrás cuando una simple y humilde familia conformada por un Lucario masculino y una Delphox femenina. Criaban y cuidaban de un Riolu, el cual, había nacido hace cinco años, sin embargo, contaba con curiosas deficiencias. Como que por ejemplo, olvidara bastantes detalles de su vida estando recién nacido y en esta etapa de niño. Como era de esperarse, hasta "perdía" y olvidaba cómo usar algún movimiento.

De igual forma, al matrimonio no le importó tener a un hijo con aquellos rasgos tan extraños. Ellos también fueron grandes exploradores en su momento, aunque siempre prefirieron mantener un perfil bajo para pasar desapercibidos y así vivir en paz. Enseñanza que le inculcaron a su hijo, que siempre lo mejor era estar tranquilo, si debía ir lento, por lo menos era para hacer bien algo. Que por muy difícil que sea algo... siempre existe un final, y un probable buen resultado.
Esto último fue lo que más le influenció al pequeño.

El tiempo pasaría y aquél pequeño vivía tranquilo y de manera cómoda con su familia. Parecía faltar bastante para que fuese un Lucario, pero eso era lo de menos. Hasta que... un Pokémon, una hembra, posaba una siniestra mirada sobre el pequeño y sus padres. Parecía planear algo muy turbio con él.

—¡Gah! ¡No lo entiendo! ¿A dónde me quieres llevar con ésto alimaña?—. Decía molesto un Blastoise mientras observaba con furia a Laren. Siendo un Lucario, parecía que este relataba su pasado.

—Ahora tengo ganas de ponerme a divagar. Cosa extraña en cierta medida, igual. Tú y tus amiguitos ya están muertos, pero como me has estado acosando, desesperado por respuestas, bueno. Supongo que es lo justo—. Dice de manera sarcástica el chacal mientras miraba alrededor, viendo la masacre que había producido.

—Solo ve al grano, ¿quieres?

—Hey no te apresures. Vaya, no sabía que habían Pokémon que quisieran morir rápido, es una lástima que la energía vital de tus amigos se halle ahora en mi cuerpo—sonríe maliciosamente—. En fin, continuemos entonces...

Así, pues. Este Pokémon vigilaba con atención a su víctima. Qué clase de padres tenía, qué cualidades, qué deficiencias. Solo le tomó un par de días decidirse a atacar. Sin embargo, lo que nadie sabía es que esta Pokémon no era normal, esta, como otros tantos. Es conocida como los "Pokémon Oscuros" seres capaces de manipular un poder y una magia similar a lo que el Legendario Giratina hace.
Se disfrazó convirtiéndose en un Hydreigon, y, posteriormente, atacó a los padres del chico. Sin embargo, la manera en como lo hacía y en como actuaba distaba mucho de los Poke en general de ellos. Pues, parecía atacar con cierta intención, como si quisiera conseguir algo más que solo dañar. Fue así como lo logró, y separaró al pequeño de sus padres, siendo estos mismos que le imploraban huyera y se escondiera, y tan pronto podrían. Irían en su búsqueda.

Lo último que pudo ver fueron llamas y explosiones detrás suyo, además de gritos de desesperación y furia, acompañados con los rugidos del Hydreigon. El pequeño siempre tuvo esperanzas en volver a verlos algún día, pero. Eso jamás ocurrió.

Desde entonces, el chico vagó sólo. Atravesando campo tras campo, cumpliendo la última orden escuchada de sus padres. "Huye" el problema era que el Riolu no comía, no bebía, no hacía nada mas que intentar desplazarse y apenas descansar de momentos, más porque sus piernas le fallaban que porque él decidiera detenerse. En un momento dado, el canino estaba agotado, incapaz de hacer algo más, la suerte estaba de su lado en el aspecto de Pokémon salvajes. Pero eso era realmente lo de menos.

Sólo, llorando y suplicando porque sus padres llegasen de un momento a otro para volver a ser mimado. Estaba por caer inconsciente y posteriormente muerto por inanición. Cuando ve de manera borrosa, a lo lejos, una luz, para que de esta se viera a una Gardevoir. Quien al ver al famélico Pokémon, corre a auxilarlo preocupada, escuchó que le dijo algo, pero fue incapaz de entenderlo.

Riolu no pudo soportarlo más y se dejó rendir, aunque, de alguna manera. Sentía que no podía morir. Era como si literalmente, algo lo impidiera, y no fue hasta que en un momento dado. Vuelve a despertar, solo para darse cuenta que estaba en una curiosa cueva, iluminada y con varias cosas dentro, delatando que era una especie de refugio de la Gardevoir. Esta suspira y se ríe alegre al verlo aún con vida, y no tardó mucho en ofrecerle los debidos cuidados.
Pero este los rechazaba, sentía que si lo aceptaba, se condenaría, pobre, ni saber tratar con la gente podía hacer.

De igual forma, con el tiempo. La Gardevoir fue ganando poco a poco la confianza del chacal de alguna manera, fuesen sus palabras, fuese su misma vibra benevolente. Fuese lo que fuera. El pequeño, aún con inseguridad, iba aceptándola poco a poco como parte de su vida, pasaría el tiempo y poco a poco el pequeño vería a aquella Psíquica como su madre, esta, de alguna forma iba aplacando las deficiencias del pequeño conforme más tiempo se quedaba con ella.

Por arte de magia, el Riolu estaba reformado y sus deficiencias eran dejados de lado, hasta inclusive. Curiosos rasgos emergían de él, como que de momentos parecía dominar ciertos movimientos que no le correspondían.

El tiempo pasaría y el pequeño Riolu aceptaba cada vez más a aquella Gardevoir, haciéndolo poco a poco una persona igual o hasta más feliz que con sus padres biológicos, aunque, de todas formas en interludios pensaba en ellos.

Sin embrago, el pequeño, por su fascinación y su misma inocencia, no podía notar que aquella Pokémon poseía una personalidad muy extraña para alguien de su especie, alguno de sus comportamientos eran extraños, ni decir de sus habilidades. La gran mayoría en ella era peculiar, pero al chico no le importaba nada más que estar con ella. No le importaba inclusive que otros Pokémon le advirtieran al pequeño que algo andaba mal con ella, si algo así sucedía, el chico corría con su madre y, como si de una película se tratase. Aquél Pokémon o grupo que la acusaban, desaparecían sin más, como si de alguna forma esta los convenciera a irse de sus vidas.

Sin embargo, no fue hasta que meses después, ocurriría lo que Laren llamaría el "cambio"

Una noche, la Gardevoir clamaba que faltaba poco para que ella obtuviera lo que buscaba, y que sin dudas, su presencia y su ayuda ahí era crucial. Le reveló que desde que lo encontró, le inducía parte de sus poderes psíquicos para que dejara sus deficiencias de lado, prácticamente le decía que gracias a ella, él tenía una nueva vida. A pesar de que el chico se extrañó un poco. Aceptó sus palabras sin mayor dificultad, pues no le veía motivo alguno a oponerse, después de todo, era su madre.

—Laren—. Fue lo que ella dijo dejando confundido al chacal.

—Dices ni siquiera recordar tu nombre real, ¿verdad? He estado pensando uno desde que te encontré y, je. A pesar de sonar estúpido, creo que hasta apenas hallo uno. ¿Te gusta?—fue lo que ella dijo, con lo que este asiente alegrado, pues, realmente no le veía importancia alguna. Hasta que un grupo de cantidad considerable de Lyranroc irrumpieron en el hogar, algunos estaban en sus formas de mediodía, o medianoche. O inclusive crepúscular. Pero todos ellos se les veía con una actitud hostil y amenazadora.

—¿Q-Quienes son ustedes..?

—¡Aléjate de ella, niño! ¡No sabes con la clase de Pokémon del que eres tratado! ¡¡Aléjate ahora mismo ahora que aún estás a tiempo!!—. Dijo algo angustiado un Lycanroc a Laren cuando la Gardevoir, como era de esperarse, se molesto y se colocaba en pie de guerra.

—Hazle caso y vete, iré por ti una vez termine. ¿De acuerdo?—pero antes de que Laren pudiera hacer algo, los lobos expulsaron una extraña energía de luz creando barreras para impedir algún escape

—¡Solo escóndete niño!—. Dijo el mismo Lycanroc de antes, pero el pequeño, en lugar de huir, pone un gesto serio y se coloca a lado de su madre para confrontarlos también.

Esto hace que todos los presentes se impresionen, en especial ella. Aunque pronto dejaba ese gesto de lado y sonreía peculiarmente.
Los otros Pokémon, al ver que Laren no parece cooperar, de alguna manera no oponen más excusas y pronto, se libra la batalla.

Ambos se defendieron como pudieron, siendo en principal Gardevoir la que sacaba de combate a varios, aunque, era extraño verla utilizar su cuerpo para ello. Laren por su parte, atacaba con fervor para tratar de dañar en serio. Aunque, gran cosa no podía hacer. Sin embargo, algunos de los lobos parecían mirar preocupados cómo las fuerzas y algunos movimientos de Laren eran extraños.

No pasó mucho para que los restantes se pusieran en serio y ahora, atacaban de una manera anormalmente veloz y fuerte. Esto, inclusive agarró desprevenida a la psíquica, siendo rápidamente golpeada y brutalmente dañada para ser derribada y suprimida. Laren por su parte lo atacaban de una manera para que mas bien se abstuviera de seguir peleando.

El pobre no podía darse cuenta que apenas reaccionaba, era frenado otra vez. Pasó algo de tiempo para percatarse que estaban rodeados y acorralados.
Fue cuando entonces, el mismo Lycanroc de antes, haciendo brillar de manera peculiar sus ojos en amarillo. Le dijo a Laren que su susodicha madre, en realidad es un Pokémon de sumo peligro. Sus intenciones eran siniestras y debía ser detenida a toda costa, pues, para colmo. No era cualquier Pokémon, era uno que había sido perseguido por años sin éxito alguno de captura... hasta ahora.

Pero el chico no escuchaba eso, escuchaba la angustia de su madre por querer liberarse y decir algo. Eso, y ver cómo la vida de ambos pendía de un hilo, fue como hizo se sintiera verdaderamente acorralado, angustiado y agobiado. Miraba a todos lados, incapaz de hacer algo cuando comienza a recordar a sus padres... y aquél evento. Se estaba repitiendo, estaba por perder a otra figura materna. Y Laren se negaba rotundamente a ello.

Fue como entonces sintió auténtica angustia y se dio cuenta. Ella era su vida, y se negaba a dejarla ir, esta vez estaba decidido a actuar. Fue como entonces que sintió que podía hacer algo más, y una fuerte luz color azul emergió de él, pronto dejó llevarse por lo que sentía y fue así como el pequeño creció, ahora tomando una figura más humanoide, le salían picos, el pelaje de su cuello se extendía ahora por todo su pecho. Y ahora poseía una mirada más seria.

Mas que sorpresa, los Pokémon expresaban preocupación, mientras que la Gardevoir parecía esbozar una siniestra sonrisa.

Los Lycanroc parecían saber algo y comenzaron a atacar sin piedad a Laren, pero este suelta un grito de guerra y comienza a atacar de vuelta, obviamente, con una velocidad y fuerza mucho mayores que antes... de hecho, su poder era anormalmente mayor.

No tardó en armar una masacre igual o peor que el de su madre, usando esa característica furia y frialdad que los Lucario toman al pelear en serio. Poco a poco fue acabando con todos, hasta que solo quedaba su líder aún de pie pero mal-herido. Pues había luchado desde que se transformó, pero nada parecía resultar.

Fue como en un desesperado intento por vivir, utiliza un extraño ataque hacia la Gardevoir, impactándola y derribándola de nuevo, mientras era imbuida por una luz, que parecía provocarle dolor. Laren por supuesto se asustó, aunque una extraña energía negra y oscura chocaba contra la de luz, asustando al canino hasta que al fin. El cuerpo de la Gardevoir cambia y se levanta lentamente para revelar su verdadera forma, y su verdadera voz.

Una Zoroark era la que estaba detrás de todo esto una vez la luz y la oscuridad se disipó. Aunque, extrañamente, esta esbozaba una enorme y victoriosa sonrisa, vaya, parecía no preocuparle en lo absoluto que fuera revelada.

Laren se quedaba realmente confundido, y ahora fue ella la que habló. Le dijo a Laren que, todo este tiempo. Ella fue la que se armó todo el caos que representa su vida, y, que desde que atacó a sus padres, porque sí. Ella era el Hydreigon. Le puso un encantamiento a Laren para someterlo a sus órdenes por el resto de su vida, sin embargo, no podría hacerlo hasta que ocurriera algo que fuese de igual valor. ¿Cuál? Que alcanzara la felicidad absoluta y evolucionara a Lucario por ella. Así, si cumplía su meta. No habría nada ni nadie que pudiera lastimarla pues, encima, si querían dañarla en serio. Laren debía ser destruido antes.

Esto no hizo mas que hacer sentir a Laren como un estúpido, ajeno a su realidad y a su propia vida. Otorgando su felicidad y su confianza por completo a ella y... resultaba ser esa Zoroark la asesina de sus padres.

Esto provocó que Laren no pudiera creerse lo que escuchaba, recién evolucionado por medio de la felicidad y se enteraba de algo como ésto, atacó sin piedad a la zorra pero. Cada vez que lo hacía, su propio cuerpo se detenía, como si fuese un imán del mismo polo, rechazando por completo los ataques. La mujer se reía, dolosa de su desgracia e ignorancia. Lucario no pudo evitar llorar, desesperado, al no poder entender lo que pasaba. Fue entonces cuando el Lycanroc restante, habló:

—L-Lo siento... chico. De verdad... hicimos lo que pudimos por detener ésto. S-Sabiamos que esto pasaría—fue lo que pudo decir el Lycanroc cuando ahora su "madre" le decía:

—Mátalo...

Laren, con lágrimas en los ojos, notó cómo la expresión del Lycanroc cambiaba a una impactada y asustada, Laren no comprendía lo que sucedía hasta que en un vidrio roto se miró, y se contempló...

Tenía una iris dorada, mientras que su retina en lugar de ser blanca, ahora era completamente negra. Sin mencionar que tenía unos ojos extremadamente agudizados, al verse, no pudo evitar asustarse también.

Aún así, no pudo evitar sentir que tenía que obedecer, que tenía que matar... que odiaba sin razón aparente a aquél Lycanroc.

Sin más, comenzó a aproximarse de manera lenta y amenazante, provocando que el lobo se angustiara en serio. Cuando Laren lo sujeto fuertemente del cuello y empezó a elevarlo para ejecutarlo... pudo escuchar sus últimas palabras:

—T-Ten fe... chico. N-No eres... como ella. ¡L-Lo sé! N-Nosotros, l-lo sabemos—pero antes de poder decir más, Laren enterraba sus garras y remataba a aquél canino.

Inconscientemente, comenzó a drenar la energía vital de su víctima, robando así su poder y haciendo que el Lucario se volviera más poderoso, la Zoroark se acercó, y abrazó a su susodicho hijo, acariciándolo como siempre aunque, para Laren, no se podía sentir amor alguno, más bien, podía sentirse que era todo con suma burla y sarcasmo.

—Tenemos trabajo que hacer, pequeño Laren—. Dijo y sin más, trajo de vuelta a su ahora esclavo a su refugio. Posteriormente, esta comenzaría a entrenarlo en su magia, enseñándole las posibles consecuencias de lo que utilizara, poco a poco, le iba enseñando el costo de cada habilidad, yendo desde algo normal como su propia fuerza, hasta sacrificar trozos de su propia energía vital para ejecutar algo muy complejo como... transformarse en otra cosa.

Diez años pasaron, y el poder como conocimientos de estos artes oscuros en Laren eran casi absolutos, aún así, su poder estaba limitado, y su misma madre le decía que era porque había sido entrenado de manera muy distinta a el resto. De igual manera, Laren podía ver claramente las intenciones de Seul, el cual, era el nombre de aquella Zoroark. Estaba transformando lentamente a su Lucario en una máquina genocida sin mente ni alma. Que apenas ella chasqueara los dedos, atacara sin misericordia alguna.

Sin embargo, algo inesperado pasó.

Seul le pidió a Laren que pusiera a prueba sus capacidades de esas artes. Ella quería convertirse en una especie de Nigromante, aquellos que reviven cadáveres para esclavizarlos. Sin embargo, lo extraño es que quería probarse con ella misma, por lo que "rompería" en parte su encantamiento. Y dejaría que al fin, Laren, la destruyera. Si su encantamiento funcionaba, no importaría cuantas veces la mataban... ella siempre regresaría.

Así fue como Laren, con dudas, volvió a poner esa mirada tan oscura, el cual invocaba cada vez que utilizaba esos poderes. Seul se puso vulnerable ante sus ataques, y apenas ella dio la señal, Laren se abalanzó como una fiera sobre esta, atacándola de tal manera y brusquedad que no hay palabras para su descripción.
Laren aullaba desesperado, rabioso y en cierta medida exaltado. Dejando apenas nada de esta, una vez había terminado, no supo ni cuánto la atacó, ni por cuánto tiempo. Solo sabía que la había matado... Y que, parecía, no había resultado.

Esperó, inclusive por horas. Pero nada. Así fue como Laren comenzó a reírse, primero de alegría y paz... y luego de maldad y dolo.
El Lucario no se daba cuenta, pero estaba mas que condenado a seguir el legado de Seul, la Zoroark. Un Pokémon Oscuro tan poderoso y temido como cualquier otro Legendario. No se podía creer lo extraño y repentino del evento, así como de su posterior muerte, pero, lo hizo. Ella nunca más regresaría.

Laren se reía de manera macabra mientras se mofaba de su difunta madre adoptiva. Era libre... de nuevo.

Fue así como entonces, el oscuro Lucario comenzó a dejar todo atrás, y a vagar por el mundo, sin necesidad de una verdugo, o de un posible enemigo. Su poder y conocimientos no tenían límites. Eran realmente pocos los que de verdad le representaban una amenaza...

Sin embargo, no fue que al volver a tener contacto con la sociedad y visitar distintos pueblos alrededor del enorme continente, que comenzaba a ver la bondad de cerca de nuevo. Poco a poco, abandonados recuerdos llegaban a su mente, luego llegaron ellos... Sus padres.

Posteriormente recordó a aquél Lycanroc a quién asesinó de manera brutal. ¿Esperanzas? Luego a sus padres ¿Siempre hay una solución?
Fue en ese momento que Laren tuvo un rayo de luz en toda la densa oscuridad que Seul inculcó en él. Tal vez... Y aún había una última oportunidad para no tener que ser así de malvado... ni oscuro.

No es un Pokémon Oscuro por gusto, no es malo porque haya sido así. Lo convirtieron en uno, y ahora, comenzaba a determinarse a ser absuelto.

Desde entonces, ha dedicado su vida a descubrir aquél perdón y aquella absolución que solo tal vez, alguien como Arceus le puede otorgar. Viajó por muchos sitios, tanto peligrosos como concurridos, hallaba respuestas, pero respuestas vagas y confusas, que le generaban más y más preguntas. Simplemente parece que nada resultaba, hasta que visitaba cada rincón del mundo.

No fue que Aldea Tesoro fue la última parada a conocer para él, pero antes, debía tomar un descanso.

—Y así. Amiguito mío, es como tienes mi historia...

—¿E-Entonces..? ¿Te obligaron a ser así?

—Y no sabría decir si me gusta serlo ya, pero. De que voy a buscar mi perdón, lo haré... Y ni tu ni NADIE me lo va a impedir

—Mientes... Ustedes, bastardos, los Pokémon Oscuros. ¡No existe alma rescatable!

—Hm, entonces no hay ningún problema. Puedes quedarte con la idea que gustes. En realidad...—. Dice Laren haciendo brillar sus ojos nuevamente de aquella manera siniestra—...No me importa.

Posteriormente, Laren se levanta y carga un ataque para al fin, rematar al Blastoise, matándolo al acto.

No pasó mucho para bajar de la montaña donde un grupo de Pokémon había partido en caza de Laren, cosa que... obviamente. No resultó.

El Lucario caminó con total tranquilidad, reflexivo y algo agobiado, no podía hallar las respuestas a sus preguntas, no podía encajar nada en ningún lado. Simple y llanamente... nada parece servir.
Más temprano que tarde, Laren ya se hallaba en Aldea Tesoro, se detuvo a mirar el sitio y posteriormente a visitar el resto de edificaciones, no fue hasta que vio una Cafetería donde decidió entrar y sentarse en una mesa donde estuviera libre, no separaba ordenar nada ni hacer más, solamente necesitaba sentarse y meditar, algo triste por no encontrar nada cuando mira a un costado... Y ve a una pequeña Riolu ingresar.

Quién habría dicho que cuando ambos cruzaron miradas... su vida cambiaría por completo...
 0  0  0  0  0  0  0  0  0  0  0  0  0  0  0  0  0  0  0  0
Responder
#2
Pobre Laren, hecho algo que no deseaba por una manipuladora de las más locas y desalmadas. Aunque la forma en que abraza su oscuridad me hace recordar un poco a cierto cuento de Stephen King ("Abuela"). También, si busca la redención me imagino que lo intentará como una figura paterna para esa Riolu.
Rompe mi armadura si quieres. Al final, terminarás arrepintiéndote de hacerlo...
[Imagen: IIhG3l7.gif]
 0  0  0  0  0  0  0  0  0  0  0  0  0  0  0  0  0  0  0  0
Responder




Usuarios navegando en este tema: 1 invitado(s)