Drabble- El ponyta ensillado

ExtensiónDrabble
FranquiciaCoregames
GéneroTerror
Resumen
#1
Era aquel un potro joven y enérgico que había empezado con todas las ventajas que puede deparar la vida. Ferviente y de tez robusta, no había asno ni rocín, por más aptitudes que tuviera, que corriera como él; sus patas traseras tenían pezuñas tan duras como el diamante con las cuales hacía retumbar el suelo en coces; no existían pistas para sus expertos saltos, más escuchar el ritmo de su galope era, en efecto, una verdadera holganza para los apostadores.

Con esto, el potro se iba haciendo cada vez más fuerte y su majestuosa corrida divertía hasta al más hastiado sastre; trotaba a la vista de todos, arrancaba de golpe, deteníase, trotaba de nuevo husmeando el viento, para por fin lanzarse a todo galope, teniendo una loca carrera que parecía imposible de superar y que superaba a cada momento. Allí iba el Ponyta, errándole a la mismísima muerte es sus arranques, empeñando su inquieto espíritu en sus cascos y carrera.

Pero, aunque guardaban las apariencias, reinaba siempre en el potrillo cierta ansiedad. El dinero nunca era suficiente. Su domador tenía una pequeña renta, mas no bastaba para conservar la posición social que debía mantener. El domador había vivido siempre de las carreras como de entrenar a sus borricos. Tenía buenas perspectivas, pero esas perspectivas nunca se materializaban. Y aunque conservaba su apariencia, persistía siempre la punzante sensación de la escasez de dinero.

Por ello, aquel joven corcel de apetito nunca saciado, fue desde siempre un golpe de suerte y lucro para su entrenador. Las recurrentes órdenes que recibía le brotaban en la mente como un susurro, el cual oía, bajando la cabeza, con cada espectáculo que daba. Puesto a que tenía a todas horas aquel secreto murmullo que inundaba su morada y linaje: “¡Hace falta más dinero!” Sin embargo nadie lo decía en voz alta. El rumor estaba en todas partes, y por lo tanto nadie lo formulaba abiertamente.

En efecto, en cada carrera que el joven potro daba, perdía una pizca de su libertad. Comenzaba el trote como siempre con las narices de fuego y la cola en arco; hacia resonar la tierra en sus arranques, para lanzarse por fin a escape a campo traviesa, en un verdadero torbellino de ansia, polvo y tronar de cascos. Y por premio, henchidos zurrones de dinero que su entrenador recibía contento.

Con esto, el Ponyta estaba cansado. Su velocidad era, sin duda, la misma de siempre, y era el mismo el espectáculo de su admirada carrera. Pero no poseía ya la libertad de correr de otros tiempos. Aquel vibrante deseo de tenderse a fondo, que antes el joven potro entregaba alegre por un montón de halagos y mimos, ahora precisaba de un puñado de cebada las más noches que su avaricioso entrenador le ofrecía, si es que estaba de buenas.

Fue en un día de aquellos en el que el potrillo se decidió en poner fin a su sufrimiento.

Aquel mismo domingo, cuando su domador llegó al término de su alocado viaje, echó pie a tierra y se plantó ante el potro, contemplando fijamente su cabeza gacha. La boca roja del pokémon estaba levemente abierta, y sus grandes ojos tenían un resplandor vidrioso. El domador ensilló al poni.

— ¡Vamos! —ordenaba quedamente al fogoso corcel— ¡Llévame a donde está la suerte! ¡Anda, llévame!

Y ya montado en él, el jinete azotaba al Ponyta en el pescuezo con la fausta que había adquirido recientemente. Sabía que el pokémon, si él lo obligaba, lo llevaría adonde estaba la suerte. Montaba entonces de nuevo y reanudaba su furioso galope, con el deseo de llegar, por fín, a donde quería.

Pero el potro se limitaba a galopar con furia y en silencio. El domador se contentaba con mirarlo desde allí arriba, trotando tan majestuoso, con sus ojos azules y sus llamas bien vivas… Había en ellas un extraño fulgor.

Quería con demasía el potro que su brío y coraje fueran tan ardientes como sus llamas, pero, por el miedo que le infundía ese pertinaz ser, no lo eran.

Él quería sentir en orgía arder sus labios y cabeza; él quería sentir ese fuego que corría por las venas hirvientes como la lava de un volcán cada vez que trotaba, cuyos vapores caliginosos turban y trastornan el cerebro y hacen ver visiones extrañas. Quería que cada paso que daba quemara como un hierro candente, y lo apartara de su jinete con disgusto, con honor, hasta con asco. Porque entonces, esa cólera que se avivaba al compás de su llama, le estaba ofreciendo el tan ansiado tesoro de la libertad.

Y con esto, el joven potro ofrecía de balde el espectáculo de su velocidad; mientras que, atrás en el camino, abandonadas yacían la ennegrecida y chamuscada montura junto a su jinete, ardiendo con el mismo fervor con el que sus deseos ardían.
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#2
Sabía que esto trataría sobre alguien siendo quemado... no me equivoque.

Esto pasaría si en el mundo Pokemon existiera gente mala, pero mala con M mayúscula.

Este pobre corcel sólo quería ser libre, al principio no, quería ayudar a su dueño, conseguir dinero para estar bien peor lo que no vio fue que cuando una persona tiene dinero, Cambia completamente.

Tanto sufrimiento por el que tuvo que pasar para poder ser libre, un día lo logró, quemando a su dueño cuando este se subió encima suyo pero al menos...

Es libre

Salu2!!!
Entrenador Pokemon en busca de la Perfección y diversión.
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#3
Como sería si muchos caballos de la vida real tuviesen esa posibilidad de ser libres... 

Pero bueno, merecido se lo tenía su dueño.

Debo admitir que lo entendí gracias al comentario de Abisai, aún sigo sin acostumbrarme a la forma tan elegante en la que escribes.
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#4
Algo que me llamó la atención en especial es el hecho de que al final quemara a su domador junto con la silla, cuando las llamas de los ponyta son incapaces de herir a aquellos en quienes confían. Me parece poético porque en cierto modo no sólo simboliza su sed de libertad y un castigo kármico a la codicia del humano, sino el rompimiento de su lazo, ese punto en el que ya no eran compatibles y sus metas se habían distanciado tanto. Me producen pena ambos al terminar de leer, aún considerando que, si bien libre, Ponyta se ha quedado solo.
[Imagen: JCEDJoJ.png]
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#5
¡Wow...!

Una las características que más recordaba de Ponyta era su capacidad para hacer sus llamas inofensivas con los jinetes a los que les tuviera confianza, como pasó en cierto capítulo del anime.

Esto se siente como un uso creepy de dicha característica.
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