Oneshot- El objeto perdido

ExtensiónOneshot
Extension larga
FranquiciaCoregames
GéneroDramaRomance
Resumen

Relato participante del concurso "Adiós, Amor"

#1
El objeto perdido

Belinda siempre fue una chica autónoma, justa e insospechada. De esas personas que podían pasarse todo el día en sosiego oyendo la música que componían los espectros naturales. De esa que solo puede cobrar sentido solo con el amanerado y armonioso pensamiento hasta dotarlo de un inmutable valor, uno casi irreal.

Pocos podrían sospechar sobre algún tipo de asunto amoroso guardando un lugar entre las ocupadas páginas de su agenda; ni siquiera se creía que ostentase tan especial labor, en el que era necesario alguien que desbordara extraversión de su lenguaje y lograra provocar emoción, encanto y admiración a quienquiera que fuera sometido ante tal brillante presencia.

Detrás de las cámaras, lo único que relucía era su sedante silencio. Las fragancias que emanaba de su cuerpo resultaban tan tímidas como su cohibida y melodiosa voz, en las que a veces su requiebre rememoraba al crujir de las hojas secas en el camino. Estas cualidades eran las que la dotaban de una extraña misticidad que se confundía con profunda apatía.

Era un hecho de que a veces podía ser una niña muy distraída, y nadie que la conocía lo dudaba. Era una de esas cosas que todo quien la conociera le hacía notar y reprendía por ello; pero no fue hasta que el mundo se lo evidenció por la fuerza que supo que era algo que debería reconocer, y seguidamente practicar.

No supo cómo ni cuando su videomisor se soltó de ella en aquel día; después de todo, tras una agitada tarde de trabajo en la glamurosa y adoquinada ciudad Mayólica no podría terminar de otra forma más que con súbito despiste.

Camino a casa, sintió los gélidos dedos de la brisa invernal acariciarle la muñequilla, desnuda. Ya no estaba allí. Desesperó, y el viento ahora parecía enfriarle el alma. Podía ya escuchar las reprendas haciendo eco en su pensamiento, sin duda ellos no estarían contentos. Por desgracía, aún estaban allí y había olvidado eso.

Aunque, estaba claro que, recordarlo, al final del día le hacía feliz.

Logró hallar un dispositivo funcional con el cual llamar de regreso, sin sospechar que su videomisor sería hallado con tanta prontitud. La voz del otro lado sonaba inocente, cándida, como una gratificante caricia al alma.

Un mero intercambio de palabras fue suficiente para que lo demás solo sea materia de tiempo, de diseño. El lenguaje fluía de ellos de una manera impasible, puerilmente impúdica. Desde luego, acordaron en encontrase.

Quizás habría relegado aquella idea en un principio. Guardaba algunas presunciones recelosas dentro de sí que le hacían replantear la idea de recuperarlo. A decir verdad, con un sólo día de trabajo podría remediar la pérdida de un inventario completo de ellos. No lo hizo. Tenía en él tratos privados, una imagen que esconder.

Y desde luego, ellos sabían sobre esto. Y no podrían estar más contentos de saberlo.

Después de todo, ¿quién no se alegraría ante aquella inesperada coincidencia? Ya no era noticia de que, Rizzo, el risueño peque de ciudad Engobe, había barrido otro intento de parte del renombrado equipo Plasma, rememorando las hazañas de un héroe ahora desaparecido. Lo único que le quedaba era reponer almas enquebrantadas, como las de Belinda.

Tal vez no sea materia de gran sorpresa mencionar que, tan pronto como las charlas entre la muchacha y el entrenador se hacían cotidianas, las palabras entre ellos se fundían en el mismo calor que dentro de sí contenían. Ambos se sentían embelesados, desaprensivos, empapados por un espeso licor aromatizado que emanaban de sus propios cuerpos. La lengua les fluía como un afluente. Y el videomisor, a decir verdad, ya había sido sepultado bajo las sábanas que cubrían la mesura de aquella plática.

Belinda no podía permitirse enamorarse. No era lo que se esperaba de ella y cualquiera estaría de acuerdo. En sus ojos se notaba el profundo desaliento que sus pensamientos le provocaban durante los momentos de soledad. Quería ser libre, y para ello debía ser obediente.

Mejor sería hacerse cargo de lo que le corresponde y dejarse de travesuras.

Era hora. El flagelado manto sedoso que revestía su corazón parecía derretirse y fundirse dentro de sí, imitando la incandescencia de unos dedos que le acariciaban desde sus pechos hasta las más arqueadas rutas de su cuerpo. Sus orbes abrillantados lucían como dos perlas acuosas. Endebles.

Rizzo permanecía allí, con su aspecto jovial e inadvertido. Casi infantil. Aquel era el día acordado: el día en el que, devuelto lo perdido, todo debería continuar sin trazas ni memorias.

Entonces fue hacia él, y lo único que podía ver era la pesada bruma invernal reposando sobre sus enmarañados y cobrizos cabellos. Tan pronto como lo vió, le tomó la mano con generosidad. Las miradas entre ellos era una febril conversación.

— ¿Te quedarás ahí quieto mirándome, polluelo?... Ya sé que estoy preciosa, ¡pero no hay tiempo que perder! — y al sujetarle la mano con desvergüenza, corrió con el en dirección a la noria. Cualquiera atinaría a pensar que aquel sería un buen lugar para no ser vista, para liberarse un momento de aquellas miradas que les observaban con acecho. Para, por un mero momento, sentirse libre, desvergonzada.

El sosiego de las calles hacían de ellos unos súbitos invasores; y los refinados adoquines despertaban malhumorados con el retemblar de sus pasos. Para cuando se hallaban adentro del habitáculo, todo parecía resumirse en sus mismas presencias.

— Aquí tienes… — extendió su brazo hacia a ella, con el dispositivo yaciendo tan reluciente como en el momento en el que lo había perdido. Belinda rió con ternura.

— Ven, no seas idiota — lo abrazó, llevando consigo ambos cuerpos hacia el escondrijo más intrincado de aquel estrecho sitio.

Rizzo le sonrió con sus ojos, con su boca, con todo el cuerpo... Y Belinda jamás se había sentido tan cerca de conseguir aquello que había estado deseando.

Sus dedos, que ahora trazaban un angosto camino sobre los labios del contrario, ardían como el pesado transitar del licor. La abrazó contra él, acariciando su abdomen duro como el caucho, en un inútil intento de descascarar su alma.

Era el momento. Estaba acorralada entre sus brazos, y el tórrido aliento del muchacho le quemaba el rostro.

Tomó una larga bocanada de aire. Las miradas tras su espalda punzaban con arrebato, con inquietud.

— Dime… ¿ya diste tu primer beso?

Y la respuesta del contrario se confundía con el constante tiritar de sus extremidades. Estaba completamente sometido, intimidado.

— Jeje, lo suponía…

Y al decir esto, aún con la lujuria en su mirada y en sus palabras, golpeó al contrario en el pecho a tración, no sin antes besarlo con rijoso apetito, hasta dejarle la boca empapada del jugoso nectar que exudaban las pieles impúdicas que la vestían. Y allí cayó, como cae una dinastía ante su aguerrido y experimentado oponente.

Lo siguiente que vieron fue una multitud de estrellas cayendo desde el cielo. Estrellas que brillaban por la opacidad de sus pieles, y la negrura de sus planes. Estrellas que, a pesar de la luz del día, jamás dejan de estar ahí. Observando.

Peinó sus cabellos y acomodó su ropa, el labial se le había escurrido en toda la cara. El videomisor volvió a ser abrochado alrededor de su brazo desnudo, desprotegido. Se sentía orgullosa, empoderada, y tan pronto como las estrellas se elevaron hacia ella, decidió orbitar su propio camino.

El heroe de Teselia finalmente había sido capturado.
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#2
Lo triste de no poder armar una relación por el trabajo, pero bueno, cuando hay siquiera un momento de gozar, mejor aprovecharlo.
Rompe mi armadura si quieres. Al final, terminarás arrepintiéndote de hacerlo...
[Imagen: IIhG3l7.gif]
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#3
Aaaah qué bonito, BW2 es uno de mis juegos de Pokémon favorito y el evento de Belinda/Julián me gusta mucho así que ha sido una sorpresa muy agradable ver que tu fic trate sobre este. Además que los fics que he visto sobre Belinda y Rizzo estaban en inglés, se agradece que por fin haya uno en español.

Me encanta tu forma de narrar, es rica y variada. Muy linda la descripción de cómo se van teniendo más confianza conforme van hablando, hasta el punto en el que llegan a enamorarse (o, por lo menos, sentir algo por el otro). Es un fastidio perder el móvil pero, oye, menuda sorpresa más agradable acabar teniendo una especie de cita repentina con la persona que te lo va a devolver. Estaba preocupada por si Belinda se echaba atrás en el último momento y no había beso pero ¡sí lo hubo! Este fic ha hecho que le vuelva a tener aprecio a este ship. Felicidades, te quedó muy bien.
[Imagen: 6be4Jwe.jpg]
 
~La dulce brisa que te envuelve en un cálido abrazo primaveral~
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#4
Es un giro muy interesante luego de haber leído el anterior. Hay un contraste muy fuerte entre ambos que genera una sensación cuando menos curiosa. En este hay esperanza y calidez, y es ciertamente muy bonito el cómo planteas los problemas e inseguridades de Belinda quien, por un momento, parece incluso tímida.

Eso sí, necesita una revisión urgente de ortografía que dejaste pasar como medio millón de detalles, pero, eh, eso es secundario.

Muy lindo, Donna.
[Imagen: EdovJGiXkAYqwp4.jpg]
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#5
[font]Que bonita historia, aunque no me acordaba de ese personaje. No creo haberte dicho antes que me gusta mucho la forma en la escribes.

Saludos.[/font]
[Imagen: FsUUXVs.png]
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