Oneshot- El Policía y la Princesa

ExtensiónOneshot
Extension larga
FranquiciaCoregames
GéneroDramaRomance
Resumen

Participante de "Adiós... Amor." - Primer Lugar

#1
El Policía y la Princesa.
 
[I: La hoja de la suerte decora a su fruta más preciada.]
 
Un hombre de mediana edad corría en medio de la noche. El acelerado latido de su corazón, acompañado de sus jadeos de cansancio comenzaban a despertar a la criatura que llevaba en brazos, que empezó a protestar entre sueños.
 

—No te preocupes. Ya casi llegamos.
 

El edificio de paredes blancas y ventanas antirreflejos parecía más un laboratorio que un orfanato para niños, pero estaba seguro de ello: la Casa Aether cuidaría bien de ella. El hombre la envolvió bien entre las sábanas, pero al momento de dejarla sobre la entrada pareció dudar de sí mismo.
 

Metió la mano en su bolsillo y sacó un pequeño adorno: un prendedor dorado en forma de un trébol de cuatro hojas. Quizás eso le daría suerte. Garabateó algo en la parte de atrás con uno de los marcadores que llevaba en la chaqueta, para finalmente engancharlo en las ropas de la niña.
 

—Perdóname, amigo. Pero esto es lo único que puedo hacer por ella.
 

Y en medio de la noche, acompañada sólo por el reflejo de la luna en el inmaculado porche de la Casa Aether, una bebé recién nacida comenzaba a llorar.



—¡No has terminado de leernos la última receta! ¡No te duermas!
 
Trató un segundo en darse cuenta de dónde estaba. Uno de los niños la había despertado. Le tocaba cuidar de la librería de Malíe ese día, y había decidido traerse a dos de los chicos del orfanato para que le hicieran compañía.
 
—¡Déjala dormir, seguro está cansada!
 
—¡Ni hablar! ¡Nos dijo que hoy íbamos a terminarlo!
 
Desperezándose y haciendo una mueca de dolor, se sacó el broche con el que se ataba el flequillo, dejando descansar por un rato a su pelo. Y como hacía siempre, lo dio vuelta para mirar lo que ya había visto miles de veces en él. Un nombre escrito con tinta indeleble, pero cada vez más emborronado por el paso de los años.
 

“Acerola.”
 
Sabía que no era más que un sueño. Era imposible que pudiera recordar el momento en el que había llegado por primera vez a aquel lugar. Y era incluso más ridículo que hubiera sido precisamente él quien lo hubiera hecho, de todas las personas que vivían en Alola. Sonriendo con picardía, cerró el libro con un estruendo y se puso de pie.
 
—¡Pero miren la hora que es! ¡Supongo que tendremos que dejar el final para otro día!
 
Ambos dejaron salir un suspiro de decepción. Pero era la mejor excusa para poder invitarlos la próxima vez y sacarlos del orfanato por un rato. A ella la dejaban salir cuando quisiera, pero los más chicos no tenían tanta suerte.
 
—¿Por qué no nos lo lees ahora? Todavía no es tan tarde…
 
—Tu hermana Acerola tiene cosas que hacer. ¡Cosas muy importantes! —soltó inflando el pecho con orgullo—. Vamos, vamos, que es hora de cerrar.
Se sujetó el pelo una vez más, le entregó el libro a uno de los niños, y luego de echarle llave a la librería, los acompañó de vuelta a la Casa Aether. No fue hasta que se encontró sola que se percató de que alguien venía detrás de ella.
 
—Oh, es uno de ustedes otra vez. ¿Alguna vez van a dejar de seguirme?
 
Uno de aquellos gatos grisáceos volvía a seguirla sin mucho disimulo. Acompañada de la usual mirada de desdén de los Meowth de Alola, en su boca sujetaba un sobre de aspecto muy familiar.
 
—Espera, ¡eso es mío! ¿Cómo lo encontraste?
 
El gato maulló sin darle mucha importancia, saltando a su hombro y entregándole el trozo de papel. Los Meowth eran traviesos por naturaleza. Pero, ¿y si simplemente se le había caído?
 
—No la habrás leído, ¿verdad? —masculló, guardándose el sobre y alzando al Pokémon entre brazos—. Porque es un sobre súper-secreto. Muy, muy secreto.
 
Otro maullido fue su única respuesta. Incluso aunque hubiera sido una de sus bromas, estaba contenta de habérselo cruzado. Porque eso significaba que tenía un pretexto para ir a visitarlo.
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#2
[II: Diez años girando en el círculo dorado]
 
No había pasado mucho tiempo desde el último incidente, cuando ella súbitamente apareció varada en la costa de la Isla Poni. No parecía tener más de veinte años, pero a pesar de su edad demostró poseer una increíble destreza con cualquier Pokémon que se le asignara.
 

Para evitar otro escándalo, ocultó su accidente hasta que se supiera más de ella. Y allí fue como terminó viviendo sus primeros meses en una pequeña cabaña en las afueras de Ciudad Malíe, al cuidado de aquel que la había encontrado.
 

No parecía recordar mucho de su pasado. Sólo que era una chica de Hoenn, y que estaba tratando de proteger su hogar de unas criaturas extrañas. Y a juzgar por su atuendo y el color desteñido de su pelo… le encantaba el color lila.

  
—¿Has venido aquí a hablar o a perderte en la nada misma?
 

Nanu la miraba un tanto molesto. A pesar de estar a cargo de la comisaría de Ula’ula, no parecía preocuparse mucho por su aspecto personal. Ni siquiera el hecho de que ella lo hubiera pasado a visitar lo había motivado a quitar los pies de encima de su escritorio, mientras seguía jugando con ese complejo balero suyo.
 

—No quiero escucharte decir por enésima vez que no vas a regresar a la Policía Internacional. Quiero saber por qué no lo quieres hacer. Necesitamos a alguien a cargo en Alola, y tú-
 

—No quiero regresar porque no tengo ganas y punto. ¿Es sólo por eso que has venido?
 

Anabel se estiró en la pequeña silla giratoria, llevándose las manos a la nuca con un gesto de molestia. Estar de vuelta en las islas era demasiado estrés para ella. Sin embargo, siempre que pasaba a visitar a su antiguo compañero se sentía de vuelta en su hogar. A lo mejor era el momento de decirle la verdad de una vez por todas. Lo miró con seriedad, aterrada por cuál podría ser su reacción. ¿Y si pensaba que estaba haciéndole una broma? ¿Qué iba a hacer entonces?
 

—Tú fuiste quien cuidó de mí durante los primeros meses que pasé aquí en Alola. Me diste un hogar, comida y tu compañía cuando estaba sola y no era capaz de recordar ni cómo me llamaba.
 

Nanu bajó los pies del escritorio, sin decir ni una palabra. Tenía que decirle por qué había venido realmente. Ya había pasado demasiado tiempo. Tragó saliva, respirando profundamente y llevándose una mano al corazón.
 

—Estoy en deuda contigo. Si hay algo que pudiera hacer por ti… lo que sea que necesites… estaría más que feliz de ay-
 

—¡Tío Nanu!
 

Una niña de aspecto andrajoso había irrumpido en la comisaría con tanta energía que parecía que hubiera entrado dándole una patada a la puerta. Había crecido bastante desde la última vez que la había visto, pero su alegre actitud era la misma de siempre.
 

—Oh, santo cielo… —oyó protestar a Nanu detrás de ella.
 

—Sabía que tarde o temprano aparecerías aquí, Acerola —saludó a la niña, quien soltó a uno de los numerosos Meowth del comisario antes de lanzarse sobre ella con un abrazo.
 

En el fondo, una creciente irritación comenzaba a arderle en el pecho. Maldita niña. Sólo necesitaba unos diez minutos más. ¿¡Por qué tenía que venir justo ahora!? ¡Estaba por decirle algo muy importante!
 

—¡Lila! ¿Qué haces aquí?
 

—Se pronuncia “Lai-la”, no “Li-la”—la corrigió, forzando una sonrisa y dándole una palmada en la cabeza—. Sólo pasaba de visita por Ula’ula y pensé en saludar a Nanu. Pero a decir verdad, estaba a punto de irme.
 

Acerola entrecerró los ojos en un gesto de sospecha, su mirada saltando entre ella y Nanu una y otra vez. ¿Cómo es que esa niña sabía su alias de la Policía? Sonrió para sus adentros: a lo mejor Nanu le había hablado de ella en el pasado…
 

—¿Sabes algo de este broche, Tío Nanu? Tiene mi nombre escrito en la parte de atrás.
 

—¿Qué me has visto, cara de adivino? No tengo idea de dónde lo sacaste. ¿Quizás alguien del orfanato te lo regaló?
 

La niña se cruzó de brazos, frunciendo los labios y tratando de recordar el origen de aquel prendedor dorado. Parecía un objeto demasiado valioso para que una niña lo tuviera. Y ahora que le prestaba más atención, también portaba un brazalete de aspecto realmente antiguo. Un objeto llamativo que no recordaba que tuviera la última vez que había visitado las islas.
 

—¿Me dejas ver ese brazalete? —preguntó, tratando de no darle mucha importancia.
 

Parecía una muñequera, pero era demasiado grande para ella, por lo que lo llevaba subido hasta aproximadamente la mitad del brazo. Al entregárselo, se sorprendió de lo realmente pesado que era: parecía hecho de oro puro. ¿De dónde lo había sacado? ¿Acaso lo había robado de algún lado?
 

—Tío Nanu me lo regaló cuando cumplí once años, como premio por haber completado el desafío de las islas. Dice que era una reliquia de mi fam-
 

—¡Acerola!
 
[Imagen: R99NFwL.png]
 
Anabel estaba demasiado enfrascada en aquel artefacto como para percatarse de lo que estaban diciendo. En el borde exterior, una serie de símbolos extraños parecían haber sido grabados a fuego en el momento en el que había sido forjado.
 
Desafortunadamente, apenas tuvo tiempo de echarle un vistazo durante unos cuantos segundos antes de que Nanu se lo arrebatara de una forma un tanto agresiva. Parecía realmente molesto por el hecho de que le hubiera sacado a la niña aquel objeto.
 
—Pensé que te estabas yendo, Anabel.
 
—Sí, cierto… lo siento. ¡Un gusto verte de vuelta, Acerola!
 
Sin dejar de pensar en esa pulsera, se dirigió a la salida. Y con más curiosidad que nunca, cerró la puerta con deliberada lentitud antes de irse, logrando escuchar a ambos cuchichear entre ellos por lo bajo.
 
—Ahora que lo pienso, sí que se parece a aquello de lo que está hecho mi broche…
 
—¿Qué te dije sobre contarle a extraños sobre eso? —oyó protestar a Nanu, haciendo énfasis en la última palabra
 
—¡Pero si no dije nada! ¡Y Lila no es ninguna extraña!
 
¿Qué estaban escondiendo esos dos? ¿Y desde cuándo Nanu conocía a los padres de esa niña? Quizás los archivos de la Policía tuvieran alguna respuesta… pero a juzgar por su reacción, eso sólo lograría que Nanu se molestara incluso más con ella.
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#3
[III: Un corazón que apunta a su sabor preferido.]
 
Su viejo amigo estaba más desesperado que nunca. El frío sudor que caía por su rostro lo hacía parecer más pálido y demacrado que nunca. La energía que despedía el Ultraumbral parecía dispuesta a arrastrarlos al otro lado si se acercaban tan sólo un poco más.
 

—Tengo que entrar. ¡Tengo que salvarla!
 

—No seas idiota. Tú sabes lo que pasa con la gente que termina ahí.
 

Trató de tranquilizarlo, de decirle que la Policía estaba en camino, pero eso sólo lograba que empeorara más la situación. Maldito estúpido, ¿cómo era capaz de decirle con tanta tranquilidad que lo más probable es que su mujer ya estuviera a miles de años luz de dónde ellos estaban parados, en la cima de aquella torre?
 

—¡Es mi culpa que ella esté ahí! Tú no lo entiendes: no puedo vivir sin ella. No puedo perderla.
 

Las mismas nubes se arremolinaban en el exterior de aquel oscuro vórtice. Si seguían esperando, el umbral se cerraría dejando a la pobre chica ahí adentro. Y sabía que, no importara lo que dijera, él ya había tomado una decisión.
 

—Prométeme que si logro salvarla... incluso aunque yo no regrese... que la cuidarás.
 

Que cuidarás de ambas.

 
—¡Sabía que ibas a estar aquí!
 

—Maldita sea. ¿No puedes dejarme en paz un solo día?
 

El Parque de Malíe era la mayor atracción turística de toda la isla. Repleta de atracciones, casas de comidas y entrenadores, era el mejor lugar para perderse por un par de horas sin que nadie se diera cuenta. Nadie lo encontraría… a excepción de una niña especialmente lista llamada Acerola. ¿Cómo? ¿Cómo demonios lo había encontrado?
 

Justo detrás de ella y escondido entre los árboles, podía ver a uno de sus Meowth mirándolo con una expresión un tanto culpable. Pero estaba más que seguro que no era él quien le había indicado el camino. Era como si la niña tuviera una brújula que apuntaba siempre en su dirección.
 

—¿No se supone que tienes clases a esta hora? —preguntó con mordacidad, sentándose sobre la banca de parque en la que se había echado a dormir.
 

—¿Y no se supone que tienes que trabajar a esta hora?—replicó ésta con la misma actitud, sentándose a su lado e inclinándose sobre su propia sombra—. ¿Todavía lo tienes, Mimikins?
 

“Era demasiado inteligente para la edad que tenía”, pensó en un momento, mientras observaba cómo la Mimikyu de la chica emergía de su sombra, alcanzándole un paquete de repostería. Realmente tenía una habilidad impresionante con los Pokémon fantasma.
 

“O a lo mejor simplemente lo conocía demasiado bien”, concluyó, cuando vio al menos una docena de malasadas asomarse en la bolsa de papel. Le regaló un par a su Pokémon a modo de agradecimiento, antes de dejarlas en el medio de la banca como si ésta fuera una mesa de picnic.
 

—Ugh… ¿son todas de frambuesa? —se quejó, luego de probar la segunda malasada consecutiva con el mismo sabor—. Sabes que me gustan las de chocolate.
 

—Traté de conseguirlas, pero solamente quedaban de estas. Además, ¡a mí me encantan las de fruta!
 

Niña lista. ¡Seguro había comprado las que a él no le gustaban a propósito para comérselas todas ella sola! Pues mal por ella, ahora iba a comerse todas las que pudiera. Incluso aunque detestara las malasadas de fruta.
 

—Por supuesto que a una niña rara como tú le gustan los sabores raros. Tendría que habérmelo imaginado.
 

—Tienes razón. Quizás es por eso que tú me gustas, Tío Nanu —replicó sin una pizca de vergüenza, comiéndose el cuarto dulce con un hambre voraz para una niña tan pequeña—. ¿Y tú? Si eres tan normal, ¿quién te gusta?
 

Su mirada se perdió por un momento en el color violáceo del cabello de Acerola. Incluso los ojos de ambas eran de ese mismo color lavanda.
 

—Persian es mi chica favorita. Aunque si tuviera que elegir, prefiero mi kendama.
 

—¡Eres muy cruel! —fingió la niña con la boca llena—. ¿Qué voy a decirle ahora a Mimi? ¡Incluso habíamos estado practicando el truco de la sombra para cuando tuviera que traer los anillos!
 

La respuesta lo tomó tan de sorpresa que casi se atraganta con la malasada de la risa. Tuvo que toser un poco para de poder responderle sin escupirle la mitad del postre en la cara.
 

—¡Tu padre me mataría antes de dejar que eso sucediera!
 

Se arrepintió inmediatamente de haber perdido la compostura de esa forma. Esta vez fue el turno de Acerola de quedarse con la mirada perdida. Sonriendo con aquella indescifrable sonrisa que siempre tenía plasmada en el rostro, tomó un dulce más mientras se sentaba en el respaldo de la banca para estar un poco más alto, apoyando los pies sobre el asiento.
 

—Papá y tú… no eran hermanos de verdad, ¿cierto, Tío Nanu?
 

—Ya te lo dije un montón de veces. Sólo éramos buenos amigos.
 

La niña se comió la última malasada de un bocado, recogió la bolsa y se bajó de un salto. La respuesta había parecido suficiente como para devolverla a un humor incluso más alegre de lo habitual. ¿O se lo estaba imaginando todo?
 

—¿Qué es eso que llevas ahí?
 

Inconscientemente, Acerola se había llevado la mano a uno de los bolsillos de su vestido. Ese sobre no podía ser lo que él creía que era, ¿verdad? Se los había dejado más que claro…
 

—¡Oh, cierto! Tengo que volver a clases antes de que se haga tarde —respondió, pretendiendo que no había escuchado la pregunta—. ¡Espero que te hayan gustado las malasadas!
 

—¡Pero si te las comiste casi todas tú! —le gritó, pero la niña ya había salido corriendo en dirección a la ciudad. ¿Realmente lo había buscado por todo el Parque simplemente para no tener que comer sola?
 

Se quedó observándola mientras se alejaba, pero antes de perderse de su vista saludó a otra persona que venía en la dirección contraria. Una mujer ataviada con un traje impecable, confeccionado a medida de una forma tan perfecta que no mostraba ni una arruga en la tela, incluso con una figura tan delgada. Unos segundos después, Acerola señalaba en su dirección, saludándolo desde la lejanía.
 

—Llevo buscándote durante horas.
 

—Vengo aquí precisamente para que no me encuentren.
 

Al contrario de la niña, Anabel no se sentó. Estaba mucho más seria y preocupada que el día anterior. Y supo desde el momento en que abrió la boca, que había metido la pata. Jamás debía haberle regalado ese brazalete a Acerola.
 

Después de tantos años, alguien finalmente lo había descubierto.
 

—Sé quién es ella en realidad. ¡Los archivos dicen que ninguno de los tres se había salvado!
 

—No sé de qué me estás hablando.
 

Sabía que ella no se daría por vencida tan fácilmente. No era precisamente cobardía lo que la había impulsado tan alto en el escalafón de la Policía Internacional.
 

—¿Cómo puedes estar tan tranquilo? ¡Esa niña podría tener información crucial sobre nuestra investigación sobre esas criaturas! Tenemos que llevarla inmediatamente a la Pol-
 

La chica siguió hablando mientras él se ponía de pie, pero se interrumpió súbitamente cuando la sujetó de los hombros con ambas manos, inclinándose sobre ella de forma amenazante para que los ojos de ambos quedaran al mismo nivel.
 

—Todos aquí guardamos secretos. ¿O de verdad crees que Looker jamás te ha ocultado nada? ¿Que no lo está haciendo ahora mismo, usándote para saber más sobre mí? Sólo espero que no hayas sido tan tonta como para haber ido corriendo a contárselo.
 

—Jamás en estos años alguien me ha obligado a hablar contigo —le soltó, con un claro dejo de rencor en su voz—. ¿Cómo puedes pensar eso de mí?
 

Anabel le sostuvo la mirada desafiante, sin echarse para atrás. Sin embargo, sus años de experiencia no lo dejaron pasar por alto el resto de las señales. Los músculos de su cuello se tensaron bajo sus dedos a la vez que su pulso se aceleraba rápidamente. Sus pupilas se dilataron mientras se esforzaba por aguantar la respiración.
 

Derrotado, simplemente dio un largo suspiro antes de soltarla. Si decía la verdad, ponerla en su contra sólo iba a empeorar la situación.
 

—Sólo mantente alejada de ella. No metas a Acerola en todo esto.
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#4
[IV: Viviendo en una caleidoscópica realidad.]
 
—¿Qué vamos a hacer esta vez, Acerola?
 
—El Aniversario de la Fundación es el próximo fin de semana, así que pensé que podíamos hacer un pastel de cumpleaños. O quizá varios… —agregó, con una sonrisa maliciosa.
 
Llevaba esperando ese día con ansias. Todos los meses, a los niños de la Casa Aether se les permitía un día libre para organizarse y realizar una actividad que ellos quisieran. Para ella, eso significaba que siempre y cuando no se metiera en problemas, le permitirían tomar prestados todos los ingredientes que quisiera de la cocina.
 
Naturalmente, la mayoría de los huérfanos de su edad preferían visitar el Parque de Malíe o ir al centro de la ciudad a pasar el día, pero los niños más pequeños no tenían esa oportunidad hasta los diez años o en ocasiones especiales, como los cumpleaños. Era por eso que había decidido fundar aquel pequeño club de repostería para ellos.
 
—¿Todavía tienes ese libro que estábamos leyendo el otro día?
 
—¡Nunca terminaste de mostrarnos todas las recetas!
 
Lidiar con niños no era un trabajo para cualquiera. En el momento en que se descuidaba por un instante, uno terminaba cubierto de harina de pies a cabeza, otra se tropezaba con un huevo que se le había caído por accidente al tercero, y el último trataba de probar la mezcla con los dedos cuando la batidora estaba aún encendida.
 
Y así fue como después de una tarde entera de gritos, risas, dedos quemados por la puerta del horno e ingredientes esparcidos no solo por toda la cocina sino encima de ellos, cuatro pasteles enormes y un poco torcidos era lo que habían logrado. A cambio, cuatro niños-postre apenas podían mantenerse de pie del cansancio.
 
—Quizás deberían darse un baño mientras yo limpio todo este lío, antes de que nos metamos en problemas— les indicó señalando hacia la puerta, pero los niños se miraron entre ellos con un poco de culpabilidad—. ¡No se preocupen! Mimikins me dará una mano.
 
Fingió que limpiaba un poco la mesada de harina hasta que se fueron, y después de una asomada al exterior de la cocina para asegurarse, llamó a su Mimikyu. La sombra era más pequeña debido a la luz blanca de la habitación, pero eso no evitó que este saliera bajo sus pies, sosteniendo un pequeño envase de plástico de color marrón.
 
—¡Eres la mejor, Mimi! ¡Sabía que podía confiar en ti!
 
Chocolate para fundir: un elemento esencial de la repostería. Si se apresuraba, podría hacer un postre más antes del anochecer. Aunque también tendría que darse un baño… y luego limpiar la cocina…
 
En una de las ventanas podía ver a uno de los Meowth de Nanu, asomándose con curiosidad para saber qué estaba haciendo ahí adentro. Tenía que darse prisa.
 
En lugar de preparar otra torta, se decidió por unos brownies. Y luego de media hora de cocción y una limpieza descuidada, deslizó el Sobre Supersecreto debajo de un papel encerado antes de colocar el postre encima de la bandeja.
 
Era casi el anochecer cuando finalmente se escapó de la Casa con la excusa de un nuevo participante para el desafío de Ula’ula. Para ser Capitán, uno tenía haber completado el desafío de las islas anteriormente. Había sido una experiencia más que interesante tanto para ella como para su Mimikyu, pero la había hecho extrañar su hogar, así como al resto de los huérfanos y, especialmente, a su tío Nanu.
 
No le tenía miedo a la noche ni a la oscuridad: era una especialista de los Pokémon fantasma después de todo. Pero a comparación de la blanca e inmaculada Casa Aether, el hogar de su tío era una cabaña bastante vieja y descuidada ubicada en las afueras de la ciudad. Se parecía bastante a él, en cierto sentido.
 
Subió por la escalinata de entrada, haciendo equilibrio con la bandeja en una mano mientras intentaba golpear la puerta. Pero justo antes de llamar, se detuvo. Podía escuchar a gente discutiendo en el interior. Acercó la oreja al ojo de la cerradura…y se quedó helada al darse cuenta de lo que estaban hablando.
 
Estaban hablando de ella.
 
—Trato de mantenerla alejada de mí todos los días, ¡pero la niña estúpida nunca deja de buscarme!
 
—¿Y qué esperabas? —alcanzó a oír a Lila, que parecía igual de enfadada—. ¡Eres lo único que ella tiene! ¿Por qué te niegas a aceptarla?
 
—Porque no puedo arriesgarme a que la Policía se dé cuenta de quién es, ¡y tampoco puedo permitir que una familia inocente termine muerta por su culpa! La Casa Aether es lo mejor para una niña como ella.
 
Ambos se callaron de golpe luego de una última frase. Tardó un segundo en darse cuenta que la bandeja se le había resbalado de las manos, haciendo un estrépito que ambos habían oído. La puerta se abrió de golpe, y la expresión de enojo de su tío se transformó inmediatamente al verla.
 
—¡Acero-!
 
Trató de sonreír. De pretender que no había oído nada. Quería creer que había oído mal. Pero los labios le temblaban sin que pudiera hacer nada para evitarlo.
 
—Ooouh…
 
Bajó la mirada, escondiendo unos ojos que lentamente se le llenaban de lágrimas. A Nanu le molestaba que ella llorara cuando era más pequeña, por lo que había aprendido a sonreír siempre que estaba con él. Pero esta vez simplemente no podía. Se echó para atrás, trastabillando contra las escaleras. Y una entrecortada palabra de auxilio fue lo único que pudo soltar, antes de que huyera en dirección al bosque.
 
—¡M-mimi-!
 
Notó la agresiva sombra de su Pokémon emerger a sus espaldas. Podía oír los gritos de Nanu mientras trataba de zafarse de su Mimikyu, pero ésta no lo dejaría pasar. Porque sabía que aquel par de garras fantasmagóricas siempre estarían para ella, pasara lo que pasara.
 
Los troncos de los árboles no eran más que borrones en sus ojos empañados. Figuras que se desvanecían en la distancia mientras se alejaba lo más que podía, a la vez que el nudo que sentía en la garganta la apretaba cada vez más. No podía emitir ningún sonido, y lo único que oía eran las palabras de Nanu, que no dejaban de sonar en su cabeza una y otra vez.
 
“Acerola nunca va a tener una familia. Será una huérfana por siempre.”
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#5
 [V: Dos polos que se atraen y repelen entre sí.]
 
—¡Quítate de encima, Mimikyu! ¡No me obligues a hacerte daño!
 

Acerola había salido corriendo en dirección a los bosques. Aún trataba de procesar lo que estaba sucediendo, debido a la enorme cantidad de información que Nanu le había dado en menos de cinco minutos, pero su cerebro finalmente reaccionó. Aquella niña había huido en medio de la noche. ¡Completamente sola!
 

Tenía que buscarla. Si lo que esos archivos decían era cierto, Acerola podría estar en un grave peligro. Aprovechó la confusión entre la Mimikyu de Acerola y su compañero, y embistió la puerta trasera de la cabaña, corriendo hacia el bosque sin dudarlo un instante.
 

—¡Acerola! ¿Dónde estás? —gritó en la oscuridad—. ¡Acerola!
 

Estaba demasiado oscuro como para ver algo, así que cerró los ojos durante un momento, intentando oír algo mientras se estrujaba el cerebro. Tenía que buscar una pista si quería encontrarla cuanto antes. ¿Qué sabía de la niña? Era capitana de la isla. Estaba pegada a Nanu todo el tiempo. Amaba los Pokémon Fantasma, y se mantenía en contacto con Tapu Bulu… ¿Tapu Bulu? No, necesitaría todo el día para escalar el Monte Lanakila. Pero si uno buscaba encontrar fantasmas… la respuesta le llegó casi sola.
 

El Supermercado Abandonado. ¿No era allí donde ella llevaba a cabo los desafíos de la isla? Tapu Bulu había destruido la aldea entera por haber sido construida en tierra sagrada para ellos. Por temor a provocar su ira de vuelta nadie se acercó más al edificio, el que poco a poco se convirtió en un nido de Pokémon fantasma.
 

—Lo sabía —jadeó, una vez divisó la parte trasera del local—. ¡Acerola, sé que estás ahí adentro!
 

Las criaturas en el supermercado pululaban en el exterior como guardianes, más alerta y despiertos que nunca. Al menos una docena de ellos la miraban con hostilidad desde la entrada de servicio. Era imposible que pudiera abrirse paso entre tantos.
 

Como se lo esperaba, no obtuvo ninguna respuesta. Anabel dio un largo suspiro, y con las manos en alto se acercó a la puerta. Tenía que confiar en su palabra: ella era la experta en esos Pokémon. Se dejó guiar por los sollozos de la niña hacia el interior, notando aquellos ojos molestos acechándola… pero nadie la atacó en ningún momento.
 

Acerola se encontraba sobre una de las sillas giratorias de lo que había sido una antigua oficina. Y a su lado, un Gengar más grande que ella trataba de consolarla sin mucho éxito.
 

—Lila… ¿cómo es que-?
 

—Una niña me dijo una vez que los Pokémon Fantasma pueden leer mejor que nadie los sentimientos de los demás.
 

La chica corrió a abrazarla. A pesar de que apenas podía ver en la penumbra del supermercado, Acerola supo encontrarla con una facilidad increíble, incluso aunque ella estuviera vestida completamente de negro.
 

—¡P-pensé… que sólo lo hacía p-para molestarme! ¿Por qué Tío Nanu… m-me odia t-tanto?
 

—No seas tonta…—le susurró, acariciándole el cabello—. Nanu te quiere más que a nadie.
 

No todos los ojos que vigilaban a la niña eran fantasmas. Esos malditos gatos la seguían a donde sea que ella estuviera. Con razón tenía tantos…
 

Acerola merecía saberlo. Era más seguro para ella que supiera quién… o mejor dicho, qué era. Tenía que sacarla de la ilusión en la que él la tenía. De lo contrario, solo terminaría enredada en sus secretos. Como una marioneta bailando en la oscuridad.
 
—Supongo que quieres quedarte un rato más aquí. ¿Qué tal… si te cuento una historia?
 

Tenía al menos una veintena de Pokémon cuidando a la humana que más los quería. Era imposible que alguno de ellos la atacara ahí adentro. Bajó la voz hasta que fuera un susurro. Como una madre contándole una historia de dormir a su hija.
 

—Había una vez, un hombre y una mujer que combatían juntos por el bien de los demás. Él era un gran policía, y ella era la princesa de unas islas muy antiguas. Juntos luchaban contra unas criaturas malas que trataban de lastimar a la gente.
 

Un miembro de la Policía Internacional. Y la única descendiente de la familia real de Alola.
 

—La mujer quería mucho a aquel hombre, pero lo que no sabía era que él sólo trataba de protegerla de aquellos monstruos. Porque ella era capaz de atraerlos, siempre había estado en peligro. La solución más simple hubiera sido alejar a la princesa de su hogar, para que dejara de poner en riesgo a los habitantes de las islas. Sin embargo, cuando ella se enteró, decidió luchar contra las bestias a su lado.”
 
Monstruos de otra dimensión. La Fundación Aether los había bautizado Ultraentes.
 

Con el paso del tiempo, ambos decidieron formar una familia. La princesa estaba pronta a ser mamá cuando dejó de luchar contra los monstruos malos. El policía trató de cuidarla más que nunca… pero las criaturas terminaron encontrándola. El corazón del hombre había cambiado en ese tiempo. Estaba tratando de traer a alguien a la vida: ¿realmente ellos merecían morir a cambio? El policía dudó en el peor momento… y los monstruos terminaron llevándosela a su hogar.
 

Aquellos que entran al Ultraespacio, lo hacen sabiendo que quizás nunca volverán.
 

—El hombre los persiguió hasta donde vivían, luchando contra ellos y rescatando a la princesa de sus garras, pero era muy tarde para ella. El hombre nunca volvió, y lo único que logró regresar fue el cuerpo sin vida de la mujer. Sin embargo, el policía si había rescatado a alguien después de todo.”
 

Y la estaba mirando en ese momento.
 

—La hija de ambos sobrevivió en el vientre de la madre. El sacrificio de sus padres no había sido en vano: al haberla traído de vuelta a las islas, la niña se había salvado. Los años pasaron, pero ella nunca supo de su secreto. Aquella chica había heredado la maldición de la princesa. Al igual que su madre, ella era una Faller.
 

Y la niña le devolvía la mirada.
 

“Tú… eres una Faller, Acerola.”
 
Los ojos de la chica reflejaban el tenue brillo de la luna que entraba por los cristales rotos del supermercado. Aquellos ojos color lavanda habían dejado de llorar, pero algo aún los mantenía preocupados… algo que ella no podía ver.
 
El chillido de terror de Acerola fue lo que la hizo reaccionar. Alcanzó a ver por el rabillo del ojo algo que se acercaba a toda velocidad a su dirección, y apenas pudo echarse a un lado antes de que una explosión gigantesca mandara a volar la antigua oficina en mil pedazos. Entre la nube de polvo y escombros, una criatura raquítica y multicolor se mantenía haciendo equilibrio entre las góndolas. Los Pokémon fantasma no reconocerían como enemigo a uno de los suyos.
 
Y los monstruos de la historia jamás dejarían en paz a los que portaran aquella maldición.
 
—¡Mismag-! —trató de llamar a su Pokémon, pero alguien fue más rápido que ella.
 
—¡Garra Umbría!
 
Una figura acechante de color grisáceo se lanzó con violencia en dirección al Ultraente, que recibió el impacto de lleno. Sólo cuando se detuvo con un equilibrio espectacular en donde Blacephalon se encontraba parado hace un segundo, se percató de que se trataba de la Persian de su compañero.
 
—¡Rápido!— gritó éste en su dirección—. ¡No dejes que se recupere!
 
Sabía de qué estaba hablando. Se aferró aún más con uno de sus brazos al cuerpo de la niña, mientras usaba su mano libre para arrojarle una de las numerosas esferas de color azul eléctrico que llevaba en los bolsillos. Y luego de unos segundos de tensión, el chasquido de la Ente Ball le indicó que el peligro había pasado.
 
—¿Estás bien, Acerola?
 
—¿¡Q-qué estás haciendo!? ¡Suéltame! —alcanzó a oír la voz de la niña a su lado.
 
Sintió como unas manos temblorosas la arrebataban de su alcance, alzándola en el aire como si pesara lo mismo que un almohadón de plumas. Nanu abrazaba a Acerola tan fuerte como si se tratara de su propia hija. Y sin embargo sus ojos se mantenían clavados en ella, con tanta rabia que no fue capaz de sostenerle la mirada.
 
—¿No te dije… que te mantuvieras alejada de ella?
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#6
[VI: Una hecatombe para mantenerla a salvo.]
 
No se había soltado de la niña en todo el camino de vuelta a la Casa Aether. Los tres habían caminado sin decir ninguna palabra, con el silencio sólo interrumpido por el ronroneo de su Persian.
 

—Acerola me preguntó si sabía que es una Faller —preguntó, una vez se encontró a solas con la mujer en las afueras del orfanato.
 

Apretando los puños, ella desviaba la mirada a toda costa. Se sentía como si estuviera regañando a uno de sus subordinados de la Policía Internacional.
 

—Estás haciendo con ella lo mismo que ustedes hicieron conmigo— musitó entre dientes.
 

—¿Hace cuánto lo sabes, Anabel?
 

Ella sólo quería saber más sobre él. El lema del brazalete era su única pista, pero descifrarlo la llevó a investigar acerca del árbol genealógico de la familia real. Así fue como terminó encontrando a la última descendiente en los archivos de la Policía. La madre de Acerola.
 

—Pero al buscar en el siguiente archivo… no sabía que nuestros casos habían sucedido tan cerca uno del otro.
 

Hace once años, un milagro había salvado a Acerola de las garras de aquel Ultraente. Y tan solo un par de días después, una mujer de extraños cabellos violáceos había caído del cielo en la costa de la Isla Poni. Cualquier persona que atravesaba el Ultraespacio se convertía eventualmente en carnada para la Policía Internacional, para capturar más de esos monstruos. Y ella no fue una excepción.
 

—Los archivos dicen que la mujer y la hija fallecieron, pero en ningún momento hablan del hombre. Es como si estuvieran incompletos. ¿Y quién era ese policía, de todas formas? No hay ningún dato sobre él además de su alias, “K.R-100”. Pero no hay ningún agente con esas iniciales.
 

—Porque sobrevivió. El problema es que no recuerda nada del accidente, ni de su mujer… ni de su hija. Al igual que tú, cayó en una de las costas de Hoenn luego de atravesar el Ultraumbral.
 

—¿¡En Hoenn!?— gritó, para inmediatamente bajar la voz—. Pero allí es donde yo… pero entonces...
 

Anabel se pasaba las manos por el cabello, tratando de juntar las ideas en su cabeza. Maldita sea, tendría que haberle dicho que estaba muerto. Esto sólo empeoraría las cosas.
 

—¿Dónde está su padre ahora? ¿Cómo pudiste nunca habérselo contado?
 

—No pude decírselo. ¿Qué bien haría recordarle que ella existía? ¿Contarle que tenía una mujer sólo para decirle que había muerto?
 

—Y por miedo a contarle la verdad, ¿preferiste privarlo de conocer a la hija que había salvado?
 

Ambos se quedaron en silencio por un momento. La realización de Anabel se mostraba más y más en su rostro a cada momento. No había vuelta atrás de todo esto.
 

—Fuiste tú. Tú adulteraste los documentos. Hiciste creer a todos que la niña había muerto junto con ella, para que él nunca lo descubriera en caso de que recuperara la memoria.
 

—¿No lo entiendes? Si él descubre que la niña está viva, eso sólo significa que la Policía tendrá una Faller más en reserva. Terminaría perdiéndola… al igual que a su madre.
 

Les había hecho un favor a todos. A su viejo amigo, a Acerola, e incluso a ella. Pero incluso si así fuera, ¿cuál era la diferencia para él? Estuviera viva o muerta, jamás vería a su hija. Habían pasado once años. Once años dudando si había sido la decisión correcta.
 

—Y sin embargo… a mí nunca me contaste nada. Tú y Looker me escondieron la verdad todo este tiempo. Hiciste todo esto para salvarla, y en su lugar me mandaste a mí a que fuera la carnada.
 

—¡Traté de alejarte de ellos! Pero no esperaba que tú-
 

—¿Qué yo qué? ¿Que me enamorara de ti? ¿Que llevara casi diez años tratando de sacarte de mi cabeza sólo para recordarte una y otra vez, solo y deprimido en esta minúscula isla?
 

Tendría que haber sido estúpido para no darse cuenta. Había despertado sin ninguna memoria de quién era, y la única persona que conocía la había tratado como si fuera parte de su propia familia. Él la había salvado, y ella nunca había podido devolverle el favor.
 

—Nunca me contaste que yo era una Faller. Nunca me dijiste por qué dejaste la Policía. Nunca me dijiste nada, incluso sabiendo lo que yo sentía por ti. ¿Cuándo te diste cuenta?
 

—Siempre lo supe. No tenías ningún motivo para regresar a las islas, y sin embargo nunca dejaste de visitarme.
 

No tenía la más mínima idea de la tranquilidad que le daba verla aparecer una vez más. Año tras año, abriendo las puertas de su comisaría con aquella elegancia tan característica suya. Era él quien había dejado que se metiera en la boca del lobo… y no había hecho nada para evitarlo.
 

—Renunciaste por mí. Porque sabías que quería trabajar contigo en la Policía. Porque sabías que yo también era una Faller. ¿Por eso nunca me lo quisiste contar?
 

—Teníamos ataques de Ultraentes en la isla casi todas las semanas.  Al principio pensé que era por culpa de la niña. Pero después me di cuenta que eras tú.
 

Aquella mujer despedía una energía increíble: era como un maldito imán para los Ultraentes. Y aún lo seguía haciendo, a juzgar por lo que había pasado esa noche. Por su cuenta, Acerola era incapaz de atraer a ninguna de esas criaturas. Pero con Anabel en la isla, el riesgo de que la confundieran con ella era más que suficiente para querer mantenerlas alejadas.
 

—Acerola no podía quedarse en tu casa mientras yo estuviera allí… y fue por eso que la dejaste en el orfanato de la Fundación Aether. Fue ahí donde te diste cuenta que ella estaría más segura bajo su cuidado.
 

—Looker no me habría dejado en paz de todas formas. Si me quedaba con ella, corría el riesgo de que él atara los cabos y se enterara de quien era en realidad, así como tú lo has hecho. Es por eso que lo mejor es mantenerse alejada de ella. Y es por eso que te mantuve siempre alejada de las islas.
 

Anabel sonreía con tristeza, abrazándose a sí misma. Sabía que estaba rompiéndole el corazón. Porque a veces la verdad dolía más que una mentira. Porque en más de diez años, nunca había roto su promesa. Porque había decidido cuidar de Acerola, pasara lo que pasara.
 

—Pero al final del día, sólo podías proteger a una de las dos. Tuviste que elegir entre ella… o yo.
 

Tenía que poner a alguna de las dos en riesgo si quería garantizar la seguridad de la otra. Así fue como todos tuvieron que pagar un precio para que Acerola pudiera ser feliz. Por eso odiaba tanto que la niña llorara. Pero no tanto como se odiaba a sí mismo por hacerla llorar a ella también.
 

—¿Puedo hacerte una última pregunta?
 

Anabel seguía abrazándose a sí misma. Pero sus brazos se aferraban a su vientre, con la duda más presente que nunca en aquellos ojos tan similares a los de la niña.
 

—La madre de Acerola realmente está muerta. Toda esa historia sobre la familia real de Alola… ¿Tú no te inventaste todo eso para encubrir a la niña, verdad?
.
.
.
¿Verdad?

 
Regresó solo a su cabaña: Anabel le comentó que Looker se preocupaba cada vez que ella se iba por su cuenta, pero probablemente ella también necesitaba un tiempo a solas. Ojalá pudiera meterse en uno de esos malditos umbrales para borrar todos sus recuerdos de lo que había pasado esa noche.
 

En la pequeña escalinata de entrada, una Mimikyu de color pálido trataba de espantar los insectos de una pequeña bandeja: Acerola sabía que lo mucho que le gustaba el chocolate. El Pokémon se infló de rabia al verlo acercarse, pero él se limitó a ignorarla, tomando un trozo de brownie en su lugar y sentándose a su lado.
 

—Deberías comer uno antes de que se echen a perder. La niña resultó ser una buena cocinera, después de todo.
 

Aquella Mimikyu había acompañado a Acerola desde su primer día en el orfanato. Y no se parecía en absoluto a ningún otro Pokémon fantasma que había visto. Los Mimikyu normales no flotaban. No atravesaban paredes. Y no eran capaces de ocultarse en las sombras de sus entrenadores. Acerola decía que era el fantasma de un Pokémon, en lugar de un Pokémon fantasma.
 

Observó como una de aquellas peligrosas garras salía lentamente de debajo de su disfraz, acercándose lentamente hacia el postre. Pero en vez de tomar una porción, escarbó por debajo del papel hasta liberar un pequeño sobre, que le entregó sin emitir un sonido. Y sólo necesitó leer el encabezado de la carta que había dentro para que las piezas encajaran en su cabeza.
 

“Formulario de Adopción – Fundación Aether”
 
No solo el policía había entrado en aquel Ultraumbral aquel día hace once años, en la cima de la Torre de Batalla de Hoenn. Una tercera persona había seguido sus pasos. Y era él quien había logrado encontrar una salida hacia Alola, arrastrando consigo y a duras penas el cuerpo inconsciente de una joven a punto de dar a luz.
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#7
 [VII: Oscilando en el equilibrio universal.]
 
—¿Estás bien, Lila? Tienes los ojos hinchados.
 
—Puede que haya tomado un poco de frío anoche.
 

El café que había pedido no era suficiente para mantenerla completamente despierta. Trataba de concentrarse en el puñado de archivos que Looker le mostraba, pero en esos momentos no podía importarle menos aquella historia sobre la reciente Liga y el nuevo Campeón de Alola, el cual no era más que un niño.
 

No había dejado de llorar en toda la noche. Se sentía más miserable que nunca, pero sabía que lo que sea que pasara por su mente no evitaría que aquellos malditos bichos la siguieran atacando a donde ella fuera. Muchas veces había pensado en seguir el ejemplo de Nanu y simplemente haber renunciado, pero ahora se percataba de que eso no habría cambiado su situación en lo más mínimo.
 

—¿Sigues preocupada por él?
 

—No sé de qué estás hablando.
 

Quizás Nanu le había ocultado la verdad para no lastimarla, pero Looker no tenía ninguna razón para habérselo escondido. Aquel desgraciado sabía muy bien qué era, pero había preferido mantenerlo en secreto para hacerle el trabajo más fácil. Tendría que haberse dado cuenta antes, con lo mucho que se preocupaba por ella.
 

Nanu tenía razón. Todos en la Policía Internacional guardaban sus secretos con recelo, y ella no iba a ser la excepción.
 

—A veces me pregunto dónde conoció a esa niña— susurró, señalando hacia la otra punta del parque—. ¿Tú sabes quién es?
 

Desanimada, trató de mirar hacia donde éste apuntaba. Acerola volvía a tener una vez más aquella inocente alegría, sosteniendo una porción de torta que se balanceaba peligrosamente en una mano mientras se aferraba con la otra del brazo de su antiguo ex-compañero. Como era de esperarse, Nanu no compartía en absoluto la felicidad de la niña. A lo mejor era una de las tantas máscaras que tenía que poner para fingir que no la conocía… pero probablemente su malhumor provenía de la media docena de niños que daban vueltas y jugaban alrededor de ellos.
 

—Es la Capitana de la Isla. Y como él es Kahuna de Ula’ula, es algo así como su mentor. No le des muchas vueltas.
 

Ella jamás dejaría que la Policía Internacional le echara las manos encima. No necesitaban a alguien más para atraer a los Ultraentes: con ella tenían más que suficiente.
 

—No lo sé: si yo fuera su padre, no estaría muy contento de que el viejo Nanu estuviera a su lado —rió Looker, haciendo que ella forzara una sonrisa.
 

—Vive en el orfanato de la Casa Aether, así que no creo que-
 

Se quedó con la frase en el aire. Nanu le había dicho que el padre de Acerola estaba vivo, pero que había perdido parte de sus memorias, al igual que ella. “K.R-100”. Los alias de la Policía Internacional siempre tenían algo que ver con un detalle de sus usuarios.
 

¿K.R-100? O 100-K.R.
100KR. LOOKR. Looker.
 
—Estoy seguro que la conozco de algún lado… o quizás me lo estoy imaginando.
 

Al mirarlo, sintió como los ojos se humedecían de nuevo. No podía ser. ¿A cuanta gente había involucrado Nanu en aquella maraña de mentiras? Había llegado hasta el punto de falsificar archivos de la Policía. ¿De verdad la seguridad de la niña era tan importante para él? Pero si lo que decía era verdad… Si Looker no lograba recordar quién era…
 

—En serio, Lila: si te sientes tan mal podemos dejar el asunto para otro día. Cada día te ves más agotada… a lo mejor sí deberíamos tomarnos unas vacaciones.
 

—¡Estoy bien! —fingió, llevándose una de las servilletas al rostro para secarse las lágrimas rápidamente.
 

Podría ser un criminal, pero nada de esto era su culpa. Los únicos culpables siempre serían ellos. Sacó la Ente Ball con la que habían capturado al Blacephalon la noche anterior y la puso sobre la mesa, ante la sorpresa de su compañero.
 

—¿Otro más? ¡Con razón estabas tan pálida anoche!
 

Esas criaturas seguirían apareciendo mientras gente como ella existiera. Pero la Fundación Aether aprendía más y más sobre ellas cada día. Era por eso que no debía darse por vencida. Si lograban erradicarlos, quizás algún día Acerola podría tener la familia que tanto quería. Quizás Nanu no tendría que mantenerse solo y alejado de todo el mundo. Y quizás Looker podría finalmente saber la verdad.
 

—Pongámonos en marcha. Tenemos trabajo por hacer.
 

Sin importar lo que les pasara, el policía y la princesa nunca dejarían de luchar.
 

[FIN]
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#8
Primero que nada, quiero pedirte perdón por haber dicho mis palabras sobre tu otro fic "Farsante".

Originalmente no deseaba mencionar el tema porque pensé que solo iba a resucitar cosas que están mejor enterradas, pero también pensé: "¿realmente es preferible que me apegue a mis armas y deje un comentario cualquiera?" Tuve una noche entera para entretener los caminos que pude tomar, y pienso que tal vez es mejor cumplir con tu desafío de la manera más respetuosa posible. No sé si eso termine saliéndome mal, claro.

Tú mencionaste una enorme moraleja sobre Farsante, así que decidí ir por algo similar: ¿qué mensaje pienso haber encontrado aquí? Me viene esta idea a la cabeza: hay ocasiones donde el mejor curso de acción es mentir, en este caso, porque solo hace falta un pequeño pedazo de verdad para romper no solo a una persona, sino a una familia entera; y quién toma ese cargo, sufrirá porque debe verse obligado a ser deshonesto, y con ese sufrimiento, las relaciones se pueden volver amargas; y tan solo hace falta que por un momento no tengas control de la situación para que todo o parte de un todo, se te vaya al demonio; pero si la situación no es demasiado dura para ti o los involucrados, puedes recupar su control, para bien o para mal.

Ahora dime, ¿entendí el mensaje o fracasé en ello? Estoy dispuesto a intentar un cambio en mi forma de leer y comentar para tener una comprensión superior sobre lo que el autor realmente desea decirle a sus lectores con su trabajo.
Rompe mi armadura si quieres. Al final, terminarás arrepintiéndote de hacerlo...
[Imagen: IIhG3l7.gif]
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#9
Hay muchas cosas que me faltó por decir de este fanfic y quería extenderme un poco más.

Primero que nada, no encontré un solo alfabeto completo de Galar, pero con las pocas letras disponibles se puede entender el mensaje (más precisamente, basta con ubicar la "e" y la "a" para descifrar el brazalete). Lo que sí encontré fue un montón de gente quejándose de que era muy contradictorio. Pero bueno. Eso no nos compete.

Siento que, si bien el tema de desamor está algo dejado de lado, razón por la que lamento haber quitado tantos puntos, el drama no lo está. Éste es uno de los dos fanfics que sí me hicieron sentir mal al leerlos y éste con mucha más fuerza. Y los personajes, todos, me han encantado a su manera por el conflicto que se entreteje entre ellos. Si bien Looker y Anabel son prácticamente ocs (tampoco es que ella tenga personalidad en los juegos), la forma en la que exploras la relación entre Nanu y Acerola duele un poco. Al final, Anabel echa la culpa de todo a los ultraentes y si bien tiene algo de razón, se siente más como que simplemente busca a alguien a quién culpar del sendero de vidas heridas que es esta historia. Nanu, por un lado, bajo el peso de tantas mentiras, separado entre tantas lealtades a su amigo, a la mujer que lo ama y a la niña que ha jurado proteger; Nanu, cuyas propias decisiones lo han amargado; Anabel, quien, siendo la más cercana a la verdad, se resuelve a no decir nada a nadie por temor a empeorarlo todo; Looker, quien es ignorante de su propio sufrimiento pero está condenado a vivir sin su mujer y su hija; sin saber que su mejor amigo le ha robado inadvertidamente su vida; y Acerola, la única que todavía puede sonreír y quizás la más trágica: la niña a la que se le ha arrebatado su familia.

¿Por quién? Es interesante tratar de encontrar culpables. Fue "culpa de Looker" que Anabel fuera capturada en los ultraportales cuando tuvo dudas, pero eso era perfectamente razonable. Nanu, pese a tener las mejores intenciones, probablemente empeoró todo al mentir, mentir y mentir, y Anabel no es realmente mejor ahora que ha decidido ocultar la verdad. La policía internacional y su opresiva forma de hacer las cosas puede ser la culpable, pero en última instancia están tratando de hacer lo correcto; y los ultraentes, sí bien nocivos, son sólo criaturas extraviadas e instintivas. No hay nadie a quién culpar de todo y muchos a quienes culpar en parte, y ahí está la magia del relato: acabas sintiendo al menos un poco de empatía por todos y cada uno de ellos; por los tres policías y las dos princesas.

La prosa es envolvente y dinámica como acostumbras, si bien no acepta una lectura superficial ni le deja las cosas fáciles al lector. Hay mucha fuerza en los diálogos y las expresiones, especialmente las relativas a Acerola. Luego de esa narración increíblemente pastelosa de sus interacciones con Nanu, la parte en la que se entera de la verdad y rompe a llorar pega con mucha más fuerza. Nanu, a pesar de su actitud áspera, deja entrever un hombre herido que sólo trata de proteger a quienes le importan. Tanto los diálogos como los pequeños gestos de estos personajes dicen mucho diciendo poco y le dan una capa de profundidad al relato que tal vez no se aprecia a simple vista pero que está ahí.

Un problema, sin embargo, son sus limitaciones; al menos en mi opinión. Tiene la extensión justa para seguir siendo leído de una sola vez, pero pareciera que puede explorarse mucho más; que, tal vez, quería decirse más. Si bien la historia tiene un cierre adecuado, da la impresión de que la premisa todavía podía extenderse, si bien, supongo, no tienes intención de volver a esta historia. Tal vez sólo está hablando la parte de mí que tiene ganas de más.

Me quedo con la duda de qué pasó con los papeles de adopción. Quiero quedarme con la idea de que Nanu los firma y al menos ellos dos se permiten un poco de felicidad, pero conociéndolo, veo más probable que no lo haga por la misma razón que fingió ignorancia acerca de los sentimientos de Anabel.

Otro gran relato tuyo que va a mi lista de favoritos. A ver si en unos días puedo ponerme al corriente con Gerber.

P.D: ¿Es impresión mía o el Blacephalon no fue coincidencia?
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#10
@Nemuresu ya te dije que siempre viene bien tener esas discusiones sobre lo que entiende alguien o el mensaje que el otro al escribir quiso transmitir. Desde el primer momento te dije que aunque me ponga en mis trece a discutir si tal o cual cosa es así, al final del día es una discusión entre dos ideas distintas y no debería haber ninguna razón para que alguno de los dos termine enojado o teniendo que pedir disculpas. Me gusta de que al menos al leer mis tonterías le pongas un poco más de onda y trates de escribir que te pareció o que mensaje conspiranoico illuminati oculto hay entre medio.

Por el otro lado, siento que me pasé un poco de mano con el tema de si "entendiste o no entendiste". Tanto vos como el kiwi la clavaron esta vez, pero al igual que con el fic de Farsante, no me di cuenta que que puede haber distintas interpretaciones o diferentes formas en las que el mensaje puede llegar dependiendo de la persona. Y es que siempre, SIEMPRE, trato de dejar un mensaje positivo en las historias.

Vos decís que hay ocasiones en las que el mejor curso de acción es mentirle al otro, porque decir la verdad por ahí puede lastimar a la gente. En este punto los dos coincidimos: la mentira blanca o la mentira piadosa que arma Nanu alrededor de todo el mundo no tiene otro objetivo que mantener a la hija de sus amigos a salvo de los Ultraentes y de la Policía Internacional - que incluye a los mismos padres.Pero a lo que realmente quise jugar con esta parte es a que el lector piense "hasta que punto podés aguantar una mentira benevolente como esa, con el objetivo de no lastimar al receptor, sin que termines lastimándolo más que si nunca hubieras mentido en un primer lugar". Es casi una paradoja. ¿Hasta que punto podés separar o destruir a una familia por el bienestar de los tres? Y por el otro lado, ¿por qué tendrías que ser vos el que tenga que cargar con todo ese problema en silencio?

Más adelante, también decís que solamente hace falta que por un momento no tengas control de la situación para que todo se vaya al carajo, pero siempre podés recuperar el control, para bien o para mal. Me pareció interesante que todo se vaya al demonio por el simple hecho de que a Acerola se le haya ido la boca con el tema del brazalete, teniendo en cuenta que el hecho de que Anabel descubra toda esa historia no la iba a ayudar en nada, porque era todo una historia trucha creada encima para que el que crea que "encontró la verdad" se quede satisfecho con eso y nada más". Que crean que él es TAAAAN gran amigo que decidió mantener a la hija de su amigo a salvo antes de que termine muerta como había pasado con su mujer.

El problema es que una vez más, es otra mentira arriba de la anterior, hecha esta vez para no lastimar a la madre en vez de al padre. Y cuando ponés ese hecho en perspectiva, la base en la que se fundamenta el hecho de mentirle a Looker se desarma. Si la mujer estaba viva después de todo, ¿de qué lo está cuidando exactamente? En ese punto, te das cuenta que todo el invento no fue hecho por su amigo, sino que lo hizo principalmente por Anabel y por Acerola. Y ese punto lo dejé en claro desde casi el principio.

"Prometeme que vas a cuidar de ambas."

@Maze , sé que el tema del desamor está un poco dejado de lado, sin embargo siento que es un punto crucial para saber por qué Nanu hizo lo que hizo. Si te ponés a pensar, el hecho de que Anabel se haya enamorado de él es una de las raíces del problema. Nanu no la quería lastimar, y por eso termina escondiendo más y más cosas a todo el mundo. Es una vez más el tema de la paradoja a la hora de mentir. Si le decía la verdad, tenía que contarle por qué ellos dos no podían estar juntos, lo cual desemboca en el final de la historia. Si le mentía, tenía que vivir con el problema de que ella nunca supiera por qué no podía estar con ella, lo cual desencadenó en ella quedándose con la duda durante diez años.

Si bien te parece que Looker y Anabel sean bastante OCs, la verdad es que traté de encajar cosas del canon a mansalva. En primer lugar, en ORAS Looker cae en una playa de Hoenn con amnesia, sin acordarse de por qué está ahí. En segundo lugar, en SM, Anabel cae en una playa de Alola TAMBIÉN con amnesia, pero ella se acuerda de que estaba luchando en la Torre de Batalla de Hoenn contra Ultraentes. En tercer lugar, también en SM, Looker te cuenta que hace 10 años, era parte de un grupo de 3 personas junto con Nanu y "una Faller" de la que nunca le dicen el nombre. Y el mismo Looker te dice que en un momento de lástima, no quiso atacar a Guzzlord y eso ocasionó que la Faller perdiera la vida. "Justo después de ese evento, Nanu encuentra a Anabel en la costa de la isla Poni".

Por otra parte, también te muestran en XY como Looker se convierte en la figura paternal de una chica de 16 años, y no solamente eso, sino que "muestra frecuente preocupación" por Anabel mientras ella se esfuerza más y más con las misiones de la Policía Internacional, lo cual desemboca en ellos tomándose unas vacaciones en Alola (USUM).

Juntando todos esos datos, armé una historia maaaaas o menos coherente. La chica que termina muerta es la madre de Acerola, y ella era la "familia real" de la que Acerola habla en los juegos. La tendencia de Looker a cuidar de Emma y de Anabel deriva del hecho de que, a pesar de la amnesia, aún conserva el instinto paternal hacia la hija que no recuerda, e incluso en la biblioteca en la que está Acerola, "los libros de su padre" hablan de los Ultraentes.

Y lo tenía casi listo. ¿Te diste cuenta como todo el tiempo hago referencia al Mimikyu de Acerola, que al final no termina teniendo mucha importancia? Es porque al principio, se me había ocurrido que el bicho fantasma en realidad es el espíritu de la madre de Acerola, que la viene cuidando desde el momento que se murió. Si la madre estaba muerta, eso realmente encaja con por qué Nanu le escondió la verdad a Looker. Pero eso me dejaba suelta a Anabel.

En esta versión beta de la historia, la coincidencia en el color del pelo y de los ojos se debía a que las dos eran Fallers, y esa era la pista que iba dejando a lo largo de los capítulos. Pero después me di cuenta de que, siguiendo este canon, tenía que ignorar dos cosas. Por un lado, que Anabel iba a quedar como una metiche que no pintaba nada y que lo único que hacía era molestar, y por el otro con el hecho de que los Ultraentes ya la habían encontrado antes en la Torre Batalla, y no solamente eso, sino que Anabel ya tenía el pelo de ese color antes de que entrara en un Ultraumbral y cayera en la Isla Poni.

Entonces decidí recurrir a lo que ya te conté el otro día. Si Nanu no paró de inventar una mentira sobre la otra, ¿por qué no hacer que sea un narrador poco confiable que también le cuenta mentiras al lector? Ahí fue donde me vino la vibra experimental que me hizo demorarme unos cuantos días más de la cuenta. Tuve que volver sobre mis pasos, tratando de marcar bien en cada punto qué era precisamente lo que ahora era una mentira, y que era verdad de lo que decía Nanu. También leí que pusiste un par de veces que hay "tres policías", pero en realidad siempre hubo dos. En la escena introductoria de la parte 2, se muestra como Nanu y Looker estan discutiendo "en lo alto de la torre" sobre si meterse o no en el Ultraumbral. Al final, el "segundo policía" que se mete con Looker (parte 6) para salvar a su mujer es Nanu, y es Nanu es quien termina cayendo en la Isla Poni con el cuerpo de Anabel, encajando con el canon de que fue el quien "la encontró". En realidad, en los juegos dice que los dos la encontraron después de la misión de Guzzlord, pero por el otro lado eso hace muy vago el momento en el que Looker terminó perdido en Hoenn. Así que hice el cambiazo y decidí que sea así para que encaje con las dos historias de los juegos. Tampoco te cuentan muy bien por qué Nanu dejó la PI, pero se entiende que un poco fue por todo el lío de la chica que termina muerta.

Por último, me parece raro que digas que la historia "te hace querer un poco menos a todos los personajes". Lo que yo quise hacer fue todo lo contrario, que el lector sienta empatía por todos los personajes por igual. Con Nanu, que decidió bancarse todo el problema simplemente porque no quería lastimar a nadie y para cumplir con la promesa de mantener tanto a Anabel como a Acerola a salvo. Con Anabel, que a pesar de saber la verdad decide mantenerle la mentira a pie a Looker, porque ella no tiene forma de saber si él va a aceptar el hecho de que su hija siempre va a estar en peligro mientras ellos estén alrededor. Con Looker, que conserva el instinto protector tanto con la chica de Kalos que cuida como su hija, como con Anabel, sin saber que está cuidando de su mujer, y el hecho de que no reconozca a Acerola, la cual "siente que la conoce de algún lado". Y con Acerola, la cual no tiene la culpa de nada y sin embargo es ella la que se tiene que perder el tener una familia.

Y para que no te parezca que lo de la madre muerta me lo estoy inventando, en la escena del brownie la línea original era "tu hija resultó ser buena cocinera, después de todo". Hasta había investigado lo suficiente como para saber que el Mimikyu de Acerola es hembra, y que tiene una flor de decoración en una de las orejas que es igualita a las flores que hay en el campo de flores rojas de la Isla Poni que, en la historia original, la verdadera "princesa de Alola" cuidaba para que estuvieran siempre bien cuidadas.

La verdad me duele un poco tener que haber cambiado la historia, pero realmente no se me ocurrió otra forma de hacer encajar las disparidades con el tema de Anabel sin hacerla o incoherente con mi headcanon pedorro, o una metiche que terminó causando más problemas de los que quiso solucionar.
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#11
Alright then, no sé qué pasa que no puedo taggearte o citarte, así que no tengo de otra más que simplemente comentar.

Kiwi lo dejó mejor que yo pude hacerlo, pero todos los personajes principales salvo Acerola se encuentran en un área gris. No puedes encontrar a un buen culpable porque todos tienen una razón para haber tomado esas malas decisiones.

Ahora, tú mencionas que uno de tus mensajes para la reflexión era: "¿hasta qué punto puedes hacer una acción tan ruin con tal de ser un protector?". Mi respuesta a eso siempre será: todo depende de la situación y el contexto. Aquí, puedo decir que Nanu es inocente. Todo lo hace por el bien de dos chicas, y por ese precio, se obligó a una vida amargada. Eso me basta para no hacerle el feo.

Y eso no es todo, hay algo que sé de decisiones gigantes como esa, nunca vas a saber si realmente tomaste el curso de acción apropiado hasta que lo pruebes. Desgraciadamente, aquí es donde siento que nuestras visiones parten. ¿Por qué lo digo? Simple, porque siento que ningún fragmento de la historia realmente te dice: "Sí, tal vez Nanu debió decir la verdad". Tú en esta última respuesta mencionas que Looker es el protector de Emma pero, ¿dónde está eso en la historia? ¿Dónde está la parte dónde él no pondría a su propia hija en peligro si descubriera la verdad? ¿Dónde está la posibilidad de que tal vez los tres pudieron hacer un plan para engañar a la Policía Internacional y asegurarse de que Acerola viva una mejor vida? Y lo mayor de todo, ¿qué implica que la lucha contra los Ultraentes realmente tendrá un final que le permita a Anabel escupir la sopa? He leído de vuelta solo para tratar de buscar una respuesta satisfactoria, y nada lo ha logrado.

Oh, y aunque no me concierne tanto, quiero solo mencionar que en el caso de haber vuelto a Mimikyu la madre de Acerola, esto se pudo haber resuelto de esta forma: Anabel es una hermana mayor. Suena como una libertad creativa que haría la historia muy complicada, pero aquí es donde me vino la magia: Anabel, siendo hija de Looker y la Faller madre, justificaría aun más la idea de que a Looker o la Policía Internacional no les importa comprometer a familiares. Que en el mundo a donde haya ido a parar aquella mujer, Acerola haya nacido, y que Nanu al ver a Anabel, Looker y Acerola vivos, pero no a la madre, sienta un dolor tan grande que no solo desea evitar que todos recuerden quiénes eran antes, sino que olviden su mayor fracaso en la vida. Incluso con eso se le podría dar a Mimikyu un momento de tristeza donde Anabel descubre quién es y le pide perdón por no haberla podido salvar cuando tuvo la chance.

Pero hey, solo es mi forma de bailar alrededor de un escenario jamás hecho. Al final, el producto que plasmaste fue muy bueno, y eso es lo que más importa.
Rompe mi armadura si quieres. Al final, terminarás arrepintiéndote de hacerlo...
[Imagen: IIhG3l7.gif]
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#12
(04 Mar 2020
04:58 AM)
Velvet escribió:
Por último, me parece raro que digas que la historia "te hace querer un poco menos a todos los personajes"
(02 Mar 2020
11:08 PM)
Maze escribió:
acabas sintiendo al menos un poco de empatía por todos

My bad. La frase está mal armada y se presta a otras interpretaciones. Me refería precisamente a que acabas queriendo un poco a todos como mínimo. Como decía, duele leer a Acerola en este fanfic y duele leer a Nanu, a Anabel y a Looker. Me siento especialmente mal por este último por el NTR latente y porque, aún si vive en la ignorancia, su mejor amigo le ha arrebatado a su familia (si bien inadvertidamente). Nanu lo sabe, y mi interpretación personal es que se siente culpable por ello también, que las mentiras lo torturan porque lo al tratar de mantener su promesa también lo traiciona en un solo acto donde la lealtad y la deslealtad son una y la misma cosa. Esa es la lectura que quiero darle a Nanu ya que como personaje acá es trágico a morir y emite cierta aura de autodesprecio.

Respecto a "tres policías" no le des más vueltas, me quedó claro desde el principio que eran esos dos, pero cuando dijiste que "podía aplicarse a todos" volví a reflexionar al respecto y me di cuenta de que Anabel es al mismo tiempo princesa y policía; y me hizo gracia en especial que sea ella quien concluye la narración actuando como policía para proteger a su princesa. Puedo ser nada más yo buscando significados extra, pero para eso es la literatura: para sacar infinitas interpretaciones.

Debo confesar que las referencias a Kalos me pasaron por encima de la cabeza. La verdad, y leyendo de vuelta con esto en mente, siento que pude haber puntuado esto más alto en desarrollo (porque en creatividad ya tenías la nota máxima). Pero en suma siento que este relato se sale de los estándares; que me obliga a juzgar un 15 en una escala del 1 al 10 por todo el trabajo que tiene detrás. Es excepcional en todo sentido y… mejor paro, que acá ya he echado demasiadas flores.

Gracias por la aclaración del Mimikyu. La verdad tanta atención al puto muñeco me hizo sentir que era parte importante del plot y la razón por la que lo tuve que leer más de dos veces, ya que creía que se me escapaba algo. Al final me encogí de hombros y pensé "bue, seguro es una referencia oscura que no estoy entendiendo y no un elemento de la trama". Entendiendo que se trata de un vestigio de la idea original, cobra mucho más sentido, pero lo cierto es que el resultado quizás hubiera sumado menos. La trama de las Fallers pintaba bien para algo más largo, con más tiempo, más capítulos y más desarrollo sobre el asunto. Acá está bien que quede algo de fondo porque su importancia argumental se reduce a ser la razón por la que Anabel y Acerola deben esconderse; sigue siendo el detonador del conflicto principal, pero no hace falta ahondar en él y, de no ser madre e hija, pudo sentirse un poco alienígena.

En cuanto al debate sobre hermanas y demás (siéntete bien, Nemu; me estás obligando a romper mi promesa de no leer comentarios de nadie. Ya estarás contento hijueputa). Siento, como digo, que eso hubiera arrancado un elemento que es mi favorito de este relato y es precisamente el desamor, o las razones por las que el desamor es desamor.

¿Por qué Nanu no corresponde los sentimientos de Anabel? Como ya dije, siento que ahí es más que culpa de superviviente; se trata de lealtad hacia Looker. Anabel tiene que vivir sabiendo no sólo que miente a su esposo, sino que, en el tiempo en que se olvidó de él, se enamoró de alguien más. El conflicto es mucho más fuerte con esta doble capa de culpabilidad. Es un triángulo amoroso muy, muy oscuro en el que la verdad inevitablemente acabaría hiriendo a alguien; quizás tanto como lo están haciendo las mentiras. Y ese conflicto tan intrincado es lo que me hace querer más a los personajes porque si para ellos es imposible encontrar una respuesta correcta, tanto más lo será para los lectores.

Respecto a las mentiras y su legitimidad… no estoy seguro de hasta donde sea correcto. Sí, las mentiras de Nanu aparentemente han protegido a todos, pero también han hecho mucho daño. Acerola tiene por única familia a un hombre medio muerto; a un hombre cuyo interior está plagado por demonios. Anabel tal vez pudo huir del dolor en la ignorancia, pero ahora está presente y, si Looker recupera la memoria eventualmente, ¿cuánto daño más causará esta revelación? Siento que la cuestión no es tanto si mentir está bien o mal, sino hasta qué punto puedes aferrarte a tus mentiras. Nanu no es infalible y su castillo de naipes ha empezado a derrumbarse. Incluso Anabel se aferra a una esperanza muy vacua. La mentira tal vez fue necesaria, pero ¿sigue siendo prudente mentir? ¿Al menos sigue siendo necesario mentir? Tal vez, tal vez no; lo cierto es que esa me parece la parte más interesante del relato.

Si los juzgamos por sus motivaciones, tanto Nanu como Anabel son personajes blancos; después de todo, hacen lo que hacen por proteger a sus seres queridos. Pero ¿qué tan cierto es esto? ¿Hasta dónde es altruismo y hasta dónde egoísmo? Porque la premisa que esgrimen ambos es que si dicen la verdad lastimarán más a los ignorantes y que la policía internacional los utilizará poniendo a Acerola en peligro pero, ¿qué tan cierto es esto? Los únicos que siguen sin saber nada son Acerola y Looker, ¿hasta qué punto los están protegiendo en verdad? Sería una revelación brutal para ambos pero eventualmente tendrían la familia que ambos añoran y tienen, y si el secreto se mantiene entre cuatro personas (o tres) no es necesariamente más peligroso que mantenerlo entre tres; especialmente cuando ha salido mal. Entonces, ¿por qué seguir mintiendo?

Creo que esa es precisamente la parte gris de los personajes: ¿qué tienen que perder al decir la verdad? ¿Es que Anabel se encuentra atrapada entre las lealtades divididas a su esposo y al hombre que ama ahora y prefiere justificar su inacción con el "peligro" que representa la policía internacional? Y Nanu tiene mucho más qué perder puesto que si Acerola tiene padres, él dejará de ser su única figura paterna y su relación con la niña cambiaría para siempre. ¿Por qué seguir mintiendo? Si es sólo por miedo a las consecuencias, es que ni Nanu ni Anabel confían lo suficiente en Looker como para compartir el secreto con él ahora que el daño está hecho (léase, mejor amigo y esposa). Y en caso contrario, porque ambos tienen algo qué perder de todo esto; porque lo que han obtenido en estos once años podría cambiar para siempre. No son sus acciones son grises sino que sus motivaciones también lo son, y aunque es posible simpatizar con ellos y sentir su sufrimiento, es ese conflicto de lealtades y ese egoísmo tan humano lo que hace posible ponerse verdaderamente en su lugar.

Esta es mi interpretación al menos; y me gusta.

El mensaje positivo no puedo encontrarlo solo en "a veces mentir está bien" sino en "no es necesario seguir mintiendo para siempre" y eso me devuelve al pj de Anabel; Policía y Princesa a la vez, quien toma la decisión más importante y da la última lección: Tal vez no puedas dejar de mentir ahora y tal vez no tengas el valor necesario para dejar de hacerlo, pero eso no es motivo para rendirse; siempre hay un paso que dar para escapar del sufrimiento.
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